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CURSO DE SAN JUAN

Seminario Mayor de Concepción

+ Felipe Bacarreza Rodríguez


Obispo de Santa María de Los Ángeles

Teología del Cuarto Evangelio

Cristología

- La teología del IV Evangelio no está expuesta en modo sistemático,


sino diseminada en todo el Evangelio y está formulada en términos
explícitos y también implícitos. No ofrece una conceptualización ni
una sistematización de los hechos y enseñanzas de Jesús, sino que
transmite hechos y palabras en orden a la fe. La obra de Juan es
esencialmente un "evangelio". Sin embargo, en la transmisión de esos
hechos destinados a despertar la fe, el evangelista manifiesta
intereses e instancias teológicas que caracterizan de modo incon-
fundible su escrito y lo diferencian de los Sinópticos y de todo otro
escrito del N.T. Los datos teológicos principales que emergen con
mayor originalidad se pueden ordenar en cinco temas:

- Jesucristo,
- la Iglesia,
- los sacramentos,
- la escatología,
- el hombre.

Jesucristo

1. Encarnación, preexistencia y divinidad

- El dato principal de la cristología joánica se refiere a la encarnación


del Hijo de Dios; a él se debe la afirmación teológica audaz: "El Verbo
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de hizo carne" (Jn 1,14). La cristología encarnacionista es presentada


por Juan del modo más explícito posible, no sólo en esa afirmación
expresa, sino en todo el Evangelio. Esa afirmación no es algo aislado,
sino programático e influye en todo el Evangelio (si el Prólogo fuera,
en realidad, una conclusión, entonces es una conclusión que resume
bien el contenido del Evangelio en ese punto).

- La afirmación de que el Hijo de Dios se hace hombre en Jesús y que


la divinidad está plenamente presente "en" la humanidad, "dentro"
de la humanidad y "bajo" la humanidad es el dato cristológico más
seguro y fundamental del IV Evangelio.

- Los autores distinguen tres tipos de cristología en el Nuevo


Testamento:

a) El tipo adopcionista;

b) El tipo de la preexistencia, vinculado a la idea de la "kenosis";

c) El tipo encarnacionista.

Pero se trata sólo de acentuaciones y no se llega aún a la forma


herética que estos tipos adoptaron en el tiempo de las controversias
cristológicas del siglo IV y siguientes. Juan acentúa el tipo
encarnacionista.

- El hecho de la encarnación exige el dato de la preexistencia y de la


divinidad de Jesús.

- Las relaciones entre la preexistencia y la encarnación se encuentran


indicadas por una serie de expresiones y de un vocabulario propio
que recurre frecuentemente: ser (eivnai eivmi,), hacerse (gínesthai
givnesqai), descender (katabáinein katabaivnein), venir ('érjesthai
e;rcesqai), provenir, salir ('exérjesthai evxe,rcesqai). El sentido de estos
verbos y el contexto en que son usados demuestran que el autor
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quiere afirmar la preexistencia.

- El IV Evangelio declara que Jesús está en Dios, se hace hombre,


desciende del cielo, viene al mundo, proviene y sale de Dios.

- El tema de la preexistencia está explícitamente afirmado en el


Prólogo, Jn 1,1. Pero también Jesús la afirma explícitamente: Jn 8,58;
17,5.24.

- En esta prospectiva adquiere su plenitud el tema del origen de Jesús.


Este tema encuentra su más clara expresión en la pregunta de Pilato:
"¿Tú de dónde (póthen po,qen) eres?" (Jn 19,9).

- Otros pasos en que está en juego el tema del origen (en algunos
casos se recurre al doble sentido): Jn 1,46; 7,27-28; 8,14; 8,23; 9,29-
30; 19,9. El adverbio "póthen" po,qen se encuentra 15 veces en Juan,
mientras en Mt: 5; en Mc: 3; en Lc: 3.

