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Sofistas

Sofistas concepto:
El término sofista, del griego sophía (σοφία), «sabiduría» y sophós (σοφός),
«sabio», es el nombre dado en la Grecia clásica al que hacía profesión de enseñar
la sabiduría.Sophós y Sophía en sus orígenes denotaban una especial capacidad
para realizar determinadas tareas como se refleja en la Ilíada (XV, 412). Más tarde
se atribuiría a quien dispusiera de «inteligencia práctica» y era un experto y sabio
en un sentido genérico. Sería Eurípides quien le añadiría un significado más
preciso como «el arte práctico del buen gobierno» (Eur. I.Á.749) y que fue usado
para señalar las cualidades de los Siete Sabios de Grecia. Sin embargo, al
transcurrir el tiempo hubo diferencias en cuanto al significado de sophós: por una
parte, Esquilo denomina así a los que dan utilidad a lo sabido, mientras que para
otros es al contrario, siéndolo quien conoce por naturaleza. A partir de este
momento se creará una corriente, que se aprecia ya en Píndaro1 , que da un cariz
despectivo al término sophós asimilándolo a «charlatán».
Ya en la Odisea, Ulises es calificado de sophón como «ingenioso». Por el
contrario, Eurípides llama a la sophía «listeza» y al sophón «sabiduría», tratando
con ello de diferenciar la intensidad y grado de conocimiento de las cosas que
tienen respectivamente los hombres y los dioses.

MÉTODO DE LOS SOFISTAS


Los sofistas empleaban un método basado en las siguientes presupuestas:

La formación del individuo ha de abarcarlo todo e integrar todos los conocimientos.


El conocimiento es un proceso que cambia y avanza con el tiempo.
El conocimiento tiene un carácter relativo, ya que está fundamentado en la
sensación y ésta nunca puede expresarse en juicios concretos, sino, a lo sumo, en
las distintas opiniones de los hombres.
La validez del conocimiento es dudosa.
EL METODO SOCRATICO

Partiendo de la inscripción del oráculo de Delfos que rezaba «Conócete a ti


mismo», Sócrates destaca, como los sofistas, el aspecto subjetivo de la reflexión
filosófica, en la que emplea dos instrumentos:

 El razonamiento inductivo.
 Las definiciones universales.

El procedimiento utilizado es la pregunta, el «qué es», que configura el


fundamento de la ciencia. Pero en su forma de preguntar lo que hace Sócrates es
examinar lo que cree saber su interlocutor mediante:

 La ironía, que consiste en llevar a quien habla la ignorancia que se oculta en su


supuesto saber. Sócrates, que «sólo sabe que nada sabe», utiliza su no-saber
para avanzar en el conocimiento.

 La mayéutica, o arte de dar a luz, que completa el proceso irónico al conducir al


descubrimiento de la verdad a través de una serie de preguntas encaminadas a
ello. De esta manera, la mente humana engendra el concepto, que constituye el
momento esencial del saber.

Método mayéutico
La mayéutica se integra necesariamente a la ironía socrática, la cual es la primera
fase de depuración del pensamiento de prejuicios.

Los elementos básicos del diálogo socrático son la pregunta, la respuesta, el


debate y la conclusión. Entre estos elementos está la idea inicial que puede ser
errática o ignorada y la idea final que es a la cual se llega por medio del
discernimiento intelectual.
 En una definición simple y coherente, mayéutica es responder preguntas con
más preguntas; de este modo llegamos a un final, final en que la respuesta la
dimos nosotros mismos.

