You are on page 1of 630

Juan A.

Roccatagliata
(Coordinador)

La Argentina:
Geografía General Y
Los Marcos Regionales
AUTORES
Dr. Juan A. ROCCATAGLIAT A(Coordinador). Profesor de la Universidad de Buenos Aires y
de las Universidades Nacionales de La Plata y Tandil; asesor y consultor de organismos
gubernamentales y no gubernamentales. Profesor titular del Instituto del Servicio Exterior de la
Nación. Asesor· técnico de la Presidencia de la Nación.

Prof. Dra. Selva SÁNTILLAN de ANDRES: Profesora titular de la Universidad Nacional de


Tucumán. Miembro de número de la Academia Nacional de Geografía.

Lic. Susana BEGUIRISTAIN: Licenciada en Geografía. Investigadora. Asesora técnica del


Ministerio de Educación y Justicia de la Nación.

Prof. Dr. Alfredo S. C. BOLSI: Profesor-Investigador de la Universidad Nacional de Tucumán


del CONICET.
Miembro de número de la Academia Nacional de Geografía.

Prof. Dr. Enrique BRUNIARD: Profesor titular y director del Instituto de Geografía de la
Universidad Nacional del Nordeste.
Miembro de número de la Academia Nacional de Geografía.

Prof. Dr. Ricardo CAPIT ANELLI: Director del Instituto de Geografía de la Universidad
Nacional de Cuyo y profesor titular de la mencionada Universidad. Miembro de número de la
Academia Nacional de Geografía.
Prof. Dr. Federico A. DAUS: Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.
Ex presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos.
Miembro de número de la Academia Nacional de Geografía.

Prof. Servando R.M. DOZO: Ex director del Instituto de la Producción de la Universidad


Nacional de La Plata. Profesor titular en las Universidades de La Plata y Buenos Aires. Miembro
de número de la Academia Nacional de Geografía. Ex presidente de la Sociedad Argentina de
Estudios Geográficos.

Prof. Graciela De Marco de GARGIULO: Investigadora asistente del CONICET.


Profesora en la Universidad del Salvador.

Lic. Ricardo GOMEZ INSAUTI: Investigador asistente del CONICET.


Profesor adjunto ordinario de la Universidad Nacional de La Plata. Docente de la Universidad de
Buenos Aires.

Prof. Mirta GONZALEZ: Profesora-Investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata y


de la Facultad de Cien cías Agrarias de Balcarce.

Prof. Lucía BORT AGARAY de MAQUEDA: Asesora, investigadora, profesora universitaria y


docente de la enseñanza media y terciaria no universitaria.

Lic. Alberto PELAEZ: Profesor de la Universidad de Buenos Aires


Asesor Técnico de 1a Presidencia de la Nación

Prof. Dr. Raúl C. REY BALMÁCEDA: Investigador del CONICET.


Profesor titular de la Universidad de Buenos Aires. Presidente de la Sociedad Argentina de
Estudios Geográficos
Lic. Alberto PELAEZ: Profesor de la Universidad de Buenos Aires
Asesor Técnico de 1a Presidencia de la Nación

Prof. Dr. Raúl C. REY BALMÁCEDA: Investigador del CONICET.


Profesor titular de la Universidad de Buenos Aires. Presidente de la Sociedad Argentina de
Estudios Geográficos

Prof. Teodoro RICCI: Profesor titular de la Universidad Nacional de Tucumán.

Prof. Ana del Carmen YEANNES: Investigadora.


Profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Prof. Dr. Mariano ZAMORANO : Profesor titular de la Universidad Nacional de Cuyo.


Ex vicepresidente de la Unión Geográfica Internacional,
Miembro de número de la Academia Nacional de Geografía

CARTOGRAFIA: La cartografía fue realizada por la profesora Lic. Mónica García Profesora
titular ordinaria en la cátedra Geomorfología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
HOMENAJE

Luego de la aparición de la edición, se produjo el fallecimiento de dos


autores, Federico A. Daus y Servando R. M. Dozo, destacados cultores de la
ciencia geográfica.
La coordinación y los autores de esta obra rinden un justo y emocionado
homenaje a la memoria de los queridos e insignes maestros.

Buenos Aires, otoño de 1991


5

ÍNDICE
Palabras preliminares............................................................................................................................ 8
Prefacio.......................................................................................,........................................................10
Introducción. Visión de conjunto de un país nuevo.
Dr. Juan A. Roccatagliata....................................................................................................................12

PRIMERA PARTE

1. Conformación del sistema político territorial


Dr. Raúl C. Rey Balmaceda /
Prof. Graciela M. De Marco …. . . ………………………………………………….... ...... ..19

2. Los ambientes naturales del territorio argentino


Dr. Ricardo G. Capitanelli ………………………………………………………………….....54

3. Las etapas de ocupación del territorio argentino, una rápida


expansión con valoración parcial del territorio
Prof. Lucía L. Bortagaray ……………………………………………….…………………. 112

4. Población y economía, geografía de las formas económicas y de los asentamientos


4.1. Breve reseña de la evolución de la economía argentina
Lie. Alberto H. Peláez………………………………………………………….............132
4.2. Población y poblamiento
Dr. Raúl C. Rey Balmaceda………………………………………………………….......147
4.3. Recursos naturales potenciales, parcialmente valorados
Prof. Lucía L. Bortagaray..................................................................................................158
4.4. Economía agroganadera de vocación exportadora
Prof. Mirta S. González ……………………………………………………….......179
4.5. Los recursos energéticos del territorio argentino
Prof. Servando R. M. Dozo ...............................................................................................204
4.6. Industria no integrada y concentrada con desarrollo interrumpido
Prof. Servando R. M. Dozo ........................................................................................... . . 238

5. Urbanización y sistema urbano


Dr. Juan A. Roccatagliata / Lic. Susana Beguiristain…...................................................252

6. Los transportes y las comunicaciones


Red radiocéntrica y centralizada con marcada convergencia de los flujos hacia el área
central y con escasa complementariedad intermodal
Dr. Juan A. Roccatagliata .................................................................................................272

7 Comercio e intercambio
Prof. Lucía L„ Bortagaray………………………………………………………………....300
6

SEGUNDA PARTE

Geografía regional. Los conjuntos regionales………………………………………………...........328

1. Regionalización
Dr. Juan A. Roccatagliata…………………………………………………………….. . . . 331

2. La región metropolitana de Buenos Aires, una desproporcionada concentración


Lic. Ricardo Gómez Insausti………………………………………………………...........350

3. La macrorregión pampeana agroganadera con industrias urbanas y portuarias


Dr. Federico A. Daus, con la colaboración de la Prof. Ana del Carmen
Yeannes……………………………………………………………………….……...........375

4. Región agro-silvo-ganadera con frentes pioneros de ocupación del Nordeste


Dr. Enrique Bruniard / Dr. Alfredo S. Bolsi......................................................................414

5. La región del Noroeste argentino: paisajes heterogéneos con economía mixta


Dra. Selva Santillán de Andrés / Prof. Teodoro R. Ricci………………………….........454

6. Región cayana de los oasis agroindustriales


Dr. Mariano Zamorano…………………………………………………………………480

7. Región de los núcleos económicos fragmentados de las sierras pampeanas,


con oasis pobres y economías de subsistencia
Dr. Mariano Zamorano………………………………………………………………..516

8. Patagonia, un medio duro, dominio de ovejas, con focos pioneros


de ocupación e industrias promovidas
Dr. Ricardo G Capitanelli…………………………………………………………….546

9. La porción oceánica y la porción antártica, dos espacios en cuestión


Dr. Raúl C Rey Balmaceda……………………………………………………………………….587

TERCERA PARTE

Crisis, cambio económico y político de ordenación territorial


Dr. Juan A. Roccatagliata…………………………………………………………………………. 614

Índice de mapas, cuadros e ilustraciones......................................................................................................626


DEDICATORIA

El coordinador y coautor de la obra, dedica la misma


a la memoria de su hermana Marta Elena.
8

PALABRAS PRELIMINARES
"Algunas regiones de América fueron conocidas con apelativo fijo y estable, des de
los días iniciales del descubrimiento o de la conquista, como el Perú, Brasil y Chile,
pero otras; y entre ellas la Argentina, no llegó a tener designación alguna fija, perenne y
aceptada por las gentes de aquende y allende del Atlántico, hasta muy entrado el siglo
XIX. Lo más curioso es que una sección de la Argentina la más lejana y la todavía
menos poblada, gozó de una denominación propia desde los primeros tiempos, y ella
sólo varió accidentalmente, ya que, si unas veces se le denominó Patagonia o Tierra
Patagónica, otras veces se decía Tierra o la Región de Gigantes, pero en uno y otro caso
la toponimia era sustancialmente la misma, pues era la Región de los Patagones o
la Región de los Gigantes Patagones, pobladores otrora, según se creía de las zonas
australes de nuestro país.
Pero, ¿cuál era el apelativo de la región, situada al norte de la Patagonia y al sur del
Trópico de Capricornio? Sólo en épocas muy cortas se dio a esta zona de la América
Meridional el apelativo de Tierras de Solís, de Tierra Argéntea, Tierra de Tucumán,
Parte del Perú y Colaoprovin, esto es, Provincia de Colao, y sino la región, ciertamente el
curso de agua que llamamos Río de la Plata, se llamó Uruguay, Mar de Wolís, Paraná y
Paranaguaco, corrupción sin duda de Paranaguazú.
Pero de los muchos nombres con que fue conocida otrora lo que es hoy la
República Argentina, queremos detenemos en tres de los mismos, por haber sido uno de
ellos el primero de los nombres con que se conoció el Río de la Plata, y probablemente
también las tierras vecinas, y por ser los otros dos los que han perdurado más.
Aunque dimos a conocer en 1933, y nuevamente en 1962, cuál fue la más
antiguo de los nombres argentinos, parece que pocos tienen idea de que el curso de agua
que ahora llamamos Río de la Plata, y es de suponer que también por la extensión, las
regiones adyacentes, se llamó en la época precolombina o presolisiana Río de Aos, esto es
Río de los Lobos Marinos, o Río Lobería. Es aun menos sabido que la Argentina se llamó
Chica, denominación que fue bastante general durante toda una centuria, desde
mediados del siglo VI hasta mediados del XVII, y que no desapareció del todo hasta
muy entrado el siglo XIX.
Hay una tercera denominación preargentina, de la que sólo tienen noticia las
personas muy conocedoras de la historia colonial, y de la que nada saben gentes en
general, siendo así que ella prevaleció desde mediados del siglo VI hasta mediados del
siglo XIX; todavía en 1841, cuando la Confederación Argentina o de las Provincias del Río
de la Plata era el nombre oficial; de la Argentina se seguía llamándose Paraguay a estas partes
de nuestro continente ... "

"Todavía a fines del siglo XVlII y principios del XIX lo que es hoy la Argentina
carecía de nombre propio, ya que si el Paraguay era una de sus partes, Tucumán, Cuyo,
Río de la Plata eran también partes o secciones, sin que hubiese, como acaecía con
Chile y con Brasil, una designación que comprendiera todas las diversas zonas o
regiones, y aun después de 1810 los nombres con que era conocida la República
Argentina se fueron sucediendo: Provincias del Río de la Plata, Provincias Unidas
del .Río de la Plata, Provincias Unidas de Sud América, Provincias Unidas del Río de la
Plata en Sud América, y aunque en ,1826 se habla oficialmente de la Nación Argentina, y
en 183l, y también en forma oficial, de la República Argentina, predominaron los
apelativos Provincias Unidas y Confederación . Aun más: en 23 de setiembre de
1860 se : declaró que de ahí en adelante, indistintamente, los nombres de Provincias
9

Unidas del Río de la Plata; Confederación Argentina y República Argentina y Argentina


serían igualmente oficiales para la designación del gobierno y territorio de las provincias,
empleándose, la expresión Nación Argentina en la formación y sanción ,de las leyes, y desde
octubre de ese año, el primer magistrado se autodenominó Presidente de la República
Argentina. No sin fundamento atribuye Rosenblat la prevalencia de la voz Argentina los
poetas anteriores y posteriores a 1810, y cierra. su preciosa monografía sobre el nombre de 1a
Argentina con estas expresiones que, con su gentil anuencia, querernos hacer nuestras: 'el
nombre de República Argentina parece hoy de tal modo consustanciado con el país,
que es imposible concebir otro nombre, y no cabe pensar que el argentino pueda
llamarse de otro modo que argentino. ¡Virtud magnífica de la historia, que convierte en
sustancial lo que ella ha forjado a través de vicisitudes y accidentes! El país pudo llamarse
Provincias Unidas del Río de la Plata, o de Sudamérica, como otro gran país se llama
Estados Unidos de América, pero se llamó y se llama la Argentina . El nombre adoptado
por los poetas ha triunfado sobre todos los nombres de la prosa oficial. Hecho
alentador, porque representa el triunfo de la poesía sobre la prosa: Paul Morand ha
podido así decir: 'Argentina, uno de los más hermosos nombres del mundo...”

GUILLERMO FURLONG S. J.
10

PREFACIO

La obra que se presenta pretende ser una síntesis de los rasgos dominantes de la
conformación geográfica de la República Argentina, concebida a través de los dos enfoques
tradicionales de la ciencia geográfica: el general y el regional.
Las transformaciones que en nuestra ciencia se vienen produciendo desde la década del 50
han dado por resultado ciertas mutaciones en el pensamiento geográfico en sus aspectos
teóricos, pero sobre todo en los metodológicos; en las técnicas de trabajo y en el tratamiento de
los contenidos.
En consecuencia se hace necesario encarar, desde estas perspectivas, una renovada geografía de
la Argentina que analice, bajo los conceptos y los procesos integradores en los que la ciencia
geográfica pone énfasis, la perspectiva espacial, en lo concerniente a la organización general
del espacio y 1a estructuración de los sistemas regionales.
En este contexto LA ARGENTINA, GEOGRAFIA GENERAL y LOS MARCOS
REGIONALES, se ha diseñado pensando en los destinatarios de la misma. Es así como se ha
escrito dirigida al estudiante universitario de geografía y de otras disciplinas que en sus planes
de estudio incluyen materias destinadas al análisis de la geografía argentina. También está
dirigida a los docentes de enseñanza media, que tantas veces en cursos y seminarios nos
hicieron notar sus necesidades en la materia. La obra en sí será de suma utilidad también a los
estudiosos en general de las ciencias sociales, consultores y a todos los que desean interesarse
por conocer uno de los aspectos más significativos de la Nación, como lo es la conformación y
la organización geográfica de su territorio.
Destinada a esos lectores, la obra ha sido diseñada pensando en lograr una síntesis integradora
a partir de ciertas dominantes.
En los últimos años se ha acrecentado notablemente la diversidad informativa,
metodológica y la de los temas estudiados. Parece que ello debería haberse reflejado en un
aumento de trabajos y manuales, pero no ha sido así.
Existen obras clásicas altamente meritorias y otras de más amplia difusión a modo de
Atlas que incorporando modernas técnicas como las derivadas de las imágenes satelitales,
constituyen permanente fuente de consulta sobre el conocimiento geográfico de la Argentina.
A su vez, en los últimos años la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, viene
publicando todos los trabajos que anualmente presentan los autores participantes de los
Congresos Nacionales de Geografía.
De igual forma y con no poco esfuerzo, se difunden los boletines de Institutos
Universitarios como los de Cuyo, Buenos Aires, Nordeste, Comahue y Tucumán.
Otras publicaciones obedecen a Institutos del CONICET y organismos no gubernamentales
preocupados por los problemas territoriales.
Finalmente debe destacarse la publicación de los Anales de la Academia Nacional de
Geografía, conteniendo los principales trabajos y disertaciones de sus integrantes.
Pese a todo esfuerzo, se consideró necesario contar con un texto en el cual se desarrollará
una visión integral de la Geografía Argentina, de fácil acceso al interesado. Esta necesidad es la
que pretende cubrir la presente obra.
Esta se divide en tres partes. La primera atiende a lo que la tradición geográfica Física, la
Humana y la Socioeconómica.
La segunda, está referida al Análisis Regional y la tercera más breve, a la problemática e la
Geografía Prospectiva.
En el marco de la Geografía Sistemática se pasará revista a la conformación del sistema
político territorial, los ambientes naturales del territorio argentino, las etapas de ocupación, la
geografía de las formas económicas y de los asentamientos, la población y el poblamiento, los
recursos naturales, la producción global, alimentos, energía, industria y servicios, el sistema
urbano, las redes de transportes y comunicaciones, el comercio y el intercambio.
11

Los marcos regionales, segunda parte de la obra, se encarnan a partir de un breve análisis
del concepto y el método regional, las discusiones en su torno y la validez del enfoque regional
para interpretar y explicar la conformación regional argentina. En ese contexto se presentan
divisiones regionales alternativas de la Argentina atendiendo a los principios de uniformidad y
funcionalidad.
Luego se desarrollan las diferentes regiones como sistemas abiertos y a partir de un
dominante organizadora, la que se traduce en la denominación de las regiones.
Finalmente la tercera parte, incluye un trabajo en el cual se ensayan algunas reflexiones
sobre la crisis, el cambio económico y las políticas de ordenación territoriales, es decir una base
para repensar la organización geográfica del territorio argentino.
Así concebida la obra, tanto en sus obras generales como en los regionales, no se han
seguido un ordenamiento lineal, sino que se hacen valer ciertas dominantes a partir de las
cuales se organiza el desarrollo de los diferentes temas. Esas dominantes se traducen en ciertas
hipótesis de trabajo que serán presentados en la introducción y a partir de las cuales se
desarrollan los respectivos temas.
En su tratamiento se han tenido en cuenta las actuales tendencias del pensamiento
geográfico, en lo atinente a teorías, métodos y técnicas, incorporándolas en la medida de las
necesidades, pero descartando un tecnicismo no propio de un texto de esa naturaleza.
En función de ello, se ha considerado que una visión integrada de la Argentina desde la
perspectiva geográfica, debería tener en cuenta tres enfoques , de otros tantos subsistemas que
interacciona entre ellos conformando ese conjunto denominado sistema territorial.
El primer enfoque hace al sistema natural con una concepción ambiental, el segundo al
sistema de asentamientos, sus vínculos y organización socioeconómica, el tercero a los sistemas
regionales.
Debe destacarse que se ha tratado de mantener la unidad de la obra en su conjunto, al
mismo tiempo que se ha respetado la pluralidad de ideas y de enfoques de sus autores,
geógrafos en su totalidad, con la sola excepción de de un economista, pero precedentes de
escuelas de pensamientos diversas y con percepciones especificas en función de su lugar de
residencia y de su tarea académica.
El último párrafo está destinado a los autores. A la coordinación de esta obra le ha parecido
oportuno que la misma fuera realizada por un amplio equipo académico, con el fin de
introducir la especialización temática, la variedad metodológica, la pluralidad de ideas y las
experiencias específicas. Todo ello dentro de un marco compatible. En consecuencia se acudió
a geógrafos de trayectoria ampliamente reconocida, con residencia en diferentes regiones del
país, todos ellos profesores universitarios e investigadores. Junto a la experiencia de los
geógrafos maduros se incorporó a un grupo de jóvenes profesores universitarios e
investigadores que están trabajando con pie firme en la vieja ciencia de Estrabón.
En o concerniente a los marcos regionales se ha preferido que cada región sea tratada por
los especialistas locales o aquellos que han dedicado gran parte de sus trabajos a dilucidar los
respectivos problemas regionales.
En síntesis, la experiencia madura y la juventud creativa se han conjugado para un trabajo
en conjunto.
El lector tiene en sus manos la 2da. edición de esta obra. La misma ha sido corregida y
actualizada hasta donde al momento de su reimpresión se disponían de datos provisorios del
censo de 1991 homologables para todo el país.
En los diferentes capítulos los autores han incorporado algunas consideraciones sobre la
evolución de cada problemática tratada en los últimos años como así también sus tendencias.
El usuario de esta obra podrá ir incorporando su propia actualización con los nuevos
datos del censo de 1991, como de los procesos de mutación en los que nos vemos inmersos los
argentinos en el comenzó de la década.
12

INTRODUCCIÓN

VlSIÓN DE CONJUNTO DE UN PAÍS NUEVO

JUAN A ROCCATAGLIATA

La República Argentina, nacida a la vida independiente en 1816,puede ser


considerada como un país nuevo, en un ámbito geográfico diverso como resultado de: una
encrucijada de hechos físicos y humanos, con una posición geográfica de aislamiento, en un
estado intermedio en lo concerniente al proceso de desarrollo,, así como también al de
ocupación y organización territorial.
La posición geográfica de la Argentina es de aislamiento, en tanto ésta sea medida a
nivel mundial.
En efecto, en el hemisferio Sur u oceánico su territorio se extiende desde las verdes
selvas y bosques tropicales hasta los mares helados del Sur, acompañado en toda esa dilatada
marcha por Chile al poniente y sólo en la porción central y al naciente por el Uruguay y el
Brasil.
Esa posición geográfica mundial de aisla1niento se transforma en posición central
cuando se la percibe a escala subcontinental, pues, en efecto, la Argentina posee una posición
céntrica con respecto a los países limítrofes que la circundan.
Es así como los espacios constitutivos del territorio argentino se extienden, salvo la
pampa, más allá de las fronteras, con el significado que ello representa en el campo de la
integración con los países hermanos y en consecuencia la complementación económica,
social y cultural que de ello se deriva.
El ámbito andino noroccidental, la cuenca del Plata, los espacios austral patagónico y
oceánico constituyen con la pampa un escenario geográfico diversificado y propicio para la
organización humana.
Así concebida, la Argentina debe percibirse como una extensa península, lo que
implica un destino continental y otro oceánico.
Una serie de ideas a manera de hipótesis de trabajo nos introducen en la realidad
geográfica de la Argentina.
Sus ambientes naturales constituyen un mosaico de paisajes, con recursos, asociados
no suficientemente valorados, aunque a veces con signos de degradación por la intervención
humana descontrolada.
El sistema natural territorial muestra paisajes de singular belleza y contrastantes, pero
también la recurrencia de fenómenos naturales de signo catastrófico, con la consiguiente
vulnerabilidad para las poblaciones afectadas, casi siempre las de mayor fragilidad
socioeconómica.
El poblamiento del territorio complejo se gestó en una larga lucha histórica y puede
señalarse, como lo sostiene Daus, que la unidad nacional es un producto no sólo de la
historia, sino de la geografía.
Algo más de treinta y tres millones de habitantes ocupan el territorio argentino.
En comparación con la extens1on de estese trataría de un país escasamente poblado,
con desigual distribución y fuerte concentración en el frente fluvial del Plata-Paraná.
El volumen poblacional es reducido y su crecimiento total es lento debido a
declinantes niveles del crecimiento vegetativo y del crecimiento migratorio.
Los aspectos poblacionales se toman más interesantes cuando se analiza la dinámica
demográfica de los distintos grupos sociales y regionales.
Esto llevaría a afirmar que el actual crecimiento demográfico de la Argentina se apoya
fundamentalmente en la precariedad de las condiciones de vida de los estratos bajos.
13

En lo concerniente a los aspectos cualitativos, la población argentina, de gran


ascendencia europea, se caracterizó por la calidad de los recursos -humanos, aunque es
honesto reconocer la caída de la calidad de vida general provocada por la crisis
socioeconómica que en las últimas décadas nos afecta.
No debe dejar de mencionarse que los problemas que padece el .país están
relacionados, en una buena parte , con falsas percepciones y creencias, a veces
transformadas en "mitos nacionales", lo que condujo a contradictorios comportamientos de
la sociedad.
En el campo de lo geográfico la creencia generalizada del país "inmensamente
rico en recursos naturales", creencia más mítica que real, ha llevado a constantes
frustraciones. En este sentido puede decirse que hay un país mental y un país real. Este se
acerca más a la idea de la existencia de una buena provisión de recursos naturales, con
potencialidades y con restricciones, con formas de subutilización y de degradación.
Desde las llamadas economías regionales de subsistencia hasta la
estructura agroportuaria, la Argentina fue edificando una sociedad económica moldeada
geográficamente. En ella se instaló la etapa industrial, dependiente y no integrada que señala
Ferrer (Ferrer, 1979) hasta desembocaren la crisis, la de una economía estancada con
consecuencias políticas, sociales e institucionales.
La economía agrícola se muestra con vocación exportadora. En la última década el
país se ha hecho más agrícola que industrial, con regresión ganadera y cambios sensibles en
el uso de la tierra. ·
La economía industrial en cambio muestra un sesgo importador , producto de una
escasa integración, de la cual se la desea arrancar en estos momentos.
Se ha sostenido y con razón que el sector agropecuario es generador de divisas, las
que en parte son consumidas por la industria para su desenvolvimiento. Esto ha llevado a una
dicotomía sectorial.
La industria en vías de integración, que había crecido sensiblemente hasta
comienzos de la década del 70 se mostró con escasa capacidad de competitividad, débil
incorporación de tecnología y espacialmente concentrada, lo que condujo, entre otras
cosas, a un estado de involución y de estancamiento. Se ha dicho , no sin razón, que el
futuro de la Argentina pasa por dos de sus potencialidades: alimentos y energía.
En este campo el país posee una buena provisión, de re cursos energéticos. Los
niveles de autoabastecimiento son aceptables, con amplia gama de re cursos, aunque con
fuerte dependencia de los hidrocarburos.
La producción de energía eléctrica encuentra una excelente combinación de
recursos o fuentes. En este caso, las llamadas no convencionales, son potenciasles y de
expectativa, toda vez que no se dispone de información, suficiente acerca de su cuantía y
demanda potencial. Durante las últimas décadas el país ha invertido con intensidad en los
sectores energético, cuya participación en la inversión total ha sido la mayor; pese a ello ha
sido deficiente la exploración de los recursos en todas sus fuentes.
Las redes constituyen un factor significativo en la estructuración del espacio. Estas
redes, en cuanto constituyen los vínculos, están íntimamente asociadas a los asentamientos
humanos, especialmente al sistema urbano.
Es así como puede sostenerse que las redes de transportes son
radiocéntricas y centralizadas en su visión espacial, y de escasa integración y
complementación intermodal en su perspectiva funcional.
Este fenómeno está relacionado con un sistema urbano encabezado por Buenos Aires,
lo que constituye una exagerada concentración metropolitana y caracterizado por su
concentración y centralización geográfica con fuertes desigualdades en las jerarquías de
centros y acelerado proceso de urbanización.
14

Ciertos cambios en los aspectos cuantitativos y cualitativos en el sistema han


llevado en las últimas décadas a un equilibrio entre los procesos de metropolización,
consolidación de las ciudades medias y afirmación de los asentamientos dispersos.
El proceso de urbanización descontrolada junto a las mutaciones económicas
condujeron, acompañados de otras cosas, a la modificación de los indicadores sociales
territoriales, los que muestran un retroceso en términos de acceso a las necesidades
básicas del hombre.
Esta caída de los niveles de vida de la población está relacionada con la escasa
productividad general, la ineficiencia y el insuficiente ritmo de desarrollo tecnológico
con la consiguiente caída del poder adquisitivo de los salarios.
A fines de la década del ochenta era lícito sostener que la economía argentina
sufría un fuerte sobredimensionamiento financiero en relación a lo producción genuina,
con un acelerado proceso inflacionario; un déficit fiscal difícil de controlar; ausencia de
mercados de capitales e inversiones y un fuerte endeudamiento externo e interno que
condicionaba el proceso de crecimiento.
A todo ello debe agregarse la fuerte restricción en los mercados externos y el
proteccionismo que condiciona la exportación de los productos argentinos.
Todo ello tuvo su efecto sobre la organización espacial, condicionando por un lado el
desenvolvimiento de las regiones. Así, los sistemas regionales muestran marcadas crisis
estructurales, escasa complementariedad interregional y fuerte dependencia del área
central.
Por otro lado un proceso de desconcentración que en las últimas décadas permitió un
acelerado crecimiento y multiplicación de las ciudades de tamaño intermedio, como bien
lo señala Vapnarsky (Vapnarsky-Gorojovsky, 1.990).
Se ha dicho y con razón que la Argentina se encuentra en una profunda crisis. En
efecto, el P.B. en los últimos cinco años disminuyó en un 10 ,8 % , mi t1 tras el producto
industrial lo hizo en un 1 7 ,3 % y el consumo en un 9 ,3 % . Por otro lado, la inversión bruta
fija cayó, para el mismo período, en un 54,8% con una leve tendencia de
mejoramiento al promediar 1991, como resultado del plan económico en marcha.
Es así como se asiste a una crisis donde a nivel industrial han desaparecido varias
líneas de producción; la productividad general es baja y se muestra un estancamiento en los
niveles de inversión física y tecnológica.
Ello condujo a la expulsión de mano de obra calificada y al desarrollo de una
economía subterránea.
A nivel territorial se han agudizado ciertas desigualdades regionales se ha
acrecentado el poder del aparato estatal con la consiguiente centralización decisional y
geográfica.
La diferencia de producción entre el litoral pampeano y el interior es de 7 a 1 y los
de bienestar de 3 a 1 , lo que demuestra que pese a todo, ciertos mecanismos de
redistribución han funcionado aceptablemente.
Las tres cuartas partes de las provincias argentinas financian, seis presupuestos
con recursos nacionales, seis de ellas en más de un 90%.
Todo lo expresado se ve agravado por el contexto internacional en el cual debe
insertarse la Argentina, caracterizada por desigualdades y nuevos conflictos.
La conformación territorial de la Argentina, como su organización funcional
muestran los rasgos que la sociedad les ha impreso en un proceso histórico cambiante,
con sus momentos más significativos y otros que sé dilataron entre los momentos claves.
15

Los tiempos que corren son propios de aquellas etapas históricas en la vida de los
pueblos donde es necesario recurrir a la inteligencia creativa, a las ideas lúcidas, a la
percepción objetiva de la realidad y, por cierto, a las acciones concretas que permitan
encontrar nuevos rumbos para la vida de la República.
En ese sentido se han formulado planes económicos sociales que permitan revertir la
situación de postración a la, que se hiciera referencia y permita retomar la senda del
crecimiento y el bienestar compartido.
A comienzos de la década del 90 una serie de procesos de cambios políticos,
institucionales, ecónomos y sociales, conmueven al país. Por otro lado, el mundo aparece
también encaminado a una nueva reorganización e integración de los países por bloques.
Esto lleva a decir que estamos pasando de la concepción del Estado-Nación a la
Nación-Región.
Buena tarea le aguarda a la Geografía Social y Económica por un lado y a la Geografía
Política por el otro, en la dilucidación de estos procesos de cambio dramático en la vida de las
naciones, como lo definiera Peter Draker.
No menor será la tarea de la Geografía Física y Ambiental ante los nuevos desafíos. El
concepto de desarrollo sustentable está marcando una nueva etapa en las relaciones entre medio
ambiente y desarrollo. En 1992 se llevará a cabo una conferencia internacional sobre el tema,
de la que participará la Argentina.
El lector, especialmente el geógrafo deberá seguir atentamente todo este proceso de
cambio, tanto a nivel nacional como intén1acional. Sus estudios investigaciones, críticas y
propuestas serán a no dudar fundamentales en los tiempos que corren.
En nuestra Argentina son muchos los problemas que nos ocupan y preocupan, en
momentos en que se trabaja con consensos y con disensos en una profunda reformulación del
modelo socioeconómico y político del país.
Reforma del Estado, descentralización, transferencias al sector privado de actividades y
servicios, desregulaciones, transición productiva, apertura económica e integración regional,
entre lo que se destaca el Mercosur, aparecen como las acción de mayor envergadura .
Todo ello en el marco de una crisis estructural muy aguda, más aún por los sucesivos
ajustes económicos, que están llevando constantemente a una disminución del nivel y calidad
de vida del hombre argentino, marginando amplios sectores de la sociedad, sobre todo los de
mayor fragilidad socioeconómica.
También se resintió el sistema de relaciones entre la Nación y las Provincias,
postergando proyectos y volviendo a poner sobre la mesa de discusiones, la problemática de la
propiedad de los recursos naturales, la coparticipación de impuestos, las regalías y los ajustes.
Por todas estas razones el momento que vive la Argentina es crítico y culminante,
hecho que también acaece aún con diferentes matices y grados de criticidad en los demás
países de la región.
Si bien es cierto que todo lo explicitado no es geográfico en sí, al menos en la
concepción tradicional de la disciplina, debe reconocerse que tiene implicancias geográficas
fundamentales. Es así, en la medida que el territorio constituye el soporte de todo este proceso,
influyendo y siendo influido.
En efecto el subsistema ecológico-ambiental, el de asentamientos humanos y los
subsistemas regionales, recibirán el impacto de las mutaciones y actuarán corno condicionantes
de éstas.
Probablemente asistiremos a una nueva etapa en la organización del territorio.Aparece-
rán actividades que se moverán bajo otros patrones de localización. Ello modificará la
dinámica de los movimientos, con nuevos procesos de difusión e interacción espacial.
16

El establecimiento de políticas de ordenación territorial resultarían adecuadas para


acompañar, inducir, coordinar, corregir disfuncionalidades y priorizar inversiones.
Estamos ante un desafío, vencer la crisis, crecer, desarrollamos e insertamos en la región
y con ella en el mundo.
Para que ello sea posible es necesario un profundo cambio en el sistema educativo, lo
que incluye también el desarrollo científico y tecnológico. Al hombre no lo cambia la economía
sino la educación.
Se debe apuntar a consolídar una sociedad organizada, responsable, pluralista y
solidaria.
Más allá de las ideas en las que habrá divergencias, los argentinos tendremos que
encontrar proyectos comunes que nos convoquen.
Uno de ellos y bueno es decirlo en un libro de geografía, es pensar en común que la
riqueza de las naciones no son un don de la geografía, sino que surge del poder transformador
de los hombres.
PRIMERA PARTE

Conformación del Sistema


político territorial
19

EL SISTEMA POLÍTICO TERRITORIAL


RAÚL C. REY BALMACEDA
GRACIELA M. DE MARGO
1. Aspectos teóricos

El análisis de la República Argentina contemporánea desde el punto de vista perteneciente a la


geografía política no puede ser realizado en forma cabal sin penetrar, como tarea liminar, en los
pertinentes aspectos teóricos. Esto es así por una sencilla razón: la apasionante temática que aborda
la geografía política ha atraído a estudiosos de distintas disciplinas y también a improvisados que han
incursionado, con éxito vario, en esa temática y han producido algún grado de perturbadora confusión.
Quizá en este orden de ideas la confusión acerca de los verdaderos contenidos, propósitos y límites
de la geografía política y de la geopolítica sea la más perniciosa.

1.1 Concepto de territorio

El concepto de territorio ha adquirido significativa complejidad en los últimos tiempos y ello


justifica que en esta oportunidad lo abordemos con adecuado detalle.

1.1.1 Etimología

La palabra territorio procede del latín territorium y su equivalente castellano aparece entre los años
1220-1250, derivándose del latín terra.
El diccionario académico de nuestra lengua indica que la palabra territorio, en su primera
acepción, significa «Porción de la superficie terrestre perteneciente a una nación, región, provincia, etc.»
En términos generales la definición es correcta es bien en nuestro caso debe aplicarse a un Estado.
Por su parte, el diccionario de ciencias sociales (Del Campo, c. a. 1976: 1045) señala que
«puede hablarse de un territorio en un sentido antropológico-cultural y por lo tanto psicológico-
cultural, político, jurídico, etc. y en un sentido biológico, apoyándose el primero en el segundo». El
territorio se añade— «es la parcela geográfica que sirve de hábitat exclusivo a un grupo humano a un
grupo animal o individuo". La condición de exclusivo se menciona porque el individuo o el grupo tienden
a mantener celosamente su derecho a habitar y explotar esa área geográfica sin interferencias por parte
de otros individuo» o de otros grupos.
En lo que atañe al concepto de superficie terrestre incluido en esa definición, puede puntualizarse
que en la moderna ciencia geográfica se aplica a la parte externa de nuestro planeta Tierra y a la parte
inferior de la atmósfera. Se trata, en consecuencia, de una superficie tridimensional, con un espesor que
se refiere a la posible actividad humana habitual: el vuelo de aviones en el caso de la atmósfera, una
perforación petrolera en el caso de la litosfera.

1.1.2 Territorio y vida

El concepto de territorio es válido para numerosas especies de animales. El instinto territorial ha sido
minuciosamente estudiado por diferentes autores arribándose a conclusiones muy importantes en el
dominio de la etología en lo referente a los nichos que las distintas especies ocupan en la naturaleza, la
competencia entre los animales, etcétera.
Así como ocurre en las especies animales, el hombre tiene también sus límites territoriales. Los
etnógrafos, por su parte, han demostrado que pueblos con escaso desarrollo cultural –a veces
calificados como «primitivos»– también han tenido y tienen un agudo sentido de propiedad territorial y
han explicado que las luchas entre los grupos o tribus vecinos generalmente reconocían como causa una
cuestión relacionada con el dominio del territorio.
En la actualidad se habla de los «mecanismos de territorialidad», un concepto nuevo recientemente
introducido en el estudio del comportamiento humano. En términos generales se sostiene que
20

las aves y los animales, así como el hombre, poseen una característica o rasgo genético que produce la
necesidad de definir un «área doméstica» o «territorio» cuya defensa, a través de los derechos a
repeler intrusos, es respetada y llega codificada. En las áreas urbanas, los grupos sociales también
definen en numerosas oportunidades sus territorios, y si bien muchos de ellos están vagamente
delineados, ocasionalmente se levantan barreras defensivas; de la misma manera, en lugares
residenciales de nivel elevado en muchas partes del mundo se toman medidas para evitar el ingreso de
personas no deseadas.
Cabe señalar, en consecuencia, que desde los pueblos más primitivos hasta las sociedades más
avanzadas han ejercido un sentido de propiedad territorial que se fue agudizando con el devenir
histórico. El hombre se ha vinculado siempre con el territorio que lo ha acogido. Ya el geógrafo alemán
F. Ratzel desarrolló el concepto de «Lebensraum» o «espacio vital» al referirse «al elemento en
que respira el cuerpo político y en el que, a impulso de las leyes de la naturaleza, se expande y
crece para convertirse así en parte inseparable del organismo vivo del Estado» (Weigert, 1944:108). Si
bien los conceptos vertidos por este geógrafo han sido puestos en tela de juicio en numerosas
oportunidades, puede señalarse que la noción de «espacio vital» ha sido de uso habitual en numerosas
ciencias.
Podemos concluir señalando que el territorio es la primera e inmodificable condición para la vida y
que la naturaleza de la base territorial afecta en muchos sentidos a la estructura social de la co-
munidad, su desenvolvimiento y sus modos de vida.

1.1.3 Espacio o territorio

En numerosas oportunidades se ha visto el erróneo y reiterado reemplazo del vocablo territorio, de


acepción precisa, por el de «espacio». El diccionario académico de nuestra lengua no aporta
elementos que permitan tal reemplazo. Por lo demás la expresión «espacio territorial» es espuria.
La palabra «espacio» es utilizada por diferentes ciencias adquiriendo connotaciones dispares en
cada una de ellas. Es también utilizada en el desarrollo del pensamiento templario, en la teoría
onfálica y en otras actividades dispares (Cooper, 1978:155). Asimismo, ha sido comprobado que el
concepto de «espacio» de cada individuo es único, diferente al de otros que integran su mismo
grupo (en relación con la edad, la cultura, el estadio del ciclo vital, etc.) y en esa determinación
mucho ha investigado la geografía de la percepción.
El concepto de territorio, por el contrario, posee cierto grado de inmutabilidad y de perdurabilidad,
tanto para la totalidad de sus propios pobladores como para los habitantes de otros Estados.
La palabra espacio no aparece en algunos diccionarios (i. a. Stamp, 1961; Sagredo, 1972): en el
dirigido por Pierre George sólo se encuentra la expresión «espacio económico» (George,
1970:161), en tanto que en el de Monkhouse únicamente figuran las expresiones «espacio muerto» y
«espacio vital» (Monkhouse, 1978:179).
Sin embargo, en varias publicaciones geográficas se emplea la palabra espacio. Tal cosa ocurre con
el conocido libro de Paúl Claval titulado Espace etpóuvoir (Claval, 1978); con los volúmenes
editados por Tommy Carlstein y otros con el título general de Timing space and spacing time
(Carlstein, e. a.; 1978) y con muchas obras referidas a la temática que aborda la geografía regional
(Frémont, 1976; Dollfus, 1976; Dumolard, 1981). En otro trabajo (Rey Balmaceda, 1972) se han
distinguido tipos de espacio al desarrollar la teoría y la práctica de la geografía regional. Asimismo, J.
A. Roccatagliata ha publicado un oportuno trabajo sobre el empleo del término desde la óptica
geográfica (Roccatagliata, 1982). El trabajo de Jean Gottman titulado The significance of territory
puede citarse como contrapartida; en él la palabra territorio alcanza su verdadera dimensión
(Gottman, 1973).
En los campos de la geografía cuantitativa y de la geografía teórica es habitual el empleo de la
palabra espacio no ya como reemplazo de territorio sino como sustituto de la expresión «superficie
terrestre», lo cual se relaciona con la visión de esa superficie que ofrecen dichas orientaciones.
Debemos traer a colación que la expresión «espacio de un Estado» involucra, muchas veces, partes
de la superficie terrestre ocupadas ilegalmente, sometidas o protegidas por un Estado sin que integren
cabalmente su territorio; asimismo, el «espacio de un Estado» está constituido por áreas que están
sometidas a sus designios económicos, aunque no constituyan el cuerpo territorial del Estado.
21

Para concluir, diremos que por todo lo dicho queda suficientemente desacreditado el empleo del
término «espacio» en reemplazo del de territorio. Asimismo, cabe señalar que el territorio indica la
tierra donde están sepultados nuestros ancestros, nomina la tierra en que vivimos, otorga una na-
cionalidad; por todo ello cabe puntualizar que el territorio integra el concepto de patria. Sanguin
(1981:55) ha señalado que el concepto de patria «es más bien un sentimiento local generador de
emociones profundas; es la experiencia íntima de lugares y el sentido de la fragilidad del bienestar... Es
hasta cierto punto una especie de sueño individual donde se encuentran esquematizadas e
idealizadas las cualidades del pasado, del presente y del futuro de la tierra cotidiana». Como ha
señalado .J. A. Roccatagliata (1982) «un pueblo con su historia y tradición se proyecta y arraiga a su
territorio y forma con él algo indivisible ». Cualquier intento de mutilación territorial implica agredir
el cuerpo mismo del Estado; de ahí el concepto de integridad territorial.

1.2 Territorio, nación y Estado

Todo Estado está integrado por tres elementos ineludibles: el territorio, el pueblo y la organización
jurídica que lo estructura. Algunos tratadistas consideran que existe un cierto componente: la finalidad.
Es necesario, ahora, abordar el concepto de nación dado que en algunas oportunidades se lo
considera equivalente a pueblo y en otras como sinónimo de Estado.
La nación es el conjunto de personas que pertenecen a la misma etnia, que hablan la misma lengua,
que profesan la misma religión y que poseen un pasado común, se trasunta en su vida cultural,
costumbres, forma de vestir, idiosincrasia, etc.). En algunos casos se encuentran dispersas por el mundo
(caso de la nación gitana), por lo que no constituyen en forma exclusiva el pueblo de ningún Estado en
particular sino que integran parcialmente numerosos pueblos.
En algunos casos el concepto de nación es equivalente a pueblo y ello es así cuando el pueblo de
un Estado es lo suficientemente homogéneo como para permitir esa sinonimia. En este sentido es
habitual, por ejemplo, la referencia a una «nación francesa »
En otros casos se hacen sinónimos los conceptos de nación y de Estado y ello reporta confu-siones
pues un Estado puede estar formado por varias naciones (caso de Suiza y de la URSS).
En nuestro país es habitual la identidad entre nación y Estado —como veremos de inmediato, pero
nosotros, en este escrito, preferimos utilizar la palabra nación sólo para referirnos a las personas que
constituyen un grupo homogéneo aunque no habiten en el mismo Estado.
La expresión «Estado nacional», de uso reiterado, puede considerarse como manifestación de que
existe una evidente amalgama entre los elementos que constituyen un Estado, que es el resultado de
una larga maduración histórica, como señala Sanguin ( 1 9 8 1 : 5 8 ).

1.2.1 El territorio

El territorio del Estado, en el que se asienta la población y desarrolla la vida, es la base física
esencial de aquél y determina en cierto sentido sus características.
En primera Instancia, el territorio perteneciente al Estado comprende una parte de la superficie
emergida de nuestro planeta sobre la que aquél ejerce soberanía. En consecuencia, debe existir por
parte de los demás Estados un reconocimiento tácito, de esa soberanía para que sea efectiva. Esa parte
de nuestro planeta puede ser una parcela de un continente, un archipiélago, una porción de una isla,
etcétera.
En segunda instancia, constituyen el Estado porciones de las superficies y de las masas
oceánicas y de las áreas sumergidas, si se trata de uno con acceso al mar. En tercera instancia, el hecho
de ejercer soberanía sobre una parte de la superficie del planeta adiciona a todo Estado una porción del
espacio aéreo y otra del espacio cósmico. En cuarta y última instancia pertenece al Estado el cono
del globo terráqueo definido por todos los radios terrestres que tocan los puntos que constituyen sus
confines y alcanzan el centro de la Tierra.
Por todo lo manifestado consideramos que el territorio de un Estado no es un plano, sino una
superficie que posee espesor, es decir, tiene tres dimensiones. Ese espesor se extiende desde el centro
de la Tierra hasta el infinito y varía permanentemente en relación con los distintos movimientos
que, realiza nuestro planeta en el espacio astronómico.
22

1.2.2 El pueblo

Concebido como la totalidad de los habitantes o población, el pueblo es el acervo más precioso
de un Estado. Todo lo que a él se refiere debe constituir, en consecuencia, una preocupación preferente
de los gobernantes.
Asimismo, cabe señalar que la población en la vida de un país no se desarrolla como algo
meramente, material—una estructura—sino que tiene un alma que es el impulso vital. Éste impulso le
permite al Estado enfrentar con mayor o menor éxito problemas relacionados con la disponibilidad
de recursos, un territorio reducido, la existencia de vacíos de población, o presiones de-
mográficas significativas o sea que está en relación directa con el éxito en vencer los desafíos de la
historia.
Refiriéndonos al conocido trabajo de J. Gottman The significance of territory (1973) podemos
manifestar que la actitud de los habitantes respecto del territorio ha tenido siempre un interés
fundamental en la geografía. El territorio aparece como una noción material y espacial que esta-
blece los vínculos entre la política, el pueblo y el marco natural. La función primordial del territorio
consiste en definir las relaciones entre la comunidad y su hábitat, por un lado y entre la comunidad y
sus vecinos, por el otro.
Q. Wright (1948:3.9) señalaba que los cambios de población, como los cambios de clima,
descubrimientos geográficos y geológicos, invenciones técnicas y sociales influyen en gran medida en
el comportamiento político de los Estados, pero cuanto más «civilizados» son los pueblos menos
determinantes resultan tales factores. Por su parte, A. L. Sanguin (1981:39) indica que son siete los
parámetros cualitativos que definen políticamente a los habitantes del territorio: cultura, educación,
salud, raza, lengua, religión y espíritu nacional.
En suma el Estado es la manifestación de los habitantes del territorio en organizarse espa-
cialmente; es ahí donde surge el concepto de territorialidad y el de sentimiento de pertenencia como el
señalado apego de los habitantes hacia el medio en el que desarrollan sus actividades.

1.2.3 El gobierno

El tercer componente del Estado es la organización jurídica, a veces reconocida como «orga-
nización política», «gobierno», «estructura institucional», etc. La organización jurídica hace refe-
rencia a los múltiples elementos que regulan permanentemente los deberes y los derechos de
todos y cada uno de los habitantes de un Estado, enmarcando al mismo tiempo su funcionamiento
como
Los distintos Estados representan organizaciones políticas emanadas de una comunidad que se
dota a sí misma de un sistema de gobierno para –entre otros aspectos– preservar el bienestar y la
seguridad de los habitantes, mantener la integridad territorial del Estado, permitir que los indi-
viduos puedan satisfacer sus necesidades espirituales, intelectuales, etcétera.
El sistema de gobierno da origen a una gran variedad interestatal, teniendo esto último con-
notaciones en el ordenamiento territorial y en la conformación de los diferentes paisajes políticos.
También debe destacarse la importancia y trascendencia de la capacidad económica de todo Estado
ya que posibilita orientar las inversiones públicas, de acuerdo con políticas específicas, hacia los
sectores económicos o regiones del Estado en los que se crea conveniente o aconsejable llevarlas a
cabo, bien para una mejor explotación y movilización de los recursos existentes, bien para una
progresiva integración territorial.

1.2.4 Finalidad del Estado

La finalidad o razón de ser del Estado constituye su cuarto y último componente y se refiere a las
normas éticas y a los propósitos que le dan sentido y gu ía n la acción de sus gobernantes está
integrada por los fines supremos del Estado, o sea las aspiraciones e ideales históricos del pueblo,
destinados a colmar las esperanzas colectivas de la comunidad. Esta finalidad está expresada ge-
neralmente en Constituciones según enunciaciones formales como las siguientes: paz y prospe-
ridad; pan y libertad; orden y progreso; libertad, igualdad; seguridad y bienestar; felicidad del pueblo
23

y grandeza de la nación etc. En otras palabras, representan las exigencias que el pueblo le plantea al
Estado al precio de su lealtad. En la República Argentina esas aspiraciones supremas están indicadas
en el preámbulo de la Constitución.
A pesar de estar ignorado en mucha literatura de geografía política, el concepto de razón de ser no
constituye un pensamiento nuevo. F. Ratzel definió al Estado como una sección de tierra y una
sección de humanidad organizadas en una unidad singular en términos de una idea distintiva y
particular; O. Maull, por su parle, discutió el concepto con cierta profundidad en su Politische
Geographie (1925) y más tardíamente R. Hartshorne (1940; 1950; 1954), L. K. D. Kristof (1967), R.
Muir (1979)) y A. L. Sanguin (1981) se han ocupado del tema. R. Hartshorne, en su trabajo del año
1954, ha puntualizado que cada Estado debe buscar para entregar a su pueblo un propósito o
propósitos específicos disantos de los formulados en otros Estados, según los cuales todas las
clases de personas de todas las diversas áreas de la región se identificarán con el Estado que los
contiene dentro de un área organizada. Este concepto de complejo de propósitos específicos en cada
Estado ha sido llamado «idea de Estado» por los autores seguidores de Ratzel y por otros «razón de
ser» o justificación del Estado.
A. L. Sanguin (1981) diferencia la idea de Estado de la razón de ser del Estado, indicando que
esta última deriva de la primera, es decir, que la razón de ser deviene una concepción moral y
filosófica del destino del Estado y de su misión en términos de teleología humana universal. La idea
estatal ayuda al pueblo a poseer una imagen de sí mismo, de aquello que es y de aquello que será.

1.2.5 Nación Argentina y Estado argentino

El preámbulo y el artículo 35 de la Constitución Argentina (1853) mencionan explícitamente el


concepto de «Nación Argentina», mención que se repite en otros artículos. El tratadista Joaquín V.
González ha considerado que en este caso los términos Nación y Estado son equivalentes, pero con
la salvedad de que es la nación organizada, bajo la forma o sistema que ella ha resuelto adoptar, la
que se transforma en Estado (González, 1983:87), idea que ha ratificado al manifestar que dicha
Constitución ha aceptado que la Nación —compuesta por las provincias— era preexistente al Es-
tado. Asimismo ha considerado el célebre autor riojano que la Constitución ha estado inspirada en la
idea de que un solo pueblo forma el país y que sólo los términos nación y provincias son los que co-
rresponden al derecho constitucional argentino.
Empero, en el quehacer argentino en el campo de la geografía política es habitual el empleo del
término Estado en lugar del de Nación y con los mismos alcances.
Con respecto al nombre oficial de nuestro país puede recordarse el conocido decreto de Derqui del
8 de Octubre de 1860 que estableció que es el de República Argentina.

2. La determinación del territorio argentino

2.1 La definición histórica del territorio argentino

Salvo algunas pocas excepciones, todos los Estados contemporáneos reconocen antecedentes
históricos que les otorgan validez. En otras palabras: los Estados no son productos de generaciones
espontáneas o de aleatorios procesos de azar, sino que hunden sus raíces en la historia, veces muy
profundamente.
En lo que atañe a la República Argentina es indudable que sus raíces se encuentran en la acción
político-administrativa cumplida por España en las Indias, que en la parte de América que nos
interesa, había organizado un virreinato constituido por ocho intendencias y cuatro gobiernos mi-
litares, con el fin de poner coto a las expansiones territoriales del actual Brasil.

2.1.1 La Argentina y el Virreinato del Rio de la Plata

Los sucesos ocurridos en Europa a principios del siglo XIX resquebrajaron, de distinta manera, la
estructura establecida en América por España. En mayo de 1810 en Buenos Aires, como es sabido,
se designa una Junta para que gobierne al Virreinato del Río de la Plata en tanto se mantuviese la
situación de acefalía en Madrid. Distintos sucesos llevaron a la declaración de independencia de los
24

territorios que componían ese virreinato, que reciben nueva denominación y pasan a constituir una
república. Se ha aventurado, recientemente, una interpretación distinta de este proceso según la cual la
República Argentina no sería –en el tiempo y en espacio– la legítima heredera del Virreinato del Río
de la Plata (Menéndez, 1982).
Lo concreto es que desde Buenos Aires se gobierna, ciertamente con algunos escollos y tro-
piezos, el territorio que constituía el virreinato. Esta situación quedó convalidada por el congreso
reunido en Panamá en 1826 (ratificado por el congreso interamericano reunido en Lima en 1847) en el
que se decidió que los países americanos que entonces surgían a la vida política autónoma debían
aplicar el principio del uti possidettis, es decir, que debían mantener los territorios que los integraban
al momento de declararse independientes. La fórmula jurídica completa es uti possideatis
ita possideatis (como poseéis seguiréis poseyendo).
Esa es, en consecuencia, la definición histórica del territorio argentino en su solar o tronco inicial.

2.1.2 La integración del territorio argentino en 1810 y en la actualidad

Distintos estudiosos han tratado de establecer con precisión los límites del Virreinato del Río de
la Plata, pero siempre se han encontrado con dificultades insalvables, en términos generales es
correcto manifestar que se extendía desde un lugar que pertenecía entonces al gobierno militar de
Moxos, al Norte de la actual Bolivia, hoy en poder del Brasil, hasta el cabo de Hornos o, si se quiere,
hasta la isla Diego Ramírez Era bioceánico pues poseía costa sobre el Atlántico y sobe el Pacífico.
Lo integraban, asimismo, las islas Malvinas y las denominadas An tillas australes en mérito a
lo acordado en la convención de Nootka Sound (1790), por la cual el Reino Unido se comprometió a
no levantar ningún establecimiento al Sur de las costas ocupadas entonces por España. La extensión
territorial del virreinato puede estimarse en 5.000.000 de km2.
Para entonces —principios del siglo XIX— el mar territorial se extendía hasta un tiro de cañón y
nada se pretendía con respecto a los fondos oceánicos. La Antártida era poco conocida y estaba
teóricamente sometida a las estipulaciones de Tordesillas, a lo establecido en las bulas papales y a lo
acordado en la mencionada convención de Nootka Sound.
En la actualidad el Virreinato del Río de la Plata ha desaparecido como entidad jurídica y como
unidad territorial. En su lugar existen cuatro países (Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) y
algunos trozos integran las repúblicas de Chile y del Brasil. Sin embargo más de una vez se ha
enfatizado sobre la necesidad y conveniencia de reconstruir esa magna unidad territorial, pero cabe
pensar que tales propósitos son irrealizables en la actualidad. El tronco común quizá sea un buen
acicate para alcanzar una cálida hermandad y una efectiva complementación en varios órdenes.
La historia explica el proceso de desintegración o desmembramiento del otrora magnífico
virreinato, que es posible añorar, pero de todos modos ese proceso debe usarse como «advertencia de
lo por venir» –como señalaba Cervantes con respecto a las preocupaciones territoriales que aquejan
hoy a nuestro país y que abordaremos más adelante en este mismo capítulo.
25

Integración del patrimonio territorial argentino en 1810, 1910 y en 1986.

2.2 La integración del territorio argentino

2.2.1 La definición de porciones

El territorio de la Republica Argentina es inescindible, constituye una unidad indisoluble.


Empero, desde un punto de vista político, es posible aceptar la existencia de provincias y de otras
jurisdicciones, hecho que no vulnera la mencionada unidad.
De igual modo es posible, desde un punto de vista geográfico, diferenciar porciones o sea,
partes considerables de ese todo indivisible. Esa diferenciación tiene como propósito facilitar la
descripción y comprensión de un territorio particularmente complejo. Una primera diferenciación
permite distinguir una porción americana y una porción antártica atendiendo al hecho de que
nuestro país es bicontinental. Pero esa diferenciación no es completa, pues resultan excluidos
espacios que no es habitual incluir en los aludidos continentes, como ocurre, por ejemplo, con el
mar del Scotia.
Convendrá, entonces, aceptar la distinción de tres porciones del territorio argentino en la parte
externa de nuestro planeta; americana; oceánica y antártica. Por lo demás, razones de índole
histórica y jurídica avalan esa inicial distinción geográfica, como indicaremos inmediatamente.

2.2.2 La porción americana

La porción americana del territorio argentino está constituida por la parte emergida del conti-
nente americano que se nos reconoce como propia a nivel internacional por ser legítimos herederos
del Virreinato del Río de la Plata. Se trata, por cierto, del solar patrio.
Esta porción limitada,en los tramos correspondientes, por los límites internacionales con
Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay y por la línea de las más bajas mareas en fachada. Se extiende
-en sentido Norte, Sur- desde la confluencia de los ríos Grande de San Juan y, Mojinete (a 21°46'
de latitud Sur), en la provincia de Jujuy, hasta el cabo San Pío (55°03'30" Sur).
26

En la Tierra del Fuego este punto meridional es una consecuencia del tratado de límites acordado
con Chile en I984.
Complementan este territorio emergido las masas de agua contiguas que revisten el
carácter de «aguas interiores», sobre las cuales la soberanía argentina es absoluta. Se
encuentran en tal condición la parte del Río de la Plata que nos corresponde y las partes
interiores de numerosos golfos atlánticos.
Con respecto al Río de la Plata debe recordarse que nos corresponden, con jurisdicción exclu-
siva dos franjas según lo establece el tratado de límites acordado con el Uruguay en 1973.La
primera franja, de dos millas marinas de ancho, se extiende desde el paralelo de Punta Gorda hasta
la línea imaginaria que une punta Lara (Argentina) con Colonia (Uruguay); desde esa misma línea
imaginaria hasta el límite exterior del río (acordado con el Uruguay en 1961) se extiende la segunda
franja de siete millas marinas de ancho. Asimismo debe tenerse presente que corresponde a la
República Argentina la parte del lecho y del subsuelo del río en cuestión definida por 23 puntos que
sirven para determinar las jurisdicciones respectivas de los dos países ribereños. Dado que la su-
perficie de ese río sui géneris ha sido calculada en 30.212 km2 (Argentina, Derrotero, pág. 52) debe
adicionarse la mitad, aproximadamente, de esa superficie al patrimonio territorial argentino.
Con respecto a las "aguas interiores" correspondientes a los golfos San Matías, Nuevo y San
Jorge y a otros senos menores —materia en la que existe suficiente consenso internacional—
debe puntualizarse que nuestro país se ha expedido en el asunto por medio de la ley nacional
17.094, promulgada en 1967, pero deben establecerse las "líneas de base" pertinentes que
definan con precisión esas aguas interiores. Al momento de redactarse estas páginas se
encuentran en proceso de tratamiento en el Parlamento argentino dos proyectos de ley
—presentados por el señor diputado Jorge O Ghiano (Argentina. Cámara de Diputados de la
Nación, Diario de sesiones, 39a reunión, marzo 6 y 7 de 1986, pp. 7349 a 7.352)— que establecen
las líneas de base (tanto normales como rectas) que permitan precisar los espacios marítimos
sobre los que la Argentina ejerce soberanía absoluta, derechos de soberanía o jurisdicción
según corresponde de conformidad con el derecho internacional y con lo establecido en la
Convención del Mar.
Por todo lo expuesto, y teniendo en cuenta las apreciaciones que periódicamente proporciona el
Instituto Geográfico Militar argentino acerca de la magnitud del territorio nacional, consideramos
que la extensión deja porción americana emergida de nuestro país es del orden de 2.800.000 km 2
cifra que podrá ser ajustada cuando se disponga de información detallada sobre los sectores todavía
no precisados.
27

El territorio de la República en la parte extensa de la tierra.


28

2.2.3 La porción oceánica


La República Argentina ha alcanzado muy lentamente una clara percepción de su condición de
país oceánico y de la importancia que reviste el mar para la humanidad. Desde el punto de vista
geopolítico es recién en la actualidad cuando comienza a percibirse la posibilidad de disponer de un
espacio propio significativo en el Atlántico Sur, sobre el cual pueda proyectarse de modo indubita-
ble. De lo dicho se desprende la necesidad de que nuestro país logre una cabal comprensión sobre
las características de su porción oceánica.
Tanto desde el punto de vista geográfico como en referencia a los diferentes status políticos
pueden distinguirse tres componentes distintos en la porción oceánica: las tierras emergidas, re-
presentadas por varios archipiélagos; los fondos oceánicos, que prolongan la masa americana
emergida hasta alcanzar las profundidades abisales y, finalmente, las masas oceánicas.
Las tierras emergidas están constituidas por varios archipiélagos que en conjunto son deno-
minados habitualmente «islas del Atlántico Sur». Se trata de islas continentales pues están em-
plazadas en el margen continental (Rey Balmaceda, 1983:95-96), si bien existe entre ellas signifi-
cativas diferencias desde el punto de vista geológico: las islas Malvinas son antiguas y las restantes
que integran el denominado «arco de las Antillas australes»; son más modernas (más detalles en el
capítulo pertinente de esta misma obra).
La lista de estas pequeñas tierras emergidas está constituida, además de las Malvinas, por las
islas Georgias del Sur, Sándwich del Sur, Aurora (o Cormorán) y la Roca Negra («Clerke» en la
toponimia inglesa). Desde un punto de vista geológico correspondería incluir a las islas Oreadas del
Sur y Shetland del Sur, pero se las considera antárticas por estar situadas al Sur del paralelo de 60°
Sur; también se debería incluir la Isla de los Estados, pero por su proximidad a la costa fueguina se
considera habitualmente que esta isla forma parte del archipiélago fueguino.
La extensión aproximada total de estas islas que integran la porción oceánica del territorio na-
cional es de 16.000 km2 correspondiendo a las islas Malvinas —con sus. 11.718 km2 — la mayor
parte.
No hace falta recalcar la singular importancia de estas islas como mojones de una soberanía y
jurisdicción que la geografía, la historia y el derecho confieren, indiscutiblemente, a la República
Argentina en esta parte del océano Atlántico Sur. La usurpación realizada por el Reino Unido, con
una pertinacia digna de mejor causa, no menoscaba la legitimidad de los reclamos argentinos.
Con respecto a los fondos oceánicos, debe manifestarse que nuestro país tiene que respetar
fielmente todo lo acordado en la denominada Convención del Mar que ha firmado, sin perjuicio de
manifestar su reticencia en relación con el Acta Final de la Tercera Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar por la inclusión de una declaración (Resolución III) que fue inserta
en forma intempestiva (Rey Balmaceda, 1983:144-146; véase asimismo Boletín de Gaea. Soc. Arg.
De Estudios Geográficos, 104,1985:32). Esta Resolución III menciona presuntos derechos que
podría ejercer la población intrusa en las islas Malvinas (Sanz, 1982) y por su importancia ha sido
reproducida oportunamente (Rey Balmaceda, 1983:195-196).
La Convención del Mar dedica su parte VI a la «plataforma continental» (pp. 3943) y reconoce
ciertos derechos a los Estados costeros sobre esa parte del continente hoy sumergido hasta el
«borde exterior del margen continental» o bien hasta una distancia de 200 millas contadas desde las
líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial" (art 76, párrafo 1). Ha
previsto, asimismo, los procedimientos que dichos Estados pueden aplicar para determinar las
áreas en las que ejercerán sus derechos de exploración y explotación hasta una distancia máxima
de las líneas de base que no podrá exceder las 350 millas marinas o bien hasta no más de 300
millas marinas con referencia a la isobata de 2500 m. Se ha considerado (Daverede, 1983:92) que el
margen continental correspondiente a nuestro país queda cubierto en su totalidad mediante la
aplicación de esos dos procedimientos alternativos establecidos por la Convención.
Se han propuesto distintas estimaciones sobre la magnitud de los fondos oceánicos que co-
rresponden a nuestro país. Una estimación moderada, basada en cálculos fundados en información
batimétrica, permite sostener una extensión para esos fondos de 2.500.000 km2; quizá la cifra
máxima sea la proporcionada por el profesor Juan Guillermo Milia: 3.300.000 km2 (Milia, 1983:14).
Sea una u otra la cifra verdadera, que deberán determinar los pertinentes organismos técnicos, lo
importante es la ingente riqueza minera involucrada en forma de hidrocarburos, nódulos polimetá-
licos, etc.
29

Con respecto a las masas Oceánicas —tercer elemento que constituye la porción oceánica
del territorio argentino—, la Convención del mar ha establecido las siguientes franjas a
partir de las líneas de base definías por el país costero.
a). el mar territorial, de 12 millas marinas de ancho donde el Estado costero ejerce sobe-
ranía con arreglo a lo dispuesto en la propia Convención y a otras normas de derecho
Internacional (art. 2);

b). la zona contigua, también de 12 millas marinas de ancho contadas a partir del término del
mar territorial en la que se podrán tomar las medidas de fiscalización necesarias para
prevenir infracciones a las leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración o
sanitarios (art. 33);

c). la zona económica exclusiva, de 200 millas marinas de ancho contadas a partir de las
líneas de base en la que el Estado costero tiene derechos de soberanía para la explo-
ración, explotación, conservación y administración de los recursos naturales (vivos y no vivos)
tanto de las aguas como del lecho y del subsuelo (art. 56).
Mas allá de la zona económica exclusiva (o «mar patrimonial») se extiende el «mar libre», o
sea, las aguas oceánicas que se encuentran fuera del control de cualquier Estado y que constituyen una
res communis reservada para toda la humanidad.
Debemos aclarar que la zona económica exclusiva no debe ser confundida con el «Mar Ar-
gentino» que aparece en algunos mapas oficiales argentinos, dado que en ese caso se trata de la masa
oceánica que se encuentra encima de la plataforma (mar epicontinental), generalmente li-mitada
por la línea de costa y la Isobata de 200m. Tal como se ha señalado en otra oportunidad (Rey
Balmaceda, 1979: 266), el mar epicontinental es una noción geográfica y oceanográfica que
ha perdido vigencia política desde la aprobación de la Convención del Mar.
Asimismo debe puntualizarse muy especialmente que la existencia del mar t e rrit o ri a l (a
veces denominado «mar jurisdiccional») no es impedimento para que los buques de cualquier
bandera gocen del derecho de paso inocente, entendiéndose por tal la navegación rápida e
ininterrumpida a través del mar territorial sin realización de actividad militar de cualquier naturaleza;
los submarinos debieran navegar en la superficie. La existencia de la zona económica exclusiva, por
su parte, no es impedimento para que en ella se realicen actividades de explotación de recursos vivos
por buques de otros Estados pero siempre con sujeción a las normas impuestas por el Estado
costero: conce-sión de licencias, fijación de cupos de captura, establecimiento de temporada de
pesca, definición de los aparejos a emplearse, etc.; la acción ilegal y depredatoria realizada por
buques de distintas banderas (de Chile, de Japón, de Polonia, de Taiwán, etc.) en la zona económica
exclusiva argen-tina ha sido motivo de acciones punitivas cumplidas por el gobierno argentino en
distintas oportu-nidades. Estos hechos demuestran palmariamente la urgente necesidad de que la
República Ar-gentina defina, con validez internacional, su zona económica exclusiva.

Según el Instituto Antártico Argentino, la zona económica exclusiva argentina alanza una
extensión total de 1.420.000 km2 incluyendo obviamente al sector que corresponde a
las islas Malvinas. Si agregamos las zonas correspondiente a las islas Georgias del Sur y Sándwich
del Sur ese total se acrecienta a aproximadamente 2.000.000 de km2 (Fraga,1983).

2.2.4 Porción antártica

El sector Antártico Argentino -ubicado en la región antártica occidentales un triángulo


esférico con vértice en el Polo Sur geográfico y con base en el paralelo 60° S, cuyos lados son
los meri-dianos 25° y 74° O. Es dable señalar que la totalidad de ese triángulo, o sea, tierras libres de
hielo, tierras cubiertas por la calota polar, glaciares que avanzan sobre el mar, islas y masa
oceánica, debe ser considerada como integrante del territorio nacional, pese a la existencia del
Tratado Antártico vigente hasta 1991.
El Instituto Geográfico Militar ha informado que «la superficie total del triángulo
esférico que delimita la Antártida Argentina es de 5.029.283 km2» (Argentina, Atlas, pág. 85),
correspondiéndole a la «tierra firme» un total de 965.000 km2.
30

En otros trabajos (De Marco, 1978; Rey Balmaceda, 1979) han sido analizadas con profundidad las
cuestiones relativas al status jurídico de la Antártida Argentina: sólo podemos señalar que nuestro
país, por su posición geográfica, los antecedentes de índole histórica, la participación en la
participación en la exploración de Antártida y en el salvamento de expediciones extranjeras y sobre
todo por ser el único país que cuenta con una instalación sin interrupción desde 1904, tiene ad-
quiridos legítimos derechos a la posesión del sector antártico. Como ha señalado Fraga
(1978:228-9) los derechos argentinos se basan en todos los argumentos posibles e imaginables que
han servido de base para la adquisición de soberanía en el derecho internacional: descubrimiento,
exploración, intervención de la Armada, proximidad geográfica, continuidad geológica, herencia,
ocupación, actos administrativos, presencia y actividad.

2.2.5 Otras porciones plausibles

La Argentina está integrada por las tres porciones descriptas anteriormente en lo que atañe a la
parte externa de la Tierra, pero con ello no se agotan sus posibilidades territoriales partiendo de una
consideración amplia del concepto de territorio.
Hoy en día, en efecto, se acepta universalmente que los Estados ejercen soberanía en el es-pacio
aéreo que se encuentra sobre sus respectivos territorios y así lo ha entendido nuestro país, que mediante
la ley 13.891 ha aceptado y convalidado un convenio concretado en Chicago en 1944 en tal orden de
ideas. Este convenio, empero, previo la posibilidad del paso inofensivo de las ae-ronaves civiles
extranjeras en los espacios aéreos nacionales pero en todos los casos sujeto a las normas impuestas por
el país subyacente.
La cuestión se ha complicado a partir del momento en que el hombre comenzó a utilizar el
espacio ultraterrestre. Al respecto se crearon en las Naciones Unidas comisiones que abordan el
asunto y la tesitura internacional que se ha impuesto es que dicho espacio es patrimonio común de la
humanidad y no podrá ser utilizado con fines militares. Una complicación accesoria surgió con la
posibilidad cierta de utilización -con fines comerciales o de otra naturaleza- de los
satélites geosincrónicos, sobre lo que existe honda preocupación internacional (Milia, s. f.).
Otra porción plausible del territorio argentino es la parte del planeta que en forma de enorme cono
está definida por los radios terrestres que pasan por los puntos extremos del territorio nacional
(incluyendo los correspondientes al margen continental hoy cubierto por las aguas oceánicas) y que,
obviamente, confluyen en el centro de la Tierra. Se trata, en consecuencia, de Un «cono de
soberanía» (Rey Balmaceda, 1979:137) que ya ha comenzado a ser explotado (por ejemplo, por
medio de las perforaciones petrolíferas y que no sabemos en qué medida podrá serlo en el futuro.

