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Independencia de la Argentina

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Para la declaración formal de la Independencia, véase Declaración de independencia de la
Argentina.
En la Historia de la
Argentina se conoce como
el Período de la
Independencia al
transcurrido entre
la Revolución de
Mayo de 1810 y Historia de la Argentina
la Anarquía que disolvió 1810 - 1820
todas las autoridades
nacionales, en el año 1820.12 Período de la Independencia
Durante este período,  Argentina indígena
las Provincias Unidas del Río  Poblamiento inicial y paleolítico
de la Plata —nombre inicial
de la actual República  Culturas agroalfareras
Argentina— iniciaron su
existencia como país  Indígenas
soberano, la sostuvieron  Argentina colonial
exitosamente por medio de
una prolongada Guerra de  Descubrimiento y conquista de la Argentina
Independencia y declararon  Gobernación del Tucumán
su independencia. Pero
también durante este período  Gobernación del Río de la Plata
fracasaron en darse un
 Corregimiento de Cuyo
gobierno central y
una constituciónque fueran  Virreinato del Río de la Plata
aceptados por todas
sus provincias en forma  Puel Mapu
permanente.3  Formación del estado argentino
Fue también durante este  Independencia
período que varios territorios
que habían formado parte  Autonomías provinciales
del Virreinato del Río de la
Plata se separaron  Organización Nacional
definitivamente de la  Argentina moderna
Argentina: el Paraguay, por
haber sostenido su  República conservadora
propio proceso  Primeras presidencias radicales
independentista;4 el Alto
Perú, por continuar bajo  La «Década Infame»
poder español, del que más
 Argentina contemporánea
tarde se independizaría
como República de Bolivia; y  Peronismo y antiperonismo
la Banda Oriental, por haber
caído bajo el poder  Violencia y represión
de Portugal, que lo heredaría  Recuperación de la democracia y globalización
al Brasil, del cual se
independizaría  Actualidad
como República Oriental del
Uruguay.5 El Cono Sur, en un mapa publicado en 1818.
*1
El inicio del período se La división territorial corresponde al año 1814.
establece el 25 de mayo de
1810, fecha de la creación
del primer gobierno de las Provincias Unidas, y el final el 11 de febrero de 1820, día en
que renunció el último Director Supremo, José Rondeau y se disolvió el Congreso
Nacional.1
Índice
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 1El Virreinato en crisis


 2La Revolución de Mayo y la Junta
o 2.1La Semana de Mayo
o 2.2La Primera Junta
o 2.3La Revolución en las Provincias
o 2.4Guerra de Independencia
o 2.5De la Primera Junta a la Junta Grande
o 2.6Derrota militar y transformación del gobierno
 3El Primer Triunvirato (1811-1812)
o 3.1La diplomacia de la Revolución
o 3.2La Batalla de Tucumán y sus consecuencias
 4La época de la Asamblea
o 4.1La Asamblea General Constituyente
o 4.2La guerra en 1813
o 4.3Directorio de Posadas
o 4.4Inicio de las guerras civiles
o 4.5Directorio de Alvear
 5La época del Congreso
o 5.1La Liga de los Pueblos Libres
o 5.2Derrota del Ejército del Norte
o 5.3El Congreso y la Declaración de la Independencia
o 5.4Directorio de Pueyrredón
o 5.5Campaña Libertadora a Chile
o 5.6La diplomacia directorial y los proyectos monárquicos
o 5.7Invasión portuguesa a la Banda Oriental y nuevas guerras civiles
o 5.8La disolución: Cepeda
 6Autonomías provinciales e intentos de organización
 7La sociedad y la Revolución
o 7.1La cultura en un período de intensos cambios
o 7.2La Iglesia Católica y la Revolución
o 7.3El nacimiento de la política
o 7.4La administración de justicia
o 7.5Los militares en el centro de la escena
o 7.6La economía en torno a 1820
 8Notas
 9Fuentes
o 9.1Referencias
o 9.2Bibliografía utilizada
 10Bibliografía adicional
 11Véase también
 12Enlaces externos

El Virreinato en crisis[editar]
Artículos principales: Virreinato del Río de la Plata e Invasiones Inglesas.

A lo largo del siglo XVIII, los cambios políticos llevados adelante por la Casa de
Borbón que reemplazó a la Casa de Austria a partir del 16 de noviembre de 1700 en
el Imperio Español transformaron las dependencias americanas, hasta entonces "reinos"
relativamente autónomos, en colonias enteramente dependientes de decisiones tomadas
en España en beneficio de ella.6 Entre estas medidas se contó la fundación del Virreinato
del Río de la Plata en 1777, que reunió territorios dependientes hasta entonces
al Virreinato del Perú, y dio una importancia singular a su capital, la ciudad de Buenos
Aires, que había tenido escasa importancia hasta ese momento.7
El 25 de junio de 1806 se iniciaron las invasiones inglesas, cuando una fuerza de mil
seiscientos ingleses desembarcó en las costas de Quilmes y dos días después ocuparon
Buenos Aires. El virrey Rafael de Sobremonte se retiró hacia el interior del país a organizar
tropas para la reconquista, pero en Buenos Aires el gesto fue interpretado como una huida.
Cuando el 12 de agosto una fuerza compuesta por milicianos criollos y un ejército regular
acorralaron y vencieron a los ingleses, el virrey fue suspendido en sus funciones militares y
se le impidió regresar a la capital.8
Ante la inminencia de una nueva invasión, el coronel Santiago de Liniers —a cargo del
ejército— organizó y adiestró una nutrida fuerza de milicias. El 3 de febrero del año
siguiente, la ciudad de Montevideo fue ocupada por los ingleses, aumentando el descrédito
de Sobremonte: un cabildo abierto lo depuso y lo reemplazó por Liniers. Era la primera vez
en la historia colonial española que un virrey —representante directo del rey de España—
era depuesto por el pueblo.* 28
El 28 de junio, 9000 británicos desembarcaron cerca de Buenos Aires. Las milicias
porteñas fueron incapaces de impedir su avance a campo abierto, pero lograron destruir el
ejército invasor dentro de la ciudad; los invasores capitularon el 7 de julio, abandonando
poco después el Río de la Plata.8
Las invasiones inglesas manifestaron el éxito de la población local en la defensa de sus
colonias, algo en lo que había fracasado la metrópoli. El virrey Liniers fue confirmado en el
cargo por el rey, con lo que —a ojos de los porteños— confirmaba su derecho a deponer a
las autoridades.8 Durante los tres años siguientes, tanto Liniers como su sucesor, Baltasar
Hidalgo de Cisneros, se verían obligados a negociar sucesivamente con los jefes de las
milicias, con los comerciantes y con el cabildo de Buenos Aires las políticas que
aplicaban.9 El primer día de 1809, los españoles peninsulares quisieron imponer una Junta
de Gobierno que los repusiera en el centro del sistema social y político, cuestionado a
partir de las invasiones inglesas; su fracaso confirmó la preeminencia política de los
españoles americanos.10

La prisión del rey Fernando VII generó un vacío de poder que desencadenó procesos
independentistas en casi todo el Imperio Español.

En 1808, el ejército francés de Napoleón Bonaparte inició la invasión a España, y el


rey Fernando VII fue arrestado y reemplazado por José Bonaparte. Pese a la reacción del
pueblo español, que erigió una Junta Suprema Central de Gobierno y durante un año y
medio logró detener el avance del ejército invasor, a principios de 1810 la mayor parte de
la Península había caído en manos francesas.11
Un grupo de criollos adhirió a las pretensiones de la infanta Carlota Joaquina de Borbón —
esposa del príncipe regente de Portugal e instalada en Río de Janeiro— que pretendía
gobernar el Río de la Plata en nombre de su hermano Fernando. El partido carlotista no
tuvo extensión suficiente para alcanzar sus objetivos.12 En septiembre de 1808 se creó
una junta de gobierno local en Montevideo, que rechazó la autoridad de Liniers, pero la
misma se disolvió a la llegada de Cisneros.13
Gran Bretaña pasó de enemigo a principal aliado de los españoles en la guerra contra
Napoleón. Para conservar esa alianza, el virrey Cisneros —nombrado por la Junta
Central— cedió en 1809 a la presión de los comerciantes locales y decretó el libre
comercio, del cual ese país sería el principal beneficiario.1415
En 1809 ocurrieron dos revoluciones en el Alto Perú —la actual Bolivia— dependiente del
Virreinato del Río de la Plata: el 25 de mayo estalló la Revolución de Chuquisaca y el 16
de julio otra en La Paz, formándose dos juntas de gobierno. La primera fue disuelta sin
combatir por un ejército enviado desde Buenos Aires, mientras la segunda fue cruelmente
aplastada por tropas enviadas desde el Perú, que ejecutaron a sus cabecillas a principios
de 1810.* 316

La Revolución de Mayo y la Junta[editar]


La Semana de Mayo[editar]
Artículo principal: Revolución de Mayo

El Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810.

El 14 de mayo de 1810 llegó a Buenos Aires una goleta inglesa, que portaba periódicos
comunicando la noticia de la completa derrota militar española y de la disolución de la
Junta Central. Los grupos políticos activos interpretaron que —caducada la autoridad que
había nombrado a Cisneros— éste ya no representaba a nadie y el gobierno debería ser
administrado por sus vecinos.17
Sin embargo las causas de la revolución son más profundas y anteriores. Entre éstas se
encuentran la debilidad y el desprestigio de la monarquía, la permanente preferencia por
los peninsulares sobre los criollos para todos los cargos públicos, el monopolio comercial
de España, la fuerza que habían demostrado poseer tras las Invasiones Inglesas, y la
influencia ideológica del Iluminismo y la Revolución francesa.18
Los líderes del partido carlotista se reunieron con Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento
de Patricios, en las que decidieron solicitar un cabildo abierto al virrey; éste se reunió con
los jefes militares, que se negaron a apoyarlo, de modo que convocó un cabildo abierto
para el día 22.19
La reunión del cabildo abierto fue controlada por los grupos adversos a los peninsulares,
que se aseguraron la superioridad numérica sobre estos. Allí se consultó a los asistentes si
Cisneros debía continuar en el mando, y —en caso de respuesta negativa— en quién
debería éste recaer. Las posiciones revolucionarias fueron sostenidas por Juan José
Castelli y Juan José Paso, que sostenían la teoría de la retroversión de la soberanía, que
reconocía que, desaparecido el legítimo monarca, el poder volvía al pueblo y éste tenía
derecho a formar un nuevo gobierno.20 A ellas se opuso la opinión del obispo Benito Lué,
que se oponía a toda innovación, y el fiscal Manuel Villota, que objetó que no podía una
sola ciudad cambiar la autoridad de todo el Virreinato. Al momento de votar, prevaleció el
voto de Saavedra, que sostenía que el gobierno debía ser asumido por una autoridad
nombrada por el Cabildo de Buenos Aires, y en la que agregaba:21
y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando.

Anunciada al pueblo el cese de la autoridad del virrey, el Cabildo creó una Junta
Provisional Gubernativa, formada por dirigentes de posiciones revolucionarias y presidida
por Cisneros, que juró el día 24. Los revolucionarios se negaron a aceptar esa junta, de
modo que dos de sus miembros —Saavedra y Castelli— renunciaron a la misma.22
El día 25 de mayo se produjo una movilización popular, que presionó al Cabildo: una
diputación se presentó ante este para requerir la formación de una nueva junta, a lo que el
Cabildo respondió que no trataría ninguna petición que no se hiciera por escrito. Horas
más tarde, la diputación presentó el documento llamado la Petición del Pueblo, firmada
por "vecinos, comandantes y oficiales" en nombre del pueblo, exigiendo la formación de
una junta de gobierno —cuyos integrantes estaban listados en la petición— y el envío de
una expedición de quinientos hombres para auxiliar a las provincias del interior.23
El Cabildo exigió la ratificación del pedido por parte del pueblo reunido en la plaza, pero
ante la amenaza de los revolucionarios de recurrir a las armas, terminaron por ceder y —
confirmando los nombres exigidos— nombrar una "Junta Provisional Gubernativa de las
Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII", que la tradición
recuerda como Primera Junta.24
La Primera Junta[editar]
Artículo principal: Primera Junta

La Primera Junta.

En la tarde del mismo día 25 de mayo prestó juramento la Junta Provisional


Gubernativa, integrada por:
Presidente

 Cornelio Saavedra (comandante del Regimiento de Patricios)


Vocales

 Dr. Juan José Castelli (abogado)


 Dr. Manuel Belgrano (abogado)
 Cnel. Miguel de Azcuénaga (militar)
 Dr. Manuel Alberti (sacerdote)
 Domingo Matheu (comerciante)
 Juan Larrea (comerciante)
Secretarios
 Dr. Juan José Paso (abogado)
 Dr. Mariano Moreno (abogado)
Su formación marcó el comienzo del ejercicio del poder por parte de los criollos,
prescindiendo de las autoridades existentes en España. Momentáneamente no se ponía
en cuestión la autoridad del rey, cuya soberanía se consideraba suspendida por su prisión,
pero no anulada; esto se debía a que los revolucionarios estaban divididos entre
monárquicos sinceros e independentistas que prefirieron ocultar sus intenciones bajo la
llamada máscara de Fernando VII, que no creían volviera al trono por mucho tiempo.25
El 28 de mayo la Junta dictó su propio reglamento; el día anterior había enviado una
circular a las ciudades del interior, solicitando la designación de representantes; pese a
que se había acordado unirlos a un Congreso, la invitación afirmaba que, a su llegada, los
diputados se incorporarían a la Junta.26
Las milicias fueron transformadas en regimientos regulares, dando origen al ejército de la
revolución.27
El resto de la organización virreinal siguió intacta: audiencias, gobernadores, intendentes y
cabildos locales permanecían en sus funciones. La Junta les exigió juramento de
obediencia, que fue realizado bajo protesta. En Buenos Aires los principales núcleos de
oposición fueron la Audiencia, el Cabildo y el ex Virrey. Este último se comunicó
secretamente con grupos contrarrevolucionarios en el interior, por lo que en el mes de
junio los miembros de la Audiencia y el ex virrey fueron arrestados y embarcados
secretamente hacia España.28 El cabildo también se mostró remiso a colaborar con la
Junta, por la cual ésta decidió, en el mes de octubre, reemplazar a sus miembros por otros
completamente adictos.29
Entre sus medidas estuvo la de crear la Gazeta de Buenos Ayres, un periódico a través del
cual se realizó propaganda política, en la que sobresalió el secretario Moreno.30 Éste fue el
inspirador de muchas de las medidas de gobierno, como la fundación de la Biblioteca
Pública31 y la Escuela Militar de Matemática,32 y el establecimiento de un plan general de
gobierno, conocido como el Plan de operaciones.33
La Revolución en las Provincias[editar]