Sócrates y la mayéutica
Ahora te estarás preguntando lo que se preguntó Sócrates: ¿qué me asegura que
esa definición de justicia sea la verdadera? Para solucionar este problema,
Sócrates pensó que en el alma de cada hombre se encuentran de manera innata
los conceptos verdaderos de todas las cosas. Por ello de lo que se trata es de
ejercer una buena introspección y ayudar a los hombres a que descubran la
verdad que habita en su interior. Para ello, el maestro de Atenas utilizó su método
mayéutico que tiene tres momentos:
1. La ironía. Sócrates comienza elogiando el saber de su contertulio, que
generalmente es un sofista o alguien con la misma mentalidad y le pide que defina
lo que es el objeto de su interés porque sencillamente él no lo sabe. Pero resulta
que ninguna de las definiciones que se proponen es satisfactoria, puesto que
Sócrates logra reducirlas a contradicción. De esta manera, el interlocutor llega a
darse cuenta de que ignora aquello que creía saber y solicita a Sócrates que se lo
diga. Pero Sócrates vuelve a insistir en que él también lo ignora y sin embargo
está dispuesto, si así lo convienen, a emprender la búsqueda junta, a ayudarle a
descubrir la verdad. Este primer momento tiene la función de desconcertar al
interlocutor hasta que admita su ignorancia, sólo entonces estará en disposición
de adquirir el saber y podrá intentarse el diálogo mayéutico.
2. La mayéutica. Mediante el dialogo, Sócrates intenta dar a luz las ideas que se
encuentran en el alma. Él mismo confiesa que aprendió este arte de su madre que
era comadrona, pero que, a diferencia de ella, lo aplica no a los cuerpos, sino a las
almas de los hombres. Se trata, pues, por medio de preguntas y respuestas de
“dar a luz” las ideas, de descubrir la verdad que está en el interior del hombre.
Esto supone que Sócrates creía, como ya se ha dicho, en la existencia de ideas
innatas que es preciso despertar con ayuda de interrogatorios.
3. El descubrimiento. Mediante el dialogo mayéutico se ha logrado discernir lo
variable de lo permanente, lo confuso de lo claro, lo accidental de lo esencial: el
resultado es el descubrimiento del concepto universal supera e implica las
diferencias particulares y que puede ser expresado en la definición.
El método socrático supone que lo más importante para el hombre es su propio
autoconocimiento. Por eso, bien se puede decir de Sócrates que tuvo la misión de
difundir y hacer realidad la inscripción del Oráculo de Delfos que rezaba así:
“Conócete a ti mismo”. En contraposición a los valores tradicionales de la antigua
Grecia (la fortaleza física, la riqueza, el poder, la fama) otorgó más importancia a
los bienes espirituales, al enriquecimiento del alma, a la ciencia. De esta manera,
identificó la ciencia o el saber con la virtud; y la ignorancia con el vicio. Esta
doctrina se ha llamado “intelectualismo moral”
Según el cual el saber permite obrar bien, mientras que la ignorancia es el origen y
causa del obrar mal. Si alguien realiza una mala acción, lo hace no porque sea
malo, sino por ignorancia. Si este hubiera sabido que aquella acción era lícita, es
decir, si se hubiera dado cuneta de sus implicaciones morales, seguro que no la
habría hecho. Aquí se muestra también la importancia que tenía para Sócrates la
educación. A aquel que obra mal, puesto que lo hace porque no sabe, se le ha de
educar con el fin de conseguir su reinserción
La apología de Sócrates
Apología de Sócrates (Ἀπολογία Σωκράτους) es una obra de Platón que da una versión del
discurso que Sócrates pronunció como defensa, ante los tribunales atenienses, en el juicio en
el que se lo acusó de corromper a la juventud y no creer en los dioses de la polis. Aunque su
datación exacta es incierta, el texto, por su temática, pertenece al ciclo platónico de las
primeras obras llamadas «socráticas», que Platón escribió en su juventud, e incluso se piensa
que es su primera obra. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega.

Introducción:
Sócrates comienza diciendo que no sabe si los atenienses (asamblea general) han sido ya
persuadidos por los que lo acusan. Este comienzo es crucial para establecer el tema de todo
el discurso, pues es frecuente que Platón comience sus diálogos socráticos exponiendo la
idea general del texto. En este caso, el diálogo se abre con "¡Ciudadanos
atenienses!, Ignoro qué impresión habrán despertado en vosotros las palabras de mis
acusadores". Este ignoro, de hecho sugiere que la filosofía expuesta en la Apología va a
consistir enteramente en una sincera admisión de ignorancia, pues todo su conocimiento
procede de su no saber nada: "Sólo sé que no sé nada".

