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Odderey Matus

Confiad en María Auxiliadora y veréis


lo que son los milagros (Don Bosco)

¿Don dónde se deriva que como cristianos podemos confiar en María?

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Podemos confiar porque Dios le rindió gloria primero

Podemos confiar en María porque Dios Padre confió primero en ella, y envió al
arcángel Gabriel (Lc 1, 28) a confirmar su Sí vigoroso: “…Hágase en mí según tu
palabra” (Lc, 1, 38). Y Dios glorificó a María encarnando a su Hijo Unigénito en su
vientre virginal, cumpliendo así lo que había prometido por medio del profeta Isaías
(7, 14). Dios Yahvé, glorifica su propia Palabra, gracias a las palabras humildes de su
sierva María.
Podemos confiar en María porque Jesús, su hijo Dios y Hombre verdadero,
también la glorificó primero, antes que cualquiera. Como nos lo enseña la tradición
de la Iglesia en estos dos mil años en palabras de Scott Hahn:

“Creemos que como hombre, Jesucristo cumplió a la perfección la ley de Dios,


incluyendo el mandamiento de honrar a su padre y a su madre. La palabra hebrea
para honrar: ‘kabodah’, significa literalmente «glorificar». Así que Cristo no sólo
honró a su Padre celestial, sino que también honró perfectamente a su madre
terrenal, María, otorgándole su propia gloria divina”.

Y es que la actuación de Dios es lógica. No podría mandar a guardar el cuarto


Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”, sin Él hacerlo primero. De tal manera,
que Jesús al cumplir el Mandamiento, lo hizo en igual medida con sus padres: honra al
Padre, así como a su mamá María. Los glorificó en igual medida. Ninguno de nosotros
honramos más a nuestro padre que a nuestra madre, y viceversa. Y el Mandamiento
indica honra para ambos por igual. Asimismo, Jesús, no “glorificó” más al Padre por
ser Dios, que a su madre por ser criatura. La honra-glorificación que Jesús hace es
para ambos por igual. María es glorificada por Jesús.
Y nosotros como hijos de María, dada a nosotros por Jesús desde la cruz (Jn 19,
27), fuimos gozosamente invitados a cumplir el cuarto Mandamiento, al igual que
Jesús, nuestro “Hermano”. Por eso podemos rendirle gloria (honra) con derecho de
hijos, y cumplir la profecía que María, inspirada por el Espíritu Santo, profetiza de sí
misma, diciendo que desde ahora todas las generaciones la llamarán bienaventurada
(Lc 1, 48).
Por eso podemos confiar en María, porque Dios la glorificó primero.