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¿Quién conoce a Dios?

Nuestro propósito: Lectura bíblica: Juan 1, 1-18.

Lo que aquí se pretende es que los cristianos podamos entender algo mejor cómo es el Dios en el que creemos).
1. Dios no está a nuestro alcance.
Porque Dios, por definición, es el "Trascendente", es decir, que nos "trasciende". Porque cualquier ser humano,
cuando pronuncia la palabra "Dios", en realidad está pronunciando una palabra que tiene muchos significados.

DESARROLLO

Mucha gente piensa que tiene muy claro lo de Dios. Me refiero a las personas que, no solamente están seguras
de que Dios existe, sino que además afirman, sin lugar a dudas, que saben perfectamente quién es Dios, cómo es
Dios, lo que le gusta a Dios, lo que hay que hacer para estar cerca de Dios, etc, etc. Naturalmente, los que
(según se creen ellos) tienen todas esas cosas tan claras, aseguran también que ellos tienen respuestas muy
firmes a las siguientes preguntas: ¿qué es conocer a Dios? ¿Cómo es posible conocer a Dios? ¿Desde dónde se
puede conocer a Dios? ¿Quién conoce a Dios? Repito: hay gente que en cuanto escuchan alguna de estas
preguntas, la que sea, no dudan ni un segundo.

1. Por supuesto, no se trata de poner en duda si hay Dios o no hay Dios. El problema está en saber qué es eso
de conocer a Dios. Y, sobre todo, cómo es posible conocer a Dios.
Mt.11,25; Lc. 10,21 Con estas palabras, Jesús quiso decir que eso de «conocer a Dios» es algo que se oculta a
los «sabios» y «entendidos », mientras que (sorprendentemente) se da a conocer a la «gente sencilla». Según el
criterio de Jesús, los que conocen a Dios no son los sabios y entendidos, sino la gente simple y sencilla.
Porque de eso exactamente, del «conocimiento de Dios», es de lo que Jesús estaba hablando cuando dijo que
ese conocimiento lo tienen sólo los sencillos (Mt 11.27).
Por esto se comprende que San Pablo, de acuerdo con lo que había dicho Jesús, llegue a asegurar que, para esto
del conocimiento de Dios, no valen «las persuasivas palabras de la sabiduría humana» (I Cor. 2,4. Porque «lo
necio del mundo se lo escogió Dios para humillar a los sabios: y lo débil del mundo se lo escogió Dios para
humillar a lo fuerte; y lo plebeyo del mundo, lo despreciado, se lo escogió Dios» (I Cor.1,20 Significa.
2. que «conocer a Dios» es una cosa que (se explique cómo se explique) está presente allí donde hay «gente
sencilla», personas que no representan nada en esta vida y que, por eso, nada tienen que decir.
Son los pobres, los ignorantes, los que carecen de casi todo.

3. Y aquí viene la pregunta que más nos interesa: ¿Por qué precisamente estas personas sencillas y que pasan
por la vida como gentes sin importancia son los que conocen a Dios? Hay una cosa que salta a la vista en cuanto
uno se hace esta pregunta. El conocimiento de los sabios es un conocimiento adquirido, mediante el estudio, el
esfuerzo y el trabajo personal. Por el contrario, el conocimiento de Dios, que tiene la gente sencilla (los nepioi),
es un conocimiento que les es concedido. Por tanto, el conocimiento que tienen de Dios los sencillos y los
humildes es un conocimiento que les ha sido dado por el Hijo, es decir, por Jesús. Si el conocimiento de
Dios nos viene y nos es dado por Jesús, eso quiere decir que ese conocimiento no está escrito en las letras
de un libro, sino que está presente en la vida de una persona. Jesús El problema está en que Jesús ya no está
en este mundo. Por eso, la pregunta más importante aquí es ésta:
4. ¿cómo puedo yo hacer presente la vida de Jesús en mi vida? Si la cosa se piensa despacio, sólo una
respuesta parece razonable: la vida de Jesús se hace presente en aquellos que intentan vivir como vivió Jesús.
«El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor» I Jn.4,8 Pero la condición indispensable para poder
amar es ser débil, sentirse débil. Y por eso, sólo quien va así por la vida es quien puede conocer a Dios. De ahí
que los «poderosos» de este mundo (en política, en religión, en sabiduría, en lo que sea) difícilmente pueden
enterarse de quién es el Dios de Jesús y de cómo es el Dios de Jesús.
LA COMPLICADA RELACIÓN CON EL PADRE