Sócrates pide al jurado que no le juzgue por sus habilidades oratorias, sino por la verdad que
estas convocan. A su vez, asegura que no va a utilizar ornamentos retóricos ni frases
cuidadosamente preparadas, sino que va a decir en voz alta lo que se le pase por la cabeza,
las mismas palabras que utilizaría en el ágora y en las reuniones, pero a pesar de esto
demuestra ser un maestro en retórica, y que no es solo elocuente y persuasivo, sino que sabe
jugar con el jurado. El discurso, que ha puesto a los lectores de su lado durante más de dos
milenios, no consigue ganarle el juicio. Sócrates fue condenado a muerte, y ha sido admirado
por su calma aceptación de ello.
La acusación

Los tres hombres en presentar cargos contra Sócrates son:

 Anito, hijo de un ateniense prominente, Antemión. Anito aparece en Menón, donde


aparece inesperadamente mientras Sócrates y Menón (que está visitando Atenas)
discuten si la virtud puede ser enseñada. Sócrates argumenta que no, y ofrece como
evidencia que muchos buenos atenienses han tenido hijos inferiores a sus padres, tras lo
cual procede a dar nombres, entre ellos Pericles y Tucídides. Anito se ofende, y avisa a
Sócrates que menospreciar ("kakòs légein") a esas personas le traerá problemas algún
día. (Menón 94e-95a).

 Melito, de los tres el único en hablar durante la defensa de Sócrates. También se lo


menciona en otro diálogo,Eutifrón, aunque no aparece . En él Sócrates dice que Meleto es
un joven desconocido de gran nariz aquilina. En la Apología, Melito presenta sus
acusaciones, lo que permite a Sócrates rebatirlas. Sin prestar mucha atención a los
cargos que está afirmando, acusa a Sócrates de ateísmo, y de corromper a la juventud
mediante sus enseñanzas.

 Licón, del cual poco se sabe; de acuerdo con Sócrates era representante de los oradores.
Los cargos contra Sócrates

Sócrates dice que tiene que rechazar dos tipos de acusaciones diferentes: los viejos cargos de
que es un criminal y un curioso que pregunta hasta al cielo y la tierra, y los más recientes
cargos legales de corromper a los jóvenes y de creer en cosas sobrenaturales de su propia
invención, en vez de los dioses de la polis.

Sobre los viejos cargos dice que son el resultado de años de rumores y prejuicio, y por lo tanto
no pueden ser respondidos. Sócrates desvirtúa estos "cargos informales" dándoles una
apariencia legal diciendo: "Sócrates comete delito al investigar los fenómenos celestes y
subterráneos, debido a que, según ellos, convierte el argumento más débil en el más fuerte,
instruyendo esto a otros, y sin creer en los dioses, es decir, es ateo". También dice que estas
alegaciones nacieron de la boca de cierto poeta cómico, es decir, Aristófanes.

La apasionada defensa de Sócrates al ser acusado de sofista, no es más que una distracción
de las otras, más graves, acusaciones, pues los sofistas no eran condenados a muerte en
Grecia; al contrario, eran frecuentemente buscados por los padres para ser tutores de sus
hijos, por lo que Sócrates dice que no puede ser confundido con un sofista, ya que éstos son
sabios (o creen que lo son), y están bien pagados, mientras que él es pobre (a pesar de ser
frecuentemente visto en las mesas de juego), y dice no saber absolutamente nada.

La obra:
La Apología se divide en tres partes. La primera para propia defensa de Sócrates,
y que contiene las partes más famosas del texto, como el recuerdo que realiza su
amigo Querofonte al Oráculo de Delfos y su refutación a Meleto.
Discurso principal (17a - 35d)

