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Violencia institucional y activismos locales: traducciones de una categoría política o la historia

de un mural
PITA, María Victoria/ Equipo de Antropología Política y Jurídica – Seanso-ICA, FFyL-UBA -
CONICET – mariapita@gmail.com

Grupo de Trabajo: GT 23 Violencia estatal y procesos de demanda de derechos: políticas,


burocracias y activismo

» Palabras clave: violencia institucional- activismo- moralidades

› Resumen

En esta ponencia procuramos dar continuidad a una línea de indagación acerca de los
significados que encarna la noción violencia institucional. La misma ha sido objeto en la última
década de diversas definiciones (más o menos amplias), así como motivo de demanda de justicia,
intervenciones colectivas y políticas públicas. Su análisis, si se la considera qua categoría
nativa/local, ofrece la posibilidad de atender a los sentidos y valoraciones morales que se anudan
a ella y que implican, de algún modo, formas particulares enraizadas a historias locales de pensar
la conflictividad y la violencia dando lugar a diversos usos políticos específicos. Así, en este
trabajo siguiendo (es decir, recuperando y desanudando) la figura y la historia de un joven retratado
en un mural realizado colectivamente, procuramos reconstruir las historias y las acciones que
hicieron a la generación de una demanda específica contra la violencia ejercida por las fuerzas de
seguridad en una villa de emergencia del sur de la Ciudad de Buenos Aires. De este modo, a través
de la reconstrucción de la historia del protagonista del mural recuperamos las diversas narraciones
y lecturas acerca de la violencia tanto como aquellas tramas de relaciones “fuera de cuadro” que
hicieron posible esa imagen.

› 0. Introducción

En esta ponencia se busca colocar algunos elementos para pensar sobre dos asuntos a la vez. Uno,
es el que resulta del trabajo de investigación con toda su densidad empírica. A través del mismo,
o mejor dicho con esos elementos, es que nos proponemos pensar la noción violencia institucio na l
como una categoría política local cuya historia está ligada al activismo de los derechos humanos.
Y más puntualmente aún explorar de qué manera una acción política específica como lo es la
Campaña contra la Violencia Institucional encarna localmente e incluso enlaza con la economía
moral local. Otro de los asuntos en cambio, si bien resulta -como no podría ser de otro modo- del
trabajo de campo tiene por objeto colocar algunos elementos para pensar en términos
metodológicos acerca de los hechos, situaciones y episodios que narramos y que son resultado de
una densa trama de relaciones sociales así como de significados. Las preguntas acerca de cuándo,
dónde o a raíz de qué evento se narra una suceso se presentan como especialmente iluminadoras
de las densas tramas de relaciones que ligan a unos y otros actores, y allí las nociones de “malla ”
(Kant) “interdependencias mutuas” (Elías y Sigaud) y la metáfora “fuera de cuadro” (Blaseotto)
se revelan eficaces para organizar la construcción de la investigación.

1
1.
Escena 1. Lucas está en todos los detalles. Se ocupa del sonido, se fija que a el grupo que
está pintando en la pared del pasillo no le falte nada. Recibe a algunos que llegan, saluda a los
vecinos, hace chistes, conversa con nosotras y nos presenta gente del barrio. Es el principa l
responsable del “Festival del Rap en el Barrio” un evento que tendrá lugar en esta tardecita de un
sábado de verano en la Villa 21-24 al sur de la Ciudad de Buenos Aires cuya consigna es “Justic ia
por nuestros pibes!!!”. El festival es organizado por el Centro Cultural “La Loma” que está ligado
al Movimiento Evita1 y es también parte de las actividades impulsadas por la Campaña contra la
Violencia Institucional2 , que viene sosteniendo en sus actividades la consigna “mi cara, mi ropa,
mi barrio no son delito. Lucas es el “responsable” del Centro Cultural y también el “referente” de
la Campaña en su barrio. Tiene 23 años, vive en la Villa 21-24 desde que nació, hace casi cinco
años que es militante de esa agrupación política. El “Centro Cultural” promueve actividades con
jóvenes que son sus pares y con quienes se conocen desde niños. Prácticamente todos han estado,
como eufemísticamente se menciona, “en conflicto con la ley penal”, él mismo también por eso
dice “yo no la voy de ir antichorro ni con un discurso con los pibes, pero les tiro que otra que se
puede hacer”.

El escenario está dispuesto en un área amplia de cruce abierto entrepasillos. Los jóvenes
van llegando, algunos de los que van a “rapear” son del barrio, algunos de ellos ya lo han hecho
en otras ocasiones, en otros encuentros, en otros barrios. Algunos de ellos son jóvenes de barrios
populares de países vecinos. El sonido de la música que aún no es en vivo convoca a la actividad.
Algunos vecinos, sobre todo jóvenes y niños se quedan viendo los preparativos. Y algunos de los
jóvenes que más tarde subirán al escenario rapean improvisando entre sí. Casi todas la letras hablan
del barrio, de los amigos, de las novias, de violencias y robos, de muertes de amigos, de jóvenes
con vidas “peligrosas” o de la propia. También improvisan sobre el encuentro de ese día. Hay un
buffet solidario (unos chorizos a la parrilla y cerveza). A lo largo de la tarde los jóvenes van
subiendo a rapear al escenario. Luego de algunas presentaciones Lucas sube al escenario, agradece
a los vecinos y vecinas por estar en el Festival y a todos los jóvenes de otros barrios que han
sumado y están presentes y haciendo mención a la Campaña destaca que los jóvenes tienen
derechos “tenemos derecho a pasear y a transitar libremente por la Ciudad, tenemos derecho a usar
el espacio público, la esquina, la plaza y esos son unos de los tantos derechos que tenemos… ”
dice. Durante gran parte de la tarde jóvenes del vecino barrio de La Boca que integran un grupo
llamado “La Boca resiste y propone” que se define como un “colectivo de vecinos, trabajadores y
organizaciones sociales, culturales y políticas del barrio” pintan un mural3 sobre un la pared de un