 Intendencia de Buenos Aires: el reconocimiento de la Junta se hizo rápidamente en


la Provincia de Santa Fe, Concepción del Uruguay, Gualeguay, Gualeguaychú, y
la Provincia de Corrientes. Las autoridades de Corrientes adhirieron a la Primera
Junta.34

 Intendencia de Córdoba del Tucumán: Córdoba, capital de intendencia y punto clave


de las comunicaciones con el Alto Perú y Chile, fue centro de la reacción
contrarrevolucionaria organizada por el gobernador intendente, el obispo y el ex virrey
Liniers.35 Sin embargo, el pueblo no los apoyó: ante el avance de las fuerzas
revolucionarias, los contrarrevolucionarios se dispersaron y sus líderes fueron
ejecutados.36 Aún antes de conocerse los sucesos de Córdoba, La Rioja había
decidido reconocer la Junta. Las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis también
reconocieron a la Junta.37 En la primera de ellas, sin embargo, fue necesario vencer la
oposición de algunos jefes militares y civiles, que retrasaron el reconocimiento unas
semanas.38

 Intendencia de Salta del Tucumán: en Salta se disponían a acatar a la Junta, pero la


rebelión del Alto Perú fortaleció al grupo contrarrevolucionario. Finalmente, el
gobernador-intendente Feliciano Chiclana se hizo cargo de la situación con apoyo del
ejército revolucionario.39 El cabildo de Tarija fue uno de los primeros en adherir a
la Revolución de Mayo.40 La situación de Tarija y San Salvador de Jujuy era
comprometida por el temor a la intervención de las fuerzas del Alto Perú; pero prestó
su adhesión a la Junta al saber del avance de las fuerzas
revolucionarias. Catamarca, San Miguel de Tucumán y Santiago del
Estero reconocieron a la Junta, aunque en esta última se despertaron algunas
tensiones entre partidos locales.41

 Alto Perú: en Potosí, Cochabamba, La Paz y Chuquisaca, los cabildos no llegaron a


pronunciarse, ya que las autoridades civiles y militares lo impidieron, rechazando las
pretensiones de la Junta de Buenos Aires.42

 Intendencia del Paraguay, Misiones y la Banda Oriental: Asunción del Paraguay43


y Montevideo desconocieron la autoridad de la Junta Gubernativa, reconociendo
el Consejo de Regencia establecido en Cádiz,44 y extendieron su poder,
respectivamente, por todo su territorio de influencia, llegando hasta Corrientes45 y el
este de la actual provincia de Entre Ríos.46 Por su parte, el cabildo
de Yapeyú reconoció a la Junta en nombre de las Misiones guaraníticas.47
Guerra de Independencia[editar]
Artículo principal: Guerra de Independencia de la Argentina

La batalla de Suipacha, primera victoria del Ejército Argentino.

El día 29 de mayo, la Junta ordenó una reorganización general de las fuerzas de la capital
y se estableció una rigurosa leva de vagos y desocupados para cubrir las vacantes. En
definitiva, los primeros ejércitos de que dispusieron los gobiernos rioplatenses se
originaron en las milicias urbanas de Buenos Aires.48 Si bien la tropa era numerosa, no
tenía otra experiencia que las Invasiones Inglesas, y sus oficiales eran tan inexpertos
como los soldados. Los primeros comandantes fueron oficiales de graduación inferior, o
civiles cuyos méritos no estaban relacionados con la capacidad militar sino con sus
vínculos políticos y su carisma personal.49
Ante el peligro de la Contrarrevolución de Córdoba y en el Alto Perú, la Junta envió
una Expedición Auxiliadora al Interior;50 los jefes revolucionarios de Córdoba fueron
ejecutados.51 El Ejército Auxilar continuó su camino, transformándose en el
llamado Ejército del Norte y logrando el 7 de noviembre una victoria clave en la batalla de
Suipacha, la cual —junto a la revolución de Cochabamba— permitieron la ocupación de
todo el Alto Perú. Los jefes realistas de esa región también fueron ejecutados.50
El 26 de septiembre partió hacia el Paraguay una segunda expedición, al mando
de Manuel Belgrano, con la esperanza de que los paraguayos se unieran
espontáneamente a la Revolución. Pese a que la expedición fracasó, sirvió de estímulo
para el estallido de la Revolución de mayo de 1811 en Asunción, que inició el proceso
de independencia del Paraguay.52
La escuadra española apostada en Montevideo bloqueó el puerto de Buenos Aires en
septiembre de 1810, pero la presión de la escuadra británica anuló los efectos de esta
medida.53 La Junta organizó una escuadra naval, que puso al mando de Juan Bautista
Azopardo, a la que envió en apoyo de Belgrano; la misma fue completamente destruida en
el Combate de San Nicolás, demostrando la peligrosidad de la escuadra apostada en
Montevideo.54 En efecto, no sólo la escuadra realista demostró estar en condiciones de
lanzar ataques sobre cualquier punto de la costa del río Paraná, sino que además los
realistas de Montevideo lograron ocupar ambas orillas del río Uruguay55 y toda la Banda
Oriental.56
La situación en la Banda Oriental cambió a partir del Grito de Asencio y la asunción del
mando de los revolucionarios locales por parte de José Artigas; éste logró una victoria
completa en la batalla de Las Piedras y puso sitio a Montevideo. La ciudad resistió
exitosamente, principalmente gracias a su escuadra, que la aprovisionaba por vía fluvial.57
De la Primera Junta a la Junta Grande[editar]
Artículo principal: Junta Grande

Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Juntay de la Junta Grande.

A medida que la revolución se consolidaba, Mariano Moreno adoptaba medidas cada vez
más radicales, llegando a sostener una postura jacobina; durante un tiempo convenció de
seguir ese rumbo al resto de la Junta, pero con el paso del tiempo prevaleció una postura
más moderada, sostenida por el presidente Saavedra.58 A medida que llegaban los
diputados de las provincias del interior, Moreno observó que éstos eran partidarios de
posturas moderadas, de modo que consideró peligroso permitirles incorporarse a la Junta,
tal como se les había prometido en la comunicación del 27 de mayo.59 Por otro lado, dado
que la Junta adoptaba medidas que correspondían a un Poder Ejecutivo, pensó en crear
un Poder Legislativo y constituyente con los diputados de las provincias. Finalmente,
afirmaba que aumentar el número de integrantes del ejecutivo atentaría contra la unidad
de criterio y la rapidez de la toma de decisiones.60
Un conflicto entre Saavedra y Moreno, iniciado por el segundo al proponer la supresión de
toda diferencia entre los vocales y el presidente, determinó la ruptura ente los seguidores
de ambos. Saavedra apoyó esa medida y a continuación reunió a los diputados del interior,
para resolver entre todos si los mismos debían o no incorporarse al gobierno. Tras un
intercambio de opiniones, la cuestión se decidió por medio de una votación: con excepción
del secretario Paso, los demás presentes —incluso el propio Moreno, que había opinado lo
contrario— aprobaron la incorporación de los diputados del interior.61
Moreno presentó su renuncia, pero la misma no fue aceptada; solicitó entonces una misión
en el exterior, que le fue concedida;62 moriría en alta mar unas semanas más tarde.
Integrados los diputados el 18 de diciembre, la Junta conservó su nombre y funciones,
aunque la tradición ha considerado que fue otro gobierno, conocido con el nombre
de Junta Grande.63
La dirección política de la Junta fue ejercida principalmente por el Deán Funes. Entre sus
medidas más importante estuvo la creación de juntas de gobierno provinciales.64
Los grupos partidarios de Moreno acusaron al gobierno de lentitud en sus decisiones, y
proyectaron volver al tomar el control del gobierno. Reunidos en la llamada Sociedad
Patriótica, difundieron proclamas contrarias al gobierno y prepararon la elección de nuevos
diputados porteños, para contrarrestar la preeminencia provinciana.65
El 5 de abril de 1811, una manifestación de las clases medias y bajas de Buenos Aires
forzó a la Junta a expulsar a los diputados morenistas, y elevó a Joaquín Campana al
cargo de secretario que había ocupado Moreno. Desde ese puesto, Campana llevó
adelante medidas más radicales que las promovidas por Funes, tales como la persecución
sistemática de los españoles peninsulares, pero también disminuyó la dependencia del
gobierno de la presión ejercida por Gran Bretaña.66
Derrota militar y transformación del gobierno[editar]
Artículo principal: Guerra de Independencia de la Argentina

En el Alto Perú la situación parecía consolidada, pero el Ejército fracasó en extender su


acción revolucionaria al Virreinato del Perú, además de firmarse un armisticio que dio
ventajas al Ejército Real del Perú; éste contraatacó, logrando una victoria clave en
la batalla de Huaqui, del 20 de junio de 1811,67 y en pocos meses recuperaron toda la
región. Los revolucionarios debieron retirarse hasta Jujuy.68
El 15 de julio, la escuadra española bombardeó la costa de Buenos Aires, y aunque no
causó daños materiales generó mucha preocupación.69 Pocos días después,
fuerzas portuguesas ocuparon el norte de la Banda Oriental.70 La situación parecía
insostenible, y la Junta reaccionó iniciando tratativas con el gobierno realista de
Montevideo.71
Además de la acumulación de derrotas en todos los frentes —en el Paraguay, en el Río de
la Plata, en el Norte y en la Banda Oriental— la Junta debía hacer frente a la oposición de
los porteños a ser dirigidos por provincianos. Al tener noticias de la defección del
comandante del Ejército del Norte, Saavedra partió hacia Jujuy, para hacerse cargo del
mismo. Alejado Saavedra, la oposición del Cabildo porteño aumentó de tono, con lo que se
logró la expulsión y arresto de Campana. Faltándole ambos conductores, la Junta fue
presionada para crear un poder ejecutivo, conservando para sí el legislativo.72
El 22 de septiembre se fundó un Supremo Gobierno, formado por tres miembros, que
posteriormente sería conocido como el Primer Triunvirato.73

El Primer Triunvirato (1811-1812)[editar]


Artículo principal: Primer Triunvirato

Aunque sólo fue su secretario, Bernardino Rivadavia fue el ideólogo del Primer Triunvirato.

El nuevo gobierno asumió el 23 de septiembre de 1811, integrado por Feliciano


Chiclana, Juan José Paso y Manuel de Sarratea, con Bernardino Rivadavia, José Julián
Pérez y Nicolás Herrera como secretarios. Llevó adelante una política mucho más
prudente en cuanto a la guerra,74 prefiriendo las soluciones diplomáticas a las bélicas.75
Incluso reforzó las menciones a la fidelidad a Fernando VII, que habían sido parcialmente
abandonadas, y también postergó la definición del tema de la independencia y la
Constitución.76 Cuando el general Belgrano creó una bandera nacional, le ordenó destruirla
y amenazó con sancionarlo por ello.77
La Junta Grande, conocida desde entonces como Junta Conservadora, elaboró un
documento para establecer la división de poderes y las atribuciones de cada poder,
redactando el 22 de octubre de 1811 un Reglamento de división de poderes. El Poder
Ejecutivo se delegaba en el Triunvirato, que respondía ante la Junta Conservadora. El
Triunvirato ignoró el Reglamento Orgánico y lo reemplazó por un Estatuto provisional,
asumiendo la totalidad del gobierno.78 Poco después estalló el Motín de las Trenzas,
sangrientamente reprimido, que decidió al gobierno a disolver la Junta y expulsar a los
diputados provinciales de la capital.79
El Triunvirato asumió la totalidad del gobierno sin consultar en absoluto a las ciudades del
interior; disolvió las Juntas de gobierno provinciales y nombró sus gobernadores de entre
su círculo político, organizando un estado unitario y centralista.80 Pero también arbitrario:
impuso una rígida censura y ordenó la persecución de sus enemigos porteños, sobre todo
Saavedra y Campana. Si bien reunió una Asamblea nacional, eligió a los diputados
porteños y a gran parte de los del interior, sin consultar a sus respectivos cabildos. Apenas
reunida la Asamblea, ésta se declaró "soberana", lo cual bastó para que el gobierno la
declarara disuelta.81
En el mes de julio se descubrió una conspiración para una reacción españolista, que fue
reprimida con la prisión de centenares de personas y el fusilamiento de más de treinta
personas tras un juicio sumario e irregular, entre ellos Martín de Álzaga, héroe de las
Invasiones Inglesas, con quien el secretario Rivadavia tenía agravios personales.82
Durante su mandato la oposición se organizó en torno a la Logia Lautaro, una sociedad
secreta con objetivos claramente independentistas, presidida por Carlos María de Alvear.83
La diplomacia de la Revolución[editar]
Al día siguiente de instalada, la Junta recibió al jefe de la estación naval en el Río de la
Plata, a quien se le garantizó la lealtad al rey español. Una carta a Lord Strangford, cónsul
del Reino Unido en Río de Janeiro, y una misión en Londres, a cargo de Matías
Irigoyen fueron los primeros actos de la diplomacia revolucionaria. Su resultado dejó en
claro la intención de Gran Bretaña de ayudar a los revolucionarios sin romper con España,
con la cual tenía importantes vinculaciones económicas. Esa política sería mantenida
durante quince años. Los británicos rechazaron el bloqueo español de Buenos Aires y
continuaron comerciando con esa ciudad, pero al mismo tiempo presionaron para que la
Junta se abstuviera de declarar la independencia.84
También se llevaron a cabo negociaciones que llevaron a las alianzas con los procesos
revolucionarios de los demás países latinoamericanos; especialmente importante fueron
las relaciones con Chile, que se iniciaron pocas semanas después de iniciado el proceso
de independencia de ese país, con dos propuesta de tratados de alianza y comercio, que
no fueron firmados.85 En 1811, ese país colaboraría con la guerra de independencia
rioplatense con una División Auxiliadora, gesto que dos años más tarde sería retribuido
con el envío del Batallón de Auxiliares Argentinos a Chile.86
También se iniciaron relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, que enviaron un
cónsul a Buenos Aires; con este país las relaciones fueron esencialmente comerciales.87
Las derrotas del año 1811 obligaron primeramente a la Junta Grande y luego al Primer
Triunvirato a entablar relaciones conciliadoras, e incluso se pretendió alguna forma de
avenimiento pacífico con las autoridades españolas, a cambio de una autonomía política
limitada para el territorio.88
Belgrano logró la firma de un tratado con el Paraguay, por el que se establecía una
confederación entre ambos gobiernos;89 la intención del dirigente paraguayo Gaspar
Rodríguez de Francia de separar al Paraguay de la obediencia de Buenos Aires y la
insistencia de los gobiernos porteños en someter a las provincias a una dependencia
absoluta del gobierno central impusieron al Paraguay una política aislacionista que lo
mantuvo al margen de la guerra por la independencia. Más adelante, el Paraguay
manifestaría cada vez más claramente su negativa a formar parte de las Provincias
Unidas,90 aunque no declaró formalmente su independencia hasta tres décadas más
tarde.91
Continuando las negociaciones iniciadas por la Junta, el Triunvirato firmó un armisticio con
el gobierno de Montevideo, por el cual las tropas independentistas abandonaban la Banda
Oriental y la mitad oriental de Entre Ríos.92 Artigas rechazó el acuerdo y se trasladó con
gran parte de la población oriental a la costa occidental del río Uruguay, episodio conocido
como el Éxodo Oriental.93 Por un tiempo, la defensa de la Banda Oriental quedó a cargo
de las partidas irregulares comandadas por Artigas; las pretensión del gobierno porteño de
obligarlo a someterse a su autoridad creó los primeros roces entre los orientales y
porteños.94
La Batalla de Tucumán y sus consecuencias[editar]
Artículo principal: Batalla de Tucumán

La batalla de Tucumán.