- Las relaciones entre la encarnación y la divinidad de Jesús son


afirmadas en términos explícitos e implícitos.

Al menos dos textos afirman explícitamente la divinidad de Jesús:

Jn 1,1: "El Verbo era Dios" (1,18 es discutido textualmente);

Jn 20,28: "Tomás dijo: 'Señor mio y Dios mio". Dos sustantivos que la
LXX aplica a Dios. Este es el caso más explícito de todo el N.T. del uso
del sustantivo "Dios" para designar la persona de Jesús.

A estos textos explícitos del IV Evangelio hay que agregar 1Jn 5,20.

- El IV Evangelio contiene varios textos en que se encuentra una


afirmación implícita de la divinidad de Jesús.

En las discusiones con los judíos Jesús habla de Dios como su Padre.
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Los judíos responden con la acusación de blasfemia: Jn 5,17-18;


10,30.33. Jesús se apropia atribuciones que la Escritura reserva a
Dios como es el caso de las declaraciones Yo Soy: Jn 8,24.28-29.58;
13,19.

2. Jesucristo revelador

- Los tres aspectos que hemos visto de la realidad divino-humana de


Jesús: encarnación, preexistencia y divinidad, no pueden ser
conocidos si no son revelados al hombre por Jesús mismo: él es el
revelador de su propia identidad. Su identidad es trascendente y se
conoce sólo por vía de revelación. El hombre está en la imposibilidad
de conocer a Jesús y su origen si no le es dado: Jn 8,14.

3. Relaciones entre el Hijo de Dios y el Padre

- Una vez establecidos los tres datos fundamentales de la cristología


joánica, el evangelista encuentra a menudo ocasión para expresar las
relaciones entre Jesús y el Padre. El tema de las relaciones de Jesús
con el Padre es un aspecto característico de la teología del IV
Evangelio y tiene un vasto uso en el desarrollo de la teología
trinitaria.

- Jesús afirma su perfecta unidad con el Padre (Jn 10,30; 17,11.21.23),


declara su perfecta conformidad con la voluntad y los designios del
Padre. El lenguaje con el cual Jesús expresa su obediencia y docilidad
hacia el Padre podría juzgarse como "subordinacionista"; esta
interpretación se revela falsa si esos textos se leen a la luz de su
verdadera clave intrpretativa, dada por el mismo Jesús:

Jn 14,11: "Es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y


que obro según el Padre me ha ordenado".
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Porque ama al Padre, Jesús no viene por su cuenta (Jn 8,42), no obra
por su cuenta, no establece su propia hora por su cuenta (7,30; 8,20;
13,1), sino que en todo realiza la obra del Padre (4,34), llevandola a
cumplimiento (17,4; 19,30).

- Las profundas relaciones entre Jesús y el Padre están expresadas en


el IV Evangelio con un lenguaje personal y propio: lenguaje de
reciprocidad.

- El Padre glorifica al Hijo (8,54) y el Hijo busca la gloria del Padre


(7,18).

- Jesús está en total dependencia del Padre y obedece a su voluntad


(4,34; 5,17; 6,57; 8,28; 9,4; 10,25.32; 15,10); pero obra como el Padre
y tiene los mismos poderes que el Padre (5,16-23).

- Hay otros aspectos de la cristología joánica que se podrían estudiar


más a fondo, como son los temas de Jesús-revelador, Jesús-Mesías,
Jesús-Salvador.

4. Antiguo Testamento y cristología joánica

- a) Se constata que el IV Evangelio habla de Jesús interpretando


cristológicamente hechos, instituciones y leyes del A.T.

Jn 1,29: Jesús es el nuevo "Cordero" pascual que quita el pecado del


mundo.

Jn 8,32 (1Jn 3,8): Jesús es el nuevo liberador del pueblo de la


esclavitud del pecado.

Jn 1,17: Jesús es el nuevo protagonista de la nueva alianza, como lo


fue Moisés de la antigua.
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Jn 2,21: Jesús es el nuevo templo para el culto del nuevo pueblo.