1 Explicar qué es el Movimiento Evita.


2 Explicar.
3 Sur Capitalino, viernes 20 de marzo de 2015 (http://www.surcapitalino.com.ar/detalle_noticias.php?Id=359 3)

Cansados del abandono del que somos víctimas los habitantes de La Boca, vecinos, trabajadores y organizaciones
sociales, culturales y políticas del barrio comenzamos a reunirnos para reclamar a las autoridades de la Ciudad de
Buenos Aires que den una respuesta urgente y concreta a esta gravísima situación. Así fue que bajo la consigna “La
Boca resiste y propone. Basta de pibes y pibas muertos en el barrio. Por un presente con inclusión, para un futuro
digno”, el 4 de diciembre de 2014 salimos a la calle para exigir al Gobierno porteño que termine con su política de
exclusión y expulsión de quienes poblamos un barrio donde desalojos, incendios, pibes muertos en forma violenta,
cierre de programas sociales, falta de espacios de recreación y deportivos, son ya moneda corriente. Además de la
movilización, en los últimos meses encontramos otra forma de expresarnos: los murales. Porque nos resistimos a esa
expresión estética que intenta imponernos el Distrito de las Artes y proponemos una que represente los intereses de
los sectores populares, realizada por artistas del pueblo y con el pueblo como actor principal de ese ideario. P orque

2
pasillo de La Loma. El mural, con estilo de fileteado porteño, reproduce enmarcado el rostro de
Jambao, un joven del barrio y más específicamente de ese sector del barrio 4 . Los jóvenes que
pintan copian a Jambao, la cara y su expresión de una foto que lo muestra serio, mirando a cámara,
una mano apoyada en el mentón, ataviado con su gorrita con visera5 . A un lado se van dibujando
las letras que indican que el mural lo hizo el Centro Cultural La Loma. Al otro lado una frase que,
nos cuentan, era muy propia de Jambao “siempre positivo”. Y junto a ella su nombre y la
inscripción “Siempre presente”.

- “Jambao murió hace un tiempo. Lo mataron. Era de acá, de La Loma. Y esa frase ‘Todo
positivo’ era la que él decía siempre”.

Eso fue lo único supimos ese día sobre Jambao y su muerte. Nos los contó un joven que
estaba allí mientras se pintaba el mural. No sabíamos de él (“del caso”) pero no nos sorprendió.
Desde hace bastante tiempo que existe la práctica de hacer murales en los barrios. Los murales son
recordatorios de los jóvenes muertos, muchas veces son los amigos, en otras ocasiones familiares
y amigos junto a organizaciones sociales y/o antirepresivas que reclaman por los casos de gatillo
fácil6 . Las actividades del centro Cultural y de la Campaña Nacional contra la Violenc ia

entendemos el arte cumpliendo siempre una función social al servicio de las fuerzas transformadoras del pueblo y no
como una mera expresión estética.
4 Explicar las zonas del barrio. Destacar que no es un espacio homogéneo y que la distinción en zonas

responde a diferentes criterios demarcatorios. Destacar también cómo se relatan o se hace referencias a épocas en
función de cuando tal zona era así o asá, si se podía pasar de tal zona siendo de tal otra o no. Importancia de los “mapas
sociales”.
5 La típica gorra con visera de uso muy extendido entre los jóvenes. La gorra con visera, o mejor dicho “la visera”

junto a la ropa deportiva son de los “atuendos” distintivos, portadores de una fuerte marca identitaria entre los jóvenes.
Y a la vez portan una valoración negativa y estigmatizadora por parte de la población así como especialmente por
parte de las policías. De hecho, la consigna ya referida de la Campaña: “mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito”
lleva la imagen de jóvenes así vestidos. Y junto a ella la otra consigna de la Campaña durante el “Tercer encuentro
por una seguridad democrática y popular” celebrado en el Congreso Nacional el día de la lucha contra la Violencia
Institucional fue “Sacate la gorra, ponete la visera” (hay aquí una alu sión a “la gorra” como sinónimo de policía
explicar. Una de sus acciones en el marco de la Campaña fue un spot en el que bajo el slogan “Ponete la visera”
personalidades destacadas del activismo de los Derechos Humanos (Hebe de Bonafini, Raúl Eugenio Zaffa roni, Estela
de Carlotto, Rosa Bru, el Padre “Pepe”, el diputado Leonardo Groso) lucían una gorrita con visera mientras decían
“Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito. Los delincuentes son otros” https://youtu.be/j6-jqhByYmc. En la provincia
de Córdoba “La Marcha de la Gorra” es el nombre de una movilización que se realiza en el centro de la capital de esa
provincia desde 2007. Esa marcha suele ser muy numerosa, participan en ella muchas organizaciones sociales,
políticas, coletivos antirepresivos y organismos de derechos humanos, el eje central de la misma la derogación del
Código de Faltas y el fin de las persecuciones y el hostigamiento policial contra los jóvenes fundamentalmente de las
barriadas populares. Aquí la gorra a la que se alude es la gorra que visera que usan los jóvenes “mi gorra es mi cultura”.
Tal como destacan algunas crónicas que cubren anualmente esta movilización “ Los grandes protagonistas de la
manifestación son los familiares y amigos de los jóvenes baleados o asesinados bajo diversas formas de violencia
institucional en la provincia de Córdoba, entre las que se destacan los casos de gatillo fácil que habrían cometido
algunos miembros de la Policía y que hoy son motivo de diferentes inves tigaciones judiciales”
http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/una-marcha-que-se-alimenta-de-las-balas-policiales.
http://www.lavoz.com.ar/galerias/la-9a-marcha-de-la-gorra-en-fotos
6 Por razones de espacio,y también podría decirse que por economía argumental, no voy a extenderme aquí