No todo el Alto Perú estaba controlado por los realistas: distintos grupos guerrilleros,
conocidos con el nombre de Republiquetas, controlaban algunas regiones del mismo,
aunque por el momento no controlaban ciudad alguna.95 No obstante, tras conquistar las
ciudades altoperuanas, un ejército realista invadió el Norte de la actual Argentina; el
Triunvirato ordenó al general Belgrano, jefe del Ejército del Norte, retirarse hasta Córdoba.
Belgrano inició la maniobra con el llamado Éxodo Jujeño;96 pero, al llegar a las cercanías
de San Miguel de Tucumán, fue persuadido por la población local de presentar batalla.
Desobedeciendo las órdenes recibidas, Belgrano obtuvo una importante victoria en
la batalla de Tucumán, forzando a los invasores a retroceder.97
La noticia de la victoria de Tucumán —en opinión de muchos historiadores, la más
importante de la guerra de independencia—* 4 causó en Buenos Aires un enorme
descrédito para el gobierno que había ordenado la retirada hasta Córdoba. Un golpe de
estado protagonizado por el coronel José de San Martín derrocó al Triunvirato y lo
reemplazó por el llamado Segundo Triunvirato, integrado por Nicolás Rodríguez
Peña, Antonio Álvarez Jonte y Juan José Paso, que asumió el 8 de octubre de 1812.98
Cabildo e Iglesia de San Francisco, Tucumán hacia 1812 durante el gobierno del General Manuel
Belgrano (óleo actual).

La época de la Asamblea[editar]
El Segundo Triunvirato y el primer Directorio tuvieron una actitud más decidida en la
defensa militar del joven estado y en la pretensión de reconstruir el Virreinato, y enviaron
poderosos refuerzos tanto al Ejército del Norte como a las tropas estacionadas en la
Banda Oriental.99
La disposición más importante del Triunvirato fue la convocatoria a la Asamblea General
Constituyente de 1813. También envió una misión a las provincias del Interior, que cambió
las autoridades de las ciudades y provincias, reemplazando a los funcionarios adictos al
gobierno anterior o a facciones autonomistas locales por otros, adictos a la Logia
Lautaro.100
La Asamblea General Constituyente[editar]
Artículo principal: Asamblea del Año XIII

La Asamblea se formó por disposición del Segundo Triunvirato, asumiendo el ejercicio de


la soberanía y la representación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tanto el
período del Segundo Triunvirato, como de los dos primeros Directores
Supremos estuvieron signados por la actuación de la Logia Lautaro, que dirigió su política
interna, internacional y militar.101
Se desarrolló una obra legislativa tendiente a reafirmar la soberanía del Estado, tomando
medidas como el reemplazo del sello real y el escudo de armas por uno propio; aprobó
una única Marcha Nacional —el actual Himno Nacional Argentino— y ordenó la acuñación
de monedas con los símbolos del nuevo Estado. Por otra parte, prohibió el uso de
tormentos, suprimió los títulos de nobleza, abolió el Tribunal de la Inquisición y declaró
la libertad de vientres, por la que los hijos de esclavos pasaban a ser libres. También
reorganizó el Poder Judicial y en su sesión del 27 de febrero de 1813 aprobó el Estatuto
del Supremo Poder Ejecutivo, mediante el cual se organizó el Poder Ejecutivo y se fijaron
sus facultades, reemplazando en esa forma al Estatuto Provisional de 1811.102
Con el paso del tiempo, la situación en España se fue revirtiendo, hasta que Fernando
VII regresó al trono español. La política francamente absolutista del rey conllevaba también
una actitud más agresiva en contra de los estados independizados del imperio,
rechazando cualquier arreglo que no significara una completa vuelta a la anterior situación
de dependencia colonial absoluta.103
La Asamblea debió afrontar divisiones internas respecto a la nueva situación: una posición
encabezada por Alvear sostenía la necesidad de negociar con Fernando VII; proponía
postergar la declaración de la Independencia y la definición de la forma de gobierno y
apoyaban el centralismo. San Martín lideraba la otra posición, proponía declarar la
Independencia, reorganizar el ejército y combatir a los españoles; era también centralista,
pero estaba dispuesto a negociar con los caudillos locales de las provincias.104
Artigas, caudillo de la Banda Oriental, organizó un Congreso en 1813. En éste se decidió
reconocer a la Asamblea y enviar seis diputados, con instrucciones específicas, que
sostenían un proyecto político diferente al de Buenos Aires, regidas por los principios de
Independencia, federalismo y república en lo político; libertad de comercio e igualdad de
puertos en lo económico. Querían que el gobierno central estuviera fuera de Buenos Aires
y que los gobiernos locales conservaran el derecho a su propia administración.105
Los diputados orientales fueron rechazados por no haber sido elegidos en la forma
establecida en el decreto de convocatoria. Si bien la razón esgrimida era formalmente
correcta, generalmente se acepta que respondía a diferencias políticas y a cierto temor por
la formación de un bloque opositor a los seguidores de Alvear.106 A principios del año
siguiente, esas desavenencias llevarían a las primeras guerras civiles argentinas.
La guerra en 1813[editar]

Combate de San Lorenzo, del 3 de febrero de 1813.

El 20 de octubre de 1812, el ejército patriota puso nuevamente sitio a Montevideo, y once


días más tarde obtuvieron la victoria del Cerrito.107
La ciudad sitiada pudo resistir debido a su indiscutible superioridad naval y a los refuerzos
recibidos,108 pero sus defensores no volverían a intentar defenderse en tierra.109 A
principios de 1813, las fuerzas de Artigas se sumaron también al sito.110 Los realistas
lanzaron sucesivos ataques a la costa de los ríos Uruguay y Paraná, que saquearon
impunemente hasta que una sonora victoria de los Granaderos a Caballo del coronel José
de San Martín en el Combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, los inhibió para
nuevas incursiones.111 Desde entonces, la ciudad debió bastarse a sí misma.109

La batalla de Salta.

También en el norte, el año 1813 se inició con una ofensiva masiva: tras jurar lealtad a la
Bandera a orillas del río Juramento, el Ejército del Norte a órdenes de Belgrano obtuvo una
completa victoria en la batalla de Salta, el día 20 de febrero. Todo el ejército enemigo cayó
en manos patriotas; imposibilitado de controlar 3200 prisioneros, Belgrano los puso en
libertad a cambio del juramento de no volver a tomar las armas contra las Provincias
Unidas.112
Poco después, el ejército inició la segunda expedición auxiliadora al Alto Perú al frente de
3500 hombres, logrando controlar Potosí y Chuquisaca. Pero el nuevo jefe
realista, Joaquín de la Pezuela, lo derrotó el 1 de octubre en Vilcapugio y el 14 de
noviembre en Ayohuma.113
De modo que Belgrano se vio obligado a retirarse hasta Salta, donde entregó el mando del
Ejército del Norte a su nuevo comandante, José de San Martín, en el mes de enero de
1814.114
Debido al rechazo porteño a la autonomía oriental, el 20 de enero Artigas abandonó el sitio
de Montevideo, seguido por gran cantidad de tropas.115
Directorio de Posadas[editar]

Gervasio Antonio de Posadas, primer Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Acuciada por la derrota en el Alto Perú y las disidencias en el Litoral, e impulsada por su
propia tendencia a la concentración del poder, la Asamblea decidió crear un ejecutivo
uninominal, con el nombre de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, nombrando para ese cargo a Gervasio Antonio de Posadas. Éste dedicó todos sus
esfuerzos a ocupar Montevideo, con el fin de evitar que sirviera como puerto de llegada de
fuerzas reconquistadoras españolas.116

A partir del Combate de Martín García se revirtió la superioridad naval española en el Río de la
Plata.

Los sitiados de Montevideo no habían atinado a aprovechar la oportunidad de contraatacar


que les dio el retiro de Artigas. Sería la última, ya que en ese mismo momento se estaba
formando una escuadra patriota para disputar a los realistas el control de los ríos interiores
y el estuario del Plata, al mando de marinos extranjeros, incluido su comandante,
el irlandés Guillermo Brown. Iniciada la campaña naval, Brown derrotó a los realistas en
el Combate de Martín García, en el mes de marzo, y nuevamente en el Combate naval del
Buceo, del 15 y 17 de mayo; la mayor parte de los buques realistas fueron capturados o
destruidos.117
El cerco sobre Montevideo estaba completo: Posadas envió 1500 hombres para reforzar el
sitio de Montevideo, al mando de su sobrino Alvear, que reemplazó a Rondeau horas
después de la victoria de Brown. Iniciadas las negociaciones con Montevideo, se llegó a un
acuerdo para la entrega pacífica de la plaza; acuerdo que fue roto por el propio Alvear, que
ocupó Montevideo sin resistencia, aprovechando el desconcierto causado por el tratado, el
23 de mayo.118 El ejército se apoderó de una enorme cantidad de tropas y armamento.119
La caída de Montevideo significó el fin de la amenaza realista sobre el Río de la Plata, que
había durado cuatro años. Pero la escuadra fue desmantelada para cancelar deudas. Una
gran expedición de 10 600 hombres había sido preparada para retomar el Río de la Plata,
pero la pérdida de Montevideo, junto a la negativa portuguesa a permitirle desembarcar y
aprovisionarse en Brasil,75 obligaron a desviarla en dirección a Venezuela.120
En el frente norte, el ejército realista comenzó su avance hacia el sur, dejando a tropas de
reserva la lucha contra las republiquetas; cosa que no lograron, ya que, tras la victoria en
la batalla de La Florida, éstas lograron controlar Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba.121
No obstante, Salta y Jujuy fueron ocupadas, mientras San Martín reorganizaba su ejército
en San Miguel de Tucumán. Si los realistas no lograron avanzar más, fue por la decidida
defensa que le opusieron los gauchos de Güemes, que llevaron adelante la
llamada Guerra Gaucha; guerra irregular y netamente defensiva, pero que desgastó a los
invasores al punto de impedirles continuar su avance.122
Por razones de salud, y convencido de la imposibilidad de derrotar decisivamente a los
realistas en el Alto Perú, a mediados de ese año San Martín renunció al mando del Ejército
del Norte. En su lugar, Posadas envió a José Rondeau, llevando consigo las fuerzas que
habían participado en el sitio y parte de las rendidas de Montevideo.107
A mediados de 1814 estalló la Rebelión del Cuzco, que se extendió desde esa ciudad a
muchas provincias vecinas, ocupando Ayacucho, Arequipa y La Paz; en el mes de agosto,
el ejército realista retrocedió hacia el Alto Perú. El Ejército del Norte no pudo aprovechar la
inestimable oportunidad debido a que tardó demasiado en enterarse de lo que pasaba, y a
su propia incapacidad operativa.107 Hubo otras dos razones para la inmovilidad del
Ejército: en primer lugar, esperaban refuerzos de las tropas de Montevideo, que tardaron
demasiado tiempo en llegar. Por otro lado, en Chile los realistas estaban haciendo grandes
progresos: tras la batalla de Rancagua, del 2 de octubre, el país entero cayó en sus
manos.123
Inicio de las guerras civiles[editar]
Artículo principal: Guerra entre Artigas y el Directorio

Artigas en la Ciudadela, óleo de Juan Manuel Blanes.

Artigas se había retirado del sitio con un objetivo claro: organizar militar y políticamente a
los pueblos que se oponían a la concentración del poder en manos del Directorio.124 Ya
desde la época del Exilio Oriental había tenido roces con los representantes del poder
central,94 y su prestigio como caudillo se había extendido al Entre Ríos —una
denominación imprecisa para los territorios dependientes de Buenos Aires ubicados entre
el Paraná y el Uruguay— y las vecinas Corrientes y Santa Fe. Pocos días después del
retiro de Artigas, las poblaciones del interior entrerriano expulsaron a las fuerzas
nacionales en el combate de El Espinillo, y una revuelta llevó al poder a Juan Bautista
Méndez en Corrientes.125
Posadas respondió declarando la creación de las provincias de Entre Ríos y Corrientes,
aunque enteramente dependiente del poder central.126 Los federales pretendían la
autonomía, de modo que la guerra civil recrudeció: a mediados de 1814,
los federales controlaban las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, además de
buena parte del interior de la Banda Oriental.127
Tras la captura de Montevideo, Alvear lanzó sucesivos ataques dentro de la Banda
Oriental, logrando moderados avances y una importante victoria en Marmarajá. Pero en
enero de 1815 los directoriales fueron completamente derrotados en la batalla de
Guayabos.128 El nuevo Director Supremo, Alvear, entregó Montevideo a los federales y
otorgó la independencia a la Banda Oriental; pero la oferta fue rechazada.129
En marzo de ese año estalló una revolución federal en Santa Fe, que llevó al gobierno
al estanciero Francisco Candioti. En respuesta, Alvear envió a un ejército a ocupar esa
ciudad;130 mientras el ejército estaba en marcha, también la provincia de Córdoba se unía
al federalismo, nombrando gobernador a José Javier Díaz.131
Directorio de Alvear[editar]

Carlos María de Alvear.