Lo primero que hace Sócrates es acusar al que le acusa, Melito, cuyo nombre
significa "aquel al que le importa", de no importarle las cosas que dice le importan.
Mientras interroga a Meleto, dice que nadie corrompería intencionadamente a otro,
pues después correría el riesgo de que éste les dañara en el futuro. Este tema de
la corrupción es importante por dos razones: primero pues parece ser la acusación
más grave que se le imputa, el corromper a los jóvenes enseñándoles una versión
de ateísmo, y la segunda, porque Sócrates clama que si Meleto está convencido,
debe ser porque Aristófanes corrompió las mentes de su audiencia, cuando ésta
era joven (con su obra Las nubes, escrita 24 años antes).
Así pues Sócrates partió en una "misión divina" para resolver la paradoja (que un
hombre ignorante pudiera ser también la persona más sabia de la ciudad)e intentó
demostrar que el dios se equivocaba. Tras esto, proclamándose la voz del oráculo
(23e), procede a preguntar sistemáticamente a los políticos, poetas y artesanos,
determinando al final que los primeros son impostores, los segundos no
comprendían sus propias obras al igual que los visionarios y los profetas no
comprenden sus visiones, y que los terceros tampoco se libran de ser
pretenciosos. Por su parte, él se pregunta a sí mismo si preferiría ser un impostor,
como la gente con la que habla, y de nuevo hablando como la voz del oráculo
responde que no, pues prefiere ser él mismo.
Sócrates comienza diciendo al jurado que sus mentes han sido envenenadas por
sus enemigos mientras eran jóvenes e impresionables y que su reputación de
sofista ha sido impuesta por sus enemigos, los cuales son maliciosos y le tienen
envidia. Dice, sin embargo, que éstos van a permanecer en el anonimato,
salvo Aristófanes, el poeta cómico. Responde después a la acusación de
corromper a los jóvenes argumentando que el corromperlos de forma deliberada
es una idea incoherente. Después explica que todos sus problemas comenzaron
con la visita al oráculo, tras lo cual, recuenta ésta. Querofonte acudió al Oráculo
de Delfos para preguntar si había alguien más sabio que Sócrates, a lo que el dios
respondió que no lo había. Cuando Querofonte se lo refirió a Sócrates éste se lo
tomó como una adivinanza, pues clamaba no poseer sabiduría grande o pequeña,
pero también que era contrario a la naturaleza de los dioses el mentir.
Sócrates dice que estas preguntas indiscriminadas le ganaron la reputación de
cotilla o curioso, pero a partir de ahí él interpreta su misión en la vida como la
prueba de que la verdadera sabiduría pertenece exclusivamente a los dioses, y
que la sabiduría humana tiene poco o ningún valor. Habiendo refutado los
prejuicios, Sócrates comienza a defenderse de los cargos formales de corrupción
de los jóvenes y ateísmo.
Procede después a defenderse de la acusación de ateísmo tendiendo una trampa
a Meleto hasta que éste se contradice diciendo que Sócrates es un ateo y que
cree en semidioses y espíritus. Sócrates humilla a Meleto preguntando a la corte si
éste ha pasado algún test que muestre si sabe identificar contradicciones lógicas.
En una de las partes más controvertidas de la obra, Sócrates afirma que no ha
habido mayor bien para Atenas que su preocupación por sus compañeros
ciudadanos, que la riqueza es una consecuencia de la bondad, y que los dioses no
permiten que un hombre bueno sea dañado por uno peor que él. Clama ser
un tábano y el estado un gran caballo perezoso que necesita ser despertado.
Para probar esto, Sócrates recuerda al jurado de su daimon, que él ve como una
experiencia sobrenatural. Reconoce que esto hará sospechar a muchos de que
realmente inventa deidades, pero no hace concesiones en este respecto, a pesar
de estar al tanto de las sospechas que esto levantaría. Sócrates proclama no
haber sido nunca un profesor, puesto que no ha impartido su conocimiento a otros.
Por esta razón no se le puede hacer culpable de lo que hacen otros ciudadanos.
Si ha corrompido a alguien, dice, ¿Por qué no acuden como testigos?, si han sido
corrompidos, ¿Por qué no ha intercedido la familia en su beneficio? además
muchos de estos familiares acudieron al juicio en defensa de Sócrates.
Para concluir esta parte, Sócrates recuerda a los jurados que no va a recurrir a los
trucos comunes de llantos, ni traerá a sus tres hijos para provocar su compasión.
Afirma no temer a la muerte y asegura que no actuará de manera contraria a su
deber religioso, por lo que confiará plenamente en su sólida argumentación y en la
verdad para ganarse el veredicto. El jurado, sin embargo, lo encuentra culpable
por 281 votos a 220.
Después del veredicto (35e - 38b)