sobre un tópico que ofrece una enorme riqueza para el análisis. Los murales como imág enes narrativas, como
recordatorios o como carteles/proclama ofrecen diversos usos sociales y pueden portar distintos significados. El
análisis de las prácticas que hacen a la producción de estos murales, así como el análisis de las imágenes de esa
particular iconografía juvenil especialmente centrada sobre las muertes trágicas y/o violentas como formas de
testimoniar y reclamar. E incluso también la exploración y análisis de las imágenes y su inscripción en fórmulas,

3
Institucional no eran la excepción.

El Festival fue evaluado por Lucas, por el resto de los organizadores y también por los
invitados y los asistentes como muy bueno. Fue una jornada de intenso trabajo comunitario. Y
todos los participantes y también los vecinos, de diferente modo, estuvieron incluidos. Hubo buen
“clima”, no se observaron conflictos, los niños pequeños estuvieron presentes e integrados, tanto
como los adultos y los mayores. Especialmente para Lucas fue una buena jornada. Su trabajo y su
presencia se hicieron visibles y el “éxito de la actividad” sin duda redundaría en beneficios en el
proceso de construcción de su prestigio comunitario y también político (es decir, en el barrio y
también hacia el interior de la organización política de la que es parte).

Todo el Festival, desde las tareas previas y activación de relaciones que había implicado
hasta su realización, presentaba un tipo actividad especialmente valiosa para indagar acerca de las
formas en que efectivamente encarnaba en una comunidad, en un barrio, entre grupos de jóvenes,
de militantes y de vecinos una noción como la de violencia institucional. Máxime tratándose de
un barrio del tipo villa de emergencia que desde hace más de cinco años es objeto de continuas
intervenciones y políticas públicas específicas en materia de seguridad pública y en cuyo territorio
se desplazan las tres fuerzas federales (PFA, GNA y PFA) y la policía local (la Policía
Metropolitana). También están emplazadas en el barrio distintas oficinas y agencias de los estados
nacional y local: el programa de acceso a la justicia ATAJO, del Ministerio Público Público Fiscal;
agencias ligadas al Ministerio de Trabajo y de Educación especialmente a través de sus programa s
para jóvenes: Fines, Progresar, etc7 . A la vez es evidente también allí, en este barrio, la presencia
del Estado de la Ciudad de Buenos Aires. Un barrio que no dejaba de figurar en las crónicas, relatos
e informes en materia de violencia institucional8 .

Y digo que resultaba especialmente relevante ver cómo “encarnaba” esa noción ya esa era
(y aún es hoy) una cuestión de especial interés en mi investigación. Y ello así porque entiendo que
para poder comprender cómo se piensa la violencia policial hoy en los barrios y en los sectores
populares, cómo se construye y sostiene un abanico de significados en torno a la noción de
derechos humanos, para comprender cómo se piensa y se sostiene el activismo en este campo es
necesario explorar el significado de la noción “violencia institucional” atendiendo a la misma en
su carácter de categoría política local. Es decir, genéricamente hablando se trata de una noción
con un significado relativamente extendido que consigue identificar, clasificar y en gran medida
también calificar un tipo de prácticas y de hechos, unas formas de hacer y unos estilos
institucionales y unos actores, en el campo de lo que puede ser presentado como violencias de
estado. Su condición de categoría política local nos revela que no es sólo una palabra, sino una
nominación que indica -con una notable condensación de sentido- determinadas valoraciones en
torno a la violencia de estado, al desempeño de las fuerzas de seguridad y a los derechos humanos
como horizonte político. Una nominación que fue siendo construida progresivamente como
resultado de la articulación entre la reflexión y la acción de la militancia del campo de los derechos
humanos (lo que hoy de manera más o menos extendida llamamos activismo jurídico o legal o

patrones o series en las que se inscriben amerita sin dudas otros texto sque aún tengo pendientes.
7 Referencias.
8 Referencias.

4
activismo 9 ) ligada a organizaciones sociales, y colectivos y grupos de demanda de justicia.

Definirla como categoría política local permite por una parte identificarla como una
categoría que se revela como parte del campo de indagación y por otra parte como una categoría
“nativa” que opera de manera activa en la lectura de diversos hechos y/o dinámicas (que involucra n
a la violencia estatal) y por tanto incide en la consideración, valoración y clasificación de ciertos
acontecimientos y hechos. Su propia construcción, así como su progresiva definición -no exenta
de debates, disidencias, acuerdos y algunos consensos parciales- la revela como una herramie nta
para la lucha política, como una nominación eficaz para batallar contra la violencia generada
fundamentalmente (aunque no exclusivamente) por las policías y las fuerzas de seguridad. Y ello
le da también condición de producto histórico. Podría decirse entonces, que esta nominación en
cierto modo podría ser vista como la condensación -aún inestable en cuanto a sus límites- de una
serie de definiciones e ideas en estado de debate y discusión en torno a la violencia ejercida por el
Estado; y en tanto condensa posiciones e intenta identificar, definir y clasificar prácticas y acciones
está en gran medida atravesada por códigos de valores e ideas y por eso, de algún modo, supone
unas valoraciones morales y unas definiciones en torno a campos de acción social (Da Matta, 1997:
14-15). En este sentido, sostener que la “violencia institucional” es una categoría política local
supone afirmar que adquiere su significado en un contexto local, como resultado de un proceso
histórico particular y específico en el mismo en que a su vez “se moldean sensibilidades legales y
morales” (Eilbaum y Medeiros, 2015).