A fines de 1814, cuando el Ejército del Norte estaba listo para partir hacia el Altiplano,
Posadas ordenó su reemplazo por Alvear. La oficialidad se sublevó y decidió sostener a
Rondeau, lo cual llevó a Posadas a renunciar. Alvear regresó apresuradamente a la capital
y logró que la Asamblea lo nombrara Director Supremo y le delegara parte de sus
atribuciones; nunca se volvería a reunir.132
Alvear se dedicó a intentar fortalecer su posición interna en la capital, contando con un
poderoso ejército de reserva en la capital. El breve período de su gobierno se caracterizó
por el despotismo. Decidido a mantenerse por la fuerza dispuso la pena de muerte para
quien se opusiese a su autoridad o formulase críticas a su gobierno.133
Intentó también anonadar la influencia de San Martín, reemplazándolo como gobernador
de Cuyo, aunque fracasó en su intento.134 Por último, el Ejército del Norte desconoció
completamente su autoridad.135
Ante tal cúmulo de frustraciones, Alvear envió a Manuel José García en misión secreta a
Londres, a solicitar un protectorado británico, renunciando a toda ambición
independentista. Tras consultar con el embajador británico, la misión derivó en un pedido
de ayuda.136
Para terminar con los federales, Alvear ordenó el avance del ejército sobre Santa Fe. La
vanguardia se sublevó, exigiendo la renuncia del director y el fin de la guerra fratricida.137
También en Buenos Aires hubo una sublevación, durante la cual el cabildo declaró disuelta
la Asamblea y ordenó a Alvear entregar el mando. Tras varios días de resistencia,
finalmente abandonó Buenos Aires en dirección a Río de Janeiro.138
Electores nombrados por los vecinos de Buenos Aires y su Cabildo designaron director
supremo, con carácter provisorio, a Rondeau; como éste era el jefe del Ejército del Norte,
lo reemplazó interinamente Ignacio Álvarez Thomas.139
La renuncia de Alvear significó un cambio fundamental en lo político: la revolución volvió a
tomar el camino hacia la Independencia. No obstante, la política exterior, tanto diplomática
como bélica, permaneció errática durante al menos un año más.140

La época del Congreso[editar]


Como símbolo del cambio de gobierno, pocos días después de la caída de Alvear fue
enarbolada por primera vez en el Fuerte de Buenos Aires la Bandera Nacional,
reemplazando a la española.141
Para evitar una nueva dictadura, el Cabildo de Buenos Aires estableció una Junta de
Observación que ejerciera el Poder Legislativo y fiscalizara al Ejecutivo. La misma
sancionó un Estatuto Provisional de Gobierno, en cuyo artículo 30 se ordenaba la reunión
de un Congreso en San Miguel de Tucumán para sancionar una constitución de carácter
permanente.142
En España, Fernando VII había recuperado el gobierno y ejecutaba una política
firmemente absolutista. En años anteriores, España se había mostrado dubitativa al
momento de defender sus ex colonias, debido a que temía la reacción de las demás
naciones europeas. Pero, con sus espaldas cubiertas por la Santa Alianza —la cual,
siguiendo las recomendaciones del Congreso de Viena,143 sostenía a todos los gobiernos
establecidos en Europa y promovía la paz entre ellos— Fernando pudo dedicar todos sus
esfuerzos al intento de reconquistar la América española. La acción del Papa Pío VII, que
lanzó la encíclica legitimista de 1816, por la cual bendecía las acciones represivas de los
realistas en España, respaldaba su actitud agresiva.144 De modo que Fernando envió
sucesivas expediciones para reconquistar las colonias americanas, llegando a un total de
13 expediciones con 26 542 hombres. No obstante, esas expediciones nunca tuvieron
fuerza suficiente como para imponerse decisivamente a los independentistas del Río de la
Plata. La única expedición poderosa proyectada para ser lanzada sobre esa región debió
ser suspendida repetidas veces, ante las epidemias que diezmaron y debilitaron a sus
tropas.75
La Liga de los Pueblos Libres[editar]
Artículo principal: Liga Federal
Las Provincias Unidas del Río de la Plataen 1816: en rojo, la Liga de los Pueblos Libres.

Las provincias federales intentaron organizarse reuniendo el llamado Congreso de


Oriente en Arroyo de la China, que inició sus sesiones a fines de junio de 1815, presidido
por Artigas.145 Álvarez Thomas inició conversaciones con los federales, misión que fue
respondida con una diputación a Buenos Aires; el Director Interino arrestó a los delegados
para evitar que informaran que en esos días partía una expedición armada rumbo a Santa
Fe.146 A fines de agosto, coincidiendo con el fallecimiento de Candioti, el ejército directorial
ocupó esa ciudad y forzó la elección de un gobernador delegado del gobierno nacional.147
Ese avance directorial sobre una provincia clave no representó una victoria completa:
Córdoba seguía en manos federales148 y —aunque la ciudad de La Rioja y su jurisdicción
se separaron de ella—149 su ejemplo fue imitado en Santiago del Estero, donde
el coronel Juan Francisco Borges logró controlar la ciudad durante cuatro días. Derrotado y
capturado, volvería a intentar lograr la autonomía de su provincia al año siguiente; este
segundo intento sería castigado con su ejecución.150
Por último, también Salta se dio su propio gobierno, al elegir gobernador a su caudillo,
Martín Miguel de Güemes, en mayo de 1815.151 Las autonomías de Salta y Córdoba, no
obstante, no significaron la automática alineación de sus gobiernos con el sistema
artiguista; si bien Córdoba enviaba sus diputados al Congreso de Oriente, ambas
provincias aceptaban la autoridad del gobierno directorial y aportaban a la formación de
sus ejércitos. También participarían en el Congreso de Tucumán.152
En marzo de 1816, los federales reaccionaron expulsando a las fuerzas
directoriales; Mariano Vera fue elegido gobernador, y llevó adelante una política en estricta
consonancia con las provincias de Corrientes, Entre Ríos y la Oriental.153 En respuesta,
Álvarez Thomas envió un nuevo ejército contra Santa Fe, al mando de Manuel Belgrano;
éste envió a su segundo, Eustoquio Díaz Vélez, a negociar con el gobierno santafesino,
resultando las conversaciones en el Pacto de Santo Tomé, del 9 de abril de 1816, por el
que se disponía el desplazamiento de Belgrano y de Álvarez Thomas.154 Éste presentó su
renuncia ante las autoridades porteñas, que —en vista de que ya habían comenzado las
sesiones del Congreso de Tucumán— lo reemplazaron interinamente por Antonio
González Balcarce.155
Por un tiempo, el Directorio y la Liga Federal permanecieron en paz.156 Pero como el
Congreso se negara a reconocer la validez del Pacto de Santo Tomé y la autonomía de las
provincias federales, éstas se negaron a enviar diputados a unirse al mismo.157158
Derrota del Ejército del Norte[editar]
Artículo principal: Tercera expedición auxiliadora al Alto Perú
A principios de 1815 se inició la Tercera expedición auxiliadora al Alto Perú, que logró
reincorporar a las Provincias Unidas Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz de la
Sierra, mientras las zonas rurales eran controladas por las Republiquetas; no obstante, el
Ejército del Norte llegó después de la derrota definitiva de los rebeldes cuzqueños, de
modo que debió enfrentar al Ejército Real del Perú en pleno. La incapacidad de los jefes
patriotas hizo el resto, y la batalla de Sipe Sipe resultó un desastre definitivo. El ejército se
retiró nuevamente a Jujuy.159

El general Martín Miguel de Güemes, líder de la Guerra Gaucha.

A su regreso a Salta, Rondeau decidió deponer a Güemes y castigarlo por su


desobediencia; es que no sólo se había rebelado contra la autoridad del Director Supremo
titula, sino que se había apoderado de gran cantidad de armamento perteneciente al
Ejército y —temiendo que hubiera sido enviada para deponerlo como gobernador— había
impedido que una poderosa división de refuerzo de uniera al mismo. Rondeau ocupó la
ciudad de Salta, pero fue sitiado en ella y obligado a pactar un acuerdo pacífico con
Güemes; el Congreso de Tucumán ordenó a Rondeau retirarse a Tucumán y encomendó a
Güemes la defensa de la frontera norte.160
El caudillo norteño se transformó en un aliado del gobierno central y pilar de la Guerra de
la Independencia en la frontera norte. Cuatro meses más tarde, el general Belgrano debió
asumir nuevamente el mando del Ejército del Norte, pero desde entonces funcionó como
auxiliar de las fuerzas de Güemes.161
Durante el año 1816, las Republiquetas fueron derrotadas una a una; los jefes más
destacados de las mismas —como Manuel Asencio Padilla e Ignacio Warnes— pagaron
con su vida su resistencia.162 Salvo por una episódica campaña menor dirigida
por Gregorio Aráoz de Lamadrid,163 el Ejército del Norte quedó imposibilitado de hacer
nuevas incursiones en el Alto Perú. Fue parcialmente desmantelado en beneficio del
ejército que se organizaba para liberar a Chile y utilizado para intentar someter a los
federales del interior y del litoral.164
El Congreso y la Declaración de la Independencia[editar]
Artículos principales: Congreso de Tucumán y Declaración de independencia de la Argentina.
La Casa de Tucumán, donde se declaró la independencia.

El Congreso de Tucumán inició sus sesiones el 24 de marzo de 1816.165 En él participaron


representantes de las provincias que admitían la autoridad del Directorio; es decir, no
estaban representadas las de la Liga Federal —con la notable excepción de Córdoba, que
tenía cuatro diputados—166 ni las ocupadas por los realistas.* 5
Tras invertir un mes en definir su propio funcionamiento y el alcance de su misión y
autoridad,167 la primera medida de importancia que tomó fue la elección de un nuevo
Director del Estado, debido a la renuncia de Álvarez Thomas y la derrota de Rondeau.
Para el cargo fue nombrado uno de sus diputados,* 6 Juan Martín de Pueyrredón,168 que
poco después se trasladó a Buenos Aires.169
Durante los meses de mayo y junio, el Congreso se concentró en intentar destrabar el
conflicto con las provincias federales, pero la intransigencia que uno y otros demostraron
en defensa de sus posiciones malogró estos intentos.166170 En el mes de julio, tras
discutirse distintas alternativas —como la posibilidad de coronar un rey de
ascendencia incaica propuesta por Belgrano—171 el Congreso se abocó a la discusión
sobre la oportunidad de declarar la independencia; quien más presionaba en ese sentido
era el gobernador de Cuyo, José de San Martín.172
El día 9 de julio de 1816 se aprobó y firmó la Declaración de la Independencia de las
Provincias Unidas,173 que en el acta respectiva eran llamadas Provincias Unidas en Sud
América:174
Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general,
invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que
representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla
nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e
indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España,
recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e
independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. (...)

Posteriormente se le agregó175* 7
...y de toda otra dominación extranjera.

Durante el resto del mes de julio se continuó discutiendo la forma de gobierno,


mostrándose la mayoría favorable a una monarquía constitucional, aunque la oposición de
los diputados de Buenos Aires y de Cuyo bloqueó cualquier pronunciamiento en ese
sentido.171 El 25 de julio se oficializó la Bandera de la Argentina, creada cuatro años antes
por Belgrano.176
Durante los meses siguientes, el Congreso se negó repetidamente a negociar con los
federales,177 al mismo tiempo que llevó adelante negociaciones con la corona portuguesa,
tendiente a una alianza contra España y también contra Artigas; por esa época ya se había
iniciado la invasión de ese país al a Banda Oriental.178
A principios de 1817, al producirse una nueva invasión realista a la provincia de Salta, el
Congreso decidió alejarse del peligro, trasladándose a Buenos Aires. Esta medida también
obedecía a la intención de controlar de cerca la actuación del Directorio;179 en la práctica,
sirvió más bien para que Pueyrredón y la Logia controlaran los actos del Congreso.180 Tres
de los cuatro diputados por Córdoba se negaron a trasladarse, pero el nuevo gobierno
cordobés —partidario del Directorio— los reemplazó por dos diputados leales al grupo
gobernante.181* 8
Durante el resto de su existencia, el Congreso se abocó a discutir el texto de una
constitución,182 negociar amistosamente con la corona portuguesa la invasión a la Banda
Oriental183 y buscar un príncipe para coronarlo en el Río de la Plata.184 No ejerció el Poder
Legislativo, ni controló visiblemente al Director Pueyrredón.180
Directorio de Pueyrredón[editar]

Juan Martín de Pueyrredón.

Antes de marchar a Buenos Aires, Pueyrredón marchó a Jujuy, desde donde envió al
Ejército del Norte a acantonarse en Tucumán, y acordó con Güemes la defensa de la
frontera norte;185 a continuación se detuvo en Córdoba a discutir con el general San Martín
su plan continental para liberar Chile y Perú, comprometiendo todo su apoyo.186
No contando con un grupo dirigente en que apoyarse, creó una Gran Logia, con algunos
de los más destacados partidarios de la deposición de Alvear, algunos miembros de la
extinta Logia Lautaro que habían salido airosos del final del gobierno de éste y los
partidarios de San Martín.187 La llegada de Pueyrredón a Buenos Aires y la organización
de un grupo que respondía solamente a la Logia llevó la paz a la capital, profundamente
convulsionada desde un año y medio antes.188
Un incipiente grupo federal surgió en la capital, poniéndose en abierta oposición al
gobierno y exigiendo que la provincia de Buenos Aires eligiera a sus autoridades y dejara
de someter a las demás a su autoridad; entre sus líderes se contaron Manuel
Dorrego, Miguel Estanislao Soler y Pedro José Agrelo.189
Todos los esfuerzos militares del gobierno de Pueyrredón estuvieron orientados a dos
objetivos centrales: aplastar la resistencia de los federales en el Litoral y en Córdoba190 y
sostener los esfuerzos de San Martín en su campaña a Chile.191 El frente norte fue
prácticamente abandonado y —aunque siguió existiendo— el Ejército del Norte fue
destinado a someter las rebeliones federales: la sublevación autonomista de Borges en
Santiago del Estero,192 las recurrentes insurrecciones federales en Córdoba,193 y
especialmente a los federales en Santa Fe.194
Si el acceso del federalismo al poder en Córdoba había sido pacífico, su caída demandó
enfrentamientos armados: Juan Pablo Bulnes, jefe de las milicias de la ciudad, se sublevó
contra Díaz, y lo acusó de connivencia con el Directorio. Lo derrotó y lo obligó a renunciar,
pero en su lugar asumió el gobernador nombrado por el Director Supremo, Ambrosio
Funes, suegro de Bulnes.195
Al producirse la invasión portuguesa a la Banda Oriental, a partir de 1816, el Director
ofreció a Artigas una ayuda considerable, a cambio de que éste aceptara el sistema
unitario y sometiera a su provincia a la autoridad del Directorio. Ante la negativa del
caudillo federal, la ayuda nunca fue entregada.196 Además utilizó la invasión portuguesa
para intentar doblegar a los federales de las provincias del Litoral: a principios de 1817,
Pueyrredón lanzó una cuarta invasión sobre Santa Fe, que alcanzó a ocupar la ciudad
durante 25 días antes de ser expulsada. Curiosamente, durante el resto de ese año no
hubo nuevas hostilidades.197
También la oposición porteña fue duramente perseguida: Pueyrredón se sacó de encima a
Soler enviándolo al Ejército de los Andes, pero deportó a Dorrego a Santo Domingo.* 9
Éste terminó en los Estados Unidos, rodeado por otros dirigentes del incipiente federalismo
porteño, como Manuel Moreno.189
Campaña Libertadora a Chile[editar]
Artículo principal: Ejército de los Andes

El general José de San Martín.