Sócrates propone un castigo alternativo que no le generara popularidad. Como se


considera benefactor de Atenas, dice que deberían participarlo en las comidas
del Pritaneo, uno de los edificios que albergaba a miembros de la asamblea. Esto
era un honor reservado a atletas y otros ciudadanos importantes.
Considera después como pena el pago de una multa de una mina de plata
(100 dracmas), pues no tenía suficiente dinero para pagar una multa mayor. El
jurado, considerándolo una suma muy pequeña comparada con el castigo
propuesto por la acusación, opta por la condena a muerte. Los amigos de
Sócrates, Platón, Critón, Critóbulo y Apolodoro, se disponen a aumentar la suma
inicial a 30 minas, pero la asamblea no ve esto como una alternativa, por lo que se
deciden por la pena de muerte bebiendocicuta.
Luego de la sentencia (38c - 42aD)

La alternativa propuesta por Sócrates enfadó al jurado. 360 votaron por la


sentencia a muerte, y solo 141 votaron en favor de la multa de 3.000 dracmas.
Sócrates, entonces, responde al veredicto, refiriéndose primero a los que votan
por su muerte. Afirma que no ha sido la falta de argumentos por su parte lo que ha
dado resultado a su condena, sino su repulsión por rebajarse a las habituales
prácticas sentimentalistas que podían esperarse de cualquiera que se encuentra
ante una condena a muerte e insiste, de nuevo, que la cercanía de la muerte no
exime a uno de seguir el camino de la bondad y la verdad. Profetiza que críticos
más jóvenes y severos seguirán sus pasos, sometiéndoles a un examen más
riguroso de sus propias vidas.
Para aquellos que votaron a su favor dice que su "daimon" no quiso detenerle en
su discurso pues consideraba que era la forma correcta de actuar. Como
consecuencia, la muerte debe ser una bendición pues, o constituirá la aniquilación
(trayendo paz a todas sus preocupaciones) o una migración a otro lugar en el que
conocer las almas de gente tan famosa como Hesíodo y Homero o héroes
como Odiseo, con los que puede continuar su labor de preguntar todo.
Sócrates concluye la Apología diciendo que no guardará rencor contra los que le
han acusado y condenado, y en un acto de total confianza les pide que cuiden de
sus tres hijos mientras éstos crecen, asegurándose de que éstos pongan lo bueno
por delante de su propio interés.
Al final de todo, Sócrates dice: "Es hora de irse, yo para morir, y vosotros para
vivir. Quién de nosotros va a una mejor suerte, nadie lo sabe, solo los dioses lo
saben".

Apología de Sócrates 2(opcional):


Apología de Sócrates

El proceso y la consiguiente condena a muerte de Sócrates fue un hecho que iba a tener
una trascendencia imposible de pensar en las fechas en que sucedió. De igual forma, no
sería posible suponer la influencia posterior del pensamiento socrático en sus discípulos,
especialmente en Platón, sin que éstos hubieran recibido el doloroso impulso de la injusta
condena del maestro.

En el proceso de Sócrates hay un componente personal de malquerencia, pero se


aprovecha el ambiente de sensibilidad de Atenas en esos momentos, los términos de la
acusación habrían tenido poco o menos valor de otra forma, para condenar a un hombre
injustamente mediante una acusación de impiedad.
La acusación fue presentada por Meleto, y a ella se asociaron Ánito y Licón. La acusación
precisaba que Sócrates no creía en los dioses de la ciudad y quería introducir otros, que
corrompía a los jóvenes y que por encima de todo, era un sofista.