Por lo demás, pensarla de ese modo posibilita no sólo indagar acerca de sus usos políticos
específicos y su poder, sino que al analizar su puesta en juego (en esta condición) también es
posible advertir que su definición y su valor no están completamente acabados y que su proceso
de definición importa e implica tensiones y disputas en torno a eventuales valoraciones morales
divergentes. Por eso, pensar y abordar el análisis de esta categoría pensando en cómo “encarna”,
es decir en cómo es apropiada y se hace carne y cuerpo en intervenciones barriales, en un denso
espacio social atravesado por violencias de diferentes valoraciones y significados, en cómo se
construye localmente su significado, y de qué manera en ese espacio local un grupo en particular
como lo son los jovenes lo colocan presentaba para mí una serie de cuestiones más que relevantes
para analizar10 . Y ello implica atender al desempeño de los colectivos sociales y politicos locales,
al de las agencias estatales con emplazamiento territorial, al de los propios vecinos y
organizaciones vecinales movidas por diferentes intereses (plenamente barriales, políticos, locales
y ligados a áreas estatales, etc.), es decir a una densa trama de relaciones sociales. De hecho, ya
sólo a través de esta enumeración es posible advertir que la malla, el tejido, que dibujan esas redes

9 Cuando a principios de la década del ‘90 iniciamos nuestras investigaciones en el Equipo de Antropología

Política y Jurídica en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de


Buenos Aires (www.antropojurídica.com.ar) no trabajábamos con la categoría activismo. De hecho, podría decirse
que la misma es en parte resultado de aquellos procesos sociales y políticos que estudiamos, pensamos y sobre los
cuales comenzamos a intervenir desde nuestro propio oficio. El activismo podríamos decir que comenzó a ser
conceptualizado, definido y analizado como un tipo particular de actor colectivo y político en sentido amplio, poseedor
de un poder y una expertise específica como resultado de la consolidación de las experiencias de lucha, de la
generación de espacios de litigio, de la intervención en una arena ampliada por derechos y demandas de justicia en un
escenario donde el derecho internacional de los derechos humanos y el litigio estratégico ampliaba posibilidades a los
movimientos sociales y a todos aquellos grupos o colectivos sociales que venían con una larga experiencia de
confrontaciones y demandas de justicia.
10 Es en esa línea que trabajé en las ponencias presentadas en la Relaju/FLAD y en la RAM. Y también en la

que escribe el artículo para la Revista Espacios.

5
de relaciones entre grupos y actores que además presentan diferentes inscripciones instituciona les
y políticas de pertenencia es densa y está atravesada tanto por afinidades y proyectos comunes
como -cuanto menos- por diferentes intereses, lealtades y objetivos.

2.

Escena 2. Unos días después del Festival combinamos11 para encontrarnos nuevame nte
con Lucas. Queríamos organizar un encuentro con otros jóvenes del barrio, muchos de ellos amigos
suyos desde la infancia, para conversar acerca del desempeño de las fuerzas de seguridad en el
barrio. Nos sentamos en unas mesitas con bancos de concreto en una placita pequeña frente a uno
de los comedores comunitarios importantes del barrio (ese comedor tiene cerca de 16 años) y a
pocos metros de una garita de la prefectura que, en ese momento estaba sin agentes apostados en
ella. Mientras conversábamos la vida barrial transcurría, era un sábado de verano al mediodía.
Pasaban algunos vecinos que saludaban a Lucas y nos eran presentados. Pasó un hermano de Lucas
que iba en busca de un remedio casero y conversó un rato con nosotros. Pasó luego también un
matrimonio joven llevando su bebé en el cochecito. A él ya lo habíamos conocido en el festival: el
Chino. Lucas nos contó la “complicada” historia de ese muchacho que “ahora se rescató, porque
antes él andaba rastreando, viste?, de vez en cuando vuelve, es como que no puede dejarlo del
todo, pero se está rescatando, compra y vende cosas ahora”. Lucas nos cuenta que hace poco el
intervino para defenderlo porque como tiene “fama de rastrero en el barrio” cada tanto lo buscan.
Esa vez fue la Prefectura. No queda claro –Lucas no lo sabe- si esta vez el Chino había vuelto a
robar o era una especie de “correctivo” que la “la fuerza” le aplicaba para que no volviera a hacerlo.
Lucas cuenta que algunos vecinos ven bien que “la policía” (ese genérico que suele usarse para
hablar de las distintas fuerzas de seguridad más allá de luego se las identifique y califique de
manera diferencial) castigue físicamente a los jóvenes, “como para que no se atrevan a hacer
cualquier cosa acá en el barrio. Yo entiendo que está mal, pero también entiendo por qué los
vecinos piensan eso”, dice. “Pero esa vez (hace unas noches) le estaban dando duro, lo metieron
acá en la garita y le empezaron a pegar, y le pegaban, y le pegaban. Y yo me metí, viste? Yo soy
de la Campaña contra la Violencia Institucional, porque qué le están pegando? Él tiene sus
derechos, nosotros tenemos nuestros derechos! dije yo. Ah! Sí? O algo así me dijeron y medio que
se me tiraron encima a mí también y tuve que salir corriendo yo y qué Campaña ni Campaña! Por
eso viste, no es fácil cuando estás solo y tenés que ir a poner el pecho vos, y vos viste que yo me
achico pero esa vez tuve que salir rajando”. Lucas se reía de su propio relato pero a la vez decía
estar preocupado. Por eso, nos contaba con detalle acerca de cómo pensaba él que debía armar las
actividades ligadas a la Campaña. Apenas un mes atrás había organizado el Primer Festival Rap y
el evento había tenido un impacto grande en el barrio.