2.3 La di visión política de la República Argentina

La actual división política de primer grado del territorio argentino en su porción americana
emergida reconoce antecedentes remotos. Fue entre los años 1813 y 1814, en efecto, que varias
ciudades adquirieron —en mérito a la acción desarrollada por sus respectivos cabildos— una plena vida
política y organizaron, con las áreas rurales, circundantes, las provincias iniciales, situación que
quedó consolidada al superarse la anarquía de 1820. Para entonces nuestro país estaba integrado por
las siguientes provincias: Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, La Rioja,
Mendoza, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago - del Estero, Salta y Tucumán, agregán-dose Jujuy en
1834 al desprenderse de Salta. Son estas catorce provincias las que decidieron en el acuerdo de San
Nicolás (1852) organizar el país sobre una base federal, y es ésta la estructura política que rigió —
con el agregado de la Capital Federal en 1880- en el país durante más de un siglo.
El resto del territorio americano fue organizado en territorios nacionales —a Veces
denominados gobernaciones—, según lo establecieron la ley de 1884 y otras. Estas unidades
político-territoriales dependían en alto grado del gobierno nacional hasta que entre 1951 y 1955 adqui-
rieron —con excepción de la Tierra del Fuego— la condición de provincias, sumándose así a
las Catorce primeras. Surgieron entonces las provincias de Chaco, Misiones, Formosa, La
Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
Cabe manifestar que transitoriamente existieron otras unidades políticas en nuestro país. Tal el
caso de la gobernación de los Andes, creada en 1900 y desaparecida en 1943 al repartirse su
31

territorio entre las provincias de Salta, Jujuy y Catamarca, y el caso de la efímera Zona Militar de
Comodoro Rivadavia.
Actualmente la división política de primer grado de la República Argentina está definida por las
siguientes unidades:
 El distrito federal, que es residencia de las autoridades nacionales. Se trata de la Ciudad de
Buenos Aires, que es la capital federal del país, de acuerdo con lo establecido en 1880
Sus límites definitivos fueron acordados en .1887;
 Las provincias, que son veintitrés, pues la ley nacional 23.775 provincializó en 1990 el
último territorio nacional entonces existente. Posteriormente la legislatura de la nueva
provincia estableció el topónimo que la distingue: «Provincia de tierra del Fuego, Antár-tida
e islas del Atlántico Sur», manifestando que la provincia tiene los límites territoriales que por
derecho le corresponden, quedando encargada la Nación Argentina de resolver sobre las
áreas en conflicto o discusión.

En lo que respecta a la división política de segundo grado, o sea los departamentos (que por
razones históricas se denominan partidos en la provincia de Buenos Aires), debe señalarse que el censo
nacional efectuado en 1980 indicó que ascendían a 497.

3. Sustento territorial de la República Argentina

Halford Mackinder, distinguido geógrafo británico de principios de siglo, XX ha sostenido que en


el crecimiento o desarrollo de los Estados no existe lo que la teoría democrática denomina
«igualdad de oportunidades» y en su lugar asentó la teoría del «desarrollo desigual» de los Estados en
función de las diferentes condiciones que poseen sus respectivos territorios. En consecuencia, surge la
necesidad de estudiar esas condiciones no sólo para caracterizar al propio Estado, sino también para
destacar las diferencias con respecto a los otros países del mundo en términos de fertilidad y de
oportunidades estratégicas.
Desde el punto de vista de la geografía política no sólo pueden estudiarse esos elementos o
condiciones emanantes del medio físico —bases territoriales para lograr el desarrollo del poder
nacional e internacional—, sino también, interesa ahondar en aquellos aspectos relacionados con las
diferentes proyecciones del Estado desde el ángulo territorial, abordándose en este sentido la capital, la
división político-administrativa, los ecúmenes regionales, el ecúmene estatal, los límites, las fronteras,
los núcleos geohistóricos, los flujos y los movimientos, la calidad de vida, etc. En esta oportunidad
señalizarán, desde la óptica de la geografía política, los soportes territoriales del Es-tado argentino más
significativos, a saber: extensión del territorio, forma, posición, desprendimiento geográfico, cohesión
interna, clima y recursos naturales (Villalobos, inédito). Cabe señalar que la extensión, la forma y el
clima constituyen categorías prácticamente inmodificables; la posición es un elemento de
caracterización del Estado que varía en función de las tendencias históricas, mientras que la cohesión
interna, el desprendimiento y los recursos naturales son categorías del potencial territorial susceptibles
de ser modificadas.

3.1 La extensión del territorio

La gran extensión de la República Argentina —octavo país del mundo por tal motivo— constituye
un aspecto de singular trascendencia no siempre adecuadamente considerado. En su porción americana
emergida la superficie de la Argentina asciende a casi 2.8 millones de km2, superficie que alcanza a más
de 3,7 millones de km2 si consideramos a las islas del Atlántico Sur y al sector antártico (965,000
km2 de tierras emergidas).
32

CUADRO N° 1
Integración y extensión del territorio de la República Argentina
(Cifras aproximadas en km2)

Tierras Fondos Áreas Status jurídico-


emergidas marinos oceánicas político
Heredada de
Porción
España a través
TERITORIO (EN SENTIDO AMPLIO) DE LA REPÚBLICA AR-

americana 2.800.000
del Virreinato del
emergida
Río de la Plata
EN LA PAERTE EXTERNA DE LA TIERRA

Las islas han


sido usurpadas
por el Reino
Unido. Los fon-
dos marinos y
Porción
16.000 2.500.000 2.000.000 las áreas oceá-
oceánica
nicas están so-
metidos a lo
GENTINA

dispuesto en la
Convención.

Sometida a lo
dispuesto en el
Tratado Antárti-
Porción
965.000 4.064.283 4.064.283 co (Washington,
antártica
1959), vigente
hasta 1991.

Partes del terri-


EN LA TARTE INTERNA DE LA TIERRA torio nacional
sometidas a
acuerdos y tra-
EN LOS ESPACIOS AEREO Y CÓSMICO tados interna-
cionales.
Fuente: Rey Balmaceda, 1984.

Diferentes tipologías han sido propuestas a los efectos de calificar a los diversos Estados del
mundo en función de su extensión. Según N. Pounds (1972:35) a nuestro país le correspondería la
denominación de «Estado fuera de dimensión» por poseer una superficie entre 2.500.000 km2 y
6.000.000 km2; De Blij (1973: 38) le otorga el calificativo de «Estado muy grande» con una ex-
tensión superior a los 2.500.000 km2, mientras que A. Sanguin (1981:23) califica a la Argentina
como «Estado inmenso» En términos generales, estas tipificaciones dimensionales sirven úni-
camente para destacar las grandes diferencias pues se revelan subjetivas y relativas.
Evidentemente, para realizar comparaciones de niveles de magnitud debemos tener en con-
sideración la extensión de nuestro país reconocida mundialmente, o sea La de 2,8millones Km2. Pero
como propuesta en esta oportunidad, y de acuerdo con lo señalado pormenorizadamente en el acápite
anterior, presentamos el Cuadro N° 1 en el que puede advertirse la integración y exten-sión del
territorio de la República Argentina correspondiente a la parte externa de la Tierra.
Debe tenerse presente que no es posible sumar todas esas cifras por cuanto en algunos casos
existen superposiciones que lo impiden; es posible, en cambio, diferenciar un total para tierras
emergidas y otro para las masas oceánicas.
Cabe señalar que las cifras que proporcionamos con respecto a la extensión de cada una de las
porciones que constituyen el actual territorio argentino son aproximadas, a pesar de su carácter
oficial. Esto se debe, a nuestro entender, a que resulta imposible precisar la magnitud de cada una de
33

esas partes por cuanto no se dispone todavía de los elementos adecuados para lograr una
ponderación acuciosa. Por lo tanto, es posible que sucesivas publicaciones oficiales las modifiquen,
como ha venido ocurriendo hasta ahora, pero esos ajustes no vulneran las conclusiones básicas a que
arribamos en este trabajo. El mapa presentado anteriormente y el cuadro son buenos resú-menes de
nuestras ideas. La proposición que ambos implican debe interpretarse como un modesto aporte, como
una opinión geográfica.
Podemos señalar que la dimensión excesiva, así como la extremadamente reducida pueden
llegar a constituir problemas serios del sustento territorial de un Estado; sin embargo, en las ac-
tuales circunstancias; tras los progresos de las comunicaciones y de los transporte, la integración de
diferentes sectores, que en otros momentos pudo resultar problemática, no ofrece hoy dificul-
tades. En consecuencia, la vastedad territorial representaría una ventaja dado que ofrece ma-
yores posibilidades de contar con abundantes recursos que cuando no se dispone más que de
territorios limitados. A igualdad de otras condiciones, cuanta más extensión posea el territorio de
un Estado, mayor probabilidad tiene de albergar a una población numerosa y contar con
mayor gama de recursos naturales amén de la mayor facilidad para rechazar invasiones en pro-
fundidad. Por lo tanto, a mayor probabilidad de que el Estado sea próspero. Evidentemente, la
fuerza política de un Estado no se explica únicamente por la extensión de su territorio, sino también
por una población y una tecnología puestas al servicio de un dispositivo productor moderno.
A modo de complemento puede señalarse que la extensión de un Estado está íntimamente
vinculada con las posibilidades de control efectivo del poder central hasta la periferia del Estado y
hasta las partes más remotas del país; Por ello el gobierno debe apuntar a la integración de todos los
sectores del territorio que se encuentran rezagados al sistema de funcionamiento estatal, si bien los
Estados de grandes dimensiones consumen muchas energías para controlar su superficie nacional.
A mayor abundamiento, se indicarán a continuación los puntos extremos del territorio para
precisar, en consecuencia, la posición astronómica de la Argentina. Debe tenerse en cuenta que la
referencia se hará al plano convencional (plano del geoide) enmarcado por las coordenadas de
latitud y longitud dejando de lado, por ejemplo, el centro de la Tierra, que también es punto extremo
del territorio nacional. Dado que previamente hemos diferenciado tres porciones en el territorio
nacional, sería razonable distinguir los puntos extremos para cada una de ellas, pero esa tarea es
prácticamente imposible en lo que atañe a la porción oceánica pues se carece de las determina-
ciones básicas pertinentes.
En la porción americana se han diferenciado los siguientes puntos extremos en las tierras emer-
gidas:

 Norte: confluencia de los ríos Grande de San Juan y Mojinete (21o 46' Sur),

 Sur: cabo San Pío (55o03'30" Sur),

 Oeste: punto en el cordón Mariano Moreno (73°35' Oeste),

 Este: punto al Nordeste de la localidad Bernardo de Irigoyen (53o 38'Oeste).

En la porción antártica es posible distinguir los siguientes puntos extremos:


 Norte: todos los puntos situados en el paralelo de 60° Sur (entre 25°y 74°Oeste, ob-
viamente),

 Sur: Polo Sur geográfico (90° Sur),

 Oeste: todos los puntos situados en el meridiano de 74° Oeste entre las latitudes de 60°y 90°
Sur,

 Este: todos los puntos situados en el meridiano de 25° Oeste, también entre las latitudes de
60° y 90° Sur.
34

3.2 La forma
La forma, tanto horizontal como vertical, es un elemento que caracteriza al territorio de
un Estado. La forma horizontal –que es la que interesa a la geografía política– está configurada
por los límites internacionales; la forma vertical está definida por el relieve.
La forma horizontal de los Estados ha sido siempre un elemento de sumo interés en geografía y
merced a las técnicas cartográficas y a otros medios visuales se han forjado, con el correr del
tiempo, algunas calificaciones que exceden el marco local. Así es habitual la referencia a la «bota
italiana», al «hexágono francés»; a la «piel de toro» correspondiente al territorio español, a la «loca
geografía» de Chile, al «triángulo rectángulo argentino» a los «Estados fragmentados» con alusión
al Japón y a Filipinas, etcétera.
En el análisis de la forma del territorio estatal los modelos descriptivos han sido reemplazados
por una gran variedad de técnicas matemáticas; se han propuesto distintos índices y también es
habitual mostrar la desviación con respecto a la forma más compacta, o sea el círculo (i. a. Boyce y
Clark, 1964; Haggett y Chorley, 1969; King, 1969).
La. Argentina, en su porción americana emergida, posee una forma de triángulo rectángulo. El
cateto menor coincide en términos generales, con las líneas limítrofes que nos separan de Bolivia y
de Paraguay: el cateto mayor se extiende en el Oeste y se identifica con la vasta divisoria interna-
cional argentino-chilena; la hipotenusa, por su parte, se correspondería con el perímetro de la fa-
chada atlántica, de la marítima bonaerense, de la fluvial rioplatense y las líneas limítrofes que nos
separan del Uruguay y del Brasil. También se señala que nuestro país, en su porción americana no
marítima, tiene la forma denominada «alargada en latitud» (Ardissone, 1933), mientras que otros
consideran que posee una forma «apendicular» con franco predominio de la latitud sobre la longitud
con todas las implicancias que este hecho posee en la generación de variedades climáticas y de
recursos naturales diversificados.
La forma es ventajosa cuando no presenta entrantes o salientes notables: algunos autores
señalan que la forma ideal del territorio es la que proporciona el mayor grado de compacidad
(Sanguin, 19810, advirtiendo que muchos Estados han perseguido esa propiedad con gran celo y
aun a costa de muchas pérdidas humanas.

3.3 La posición

La posición del Estado es un concepto esencialmente relativo y al mismo tiempo altamente


revelador de su poder. Es la característica más importante en política puesto que la posición define
el sistema de relaciones; se analiza al territorio de un Estado en un haz de conexiones con toda una
serie de parámetros de otros compartimientos, espacios y realidades del mundo con los cuales
existan comunicaciones, directas o no.
La importancia política de la posición del Estado varía con las situaciones políticas, evolutivas
por naturaleza. Es por ello que la hemos considerado como un concepto que fluctúa en función de
las tendencias históricas. En determinadas circunstancias, territorios enteros o porciones de ellos
han adquirido importancia singular y estratégica, como lo demuestran tantos ejemplos mundiales.
En primer término y en lo que respecta a la posición de la Argentina en relación a los hemisfe-
rios puede señalarse que nuestro país pertenece al denominado hemisferio austral, occidental y
marítimo ubicándose en la parte meridional del continente sudamericano en una latitud en la que
predominan los océanos en toda la redondez del planeta. Si bien puede señalarse que la posición de
la Argentina es de relativo aislamiento con respecto a las principales masas continentales, que se
hallan ubicadas como es sabido en el hemisferio Norte, ese aislamiento —en las actuales cir-
cunstancias de circulación y comunicación mundiales— puede configurar una potencialidad o una
debilidad del Estado que deberá ser manejada conforme a los objetivos en juego.
A pesar de la distancia significativa que media entre nuestro país y los países más densamente
poblados del hemisferio Norte, esa distancia no ha constituido un obstáculo para el florecimiento de
35

las relaciones económicas de nuestra nación con los mismos. La posición en el hemisferio Sur es
un factor favorable para la exportación de productos alimenticios perecederos gracias a la
refrigeración, como acontece con las frutas de clima templado, que maduran en el hemisferio Sur en
diciembre-mayo, época diferente de la producción similar en el hemisferio Norte. Esto explica la
fuerte exportación de alto valor y de gran capacidad de expansión futura ya que son contados los
países competidores y grande el mercado de consumo exterior.

En segundo término puede analizarse la posición de la Argentina con respecto al continente


sudamericano; nuestro país ocupa una posición céntrica y que limita con cinco países vecinos. Esto
constituye un factor altamente propicio para el intercambio cultural y económico reforzado por una
comunidad de origen y de idioma. Otro factor importante es el hecho de nuestro intercambio
económico con los países hermanos del continente por la diversidad de las respectivas produc-
ciones; mientras que la Argentina puede exportar productos de clima templado y manufacturas,
debe importar de ellos productos de clima tropical.

En lo que atañe a la posición de la Argentina con relación al mar cabe señalar que nuestro país
presenta una fachada atlántica de singular extensión con una longitud aproximada de 4.497 km, de
los cuales 384 corresponden a la fachada litoral platense y 4.113 al litoral atlántico. Como ha se-
ñalado A. N. Pelegrino (1978:11) resulta obvia la trascendencia que para un país tiene el poseer un
litoral marítimo de la mencionada magnitud; bastaría para destacar su importancia cualquier
comparación con un país mediterráneo; pero la particularidad mayor estriba en que se trata de una
fachada atlántica, lo que supone una independencia y autonomía mayores, ya que estando en el
océano de las mayores líneas de comunicación mundial no debe deteriorar sus precios o bien
traficar por Magallanes y el Canal de Panamá, como lo hacen países americanos con frente al
Pacífico. Asimismo cabe señalar la importancia de los recursos naturales existentes en ese extenso
litoral marítimo, reserva alimentaria del futuro. La posición de nuestras costas, la superficie del
margen continental, los recursos energéticos potenciales mediante el empleo de la energía ma-
reomotriz y la posible actividad pesquera son algunos de los aspectos importantes derivados de
esta singularidad ideográfica de la Argentina.
En lo que atañe a la posición con respecto a las grandes rutas o vías de comunicación puede
señalarse que existen, a nuestro juicio, veinticuatro naciones que ocupan posiciones estratégicas por
hallarse directamente vinculadas con las líneas críticas de navegación o con los denominados
«chokepoints» oceánicos (Panamá, Paso de Calais, Gibraltar, Suez-Bab El Mandeb, Ormuz, Ma-
laca, Sonda, Tasmania, Torres, Drake, etcétera). Estos países se perciben como Estados que
poseen una cierta capacidad real, en el corto plazo, para ejercer controles sobre dichas áreas,
India, Indonesia, Sudáfrica, Egipto, Turquía, Chile, Somalia, Francia, España, Japón, Vietnam,
Noruega, Italia, Filipinas, Yemen, Nueva Zelanda, República federal de Alemania, Reino Unido,
Islandia, Corea del Sur, Panamá, Dinamarca, Taiwán y la Argentina conforman esa lista de na-
ciones. La proximidad de la Argentina al punto clave de comunicación interoceánica representado
por el estrecho de Magallanes Drake (Hoces) configura un aspecto de singular importancia para
nuestro país ya que esta «llave geopolítica» constituye un punto de comunicación no vulnerable al
poder de destrucción que puede manifestarse en el hombre como podría acontecer con el canal de
Panamá, único lugar de tránsito interoceánico restante en América. Cabe agregar que no consi-
deramos el tránsito posible por el «paso del Noroeste» por sus limitaciones climáticas.
En lo que respecta a la posición de la Argentina en relación con los escenarios de conflagra-
ciones mundiales desde 1945, puede señalarse que en términos generales la misma ha sido pe-
riférica puesto que la mayor parte de los conflictos interestatales o guerras clásicas —que pasan del
centenar en el período 1945-1983, ya se trate de conflictos importantes, secundarios o de inter-
venciones puntuales según la clasificación de Chaliand y Rageau, 1984:47)- han sucedido en su
mayoría en Asia y África. La guerra entre nuestro país y el Reino Unido por las islas Malvinas
(1982) constituye el conflicto interestatal más importante que protagonizó nuestro país en los
últimos tiempos.
Cabe puntualizar que también podrían analizarse otros aspectos de interés, como los rela-
cionados con la posición de la Argentina en relación, con las súperpotencias, con las zonas
crónicas de catástrofes, con las áreas epidémicas y endémicas del mundo, etcétera, aspectos que
36

no serán desarrollados en esta oportunidad.


En resumen, según como sea percibida por los ciudadanos y por el gobierno, la posición del
Estado afecta a sus actitudes y sus políticas con respecto a los otros Estados de la vasta antro-
posfera política mundial, especialmente aquellos que son sus vecinos más próximos.

3.4 El desprendimiento geográfico

El desprendimiento es un concepto genérico complejo y a la vez sintético que requiere una


precisa definición para evitar ambigüedades y superar dicotomías, en este caso poco satisfactorias. El
desprendimiento es un elemento que caracteriza a la frontera y que posee básicamente una
fundamentación fisiográfica, pero que a su vez debe tener en cuenta ciertos rasgos humanos para
acercarse a la realidad sin parcializarla (De Marco, Duran, Sassone, 1979). Un desprendimiento
ostensible se produce por la presencia de un rasgo físico de envergadura (una masa orográfica, un río
no navegable, un desierto) que colabora para crear una continuidad política, la cual provoca una
detención de la vida general de un Estado y favorece su cohesión interna y su unidad nacional. Por el
contrario, la presencia de ambientes geográficos que generan cohesión espacial, como por
ejemplo una llanura, favorecen las mixturas antrópicas y no detienen la vida general de los Estados
colindantes, lo que debe hacerse forzadamente con límites sobreimpuestos a las realidades
geográficas que en el caso de las altas densidades humanas desemboca en fronteras de acumulación.
El sistema fronterizo de la Argentina posee características excepcionales entre todos los países
del mundo por la elevada proporción, en la totalidad del perímetro de fronteras coincidentes con
accidentes físicos de gran magnitud que desempeñan su misión de servir al desprendimiento y a la
unidad nacional por consiguiente, con la mínima fricción internacional (Daus, 1978:27). La vigorosa
naturaleza física del accidente fronterizo es suficiente para localizar en él una línea de separación
étnica, jurídica y cultural persistente a través de los ciclos históricos.

3.5 La cohesión interna

La cohesión interna, por su parte, es «un rasgo ínsito de la naturaleza del territorio, de su re-
lieve, de sus sistemas hidrográficos, de su contorno y del dispositivo de regiones que torna indis-
pensables o necesarias las relaciones recíprocas» (Daus, 1978:14-5). Los ríos navegables con-
fieren grandes facilidades para entablar comunicaciones que son base de vida general. Induda-
blemente para nuestro país, el río Paraná y su sistema —que enlaza cuatro regiones
geográficas distintas— conllevan a la cohesión interna, así como también —y acaso con mayor
firmeza que los ríos y las cuencas navegables— son factor de cohesión interna las planicies
donde domina el paisaje de estepa o pradera de gramíneas; el hecho de que la Argentina
posea casi un 50% del territorio por debajo de los 250 metros de altura sobre el nivel del mar
nos está indicando la pre-sencia de un elevado grado de cohesión interna en nuestro país,
pues no existen dificultades extremas para circular por el territorio favoreciendo el proceso de
poblamiento hasta el confín último del país. Lógicamente, la falta de articulación entre
determinados espacios por ausencia de caminos o ferrocarriles inclusive de fomento disminuye la
cohesión interna. Es por ello que debemos señalar que tanto como la existencia de líneas
vertebrales de comunicación tiene importancia para forjar la cohesión interna el dispositivo de
las regiones componentes del Estado complejo y el carácter complementario y armónico del
conjunto. De tal manera, las regiones llegan a complementarse recíprocamente y alcanzan a
consolidar la unidad nacional, sublimada cuando en cada una de las regiones particulares se
configura un conjunto de rasgos que reflejan el todo nacional; para ello es necesaria la
complementación en el aspecto productivo (Daus, 1978:15).
La cohesión interna conllevaba a la armonía, dinámica entre las diferentes regiones de un
Estado caracterizada por los siguientes rasgos naturales y culturales: facilidad de comunicación,
producción entre regiones, producción complementaria diferenciación definida con los Estados
fronterizos, circulación e intercambios interregionales intensos y permanentes, y distribución
equitativa de la riqueza nacional. Como corolario citaremos a Sanguin (1981:33) cuando señala que
una de las primeras funciones de todo espacio organizado políticamente consiste en integrar de
manera efectiva a sus componentes territoriales, y en crear una comunidad de intereses que dis-
37

ponga la innovación, apoye el desarrollo y haga progresar el bienestar general de la población. Es por
ello que la compactibilidad y la accesibilidad, la conectividad y la nodalidad son los soportes
fundamentales de toda integración territorial, así como también factores localizantes que influyen en
la política y en los fines públicos impregnando los asuntos internos del país.

3.6 El clima y los recursos naturales

En lo que respecta al clima de la Argentina es dable señalar que gran parte del territorio de
nuestro país se halla en la zona óptima de energía climática, con un gran predominio de clima
templado. El clima no sólo actúa sobre la fertilidad del suelo, sino que por su acción sobre la vida del
hombre ha propiciado la definición en el planeta de áreas de energía climática. La Argentina se halla
ubicada en una situación favorable pues el carácter fresco y variable del clima imperante en vastos
sectores del territorio coadyuva a la generación de mayor energía humana.
Los recursos naturales constituyen uno de los elementos del sustento territorial susceptible de
modificación; en tal sentido cabe señalar que la Argentina posee recursos naturales abundantes y
diversificados que deben ser conservados y movilizados sobre la base de la implementación de
políticas eficaces referidas a los recursos renovables y a los no renovables, para no caer en los
grandes mitos del pasado. Asimismo, cabe señalar que los recursos constituyen el punto de partida del
desarrollo económico y cuando están bien distribuidos y son diversificados favorecen la cohesión
interna y la autarquía, respectivamente.

4. La problemática contemporánea

4.1 Problemas y política de la frontera argentina

La frontera es la zona periférica del territorio del Estado que se caracteriza por una persona-lidad
regional dada por la interacción con el otro país. Esta primera franja o área del territorio polí-ticamente
organizado asume por sus funcionen un papel sustancial para la protección y seguridad del Estado y
muestra en su ámbito los vaivenes de la relación de poderes entre los Estados limí-trofes a través de la
historia.
La frontera tiene una problemática global que le es propia, aunque por su contenido espacial se
advierten diferenciaciones zonales. En tal sentido, en la frontera argentina que acompaña al límite
internacional en la porción americana no marítima a lo largo de aproximadamente 9.400 km
—cartilla IGM, 1978— hemos distinguido once sectores para una adecuada descripción de la realidad,
a saber: del río Uruguay, septentrional misionero, del Alto Paraná-Paraguay, del río Pilcomayo,
de la frontera abierta con Bolivia, de los valles y las quebradas, de la puna, de los Andes áridos,
de los Andes de transición, de los Andes patagónicos, de la frontera abierta con Chile (De Marco,
Duran, Sas-sone, 1979). Cabe señalar que la materialización de la frontera implica, a nuestro entender,
la exis-tencia de un Estado limítrofe o sea la continuidad territorial; es por ello que debemos recordar
que el perímetro marítimo y el perímetro fluvial del Río de la Plata constituyen un caso sui géneris,
en el cual no se distinguen sectores sino fachadas la fluvial rioplatense y la atlántica, a las que
debemos añadir la fachada antártica si consideramos a la Argentina un país bicontinental.
En la mayor parte de la frontera argentina son en primera instancia los rasgos naturales los que
han permitido distinguir sectores diferenciados que forman parte de las tradicionales regiones
adyacentes. Posteriormente ha sido posible avanzar sobre esa base fisiográfica hacia caracteri-
zaciones o consideraciones atrópicas que señalan distinciones areales y que se aproximan a la
realidad vital de la frontera en su heterogeneidad espacial.
Previo a la enunciación de los problemas de la frontera más significativos deberán tenerse en
cuenta las siguientes consideraciones:

Por razones de índole histórica, la periferia de la Argentina, en términos generales, no atrajo las
oleadas de población que se instalaron en otros lugares del país. Desde sus albores nuestro país creció
de forma desigual, con centros dinámicos en los que se concentraron la población y la riqueza y
otros que languidecen en el atraso. Muchos de esos núcleos y o regiones se hallan localizados en la
frontera del territorio nacional y, al problema económico y social de su postergación, se agrega el de la
38

fragilidad geopolítica que implica para el Estado. En la última década, la depresión económica se
profundizó y las regiones postergadas, fronterizas o no, conocieron un retroceso sin precedentes;
dentro de ese espectro, el caso de las provincias lindantes con el Brasil es especialmente
significativo.
El proceso de poblamiento de los varios sectores de la frontera se ha desarrollado en diferentes
momentos históricos, adquiriendo características peculiares según los tramos considerados. Inte-
riorizarnos de los mismos resulta de singular importancia para comprender por qué muchas de las
situaciones problemáticas del presente se explican a través del análisis de las estructuras here-
dadas del pasado. Por ejemplo, en el sector de la frontera septentrional misionero hemos llegado a
detectar la existencia de aproximadamente 900.000 hectáreas de tierras privadas (De Marco, iné-
dito). De la comparación con la extensión de la provincia de Misiones —29.000 km2— se desprende
que casi la tercera parte de la superficie provincial está constituida por tierras privadas que se
localizan en el ámbito de este sector fronterizo. Es sintomático el hecho de que este sector fue el
último en integrarse a la provincia y por ello continuó con una estructura casi Original descendiente
de aquella venta de la tierra fiscal efectuada por la provincia de Corrientes en el año 1881, antes de
que Misiones fuera declarada Territorio Nacional. Esta venta configuró el primer hito de creación de
los grandes latifundios de la provincia. En primera instancia fueron 38 los adjudicatarios de las
tierras, pero luego de diferentes maniobras quedaron unos pocos individuos como propietarios de las
mismas. Los procesos lógicos de ventas, herencias y transferencias permitieron arribar, luego de
transcurridos 100 años, al estado actual de las tierras privadas, donde coexisten la pequeña
propiedad rural y la gran propiedad, con toda la serie de problemas originados por este estado
particular de apropiación de la tierra.

Existen ciertas limitaciones de orden natural —altura, pluviosidad, glaciarismo, comportamiento


de la temperie— que coadyuvan a que determinados tramos de ciertos sectores de la frontera
sean hostiles a la instalación del hombre; algunos permanecen como verdaderas áreas anecúmenicas
a raíz de estos condicionantes fisiográficos mientras que en otros el hombre ha modificado en grado
sumo el paisaje natural actuando sobre un medio de relativa adversidad. Por ejemplo y en lo que
respecta a los sectores que conforman la periferia de las once provincias argentinas que limitan
con Chile, puede destacarse que casi toda la franja se ubica dentro de la diagonal árida sudamericana
con todas las connotaciones que se derivan de este hecho como factor limitante del uso agrícola del
suelo. Las modificaciones que el hombre ha logrado realizar se limitan espacialmente a la reducida
extensión de los oasis irrigados. Más allá del perímetro de aquéllos, la naturaleza restringe la labor
humana a una ganadería extensiva que da como consecuencia la profunda vocación ganadera
del área, Las condiciones del medio ambiente, el gran desarrollo latitudinal, la orientación
transversal de las vías de comunicación y la escasa población dan como resultado una falta de
integración Norte-Sur y una situación de marginalidad dentro del sistema agrario del país
(Becerra; Prieto, 1985:52).
En nuestro extenso territorio, el centro geográfico, core, núcleo o nodo de nuestro país —el Gran
Buenos Aires—, está localizado en el borde bonaerense y, a excepción del sector de la frontera, del
río Uruguay, todos los demás sectores están alejados varios centenares de kilómetros de ese
núcleo (Rey Balmaceda, 1979). En consecuencia, consideramos que varios tramos de la periferia se
hallan dentro del área efectiva mínima de eficacia funcional del Estado como resultado de la
vastedad territorial y de la posición excéntrica de diferentes porciones de la frontera argentina.
Bosquejadas las razones de índole histórico y geográfico que explican, grosso modo, la
situación actual de la frontera argentina, pueden enunciarse a continuación los principales
problemas que la afectan en la actualidad.
Del punto de vista demográfico la frontera se caracteriza por una exigua densidad poblacional en
la frontera a excepción de los sectores del río Uruguay, septentrional misionero, el tramo
mi-sionero del alto Paraná, del alto Paraná-Paraguay y aquellos departamentos fronterizos que
al-bergan a las capitales provinciales como Corrientes, Resistencia, Formosa. En la provincia
de Mendoza los departamentos Las Heras y Lujan de Cuyo poseían densidades de población supe-
riores a la media del país para 1980, que fue de 10,1 habitantes por km2. Igual situación
acontecía en el departamento Bariloche, provincia de Rio Negro.
También existen vacíos absolutos de población de extensión significativa en algunos depar-
39

tamentos de la frontera Oeste argentina, como por ejemplo en Antofagasta de la Sierra, en la pro-
vincia de Catamarca, y en los departamentos Lago Buenos Aires, Río Chico y Lago Argentino, en
jurisdicción de la provincia de Santa Cruz. Vacíos relativos se presentan en otros tramos de la
frontera, como acontece en el septentrional misionero, en los departamentos San Pedro y General
Manuel Belgrano, donde coexisten grandes propiedades privadas y tierras fiscales provinciales.
La frontera también se caracteriza por la presencia acentuada de población extranjera en al-
gunos departamentos fronterizos. Las jurisdicciones políticas secundarias que, por la cuantía,
superaron a la media nacional para 1980 (7%) se ubican en Misiones —casi toda la
provincia— ; el oriente formoseño; el departamento Yavi en la provincia de Jujuy; Oran en Salta;
Calingasta en San Juan; Aluminé y Los Lagos en Neuquén; Bariloche en la provincia de Río Negro;
todos los depar-tamentos periféricos de Santa Cruz, y toda la Tierra del Fuego.
Entre los problemas derivados de la apropiación y explotación de la tierra figuran la marcada
pasividad en el uso del suelo y el acentuado predominio de las grandes propiedades con mante-
nimiento de tierras improductivas en diversos sectores de la frontera como sucede, por ejemplo, en
el sector septentrional misionero.
También puede mencionarse la proliferación de parvifundios en algunos departamentos fron-
terizos; en consecuencia, han dejado de constituir unidades económicas por la pérdida de rentabi-
lidad de los cultivos tradicionales, por el empobrecimiento de los suelos, por las malas prácticas
agrícolas, etcétera.
Las áreas de frontera pertenecen, en general, a economías regionales relativamente aisladas de
los centros dinámicos y de decisión nacionales. Su potencial de desarrollo suele encontrarse
reprimido por esa circunstancia y por la ausencia de políticas específicas de promoción. Al colindar
con áreas similares conforman espacios más extensos sometidos a diferentes regulaciones
económicas, hecho que genera movimientos de bienes, de servicios y de personas que procuran
aprovechar las distintas oportunidades que les confiere esa particularidad.
En lo que respecta a la conciencia territorial de los argentinos cabe señalar que hasta no hace
muchos años ha existido una actitud poco diligente con relación a la frontera argentina; no hemos
internalizado con suficiente precocidad el «Sentido del espacio», ese sentido del que nos hablara F.
Ratzel hacia fines del siglo pasado y que no podía estar ausente en ningún gobernante idóneo,
según señalaba este destacado autor alemán, padre de la geografía política.
Todo país debe tener una actitud de vigilia frente a sus fronteras. Ello se plasma en una co-
herente política de frontera, de implementación segura, eficaz y continuista. Si bien muchos esta-
distas y organismos oficiales y privados velaron por nuestro patrimonio territorial, faltó
durante mucho tiempo una acción coordinadora superior que armonizara tantos esfuerzos, a
veces en-contrados o superpuestos, no encauzados hacia la dirección más conveniente para el país.
El primer antecedente de significación se remonta al año 1944 (decreto 15.385/44) cuando se
crean las «zonas de seguridad» o sea las fajas territoriales de ancho variable contiguas al límite
internacional. El decreto 14.587/46 fija en su ancho variable, según el país enfrentado, y en la ribera
del Río de la Plata y frente marítimo, los dos decretos fueron convalidados por la ley 12.913 sa-
ncionada en 1946.
A partir de 1967 se realizaron estudios integrales que se cristalizaron años más tarde en varios
documentos legales, los cuales constituyeron la materialización de una real política de fronteras.
Los documentos son varios, principalmente la ley 18.575 sobre zona y áreas de frontera —en
realidad es la ley madre de toda la política de fronteras— y, junto con su decreto 568/70, elaboran
un sistema de promoción del desarrollo en función de la seguridad nacional. Esta legislación
se complementa con la ley de educación en zona y áreas de frontera, la ley de promoción industrial
y la ley de promoción minera; sus decretos reglamentarios, y la circular del Banco de Desarrollo
que a manera de «digesto», sirve para aplicar la política de fronteras.
En Conjunto, tales disposiciones superiores fijan con toda claridad una política destinada a
lograr seguridad a través del desarrollo. Dado que ello no puede acontecer al mismo tiempo en toda
la frontera nacional, se ha fijado un orden de prioridades que contempla las diferentes urgencias de
las carencias detectadas. Así, por ejemplo, frente al vacío poblacional se favorece la colonización
en sus diferentes tipos; la ausencia de cohesión interior en la frontera se trata de neutralizar a través
del desarrollo de la infraestructura de circulación y las comunicaciones; la ausencia de valores
inherente a nuestra cultura por medio de un régimen de escuelas de frontera, etcétera.
40

Los problemas más significativos de las áreas fueron enunciados, descriptos e incluidos en una
planificación adecuada tras exhaustivos estudios económico-sociales de las áreas de la frontera,
lo que dio lugar en su oportunidad al Plan de mediano plazo 1979 -1981.
En los últimos años se han producido cambios en la legislación que modifican los límites o los
unifican. Así, el decreto 193/82 unifica los límites de las zonas de seguridad y de la zona de frontera,
denominando a la nueva zona unificada «zona de frontera». A su vez el decreto 2486/83 señalaba que
la experiencia de los procesos de desarrollo en curso y los estudios realizados indicaban, la
conveniencia de proceder a crear y/o a delimitar áreas, proponiendo el establecimiento de ámbitos de
aplicación más favorables para el logro de los objetivos fijados.
El decreto 1003/85 determina la creación de tres áreas de frontera en jurisdicción de la pro-vincia de
Corrientes, existiendo, en consecuencia y en conjunto, veinte áreas de frontera, a saber:
En el territorio nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur: área de
frontera Isla Grande Tierra del Fuego; en la provincia de Santa Cruz las áreas de frontera Río
Turbio, Calafate y Perito Moreno; en la provincia de Chubut las áreas de frontera Senguer, Cor-
covado y Epuyén; en la provincia de Río Negro el área de frontera El Bolsón; en la provincia del
Neuquén las áreas de frontera Aluminé y Chos Malal; en la provincia de Mendoza el área de
frontera Malargüe; en la provincia de San Juan el área de frontera Jáchal; en la provincia de Jujuy el
área de frontera La Quiaca; en la provincia de Salta el área de frontera Tartagal; en la provincia de
Formosa las áreas de frontera Ingeniero Juárez y Clorinda, y en la provincia de Misiones el área de
frontera Bernardo de Irigoyen. Por último, en la provincia de Corrientes, las áreas de frontera Bri-
gadier general Ferré, Combate de San Joaquín y Presidente Ilia.
Cabe destacar, asimismo, la creación de los Comités de Frontera cuya expansión significativa data
de mediados de la década del ochenta. Estos comités se han originado en todos los casos en
instrumentos bilaterales suscriptos por los gobiernos nacionales si bien algunos tienen su génesis en
acuerdos sectoriales.
Estos organismos deben resolver —o encauzar para su decisión— asuntos referidos al
movimiento de personas, bienes y vehículos, las comunicaciones, la cooperación en servicios, la
gestión de proyectos y asuntos referidos a las manifestaciones culturales y sociales de la frontera
(Valen-ciano, 1989).
Entre la Argentina y Chile funcionad comité de frontera para el Sistema del Cristo Redentor
(Caracoles); entre la Argentina y el Uruguay funcionaban el Comité Gualeguaychú-Fray Bentos, el
Comité Concordia-Salto, el Comité Colón-Paysandú. Hacia fines de 1989 se hallaban en actividad
cinco comités entre la Argentina y el Paraguay: Posadas-Encarnación, Clorinda-Colonia Falcón,
Formosa-Alberdi, Puerto Bermejo-Pilar, Itatí-Itacorá. Entre la Argentina y Bolivia se habían sus-
cripto notas reversales para la creación de comités en tres ejes: Villazón-La Quiaca, Bermejo-Orán y
Yacuiba-Pocitos.
El 23 de agosto de 1991 los presidentes Carlos Menem y Patricio Aylwin pusieron en marcha en
forma simultánea sendos comités de frontera en Bariloche y Antofagasta destinados a facilitar la
integración geográfica y económica entre los dos países.

42 Cuestiones limítrofes pendientes

La República Argentina ha debido superar diversas cuestiones de límites con todos sus veci-nos.
Esas cuestiones se han resuelto siempre por medios pacíficos y han representado, en todos los casos,
graves derrotas diplomáticas para nuestro país y pérdidas territoriales significativas.
En nuestros días puede manifestarse que está definida —en relación con los países limítrofes—
toda la porción americana emergida del territorio argentino; solo restan algunos problemas de poca
monta, que deberán ser resueltos mediante la buena voluntad de las partes involucradas.

4.2.1 Problemas con el Brasil

Entre las nacientes de los ríos Pepirí-Guazú y San Antonio, en una extensión de aproxima-
damente treinta kilómetros, se presenta la usualmente denominada «frontera seca» argentino-
brasileña. Se trata del único tramo que reviste esa característica en el largo deslinde entre los dos
países.
41

La demarcación ha sido realizada oportunamente y en los últimos años se ha procedido a


densificar el número de hitos en ese tramo, pues en varias oportunidades se han producido pro-
blemas que han dado la oportunidad para realizar publicaciones sensacionalistas. En nuestros días los
problemas mayores se suscitan por el ingreso ilegal de brasileños que se instalan clandestinamente
en territorio misionero y proceden a un uso depredatorio del suelo en tierras fiscales (talado de
árboles valiosos, caza de animales protegidos, quemazones para limpiar campos, etc.).

4.2.2 Problemas con el Paraguay

El río Pilcomayo es el apoyo del límite internacional argentino-paraguayo desde Esmeralda


hasta el río Paraguay. En ese sector sólo faltan demarcar dos tramos: el que se extiende desde
Destacamento Isleta hasta Salto Palmar —de unos 64 km de largo— y el correspondiente al curso
final del río Pilcomayo.
Lis cuestiones que periódicamente surgen entre los dos países vecinos se producen ante los
habituales cambios de cauce que en casi todas sus crecidas realiza el río Pilcomayo —calificado por
ello como «río errático»—, particularmente en el tramo central correspondiente al estero Patiño. Estas
situaciones han dado lugar a cambios de notas reversales y a otras gestiones diplomáticas con el
propósito de superar definitivamente este problema limítrofe.
Así mismo debe señalarse que todavía no se ha demarcado el límite argentino-Paraguayo —
establecido por el tratado de 1876— en los ríos Paraná y Paraguay, salvo en la zona de las obras que
se realizan en Yaciretá.
4.2.3 Problemas con Bolivia
Los ríos Bermejo y Tarija son apoyos parciales del límite internacional argentino-boliviano.
Confluyen en un lugar denominado Juntas de San Antonio, donde varios hitos sirven para definir las
jurisdicciones políticas.
El río Bermejo ha generado numerosos problemas por cuanto suele desplazar su cauce al
producirse las lluvias copiosas y realiza, además, una labor erosiva que ha hecho desaparecer
algunos hitos. Por ello, la Comisión Mixta de Límites ha debido intervenir en varias oportunidades
para restablecer una demarcación sometida a los avatares de fenómenos naturales.
4.2.4 Problemas con Chile
Desde el ceno Zapaleri hasta el punto F establecido en 1984 se define el límite americano entre
Chile y la Argentina que, como es sabido, es uno de los más largos del planeta, extendiéndose por más
de treinta y cinco grados de latitud.
La determinación de ese límite internacional ha sido una empresa ardua, mancillada con inci-
dentes de distinta naturaleza y gravedad. Empero, esa tarea no ha concluido en forma total y absoluta
pues subsisten algunos problemas puntuales. Consultado al respecto nuestro ministerio de Relaciones
Exteriores y Culto ha manifestado que «existen puntos de la frontera con Chile cuyo límite está
determinado, pero donde hay cuestiones de demarcación pendientes tales como:
 la zona de los hielos continentales en la provincia de Santa Cruz;
 laguna del Desierto en la misma provincia, mina La Julia en Salta y pequeñas diferencias en
distintas secciones de la frontera».
Con respecto a las «pequeñas diferencias» aludidas podemos acotar que
son problemas surgidos en el valle de Tunuyán y en la laguna Diamante (Mendoza); en la laguna
Copahue y en el área correspondiente al lago Lácar (Neuquén); en la zona de Futalaufquen y del
Rincón del Aceite (Chubut); en los alrededores del lago Buenos Aires, en la zona septentrional del
lago San Martín y en Río Turbio (Santa Cruz), según puede saberse por medio de información
bibliográfica y periodística.
A estas cuestiones pueden agregarse otras de distinto carácter, pero concordantes en lo que atañe a
la preservación de nuestra soberanía territorial. A principios de 1981, en efecto, se produjo un enojoso
hecho al ser detenidos cuatro funcionarios chilenos que realizaban tareas topográficas en territorio
argentino, munidos con distintos elementos de señalización. Otra cuestión se planteó al proponer la
República Argentina a la UNESCO que el área correspondiente al Parque Nacional Los Glaciares
fuera incluida en la lista del Patrimonio Mundial, lo que en su momento motivó una reserva por
42

parte de Chile. Asimismo, reiteradamente surgen cuestiones ante la comprobación de serios deterioros
en hitos que señalan el límite internacional en numerosos lugares, lo que obliga a realizar una
permanente tarea de vigilancia y de reposición de esas señales.

4.2.5 Acuerdos de 1991

En agosto de 1991 los presidentes de Chile y de la Argentina resolvieron poner fin a todas las cuestiones
limítrofes entre ambos países en la parte emergida de América que les corresponde. Para ello resolvieron
solucionar de la siguiente manera las veinticuatro cuestiones existentes:
 Con respecto a 22 lugares se resolvió establecer de inmediato la demarcación definitiva pues se
trata de problemas técnicos menores.
 En la tradicionalmente denominada "Laguna del Desierto" (que en verdad es un lago por sus
características geográficas) y sus aledaños -aproximadamente 530 km2—se resolvió someter la
zona a un arbitraje que deberá resolver un tribunal integrado por cinco juristas latinoamericanos,
cuyo fallo será inapelable,
 Con respecto a una nueva traza del límite internacional que Chile propone unilateral-mente en
los hielos continentales, entre los montes Fitz Roy y Stokes (asunto resuelto en 1981 y
convalidado posteriormente por el laudo inglés de 1902), ello significa un des-plazamiento
hacia el Este del deslinde tradicional y acordado e involucra a más de mil kilómetros
cuadrados. Ésta nueva traza que propone Chile está representada por una poligonal no
suficientemente conocida al momento de redactarse estas líneas. El Con-greso Nacional
argentino deberá rechazar o ratificar, oportunamente, esta propuesta chilena según le
corresponde en mérito a sus atribuciones constitucionales.

4.3 La incorporación efectiva del patrimonio oceánico

La Convención del Mar, aprobada en 1982, ha establecido pautas precisas para que los países costeros
determinen sus respectivas jurisdicciones tanto en las masas oceánicas como en los fondos marinos que
les incumben. Dado que la República Argentina firmó esa Convención en oc-tubre de 1984 —con la
reticencia conocida acerca de la Resolución III (Rey Balmaceda, 1983:144-146)— corresponde
ponderar las pautas a que deberá sujetarse en el futuro. En tal sen-tido recordemos que se ha establecido lo
siguiente:
a). Se reconoce la existencia de un mar territorial de doce millas marinas de ancho, medidas a partir de
las líneas de base;
b) Se reconoce la existencia de una zona contigua, también de doce millas marinas de ancho
medidas a partir del término del mar territorial, en la que el Estado ribereño podrá ejercer cierta
fiscalización;
c). Se reconoce la existencia de una zona económica exclusiva de 200 millas marinas de
ancho (200 x 1.852 m = 370,4 km), contadas a partir de las líneas de base, en la que el Estado
ribereño, tiene derechos de soberanía para la exploración, explotación, con-servación y
administración de los recursos naturales (vivos y no vivos), tanto de las aguas como del
lecho y del subsuelo;
d). Se reconoce la existencia de una plataforma continental que comprende el lecho y el
subsuelo de las áreas submarinas que se extienden: hasta el borde exterior del margen continental
(para los países con plataformas extensas) o bien, 2) hasta una distancia de 200 millas marinas
contadas a partir de las líneas de base (para los países con plata-formas exiguas). En cualquier
caso los países con plataformas extensas tienen un límite máximo que no puede extenderse a más
de 350 millas marinas de la línea de base o bien a no más de 100 millas marinas con respecto a la
isobata de 2500 m;
e). Se reconoce la existencia de la zona, o sea, los fondos marinos situados fuera de las plataformas
continentales que puedan reivindicar los países ribereños.

Se advierte que la clave para incorporar efectivamente el patrimonio oceánico reside, para nuestro
país, en la definición de las líneas de base que sirven de mojón inicial para ejecutar las mediciones
previstas en la Convención del Mar. Esas líneas descase coinciden con la línea de más
43

bajas mareas salvo en los sectores en que las escotaduras y sinuosidades de la costa permiten
definir aguas interiores, como ocurre por ejemplo en el golfo San Jorge; en este caso se deberá
definir la línea de base recta.
En el Congreso Nacional se encuentran en proceso de estudio dos proyectos de ley presen-
tados por el señor diputado Jorge O. Ghiano que, por una parte, establecen las líneas de base y, por la
otra, determinan las jurisdicciones de nuestro país sobre masas oceánicas y fondos marinos
(Diario de sesiones, Cámara de diputados de la Nación, sesión del 6 y 7 de marzo de 1986,- págs.
7349-7352).
Mientras se realizan los trámites pertinentes que conduzcan a la aprobación de las mencio-
nadas leyes, la situación es incierta e imprecisa en la porción oceánica argentina. Los usurpadores
británicos de las islas Malvinas han establecido unilateralmente una denominada «zona de exclu-
sión» alrededor del archipiélago, con un radio de 150 millas marinas, zona en la que se efectúa una
sobrepesca y en la cual nuestro país no ejerce jurisdicción alguna. Por lo demás, navíos de distintas
nacionalidades han sido sorprendidos en el resto de la zona económica exclusiva en reiteradas
oportunidades realizando tareas de pesca que, por sus características, son depredatorias.
Se ha considerado que estas incursiones en aguas ajenas —moderna forma de piratería— es
resultado de la imposición de las zonas económicas exclusivas en muchos lugares del mundo, que se
realiza desde varios años atrás (Hodgson; Herold, 1975, Smith, 1979). Algunos países, como por
ejemplo Estados Unidos (Smith, 1981) e Italia (Cavallaro, 1979) han realizado precisas tareas para
definir sus respectivas jurisdicciones.
En aguas argentinas la pesca foránea se ha intensificado en los últimos años y en el primer
semestre de 1984 fueron identificados en operación más de 170 barcos, de los cuales la mayoría eran
barcos factoría con capacidad de procesamiento de 10.000 toneladas anuales cada uno.
En julio de 1986 se firmó un convenio de pesca con la URSS —que el Reino Unido se apresuró
en desconocer— por medio del cual nuestro país otorga permisos de pesca dentro de su zona
económica exclusiva (incluyendo el área malvinense) con ciertos recaudos que permitan la pre-
servación de la biomasa oceánica. Es posible que a este tratado sigan otros, actualmente en tra-
mitación, Con Polonia, Japón, Corea, Bulgaria y la Comunidad Económica Europea.
Es necesario que los argentinos tomemos conciencia de la responsabilidad que nos compete —
frente a la irresponsabilidad británica— en el mantenimiento y conservación de un patrimonio
biológico que, en alguna medida, es también patrimonio de la humanidad.

4.4 La recuperación de las islas Malvinas

La cuestión suscitada acerca de las islas Malvinas se origina en la usurpación realizada por el
Reino Unido en 1833, cumplida como parte de su política de apropiación de territorios de alto valor
estratégico para el dominio de las rutas oceánicas. Se agravó como consecuencia natural del con-
flicto desencadenado en 1982.
No es oportuno describir los detalles de este engorroso asunto, sobre lo que existe una
abundante bibliografía, recopilada en distintas circunstancias (Torre Revello, 1953; Geoghegan,
1976; Laver, 1977; Rey Balmaceda, 1982). Atenderemos, por ello, sólo a la situación actual, que
conviene ponderar en los tres ámbitos pertinentes: las Naciones Unidas, el Reino Unido y la Re-
pública Argentina.
El 9 de noviembre de 1982 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución
37/9 (reproducida en Rey Balmaceda, 1985:126-127) por la que se pide a los gobiernos de los dos
países en conflicto que «reanuden las negociaciones a fin de encontrar a la mayor brevedad una
solución pacífica a la disputa de soberanía respecto de la cuestión de las islas Malvinas (Falkland)».
Esta resolución fue aprobada por 90 votos a favor (entre ellos los de Estados Unidos y la Unión
Soviética), 12 en contra (Reino Unido y países satélites sin relevancia alguna), 52 abstenciones
(Francia, Italia y Portugal entre las más importantes) y 2 ausencias.
Este llamado a negociaciones se repitió con resultados parecidos en oportunidad de celebrarse las
Asambleas Generales de 1983, 1984 y 1985 (cuadro N°2).
44

CUADRO N° 2

Resultados de las votaciones en las


Naciones Unidas sobre reanudación de negociaciones sobre Malvinas

A favor En contra Abstenciones


1982 90 12 52*
1983 87 9 54
1984 89 9 54
1985 107 4 41

El aumento producido en 1985 en los votos a favor se debió a los votos de países de la Co-
munidad Europea que abandonaron su posición abstencionista y se volcaron en favor de la rea-
nudación de las negociaciones (casos de Italia, España, Francia y Grecia) y también al cambio
similar efectuado por países de la Commonwealth (Canadá y Australia). Los votos en contra fueron los
del Reino Unido, Belice, Islas Salomón y Omán. Entre las abstenciones significativas sólo pueden
computarse los votos de Bélgica, Dinamarca, Portugal, República Federal de Alemania e Israel.
Es motivo de controversias entre los tratadistas el valor efectivo que corresponde atribuir a
estas resoluciones que rutinariamente aprueba todos los años el mencionado organismo internacional.
También en el Comité de Descolonización (o Comité de los 24) se aborda rutinariamente el
problema de las Malvinas. En agosto de 1986 este Comité aprobó, por 20 votos a favor y 4 abs-
tenciones, una resolución cuyo artículo 1o establece:
Reitera que la única manera de poner fin a la especial y particular situación colonial de las islas
Malvinas es el arreglo pacífico y negociado de la disputa de soberanía entre los gobiernos de la
Argentina y del Reino Unido. [...]
Esta intervención del citado Comité es resultado del hecho de que oportunamente el Reino
Unido elevó una lista de territorios a descolonizar en la que incluyó a las Malvinas.
Veamos ahora cómo se plantea la cuestión de las Malvinas en el Reino Unido. En base a la
información recogida en mayo de 1986 por cinco distinguidos argentinos que viajaron a Londres y
elaboraron un minucioso informe (síntesis en Pineda, 1986) puede manifestarse que:

a). El 70% de la población del Reino Unido apoya la reanudación de relaciones con nuestro
país, pero un 38% de los encuestados considera que las islas deben ser siempre británicas;
b). No debe desdeñarse la presencia de una minoría renuente a cualquier tipo de relación
con nuestro país;
c). Se considera de que existen pocas posibilidades de que el actual gobierno (conservador) o el
que eventualmente le suceda tras próximas elecciones pueda aceptar una discusión sobre la
soberanía en las islas;

d). El denominado «lobby de las Falklands», francamente hostil a la Argentina, está en


condiciones de obtener apoyo permanente por parte de los parlamentarios de todos los
partidos;
e). La posición de los isleños (ahora ciudadanos británicos) es de alto recelo con respecto a
la Argentina y la cancillería británica declaró (febrero de 1986) que deben respetarse
los «deseos» de los malvinenses, quienes —por lo demás— han perdido los alicientes
para mantener las relaciones con nuestro país al ampliarse y mejorarse sus comunicaciones
con el Reino Unido;
f). Las islas carecen de significación estratégica para el Reino Unido (sí para los Estados Unidos
pero la construcción de la base de Mount Pleasant creó una situación nueva: se
justifica para evitar que se repitan las acciones argentinas de 1982. El alto costo de
mantenimiento (que otras fuentes indican que es del orden del 7% del total de los gastos
militares del Reino Unido) plantea el problema de saber quien la controlará en el futuro;
g). Un problema adicional es el de la pesca. Los isleños presionan para que se establezca una
45

zona económica exclusiva alrededor del archipiélago con el propósito de aumentar sus
recursos, propuesta que la cancillería británica rechaza para evitar nuevos roces con la
Argentina. Las empresas pesqueras también presionan en favor de la declaración de la
zona económica exclusiva de 200 millas marinas de ancho;
h). Las declaraciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y de otros organismos
no inquietan en modo alguno.
Frente a este actualizado cuadro que ofrece el informe que reseñamos convendrá ponderar
la actitud argentina sobre el asunto. Nuestro país adopta una posición de intransigencia absoluta
(no declara el cese de hostilidades, dispone veedores, en, empresas británicas y mantiene la
indisponibilidad de bienes del Reino. Unido) convalidada, además, por la imposición de tratar
inicialmente el tema de la soberanía en cualquier contacto (recuérdese la, frustración de la reunión de
Berna.
Tal parece, lamentablemente, que la intransigencia argentina (sobre cuya justificación no
es necesario extenderse) es respondida por la intransigencia británica, por lo que es difícil que
en un futuro inmediato se reanuden las negociaciones bilaterales, Se enfrentan en la emergencia,
como, bien lo señalara Adrián, F. J. Hope (1983), dos principios: el de la autodeterminación
(sostenido por los, británicos) y el de la integridad territorial (sostenido por los argentinos), ambos
insertos, en la famosa declaración general de las Naciones Unidas de 1960 destinada a poner, fin al
colonialismo.

4.5 La incertidumbre antártica

En. 1991 cesará la vigencia del Tratado Antártico. Es posible que entonces se, decida
su prórroga o, bien la redacción de otro similar, pues no están dadas las condiciones., en
nuestra opinión, para, resolver de otra manera el destino de la más extensa masa, emergida, en
condición de res nullius que subsiste en nuestro planeta.
La lista de la treintena, de países que han manifestado su decisión de participar
ostensible-mente en las determinaciones que puedan tomarse sobre la Antártida; (cuadro, M°3)
demuestra no sólo, el creciente interés mundial por el asunto; sino también la, heterogeneidad de
los intereses en juego. Las reclamaciones territoriales, realizadas por siete países, entre ellos el
nuestro, por el momento no tienen validez práctica.
Es posible, de todas maneras, que se pretenda ampliar el área que esté sometida, al
nuevo tratado, antártico, es decir, es posible que el actual límite septentrional representado por el
paralelo de 60° Sur sea reemplazado por otro en latitud: menor. Fundamentan esta presunción
varios hechos.
Recordemos, en primer término, que en la reunión consultiva celebrada en Canberra en 1980
se aprobó una Convención sobre conservación de los recursos vivos antárticos destinada a pre-
servar el ecosistema marino antártico y con tal propósito se definió una línea que amplia significa-
tivamente el área antártica. Nuestro país adhirió a esa Convención por medio de la ley 22584,
Apuntemos, en segundo término, que el Bureau Hydrographique International realiza
consultas destinadas a establecer una actualización de los límites entre océanos y mates. Nos
interesa par-ticularmente la propuesta del Reino Unido, que cuenta con varios apoyos, que lleva
los límites del océano Antártico a latitudes inferiores a la de la convergencia antártica e incluso
a las de la con-vergencia, subtropical en algunos sectores.
Señalemos, en tercer término, que el distinguido geógrafo contemporáneo Harm J. de Blij
ha sostenido (De Blij, 1978) que la «región austral» está constituida tanto por la Antártida
propiamente dicha como por las masas oceánicas que la rodea, unidad que ocupa una quinta parte
del total de la superficie de nuestro, planeta., El límite septentrional de esta unidad está,
representado por la convergencia subtropical en opinión de dicho autor.
46

CUADRO N° 3
Participación de los Estados en el Tratado Antártico

Argentina,

Signatarios iniciales (1959)


Australia,
han realizado Chile,
reclamaciones Francia,
territoriales Noruega,
Nueva Zelanda
MIEMBROS Reino Unido
Bélgica,
TRATADO ANTÁRTICO

CONSULTIVOS Estados Unidos,


Japón, Sudáfrica,
No han realizado Unión Soviética
reclamaciones
Países Bajos (1967) Polonia (1977), Alemania Fe-deral
territoriales
(1981), India (1983), Brasil (1983), Ecuador
(1987).

Checoslovaquia (1962), Dinamarca (1965), Rumania (1971), República


MIEMBROS Democrática Alemana (1974), Bulgaria (1978), Uruguay (1980), Perú
(1981), Papúa-Nueva Guinea (1981), Italia (1981), España (1981),
ADHERENTES China (1983), Hungría (1984), Suecia (1984), Finlandia (1984), Cuba
(1984), Suiza (1989).

Tres hechos dispares que confluyen, por cierto, en una posible ampliación del territorio sometido a
lo que establezca el nuevo tratado antártico. Cabe preguntarnos: ¿qué objetivos pueden satisfacerse
con una ampliación de ese tenor? Podemos anotar dos objetivos básicos sin perjuicio de que existan
otros que desconocemos:
a). Se disminuirán las áreas oceánicas (zona económica exclusiva y fondos) que puedan
reivindicar los países por aplicación de la Convención del Mar;
b). Algunas islas que están fuera de la Antártida (latitud menor a 60° Sur) pasarían a parti-
cipar del área antártica y como la soberanía de algunos países poderosos no es en ellas
discutida (caso de Noruega en Bouvet, de Francia en Kerguelen, etc.), esas islas serán bases
ciertas para operaciones antárticas de cualquier naturaleza e, incluso, para intentar
apropiaciones mayores.
Adviértase, a mayor abundamiento, que las islas Georgias del Sur y Sándwich del Sur pasan de esta
manera a integrar el área antártica y así quedarían irremisiblemente perdidas para la República Argentina
junto con la zona económica exclusiva y los fondos marinos que normalmente pueden definir para
nuestro país por aplicación de la Convención del Mar.
La mera posibilidad de que ocurra lo que acabamos de señalar obliga a una vigilia permanente.

4.6 El traslado de la Capital Federal

El problema del emplazamiento de la Capital Federal, como sede de las máximas autoridades
nacionales y centro de poderes de distintos órdenes, ha sido tema de controversias permanentes entre los
argentinos y sobre ello existe un libio reciente que registra los pormenores de la cuestión (Rey
Balmaceda, 1982), que nunca se suscitó en torno a una posible ineficacia de la ciudad de Buenos
Aires como capital natural de la Argentina sino más bien acerca de una presunta conveniencia en
quitar esa función administrativa a dicha ciudad para disminuir así su peso relativo en relación con
otras ciudades del país. De todos modos cabe puntualizar que en ese peso relativo debe computarse
también la parte que le corresponde a la porción bonaerense del Gran Buenos Aires, cuyo crecimiento
ha sido incesante en las últimas décadas hasta duplicar con creces actualmente a la población de la
ciudad fundada por Juan de Garay en 1580. Por el contrario, la ciudad de Buenos Aires permanece
estacionaria en su población, próxima a tres millones de habitantes desde 1947.
47

La cuestión del traslado de la Capital Federal es compleja, ofrece numerosos aspectos y permite una
discusión desde muy diversos puntos de vista. No es posible, en esta ocasión, abordarla en detalle y
sólo corresponde señalarla por todo lo que implica para un análisis de la realidad argentina desde la
óptica de la geografía política.

Cabe manifestar que durante la presidencia del Dr. Alfonsín se propició un proyecto de traslado de la
Capital Federal, convalidado por una ley nacional. El emplazamiento elegido fue un sitio localizado en
ambas márgenes del curso inferior del rio Negro, entre la ciudad de Viedma y el océano, donde se
realizaron algunas obras preliminares. Este proyecto fue resistido -por distintas razones- por la
población argentina y fue finalmente anulado en 1990

5. Conclusiones

El juzgamiento de la importancia y características de la República Argentina desde una óptica


correspondiente al campo de la geografía política puede efectuarse de distintas maneras.
En primer lugar, es posible ponderar su pertenencia a determinados grupos, bloques, «enten-tes»,
alianzas o «clubes» y al respecto mucho se ha discutido acerca de mi inclusión —o bien ex-clusión—
del denominado Tercer Mundo, de la unidad reconocida como Latinoamérica, del área identificada
como «mundo occidental», etcétera. Esa problemática escapa a los propósitos de este capítulo.
En tal orden de ideas puede recurrirse al reciente trabajo de Ray S. Cline (1980) referido al
«poder percibido» (perceived power) de una amplia cantidad de Estados para la década del 80, Este
autor utilizó la fórmula integrada por los denominados «elementos de poder», a saber:

Pp = (C+E+M) x (S + W)
donde: Pp es el poder percibido
C es la «masa crítica» (población más territorio del Estado) E
es la capacidad económica del país
M es la capacidad militar
S es el conjunto de propósitos estratégicos
W es la fuerza en lograr la estrategia nacional.

Cline analizó la situación correspondiente a 77 países: el primer lugar le correspondió a la


URSS (puntaje: 458), el segundo a Estados Unidos (304); otros puntajes interesantes fueron los de
Brasil (137), Japón (108), Francia (74). A la Argentina le correspondió un puntaje de sólo 32 puntos, en
el cual la «masa crítica» debió hacer sentir su innegable influencia, pues en los otros rubros su peso es
muy débil.
Asimismo Cline distinguió once «politectonic zones» integradas por la agrupación de varios
países. La más poderosa resultó ser la encabezada por la, URSS e integrada por Polonia, Alemania
Democrática, Rumania, Checoslovaquia, Bulgaria, Hungría, Mongolia, Cuba y Albania, con 534
puntos, seguida por la encabezada por los Estados Unidos (388).
La zona correspondiente a la Argentina fue la IX, integrada por América del Sur. En ella el peso del
Brasil, con sus 137 puntos, era excluyente; otros valores interesantes eran los de Chile (25), Perú
(13), Colombia (12), Venezuela (9) y Surinam (4). El peso de la Argentina, con los ya señalados 32
puntos, era poco importante.
Más allá de estas especulaciones, y de tantas otras del mismo tenor que puedan realizarse, lo
realmente interesante son las peculiaridades que distinguen a nuestro país desde el punto de vista de la
geografía política, entre las que podemos puntualizar:
48

1. Las características analizadas del sustento territorial (extensión, forma, posición, des-
prendimiento geográfico, cohesión interna, clima y recursos naturales) han demostrado
palmariamente que la República Argentina posee un conjunto de condiciones favorables tanto
para el desarrollo del poder nacional como para su proyección internacional, al margen de
los desaciertos administrativos que debemos soportar desde hace bastante tiempo;
2. La Argentina ocupa una posición céntrica con respecto a los cinco Estados vecinos. En
algunos sectores de esa extensa periferia existe un evidente desprendimiento geográfico,
pero en otros la facilidad de los contactos ha favorecido la inmigración limítrofe hacia
nuestro país, los traslados de los trabajadores de temporada y los intercambios vecinales. Esa
atracción que ejerce nuestro país genera una problemática fronteriza que es necesario atender;
3. En su porción americana emergida la Argentina se distingue por su condición prevalente
de país templado, con una buena aptitud general desde el punto de vista bioclimático. Ello
obliga a concretar una ocupación efectiva de todo el territorio, que en algunos lugares
deberá efectuarse en forma discontinua pero no por ello menos efectiva;
4. Las redes ferroviaria y vial poseen una relativa eficacia pero será necesario acordar con Chile
una eficaz salida al Pacífico; como contrapartida, nada obsta para que Chile logre por
intermedio de la Argentina una adecuada salida al Atlántico;
5. El hecho de pertenecer a la cuenca del Plata conmina a nuestro país a ejercitar todas las acciones
que sea menester para que esa privilegiada unidad natural sea idónea para fundamentar el
bienestar de todos sus habitantes;
6. La Argentina debe ser concebida como país bicontinental y su proximidad a la Antártida
deberá jugar un papel relevante en el futuro;
7. La Argentina posee una fachada atlántica de singular extensión, privilegiada por la carencia
de vecinos próximos. La presencia ilegítima del Reino Unido en las islas Malvinas debe
considerarse como una expresión de un colonialismo que ha perdido por completo su vigencia;
8. Un territorio amplio y variado, si bien árido y semiárido en grandes sectores, es un aval que
justifica cualquier pretensión de grandeza. Si a ello agregamos las características positivas de
la población, comprobamos que todo confluye en favor de un futuro pro-misorio que
demandará esfuerzos, pero que no es inverosímil.