Establecido esto, falta explicar el porqué de la condena a muerte. Como ya había


comentado antes, era difícil que se consiguiera la culpabilidad y casi imposible la
imposición de la pena de muerte; sin embargo, la opinión equivocada sobre Sócrates se
había generalizado quedando éste en situación desfavorable para hacer cambiar la
opinión a los jueces. Una vez Sócrates había sido declarado culpable, la necesidad de ser
consecuente con toda su actuación anterior le llevó a la muerte. Sócrates tendría que
haberse humillado y perdido su imagen de rectitud moral para haber sido absuelto. Tuvo
que elegir la muerte física para salvar su verdadera imagen. También hace falta añadir a
los posibles motivos de la condena, el precario sistema judicial ateniense.

Pero es el estilo y la organización de la obra lo que nos interesa. Platón estuvo presente
en el juicio y tuvo que guardar un recuerdo muy seguro de todo lo que Sócrates dijo. Se
consideran dos criterios para explicar la forma de la Apología: que se escribió al margen
de los hechos (Sócrates guardó silencio durante el juicio) y que efectivamente no se
apartó de los hechos ni de los razonamientos (dudándoserelativamente la perfecta
organización de la obra). Se cree que la obra sólo se pudo conseguir tras la muerte de
Sócrates y tras una reposada reflexión sobre el enfrentamiento del maestro con áquellos
sectores de la vida ateniense que representaban los jueces.

La división temática del discurso es perfecta: las dos clases de acusadores; la justificación
de su conducta antes de pasar de los primeros acusadores a los segundos; el
interrogatorio de Meleto; la necesidad moral para el hombre de defender sus convicciones
más que su vida; la actuación en privado, en vez de la actuación política; el acogimiento
de los jóvenes; finalmente, la apelación a la dignidad del acusado y a la de los jueces con
que termina la parte dedicada a la defensa.

Me quedo con las páginas 38, 39 y 40 como el exponente más claro de la doctrina
socrática, porque son en las que Sócrates trata de reafirmarse, trata de no echar por tierra
toda su conducta anterior, anteponiendo sus principcios a la vida misma. En la página 38
hasta la tercera linea de la 40, Sócrates enuncia lo que es para él verdaderamente
importante en la vida, la función que cada uno debe cumplir sin alejarse de ella (sin
cometer deshonra). Así, cuando ve posible su condena a muerte, sigue expresando su
deseo de filosofar, dando a entender que no teme para nada a la muerte. Y es que, según
él, no puede considerar un mal algo que desconoce y que puede ser el mayor bien. Es en
esto en lo que se diferencia del resto de los hombres: lo más reprochable para él es la
ignorancia, creer saber lo que no se sabe.

Cuando acaba, se dirige a los jueces (generalmente los llama atenienses) y deja salir de
su boca el extracto más profundo de toda la apología. Se expresa la naturaleza de los
actos de Sócrates, lo que significan para él la inteligencia, la verdad, y todo su
pensamiento. Se avergüenza de que la gente con riquezas y fama no se preocupen de
mejorar sus valores y de los ignorantes que se creen sabios; y es ahí donde entra él, que
se considera a sí mismo un enviado de Dios, para demostrar a toda esa gente la verdad,
la falta de moral y conocimiento de la que muchos presumen. No importa el origen, el
lugar de procedencia, Sócrates siempre tratará de examinar, refutar, mediante
interrogatorios a todo el que se precie. Según él, no ha surgido mayor bien en la ciudad
que su servicio a Dios. A todos intentará persuadir de igual forma, y si (a los jóvenes) así
corrompe; entonces sus palabras serán dañinas, pero si alguien afirma que trata de otras
cosas, no será verdad. Y por último añade que no hará otra cosa que no sea esa, aunque
hubiera de morir muchas veces.

Influencia del pensamiento socrático:


PENSAMIENTO SOCRÁSTICO

Actitud hacia la política

Sócrates fue obediente con respecto a las leyes de Atenas, pero en general
evitaba la política, refrenado por lo que él llamaba una advertencia divina. Creía
que había recibido una llamada para ejercer la filosofía y que podría servir mejor a
su país dedicándose a la enseñanza y persuadiendo a los atenienses para que
hicieran examen de conciencia y se ocuparan de su alma. No escribió ningún libro
ni tampoco fundó una escuela regular de filosofía.