Estábamos conversando sobre esto cuando se acercó Isabel. Es ella quien sostiene el Comedor que
funciona desde el 2000. Isabel es de Paraguay y vive hace muchos años, más de veinte, en el barrio.
En el barrio también vive gran parte de su familia residente en Argentina. Hablamos sobre el
trabajo del comedor: la cantidad de raciones, cómo era cuando comenzó, de lo que aprendió y
cuánto desde sus inicios hasta ahora; hablamos también acerca de la red de comedores del barrio
y de las relaciones entre ellos; y también de las dificultades para la administración y de las

11 La referencia al plural es porque éramos tres investigadores del equipo que participamos de la conversación

y que habíamos planificado ese encuentro con Lucas a quien ya conocíamos de otras actividades, encuentros,
entrevistas y conversaciones.

6
gestiones habituales con diferentes agencias estatales. Eso lleva a hablar de gente en común y de
gestiones e intervenciones de unos y otros. Es a través de ese hilo, de esa deriva de la conversación
(conocidos, agencias estatales, agencias locales) que Isabel le cuenta a Lucas que uno de sus
sobrinos que estuvo detenido en un penal de La Pampa consiguió resolver su situación procesal y
penal, y así salir de prisión, gracias a las gestiones de un cura del barrio que contribuyó a acercar
a declarar a un testigo clave cuyo testimonio lo desincriminó. Es a raíz de ese relato que Isabel,
después de contar acerca de la alegría por el destino de su sobrino y del agradecimiento que siente
hacia el cura, nos cuenta que su hijo le pasó lo mismo que a su sobrino solo que no corrió con la
misma suerte. Y entonces Isabel nos contó la historia de Natán, su hijo, que está preso.

“Nosotros vivimos acá. Y ahí enfrente mataron a un vecino, a un pibito llamado Jambao.
Y culpa de eso mi hijo se comió un garrón…Son una mierda! Porque fue otro pibe [el que lo mató]
pero ese pibe no era de acá, paró nomás por unos días acá. ¿Y quién se comió el garrón? Mi hijo!
Porque la mamá estaba emperrada en que había sido mi hijo, que era mi hijo, que era mi hijo. Se
encegueció viste, la mamá? Quería justicia ciega, así, a dos manos. Mi hijo hace cuatro años que
está preso, cuatro años! Es una mierda. Creyendo en la justicia mi hijo no se escapó. Porque pensó
que se iban a hacer las cosas bien y a la final es una mierda todo…Doce años le habían tirado.
¿Ves ese pibe que va a ahí manejando el carrito, caminando? Dice Isabel y nos señala al Chino
que un rato antes había pasado por allí, aquel de quien Lucas nos había contado su historia
“complicada” y el reciente episodio de violencia. Él está en la causa, por culpa de ese pibe empezó
todo el quilombo, y él está libre y mi hijo se comió todo el garrón
María-Fue un quilombo entre pibes?
Isabel-Sí, sí. Él fue que el con el primo le robó la camperita a un amigo de Jambao y ahí empezó
todo. Y como fue enfrente de casa y mi hijo estaba sentado ahí fumando porro, ya por eso... Y se
juntaron algunos vecinos que obvio que no querían a mi hijo, y fueron testigos así falsos,
mentirosos.
Joaquín-vecinos tuyos que salieron de testigos? Y a ellos los ves todos los días?
Isabel-sí, encima los vecinos mintieron de película todo, mirá las vueltas de la vida, ese vecino
tuvo que ver, estuvo involucrado con la muerte de un pibito de acá, de Coqui que lo mataron porque
era fisurita que hacía ruido no sé qué después al tiempo. Dónde está ese testigo clave que lo acusó
a mi hijo? Está en Ezeiza, todo lo que él mintió por mi hijo ahora se le dio la vuelta, eh!?
Lucas-el Rey?
Isabel-No, el otro, el Dani. Ese señor que mintió todo en lo de mi hijo está por la muerte de ese
chico ahí preso en Ezeiza. Ya va a hacer un año. Ese señor lo hostigó, lo corrió a tiros, lo apuñaló,
lo dice todo el mundo pero ahí el también apuñaló,…la vida le dio un cachetazo, porque una tanto
hacer cosas y buenas y mirá lo que te pasa. Pero ahora donde está el señor? en Ezeiza (el penal)!
Acá me decían: ¿querés que le mande un saludo? Pero no, por favor! yo no estoy resentida, dejá,
la vida se lo va a cobrar, no me voy a complicar ni a ensuciarme, porque uno con odio, con
resentimiento, con la conciencia sucia, después ¿cómo va a vivir? ¿qué te queda? Te amargás la
vida, te envenenás el alma, no podés ser feliz! Yo siempre vivo sonriente, por todos lados camino.
Camino por todos lados con la conciencia tranquila. Entonces ¿por qué voy a hacer una maldad?
No vale la pena
María-Y con los vecinos, no te hablás más con ellos?
Isabel-Sí, los saludo, les ayudo, todo bien. Hay que estar también en el lugar de una mamá, mi hijo
(otro de sus hijos) tenía 15 años y falleció en una accidente de colectivo así que imaginate ese
dolor de muerte de un hijo, eso no te lo saca nadie (y eso que fue hace como 10 años). Natán tiene

7
22 años.
Lucas-entonces está desde los 18? Sí, entró a los 18, hacía una semana había cumplido los 18 años.
Fue padre”.

