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D. 81. XXXVII.

RECURSO DE HECHO
Di Benedetto, Diego Fernando c/ Cordua,
Francisco.

Corte Suprema de Justicia de la Nación

Buenos Aires, 27 de junio de 2002.


Vistos los autos: Recurso de hecho deducido por Diego
Fernando Di Benedetto en la causa Di Benedetto, Diego Fernando
c/ Cordua, Francisco@, para decidir sobre su procedencia.
Considerando:

1°) Que contra la sentencia de la Sala C de la Cámara


Nacional de Apelaciones en lo Civil que, al revocar la de
primera instancia, rechazó la demanda por responsabilidad
profesional promovida respecto de su ex letrado, el actor
dedujo el recurso extraordinario cuya denegación dio motivo a
la presente queja.

2°) Que el demandado había patrocinado al apelante en


un juicio sobre daños emergentes de un accidente de tránsito
que terminó por caducidad de instancia, al igual que el
correspondiente beneficio de litigar sin gastos. En virtud de
ello, su anterior cliente reclamó en este expediente la in-
demnización por los perjuicios derivados de la negligente
actuación que atribuyó al abogado.

3°) Que la alzada, después de detallar pormenoriza-


damente los actos procesales cumplidos en dichos autos, en-
tendió que el excesivo rigor formal de la magistrada intervi-
niente en la causa y la propia desidia del demandante habían
coadyuvado para que el modo anormal de terminación del proceso
se admitiera en pronunciamiento firme; por lo que ante la
falta de prueba de la culpa del profesional implicado, con-
cluyó en el rechazo de la demanda.

4°) Que el recurrente tacha de arbitraria la sen-


tencia por considerar que omite examinar cuestiones conducen-
tes oportunamente planteadas por su parte, valora erróneamente
la prueba y no constituye una derivación razonada del derecho
aplicable con arreglo a las circunstancias comprobadas de la

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causa, todo lo cual importa un menoscabo a las garantías
constitucionales de defensa en juicio y del debido proceso que
justifican su descalificación como acto jurisdiccional.

5°) Que en tal sentido, el apelante aduce que el


fallo se apartó de lo que establecen las normas que rigen la
profesión y la jurisprudencia de la cámara sin expresar fun-
damento alguno, por cuanto no surge de esas fuentes que cuando
un abogado actúa como patrocinante y el cliente lo hace por
derecho propio su responsabilidad sea compartida o limitada;
que no constituye un eximente válido de su negligente
actuación el hecho de que se encontrara en juego un plazo
procesal corto como el de la apelación, cuando el letrado
podría haber actuado como gestor en los términos del art. 48
del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación; que al
evaluar los alcances de la caducidad del beneficio de litigar
sin gastos el a quo dejó de lado la doctrina emergente de un
fallo plenario del fuero; que la alzada se apartó de las
constancias procesales del juicio caduco y basó su decisión
sobre la base de lo que entendía que debería haber resuelto un
magistrado en otro proceso, cuando en realidad lo que aquí se
debatía no era la conducta del juzgador sino la del profe-
sional que patrocinó al actor en aquella causa.

6°) Que los agravios del recurrente suscitan cues-


tión federal para su examen en la vía elegida, habida cuenta
de que no obstante referirse a cuestiones de hecho, prueba y
derecho común, ajenas -como regla y por su naturaleza- al
remedio del art. 14 de la ley 48, tal circunstancia no confi-
gura óbice para invalidar lo resuelto cuando la alzada no ha
valorado adecuadamente las pruebas a la luz de las reglas de
la sana crítica y la sentencia no constituye una derivación
razonada del derecho vigente, lo cual redunda en menoscabo del
debido proceso y del derecho de defensa en juicio.

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7°) Que el punto medular para la solución del litigio


radicaba en determinar si el fracaso de la apelación del
pronunciamiento que había admitido el modo anormal de termi-
nación del proceso se había producido por culpa del letrado
aquí demandado pues, de haberse interpuesto oportunamente el
recurso, habría tenido buenas posibilidades de triunfo según
la propia cámara.

8°) Que el fallo resulta objetable en cuanto a que la


actividad del letrado excluiría toda responsabilidad de su
parte, habida cuenta de que no aparece debidamente justificada
su conducta en cuanto dejó de utilizar un medio legal para
sortear el obstáculo que se le habría presentado, esto es, que
frente a la urgencia del caso podría haber invocado la
aplicación del art. 48 del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación, máxime cuando en el expediente había tenido
intervención una sala que tenía doctrina favorable al gestor
en tales hipótesis.