Como consideración final cabe insistir en que sólo la reafirmación de la identidad nacional
será la garantía de una sobrevivencia feliz en la compleja antroposfera política mundial de nuestros días.
49

BIBLIOGRAFÍA

ARDISSONE, R. 1933. La forma del territorio de los Estados. Ensayo de geografía política.
Humanidades (La Plata), 23, 213-265.
ARGENTINA. ARMADA ARGENTINA. SERVICIO DE HIDROGRAFÍA NAVAL. 1972. Derrotero
argentino. Parte 1: Río de la Plata. 7a. ed. Buenos Aires.
ARGENTINA. EJERCITO ARGENTINO, INSTITUTO GEOGRÁFICO MILITAR. 1979. A tías de la
República Argentina. I. Parte Política. Buenos Aires.
BECERRA, A.; PRIETO, E. B. 1985. Actividades agropecuarias en las once provincias de la frontera
Oeste Argentina. En: GAEA SOC. ARG. DE ESTUDIOS GEOGRÁFICOS. Contribuciones científicas
XLVII Semana de Geografía, Mendoza, 1985. Buenos Aires, pp. 38-52.
BLIJ, H. J. DE. 1973. .Systematic political geography. New York, John Wiley and Sons.
— 1978. Regional geography of Antarctic and the Southern Ocean. University of Miami Law Review
(Miami), 33 (2), 299-314.
BOYCE, R. R.; CLARK, W. A. 1964. The concept of shape in geography. Geographical Review (New
York), 54 (4), 561-5 72.
CARLSTEIN, T. / e. a./ (eds.). 1978. Timing space and spacing time. London, Amold, 3vol.
CAVALLARO, C. 1979. I nuovi limiti delle acque territoriali in Italia. La geografía nelle scuole
(Roma), 24 (1), 1-6.
CLAVAL.P. 1978. Espace etpouvoir. Paris.P.U.F.
CLINE, R. A. 1980. World power trenas and U.S. foreign policy for the 1980's. Colorado,
Westview Press.
LA NACIÓN. 1984. Colonización en la frontera misionera. Buenos Aires, 4 de junio. COOPER,
J. C. 1978. An illustrated encyclopedia of traditional symbols. London, Thames and Iludson.
CHALIAND, G.; RAGEAU, J. P. 1984. Atlas estratégico. Geopolítica de las relaciones de fuerza en el
mundo. Madrid, Alianza.
DADEVERE, L. A. 1983. La plataforma continental. Los intereses argentinos en el nuevo de-recho
del mar. Buenos Aires, Eudeba.
DAUS, F. A. 1978. Geografía y unidad argentina. Buenos Aires, El Ateneo.
DEL CAMPO, S. /e.a./ (eds.). 1975. Diccionario de ciencias sociales. Madrid, Instituto de es-tudios
políticos. 2 vol.
DE MARCO, G. 1978. Antártida Argentina. En: ARGENTINA. MINISTERIO DE t CULTURA Y
EDUCACIÓN DE LA NACIÓN. La Argentina y algunos de sus intereses actuales en relación con su
soberanía. Buenos Aires, pp. 39-51 (en colaboración).
— 1982. Apropiación y explotación de la tierra en el nordeste misionero. Buenos Aires (inédito). DE
MARCO, G.; DURAN, D.; SASSONE, S. 1979. Descripción de las fronteras. En: REY
BALMACEDA, R. C Limites y fronteras de la República Argentina. Buenos Aires, Oikos,pp. 306-341.
DOLLFUS, 0.1976. El espacio geográfico. Barcelona, Oikos-Tau.
DUMOLARD, P. 1981. L'espace différeneie; introduction a une geotaxinomie. Paris, Económica
(Col. Geographia, 2).
FRAGA, J. A. 1978. El futuro incierto político-económico de la Antártida. En: La Atlantártida. Un
espacio geopolítica. Buenos Aires, Pleamar, pp. 225-235.
— 1983. Espacio marítimo. En: Introducción a la geopolítica argentina. Buenos Aires, Pleamar, pp.
269-298.
FREMONT, A. 1976. La región, espace vécu. Paris, P.U.F. (La Géographie, 19). GEOGHEGAN, A. R.
1976. Bibliografía de las islas Malvinas. Suplemento a la obra de José Torre Revello, 1954-1975.
Historiografía (Buenos Aires), 2,165-214.
GEORGE, P. (dir.). 1970. Dictionnaire de ¡a géographie. Paris, P.U.F.
GONZÁLEZ, J. V. 1983. Manual de ¡a Constitución argentina. Buenos Aires, Estrada. GOTTMAN, J.
1973. The signifícame of territory. Charlottesville, The Univ. Press of Virginia. HAGGETT, P.;
CHORLEY, R. J. 1969. Network analysis in geography. London, Arnold. HARTSHORNE, R. 1940.
The concept of raison d'étre and maturity of states illustrated from the
Mid-Danube área. Annals Assoc. Amer. Geographers (Washington), 30, 59-60.
— 1950. The functional approach in political geography. Annals Assoc. Amer. Geographers
50

(Washington), 40, 95-130.


— 1954. Political geography. En: JAMES, P. E.; JONES, C. F. (eds.) American
geography: inventory and prospect. Syracusc, pp. 167-225.
HEROLD, D. 1975. Dic Drittc Scerechtskonferenz der Vereinten Nationen. Die Erde (Beilin), 106
(4), 277-290.
HODGSON, R. D.; SMITH, R. W. 1979. Boundary issues created by extended natio-nal matine
jutisdiction. Geographical Review (New Yotk), 69 (4), 423-433.
HOPE, A. F. J. 1983. Sovcteignty and dccolonization of the Malvinas/Falklands Islands. Boston
College International and Comparative Law Review (Boston), 6 (2), 391-445.
KING, L. J. 1969. The analysis of spatial fotm and its relations to geogiaphic theory. Annals
Assoc. Amer. Geographers (Washington), 59, 573-595.
KRISTOF, L. K. D. 1967. The State-Idca, the National Idea and the image of Father-land. Orbis, 2,
238-255.
LAVER, M. 1977. An annotated bibliography of the Falklands Islands and the Fal-klands De-
pendencies. Cape Town, University.
MENENDEZ, R. F. 1982. Las conquistas territoriales argentinas. Buenos Aires, Círculo Militar
(Biblioteca del Oficial, 711).
MILIA, J. G. 1983. Delimitación del espacio marítimo argentino. Bol. Gaea Soc. Arg. Est. Ge-
ográficos (Buenos Aires), 102,10-17.
— s. f. La frontera aérea de los Estados, el espacio ultraterrestre y las actividades espaciales. Buenos
Aires, Oikos.
MONKHOUSE, F. J. 1978. Diccionario de términos geográficos. Barcelona, Oikos-Tau. MUIR, R.
1979. Modem political geography. London, Macmillan.
PELEGRINO, A. 1978. Algunas singularidades geográficas de la Argentina. Valoraciones y
vulnerabilidades. Buenos Aires, Oikos.
PINEDA, J. O. La posición británica sobre las islas Malvinas puesta al día. La Nación. (Buenos
Aires), 7 y 8 de agosto de 1986.
POUNDS, N. 1972. Political geography. New York, McGraw-Hül Co.
REY BALMACEDA, R. C. 1972. Geografía regional: teoría y aplicación. Buenos Aires, Estrada.
1979. Limites y fronteras de la República Argentina. Epítome geográfico. llucnos Aires, Oikos.
1983. En procura de una determinación precisa del territorio argentino. Bol. Gaea Soc. Arg. Est.
Geográficos (Buenos Aires), 102,1-9.
--1984 En procura de una determinación precisa del territorio argentino: segundo avance, Bol. Gaea
Soc. Arg. Est. Geográficos (Buenos Aires), 103, 15-18.
--1985 Integración territorial de la Argentina. Buenos Aires, Asociación para la promoción de
sistemas educativos no convencionales.
ROCCA TAGLIATA, J. A. 1982. El espacio desde la óptica geográfica. Buenos Aires, Gaea 1, pp.
27-38 (Aportes al pensamiento geográfico).
SAGREDO J. (ad.). 1972. Diccionarios Rioduero: geografía. Madrid.
SANGUIN, A. L. 1981. Geografía política. Barcelona, Oikos-Tau.
SANZ, L. S. Las Malvinas y la Conferencia del Mar. La Nación (Buenos Aires), 25 de setiembre
de1982
SMITH, U. W. 1981. The maritime boundaries of the United States. Geographical Review (New
York), 71 (4), 395-410.
STAMP, L. S. (ed.), 1961. A glossary of geographical terms. London, Longman.
TORRE REVELLO, J, 1953 Bibliografía de las islas Malvinas: obras, mapas y documentos
(contribución). Buenos Aires, Universidad.
VALENCIANO, E. O. 1989 los comités de frontera. Funcionamiento y experiencia. Buenos
Aires, Banco Interamericano de Desarrollo - Instituto para la Integración de América
VILLALOBOS, L I. DE. 1980. Método geográfico-político para apreciar la efectividad de go-
bierno de un Estado. Buenos Aires (inédito)
WEIGERT, H. 1944. Geopolítica. Generales y geógrafos. México, Fondo de cultura Económica.
WRIGHT, Q. 1948. Las tendencias de la población y las relaciones internacionales. En: WEI-GERT,
H.; STEFANSSON, W.(eds.). Política y poder en un mundo más chico. Buenos Aires, Atlántida,
pp. 425-445.
2

Los ambientes naturales del


territorio argentino
54

LOS AMBIENTES NATURALES


DEL TERRITORIO ARGENTINO
RICARDO G. CAPITANELLI

La Argentina es un país extenso de variados paisajes naturales.


Los mecanismos atmosféricos aseguran una uniformidad climática caracterizada por el predominio
de espacios secos.
Las grandes unidades geomorfológicas son factores diferenciales que explican la variedad de
paisajes.
El escurrimiento superficial es insólito y producto de una infeliz combinación de clima y mode-
lado de los terrenos.
La vegetación natural, modificada por la actividad humana, es una expresión cabal de las
condiciones físicas reseñadas.
En suma, la Argentina es un mosaico de paisajes naturales.

Geomorfología

1. Un país de relieve y modelados diversos

En el extenso territorio argentino los factores estructurales tuvieron suficiente espacio para
crear grandes dominios, en su mayoría compartidos con países vecinos. Por el desarrollo latitudinal
(más de 32°), ha reinado en su ámbito una variada gama de climas y paleoclimas que han mode-lado las
estructuras primitivas dando lugar a diferentes unidades geomorfológicas (Fig. 1).

2. Etapas de la evolución geomorfológica

a) Los antiguos zócalos de Brasilia y Patagonia


La antigua masa de Brasilia, que en el paleozoico formaba parte de un continente extenso
(Gondwana), constituye, junto con el de Patagonia, el basamento sobre el cual se ha erigido toda la
arquitectura geomorfológica argentina, a través de distintos períodos geológicos.
El de Brasilia, fracturado y levantado o hundido diferencialmente en bloques, aflora en forma
discontinua en diversos lugares, especialmente en las sierras pampeanas, o se encuentra sepultado a
grandes profundidades, como en la pampa. Contrariamente, el de Patagonia, independiente en los
primeros tiempos geológicos, fue afectado por movimientos de ascensos y descensos
(epirogénicos). Estos no fueron uniformes en toda su extensión y ciertos bloques, rezagados en el
ascenso, formaron cubetas, en las cuales se depositaron sedimentos mesozoicos, dando los li-
neamientos geológicos esenciales de la Patagonia: planicies relativamente elevadas y depresiones. Las
gruesas pilas sedimentarias (continentales y marinas) y efusiones basálticas, cubrieron el
basamento. De aquí que éste aflora sólo en contados y reducidos espacios.
b) De los macizos antiguos a las penillanuras y cuencas sedimentarias

Durante la era paleozoica, nuevas unidades estructurales se agregaron a las descriptas. En


losprimeros tiempos, fuertes plegamientos afectaron franjas marginales del basamento de Brasilia
originando las sierras subandinas, las pampeanas y la precordillera.
En la era mesozoica estas cordilleras plegadas fueron sometidas a un prolongado e intenso
proceso erosivo. Por tal motivo, al comenzar el terciario habían sido reducidas a peniplanicies. La
misma cordillera frontal, que desde el pérmico era un continente sometido a la erosión, sufrió el
proceso de peniplanación.
Simultáneamente, al este o entre las unidades citadas, los sectores correspondientes a bloques
hundidos se constituían en cuencas de sedimentación, especialmente la llanura chaco-pampeana y el
sinclinal andino. El bloque misionero, parte del antiguo macizo brasileño, tuvo una evolución
singular dentro de las diversas unidades argentinas, la cual revela muy bien morfología. Tapadas por los
mismos sedimentos del macizo, en el mesozoico, tensas efusiones de meláfiros recubrieron y fosilizaron
las series de areniscas que le precedieron. Las rocas cristalinas del antiguo macizo todavía afloran en
diversos lugares.
55

Paralelamente, en la Patagonia, sobre el borde occidental del basamento, a causa de un plegamiento


producido por empujes desde el oeste, se agregaron al cuadro estructural nuevas montañas: los
Patagónides.

c) El gran ciclo orogénico terciario y su repercusión


Durante el terciario tuvo lugar la formidable orogenia andina que plegó las montañas más altasdel
continente americano: los Andes.
El proceso comenzó por la Patagonia, en los primeros tiempos de la era y prosiguió en la parte
septentrional de la actual cordillera denominada Andes áridos.1 El plegamiento fue acompañado de
grandes efusiones volcánicas, las cuales formaron muchas de las cumbres más prominentes de la
montaña.
La orogénesis repercutió en otras unidades. Los macizos antiguos, viejos y rígidos, se fracturaron y
movieron en forma diferencial adquiriendo el porte actual, como se observa, entre otras, en las sierras
pampeanas y la precordillera.
Una gran parte del antiguo basamento brasileño fue levantado considerablemente formando la puna,
mientras los sedimentos acumulados en sus bordes se plegaron dando nacimiento a la cordillera salto-
jujeña y además, el porte y actual estructura plegada y fallada de las sierras subandinas.
Sobre el macizo de Brasilia, fracturado y diferencialmente hundido a grandes profundidades,
continuaba acumulándose la potente pila sedimentaria que forma la llanura argentina. También
proseguía el proceso sedimentario en el ámbito del macizo patagónico. Solamente el bloque mi-
sionero permaneció ajeno al acontecimiento.
d) Los cambios acaecidos en el cuaternario
El cuaternario se caracteriza por los movimientos de ascenso ocurridos sobre las unidadesplegadas en
el ciclo orogénico terciario, acompañados de erupciones no sólo en el ámbito cordillerano, sino
también en las planicies patagónicas.
Mientras en la pampa se acumulaba la serie superior, en la Patagonia se elaboraban los in-
mensos glacis a cuya terminación se depositaron los rodados patagónicos. En general, en los bordes
de todas las montañas, bajo los cambios climáticos que caracterizaron la era, se modelaba el piedemonte.
A los climas áridos, con grandes intemperies, corresponden las extensas rampas (glacis). A los
períodos pluviales y de deshielos se deben las terrazas y los grandes conos de deyección. Los cuatro o
cinco niveles de piedemonte pueden explicarse, precisamente, en función de los citados cambios
climáticos. En las altas montañas de la cordillera y también algunos sectores de las sierras pampeanas
quedaron las huellas del glaciarismo cuaternario: valles en auge, circos glaciares, morenas, lagos de
barrera, depósitos de solifluxión, etcétera.

3. Las grandes unidades geomorfológicas

Las montañas
A) Jóvenes, plegadas

1. La cordillera de los Andes: altas montañas con modelado glaciar

Los Andes constituyen la gran montaña argentina, por la magnitud y variedad de las formas (Fig.
2).
En conjunto, su estructura plegada en sedimentos mesozoicos es esencialmente terciaria,
complicada por erupciones que han formado los grandes volcanes andinos, especialmente los
recientes.
La sucesión de paleoclimas áridos y glaciares ha dejado sus huellas en el modelado y junto con los
climas actuales, más los diversos factores estructurales, han dado lugar a diferencias morfológicas en
toda su extensión latitudinal.
Los Andes áridos (27° a 37°) constituyen un grandioso conjunto de cumbres elevadas, las mayores
56

de América y aun de muchas partes del mundo. El Aconcagua tiene 6.960 m sobre el nivel del mar.
Los cordones longitudinales se encuentran aislados, y en parte ramificados en macizos, se-
parados por valles de rumbo norte-sud y este-oeste.
Los sedimentos mesozoicos fueron plegados por un empuje desde el oeste. Donde las ondas
chocaron con la rígida cordillera frontal los pliegues se hicieron estrechos y alcanzaron la mayor
altura.
Caracterizan a estos Andes cumbres empinadas y crestas agudas a las cuales se suman los picos
esculpidos en potentes masas eruptivas. Sin embargo, tales cumbres no han podido borrar las amplias
formas redondeadas de los pliegues sobre los cuales se yerguen.
Los movimientos epirogénicos del cuaternario les dieron el porte final y la sucesión de climas el
modelado glaciar que alterna con las formas áridas.
A la glaciación cuaternaria, de escasa potencia, se deben las cumbres piramidales (matter-
horn), los circos glaciares, los nichos de nivación, los valles en auge, las morenas, terrazas fluvio-
glaciares y algunas que otras cuencas lacustres reducidas. No parecen haber sufrido más de dos
glaciaciones, sino una sola con dos empujes, de los cuales el primero fue más potente.
Bajo el clima árido postglacial, los hielos se redujeron y se elevaron a grandes alturas (más de
3.800 m), y sólo alimentan una red de drenaje relativamente pobre, ajustada a la estructura (valles
longitudinales y transversales).
Bajo un clima árido y frío, sin cubierta vegetal o muy escasa, los procesos periglaciares,
de-bidos al congelamiento y descongelamiento periódico o diario, sobre rocas desnudas, han
generado las grandes acumulaciones de materiales (taludes de escombros, vertientes de reptación,
conos de deyección, coladas de barro, suelos estructurales, etc.) que en parte ocultan el
modelado glaciar preexistente.
Los Andes de transición (37° a 40°), con un marcado descenso altitudinal, muestran relieves
mesetiformes y mesetas escalonadas, profundamente disectadas por sistemas complicados y
desfiladeros de altas y abruptas paredes. El límite de las nieves desciende a niveles muy bajos
(2.000 m). Los ríos son más frecuentes y caudalosos.
57

Fig. 1. Bosquejo geomorfológico de la República Argentina, según original modificado de J. Frenguelli


MONTAÑAS
A. Jóvenes plegadas: 1) La cordillera de Los Andes, altas montañas con modelado glaciar; 2) Cordillera salto-jujeña y sierras subandinas
una región ambigua entre la Puna y la llanura chaqueña; 3) Los Patagónides, mezcla de montaña plegada en sedimentos modernos y
peniplanicies en bloques antiguos.
B. Macizos antiguos arrasados en el mesozoico, fracturados y ascendidos en bloques por la tectónica terciaria: 4) Alta (cordi-llera frontal
árida), con escaso modelado glaciar; 5) La precordillera, una montaña de bloque semejante a las sierras pampeanas, con escasas disecciones
transversales; 6) Las sierras pampeanas, macizos antiguos aislados en las planicies con formas climáticas diversos.
PLANICIES
A. Mesetas: 7) La Patagonia, una amplia meseta escalonada; 8) La Puna, un bloque del antiguo macizo elevado a gran altura; 9)La meseta
misionera (chapada), disectada con aspectos de sierras;
B. Cuencas sedimentarias: 10) Bolsones o cuencas heterogéneas de sedimentación en clima árido; 11) Llanura o gran cuenca sedimentaria

COSTAS
A) Consecuentes, maduras, adaptadas a la acción de las fuerzas marinas: 12) Costas playas, con médanos y estuarios, de la llanura; 13)
Costas acantiladas, con estuarios, de las mesetas patagónicas; B) iniciales, jóvenes, no adaptadas a la acción del mar, de los canales de
Moat y Beagle y otros sectores de Tierra del Fuego,con modelado glaciar y fiordos: 14) Iniciales, jóvenes, no adaptadas a la acción del mar
y fiordos.
58

Los Andes húmedos (40° a 53°), contrariamente a los áridos, se caracterizan por la frecuencia de
infinitas crestas aserradas, surcos, quebradas, abruptos y picos esbeltos de cumbres nevadas.
Proliferan aquí los valles de brecha (clusa) y de capturas de escasa altitud.
Las nieves perennes descienden a los 1.100 m y los glaciares se multiplican y alcanzan altitudes
de 370 m. Relictos del período glaciar, dos campos de hielo sobre los cuales se levantan desnudos
nunatacks, de 200 y 400 km de largo por 20 y 50 de ancho, se extienden entre los 46° y 52° de latitud.
Situados en gran parte en territorio chileno, hacia Argentina bajan en forma de lenguas glaciares de
valle para quebrarse en los lagos y generar témpanos.
Del intenso glaciarismo dan testimonio los circos, valle en auge, rocas aborregadas, varves
espesos, bloques erráticos, morenas, etc. Tampoco parece seguro el esquema de las cuatro glaciaciones.
El clima húmedo (más de.2.000 mm. de precipitaciones) y una vegetación arbórea muy rica
(bosque cerrado y selva) patentizan el cambio climático que distingue estos Andes de los áridos. Pero
el rasgo fundamental, junto a un drenaje abundante, lo constituye la multitud de lagos extensos que
ocupan valles transversales y rematan en anfiteatros moreníticos.
Los Andes fueguinos, aparte del cambio de rumbo, se distinguen por la intensificación de los
caracteres propios de los Andes húmedos. Las rocas están más disectadas por la erosión y las
montañas tienen alturas modestas (1.000 m). Las nieves descienden a 900 m. y los inmensos
glaciares, a veces imponentes, llegan hasta el Beagle, donde liberan sus témpanos.

2. Cordillera salto-jujeña y sierras subandinas, una región ambigua entre la Puna y la


llanura chaqueña
Entre la Puna y la llanura chaqueña se encuentra un conjunto ambiguo de montañas jóvenes,
idénticas del punto de vista cronológico, pero que difieren por razones litológicas y climáticas. Como
consecuencia, existen diferencias geomorfológicas no suficientemente estudiadas.
Sobre partes del antiguo basamento cristalino hundido se depositaron sedimentos mesozoicos. En el
terciario (primera fase andina), estos sedimentos, a causa de una onda proveniente del oeste, fueron
plegados en anticlinales y sinclinales sencillos entre el borde oriental de la Puna y el basamento de
la llanura, en cordones longitudinales. Luego fueron fragmentados transversalmente dando lugar a la
formación de cuencas de sedimentación (bolsones), rellenados posteriormente por materiales
eomiocénicos y pliocénicos.
Durante la segunda y tercera fase andina, los sedimentos de los bolsones se plegaron e in-
corporaron a los sistemas anteriores y sobre el conjunto se depositaron los sedimentos cuaternarios hasta
que un movimiento especialmente epirogénico los dislocó y creó los bolsones actuales.
Las montañas del borde de la Puna se elevan por encima del altiplano, desnudas bajo un clima
árido, a altitudes que sobrepasan los 6.000 m. Constituyen una línea de partición de las aguas y están
disectadas por surcos fluviales estrechos (quebradas) y entre ellos se intercalan fosas tectónicas
rellenadas por sedimentos (los valles).
Las sierras subandinas, contrariamente, tienen modestas alturas. Sus rasgos morfológicos son
sencillos, especialmente en las secciones de braquianticlinales o trozos de anticlinales simétricos. Las
complicaciones se presentan donde los pliegues (anticlinales) se vuelcan o quiebran y especialmente
donde las montañas se levantan y rompen en bloques deslizados por planos de fallas. En estas
condiciones aparecen paredes rocosas abruptas, cuestas escalonadas y complejos erosivos que se
manifiestan especialmente en quebradas y cañadones.
En las sierras del borde puneño los suelos esqueléticos presentan vertientes cubiertas de es-
combros. En las sierras subandinas los materiales de escombros que descienden por los faldeos forman
conos de deyección o se acumulan alrededor de las cuencas con fondo detrítico aluvional.
En determinados sectores, en discordancia morfológica, aparecen las rocas cristalinas del
basamento y el estilo de macizos antiguos se introduce en la región acentuando su ambigüedad,

3. Los Patagónides, mezcla de montaña plegada en sedimentos modernos y peniplanicies en


bloques antiguos
Entre los Andes y la Patagonia, desde el Sur de Mendoza hasta el lago Musters (35° a 45° 30),
aproximadamente, se extiende la unidad de montañas bajas denominadas Patagónides. Por el Oeste
las separan de la cordillera andina depresiones longitudinales recorridas por ríos. Por el Este, en cambio,
59

sus bordes están constituidos por construcciones volcánicas de conos frescos, que se prolongan en
mesetas basálticas.
Si bien los Patagónides constituyen una unidad orográfica, no tienen unidad estructural ni
morfológica, por lo cual conviene indicar las subunidades que los integran; es decir, la plegada y la
peniplanicie en bloques antiguos.
Los últimos, o sea los Patagónides de bloques o centrales, son una ancha peniplanicie de unos 1.200
m, término medio, elaborada en rocas cristalinas antiguas (cuarcitas, gneis y esquistos
precámbricos), además de masas intrusivas paleozoicas muy antiguas (especialmente granito).
Los caracteres geomorfológicos de estas montañas —destrucción de masas graníticas y perfiles
serranos resultantes de la erosión de su borde oriental— los asemejan a los paisajes de los macizos
antiguos de Córdoba y Tandil.
Son, sin dudas, bloques del antiguo basamento patagónico, fracturados y levantados en
tiempos muy antiguos.
Los Patagónides plegados, al N y S de la unidad anterior, se formaron, a causa de movimientos
orogénicos procedentes del oeste, de los sedimentos acumulados en cuencas originadas por
hundimiento de bloques del antiguo basamento. Dichas cuencas o grandes bolsones fueron invadidos
por el mar desde el Pacífico y rellenados por sedimentos marinos, intercalados con continentales
(jurásicos y cretácicos), en sus bordes.
Las pilas sedimentarias plegadas y aun sobre-escurridas contra el basamento patagónico,
durante el terciario, formaron pliegues, a veces complicados. En ocasiones fueron fracturados y
hundidos formando cuencas luego rellenadas por sedimentos continentales (cretácicos y terciarios).
Estos sedimentos, a su vez, fueron dislocados por movimientos andinos del terciario y fracturados por
epirogénesis en el cuaternario. Todo este largo proceso guarda ciertas similitudes con el que originó las
sierras subandinas.
La resistencia a la erosión de algunas rocas ha formado crestas y cumbres peñascosas. Diques,
filones, chimeneas eruptivas despojadas de las cubiertas sedimentarias han dado perfiles rígidos y
abruptos, mientras que a las fallas se deben las rupturas de pendientes.
En general predominan anticlinales amplios, en los cuales se intercalan cuestas originadas por
bancos más resistentes. Los sinclinales han sido rellenados por sedimentos fluviales del cretácico
superior y terciario.
Ambos grupos, del N y del S, difieren geomorfológicamente a causa de matices litológicos y
estructurales. En el grupo septentrional predominan los arcos de pliegues del mesozoico, mientras en el
austral lo hacen los relieves en bloques limitados por fallas a causa de la epirogénesis
pleistocénica.
B) Macizos antiguos arrasados en el mesozoico, fracturados y ascendidos en bloques por la
tectónica terciaria
Los procesos tectónicos que dieron origen a los Andes repercutieron en gran parte del territorio
argentino creando nuevas montañas con los antiguos trillizos paleozoicos arrasados durante el
mesozoico, cuyas diferencias fundamentales dependen de los sistemas de erosión a los cuales han estado
sometidos.

4. La cordillera frontal árida, con escaso modelado glaciar

La cordillera frontal, al este de los Andes áridos, se extiende, de norte a sur por las provincias de
San Juan y por la de Mendoza hasta el río Diamante. Es una alta montaña de bloques, cuyas
cumbres alcanzan a los 6.000 m.
Contrariamente a los Andes áridos, es una estructura vieja rejuvenecida en forma violenta por la
tectónica del terciario superior y cuaternario (Fig. 2).
Plegada a fines del paleozoico y expuesta a la erosión desde el pérmico, al final del mesozoico era
una peniplanicie de escasa altura cuyos restos se encuentran aún a gran altura (5.000 m). La tectónica
del terciario la elevó a gran altura, mientras se hundía el piedemonte, lo cual explica el enorme
desnivel (3.000 m, en parte), entre este y el borde oriental de la montaña.
La resistencia de los materiales antiguos (rocas efusivas: pórfidos cuarcíferos y porfiritas) a la
erosión ha dado lugar a la elaboración de crestones y picos elevados, paredones abruptos, gar-gantas
y quebradas estrechas por las cuales descienden torrentosos los ríos.
60

Los glaciares, en niveles superiores a los 3.800 m, han dejado sus huellas entremezcladas con las
formas típicas de la erosión normal y climas áridos.

5. La Precordillera, una montaña de bloque semejante a las sierras pampeanas con escasas
disecciones transversales
Desde el borde austral de la Puna hasta el río Mendoza, entre valles longitudinales que las
separan de la cordillera frontal y las planicies pedemontanas o las sierras pampeanas, se levantan los
altos bloques (4.000 m) de la precordillera.
Compuesta de una potente serie sedimentaria paleozoica (silúrica, devónica, carbonífera y
pérmica), plegada por movimientos hercínicos, fue arrasada primero por la erosión mesozoica y
reelaborada por la tectónica terciaria y cuaternaria que la levantaron en bloques o la hundieron
dando lugar a la formación de cuencas de sedimentación o bolsones.

Fig. 2. Perfil geológico de la cordillera de los Andes, según F. González Bonorino, simplificado por N.
Salomón.
A. Paleozoico: 1. Pórfidos y granodioritas; 2. Grauvacas.
B. Secundario: 3. Calcáreos, areniscas y yesos; 4. Turbas y brechas volcánicas; 5. Andesitas y brechas volcánicas.
C. Terciario y Cuaternario: 6. Formación mogotes; 7. Depósitos aluviales.

Desde el punto de vista geomorfológico, estas montañas se caracterizan por la culminación en las
antiguas peniplanicies, los domos anchos de grandes abovedamientos y cimas redondeadas. En
suma, un zócalo elevado en cuyas superficies superiores, se notan los paisajes antiguos se-
midesérticos que ya en el terciario, alcanzaron un estado de plena madurez, los cuales aún se
conservan bajo clima árido o semiárido. Los amplios valles se pierden en relieves densos y suaves de
escasa altura relativa (200 a 300 m), con divisorias de aguas muy bajas y apenas visibles. Sólo en los
bordes, a raíz del levantamiento cuaternario, se nota el rejuvenecimiento incipiente por la erosión
retrocedente.
Los sectores septentrionales y centrales están constituidos por largos cordones subparalelos, en
parte separados por bolsones y en parte por valles longitudinales estrechos. En el sector meridional,
en cambio, los cordones desaparecen sustituidos por el macizo de Uspallata.
Durante el período glaciar andino, el descenso de los pisos climáticos debió dar lugar a pro-
61

cesos periglaciares intensos, no estudiados todavía.

6. Las sierras pampeanas, macizos antiguos aislados en las planicies, conformas


climáticas diversas.
Los macizos antiguos argentinos, denominados sierras pampeanas, constituyen el borde de un
continente roto por violentos procesos diastróficos cuyos contactos e interpretación con otras uni-
dades geomorfológicas tornan a veces difícil la precisión de sus límites.
La semejanza del proceso de elaboración con el resto de los macizos antiguos permite abreviar su
descripción.
Sobre el antiguo basamento cristalino se depositaron los sedimentos plegados en el paleo-
zoico. El macizo así elaborado fue reducido a peniplanicie durante un largo proceso parcialmente
interrumpido que permitió períodos de sedimentación. La orogenia terciaria partió el macizo antiguo
en distintos bloques, según fallas .longitudinales y transversales. A lo largo de las primeras se
produjeron basculamientos con inclinaciones al éste, generalmente, cuyos abruptos miran al oeste.
Sobre las antiguas peniplanicies emergen, a veces, antiguos batolitos graníticos y volcanes an-
desíticos de la serie eruptiva terciaria formada por lavas surgidas de fallas, algunas de ellas de
orientación NO-SE. Los movimientos del cuaternario produjeron los últimos ascensos y dieron el
porte final a las montañas (Fig. 3).
Mientras unos bloques se levantaron, otros se hundieron formando cuencas sedimentarias
(bolsones) que aislaron a las distintas unidades cristalinas (gneis, micacitas, con batolitos graníticos).
La uniformidad del relieve de todo el conjunto, consecuencia de un estilo tectónico único, ha
sido quebrada por los diversos sistemas de erosión climática del pasado y del presente.
En general, en todo el ambiente de las sierras se advierte la existencia de períodos climáticos
húmedos y secos que han elaborado en el piedemonte cuatro o cinco niveles de erosión alterados a
veces por movimientos tectónicos recientes (neotectónica). Por lo menos tres de estos niveles, al igual
que en el piedemonte andino fueron elaborados bajo climas áridos y de grandes intemperies
(pedimentos de las sierras y glacis cordilleranos), mientras los restantes (terrazas) se deben a la
acción de los cursos de agua en épocas de abundantes caudales.2
Factores altitudinales y de exposición a las distintas masas de aire húmedo que actúan sobre el
país han dado lugar a diferentes formas del modelado que caracterizan a las montanas septen-
trionales, especialmente.
Las más altas cumbres fueron alcanzadas por los hielos del período glaciar del cuaternario, los
cuales dejaron en ellas formas semejantes a las andinas: circos glaciares, valles en auge, morenas, etc.
En otros sectores fueron los procesos periglaciares que dejaron sus huellas. En este caso pueden
observarse, en las montañas del norte, amplios valles colmados de materiales fluvioglaciares y
extensas coladas de solifluxión.
62
Fig. 3. Perfil geológico de los macizos antiguos y llanura argentina, según G. Rohmeder, sobre la base de estudios de Frenguelli, Castellanos
y otros.
63

Finalmente, cabe destacar las diferencias entre las vertientes orientales expuestas a los vientos
húmedos procedentes del anticiclón del noreste, especialmente en las alturas, y la penetración de
lenguas de masas de aire húmedo ecuatorial en los niveles inferiores. Las abundantes precipitaciones
producidas por estas masas de aire, actuando sobre la montaña a través de una densa vegetación
selvática, han generado formas diferentes a las que caracterizan las vertientes áridas de las sierras
pampeanas del sur.

Las planicies

A) Mesetas

7. La puna, un bloque del antiguo macizo elevado a gran altura

Se llama puna a la parte argentina de un enorme bloque del antiguo basamento cristalino levantado
a gran altura por la orogenia del terciario (3.800 a 4.000 ms/nm.).
Esquemáticamente, es una peniplanicie ondulada y con monadnocks, dividida en cuencas cerradas,
de fondos chatos cubiertos de escombros y a veces con salares, por cordones longitudinales alargados
(1.000 a 1.500 m) y vertientes suaves, como así también por formaciones de origen eruptivo.
En general, las montañas interiores son de estructura antigua, especialmente de esquistos,
dislocadas por la tectónica terciaria (5.600 a 6.000 m). Sus relieves son muy ásperos a causa de la
intensa meteorización bajo un clima árido, frío y ventoso.
Las formaciones volcánicas constituyen grandes cerros (6.700 m), aislados y cónicos, con sus
perímetros circundados de escorias.
Sólo las más altas cumbres (más de 6.000 m) son coronadas por nieves y prácticamente no existe
red de drenaje.
Los suelos son, en parte rocosos y en parte guijarrosos o arenosos. No faltan, como expresión de la
sequedad del clima, los cantos facetados y los médanos.
Un movimiento final, entre el plioceno y el pleistoceno dio al bloque su porte actual, complotado
por el vulcanismo cuaternario.

8. La Patagonia, una amplia meseta escalonada

Originariamente —como dice Frenguelli3— la Patagonia, incluida la parte extraandina de Tierra


del Fuego, debe considerarse como una vasta planicie, levantada, fracturada y dislocada en
grandes bloques en épocas geológicas relativamente recientes.
Sobre el antiguo macizo patagónico, que en los primeros tiempos geológicos permaneció se-
parado del resto del continente, aparecen grandes sedimentos marinos y continentales del se-
cundario y terciario, cubiertos luego por una espesa capa de rodados cementados (rodados te-
huelches o patagónicos) y nuevos mantos eruptivos. Casi todas las mesetas se encuentran par-
cialmente cubiertas de basaltos terciarios y cuaternarios.
La vieja planicie primitiva, en parte originaria y en parte construida o destruida, ha sido desar-
ticulada por movimientos, en particular los responsables de los rasgos esenciales de la geomor-
fología patagónica: mesetas, valles, terrazas, cañadones y depresiones.
Las mesetas son planicies de alturas variables que dan la impresión de escalonamiento as-
cendente hacia el oeste. Son planos casi siempre horizontales, sobre los cuales, cuando no están
cubiertos por rodados, pueden aflorar rocas del basamento. Sus bordes caen en barrancos hacia las
depresiones, valles y, especialmente, hacia el mar donde los cantiles alcanzan alturas hasta de 200 m.
Los valles fluviales que cruzan la Patagonia son desmesuradamente anchos (varios km), de
fondo chato y cursos estrechos. Las vertientes terrazadas han sido erosionadas y presentan el
aspecto de "bad-lands".
Los cañadones son valles secos, generalmente, con superficies salitrosas.
Las depresiones o bajos corresponden a bloques hundidos y poseen extensiones, profundidades y
64

perímetros variables.
En suma, un conjunto de planicies alternando con cuencas, valles, cerros tabulares, conos
volcánicos abruptos, serranías rocosas, pero en todas partes dominan las mesetas.
Los rejuvenecimientos erosivos cuaternarios —a los cuales no fueron ajenos los glaciares que
cubrieron Tierra del Fuego e incluso la extremidad austral de la Patagonia— intensificados durante las
fases climáticas húmedas, con enriquecimiento de la red hidrográfica, fueron los responsables de los
valles amplios y profundos. Las intensas acciones deflatorias de las fases climáticas secas, retocaron
fuertemente las formas y esculpieron otras propias.
9. La meseta misionera (chapada), disectada con aspectos de sierras
La provincia de Misiones y el ángulo NE de Corrientes, hasta el río Aguapey, más o menos, es una
meseta abovedada, de doble pendiente, que cae en forma abrupta a los ríos Paraná y Uruguay. Inclinada,
además, hacia el SO, sus alturas van de los 800 a los 150 m s/nm, aproximadamente. Es una
prolongación del estilo geomorfológico de las chapadas del Brasil.
El antiguo macizo brasileño fracturado fue cubierto por areniscas y basaltos mesozoicos. Estos
metamorfizaron (meláfiros) y en parte fosilizaron a las primeras. La descomposición de estos ma-
teriales, bajo un clima cálido y húmedo, ha originado los depósitos superficiales de color rojo intenso
(suelos ferralíticos) que caracterizan a Misiones.
Las abundantes precipitaciones (más de 2.000 mm), no obstante la espesura de la selva, han dado lugar
a la disección de los bordes de la meseta por cursos afluentes del Paraná y Uruguay.
En ciertos sectores el proceso de disección ha reducido la meseta a estrechas divisorias de agua
con aspectos de sierras.
Los afloramientos de areniscas endurecidas y de meláfiros resistentes a la erosión han generado
rápidos y cataratas.
B) Cuencas sedimentarias

10. Bolsones o cuencas heterogéneas de sedimentación en clima árido


Los bolsones, cuya existencia y origen tectónico han sido señalados en relación con distintas
regiones geomorfológicas, tienen sus más típicos exponentes entre las unidades de bloques. La
extensión por ellos ocupada supera a la de las sierras pampeanas, especialmente en el Sur donde
presentan grandes aberturas hacia las llanuras. Se puede hablar de bolsones abiertos, que en
Argentina dominan los llanos. En la parte norte, en cambio, son frecuentes los bolsones cerrados, a
mayor altura que los anteriores, los cuales presentan los caracteres geomorfológicos más típicos.
Los bolsones tienen, de la periferia al centro, tres partes fundamentales: abrupto de falla, bajada y
playa.
El abrupto de falla corresponde a las paredes rocosas de las montañas circundantes. La bajada se
compone de materiales muy gruesos que aporta el abrupto y forman a sus pies taludes de escombros.
Entre éstos, los cursos de agua torrenciales que bajan de la montaña forman inmensos conos de
deyección de bloques rodados. Unos y otros pueden entrar en coalescencia formando un talud continuo.
Hacia abajo o centro del bolsón, por el desgaste sufrido en el transporte, los mate-riales disminuyen de
volumen y pasan a gravas, guijarros y gravillas.
En la playa se acumulan los materiales más finos correspondientes a las arenas y limos flu-
vioeólicos que pueden llegar a formar médanos. Según los caracteres de la red de drenaje, generalmente
pobre bajo el clima árido, en la playa se forman depósitos de agua, los cuales, si persisten, dan lugar a
ciénagas y si se secan a barreales o depósitos salinos (salares).

11. La llanura o logran cuenca sedimentaria


La llanura es la gran cuenca sedimentaria argentina. Su extensión (más de un millón de km2) y
horizontalidad constituye un hecho singular de la geomorfología.
Suavemente ondulada, su mayor parte se encuentra cubierta por espeso manto de sedimentos
loéssicos (loes y limos loesoides). De éstos han derivado los suelos más o menos grises del bosque alto
del norte de la llanura; los negros sobre costras calcáreas de la pradera del sur, y los pardos de los
bosques bajos y ralos de la llanura central y occidental. No faltan las dunas marinas en las costas y
los médanos en el interior, formados durante una fase climática seca reciente, posterior a la deposición
65

del loes.
La red hidrográfica, si se exceptúa la mesopotamia, es escasa y los valles muy amplios, con
vertientes suaves y fondos chatos. Los cursos de agua son estrechos, meandrosos y despropor-
cionados. Abundan las aguas estancadas en pantanos, cañadas, esteros y lagunas superficiales. Estas
hacia el sur y el oeste, se tornan salobres bajo un clima de escasas precipitaciones.
En general, es una llanura construida por sedimentación en una inmensa cuenca tectónica muy
nivelada, especialmente por sedimentos continentales. Los pilares de esta inmensa fosa tectónica son
los bloques del antiguo macizo (Fig.3).
Con posterioridad a la acumulación de la gran pila sedimentaria, los bloques del subsuelo
fracturado han sufrido nuevos movimientos epirogénicos reactivando las fallas. De tal modo se ha
producido un cambio de niveles y pendientes recientes que explican la indecisión y falta de orga-
nización del sistema de drenaje.
Son justamente los movimientos epirogénicos recientes, según Frenguelli, los que han dado
lugar a los matices geomorfológicos diferenciales por los cuales se puede subdividir esta inmensa
llanura en unidades geomorfológicas menores bien individualizadas, dentro de una escasez relativa de
contrastes: llanura ondulada y bien drenada de la mesopotamia, llanura mal drenada y endorreica
central y, finalmente, llanura arreica occidental. Estas unidades, aun extensas, admiten di-
ferenciaciones geomorfológicas.
La sección Sur de la mesopotamia —Entre Ríos y Corrientes— es un conjunto de planicies
onduladas (lomadas de bordes suaves y domos de dorsos anchos y bajos que alcanzan a los 100 m s/
nm), dentro de una red de drenaje densa.
La provincia de Corrientes, de menor altura, posee ondulaciones más netas y frecuentes,
aunque de menor extensión, angostas y arenosas, en general restos de antiguos médanos fijados por la
vegetación. También son herencias del pasado, los "cerros" o montículos de arena que se levantan por
encima de los relieves anteriores. El rasgo más característico de Corrientes lo cons-tituyen los grandes
esteros de aguas estancadas que ocupan la mayor parte de la superficie. Lomas y cerros medanosos
semejan una especie de "erg", en abierta discordancia con el clima actual.
La llanura endorreica central, mal drenada, suavemente ondulada o completamente ondulada, es
cruzada, o se agotan dentro de ella, por muy escasos ríos, en su mayoría alóctonos. Algunos
afloramientos rocosos adquieren relieve y rompen la monotonía de la llanura. Tales las sierras de
Olavarría y Tandil, por ejemplo. Dentro de un área central deprimida proliferan las cuencas lacus-tres,
pozos, pantanos, juncales y esteros, etc. Hacia el oeste de esta depresión, en el piedemonte serrano, la
llanura cobra altura, los cauces se tornan profundos y estrechos y cubiertos por aluviones gruesos.
La llanura arreica occidental carece de drenaje superficial. Las cuencas lacustres son escasas y poco
extensas. Es una planicie muy ondulada por médanos, a veces suelos arenosos.

Costas

Del litoral, 3.900 km corresponden al contacto con el océano Atlántico (desde cabo San Antonio
a los 36° 20' hasta el cabo San Pío, a los 55° 03' S) y 141 km a los canales Moat y Beagle (Fig. 1).
Su largo en sentido latitudinal y orientación meridiana (NNE a SSO) tiene gran importancia
geomorfológica dado el rumbo general de propagación de las mareas y el de la corriente fría de las
Malvinas.
En líneas generales se caracterizan por la regularidad del trazado en grandes arcos cóncavos y
convexos, como la bahía de Samborombón, Golfo de San Matías y San Jorge, entre los primeros; las
provincias de Buenos Aires, Río Negro, etc., entre los segundos.
En detalle, caracterizan a diversos sectores los deltas, estuarios, bahías y golfos menores,
cabos, islas y fiordos.
Ejemplos fundamentales distinguen y definen la división geomorfológica del litoral en tres
partes. En primer lugar, el de la costa de la provincia de Buenos Aires pone de manifiesto la exis-tencia
de playas y sus elementos constitutivos (Fig. 4). En segundo lugar, el de la Patagonia, que ilustra con
claridad el tipo de costa acantilada dominante en esta parte del país (Fig. 5). Finalmente, el canal de
Beagle, en la extremidad austral del país, propio de una costa modelada por los hielos (Figs 6 y 7).
66

De acuerdo con la clasificación de Johnson, se pueden distinguir los siguientes tipos de costas: a)
consecuentes, maduras, adaptadas a la acción de las fuerzas marinas, con dos subtipos: 1) playas con
dunas y bahías, de la llanura, y 2) acantiladas, con estuarios, de las mesetas patagó-nicas, b) Iniciales,
jóvenes, no adaptadas a la acción del mar, de los canales de Moat y Beagle y otros sectores de Tierra del
Fuego, con modelado glaciar y fiordos (Fig. 1).

11 Costas playas, con médanos y estuarios, de la llanura


Este tipo de costas se extiende desde el extremo norte del cabo San Antonio hasta las bocas del Río
Negro. Es monótona, baja, bordeada de médanos vivos, semifijos o fijos. Detrás de éstos el terreno es
generalmente bajo, en partes guadaloso, con lagunas, esteros y arroyos que durante las lluvias invaden los
campos dando al paisaje el aspecto de un mar (Fig. 4).
Las playas son, en general, arenosas y en algunos lugares adquieren gran anchura, conti-
nuándose varias millas por debajo de un mar poco profundo. Se presentan muchas veces acantiladas, con
interrupciones que corresponden a valles de cursos fluviales.
Diferencias en la constitución (aparición de areniscas duras, cuarcitas, etc.) dan lugar a acantilados
falsos o verdaderos. Distintos sistemas de erosión y transporte (marino, fluvial y eólico) depositan
en las costas sus materiales, constituyendo bancos e islas anegadizas rodeadas de pantanos y
cangrejales, entrelazadas por tortuosos canales.

13. Costas acantiladas, con estuarios, de las mesetas patagónicas


Este tipo de costas, que se encuentra entre el río Negro y la bahía Buen Suceso, es menos monótono
que el anterior.

Fig. 4. Costa playa: a) detalle del cabo San Antonio y Punta Rasa, mostrando bancos aledaños y pantanos al oeste; b) vista
general del tramo Punta Rasa, según P. S. Casal.
67

Se trata de un extenso acantilado o sucesión de acantilados separados por valles fluviales, a veces
secos, frecuentemente coronados por médanos y una pobre vegetación. El perfil es generalmente
uniforme y de alturas pocas veces, inferiores a 100 m, con desniveles entre 40 y 150 m. El mar
produce desmoronamientos y forma mantos rodados, gravas, arenas, etc.
Los acantilados actuales son escalones que unen la última terraza emergida con la que aún
permanece formando el suelo marino y constituyendo la extensa plataforma continental, en emersión
y con débil pendiente hacia el mar.
Dentro del cuadro general de regularidad de las costas, es necesario considerar una multitud de
accidentes menores de diversos, orden y origen, que quiebran la monotonía.
Materiales correspondientes a rocas muy duras (pórfidos, granitos, basaltos, etc.) constituyen
salientes entre las cuales el mar, actuando sobre otros más blandos, ha elaborado senos o golfos.
Dentro de éstos menudean bahías y golfos más pequeños, caletas, estuarios, etc. y no faltan extensas
playas extendidas a partir de los acantilados en lugares protegidos de la acción marina, ni sectores
anegadizos (Fig. 5).

Fig. 5: Costa acantilada de la Patagonia, en Golfo Nuevo, según P. Casal.

Desde Río Gallegos, hacia el sur, nuevos elementos, no bien estudiados todavía, agregan
motivos de diversificación de las costas. Tales los efectos de los hielos pleistocénicos a cuya acción
se debe la aparición de colinas costeras formadas por acumulación de materiales glaciares (mo-
renas) y fluvioglaciares. El cambio de aspecto se acentúa desde Río Grande al Sur. A la desem-
bocadura de este río todavía llegan, durante el verano, los témpanos procedentes del interior de la isla.
A mayor latitud, entre el cabo San Diego y la bahía Buen Suceso, se acentúan los cambios a causa de
los Andes magallánicos y materiales mesozoicos, con modelado glaciar, bajo un clima actual más
húmedo que el de los sectores de costas precedentes.
Desde bahía Buen Suceso, aproximadamente, puede darse por terminada la costa, conse-
cuente, acantilada, que caracteriza a la Patagonia, para ceder lugar a las costas iniciales, jóvenes, de
inerte modelado glaciar, que alcanzan su mayor expresión en los canales Moat y Beagle.
68

14. Costas iniciales, jóvenes, no adaptadas a la acción del mar, con fiordos
En esta parte de la costa austral, especialmente en el sector de los canales, la estructura y los climas
del pasado han jugado un papel diferente a los anteriores, el cual se revela con absoluta claridad en el
canal de Beagle (Fig. 6).

Fig. 6: Costa modelada por los hielos en el canal de Beagle, según Federico A. Daus.

Hacia el final del terciario, el paisaje era de altas cadenas de montañas paralelas, con
valles intercalados a gran altura, por los cuales descendieron los hielos del cuaternario. Estos dieron
al canal su perfil en U, fondo chato y paredes enhiestas, que caracterizan la geomorfología actual (Fig.
7).
A la acción de los hielos se deben también las acumulaciones moreníticas y hasta verdaderos
«nunnataks».
En algunas partes, las orillas del canal son ásperas, de rápido declive y hasta carecen
de desplayados; es decir, verdaderos acantilados, como ocurre en el sector de Almanza. En otras
partes, en cambio, menudean las bahías, como la de Ushuaia y el sector de Gable.
El perfil transversal es de gran interés para la interpretación de la génesis de las formas. Debajo
del nivel de las nieves persistentes, que se encuentra a 900 m, hay un amplio paredón vertical. Al
pie del mismo está la «berma», con leve pendiente hacia el canal, que no es más que un segundo cauce
glaciario incidido en otro que le precedió.

Fig. 7 Perfil transversal del canal de Beagle, según F. A. Daus.

Las formas de acumulación glaciar se manifiestan por las morenas laterales. Además hay
terrazas superpuestas a diversos niveles, algunas de las cuales han sido puestas en evidencia por el
69

proceso de desforestación. A las grandes morenas laterales y de fondo del curso del Beagle se
agregan las terminales del sector Gable. También tiene cierta magnitud la acumulación del te-
rraplén de rodados glacifluviales, al nivel del canal y cuantiosa formación de concheros recientes.
Las bahías se relacionan con la presencia en el antepaís de un cordón montañoso de fuerte
englazamiento, el cual desprende actualmente un río, pero que antes emitía el glaciar que las
formó.
Las altas terrazas obedecerían a niveles de lagos formados detrás de diques glaciar, La exis-
tencia de playas de 6,4 y 2 m habría sido originada por los distintos niveles del mar durante los
períodos de congelamiento y descongelamiento.

Climatología
Una extensa gama de climas en un país de desarrollo latitudinal

Clima zonal
Desde el punto de vista zonal, de acuerdo con la circulación atmosférica general argentina se
encuentra dentro de la zona templada, caracterizada por la variabilidad de los estados de tiempo y la
acción constante del frente polar.
Dominan la zona cuatro centros de acción, cuyas posiciones varían según la época del año y de
acuerdo con el movimiento aparente del sol. Son los anticiclones subtropicales del Atlántico y
Pacífico, la depresión del NO y el surco de bajas presiones de la extremidad austral del país (Fig. 8).
El frente polar, que recorre todo el país de S a N, aproximadamente setenta veces al año, se
presenta bajo formas distintas. Estas se traducen en diferentes efectos e intensidades (Figs. 9 a 11).

Fig. 8. Presiones medias de los meses de enero y julio, según K. Wolcken.

Climas regionales
La naturaleza física de las distintas masas de aire movilizadas por los centros de acción,
configuran las grandes regiones climáticas.
70

a) Masas de aire subtropicales marítimas, cálidas y húmedas del Atlántico


Dominan casi toda la parte oriental de la mitad septentrional del país. Hacia la periferia de la
región, con el alejamiento de la fuente la masa de aire se transforma paulatinamente y se vuelve

Fig. 9. Situación de sudestada, según K. Wolcken.


Fig. 10. Situación de sudestada prolongada, según K. Wolcken.

cada vez menos cálida y húmeda. Las isolíneas de temperaturas y tensión de vapor revelan la
naturaleza e intensidad de las transformaciones (Figs. 12 y 13).
Aportan casi la totalidad del, agua que se precipita en el país, como lo demuestran las líneas de
precipitaciones (Fig. 14).

b) Masa de tire subtropical continental cálida y seca


La extensa área depresionaria del NO constituye un hecho singular de la termodinámica. En
determinadas épocas del año, a causa del fuerte recalentamiento del suelo en un relieve acci-
dentado, las presiones son inferiores a las ecuatoriales (enero), por lo cual la depresión aspira aire
cálido y húmedo amazónico.
Su acción alcanza hasta los 35° de latitud sur y determina estados de buen tiempo, calmos y
despejados. Solamente al decaer el sistema aumenta la nubosidad y las posibilidades de precipi-
taciones.
Favorece la irrupción de masas de aire polar, las cuales, junto con las ecuatoriales, producen
precipitaciones durante la estación cálida impidiendo que toda la región sea un verdadero desierto.
71

Fig. 11. Situación de Pampero, según K. Wolcken.


72

Fig. 12 .Temperatura media de los meses de enero y julio, período 1901-50, según K. Wolcken.

Lamentablemente, la fuente húmeda de la masa de aire subtropical continental se encuentra muy


lejos y llega al país sensiblemente seca. De todos modos, su acción en los bajos niveles de los
faldeos orientales de las montañas del norte, sumada a la de las masas de aire subtropical marítimo en
los altos niveles de la montaña, ha dado lugar a una estrecha franja de abundantes preci-
pitaciones, coincidente con la selva tucumana-oranense.

c) Masas de aire subtropical marítimo, heterogéneas, del Pacífico


Estas masas de aire dominan en una región muy extensa y más accidentada que la atlántica, locual
les hace perder homogeneidad en su naturaleza y efectos.
Se constituyen del aire subtropical marítimo del norte y de las corrientes del sur. Proceden, más o
menos directamente, de las regiones polares. Sobre la costa atlántica de Argentina se super-ponen a las
del Atlántico.
En suma, la masa de aire que baña la Patagonia argentina, descontada el agua que le sustraen los
Andes y que benefician a una mínima parte del país, son secas y de menor temperatura que las
subtropicales del Atlántico. Por la acción de ellas predominan en la Patagonia los vientos del oeste y
una marcada aridez.

d) Masas de aire subpolares en el surco de bajas presiones del sur


El eje de esta extensa franja se encuentra situado hacia los 60° de latitud sur, aproximadamente .
73

Sobre él confluyen y se superponen los caracteres del régimen subtropical pacífico y los
del subantártico que dependen del gran anticiclón polar.
Las células ciclonales se desplazan de 0 a E. Es la zona en la cual imperan realmente, durante
todo el año, los vientos de occidente, particularmente intensos en invierno.
Es la región fría y húmeda argentina, donde las precipitaciones se distribuyen a lo largo de todo
el año.

Fig. 13. Tensión del vapor, media de enero y julio, según K. Wolcken.
74

Fig. 14. Precipitación media anual, en milímetros, según K. Wolcken.


75

Unidades climáticas
Los climas regionales se subdividen en unidades cuyos caracteres esenciales dependen de los
movimientos anuales de los centros de acción, del recorrido efectuado por las masas de aire y de sus
combinaciones con factores geográficos de menor escala, tales como el modelado del terreno, según
se verá (Fig. 15).

I. Región subtropical marítima, con precipitaciones máximas en distintas estaciones, de la llanura


Dentro de esta región, dominada por las masas de aire subtropicales marítimas, cálidas y
húmedas del Atlántico, caben subdivisiones en función de las temperaturas y precipitaciones.
Las primeras disminuyen, en general, en sentido latitudinal, como lo demuestra la falta de invierno
térmico en los climas 1 y 2 y la existencia de cuatro estaciones en los 3 y 4.4
Por otro lado, hacia el oeste se advierte una traslación de las épocas de lluvias, en concor-
dancia con el desplazamiento de los centros de acción.
En las unidades 1 y 3 las máximas precipitaciones corresponden a la primavera y el otoño,
mientras que en las 2 y 4 al verano.
La escala del mapa no permite representar las variaciones térmicas y pluviales producidas por las
diferencias altitudinales del relieve.
Al SE de la provincia de Buenos Aires se observa una variante singular: la falta de verano
térmico, causada por la influencia de la corriente fría de Malvinas.

En consecuencia, se pueden distinguir las unidades climáticas que a continuación se describen.


1. Sin invierno térmico y con precipitaciones máximas en primavera y otoño, tipo Paso de los
Libres (Corrientes)5
Las temperaturas son muy altas (media anual, 20,0°; máxima absoluta, 43,0°). La mínima absoluta
(-4,5°) es la más alta del país.
Como consecuencia del régimen térmico, la evapotranspiración potencial6 es también muy elevada
(990 mm). Pero las precipitaciones son muy abundantes (1371 mm) por lo cual el déficit de agua es
muy escaso (13 mm) y el período al cual corresponde es breve (mitad de febrero). En la mayor
parte del año (abril a noviembre) las precipitaciones no sólo satisfacen las exigencias de la
evapotranspiración potencial, sino que todavía hay un excedente de agua (394mm) (Fig. 16).
2. Sin invierno térmico y con precipitaciones máximas en verano, tipo Cana (Santa Fe)
Las temperaturas siguen siendo muy altas (media anual, 19,2°; máxima absoluta, 42,8°),
aunque la mínima absoluta (—5,6°) es inferior a la de la unidad anterior. Este es un rasgo que se
acentúa no solamente con la latitud y la altitud, Sino también con la distancia al mar.
La evapotranspiración potencial ha descendido un poco (950 mm), pero las precipitaciones
totales sólo alcanzan a 858 mm. De aquí que el déficit anual de agua sea más alto (101 mm) y el
período durante el cual las lluvias no satisfacen las necesidades de agua sea largo (setiembre a
febrero).
76

ll-b

s.9

11
�12

4 f::t.}13

5 14

J o nmi,s
6
rv
[]]1 l8

�8 17
� r1g. l!

Fig. 15. BOSQEJO DE LAS UNIDADES CLIMATICAS


77

I) Región subtropical marítima, con precipitaciones máximas en distintas estaciones, de la llanura 1) Sin invierno térmico
yprecipitaciones máximas en primavera y otoño, tipo Paso de los Libres (Corrientes); 2) Sin invierno térmico y con precipitaciones
máximas en verano tipo Ceres (Santa Fe); 3) Con cuatro estaciones térmicas y con precipitaciones máximas en primavera y otoño,
tipo Azul (Buenos Aires); 4) Con cuatro estaciones y precipitaciones máximas en verano, tipo Victoria (La Pampa); 5) Sin verano térmico y
con precipitaciones máximas en primavera y otoño, tipo Mar del Plata (Buenos Aires).
II)Región subtropical continental, con precipitaciones máximas en verano, en un dominio geomorfológico heterogéneo,
a) Subtropical durante todo el año; 6) Sin invierno térmico, de la llanura, tipo Santiago del Estero; 7) Con cuatro estaciones
térmicas,del piedemonte occidental, bolsones y montañas, tipo San Juan; 8) Sin verano térmico, de la montaña (Precordillera); tipo
Villavicencio (Mendoza),

b) Tropical durante una parte del año: 9) Sin invierno térmico, de montañas y bolsones, tipo Catamarca; 10) Con cuatro
estaciones, de montañas y bolsones, tipo Chilecito (La Rioja); 11) Sin verano térmico, de alta montaña, tipo La Quiaca (Jujuy)
III) Región del aire heterogéneo del Pacífico, con precipitaciones de invierno, de la Patagonia 12) Con cuatro estaciones
térmicas,de la Patagonia, tipo Cipolletti (Rio Negro); 13) Sin verano térmico y precipitaciones nivales escasas de los Andes áridos, tipo
Puente del Inca (Mendoza); 14) Sin verano y escasas precipitaciones, de la Patagonia, tipo Colonia Sarmiento (Chubut); 15) Sin verano
térmico, con abundantes precipitaciones nivales y pluviales, de los Andes húmedos, tipo San Carlos de Bariloche (Rio Negro)
IV) Región subpolar de las depresiones australes, todo el año húmedo, con precipitaciones máximas en verano, de Patagonia y Tierra del
Fuego:Sin verano térmico, de la Patagonia, tipo Río Gallegos (Santa Cruz) y 17) Con invierno todo el año, de Tierra del Fuego, tipo Ushuaia.

3. Con cuatro estaciones térmicas y con precipitaciones máximas en primavera y


otoño, tipo Azul (Buenos Aires)
La localidad de Azul pone de manifiesto un sensible descenso térmico (media anual, 13,6° y mínima
absoluta, -10,3°), aunque la marca máxima absoluta sigue siendo muy alta (40,9°).
Las precipitaciones son, todavía, considerables (731 mm). En consecuencia, el balance hídrico es
favorable. El déficit es muy escaso y corresponde solo a unos días de febrero. Contrariamente,
durante un largo período (junio a noviembre) las lluvias exceden, en 98 mm, a las necesidades de agua.

4. Con cuatro estaciones y precipitaciones máximas en verano, tipo Victo rica (La Pampa)
La temperatura media anual es superior al tipo anterior (15,6°). Posee, además, una
máxima absoluta superior a Paso de los Libres (44,0°) y una mínima absoluta baja (-11,6°).
Esta gran amplitud térmica es característica de los tipos continentales.
La evapotranspiración potencial es alta (814 mm) y las precipitaciones escasas
(517 mm). En consecuencia, el déficit es elevado (297 mm) y en todos los meses las
lluvias son inferiores a las necesidades de agua.

5. Sin verano térmico y con precipitaciones máximas en primavera y otoño, tipo Mar
del Plata (Buenos Aires)
La temperatura media de Mar del Plata es baja (13,6°), pero la máxima absoluta es alta
(41,3o) y la mínima (-6,6°) es media.
Las precipitaciones son elevadas (783 mm) y la evapotranspiración potencial escasa. De
este modo, el déficit de agua es solo de 5 mm, en febrero. El excedente es de 79 mm y
corresponde al período de julio a setiembre y se debe más a las bajas temperaturas que a las
precipitaciones.

II. Región subtropical continental, con precipitaciones máximas en


verano, en un dominio geomorfológico heterogéneo

Es la región dominada por la depresión del NO, de aire cálido y más seco que en
la región anterior (Fig. 15).
La profundización, durante el mes de enero, de las bajas presiones, por razones térmicas, da
lugar a la existencia de unidades climáticas con fuerte aporte de aire tropical.
En toda la región las precipitaciones alcanzan el máximo en verano, pero
existen grandes contrastes en la cantidad total de las mismas, en función del relieve y la exposición.
Los cambios térmicos, evidenciados por el paso de climas sin invierno (6 y 9) a los de
cuatro estaciones (7 y 10) y, finalmente, a los que carecen de verano (8 y 11), se deben a las
diferencias altitudinales
78

de las unidades geomorfológicas.


El conjunto de factores descriptos da lugar a la subdivisión de la región en climas subtropicales
durante todo el año y climas tropicalizados durante una parte del mismo.

a) Subtropicales todo el año

6. Sin invierno térmico, de la llanura, tipo Santiago del Estero.


La temperatura media anual (20,6°) y máxima absoluta (45,2°) son muy altas; pero la mínima (10,0°)
es considerablemente baja.
La evapotranspiración potencial es muy elevada (957 mm) y como las precipitaciones son
escasas (549 mm), el déficit anual alcanza a los 408 mm y en ningún mes son satisfechas las
necesidades de agua (Fig. 16).

7. Con cuatro estaciones térmicas, del piedemonte occidental, bolsones y montañas, tipo
San Juan
Las temperaturas, todavía altas, (media anual, 17,2°; máxima absoluta, 43,8° y mínima abso-luta,
- 8,0°), son inferiores a las de la unidad anterior. Esto explica el descenso de la evapotrans-piración
potencial (877 mm).
Las precipitaciones son las más escasas del país (92 mm), con lo cual el déficit de agua alcanza el
valor máximo (785 mm). Todos los meses del año son deficitarios.
8. Sin verano térmico, de la montaña (precordillera), tipo Villavicencio (Mendoza)

La desaparición del verano térmico es debido a la altitud. Las diferencias geomorfológicas


determinan variedades climáticas y los datos de Villavicencio
sólo revelan condiciones medias muy localizadas, propias del frente occidental de la montaña, a
media altura.
Las temperaturas son bajas (media anual, 10,5°, máxima absoluta, 32,4° y mínima absoluta,
-11,5°). Las precipitaciones (325 mm), incrementadas orográficamente, son considerablemente
mayores que en la unidad anterior. La evapotranspiración potencial es de 625 mm.
Como consecuencia, el déficit anual de agua sólo alcanza a 300 mm. En el mes de setiembre las
lluvias son casi exactamente las necesarias para satisfacer las necesidades de agua.

b) Tropical durante una parte del año

9. Sin invierno térmico, de montañas y bolsones, tipo Catamarca

La unidad es poco uniforme. Existen diferencias considerables entre el N y S de la misma.


Además, como en otros casos, ante la falta de datos y la escala de la carta, quedan sin establecer las
diferencias entre los altos y bajos niveles.
Los datos de Catamarca ilustran la extremidad S de la unidad y ponen de manifiesto la exis-
tencia de temperaturas muy altas (media anual, 20,2°, máxima absoluta, 47,2° y mínima absoluta,
-9,0°).
La evapotranspiración potencial es la más alta del país (1.041 mm) y como las precipitaciones
son escasas (361 mm) el déficit anual de agua es de 680 mm.
10. Con cuatro estaciones, de montaña y bolsones, tipo Chilecito.

Las temperaturas son menos elevadas que en la unidad anterior (media anual, 17,2°; máxima
absoluta, 42,6°y mínima absoluta, -9,0°).
Las escasas precipitaciones (195 mm) y el elevado índice de evapotranspiración potencial (826
mm) son las causantes de un déficit anual de 631 mm (Fig. 17).
79

Fig. 16. Balance hídrico, según método de Thomthwaite.


80

Fig. 17. Balance hídrico, según método de Thomthwaite.

11. Sin verano térmico, de alta meseta, tipo La Quiaca (Jujuy)


En La Quiaca las temperaturas son muy bajas (media, 9,4°; máxima absoluta, 28,3° y mínimaabsoluta,
-15,1°), a causa de la altura.
Las precipitaciones (326 mm) están muy concentradas en el verano (diciembre a enero).
También a causa de la altura, el contenido de agua de la atmósfera es escaso, y, junto con los vientos,
eleva la evapotranspiración potencial (588 mm). Como consecuencia, el déficit anual (262 mm) abarca un
largo período que va de abril a diciembre.
81

III. Región del aire heterogéneo del Pacifico con precipitaciones de invierno, de la Patagonia y
Andes áridos

Es la región dominada por las masas de aire que tienen su centro de acción en el Pacífico (Fig. 15).
En su mayor parte carece de verano térmico. Sólo en la extremidad norte de la Patagonia,
donde las masas de aire han sufrido las máximas transformaciones en función de la distancia a su
lugar de origen, el relieve y el contacto con el aire caliente septentrional, aparecen las cuatro es-
taciones.
El aire es frío y seco y las precipitaciones son abundantes cuando el relieve les impone fuertes
excitaciones orográficas, como en la cordillera. Por otra parte, como éstas son invernales y de
altura, se traducen en nieves.
Presenta tres unidades diferentes, las cuales se describen a continuación.

12. Con cuatro estaciones térmicas, de la Patagonia, tipo Cipolletti (Río Negro)
La temperatura media anual (13,8°) y mínima absoluta (-10,6°) son bajas, pero la máxima
absoluta (40,3°) es muy alta.
Las precipitaciones son muy escasas (161 mm) y la evapotranspiración potencial elevada (765
mm). El déficit de agua abarca todos los meses del año y alcanza un total de 600 mm.

13. Sin verano térmico y precipitaciones nivales escasas de los Andes áridos, tipo Puente
del Inca (Mendoza)
Es el clima de las más altas montañas de Argentina, y Puente del Inca es solo un ejemplo de sus
múltiples variedades.
Las temperaturas son muy bajas (media anual, 7,4°, máxima absoluta, 29,8° y mínima
absoluta, -19,1°). Las precipitaciones (303 mm) son muy escasas, pero la evapotranspiración,
aunque au-mentada por la sequedad del aire de altura y los frecuentes y violentos vientos, es muy
baja.
En consecuencia, el déficit de agua es de 325 mm, correspondiente a los meses que van
de diciembre a abril. En los restantes las precipitaciones superan las necesidades de la
evapotrans-piración potencial en 102 mm (Fig. 17).

14. Sin verano y escasas precipitaciones, de la Patagonia, tipo Colonia Sarmiento


(Chubut)
La temperatura media es baja (11,0°) y la mínima absoluta (—18,9°) ya es muy baja, pero la
máxima absoluta es alta (38,3°).
Las precipitaciones son inferiores a las de las otras unidades de la región (142 mm), al igual que la
evapotranspiración potencial (651 mm) y el déficit, durante ocho meses (setiembre a abril), es de 509
mm.

15. Sin verano térmico, con abundantes precipitaciones nivales y pluviales, de los Andes húmedos,
tipo San Carlos de Bariloche (Río Negro)
Las temperaturas son muy bajas (media anual, 8,3°; máxima absoluta, 35,5° y mínima
absoluta, -16,7°). Las precipitaciones son de las más abundantes en el país (1.034 mm).
A causa de la escasa evapotranspiración potencial (588 mm) de mayo a agosto se registra
un exceso de agua (537 mm), valor máximo en Argentina, pero de enero a marzo falta agua
para satisfacer las exigencias de la evapotranspiración potencial (91 mm).

IV. Región subpolar de las depresiones australes, todo el año húmedo, con
precipitaciones máximas en verano, de la Patagonia y Tierra del Fuego
Es la región dominada por masas de aire subpolares, frías y húmedas, sometida a la
acción constante de las depresiones del surco austral, las cuales producen precipitaciones durante todo
el año (Fig. 15).
En la parte norte carece de verano térmico, pero en la extremidad sur todo el año es
invierno, según se verá a continuación.
82

16. Sin verano térmico, de la Patagonia, tipo Río Gallegos (Santa Cruz)

Si bien el ejemplo es poco representativo, da una idea general de la unidad. Más apropiada sería
la localidad de Río Grande (Tierra del Fuego).
Las temperaturas son muy bajas (media anual, 6,9°; máxima absoluta, 32,7° y mínima absoluta,
-16,0°).
Las precipitaciones (240 mm) son inferiores a las necesidades de agua desde octubre a abril,
pero el total del déficit es sólo de 337 mm (Fig. 17).
17. Con invierno todo el año, de Tierra del Fuego, tipo Ushuaia
Las temperaturas son muy bajas (media anual, 5,6°; máxima absoluta, 26,5° y mínima
absoluta,-19,6°).
Las precipitaciones (547 mm), de acuerdo con las temperaturas, son suficientes para satisfacer las
necesidades de la evapotranspiración potencial (505 mm) y aún queda un excedente de 42 mm que se
distribuye en los meses de julio y agosto. No existe déficit en ningún mes.