Isabel relata las visitas al penal y las comidas que lleva. Y cuenta que su hijo la comparte
con los otros. La condena de Natán es de doce años, pero Isabel cuenta que no tiene mala conducta,
que se lleva bien con “la policía” (el servicio penitenciario) y con todos “tiene conducta excelente,
está estudiando en todos los cursos, va a todos los talleres y está tranquilo. Trabaja ahí, se lleva
bien con todos los profesores, con toda la gente”. Es probable que por “primario” y por buena
conducta su pena se vea reducida y salga en libertad antes de esos doce años 12 .
-Qué me voy a escapar mamá, si yo no lo maté! me decía. Y los vecinos lo querían linchar. Pero
después los chicos se dieron cuenta también que Natán no fue, se enteraron bien de las cosas. Pero
al principio estaban encegados. Después, sin embargo, algunos me pidieron disculpas. Acá está
todo. Yo estoy acá, no me escapé ni me escondí porque sé las consecuencias y porque yo tengo fe
en mi hijo y sé que mi hijo no es asesino.
Lucas- y sí, no fue! Y saben todos que no fue. Ahora lo saben todos que no fue. Es lo que te digo,
pasa que cuando los vecinos declaran ahí…
Isabel-es que estaban encegados, encegados! y mirá ahora dónde está ese!? en Ezeiza”

Nos despedimos de Isabel y nos fuimos con Lucas. Íbamos a volver a ver el mural de
Jambao. Caminamos apenas unos minutos en silencio.
-“Ese chico, el preso, el hijo de Isabel, lo está por la muerte de Jambao”, dice Lucas.
-“Me pareció entender eso”, dije.

Nosotros desconocíamos la historia Jambao. Sólo sabíamos que era un chico del barrio,
muy querido, al que habían matado. Como el mural se estaba realizando en el marco del Festival
y como actividad de la Campaña contra la Violencia Institucional pensamos que había sido muerto
por alguna de las fuerzas de seguridad. De hecho en el barrio hay varios jóvenes muertos en esas
circunstancias y hay murales y monolitos que los recuerdan. Pero la historia que acabábamos de
conocer, la historia que nos había contado Isabel colocaba la muerte de Jambao en una trama de
relaciones, conflictos, acusaciones y condenas que no conocíamos y que ahora, al conocer, nos
presentaban una configuración diferente de relaciones. Jambao no era una víctima de la violenc ia
institucional. Pero él y su historia –lo que ella representara-, una historia conocida para el barrio,
para los locales y tampoco para cualquier local recién llegado era alguien que por las razones que
fuera hoy era una imagen y un mural. Una cara de un joven vecino, amigo de algunos, pariente de
otros, alguien conocido del barrio que era destacado para estar allí recibiendo un recuerdo público
(su rostro y el: siempre presente!) y recordando sus palabras, su frase habitual y preferida: siempre
positivo.

Mientras miramos el mural otra vez seguimos conversando con Lucas que nos cuenta
entonces que Jambao es hijo de una vecina de Isabel. “Vive en la casa de al lado. Él era un pibe
re-bueno, mucha cabeza, trabajador, muy, pero muy trabajador. Era un pibe con el que podías
hablar. Hablabas cosas interesantes, podías charlar. Y su frase era siempre positivo, vos siempre
positivo te decía, a todos les decía. Era re querido, era muy querido.
Flor-Vos cuando lo conociste todavía no militabas?

12 Natán salió en libertad a mediados de este año, luego de casi cinco años de detención.

8
Lucas-ya empezaba, ya estaba acelerado yo
Flor-y él militaba?
Lucas-No, pero tenía un conocimiento! Era un laburante. Era inteligente, muy piola, laburador,
podías hablar
María-le interesaban los demás?
Lucas-los amigos. Paraban acá, con los pibes, acá en este pasillo (donde se hizo el mural).
María-y ellos quiénes eran?
Lucas-los de la vía. Los de Natán, que eran los chorros. Ellos eran los de la vía. Y los de acá, los
de la Loma. Es histórico eso. La historia es que le afanaron la campera a un amigo de Jambao, los
pibes de allá, los de la vía, que eran re-bardo. Ellos eran los pibes chorros y nosotros supuestame nte
los buenitos, los giles. La cuestión es que el amigo de Jambao se fue para allá a ponerles los puntos,
y ahí dos se envalentonaron y pelearon, y bueno uno tenía una arma y se la puso acá (en la sien) y
le disparó. Todos rajaron. Pero Natán no apareció por tres días. Se asustó. Y ahí todo el mundo
empezó a decir que había sido él.
Flor-y sigue eso? Los de la vía y los de la Loma?
Lucas-No, ya fue! Ahora somos todos uno. Pasa que los tiempos van cambiando, los pibes paran
todos acá ahora. Nosotros éramos los de La Loma, los que estábamos bien. Y los otros eran los
que iban a afanar. Nosotros éramos los giles, bah!
Flor-los que no sabían nada…
Lucas-claro, supuestamente, digamos. Y no nos metemos en ninguna. Y ahí, bueno, esa interna…
nada, son los parientes de Isabel que eran terribles
María- ¿Eran terribles?
Lucas- Terribles! Yo ahora tengo una mirada más cultural de por qué, más profundo, cómo llega
un pibe a ser así, ¿no? Antes no, eran todos terribles, “esa familia”. ¿Por qué son todos terribles?
decís vos …Ahora tengo otra lectura, otra forma de ver la cosas, por qué son todos terribles decís
vos, no? Los primos, son todos delincuentes, y los hermanos, salen todos así. Y vos lo mirás a un
pibito y sabés que no es así, yo creo que a ese pibito hay que acompañarlo, hay que dar el ejemplo
de que una persona buena, un pibes que estudia tiene que ser un referente, no el hermano que está
en cana, eso hay que cambiar. Que tomen como ejemplo a otro y ahora cambió mucho porque
están todos presos y hay muchos que dejaron de robar porque está jodida a calle, los pibes que
salen a robar la van a cajetear ahora (la van a pensar) y sí, la pensás dos veces porque ya murieron
muchos pibes, ya cayeron en cana unos pares y no querés también, en ese sentido está tranquilo.”

