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"Arquitectura para una

ciudad fragmentada", un
libro reeditado por Elio
Martuccelli
Después de 17 años, el arquitecto e historiador Elio Martuccelli
reedita un libro clave para entender los cambios producidos en
Lima a lo largo del siglo XX.
La imponente basílica de santa Rosa de Lima imaginada por Héctor Velarde y Manuel Piqueras Cotolí en
los años treinta. El proyecto nunca se realizó. [Ilustración: En “arquitectura para una ciudad
fragmentada”]

Jorge Paredes Laos25.09.2017 / 02:03 pm

Una basílica que nunca llegó a construirse, un libro de ensayos


lapidarios contra los rezagos coloniales de Lima y una carpa
que, en los años del terrorismo, se convirtió en un espacio para
el rock subterráneo y el teatro callejero, le sirven a Elio
Martuccelli como fantasmales hitos para explicar el devenir
arquitectónico de la capital. Tres símbolos que expresan
periodos distintos del siglo XX, con sus debates, proyectos y
sueños incumplidos.

“Este es un libro de arquitectura. Pero no es un libro solo de


arquitectura, he tratado de evitar que lo sea”, escribe el autor al
inicio de Arquitectura para una ciudad fragmentada, un
volumen que nació como tesis universitaria y que reflexiona
desde una especialidad particular pero abarca aspectos más
amplios ligados a la cultura, la economía y la vida política del
país.

***
A mitad de los años treinta, Manuel Piqueras Cotolí, un escultor
español que había venido a enseñar en la Escuela Nacional de
Bellas Artes; y Héctor Velarde, un joven arquitecto limeño,
planearon edificar una basílica para santa Rosa de Lima. Un
monumento cuatro veces más grande que la catedral, y que
integraría en su arquitectura imponente lo europeo y lo
autóctono. “Una envoltura cercana a lo precolombino para un
culto occidental y cristiano”, cuenta Martuccelli.
Carpa-teatro levantada al costado del puente Santa Rosa. Un espacio precario dedicado al rock
subterráneo y las artes urbanas que simboliza lo ocurrido en los años ochenta. [Ilustración: En
“Arquitectura para una ciudad fragmentada”]

Lo más significativo de todo es que después de la muerte de


Piqueras, en 1937, se siguió hablando del proyecto por varios
años más. Se llegó a presentar maquetas y planos, y se formó un
comité de ilustres damas para impulsar la obra, y sin embargo
esta nunca llegó a realizarse. Faltaron dinero y determinación.
Una especie de sueño frustrado que le ha servido a Martuccelli
para explicar esa etapa de 1920 a 1930, cuando se intentó crear
sin éxito un estilo arquitectónico propio, frente a esa imagen
colonial que había tenido la capital desde el Virreinato.

Un aspecto que, décadas después, en 1964, Sebastián Salazar


Bondy también se encargaría de criticar en un libro ya
clásico: Lima la horrible. Este es el segundo ejemplo que toma
el autor para explicar lo que él llama la segunda gran etapa
transformadora de la ciudad, ocurrida entre 1945 y 1970. Fue en
este periodo cuando se consolidó la Lima residencial y brilló el
llamado movimiento moderno, pero también fue el tiempo de la
urbe popular de los migrantes. Lo formal e informal, lo
planificado y lo precario comenzaron a ser características que
definían lo que ocurría en un extremo y en el otro. En ese
contexto, Salazar Bondy criticaba esa tendencia hacia lo
neocolonial que se planteaba como modelo hegemónico en
edificios públicos y privados. Eso que llamó con ironía “la
actualización del ayer”.
.

ENSAYO
Arquitectura para una ciudad fragmentada
Editorial: Universidad Ricardo Palma
Páginas: 425
Precio: S/ 90,00

El tercer momento al que alude Martuccelli es el ciclo que va de


1970 a 1990, cuando irrumpieron en el horizonte la crisis
económica y la violencia política. Un tiempo incierto
representado en una precaria carpa-teatro levantada en 1986 al
pie del puente Santa Rosa, en la avenida Tacna. Este proyecto,
desarrollado durante la gestión del alcalde Alfonso Barrantes,
sintetizó en su esencia colectiva la última etapa del siglo XX
limeño: “Es una obra hecha por muchas personas, que en su
mayoría no eran profesionales de la arquitectura […]. La Carpa
es el pacto, en términos generales, entre la arquitectura formal e
informal de Lima”, se lee en el cuarto capítulo del libro.

***
¿La palabra fragmentada del título sugiere que esta es una
ciudad partida o que ha sido construida a partir de pedazos
inconexos?, le pregunto a Martuccelli mientras nos tomamos un
café en un bar de San Isidro. “Es una palabra muy presente en el
debate del urbanismo contemporáneo”, responde. “Yo haría una
diferencia entre lo partido y lo fragmentario. Pienso que para
que algo esté roto, antes tuvo que estar unido, y Lima nunca
estuvo unida. En cambio, la fragmentación sugiere otra cosa: es
un conjunto de partes que nacieron heterogéneas y que han
continuado desarrollándose así, de manera independiente. Y
eso explica también por qué la sociología ha dejado de decir
conos y ha comenzado a hablar de cuatro o cinco Limas, si
incluimos el Callao. Cada una de esas partes ahora busca su
futuro”, explica.
Collage. Lima es una ciudad fragmentada, compuesta por partes que nunca llegaron a unirse. [Foto: Elio
Martuccelli]

Si bien el libro se cierra en 1990 —“lo que pasó después


corresponde ya a este siglo”, asegura el autor—, hay un epílogo
que es como un bosquejo de lo sucedido en los últimos veinte
años. “Pienso que el gran tema actual de Lima es recuperar el
espacio público, que no son los centros comerciales, sino las
calles y las plazas. Lima se ha vuelto hostil al peatón. Yo sueño
con parques de muchas hectáreas a la medida de una ciudad de
10 millones de habitantes”, dice Martuccelli.

Puede parecer extraño pero no lo es: para imaginar una nueva


Lima, el arquitecto ya no piensa en cemento, sino en árboles.

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