Hidrografía
Pluralidad de formas de alimentación y regímenes de la red hidrográfica

Las diferencias climáticas y geomorfológicas han generado una red de drenaje extensa y va-
riada.
Si se exceptúan los grandes ríos internacionales que drenan de N a S -Paraguay, Paraná y
Uruguay- en general tienen sus fuentes en los altos relieves de Argentina occidental. Vierten sus
aguas hacia el este, en las cuencas sedimentarias, bolsones y llanuras, o las atraviesan para volcarlas
en el Atlántico. Por otra parte, son casi los únicos que se utilizan para fertilizar las tierras
mediante el riego.
De acuerdo con las formas de alimentación y el régimen, los ríos argentinos se pueden dividir en
cinco grupos (Fig. 18).

1. Ríos de alimentación mixta: pluvio-nival y glaciar, con máximas caudales en invierno y


primavera
Tienen tus fuentes en los Andes húmedos, con abundantes precipitaciones, y atraviesan la
Patagonia seca, en la cual reciben escasos aportes hídricos, de octubre a marzo, semestre durante el
cual las precipitaciones son mínimas, se alimentan exclusivamente de las nieves fundidas y
glaciares. De Abril a Septiembre los caudales se sostienen por las precipitaciones pluviales y la
fusión de las nieves de la estación en niveles bajos.
Los numerosos lagos patagónicos, interpuestos entre las fuentes y los cursos de agua, regulan sus
caudales y también decantan los materiales sólidos.
El régimen de escurrimiento tiene dos períodos de máximos caudales (Julio Agosto y Octu-
bre-Noviembre), separados por dos mínimos, uno principal de Marzo-Abril y otro secundario de
Agosto-Setiembre, como el Limay (Fig. 19).
83

Fig. 18 Clasificación de los ríos según Ceppi.

CLASIFICACIÓN DE LOS RÍOS


Según H. Ceppi,

Referencias:
1 Ríos de alimentación pluvio-nival y glaciar, con dos períodos de máximos caudales;
2 Ríos alimentados por agua de fusión de los glaciares, con caudales máximos durante el verano.
3 Ríos que se alimentan de las lluvias de verano y tienen sus máximos caudales en esta estación.
4 Ríos que se alimentan de las precipitaciones de otoño y primavera, con máximos caudales en la misma estación. 5 Los
grandes ríos complejos: Paraná, Paraguay
84

Fig. 19.

2. Ríos alimentados por el agua de la fusión de los glaciares, con caudales máximos
durante el verano (Fig. 20).
Tienen sus fuentes de alimentación en los glaciares de las altas cumbres de nos Andes áridos y en el
elevado bloque de la Puna. Si se exceptúan algunos ríos, como el Colorado, son endorreicos.
El aporte de las nieves de los niveles bajos es escaso y el agua procede, en su mayor parte, de los
glaciares.
El régimen es regulado por la marcha de las temperaturas. Debido a las grandes pendientes y la
falta de vegetación, los ríos son torrenciales y las aguas turbias por la gran cantidad de materiales
sólidos que transportan.
Los mayores caudales se registran durante el verano, especialmente en enero. En invierno, en
cambio, los fríos paralizan la fusión de los delos, especialmente en agosto, y los caudales des-
cienden al mínimo, como el río Mendoza (Fig. 20).

3. Ríos que se alimentan de las lluvias del verano y tienen sus máximos caudales en esta estación
Dentro de una extensa área en la cual alternan montañas medias, bolsones y planicies, con
precipitaciones variables (300 a 800 mm), se alimentan de las lluvias que alcanzan el máximo en
verano, especialmente enero y febrero. La época de menores precipitaciones corresponde al in-
vierno y final del otoño.
En general, los caudales son bajos desde abril o marzo a setiembre u octubre. Todos los ríos están
sujetos a fuerte evaporación, la cual da lugar a un balance hídrico deficiente, además de
infiltraciones en suelos muy permeables. Gran parle do las precipitaciones se producen en las
montañas por lo cual tienen un escurrimiento muy rápido o se infiltran en las altiplanicies donde las
aguas circulan lentamente y contribuyen a sostener magros caudales invernales.

Fig. 20
85

Dentro de este régimen existen diferencias, explicables en un área tan extensa y variada desde el
punto de vista geomorfológico, climático, edáfico y biológico, que afectan al volumen total de las
precipitaciones y el escurrimiento, como ocurre en Río Segundo (Fig. 21).

Fig. 21.
En parte de la región climática subtropical, que adquiere caracteres tropicales en verano, es-
pecialmente en enero, ciertos rasgos diferenciales se acentúan y configuran un subtipo hidrográ-
fico.
La causa fundamental es la mayor concentración estacional de las precipitaciones, a la cual se
agrega una mayor intensidad y menor duración. Esto trae aparejado un mayor desnivel entre los
caudales de verano e invierno y crecidas más violentas. El Bermejo, aforado en Manuel Elordi y las
lluvias registradas en Orán, constituyen un buen ejemplo. (Fig. 22)

Fig.22

Ríos que se alimentan de las precipitaciones de otoño y primavera, con máximos caudales
en la misma estación
Corresponden a la parte oriental de la llanura y se alimentan exclusivamente de las lluvias de la
primavera o el otoño, separadas por un periodo de mínimas precipitaciones en invierno.
El río Uruguay, por ejemplo, presenta un mínimo en sus caudales en verano (enero) y otro en
julio o agosto y dos máximos: junio y setiembre-octubre (Fig. 23).
La permeabilidad del suelo y la debilidad de las pendientes superficiales se traducen en un gran
poder de absorción que da lugar a un subtipo especial de escurrimiento.
Como bien lo ha hecho notar Ceppi7 los caudales son mínimos cuando las precipitaciones
alcanzan al máximo. La causa es la infiltración de las precipitaciones y el movimiento lento del agua
en el subsuelo, por lo cual llega al río con retardo.
El Salado aforado en Barranca San Lorenzo, la curva de precipitaciones de Villa Ortúzar y el
nivel de la napa freática en esta localidad y Las Flores, constituyen un buen ejemplo sobre el subtipo
en consideración. (Fig. 24)
86

Fig.23

Fig. 24.

Es evidente la inversión de la marcha de la curva de caudales con respecto a las precipita-


ciones. Mientras ésta alcanza el máximo en otoño (Marzo-Abril) y primavera (Setiembre a No-
viembre), la primera desciende al mínimo. Durante el invierno y el verano las relaciones se
invierten. Contrariamente, las curvas de caudales y del nivel freático son paralelas.

5. Los grandes ríos complejos: Paraná y Paraguay

Dada la inmensidad de la cuenca, la enorme extensión latitudinal, dos grandes ríos reúnen las
aguas que aportan afluentes de regímenes diferentes: el Paraná y el Paraguay.
El Paraná, de acuerdo con los datos correspondientes a Corrientes, alcanza a máximos
caudales en el mes de octubre a causa de las crecidas del Iguazú provocadas por las lluvias
subtropicales. Luego las aguas se estacionan pero en el mes de febrero, por las
precipitaciones tropicales, tienen un segundo máximo que es el principal del año. A partir de
este máximo las aguas descienden rápidamente hasta mayo y se estacionan en junio pues la
disminución debida a la falta de lluvias tropicales es contrarrestada por el aumento de las
subtropicales. Finalmente, las aguas descienden hasta agosto para recomenzar el ciclo en
setiembre (Fig-P5).
El Paraguay tiene parte de su cuenca sometida a las precipitaciones tropicales y parte a
las subtropicales. Entre ambas se interpone el Gran Pantanal, un inmenso pantano que regula el
escurrimiento de las aguas.
El máximo de lluvias en Corumbá corresponde a enero, mientras que las alturas hidrométricas
en Asunción alcanzan el más alto nivel en junio.
El río crece lentamente entre enero y junio y luego decrece hasta setiembre, permaneciendo
durante cuatro meses con las aguas bajas (Fig. 26).
87

Fig. 25.

Fig. 26.

Fitogeografía

Las regiones, dominios y provincias fitogeográficas son manifestaciones concretas de la variedad de


unidades físicas
Las combinaciones de los diversos factores físicos analizados -geomorfológicos, edáficos,
climáticos e hidrográficos- han generado distintos medios cuya naturaleza se manifiesta acaba-
damente en la vegetación natural.
Los diversos esquemas fitogeográficos de la Argentina, si bien adelantados gracias a numerosos
investigadores, son sólo tentativos. Falta aún precisar muchos límites que serán poco a poco
modificados con nuevas contribuciones.
El mapa que aquí se presenta se basa sobre todo en las investigaciones de Cabrera, habiéndose
utilizado para algunos límites ideas de otros investigadores como Morello y Ruiz Leal.
Con criterio florístico se divide al país en regiones, dominios y provincias fitogeográficas (Fig. 27).

I. Región neotropical

A) Dominio de América Subtropical

1. Provincia subtropical oriental

Ocupa Misiones y se prolonga luego en galerías por los grandes ríos de la mesopotamia, llegando sus
últimas comunidades hasta La Plata.
Selva impenetrable, riquísima en especies, es la parte meridional de la selva austral brasileña. La
componen, según Hauman, por lo menos noventa especies de treinta familias distintas de árboles
de gran porte. Entre los gigantes de esta selva se encuentra el lapacho negro (Tabebuia ipe) y el ibirá-
pitá (Peltophorum dubium). Hay, además, palmeras, helechos, algunos arborescentes, aráceas, lianas
diversas, orquídeas y grandes gramíneas. Se destaca un distrito de montañas bajas con Araucaria
angustifolia.
2. Provincia subtropical occidental

 Este tema es una colaboración especial del ingeniero agrónomo Fidel A. Roig.
88

Estrecha faja en montañas que desciende desde Bolivia y penetra en el E de Jujuy, centro de
Salta y Tucumán y E de Catamarca. Paisaje de selvas, bosques montanos y praderas.
Emparen-tada florísticamente con la provincia anterior, sin embargo con géneros propios
como Tipuana, Cascaronia Calycophyllum, Myroxylon, Amburana, etc. La selva impenetrable
es muy rica en epí-fitas, lianas, etc. Por encima del piso selvático aparecen notables bosques
de aliso (Alnus joru-llensis) y prados graminosos. Hacia el sur se va empobreciendo
gradualmente.

Fig. 27
Fig. 27. Bosquejo fitogeográfico (según F. A. Roig).

Referencias
I) REGIÓN NEOTROPICAL. a) Dominio de América subtropical 1 - Provincia subtropical oriental; 2 - Provincia subtropical
occi-dental; b) Dominio chaqueño. 3 - Provincia chaqueña; 4 - Provincia del espinal; 5- Provincia del monte; 6 - Provincia
pampeana; c) Dominio andino. 7 - Provincia alto-andina; 8 - Provincia puneña; 9 - Provincia patagónica.
II)REGIÓN A USTRAL. d) Dominio subantártico; 10 - Provincia subantártica.
89

B) Dominio Chaqueño
3. Provincia chaqueña
Abarca las provincias de Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Norte de San Luis, Córdoba y Santa
Fe, E de Tucumán, Catamarca, La Rioja y San Juan (Valle Fértil). Hacia el E penetra en Corrientes
y Entre Ríos.
Paisaje de bosques xerófilos mezclado con palmeras y sabanas. En los ríos principales hay
galerías correspondientes al dominio subtropical.
La distribución de los quebrachos permite diferenciar un Chaco occidental con Schinopsis ba-
lansae, uno oriental con S. lorentzii y otro montano con S. marginata. El quebracho blanco (Aspi-
dosperma quebracho-blanco) tiene una amplia distribución en las llanuras hasta Mercedes (San
Luis).
4. Provincia del espinal
Forma un arco que rodea a la provincia pampeana incluyendo el S de Corrientes, N de Entre Ríos,
centro de Santa Fe, gran parte de Córdoba y San Luis y centro-oeste de La Pampa. Rodea también a la
provincia pampeana por el este en estrecha faja que se prolonga por el litoral marítimo hasta, Mar del
Plata.
Paisaje de bosques abiertos xerófilos y espinosos de los géneros Prosopis y Acacia.
La flora es muy pobre en endemismos y fuertemente emparentada con elementos de la pro-vincia
chaqueña, de la cual puede considerarse su continuación empobrecida. Se distinguen en ella los distritos
del ñandubay (Prosopis affinis), en Entre Ríos y Corrientes, del algarrobo (Córdoba y Santa Fe)
(Prosopis alba y P. nigra), del caldén (P. caldenia) en San Luis y La Pampa y del tala (Celtis tala)
en el litoral de Buenos Aires. El caven (acacia caven) tiene muy amplia distribución en la provincia.

5. Provincia del monte


Se ha delimitado esta provincia según las contribuciones de Morello y Ruiz Leal. Se extiende desde
Salta hasta el Chubut ensanchándose hacia el sur, y abarcando considerables extensiones
especialmente en San Juan, Mendoza, La Pampa y Río Negro.
Fisonómicamente hay dos tipos principales de vegetar ion: la estepa arbustiva y el bosque muy
abierto de algarrobo. Se caracteriza la provincia por el predominio en toda ella de diversas especies de
Larrea. Otras plantas característicos son Bulnesia retama, Plectrocarpa, Bougainvillea spinosa.
Condalia microphyla, Zuccagnia punctata. Además es muy rica en cactáceas.
Entre esta provincia y la puneña, Cabrera incluye la provincia prepuneña con caracteres florís-
ticos propios que la separarían de ambas.

6. Provincia pampeana
Comprende la llanuras del E del país incluyendo casi toda la provincia de Buenos Aires, sur
deCórdoba, Santa Fe y Entre Ríos, NO de La Pampa y una pequeña parte de San Luis.
Toda la provincia se caracteriza por el predominio de las gramíneas y compuestas, por su po-
breza en endemismos y por la riqueza en especies exóticas que en ella se han naturalizado.
Fisonómicamente son praderas o estepas graminosas sin árboles autóctonos.
Los pastos más comunes pertenecen a los géneros Stipa, Piptochaetium, Arístida, Melica, etcétera.
Se distinguen cuatro distritos: uruguayense, pampeano oriental, occidental y austral, este último
con las sierras de Tandil y la Ventana, que contrariamente al resto tiene numerosas especies
endémicas.
C) Dominio andino
7. Provincia altoandina
Ocupa los Andes desde Bolivia hasta Tierra del Fuego, en estrecha faja. Altitudinalmente comienza
en el N a los 4.400 m s/nm, en el centro (Mendoza) a los 3.000; en Tierra del Fuego a los 600 m s/nm.
Mientras en La Rioja, San Juan y Mendoza es una banda continua, al N de Catamarca aparece como un
archipiélago dentro de la provincia puneña. Hacia el sur vuelve a fragmentarse en pequeñas islas
90

correspondientes a las mayores elevaciones de la cordillera.


Toda la vegetación es arbustiva o herbácea y no existen árboles. Es muy rica en endemismos
de muy diversas familias, predominando los de las compuestas y leguminosas.
Géneros exclusivos son Werneria, Nototriche, Barneoudia, Hexaptera, Pycnophyllum, Oxych-loe,
Andesia, Malesherbia, etcétera.
Las plantas más comunes son las compuestas, gramíneas y leguminosas.
Se distinguen tres distritos: septentrional, central y austral, cada uno con elementos característicos.

8. Provincia puneña
Incluye las montañas y mesetas del NO por debajo de la provincia alto-andina extendiéndose al sur
hasta la precordillera de Mendoza.
Estepas de extrema aridez ya arbustivas, ya graminosas. Muy emparentada florísticamente con la
provincia patagónica, pero con numerosos géneros característicos como Oreocereus, Lampaya,
Krameria, Chersodoma, etc., y especies de Artemisia, Adesmia, Baccharis, Opuntia, Ephedra,
Atríplex, etc. El cardón, Trichocereus pasacana, es una de las más grandes cactáceas conocidas de la
Puna.
9. Provincia patagónica
Aparece ya fragmentariamente en la precordillera de Mendoza, prolongándose hacia el sur,cubriendo
el centro de Neuquén, occidente y centro de Río Negro, casi todo el Chubut, y Santa Cruz.
Montañas, mesetas y llanuras muy áridas cubiertas por estepas arbustivas o graminosas con
numerosos géneros y especies endémicas. Los pastizales tienden a dominar en el occidente con la
aproximación a los Andes y en las mesetas, constituidas por Stipa, Festuca y Poa, principalmente. Las
estepas arbustivas más comunes son las de Verbena tridens, Nardophyllum obstusifolium, Mulinum
spinosum, Trevoa patagónica, Colliguaya intergerrima, etc., arbustos a los cuales siempre se asocian
gramíneas del género Stipa.
En el mapa se ha trazado el límite norte de la provincia según las conclusiones de Ruiz Leal.

II. Región austral


D) Dominio subantártico
10 Provincia subantártica
Abarca una estrecha faja a lo largo del límite con Chile, aproximadamente desde el volcán Copahue
hasta el extremo sur del país, comprendiendo también las islas Malvinas, Georgias del Sur, etc., estas
últimas dentro de la provincia insular de Cabrera.
Se caracteriza en el continente por los bosques de Nothofagus. Esta provincia tiene curiosas
relaciones con floras muy alejadas de Nueva Zelanda, Australia, etc., por un lado y por otro, con floras
tropicales.
En los bosques, actualmente en retroceso, puede verse Nothofagus pumilio (lenga), N. betu-loides
(guindo), N. antárctica (ñire), etc. En su parte norte suelen dominar las coníferas (Araucaria
araucana).El bosque tiene todo su esplendor en el SO del Neuquén, O del Río Negro y NO del
Chubut con bambúes y lianas que desaparecen más al Sur, florísticamente más pobre.

Paisajes naturales

Dos grandes ambientes, seco y húmedo, dominan el territorio argentino. La Argentina seca, la mayor
parte del país, corresponde a la extremidad meridional de la «diagonal árida sudamericana» de De
Martonne. La integran las mesetas (puneña y patagónica), montañas jóvenes y macizos antiguos, sus
piedemontes y bolsones, desde los páramos de altura a los bosques secos pasando por las estepas. En
este extenso ámbito, la «selva hidrófila, subtropical de montaña», constituye una excepción.

La Argentina húmeda es discontinua y menos extensa. La integran dos unidades que flanquean a la

 Consecuente con el plan de la obra, el dominio antártico será considerado en el Capítulo II. 9
91

«diagonal árida» por el noreste y sureste. La primera es el dominio de la llanura, con excepción de la
meseta volcánica misionera. La segunda es la franja estrecha de los Andes australes y la isla de
Tierra del Fuego.
En cada ambiente, de acuerdo con los caracteres dominantes, se perciben diversos paisajes
naturales que responden a la combinación particular de los elementos del sistema. Se describirán
solamente los más destacados.

Argentina seca
1. La Puna, un conjunto de bloques cristalinos elevados a gran altura, fríos, secos y desiertos
La Puna es una inmensa cuenca de altura, a más de 4.000 m sobre el nivel del mar, con un borde
oriental cuyas altitudes oscilan entre 5.000 y 6.000 metros, mientras el occidental volcánico se eleva a
6.700 metros. Montañas ni ¡culadas longitudinalmente y montes aislados han parcelado la antigua
penillanura en cuencas cerradas donde menudean lagos y salares.
Los elevados picos volcánicos del oeste tienen casquetes de hielo por encima de los 6.000
metros mientras que las cumbres del macizo del borde oriental solo concentran nieves por encima de
los 5.500 metros, pero el paisaje tiene caracteres glaciares. Contrariamente, las montañas del interior
de la cuenca carecen de hielos y de nieves.
Debajo del piso de las nieves eternas se extiende el desierto. En el fondo de las cubetas se
acumulan los escombros producidos por una intensa desagregación mecánica a causa del clima frío
y seco, barridos por el viento. Hay que agregar a este ambiente, poco acogedor, extensos salares.
También los desmoronamientos que descienden a las «pampas» están cubiertos de escombros. En
las cuencas alargadas no faltan depósitos eólicos que forman médanos vivos en las laderas de
sotavento, acumulaciones de cenizas, conos aluviales y costras de sales de gran espesor,
Hacia el occidente el ambiente se torna más hostil. De aquí la denominación de Puna bravía,
caracterizada por un paisaje de volcanes y productos de efusiones que se levantan sobre la alti-
planicie desnuda.
En el borde oriental de la Puna, el vigoroso macizo ha sido disectado profundamente por los
ríos, algunos de los cuales se adentran al corazón mismo de la unidad siguiendo estrechas que-
bradas, como la de Humahuaca y el Toro, para un nombrar sino las más famosas. En el piedemonte del
elevado borde puneño, estas quebradas se abren en amplios valles surcados por ríos que escurren
ámbitos de excelentes condiciones para las actividades humanas; tales los del Bermejo, Grande y
Juramento.
Al frío, la sequedad y los fuertes vientos casi constantes, la altura agrega la «puna» o «soro-
che» (mal de altura). Arreico y de suelos esqueléticos, el relieve carece de la fluidez necesaria para las
comunicaciones.
Entre el borde inferior de las nieves eternas y la cota de 5.000 m, salpican el suelo pequeñas matas
de un pasto duro llamado ichu (Stipa ichu) y cojines dispersos de yareta (Azorella yareta) que a los
4.500 metros se torna muy rala. Más abajo, sobre suelos pedregosos se encuentra la estepa de añagua
(Adesmia trijuga). Donde aflora un poco de agua por debajo de los campos de detritos se han instalado
«vegas» de vegetación cespitosa. Entre los 3.300 y 3.900 metros, en el ámbito de la Puna propiamente
dicha, los pastos duros se vuelven más densos.
Los salares están rodeados por una faja estrecha de halófilas. Más lejos, ya en las bases de las
vertientes, con mayor humedad, aparece la tola (Eupatoium species) que puede alcanzar los dos
metros de altura, a veces alternando con cortaderas.
Las quebradas tienen climas locales específicos al abrigo de los cuales alternan arbustos de la
estepa con árboles propios de la formación del monte o bosque seco. En niveles inferiores, junto al
lecho de los ríos, aparecen las higrófilas.
La uniformidad de la Puna es más aparente que real. A la diversidad de aspectos ya señalados se
pueden agregar las diferencias capitales entre Puna seca, Puna de transición y Puna salada, de acuerdo
con Bolsi.8
Es Puna seca el tercio septentrional de la unidad. La caracterizan lagunas extensas instaladas en
cuencas alargadas, por lo general. Recibe un poco más de humedad que la Puna salada, pero se vuelve
más seca hacia el sur y el oeste. La red hidrográfica es más extensa y los ríos de mayor caudal son
92

tributarios del drenaje atlántico, por medio del río San Juan, principalmente. La erosión fluvial, por
otra parte, es más efectiva por lo mismo que el nivel de base está más bajo.
La Puna de transición comparte características de la seca y de la salada. Por un lado, el relieve
formado por cuencas alargadas de dirección predominante norte-sur. Las precipitaciones alcanzan a
los 200 mm anuales aproximadamente, y la red hidrográfica está regularmente desarrollada. Se
asemeja a la salada por la proliferación de salares, el arreísmo y las formas volcánicas.
La Puna salada se distingue por la gran extensión que alcanzan los salares. Su parte occidental se
caracteriza por el predominio de formas volcánicas. En el resto, la orientación de los relieves es la
misma que en la Puna seca. En cuencas largas y cerradas se alojan salares, algunos de gran
extensión (Arizaro, 4.500 km2). Menos accesible a las masas de aire húmedo, es la parte más seca de
la Puna en general. Las redes hidrográficas endorreicas tienen un desarrollo muy pobre.
En suma, un medio inconfortable en el cual el hombre soporta grandes penurias para poder
vivir.

2. Los Andes secos, desierto de piedras, escasamente modelados por los hielos, con páramos
de altura
Con el nombre de Andes secos se agrupan aquí los paisajes de tres grupos de montañas cuyo
rasgo dominante es la sequedad. Se trata de la cordillera principal o cordillera del límite (argenti-
no-chilena), la cordillera frontal y la pre-cordillera. La primera ingresa al país, desde el oeste, al sur
de la provincia de San Juan y Mantiene su aridez en toda la provincia de Mendoza. La segunda y
tercera nacen en el borde de la puna y terminan en el río Diamante y Mendoza, respectivamente. Es
un conjunto grandioso de montañas desérticas en las cuales se yerguen las cumbres más empi-
nadas de los Andes. Tales las del Aconcagua (6.959 m), Tupungato (6.600 m). Mercedario (6.700
m), etcétera.
Las estructuras de las cadenas se ponen de manifiesto en sus caracteres geomorfológicos. La
cordillera frontal y precordillera son macizos antiguos con todas las formas propias de una montaña
de bloques cortadas en sedimentos paleozoicos de plegamiento hercínico. La cordillera principal es
un plegamiento joven del borde continental del geosinclinal andino. La principal y la frontal llevan la
impronta de actividades volcánicas que construyeron los inmensos volcanes andinos. En las dos
cadenas perduran formas simples, suaves, monótonas, pero la occidental es más áspera. Los picos
empinados y las crestas rocosas corresponden a las grandes cumbres, especialmente las labradas en
las masas eruptivas. Los valles principales, longitudinales, se orientan de acuerdo con los ejes
orográficos. Los transversales descienden de los flancos orientales de la cordillera Principal, no
disectada, razón por la cual los pasos andinos se encuentran a niveles superiores a los 3.500 me-tros
sobre el nivel del mar. En cambio, la cordillera frontal está profundamente disectada por valles
transversales estrechos de paredes abruptas, rocas desnudas de variados colores, que dan im-
ponencia y belleza al paisaje.
El desierto de piedra guarda testimonios de los hielos del pasado, parcialmente desdibujados por
la deteriorante acción del frío seco actual. Los cuerpos Pie hielo que brillan al sol, colgados por
encima de los 6.000 metros en las vertientes que miran al Norte y a los 4.000 las que miran al sur,
son escasos, pero muchos están ocultos bajo espesas cubiertas de escombros (glaciares rocosos). Las
nieves, también insuficientes, son efímeras. Puede ocurrir que no llueva una sola vez durante todo el
período de actividad vegetativa.
En ciertos lugares (Puente del Inca), las temperaturas son tan bajas como en Tierra del Fuego y en
otros (Cristo Redentor) lo son mucho más. (Tabla 1).

TABLA N° 1

Altitud MediaTemp.
Mín.(C°) Media
Localidad
Latitud m. anual abs. mensual Max. HR Hel. Precip.
Jul Ene
P. del Inca 32°49‛ 2.700 7,3 -19,1 -0,2 14,2 29,8 43 154 263
C. Redentor 32°50‛ 3.832 -1,7 -30,3 -6,9 4,1 20,2 57 319 -•-
Ushuaia 54°49‛ 21 5,6 -19,6 2,0 9,2 26,5 72 117 582
93

Sin embargo, el balance hídrico es francamente deficitario a causa de la escasez de las preci-
pitaciones y la intensidad de los vientos; pero, además, existe la sequedad fisiológica causada por
el congelamiento. Basta recordar, sobre este aspecto, que en Puente del Inca hiela 154 días en el
año y en Cristo Redentor 319. La manifestación más evidente de este clima seco y frío es la des-
nudez del paisaje. Escasea la cubierta vegetal a causa principalmente de la falta de suelos.
En la extremidad sur de estos Andes secos, a la latitud del valle del río Atuel, parte austral de
la provincia de Mendoza, la vegetación se distribuye en tres pisos fundamentales. Hasta los
1.600 metros sobre el nivel del mar penetra la provincia fitogeográfica patagónica. Desde este
nivel, hasta los 3.000 metros, se entremezclan (ecotono) las provincias patagónica y alto-andina.
En este piso la cubierta vegetal es muy abierta, es arbustiva en las laderas y mezclada con coirones
en las plani-cies. De 3.000 a 3.500 m se desarrolla una vegetación típicamente nival, baja,
herbácea, de tallos carnosos y flores vistosas. Por encima de los 3.500 m se enseñorea el páramo
andino, totalmente desprovisto de vegetación. Esta visión macroscópica esconde la existencia de
numerosos ecotonos a los cuales corresponde una riquísima variedad de plantas de singular
belleza que sólo suelen captar los muy advertidos.9 Hauman la ha descrito muy bien, pero aquí
se tomarán las especies más conspicuas.
A lo largo de los ríos existe una cinta angosta de vegetación hidrófita bastante alta,
con gramíneas, Cardamine nivalis (berro), Mimulus luteus, etc. Donde existe un poco de limo
prospera Juncus lesueurii y en otros lugares, altas y poderosas matas de Calamagrostis
eminens, Des-champsia cordillerarum, y otras. En los escasos lugares pantanosos de los valles y
alrededor de las vertientes, sobre las pendientes, aparecen diminutas praderas de una vegetación
densa, pero muy baja (menos de cinco centímetros de altura). Arriba de los 3.000 metros, en las
nacientes de los valles, al pie de las morenas, donde surgen las aguas frías de los ventisqueros
próximos, se forman pequeñas vegas, verdaderos oasis en el desierto de piedra. Hay que
agregar aquí juncáceas Oxychloe (Patosia) clandestina y Andesia bisexualis, formando grandes
cojines convexos, Plantago barbata var caespitosa, Acaena caespitosa formando matas densas
hemisféricas, Senencio cha-maecephalus, cuyos gruesos capítulos amarillos están sentados en
medio de una roseta foliar, y la calicerácea Boopis agglomerata, cuyas inflorescencias blancas
forman como una flor chata y rodeada de hojas depositada sobre el suelo.
Los elementos característicos de los valles y pie de las pendientes son algunos arbustos como
la Adesmia pinifolia, la leña amarilla (2.200 a 3.000 m), acompañada por Ephedra americana
var andina (hasta 2.800 m), etc. y como herbáceas Bromus macranthus, Astragalus
cruckshankii de flores azules, varios Senecio subarbustivos o herbáceos en lugares abrigados del
viento. Rastreras son Tropaeolum polyphyllum y Mutisia taraxacifolia, verdaderas bellezas
florales de la región.
El elemento predominante en las pendientes es la Adesmia trijuga, subarbusto que forma
matas redondas y grisáceas (hasta 3.300 m), acompañado por algunas gramíneas (Stipa speciosa,
Poa chilensis, Hordeum cosmosum), la hermosa Loasácea urticante de grandes flores
blancas Cajophora coronata, y otras.
Entre los 3.000 y 4.000 m, sobre las cumbres, en las nieves y hielos perpetuos existen las
especies andinas más características. En primer lugar, subarbustos enanos, formando cojines o
alfombras, Adesmia hemisphaerica, A. subterránea (cuerno de cabra), Oxalis bryoides y Verbena
uniflora formando un césped muscoide sobre el cual nacen las flores, respectivamente amarillas y
azules.
Entre las herbáceas merece especial mención la calcífera Hexaptera cuneata (2.000 a 4.200
m) en el límite superior de la vegetación, varias Calandrinia, portuláceas de flores frágiles y
vistosas, Astragalus oreophilus, varias plantas en roseta; las extrañas ranunculáceas Barneoudia
chilensis y B. major, cuyas flores azuladas o amarillas atraviesan la nieve a punto de derretirse.
Pero es en las inmensas acumulaciones de rocas de los rodados y morenas movedizas donde viven
las especies más extrañas. Los tallos delgados, ocultos entre las rocas, se alargan hasta llevar a la
luz sus hojas, a menudo arrosetadas, y sus flores: Calandrina pieta, Chaestanthera acerosa,
Nassauvia lagascae, etc.
La precordillera, entre la cordillera frontal y las sierras pampeanas, a veces separada de una
y otra por bolsones, alcanza alturas de 4.000 m. Posee escasas cumbres, predominan las cimas
94

redondeadas, los domos anchos de gran abovedamiento propios de la antigua penillanura. Bajo
un clima muy árido, faltan las nieven y los hielos. El escurrimiento es pobre pero con torrentes
de fuertes crecidas en ocasión de lluvias intensas de verano. Las aguas se pierden en las
pendientes áridas o se insumen en las playas de los bolsones luego de atravesar los glacis.
Carece de una formación vegetal que le dé un carácter paisajístico propio. Está invadida desde
el norte y sur por las estepas puneñas y patagónicas, respectivamente desde el este entra el monte
serrano. La estepa arbustiva alcanza su mayor desarrollo en los piedemontes, valles y quebradas
donde se encuentran hasta bosquecillos de arbustos altos y árboles espinosos.10

3. Las sierras pampeanas, macizos antiguos y bolsones, boscosos unos y esteparios otros.
Las sierras pampeanas son, geomorfológicamente, macizos antiguos, montañas de bloques,
como la cordillera frontal y precordillera, tan nuevas como la cordillera principal, no obstante
la antigüedad de los materiales que la componen.
La ubicación de las montañas dentro de una categoría geomorfológicamente conocida (maci-
zos antiguos) y la denominación de bolsones para los espacios intermedios, también incorporada
al vocabulario geomorfológico específico, eximen de consideraciones esenciales relativas al tipo y
la morfogénesis.
En suma, se trata de un conjunto de bolsones e islas cristalinas cuyas penillanuras se elevan a
diversas alturas y sobre las cuales suelen erguirse cumbres. Estas montañas se vinculan a las
llanuras por glacis. Hacia los bolsones lo hacen en la misma forma, a través de «bajadas» que
enlazan las montañas con las «playa» sobre las cuales se han formado lagos o pantanos, gene-
ralmente salares («chotts»), rodeados de médanos. Estas formas constituyen una manifestación
clara de aridez a la cual responde una red hidrográfica densa pero pobre en aguas. Los cauces son
anchos, pedregosos, ordinariamente están secos o se insumen rápidamente a la salida de la
montaña que los nutre. Son verdaderos torrentes que en ocasión de las lluvias estivales ocasionan
grandes crecidas. De todos modos, existen cursos de jerarquía, colectores, que tienen niveles de
base interiores, aunque también algunos llevan sus aguas al mar.
Dispersas en un espacio muy amplio (provincias de Tucumán, Santiago del Estero,
Catamarca, la Rioja, Córdoba, San Luis, San Juan), presentan características muy variadas. Las
alturas van desde pocos metros sobre el nivel del mar a 6.200 m. (Nevado de Famatina), en la
extremidad septentrional de la unidad, donde, como dice Frenguelli, las «moles grandiosas y
grises de los bloques, de líneas simples y macizas, de vez en cuando interrumpidas por los
perfiles abruptos de batolitos y apófisis graníticos, contrastan con la carga sedimentaria plegada
en sus quebradas y vertientes, roja o policromo, de rasgos sumamente complicados y esbeltos; y
con éstos, el fondo de los bolsones tendidos hacia el sur cada vez más amplios, crispados de
arenales o igualados por la desolación de las salinas».11 De acuerdo con la altura, exposición y
formas de las montañas varían los suelos (arenosos, rocosos, limosos, salinos, arcillosos,
cenagosos; etc.) y también se multipli-can, en íntima relación, los climas locales y hasta los
micro-climas. En cortas distancias varían mucho la humedad, precipitaciones y temperaturas. De
aquí la existencia de una «flora muy rica y variada, con elementos venidos de regiones más cálidas

o más frías, más secas o más húmedas». Tendremos, mientras no aumente mucho la altitud,
asociaciones de carácter subtropical, unas casi mesofíticas, otras intensamente xeromorfas, y
asociaciones de carácter templado o templado frío en las partes más elevadas.
Desde el punto de vista de la vegetación, las sierras pampeanas, correspondientes a la pro-
vincia chaqueña y la provincia del monte, son muy complejas. Las combinaciones
geomorfológicas, edafológicas y climatológicas explican la variedad de especies y la
distribución de numerosos cuadros fitogeográficos. En primer lugar, es necesario distinguir los
ambientes de los bolsones de los de las sierras. Los primeros se diferencian por el carácter
xerófilo de la vegetación rala que cubre parcialmente los suelos arenosos y guijarrosos.
Individualiza al monte, formación muy ex-tensa y variada, el chañar, la jarilla, la brea, la tusca, el
espinillo, mientras que el bosque chaqueño tiene como representantes más típicos al quebracho
colorado santiagueño, el quebracho blanco, el guayacán, el palo borracho, además de grandes
95

cactáceas. Las gramíneas reverdecen y empinan sus penachos blancos en los ambientes húmedos a
lo largo de algunos cursos de agua. En los suelos salinos solamente hay vegetación halófila
representada por el jume y cactáceas (cereus), y en los campos arenosos las psamófilas. En los
salares mismos, la vegetación desaparece. El monte penetra en la montaña como bosque serrano.
En las laderas, con variantes según exposición al este u oeste, crecen los algarrobos, los molles,
mistoles, tala y piquillín; también los cardones gigantes. «El bosque serrano adquiere particular
exuberancia en las quebradas húmedas, recorridas por cursos de agua, formando verdaderos
bosques galerías, de tipo casi subtropical, com-puestos por el manzano de campo (Ruprechtia
coryfolia), tala, molle, algarrobo y el coco (Pagara coco). En algunos sitios, por la humedad de
los árboles, crece una vegetación casi higrófila, compuesta de musgos, bromeliáceas, hierbas
tiernas (Oxalis, Bowlesia, Parietaria, etc.) y helechos delicados como los culantrillos (Aplenium
cuneatum, A. chilense, Blechnum hastatus, Woodsia, Cystopteris y Musgos). Entre las rocas
puede encontrarse la bromeliácea Puya spatahcea. El manto, de vegetación dibuja, entre los
trapecios del frente de montaña, la cuenca de recepción y el canal de descarga de los torrentes;
pero se detiene, después del piso del tabaquillo, para ceder paso a las Stipas, en el sector de
surgencias y de las penillanuras.
«Algo más allá de las quebradas, existen espacios fértiles con prados de altas gramíneas al-
ternando con molles aislados y un sinnúmero de arbustos y herbáceas de flores vistosas, entre las
cuales cabe señalar la peperina (Bistropogon mollis) etcétera».
«Entre las orófilas fijadas a las rocas en paredes verticales pueden mencionarse los claveles
del aire (Thillandisias div. esp.), de las cuales algunas especies son indiferentemente saxícolas o
epífitas.
«Sobre los conos de deyección pleistocénicos los árboles más comunes son la tusca (Acacia,
lútea. Mili.) el peje (Jodina rhombifolia, Hoock et arn.), la brea (Cercidium australe, Johnst.), el re-
tamo (Bullnesia retamo, Gris) y el manzano del campo. Además alternan algunos templares del
bosque serrano». En ciertos hilares la nota más característica la ponen las palmeras caranday
(Trithrynax campestris).
El distrito chaqueño-serrano se enseñorea, en condiciones favorables, en las penillanuras.
Arriba de los 1.500 a 2.000 m por lo común hay estepas graminosas con especies herbáceas ex-
clusivamente.
En suma, una extensa unidad de variadas formas físicas y biológicas que condicionan una
multiplicidad de ambientes donde predomina la aridez, y una multitud de oasis de piedemonte, muy
humildes, alternan con quebradas y valles de singular belleza con cierta opulencia turística.13

4. Las mesetas, templadas a frías, ventosas y esteparias


Patagonia, la «tierra maldita» para el inglés Darwin, es un mundo complejo, apetecido por
muchos, que atrae, fascina y retiene.
A causa de las «tremendas larguedades», como dice Cuevas Acevedo para poner de mani-
fiesto de alguna forma breve pero expresiva la inmensidad de los espacios, la Patagonia de las
mesetas, reino de los vientos, termina por parecer monótona. Sin embargo, el paisaje «se ve inte-
rrumpido con frecuencia por una variable suerte de accidentes: mesetas y chimeneas basálticas,
serranías, cañadones, ollas de depresión tectónica o grandes bajos, gigantescos lechos fluviales,
irrupciones porfíricas más o menos desnudas y afloramientos del basalto. Fitogeográficamente
corresponde al monte hacia el norte y a la estepa por el Sudeste».14 El paisaje, desolado, está do-
minado por las mesetas sobre las cuales se levantan algunas montañas de escasa altura (Pa-
tagónides) y alternan bajos (depresiones), cubetas cerradas, mesas basálticas y valles fluviales
profundos, muchas veces secos.
Las mesetas son planicies a diversas altitudes que descienden en escalones desde el piede-
monte de la cordillera (2.000.a 1.500 m s/nm) hasta el Atlántico. Terminan, generalmente, en
acantilados a veces de 100 m de altura, recortados en golfos de erosión y en salientes o puntas
debidas a núcleos de rocas antiguas. Constituyen un paisaje tabular, reforzado por los grandes
mantos basálticos sobrepuestos a superficies planas dando verdaderas mesas, disectado por los
cursos de agua. Una gran extensión lleva encima una cubierta de glacis retransportada compuesta
96

de rodados, gravas, arenas libres o cementadas, conocidas como rodados patagónicos o rodados
tehuelches.
Los Patagónides, mezcla de montañas plegadas en sedimentos mesozoicos y planicies en
bloques antiguos, constituyen un hecho singular en el ámbito de las mesetas cuya monotonía
quiebran. Son de modestas alturas (1.000 a 1.600 m).
Las depresiones («bajos») y las cubetas cerradas parecen de origen tectónico luego rellenado
por material acarreado por las aguas y finalmente despojado de los elementos finos por el viento,
acentuando la depresión. Un origen semejante pueden tener las cubetas cerradas, de formas y
dimensiones variadas, poca profundidad, pendientes suaves o escarpadas, de las mesetas. Las
aguas se acumulan en éstas formando lagunas que en verano se transforman en salares y hasta
pueden ser ocupadas por verdaderos lagos, como el Colhué Huapi y el Musters.
Las costas, maduras, adaptadas a la acción del mar, presentan trazados regulares en arcos
cóncavos y convexos, extensos acantilados o sucesión de ellos separados por valles fluviales, a
veces secos, coronados por médanos y vegetación pobre. Los acantilados, desmoronados por el
mar, forman mantos de rodados, gravas y arenas. Entre los accidentes menores, proliferan senos,
bahías, caletas, estuarios, playas, etc. Las grandes mareas constituyen un inconveniente para la
instalación de puertos.
Domina el aire heterogéneo del Pacífico, sensiblemente modificado por la montaña. Es frío
y seco, en general, y no existe el verano térmico. El porcentaje de nubes es bajo, los cielos claros y
el foehn de altura es frecuente. En el centro de las mesetas, Colonia Sarmiento es buen ejemplo del
clima. La temperatura media es sólo de 11o, la máxima absoluta de 38o y la mínima absoluta de
20° bajo cero. Las precipitaciones son muy escasas en todos los meses del año y el máximo
corres-ponde al invierno (mayo-agosto). El total es de 142 mm. Los vientos del O son casi
permanentes (450%o).
Bajo tales condiciones climáticas no se forman cursos de agua. Pero cruzan las mesetas ríos
alóctonos que por sus dimensiones, volumen de agua que arrastran y belleza, constituyen motivo
de asombro. Se alimentan en las cuencas montañosas y están regulados por lagos de diversos
tamaños, algunos de los cuales son realmente enormes. Sortean difícilmente el relieve de piede-
monte; luego atraviesan las anchas mesetas sin recibir casi aportes fluviales. Sus valles anchos y
profundos están parcialmente ocupados por lechos ordinarios estrechos, por los cuales fluyen
aguas claras decantadas en los lagos. Terminan, finalmente, en estuarios afectados diariamente
por las mareas que alcanzan alturas considerables. No todos se vuelcan hacia el Atlántico; algunos
lo hacen en el Pacífico.
A los cambios geomorfológicos y climáticos van unidos los edáficos y fitogeográficos.
Las plantas se encuentran adaptadas a condiciones muy severas. Se trata de arbustos enanos
con aparatos subterráneos, ramas cortas y apretadas, áfilas o con hojas pequeñas, coriáceas o
espinosas, casi siempre revestidas de resina o pelos lanosos. En conjunto forman matas
homogéneas más o menos densas, que alcanzan, según las especies, alturas de 2 a 3 cm hasta
cerca de un metro. Es el dominio de la estepa.
Las asociaciones vegetales, vinculadas a los suelos y la topografía, más conocidas son las
siguientes: 1) arbustivas, asociadas a los suelos pedregosos y arenosos. En las cimas y crestas de
los cerros la vegetación herbácea es rala (estepa semidesértica); en los barrancos («cañadones»)
secos, mejor defendidos del viento y con más humedad, las hierbas se entremezclan con arbustos,
presentando un aspecto semejante al monte. Los valles, donde pequeños cursos de agua forman
pantanos, están cubiertos por densas praderas de gramíneas y ciperáceas (vegas) o poligonáceas
(lengua de vaca, Rumex crispas). A veces existen charcos y lagunas con plantas acuáticas. En
suelos bajos y salados crece una vegetación halófila, de plantas carnosas generalmente con hojas
crasas o muy reducidas.
La extremidad norte de la región es una mezcla de Patagonia y pampa, estepa y monte, bajo el
dominio del aire subtropical atlántico del NE, es decir una unidad de transición entre dos
ambientes naturales distintos.
Los procesos morfoclimáticos de la pampa se superponen a los de la Patagonia. El paisaje
comienza a tomar estilo pampeano. Pero su escasa extensión y transformación paulatina no incide
97

en la idea geográfica de conjunto de la región


Adquieren desarrollo los depósitos eólicos y se forman médanos, como no lo hacen en el resto de la
región a causa de la violencia de los vientos.
Las costas también responden al cambio de estilo. Maduras, adaptadas a la lesión del mar, pero
playas y con estuarios, son monótonas, bajas, bordeadas por médanos vivos fijos o semifijos. Detrás de
éstas se encuentran terrenos bajos, en parte guadalosos o con lagunas, esteros y arroyos, que a
veces inundan los campos, Menudean las playas arenosas, a veces anchas, otras acantiladas e
interrumpidas por valles fluviales. No faltan los bancos e islas anegadizas rodeadas de pantanos y
cangrejales, entrelazados por tortuosos canales.
Climáticamente pertenece al dominio del aire subtropical marítimo del NE del país, sensible-
mente transformado por la distancia a la fuente y el centro de acción o anticiclón subtropical Atlán-tico.
Posee cuatro estaciones térmicas y participa de los caracteres climáticos de la mitad septen-trional del
país, vientos del NO y precipitaciones de otoño y primavera o verano. Las temperaturas absolutas
oscilan entre 43° y 11° bajo cero; la extremidad NO de la región es más cálida en verano y más fría en
invierno que la del este, y más seca. En el régimen de los vientos se manifiesta muy bien el carácter
transicional del clima. Predominan los del N, pero también son muy frecuentes los del S y NO.
El monte primero y el espinal después, sustituyen a la estepa. El pasaje es paulatino, a través de 150
km. Se mezclan elementos de dos formaciones. La flora se empobrece notablemente pero la vegetación
se enriquece. A causa del clima más frío y seco que en los distritos septentrionales del monte carece de
árboles y se mezcla con especies subandinas. La flora se reduce a elementos esenciales a los cuales se
suman otros más xerófilos y menos exigentes en calor.12

Argentina húmeda

5. Meseta subtropical misionera, tierra colorada y selva verde


La meseta misionera es sólo una porción de la mesopotamia argentina cuya unidad se la confiere el
hecho de estar enmarcada por los ríos más importantes del país (Paraná, Iguazú y Uruguay).
Desde el punto de vista geomorfológico, Misiones es una meseta, según Popolizio, de «es-
tructura tabuliforme, subhorizontal» en la cual alternan areniscas mesozoicas de Botúcatú con
basaltos de Serra Geral, correspondiente al grupo jurásico de Sâo Bento.15 Una especie de «trap» muy
disectado por los cursos de agua que descienden de sus bordes a los ríos Paraná y Uruguay. Encajados
en las nacientes, en las proximidades de los grandes colectores, ensanchan sus valles y pierden
profundidad. Los afloramientos basálticos originan rupturas de pendientes con inertes caídas de
agua (saltos). En la extremidad noreste la meseta es sustituida por una altiplanicie cuya altura
alcanza a los 800 m, mientras que al SO es reemplazada por una peniplanicie de suaves ondulaciones y
escasas altitudes.
Bajo el clima subtropical cálido y húmedo sin estación seca, pero con máximas de otoño y
primavera y una densa vegetación, la alteración de los basaltos dio lugar a la formación, como dice
Popolizio, de «alteritas» y no «lateritas», marcadamente rojizas con una gran variedad de tonali-
dades que van desde los rojos fuertes de la sangre a los rosados suaves, según el estado de
evolución eda-fotogenética.16
El llamativo color de los suelos y su contraste con el verde de la selva son los rasgos que más
definen el paisaje misionero.
La selva, cuya riqueza florística es única en Argentina, ocupa las cuatro quintas partes de la
unidad natural misionera correspondientes, por otro lado, a la de más precipitaciones, en el NE. En la
porción restante se prolonga en galería a lo largo de ríos y arroyos. En los espacios intermedios, hasta el
NE de la vecina provincia de Corrientes, dominan las hierbas con árboles formando sábanas o
parques. Se distinguen cinco estratos, entretejidos por lianas y con epífitas. El I superior, formado por
los grandes árboles (30 m) de amplias copas de hojas menudas, como el lapacho negro timbó
(Enterolobium contortissiliquum), cedro misionero (Cedrella fissilis), ybirá-pytá (Peltophorum
dubium), etc. Le siguen por debajo, árboles de talla menor (10 a 20 m) en formación cerrada de tallos
delgados pero erectos, como el petiribí (Cordia trichotoma), la palmera pindó etc. Entretejidos por
98

enredaderas. Más abajo está ubicado el piso de los árboles cuyas alturas oscilan entre 3 y 10 m, tales
la yerba mate o palo yerba (Ilex paguariensis), a veces helechos arborescentes como el chachí.
En el nivel inferior crece un estrato arbustivo, con ortigas gigantes y cañaverales, a veces de gran
altura, con bambusáceas, tacuarembó o tacuara mansa, tacuapé, yeteró, etc. y una graminácea
gigante, tacuaruzú, que suele alcanzar hasta 30 m de altura. En último término, en ambientes umbríos,
a ras del suelo, el estrato herbáceo de helechos begonias. No faltan los hongos, musgos y líquenes.
Además, proliferan trepadoras de flores multicolores, epífitas tales como el caraguatá, güembé, clavel
del aire y las orquídeas. Pero la selva, desde hace más de un siglo, va siendo objeto de la acción del
hombre ya sea por la madera como por la necesidad de abrir claros para practicar otras actividades,
comenzando con la agricultura. La reposición de árboles con especies maderables no logra cubrir los
claros.17

Toda la historia de Misiones está signada por la selva.

6. Los esteros correntinos

El resto de la mesopotamia no es una llanura aluvional como la clásica, sino una altiplanicie
arenosa, de escasa elevación reciente. En ella se ha impreso, como consecuencia especial del
clima, una red muy densa de ríos, arroyos, lagunas y esteros. Si bien las pendientes son escasas,
frecuentes afloramientos de rocas duras (meláfiros) dan lugar a rupturas del perfil de equilibrio en los
cursos de agua, que originan torbellinos, «correderas» y cataratas, algunas de gran magnitud y
extraordinaria belleza, como las del Iguazú. Los bosques en galería, de ríos y arroyos, contribuyen a
realzar el paisaje.
De norte a sur, se distinguen tres paisajes singulares: los esteros correntinos, la planicie en-
trerriana de suaves lomadas y el delta del Paraná.
Los esteros constituyen el rasgo dominante de la provincia de Corrientes.
Se trata de una planicie baja y escasa pendiente, anegadiza, sembrada de esteros (pantanos) y lagunas,
orientadas de NE a.SO, entre lomas de arena, bajas pero hasta de cien kilómetros de largo.
Las cuencas fueron excavadas por las aguas en una altiplanicie arenosa levantada por movi-
miento epirogénico. Hoy están colmadas por las precipitaciones que oscilan entre 1.100 y 1.600 mm
anuales.
Elementos esenciales del paisaje, los esteros suelen tener, a veces, grandes extensiones,
como el Ibera, de 20.000 km2. Son más profundos, pero menos numerosos, en las estaciones llu-
viosas, por cuanto entran, por derrame, en coalescencia más de uno de ellos. «Las aguas pro-
fundas, que llegan hasta cuatro y cinco metros, se muestran como órbitas despejadas (“canchas”)
algunas de las cuales tienen los fondos arenosos libres; pero, en general, habita en ellas una ve-
getación sumergida sólo visible en épocas de bajante. Extensas colonias de camalotes flotan en las
aguas con profundidad de dos a tres metros y no es raro encontrar en ellas enormes y hermosas hojas
de Victoria regia Frecuentemente las plantas acuáticas entrelazan raíces y tallos en tan grandes
extensiones, que parecen praderas flotantes (“embalsados”) y retienen los detritos arenosos e
incrementan por floculación su masa compacta junto con el depósito de las partes muertas de las
plantas. En la mayoría de los esteros, con menos de dos metros de profundidad, se des-arrollan
pajonales donde se apretujan totoras (Cyperus giganteus)».
«En las lagunas y esteros penetran lenguas de tierra no inundables pero de poca altura sobre las
aguas ('rincones') y originadas por antiguos bancos de arena consolidados por la vegetación
herbácea, de tal manera que permiten la instalación de árboles. También son numerosas las islas
dispersas que levantan su relieve semejante a un lomo levemente emergido, alrededor de un metro,
sobre la superficie palustre. Ombúes, ceibos y talas dominan en su centro tacuarales en sus alre-
dedores y cortaderas en las proximidades de las playas. Los juncales se afirman en los cienos
periféricos y sólidos embalsados, debajo de los cuales circulan l as aguas, permiten caminar sobre
99

ellos en los bordes de la tierra firme.»18

7. Lomadas entrémonos
La meseta correntina se levanta al sur de los esteros. Se trata de una formación dura demeláfiros
y sedimentos del cretácico superior y del terciario con cerros de areniscas resistentes aislados.
Con pendientes al este, oeste y sur, se prolonga en este sentido por Entre Ríos y se bifurca en lomas
("cuchillas") separadas por valles que llevan una frondosa red hidrográfica. Se levantan, a veces,
100 metros sobre el nivel del mar, con solo una altura relativa de diez metros.
Un perfil transversal en el sentido de los paralelos pone de relieve una provincia de ondula-
ciones suaves (lomas chatas y valles anchos) cuyas grandes líneas fueron dadas por movimientos
tectónicos. Pero el modelado actual del paisaje es obra, principalmente, de las aguas. Bajo un
régimen de precipitaciones que, desde el paralelo 31° al sur es de 900 mm anuales, bajo un clima
templado (18°a 20°) y muy húmedo, los suelos son muy variados, pero, en general, espesos y
negros. «El paisaje contiene un monte de algarrobos, ñandubay, talas (Celtis tala) (Acacia caven),
etc. que alcanza entre cinco y seis metros de altura y abundantes enredaderas abrazadas a los
troncos como en la llamada selva de Montiel. Grupos casi puros de yatay (Cocos yatay) se disponen
hacia la galería uruguaya, como en el hermoso palmar de Colón y palmeras caranday se acumulan a
lo largo del Paraná».19

8. Delta del Paraná


Delta interno, ha sido construido por el río homónimo en la porción libre de mareas, entre bordes
abarrancados que coinciden con fallas geológicas. Las islas, separadas por numerosos ríos y canales,
tienen sus bordes levantados ("albardones") por limos depositados por las aguas en momentos de
crecientes, junto con troncos, ramas y camalotes que contribuyen a la construcción de islas.
Convertidas en palanganas por los procesos señalados, se inundan periódicamente, y el desagüe, por
canales artificiales, es difícil. En su interior se enseñorea el pajonal.
Con un clima más cálido que el correspondiente a su latitud, a causa de las tibias aguas que le
aporta el Paraná, cada «isla comprende una corona arbórea de cultivo (sauces llorones, frutales y
álamos de Italia) en cuya masa, ubicada sobre los albardones, se destacan pocos ombúes (Phy-
tolacca dioica) y ceibos (Erythrina christagalla) como testigos del monte preexistente». Cada isla,
en parte, es un «cuenco repleto de lodo donde medran juncos y carrizos por los bordes seguidlos por
los tallos erectos de las achiras y, hacia el centro, por bancos de habitantes acuáticos inmovilizados
en los fangos putrefactos de la maciega. Extensas espadañas y pajonales bordean las costas y
compactas espesuras de juncos se afirman en los bajos fondos».20
9. El Chaco, llanura cálida y boscosa muy modificada por la actividad humana
El Chaco es una enorme llanura boscosa, con una notable nivelación general ligeramente in-
clinada al sudeste. Planicie casi perfecta solo alterada por domos y depresiones, altos y bajos, sus
desniveles se miden en decímetros más que en metros. La escasez de pendiente, unida a suelos poco
permeables, la falta de una red de drenaje bien jerarquizada, no obstante la existencia de ríos como
el Paraná, y la vegetación que sirve de contención al escurrimiento, explican la existencia de aguas
estancadas en los sectores más lluviosos del este. La zona más beneficiada por las precipitaciones
es la próxima al Paraná, donde llueven más de 1.000 mm al año mientras que en el extremo
occidental, ya en la provincia de Salta, por ejemplo, no se registran más de 500 mm. El Chaco es
caluroso, los veranos son francamente tórridos y las temperaturas, como las lluvias, disminuyen
de norte a sur. En la extremidad austral se registran valores medios anuales de 26 y 18°
respectivamente. No obstante, en el invierno penetran en la región los empujes del frente polar,
sometiéndola a heladas.
Es la región de los suelos sedimentarios palustres (de color gris) y también fluviales mezclados
con eólicos. Se trata de arcillas plásticas, arcillas arenosas, arenas arcillosas y también puras. No
faltan los médanos, especialmente a lo largo del río Paraná, ocupando amplios espacios y adop-
tando formas muy particulares. Estos suelos sostienen formaciones vegetales que van de las sabanas
inundables y pantanos salitrosos al sur y este a los bosques orientales y estepas occidentales.
100

En el norte, hasta el Río Bermejo, el bosque, o selva formoseña como se acostumbra a llamarla,
siempre verde, es denso, enmarañado, variado, con hierbas, malezas y trepadoras. No tiene la
exuberancia del misionero y presenta claros en los suelos salinos o anegadizos. Se destacan, como más
conspicuos, el timbó, la tipa colorada, el biraró colorado, el palo blanco, el laurel, cebil, lapacho y
quebracho colorado. Además, palmeras yatay, pindó y la palma blanca (Copernicia australis),
Al sur del Bermejo, en tierras menos húmedas, reina el bosque chaqueño, más xerófilo. La
disminución de especies revela la existencia de condiciones climáticas menos favorables. Falta la
maraña propia del bosque húmedo. Su límite sur está dado, aproximadamente, por el paralelo 30° y el
meridiano 64°. Tal cual lo ha descripto Daus, se trata de una formación arbórea de talla mediana (12 a
15 m) con claros denominados «abras». Cuando estos claros no corresponden a esteros poseen una
vegetación herbácea propia de la estepa arbolada. Se empobrece, junto con las pre-cipitaciones, de NE a
SO y en algunos sectores de su extremidad austral predomina la estepa y el bosque forma isletas
configurando el parque natural. Con la sequedad se incorporan al paisaje cactáceas de gran tamaño.
Entre los árboles se destacan el quebracho colorado, chaqueño y san-tiagueño, palo santo, guayacán,
timbó blanco, laurel amarillo, biraró, palo borracho, etc. En la zona más seca prosperan el algarrobo,
tala, ñandubay y el itín o jacarandá y entre las cactáceas de gran corpulencia, ucle y quimili. En los
espacios abiertos se encuentran matorrales formados por el chaguar o caraguatá y palmeras.
Finalmente, el parque santafesino, compuesto por manojos de árboles de reducida extensión en
medio de la planicie herbácea, las isletas. Se componen, principalmente, de chañares, arbustos xerófilos
y palmeras caranday.
Entre los 30 y 32° de latitud sur el Chaco cede lugar a la pampa, aunque los caracteres esen-ciales
de uno y otro se entrecruzan en esa ancha franja, a ambos lados del río Salado.

10. La pampa, llanura sin árboles, muy modificada por la actividad humana
Con la misma asombrosa uniformidad topográfica que el Chaco, rasgo esencial de la llanura
argentina, la pampa se distingue de él por la falta de árboles.
De acuerdo con Parodi, «es una dilatada llanura herbosa, originalmente sin árboles, en ciertos
lugares perfectamente horizontal, en otros suavemente ondulada, apenas quebrada en las cercanías
de los pocos arroyos que la cruzan, y excepcionalmente accidentada en la región de las sierras
bonariensis. El suelo está casi a nivel del mar; su altura fluctúa entre algunos metros en la zona litoral y
unos cien a pocos más metros en la región occidental y en los valles serranos».
«Ocupa una superficie de 430.000 km2 y comprende casi totalmente la provincia de Buenos
Aires, el Sur de Santa Fe, el Sur y Este de Córdoba, una estrecha zona oriental de San Luis y el noroeste
de la gobernación de la Pampa».21 Si bien el autor se refiere sólo al ámbito de la estepa pampeana, esta
coincide bastante bien con la pampa. Muchos autores la prolongan más hacia el oeste pero, en verdad, la
extienden a dependencias de los piedemontes de macizos antiguos.
Como bien lo ha hecho notar Enjalbert: «Se trata de un país de limos y de loes pero extendido en
una inmensa planicie cuyo trazo original, desde el punto de vista del modelado, es la ausencia de drenaje,
no obstante la abundancia de precipitaciones todo el año, aunque al Sudoeste el clima se degrada y las
lluvias escasean». En suma, con palabras de Enjalbert, la pampa argentina es un «país de arreísmo
húmedo», sin cursos de agua, sobre todo a partir de la deposición del loes más reciente (período seco del
pleistoceno). No existe, no obstante su con traste con los ríos Paraná y Plata, una red hidrográfica bien
jerarquizada, con lechos fluviales bien diseñados. De allí que el hombre ha incorporado a su
paisaje, canales de drenaje artificiales. A las contradicciones de humedad y arreísmo, carencia de
canales naturales y presencia de canales artificiales, hay que agregar los contrastes frecuentes de
pantanos y praderas inundadas en sectores húmedos con campos de dunas, verdaderos chotts.22
No obstante la uniformidad topográfica y herbácea, y la escasez de energías de los procesos
morfogénicos por la falta de pendientes, existe en la pampa una gran variedad de ambientes físicos
cuyos caracteres esenciales fueron señalados en una lista muy prolija de ellos hecha por Gaiganard (Fig.
28:1) macizos antiguos (afloramientos de zócalo); 2) pampa ondulada (vallonnce); 3 pampa deprimida,
con lagos y lagunas del Salado superior; 4) pampa deprimida de las praderas inundables atlánticas; 5)
depresión central de los lagos, lagunas y pantanos (pampa de las lagunas); 6) pampa encostrada
intermontana; 7) pampa meridional del litoral atlántico; 8) pampa encostrada (causse) de Bahía Blanca;
101

9) pampa occidental de los «valles» con dunas y mesetas encostradas; 10) pampa limosa
encostrada; 11) pampa occidental semiárida de las arenas gruesas, con dunas vivas; 12) pampa
occidental de las arenas, del caldén y de los bloques meridianos; 13) pampa con cobertura arenosa
de la invernada; 14) pampa de las expansiones fluvioeólicas (lagunas y pantanos de las arenas) del
sureste de Córdoba; 15) pampa de las arenas y limos de Córdoba-Santa Fe; 16) domo meridiano
(bloque levantado de la pampa); 17) dorsal de las colonias septentrionales drenadas hacia el Salado;
18) zona de subsidencia y de expansión salada de Mar Chiquita-Río Dulce; 19) pampa con dorsales
drenadas y fondos inundados del norte de Santa Fe (bloques meridianos), entre el Salado y el Paraná;
20) lecho mayor inundable del Paraná; y 21) colinas meridianas de Entre Ríos drenadas hacia el sur-
sureste.23
La estepa pampeana está circundada, en parte, por un anillo arbóreo correspondiente al bosque
ribereño del Paraná y del Plata, y el monte de Santa Fe, Córdoba, San Luis y la Pampa. El litoral
atlántico carece de formaciones arbóreas. Las variaciones del clima, en general benigno, y las
diferencias edafológicas explican las variaciones espaciales de la vegetación, especialmente la
ausencia de árboles en el ámbito de la estepa.
El régimen dé precipitaciones (primavera-otoño) impone a. la vegetación un reposo estival que se
acentúa al sur y oeste debido a la mayor sequedad del clima. El descenso de temperatura en el invierno
favorece el balance hídrico; por eso la vegetación está más verde en esta estación que en el verano. Es
precisamente este reposo estival el que diferencia la estepa de la pradera verde todo el año.
102

Fig. 28. Los tipos de modelado de la Pampa, según R. Gaignard.


103

En términos generales, se distingue la estepa de pastos tiernos de la estepa de pastos duros,


oriental la primera y occidental la segunda. La razón es, sin dudas, la disminución de las precipi-
taciones hacia el oeste.
Compuesta por gramíneas en general, varía con las condiciones geomorfológicas y las eda-
fológicas. Así, por ejemplo, en los bajos húmedos se forman cañadas con juncos y cortaderas; en
los lugares arenosos, en cambio, aparece el olivillo.
En realidad, la cubierta vegetal ha sido totalmente transformada. Grandes extensiones de
campo están bajo cultivo con distintos tipos de cereales y forrajeras. Además, millones de árboles
han sido incorporados al ambiente pampeano, en general agrupados en bosquecillos que le con-
fieren aspecto de parque.

11. Selva higrófila subtropical de montaña


La región de la selva higrófila subtropical de montaña es una unidad natural muy compleja. Se
trata de un conjunto de cordones montañosos subparalelos de altura variable, separados entre sí a
veces por valles anchos y en otras ocasiones cortados transversalmente por valles angostos
(clusas). Solamente la extremidad austral, la más alta, presenta continuidad.
Esas montañas son productoras de lluvias por excitación orográfica de las masas del aire
cálido y húmedo subtropical que desde el noreste movilizan los anticiclones subtropicales del
Atlántico sur por una parte, y por las masas ecuatoriales que las embisten desde el norte cuando
el noroeste argentino se tropicaliza en los meses cumbres del verano por otra. Pero las
precipitaciones varían mucho con la altura, la exposición y la disposición de los cordones
montañosos.
Las cadenas orientales, más bajas que las occidentales, interceptan sólo parte de la humedad.
Las nubes que pasan por encima de ellas humedecen, y precipitan sobre la vertiente oriental del
segundo o tercer cordón, que sigue hacia el oeste. Los valles, según la orientación y la extensión,
también tienen cuotas variables de precipitaciones.
La distribución de la temperatura cambia con la latitud en forma poco sensible, pese a que la
región está montada sobre el trópico de Capricornio. Contrariamente, las variaciones térmicas son
muy pronunciadas con la altura.
En consecuencia, hay una gran diversidad de climas locales que repercute en los suelos;
ambos factores lo hacen en la vegetación. En términos generales, el clima es caluroso y las preci-
pitaciones abundantes, pero muy concentradas en el verano. Los suelos, detríticos, espesos, en su
mayor parte de color rojizo como las rocas madres, de origen especialmente eluvial, cubren todos
los terrenos. Surcos de erosión, conos de deyección y formas de acumulación en las cuencas
completan el cuadro geomorfológico y edafológico.
En esos ambientes, la selva, exuberante y magnífica, intercambia especies con la vegetación
del bosque seco chaqueño occidental y la flora de las montañas secas, que la flanquean por el
oeste. Desde el este el bosque chaqueño se prolonga particularmente por los valles; en el oeste
desciende de las cumbres.
En los valles, sobre todo los estrechos —con mayor humedad— la vegetación adquiere el
máximo desarrollo y esplendor. Se ven los grandes árboles entretejidos por lianas, enredaderas,
helechos y plantas trepadoras. Desde estos sitios de singular belleza se empobrece hacia la base o
las cumbres de las montañas, de acuerdo con la disminución de las precipitaciones o la tempera-
tura, según sea el caso.
En sentido este oeste se distinguen tres pisos de formaciones vegetales: la del cebil, la del
laurel y la del aliso.
De acuerdo con los caracteres físicos señalados, hay variedad de climas locales y, en conse-
cuencia, una complicada repartición de las tres asociaciones vestales mencionadas. Forman
franjas más o menos anchas pudiendo faltar para montaña la inferior o la superior, según la altitud
de la misma. Otras veces la composición es la más típica; en ocasiones está complicada o mez-
clada con especies de la zona vecina, etcétera.
En suma, como dice Haumann24, la selva subtropical no es un conjunto macizo, homogéneo, sino
una franja irregular, a veces ramificada, a veces discontinua. Oscila entre 30 y 80 km de ancho y
alcanza los 650 km de largo.
104

La zona del cebil se desarrolla en llanuras y valles cuya altitud no supera los 1.000 m. Las
precipitaciones no alcanzan a los 1.000 mm anuales, y se concentran en los calurosos veranos. La
primavera es húmeda; los inviernos suaves y muy secos, con algunas heladas. Es una zona de
transición entre la provincia fitogeográfica chaqueña y la franja del laurel y de la tipa. La vegetación
natural ha sido muy modificada. Es probable que el aspecto de «parque», y la pradera, sea for-
maciones artificiales debidas al desmonte o a la acción del ganado. Caracteriza a la franja el cebil
(Mimosoidea piptadema). No faltan especies chaqueñas tales como las de Ruprechtia (biraró,
sachas manzana, duraznillo), urunday (Aistroniam urundeuva), etc. Son propios de la zona
algunos arbustos hermosos como la begoniácea que abunda a orillas de los arroyos, el garrache
(Stenolo-bium), varias Solanum y grandes compuestas. Aunque escasas, no faltan las lianas.
La zona del laurel y de la tipa se desarrolla en las vertientes orientales de las montañas, hasta
1.200 m de altura en el sur y 1.500 en el norte, bajo un clima caluroso con lluvias muy abundantes.
Por su belleza puede competir con la selva misionera. Tiene todas las características de las selvas
tropicales, como se las describió en Misiones: complicada estratificación de los árboles, arbustos y
plantas herbáceas, lianas y plantas epífitas. Los árboles mayores, que raras veces pasan los 25 m de
altura, son el laurel tucumano (Phoebe porphyria), la tipa (Tipuana tipu), el cedro (Cedrela
lilloi), el lapacho (Tecoma avellanedae), etcétera.
La zona del aliso y de los prados de altura, bien descrita por Haumann, sigue a un proceso de
degradación de la selva higrófila, la cual en su parte superior se va empobreciendo, a medida que
con la altura disminuye la temperatura, mientras van apareciendo nuevos elementos. La más
notable es la bambusácea caña tacuara (Chusquea lorentiziana), de 4 a 5 m de altitud.
Pero pronto quedan atrás todas las especies que requieren mayor calor y aparece el bosque
templado, menos denso y alto, con pocas epífitas, casi sin lianas y muy pobre en especies
arbóreas. El elemento dominante, casi único, es el aliso (la betulácea Alnus jorullensis), un árbol
no muy alto ni corpulento de hojas caducas que forma bosquecillos bastante espesos los cuales
llegan hasta los 2.300 a 2.500 m sobre el nivel del mar, en las pendientes más abruptas y
expuestas a los vientos. Con él conviven pocas especies arbóreas y son escasas las enredaderas
mientras sobre el suelo numerosas especies herbáceas, altas o Bajas. Entre las epífitas solo
abundan las Tillandsia usneoides, grandes musgos y líquenes. Hacia el límite superior aparece
otro singular de la formación, la rosácea queñoa (Bolylepis australis), árbol pequeño con
frecuencia torcido y achaparrado por efecto de los vientos.
En cuanto a los prados, si bien alcanzan alturas mayores que los bosques (hasta 3.500 m),
alternan con ellos en los pisos bajos, donde, no pueden prosperar los árboles por causa de los
vientos violentos o donde los suelos no son buenos para las hierbas.
Más arriba de la zona del aliso y los prados domina el páramo o desierto de montaña, (la puna).
En suma, una zona compleja, pero de una gran belleza natural, con multiplicidad de verdes
sobre el rojizo de los suelos.