Ciertamente la conversación develó muchas otras tramas de relaciones entre vecinos,


amigos, compañeros, conocidos y desconocidos. Acusaciones, condenas, perdones y olvidos tal
vez necesarios para poder continuar la vida diaria, ideas de destino y de compensación de castigos .
En el relato de Lucas, la época en que pasó lo de Jambao es una época a la que no se quiere volver.
“Ni ellos eran tan terribles, ni nosotros tan giles” dice.

3.

Escena 3. Tres meses después de aquella conversación vuelvo a charlar con Lucas. Me
cuenta que se le hace difícil sostener ante los vecinos del barrio la Campaña. “Es difícil que te
entiendan que no bancás a los pibes cuando chorean a los trabajadores. Es difícil que los pibes que
chorean te entiendan que no es que los estás habilitando para que hagan cualquiera y que los vas a
ir a salvar, que no los vas a bancar en todas y que no es que por eso sos un careta. A los vecinos

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yo no le puedo decir que banco a un pibe que los chorea, que lo defiendo para que puedan seguir
choreando, porque no es eso, no? ¿Qué hago cuando me dicen que laburaron toda una semana para
comprarle el celular a la hija y ese pibe se los afanó? ¿Qué hago con ese pibe para que entienda
que no es que lo voy a ir a salvar para que pueda seguir choreando?


Con Lucas recién volvimos a hablar sobre Jambao y el mural un tiempo después, mientras
veíamos rapear a un grupo de chicos del barrio. Recordábamos el primer festival, el del verano.
Recordamos a quienes habían estado, cómo había resultado, y también recordamos el proceso de
pintura del mural.

-Por qué Jambao es mural? le pregunté.


Lucas- Por qué a él y no a otro, no?
María-claro, no todos tienen un mural no es cierto?
Lucas-No. No cualquiera. Lo tiene porque es alguien. Pero también por lo que significa.

Fue a partir esa afirmación tan contundente de Lucas que volví a revisar todas la
anotaciones de estos meses. Se es un mural por lo que se fue, pero además por lo que esa persona
(y sus significados enlazados: máscara, imagen social, figura, representación) significa 13 . Y eso
que significa es resultado de una trama, de una malla de relaciones sociales y de una serie de
significados impresos sobre ella. No parece haber sido sólo el prestigio o la reputación de buena
persona que tenía Jambao lo que lo convirtió en mural. Su conversión en mural parece ser resultado
de un trabajo mucho más denso y complejo. Creo advertir que ese mural es, para para quienes
decidieron que Jambao lo fuera, algo más que lo que Jambao era: lo que significa. No estamos aquí
y hoy en condiciones de dar cuenta acabadamente de todo aquello que podría significar, pero de
resultas de nuestro trabajo de campo alcanzamos a advertir una serie de valores morales que
Jambao representaba para Lucas, que es de quien finalmente estamos hablando: el pibe trabajador,
inteligente; el que resolvía componendas, quien no temía a ir hacia los otros grupos –aunque fueran
tenidos por enemigos- a confrontar con sus armas (la palabra) porque había ido a conversar, que
se jugaba todo por los amigos, que no se ofendía por ser llamado gil, que hablaba con los más
jóvenes (como el propio Lucas).Y junto con esto además, la figura de Jambao es también la imagen
de un tiempo que “ya fue”. Ahora ya no existe tal división entre La Loma y La Vía. Ese
“enfrentamiento histórico […] ya fue, ahora somos todos uno. Vienen a parar acá […]los tiempos
van cambiando y los pibes también […] los tiempos cambian, y los pibes después paran acá”. “Nos
tenemos que juntar a conversar acá con varios de los pibes. Así también conocés a Natán”, me dice
Lucas, “hay un grupito de pibes que quiero que conozcas, varios salieron ahora y volvieron al
barrio”.

No sería aventurado suponer que hay un recuerdo y una construcción idealizada y casi
heroica de Jambao, pero eso ya poco importa. Es decir no interesa en términos de su
correspondencia con lo que “verdaderamente” –si tal cosa existe- fue y cómo fue, sino en virtud
de cómo –en este aquí y ahora y según estas personas- es construida su imagen. Jambao, el del

13 Recuerdo público vs. recuerdo privado, memoria privada y biografía individual vs. memoria pública. Figura,
persona, máscara y mensaje.

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mural, el que es narrado por Lucas es una cifra, un significado condensado. Es una síntesis de
valores y en ese sentido podría pensarse que expresa la economía moral puesta en juego. Lo que
hace Lucas con Jambao, con esa figura, con esa narración y ese mural da cuenta de los valores
morales en los que encarna allí la Campaña. Los dilemas y dificultades de Lucas para sostener,
“cara a cara” con los “vecinos” y con “los pibes” las actividades e intervenciones de la Campaña
parecen tratar de resolverse en la imagen de Jambao. El pibe bueno, trabajador, siempre positivo,
que es también la imagen y los valores en los que reposa la reputación y prestigio que hace al
propio Lucas y al centro cultural.