Jn 3,14: Jesús es el salvador del nuevo pueblo como lo fue la


serpiente para Israel.

Jn 6,32ss: Jesús es el maná que nutre al nuevo Israel y le da vida


eterna, como el antiguo maná había nutrido a los hebreos en su
peregrinación por el desierto y los había mantenido en vida.

Jn 4,10; 7,38-39; 19,34: Jesús es el agua viva que salta para la vida
eterna, como el agua que Moisés hizo brotar de la roca.

Jn 8,12; 12,35: Jesús es la luz que ilumina el camino de sus


discípulos, como la columna de fuego guiaba al pueblo en el desierto.

Jn 10,11ss: Jesús es el buen pastor que conduce y provee alimento a


sus ovejas, así como Yahveh era el pastor del pueblo elegido (Sal 23).

Jn 19,36: Jesús es el verdadero Cordero pascual que es inmolado por


la salvación del pueblo sin que le sea quebrado ningún hueso como
era prescrito por la ley antigua judía.

b) El IV Evangelio transfiere a Jesús cuanto el A.T. decía de Yahveh.


En particular la gloria y la expresión "Yo Soy".

Jn 1,14; 2,11; 11,4.40: La gloria de Dios (kebôd Yahveh hWhY dbOK])


designa una manifestación visible de Dios, una teofanía; su signo
visible era la luz (Ex 33,22; Dt 5,24; 1Re 8,11). El IV Evangelio afirma
que la gloria de Dios se manifiesta en Jesús y es revelada por los
milagros que él hace.

Jn 8,24.28-29.58; 13,19: En el A.T. la fórmula "Yo Soy" se reserva a


Yahveh y se vincula a este nombre divino, revelado por Dios a Moisés
en el Sinaí (Ex 3,14; 20,2.5; Dt 32,39: Is 43,11; 45,19 LXX; 51,12).
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Cuando el IV Evangelio designa a Jesús con esta fórmula en modo


absoluto está haciendo una trasposición teológica de un tema del
A.T. que se refiere a Dios. Hablando de sí mismo con esta fórmula
Jesús declara indirectamente que él es Dios.

c) El IV Evangelio habla de Jesús usando el lenguaje de los libros


sapienciales y atribuyendole funciones que según los sabios de Israel
pertenecen a la Sabiduría personificada (Job 28,12; Prov 1-9; Bar
3,9-4,4; Sir 1; 4,11-19; 6,18-31; 14,20-15,10; 24; Sap 6-10). La
presentación de Jesús como Sabiduría divina encuentra en el IV
Evangelio un desarrollo muy amplio y representa un aspecto esencial
de su cristología. Si bien se encuentra también en otros escritos del
N.T. (cf. 1Cor 1,21.24; 2,7; Ef 3,10; Mt 11,19 par. Lc 7,35) en ninguno
tiene la importancia que adquiere en el IV Evangelio.

Jn 1,1; 17,5: Jesús es el Logos que "era" en el principio y que estaba


con el Padre antes de que el mundo existiese; como la Sabiduría que
existe desde el principio junto a Dios antes de que la tierra fuera
formada (Prov 8,22-23; Sir 24,9; Sap 6,22).

Jn 1,14; 3,31; 6,38; 16,28: Jesús es el Hijo del hombre, bajado del
cielo a la tierra, y obra entre los hombres; como la Sabiduría que
baja del cielo para habitar con los hombres (Prov 8,31; Sir 24,8; Bar
3,37; Sap 9,10; cf. Sant 3,15).

Jn 13,33: Jesús tiene la misión de instruir a sus discípulos, a los cuales


llama "hijitos"; como la Sabiduría que tiene la finalidad de instruir a
los hombres a los cuales llama sus hijos (Sab 6,17-19; Prov 8,32-33;
Sir 4,11; 6,18).