12. Los Andes húmedos: plegamiento joven modelado por los hielos y con bosque húmedo
Los Andes húmedos constituyen, sin lugar a dudas, la unidad paisajística más bella de Argen-
tina. Sus bosques siempre verdes encierran lagos y cubren faldas de montañas sobre las cuales
sobresalen cumbres nevadas.
Son más bajos que los Andes secos. El término medio altitudinal es de 2.500 m sobre el nivel
del mar, pero con cumbres como las del Fitz Roy es de 3.375 m, el Tronador de 3.554 m y el San
Valentín de 4.058 m.
Desde su extremidad norte a los 39° de latitud sur, las nieves se presentan cada vez a menor
altura, a la vez que aumentan el número y extensión de los cuerpos de hielo. Muchos lagos se
nutren de la fusión de los hielos, las nieves y de lluvias. Abundan los ríos afluentes y los emisarios
que integran colectores tributarios del Atlántico o del Pacífico.
Gigantescos glaciares componen el denominado campo de hielo continental patagónico, de
400 km de largo por 50 a 80 km de ancho, situado entre los paralelos 49° y 51°. Emiten lenguas
de hielo que alcanzan lagos Cuyas cuencas son obras de procesos glaciares. Las cuencas lacustres,
105

alargadas, ramificadas, son muy extensas y profundas. El Nahuel Huapi, por ejemplo, tiene más
de 500 km2 y 430m de profundidad
Lo más singular de estas montañas, vistas desde los Andes secos o las mesetas patagónicas, es el
bosque siempre verde, en un ambiente frío y húmedo. Es que las precipitaciones superan los 2.000
mm; llegan hasta los 6.000 mm, con una gran frecuencia durante el año. Por otro lado, las
temperaturas son bajas: en el mes de enero oscilan entre 16° y 14° en el norte, y los 12° y 10° en el
sur y en invierno van de los 4° a los 2o como término medio; en virtud de esto, el balance hídrico es
positivo gran parte del año, con un pequeño déficit en un corto período cálido del verano.
En consecuencia, se trata de un bosque higrófilo siempre verde según se dijo, con árboles que
alcanzan los 25 m de altura en la extremidad norte de la unidad (provincia de Neuquén) y los 60 m
en la del sur (provincia de Santa Cruz) .Este bosque cubre las laderas de las montañas casi hasta el
borde inferior do las nieves permanentes. Su composición varía con la latitud y con la altura. Las
tres partes en que lo han dividido los botánicos han sido bien descritas por Difrieri:

Hasta los 43º 30' de latitud sur, en un a faja de unos 40 km de ancho, con precipitaciones de
hasta 3.000 mm producidos en 200 días, nubosa, con alta humedad relativa y fuertes
vendavales, los árboles dominantes son: roble (Nothofagus oblicua), cohué (Notofagus
dombeyi), raulí (Notofagus procera) y lingue (Persea lingue). Esta cubierta vegetal alterna con
bosques puros o pinares de pehuén o pino del Neuquén (Araucaria araucana. Araucaria
imbricata). Los alerces crecen hasta los 1.000 m. A partir de los 44°, el bosque se empobrece en
especies, «son más abundantes las turberas y numerosos glaciares de valles se abren paso a
través de los bosques, cargados de morenas laterales mezcladas con despojos de la vegetación.
Densos e intrincados son los estratos arbustivos con abundantes espacios turbosos que se
salvan mediante caminos de troncos ('planchados') y pequeños pero numerosos torrentes
('chorrillos') bajo las sombras constantes se despeñan bajo túneles de plantas jugosas o se
deslizan bordeados de gruesos colchones de musgos totalmente embebidos. La selva crece
entre una capa de árboles derribados por los fortísimos vientos y acumulados con frecuencia en
caóticas barricadas impenetrables. En esos ambientes sombríos y húmedos se exhiben enormes
helechos, prosperan hongos y líquenes, parásitas y epifitas trepan por las arboladuras en un
clima donde la vida activa de la vegetación no se detiene, pues el régimen marino corrige las
amplitudes propias de la latitud. Los árboles dominantes son el guindo (Notofagus betuloides), el
canelo (Drymis winteri) y la lenga (Notofagus pumilio), de hojas caducas verde azuladas que
en el verano toman un color rojo. El canelo de hojas grandes coriáceas se reúne en grupos
salteados que se distinguen por el agradable aroma difundido entre ellos en los días de sol».25
El Parque Nacional Nahuel Huapi resume, en cierta medida, todos los atributos que distinguen
el paisaje de los Andes húmedos. Abarca «una extensa superficie, y sus lagos y ríos que se pre-
cipitan en cascadas, así como las altas cadenas de montañas nevadas, los grandes bosques
centenarios, o la imponencia de los glaciares, en lento pero incontenible avance a través del
tiempo, son partes de un espectáculo de grandiosidad inusitada, [...] un verdadero microcosmos de
en-cantadores atractivos. Sus costas, con penachos de bosques que llegan hasta las orillas del
agua, sus penínsulas en miniatura, y las bien protegidas bahías con pequeños y pintorescos puertos
semejan, [...] el fabuloso viaje a través del Egeo mitológico.
"En Nahuel Huapi, como en una suma cosmológica, está presente la naturaleza prístina en toda
su grandiosidad y esplendor. Todo el ambiente parece entretejido con sus lagos, ríos, cadenas
montañosas, valles, volcanes, bosques, praderas" 26, para provocar en el espectador una gama de
profundas emociones.

13. Tierra del Fuego: Andes boscosos y planicies esteparias en la isla modelada por los hielos
Desde el meridiano 68° 36' 38", hacia el este, entre el canal de Beagle y el Atlántico sur, la Isla
de Tierra del Fuego es argentina.
106

Apañe de la insularidad, sin duda, los rasgos físicos de primer orden los constituyen la cordillera
de los Andes —aquí orientada de oeste a este— y las planicies del norte, ambas modeladas por
los hielos pleistocénicos.
Los Andes, de no más de 1.500 m de altura sobre el nivel del mar, alternan con canales y
lagos, cuyos cauces y cuencas fueron labrados por los hielos. Tales el Canal de Beagle y el lago
Cami, siendo éste el mayor de la isla.
De la potente glaciación que afectó a la isla son testimonios diferentes formas de erosión y
acumulación (circos, bermas, morenas, etc.); sólo quedan pequeños restos de hielo,
especialmente en la vertiente sur de la cordillera, El extenso piedemonte septentrional, cuyos
depósitos fluvio-glaciares se extienden hasta el valle del Río Grande, es una unidad complicada.
Disectada por los cursos de agua, está salpicada de colinas moreníticas entre las cuales
alternan verdes praderas con el rojo de los turbales de spagnum.
Las diferencias morfológicas de esta vertiente, respecto de la meridional, van acompañadas de las
climáticas y edafológicas y, consecuentemente, fitogeográficas.
El clima de los Andes es frío, especialmente en las largas noches de invierno, y húmedo. El
tiempo, dominado por las depresiones subpolares, es ventoso y variable, con nieblas, lloviznas y
nevadas, particularmente en los niveles superiores de la montaña.
Sobre suelos ácidos, con variados índices de podzolización, el bosque tiene tonalidades
cambiantes según la estación. Siempre de aspecto frío y solemne, en otoño «es más llamativo, por el
contraste que ejerce el follaje morado de las langas o el amarillo dorado de los ñires, frente a las
rocas oscuras y el blanco purísimo de la nieve».
«El bosque caducifolio de langas y ñires, se opone a la franja siempre verde del bosque
lluvioso de canelos, maitenes (leña dura) y coihues del Sur (o juvido)».
«En el límite de la vegetación (600 a 800 m) de altura, los ñirentales, flexionados bajo el peso
de la nieve invernal, protegen los bosques inferiores de aludes y deslizamientos».
«El calafate abunda en diversos ambientes; en los sotobosques de los lengales crecen mata
negra, chaura, parrilla y otras herbáceas y gramíneas. En los suelos empapados y turbosos pros-
peran el pangue magallánico, el junco, el Senecio y los cojines de musgos y helechos».
«Por su parte, la tundra de altura, musgos y líquenes anuncia el desierto níveo».27 Pero el
bosque languidece en parte por causas naturales y en parte por descuido o mal uso. Como bien lo
describió Difrieri, grandes extensiones están cubiertas por los troncos y ramajes pelados de los
árboles muertos por causa de aludes o ahogados por las aguas de deshielos o elevaciones del
nivel del agua subterránea.
Inmensas extensiones de consociaciones de ñire de hojas caducas, están totalmente
quemadas por el incendio de colchones de hojas secas. Los troncos chamuscados y
derribados se entremezclan con los retoños [...]28 A todo ello hay que agregar la explotación de
los bosques con fines de aplicación práctica o comercialización de la madera.
En la vertiente septentrional, al bosque siempre verde y caducifolio le siguen los arbustos
(calafate). Finalmente aparecen los turbales rojizos de spagnum, alternando con las praderas.
La extremidad norte es una planicie modelada por los hielos del pleistoceno, con colinas mo-
reníticas y depresiones que alojan numerosos lagos. En el ambiente periglaciar actual, los des-
hielos primaverales anegan la planicie y numerosos cauces de agua divagan entre las colinas,
más todavía en verano, cuando la fusión colmata lagos, que se derraman mientras el drenaje se
vuelve anárquico.
Las turberas están segadas por los depósitos eólicos en este clima frío y seco, con vegetación
esteparia en campos pastosos y con arbustos.
En suma, la extensa planicie del norte es ya una forma de transición hacia la Patagonia
austral, más seca y más ventosa.
Las unidades descritas no agotan las diferencias paisajísticas naturales, Son sólo las más ori-
ginales y extensas. Están aisladas en un país de inmensidades, Inmensa la pampa, la Patagonia, los
Andes... En consecuencia, «las tremendas larguedades», como dijera Cuevas Acevedo, dilatan
formas de transición y diluyen los contrastes.
107

NOTAS
1 Mal llamados, del «geosinclinal», por cuanto se formaron con sedimentos del borde continental.

2 Los piedemontes constituyen una unidad geomorfológica muy característica. Sólo la escala de la
carta, que impide su representación, es la causa por la cual no ha sido tratada de modo especial.

3
.FRENGUELLI, J. «Las grandes unidades físicas del territorio argentino», en Geografía de la
república Argentina, T. III, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos.
GAEA,1946,p.1 a 114.

Se considera verano térmico al período con temperaturas medias superiores a 20°C: estación
4
intermedia cuando oscila entre este valor y 10°, e invierno térmico cuando es Inferior al último.

5 La heterogeneidad física y biológica de las unidades comporta matices climáticos, por lo cual las
localidades tipo elegidas para ejemplificarlas no son totalmente representativas.

6 Evapotranspiración potencial es la cantidad de agua que evaporarían los suelos y las plantas si la
atmósfera tuviera un contenido óptimo de humedad. Depende, fundamentalmente, de la temperatura.

7 CEPPI, H. «Clasificación de los ríos de la República Argentina de acuerdo a su régimen


hidrológico», en Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, T, V, Buenos
Aires, 1937, p. 289 a 308.

8 BOLSI, Alfredo S., «La región de la Puna argentina» en Nordeste, N° 10, Resistencia (Chaco) Fac.
de Humanidades,1968, p. 11 a 14.
9
CAPITANELLI, Ricardo G., “Climatología de Mendoza”, (Tesis de Doctorado), en Boletín de
estudios Geograficos , Vol. XIV, Nº 54 a 57, Mendoza, Instituto de Geografía, 1967, p. 1 a 441.

10 HAUMAN, L., «El dominio andino», en Geografía de la República Argentina, T. VIII, Buenos
Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, 1947, p. 119 a 331.

11 FRENGUELLI, J. ob. cit., p. 61.


12
CAPITANELLI, R.G. y ZAMORANO, M., Geografía regional de la provincia de San Luis, en
Boletín de Estudios Geográficos, Vol. XIX, No 74 a 77, Mendoza, Instituto de Geografía, 1972, p. 5
a 320.

13 CUEVAS ACEVEDO, H., Patagonia. Panorama dinámico de la geografía regional, Buenos Aires,
Sociedad Argentina de Estudios Geográficos. GAEA, 1981. p. 22.
14
CAPITANELLI, R. G., «Patagonia», en Revista Geográfica, N° 95, Instituto Panamericano de
Geografía e Historia, México, 1982, p. 30 a 45.

15 POPOLIZIO, Eliseo, «Geomorfología del relieve de plataforma de la provincia de Misiones y zonas


aledañas», en Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, Buenos Aires,
1972, t. XV, p. 18 a 84.
16
Ídem.

17 CAMMARATA, Emilce, «Misiones», en Atlas total, Buenos Aires, Centro Editor J de América
Latina, 1981, N° 5 y 6, p. 80 a 83.

18 1DIFRIERI, Horacio A., «Las regiones naturales», en La Argentina. Suma de geografía, Buenos
Aires. Peuser, 1958, T. I, Cap. IV,p. 394.
108

19 DIFRIERI, Horacio A., «Las regiones naturales», en La Argentina, Suma de geografía, Buenos Aires,
Peuser, 1958, T. I, Cap. IV,p. 394.
20
Ídem.

21 PARODI, Lorenzo, R., «La estepa pampeana», en Geografía de la República Argentina, T. VIII,
Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos. GAEA. 1947, p. 143 a 207.

22 ENJALBERT, Henri, «Les formes du terrain dans la zone tempérée», en Géographie générale,
Encyclopédie de la Pléiade, Belgique, Gallimard, 1966, p. 365 a 506.
23
GAIGANARD, R., «Les types de modelé de la Pampa argentine», Toulouse, Institut de Géographie
de l’Université de Toulouse, Le Mirail (Inédit).

24 HAUMANN, L., «Selva tucumano-oranense», en Geografía de la República Argentina, T. VIII,


Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, 1947, p. 41 a 68.

25 DIFRIERI, H., ob. cit., p. 390-391.

26 ZITO, C. A. y otros, Nahuel Huapi, Buenos Aires, Ed. Cuatro Rumbos, p. 2.


28
IGLESIAS DE CUELLO, Alicia, «Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del
Atlántico. Sur», en Atlas total, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, Í981, N° 11, págs.
167 a 171.

29 DIFRIERI, Horacio, ob. cit., p. 394


109

BIBLIOGRAFÍA

BOLSI, Alfredo S., "La región de la puna argentina", en Nordeste, Resistencia (Chaco),
Facultad de Humanidades, 1968, N° 10.
BURGOS, J. J. y VIDAL, Arturo L., "Los climas, de la República Argentina según la nueva cla-
sificación de Thornthwaite", en Meteoros, Año I, N° 1, Buenos Aires. Servicio Meteorológico Na-cional,
1951, p. 3 a 32.
CAPITANELLI. Ricardo G., "Les bases d'une classification génétique des climats de l'argen-tine".
en SPORCK, J. A. (ed.), Mélanges de Géographie offerts a M. Omer Tulippe, T. I
('Gemmoiix.'Editions J. Duculot S.A., 1967), pp. 200-233 ilust.
CAPITANELLl, Ricardo G.. "Climatología de Mendoza", en Boletín de Estudios ÉL Geográficos,
T. XIV, N° 54-57, Mendoza, Instituto de Geografía, 1967, p. 1-441.
CAPITANELLl, Ricardo G„ "Patagonia", en Revista Geográfica, N° 95, México, ¡§m Instituto
Panamericano de Geografía e Historia. 1982, p. 30 a 245.
CAPITANELLl, Ricardo G., y ZAMORANQ, M., "Geografía regional de la provincia de San Luis", en
Boletín de Estudios Geográficos, Vol. XIX, N° 74 a 77, Mendoza, M Instituto de Geografía, 1972,
p. 5 a 320.
CASAL, Pedro S., "El litoral argentino y las islas", en Geografía de la República Argentina, T. III, Buenos
Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, 1946, »p: 199 a 357.
CAMMARATA, Emilce, "Misiones", en Atlas total, N° 5 y 6, Buenos Aires, Centro editor de
América Latina, 1981, p. 80 a 83.
CEPPI, Alfredo, "Clasificación de los ríos de la República Argentina de acuerdo a su régimen
hidrológico", en Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, T V, Buenos Aires,
1937, p. 289 a 308.
DAUS, Federico A., "Morfología general de las llanuras argentinas", en Geografía de la Re-pública
Argentina, T. III, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA", 1946,
p. 115 a 198.
DIFRIERl, Horacio A., "Las regiones naturales", en La Argentina. Suma de geografía, Buenos Aires,
Peuser, 1958.
ENJALBERT, Henri, "Les formes du terrain dans la zone tempérée", en Géographie générale,
Encyclopédie de la Pléiade, Belgique, Gallimard, 1961, p. 305 a 506.
FERUGLIO, Egidio, Descripción geológica de la Patagonia. T. I-III, Buenos Aires, Dirección
General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, 1949-1950.
FRENGUELLI, Joaquín, "Las grandes unidades físicas del territorio argentino", en Geografía de la
República Argentina, T. III, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, 1946, p. 1
a 114.
HAUMAN, Lorenzo, "El dominio andino", en Geografía de la República Argentina, T. VIII,
Buenos Aires. Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, 1947, p. 319 a 331.
HAUMAN, Lorenzo, "Selva tucumano-oranense", en Geografía de la República Argentina", T. VIII,
Buenos Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, 1947, p. 41 a 68.
IGLESIAS DE CUELLO, Alicia, "Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del
Atlántico Sur", en Atlas total, N° 11, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981, p. 167 a 171.
PARODI, Lorenzo R., "La estepa pampeana", en Geografía de la República Argentina, T. VIII, Buenos
Aires, Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, GAEA, 1947, p. 143 a 207.
POPOLIZIO, Eliseo, "Geomorfología del relieve de plataforma de la provincia de Misiones y zonas
aledañas" en Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos-GAEA, T. XV, Buenos Aires,
GEA, 1972, p. 18 a 84.
SERMET, Jean, "Géologie et morphologie de la Patagonie. D’après Mr. Feruglio" en Annales de
Géographie, N° 338, LXIIle. anné, Paris, 1954, pages. 274-285, 358-371.
WOLCKEN, Kurt, "Algunos aspectos sinópticos de las lluvias en la Argentina", en Meteoros, año IV,
N°4, Buenos Aires. Servicio Meteorológico Nacional, 1954.

ZITO, C. A., y otros, Nahuel Huapi, Buenos Aires, Ed. Cuatro Rumbos.
3
Las etapas de ocupación
del territorio argentino,
una rápida expansión
con valoración parcial
del territorio
112

LAS ETAPAS DE LA OCUPACIÓN


DEL TERRITORIO ARGENTINO
LUCÍA L. BORTAGARAY

La eficacia paisajista de las civilizaciones prehispánicas

La historia de la acción del hombre sobre el medio en el territorio argentino comienza con sus
primeras habitantes: las civilizaciones indígenas. Estos grupos, que fueron los únicos pobladores
hasta el siglo XVI, cuando comienza la conquista y colonización hispánica tuvieron mayor
«agresividad paisajista»1 en el noroeste y oeste. En ese lugar se hallaban las culturas
poseedoras de «técnicas de encuadramiento y de producción»2 más eficaces, lo que les permitió el
dominio de un amplio territorio y un gran número de habitantes.
Hacia fines del siglo XV, los incas habían logrado conformar su imperio incluyendo el oeste y
noroeste del actual territorio argentino mediante un sistema político-administrativo y una
infraes-tructura de comunicaciones eficientes. La práctica de la agricultura, con
acondicionamientos para riego en un medio árido, que determinó su sedentarización y su pauta de
poblamiento en aldeas; les permitió la concentración de mayor número y densidad de habitantes
e iniciar el modelado del medio (Fig. N° 1).
El resto del territorio estaba habitado por tribus nómadas, de recolectores, cazadores y pes-
cadores con gran aptitud para el desplazamiento, que trasladaban sus tolderías en función de sus
necesidades alimenticias. Se encontraban en la primera etapa de la evolución socioeconómica de la
humanidad, y tenían el dominio exclusivo en el «espacio inorganizado»3, donde no se nota
prácticamente la huella humana. La debilidad en sus técnicas de encuadramiento y producción se
advierte en sus nucleamientos de pocos individuos dispersos en el territorio que, más que
contribuir a su modelado, se hallaban sometidos a la naturaleza, dependiendo de la misma para
su super-vivencia. Tampoco sus técnicas les permitieron advertir las grandes potencialidades de
algunas regiones, como la pampeana, posteriormente tan valoradas. No estaban en condiciones de
perci-birlas.
La diferente capacidad de organización y producción de estos dos grandes grupos se pone de
manifiesto también en los resultados de la colonización hispánica. En el encuentro de ambas cul-
turas los primeros sobrevivieron, dejando los rastros de su cultura y etnia; los segundos desapa-
recieron.
Al producirse la conquista y colonización españolas termina el dominio de los indígenas
en estas tierras, y se inicia una etapa que culminaría a partir de las transformaciones operadas en la
organización del territorio en la segunda mitad del siglo XIX.
113

Fig. 1 Área de dispersión de los principales pueblos indígenas y géneros de vida (según Canal Feijoó y
Academia Nacional de Historia, en Randle, P. H.: «Atlas del desarrollo territorial de la Argentina».
Instituto Geográfico Militar, Madrid, 1981).
114

Etapa del surgimiento de los ecúmenes regionales

Con el comienzo del período colonial se inicia la organización del territorio a partir de
decisiones determinadas por la estrategia de la corona española. Esta forma de colonización fue
diferente a la empleada por los ingleses en América del Norte, donde la ocupación del espacio
fue paulatina y continua. «El sistema español era predominantemente administrativo y fue
confiado al soldado, asistido por el sacerdote:..».4 En la primera mitad del siglo XVI, el
territorio estaba poblado por aproximadamente 340.000 indígenas5 Un espacio inmenso y
prácticamente vacío, para ser colo-nizado por los reducidos núcleos españoles. «La fulminante
rapidez de la conquista, impuso una economía muy estricta de la población europea. Era
imposible organizar un frente de colonización continuo. Se trató más bien de una serie de núcleos
que formaban una red metódica, pero de mallas poco apretadas; El fin principal era la posesión
de los puntos estratégicos y de las regiones de producción de los metales preciosos».6
Las potencias coloniales europeas organizaron la colonización en base a la agricultura en
otras partes del Nuevo Mundo, pero en la Argentina, dado sus climas templados y áridos
predominantes la economía de plantación no encontró las condiciones favorables. El móvil
fue entonces la explotación de otros bienes codiciados en la época, como los metales
preciosos, cuyo gran valor justificaba el transporte, dada la precariedad de los medios. Esto hizo
que el centro más dinámico se ubicara en el noroeste del actual territorio argentino, vinculado a la
explotación metalífera del Perú, y que se desarrollaran economías regionales relacionadas con
lo mismo para su abasteci-miento. La consecuencia de este proceso fue la ocupación
discontinua del espacio y su modelado en regiones poco extensas.
El esquema regional de lo que luego sería el territorio argentino, comienza a configurarse a
partir de las primeras fundaciones hispánicas. El avance de la conquista desde el Perú y
desde Chile engendra una corriente colonizadora en el norte, que inicia el proceso fundacional
en 1553 con la ciudad de Santiago del Estero, en un lugar donde se dispone de corrientes
fluviales, las cuales, con la construcción de acequias y gracias a la disponibilidad de mano de
obra indígena, permitieron la expansión de los cultivos. El sistema de colonización urbana
posibilitó que cada ciudad fuera organizando el territorio aledaño. Santiago se convirtió en el
centro colonizador y de avance de la conquista del noroeste, y en proveedora de cereales,
hortalizas y madera, gracias a la valorización de los recursos de la diagonal fluvial que
conforman los ríos Salado y Dulce, nexo interregional para las comunicaciones entre Córdoba, el
Noroeste y Santa Fe.
En un poco más que un siglo se fundaron las primeras trece ciudades. A Santiago del Estero le
siguieron Córdoba (1558), Mendoza (1561), San Juan (1562), Tucumán (1565), Santa Fe
(1573), Buenos Aires (1580), Salta (1582), Corrientes (1588), La Rioja (1591), Jujuy
(1593), San Luis (1594) y Catamarca (1683). De esta manera se constituyeron los asentamientos
puntuales que con-formaron la red urbana que caracterizó al período colonial, el que se estructuró
siguiendo en mu-chos casos los caminos indígenas y las nuevas rutas abiertas por las
expediciones conquistadoras y exploradoras. Estas trece ciudades fueron denominadas «ciudades
territoriales» por Razori,7 en virtud de haber sido los núcleos generadores de las provincias
homónimas cumpliendo la función de ser centros organizadores del espacio en torno de ellas, y
haber atraído población. En cuanto a esto, cabe agregar la opinión de Canal Feijoo quien, en
una investigación a la que califica como intuitiva por no estar documentada, consideró el
problema de la decisión de la localización de las primeras ciudades y arribó a las siguientes
conclusiones: [El español] «aceptó, reconoció y ponderó el nuevo ámbito por complaciente y
despaisada analogía nostálgica; lo dicen bien a las claras sus primeras nominaciones: la Nueva
Granada, Córdoba de la Nueva Andalucía, Santiago de la Nueva Extremadura, Todos los Santos de
la Nueva Rioja…»8. Esta conciencia o sentimiento regional ha influido, según este autor, en la
elección del sitio de las primeras ciudades, las cuales estaban separadas por distancias a las que
denomina como «precisa distancia en que ya cambia la tonada». «Hoy podemos comprobarlo
empírica y turísticamente: un cambio de tonada anuncia la proximidad de otra ciudad» [...], la
tonada es «una localización cultivada en comunidad».9 El conquistador que atravesó el territorio
fue recorriendo las distintas poblaciones indígenas, y de esa manera pudo percibir los cambios
lingüísticos al pasar de una comarca a otra. Comparando el mapa de las principales poblaciones
115

indígenas en el momento de la conquista con la actual división política, llega a la conclusión


que «cada ciudad preside hoy una tonada provinciana, cada ciudad surgió presidiendo un
núcleo etnográfico y lingüístico comarcal [...] (el conquistador-colonizador debió, necesitó,
contar con lo más profundo del substrato aborigen de cada región para la fundación y
fundamentación de las primeras ciudades».10 Esta sería la base geográfica y etnológica
de las futuras provincias argentinas, ya que la dispersión de las poblaciones indígenas
coincide aproximadamente con los territorios provinciales; por este motivo, cada provincia
posee su tonada ca-racterística, producto del mestizaje del idioma español y el aborigen.
También esto sugiere que cada ciudad aglutinó, en torno suyo, un territorio en el cual ya existía
una homogeneidad basal de carácter antrópico, lo cual contribuyó a establecer los límites de
estas primeras regiones funcionales (Fig. N° 1).
La gran mayoría de estas ciudades que perduraron, contaron con la ayuda de los indígenas y
de esa manera «pudieron cumplir con el doble objetivo de su instalación: el propósito
misional y la utilización de los naturales para el trabajo».11 Las ciudades tuvieron poder de
atracción y de fijación de los indígenas. Este ha sido, según Canal Feijoo, un factor de la
perdurabilidad de las mismas. Fundadas con escaso número de pobladores, la tentación a la
deserción puede haber sido frecuente, debido a la angustia provocada por la soledad y la lejanía
en un ambiente extraño. Si bien el abandono de la empresa no caracterizó al conquistador
español, el haberlo intentado hubiera significado ingresar en otra comarca, en otra tonada, en otro
grupo indígena rival, es decir, arriesgarse a mayores peligros. De esta manera concluye que el
indio ha contribuido en forma activa en la historia de la ciudad argentina. La disponibilidad de
mano de obra indígena fue un factor primordial, dadas las limitaciones tecnológicas en que se
desenvolvían las actividades agrícolas. Cualquiera que haya sido la función fundacional
asignada a cada ciudad —ya sea como puesto de avance de la conquista, ya como núcleo
de consolidación del poblamiento o como nexo para las comunicaciones y el comercio—,lo
cierto es que su perdurabilidad estuvo asociada al hecho de no haber cesado nunca en el
cumplimiento de sus funciones, por haber crecido como centros prestadores de servicios, y a la
capacidad de organizar su área de influencia, lo cual sería, la base económica que
aseguraría su supervivencia.
El territorio colonial se articulaba por una red troncal, de alcance continental, que, con centro
en Córdoba, vinculaba los ecúmenes regionales, del Noroeste, en comunicación con el Alto
Perú; Cuyo, prolongándose hacia Chile; Buenos Aires, y Asunción. Otros caminos secundarios
comple-taban los enlaces. La precariedad de los medios de transporte hacía largos y azarosos
los viajes, e «insularizaron las poblaciones subordinadas como islotes en un inmenso desierto».12
La necesidad de descanso y de alimentos para los viajeros y animales de tiro hizo que
estas rutas estuvieran jalonadas por postas, que eran los centros de reunión, reaprovisionamiento y
desarrollo de actividades artesanales relacionadas con la reparación y fabricación de elementos
necesarios para el transporte. Muchas de estas postas fueron el germen de futuros centros urbanos.
En los primeros tiempos coloniales, los ecúmenes regionales comandados por las ciudades y
las redes desarrolladas en lo que es hoy el territorio argentino formaban parte del área de
influencia del Alto Perú, polo de la extracción minera y principal mercado consumidor con
centro en Potosí. El puerto de Lima era la boca de salida de su producción metalífera. Los
núcleos regionales vincu-lados a él desarrollaron una economía a su servicio y gozaron de
cierta prosperidad. Estas características se conservaron mientras Buenos Aires se mantuvo
como una aldea marginal de las actividades mineras del norte.
En el ecúmene regional del Noroeste se localizó, debido a su cercanía con Potosí, el área
más dinámica del período colonial. La gran demanda de bienes que generaba el núcleo
potosino era satisfecha desde las regiones cercanas, y en este esquema se inscribe el Noroeste.
Se exportaban tejidos, cereales, legumbres, hortalizas, maderas, ganados y material de
transporte construido aprovechando la foresta local. Especial importancia tuvo el comercio de
muías para el trabajo en las minas, y el de bueyes como animales de tiro de las carretas. El hecho
de estar en la principal ruta de tránsito, la que vinculaba el litoral con el Perú, benefició a la región.
La región de Cuyo, por su dependencia administrativa de Chile, se hallaba muy vinculada
al Pacífico. Le enviaba indígenas y comerciaba sus productos: vinos, frutas secas y que también
116

también vendía al litoral y otras regiones.


La región Centro desarrolló una actividad agrícola de subsistencia, exceptuando su producción de
harina y vinos. Su vinculación con el mercado altoperuano se debió a la exportación de mulas.
También se caracterizó por su actividad artesanal textil, de cuero y del sebo. La ciudad de Córdoba se
benefició en sus actividades comerciales por su posición de encrucijada de rutas.
El Nordeste, favorecido por la vía fluvial, fue recorrido y poblado tempranamente por las ex-
pediciones que en el siglo XVI tenían como objetivo fundamental la búsqueda de riquezas. La
pretensión de acceder a Potosí des de el este llevó a la fundación de Asunción en 1537, como base de
futuras expediciones al núcleo metalífero. El Gran Chaco, por sus condiciones naturales (cálido,
empantanado periódicamente y sin recursos), y las tribus hostiles que habitaban los valles do las
sierras orientales bolivianas13, hicieron fracasar las sucesivas empresas. Pero a pesar de esto la
ciudad sobrevivió en el área de cultura guaraní, convirtiéndose en un núcleo irradiador de pobla-
miento. Desde Asunción partió la expedición que fundó Santa Fe en 1573 y Buenos Aires en 1580. La
incorporación del indígena a la empresa colonizadora y evangelizadora tuvo su máxima expresión en
las misiones jesuíticas. A diferencia «del ordenamiento territorial proveniente del Virreinato del Perú
[...] que tendía a ordenar territorios en función de necesidades extracontinentales [...] esta tercera
corriente de poblamiento plasmada en torno a los ríos más importantes de la Cuenca del Plata, tuvo
necesariamente que organizarse desde sí misma y para sí misma [...] focalizada en Asunción del
Paraguay, confluyeron los caracteres de aislamiento de la región, la falta de recursos valorados en
aquella coyuntura, la carencia de población autóctona sedentaria como la existente en el Alto Perú [...]
En las misiones jesuíticas podemos decir que se incorporó lo mejor del mundo del espíritu, de
la ciencia y del arte, de la técnica de aquellos momentos, al crecimiento de dichas comunidades y
no como en repetidas oportunidades ha mostrado la historia, la desarticulación social en función de
un proceso unilateral, en muchos casos únicamente material. En un caso lo universal se ha incorporado
y ha contribuido a fecundar toda una cultura, en otro, se ha producido una mutación histórica que
puede significar la muerte, la pérdida de la identidad cultural...».14 Esto constituye lo peculiar de este
núcleo hispánico, empeñado en la formación integral del hombro, el cual alcanzó un alto nivel
organizativo e integró a los hijos de estas tierras en la colonización. Las misiones constituyeron
también una organización económica. Los jesuitas lograron la «domesticación» de la yerba mate, y
su producción se comerciaba con las otras regiones a través del puerto de Santa Fe. La importancia
que tenía la vía fluvial hizo que, muy tempranamente, se desarrollara la industria de las
embarcaciones.
En el litoral se había fundado Buenos Aires por la necesidad de contar con una escala en la
larga travesía desde, Europa Hacia Asunción. Las ventajosas condiciones naturales de estas tierras
sólo habían servido; hasta el momento, para la proliferación de los ganados traídos por los
colo-nizadores. Su no menos ventajosa posición frente al Atlántico no había sido percibida por la
corona española, comprometida con intereses en el Pacífico. Rodeada por el «desierto»,
asediada por tribus nómadas, con muy primitivo nivel técnico en la actividad aerícola y prohibido
el comercio, la «aldea tuvo una prolongada y angustiosa vida económica [...] Duras condiciones
imperaron por mucho tiempo en la empinan de la colonización en la llanura pampeana hasta que la
reproducción del ganado alejó el fantasma de la hambruna».15
La fundación del puerto de Buenos Aires obedeció a la necesidad de disponer de una escala y,
sobre todo, controlar la entrada de la mejor vía de penetración hacia el Interior, constituida por los
ríos, y afirmar la presencia hispa-mi nulo el avance portugués.
En los alrededores de la ciudad se realizaban cultivos que abastecían al mercado local y en la
campaña se reprodujo libremente la hacienda cimarrona. El poblamiento rural se caracterizaba por su
dispersión, producto de la actividad de cacería de vacunos y de la búsqueda de pasturas. A mediados
del siglo XVII se institucionalizó esta actividad devastadora con el otorgamiento de licencias de
vaquerías, dada la abundante existencia de animales y la demanda de cueros que incentivó la
exportación, surgiendo así una economía orientada al exterior. Buenos Aires se convirtió en «capital
de pastores y vaqueadores»16, sin mayores cambios hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata,
dada la pobreza técnica de las actividades de su región.
La creación del Virreinato, en 1776, tiene grandes consecuencias en la organización del terri-
torio. Buenos Aires se convierte en su sede administrativa; su hinterland, que coincide con los límites
de la nueva entidad política, se articuló con las tres rutas principales: al Alto Perú; a Mendoza y Chile,
117

y a Asunción. De esta manera Potosí quedó incluido en su área de influencia al igual que Cuyo, que
se incorporó al Virreinato. La libertad de comercio otorgada a su puerto fue el factor vigorizante
del mismo y la causa del nuevo dinamismo que se opera en su extensa área comercial. No sólo se
liberó del control de Lima sino que en la competencia, se valorizó, su posición geográfica favorable y
atrajo la exportación de la plata potosina. A fines del siglo XVIII, el 80% de las exportaciones del
puerto de Buenos Aires lo constituía la plata.17 Las exportaciones de cueros, sebo y carne salada
repercuten en la estructuración del espacio; se organizó la zona ganadera con el surgimiento de
la estancia colonial como, una unidad de producción más racional.
En el siglo XVIII comienzan a notarse los cambios que producirán el traslado del núcleo, más
dinámico hacia el litoral y provocarán la ruptura del equilibrio regional. Los beneficios del comercio
en Buenos Aires produjeron una mayor demanda de bienes. Procedente de las economías regionales
llegaba aguardiente; vinos y frutas secas de Cuyo; textiles de Córdoba; maderas y cueros de
Tucumán, del exterior, los productos manufacturados. Los flujos cambiaron de dirección; ya no se
dirigían al mercado alto-peruano.
A partir de 1810, el área mercantil porteña pierde extensión por los sucesivos desmembra-
mientos que sufrió el territorio del Virreinato. Cesan las exportaciones de plata al independizarse el
Alto Perú, y son reemplazadas por los productos pecuarios, que pasan a ser el principal rubro y
factor dinamizador de la economía. A pesar de ello, la ganadería todavía se mantiene con carac-
terísticas muy rudimentarias, sin refinación y con escasas inversiones.
La competencia de productos importados y la ruptura del eje Potosí-Buenos Aires debilitaron a
las economías regionales. La importancia de los vinos y aguardientes del Mediterráneo, arruinó a la
economía cuyana; la expulsión de los jesuitas a fines del XVIII provocó la decadencia de las mi-
siones; el Noroeste perdió su mercado en el Alto Perú y su producción no podía competir con la ex-
tranjera.
La organización del territorio durante el período colonial culmina con un período de transición
hacia la nueva etapa que se insinúa. No hubo una valoración total del espacio. En 1857 la
población apenas llegaba a 1.300.000 habitantes.18 Las economías regionales autosuficientes
habían mostrado sus vocaciones diversas, que generaron el intercambio interregional. La
región pampeana, impulsada por un factor exógeno, organizó su territorio con función mono-
productora. La conquista, exploración y reconocimiento del territorio continuaba en la Patagonia
en las costas y en la región chaqueña. También las islas Malvinas participaron tempranamente de la
colonización. La Corona española ejerció su dominio en ellas hasta 1811. La Argentina las
heredó luego por natural sucesión y fueron colonizadas con grupos de familias a las que se les
entregó tierras, hasta 1833, fecha en que el imperio inglés produjo su expulsión por la fuerza.
Las ciudades fueron el soporte de la vida regional; dependían dejas áreas rurales próximas
para su abastecimiento y les proporcionaban servicios. La producción debía satisfacer las nece-
sidades locales, por lo cual era diversa. Los cultivos destinados al mercado eran el producto de la
originalidad del medio que —al ser diverso— provocó el intercambio de complementación, limitado
por la precariedad de los transportes. Las actividades industriales tenían el carácter de
tareas artesanales.19 La dependencia del polo de atracción de Potosí había generado flujos
centrífugos en el territorio; la creación del Virreinato los hizo converger a Buenos Aires. Tal
era la estructura y dinámica del espacio en el periodo colonial (Fig. N° 2)
118

Fig. 2. La organización del territorio a fines del siglo XVIII.

Referencias:
Configuración territorial:
1. Núcleo densamente poblado en los valles del Noroeste, productor de minerales, agricultura diversificada con excedentes, ganadería,
artesanías y desarrollo urbano lineal, con importantes funciones de apoyo al comercio y comunicaciones.
2. Área de las Misiones, densamente poblada, con producción tropical.
3. Región del Plata, con grandes recursos ganaderos y alto valor estratégico. Ciudades-puerto, comerciales y de apoyo al tránsito.
4. Región de Cuyo: producción agrícola diversificada, fabricación de vinos, aguardientes y frutas secas y ganadería. Apoyo al tránsito
hacia Chile.
5. Región Centro: actividad agropecuaria y comercial. Apoyo al tránsito entre el Alto Perú y el Río de la Plata.
6. Región de frontera del Chaco-Gualamba.
7. Región de frontera de la Pampa-Patagonia.

Fuentes: Difrieri, H.: "El Virreinato del Río de la Plata". Ensayo de Geografía Histórica. Ediciones
Universidad del Salvador, Buenos Aires, 1980.
Randle, P. H.: ob. cit.
INDEC: Censo Nacional de Población y Vivienda 1980, Serie D, Población, Total del país.
119

Etapa de la formación del ecúmene estatal

Durante el siglo XVIII comienzan a manifestarse en Europa occidental las consecuencias de la


industrialización. Las actividades de intercambio se intensifican, al disminuir la influencia de
las distancias por la mejora en los transportes, y desaparece la autarquía de las sociedades
prein-dustriales. Los territorios de los países que se han industrializado se vuelcan hacia
la mo-no-producción. «Los campos de Europa del noroeste o los del nordeste de Estados
Unidos se inclinan hacia los cultivos intensivos o hacia la ganadería lechera, el este europeo o el
medio oeste norteamericano hacia el suministro de cereales; el hemisferio sur se especializa en
la ganadería extensiva».20 Tal era el destino reservado para la Argentina, que ingresa en los
designios de la organización del territorio de las potencias industriales. Los cambios producidos
en la estructura económica y demográfica de éstas las llevan a organizar la periferia, que de esta
forma se incorpora al sistema internacional ¡cumpliendo las funciones específicas asignadas.
El modelo de la evolución demográfica de Europa occidental muestra, desde la segunda mitad
del siglo XVIII, el distanciamiento de las curvas de natalidad y mortalidad por descenso de los va-
lores de esta última, que conducen a un gran crecimiento de la población.21 EL mayor número de
habitantes para alimentar y los requerimientos crecientes de materias primas para su industria en
evolución hicieron —como en otra época con las tierras tropicales donde organizaron sus planta-
ciones- que estos países dirigieran sus intereses hacia las áreas templadas del mundo. La Argen-
tina cuenta con un amplio territorio templado, □US permaneció vacío hasta muy avanzado el siglo
XIX; sus aptitudes naturales sólo habían sido apreciadas parcialmente, al comprobarse la facilidad
con que se reprodujeron los primeros ganados dejados por los colonizadores. Sus pasturas natu-
rales fueron entonces valorizadas en función de la actividad pecuaria con técnicas primitivas.
Ante las nuevas necesidades de las potencias extracontinentales que, con el progreso técnico y
los cambios en la productividad, estuvieron en condiciones de organizar territorios aun más allá de
sus fronteras, quedan definidas en este período la organización y evolución de las estructuras te-
rritoriales por la estructura mundial de la economía.
La Argentina entró en el área mercantil inglesa como productora de materias primas agrope-
cuarias y, de esta manera, se produjo la integración de su economía en el mercado mundial. En
1900 4/5 de las inversiones eran inglesas22; tuvieron como destino la creación de la infraestructura
básica para la incorporación de la pampa al sistema mundial: ferrocarriles, puertos, comercio,
fi-nanzas, etcétera.
Dos elementos del sistema, el puerto y la pampa, ya habían comenzado a funcionar con la
exportación de cueros; se integraron al esquema las provincias de Uniré Ríos y Corrientes por su
facilidad para la comunicación fluvial, generándose un polo de dinamismo en esta parte de
la cuenca del Plata. Pero, hasta mediados del siglo XIX, las actividades se caracterizaron por su
bajo nivel tecnológico y las comunicaciones eran rudimentarias. Buenos Aires era una aldea
grande que albergaba una sociedad pastoril de trabajadores rurales y terratenientes favorecidos
éstos por los ingresos de una actividad que no demandaba ni inversiones ni mano de obra.23 (Esta
concentración de beneficios en el litoral aumentó la demanda —que se satisfacía con la
importación-, lo cual in-fluyó en las economías regionales que tenían allí su mercado.
En la segunda mitad del siglo XIX se consolida el esquema deja «estructura agro-
portuaria». Las sucesivas campañas militares fueron alejando a los indios nómadas y permitieron
extender la frontera ganadera, más por exigencia de los mercados externos que por presión de la
población o de la agricultura por nuevas tierras.24 Las necesidades de la industria textil inglesa
favorecieron la expansión del ovino, hasta que el frigorífico valorizó nuevamente la producción de
carnes.
120

El más importante elemento de la conquista del territorio fue el ferrocarril, que actuó como nexo
entre las unidades de producción y el puerto llevó mano de obra a los campos y permitió la
expansión de la agricultura en territorios más alejados. La mayor parte de la red ferroviaria se cons-
truyó en esta etapa.
La técnica del frigorífico provocó un gran, cambio tecnológico en la ganadería con sus nuevas
exigencias: refinamientos, praderas de alfalfa, potrerización de los campos, molinos. La propiedad
rural, se consolida en la, estructura de grandes propiedades, producto de una ganadería extensiva y
en pocas manos.
La agricultura, que no tuvo una gran expansión en la primera mitad del siglo XIX
—se había mantenido como una actividad destinada a satisfacer los mercados locales, desarrollada
en el área de influencia de los centros urbanos—, comenzó su expansión. La colonización
agrícola en la pampa norte se inició con pequeñas propiedades en Santa Fe y luego adquirió gran
desarrollo en esa provincia y en Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba, colocando al país
entre los principales exportadores mundiales de granos en el comienzo del siglo XX.
El factor fundamental del poblamiento fue la gran inmigración de europeos, como
consecuencia del exceso de habitantes en el viejo mundo, que alcanzó gran intensidad a fines del
siglo XIX y principios del XX La Capital Federal y la provincia de Buenos Aires fueron las
mayores receptoras. Los extranjeros representaron la mano de obra idónea para la agricultura,
aunque la gran mayoría se quedó en las ciudades, dada la escasa posibilidad de acceso a la tierra.
Buenos Aires, boca de salida de la producción agropecuaria, y de entrada de productos ma-
nufacturados, creció en complejidad al concentrar todo el aparato financiero de comercialización,
exportación e importación. Los beneficiarios de todo este crecimiento fueron contados y se cir-
cunscribieron, territorialmente, a una porción del país: la pampa y ciertas organizaciones econó-
micas de tipo agroindustrial, en Tucumán y Cuyo, que constituyeron una excepción en el cuadro
pastoril del momento.
El auge de la civilización del cuero en el litoral y el cierre del mercado alto-peruano ya habían
afectado a las —en otra época— florecientes economías del noroeste y centro en la primera mitad
del siglo XIX. El enriquecimiento de la pampa hizo disminuir la importancia relativa de las
eco-nomías regionales. El paso de. la carreta a la locomotora, la nueva técnica del transporte,
acortó distancias y disminuyó fletes, permitiendo el ingreso de productos manufacturados a todo el
interior, que no pudo soportar la competencia con sus artesanías. La industria textil local
desapareció. «El ferrocarril cortó el antiguo, pero modesto, intercambio interregional».25
El auge de la estructura agro-portuaria, a partir de 1870, condenó a la marginalidad a la po-
blación y regiones que no pudieron integrarse a esta organización económica. Debido a la estre-
chez del mercado local para colocar su producción ya las condiciones naturales, que no se adap-
taban a los nuevos requerimientos, el Noroeste y las sierras pampeanas, que se habían favorecido
con su anterior inserción en el esquema colonial español, no tuvieron esa oportunidad en la nueva
coyuntura. Una excepción en el Noroeste la constituyó Tucumán: bajo un régimen aduanero pro-
teccionista de su producción de azúcar, y gracias al tendido de las vías férreas, vio crecer su
mercado consumidor, hecho que se reflejó en la organización de su territorio. Aumentaron las
hectáreas cultivadas —a pesar de ser una zona marginal para la caña—, generando una
economía mono-productora que no tardaría en manifestar su vulnerabilidad. La población del
Noroeste se concentró en consecuencia, en las zonas de los ingenios en Tucumán y en el valle
del San Francisco.
La región de Cuyo también se benefició, al gozar de un mercado nacional para su producción
de vino. La llegada del ferrocarril a estas comarcas tuvo un doble efecto: produjo el crecimiento
poblacional con la incorporación de inmigrantes y le facilitó el acceso al gran mercado de Buenos
Aires. La mayor, demanda provocó el paso de una agricultura diversificada a una creciente espe-
cialización con el monocultivo de la vid. De 19.700 hectáreas sembradas en 1895, se expandió- a
91.900 en 1937. Luego hubo una mayor intensificación en el uso del suelo. Ello fue acompañado
por un rápido proceso de concentración urbana, sobre todo en Mendoza. Gracias a la Campaña al
Desierto comienza a configurarse un área de expansión agrícola en San Rafael, el nuevo oasis del
sur, también con gran dinamismo poblacional.
121

La explotación de ciertos recursos, provocada por la necesidad de determinados elementos


para llevar a cabo algunas innovaciones técnicas, no logró generar economías locales prósperas.
Tal es el caso de la explotación del monte occidental chaqueño, que suministró los postes que
requirió el alambrado de los potreros, y del bosque de quebrachos del sector oriental de dicha re-
gión, con la fabricación de tanino y obtención de los durmientes que exigía el tendido de las
vías férreas. Bajo el esquema de la economía de plantación, la región no logró capitalizar en
beneficio propio la explotación forestal. Este ciclo de la economía, que duró hasta que entró en
crisis en la segunda década del siglo actual, y las campañas militares de conquista que
permitieron extender las vías férreas de penetración, fueron dos factores que permitieron insinuar
el poblamiento y Pa-ralelamente a la crisis del tanino, comenzó la expansión de los cultivos de
algodón con la creación de colonias siguiendo el eje de las vías férreas, atrayendo inmigrantes
de otras provincias y del exterior.
El área de las Misiones, donde las reducciones jesuíticas habían logrado organizar pueblos de
gran desarrollo con la integración de los indígenas, quedó prácticamente despoblada en
las décadas siguientes a la expulsión de la orden y perdió todo su vigor y autonomía. Esta
situación se mantuvo hasta fines del siglo pasado, cuando; la provincia de Misiones comenzó su
recuperación demográfica, con la participación de corrientes inmigratorias que extendieron la
colonización en los territorios del sur y sobre el Paraná. La valorización de las tierras del nordeste
tropical, por la co-lonización agrícola, significó el comienzo de su poblamiento.
El desplazamiento del ganado ovino hacia tierras y pasturas de menor valor, generó la ocupa-
ción del territorio patagónico con una actividad extensiva cuyo destino era la exportación de
lanas y carnes. La unidad de producción característica de esta colonización pastoril es la
estancia, que constituyó el único tipo de concentración humana, dado que la actividad no
favorecía la atracción de población por sus escasos requerimientos de mano de obra. En esta
región se reprodujo, en forma parcial y en pequeño, la estructura agro-portuaria de la pampa,
independiente de ésta y carente de su magnitud y centralización portuaria. Se pobló con
extranjeros que estuvieron más vinculados con sus países de origen que con Buenos Aires.26
El resultado de esta etapa cuya conclusión se relaciona con la evolución del elemento
dina-mizador, que fue el comercio exterior, se manifestó en la alteración del esquema urbano
regional anterior. El área de mayor dinamismo se concentró definitivamente en Buenos Aires
y la región pampeana, quebrándose el equilibrio interregional. Buenos Aires ingresó en el
sistema mundial de ciudades, y los núcleos urbanos con ella relacionados tuvieron un rápido
aumento de población ya que se convirtieron en polos de atracción de los migrantes -tanto
provenientes del exterior como internos-, al generar fuentes de trabajo con la complejidad de sus
servicios y el incipiente desarrollo industrial que significaron los frigoríficos y molinos harineros
en las ciudades portuarias.
La agricultura fue el factor que provocó el poblamiento. más aun que la ganadería. Las
mayores densidades de población rural distinguen a la zona cerealera de la pampa norte, cuyo
frente fluvial se configura ya también como una franja altamente poblada. El primer censo
nacional de 1869 registró un 39% de población urbana, lo cual confirma el carácter
eminentemente rural de la econo-mía anterior a 1930. La gran inmigración europea, que en gran
parte se ubicó en la Capital Federal y otras ciudades de arribo, contribuyó a aumentar el
porcentaje al 50%en la primera década del siglo actual.
La valorización de nuevos recursos y regiones fue en función de la economía agro-
portuaria pampeana, convirtiendo las del interior en áreas dependientes del polo dinámico; Se
incorporaron nuevas tierras a la producción ganadera y la superficie sembrada se expandió
vertiginosamente. Se integró al territorio con el puerto mediante el tendido de la red ferroviaria
con un diseño radial, cabal demostración de la preeminencia de la conexión de éste con el
interior por sobre la integración interregional, carente de sentido con un comercio interno
debilitado.
Los beneficios de la economía agro-portuaria no abarcaron a toda la población ni a todo el
territorio. La estructura social quedó definida por la concentración de la riqueza y el poder en
los propietarios rurales; la prosperidad se derramó en una porción del territorio cuya imagen se
identificó con el país27 en un acto de percepción no del todo coincidente con la realidad.
122

Fig. 3. La organización territorial a comienzos del siglo XX (1914).


Fuentes: Randle, P. H. «Atlas del desarrollo territorial argentino». Instituto Geográfico Militar, Madrid, 1981,
Bruniard, E.: «El Gran Chaco argentino», en Geográfica, Instituto de Geografía, Universidad Nacional del Nordeste, n°4,
Resistencia, 1975-1978.
123

Etapa de la consolidación de las estructuras territoriales

El sistema territorial, surgido a causa del estímulo exterior que constituyó la demanda de ma-
terias primas agropecuarias, se consolidó a partir de la Segunda Guerra Mundial como conse-
cuencia del cambio en la estructura económica del país.
En la tercera década del siglo XX, la economía agroportuaria, dependiente de los mercados
externos, demostró su vulnerabilidad al variar las condiciones de su entorno. La crisis económica
internacional frenó el dinamismo del comercio mundial. Los países industrializados, como conse-
cuencia de su progreso técnico, consiguieron una mayor productividad que determinó una menor
demanda de los productos agropecuarios de zonas templadas, lo cual condujo a una caída de los
precios, limitando el poder de compra de nuestras exportaciones. El deterioro en los términos del
intercambio cerró definitivamente el ciclo de la estructura agro-portuaria.
La crisis de los años treinta y las dos guerras mundiales fueron factores decisivos en el cambio
de la estructura económica, presionando su evolución hacia una economía mixta al impulsar el
desarrollo industrial, con la consiguiente pérdida de la hegemonía del sector agropecuario de la
pampa y la consolidación de la tendencia en la distribución de la población y actividades produc-
tivas. El desarrollo industrial comenzó a insinuarse a raíz de la Primera Guerra Mundial y de la
crisis económica internacional, pero, es durante el segundo conflicto bélico y con posterioridad,
cuando surge una coyuntura más favorable, debido a la necesidad de autoabastecimiento y a las
medidas proteccionistas que permitieron iniciar el proceso de sustitución de importaciones. El
deseo de continuar con el desarrollo industrial surgido al amparo de la guerra se manifestó en la
decisión genuina de llevar a cabo este proceso nacional —sin aporte de capital extranjero en el
comienzo, y dentro de una estrategia redistributiva de ingresos que actuó provocando una
expansión de la demanda interna—, buscando lograr la independencia económica.28
En un principio se expandieron las industrias livianas, destacándose la textil por su crecimiento
sostenido en correspondencia con la extensión de los cultivos de algodón - en la planicie chaqueña-,
que, junto con las lanas, constituían las principales materias primas. Luego, ante la falta de
industrias básicas de bienes intermedios se trató de producir la integración del proceso con la co-
laboración de capitales extranjeros. Paulatinamente, la estructura industrial fue variando, aumen-
tando la participación relativa de las industrias metálicas básicas.29
Las actividades agropecuarias fueron perdiendo importancia relativa en la generación de in-
gresos. Hacia 1930 se había finalizado con la expansión de tierras, llegando hasta el límite ecoló-
gico de la pampa. Los 17 millones de hectáreas sembradas con cereales en aquel momento, nada
han variado hasta el presente. El aumento la producción pasó a depender de los rendimientos y no
de la ocupación de los nuevos territorios, liste aspecto, unido a la mayor demanda interna por el
aumento de población, limitó los excedentes de exportación.
Este cambio en la estructura productiva tuvo un reflejo territorial que se ha mantenido hasta el
presente. La expansión de actividades típicamente urbanas generó fuentes de trabajo, lo cual se
tradujo en un gran incremento de habitantes en las ciudades. El proceso de urbanización, ya ini-
ciado en la etapa anterior, evoluciona con más intensidad en el período posbélico. De un 62%de po-
blación urbana en 1947, se pasa al 72 % en 1960.
La redistribución de la población es el rasgo dominante de la dinámica demográfica que con-
tribuyó a consolidar el esquema que venía insinuándose, de predominio de la región pampeana.
Esta -sin incluir la Capital Federal y el Gran Buenos Aires—, albergaba en 1869 el 40% de la po-
blación, cifra que se fue elevando con la colonización agrícola hasta 1914, para luego disminuir en
favor del área metropolitana.30 El gran mercado que constituía la Capital Federal, la disponibilidad
de servicios y el hecho de ser los puertos el punto de transbordo para las materias primas de
transtierra y productos intermedios importados configuraron una particular coyuntura, que actuó
como factor locacional de la gran concentración del desarrollo industrial en el frente fluvial del
Plata y en el curso, inferior del Paraná. Se acentuó entonces la tendencia de concentración
demográfica. El proceso de urbanización alcanzó su más alto grado primero en las provincias de
Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, y a partir de 1947 —especialmente— se
generalizó, destacándose, actualmente las provincias de Córdoba, Mendoza, San Juan,
Tucumán y las que integran la región pa-tagónica, además de las nombradas en primer término.31
124

El área metropolitana -que ya había aumentado su participación relativa en la distribución de


la población a causa de la inmigración europea— recibe los contingentes de la migración interna,
que, en el período 1947-60, supera a su crecimiento vegetativo.32 El desarrollo industrial
concentrado en los alrededores de Buenos Aires provoca el crecimiento de los suburbios,
consolidándose la co-nurbanización que atrae a la población, la cual percibe la diferencia de
oportunidades generada por la nueva dinámica del sistema polarizado en el área metropolitana,
la que llega a producir el 58J%del producto bruto industrial, según el censo económico de 1964.
Buenos Aires se convirtió en el núcleo central del sistema urbano nacional al «adquirir
capacidad de organizar una familia de otras ciudades tributarias y no meramente áreas rurales
primarias».33
El incremento de la población en Buenos Aires y región pampeana, y su desarrollo industrial,
las convirtió en el mayor mercado consumidor de las materias primas regionales. El flujo de
inmigrantes y el de producción primaria confluyen hacia este núcleo polarizador. La red
ferroviaria —convergente en el puerto y trazada para cumplir los propósitos de la estructura
agroportuaria— siente ahora la competencia del transporte automotor, confirmando esto ante el
gran desarrollo de la red caminera paralela a las vías, la supremacía de los vínculos entre Buenos
Aires y las regiones por sobre los interregionales y la vocación atlántica de nuestros
intereses comerciales.
En la transformación de la estructura económica, el sector agropecuario fue perdiendo parti-
cipación relativa en la generación del producto bruto interno, pero nunca dejó de constituir el
grueso de las exportaciones, y con ello la región pampeana continuó siendo la principal
proveedora de granos y carnes.
La demanda de cultivos especializados —que ya se había manifestado en la etapa anterior
en Cuyo y Tucumán y que en los comienzos de ésta provocó la gran expansión del cultivo
del algodón en el Chaco— ha generado economías agrícolas regionales escasamente
diversificadas, pendientes de las fluctuaciones de su monoproducción. Las características de
algunas de las materias primas agrícolas han posibilitado el surgimiento de ciertos enclaves agro-
industriales, que se han integrado al esquema de esta etapa al permitir un desarrollo
industrial basado en la elaboración de la pro-ducción primaria característica de cada uno,
los cuales encontraron su mercado en la región pampeana y al mismo tiempo tuvieron
mayores posibilidades de adquirir productos manufacturados del núcleo central. Las regiones
que no han podido participar de esta «exportación» a Buenos Aires registran menores niveles de
dinamismo y condiciones sociales: son las que, ante la falta de acti-vidades generadoras de
fuentes de trabajo, sufren el éxodo de su población con más intensidad.
El diseño de la red de comunicaciones convergente en Buenos Aires, trazada para cumplir con
los objetivos de un modelo ya concluido, pareciera obedecer a la dirección impuesta por la natu-
raleza. Los relieves elevados periféricos van perdiendo altura hacia el este, y los ríos navegables
de la cuenca del Plata fluyen hacia el punto de menor altura, precisamente en el estuario donde
está el puerto. La buena cohesión interna, es decir, la falta de obstáculos naturales importantes en
el in-terior del territorio, ha permitido que desde la pampa se pueda acceder hacia cualquier
punto del país sin mayores dificultades.34 Desde la región nuclear es posible alcanzar los
distintos subsis-temas regionales, que constituyen coágulos de concentración de población y
actividades separados por áreas donde estas densidades se reducen, en algunos casos, a mínimas
expresiones.
La región del Nordeste -correspondiente al sector argentino de la cuenca del Plata- se halla
polarizada por la conurbación de Resistencia-Corrientes, vinculadas por el puente General Bel-
grano. La margen derecha de los ríos Paraguay-Paraná y hasta donde se extiende el área de mayor
densidad de población y de vías de comunicación, Constituye un espacio funcional con una red
urbana jerarquizada. Hacia el oeste, el Chaco occidental conserva todavía sus características de
«frontera» y de frente pionero. El proceso económico, desarrollado en ciclos de prosperidad
y decadencia, ejerció influencias de diferente intensidad en la organización de su territorio. El
«ciclo del tanino», iniciado a fines del siglo pasado, tuvo débiles consecuencias en su poblamiento.
La colonización agrícola, que alcanzó su apogeo en las décadas posteriores a la Segunda Guerra
125

Mundial, atrajo inmigrantes y permitió valorizar sus tierras, pero la decadencia por el agotamiento
de suelos intensamente cultivados, alentó la emigración. Hoy, las dos actividades tradicionales, la
agricultura y ganadería tropicales constituyen los factores de organización del espacio.
Hacia el este, la ciudad de Corrientes ejerce su influencia en el área tropical fronteriza,
que conoció su período floreciente durante la acción misional jesuítica. Los núcleos principales de
po-blamiento y las rutas son periféricos siguiendo el recorrido de los ríos o, en el interior,
esquivando la selva por el norte. Es el territorio de la tierra colorada, productora de cultivos y
ganadería tropicales y con recursos forestales, cuyo manejo racional ha permitido la instalación de
importantes plantas de elaboración de papel. Las grandes potencialidades hidroeléctricas han
sido escasamente aprovechadas aún.
La región del Noroeste, el antiguo núcleo dinámico del periodo colonial, impulsó su
mo-no-producción de caña de azúcar al facilitarse por el ferrocarril su comunicación con el
mercado del litoral. La excesiva dependencia de la demanda tardó en demostrar la fragilidad de
la economía, especialmente en Tucumán Otros cultivos, como el tabaco y la vid, se han
desarrollado en los de las provincias de Salta y Jujuy y se han construido además importantes
obras de infraestructura para riego y energía. El cuadro de la economía regional completa con la
explotación de combustibles en el norte de Salta y en Jujuy y minera en la Puna y la Sierra de
Zapla: esta última ha actuado como actor de localización de los altos hornos en Jujuy. Tucumán,
el nudo colonial de las comunicacio-nes, se ha convertido en la metrópoli regional. Esta situación
geográfico-económica no evita, em-pero, el éxodo de su población.
En la región Central, una vez más, se confirma la evolución seguida por las fundaciones
españolas, Las primeras ciudades coloniales continúan ejerciendo sus funciones de engranaje
central de los sistemas urbanos. La ciudad de Córdoba, que había logrado organizar áreas
agrícolas y ganaderas en torno suyo, se encuentra inmersa en el proceso de industrialización
del país. El temprano aprovechamiento de los recursos hídricos locales convirtió a la energía en
un factor importante de localización de industrias, en especial de las mecánicas. El espacio
sierripampeano se caracteriza por su poblamiento puntual producto del aprovechamiento de los
magros caudales en los pequeños oasis. Estos con escasas posibilidades de expansión, generan
reducidos volúmenes comercializables. La ganadería rústica extensiva es característica de la
economía de subsistencia, que los identifica en su mayoría.
126

Fig. 4
LA ORGANIZACIÓN ACTUAL DEL TERRITORIO
1.- Metrópolis regionales 10.- Predominio de la ganadería
2.- Centros regionales 11.- Predominio de y agricultura
3.- Centros secundarios 12.- Agricultura y ganadería asociadas
4.- Centros terciaras 13.- Área lechera
Ejes de mayor movimiento: 14.- Oasis de regadío
5.- Ferrocarriles 15.- Explotación forestal
6.- Rutas 16.- Combustibles - Minerales
Densidad de población 17.- Industrias
2
7.- Más de 15,5 hab./km 18.- Pesquerías
2
8.- De 3 a 15,4 hab. /km 19.- Turismo
2
9.- Menos de 2.9 hab. /km
127

El gran contraste entre desierto y núcleos de altas densidades es el rasgo del poblamiento en la
región de los ricos oasis cuyanos, a causa de la agricultura intensiva bajo riego. La misma se halla
integrada con agroindustrias. Los oasis se ubican siguiendo el valle de los ríos, en el contacto entre la
montaña y la planicie. La antigua dependencia de Chile encontró un amplio mercado en el litoral,
estrechando su vinculación a partir de la llegada del ferrocarril. El sistema de cultivo se caracteriza por
el predominio de la vid, que se complementa con hortalizas, frutas y olivo, cuyo laboreo e in-
dustrialización amplía las posibilidades locales de generación de empleos. La explotación de
combustibles, con su consiguiente procesamiento, y la de uranio, más otras industrias, han ase-
gurado una base de sustentación más sólida a su economía. Los tres oasis mayores son los de
Mendoza, San Juan y San Rafael, correspondiendo a la primera ciudad las funciones de mayor
jerarquía. Mendoza se halla en la encrucijada de vías terrestres entre Buenos Aires y Chile, y entre el
oasis del norte y el del sur.
La Patagonia es la región con menores densidades de población. En ella se distinguen tres sub-
espacios de homogeneidad:
 la cordillera: con clima húmedo, boscosa; con actividad turística y valles dispersos po-
blados, destinados a la ganadería y agricultura intensiva; explotación minera y forestal.
 la meseta central: árida y con ríos alóctonos; dedicada a la ganadería ovina extensiva, que
origina un poblamiento disperso, y con valles fluviales densamente poblados debido a la
agricultura intensiva bajo riego.
 la costa: acantilada y con grandes amplitudes de marcas; con núcleos urbanos dispersos;
actividad pesquera, minera, industrial y turística.
Estas franjas longitudinales no constituyen espacios funcionales. Las vinculaciones se dan en
sentido transversal; este es precisamente el rumbo que sigue la hidrografía, la cual no es ajena a este
hecho. Los ríos, que nacen en las montañas gracias a las copiosas precipitaciones, drenan hacia el
Atlántico, estableciendo la complementariedad entre las dos grandes unidades físicas. De esta manera,
las áridas mesetas disponen de agua gracias a las montañas. A su vez, el hombre ha aprovechado los
valles fluviales para establecer las vías de circulación en el mismo sentido, con-figurando sub-espacios
que constituyen áreas funcionales que integran la montaña y las mesetas, no existiendo polarización a
nivel regional.
De esta manera quedó consolidado el esquema espacial de la Argentina, como consecuencia de la
ocupación espontánea de su territorio. El ecúmene estatal quedó configurado en la región pampeana,
ya que es la parte del Estado que concentra la mayor densidad y volumen de habitantes, la mayor
producción y densidad de vías de comunicación. Los ecúmenes regionales como núcleos de
dinamismo secundario, proveedores del ecúmene estatal, separados por áreas de menor intensidad
en la presencia humana corresponden a las regiones históricas en unos casos, y a nuevas áreas de
poblamiento en otros. La red urbana está altamente desequilibrada en sus jerarquías superiores, donde
el Gran Buenos Aires, que concentra más de diez millones de habitantes, tiene como ciudades de
segundo orden a Córdoba y Rosario, con un millón cada una. El desarrollo agrícola y el posterior
crecimiento industrial lucieron de estas tres las ciudades más populosas del país.
El desarrollo industrial confirmó la tendencia que se inició en la etapa anterior. La organización
espontánea y vertiginosa del territorio —sin una concepción espacial que orientara el desarrollo
socioeconómico nacional en un esquema de integración territorial y de proyección hacia la com-
plementación económica continental35 - ha culminado en una falta de homogeneidad en la distribución
de la población, actividades y oportunidades territoriales; en una estructura donde las disparidades
regionales constituyen el rasgo característico. Sin esperar nuevas coyunturas históricas, económicas
y sociales -independientes de la situación local-, se hace necesario revalorizar las condiciones
naturales a fin de lograr el desarrollo armónico del territorio y el bienestar generalizado.
128

NOTAS

1 GOUROU, Pierre, Introducción a la geografía humana. Alianza Editorial, Madrid, 1979.

2 Ob. cit.

3 GEORGE, Pierre, La acción del hombre y el medio geográfico. Editorial Península, Barcelona, 1976.

4 GOTTMANN, Jean, América, Editorial Labor, Barcelona, 1966.

5 INDEC, La población argentina. Serie Investigaciones Demográficas, 1. Buenos Aires. 1975.

6 GOTTMANN, Jean, ob. cit.

7 RAZORI, Amílcar, Historia de la ciudad argentina, Imprenta López. Buenos Aires.1945

8 CANAL FEIJOO, Bernardo, Teoría de la ciudad argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires. 1956

9 CANAL FEIJOO, ob. cit.

10 CANAL FEIJOO, ob. cit.

11ZORRAQUIN BECU, Ricardo, la organización política argentina en el período hispánico, Buenos Aires. Editorial
Emecé, 1959, citado por Comadrán Ruiz, Jorge, evolución demográfica argentina en el periodo hispánico (1535-1810),
EUDEBA, Buenos Aires, 1969.

12DIFRIERI, Horacio, Buenos Aires, geohistoria de una metrópoli, Universidad de Buenos Aires, Colección IV
Centenario de Buenos Aires, 1981.1.

13 DIFRIERI. Horacio, ob. cit.

14 LEMOINE, Graciela, Integración de la cuenca del Plata. Signos universitarios", Revista de la Universidad del Salvador
Año 1, N° 2, Septiembre-octubre, 1979.
15 DIFRIERI, Horacio, ob. cit.
16 DIFRIERI, Horacio, ob. Cit.

17ROFMAN, Alejandro y ROMERO, Luis A., Sistema económico y estructura regional en la Argentina, Amorrortu
Ediciones, Buenos Aires, 1973.

18 INDEC, ob. cit.

19 CLAVAL, Paul, Geografía económica, Editorial Oikos-Tau, Barcelona, 1980.

20 CLAVAL, Paul, ob. cit.


21TREWARTHA, Glen, Geografía de la población, Ediciones Marymar, Buenos Aires, 1973.

22 ROFMAN, Alejandro y ROMERO, Luis A, ob. cit.

23 DIFRIERI, Horacio, ob. cit.

24 CORTES CONDE, Roberto, El progreso argentino 1880-1914, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979.

25 FERRER, Aldo, La economía argentina, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1975.
26 DAUS, Federico, El desarrollo argentino, EUDEBA, Buenos Aires, 1969.