4.
Decía que me interesaba pensar sobre la historia este mural y sobre las razones de su
producción, es decir que me interesaba comprenderlo como un imagen que condensa una densa
trama de relaciones y significados. Y decía que esa propuesta de análisis posibilitaba pensar sobre
dos asuntos. Uno, referido a la forma en que una noción como la de violencia institucional encarna
localmente, es decir de qué manera se daba en un espacio y tiempo específicos, en un espacio
social particular construido por y atravesado por tramas y mallas de relaciones una noción desde
mi perspectiva, debe ser leída y analizada qua categoría política local. El otro asunto, por cierto
ligado a esta forma de pensar las prácticas sociales y también los “objetos” resultantes de ellas
(como el mural en tanto “cosa” portadora de valor y significado), podría decirse que coloca ciertas
preguntas de orden metodológico. ¿Cómo trabajar con los hechos, con los eventos, situaciones o
episodios que nos son narrados? ¿Dónde o cuándo empieza un hecho? Ciertamente esa pregunta
antes que estar orientada al encuentro de un presunto origen o punto cero es una pregunta que
debería hacerse metódicamente, es producir vigilancia acerca de la construcción de la narración
de un hecho y llamada de atención acerca de la/s pregunta/s correcta/s: ¿dónde o cuándo empieza
un hecho? Esto es: de acuerdo a quién, narrado por quiénes, relatado cuándo, en qué circunstanc ias,
a propósito de qué o para qué, antes quienes (audiencia, motivos, intereses). Y creo que esa
pregunta de método se presenta especialmente iluminadora a la hora de indagar sobre las densas
tramas de relaciones que ligan a unos y otros actores, allí donde las nociones de “malla” (Kant)
“interdependencias mutuas” (Elías y Sigaud) y la metáfora “fuera de cuadro” (Blaseotto) se revelan
eficaces para organizar la construcción de la investigación. Efectivamente, de haber narrado la
historia del mural sin conocer la historia de Isabel y la fama barrial de sus parientes (porque los
parientes de Isabel, y por contigüidad Isabel y su familia eran tenidos por el barrio como
“terribles”: esto es jóvenes en situación de conflicto con la ley penal, pibes que era tenidos por el
barrio por “pibes chorros” –y que además vivían en “el lado de los chorros”, porque eran los de la
“vía”- y cuyos padres generalmente estaban presos y sus hijos parecían repetir sus destinos) y de
sus vecinos hubiera impedido conocer mucho más acerca de esta malla de relaciones (Kant), que
en cierto modo da cuenta de “interdependencias mutuas” (Elías y Sigaud). Las razones por las que
Isabel no debe o no puede romper con las relaciones con sus vecinos pesan tanto como las razones
de sus vecinos para no romper con Isabel y sus parientes. El propio Lucas, amigo y admirador de
Jambao, se encuentra, comparte y departe con Isabel. Sabe de la falsedad de las acusaciones. Y a
la vez no condena a esos vecinos que acusaron injustamente a Natán que hoy es uno de los pibes
que son parte del grupo con el que están planeando un nuevo Festival de Rap.

Este trabajo es más que preliminar. Sé que resta mucho por analizar, pero también sé que
las nociones de “malla” (Kant de Lima) así como la de “interdependencias mutuas” (Elias y

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Sigaud) deben ser puestas en juego en este trabajo. No obstante es también la noción “fuera de
cuadro” (Blaseotto) la que puede tener lugar aquí. Esta es, claro, una noción traída por la fotografía,
el cine y por las artes plásticas en general. La pregunta acerca de cuál es el punto de vista es la que
indica la perspectiva y su alcance, y es también por ello la medida de la mirada. Y es esa medida
de la mirada la que define los límites de ese “cuadro” en el que se encaja la mirada. Esa(s) nociones:
mirada, perspectiva, punto de vista, encuadre y, por ende, cuadro implican además de lo que se
enfoca lo que se deja por fuera. Estar advertido para explorar (mirar) aquellas tramas de relaciones
que parecen quedar “fuera de cuadro” tomada qua metáfora se nos presenta como una estrategia
eficaz para organizar la construcción de la investigación. La potencia de la metáfora reside en que
la misma pone en juego una serie de detalles que pueden resultar de utilidad a la hora de sostener
nuestra pregunta metódica. Por ejemplo: lo que está fuera de cuadro (que es un también un fuera
de campo) puede ser percibido a través de otros elementos (sonidos, tipos de planos de la
secuencia, tipos de planos que se definen también según tamaño, ángulo, duración y posición,
movimientos). El juego de “traducción” a situaciones sociales de este lenguaje nos ofrece una
alerta y mayor disposición al detalle de la situación/circunstancias en las que durante el trabajo de
campo vamos reconstruyendo hechos, casos y eventos por la vía de las narraciones y relatos,
acciones, redes de relaciones, rumores, acontecimientos anteriores o posteriores al que nos está
siendo referido y narrado y que por unos y otros actores son enlazados y asociados o bien
desestimados, o negados. En cualquier caso no se trata sólo de los problemas que resultan de
trabajar con diferentes “versiones” de los hechos, sino de las tramas sociales y de significación en
la que los mismos resultan inteligibles para quienes las narran y explican. Cómo aproximarse a
ellas es parte de una preocupación que liga problemas conceptuales y metodología.

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