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Doña Remedios: Hija, yo te agradezco que hayas venido a

ayudarme con el salón, pero creí que te faltaba un año para


completar tus estudios de belleza…

Nuria: Ay tía, yo no necesito todos esos títulos para hacer lo que tú.
Es más, tus clientas van a estar encantadas con la nueva fórmula
que desarrollé. (Se toca el cabello). ¿A poco no es una maravilla?

Doña Remedios: No pues sí, te ha quedado muy bonito el pelo.


Pero, ¿estás seguro de que es bueno para la salud?

Nuria: Que si, tía. Que yo misma elaboré este champú… pero tú que
vas a saber, si no conoces de esto. Mejor ve abriendo para que la
clientela pueda probarlo por sí misma.

Doña Remedios suspira y comienza a acomodar sus instrumentos


para cortar el pelo. Entran tres señoras muy encopetadas, Pilar,
Soraya y la señora Rodríguez.

Señora Pilar: Remedios, estamos ansiosas por probar ese


maravilloso champú del que tanto nos hablabas.

Señora Soraya: Sí, yo necesito un buen tratamiento para estas


puntas resecas (tocándose el pelo).

Nuria: Pasen por aquí, señoras. Que yo misma les voy a dar el
tratamiento completo.

Las clientas ocupan sus lugares presuntuosamente, mientras Nuria


saca una botella de su champú y comienza a lavarles el pelo.

Nuria: Ya verán como saliendo de aquí quedan divinas.

Señora Rodríguez: Mmm… niña, eso se siente maravilloso. Siento un


hormigueo riquísimo en mi curo cabelludo.

Doña Remedios: ¿Un hormigueo?


Nuria: Debe ser por los extractos naturales que puse en mi champú,
¡es buenísimo!

Doña Remedios coge uno de los frascos y lo olfatea, arrugando la


nariz.

Doña Remedios: Pero hija, ¿qué le has puesto a esta cosa? Huele
muy raro. Enjuágales la cabeza a estas señoras, tengo un mal
presentimiento…

Nuria: ¡Ay, tía! Ya te dije que tú no conoces nada sobre estas cosas,
¡déjame trabajar!

Señora Soraya: Ay, ay, me pica mucho la cabeza.

Doña Remedios se acerca a ella y se espanta.

Doña Remedios: ¡Pero si se le está cayendo el pelo!

Señora Soraya: ¡¿Qué?!

Las tres señoras se levantan de sus sillas con el pelo enjabonado,


gritando histéricas y tratando de quitarse el champú de encima. Al
suelo caen grandes mechones de cabello mojado que ellas observan
con espanto.

Doña Remedios: ¡Pero Nuria, ¿qué hiciste?!

Nuria (nerviosa): Yo… eh… mi fórmula… creí que ya funcionaba…


yo…

Doña Remedios: ¿Cómo que ya funcionaba? (Se acerca a ella y le


quita el cabello, que ha resultado ser una peluca). ¡Pero si estás
calva!

Señora Rodríguez: ¡Mentirosa!


Señora Pilar: ¡Estafadora!

Señora Soraya: ¡Embustera! ¡Devuélvenos nuestro cabello!

Entre las tres empiezan a corretear a Nuria chillando y lanzando


alaridos, hasta que se resbala. Doña Remedios suspira y niega con
la cabeza.

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