27 DAUS, Federico, ob. cit.


129

28 FERRARO, Roque, El desarrollo regional argentino, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1973.

29 INDEC, Anuario estadístico de la República Argentina 1981-1982.


30 INDEC, Censo nacional de población y vivienda 1980, Serie E, Reseña de características generales

31RECCH1NI DE LATTES, Zulma, "Urbanización", en INDEC, La población argentina, Serie


Investigaciones Demográficas, 1, Buenos Aires, 1975.

32 RECCHINI DE LATTES, Zulma, ob. Cit.

33 DIFRIERI, Horacio, ob.cit.

34 DAUS, Federico, Geografía y unidad argentina, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1978.

35 FERRARO, Roque, ob.cit.


4
Población y economía,
geografía de las formas
económicas y de los
asentamientos

4.1.
Breve reseña de la
evolución de la economía
argentina
132

BREVE RESEÑA DE LA EVOLUCIÓN DE LA ECONOMÍA ARGENTINA

Alberto H. Peláez

Auge, desconcierto y búsqueda

Con la organización nacional, y a partir de 1860, se inicia en la República Argentina una etapa
de desarrollo económico que consolidará la unidad nacional sobre el predominio económico y
político del centro metropolitano de Buenos Aires y el litoral, basado en la superioridad de sus re-
cursos materiales y de su posición geográfica.
Hasta bien avanzado el siglo XIX la República Argentina era todavía un territorio a ocupar. En
la zona del litoral esta ocupación se va produciendo a medida que cobra importancia la exportación;
de cueros primero y de lanas después. El aumento de la demanda externa por estos bienes, a
precios internacionales rentables, dio lugar al nacimiento de una nueva forma de organización para
la producción de hacienda. Esta forma de organización productiva se conoce con el nombre de
«estancia» e implica la incorporación de capital, mano de obra asalariada, tecnología y el uso pri-
vado de la tierra en la producción de hacienda. La feracidad de la «pampa húmeda» y la explotación
capitalista del suelo a través de la «estancia» van a definir la gran capacidad de cambio y adapta-
ción que estos productores van a mostrar, vista la evolución en los precios relativos que la per-
manente ampliación del mercado mundial iba generando en los bienes que la «estancia» producía
(cueros, lanas, carnes, cereales, oleaginosas).
A mediados del siglo XIX comienza un fuerte proceso de ocupación y apropiación privada
de nuevas tierras en la «pampa húmeda». Este proceso concluirá en el año 1879 con la derrota
del indio y la ocupación definitiva tanto de la Patagonia en el sur como del Chaco interior en el
centro norte del país.
Mientras tanto, en los países europeos —en especial en Inglaterra— el cambio
tecnológico emergente de la revolución industrial impulsaba fuertemente a estos países hacia la
etapa plena de desarrollo capitalista. El aumento de productividad en la industria, y en menor
escala en el sector agropecuario, permitía a los empresarios disponer de un mercado de mano
de obra abundante. Este exceso de oferta actuaba deprimiendo los salarios reales, posibilitando
así el aumento de la tasa de acumulación. La ampliación de los beneficios y su mantenimiento
imponía el aumento de la demanda de bienes de inversión. Este proceso de acumulación y
crecimiento empieza a mostrar ciertas dificultades en su desenvolvimiento cuando el sector
agropecuario productor de alimentos comienza a hacer sentir los efectos de su menor
productividad relativa presionando al alza los precios do los productos alimenticios. Esto hace
peligrar el proceso de acumulación y crecimiento descrito al aumentar el costo de la mano de
obra, el cual estaba constituido básicamente por el precio de los alimentos. Lo que se ganaba en
cuanto a productividad en la industria, por medio de una acelerada división del trabajo apoyada por
las innovaciones, podía quedar en manos del sector terrateniente, que no era precisamente el que
llevaba adelante el proceso de desarrollo iniciado por la revolución industrial. El precio de los
alimentos pasa a ser por ello, un problema central en ese momento del proceso de desarrollo
capitalista.
El adelanto alcanzado en el transporte marítimo, en cuanto a propulsión y a capacidad de carga
primero y en la industria del frío después, permitió incorporar al mercado europeo de alimentos la
producción de amplias zonas inexplotadas de clima templado en América y en Oceanía. Este
proceso de incorporación de nuevas tierras es liderado por Inglaterra, la potencia emergente en esa
época.
La República Argentina contenía en su territorio una de esas zonas aptas para la producción de
alimentos —la pampa húmeda—, constituida por un amplio espacio escasamente poblado,
totalmente apropiado por manos privadas, en un país políticamente estable, donde la limitada
explotación de este recurso abundante se llevaba a cabo con técnicas marcadamente capitalistas.
En estas condiciones el país se adhiere como una franja de tierra fértil de más de 50 millones de
hectáreas a las economías más desarrolladas de la época, especialmente a la economía inglesa. A
partir de ese momento —segunda mitad del siglo XIX—, y hasta 1914, la República Argentina
133

asiste a un crecimiento económico y una modernización que la coloca, según los indicadores de
crecimiento y potencial productivo, en el onceavo puesto del ordenamiento mundial. Dicho
crecimiento se hallaba estrechamente relacionado con el aumento de las exportaciones de bienes
tierra-intensivos (en el sentido de que para su producción la tierra es el insumo más utilizado).
Desde principios del siglo, y hasta el año 1930, tanto el PBI (producto bruto interno) como el
capital y la mano de obra crecieron —al igual que la incorporación de nuevas tierras — a tasas
anuales acumulativas muy similares (PBI = 4,6%; capital = 4,8%; mano de obra = 3,1%; tierra =
4,8%). Estas tasas de crecimiento no son más que una respuesta a la expansión de la demanda
mundial; el comercio internacional creció, entre los arlos 1820-1929, a una tasa acumulativa anual
del 3%.
Como ya se hizo notar, frente a la fuerte expansión, las economías industriales europeas ne-
cesitaban eludir la inevitable transferencia de una parte de los Ingresos aumentados al sector
agropecuario, consecuencia de la rigidez de la oferta de los productos alimenticios que dicho sector
producía. Aumentar la producción de alimentos a costos constantes, o decrecientes de ser posible,
era la única forma de evitar esa transferencia. Por esta razón, la estrategia óptima de los países
industriales, con respecto a las nuevas zonas del mundo que se incorporaban al comercio inter-
nacional como proveedores de productos alimenticios, consistía en hacer que estos países cre-
cieran a una tasa similar a la que ellos lo estaban haciendo, para lo cual era imprescindible dotarlos
de capital, trabajo y tecnología dirigidos a fomentar la expansión de la producción de estos países
agroexportadores, poseedores de amplios espacios vacíos de clima templado y con tierras arables,
capaces de aumentar la producción a costos constantes incorporando nuevas tierras de similar
calidad.
La posibilidad de incorporar nuevas tierras a medida que la demanda de alimentos aumentaba,
impedía un posible estancamiento en su producción y con ello un aumento en los precios de los
bienes importados por los países centrales. Si este aumento se producía, los términos de inter-
cambio de los países industriales se deterioraban y, dado el aumento sostenido de la demanda de
alimentos, se generaba una transferencia de ingresos reales hacia los países agroexportadores. Por
lo tanto era vital hacer todo lo posible (como exportar capital, tecnología y mano de obra) para que
estos países aumentaran al máximo su oferta. Más aun, si los países productores de alimentos
expandieran su producción a una tasa mayor de lo que pudieran hacerlo los países industriales,
aumentaría más la oferta que la demanda de su producto. En estas circunstancias, el deterioro en los
términos de intercambio actuaría en contra de los países productores de alimentos, transfiriendo así
parte de sus ingresos reales a los países industria les. Lo mismo sucedería si las tasas de
crecimiento fueran iguales, ya que la pro porción del aumento del ingreso que se gasta en alimentos
es menor que la que se gasta en productos manufacturados.
Lo dicho trata de mostrar, en una forma breve y sencilla, la lógica interna del funcionamiento de
la economía mundial a la que la República Argentina se adhirió plenamente como país productor
especializado en materias primas alimenticias a partir de mediados del siglo XIX y durante 60 años
aproximadamente. El modelo, entonces, implicaba el mantenimiento de una tasa de crecimiento en
los países productores de alimentos aproximadamente igual o mayor que la de los países centrales,
para que éstos pudieran maximizar su ingreso real.
La exportación de capital, tecnología y mano de obra, por parte de los países centrales, dirigida
a aumentar la oferta de alimentos al mayor ritmo posible, aumentaba simultáneamente la demanda
de importaciones de los países receptores. Este mecanismo amortiguaba en el corto plazo la
pérdida de ingreso real que el comercio internacional le imprimía a los países productores de manu-
factura a través del deterioró de los términos de intercambio, el cual era inevitable mientras la
demanda de alimentos creciera a un ritmo mayor que el de la demanda de manufacturas.
En estas circunstancias, el aumento de la producción agropecuaria en la República Argentina se
transformaba en aumento del ingreso real a causa de los términos de intercambio beneficiosos, y
porque podía aumentar su producción incorporando nuevas tierras fértiles, evitando así el efecto
adverso de los rendimientos decrecientes de la tierra.
Bajo estas condiciones y en una economía de libre comercio, la inversión de capital en la
producción de manufacturas que pudieran sustituir importaciones no era viable. Dados los precios
relativos favorables a los bienes agropecuarios y los costos internos de producir manufacturas
frente a los costos internacionales, la única manera de viabilizar su producción interna hubiera sido
134

imponiendo recargos a la importación de las mismas (protegiendo su producción). Pero este pro-
ceder resultaría en una pérdida de ingresos para el sector agropecuario —por el mayor precio a
pagar por manufacturas—, en beneficio del sector manufacturero interno. Además, disminuiría la
demanda de importaciones de manufacturas, reduciendo el efecto amortiguador que dicha de-
manda ejercía sobre el deterioro de los términos de intercambio de los países centrales. Por ello, todo
intento de posibilitar un desarrollo industrial inducido en ese período debía encontrar necesa-
riamente la oposición del sector agroexportador interno, junto con la del productor externo de
manufacturas y demandante de alimentos.
Esta comunidad de intereses y la ausencia de un sector industrial importante explica una buena
parte del ritmo del crecimiento alcanzado por la República Argentina y de la conformación de su
estructura productiva y de servicios durante este período; el resto lo explica la localización ge-
ográfica de la «pampa húmeda», con su puerto de Buenos Aires.
Queda claro que el país sólo podía mantener esta situación de privilegio por la existencia, en
proporciones importantes, de un recurso natural que resultó clave en esa etapa del desarrollo ca-
pitalista mundial: la posesión de tierras fértiles de zonas templadas incultas. El agotamiento de este
recurso marca el principio del fin del auge que el país experimentó en su expansión económica y la
entrada en una nueva etapa de desarrollo y crecimiento. Alrededor de la primera década del siglo XX
todas las tierras fértiles disponibles estaban explotadas; el stock de tierras fértiles libres se había
agotado. Esto sucedía antes de que el sistema económico mundial —que permitió la
espectacular expansión del país— entrará en crisis o sea, mientras la demanda mundial por
alimentos seguía creciendo.
La inversión de capital en la producción agropecuaria debía afrontar ahora todo el peso de la ley
de los rendimientos decrecientes, mientras que la expansión económica había incrementado el
mercado interno, cuyo tamaño ya permitía que algunas industrias de costos decrecientes alcan-
zaran niveles de rentabilidad suficientes como para competir con los productos importados. Las má-
quinas y los equipos importados, con tecnología de avanzada incorporada, se podían adquirir a
precios relativos favorables para producir con ellos, localmente, ciertos «bienes importables» a
calidad comparable y precios competitivos.
Por otro lado, el capital extranjero invertido para financiar la expansión de la producción
agropecuaria, tanto en inversión física como financiera — para cubrir desequilibrios en la balanza de
pagos— imponía fuertes salidas de divisas en concepto de utilidades, remesas de capital e inter-
eses, las cuales normalmente se cubrían con el producto de las exportaciones de productos agro-
pecuarios y con la entrada de capital financiero.
En períodos de recesión, en los que se reducían los ingresos por exportaciones junto con las
entradas de capital, esos pagos representaban una carga muy importante para la economía del
país, lo que ampliaba los efectos directos de las crisis iniciadas en los países centrales.
Estos acontecimientos favorecieron el surgimiento de ciertos tipos de industrias sustitutivas de
importaciones, que se mostraron capaces de cumplir con los requisitos que el funcionamiento del
modelo les imponía. Básicamente, debían coadyuvar a la solución de los problemas de financia-
miento de la balanza, de pagos, al mismo tiempo que amortiguar la caída de la oferta global frente a
las crisis externas, sin imponer costos adicionales (o lo que es lo mismo, sin protección alguna).
Esta forma de sustitución inducida fue emprendida en la República Argentina por los capita-
listas de las grandes ciudades, en su mayoría inmigrantes, aprovechando la infraestructura de
servicios que estas ciudades presentaban. Se iniciaba así un proceso de sustitución de importa-
ciones en industrias cuyos in-sumos básicos provenían del sector agropecuario, capaces de
competir en precios y calidad con las mercaderías importadas cuyos insumos provenían del mismo
origen. De esta forma se fueron desarrollando un conjunto de industrias para abastecer al mercado
interno en los sectores de la alimentación, bebidas, tabaco, textil, de productos gráficos y de la
construcción, etc., sustituyendo de este modo gastos crecientes en importaciones debido al au-
mento de la población y los ingresos reales. Además, nacían como fruto del ahorro interno y no
estaban ligadas a la corriente internacional de capitales. Por ello, y por usar un alto porcentaje —más
del 60% en el año 1887— de materias primas de origen nacional, el efecto neto que dichas industrias
ejercían sobre el balance de pagos era positivo, en el sentido de que ayudaban a aumentar el
superávit o reducir el déficit.
El proceso de crecimiento y de desarrollo que se ha tratado de d escribir, mostraba el siguiente
135

panorama en el año 1914: los inmigrantes sumaban 2,3 millones de personas sobre un total de 1,8
millones, los ferrocarriles habían pasado de 2.400 km y 800.000 tn transportadas en 1880 a 30.000 km
y 3,5 millones de toneladas transportadas en 1914, y el área sembrada con trigo pasó de
100.000 ha en 1885 a 5,8 millones de hectáreas en 1914. A su vez, la industria abastecía el 71,3% del
consumo de bienes industriales, el salario real había crecido a una tasa anual del 3,2% desde 1896
y la jornada de trabajo se había reducido a 8 horas. El país había alcanzado un alto grado de
modernización y su estructura económica había ganado en complejidad. Por otro lado, su creci-
miento futuro no podía apoyarse más en la incorporación de nuevas tierras fértiles; éstas ya habían
sido totalmente ocupadas.
El sistema económico imperante sufre el primer golpe importante con el inicio de la
guerra mundial que abarca los años 1914 a 1917; este hecho provocó un primer efecto inmediato
en el país: la caída brusca de la demanda de importaciones y la entrada de capitales durante el
período de su duración. A partir de 1917, el país se recupera rápidamente de estos efectos: el
volumen de las importaciones aumentó a una tasa media anual del 6,6% entre 1916/1917 y 1928/
1929, el PBI a una tasa del 6,8% de 1917 a 1929, el sector "industria manufacturera y minería"
creció al 7,8%y el de la construcción al 19,5%.
Pero este impulso no provenía ya del dinamismo de la economía europea y en particular de la
inglesa —que estaba en vías de estancamiento— ni de la expansión del ferrocarril ni tampoco
podía sostenerse por la creciente producción de la pampa húmeda que ya estaba totalmente
ocupada. Algunas cifras mostrarán la importancia que en la expansión registrada durante este
período tuvo el proceso sustitutivo llevado a cabo por los capitalistas argentinos y las inversiones
estadounidenses en industrias sustitutivas: la producción de «productos de la madera» aumentó
durante esos 12 años a una tasa anual acumulativa del 10,3% , la de «papel y cartón» al 12,8% , la de
«imprenta y publicaciones» al 11,8% , la de «petróleo» -de 1922 a 1929- el 144%, la de
«productos del caucho» al 12,7% , la de «metales excluida maquinaria» al 15% y la de «vehículos y
maquinaria excluida la eléctrica» al 20.4% . Durante toda la década del veinte el modelo
liberal económico dominante funcionó a favor de la República Argentina, permitiendo un
importante desarrollo industrial ahorrador de divisas en el mareo do una economía abierta
como un producto endógeno al funcionamiento del sistema. El optimismo podía seguir
reinando.
El financiamiento del crecimiento a trasvés del sector externo podía mantenerse propiciando
acciones tales como la expansión del sector exportador no tradicional, o con la incorporación de
tecnología ahorradora de tierra en el sector agropecuario (aumentando la producción por hectárea y
con ello la oferta exportable), o con el aumento de la participación del sector sustitutivo de impor-
taciones para tratar de disminuir la proporción del ingreso que se gasta en importaciones.
Sin embargo otras cosas estaban pasando no tan prometedoras para el
desarrollo de la economía argentina.
Un primer dato a tomar en cuenta lo constituía el hecho de que las tierras feraces de la pampa
húmeda estaban ya totalmente ocupadas y puestas en producción. Como una consecuencia de ello la
inversión en ferrocarriles comenzaba a declinar. Además el proteccionismo agrícola surgía en
Europa continental como un residuo de la guerra y una manifestación primera del ascenso de los
EE.UU. en su camino hacia la hegemonía mundial, en cuyo transcurso se iría imponiendo una
nueva división internacional de trabajo que tomaría su forma definitiva después de la gran crisis y
terminaría consolidándose con la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
A mediados de la década del veinte nadie esperaba lo que sucedió al finalizar dicha década. En
todo caso podría haberse esperado una crisis de crecimiento, como las ya conocidas, que luego de un
período no muy extenso de ajuste y sufrimiento permitía seguir avanzando con más fuerza.
Después de la caída, una recuperación de los precios y una buena cosecha era la fórmula conocida.
El fuerte crecimiento industrial que experimentó la República Argentina durante los años de la
década del veinte, acompañado por las inversiones directas en el sector industrial y en el sector
servicios realiza das por los EE.UU. y por Europa, produjo un cambio en el desenvolvimiento de la
economía. Este cambio tiene su origen en un aumento de la salida de capitales por remesas de
inmigrantes, intereses, dividendos, y cuotas de capital. La interrelación entre el sector externo y el
sector interno de la economía era ahora más compleja. Una parte importante del nivel de actividad
interno pasaba a depender de las importaciones de insumos industriales. Desde un principio la
capacidad de importar de la economía argentina se sustentó en la entrada de capitales por
136

préstamos y en las crecientes exportaciones de productos agropecuarios. Estos excedentes eran el


principal soporte del crecimiento del país. Pero a fines de la década del veinte el crecimiento de la
oferta de exportaciones era muy lento y esa circunstancia podía llegar a comprometer el sosteni-
miento de las tasas de crecimiento que se venían registrando en el sector manufacturero. Sin
embargo el modelo agroexportador ofrecía soluciones no traumáticas a estos problemas.
Cuando en el año 1929 estalla la crisis, a poco andarse empieza a apreciar que no era una
simple crisis de crecimiento sino que estaba socavando las bases mismas del proceso económico
dominante. El sistema multilateral de comercio y pagos y el patrón oro son abandonados. Los
mercados mundiales se derrumban y los países centrales se repliegan sobre sí mismos tratando de
defender sus mercados internos aislándose de los mercados internacionales.
El modelo de acumulación basado en el libre comercio multilateral, la libre convertibilidad de las
monedas y la libre corriente de capitales que ello implicaba se destruye al tiempo que aparecen con
toda fuerza las barreras proteccionista que desvirtuarán la libre competencia.
El resquebrajamiento del sistema internacional vigente imponía a sus actores enfrentar un
proceso de cambio sumamente dinámico. En dicho proceso van a mezclarse costumbres y rela-
ciones institucionales decadentes con acciones desorganizadas y anárquicas que contenían en forma
embrionaria lo que sería la nueva división internacional del trabajo.
Aparecen en la superficie algunos elementos salientes de carácter económico (proteccionismo) y
político (nacionalismos), que venían gestándose en el sistema desde la finalización de la Primera
Guerra Mundial y que ejercerán una influencia decisiva en el proceso que comenzó un viernes de
octubre de 1929 en la bolsa de New York y que recién terminaría cuando quedara definitivamente-
consolidado e) nuevo orden económico internacional al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Algunos hechos salientes que se gestaron durante la década, del veinte y que signaron el
proceso económico de los años futuros fueron constituidos por:
1. La irrupción en la estructura productiva de los países centrales de la gran empresa
monopólica u oligopólica y de las restricciones que éstas imponen al funcionamiento de la
libre competencia. Las grandes invenciones dejarán de ser atributo de investigadores
aislados para pasar a ser propiedad de las grandes empresas, lasque dedicaran, a partir de ese
momento, sumas importantes a la investigación y al desarrollo de nuevas, técnicas de
producción y de nuevos productos.
2. La fuente de energía básica que impulsará el crecimiento pasa del carbón al petróleo. Este
hecho desvía la localización geográfica de la fuente principal de energía —que deja ya
de estar en Europa con el carbón—y pasa a localizarse en América y en el Medio
Oriente con el petróleo. Las fuentes de energía de este origen que quedan en Europa
están desde 1.917 en manos de los comunistas, que habían dejado de participar
del modo de producción que imponía el modelo capitalista, al cual le habían opuesto
las pautas de comportamiento del modelo económico-social marxista leninista. El cambio
de la fuente de energía promueve además una fuerte innovación en el transporte terrestre,
aéreo y marítimo con la in corporación del motor de combustión interna y el desarrollo de
la petroquímica, actividad de la que empezaron a surgir una buena cantidad de sustitutos de
materias primas naturales, acción ésta que no dejara de alentarse ya nunca más en los
países centrales, buscando por este medio (la investigación y el desarrollo de
nuevos productos) independizarse de terceros países proveedores de
materias primas. A partir de la crisis del año 1930, nace entonces un hilo conductor
que guiará el com-portamiento de las grandes potencias capitalistas; el dominio de las
fuentes de energía y el control de los mercados de materias primas o su sustitución por
productos sucedá-neos sintéticos.
3. La consecución de dichas metas se desenvuelve en un mundo signado por divisiones,
alianzas y acuerdos bilaterales entre países como consecuencia directa del derrumbe de las
relaciones multilaterales.
Cada país, para asegurar su crecimiento realizaba acciones dirigidas a concretar algún tipo
de alianzas y/o acuerdos que les permitiera crecer. Estos Acuerdos tendían a ser
económico-militares ya que se afirmaba el convencimiento, entre los países, de que no
sería posible desarrollarse y crecer sin que algún o algunos otros decrezcan. La guerra del
catorce al diecisiete, primero y la crisis del año treinta después lesionan gravemente
137

al imperio inglés, tanto que, a partir de dichos acontecimientos comenzará su decaden-cia


y el ascenso primero de los EE.UU. y luego de Alemania y Japón en sus respectivos
caminos hacia el crecimiento económico. Para ello necesitaban contar con los mercados
de materias primas y las fuentes de energía.
4. La quiebra de la libre competencia, una de las banderas más importantes levantadas por
el liberalismo para el mejor desarrollo de una sociedad próspera y los primeros efectos
positivos de las medidas proteccionistas adoptadas junto a otros condicionantes de tipo
social y político (por ejemplo: la lucha contra el comunismo) dieron nacimiento a modelos
de organización política y social corporativos, que ejercieron una enorme influencia en
esta década de cambio del sistema económico mundial que se inició con la crisis del año
1929 en los EE.UU.

El sesgo económico del que este escrito adolece hace que se hayan destacado sólo algunos
hechos políticos y sociales que se dieron durante esa década que ayudan a explicar la respuesta que
la República Argentina dio a la crisis, conocida en el país como «crisis del 30». La enumeración
precedente de ninguna manera agota los condicionantes principales de lo que fue para el mundo una
etapa de crisis, con persecuciones, guerras y matanzas que se extendió desde 1930 hasta 1945.
Lo dicho nos permite apreciar que lo que debió afrontar el país a partir de la crisis de 1930 tiene
muy poco que ver con las crisis dé crecimiento del sistema que el país ya había afrontado exito-
samente con anterioridad.
A partir del año 1916 la República Argentina había reforzado su estructura liberal capitalista
adoptando la democracia política como forma de gobierno. Y es durante este período que la in-
dustria sustitutiva de importaciones ahorradora de divisas crece de manera muy importante, como ya
vimos, junto con los primeros intentos de organización obrera.
En el año 1930, un golpe de Estado militar apoyado por el partido político que representaba a la
gran mayoría de los propietarios de la tierra toma el poder.
La respuesta inmediata a la crisis consistió en continuar con la aplicación del modelo liberal de
economía abierta vigente, tomando algunas medidas equilibradoras de la fuerte caída que se había
producido en los términos de intercambio y defendiendo su participación en los mercados de ali-
mentos en primer lunar. Algunas tic esas medidas —el incremento de derechos a la importación, la
implantación de un sistema de tipos de cambio múltiples con tipos de compra (para el exportador)
inferiores a los tipos de venta (para los importadores), más los controles cambiados que elevan los
costos de los importadores—beneficiaron también las actividades sustitutivas de importaciones.
A medida que se tomaba conciencia de la profundidad de la crisis comenzaron adoptarse me-
didas reactivantes del sector interno. Se devalúa el peso en los año 1931-32 en un 42%, pasando el
tipo de cambio de 2,73 pesos por dólar a 3,88 pesos por dólar, parando la caída de precios que
venía produciéndose desde 1930 y desalentando las importaciones. A partir de 1935 —fecha en que
se crea el Banco Central—, la Argentina sigue una política fiscal y monetaria expansiva. Las
políticas internas aplicadas y la mejora en el poder de compra de las exportaciones del país
dieron por re-sultado la recuperación que la economía experimentó en el período 1933-39.
El éxito que obtiene la República Argentina con sus medidas de estabilización se debe al lugar
importante que ocupaba en el abastecimiento de ciertos mercados de productos agropecuarios
como los del maíz, lino v carnes -lo que le otorgaba un margen aceptable de poder de negocia-
ción— y, además a los bajos costos de producción y a la capacidad del sector para adaptarse a los
cambios en los precios relativos, sacando el máximo provecho de la feracidad de la pampa húmeda e
incorporando otras zonas aptas para la producción de cultivos especiales (peras, manzanas,
uvas).
De 1935 a 1939 el volumen de las exportaciones con respecto a un índice de 100 para el
período 1925-29 cayó a 93,5 (en carnes al 89,3 -representaban el 13,6% del total de las exporta-
ciones-, en cereales y en lino al 91,1 -representaban el 54,4% del total de las exportaciones-). Estas
caídas fueron parcialmente compensadas con subidas a 111.5 en lanas —representaban el 11% del
total exportado- y al 176,6; 189,3, y 122,7 en frutas y vegetales frescos; otros productos agrí-colas
(algodón), y otros productos manufactureros (aceites comestibles, conserva de tomates)
respectivamente.
138

En ese mundo de alianzas y mercados cautivos, ei socio económico natural de la República


Argentina debía de ser Europa —y en especial Inglaterra— por la complementariedad de sus
res-pectivas economías y por los fuertes lazos económico-financieros que los unían.
Pero el sistema de libre comercio, para el Reino Unido, comprendía a los tratados y conve-
niencias de la Commonwealth, y la República Argentina no pertenecía a la Commonwealth. La
prueba de ello es que, a pesar del pacto Roca-Runciman (que tan alto costo político tuvo para los
defensores del pensamiento económico-político liberal), la participación del país en las importa-
ciones de carne bovina totales de Inglaterra cayó del 75%en 1932, al 62%en 1938.
Vender a menor precio la mejor calidad ya no garantizaba la colocación del producto en el
mercado; los arreglos políticos de bloques estaban por encima de los mercados libres. El creci-
miento del país, que hasta no hacía mucho tiempo dependía de la expansión del comercio inter-
nacional y de las ventajas comparativas que había alcanzado, pasaba ahora a depender del éxito que
pudiera lograr en la negociación económico-política que emprendiera con algún país o conjunto de
países. Esto era así porque los países centrales, en sus restricciones al comercio, iban mucho más allá
de la búsqueda de un arancel que les permitiera equilibrar sus términos de intercambio. Este
recurso, que hubiera permitido mantener un flujo normal de comercio libre, no alcanzaba a
equilibrar sus economías frente a países como la República Argentina que exportaba volúmenes
importantes de productos críticos, como los alimentos, y que a su vez, avanzaba muy rápidamente en
un proceso sustitutivo de importaciones que disminuía su demanda de importaciones en respuesta
a las políticas proteccionistas que aquellos mismos países le imponían. Como un ejemplo de ello
vemos que, entre 1925-29 y 1937-39, la fabricación de productos textiles en el país creció a una tasa
anual del 11 % y la producción de petróleo a una tasa anual superior al 7%, desplazando las
importaciones de productos textiles y coque, de los cuales el 50% provenía de Inglaterra.
La defensa de los mercados de exportación tradicionales, junto con un proceso equilibrado
—con respecto a su costo en divisas— de sustitución de importaciones, hacía que la República
Argentina fuera mejorando su situación frente a terceros países. El caso de Inglaterra es claro: el
tratado de Roca-Runciman, que aparece como desfavorable —se perdió una parte de la participación
en el mercado inglés de carnes— y políticamente condenado —por las concesiones que
se hicieron, junto con declaraciones desafortunadas de algunos de sus gestores—, si lo
miramos dentro del contexto global del comercio del país con Inglaterra, vemos que se amplía
favorable-mente su posición comercial, ya que es más lo que se deja de importar desde Inglaterra
(lo que se sustituye) que lo que se le deja de vender.
Es claro que la persistencia de una manera de ver al país —desde el punto de vista económi-co
— insertado plenamente en el mercado mundial, hacía que se aceptaran sus reglas de juego,
máxime cuando la Argentina seguía respondiendo positivamente a ellas, a pesar de los cambios
que se estaban produciendo. El adaptarse a esos cambios —principalmente al proteccionismo de los
países centrales— era el principal motor del proceso sustitutivo de importaciones. Por
más grandes que fueran las dificultades por las que atravesaba el mercado mundial, siempre se
trató de buscar en él los estímulos para crecer. Se seguía viendo al comercio exterior como al
sostén del crecimiento del país. Así, en plena guerra mundial —1941— se crea la Corporación
para la Promoción del Intercambio, dependiente del Banco Central de la República Argentina, con el
objeto de promover la exportación de productos no tradicionales, especialmente a los EE.UU. y
á América Latina.
Los dirigentes más lúcidos de la época estaban convencidos de que había finalizado la etapa de
crecimiento inducida por la economía europea. Los cambios políticos y económicos que se estaban
produciendo en esos países cargaban de incertidumbre el futuro de las relaciones económicas
internacionales.
En el año 1933 se escuchan las primeras voces oficiales haciendo claras referencias a la ne-
cesidad de promover la actividad industrial a través de la obra pública y de la sustitución de im-
portaciones ahorradoras de divisas. No existía ningún plan de industrialización que fuera más allá de
lo dicho. Lo que quedaba claro era que no se favorecería ningún plan o proyecto de industria-lización
que perjudicara a las exportaciones o sea, que se llevara a cabo a expensas de la agri-cultura y de
la ganadería.
La abundante disposición de mano de obra —desocupación urbana de 1930-33, crecimiento
demográfico y estancamiento rural— permitió que las políticas expansionistas que se siguieron
139

impulsaran la recuperación que se experimentó u partir de 1933 sin que se vieran mayormente
afectados los precios relativos. La mejora que so produce en los términos de intercambio, a partir de
1934, facilitó el mantenimiento del salario real a medida que la desocupación disminuía, al abaratar
relativamente los bienes importados que formaban parte de la canasta do bienes de los trabaja-
dores.
Hasta aquí, puede decirse que el resultado del proceso económico era satisfactorio, pero se
produce la Segunda guerra Mundial a partir de 1939 y aparece en forma demasiado violenta la
importancia de ciertas actividades industriales —extracción y refinación de petróleo, acero, pro-
ductos primarios, maquinaria y equipos, etc.— cuya sustitución no había sido encarada en absoluto
porque este tipo de medidas, en Sus comienzos, aumenta los requerimientos de
importaciones.
Durante la década del 30 el objetivo que se perseguía era el de equilibrar el balance de pagos y
dentro de él se contemplaba la meta de reducir la carga de las importaciones a través de un proceso
sustitutivo que redujera el gasto de divisas. El crecimiento económico de mediano y largo plazo se
basaba en la capacidad exportadora del país capaz de mantenerlo y no en el desarrollo de industrias
básicas, que no presentaban un horizonte competitivo cercano por la falta de un mercado interno
lo suficientemente amplio como para sustentarlo, dado el largo tramo de costos decrecientes
que dichas industrias poseen.
Las tensiones políticas que se generaron durante la década del 30, tanto dentro del país (a
partir del golpe de Estado), como en el resto del mundo con la crisis y la segunda guerra, explicarán
más del 90% de los cambios que, en lo económico, se producirían a partir de la revolución de 1943
que derrocara a los últimos representantes de la facción que tomó el poder en el año 1930.
Ese golpe de Estado de 1943 provocará un profundo cambio político y económico en el país a
diferencia del de 1930, que produce un importante cambio político —la ruptura de la democracia
representativa— mientras, en lo económico, comparten la manera de ver al país y su camino hacia el
crecimiento y el desarrollo con sus rivales políticos.
Así, en el año 1946 el peronismo toma el poder a través de las urnas, en un acto de plena
democracia representativa, con todos los avales para dar vuelta en 180° la marcha de la economía del
país y sus bases de crecimiento y de desarrollo. Consecuente con la clase social que lo sustenta, el
peronismo lleva adelante una política de pleno empleo urbano con aumento del consumo interno,
asegurando la posición económica de los trabajadores a través de la seguridad en el empleo, el
sistema de previsión social, los servicios de educación, societarios y educativos, todo ello dentro de
un proceso creciente de estatización de la economía.
Además, incorpora a la clase obrera a la actividad política orgánica a través de su participación en
un partido político.
En lo económico propone un modelo de economía mixta planificada, autónoma de los grandes
centros ,de decisión capitalista —Europa y EE.UU.—; es precursor también de la unión de los
países menos desarrollados para la defensa de sus intereses económicos y políticos frente a las
grandes potencias, sean éstas capitalistas o comunistas (la idea de la tercera posición).
Una de las ideas-fuerza que lideraba el pensamiento económico del peronismo era la de la
«independencia económica», entendida como opuesta a la dependencia de los mercados externos
sobre la que se asentaba el crecimiento económico concebido por los liberales. Al mismo tiempo se
alertaba sobre la no alineación del país en bloque alguno en que se dividiera el mundo desarrollado
como consecuencia de futuros conflictos. Se iba así trabajando en el diseño de un país que ofre-ciera
desde el punto de vista externo el mayor grado de autarquía posible en función del panorama poco
alentador que ofrecía el futuro del comercio internacional. Por un lado, no se podía descartar la
amenaza de una tercera guerra y, aunque ésta no se produjera, los principales clientes europeos del
país estaban arruinados. El único ganador de la contienda, EE.UU., presentaba una economía
altamente competitiva con la economía del país en lodos los mercados externos, mientras que se
protegía con barreras arancelarias en el único mercado compartido donde aparecía como menos
eficiente, el mercado de carnes bovinas.
Con estas ideas de fondo, y sin ninguna experiencia previa con la cual guiarse, se van tomando
distintas medidas de política económica encaminadas a alcanzar los objetivos señalados, medidas que
irán desalentando poco a poco la producción de bienes comercializables y alentando la pro-ducción
de bienes internos.
140

Para eliminar futuras salidas de capital por pagos de beneficios e intereses, se utiliza el su-
perávit en la balanza comercial a través de la nacionalización de empresas extranjeras y la repa-
triación de la deuda externa. Con esta medida trataba de evitarse también la pérdida que le
significaba al país el bloqueo de sus fondos —en libras esterlinas— que había dispuesto Inglaterra
al inicio de la guerra, porque este activo perdía valor ante los continuos aumentos de precios de
los pro-ductos ingleses e importados en general.
Se profundiza el proceso sustitutivo de importaciones, que venía tomando impulso desde el
inicio de la década anterior por medio de protecciones directas arancelarias y no arancelarias,
tratando de excluir de estos beneficios al capital extranjero. Recordemos que en la década anterior el
proceso sustitutivo lo realizaban los capitalistas urbanos nacionales y las radicaciones de em-
presas extranjeras —principalmente estadounidenses— a las que les resultaba más beneficioso
participar en el creciente mercado interno argentino desde adentro de él que a través de sus
exportaciones. Los beneficios eran verdaderos subsidios explícitos, y se elegía subsidiar a los
productos nacionales. El cerrar el mercado a la competencia extranjera a ultranza, aun en algunos
rubros que habían alcanzado el nivel adecuado de competitividad (zapatos, tejidos de lana y de
algodón, etc.), favorecía la pérdida de productividad y la elevación de la tase de ganancia de la
industria en general. Esta pérdida de competitividad se hubiera reflejado en una caída del
salario real en una economía abierta; por lo tanto y ante el objetivo de maximizar el salario real,
la protección a la industria se transformaba en un mecanismo que se autoalimentaba reclamando
cada vez más protección. Este proceso se mantuvo durante los primeros años de esa etapa,
haciendo uso de las reservas excedentes y de los términos de intercambio favorables que se
produjeron para el país durante los años iniciales de la posguerra. El sector agropecuario
subvencionaba este proceso a través de la política de precios fijada por el gobierno, al tiempo que
era descuidado en su capacidad exportadora.
Al finalizar la guerra se insistió en el proceso sustitutivo a cualquier precio, aun protegiendo
industrias altamente ineficientes que habían surgido por necesidades extremas de abastecimiento de
insumos. Al proteger a estas actividades a través del tipo de cambio y de prohibiciones de im-portar,
muchas industrias eficientes que usaban dichos insumos perdían competitividad y prestigio tanto en
el mercado Interno como en el externo, cerrando así otro posible camino hacia las ex-
portaciones, transformando en este caso a posibles bienes transables en bienes Internos. Por otro
lado, el nivel de actividad interno generado por el proceso sustitutivo depende cada vez de más
insumos importados para mantenerse.
A fines de la década del 40 esta situación hace crisis; caen las exportaciones y las divisas
disponibles no alcanzan para financiar los requerimientos de insumos importados necesarios para
mantener el nivel de actividad alcanzado.
A esta situación no se había llegado por un defecto de la demanda externa, como en ocasiones
anteriores (1930). Por primera vez la oferta, la producción agropecuaria, se mostraba insuficiente
para sostener el crecimiento económico del país. El modeló de crecimiento sostenido por el sector
externo había hecho crisis definitivamente.
El proceso sustitutivo había llegado a absorber todas las divisas disponibles sin haber alcan-
zado a producir internamente la maquinaria y los equipos necesarios para ampliar la capacidad
productiva. La transformación operada en la economía durante la década del 40 se mostraba in-
capaz de generar una tasa de crecimiento autosostenido.
El sector agropecuario había sido duramente golpeado. Los términos de intercambio internos
habían variado en su contra, reduciendo sus ingresos reales, mientras las restricciones del sector
externo impedían al sector invertir en ciertos insumos importados (fertilizantes) y bienes (tractores)
que le permitieran aumentar su productividad y, por ese medio, evitar pérdidas. Además, la emi-
gración de la mano de obra a las ciudades influyó también en la caída de la producción rural. El
sector disminuyó su producción en un 10% entre los períodos 1935-1939 y 1950-1954, mientras el
consumo interno de productos agropecuarios aumentó en un 40%. La capacidad de exportar del
país se había reducido fuertemente. Se podía pensar como una solución la incorporación de capital
extranjero, ya sea para financiar o para llevar adelante directamente la expansión de las actividades
sustitutivas de importaciones. Pero esta solución no aparecía como políticamente viable. Por lo
tanto, mientras se iban tomando algunas medidas que favorecían la producción del sector agro-
pecuario, se mantenía el nivel de actividad a través de industrias que absorbieran pocas divisas
141

(construcción, servicios).
Las medidas adoptadas debían apuntar a favorecer un cambio en los precios relativos favora-
bles al sector agropecuario. Cualesquiera que fueran esas medidas, terminarían presionando hacia
abajo a los salarios reales, salvo que el cambio en los precios relativos proviniera de aumentos en la
productividad o de una baja en las tasas de ganancias.
Las rigideces en los precios relativos que la estructura productiva de la economía del país
presentaba en la década del 50, junto con su incapacidad de financiar una tasa de crecimiento
económico mayor que la de su población —y las medidas que se implementaron para solucionarla
—, fueron la base del funcionamiento anómalo de la economía argentina. Esta se caracteriza
hasta el presente por ofrecer un cuadro recurrente de situaciones de inflación con recesión, y en el
promedio de los últimos 30 años, un cuadro claro de estancamiento económico.
Las medidas de política económica que se tomaron a partir de 1955 fueron netamente coyun-
turales y respondían a la profunda inestabilidad política que se desató en el país con la caída del
gobierno peronista. Fue imposible siquiera mantener o alcanzar un mínimo de consenso para llevar
adelante un plan de mediano plazo que pudiera dar solución al problema central que se había
planteado en cuanto al crecimiento: ¿cómo completar la etapa sustitutiva de importaciones?,
¿cómo alcanzar una tasa de crecimiento auto-sostenida a un nivel mayor que el de subsistencia?
La necesidad de solucionar perentoriamente los desequilibrios en la balanza de pagos, imponía
echar mano de modelos de estabilización de corto plazo, generalmente atados a compromisos
contraídos con los prestamistas representados por el FMI. Estos compromisos tenían por finalidad
el asegurar que el país generara las divisas suficientes como para pagar las obligaciones contraídas.
Para ello, era necesario cambiar los precios relativos internos a favor del sector exportador a través
de una devaluación, eliminando los controles tanto del tipo de cambio como de los precios internos.
Para reforzar el efecto de la devaluación sobre el sector externo se imponía la restricción al crédito
privado y público, junto con un drástico recorte o eliminación directa del déficit fiscal, rara ayudar a
la reactivación que debía producirse una vez que se alcanzara el nuevo conjunto de precios
relativos, se procuraba implementar distintos alicientes para las Inversiones de capital ex-
tranjero.
Esquemáticamente, el proceso que se desataba una vez provocada la devaluación e imple-
mentadas las medidas, comenzaba con un aumento de precios de los bienes importados y de los
productos alimenticios, lo que inicialmente producía una redistribución de ingresos hacia el sector
agropecuario. Esta redistribución de ingresos era absorbida por los propietarios de la tierra y por los
intermediarlos, no así por los obreros rurales, cuyos sueldos nominales no aumentaban, lo mismo
que los salarios nominales de los obreros urbanos. El encarecimiento de los alimentos produce la
caída del salario real y con él, el de la demanda de bienes manufacturados. El sector manufacturero
ve por un lado aumentados sus costos por el encarecimiento de los insumos importados y por otro
disminuida la demanda. Ante esta situación procede aumentando los precios (por los aumentos de
costos) y reduciendo la cantidad ofrecida, provocando desocupación y agravando la caída de la
demanda. Las restricciones crediticias y monetarias concomitantes impulsan al alza a la tasa de
interés. Este hecho pone en peligro la reactivación esperada a través de la producción agropecuaria,
a la vez, que desalienta las nuevas inversiones.
Una vez, superado el desequilibrio externo, la disponibilidad de divisas permite continuar con
el proceso de crecimiento, pero para que éste pueda sostenerse, también debe mantenerse la rela-
ción salarios-tipo de cambio con la cual se alcanzó el equilibrio.
Con la reactivación, la imposibilidad de mantener esa relación estable hacía imponible alcanzar
el pleno empleo sin provocar antes un déficit en el sector externo, llegado a este punto, casi siempre
con distintos actores, con otras caras, y con palabras distintas, el proceso se reiniciaba.
Está claro que una de las causas principales que dificulta el desarrollo económico del país ha
sido y es la escasez de divisas y que las medidas que se implementaron para solucionar el pro-
blema planteado, en el contexto en el cual se llevaba a cabo, no hacían más que agravar la posición
del país con respecto al crecimiento y a la tasa de inflación. El último intento novedoso que se llevó
adelante para combatir esta situación de inflación crónica y estancamiento se basó en la aplicación
de un modelo desarrollado en los EE.UU. por economistas de la escuela monetaria para explicar la
inflación mundial de, fines de la década del 60 y principios de la del 70. A la adaptación de este
modelo para aplicarlo a países «pequeños», en el sentido de ser incapaces de influir sobre los
142

precios de los mercados internacionales, se le da el nombre de «enfoque monetario


del balance de pagos».
Inspirados en las medidas de política que surgen de, dicho modelo, las autoridades económicas
del gobierno de facto combatieron la inflación abriendo la economía y eliminando las restricciones al
comercio; financiaron la necesidad de divisas con la entrada de capitales especulativos. Como
resultado final de esas políticas se eliminó una parte de la oferta interna, tanto manufacturera como
pecuaria, y se comprometió una deuda externa de tal magnitud que ha pasado a ser en este momento
la principal restricción al crecimiento económico.
A fines de 1983 se restablece la democracia en medio de la más grande crisis del sector externo
por la que haya pasado el país. Al mismo tiempo, la cantidad de bienes y servicios que producía la
población en el año 1984 era la mima que producía en 1974. El bienestar de esa población había
caído muy fuertemente en términos reales.
Ese intento de retomar la senda del crecimiento económico sobre la base del modelo agroex-
portador dejó como resabio, además de la deuda externa, una economía sujeta a fuertes presiones
inflacionarias a través del efecto interno del pago de la deuda y de la reducción de la oferta de
manufacturas y, como contraste, un aumento importante de la producción agraria. A partir de 1981, el
proceso de ajuste llevado adelante para pagar la deuda externa provocó que, en 1984, la inversión,
como porcentaje del PBI, cayera de un porcentaje histórico del 20%a apenas un 12%.
Esta caída tan abrupta de la inversión se produce como consecuencia del incremento del su-
perávit en la balanza comercial que se realizó en el período.
El superávit se alcanza con un aumento en las exportaciones del 20% entre 1980 y 1984 y una
caída de las importaciones del 48%. Él PBI cae en el período un 6,1 % y, ante una leve mejoría en los
salarios y el consumo a partir de 1983, el peso del ajuste interno recayó' en la inversión
—disminuyó en el período un 51%—, comprometiendo el crecimiento futuro del país.
A este panorama hay que agregarle una tasa de inflación creciente autogenerada por la gran
variabilidad de los precios relativos y la indexación, lo que hacía que ya no respondiera a los tra-
tamientos clásicos conocidos para combatirla.
Así las cosas, en julio de 1985, se pone en marcha un plan antiinflacionario conocido como plan
Austral, como condición previa a la implementación de un proyecto de crecimiento económico
compatible con la restricción externa que significa la deuda externa.
El plan antiinflacionario consistió básicamente en un cambio del signo monetario, tipo de
cambio fijo, y el congelamiento de precios y salarios, junto con una tabla de desagio a aplicar en los
contratos pactados con anterioridad a la puesta en marcha del plan, y con vencimiento posterior a
éste, para limpiarlos de la inflación «inercial» que contenían, frente al congelamiento decretado.
Con el plan Austral comienza a plantearse ante la sociedad argentina la necesidad, cada vez más
urgente, de afrontar la tarea de efectuar profundos cambios en el funcionamiento de la economía.
Después de un primer año de desarrollo exitoso del plan de estabilización comenzó a hacerse
evidente cuál era el problema central a resolver para que éste, o cualquier otro plan estabilizador,
pudiera tener éxito en el contexto económico heredado de la crisis de la deuda externa.
Más allá de los tecnicismos que explican su fracaso por la incapacidad de las variables con-
troladas para alcanzar sus objetivos (v.gr. ...con fijar el tipo de cambio no se controla el precio de los
bienes alimenticios no transables, flex-price; o, con la fijación y control del precio de los bienes no se
controla el precio de los servicios privados), el plan Austral fracasa porque no se quiso o no se pudo
tomar conciencia de que el Estado que comienza a construirse a partir de la crisis del treinta, el
Estado benefactor, era el que estaba herido de muerte. Su rol de Estado encargado de proveer
servicios, transferir ingresos, otorgar subsidios de todo tipo y actuar como un agente activo en la
generación del producto nacional, produciendo una amplia gama de bienes económicos se había
cargado de ineficiencia y perdido su financiamiento como consecuencia de la política económica
implementada por el gobierno de facto. La red de regulaciones que sostenía a este tipo de Estado
benefactor había sido fuertemente dañada como consecuencia de la política económica que se
pone en marcha a partir de abril de 1976 y que cambia fundamentalmente los parámetros de fun-
cionamiento de la economía que se habían impuesto a partir de la crisis del año treinta.
Del Estado benefactor se pasa al Estado subsidiario sin solución de continuidad a través de un
golpe de Estado.
Esta nueva filosofía manifiesta una confianza total en los mecanismos del mercado y en el
143

papel clásico del Estado como prestador de servicios de seguridad, justicia y defensa, más algún
otro servicio a definir políticamente como subsidiario.
A partir de este esquema de pensamiento se estableció un programa de liberalización de los
mercados, apertura de la economía hacia el exterior y la eliminación de la malla de regulaciones y
subsidios que constituían el sostén del Estado benefactor.
Lo que a partir del plan Austral, y con el surgimiento de la democracia, se conoce como "planes
de ajuste" son la respuesta que los gobiernos democráticos están dando a la violencia con que se
operó sobre la estructura económico-productiva, y no sólo sobre ella, durante el período 1976-1981,
a través de la implementación del modelo económico conocido como el enfoque monetario del
balance de pagos.
A estos planes se los denomina «de ajuste» por simpatía con la «jerga» económica del FMI
(Fondo Monetario Internacional). Lo cierto es que sus alcances van más allá de lo puramente
económico como que implican redefinir el rol del Estado y su financiamiento frente a los cambios
económicos, políticos y tecnológicos que se están produciendo en el mundo, tratando de insertar el
país en el nuevo orden internacional que se está gestando.
El plan de Convertibilidad vigente al momento de este escrito ha tomado en cuenta toda la
experiencia pasada y los condicionamientos y tendencias presentes en el marco de la crisis interna y
externa. En el proceso de cambio se ha puesto énfasis en la estabilidad hacia adentro y en el
fortalecimiento de la integración hacia afuera. Con respecto a esta última se ha concretado el
Mercosur que va definiendo los pasos hacia una unión económica futura con Brasil, Uruguay y
Paraguay, además se estudia la Propuesta para las Américas lanzada por el gobierno de los
EE.UU. con el propósito de alcanzar algún tipo de mercado común americano.
Este es el escenario en el que se mueve la República Argentina al presente en la búsqueda de
retomar su crecimiento y desarrollo detenidos desde hace ya quince años.
144

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ ALEJANDRO, C. F., Ensayos sobre la historia económica argentina. Amorrortu, 1975.
FERRER, Aldo, La economía argentina. F.C.E., 1971.
DORNBUSCH, Rudiger. Open economy macroeconomics. Basic Books, N. Y., 1980.
BRAUN, Osear y JOY, Leonard. Un modelo de estancamiento económico. Un caso estudiado en la
economía argentina.
MANDELL, Robert A. The American Economic Review. "The puré theory of international trade".
IRIGOIN, Alfredo M., La evolución industrial en la Argentina (1870-1940).
JOHNSON, Harry, Comercio internacional y crecimiento económico. Amorrortu, 1971.
FERRER, Aldo, BRODERSOHN, M. S. y otros. Los planes de estabilización en la Argentina.
Paidós, 1969.
DE PABLO, J. C, Política antiinflacionaria en la Argentina 1967-1970. Amorrortu, 1972.
4.2.

Población y poblamiento
147

POBLACIÓN Y POBLAMIENTO

RAÚL C. REY BALMACEDA

El estudio de la población de un determinado territorio es preocupación de varias ciencias, que por


ello solapan sus investigaciones. La geografía también aborda esta cuestión y quizá podamos estar
contestes en que su tarea específica es estudiar las causas de la desigual distribución de la población en
la superficie terrestre, para lo cual ha desarrollado ampliamente distintos procedi-mientos y
técnicas, las cuales incluyen la elaboración de mapas coropléticos y dasimétricos muy precisos. Con
respecto a la Argentina, buenos ejemplos de los primeros son los mapas referidos a densidad
demográfica que aparecen en las publicaciones censales; de los segundos, el mapa elaborado por
Daus y García Gaché con los datos del censo de 1947 que, en líneas generales, todavía es válido
para expresar cartográficamente el desigual poblamiento del territorio nacional en su porción
americana emergida, que debe concebirse así y no como un «desequilibrio demográ-fico» (Daus;
García Gache, 1955).
En esta oportunidad no podemos abordar en toda su amplitud la rica temática que emerge del
estudio geográfico de la población de nuestro país y limitaremos nuestra tarea a dos objetivos
plausibles: en primer lugar, comentar algunos resultados del censo efectuado en 1980, que inte-resan
para tener una visión global de esa población, apoyándonos en un cuadro que resume los indicadores
de mayor interés geográfico y, en segundo lugar, aprovechamos los aportes de un trabajo anterior,
en el que estudiamos la distribución geográfica de las distintas estructuras de-mográficas existentes
en nuestro país. Es evidente que abordar toda la temática involucrada en el título de este trabajo
significaría concretar un grueso capítulo que rebasaría el equilibrio que debe regir en una obra como la
presente; por lo demás, en los capítulos dedicados a la geografía regional podrán hallarse las
explicaciones adecuadas con mayor detalle.

Algunos resultados del Censo de 1980

El cuadro que acompaña a estas líneas permite advertir las variaciones que, en los distintos
indicadores que lo constituyen, presentaba la población argentina en 1980 con respecto a los años
censales anteriores. El presidente del Comité ejecutivo del Censo de 1980, Dr. Guillermo C. Bravo,
proporcionó en su momento un buen balance de los resultados de ese censo (Bravo, 1982), que
utilizamos ahora con provecho. Comentarios sobre las características del mencionado censo se
incluyen en una publicación oficial (Argentina. Los censos de población del 80).
La primera cuestión a considerar es el crecimiento de la población que, al alcanzar en 1980 casi 28
millones de habitantes, excedió en 900.000 personas al total esperado, lisa cifra —que implica un
crecimiento anual de 500.000 personas- es resultado de la efectividad de la operación censal y también
del aumento de la tasa de crecimiento medio anual, declinante desde 1914.
El proceso de urbanización siguió su ritmo secular y en 1980 sólo el 17%de la población del
país vivía en áreas rurales. Lo interesante es que el Gran Buenos Aires (que es la gran urbe que resulta
de adicionar a la ciudad de Buenos Aires la parte de los partidos bonaerenses que la prolongan como
mancha urbana) mostró una tendencia declinante con respecto a todo el país, pues, de constituir el 36%
en 1970 alojó sólo al 35% en 1980. Si bien el porcentaje de marras es exiguo, lo que interesa subrayar
es que la tendencia prevalente en las migraciones internas —o sea, la marcha hacia el Gran
Buenos Aires— parece haberse interrumpido o disminuido significativamente. En cambio, las
capitales provinciales han aumentado su población en alto grado, lo que demuestra que subsiste la
migración rural-urbana pero constreñida a los ámbitos provinciales. Tanto es así esto, que
existe una información corroborante: los centros urbanos (localidades con más de 2.000
habitantes) del país pasaron de 589 en 1960, a 612 en 1970 y a 712 en 1980.
Ese crecimiento de la población de las capitales provinciales alcanzó significativa relevancia en
todo el país. Así, no debe extrañar que en el sector de ocupación discontinua, en el que el poblamiento
se presenta en forma de oasis, las ciudades capitales (o bien la más populosa de la jurisdicción)
retengan gran parte de la población provincial: 61,8% en San Juan; 50,2% en Mendoza; 42,8% en
Catamarca. En el sector de ocupación continua los porcentajes también son elevados: 40,8% en
Córdoba; 39,8% en Santa Fe.
148

Desde un punto de vista regional, interesa destacar que tanto la Patagonia como el Noroeste
aumentaron su población relativa, en tanto que la disminuyeron no sólo el Gran Buenos Aires sino
también la región pampeana (Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y La Pampa), la región
cuyana (Mendoza, San Juan y San Luis) y el Nordeste (Misiones, Corrientes, Formosa y Chaco). Será
necesario esperar hasta la realización de próximas operaciones censales pañi aquilatar los
verdaderos alcances de estas comprobaciones, y para ponderar el proceso de desplazamiento del
centro de simetría de la población del país (Rey Balmaceda, 1961).
Con respecto al bajo porcentaje de la población rural (17%), ya señalado, cubo manifestar que el
censo indica que el 27% de los jefes y el 17% del personal de trabajadores agropecuarios viven en
pueblos de más de 2.000 habitantes, es decir, han sido censados como habitantes urbanos aunque
trabajan en el campo. Esta situación no debe asombrarnos, pues se trata de un fenómeno de carácter
mundial.
Un hecho interesante de la población argentina es la detención de su envejecimiento, que in-
interrumpidamente se producía desde 1869. Si consideramos (véase cuadro N° 1) la mediana de
edades (o sea, la edad que divide la población en mitades) comprobaremos que se produjo un leve
rejuvenecimiento en 1980, que puede explicarse por dos razones. Por un lado, el incremento de la
natalidad y por el otro la juventud de la población extranjera proveniente de los países limítrofes,
que efectúa un poblamiento de carácter centrípeto (Rey Balmaceda, 1966).
Interrumpida la inmigración aluvional proveniente de ultramar, los sobrevivientes son personas de
elevada edad que inciden en el envejecimiento de la población, pero su menor número progresivo
hace que esa incidencia sea cada vez menor. Además, la inmigración actual proviene de países
limítrofes y aporta personas jóvenes, pero de todos modos es significativa la disminución relativa de
la población extranjera (sólo un 7% en 1980, repartiéndose un 4% para los europeos y un 3% para los
latinoamericanos); también se ha reducido su número absoluto, que de 2,4 millones entre 1947 y
1970, disminuyó a 1,9 millones en 1980. La localización de esta población extranjera mantiene las
pautas tradicionales (Rey Balmaceda, 1966).
Otro hecho importante para evaluar las características de la población argentina actual es la
disminución del analfabetismo y el aumento —tanto en montos absolutos como relativos— de las
cohortes estudiantiles en todos los niveles. Quedan, empero, graves problemas por superar como, por
ejemplo, el referido a la problemática educativa de la población dispersa (Rey Balmaceda, 1978).
Este aumento tic la población estudiantil trae como consecuencia lógica un ingreso más tardío al
trabajo, hecho que se adiciona a la posibilidad de adelantar el retiro laboral; ambos hechos traen
aparejada, a su vez, una disminución relativa de la población económicamente activa. Los tres
fenómenos mencionados se adicionan en un mismo sentido: los económicamente activos deben
mantener más personas por más tiempo, todo lo cual produce problemas de orden social que no es
conveniente soslayar (cuadro N° 2).
149

Mapa N° 1. Ocupación del territorio argentino (porción americana emergida).


150

CUADRO N° 1 Indicadores de la población argentina (1869 - 1980)

* (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12)
1869 1.905.973 0,6 106 12 29 77,4 - 18,5 2.5 51 12
1895 4.044.911 1,4 112 26 37 53,3 31 19,9 2,7 45 10
1914 8.042.244 2,9 116 30 53 35,9 36 20,4 2,6 41 10
1947 16.055.765 5,7 105 15 63 13,6 21 24.8 1,6 42 17
1960 20.010.539 7,1 100 13 73 - 18 27 1.5 40 -
1970 23.364.431 8,3 99 9 79 7,1 16 27,3 1,4 39 24
1980 27.947.446 10 97 7 83 5,8 18 27,2 ... 39 23
Fuente: Informaciones censales.

* Referencias:
(1) Censo (año)
(2) Población total
2
(3) Densidad (hab/km )
(4) Tasa de masculinidad
(5) Extranjeros(% )
(6) Población urbana (% )
(7) Analfabetismo (% )
Tasa de crecimiento medio anual (‰) para el período
(8) intercensal precedente.
(9) Mediana de edades (años)
(10) Tasa bruta de reproducción.
(11) Población económicamente activa (% sobre total)
(12) Argentinos migrantes (% sobre población total)

CUADRO N° 2
Composición de la población argentina por grupos de edades

1947 1960 1970 1980


Pasivos transitorios 30,8 30,1 29,3 30,4
(menores de 15 años)

Activos (de 15 a 64) 65.3 65,2 63,7 61,4

Pasivos definitivos 3.9 4,7 7 8.2


(de 65 y más)
Fuente, informaciones censales.

Un fenómeno concomitante que merece ponderarse con toda prudencia, por sus múltiples im-
plicancias, es el aumento del denominado «cuentapropismo», que el censo de 1980 indica como
existente en el orden del 19%, pero que ha aumentado significativamente desde entonces.
La interrupción de la llegada de población extranjera proveniente de ultramar, que era preva-
lentemente masculina (tasa de la población extranjera en 1869: 251), ha tenido otras consecuencias.
Actualmente los extranjeros provienen, como ya se ha manifestado, de los países limítrofes y lo hacen
en forma equilibrada varones y mujeres, aunque prevalecen los chilenos y las paraguayas. Esto ha
hecho sentir su peso en la tasa de masculinidad, declinante desde 1914. Conviene puntualizar que,
en 1980, en la población urbana la tasa de masculinidad era de 93,6 en tanto que en la población rural
era de 115,9 (Rey Balmaceda, 1985b), abrupta diferencia que se explica por el éxodo femenino a
las ciudades y porque la población extranjera paraguaya también sé instala en ámbitos urbanos. Las
más altas tasas de masculinidad en 1980 se encontraban en Chubut (108), en Santa Cruz (128) y en la
Tierra del Fuego (154) y en ello la población de origen chileno hacía visible su importancia.
En el censo dé 1980, por primera vez, se ha introducido una pregunta referida a los movi-
mientos diarios de la población de 14 y más años por motivo de trabajo o estudio. Interesa, por
razones obvias, la información brindada (Censo I980, Serie D, Población, pág. CXXV y ss.) acerca
del Gran Buenos Aires, urbe en la que estarían involucradas sólo 932.000personas, de las cuales
444.820 ingresan diariamente a la Capital Federal provenientes de los partidos bonaerenses
próximos. En su oportunidad realizamos un estudio referido a 1960 (Rey Balmaceda, 1964) y
151

comprobamos entonces que aproximadamente 1.530.000 personas ingresaban diariamente a la


ciudad de Buenos Aires por desplazamiento pendular; posteriormente la profesora Susana Kralich,
con nuestra dirección, realizó un estudio similar con fines comparativos pero referido a 1980 y
comprobó que el guarismo que nos interesa había aumentado a 1.617.000 personas, aproxima-
damente. Como en la publicación censal se hace referencia a un cuadro estadístico que no se
incluye, nos vemos imposibilitados de desentrañar el origen de la disparidad advertida, si bien se hace
referencia a un «cuestionario ampliado». De todos modos queda en claro la enorme Influencia que la
ciudad de Buenos Aires ejerce sobre su entorno inmediato, que justifica plenamente la ex-
presión acuñada por Pierre George acerca de la «turbulencia» que engendran las grandes ciudades.
Es conveniente insertar un párrafo sobre los pobladores ancestrales. Más allá de las dificul-
tades para definir el carácter de «indígena» o «aborigen», cabe recordar que el censo indígena
nacional efectuado en la década 1960-1970 identificó poco más de medio millar de agrupaciones con
un total aproximado de 75.000 personas, distribuidos en casi todas las provincias argentinas. En torno
a la existencia y actividades de estas personas se agitan periódicamente distintas ban-deras en
nuestro país.
Una cuestión preocupante es la cantidad de argentinos que viven en el exterior, que algunas
apreciaciones hacen ascender a medio millón de personas. Cuestión preocupante no sólo por su
importancia intrínseca sino también porque muchos de esos argentinos poseen formación científica y
cultural de primer nivel, lo que otorga a nuestro país el poco favorable privilegio de soportar un
braindrain significativo.
A modo de consideración final cabe manifestar que si se mantienen las tendencias advertidas es
posible que alrededor de 40 millones de personas habiten nuestro país en el año 2000, lo que por cierto
nos convertirá en uno de los menos poblados del planeta si se atiende a la densidad bruta (Rey
Balmaceda, 1979). La gran mayoría de esos habitantes vivirán en centros urbanos —en lo que se
coincide con la tendencia mundial—; muy pocos serán analfabetos y muchos poseerán
títulos profesionales de distinta naturaleza; prevalecerán las mujeres (por su mayor longevidad),
y que-darán muy pocos europeos. Queda por saber si para entonces el país contará con una
adecuada política de población que asegure a todos los habitantes su bienestar mínimo (calidad de
vida) y que ponga en práctica pautas idóneas de poblamiento que conduzcan a una ocupación efectiva
de todo el territorio nacional.

Estructuras demográficas y su distribución geográfica

La estructura o composición de una población, entendida como una proporción entre los dos
sexos y entre los grupos de edades, constituye uno de los indicadores más valiosos acerca de sus
características. Se la representa por medio de las conocidas pirámides de población.
Con la colaboración de la profesora Silvia Bardomás realizamos recientemente (Rey
Balmaceda, 1985a) un estudio sobre el asunto a nivel político se secundario (departamentos y
partidos), con referencia al censo de 1980. Distinguimos en primer lugar, ocho tipos de estructuras
con sus respectivas pirámides, que clasificamos en rítmicas (simetría entre sexos y disminución
regular de los valores para cada grupo de edades) y en arrítmicas (con distintos grados de
anomalías). Las estructuras rítmicas están representadas por las pirámides que denominamos torre
Eiffel, triangular y campana; las, estructuras arrítmicas por las pirámides urna funeraria,
rectangular, yunque, doble rectangular y atípicas o irregulares.
Elaboradas las pirámides para cada unidad política secundaria, se las clasificó en relación con los
modelos mencionados. Comprobamos, entonces, que en nuestro país, en 1980, no estaban
representadas las pirámides urna funeraria, yunque y rectangular; las restantes ofrecían la fre-
cuencia que indica el cuadro N°3.
152

CUADRO N° 3
Frecuencia de cada tipo de pirámide
Tipo de pirámide Número de depart. %
Campana 182 36
Doble rectángulo 84 17
Atípica o irregular 82 17
Torre Eiffel 76 15
Triangular 75 15
TOTAL 499 100
Fuente: Rey Balmaceda; Bardomás, 1985a

Identificadas esas pirámides en la pertinente cartografía pudimos comprobar que la distribución


geográfica de las estructuras de la población argentina ofrecía, en 1980, pautas claramente dife-
renciadas, tanto en lo que atañe a la presencia de áreas de homogeneidad como de heteroge-
neidad. Pudimos distinguir, en efecto, la presencia de seis situaciones muy precisas (Mapa N° 2).
1) Un área de homogeneidad que corresponde, lato sensu, a lo que en nuestro país se conoce
como región pampeana, con exclusión —en este caso— del Gran Buenos Aires y con inclusión de
las islas Malvinas. La representación gráfica de la respectiva estructura demográfica está a cargo
de la pirámide tipo campana, que indica un equilibrio entre los sexos, natalidad media a débil,
mortalidad débil y disminución suave de los grupos de edades.
2) Una segunda área de homogeneidad que abarca partes de las regiones habitualmente de-
nominadas Noroeste, Nordeste y Sierras Pampeanas.
La estructura demográfica prevalente está representada por las pirámides tipo torre Eiffel y doble
rectángulo, que denotan las sangrías producidas por la emigración, que hacen perder los beneficios
de una alta natalidad. Los departacorrespondientes a capitales de las provincias involucradas
no responden al modelo descrito pues actúan como centros receptores de población
con crecimiento relativo intercensal (1970-1980) del orden del 35 al 55%.
3), Una tercer área de homogeneidad está representada por pirámides atípicas o irregulares;
incluye parte de la Patagonia y la Tierra del Fuego. Son características la asimetría entre los sexos y el
predominio de adultos jóvenes (entre 20 y 40 años) en el sector masculino. Las causas de estas
irregularidades residen en la inmigración, tanto interna como proveniente de Chile. Tres depar-
tamentos ofrecen condiciones demográficas dispares a las que caracterizan al área: Rawson
(pirámide triangular) aloja a la capital de la provincia, con gran desarrollo de actividades terciarias;
Gaiman (pirámide campana) con intensa actividad agrícola, y Escalante (pirámide triangular) con
asiento de Comodoro Rivadavia y su pujante actividad petrolera.
4) Un área de heterogeneidad representada por el Gran Buenos Aires, integrado en este caso por
la ciudad de Buenos Aires y diecinueve partidos bonaerenses contiguos, de los cuales nueve ofrecen
pirámide triangular y diez la que hemos denominado campana. La pirámide de la ciudad de Buenos
Aires es atípica o irregular pues presenta una forma semejante a un rectángulo muy irregu-lar,
originada por una relativamente reducida tasa de natalidad; se advierte, asimismo, un amplio
predominio del sexo femenino (tasa de masculinidad: 83).
5) Una segunda área de heterogeneidad, relativamente pequeña, se emplaza como una cuña entre
las regiones Pampeana al sur y las denominadas Noroeste y Nordeste al norte. No presenta una
situación demográfica definida, pues en ella aparecen, a veces como vecinas, estructuras
demográficas muy dispares.
6) Una tercer área de heterogeneidad corresponde a un amplio sector occidental de nuestro país
(su porción americana emergida) que se extiende desde la Puna a la provincia del Chubut. La
diversidad de las estructuras demográficas constituye un verdadero mosaico, pues en esa área se
combinan los cinco tipos de pirámides que se presentan en todo el país.

Una veta de trabajo muy interesante, que merece un tratamiento pormenorizado, es la identi-
ficación de líneas de discontinuidad que sirven de límite entre áreas que presentan estructuras bien
definidas. Sin caer en anacrónicos determinismos, es posible advertir que en algunos lugares del país
el cambio de estructura demográfica coincide con cambios de orden físico, particularmente
climáticos y edáficos. Estas líneas de discontinuidad constituyen verdaderos desafíos a la inves-
tigación geográfica.
153

Mapa N° 2. Distribución geográfica de pirámides de población de la Argentina (1980).