Al contrario que las Provincias Unidas, en Chile el proceso independentista había sido
relativamente pacífico. Pero una expedición enviada desde el Perú a partir de comienzos
de 1813 logró controlar el sur del país.198 El gobierno de las Provincias Unidas envió
un Batallón de Auxiliares a ese país,86 que poco pudieron hacer para evitar el avance
realista y los conflictos entre dirigentes chilenos. Tras la victoria realista en la batalla de
Rancagua, el bando realista controló el país y centenares de civiles y militares huyeron
a Mendoza.199
Durante su paso por el Ejército del Norte, San Martín había llegado a la conclusión de que
era imposible derrotar a los realistas en el Alto Perú mientras éstos controlaran el Perú, de
modo que ideó llegar a Lima por mar, partiendo desde Chile.200 La conquista realista de
Chile lo obligó a liberar primero a ese país.201 Para ello incorporó las tropas chilenas y los
Auxiliares Argentinos a las fuerzas militares de la Intendencia de Cuyo,202 junto a algunos
batallones enviados desde Buenos Aires, fuerzas provenientes del Ejército del Norte,203
el Regimiento de Granaderos a Caballo que había creado y gran cantidad de voluntarios y
esclavos de la región de Cuyo;204 a partir del 1 de agosto de 1816, esta agrupación sería
llamada Ejército de los Andes.205 El armamento y las herramientas del Ejército fueron
fabricadas por Fray Luis Beltrán.206
En apoyo de su Plan Continental, San Martín consideraba esencial la declaración de la
independencia, con lo que se reforzarían los sentimientos patrióticos de los rioplatenses y
se podría solicitar ayuda extranjera. Por esa razón apoyó la formación del Congreso de
Tucumán y presionó activamente para que se declarara la independencia.75
La batalla de Chacabuco, según el óleo de Pedro Subercaseaux.

La batalla de Maipú, según Mauricio Rugendas.

San Martín disponía de fuerzas inferiores a las del gobierno realista chileno, de modo que
mantuvo su plan en secreto, para tener una ventaja circunstancial en el momento en que
se iniciara el cruce de la Cordillera de los Andes.203 El Cruce de los Andes se inició el 6 de
enero de 1817, con 5350 hombres de armas —más 1200 milicianos que actuaban de
auxiliares—207 dividido en seis columnas, dos de las cuales se dirigían sobre Santiago de
Chile.208
Reunidas las columnas principales, el 12 de febrero lograron una completa victoria en
la batalla de Chacabuco, que obligó al gobierno realista abandonar Santiago,209 la cual fue
ocupada dos días más tarde por el Ejército de los Andes. El cabildo local nombró
a Bernardo O'Higgins —hasta entonces el segundo de San Martín— "Director Supremo del
Estado de Chile", y a San Martín comandante del "Ejército Unido Libertador de Chile",
formado por las unidades del Ejército de los Andes y las formaciones chilenas que se
incorporaron.210 Se iniciaba el período conocido como la Patria Nueva.
El Ejército Unido marchó hacia el sur, logrando capturar todas las ciudades de la región,
con excepción de Concepción y la vecina Talcahuano, que fueron sitiadas por tierra;
un intento de asalto a Talcahuano terminó en un desastre.211 Poco después, los sitiados
recibieron poderosos refuerzos,212 de modo que O'Higgins inició una retirada hacia el norte
y puso el Ejército a órdenes de San Martín. Sorprendido por los realistas el 19 de marzo de
1818 en Cancha Rayada, el Ejército Unido debió retirarse hacia Santiago. La gran
actividad de San Martín, O'Higgins, Las Heras213 y Beltrán permitió a los patriotas
reorganizar el ejército en 15 días, y lograr la victoria en la sangrienta batalla de Maipú, del
5 de abril.214
Los restos del ejército realista retrocedieron todo el camino andado desde Concepción, y
en agosto fue reembarcado hacia el Perú. Fuerzas realistas continuaron una resistencia en
forma de guerrillas durante varios años aún, pero ya no representaron una amenaza real
para la independencia chilena.215
La diplomacia directorial y los proyectos monárquicos[editar]
Hasta los primeros meses de la existencia del Directorio, los gobiernos de la Revolución se
veían favorecidos, para justificar su legitimación frente a la opinión pública y las naciones
extranjeras, por la ausencia del rey del trono español. Regresado Fernando VII a Madrid y
anunciada la restauración absolutista en España, el lenguaje y los métodos diplomáticos
debieron cambiar radicalmente.216 Por otro lado, el rey había ordenado la formación de un
poderoso ejército que debía ser inmediatamente enviado al Río de la Plata, comandado
por Pablo Morillo.217
Por ello Manuel de Sarratea, enviado del Segundo Triunvirato a Europa, felicitó a
Fernando por su regreso al trono y demostró su aparente sumisión a la autoridad del
repuesto rey. Por ello fueron enviados Belgrano y Rivadavia también a Europa, a negociar
con el rey la pretensión rioplatense de autonomía; en caso de fracasar, su misión sería la
de conseguir un príncipe de alguna casa reinante en Europa para coronarlo rey del Río de
la Plata.218
Distinto fue, en cambio, el sentido de las cartas de Alvear al ministerio de relaciones
exteriores británico en 1815, ya que significaban la sumisión lisa y llana a la soberanía
inglesa;219 no obstante, podría haber sido ser una arriesgada estratagema para forzar a
Gran Bretaña a apoyar a las Provincias Unidas contra España.220
El fracaso en la misión conciliadora de Belgrano y Rivadavia los llevó a proponer la
coronación del infante Francisco de Paula de Borbón, con la supuesta anuencia de su
padre, el depuesto rey Carlos IV de España. Los diplomáticos llegaron a sancionar un
proyecto de constitución monárquica y hasta planearon el secuestro del príncipe para su
traslado al Río de la Plata.221
Posteriormente, ya instalado el Congreso de Tucumán, el mismo Belgrano propuso la
coronación de un rey de ascendencia incaica para las Provincias Unidas en Sud América,
que aparentemente incluirían también a Chile y el Perú. Posteriormente se proyectó su
enlace matrimonial con la Casa de Braganza, cuyos miembros residían en Río de Janeiro.
El proyecto original fue rechazado principalmente por razones de racismo, y su derivación
bragantina fue rechazada por Juan VI de Portugal.222
Una vez instalado el Congreso en Buenos Aires, y ya bajo la influencia de Pueyrredón, el
ministro de relaciones exteriores Gregorio García de Tagle envió varias misiones a Europa
para negociar la coronación de otros candidatos, entre los cuales se consideraron las
opciones del Duque de Orleans —el futuro rey Luis Felipe I de Francia— y del Príncipe de
Luca.223
Invasión portuguesa a la Banda Oriental y nuevas guerras civiles [editar]

Inicio de la Invasión Luso-Brasileña.


El caudillo entrerriano Francisco Ramírez.

Artículos principales: Invasión Luso-Brasileña y Segunda guerra civil en Entre Ríos.

En la Banda Oriental, Artigas pudo llevar adelante un gobierno progresista y democrático.


Hizo profundas reformas sociales y repartió entre los pobres las tierras, el ganado y los
bienes muebles de los emigrados.224
Pero en agosto de 1816, con la excusa de algunas correrías —reales o supuestas— de
gauchos en el sur del Brasil, el rey de Portugalinició la invasión Luso-Brasileña a
la Provincia Oriental. Pueyrredón no hizo nada por defender a la provincia invadida, y llegó
a pactar con el jefe invasor. En enero de 1817, tras la batalla del Catalán, los portugueses
lograron capturar Montevideo, aunque Artigas y sus fuerzas resistieron aún tres años más
en el interior de la provincia.225
Dado que el poder de Artigas declinaba por las derrotas ante los portugueses, Pueyrredón
creyó poder someter a las provincias federales y restablecer la autoridad de Buenos Aires.
Por ello envió varias expediciones a Entre Ríos en apoyo de caudillos menores que
estuvieran dispuestos a una alianza con Buenos Aires. Entre Ríos no tenía gobernador, y
en el sistema de Artigas posiblemente ni siquiera tuviera la categoría de provincia: estaba
dividida entre las comandancias militares de Paraná y Concepción del Uruguay. En 1817 el
líder artiguista de Paraná, Eusebio Hereñú se pasó al bando directorial con otros jefes
menores, pero fueron derrotados por el nuevo comandante de Concepción del Uruguay,
subordinado de Artigas, Francisco Ramírez. Al año siguiente se produjeron nuevos
enfrentamientos, en los que Ramírez resultó nuevamente vencedor con llamativa facilidad.
Desde ese momento ejerció como gobernador de toda la provincia —sin ostentar aún el
título— al frente de unas montoneras sumamente disciplinadas y eficaces.226
Una segunda sublevación de Bulnes en Córdoba, de enero de 1817, fue también sofocada
por la reacción del gobierno nacional. En marzo de ese año asumía como gobernador el
salteño Manuel Antonio Castro, nombrado por Pueyrredón, mientras La Rioja volvía a la
obediencia del gobierno directorial de Córdoba.227 En el sur de la provincia permanecieron
insurrectos varios caudillos federales, manteniendo la insurrección federal por otros tres
años. Esto motivó el envío de una división del Ejército del Norte, al mando del
coronel Juan Bautista Bustos.228
Por su parte, la provincia de Corrientes se vio sacudida por desavenencias entre los
mismos federales, algunos de los cuales se pasaron al bando directorial, aunque no
recibieron ayuda alguna del mismo.229 Las discordias fueron solucionadas por la ocupación
de la capital por el cacique guaraní Andrés Guazurary, ahijado de Artigas, y el
marino irlandés Pedro Campbell.230
El gobernador santafesino Mariano Vera fue derrocado por los partidarios más exaltados
de Artigas en julio de 1818. Como éstos no lograron formar un gobierno, el
coronel Estanislao López, jefe de las milicias rurales, ocupó la ciudad y se nombró a sí
mismo gobernador. Más tarde sería elegido por el cabildo y tendría un enorme apoyo
popular.231
En respuesta, Pueyrredón envió a finales de 1818 un ejército de 5000 hombres al mando
de Juan Ramón Balcarce,* 10 que logró ocupar fugazmente la capital provincial, pero se vio
obligado a retroceder, saqueando la provincia. Simultáneamente avanzó la columna del
Ejército del Norte comandada por el coronel Bustos para tomar entre dos fuegos a López,
pero éste lo atacó en Fraile Muerto, dejándolo sin movilidad. A continuación obligó a
Balcarce a evacuar Rosario; en venganza, Balcarce incendió Rosario.232
Poco después, el general Viamonte intentaba una nueva invasión, pero López repitió su
estrategia: atacó a Bustos en La Herradura y, como no logró vencerlo, avanzó
hacia Córdoba y lo obligó a retroceder. Luego giró hacia el sur y se presentó frente a las
fuerzas de Viamonte en Coronda, obligándolo a retirarse nuevamente a Rosario, donde
ambos acordaron una tregua.233
La disolución: Cepeda[editar]
Artículos principales: Motín de Arequito y Batalla de Cepeda.

Estanislao López, gobernador de Santa Fe y vencedor en la Batalla de Cepeda (1820).

En junio de 1819, tras tres años de gestión, Pueyrredón renunció al cargo de Director
Supremo.234 En el orden interno se había destacado como un tenaz perseguidor de
quienes sostenían el derecho de las provincias a su autonomía: había tolerado la invasión
portuguesa a la Banda Oriental, desterrado de los jefes del partido federal porteño,
ordenado a San Martín y Belgrano trasladar los ejércitos de los Andes y del Norte al Litoral
para acabar con los federales,190 y promulgado la constitución centralista de 1819.235
El Congreso nombró a José Rondeau como su sucesor. Éste continuó y profundizó la
política de su antecesor, abandonando por completo la Guerra por la Independencia.236
Artigas, acorralado en la Banda Oriental, exigía a sus subordinados del Litoral atacar a
Buenos Aires, derrocar al Directorio y reemplazarlo por autoridades dispuestas a combatir
a los portugueses.237
En octubre de ese año, el armisticio de San Lorenzo fue violado por ambas partes: un
convoy de carretas con armas que viajaba a Córdoba fue interceptado por los
santafesinos, ya que posiblemente esas armas serían usadas por Bustos contra Santa Fe.
La guerra se reanudó: las fuerzas de López tomaron la iniciativa e invadieron el norte de la
provincia de Buenos Aires, saqueando las estancias para reponer el ganado saqueado por
las fuerzas directoriales en años anteriores.238
Rondeau llamó perentoriamente a ambos ejércitos al Litoral. Belgrano accedió y ordenó la
marcha del Ejército del Norte hacia Buenos Aires, aunque delegó el mando en Francisco
Fernández de la Cruz por razones de salud.239 San Martín, en cambio, rechazó la orden y
trasladó casi todas sus fuerzas a Chile, para organizar la campaña al Perú.240
En noviembre de 1819, las fuerzas remanentes del Ejército del Norte en Tucumán se
sublevaron, nombrando gobernador a Bernabé Aráoz, ex gobernador y héroe de la batalla
de Tucumán. En los primeros días de 1820 se sublevó uno de los pocos batallones que
había dejado San Martín en San Juan, iniciando la disolución de la Intendencia de Cuyo.241
El día anterior, el Ejército del Norte se había sublevado en Arequito, jurisdicción de Santa
Fe, y —tras expulsar al general Fernández de la Cruz y varios oficiales más—
contramarchó hacia Córdoba, con la intención de regresar al frente contra los realistas y no
volver a inmiscuirse en guerras civiles.242* 11
Hasta entonces, el Directorio se había sostenido sobre la autoridad que podían imponer el
Ejército del Norte, el Ejército de los Andes y el ejército acantonado en la capital; su apoyo
al gobierno había sido la principal garantía de su autoridad en las provincias interiores. A
fines de enero de 1820, Rondeau ya no tenía autoridad alguna fuera de la provincia de
Buenos Aires, porque no contaba con más ejército que el de la capital.243 Al frente de este
último, Rondeau fue rápida y contundentemente derrotado el 1 de febrero en la batalla de
Cepeda.244
Los caudillos marcharon sobre Buenos Aires, exigiendo la disolución del gobierno nacional
y el establecimiento de un gobierno representativo de la voluntad popular. El pánico se
apoderó de la ciudad, mientras las milicias porteñas apoyaban el derrocamiento de
Rondeau. A poco de llegar de regreso a la ciudad, el 11 de febrero, Rondeau presentó su
renuncia ante el Cabildo. El Congreso fue considerado disuelto y varios de los diputados
fueron arrestados, como así también Pueyrredón, Rondeau y otros personajes
directoriales.245

Autonomías provinciales e intentos de organización[editar]


Artículos principales: Anarquía del Año XX y Situación de las provincias argentinas desde
1820.