9°) Que dicha omisión no guarda correlación con las


vicisitudes procesales emergentes del juicio caduco, el
acierto o desacierto de algunas de las decisiones allí adop-
tadas, o la invocada falta de comparecencia oportuna del actor
para firmar la apelación, desde el momento en que la misión
del abogado patrocinante no se restringe a la preparación de
escritos, sino que debe asumir la plena dirección jurídica del
proceso con el empleo de la diligencia requerida por las
circunstancias para conducirlo de la mejor manera posible
hasta su finalización.
10) Que por lo tanto, no resulta atendible la dis-
tinción formulada por el a quo respecto de los alcances de la
responsabilidad del abogado según se encuentre en juego un
plazo largo como el de la caducidad de la instancia o uno

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corto como el de la apelación aquí cuestionada; ni puede re-
putarse como atenuante la continuidad de la relación contrac-
tual entre profesional y cliente durante un lapso posterior a
la conclusión del primer proceso por un modo anormal de ter-
minación.
11) Que tampoco exime al letrado de las consecuen-
cias de su accionar su intento de lograr la concesión de un
recurso deducido subsidiariamente a la contestación del tras-
lado de la caducidad, la queja planteada sobre el particular o
la infructuosa pretensión de iniciar una nueva causa a los
mismos fines no obstante la prescripción operada, sobre todo
si se ponderan también los antecedentes que resultan de haber
dejado que se produjera la caducidad del incidente sobre be-
neficio de litigar sin gastos y el hecho de haber dejado con-
sentir los honorarios regulados en calidad de costas en el
expediente principal.
12) Que, por lo demás, no debe perderse de vista que
empleando la conducta apropiada el letrado habría podido
sortear las numerosas dificultades que se le plantearon e
interpretar debidamente el certificado de pruebas de donde
surgía que faltaba cumplir con la notificación de un peritaje;
no habría dejado transcurrir casi dos meses para tratar de
aclarar esa situación ni se le hubiera desestimado por
extemporánea la presentación que fue tenida por revocatoria;
tampoco habría tenido necesidad de presentar un escrito de
búsqueda cuando en razón de los trámites de la causa tenía su
lógica que el pleito principal pudiera haber sido acompañado
al incidente sobre beneficio de litigar sin gastos en su ele-
vación a la cámara. De igual modo, habría evitado que un mes
después de devueltas las actuaciones del tribunal superior el
expediente se hallara pre-paralizado, habría cuestionado o
cumplido -según lo entendiera correcto- el auto que ordenaba

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notificar la puesta de autos en el casillero sin necesidad de


que el a quo se lo reiterara o habría podido contestar ade-
cuadamente la acusación de caducidad puntualizando claramente
los errores que con posterioridad le achacó a la secretaría
actuante.
13) Que en ese contexto, no parece razonable la
solución que pone en cabeza del cliente con domicilio consti-
tuido en el de su letrado -que debía avisarle que corría el
plazo- la responsabilidad por las consecuencias derivadas de
la falta de presentación de la apelación, pues no es la omi-
sión del actor la causa excluyente que generó la pérdida del
derecho resarcitorio que había demandado, por lo que corres-
ponde el acogimiento del recurso federal por guardar las ga-
rantías constitucionales que se invocan como vulneradas nexo
directo e inmediato con lo resuelto (art. 15 de la ley 48).
Por ello, habiendo dictaminado el señor Procurador Fis-
cal, se declara formalmente admisible el recurso extraordina-
rio y se deja sin efecto la sentencia apelada. Con costas
(art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
Vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que, por
medio de quien corresponda, proceda a dictar un nuevo fallo

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con arreglo a lo expresado. Agréguese la queja al principal.
Reintégrese el depósito. Notifíquese y remítase. JULIO S.
NAZARENO (en disidencia)- EDUARDO MOLINE O'CONNOR - AUGUSTO
CESAR BELLUSCIO - ANTONIO BOGGIANO - GUILLERMO A. F. LOPEZ -
GUSTAVO A. BOSSERT.
ES COPIA

DISI -//-

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Francisco.

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B//-DENCIA DEL SEÑOR PRESIDENTE DOCTOR DON JULIO S. NAZARENO


Considerando:
Que el recurso extraordinario, cuya denegación ori-
gina la presente queja, es inadmisible (art. 280 del Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación).
Por ello, y oído el señor Procurador Fiscal, se desestima
la queja. Declárase perdido el depósito. Notifíquese y
archívese, previa devolución de los autos principales. JULIO
S. NAZARENO.
ES COPIA

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