154

El censo de 1991

A mediados de 1991 se realizó el censo nacional de población y vivienda que debió efectuarse en
1990. Al momento de redactarse estas líneas sólo se conocen algunos resultados provisionales que no
permiten un cotejo cabal con los correspondientes a censos anteriores y ello impide, obviamente,
formular conclusiones definitivas.
Como quiera que sea, puede manifestarse que las cifras conocidas no ofrecen sorpresas con las
que era dable esperar. La población total censada alcanzó a 32.423.465 habitantes, por lo que la
densidad demográfica de nuestro país era de 11,6 hab./km2 en su porción americana emergida. Por lo
demás, la tasa de masculinidad sigue en descenso (es de 96) y en otras fuentes hemos podido
determinar que también ha disminuido la tasa de natalidad (es de 21). Esto permite inferir que la
población argentina continúa permaneciendo dentro de la denominada «transición demográfica»,
acercándose con algunos altibajos a las etapas finales de la evolución demográfica (alcanzada, por
ejemplo, por la República Federal Alemana antes de 1990 con un «crecimiento cero»).
También ha disminuido la tasa de crecimiento medio anual (0/00) con respecto al censo anterior
pues ahora su monto es 14, es decir, el menor de toda la serie histórica.
El crecimiento relativo intercensal (1991-1980) ha sido muy dispar en la última década. Frente a
un promedio del 16% aparece la actual provincia de Tierra del Fuego con el valor mayor del país:
154%. Le siguen con valores mucho menores pero importantes las provincias de Neuquén (58),
Santa Cruz (39) y Chubut (36); es decir, las provincias patagónicas han tenido el mayor crecimiento
relativo en el periodo. En el extremo de esta estadística se encuentra la ciudad de Buenos Aires
(1,3), que prácticamente no ha variado su monto poblacional, que desde 1947 permanece próximo a
los tres millones de habitantes. Han tenido crecimientos exiguos, por debajo del promedio, las
provincias de Entre Ríos, Santiago del Estero, Santa Fe, San Juan, Chaco, Córdoba y Buenos
Aires.
Este dispar crecimiento a nivel provincial no ha modificado mayormente las evidentes des-
igualdades que existen en la distribución geográfica de la población argentina. En efecto, con las
pocas cifras disponibles hemos podido elaborar un cuadro sinóptico que es suficientemente
ex-presivo (cuadro N° 4), cuyos guarismos —si bien sólo aproximados— permiten advertir
rápidamente esas desigualdades. Es oportuno comparar los dos mapas proporcionados en este
capítulo pues aunque no son absolutamente coincidentes de todos modos señalan situaciones que
la historia y la geografía puede explicar de consuno.
Un párrafo final sobre la inmigración es pertinente. Se ha advertido que en los últimos años las
corrientes migratorias hacia nuestro país, provenientes mayoritariamente de los países vecinos y en
menor medida de otros que podemos considerar como «exóticos» para nosotros, se mantuvieron en
valores estables con tendencia a disminuir. Esta situación es significativa por varias razones pero
la principal se refiere a la posibilidad de que en los próximos años se produzcan, a nivel
mundial, muy importantes desplazamientos de población -espontáneos o compulsivos en los que
estará involucrada la República Argentina, país que aparece en las estadistas globales como
«vacío» (Rey Balmaceda, 1979). Sera necesario, en consecuencia, que rápidamente se elabore una
eficaz política de población para atender adecuadamente a los requerimientos que se
aproximan.
155

Mapa N° 3. Densidad demográfica en 1991 según escala exponencial.

CUADRO N° 4
Relaciones entre territorio, población y uso de la tierra (valores aproximados / porción
americana emergida)
Territ. Población Densidad demográfica Uso prevalente del suelo Tipo de asenta-
2
% % hab/km miento
-1 Exiguo, severamente Disperso
37 1
condicionado
50 18 1 a 11,65 Agropecuario extensivo Discontinuo
11 19 11,66 a 49.9 Agropecuario intensivo Continuo
2 62 50 y más Urbano e industrial Aglomerado
100 100
Fuente: Elaboración propia.
156

BIBLIOGRAFÍA
ARGENTINA. INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y CENSOS. Los censos de población
del 80; taller de análisis y evaluación. Buenos Aires, 1985 (Estudios, 2).
GRAVO, Guillermo C. "Variaciones recientes de la población argentina". La Nación (Buenos Aires),
5 de marzo de 1983.
DAUS, F. A.; GARCÍA GACHÉ, R., "Distribución geográfica de la población argentina y su
representación cartográfica". En GAEA, Soc. Arg, Est. Geográficos. Actas de la XV Semana de
Geografía. Mendoza, 1955, pp. 226-246.
REY BALMACEDA, R. C. "Centros de población de la Argentina, 1810-1960". GAEA (Buenos
Aires), 11,1961: 275-294.
---«Desplazamientos cotidianos en el Gran Buenos Aires, 1960». GAEA (Buenos
Aires), 12,1964:41-91.
—-— "Algunas consideraciones sobre la distribución geográfica de los extranjeros en la
Ar-gentina". Bol. Gaea (Buenos Aires), 68-70,1966: 1-10.
"Problemática educativa de la población dispersa de la provincia del Chubut". En GAEA, Geo-
grafía del Chubut. Buenos Aires, 1978, pp. 62-97 (en colaboración).
"Infrapoblación y sobrepoblación en la República Argentina". GAEA (Buenos Aires), 17,1979:
257-278.
REY BALMACEDA, R. C; BARDOMAS, S. 1985. Estructura de la población argentina y su
distribución geográfica. Buenos Aires, Programa de Investigaciones Geodemográficas.
— La masculinidad en la Argentina. Buenos Aires, Programa de Investigación
Geo-demográficas, 1986 (b).
4.3.
Recursos naturales
potenciales,
parcialmente valorados
158

LOS RECURSOS NATURALES


Lucía L. Bortagaray

Un mosaico natural diversificado, extendido en latitudes medias, con


potencialidades y restricciones en sus recursos de dispar valoración.

Las características que presenta el sistema natural territorial derivan de la interacción de un


geoma o subsistema abiótico (litomasa, aeromasa e hidromasa) y de un bioma o ecosistema
(biomasa), a los que hay que agregar los efectos de la acción antrópica. La proyección territorial de
este geosistema constituye los distintos paisajes, que obedecen a la particular combinación de los
elementos integrantes del mismo1. La Argentina presenta una gran diversidad en su complejo te-
rritorial natural dada la existencia de sistemas en diferentes estados, o sea, por los diferentes valores
que adquieren las variables componentes de los mismos. De ello derivan las distintas oportunidades
de aprovechamiento de sus diversos «recursos».
El estático inventario de los recursos de un territorio carece de sentido en cuanto a la evalua-
ción de los mismos. En la valoración de las potencialidades intervienen otros factores que van
mucho más allá de su calidad objetiva y que dependen pura y exclusivamente de los condicio-
nantes humanos. Los recursos nacen de la interacción de ambos2. Si bien la localización, calidad,
cantidad, renovabilidad, diversificación, complementariedad, proximidad y accesibilidad de los
recursos puede ser evaluada en forma tangible, la tecnología de la que dispone el grupo humano
puede hacer variar su valor. A su vez, intervienen otros factores que derivan de la apreciación que
hace el hombre, de acuerdo con sus necesidades presentes; la jerarquía de los recursos, su precio
internacional y el grado y ritmo de deterioro hacen que su valoración varíe. Todo ello ha hecho que
a lo largo de la historia los recursos cambien en función de las necesidades.
Desde los primeros asentamientos humanos en nuestro territorio sus recursos han comenzado a
aprovecharse, pero el inventario actual de los mismos difiere del de las distintas épocas ante-
riores. No existen recursos susceptibles de ser considerados de forma absoluta; su contabilización
como tal es función de un cierto nivel de desarrollo técnico. Las potencialidades de los distintos
sistemas naturales argentinos no se pusieron en evidencia simultáneamente, más bien se ha dado una
sucesión de apreciaciones a medida que se ocupaba el territorio, respondiendo a los intereses
dominantes en cada momento.
Las culturas indígenas de nuestro país hicieron una valoración dispar, debido a las diferentes
técnicas de que disponían. El área incaica, poseedora de un bagaje tecnológico más avanzado,
pudo ver las posibilidades que ofrecían los recursos hídricos, los cuales usados para riego en forma
conveniente le permitieron aprovechar tierras para la agricultura. Por su carácter sedentario, la
construcción de viviendas permanentes estuvo ligada a los recursos del lugar. Al mismo tiempo, la
flora y la fauna local formaban parte de su sistema geoeconómico. La situación fue diferente en el
resto del territorio, habitado por tribus nómadas que desconocían la agricultura o la practicaban
muy rudimentariamente, como en el Noroeste. El hecho de ser recolectores-cazadores limitaba su
percepción del medio. La pampa fértil carecía del significado y valor que se le asignó posterior-
mente; sólo representaba para ellos el escenario de sus cacerías, en las que prácticamente ba-
saban su existencia. Las civilizaciones no eligen de las posibilidades que el medio les ofrece sino
que ven al medio a través de sus técnicas y tienen las posibilidades que éstas les ofrecen.3
El ingreso de la civilización europea, a través de la colonización hispana, significó el comienzo
de una nueva etapa en la valorización del territorio. Los ganados introducidos por los españoles se
incorporaron como integrantes de los sistemas naturales hasta que, en el siglo XVII, la demanda
externa de cueros hizo que pasaran a engrosare! inventario de los recursos. El litoral, que había
permanecido ajeno a los intereses de la colonización minera, surge a los ojos del hombre como una
nueva oportunidad que ofrece el medio. Este «nuevo recurso» es producto de los intereses
comerciales del momento y la técnica rudimentaria con que se practicó puso en peligro su
existencia. La toma de conciencia del desequilibrio producido puso fin a las vaquerías, que fueron
reem-plazadas por un aprovechamiento más racional.
159

Las exportaciones de cueros primero y de carnes posteriormente, que han perdurado hasta hoy
como un importante rubro, permitieron valorizar la pampa, desde este punto de vista. La potencia-
lidad agrícola de la misma se vislumbró cuando los países industrializados pusieron su interés en las
áreas templadas del mundo. La Argentina, al igual que Australia, por ejemplo, ingresó a la dinámica
internacional cuando incorporó la tecnología, mano de obra y capitales necesarios para movilizar su
riqueza. Todos estos factores externos permitieron la puesta en valor de las tierras pampeanas.
El tendido de las vías férreas, indispensable para extender la frontera agropecuaria, hizo que se
visualizara un nuevo recurso: los quebrachales chaqueños, cuya explotación intensiva comprueba las
características de relativa renovabilidad de los sistemas naturales frente al accionar irresponsable del
hombre. Maderas de otras características, que cumplían la función de actuar como combustibles,
fueron intensamente, explotadas en las tierras marginales semiáridas.
La industrialización del país en el siglo XX, llevada a cabo en diversas etapas, fue un cambio
técnico que tuvo su reflejo en la organización del territorio y en la incorporación de nuevas áreas a la
explotación. La segunda etapa industrial, luego de la Segunda Guerra Mundial, condujo a la puesta
en producción de los yacimientos de los minerales requeridos y, al mismo tiempo, se visualizó la
importancia que tienen como elementos de base para el desarrollo nacional y que por ello no
pueden estar al servicio de otros intereses.
La expansión de la demanda energética y la conciencia de la no renovabilidad de las fuentes
tradicionales llevaron a aplicar las técnicas apropiadas para el aprovechamiento de los recursos
hídricos, lo cual no está exento de las limitaciones económicas.
El rol que desempeña en las cuentas nacionales la producción agropecuaria ha hecho que se
otorgue valor de primera jerarquía a las áreas productoras. La generación de fines de la centuria
pasuda creó el mito del país inmensamente rico, basándose en su propia percepción. Cabe pre-
guntarse en las circunstancias actuales, en que el mercado mundial está inundado de dichos
productos —cuyos precios están en baja—, si seguimos siendo tan inmensamente ricos. El mito ha
cumplido cien años. Este error en la percepción de nuestro medio nos ha impedido ver que la ri-
queza de las naciones pasa por otros andariveles. Es como si el mito nos hubiera eliminado toda
inquietud con respecto a un futuro que creíamos asegurado. Nos quedamos con la tranquilidad que
nos dio el mito. Una vez más se demuestra la relatividad de los recursos, los cuales dependen de las
circunstancias histórico-económico-sociales.
Si bien es cierto que la Argentina posee un complejo territorial natural diversificado, sus posi-
bilidades no sólo dependen de la evaluación absoluta de sus recursos. Asociado al concepto de
recurso aparece el de restricciones, las cuales son el producto de la valoración humana de la si-
tuación con respecto al bien en cuestión. Las restricciones derivan de la apreciación del esfuerzo que
será necesario incorporar para aprovechar un recurso. El rol de las limitaciones o restricciones va
variando con el adelanto técnico, pero disminuirlas o hacerlas desaparecer implica realizar in-
versiones que son, en general, el factor de mayor peso dentro de las restricciones en un país con
fuerte dependencia financiera. Además, en la valoración de las limitaciones también están pre-
sentes las leyes de la economía; la viabilidad de explotación de un recurso está en función de su
rentabilidad. La puesta en producción de los recursos, aun potenciales, significará enfrentar serias
limitaciones de orden tecnológico-financiero, así como también la necesaria consideración de la
fragilidad de los sistemas naturales para no acrecentar el deterioro del medio.

Inexistencia de barreras orográficas de dirección este-oeste


con influencia en la marcha de las masas de aire.

Las precipitaciones constituyen la única fuente de abastecimiento de agua dulce de los conti-
nentes. Es por esto que adquiere particular relevancia la consideración de la dinámica de las masas
de aire portadoras de humedad en la evaluación de la disponibilidad de este recurso de primer
orden.
La posición geográfica del territorio —en el extremo meridional de América del sur— que se in-
160

troduce como una cuña en la zona templada, constituye un factor determinante, ya que en estas
latitudes intermedias se produce el avance alternante de masas de aire tropical y polar, cuya
interacción es muy intensa.
Por su posición en latitud, la dinámica atmosférica del territorio argentino se rige por la
presencia de dos células anticiclónicas en ambos océanos y por la existencia de la faja de bajas
presiones aproximadamente en la latitud 60° S Las células anticiclónicas son manantiales de
masas de aire cuyas trayectorias están definidas por la circulación antihoraria característica
del hemisferio sur. Por este motivo se distinguen dos sectores, claramente identificables,
atendiendo a la procedencia de las masas de aire marítimas que producen el ingreso de vapor de
agua.
EI centro y el norte del país recibe la influencia de la célula anticiclónica del Atlántico,
que aporta masas de aire húmedo y cálido, que ingresan al territorio por el este, norte y
nordeste y constituyen ramas desviadas de los alisios del sudeste. La célula de alta presión del
Pacífico afecta a la región patagónica, proveyendo de aire frío que penetra desde el oeste y
sudoeste. Según afirma Wolcken4, en invierno, con el mayor enfriamiento del continente
comparado con el mar, existe un puente de alta presión que conecta a los dos anticiclones a
través del territorio, en la latitud del centro de la provincia de Buenos Aires, el cual reduce la
entrada de los vientos húmedos del Atlántico; en cambio en verano, al desaparecer dicho puente
y ser reemplazado por una baja presión, la situación es más favorable para la entrada del aire
húmedo. Estas nociones básicas sobre la dinámica atmosférica permitirán comprender una de
las características del sistema natural.
Nuestro territorio es el escenario que presenta las características que inspiraron al
meteorólogo noruego J. Bjerknes durante la Primera Guerra Mundial, al crear el concepto de
«frente». En las latitudes medias es donde se configura la línea de contacto entre el aire frío, de
origen polar, y el aire cálido, de orinen tropical. Ambas masas de aire libran una lucha a lo
largo que un frente de contacto, al igual de lo que ocurría durante dicho conflicto bélico,
avanzando y retrocediendo, permaneciendo con sus características, pero en interacción5. La
zona donde ambas se encuentran se halla aproximadamente a los 40° S y si el aporte de las
mismas persiste, se forma un contraste de temperaturas bastante pronunciado, constituyéndose
así un «frente»6.
Esta dinámica atmosférica es la que determina, en mayor medida, la distribución de las
preci-pitaciones, en la cual la interacción con la orografía aporta su cuota.
La causa principal de las precipitaciones que se producen en la Argentina obedece a
los avances de aire polar y subpolar, que ingresan por la Patagonia y se desplazan en dirección
ge-neral hacia el nordeste. En invierno estas masas de aire llegan, y aun sobrepasan, el norte del
país y en verano, su frente se detiene al sur del litoral fluvial o antes. Su contenido de humedad
es bajo, debido a que esta se concentra en una capa de 1.000 a 2.000 m sobre el suelo y, por
lo tanto, precipita en los Andes patagónicos —cuya altura oscila en tales dimensiones —
y al mismo tiempo permite el pasaje del aire frío7. El avance del mismo ocasiona
precipitaciones, al provocar el ascenso y desalojo de las masas de aire tropical húmedas
que reinan en las latitudes inferiores a 35°-40° S.
Las masas de aire caliente y húmedo del N y NE generan frentes cálidos cuando
adquieren rasgos de inestabilidad. Al ser alto su contenido de humedad, el aire en ascenso
provoca precipi-taciones en las provincias del litoral. En general, sus características no son tan
bien definidas como en el caso de los frentes fríos y son menos frecuentes que éstos8.
La interacción entre las masas de aire polar y tropical suele ser la causa tic
precipitaciones también en los casos de formación de líneas de inestabilidad o de turbonada9, por
la ocurrencia de procesos convectivos a lo largo de una línea frontal. Es el caso del pampero10.
La formación de zonas frontales estacionarias sobre el territorio puede dar Lugar al surgimiento
de ciclones frontales, es decir, depresiones activas. La zona ciclogénica por excelencia es el
litoral y la región del Río de la Plata.11
Aquí se forman los denominados «ciclones del Litoral», que originan precipitaciones en áreas
extensas, y la mayoría de las sudestadas, siendo éstas un fenómeno menos frecuente que se
161

produce por el viento sudeste, fuerte y sostenido, que aporta aire fresco y húmedo del mar. Las
depresiones formadas en el litoral suelen ser desalojadas por masas de aire frío y seco que ponen fin a
períodos lluviosos prolongados.
En este análisis se han tenido en cuenta las causas principales de las precipitaciones; si bien existen
otras, las enunciadas constituyen el origen del mayor porcentaje de las mismas. Todos los casos citados
implican la intervención de masas de aire de distintas características. También se producen
precipitaciones no frontales, como lo son los procesos de autoconvección o las provocadas por el
efecto orográfico. Los estudios realizados al respecto revelan que los procesos frontales superan
ampliamente a aquéllos producidos en una sola masa de aire, entre los cuales tienen importancia las de
efecto orográfico, en algunas partes del país. Precisamente, nuestro territorio, ante la falta de barreras
orográficas en sentido este-oeste, es favorable como campo de esta batalla que libran las dos masas de
aire y que constituye uno de los fenómenos más importantes para la Argentina, desde el punto de vista
climático.

Fuertes contrastes en la distribución espacial


de las precipitaciones y de los recursos hídricos

La Argentina es un país con predominio de climas semiáridos y áridos. Esta es una realidad no
siempre claramente percibida por sus habitantes. El mito de la pampa húmeda ha condicionado la
imagen del propio territorio, especialmente en los pobladores de esta región, y no ha permitido
captar la verdad en su real dimensión. Lo cierto es que la pampa húmeda y la parte nororiental del país
es el sector más extenso que posee excesos de humedad.
En la distribución de las precipitaciones intervienen dos factores fundamentales: la posición
geográfica y la influencia del relieve. En cuanto a la primera, la latitud determina que el territorio
reciba masas de aire húmedas del Atlántico y del Pacífico, cuya acción es consecuencia de la
interacción con el relieve. Las grandes extensiones llanas en la parte oriental permiten la libre
circulación de ambas masas de aire. El contacto entre las mismas ocasiona inestabilidad at-
mosférica y determina que las lluvias frontales sean el proceso genético más frecuente. La función
—más efectiva— que cumplen los Andes patagónicos al impedir el ingreso de vapor de agua desde
el Pacífico, hace que la mayor par te del agua precipitable esté contenida en las masas de aire
caliente que provienen del Atlántico. Estas, al desplazarse hacia el oeste, sólo aumentan el caudal
precipitado ante la presencia de elevaciones que activan nuevamente la condensación debido al
movimiento convectivo.
Básicamente, estos son los procesos que determinan la existencia de porciones del territorio con
lluvias abundantes como las que se registran en Misiones, de más de 1.600 mm, y en la cordillera,
aproximadamente a los 42° S, de más de 4.000 mm. También quedan definidas las áreas de precipitación
mínima, como por ejemplo San Juan, donde hay lugares en los cuales no alcanzan los 100 mm anuales.
Estos datos extremos hacen que la lluvia promedio del país sea de 515 mm12, los cuales están muy lejos
de repartirse equitativamente sobre el territorio. Muy por el contrario, casi un tercio de la superficie
continental recibe menos de 200 mm anuales y existe una concentración en un 1% de la superficie que
recibe más de 1.500.13
En la configuración de la riqueza hídrica superficial, las precipitaciones juegan un rol prepon-
derante, pero no es el único factor interviniente. Las áreas que tienen exceso de agua son las ori-
ginadoras del escurrimiento superficial, debido a que coinciden con las máximas precipitaciones, y en
ellas el balance hídrico resulta positivo, al ser mayor el volumen precipitado que la evapo-
transpiración en el balance anual. Por este motivo, los conceptos de exceso o de déficit de agua son
relativos y resultan de la compulsa entre precipitaciones y evapotranspiración potencial.
La delimitación de las áreas de exceso y de déficit de agua explica la riqueza hídrica superficial,
aunque en algunos casos ésta se ve reforzada por un aporte extraterritorial. El cartograma muestra tres
áreas de exceso de agua. Dos de ellas corresponden a fajas longitudinales, producidas por efecto
orográfico en las Sierras Subandinas y en los Andes patagónicos, y la tercera está constituida por la
mesopotamia y la parte oriental de las regiones chaqueña y pampeana. Los máximos excesos medios
de agua anuales ocurren en Misiones (700 mm), selva tucumano-oranense (200 mm mm) y en el área
162

aledaña al lago Nahuel Huapi (500 mm)14.


Las áreas de deficiencia de agua ocupan la mayor extensión del territorio. Los centros de aridez
máxima cuyas deficiencias alcanzan entre 600 y 800 mm son cuatro: el oeste chaqueño, el centro y
norte de la Patagonia, los valles calchaquíes y San Juan y sectores llanos de Catamarca y La
Rioja.15
Los resultados del balance hídrico se manifiestan en los caudales de las corrientes de agua
superficiales. Según estimaciones16, la sumatoria del caudal de los ríos argentinos es de 21.686 m3/
seg lo cual equivale a un caudal específico de 7,8 1/s/km2. Este último es indicativo de la producción
hídrica teórica de cada unidad de superficie y refleja las condiciones climáticas imperantes. Como
dato comparativo, el caudal específico de la cuenca del Nilo es 0,8 1/s/km2, el del Amazonas 31,8 1/s/
km2 y el del Danubio es equivalente a nuestro promedio nacional.17
Estos valores medios no reflejan la verdadera distribución de los recursos hídricos, los cuales se
reparten en el territorio en concordancia con los contrastes pluviométricos. El cuadro N° 1 puede
constatar tal aseveración.

CUADRO N° 1 Distribución de los recursos hídricos superficiales

% DE LA SU- m3 CAUDAL
VERTIENTES O SUPERFICIE CAUDAL ( CAUDAL
2 PERE DEL ESPECIFICO
CUENCAS (km ) /seg) TOTAL /km2
PAÍS (1 /seg.)
Total del país 2.779.500 100 21.686 100 7,8
Cuenca del Plata 918.900 33,1 18.360 84,7 19,8
Vertiente atlántica 1.051.300 37,8 2.349 10,8 2,2
Vertiente pacífica 37.500 1,3 795 3,7 21,2
Cuencas endorreicas 771.800 27,8 182 0,8 0,2

Casi el 85% de los caudales superficiales disponibles se concentran en la cuenca del Plata y
pertenecen a ella el Paraná, el Paraguay y el Uruguay, los tres ríos más caudalosos. Buena parte de la
misma coincide con el área más extensa de exceso de agua pero al mismo tiempo, por pertenecerle
a la Argentina la parte media e inferior, hay que tener en cuenta que estos ríos también son colectores
de las precipitaciones del área tropical más allá del límite internacional. El resto de esta gran cuenca
abarca una extensa área de déficit de agua en la cual se halla uno de los polos de máxima aridez.
Por esta causa, el Chaco occidental presenta características de aloctonía y arreísmo. La
existencia de afluentes del Paraná y del Paraguay en su margen derecha obedece a la presencia de
elevaciones que actúan como superficies de condensación al obligar a las masas de aire atlánticas a
elevarse. Se destacan las Sierras Subandinas por su rol hidrológico al configurar un área de exceso de
agua y las Sierras Pampeanas, por dar nacimiento a los ríos Tercero y Cuarto. De todas maneras, los
caudales que generan son mínimos en comparación con los del sector oriental18.
El 25% restante de los caudales del país, se distribuyen en el 67% del territorio, donde pre-
domina la aridez. Los ríos de la vertiente atlántica, cuyos caudales representan casi el 11%, nacen de
precipitaciones orográficas, tanto líquidas como sólidas. De todos ellos, los únicos que no recorren
desiertos son los pequeños ríos bonaerenses que son el producto de la convección que ocasionan
los sistemas serranos del sur de la provincia de Buenos Aires. Los ríos patagónicos se originan en el
área de exceso de agua que constituyen los Andes meridionales; los aportes níveos y pluviales que
reciben hacen que presenten regímenes mixtos que más al sur se convierten en glaciarios. A esta
pendiente pertenece el Río Negro, que es el cuarto por su caudal. En el caso de los ríos cuyanos, la
existencia de los mismos está estrechamente ligada a la magnitud que adquiere el sistema montañoso
en esas latitudes de América, el cual obliga a las masas de aire atlánticas a efectuar un gran ascenso,
que tiene como consecuencia las precipitaciones nivales que son su uente de alimentación. De no
existir estas cumbres, tal vez, las características hidrográficas del área endorreica se prolongarían
hasta Cuyo, el escaso caudal específico que presenta la vertiente específico que presenta la vertiente
atlántica refleja la gran superficie de zonas áridas que abarca, las cuales contrarrestan la presencia de
la poco extensa región andina de exceso de agua.
163

La diagonal endorreica representa casi un 28% de la superficie del país y menos del 1% de
los caudales superficiales. Las Sierras Subandinas, en Tucumán, es la única región de exceso de agua
que presenta; da origen a la cuenca más importante de este sector. La parte meridional de esta
región hidrográfica corresponde a la pampa occidental, donde la ausencia de corrientes
superficiales se relaciona con la paulatina disminución de las precipitaciones a causa de la
nivelación del terreno que no provoca cambios de altura en el trayecto de las masas de aire del este.
Más al norte, los macizos serranos ocasionalmente se constituyen en barreras para el pasaje de
aire húmedo. El frente oriental sierripampeano puntano-cordobés desempeña un efectivo rol
hidrológico originando cinco ríos notables, dos de los cuales pertenecen a la cuenca del Piala.
Una vez traspuesta esta línea orográfica, en contadas ocasiones se producen
precipitaciones por acción de los relieves, debido a que las masas de aire no encuentran nuevas
oportunidades de convección, al continuar su trayecto hacia el oeste sin ser obligadas a variar su
altura en correspondencia con la magnitud de las elevaciones. La situación se agudiza en los
valles y llanos que se hallan en lugares de sombra pluviométrica. Por estos motivos, esta región
constituye la de mayor pobreza hídrica del territorio.
Un tercio del país tiene exceso de agua y por él se escurre el 85% de los caudales
superficiales. En el resto de la superficie, exceptuando los Andes patagónicos, impera el déficit
de tal recurso. Donde el agua sobra, los suelos sufren erosión huirica. Donde el agua escasea, es
necesario el riego. La ocupación de los dos tercios del país, donde las precipitaciones y los
caudales son mínimos, obliga a un gran esfuerzo técnico y de inversiones para su puesta en
producción, lo cual significa que deben ser valorados en función de sus potencialidades y de esa
manera se demostrará que no existe ningún determinismo físico; sí oponen limitaciones y
requieren un esfuerzo especial. De todas maneras, existen actualmente economías prósperas en los
desiertos argentinos y las había antes de la colonización. Las restricciones a su ocupación
derivan de la necesidad de invertir capitales para aplicar las técnicas apropiadas.

Presencia y significado de la diagonal árida como


condicionante en la localización y expansión
de los asentamientos humanos

La región desértica argentina forma parte de la denominada diagonal árida sudamericana, que
comienza en la costa septentrional de Perú y se extiende hasta el litoral atlántico patagónico. El
sector norte de la misma está separado de la faja oriental húmeda por un área de transición plu-
viométrica representada por la llanura chaco-pampeana occidental semiárida, la cual, por las limi-
taciones que ofrece a su ocupación, puede ser incluida en esta problemática.
Lu Puna y el cordón prepuneño, las Sierras Pampeanas, la precordillera y los Andes
áridos, con bolsones, valles y llanos interpuestos, comparten las características típicas del
desierto. Depresiones colmadas de sedimentos, producto de la meteorización mecánica
predominante en los territorios en donde el agua escasea, constituyen cuencas endorreicas hacia
donde se escurren las precipitaciones, a veces constituyendo corrientes superficiales,
perdiéndose por infiltración. El balance hídrico negativo quita caudal a los exiguos ríos y la
evaporación, previo ascenso capilar de la humedad existente en los suelos luego de las
precipitaciones, provoca la existencia de mantos salinos en las depresiones. Los conos de
deyección constituyen lugares apropiados para la infiltración de las precipitaciones o del agua
producto de la fusión, por lo cual, ante la pobreza de recursos hídricos superficiales, presentan
situaciones propicias para la existencia de capas freáticas que adquieren gran relevancia
antrópica. Un geoma de tales características determina el desarrollo de una vida vegetal con
características xerófilas. Montes, matorrales, cactáceas, arbustos rastreros, especies áfilas,
halófilas y psamófilas son la expresión de los ambientes heterogéneos, pro-ducto de las
diferentes altitudes, suelos y exposición de los relieves.
El sector sur del desierto se extiende en la Patagonia extraandina con mesetas recortadas por
cañones, morfología fluvial típica de zonas áridas, que tienen pocas posibilidades de presencia de
aguas subterráneas. Ríos alóctonos que pierden parte de su caudal al transitar en ella, representan el
factor físico que ha determinado la complementariedad de los Andes patagónicos húmedos con el
164

desierto de sotavento. Sólo las estepas graminosas y los matorrales arbustivos soportan la escasez,
de agua, las amplitudes térmicas y los fuertes vientos reinantes.
El deterioro natural del medio, provocado por la erosión eólica a través de procesos deflatorios,
afecta al sector semiárido chaco-pampeano y a la Patagonia. Al mismo cabe agregar el producto de
la acción antrópica, como consecuencia de prácticas agropecuarias no apropiadas.
Hablar de desiertos en la Argentina tal vez provoque la extrañeza en interlocutores desaperci-
bidos de esta realidad. Lo cierto es que la mayor parte del país goza de tales características. La
creencia general en cuanto a estos espacios, donde escasea el recurso primordial para el hombre, es
que constituyen territorios homogéneos en cuanto a las manifestaciones humanas en el paisaje y que,
además, el clima es la causa de las bajas densidades existentes. Con sólo retroceder al período
prehispánico caeríamos en la cuenta del error. Las civilizaciones indígenas más desarrolladas
ocupaban las áreas desérticas del noroeste y centro-oeste. Si examinamos la situación actual, nos
excederíamos en las posibilidades de este capítulo al querer explicar el sinnúmero de matices que
presenta la organización de estos espacios.19
En la interrelación del hombre con estos espacios hostiles, los resultados han sido variados. A
las escasas densidades que caracterizan a toda la región se oponen las aglomeraciones de los
valles de regadío. Problemas de deterioro ambiental contrastan con el buen manejo de recursos en
Cuyo. Economías de subsistencia con poblaciones marginadas y emigración en la Puna, bolsones,
llanos y Andes áridos, coexisten con economías que participan del circuito productivo nacional.
Tierras que no han sido objeto de asignación de funciones para integrarlas al quehacer productivo,
comparten el desierto con otras altamente valoradas como la estepa patagónica, capaz de albergar
un cuantioso rebaño que contribuye al producto nacional.
En la caracterización de los espacios hay que tener en cuenta los factores históricos, econó-
micos y sociales que han actuado en su conformación. Las regiones han sufrido diferentes grados de
presión sobre sus recursos. Las tierras áridas, sobre todo, constituyen sistemas muy frágiles
donde las intervenciones parciales del hombre generan fuertes desequilibrios ambientales. Es por
esto que una política de incorporación de áreas marginales requiere un gran esfuerzo técnico que, a
su vez, es financiero. Las prácticas agropecuarias con su correspondiente apoyo, el aprovecha-
miento racional de los recursos hídricos, la incorporación de la producción a los circuitos comer-
ciales, la explotación de recursos mineros, el acondicionamiento para el turismo y otras medidas,
que podrían significar la puesta en valor de éstas extensas superficies, requieren de enormes es-
fuerzos.
Las disímiles condiciones de vida que presenta la región árida contradicen cualquier aprecia-
ción que busque justificar la pobreza de ciertos sectores en las condiciones climáticas, materiali-
zadas por la falta de agua. Herencias históricas, rasgos culturales, modelos de desarrollo adop-
tados, etc., han dejado sus secuelas.
Los factores naturales actúan como condicionantes para la actividad humana, tanto más,
cuando menos se dispone de recursos financieros y técnicos para enfrentarlos. Esto forma parte de
la realidad de los países que soportan un elevado endeudamiento como el nuestro. Enfrentar a la
región árida y desarrollar sus potencialidades con el propósito de hacer más digna la vida de sus
pobladores, que es en última instancia el objetivo de toda tarea de reordenamiento territorial, su-
pone superar los obstáculos de diversa índole que se oponen a esta tarea.
165
166

Recursos forestales parcialmente valorados,


con posibilidades de convertir en forestal al país

Las riquezas forestales del país deben apreciarse en función de la existencia de recursos
desarrollados naturalmente y de aquellos fabricados por la mano del hombre, como lo son los
montes de cultivo que han ampliado la disponibilidad de materias primas.
La superficie que ocupan los bosques naturales o nativos ha sido estimada en 44 millones de
hectáreas y dentro de éstas, 30 millones de hectáreas corresponden a los bosques maderables.20 Las
regiones fitogeográficas abarcadas en la primera cifra son las selvas misioneras y tucumano-
oranense, los bosques subantárticos, los parques mesopotámico, chaqueño y punta-no-
pampeano y el monte occidental. Quedan fuera de esta enumeración las estepas pampeanas,
patagónicas y puneñas, por carecer de bosques.
Las diferentes características que presentan los geomas han permitido la, existencia de biomas
diferenciados, aunque no todos ellos presentan especies arbóreas que permitan incluirlos en el
inventario con fines de aprovechamiento forestal. Las diferentes características ambientales que
presentan las regiones con recursos forestales determinan la variedad en las formaciones vege-tales.
Selvas, bosques y montes ofrecen distintas oportunidades de aprovechamiento.
Las provincias que presentan la mayor cantidad de hectáreas de bosques nativos son Santiago del
Estero (18.6%). Chaco (12.4%), Formosa (13,3%). La Rioja (11,4%) y Salta (11.5%); totalizando el
67,2%. En cambio, considerando la posibilidad de extracción anual en m3/rollizos, tanto para
aserrar como para otros usos, la situación es la siguiente: Chaco (23,3%), La Rioja (11.3%), Formosa
(9,6% ), Salta (8,4%), Misiones (7%), La Pampa (6,4%) y Tierra del Fuego (6%): totalizando el
72%.21 Estas cifras demuestran que la productividad de los bosques naturales no sólo depende de la
superficie que abarquen. También evidencian que las mayores superficies y posibilidades de
extracción, teniendo en cuenta la renta forestal, se localizan en las áreas cálidas y húmedas, de donde
surge el predominio de maderas duras y semiduras que caracterizan a nuestros recursos forestales
naturales.
Según los datos que aporta Tinto22, los volúmenes extraídos anualmente son muy inferiores a la
renta anual. Siendo el volumen anual disponible de 4.701.000 m3, en 1982 se extrajeron 1.406.649
m3, o sea que queda un remanente susceptible de ser explotado de 3.294.351 m3 anuales. El mismo
autor señala que la dificultad que se presenta para el aprovechamiento de este recurso es la escasa
accesibilidad de los lugares donde se encuentra y que, por otro lado, esta cifra indicaría que el país
posee especies forestales que aún no tienen demanda y que la mayor presión de explota-ción se está
ejerciendo sobre determinadas especies, lo cual está provocando el empobrecimiento en las maderas
más solicitadas.
Para suplir la escasez de maderas blandas y eliminar la dependencia del exterior, se han rea-
lizado tareas de forestación en las tierras forestales es decir, en aquellas que tienen aptitudes fo-
restables. Estas suman 16 millones de hectáreas. Los montes de cultivo, según las últimas
estimaciones —que corresponden al año 1983—, alcanzan 732.140 hectáreas. De la
comparación de ambas cifras surge que aún no se han aprovechado las posibilidades en este
aspecto. El 85% de la superficie de estas plantaciones se concentra en Misiones (28%),
Corrientes (15%), Buenos Aires (12,8%), Delta del Paraná (11%), Entre Ríos (7,8%), Río Negro
(5,2%) y Córdoba (5%). Las espe-cies plantadas están destinadas a suplir las carencias de los
bosques naturales, especialmente en maderas blandas, y de esta manera sustituir importaciones.
Las plantaciones que abarcan mayor superficie corresponden a las coníferas (43%): luego la
siguen los eucaliptos (28 %), salicáceas (26%) y otras (3%).
La falta de conciencia forestal en el país se ha manifestado a través de la explotación irracional
que se ha hecho, como así también en la imprecisión que existe en la evaluación del real potencial. La
preocupación por un manejo adecuado so puso de manifiesto en 1948, año en que se sancionó la ley
de defensa de la riqueza forestal. Un dato que en ella se aporta, es digno de ser mencionado por
constituir un llamado de atención en este aspecto. Cuando la proporción de superficie boscosa de un
país desciende por debajo del 20% de superficie, se producen lesiones graves al medio ecológico; en
nuestro país, los bosques y matorrales ocupan sólo el 16%. Hay que tener presente aquí que la región
167

árida Incide en (pie esta cifra sea baja. De todas maneras, es preocupante, ya que la explotación de
los recursos forestales puede provocar serios desequilibrios en el ambiente, debido a las múltiples
funciones que desempeñan en el sistema natural.
Muchas veces se ha citado que uno de los rasgos de nuestro país es el potencial de crecimiento
vegetal mayor, comparado con otros territorios. Al mismo tiempo se ha visto la posibilidad que
existe de forestar y reforestar con especies de rápido crecimiento. Por lo tanto, la expansión de este
recurso es posible. En esta acción, no sólo hay que tener en cuenta una mayor provisión de madera
utilizada con distintos usos, sino también las otras múltiples posibilidades que ofrece. Por un lado, la
vegetación constituye un elemento muy importante del ecosistema y una de sus variadas funciones
consiste en frenar los procesos de desertificación. Dadas las características de nuestro país, este
aspecto adquiere particular relevancia. Por otro lado, los bosques cumplen una función econó-
mico-social de indudable valor. El mantenimiento del capital forestal natural y su incremento indu-
cido, pueden tener importantes consecuencias en el abastecimiento interno, ahorro de divisas y
posibilidades de exportación. Por la ubicación extrapampeana de los recursos forestales, la in-
tensificación de estas actividades, con criterio adecuado, puede tener una repercusión favorable al
constituirse en una fuente generadora de empleos y de ingresos regionales.

Comportamiento naturales sorpresivos derivados de anomalías climáticas

La región húmeda del país, como quedó visto anteriormente, constituye sólo el 25% de la su-
perficie. En esta parte del territorio se desarrólla la mayor producción agropecuaria, la que, al
estar muy ligada a las contingencias climáticas, se ve afectada seriamente cuando éstas adquieren
valores extremos.
Esta faja húmeda, morfológicamente, se caracteriza por la presencia de depresiones que
presentan semejantes problemas y limitaciones en su uso y manejo, con excesos y déficit de agua en
ciclos bien marcados. Entre ellas se destacan la cuenca del Salado, el noroeste de la provincia de
Buenos Aires y el norte santafesino23. Además, la región presenta problemas derivados de la
erosión hídrica donde las pendientes son más pronunciadas.
La unidad morfológica pampa deprimida abarca una superficie de 90.000 km2, en el centro de la
provincia de Buenos Aires. En ella, los desequilibrios climáticos tienen graves consecuencias de-
bido a la horizontalidad de su relieve y a la escasa pendiente hacia el este, que determina una
deficiencia en el drenaje. Esto se ve agravado por la presencia de cordones costeros de conchillas y
las variaciones de las mareas, que dificultan aun más su llegada al mar24. El área presenta serias
dificultades, dado que se producen ciclos de inundaciones y sequías, lo cual hace necesario
efectuar acondicionamientos para situaciones diametralmente opuestas.
En los períodos en que las precipitaciones son menores, se configuran serios déficit hídricos
porque se combinan con las altas temperaturas y elevada evapotranspiración estivales. En cambio,
cuando son cuantiosas en invierno, las dificultades que ofrece el relieve para la natural evacuación,
provocan el anegamiento de extensas áreas de interés productivo y de asentamiento de población,
dificultándose seriamente también el tránsito carretero y por ferrocarril.
En la pampa deprimida existen dos tipos de tormentas. Las más frecuentes tienen una duración
media de tres a cuatro días; pueden producir inundaciones si el suelo está previamente húmedo, lo
cual disminuye su capacidad de infiltración. El otro tipo corresponde a las de desplazamiento lento y
mucha mayor duración, que generan inundaciones extraordinarias. Las grandes tormentas obe-
decen a una persistente circulación anticiclónica, con flujo de aire húmedo tropical que prevalece
por períodos relativamente largos sobre la cuenca. Las condiciones de inestabilidad que genera el
contacto de esta masa de aire con la de aire frío del sudoeste, al sur de la cuenca del Salado,
provoca las lluvias y tormentas que pueden alcanzar centenares de milímetros.25
Las graves inundaciones se producen con una frecuencia media de cinco o seis años,
aproximadamente. Las grandes pérdidas económicas que ocasionan no sólo se limitan a perjuicios
inmediatos; la posterior evaporación de la humedad de los suelos provoca la salinización, cuya
recuperación es muy lenta y afecta a la receptividad ganadera de esta área, que se especializa en la
168

cría extensiva.
El hecho de poseer la parte media e inferior de la cuenca del Plata constituye un hecho favorable
desde el punto de vista de las mejores condiciones de navegabilidad, pero tiene como efecto contrario
la posibilidad de inundaciones. Guando éstas, alcanzan niveles extraordinarios, tienen
incalculables consecuencias por los daños que ocasionan en áreas agropecuarias, urbanas, obras de
infraestructura, etcétera.
Si bien las mediciones de niveles del río Paraná comienzan en 1901, se tiene conocimiento de
grandes crecidas anteriores, a fines del siglo XIX. Según estimaciones inferidas, se registraron las
siguientes crecidas históricas cuyos valores frente a Corrientes fueron26:

1612 y 1749 Habrían superado los 10,5 m


1812 9,53 m
1858 8,95 m
1878 8,65 m

En este siglo se destacan las crecidas de 1905 y 1966 por sus valores elevados, mayor volumen
escurrido y duración más prolongada que las demás. Sus niveles fueron semejantes a los de 1878. La
más reciente fue la ocurrida en 1983 y es la mayor del siglo XX. La altura frente a Corrientes fue
de 9,02 m y el caudal correspondiente en su momento de máxima de 61.000 m3/seg. Las crecidas de
1905 y 1966 tuvieron como máximos caudales 43.000 y 41.000 m3/seg respectivamente.
Teniendo en cuenta que un caudal de 25.000 m3/seg en Corrientes—que corresponde a una altura
local de 5,5 m— constituye el límite a partir del cual comienza el desbordamiento, se puede tener
una idea de la magnitud alcanzada en 1983.
Esta última crecida fue el resultado de la concurrencia de múltiples factores. Una anomalía
climática hizo que las precipitaciones tropicales que normalmente ocurren en la cuenca del Paraná,
sufrieran un significativo aumento en 1983 y se desplazaran hacia el sur27. El comportamiento de los
ríos no sólo refleja la influencia de su fuente de alimentación, sino que cada cuenca constituye un
sistema donde la acción combinada de los elementos integrantes da un determinado resultado. Entre
éstos tienen importancia las características del relieve, de la vegetación, del uso de la tierra, del clima
y de las condiciones de humedad de los sucios. Cuando en una cuenca ocurren precipitaciones y los
suelos se encuentran previamente húmedos a causa de otras ocurridas anteriormente, su capacidad
de infiltración se ve limitada por la hidratación de las partículas coloidales y por otros procesos que
reducen el tamaño de los intersticios. La consecuencia de esta situación es un mayor porcentaje de
escurrimiento superficial. Los estudios realizados en este aspecto revelan que, en 1983, los suelos de
la cuenca registraban altos valores de humedad, lo cual ayudó a que las cuantiosas precipitaciones
se escurrieran, en mayor porcentaje, en forma superficial. Esta forma de drenaje, al ser más veloz, que
la circulación subterránea, provoca una rápida concentración de los caudales en el colector principal,
provocando altos y bruscos niveles.
La vegetación y las modificaciones realizadas por el hombre también intervienen, dándole ca-
racterísticas a las crecidas. La de forestación colabora con el lavado y compactación de los suelos,
disminuyendo su capacidad de infiltración y produciendo los mismos efectos citados en el caso de
estar los suelos previamente humedecidos. Para que un cambio en el uso del suelo afecte el
comportamiento de un río con una cuenca tan extensa como el Paraná, es necesario que el mismo se
efectúe abarcando una gran, superficie. Por otro lado, si esa fuera la única causa de la crecida del 83,
sus efectos debieron hacerse presentes en los años sucesivos. No se puede negar que la tala de
bosques pudo haber intervenido en forma parcial, pero la causa más importante la constituyeron las
anormales precipitaciones, que también afectaron al oriente boliviano, con la secuela de inundaciones,
y a la costa de Perú, a través del fenómeno del Niño que obedece a trastornos atmosféricos.
Como consecuencia de esta crecida extraordinaria, 4.200.000 hectáreas quedaron bajo las aguas
y 250.000 personas debieron ser evacuadas. Las provincias más afectadas fueron Formosa, Chaco,
Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones, pero sobre todo la margen derecha del Paraná, por su
menor nivel. El caudal máximo de 60.000 m3/seg, registrado en julio de 1983, tendría un período de
retorno de 220 años.28.
169

Alterados comportamientos hidro-edáfico-biológicos derivados


de un inadecuado manejo antrópico de los ecosistemas

Para la ciencia del paisaje, ampliamente desarrollada en la Unión Soviética, el complejo terri-
torial natural resulta de la combinación, en una superficie determinada, de un geoma o subsistema
abiótico y de una biocenosis o ecosistema. Si a este complejo se le añaden los efectos de la
acción antrópica, se lo define entonces como un geosistema. Este concepto es más amplio
que el de ecosistema de los ecólogos que se reduce a la relación de los seres vivos con el
medio. La ciencia del paisaje incluye en un geosistema todo el espacio en donde existen
movimientos de masa e intercambios energéticos29. Para que la acción del hombre no provoque
desequilibrios en el geosistema, es necesario conocer su dinámica y evitar las intervenciones
parciales en el mismo. Precisamente, esta última ha sido la causa de los deterioros en los
sistemas naturales, por la acción del subsistema económico. La única manera de poder apreciar el
grado de sensibilidad del medio, es decir, su tolerancia a la intervención del hombre, es
comprendiendo su dinámica30.
Por la diversidad de ambientes que tiene la Argentina, a lo largo de la historia de la ocupación de
su espacio, se han producido diversos procesos de deterioro, ya sea por las prácticas irracionales
de explotación o por la falta de conciencia del carácter integrado del sistema natural.
La presión por explotación selectiva que han sufrido las masas forestales, ha producido modi-
ficaciones en las mismas. La región chaqueña ha contribuido en gran medida, con sus recursos
forestales, al desarrollo económico del país. El tendido de las vías férreas, la evolución agrícola-
ganadera que necesitó de postes para la potrerización, el uso de la lefia y el carbón con fines
energéticos para el desarrollo industrial y el transporte en las primeras etapas, son sólo algunos
ejemplos de tal afirmación31. La falta de criterio conservacionista y ecológico llevó a
modificaciones en las comunidades y a pérdidas en la superficie boscosa. En el Chaco occidental la
presencia del fachinal, constituido por arbustos de hojas chicas, es el resultado de un bosque
degradado.
La vegetación cumple una importante misión morfogénica e hidrológica; donde ella existe, los
suelos se hallan protegidos — en las regiones secas de la erosión eólica y en las húmedas de
la erosión hídrica; esto adquiere importancia en nuestro país por los fuertes contrastes que
presenta en la distribución de las precipitaciones.
La franja semiárida ha sido y es sometida a un proceso devastador de sus recursos
forestales. La explotación depredatoria del quebracho, con reducción de la superficie de bosques
irremplaza-bles por su lento crecimiento es un claro ejemplo. En San Luis y La Pampa, la intensa
explotación de que fue objeto el caldén por la introducción del ferrocarril y las necesidades de la
Primera Guerra Mundial, ha provocado un intenso proceso de erosión con formación de médanos. En
la parte oc-cidental de las sierras pampeanas, la práctica de una ganadería rústica, sin
técnicas de manejo adecuadas, ha provocado el deterioro de los campos por sobrepastoreo. Al
mismo tiempo, la explotación forestal en el monte, con criterio destructivo, ha dejado como
secuela la erosión de suelos en los llanos y bolsones, con formación de médanos32. La región
semiárida del país, denominada frontera agropecuaria, presenta los ejemplos más típicos de
voladuras de suelos por eliminación de las formaciones leñosas del bosque y del monte.33
Los geosistemas de las áreas semidesérticas y desérticas son altamente vulnerables;
cualquier modificación introducida por el hombre provoca una rápida desestabilización tendiente al
deterioro. La eliminación de la cobertura vegetal activa la morfogénesis, impidiendo los procesos
pedogénicos. No sólo el talado de bosques y de montes es la causa de tales procesos. La
sobrecarga animal provoca consecuencias. Tal es el caso de la Patagonia, donde una de sus
riquezas más Impor-tantes, los ovinos, son la principal causa de los procesos de desertificación. La
recuperación de los ecosistemas del desierto es lenta y difícil. Inciden las limitaciones de agua, las
amplitudes térmicas, la ventosidad, la gran insolación y la correspondiente evapotranspiración— y las
lluvias torrenciales
La eliminación de la cobertura vegetal en regiones húmedas deja a la vista el rol hidrológico
que la misma desempeña. La falta de vegetación acelérala la compactación de los suelos, dismi-
170

nuyendo su capacidad de infiltración y acelerando el escurrimiento superficial, el cual tiene con-


secuencias en la activación de la morfogénesis, a través de la erosión hídrica. Esta adquiere un grado
mayor si los terrenos afectados presentan pendientes pronunciadas. Ejemplos de este tipo se localizan en
Misiones, Salta, Jujuy, Tucumán, Neuquén, Río Negro y Chubut. En las llanuras, la erosión laminar que
provoca el lavado de los suelos; es producto de la eliminación del bosque, como ocurre en el Chaco
húmedo. De esta manera, los compuestos orgánicos son arrastrados por el agua, ocasionando las pérdidas
de fertilidad.34
El laboreo agropecuario sin adoptar sistemas de producción conservacionistas continúa pro-vocando
serios deterioros en la faja húmeda. Prácticas agrícolas que dejan el suelo desnudo en períodos lluviosos
y cultivos efectuados a favor de la pendiente en Entre, Ríos, tierras dedicadas a pastoreo, cultivos anuales
y quema de bosques en Misiones, monocultivos sin prácticas para el control de la erosión en la frontera
agropecuaria del piedemonte sub-andino y el tradicional mo-nocultivo algodonero en el Chaco han sido
las principales causas de la erosión de los suelos35.
La capacidad productiva de los suelos cultivables corre serio riesgo de disminución a causa de los
procesos erosivos. Los procesos de deterioro del ambiente se acentúan con las modificaciones introducidas
por el hombre en los sistemas naturales. El desmonte irracional, el pastoreo excesivo y las prácticas agrícolas
no adecuadas provocan erosión, salinización, inundación, agotamiento de suelos, degradación de la
vegetación y desertización. Una adecuada intervención en el complejo territorial natural implica
determinar el grado de fragilidad de los sistemas, para extraer el máximo de provecho de ellos, sin
degradarlos.

Recursos mineros diversificados con dispar


conocimiento y valoración latente

No hace falta aquí transcribir los tradicionales inventarios de nuestros recursos minerales, que reflejan
la amplia gama de los mismos, pero no aciertan en la explicación de la verdadera pro-blemática del
sector.
Examinado el proceso histórico de la evolución de la actividad minera en nuestro país, es de
destacar; el notable impulso que recibió, sobre todo, a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Este
conflicto marca el comienzo de un decidido cambio en la estructura económica del país, dando lugar al
inicio de la segunda etapa de sustitución de importaciones, basada en industrias que utilizaban las materias
primas minerales y sus derivados. Si bien este hecho alentó la explotación de recursos locales, también
incentivó una mayor demanda de productos del exterior. La apertura de un mercado interno para la
producción minera tuvo sus consecuencias en la puesta en producción de yacimientos.
El sólo inventario de las existencias mineras no es suficiente para determinar si los yacimientos son
explotables. Apriorísticamente, puede suponerse que el extenso macizo cordillerano tiene
potencialidades mineras diversas. A pesar de los importantes aportes de los diferentes planes
cordilleranos llevados a cabo por el Estado, a fin de investigar y detectar recursos, la prospección geológica
es aún incompleta, aunque los resultados de los mismos constituyen un importante aporte.
Ante la necesidad de infraestructura, la estructura agroexportadora privilegió la explotación de
minerales relacionados con la construcción; antes de entrar en crisis, proporcionó las divisas para la
importación de manufacturas, entre las que se contaban las que tenían como base a las demás materias
primas minerales. Ante las circunstancias actuales de los mercados para la producción agropecuaria, no son
convenientes para la balanza de pagos las erogaciones que significan las importaciones de minerales; ésta
sería una buena excusa para activar la producción nacional. Sin embargo, el sector minero está reflejando la
situación por la que atraviesa la economía nacional —caracterizada por una recesión industrial que
repercute en la actividad minera—, limitándole el mercado interno.
Pareciera que existe una cierta concordancia entre la falta de una racional prospección y evaluación
minera y la falta de mercado. Si no existe un incentivo en el consumo, resulta explicable la falta de
decisión para precisar los volúmenes minerales explotables.
Todas las apreciaciones sobre la situación de la actividad minera coinciden en que se halla en un
estado de estancamiento. Los factores que intervienen en la explotación de los recursos mineros forman
una trama intrincada en la cual resulta difícil encontrar el determinante. Tal vez, simplemente, pueda
reducirse a uno: la accesibilidad.
171

Un recurso adquiere el valor de tal cuando cumple una función. La recesión industrial ha diluido la
valorización de los recursos mineros, para los cuales el mercado resulta de esta manera inaccesible. Los
costos de producción no competitivos con los precios internacionales alejan también la posibilidad de acceso
al mercado externo. Muchas veces se ha justificado la falta de explotación de yacimientos por su escasa
accesibilidad —haciendo referencia a los factores físicos— sin tener en cuenta que ésta se halla limitada,
en mayor medida, por otros muy distintos de las condiciones naturales. Uno de ellos lo constituye el
mercado; los demás están representados por los recursos financieros y tecnológicos y, también, por los
intereses en juego.
¿Por qué no se han valorado nuestros recursos mineros? Tal vez un error de percepción nos ha llevado a
creer que las riquezas del país se encuentran en el sector agropecuario, lo cual no es del todo desacertado si
tenemos en cuenta que los mayores ingresos de divisas obedecen todavía a él.
Las regiones con potencialidades mineras no han recibido el impulso dinamizador y, precisamente, por
su característica de extrapampeanas se ven afectadas por un menor nivel de desarrollo relativo. La
explotación de los recursos mineros podría significar la ampliación de la base de sus-tentación económica y
propender al desarrollo regional.

Recursos energéticos de provisión equilibrada, con


expectativa petrolera y potencialidad gasífera

Los estudios realizados por la Secretaría de Energía expresan que el país ha llegado prácticamente al
autoabastecimiento y que dispone de una amplia gama de recursos energéticos, los cuales podrían verse
incrementados mediante su uso eficiente y racional.
Todas las fuentes de energía convencionales se hallan presentes en el territorio y su participación
porcentual en las reservas es la siguiente:
Carbón 5,2%
Uranio 9,6%
Gas 20,5%
Petróleo 13,6%
Hidroeléctricos 49,6%
Combustibles vegetales 1,5%

Resulta evidente la mayor disponibilidad de los recursos hídricos, concentrados especialmente en la


cuenca del Plata, que comprende el 56,8% de los mismos. Le sigue en importancia la vertiente atlántica con
el 39%. Desde el punto de vista regional, el Nordeste posee el 35,6% del potencial hidroenergético, le
sigue el Comahue con 27,1% y el litoral con el 23,8%. El consumo aparente de hidroelectricidad representa
el 12,3% del total, cifra que no muestra correlación con el potencial.
El petróleo le sigue en importancia. La mayor concentración de reservas probadas y probables se
localiza en la cuenca neuquina (43%) y en la del Golfo de San Jorge (32%). Las reservas totales alcanzan
523 millones de t. El consumo aparente representa el 51% del total, o sea, muy por encima de la
participación en la oferta de reservas.
En cuanto el gas, el mayor porcentaje de reservas comprobadas se encuentran en la cuenca neuquina
(64,3%), seguida por la cuenca austral (15,2%) y la del Noroeste (14,6%). El consumo aparente representa
el 27,9%. Las reservas comprobadas y probables ascienden a 787 millones de tep. (toneladas equivalentes
de petróleo).
Las reservas de uranio representan 370 millones de tep. y el consumo aparente abarca el 1,9%. Las
mayores reservas se hallan en la región de Cuyo.
El 99% de las reservas carboníferas se localizan en el yacimiento de Río Turbio. El total de las mismas
equivale a 199 millones de tep. En el consumo aparente participa con 1,5 %.
Los recursos combustibles vegetales han sido estimados en 60 millones de tep y participan con el 4,5%
del consumo aparente.
A pesar de la preeminencia de las reservas de recursos hidroeléctricos, el consumo de energía continúa
dependiendo de los hidrocarburos. El petróleo y el gas natural representan el 90% de la producción primaria
de energía.
172

La diversidad de recursos energéticos disponibles está permitiendo un reacomodamiento en la


participación de cada uno. El tradicional balance energético está variando en sus términos. Len-
tamente se van produciendo incrementos en la participación de la producción primaria de la energía
hidráulica, nuclear y del gas, dada la superioridad de reservas de este último con respecto al petróleo;
en los últimos diez años, éste ha disminuido su porcentaje en dicha estructura.
En cuanto a la evaluación de las reservas, no se ha seguido el mismo ritmo para el gas y el
petróleo. Las de éste no se han ampliado por una deficiente tarea exploratoria; en cambio las del gas,
debido al descubrimiento de nuevos yacimientos, han tenido un notorio incremento. En 1977, los
porcentajes relativos a las reservas de ambos, se invirtieron a favor del gas y su magnitud per-mitirá, a
largo plazo, sustituir al petróleo.

Extensos espacios marítimos con recursos oceánicos


diversificados que esperan su valoración

La Argentina posee un extenso litoral marítimo en el Atlántico Sur. El mar argentino tiene
aproximadamente 1 millón de km2 y apropiadas condiciones físicas para la vida marina. La exis-
tencia de corrientes marinas de diferentes temperaturas, debido a sus direcciones opuestas, de aguas
de surgencia en el borde de la plataforma que oxigenan y aportan nutrientes y de las aguas costeras con
características propias, le imprimen rasgos variables a la masa marina que determinan hábitat
diferenciados, apropiados para las distintas especies. Los estudios de las condiciones de temperatura,
salinidad, luminosidad, etc.; del agua de mar permiten diagnosticar la existencia de medios
adecuados para el desarrollo de una vida marina variada. Desde este punto de vista bio-lógico se
establece la riqueza potencial del recurso y se puede afirmar que la Argentina posee zonas
pesqueras, es decir, territorios marinos con condiciones apropiadas para que se desarrolle una mayor
concentración de especies.
Se ha calculado que nuestro mar alberga unas 300 especies, muchas de las cuales son de alto valor
comercial. Las estimaciones realizadas por el Instituto Nacional de Investigaciones y Desarrollo
Pesquero (INIDEP), ubicado en Mar del Plata, sobre las potencialidades y capturas máximas posibles,
se resumen en el siguiente cuadro:
Especies Biomasa (t) Captura Máxima Anual (t)
Merluza común 3.900.000 557.000
Merluza Austral 293.0.00 59.000
Abadejo 246.000 49.000
Polaca 532.000 106.000
Bacalao Austral 202.000 40.000
Merluza de Cola 424.000 85.000
Merluza Negra 69.000 14.000
Granadero 540.000 108.000
Calamar 467.000 ---------

La comparación de la suma de las capturas máximas posibles anuales (1.018.000 t) con el


monto efectivamente extraído (396.874 t en 1985) es demostrativa del potencial no aprovechado. Tal
cifra indica que el mar argentino es una zona rica biológicamente, pero que no lo es desde el punto de
vista económico, o sea, haciendo alusión al pescado —no al pez— y a la zona efectivamente explotada.
Se puede decir que es una porción del territorio nacional que no se ha incorporado al proceso
económico y que, por lo tanto, no genera riqueza. Esto lleva a revisar los conceptos de pobreza y
riqueza de nuestros "recursos". Para esto hay que analizar otros factores que intervienen en esta
actividad.
En el sector bonaerense, comprendido entre los 35° S y 41°S, las principales especies de captura
son la merluza, la anchoíta, el bonito, la corvina, la pescadilla y el atún. El puerto principal es el de
Mar del Plata, que concentra más del 90% del total de los desembarcos. El mismo cuenta con
instalaciones terrestres que abarcan todas las etapas del procesamiento del pescado, o sea, fileteado,
conserva, salazón, secado, harina y aceite, y los sistemas de enfriado y congelado. Más del 85% de
estas plantas se hallan en este puerto. También concentra las industrias complementarias para la
atención de la flota, como los talleres de mantenimiento, astilleros y fábricas de artes de pesca. Los
sectores patagónico y fueguino abarcan el 60% y 15%, respectivamente,del mar argentino. Las especies
173

más capturadas son la merluza, el abadejo, la merluza de cola, la polaca, la merluza austral y el
granadero. Ni sus puertos ni sus flotas alcanzan los niveles del sector bonaerense. Sus instalaciones
procesan Cantidades pequeñas de los desembarcos de sus escasas unidades de pesca36. Esta
descripción de las instalaciones terrestres de apoyo a la actividad pesquera nos hace dudar de la
existencia de verdaderas pesquerías en nuestras costas, entendiendo como tales al binomio unidad
pesquera de captura-instalaciones terrestres de procesado, preservado y comercialización37.
La flota pesquera está constituida por:

—flota costera: de tipo artesanal, contribuye con un 18%de los desembarques totales. Son
barcos de autonomía limitada que se hallan en alto grado de obsolescencia. Sus costos de
operación son altos por las necesarias reparaciones, alto consumo de combustible y antigüedad de
los sistemas, y equipos de pesca. El 80% de la flota costera tiene base en el puerto de Mar del Plata;
le siguen en importancia los puertos de San Antonio Oeste, Comodoro Rivadavia y Bahía Blanca.

—flota de altura tradicional: constituida por barcos arrastreros que contribuyen con el 65% de
los desembarques totales. Se especializan en la merluza. Su autonomía está limitada por la capacidad
de conservación del pescado a bordo lo cual, en general, se hace en bodegas refrigeradas. Se
estima que el 60% o 70% necesita ser renovado por sus altos costos de operación debido a su
ineficiencia por antigüedad. Operan casi en su totalidad con base en el puerto de Mar del Plata.

—flota de procesadores-congeladores: está constituida por 44 buques que realizan algunos todos
los procesos a bordo. La mayoría tienen su asiento al sur del paralelo 40°S, utilizando como base los
puertos desde Bahía. Blanca hasta Puerto Deseado. Contribuye con el 17% de los desembarques
totales. También en este caso se hace necesaria la renovación de muchas unidades por su alto costo
operativo.38
La productividad real de la pesca se relaciona con la riqueza biológica, pero si se examina este
aspecto en los países donde la actividad pesquera constituye un renglón activo de la economía, se
caerá en la cuenta que más que el recuso natural importa la tecnología aplicada. Los ultramodernos
buques pesqueros pueden realizar sus operaciones muy alejados de sus puntos costeros de apoyo por
estar equipados para permanecer mucho tiempo en alta mar y poseen variados elementos que les
posibilitan extracciones en distintos hábitat, determinados en algunos casos por las diferentes
profundidades, que determinan artes de pesca especializadas. El poder de captura no depende sólo
del número y tonelaje, de las embarcaciones.39 El examen de las características de nuestra flota revela
su escasa productividad por su bajo poder efectivo de captura y conduce a la reflexión con respecto a
la accesibilidad de este recurso. Llama la atención que un país con un litoral marítimo tan extenso no
se haya convertido en potencia pesquera. Esto demuestra que la sola existencia del recurso no basta,
es necesario poseer la tecnología apropiada. Los datos relativos a la flota pesquera modifican el
concepto del factor distancia. La accesibilidad a los recursos ícticos no puede medirse en la cantidad
de km que separan al puerto de los cardúmenes, sino que depende en mucho mayor grado del nivel
tecnológico de los elementos utilizados. Aunque resulte paradójico, la Argentina posee escasa
accesibilidad al mar. Hay pueblos que no tienen accesibilidad física al océano y a sus recursos, pero
hay otros que no la tienen por su nivel tecnológico, porque el concepto de accesibilidad de una zona
de pesca «gira en torno a la posibilidad de aprovechamiento económico de su riqueza, todo lo que
limite su explotación o la anule, limita o anula la zona de pesca para la economía».40 Si no se cuenta
con artes de pesca adecuadas para la captura de peces que habitan en profundidad, tal recurso es
inaccesible; si no se dispone de sistemas de conservación, las zonas de pesca se restringen a las áreas
costeras cercanas, siendo inaccesible cualquier recurso más alejado.
El factor distancia no sólo influye en el espacio y en el tiempo que separan a la zona de pesca del
punto de desembarco, sino que también afecta a las que median entre el puerto y el consumidor. Esto
conduce a la consideración del hinterland para la actividad pesquera.41 El mismo se define como el
área de alcance de los productos de la pesca, en el cual el sistema de distribución desempeña un rol
174

fundamental, pero no se restringe sólo al concepto de superficie territorial sino que involucra
también aspectos relacionados con las características del mercado consumidor.
Las distancias que separan al puerto de Mar del Plata, principal punto de desembarco y el
más cercano a las mayores densidades de población del país, son grandes medidas en km y
mucho mayores aun consideradas en sus aspectos relativos. Si bien existen rutas pavimentadas,
las dis-tancias se ven afectadas también por el tiempo necesario para su recorrido, el cual no sólo
depende de la cantidad de km sino de las diferentes velocidades posibles, según las características
de las rutas y de los medios de transporte utilizados. El alcance a los distintos mercados
consumidores también depende de las características del producto y del equipamiento del
vehículo utilizado. El pescado destinado al consumo directo tendrá un radio de distribución
diferente si se ofrece enfriado congelado. En cambio, los productos en conserva tienen un alcance
ilimitado.42 Es sabido que en nuestro país no se ha desarrollado la denominada cadena de frío, al
menos en un nivel apropiado para una eficaz distribución de los productos de la pesca; en
consecuencia, el hinterland pesquero está muy limitado por el factor técnico, más que por las
distancias absolutas.
El hinterland también está determinado por factores humanos. El consumo de pescado
por habitante, alrededor de 4 kg anuales, es muy bajo comparado con el de la carne. Las
consideraciones con respecto a la distancia, explican este hecho. Además, el mayor mercado
consumidor —y más accesible desde Mar del Plata —, constituido por el Gran Buenos Aires,
se halla en el área productora de carnes. Por otro lado, pretender que en el resto de las
regiones consuman pescado sin existir la oferta, es un absurdo.43 No puede hablarse de bajo
consumo si no existen sistemas de preservación adecuados para la comercialización y
distribución en un territorio tan extenso. Si se tiene en cuenta el alto precio relativo de los
productos de la pesca, los límites del hinterland se reducen, al quedar amplios
sectores marginados por la inaccesibilidad al producto.
Al considerar los datos de biomasa, capturas máximas posibles al año y el monto total
real anual pescado, se hizo referencia al potencial sin aprovechar. De todas las especies existentes
en nuestro mar, sólo una veintena soporta la mayor presión por capturas. Aquí se hace
necesario revisar los conceptos de improductividad y de sobrepesca. Ambas hacen referencia a
una explotación no acorde con el capital biológico natural. Cuando el volumen extraído es
inferior a lo per-mitido, la actividad es improductiva; en cambio, si se extrae a un ritmo mayor
que el de reproduc-ción, se cae en la sobrepesca. Ambos valores no pueden apreciarse en forma
global sino a nivel de cada especie. Este es un aspecto muy importante a tener en cuenta al
planificar la actividad es decir, en el momento de definir la política pesquera. La
improductividad, que pareciera ser la característica argentina, lleva necesariamente a la
consideración de todos los factores que hacen a la actividad, fundamentalmente el de la
accesibilidad, ya que resume los aspectos tecnológicos y sociales involucrados. Para que nuestra
zona de pesca sea incorporada al campo económico es necesario hacerla accesible.

NOTAS
1BOLOS. J. y CAPDEVILA, M., "Problemática actual de los estudios de paisaje integrado". Revista de Geografía,
Departamento de Geografía, Universidad de Barcelona, Vol. XV, 1981.

2 ZIMMERMANN, Erich W., Introducción a los recursos mundiales, Oikos-Tau, Barcelona, 1966.
3 GOUROU. Pierre. Introducción a la geografía humana. Alianza Universidad, Madrid, 1979. En el concepto de
técnicas, el autor incluye las de producción y las que denomina "de encuadramiento". Dentro de éstas considera los
sistemas políticos y económicos, las instituciones, la organización social, etc.

4WOLCKEN, Kurt, "Algunos aspectos sinópticos de la lluvia en la Argentina", en Revista Meteoros, Servicio
Meteorológico Nacional, Año IV, N° 4, Buenos Aires, 1954.

5 STRAHLER, Arthur N., Geografía física. Ediciones Omega. Barcelona, 1979, p. 216.

6 WOKCKEN, Kurt, "Del tiempo en la Argentina", Revista Sudamérika, julio-agosto, Buenos Aires, 1952.
175

8 WOLCKI.N, Kurt, ob.cit.

9CEPAL-CFI, Los recursos hidráulicos de Argentina, análisis y programación tentativa de su desarrollo. Tomo 2,
Buenos Aires, 1969.

10 WOLCKEN, Kurt, "Del tiempo..."

11 CEPAL-CFI, ob.cit.
12 CEPAL-CFI, ob.cit.

13 CEPAL-CFI, ob.cit.

14BURGOS, Juan J. y VIDAL, Arturo L., "Los climas de la República Argentina según la nueva clasificación de
Thornwaite", en Revista Meteoros, Año 1, N° 1, enero, 1951.