La República Argentina y sus estados vecinos hacia 1855.

El gobierno central estaba disuelto, y nada lo reemplazó. La provincia de Buenos Aires


eligió su propio gobierno,246 siendo imitada por todas las provincias que aún obedecían al
Directorio; además, varias ciudades se separaron de las capitales de intendencia, creando
con su territorio nuevas provincias.247* 12
En el Alto Perú no quedaba prácticamente nada de las Republiquetas;248 en la Banda
Oriental, la batalla de Tacuarembó decidió la derrota definitiva de Artigas y su anexión
al Reino de Portugal.249
Pero la antigua metrópoli no pudo aprovechar la oportunidad para intentar una reconquista
de las Provincias Unidas: la sublevación de Rafael de Riego del 1 de enero de 1820 había
causado la disolución del ejército destinado al Río de la Plata. Y, a su vez, provocaría el
inicio del Trienio Liberal en España, un período durante el cual se produjo una profunda
inestabilidad política que debilitó sus esfuerzos en las guerras de independencia
hispanoamericanas.11
Buenos Aires y el interior sufrieron la Anarquía del Año XX, un período de complejos
reordenamientos políticos, territoriales e incluso jurídicos, que desembocó en una muy
relativa estabilidad entre las provincias.250 Cada provincia se administró a sí misma, y en la
mayoría de los casos debieron ceder el poder real a los caudillos, jefes militares y políticos
—generalmente grandes estancieros— que parecían poder defender las autonomías de
los territorios de su mando.251 Las guerras civiles entre caudillos —y posteriormente entre
éstos y los gobiernos centrales— continuaron durante otros sesenta años. Los bandos
enfrentados se identificarían posteriormente como los unitarios y federales, aunque en
muchos casos estas denominaciones fueran artificiales.252
El país cambió de nombre: alrededor de 1835 se empezó a llamar Confederación
Argentina, y después de 1862 adoptó su nombre definitivo de República Argentina.253
Salvo por un breve período entre 1825 y 1827, la Argentina careció por completo de un
gobierno central hasta 1853; ese año se sancionó una Constitución Nacional —en esencia,
la misma que rige hoy al país— pero aún debieron pasar casi tres décadas más para que
el gobierno nacional fuera reconocido universalmente como única fuente de poder a nivel
nacional.254 El sistema político resultante sería un compromiso entre el federalismo y el
unitarismo: un gobierno federal que, en la práctica, tiene un amplio —aunque no
completo— control de las situaciones provinciales.255
A pesar de todas estas vicisitudes y de los peligros que acecharon su unidad a lo largo de
la mayor parte del siglo XIX, la Argentina logró conservar su independencia y su identidad
como nación.256

La sociedad y la Revolución[editar]
La cultura en un período de intensos cambios[editar]

Primer número de la Gazeta de Buenos Ayres.

La educación primaria estaba en manos de los cabildos y de las parroquias; de la misma


estaban excluidos los indígenas, los esclavos y —en la mayor parte del territorio— las
mujeres.257 Una educación secundaria más bien elemental se impartía en establecimientos
religiosos de muchas de las ciudades del interior.258 Las excepciones más notables eran
el Colegio de Monserrat en Córdoba259 y el Colegio de San Carlos en Buenos Aires;260
este último había sido profundamente desorganizado tras las Invasiones Inglesas, ya que
su edificio se había destinado a cuartel militar. No obstante siguió existiendo, siendo las
clases impartidas en locales privados. Fue reorganizado como Colegio de la Unión del
Sur' durante el directorio de Pueyrredón, volviendo a un alto nivel de enseñanza.261
La educación universitaria dependía de la Universidad de Charcas, la mejor de la región en
esa época, y algunos estudiantes rioplatenses cursaban en la Universidad de San
Marcos en Lima, o en la Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile.262 No obstante,
la interrupción de las relaciones y comunicaciones con esos territorios dejó los estudios
mayores exclusivamente en manos de la Universidad de Córdoba. La misma dictaba las
carreras de derecho canónico y derecho civil, este último desde la última década del siglo
XVIII.263
En Buenos Aires se establecieron casas de estudios técnicos, empezando por una
Academia Militar de Matemáticas264 y la Academia Nacional de Jurisprudencia fundada
por Manuel Antonio Castro, que enseñaba la práctica forense sin ahondar en las ciencias
jurídicas.265 También el Tribunal del Protomedicato, fundado a fines del siglo XVIII, dictaba
cursos de medicina práctica, habilitando médicos para el ejercicio profesional.266
Hasta fines del siglo XVIII no había habido medio alguno de prensa en el Río de la Plata, y
en los primeros años del siglo XIX sólo se publicaron tres periódicos, todos de corta vida:
el Telégrafo Mercantil, el Semanario de Agricultura, ambos apoyados por Manuel
Belgrano, y el Correo de Comercio, editado por éste.267 Tras el estallido de la Revolución,
Mariano Moreno editó la Gazeta de Buenos Ayres, abiertamente oficialista, y utilizada para
hacer propaganda revolucionaria. Su lectura fue declarada obligatoria para los curas hacia
sus feligreses durante los días festivos, después de oficiada la misa. Este periódico existió
durante todo el período de la independencia, cambiando de mano bajo los sucesivos
gobiernos; así, fueron sus directores, entre otros, Moreno, Pedro José Agrelo, Bernardo de
Monteagudo, Camilo Henríquez y Julián Álvarez.268
Más tarde hubo algunos otros periódicos, todos de vida efímera, ya que no contaban con
el apoyo oficial, como El Censor, Mártir o Libre, o El Americano. Su pretensión de ser
independientes de la absorbente política gubernamental los condenó a la rápida
desaparición. Más suerte tuvieron dos publicaciones semioficiales, El redactor de la
Asamblea y El redactor del Congreso Nacional, que publicaban las discusiones y
decisiones de la Asamblea General Constituyente y del Congreso de Tucumán, tanto en su
período norteño como en su estadía en Buenos Aires. La última hoja oficialista fue El
Americano, un periódico furiosamente directorial y antifederal redactado por Pedro
Feliciano Cavia.269
La literatura anterior a las Invasiones Inglesas, por ejemplo las obras de teatro y poemas
de Manuel José de Lavardén, se inscribían en la corriente neoclásica, con un marcado
gusto por temas prerrománticos.270 La situación cambió completamente al producirse la
victoria bélica, y súbitamente los temas patrióticos dominaron toda expresión artística. Sin
abandonar el estilo neoclásico, poetas como Esteban de Luca y Vicente López y
Planes publicaron decenas de obras dedicadas a los triunfos patrios, tanto antes como
después de la Revolución de Mayo.271 Estos dos autores compitieron por la oficialización
de sus obras como la Marcha Patriótica oficial en la época de la Asamblea Constituyente,
obteniendo el triunfo el actual Himno Nacional Argentino, de López.272
La historiografía tuvo una primera aparición con el Ensayo de la Historia civil del Paraguay,
Buenos Aires y el Tucumán, del Deán Funes, aparecido en 1816 y 1817.273
La Iglesia Católica y la Revolución[editar]
Gracias a la célebre bula del Papa Pablo III Sublimis Deus de 1537 que declara a los
indígenas hombres con todos los efectos y capacidades de cristianos, hubo un gran
contraste entre la colonización española, la anglosajona y francesa en América.274
En el Imperio Español la unidad social se concebía a través de la unidad de la Fe de
la Iglesia Católica, única religión permitida durante el período colonial. Ésta estaba regida
por el Patronato de Indias, que permitía a la corona controlar toda actividad religiosa por
medio del nombramiento de los obispos y administraba sus ingresos, en particular
los diezmos. Fuera de esta institución, en la práctica, la Corona apenas podía controlar la
instalación de órdenes religiosas, que mantenían una fuerte autonomía local; a su vez, los
obispos controlaban la provisión de cargos eclesiásticos en las parroquias más
importantes, mientras los cargos secundarios y las parroquias menores y capillas eran
controladas por los cabildos eclesiásticos.275 Éstos tenían un alto grado de autonomía,
especialmente porque eran los que gobernaban las diócesis durante las vacancias
producidas por las muertes de los obispos; vacancias que solían ser muy largas, por las
necesarias tardanzas provocadas por la distancia con la Corte.276277
Desde su emancipación a partir de 1810, la Nación Argentina estuvo influida por
dos corrientes de pensamiento distintas:278

Vista de la Manzana Jesuítica en el siglo XVIII. Dichos edificios aún se conservan. En la esquina se
observa la iglesia de la Compañía de Jesús. A continuación se destacan la antigua sede de la
Universidad (actual museo y biblioteca mayor) y el Colegio Monserrat.
 La racionalista, laicista e iluminista de Voltaire que sustentó la filosofía política de
la Revolución Francesa279 y que influyó por ejemplo en el Dean Funes en Córdoba.

 Otra anterior, de inspiración cristiana, influida, por un lado, por la doctrina del
sacerdote jesuita Francisco Suárez,280 de la Escuela de Salamanca, que pregonó
que la autoridad es dada por Dios pero no al rey sino al pueblo281 que fue aprendida
en la Universidad jesuítica de Chuquisaca por los principales patriotas que impulsaron
la Revolución de Mayo; y por otro, por el ejemplo de la Revolución Americana que,
aunque tuvo otros orígenes, su lema nacional es In God we trust (en inglés: «En Dios
confiamos»).282
En los primeros tiempos de la Argentina, Cornelio Saavedra y luego fray Cayetano
Rodríguez, fray Francisco de Paula Castañeda, el Pbro. Pedro Ignacio de Castro Barros, el
Gral. Manuel Belgrano, Esteban Agustín Gascón, Gregorio García de Tagle, entre otros,
fueron grandes defensores del pensamiento católico y de la Iglesia contra
el anticatolicismo de los grupos liderados primero por Mariano Moreno y Juan José
Castelli,283284 y después por el gobernante Bernardino Rivadavia que en 1822 entre otras
medidas cerró varios conventos, se apoderó de todos los bienes que pertenecían a
las órdenes religiosas, incautó los bienes propios del Santuario de Luján, de los de la
Hermandad de Caridad, del Hospital de Santa Catalina y otros.285

El obispo de Buenos Aires, Benito Lué, fue un destacado enemigo de la independencia de


las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En la actual Argentina había tres diócesis: las de Córdoba, Buenos Aires y Salta, todas
ellas dependientes de la Arquidiócesis de Charcas.286
En las provincias de la actual Argentina, el estallido de la Revolución de Mayo fue apoyado
por la mayor parte del clero secular,* 13 mientras las órdenes religiosas dividieron su lealtad
entre los independentistas y los realistas.287 En el Alto Perú, en cambio, la mayor parte del
clero —aunque una parte importante de los curas de las poblaciones rurales fueron
independentistas— se pronunciaron por la causa del Rey. En gran parte, esta opción fue
causada por la torpe conducta del Ejército del Norte durante la primera expedición a esa
región, cuyos oficiales ofendieron el sentimiento religioso con actos de
naturaleza anticlerical o al menos por su falta de cuidado en el respeto a las expresiones
religiosas tradicionales.288
Aún cuando se vieron obligados a declamar lealtad a las instituciones revolucionarias, los
tres obispos de las diócesis "de abajo" eran considerados realistas. El obispo de Buenos
Aires, Benito Lué, se había manifestado en contra del desplazamiento del virrey Cisneros;
en consecuencia, se le prohibió predicar en su propia catedral.289 El de Córdoba, Rodrigo
de Orellana, había sido un destacado dirigente de la Contrarrevolución de Córdoba, por lo
que fue confinado lejos de su sede;290 similar suerte corrió el de Salta, Nicolás Videla del
Pino.291 Lué y Videla del Pino fallecieron durante el período,292293 y Orellana huyó a
España.290 El apoyo del Papa a la restauración absolutista hizo imposible volver a cubrir
esos cargos, lo cual permitió a los gobiernos —a través del control de los cabildos
catedralicios— cubrir las vacantes con provisores de los obispados de lealtad probada a la
nueva nación.294 Con el tiempo, este antecedente llevaría a los posteriores gobiernos
rioplatenses a reclamar por el regalismo, es decir, el control estatal de la actividad de la
Iglesia.295
Por su parte, las órdenes religiosas, incomunicadas con sus superiores en España o en
Roma, debieron organizar su propia jerarquía para el nuevo país, controlados además por
las autoridades nacionales en sus actividades políticas. Los curas enemigos de la
Revolución —y todos los de origen español peninsular— fueron fuertemente limitados en
sus atribuciones por el gobierno; muchos huyeron a España o fueron expulsados, y otros
abandonaron los hábitos.296
Sumados todos estos procesos a la desorganización religiosa que limitaba el
ordenamiento de nuevos sacerdotes y la disminución de los ingresos eclesiásticos,* 14
llevaron a una notoria disminución en el número de sacerdotes y religiosos; algunos
conventos que en años anteriores habían sido servidos por decenas de frailes estaban
prácticamente desiertos a inicios de la década del 20, y muchos curatos permanecieron
vacantes por largos períodos.297
La incorporación de ideas políticas y culturales nuevas conllevó la disminución de la
piedad tradicional en sectores de los grupos dirigentes.298 Muy particularmente, la
aparición de la masonería resultó en la difusión de ideas filosóficas que contradecían las
doctrinas de la Iglesia; si bien la mayoría de los masones no se manifestaron abiertamente
anticlericales, claramente los aspectos piadosos y disciplinarios de la religión católica le
eran indiferentes.299
El nacimiento de la política[editar]

Más que los cabildos, el vínculo entre las instituciones coloniales y la instauración de las autoridades
revolucionarias fueron los cabildos abiertos.
En la imagen, el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 en Buenos Aires.