Enseñanzas de Sócrates

La contribución de Sócrates a la filosofía ha sido de un marcado tono ético. La


base de sus enseñanzas y lo que inculcó, fue la creencia en una comprensión
objetiva de los conceptos de justicia, amor y virtud y el conocimiento de uno
mismo. Creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna
persona desea el mal; a su vez, la virtud es conocimiento y aquellos que conocen
el bien, actuarán de manera justa. Su lógica hizo hincapié en la discusión racional
y la búsqueda de definiciones generales, como queda claro en los escritos de su
joven discípulo, Platón, y del alumno de éste, Aristóteles. A través de los escritos
de estos filósofos Sócrates incidió mucho en el curso posterior del pensamiento
especulativo occidental.

El método filosófico socrático: ironía y mayéutica.

El método de Sócrates, según se pone de manifiesto en los primeros diálogos


platónicos, se basaba en el diálogo. El diálogo se opone a la elocuencia y a la
retórica de los sofistas, que se encerraban en sus discursos, y sitúa a los
interlocutores en un mismo plano, lo cual puede interpretarse en el sentido de que
la filosofía (la búsqueda de la verdad) no es un producto del pensador solitario,
sino el resultado de una tarea colectiva.
El método de la conversación de Sócrates tenía dos momentos: la ironía y la
mayéutica (mayéutica significa el arte de la comadrona, de ayudar a dar a luz).
Con la ironía se opone a la opinión infundada y a la arrogancia de la conciencia
dogmática que cree poseer la verdad. Consistía en hacer preguntas que, bajo la
apariencia de tener en alta estima el saber exhibido por el interlocutor, mostraban,
en realidad, la inconsistencia del mismo y ponían al interlocutor en la tesitura de
tener que reconocer su ignorancia. Con la ironía, Sócrates intentaba minar el
obstáculo para la verdad que representa la seguridad con que el hombre común
se apoya en las ideas triviales.

El segundo momento del método es la mayéutica, es decir, el arte de ayudar a dar


a luz la verdad. Consiste en conducir la conversación de modo que pueda aflorar
la verdad del interior de cada uno, donde estaba latente. El hecho de que la
verdad procede de nuestro interior significa que no llegamos a poseer de verdad
sino aquellas verdades que producimos en nosotros mismos. Esta verdad que se
encuentra en el interior de cada hombre no es relativa a cada uno (Sócrates se
opone al relativismo sofístico), sino que es común, es verdad en sí. En la
mayéutica se trata precisamente de pasar del para mí inicial al en sí. Se trata de
buscar la definición (la esencia) de lo que se está considerando. Sócrates
preguntaba incansablemente ¿qué es?...la justicia, la felicidad, el bien, etc., para
alcanzar, por encima de la pluralidad de casos en que se predica el concepto, con
sus interminables diferencias, a la unidad de la definición. (Este procedimiento del
diálogo socrático consiste en buscar la definición por medio del razonamiento
inductivo. El razonamiento inductivo y la definición son, según Aristóteles, las
aportaciones de Sócrates a la filosofía).

El intelectualismo moral socrático

El propósito central de la actividad de Sócrates es moral (sus preguntas se


referían siempre a los valores morales): la perfección del individuo. Esta
perfección consiste para Sócrates en la autarquía o autodominio. Aquí se
constituye el ideal clásico del sabio moral: el héroe no es aquel que vence sobre
los demás, sino el que vence sobre uno mismo. El sabio es el que -ordenándose
conforme a su inteligencia- se domina a sí mismo; lo cual significa que hay algo en
uno mismo -las pasiones- que debe ser dominado o sometido, y cuyo desgobierno
acarrea la infelicidad, la imperfección o el mal moral. Para este propósito moral se
precisa de un conocimiento distinto de las especulaciones sobre el origen de la
realidad natural (fracasadas, por otra parte en los físicos). La mirada no ha de
dirigirse hacia fuera y a los comienzos, sino hacia dentro (hacia sí mismo) y hacia
los fines (de las acciones, de la vida humana). La filosofía tiene que ser autognosis
(conocimiento de sí mismo). Sin el conocimiento moral no hay autodominio. La
virtud no se basa en las costumbres, en las convenciones o en los hábitos
aprobados por la sociedad, y tampoco en lo que podríamos llamar la buena
disposición natural, el buen corazón. Se basa en el conocimiento, en la
aprehensión intelectual de los valores. Sócrates trata de someter la vida humana y
sus valores a la razón, al igual que los filósofos del período cosmológico habían
intentado someter al dominio de la razón el cosmos. Se trata de racionalizar la
conducta humana ajustándola a normas fijas y universales.

Conversación

Un ejemplo del diálogo socrático se muestra en el Fedro cuando se discute sobre


la superioridad del diálogo respecto a la escritura:
SÓCRATES.- Pero nos resta examinar la conveniencia o inconveniencia que
pueda haber en lo escrito. ¿No es cierto?

FEDRO.- Sin duda...

SÓCRATES.- El que piensa transmitir un arte consignándolo en un libro, y el que


cree a su vez tomarlo de éste, como si estos caracteres pudiesen darle alguna
instrucción clara y sólida, me parece un gran necio; y seguramente ignora el
oráculo de Ammon si piensa que un escrito pueda ser más que un medio de
despertar reminiscencias en aquel que conoce ya el objeto de que en él se trata.

FEDRO.- Lo que acabas de decir es muy exacto.

SÓCRATES.- Este es mi querido Fedro, el inconveniente así de la escritura


como de la pintura; las producciones de este último arte parecen vivas, pero
interrogadlas, y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los
discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna
explicación sobre el objeto que contienen y os responden siempre la misma
cosa. Lo que una vez está escrito, rueda de mano en mano, pasando de los
que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no
sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse.
Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre
necesidad del socorro de su padre; porque por sí mismo es incapaz de rechazar
los ataques y defenderse.

FEDRO.- Tienes también razón.

SÓCRATES.- Pero consideremos los discursos de otra especie, hermana


legítima de esta elocuencia bastarda; veamos cómo nace y cómo es mejor y
más poderosa que la otra.

FEDRO.- ¿Qué discurso es y cuál es su origen?


SÓCRATES.- El discurso que está escrito con los caracteres de la ciencia del
alma que está en posesión de la ciencia, y al lado del cual el discurso escrito no
es más que un vano simulacro.

FEDRO.- Hablas del discurso vivo y animado, que reside en el alma del que está
en posesión de la ciencia, y al lado del cual el discurso escrito no es más que un
vano simulacro.

SÓCRATES.- Eso mismo es…

La influencia histórica de Sócrates tras su muerte

La muerte de Sócrates tuvo el efecto de que se evidenciara explosivamente su


influjo filosófico. Ante el acontecimiento tremendo, sus allegados tuvieron aguda
conciencia de la tarea de referir lo que él fue, de dar testimonio de él, de filosofar
en el espíritu socrático. Entonces fue cuando se desarrolló la literatura socrática,
cuyo máximo exponente es Platón, cumpliéndose así el vaticinio de Sócrates de
que sus amigos no darían tregua. Aun cuando Sócrates no había dejado ningún
escrito, ninguna doctrina, y menos sistema alguno, se inició el movimiento más
intenso de la filosofía griega. Las distintas imágenes de Sócrates se colocan
entonces delante de su realidad, la que sólo se deja entrever a través de ellas. Por
eso numerosos filósofos de la antigüedad, la casi totalidad de ellos, no obstante
sus antagonismos pudieron ver encarnados en Sócrates al filósofo ideal.

Retrospectivamente, pudiera decirse que Sócrates, conocido y del todo


desconocido en su realidad, ha llegado a ser algo así como el lugar en el cual las
sucesivas épocas y genraciones proyectaban una imagen acorde con su propio
ideal: el cristiano piadoso y humilde; el hombre de la razón, el hombre de la
genialidad de la personalidad demoníaca, el hombre seguro de sí mismo, el
campeón de la humanidad; ocasionalmente incluso el hombre político que bajo el
disfraz de filósofo oculta sus planes de conquista del poder. En realidad, no fue
nada de eso.