Los enfrentamientos intestinos y las guerras civiles obedecían a la falta de acuerdos


previos en los conceptos políticos más elementales.300 En efecto, desde la Revolución el
único acuerdo generalizado entre dirigentes y facciones fue la necesidad de no volver a la
situación política previa. En esencia, en la independencia.301
Aun así, también fueron consideradas otras posibilidades, planteados en misiones
diplomáticas enviadas por los gobiernos rioplatenses, como la dependencia de otra
potencia que no fuera España,302 o la dependencia del rey español bajo una constitución
que limitara el absolutismo. No obstante, esos proyectos no tuvieron apoyo alguno.303
Antes de la Revolución había habido administración pública, pero no política en el sentido
moderno del término.304 Los funcionarios coloniales gobernaban en nombre la autoridad
absoluta del Rey de España, y los cabildos se formaban por cooptación dentro de las
clases sociales dominantes; no actuaban en representación de los vecinos, sino que eran
considerados una selección de los funcionarios más capaces para ejercer ciertas esferas
imprescindibles de administración pública local.305 Al proclamar que gobernaban en
nombre de los pueblos, los gobiernos posteriores a la Revolución se veían obligados a
definir en qué consistían los conceptos pueblos, pueblo, soberanía, libertad, igualdad,
etc.306307 Quienes discordaban con las definiciones establecidas por los gobiernos se
convertían en adversarios políticos, y la falta de definición previa de las reglas de juego
políticas llevaba sistemáticamente a la acción política al campo de las conspiraciones, las
revoluciones y los enfrentamientos bélicos.308
En definitiva, la discusión central era sobre quién era el depositario de los derechos
reasumidos tras la ruptura del orden político colonial.307* 15
En efecto, los grupos de pensamiento elitista sostenían que el pueblo estaba formado por
un grupo restringido de ciudadanos y que, aún entre sus miembros, no todos debían tener
acceso a la acción política —es decir, a elegir y ser elegidos. Por su parte, los sectores
más democráticos sostenían un concepto de pueblo mucho más amplio, que involucraba a
la mayoría de la población y en el cual todos sus miembros eran electores y elegibles.307
Algunos grupos extendían el concepto de igualdad a la totalidad de los hombres,
incluyendo en ellos a los indígenas y los esclavos; tal fue el caso de los artiguistas.309
Este tipo de discusiones generó divisiones dentro de los grupos dirigentes de cada ciudad,
siendo especialmente notables los enfrentamientos en Buenos Aires, que adquirieron
trascendencia nacional.310
La retroversión de la soberanía a los pueblos con que se había justificado la Revolución311
abría el interrogante sobre quiénes eran esos pueblos: si las ciudades principales, si todas
las ciudades, si se incluían a las villas, o si también se incluía a la población rural. Por otro
lado, existía una discusión sobre la soberanía fraccionada en unidades menores o
unificada en una sola nación soberana.312 La situación especial de la ciudad de Buenos
Aires, que reclamaba para sí una primacía sobre las demás ciudades en los cuerpos
colegiados nacionales por encima de su representación numérica, y pretendía además
ejercer un tutelaje sobre ciertas comunidades imposibilitadas por razones bélicas —o por
su supuesta inferioridad de ejercer la capacidad electiva— la enfrentaba a las
comunidades que creían tener los mismos derechos que la capital.310 En definitiva, la
ambición porteña de imponer su guía a las provincias subordinadas era consecuencia de
una visión localista, que predominaba en todas las ciudades y provincias, con la gran
diferencia de que Buenos Aires tenía la posibilidad de reclamar la imposición de su
localismo a todo el país subordinado a ella.313
Sobre esas discusiones giró la base ideológica del enfrentamiento entre unitarios y
federales.314
Pero, además, en el conflicto entre unitarios y federales se superponían las discusiones
sobre la formación del pueblo soberano y la organización centralizada o centrípeta. A lo
largo de la década siguiente se le sumarán la defensa de intereses económicos y
personales, para luego complicarse aún más con enfrentamientos acerca de doctrinas
económicas y tendencias culturales. A todo ello se suma la tendencia de sus dirigentes y
propagandistas a simplificar la identidad de sus aliados y la de sus enemigos bajo rótulos
que simularan una homogeneidad que no existía más que en los deseos de sus
publicistas. Esas intrincadas combinaciones —incluso dejando de lado los casos
conocidos de cambios de bando— tornan imposible definir con exactitud quiénes formaban
parte cada uno de los dos partidos que dominarían la política durante medio siglo.315
Muchos de estos conflictos ideológicos se irían resolviendo con mucha lentitud a lo largo
de la mayor parte del siglo XIX. Sólo la experiencia política de los grupos dirigentes y de
los dirigidos —que había sido poco menos que nula a lo largo de la década de la
independencia— y los acuerdos entre posiciones enfrentadas llevarían a fines del siglo XIX
a una organización constitucional estable.316 No obstante, el pleno desarrollo del concepto
de igualdad aún llevaría muchas décadas más,317 y posiblemente algunas de estas
discusiones no han sido aún plenamente resueltas.318319
La administración de justicia[editar]
La Real Audiencia de Buenos Aires —reemplazados sus miembros contrarrevolucionarios
por Vicente Anastasio Echevarría, José Darregueira y Pedro Medrano— continuó
ejerciendo las funciones judiciales durante el período de la Junta de Gobierno, y la justicia
en primera instancia seguía siendo ejercida por los cabildos. Con excepción de los
escasos cambios en la legislación aportados por la Asamblea y el Congreso, también la
jurisprudencia utilizada era la legislación colonial, aunque en algunos casos se utilizó un
criterio novedoso en su aplicación. Los sucesivos reglamentos políticos y de justicia se
esforzaron en separar el Poder Judicial del Ejecutivo, limitándose en muchos casos las
funciones de los cabildos a ejercer meramente como tribunales judiciales, dejando de lado
sus funciones políticas y edilicias.320
En enero de 1812, el Primer Triunvirato disolvió la Real Audiencia, reemplazándola por
una Cámara de Apelaciones de cinco miembros, que duraban dos años en sus cargos. La
innovación principal fue la asignación de funciones judiciales a los Alcaldes de
Hermandad, que antes ejercían solamente funciones policiales, en las zonas rurales.
También se creaba la institución de Alzada para la administración de justicia en las
provincias, formada por el gobernador y un conjuez nombrado por cada una de las partes
para cada juicio. Por último, se establecía una Comisión de Justicia, para llevar adelante
juicios sumarísimos en caso de delitos contra la propiedad o la vida.321 Todas estas
instituciones fortalecían la dependencia política de la justicia respecto del gobierno.322
La Asamblea General Constituyente y los primeros Directores Supremos no parecen
haberle dado especial importancia al Poder Judicial, dándole una mayor independencia de
hecho. El Estatuto Provisional de 1815 confirmó la existencia de la Cámara de
Apelaciones, a la que agregó la creación de un Tribunal de Recursos Extraordinarios de
Segunda Suplicación, Nulidad e Injusticia Notoria en cada caso que se presentaran
recursos de tercera instancia;320 aunque se insistía en la independencia de la justicia,323
este tribunal era formado por cinco letrados, nombrados por el Director del Estado.320 Se
hicieron algunos avances en cuanto a la garantía de defensa en juicio, y se confirmó la
aplicación de la legislación indiana a las causas civiles y criminales.324
Tras la Declaración de la Independencia, el Reglamento Provisorio de diciembre de 1817
confirmaba las instituciones judiciales ya establecidas.325 Sin perjuicio de insistir en la
independencia de los poderes, el Director del Estado podía remover a los jueces por
razones políticas, con la única condición de informar de las causas al Congreso. También
se reservaba la facultad de suspender sentencias, especialmente en los juicios que
comprometían fondos del Estado.320
La Alta Corte de Justicia cuya formación sancionó la Constitución de 1819 nunca llegó a
formarse.320
En definitiva, aunque el principio de separación de poderes se enunció como un cambio
fundamental respecto del sistema colonial, nunca llegó a ser aplicado en totalidad. La
dependencia del Poder Judicial respecto del Ejecutivo fue la norma a lo largo de todo el
período.326
Los militares en el centro de la escena[editar]
La Guerra de la Independencia Argentina llevó a los militares al centro de la escena política durante
el período de la Independencia. Las guerras civilesconservarían para este sector una importancia
crucial durante gran parte del siglo XIX.

Desde la creación de los cuerpos de milicia locales tras las Invasiones Inglesas, la
importancia política de los militares ganó rápidamente un lugar privilegiado en la política
porteña.327 Su actuación durante la Asonada de Álzaga y la Revolución de
Mayo contribuyó a llevar a los oficiales a ser árbitros en cada situación conflictiva.328 El
golpe militar de octubre de 1812, que terminó con el Primer Triunvirato, fue el primero de
los actos por los cuales el Ejército —no en apoyo de una movilización popular o elitista,
sino por sí mismo— derribó un gobierno nacional.329
Ya desde la época de la Primera Junta, los funcionarios nombrados como gobernadores y
tenientes de gobernadores en las provincias y ciudades del interior fueron, en su gran
mayoría, jefes militares.330 Con pocas excepciones, cuando éstos fueron desplazados por
líderes locales, quienes tomaron el control también fueron jefes militares.331
El Ejército insumía la mayor parte de los ingresos públicos,332 y la solución de sus
problemas de aprovisionamiento, enrolamiento y disciplina consumía las energías de los
organismos administrativos. De modo que el Ejército llegó a tener una importancia muy
superior a la de cualquier otra organización o estamento social.333 Desde 1815, todos los
directores supremos y casi todos los gobernadores fueron militares.330 La crisis causada
por el no reconocimiento de la independencia fue solucionada por vía militar, y sólo muy
accesoriamente por medios diplomáticos;75 también las insurrecciones políticas en el
interior del país se saldaron con medidas militares. Si unas pocas veces las negociaciones
políticas entre fracciones fueron discutidas en lugar de generar enfrentamientos armados,
los negociadores tenían en vista sus posiciones militares relativas durante las mismas;
cada vez que el gobierno central se consideró suficientemente fuerte como para aplastar a
sus enemigos internos, ignoró o violó los acuerdos de paz.334
Desde los principios mismos de la Revolución, los jóvenes encontraron en la carrera militar
una fuente de aventuras, de prestigio y de realización personal, además de sentirse
impulsados a servir a la defensa de su Patria.335 De modo que el Ejército no tuvo
problemas en reclutar oficiales en cantidad suficiente, y un porcentaje muy alto de los
jóvenes de clase media ingresaron al mismo.336
En contraste, entre las clases bajas el enrolamiento se produjo mayoritariamente contra la
voluntad de los afectados. También una alta proporción de los hombres jóvenes de origen
humilde fue enrolada en los ejércitos y milicias.337338 Los oficiales de las milicias
respaldaban su posición económica y política con las tropas de su mando, que les era
personalmente leal a cambio de la solución de sus problemas personales y la influencia
que sus jefes podían ejercer en favor de los subordinados.339
Por antiguas normativas, los habitantes de las ciudades estaban obligados a prestar
servicios militares, y fue este grupo el que formó los primeros ejércitos que marcharon a
frentes de combate lejanos. Pero esas mismas normas establecían también que los
miembros de las milicias locales no podían ser obligados a trasladarse lejos de su ciudad,
con lo cual lograron el traspaso de la obligación de marchar al frente a los milicianos
rurales, cuyos servicios no estaban limitados geográficamente.340 Por otro lado, los
oficiales urbanos tenían una fuerte tendencia a proteger en cierta medida a los "cívicos" a
sus órdenes, que le servían de fuente de prestigio.341 La relativa paz que existió con los
indígenas en este período342 facilitó la movilización de los gauchos a frentes lejanos, y la
creciente importancia de la caballería hizo que fueran considerados soldados muy valiosos
por su experiencia en el manejo de caballos.343
Los problemas para movilizar soldados para los ejércitos fueron solucionados, en parte,
con la movilización de los esclavos negros, a los que se manumitía a cambio del servicio
militar. El servicio militar de los negros era, en la práctica, de duración indeterminada, de
modo que el sistema no significó, por sí mismo, una modificación sustancial del número de
negros libertos en la sociedad civil.344 En cambio, sí resultó en un debilitamiento de todo el
sistema servil, que fue desmontado en gran medida en la primera década independiente:
la proporción de esclavos en la población total disminuyó muy aceleradamente, y pocas
décadas después ya no habría casi esclavos en las Provincias Unidas.345
La economía en torno a 1820[editar]
La apertura al libre comercio, moderadamente iniciada por el virrey Cisneros15 y
firmemente sostenida por todos los gobiernos independientes,346 tendría, a largo plazo, un
efecto generalizado en todo el territorio del ex virreinato.347 No obstante, a corto plazo, el
efecto directo no fue mucho más allá de los límites de la provincia de Buenos Aires y
la Banda Oriental. El resto del país quedó atado a los circuitos comerciales previos,
centrados en los mercados de consumo locales y la dependencia de los mercados del Alto
Perú, de Chile, e incluso del Paraguay.348
Los circuitos comerciales tradicionales quedaron muy pronto dislocados: la pérdida del Alto
Perú privó al Río de la Plata de su principal mercado consumidor y de la región productora
de metales preciosos. Las economías del interior quedaron aisladas, y sus sectores
mercantiles dejaron de cumplir el rol vinculante entre Buenos Aires y el Alto Perú. Desde el
punto de vista económico, Córdoba había estado más ligada por su comercio al Alto Perú
y a Cuyo que a Buenos Aires. Cuyo, a su vez, estaba más cerca de Santiago de Chile que
de la capital, y en general todas las provincias del norte dependían desde todo punto de
vista al Alto Perú.349
A medida que las provincias del interior comenzaron a sentir los efectos de la apertura al
comercio mundial, se pronunciaron en contra de la misma, ya que perjudicaba sus
economías internas. El proceso revolucionario no pudo contener las tensiones que el
poder borbónico había mantenido oculto. Durante muchos años, las provincias del interior
habían tolerado el centralismo de Buenos Aires sustentado en la legitimidad del Rey, pero
ahora, su desaparición eliminaba todas las razones para que ese malestar no saliera a la
luz.350
En cambio, en Buenos Aires y la Banda Oriental el comercio transatlántico generó una
rápida expansión de la ganadería vacuna. La misma tenía, no obstante, un serio obstáculo
en la falta de trabajadores, acentuada por la incorporación de los hombres en edad laboral
a los ejércitos patrios.351 La falta de brazos para la ganadería se solucionó en parte con un
proceso de migración interna desde las provincias del noroeste, que no habría de
detenerse en adelante.352
A pedido de los productores ganaderos, se acentuó la presión —que se había iniciado
durante el virreinato— sobre los "vagos y malentretenidos", que eran incorporados a las
filas del ejército si no probaban estar empleados por algún empleados conocido por medio
de la llamada papeleta de conchabo; si bien las razones esgrimidas eran principalmente
morales, el objetivo central era forzar a la numerosa población campesina itinerante a
emplearse al servicio de los propietarios.353 No obstante, la falta de mano de obra siguió
siendo un problema crónico, llevando a los propietarios a competir entre ellos por la
misma, lo que causó un rápido aumento de los salarios.354 Junto a la baja en los precios de
productos de primera necesidad, este aumento de salarios generó una evidente mejora en
las condiciones materiales de vida de los gauchos, en medida muy similar al efecto que
tuvo en las ciudades.355
Hacia fines del período de la independencia, la economía de las provincias interiores
estaba devastada por los efectos de la guerra de independencia, de las guerras civiles y
del cierre de los mercados tradicionales.356 En contraste, la economía porteña —y, aunque
bajo el poder portugués, también la oriental— sentía los efectos benéficos de la apertura
comercial.357 La aparición de los saladeros marcó el inicio del ciclo del tasajo y del
cuero.358
Pero, aún en las regiones más dinámicas, la situación económica del país era muy débil:
casi no tenía industrias, y las artesanías estaban en retroceso ante la competencia
europea,359 principalmente británicas. De modo que se desarrolló una relación de
dependencia económica de Gran Bretaña, que a corto plazo se convirtió en el principal
comprador y vendedor de las Provincias Unidas.360
El estado debía enfrentar los gastos de una burocracia creciente y de la guerra de
independencia;351 los continuos faltantes de fondos fueron solucionado con medios
extraordinarios, tales como limitaciones de los gastos en sueldos, contribuciones forzosas
y confiscaciones de bienes a los españoles.361 De modo que las finanzas públicas pasaron
a depender casi exclusivamente de los impuestos al comercio exterior, una característica
que se prolongaría por más de un siglo.362 La presión fiscal ejercida sobre los
comerciantes generó una baja generalizada de los niveles de ganancia de los
comerciantes más acaudalados, que lentamente abandonaron sus actividades
comerciales, invirtiendo principalmente en tierras dedicadas a la ganadería.363 Su lugar en
el comercio exterior fue cubierto por comerciantes británicos.364
El rápido aumento de la rentabilidad ganadera produjo una cierta disminución de la
producción agrícola.365 A esto se sumó un movimiento de presión por parte de los
ganaderos para extender los límites de la ganadería, ganando tierras sobre la frontera con
los indígenas para incorporarlas a la ganadería.366 Los avances sobre territorios
indígenas en el sur serían una característica predominante en las décadas siguientes.367

Notas[editar]
1. Volver arriba↑ Se marca el límite entre Córdoba y la Intendencia de Cuyo, creada en
noviembre de 1813, pero no entre Salta y la Intendencia de San Miguel de Tucumán,
creada en octubre de 1814; de ello se deduce que la información refiere al período entre
esas dos fechas.
2. Volver arriba↑ El pueblo de que se habla era el que se consideraba tal en esa época; es
decir, la "parte sana y principal" de la población.
3. Volver arriba↑ Exactamente el mismo día en que eran ejecutados los líderes paceños se
disolvía la Junta Central en Sevilla.
4. Volver arriba↑ Ruiz Moreno, en Campañas militares argentinas, la llama "batalla de la
Soberanía".
5. Volver arriba↑ Sin embargo, sí estaban representadas las ciudades y villas altoperuanas
que habían elegido sus diputados durante la tercera expedición de Ejército del
Norte: Charcas, Chichas y Mizque.
6. Volver arriba↑ Pueyrredón era diputado por la ciudad de San Luis; si bien era nacido en
Buenos Aires y allí residía, había estado desterrado en San Luis tras la caída del Primer
Triunvirato, del que había sido vocal.
7. Volver arriba↑ La iniciativa de agregar estas palabras perteneció al diputado Pedro
Medrano; aparentemente se debía a las suspicacias con que eran recibidas por la opinión
pública las negociaciones con Portugal, ya que se temía que se quisiera reemplazar una
dependencia colonial de España por una dependencia de otra potencia.
8. Volver arriba↑ Córdoba tuvo cuatro diputados en 1816, tres en 1817 y dos en 1818 y 1819.
9. Volver arriba↑ Dado que la isla estaba en manos españolas y Dorrego era muy conocido por
los absolutistas españoles, la deportación equivalía a una sentencia de muerte.
10. Volver arriba↑ Pueyrredón es recordado especialmente por la ayuda que dio al ejército con
que San Martín libertó Chile. Éste tenía 5.400 hombres, de los cuales casi 1.000 chilenos:
había menos argentinos intentando liberar Chile que intentando someter a Santa Fe.
11. Volver arriba↑ No podría cumplir ninguno de sus dos objetivos: la mayor parte permanecería
en Córdoba, donde aseguraría el acceso de Bustos al gobierno provincial y su
conservación en el mismo; el resto continuaría su viaje hacia Santiago del Estero, donde se
disolvería en sucesivas guerras civiles.
12. Volver arriba↑ Sólo en 1821 nacieron las provincias de San Juan, Mendoza, San Luis, La
Rioja y Santiago del Estero; al año siguiente surgiría Catamarca. Jujuy debería esperar
hasta 1834.
13. Volver arriba↑ Hubo numerosos casos de curas que apoyaron la Revolución por interés; por
ejemplo, en la esperanza de obtener prebendas del gobierno.
14. Volver arriba↑ Los sucesivos gobiernos echaron mano a los recursos económicos de la
Iglesia durante las sucesivas crisis de la guerra de independencia. Esto fue aún más
notorio en varias provincias que debieron llevar adelante la guerra civil, especialmente en el
bando federal.
15. Volver arriba↑ También estaba en discusión quién tenía derecho a hacer valer su opinión,
un concepto que —aunque en la actualidad parezca equivalente a la cuestión del
depositario de los derechos políticos— en esa época era una cuestión distinta: no todos los
ciudadanos con derechos políticos podían ejercerlos en la práctica. Citando solamente el
caso más evidente, nadie consideró seriamente otorgar a las mujeres el derecho a votar o
a ser elegidas.

Fuentes[editar]
Referencias[editar]

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entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola
disimuladamente y subrogándola con la que se le envia, que es la que hasta ahora se usa
en esta fortaleza, y que hace el centro del Estado; procurando en adelante no prevenir las
deliberaciones del gobierno en materia de tanta importancia (...) pero debe igualmente
prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de
su autoridad y los intereses de la Nación…». (enlace roto disponible en Internet Archive; véase
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345. Volver arriba↑ Morrone, Francisco C. (1995). Los negros en el Ejército: declinación
demográfica y disolución. Centro Editor de América Latina.
346. Volver arriba↑ Chiaramonte, José Carlos (1971). Nacionalismo y liberalismo
económicos en Argentina: 1860-1880. Solar. p. 12.
347. Volver arriba↑ Hora, Roy (2010). Historia económica de la Argentina en el siglo XIX.
Siglo XXI. p. 257.
348. Volver arriba↑ Hora (2010): 81-84.
349. Volver arriba↑ Hora (2010): 80-84.
350. Volver arriba↑ Álvarez, Juan (1983). Las guerras civiles argentinas. Eudeba.
351. ↑ Saltar a:a b Hora (2010): 31.
352. Volver arriba↑ Hora (2010): 88.
353. Volver arriba↑ Mayo, Carlos A. (2004). Estancia y sociedad en la pampa, 1740-
1820. Biblos. p. 101.
354. Volver arriba↑ Hora (2010): 48-49.
355. Volver arriba↑ Hora (2010): 33-38.
356. Volver arriba↑ Segreti (1980) Vol. 2: 190-194.
357. Volver arriba↑ Hora (2010): 33.
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361. Volver arriba↑ Segreti (1980) Vol. 2: 205-206.
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363. Volver arriba↑ Cuccorese, Horacio Juan (1971). Argentina: manual de historia
económica y social. Vol. 1. Macchi. p. 220.
364. Volver arriba↑ Hora (2010): 32-33.
365. Volver arriba↑ Hora (2010): 49.
366. Volver arriba↑ Barba, Fernando (2007). «Crecimiento ganadero y ocupación de
tierras públicas, causas de conflictividad en la frontera bonaerense». Revista Andes.
367. Volver arriba↑ Ras, Norberto (2006.). La guerra por las vacas. Galerna.

Bibliografía utilizada[editar]
Se citan a continuación las obras generales sobre el período de la Independencia
Argentina que han sido consultadas en profundidad por los editores:
 Acevedo, Edberto Óscar (2001). La Revolución y las Intendencias. Buenos Aires:
Ciudad Argentina. ISBN 987-507-204-4.

 Arteaga, Juan José; Coolighan, María Luisa (1992). Historia del Uruguay. Buenos
Aires: Barreiro y Ramos. ISBN 9974-33-000-9.

 Carranza, Ángel Justiniano (1962). Campañas Navales de la República Argentina,


Volumen I - Tomos 1 y 2. Buenos Aires: Secretaría de Estado de Marina. pp. 7-41.

 Ferrero, Roberto A. (1996). La saga del artiguismo mediterráneo. Córdoba: Alción.

 Goldman, Noemí (2008). Goldman, Noemí, ed. Lenguaje y revolución; conceptos


políticos clave en Río de la Plata (1780-1850). Buenos Aires: Prometeo.

 Halperín Donghi, Tulio (1979). Revolución y guerra; formación de una élite dirigente en
la Argentina criolla. Buenos Aires: Siglo XXI. ISBN 987-98701-9-0.

 Horowicz, Alejandro (2004). El país que estalló. Antecedentes para una historia
argentina (1806-1820). Sudamericana. ISBN 950-07-2561-4.

 López Rosas, José Rafael (1981). Entre la monarquía y la república (1815-1820).


Memorial de la Patria. Buenos Aires: La Bastilla.

 Martí, Gerardo Marcelo (2010). El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo.


Buenos Aires: AQL. ISBN 978-987-115-988-8.

 Mata, Sara Emilia (2008). Los gauchos de Güemes. Buenos Aires:


Sudamericana. ISBN 978-950-07-2933-8.

 Reyes Abadie, Washington (1986). Artigas y el federalismo en el Río de la Plata.


Buenos Aires: Hyspamérica.

 Ruiz Moreno, Isidoro (2004). Campañas militares argentinas, Tomo I. Buenos Aires:
Emecé. ISBN 950-04-2675-7.

 Segreti, Carlos S. (1980). La aurora de la Independencia: 1810-1815. Memorial de la


Patria. Vol. I. Buenos Aires: La Bastilla.

 Segreti, Carlos S. A. (1991). El unitarismo argentino; notas para su estudio en la etapa


1810-1819. Buenos Aires: A-Z. ISBN 950-534-165-2.

 Seminario de Estudios de Historia Argentina, ed. (1966). El Congreso de Tucumán.


Buenos Aires: Club de Lectores.

 Serrano, Mario Arturo (1996). Arequito: por qué se sublevó el Ejército del Norte.
Buenos Aires: Círculo Militar. ISBN 950-9822-37-X.

Bibliografía adicional[editar]
Adicionalmente se citan varias obras generales sobre el período que han sido consultadas
ocasionalmente por los editores, de las cuales se citan en las referencias aquellas
utilizadas para redactar párrafos puntuales:

 Acevedo, Edberto Óscar (1992). La independencia de Argentina. Madrid: Fundación


MAPFRE.
 Beruti, Juan Manuel (2001). Memorias curiosas. Buenos Aires: Emecé.

 Busaniche, José Luis (2005). Historia argentina. Buenos Aires: Taurus. ISBN 987-04-0078-7.

 Camogli, Pablo (2005). Batallas por la libertad. Buenos Aires: Aguilar. ISBN 987-04-0105-8.

 Camogli, Pablo (2009). Batallas entre hermanos. Buenos Aires: Aguilar. ISBN 978-987-04-
1285-4.

 Di Meglio, Gabriel (2006). ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la
política, entre la Revolución de Mayo y el rosismo. Buenos Aires: Prometeo. ISBN 987-
574-103-5.

 Di Stéfano, Roberto (2004). El púlpito y la plaza. Buenos Aires: Siglo XXI de


Argentina. ISBN 987-1105-75-4.

 López, Vicente Fidel (1954). Historia de la República Argentina. Buenos Aires:


Sopena.

 Mitre, Bartolomé (1947). Historia de Belgrano y de la independencia argentina. Buenos


Aires: Estrada.

 Mitre, Bartolomé (1968). Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana.


Buenos Aires: Eudeba.

 Rosa, José María (1998). Historia argentina. Buenos Aires: Oriente. ISBN 987-21726-2-5.

 Shumway, Nicolás (2005). La invención de la Argentina. Buenos Aires: Emecé. ISBN 950-
04-2366-9.

 Sierra, Vicente D. (1973). Historia de la Argentina. Buenos Aires: Garriga.

 Ternavasio, Marcela (2007). Gobernar la Revolución. Buenos Aires: Siglo XXI. ISBN 978-
987-1220-96-0.

Véase también[editar]
 Guerra de la Independencia Argentina
 Historia de Argentina
 Guerras civiles argentinas
 Situación de las provincias argentinas desde 1820
 Argentina en el Virreinato del Río de la Plata
 Período de las Autonomías Provinciales (Argentina)

Enlaces externos[editar]
 Wikisource contiene obras originales de o sobre Independencia de la Argentina.
 Número especial en el Centenario de la Declaración de la Independencia (Selección)
 La Independencia de la Argentina en Historia del Nuevo Mundo.
Categorías:
 Historia de la formación del Estado Argentino
 Relaciones Argentina-España

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