15 BURGOS, Juan J. y VIDAL, Arturo L., ob. cit.

16 CEPAL-CFI, ob. cit.

KORZUN, 1. y SOKOLOV, A. A., Balance hídrico y recursos hídricos mundiales. Congreso Mundial del Agua,
17

Mar del Plata. 1977.

18 CEPAL-CFI, ob. cit.

19ANASTASI, Atilio B., "Propuesta para una clasificación de regiones áridas y en proceso de desertización en
Argentina", Revista Geográfica, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, N° 95, México, enero-junio, 1982.
20TINTO, José, Situación forestal argentina, su inserción en el concierto mundial, Secretaria de Ciencia y Técnica,
1986.

21 Calculadas en base a los datos de TINTO, José, ob. cit.

22 TINTO. José, oh. cit.

23 BELLATI, Jorge F, BARBAGALLO, José F. y SABELLA, Luis A., "Recuperación de áreas deprimidas
inundables mediante el ordenamiento y manejo racional del recurso hídrico en cuencas organizadas o módulos",
IDIA, N° 367-372, julio-diciembre, I978.

24 BARBAGALLO, José F, "Las áreas anegables de la pampa deprimida, un planteo agrohidrológico para su
solución", UNESCO, Actas del Coloquio de Olavarría, Hidrología de las grandes llanuras, abril, 1983.

25CANZIANI, Osvaldo F, y FORTE LAY, Juan A.. "Estudio de grandes tormentas en la pampa deprimida en la
Pcia. de Bs As. y su incidencia en el balance hidrológico", UNESCO, Actas del Coloquio de Olavarría. Hidrología
de grandes llanuras, abril, 1983.

26 ORGANIZACIÓN TECHINT, "La gran crecida del Paraná de 1983", Boletín Informativo, N° 232, enero-febrero-
marzo, 1984.

27 ORGANIZACIÓN TECHINT. ob. cit.

28 "La crecida del Paraná", en IDIA. Suplemento N° 40, 1983, pág. 67-69.
BERUTCHACHVILI, Nicolás y PANAREDA CLOPES, José M., "Tendencia actual de la ciencia del paisaje en la
29

Unión Soviética: el estudio de los geosistemas en la estación Martkopi (Georgia)", Revista de Geografía, Vol. XI,
Nos. 1-2, ene-dic, 1977, Depto. de Geografía, Universidad de Barcelona.

30TRICART, Jean y KILIAN, Jean, La eco-geografía y la ordenación del medio natural, Ed. Anagrama, Barcelona,
1982.
31 LEDESMA, Néstor René y LEDESMA, Felipe Antonio, "La degradación del ecosistema en el Chaco seco", IDIA,
N° 417-420, Set-dic, 1983.
176

32 ANASTASI, Atilio B., "Propuesta para una clasificación de regiones áridas y en proceso de desertización en Argentina",
Revista Geográfica, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, N° 95, México, enero-junio, 1982.
33TINTO, José C, Relación del bosque, y las actividades forestales cotí otros recursos naturales y el ambiente humano,
Tercer Congreso Forestal, IFONA, Buenos Aires, 1978.

34 TINTO, José C., ob.cit.

35 MUSTO, J. C, "Erosión del suelo en la Argentina", en IDIA-INTA, Suplemento, N° 40,1983.


36 VALDEZGOYENECHE, Jorge D, La estructura pesquera argentina. El problema pesquero en la economía argentina,
EUDEBA, Buenos Aires, 1974.
37 VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.

38FAO, Informe Preliminar sobre la situación del sector pesquero argentino y lineamientos para la formulación de un plan
de ordenación y desarrollo pesquero. Misión multidisciplinaria, Bs. As., 1985.

39 VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.

40 VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.

41 VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.

42 VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.

43
VALDEZ GOYENECHE, Jorge D, ob. cit.
4.4

Economía agroganadera
de vocación exportadora
179

Economía agroganadera de vocación exportadora

Mirta S. González
1. Introducción

La aptitud natural para la producción agropecuaria de nuestro país y, la inserción del mismo en el
sistema económico internacional —a mediados del siglo XIX— hizo que tradicionalmente la
producción del sector tuviera decisiva gravitación en el funcionamiento de todo el sistema económico
nacional.
El modelo agroexportador implementado a partir de 1860 tuvo un efecto espacial, perdurable
hasta nuestros días: privilegió el desarrollo del hinterland del puerto de Buenos Aires y la concen-
tración en la región pampeana de la mayor parte de las inversiones públicas y privadas. De acuerdo al
rol que le tocó desempeñar en el esquema de división internacional del trabajo —proveedora de
alimentos de clima templado—, se localizó allí la mayor producción de cereales y carnes.
Las zonas extrapampeanas se fueron integrando en forma desigual a la economía del país; hoy son
notables las diferencias que las separan de la región pampeana.
La historia del desarrollo del sector se caracteriza por períodos de esplendor y de estanca-
miento. Hoy, esta producción satisface plenamente la demanda interna de aumentos y es además la
principal fuente proveedora de divisas, ya que concentra aproximadamente las tres cuartas partes
de las exportaciones.
Si bien a partir de la década del sesenta se incorporaron mejoras tecnológicas que incrementaron
la productividad del sector, éste se encuentra aún lejos de su eficiencia; la agricultura en nuestro
país tiene aún un espacio no aprovechado de incorporación de tecnología, que puede mejorar
nuestra competitividad a nivel mundial.
La Argentina tiene el desafío de atender gran parte de la demanda futura de alimentos que
tendrán tanto los países de Latinoamérica como los de otras regiones del mundo. Esta situación
exige incrementar la productividad y ampliar la frontera agrícola con la incorporación de nuevas
tierras a la producción.

2. Economía agroganadera con vocación exportadora

A lo largo de toda su historia económica, la Argentina fue definiendo una fisonomía de país
agropecuario que cristalizó en un perfil agroexportador en la segunda mitad del siglo XIX; se es-
tructuró su economía y su espacio territorial en torno a la producción de la región pampeana. En el
esquema de división internacional del trabajo, asumió el rol de proveedora de alimentos e impor-
tadora de productos manufacturados.
La producción agropecuaria conforma en esta etapa (1860-1930) el sector más importante de la
economía nacional y la exportación de productos agropecuarios se constituyó —como lo denomina
Aldo Ferrer— en el elemento dinámico del desarrollo en ese período.1
El incremento de las exportaciones fue posible por la expansión de la demanda mundial de
productos agropecuarios de clima templado, y porque el país disponía de grandes extensiones de
tierras fértiles en su zona pampeana2 parcialmente utilizadas,
En el período que va de 1908 a 1930 la agricultura pampeana creció a una tasa anual próxima al
2,6 %. El aumento de la producción se debió a la expansión de la frontera agropecuaria mediante la
incorporación de tierras para el cultivo de cereales o forrajeras acompañada por un flujo masivo de
capital bajo distintas formas y también a una política inmigratoria que posibilitó un incremento de la
disponibilidad de mano de obra en el sector.
En lo que respecta a las economías del interior del país quedan subordinadas al centro dinámico
del Litoral y su papel es el de abastecer la creciente demanda interna. Así comienzan a desarrollarse
las producciones de fruta del Alto Valle del Río Negro, del algodón en el Chaco y se expanden
los cultivos de la vid y la caña de azúcar, de antigua data en las regiones de Cuyo, y Tucumán y
Salta, respectivamente.
180

Este esquema perduró hasta 1930. El comienzo del agotamiento de esta etapa de la historia
agropecuaria argentina coincidió, a grandes rasgos, con fenómenos de una implicancia funda-
mental en la evolución de la producción agropecuaria en los años siguientes. En efecto, la quiebra de
los mercados externos en la década del treinta primero, y luego el cierre parcial de las exportaciones
durante la Segunda Guerra Mundial, influyeron negativamente en el desarrollo del sector
agropecuario4. Entre 1930 y 1950 el producto generado por el sector en la región pampeana sólo
aumentó un 0,5% su tasa de crecimiento anual, cifra considerablemente menor a la del período
anterior.
En esta etapa que se prolonga hasta 1950 aproximadamente — que algunos autores denominan
de «estancamiento del sector»—, la producción agropecuaria del país, especialmente la de la
región pampeana, debía cumplir dos funciones esenciales: por un lado, el abastecimiento de la
creciente demanda interna de alimentos y materias primas, y por otro, la generación de excedentes
exportables que contribuyeran a generar una capacidad de pagos suficiente para abastecer a la
industria en expansión. El aumento de la producción debía basarse en el aumento de los
rendimientos por hectárea, pues ya se habían incorporado las tierras más aptas para el cultivo
en la región pam-peana.
En lo concerniente al uso del suelo, lo que sí se manifiesta es un desplazamiento de la pro-
ducción de cereales y oleaginosas por la ganadería vacuna en la zona pampeana hasta principios de la
década del Cincuenta5.
En el resto del país la producción del sector agropecuario fue estimulada por la expansión del
mercado interno y del proceso de industrialización. Se introdujeron cultivos no tradicionales — olivo,
tomate, etc.—, lo que trajo como consecuencia una moderada expansión de la superficie cultivada
fuera de la región pampeana.
Esta situación de estancamiento y desvalorización del sector agropecuario perduró hasta co-
mienzos de la década del cincuenta. A partir de allí, tuvo lugar una lenta reconsideración del sector
agropecuario que se tradujo en un mayor interés —por parte del Estado— en lograr la reactivación y
la vuelta del mismo al desempeño de un rol esencial en el desarrollo económico del país.
En la década de los sesenta, la producción agrícola logra recuperar los niveles anteriores a la
crisis de los años cincuenta y comienza un proceso de expansión, basado fundamentalmente en el
cambio tecnológico operado en la actividad agrícola de la región pampeana.
El resultado de este proceso es que, en 22 años (1962-1984), el valor de la producción agrícola
pampeana se ha multiplicado por tres, la productividad de la tierra se ha más que duplicado y la
productividad de la mano de obra casi se ha cuadriplicado. Esto, a su vez, ha provocado reasig-
naciones en el destino de la tierra con aptitud agropecuaria, aumentando la superficie destinada a
agricultura en un 30%6.
En la actualidad, ya no se discute el rol preponderante que le cabe a la actividad agrícola-
ganadera en el desarrollo de la economía argentina, tanto en la provisión de alimentos y materias
primas para el mercado nacional como en la generación de excedentes exportables.
Es necesario incluir esta apretada síntesis de la evolución sufrida por el sector agropecuario en
distintos momentos históricos, a manera de introducción, porque trajo aparejadas consecuencias
espaciales y muestra los factores sobre los que se fueron conformando las distintas estructuras
agrarias de la República Argentina. A estos elementos deben sumársele el régimen de tenencia
imperante y, además, el tamaño y distribución de las explotaciones, que en muchos casos deter-
minaron las actividades productivas y la incorporación de tecnología.
Por último, para poder interpretar la evolución del sector agropecuario en nuestro país debería
incorporarse un análisis institucional que incluya las relaciones entre las distintas organizaciones
corporativas-Sociedad Rural, Federación Agraria, cooperativas- ya que éstas constituyen los ins-
trumentos por medio de los cuales expresan sus estrategias los diversos actores sociales, que con su
comportamiento influyen sobre la capacidad del Estado para llevar a cabo políticas con impacto sobre
la estructura del sector.
181

3. Factores de organización de las estructuras agrarias

Se aplica el nombre de estructura agraria al conjunto de vínculos perdurables y profundos entre


el hombre y el suelo, que reflejan los paisajes rurales7. Estos constituyen el punto de partida para
analizar las diferentes estructuras agrarias. Si bien son importantes los lazos entre el sistema
agrícola —que domina el paisaje— y el medio natural que lo soporta, los factores sociológicos son
de fundamental importancia en la conformación de la estructura agraria; se traducen en las
modali-dades de apropiación del suelo y en las relaciones entre los agentes que trabajan la tierra y los
que la poseen8. A través de la morfología agraria es posible observar la continuidad o
discontinuidad espacial de la ocupación agrícola del suelo; la división y formas parcelarias, y su
disposición res-pecto a la topografía.

Fig. A

Fig. B

Fig. A Ganadería extensiva en la pampa deprimida (Cuenca del Salado, provincia de Buenos Aires).
Referencias: Uniformidad en el paisaje debido a la actividad pecuaria, baja ocupación del suelo mayor dimensión
de los predios; hábitat disperso; baja humanización.
Fig. B. Oasis de riego del valle superior del Río Negro (Alto Valle), región patagónica.
Referencias: Elevada ocupación del suelo debido a una actividad agrícola (frutihortícola) intensiva, gran
parcelamiento, hábitat concentrado, alta humanización.

Por último, el hábitat y la vivienda rural constituyen la forma de implantación de las poblaciones
que viven de la actividad agropecuaria. Estos elementos están estrechamente ligados a los sistemas
de cultivos y a la cría de ganado —a las técnicas empleadas para ello—, así como a las condiciones
del medio natural y a los materiales locales.
Para completar el análisis no debe olvidarse el destino de la producción agraria; deben con-
siderarse las relaciones entre este destino, la elección de modalidades de utilización del espacio
182

disponible impuesto por la demanda de esos productos y demás estructuras del mercado.
El estudio de las estructuras agrarias de nuestro país debe efectuarse a través de realidades
concretas, es decir, de los paisajes rurales, atento al origen de esas estructuras, pero dándole un
mayor realce a las transformaciones que han sufrido las mismas hasta llegar a su configuración
actual.
En los esquemas incluidos a continuación pueden observarse dos ejemplos de paisajes rurales
contrastantes en nuestro país; uno correspondiente a un área de ganadería extensiva en la región
pampeana (A) y otro resultante de la actividad agrícola en un oasis de regadío (B) en la región
patagónica.

3.1 Diferenciación de las estructuras agrarias del país:


región pampeana y regiones extrapampeanas
Cuando se hace referencia a las estructuras agrarias de la República Argentina es necesario
distinguir entre la región pampeana y las regiones extrapampeanas, aunque éstas últimas no
constituyen un área homogénea; tienen grandes disparidades internas, pero aun así, son mayores las
que las diferencian de la región pampeana. Tienen su origen en los antecedentes históricos del
desarrollo del sector agropecuario, en la forma en que se otorgaron las tierras, en las relaciones
entre el tamaño de los predios y el régimen de propiedad, y en la distinta combinación de los fac-
tores de producción.
El perfil productivo que se fue definiendo a partir de la inserción de la Argentina en el mercado
internacional provocó una división regional de las actividades agropecuarias, jerarquizando los
espacios donde se encontraban los productos que poseían ventajas comparativas para participar en
el comercio mundial. Los cultivos que atendían a la demanda interna de alimentos también al-
canzaron un desarrollo destacado, pero nunca de la magnitud de los que constituían los rubros
exportables. Así, las áreas pampeanas se valorizaron rápidamente y en contraposición, el valor de la
tierra en otras zonas se redujo considerablemente. Además, las regiones extrapampeanas,
donde el recurso tierra con baja utilización productiva es abundante, encuentran sus factores limi-
tantes en las condiciones naturales: escasez de agua, suelos poco fértiles, y en la necesidad de
realizar distintas inversiones como, por ejemplo, la construcción de canales de riego.
Sus producciones se basan principalmente en cultivos industriales y frutihortícolas.
Estas economías están afectadas tanto por problemas estructurales —de más difícil
erradicación— como por problemas coyunturales: la política económica con sus distintos
instrumentos, como lo son el tipo de cambio de precios, etc. Presentar un neto predominio de la
actividad agrícola sobre la actividad industrial en la fase económica de la producción de bienes. El
subsector agrícola constituye la base sobre la cual se asienta gran parte del sector industrial
provincial, además de otras actividades vinculadas. Esta producción constituye, en la mayoría de
los casos, la única actividad «exportadora» y generadora de ingresos autónomos de esas regiones,
como así también, generadora de empleos.
Entre las variables estructurales, el régimen de tenencia asociado al tamaño de las explota-
ciones influye decididamente en la capacidad de los productores para extraerle a la actividad ex-
cedentes suficientes para llevar un nivel de vida adecuado y para poseer capacidad de ahorro como
para capitalizarse.
La última información censal disponible a nivel nacional es la proporcionada por el Empadro-
namiento nacional agropecuario y censo ganadero de 1974, en el cual se especifican las siguientes
categorías de tenencia: propietarios, arrendatarios, aparceros, y otras formas.
183

Gráfico 1. Tenencia de la tierra.


Fuente: Elaboración propia en base a información del Empadronamiento Nacional Agropecuario y Censo Ganadero 1974.

De esa información se infiere que el 73,84% de las tierras empadronadas en nuestro país se
explotan bajo el régimen de propiedad, el 11,68%en arrendamiento, el 1,3% en aparcería y el
13,34% bajo otras formas no especificadas de tenencia. Estos porcentajes varían si tomamos las
distintas regiones, inclusive en nivel provincial, situaciones que se ven reflejadas en el gráfico
El régimen de tenencia, asociado al tamaño de las explotaciones, influye en la capacidad de los
productores para extraerle a la actividad excedentes suficientes como para llevar un nivel de vida
satisfactorio y poseer capacidad de ahorro como para capitalizarse.
En 1974 se empadronaron 509.817 explotaciones agropecuarias que abarcaban una superficie
de aproximadamente 203.350.000 hectáreas. El gráfico N° 2 indica la cantidad y superficie de las
explotaciones agropecuarias según la escala de extensión.
De acuerdo con los datos del Empadronamiento nacional agropecuario, se infiere que, en tanto
el 41,40% de las explotaciones inferiores a las 25 hectáreas ocupan sólo el 0,90% de la superficie
agropecuaria, en el otro extremo, el 1,3% de los predios superiores a las 5.000 hectáreas concen-
tran el 46,70%de las tierras, lo que resulta en una distribución de las explotaciones en número y
superficie bastante desequilibrada como puede apreciarse en la representación gráfica.

CUADRO N° 1: Cantidad y superficie de las explotaciones agropecuarias según escala de extensión. 1974 (en porcentajes)
Escala de extensión (en hectáreas) Cantidad de explot. Superficie de las
Agropecuarias (%) explotaciones (%)
Desde Hasta
1 25 41,40 0,90
25 100 25,88 3,83
100 400 19,99 10,35
400 1000 6,34 10,07
1000 5000 5,07 28,15
+ de 5000 1,31 46,70
Total país 100 100
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Empadronamiento nacional agropecuario. 1974.

Gráfico 2. Distribución de las explotaciones agropecuarias en número y superficie (en porcentajes).


184

Las áreas que presentan una elevada concentración de explotaciones menores a las 25
hectáreas, que ocupan un porcentaje reducido de la superficie total en explotación, corresponden a
los oasis de regadío —oasis cuyanos, islas agrícolas de la región patagónica, etc.— o a las áreas
donde se han registrado importantes procesos de colonización (área nuclear misionera, planicie
algodonera chaqueña entre otras). En el caso de las explotaciones de mayor tamaño, que ocupan
también una mayor superficie en explotación, corresponden en general a las zonas de ganadería
extensiva de baja receptividad, a las ocupadas por la ganadería ovina en la Patagonia, etcétera.
En las economías del interior del país la explotación subfamiliar o de minifundio ocupa un lugar
muy destacado, situación que se ve agravada cuando a estas estructuras se le suman regímenes de
tenencia como la aparcería. Tal es el caso del cultivo del tabaco en Corrientes, por ejemplo,
donde el aparcero que ocupa predios minifundistas debe otorgarle al propietario un porcentaje
importante de la producción.
Estos productores subfamiliares se especializan en una sola especie —en general perenne9- y
raramente poseen una base diversificada de actividades. Ello trae como consecuencia agotamiento
de los suelos, baja productividad y consecuencias económicas con efectos en toda la región.
Estos cultivos agrícolas están enrolados en los llamados de «destino agroindustrial», es decir,
conforman una actividad que produce insumos para su posterior transformación antes de entrar al
mercado consumidor —en su mayoría fuera de la región—, principalmente en la región pampeana.
A partir de la década del sesenta, casi todas estas producciones entran en recurrentes ciclos de
sobreproducción, teniendo los mismos diferentes impactos sobre la economía de los productores
agropecuarios, y también en las regiones. En la última década, a estas crisis recurrentes de los
cultivos industriales —tabaco, yerba mate, vid, caña de azúcar— debe adicionarse el impacto
del crecimiento de producciones como el sorgo, soja, porotos secos, etc., —basadas en
establecimientos empresariales de capitales extra-regionales en la mayoría de los casos—, con
baja demanda de mano de obra.

4. Distribución espacial de los principales cultivos: sus causas

La diversidad de condiciones ecológicas que caracterizan a nuestro país hace que la producción
del subsector agrícola esté compuesta por un conjunto muy vasto y diversificado de productos. Si
bien estas particularidades de orden natural —distintas variedades de clima, suelo y
relieve— favorecen la actividad agrícola, en algunos casos presentan serias restricciones.
La gran extensión del territorio argentino hace que se planteen los dos problemas hidrológicos
opuestos: la escasez de agua por un lado y el exceso por otro. La escasez de agua afecta a más de las
dos terceras partes del territorio, donde los cultivos sólo pueden practicarse bajo riego; ejemplos de
ello se encuentran en las tierras ubicadas dentro de la diagonal árida, en la estepa pampeana, y en las
mesetas patagónicas. El exceso de agua, por su parte, se presenta en varios sectores de la región
húmeda y son tierras que están sometidas a un serlo problema de erosión hídrica. Otro elemento
significativo de orden natural lo constituye la presencia de heladas, ya que la mayor parte del
territorio nacional se ve afectada por este meteoro.
Por último debe atenderse al accionar del hombre, que, con inadecuadas prácticas de manejo,
aumenta los riesgos de los distintos tipos de erosión y salinización de los suelos.
La mayor parte de la superficie agrícola corresponde al área de clima templado, especialmente
de la región pampeana, y aunque dentro de la misma se presentan diferencias entre la calidad de los
suelos— relacionadas con las variedades climáticas y topográficas— se la puede caracterizar de
gran fertilidad y aptitud agrícola10. En ella se genera alrededor del 60% del total nacional de la
producción agrícola —destinada tanto a satisfacer las necesidades alimentarias de la
población, como a la generación de saldos exportables— y el 85% de los cereales y oleaginosas
producidos en el país.
185

Mapa N° 1. Región pampeana. Distribución espacial de los principales cultivos y participación provincial en los
volúmenes físicos de la producción nacional (en porcentajes).
Fuente: en base a datos Bolsa de Cereales; Secretaría de Estado de Agricultura, Ganadería y Pesca e INDEC.

Para evaluar el grado de desarrollo del área estrictamente agrícola en la región pampeana
deben considerarse los cinco cultivos principales: trigo, maíz, sorgo, soja y girasol. La calificación de
«principales» surge tanto por su participación en el área sembrada, cosechada y en la producción,
como por el dinamismo que demostraron durante los últimos veinte años11.
En la campaña agrícola 1969-1970 cubrieron un 82% del área cosechada de cereales y olea-
ginosas, y en la campaña 1982-1983 ascendió a un 89%. La participación en toneladas fue —para
la primera mencionada— del 86%, y del 94% en la campaña 1982/1983 sobre el total de
cereales y oleaginosas.
En el mapa No 1 puede observarse la distribución espacial de los principales cultivos, como así
también el aporte a la producción nacional.
Si se analiza lo ocurrido en distintos períodos (Cuadro N° 1), se observa una participación
creciente del área sembrada con soja dentro del total, pasando del 0,13% al 9,46% en sólo 15 años. En
contrapartida, el maíz baja del 22 al 17% en el mismo período. El resto de los cultivos muestra
comportamientos irregulares, sin una tendencia definida; se observa un incremento importante del
186

área triguera en la segunda mitad de la década pasada.


Al observar la evolución de la superficie cosechada se concluye que, si bien las tendencias son
similares a las señaladas para el área sembrada, en todos los casos los valores porcentuales son
mayores. Ello implica que en estos cinco cultivos la relación área cosechada-área sembrada se
incrementó más rápidamente que en el resto de los cultivos pampeanos.
El análisis de esta última variable en los cinco cultivos principales muestra una tendencia cre-
ciente en casi todos los casos; el más notable es el del sorgo, que pasa del 64,9% al 91,8%.
De manera general, todos los cultivos mencionados muestran rendimientos crecientes en las
últimas décadas. Puede decirse que ya, a partir de 1960, el agro pampeano experimentó un cre-
cimiento relativo de su producción a través de la incorporación de semilla híbrida en el cultivo de
maíz, sorgo y últimamente en girasol. Este cambio fue acompañado, a su vez, por la incorporación de
innovaciones químicas y agronómicas asociadas o no al híbrido.
En la década del setenta, la incorporación de la soja en la rotación agrícola generó una mayor
eficiencia de producción a través de la obtención de dos cultivos por año. Esta innovación consiste en
sembrar soja sobre el rastrojo de trigo inmediatamente después de la cosecha (otras opciones: trigo/
girasol, trigo/sorgo), lo que permite realizar dos cultivos por campaña agrícola en vez de uno, con lo
cual se logró incrementar el área cosechada sin que ello implique una expansión de la superficie real
bajo cultivo.

CUADRO N° 1: EVOLUCIÓN DE LA SUPERFICIE SEMBRADA /COSECHADA CON


DISTINTOS CULTIVOS
SUPERFICIE SEMBRADA
Periodos
Trigo Maíz Sorgo Soja Girasol
(Promedios
trienales móviles) 000has. % 000has. % 000has. % 000has. % 000has. %
1969/70 6511 31,4 4578 22 2186 10,6 28 0,13 1340 6,45
1975/76 5063 26,3 3900 20,2 2691 14,0 405 2,10 1316 6,83
1982/83 6724 30,8 3712 17,0 2590 11,9 2064 9,46 1684 7,72
SUPERFICIE COSECHADA
1969/70 5613 37,8 3784 25.5 1419 9,56 25 0,17 1197 8,06
1975/76 4487 33,2 3107 23,0 2032 15,1 378 2,8 1151 8,53
1982/83 6090 35,5 3174 18,5 2377 13,9 1994 11,6 1618 9,43
SUPERFICIE COSECHADA /SUPERFICIE SEMBRADA.(Porcentajes)
1969/70 86,2 82,7 64,9 89,3 89,3
1975/76 88,6 79,7 75,5 93,3 87,5
1982/83 90,6 85,5 91,8 96,6 96,1
Fuente: CIRIO, Félix. Evolución reciente y perspectivas de crecimiento de la agricultura en la región pampeana.

Los dos grandes acontecimientos tecnológicos experimentados (mecanización, incorporación de


semilla híbrida) no modificaron sustancialmente la función de producción del agro pampeano. Esta
sigue basándose en la asociación entre agricultura y ganadería, sobre una estructura productiva que
no genera los niveles de producción que permitirían el sustrato ecológico y la tecnología disponible.
El sector agropecuario pampeano se encuentra lejos de su límite productivo; los avances lo-
grados en los últimos años deben continuar. Debe considerarse en primer lugar, la utilización masiva
de insumos estratégicos para la expansión de la producción y los rendimientos. Entre éstos se
encuentran los agroquímicos, en particular plaguicidas y fertilizantes.
En las regiones "extrapampeanas", las áreas de mayor productividad son aquellas en las que es
posible una agricultura bajo riego, intensiva, y de marcada especialización. Predominan los
cultivos industriales y frutihortícolas, y su principal destino —productos alimentarios y materias
primas para la industria— es el mercado interno.
En el mapa N° 2 se localizan las principales provincias productoras y se pone de manifiesto el
aporte provincial de cada producto en los volúmenes físicos de la producción nacional.
187

Mapa N° 2. Regiones extra-pampeanas: Aporte provincial de cereales, oleaginosos y cultivos industriales al


total nacional. Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Bolsa de Cereales, Secretaria de Estado de
Agricultura, Ganadería y Pesca dé la Nación e INDEC.

Entre las áreas de riego se destacan los oasis cuyanos, por su magnitud; si bien en un
principio se caracterizaron por una monoproducción del cultivo de la vid, en la actualidad
presentan un aspecto diversificado; con su producción de frutales y hortalizas, fuente de una
próspera actividad; agroindustrial.
En el Noroeste del país, en los valles de Lerma y Jujuy, la base agrícola la integran los cultivos de
caña de azúcar y tabaco claro; especial importancia, adquiere en la provincia de Salta la producción
del poroto seco, cuyo principal destino es la exportación. En el caso de la provincia de Tucumán,
si bien la caña de azúcar cubre la mayor parte de la superficie cultivada, a partir de la de cada del
sesenta ha diversificado su producción y hoy es la primera productora de limones del país.
Un verdadero vergel lo constituye la diagonal fluvial de Santiago del Estero, que a
partir del proyecto de colonización a ambas márgenes del Río Dulce se ha erigido en una
zona productora de hortalizas, las cuales, por las características climáticas, adquieren carácter de
«primicias» respecto de los cultivos del área pampeana.
188

En la región del Nordeste del país, de clima subtropical, predominan también los cultivos in-
dustriales. La estructura de la producción de la provincia de Misiones se caracteriza porque sus
productos tienen una gran importancia a nivel nacional —por el aporte de cada cultivo a la pro-
ducción total—: tal es el caso de la yerba mate, el tung y el té; estos dos últimos rubros se
incorporaron a partir de la década del cincuenta como una respuesta de los productores ante
las recu-rrentes crisis de sobreproducción yerbatera.
La provincia del Chaco se particulariza por ser la principal productora de algodón del país
—seguida por Formosa— y en la última década ha cobrado importancia la superficie sembrada con
cereales, entre los que se destaca el sorgo, y con oleaginosas como el girasol.
Las provincias de Entre Ríos y Corrientes son las mayores productoras de naranjas y pomelos;
en la estructura productiva de estas provincias ocupa un importante lugar el sector pecuario. En el
caso particular del Sur de Entre Ríos, su base productiva es asimilable a la de la región pampeana.
Por último, en el Sur del país adquieren relevancia a nivel nacional los oasis de Alto Valle del
Río Negro, en los que las condiciones son altamente propicias para una agricultura intensiva ba-
sada en la obtención de especies hortícolas y frutales; entre estos últimos están los enófilos, como
las manzanas y las peras12.

5. Distribución espacial de los principales tipos de ganado

Si bien la actividad ganadera puede darse eri vastas extensiones del territorio, de acuerdo a las
condiciones naturales, la máxima aptitud ganadera del país en lo que respecta al ganado vacuno se
da en la región pampeana. Abundan las praderas naturales, de pastos tiernos aptos todo el año
para el pastoreo, suelos óptimos que permiten la introducción del cultivo de forrajeras, y clima
templado y húmedo que permite la cría a «campo» sin necesidad de estabulación.
De acuerdo con la información censal del año 1977 —última disponible en nivel nacional— se
registraban 61.053.800 cabezas de ganado vacuno; más del 78% se encontraban en el área
pampeana (ver mapa N° 3) y se concentraba el 37% del total nacional en la provincia de Buenos
Aires.
La orientación de la ganadería en esta región, permite distinguir dos áreas diferenciadas: la de
cría y la de invernada. La ganadería de cría es la orientada a la producción de terneros o novillitos,
los que se engordan en los establecimientos de inverné. Los cabañeros se especializan en la ob-
tención de reproductores para venderlos al criador.
La cría de ganado vacuno para carne se realiza comúnmente en campos naturales más bien
pobres en pastos y, por lo tanto, de baja receptividad. La zona de cría más importante es la ubicada
en el centro-este de la provincia de Buenos Aires —pampa deprimida—, siguiéndole él centro y Sur
de La Pampa, Noroeste de Córdoba, Corrientes, y Norte de Entre Ríos.
La invernada, contrariamente a la cría, se realiza en las mejores tierras, ya sean de praderas
naturales o de pastoreos artificiales cultivados con alfalfa, sorgo, maíz, avena u otras forrajeras.
La región de engorde más importante del país es la del Oeste de la provincia de Buenos Aires;
otros campos propicios para esta actividad se encuentran en el Oeste y Noroeste de la provincia de
La Pampa, centro y Sur de Córdoba y Santa Fe y Sur de la provincia de Entre Ríos.
189

Mapa N° 3. Distribución espacial del ganado vacuno y ovino por provincias (en porcentajes).
Fuente: elaboración propia en base a datos de la Secretaria de Estado de Agricultura, Ganadería y Pesca
de la Nación e INDEC.

En lo que respecta al tipo de ganado vacuno, en esta región se encuentran los más refinados del
país; las razas productoras de carne —Shorthorn, Hereford y Aberdeen Angus— representan valores
que oscilan entre el 27% y 15% del rodeo nacional respectivamente.
El ganado vacuno de la región pampeana está orientado al consumo de los grandes centros
urbanos y a la exportación.
En las regiones extrapampeanas se desarrolla una ganadería marginal, con preponderancia de
razas criollas cuya rusticidad les permite adaptarse a la escasez de agua y pastizales; en los ambientes
más desfavorables, sobre todo en zonas áridas, coexisten con ganado ovino y caprino. En las zonas
donde se practica una agricultura intensiva, bajo riego, se encuentran razas más refi-nadas,
productoras de carne y leche para el abastecimiento de los centros urbanos locales.
En los ambientes de clima subtropical se introdujo el ganado Cebú; mediante cruzas con
animales de raza Brahmán, Nelore, y derivados como el Santa Gertrudis y Bradford, se han logrado
ejemplares resistentes a las prolongadas sequías, escasez de forraje, enfermedades parasitarias e
infecciosas. Es en esta región —Misiones, Norte de Corrientes, Chaco y Formosa— donde se
190

centra entre el 15% y 20% del stock ganadero.


En el otro extremo de la escala se hallan las provincias patagónicas, que, orientadas
hacia la ganadería ovina, concentran en conjunto menos del 2% del rodeo nacional.
Otra actividad de relevancia dentro de la ganadería es la orientada a la producción de leche: el área
más importante se concentra dentro de la región pampeana y en el resto del país se localiza en
las cercanías de los principales centros urbanos, destinada a la satisfacción de la demanda local.
Las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe aportan más del 83% del total de la
leche producida en el país; allí se localiza el mayor número de tambos y la mayoría de las
plantas pro-cesadoras.
Las dos terceras partes de la producción se industrializa como queso —casi un 60% —, leche
en polvo —15% —, manteca y otros derivados, ya que nuestro país no se caracteriza por un
elevado consumo de leche fluida, el cual es de apenas 210 litros anuales por habitante.
En lo que respecta al ovino, la adaptabilidad de este ganado —tanto a las distintas variedades
de clima y relieve, como a una vegetación de pastos cortos y duros— hace que se lo
encuentre diseminado en ambientes tan disímiles como el Sur de la provincia de Corrientes o en
las zonas más hostiles de la Patagonia.
La orientación de la ganadería —obtención de carne o lana— está determinada por
la proximidad de los frigoríficos.
Las existencias ovinas en miles de cabezas —según el Censo ganadero de 1977— ascendían
a 34.580. La distribución geográfica indica (mapa N° 3) que la región patagónica reúne la mayor
parte de las mismas —48,5%—, seguida por la región pampeana -37,2% —; el 14,3% restante está
diseminado en el Sur de Corrientes, Norte de Entre Ríos y en las zonas marginales del Noroeste, Cuyo,
oasis pobres de las sierras pampeanas y en el Chaco.
En la región pampeana constituye, en los establecimientos dedicados a la
agricultura o a la ganadería vacuna, una actividad complementaria.
En el ámbito patagónico, la cría extensiva de ovinos —con carácter de monoproducción— es
la actividad económica más generalizada; ésta se realiza a campo, sobre pastizales naturales.
La rigurosidad climática y la mala calidad de los pastos determinan la baja receptividad de los campos,
lo que hace necesarias explotaciones de gran superficie para albergar una majada que haga ren-
table la actividad.
En la meseta central se practica la actividad más extensiva; la receptividad es la más baja de toda
la región patagónica, ya que se necesitan hasta tres y cuatro hectáreas para mantener un animal.
Las explotaciones varían entre 15.000 y 20.000 hectáreas. A medida que aumentan las
precipitaciones y el clima es más benigno, como ocurre en el Sur de la provincia de Santa Cruz y
Norte de Tierra del Fuego, la receptividad ganadera aumenta y el tamaño de las explotaciones
oscila entre las 10.000 y 12.000 hectáreas.
La orientación de la ganadería en esta subzona es hacia la producción de lana y carne;
pre-dominan la raza Corriedale, de la cual se aprovecha la lana cruza fina —de demanda
tanto en el mercado interno como externo— y él cordero para exportación.
En los valles cordilleranos se practica una actividad mixta: ganadería ovina y bovina, y
agricultura. Debido a las mejores condiciones ecológicas se da una explotación más
intensiva, en unidades cuyo tamaño oscila alrededor de las 4.000 hectáreas como promedio.
Es dable destacar que esta monocultura que caracteriza a toda la región patagónica, debido
al intenso sobrepastoreo que ejerce sobre los campos, está acentuando procesos de
desertización y voladuras de suelo, lo que disminuye su receptividad.

6. Cambios recientes en el uso del suelo y expansión de la frontera agropecuaria


Los cambios en la superficie cultivada son el resultado de las diferentes
respuestas de los productores a las cambiantes condiciones económicas o a las
políticas dirigidas al sector, emprendidas por los distintos gobiernos. En el caso en que el
destino de la producción sea el mercado externo, las fluctuaciones en los precios internacionales
también actuarán como condicionantes.
La posibilidad de pasar de un uso a otro, sea de la agricultura a la ganadería o de un
cultivo a otro, depende de las condiciones naturales o del tipo de producto, ya que dentro de
191

la agricultura hay especies que, una vez plantadas, entran en producción a los cuatro o cinco años;
tales son los casos de los frutales, el olivo, etcétera.
La estructura productiva de la región pampeana —cereales y ganadería vacuna— permite sustituir
a una actividad por otra; no ocurre lo mismo en las regiones extrapampeanas, ya que los cultivos, por
su tipo, en su mayor parte de los denominados «industriales», no permiten tal sustitución.
Históricamente, el uso del suelo en la región pampeana, ha mostrado dos tendencias diferentes.
Entre 1935 y 1954 (como se observa en el Cuadro N° 3) hubo una inclinación a aumentar
evidente del área ganadera a expensas de las tierras dedicadas a agricultura. Desde 1950-1954 la
disminución del área se mantuvo fluctuante en alrededor de un 75% dedicado a la ganadería y un 25%
a la agricultura.

CUADRO N° 3. Cambios en el uso de la tierra agropecuaria en la región pampeana: 1935-63

Periodo Uso de la tierra (distribución porcentual)


Tierra destinada Tierra destinada a la ganadería
a (pasturas)
agricultura Total Sembradas naturales
1935-39 37 63 12 51
1940-44 36 64 14 50
1945-49 33 67 16 51
1950-54 25 75 21 54
1955-59 36 74 24 50
1060-63 29 75 23 52
Fuente: CONADE. "Diagnóstico preliminar del sector agropecuario", 1965, en Fienup, ob. cit.

La parte del área agropecuaria total utilizada como pasturas naturales mostró poco cambio
durante todo el período. En cambio, el porcentaje destinado a pasturas sembradas casi se duplicó, hasta
representar en 1960-1963 casi la cuarta parte del área agropecuaria total del país.
Puede decirse que el país entra, a mediados de la década del sesenta en un proceso creciente de
agriculturización que se manifiesta no sólo en el aumento de la superficie sembrada, sino también en la
importancia del subsector agrícola dentro de la actividad productiva y en el incremento de su
producción debido á las diferentes incorporaciones tecnológicas como la tractorización y la in-
troducción de semillas híbridas.
En la década del setenta, la incorporación de la soja en la rotación agrícola —fundamentalmente
en la región pampeana— generó una mayor eficiencia de producción a través de la obtención de
dos cultivos por año, con lo cual se logró incrementar el área cosechada sin que ello implique una
ex-pansión de la superficie real bajo cultivo. Sin embargo, estas innovaciones tecnológicas no
mo-dificaron la función de producción del agro pampeano ya que éste sigue basándose en la
asociación entre agricultura y ganadería; esta estructura productiva dista mucho de generar los
niveles de producción que permitirían las condiciones ecológicas y la tecnología disponible.
Si bien la expansión horizontal está agotada, quedan aún subregiones donde es posible au-
mentar la superficie dedicada a agricultura o lograr mayores rendimientos en la ganadería. Tal es el
caso de la subregión de la pampa deprimida, donde la superficie con aptitud agrícola no utilizada
alcanza al 69% y los rendimientos de carne podrían incrementarse en más de un 40%13.
En el resto del país el área cultivada ha crecido considerablemente basándose en la incorporación
de capital y mediante esquemas intensivos de explotaciones orientadas a cultivos industriales y
frutihortícolas;
En áreas irrigadas o fertilizadas la ganadería no compite en el uso del suelo y esto se traduce en un
aumento de la producción, más dinámico comparativamente que en la región pampeana.
Los cambios unís significativos en el uso del suelo se han dado a partir de la década del se-
senta. En la región del Noroeste argentino, específicamente en la provincia de Tucumán, a partir del
«operativo Tucumán»14 se diversificó la producción agrícola con cultivos como soja, sorgo y cítricos;
por las características extensivas de los misinos, se llevaron a cabo en explotaciones de tamaño
medio y grande, quedando los productores minifundistas atados al monocultivo de la caña de azúcar.
192

Hacia el este de las provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero, la expansión de la
frontera agrícola —en base a actividades no cañeras— se acentuó en la última década con la
par-ticipación de productores de tamaño medio de la región, y también con el aporte de capitales
extrarregionales, sobre la base de cultivos como trigo, maíz, sorgo granífero y oleaginosas como el
girasol y la soja; los mismos son llevados a cabo en unidades de tamaño medio y grande, con
predominio de mano de obra asalariada y buen nivel tecnológico15.
En la región de Cuyo, durante las dos últimas décadas, la superficie destinada a la frutihorti-
cultura se expandió considerablemente y, en el caso particular de la provincia de Mendoza, a ritmos
superiores al de la vid, hasta representar en la actualidad un 25% de esta última. En la provincia de
San Juan la diversificación ha sido menor a causa de las restricciones impuestas por la escasez de
agua y por la existencia de una estructura agraria más atomizada que en Mendoza. En esta última se
localizan las mayores plantas de procesamiento industrial —de frutas y hortalizas—, las que han
impulsado el desarrollo de manufacturas conexas como envases, equipos rurales, etcétera.
En el Nordeste de nuestro país, la mayor expansión de la superficie dedicada a agricultura se da
en la provincia de Misiones donde, entre 1937 y 1960, casi se duplica la superficie cultivada; esta
expansión es liderada por el tung en la década del cuarenta y por el té en la del cincuenta; en el
último quinquenio del cincuenta, le sigue una nueva etapa de plantación de yerba mate, que duplica
asila superficie cultivada, entre 1955 y 195916. Esta ampliación de la frontera agrícola se realiza
sobre lotes cedidos a colonos.
La incorporación del té y del tung en la provincia no introduce cambios en la estructura agraria,
ya que se realizó mediante la incorporación de tierras dentro de las explotaciones existentes o en
explotaciones nuevas de carácter familiar.
En los primeros años de la década del sesenta se produce un nuevo avance de la frontera
agrícola con la introducción de la soja —32.000 hectáreas—, que se efectúa en establecimientos de
tamaño medio, intensivos en capital y con características similares a los de la región pampeana.
Si se considera al país en su conjunto, es precisamente en las regiones extrapampeanas donde
todavía es posible la expansión de la frontera agropecuaria; con esa finalidad se encuentran en
marcha diversos proyectos. Uno de ellos es el que comenzó en el Valle Inferior del Río Negro, el
Instituto de Desarrollo del Valle inferior (IDEVI), en 1961, que aún continúa. El objetivo es la
transformación de la estructura económica de la zona —que era dedicada a ganadería extensiva— en
una de agricultura y ganadería intensivas, complementadas con una industrialización «in situ» de esos
productos.
Otro proyecto de envergadura —que elevó el nivel económico y social de los productores san-
tiagueños— es el que comenzó en el año 1966 la Corporación del Río Dulce, organismo estatal
autárquico que tuvo a su cargo la planificación y ejecución de las obras relacionadas con el apro-
vechamiento integral del Río Dulce. Dentro de esta zona, la Colonia El Simbolar constituye un
predio demostrativo del nivel de eficiencia que puede lograrse en la agricultura bajo riego mediante
una programación interdisciplinaria y con incorporación de tecnología de avanzada.
Cercana a estas tierras se localiza una de las grandes áreas deshabitadas y subexplotadas de
nuestro país: los bajos sub-meridionales, que se extienden a través de casi 11 millones de hectáreas
comprendidos en las provincias de Santa Fe —parte Norte—, Sur de Chaco y centro-este de Santiago
del Estero, y se encuentran sometidos a los efectos de condiciones hidrológicas extremas que van
desde las grandes inundaciones a las agudas sequías. A esta situación se suman las características
que ofrecen los suelos y otros factores que condicionan a la región y determinan su marginación
económica y social. Es por ello que el Estado nacional, a través del Fondo de Desarrollo Regional y
con la participación del Consejo Federal de Inversiones, ha encarado a partir del año 1972 un Plan de
Desarrollo Integral que comprende obras de infraestructura e incorporación de tecnología adecuadas
a las condiciones del medio y un servicio de extensión agropecuario. La optimización de la
producción está basada en actividades ganaderas y la expansión de cultivos como sorgo, girasol,
trigo y algodón.
Por último, comparable con la región anterior —por su magnitud y por constituir un vacío de-
mográfico—, se localiza el espacio denominado El Impenetrable que ocupa los departamentos
chaqueños de Almirante Brown y General Güemes, el Nordeste de Santiago del Estero, parte oriental
193

de Salta y una franja paralela al río Teuco en la provincia de Formosa. La población que habita
esta región lo hace con un alto grado de dispersión; lleva una vida de subsistencia dedicada a la
explotación del bosque y a la cría de ganado vacuno de baja calidad.
A mediados de 1976, el gobierno de la provincia del Chaco resuelve comenzar la ejecución del
proyecto que con el nombre de «campaña del Oeste»; significa colonizar casi 4 millones de
hectáreas que abarca El Impenetrable en esa provincia. El objetivo fundamental es el de expandir la
frontera agropecuaria, para lo cual se incorporaron tierras fiscales al proceso productivo. Se
mensuró el área en lotes de 10.000 hectáreas, divididas en parcelas de 2.500 hectáreas cada una. El
problema fundamental es el de la disponibilidad de agua, tanto para riego como para consumo
humano, por lo que deben encararse obras de infraestructura. Al respecto, debe tenerse en cuenta que
el aprovechamiento del Río Bermejo es el más indicado para tal fin, pero como el proyecto de
canalización del mismo está aplazado, el gobierno de la provincia debió suplirlo con el control de
aguas de los ríos Teuco y Bermejito.
Hasta el presente, el avance del frente pionero en la región es fundamentalmente ganadero; en lo
que respecta a agricultura, los suelos —de segundo y tercer grado solo permitirían el cultivo de
cártamo, sorgo y girasol.
Un la región pampeana, en el año 1960, se crea la Corporación de Fomento del Valle Bonae-
rense del Río Colorado (Corfo-Río Colorado), entidad autarquía del gobierno de la provincia de
Buenos Aires, que tiene por finalidad fomentar el desarrollo integral de la zona irrigable de los par-
tidos de Villarino y Patagones, al área de influencia de Corfo es de aproximadamente 700 mil
hectáreas. Entre los cultivos, el de mayor difusión es la alfalfa, además de semillas puras y certi-
ficadas de trigo, cebada, centeno y avena; un 10% de la superficie está destinada a frutales —
melones, manzanas, peras— y hortalizas, entre las que se destacan la papa, los pimientos y las
cebollas.
Dentro de la actividad ganadera, se está fomentando la producción de carne vacuna mediante la
incorporación de pasturas artificiales, que harán que en el futuro el engorde de ganado des-
empeñe un rol importante.
Las posibilidades de la agroindustrialización están contempladas en el proyecto: prueba de ello
son las dos industrias envasadoras de tomate y pimiento y la planta piloto de alimentos congelados
existentes.
Hasta aquí se han descrito, en forma muy breve, los programas vigentes —algunos insertos
dentro de un contexto más amplio de desarrollo regional—, con los cuales se busca aumentar la
productividad y expandir la frontera agropecuaria. Como se observa en el mapa N° 4 las mayores
superficies disponibles para esta expansión se localizan fuera de la región pampeana; la posibilidad
de expandir sobre todo el área de cultivos industriales, es muy amplia, pero ello requiere una polí-tica
que contemple aspectos de irrigación, fertilización y mecanización17.
El avance de estos frentes pioneros no puede realizarse solamente por intermedio de los
agricultores-, requiere de un activo papel del Estado. Este debe darse dentro de un contexto plani-
ficado, donde se explicite el rol que deben cumplir las distintas regiones productivas, el cual tienda a
lograr un desarrollo integral de las mismas. Para ello, todo programa de desarrollo para las regiones
no pampeanas deberá basarse —en lo posible— en la expansión de los cultivos locales y con-
templar además la inserción de los pequeños productores.
194

Mapa N° 4. Expansión de la frontera agropecuaria

7. La modernización del agro: su articulación con la industria

En las páginas precedentes se señalaron —a grandes rasgos— las características de las es-
tructuras agrarias de nuestro país, las principales producciones y su distribución espacial. El análisis
resultaría incompleto si no se tomara en consideración el carácter agroindustrial de la pro-
ducción agropecuaria.
Se entiende por complejo agroindustrial al conjunto articulado de actividades económicas que,
partiendo de la producción de una determinada materia prima agropecuaria, hasta su destino final
incluye la presencia de la industria en la utilización de esa materia prima. Dentro de este complejo se
diferencian tres tipos de actividades: las referidas a la producción primaria, los procesos de
transformación industrial y las actividades complementarias como el abastecimiento de medios de
producción, asistencia técnica, comercialización y financiamiento.
La formación de cinturones de agricultura homogénea especializada ha ocurrido en forma
espontánea en nuestro país —localizados en su mayoría en las regiones extrapampeanas— y la
industria ha surgido para elaborar, en la misma área de producción agraria, productos altamente
perecederos que deben ser tratados inmediatamente después de su recolección; es el caso de la uva,
la caña de azúcar y las hortalizas, entre otros.
En lo que respecta a los productos pecuarios, la primera actividad industrial iniciada en nuestro
país tiene lugar con la instalación de los primeros frigoríficos a fines del siglo pasado. Estas em-
presas eran de origen extranjero y estaban controladas en los primeros decenios del siglo XX— por
capitales ingleses y norteamericanos.
En la etapa de sustitución de importaciones fueron numerosas las empresas extranjeras que
procesan productos del agro que se radicaron en el país: Nestlé y Cía., Bols, Chiclets Adams,
195

Liebig, etcétera.
En la actualidad, dos grandes grupos constituyen la agroindustria en el, país: el de alimentos,
bebidas y tabaco y el de las ramas no alimentarias, que comprenden la producción de textiles,
maderas, papel, etc. La distribución geográfica de estos complejos está determinada por la co-
rrespondiente producción agrícola. Existen grandes diferencias entre el tamaño de los mismos,
grado de integración, composición y origen del capital, nivel tecnológico y tipo de mercado en el
que operan. Estas diferencias también se verifican en la fase de producción agrícola, relacionadas
con las distintas formas de combinación de los factores de producción.
Un ejemplo de integración agroindustrial —por su relevancia— lo constituyen los de los oasis
ricos de Cuyo —San Juan y Mendoza— dedicados a la industrialización de la vid y de la
producción frutihortícola, base de importantes industrias de conservas de frutas, dulces, frutas
desecadas, etcétera.
La dinámica actual de la rama agroindustrial vitivinícola se conforma con un sector viñatero
que entrega uva al bodeguero trasladista para su maquila y un sector bodeguero que elabora su
propia uva o también por cuenta de terceros. En el sector fraccionador están las empresas que
simple-mente se dedican a fraccionar el vino a granel que compran al bodeguero trasladista y
también aquellas que, además de fraccionar vino ajeno lo hacen con la producción de sus propias
bodegas y viñedos18.
Además, la uva ha dado lugar a otros productos como el mosto concentrado, que sirve como
corte en la elaboración de vino, y las pasas de uva, que abastecen a industrias de alimentos.
La producción azucarera da origen también a una de las principales ramas agroindustriales del
país. Las modalidades de articulación se dan de manera diversa según se trate de las provincias de
Salta y Jujuy o de Tucumán. En el caso de las primeras, la integración vertical alcanzada por los
ingenios es mayor, ya que éstos sólo compran un 15% de la caña que elaboran; en el caso de Tucu-
mán el porcentaje de caña comprada asciende al 84%. Estas diferencias se deben a las distintas
estructuras agrarias provinciales.
En la rama agroindustrial azucarera se encadenan varias actividades: producción de azúcar;
obtención de alcoholes destinados a la elaboración de bebidas, medicinas e industrias químicas. El
azúcar refinado se destina a la industria de la aumentación y al consumidor final, a quien llega a
través de distintos intermediarios. El bagazo que se extrae en el trapiche está destinado a la ela-
boración de celulosa y papel.
El desarrollo del cultivo de la yerba mate, del té en Misiones, del algodón en el Chaco, de los
citrus y del tabaco en Corrientes, ha dado origen a una intensa actividad agroindustrial que dina-
miza el espacio rural y lo integra a otros sectores de la economía.
En la región pampeana se encuentran cinturones de agricultura especializada que han surgido
espontáneamente y que, con una adecuada planificación que contemple su articulación con la
industria, podrían erigirse en verdaderos disparadores de desarrollo regional. Se perfilan como
tales: el área papera de Balcarce; el distrito rural de Mar del Plata, ecológicamente apto para la
producción de flores, y la ribera del Paraná entre San Nicolás y San Pedro, con sus plantaciones de
frutales.
El proceso de integración del sector agropecuario al sector industrial es un fenómeno irrever-
sible, que se verifica en los países más avanzados del mundo. En nuestro país, si se pretende un
sector agropecuario tecnificado y moderno, éste debe apuntar a la integración con el resto de los
sectores económicos. Al respecto, cabe puntualizar que el doctor Federico Daus hace más de una
década ha planteado, como parte de una verdadera reforma agraria, la meta de «la integración de la
producción rural con el resto de la economía para dar fuerza a un desarrollo general, que lleve a un
bienestar compartido».19 Esta integración debe buscarse en todo el territorio, alentada por una
legislación que proporcione estabilidad y estímulos suficientes, orientada por una tecnología propia
específica y sin dependencia— que permita reemplazar la exportación de materias primas por
artículos terminados de gran consumo mundial.
La Secretaria de Ciencia y Técnica ha elaborado un proyecto referido a la agroindustria en
nuestro país donde realiza un diagnóstico de las principales ramas agroindustriales y de las
posibilidades de expansión que tendrían algunos productos. Tal el caso de las frambuesas —de alto
196

valor unitario— ya que nuestro país cuenta con zonas óptimas para su cultivo, como así también
detecta importantes perspectivas para el kiwi, frutillas, espárragos, manzanas, frutas de carozo y
pepitas, y papas y hortalizas20, El informe ilustra con un caso que da idea de la magnitud y la
importancia de la agroindustria: la papa vendida por el productor en bolsas de 50 kg, registra un valor
aproximado de u$s 0,05/0,10 el kilo. Este mismo producto al ser comercializado (limpio) en
bolsas de polietileno aumenta a u$s 0,20/0,40 el kilo; si es procesado en la forma de purés
instantáneos y otros productos de papa, adquiere valores entre u$s 5 y 4 el kilo y, en el extremo
de la escala, los productos «snacks», entre ellos la papa frita de la «forma perfecta» alcanza valores
de entre u$s 5 a u$s 30 el kilo.
Este es un caso concreto y evidente de cómo puede incorporarse mayor valor agregado al
costo de la materia prima.
Las demandas externas requieren integrar calidad de la materia prima, en su manipuleo y en los
insumos. Todo ello implica también una «mentalidad» y una cultura empresarial distinta a la de la
actividad primaria tradicional. Por otro lado, las demandas de distintos productos necesitan de
distintas estrategias de comercialización: no pueden cifrarse las expectativas comerciales en pocos
mercados de importación o en un único producto.
Por lo expuesto, se deduce la necesidad de promover y expandir las agro-industrias, como una
forma de lograr un desarrollo más armónico del sector que tienda a atenuar las disparidades re-
gionales. Debe tenerse en cuenta, asimismo, que cada espacio geográfico individualizado es un
ambiente agrario diferente y requiere tratamiento particular.

8. La Argentina como proveedora mundial de alimentos

La situación mundial, en lo que respecta al abastecimiento de alimentos, es objeto de seria


preocupación aunque se disienta en ocasiones sobre la magnitud de su gravedad. Lo cierto es que la
disponibilidad global y la distribución de alimentos entre los distintos países se presentan to-
talmente inadecuadas. Son cada vez más los países con déficit alimentario que dependen para su
abastecimiento de los excedentes generados en un reducido número de países.
La República Argentina presenta una ubicación singular dentro de este panorama mundial y, en
especial, con respecto a los países en vías de desarrollo. En efecto, nuestro país cuenta desde fines
del siglo pasado con importantes excedentes de granos y carnes. Si bien el rol de la Argentina como
abastecedor mundial ha declinado desde mediados de este siglo21, debido al proteccionismo aplicado
por competidores como EE.UU y Canadá, el surgimiento de nuevos mercados en los países en
desarrollo, sumado al aumento de la población mundial, estarían indicando una nueva etapa
expansiva en el comercio internacional de alimentos. Por otra parte, nuestro país ha comenzado a
obtener mayores excedentes y se proyectan aumentos importantes en la producción de cereales y
carnes, rubros imprescindibles en la dieta de los seres humanos.
Los cereales constituyen el alimento fundamental de la población; aportan aproximadamente un
50% a la ingesta de calorías por persona en el mundo, índice que varía según las regiones o países.
Además, los cereales son la principal fuente de proteínas junto con la carne; por lo tanto, ambos se
constituyen en elementos decisivos de la dieta humana. Su importancia estará lejos de disminuir en el
futuro, ya que la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de las Naciones
Unidas, proyecta un aumento del consumo por persona de ambos tipos de elementos en los países en
desarrollo.
Si bien el consumo de algunos cereales —como el arroz— es satisfecho por la producción in-
terna en importantes zonas del mundo, no ocurre lo mismo con el trigo, cuyo déficit de abasteci-
miento se verifica tanto en países en desarrollo como en los desarrollados. En el caso de los pri-
meros, del total de importaciones brutas de cereales, el trigo representa el 60%de las compras.
Dentro de este mercado, la Argentina desempeña un rol altamente significativo. Ocupa el
cuarto lugar, después de Estados Unidos, Canadá y Australia, entre los países exportadores netos de
magnitud.
En el Cuadro N° 4 se detalla la estructura del comercio mundial de trigo que incluye los prin-
197

cipales países exportadores e importadores. Puede observarse que el comercio mundial continuará en
1986/87 en niveles relativamente deprimidos y con tendencias declinantes en las importaciones
soviéticas y bastante reducidas en el caso de Japón y de la República Popular China.
CUADRO N°4. Comercio mundial de trigo
(Millones de toneladas)

Años agrícolas (julio / junio)


Países 1984/85 1985/86 1986/87
EXPORTADORES
Estados Unidos 38,1 26,0 30,5
Canadá 19,4 17,5 19,0
Australia 15,3 15,7 14,5
Argentina 8,0 6,1 4,6
CEE 17,8 16,0 16,5
URSS 1,0 1,0 1,0
Otros 6,5 5,3 5,5
Total mundial 106,1 87,6 91,7

IMPORTADORES
URSS 28,1 16,0 16,0
CEE 3,0 2,9 2,6
Japón 5,6 5,4 5,5
Europa Oriental 2,6 3,7 3,5
China 7,4 6,0 7,0
Otros 59,4 53,7 57,1
Total mundial 106,1 87,6 91,7
22
Fuente: Departamento de Agricultura de los Estados Unidos .

En lo que respecta a la producción, a pesar de las condiciones adversas y de los esfuerzos de


control de la oferta realizados por EE.UU., para el ciclo 1986/1987 se pronostica un volumen de
producción 1,4% superior al del ciclo anterior; la última estimación del Departamento de Agricultura
de los Estados Unidos la ubica en 510 millones de toneladas frente a 503 millones del año anterior. La
producción mundial proyectada nuevamente superará el consumo mundial, que totalizaría 506
millones de toneladas, según la misma fuente, por lo que se registraría un aumento adicional de las
existencias, del orden de las 130 millones de toneladas, lo cual constituye un volumen superior al
comercio mundial de todo el año. (Cuadro N° 5).

CUADRO N° 5
Trigo 1981-82/1984-85 (julio/
junio) (Millones de toneladas)
1981-82 1982-83 1983-84 1984-85 1985-86
Producción mundial 448,4 479,1 490,9 514,6 503,2
Producción argentina 8,3 15,0 12,8 13,2 8,5
Exportación mundial 101,1 98,6 102,0 106,4 89,0
Exportación argentina 4,3 7,5 9,7 8,0 6,1
Existencia mundial 85,0 96,3 101,0 116,0 128,9
Existencia EE.UU. 31,5 41,2 38,1 38,8 51,4
Fuente: Departamento tic Agricultura de EE, UU.

En el caso de nuestro país, de acuerdo a las cifras disponibles (Junta Nacional de Granos), se
estima que la producción total alcanzará en 1985/86 a 8,7 millones de toneladas, exportándose de ellas
aproximadamente 4,3 millones. Esto permitirá abastecer el consumo interno y en cuanto a la
exportación, se obtendrá un volumen que debería poder venderse sin mayores inconvenientes en los
destinos que tradicionalmente han implicado menores descuentos respecto de los otros com-petidores
(Brasil, URSS, Irán, China).
No solamente el trigo registra excedentes en el mercado mundial; podría decirse que el mundo se
encuentra hoy en lo que podría describirse como una situación inédita de excedentes agropecuarios,
que llegan a los 350 millones de toneladas de granos. Estos excedentes con causados, como se
198

se mencionó anteriormente, por el proteccionismo aplicado por los EE.UU. y la CEE, y también por
al cambio tecnológico introducido en la actividad agrícola.
La paradoja de esta situación de exceso de productos agrícolas es que la malnutrición y el
hambre todavía existen en el mundo. Según datos de la FAO, hay 350 millones de personas mal
nutridas en el mundo, es decir, una persona por cada millón de toneladas de excedentes de granos.
En lo que respecta a la carne, también constituye un importante componente de la dieta de la
población mundial. Después de los cereales es la principal fuente de proteínas y ocupa el tercer lugar
—luego de los cereales y el azúcar— como proveedora de calorías. El comercio mundial de carne
fresca, refrigerada y congelada se situaba a fines de la década del setenta en alrededor de 6,5 millones
de toneladas. La FAO estima que las importaciones seguirán creciendo, tanto en los países en desarrollo
como en áreas desarrolladas como Japón y Estados Unidos.
Los aumentos previstos para las importaciones de alimentos están relacionados con el crecimiento
de la población mundial. Según las proyecciones realizadas en el año 1981 por las Naciones Unidas, la
población mundial aumentará el 85% entre 1980 y el año 2025. Casi todo este aumento tendrá lugar en
los países en desarrollo, cuya población se prevé que será el doble en el 2025, mientras que para los
países desarrollados se estima un aumento de sólo el 25%.
Según la misma fuente, en muchos países en desarrollo se registrará un rápido crecimiento de las
ciudades y de sus poblaciones. En el año 2000, la población urbana de los países en desarrollo será el
doble de la de 1980, mientras que la población rural de esos países sólo aumentará un 18% para el
mismo período. Este crecimiento repercutirá en los sistemas de alimentación y en la disponi-bilidad de
tierras agrícolas en la mayoría de los países, ya que la urbanización y la industrialización originan
nuevas demandas de tierras, especialmente en las áreas rururbanas —las mejores tierras agrícolas—,
por lo que las posibilidades de autoabastecimiento se verán reducidas.
Si bien es cierto que en la mayoría de los países no está agotada la expansión de la frontera
agropecuaria, ésta debe hacerse a costa de grandes inversiones y empleo de tecnología, por lo cual
estos países, en un futuro mediato, deberán importar para poder satisfacer sus necesidades alimentarias.
Dentro de este contexto mundial, es promisorio el papel que le tocará desempeñar a nuestro país
como abastecedor, principalmente de cereales y carnes. Si bien en la actualidad posee importantes
excedentes que hacen que ocupe un lugar destacado en el comercio mundial, éste podría verse
privilegiado aun más si encamina su política al fortalecimiento de dos aspectos que hacen tanto al
ámbito interno como externo. En efecto, en lo que hace a la producción interna, ésta debe lograr —con
la incorporación de nuevas tecnologías y mayor aporte de fertilizantes— un aumento de la
productividad y de los rendimientos; en lo que respecta al ámbito externo, todavía le queda una amplia
franja de mercado «no tradicionales» para incorporar en el futuro.

9. Consideraciones finales

Al analizar el proceso geohistórico del desarrollo de la actividad agropecuaria en nuestro país, se


infiere que éste estuvo estrechamente ligado al desenvolvimiento de la economía mundial. Esto motivó
que se gestaran dos espacios netamente diferenciados: la región pampeana y el resto del país, aunque
éste último no constituyó en el pasado, ni constituye en el presente, un conjunto homogéneo,
Si bien la región pampeana acusa índices más elevados de productividad y de ingresos de sus
productores, está lejos de alcanzar el máximo de potencialidad que su sustrato ecológico le brinda.
Quedan aún innovaciones tecnológicas que incorporar y deficiencias que superar, entre las que se
cuentan la capacidad de almacenamiento y los canales de comercialización, entre otras.
Las regiones no pampeanas presentan problemas estructurales —por ejemplo el tamaño de las
explotaciones—, de más difícil y lenta erradicación. Sus economías están sometidas a recurrentes crisis
de sobreproducción. Los productores minifundistas deben buscar ocupación fuera del predio para lograr
un ingreso que les permita satisfacer sus necesidades básicas y, en la mayoría de los casos, deben
emigrar hacia otras regiones.
Los factores naturales ofrecen también serias restricciones a la actividad agropecuaria, entre los que
se cuentan las prolongadas sequías y los desbordes de los ríos, que hacen necesarias costosas obras
199

de infraestructura para atenuar sus consecuencias. Como contrapartida, estas regiones poseen
extensas superficies aptas para la actividad agraria aún sin utilizar.
En lo que respecta a la función que cumplen los sistemas agrarios de nuestro país producción de
alimentos y materias primas para la industria—, puede decirse que abastecen holgadamente el
mercado interno y generan importantes saldos exportables, en el caso de los primeros. Pero, si se
quieren mejorar los niveles de competitividad en el mercado mundial, deben buscarse menores
costos en la producción y una mayor integración agroindustrial, más aun cuando la demanda de
productos alimentarios preparados o conservados aumentará en los países desarrollados.

NOTAS

1 FERRER, Aldo, La economía argentina. Las etapas de su desarrollo y problemas actuales F C. E. Bs. As 1979.

2 A partir de 1930 la demanda mundial de productos agropecuarios crece muy lentamente (-2 % anual) agravada por
las fuertes políticas proteccionistas de los países desarrollados.
3Se recomienda el trabajo de Roberto NOGUEIRA: "Las organizaciones corporativas del sector agropecuario", en
La agricultura pampeana... ob. cit.

4 Influyó en este hecho la mejora de los precios relativos de la ganadería y la congelación de los arrendamientos
desde principios de la década del 40, que estimuló la retención de tierra por los propietarios y su dedicación a la
actividad ganadera.
5 En los primeros años de la década -debido a una intensa sequía- la producción de trigo resultó insuficiente para
abastecer al mercado interno. Comenzó entonces, una revalorización del sector, que se vio traducida a nivel estatal en
el accionar del Ministerio de Asuntos Agrarios y en la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
(INTA) en 1956.

6 OBSCHATKO, Edith. "Los cambios tecnológicos", en La agricultura pampeana: transformaciones productivas y


sociales. F,C.E. Buenos Aires, 1988.

7 LEBEAU, R. Grandes modelos de estructuras agrarias en el mundo. Vicens Universidad. Barcelona, 1983.

8 Esta modalidad se da directamente cuando el propietario es el productor.

9 Una vez implantadas, producen anualmente una cosecha sin necesidad de efectuar nuevas siembras.

10Las mayores restricciones se presentan en la zona costera de la provincia de Buenos Aires; en la depresión ocupada
por el Río Salado (sub-zona pampa deprimida) en los sistemas de Ventania y Tandilia y en el Oeste de la provincia
de La Pampa.

11Al respecto se ha considerado el trabajo de Félix Cirio - "Evolución reciente y perspectivas de crecimiento de la
agricultura en la región pampeana".
12 En conjunto, las tierras cultivadas no llegan al 3 % del total de superficie de la región patagónica.

13 Para una profundización del tema consultar: Plan de gobierno de la Provincia de Buenos Aires. 19.84-1987.

14 Operativo llevado a cabo por el gobierno en 1966, cuyo objetivo fue la radicación de industrias y la diversificación
agrícola. Los resultados no fueron totalmente satisfactorios; se cerraron once ingenios y la instalación de las
industrias se efectuó con un desfasaje temporal que obligó a la mano de obra liberada por los primeros a emigrar de
la región.

15 Influyó en el desarrollo regional la construcción del embalse de Cabra Corral.


16El aumento de las explotaciones entre 1914 y 1960 es significativo; se pasa de 3837 a 19.310 explotaciones; el
mismo se verifica en los predios menores de 25 hectáreas, producto de la subdivisión por herencia y por
colonización.
200

17Las mayores exigencias en lo que respecta a fertilizantes, se dan en los cultivos de caña de azúcar (60%), tabaco
(32%) y vid (26%).

18 GATTO y QUINTAR, ob.cit.

19 DAUS, Federico. El desarrollo argentino, Eudeba, Buenos Aires, 1970.

20Secretaria de Ciencia y Técnica. Proyecto Pilólo de Innovación en Agroindustria Exportadora. Informe final T.I.
1988.

21 Al comenzar el siglo XX, Argentina era un importante abastecedor, junto con Canadá, Australia y EE.UU.

22Los Cuadros N° 4 y 5, así como las tendencias observadas en el comercio mundial, fueron extractadas de la
publicación Perspectivas agropecuarias 1986. Asociación Argentina de Economía Agraria.

BIBLIOGRAFÍA

ASOCIACIÓN ARGENTINA DE ECONOMÍA AGRARIA. Jornadas Perspectivas


Agropecuarias. Buenos Aires, junio 1986.
ABRAMOVICH, Andrés. Insumos agrícolas y tecnología en el actual marco del comercio
in-ternacional de la producción primaria: A.A.E.A., Bs. As., junio, 1986.
BANCO CENTRAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA. Agricultura, caza,
silvicultura y pesca. Serie de Trabajos Metodológicos N° 22, Bs. As., 1982.
— Estimaciones trimestrales y anuales de la oferta y la demanda global a precios de
1970. Serie de trabajos metodológicos y sectoriales. N° 12. Bs. As., 1980.
BOLSA DE CEREALES DE BUENOS AIRES. Anuario Estadístico. Revista
Institucional. Síntesis informativa quincenal.
CARBALLO, C. y CATANA: La actividad tabacalera desde la década del 70. Bs. As., 1985.
CIRIO, Félix: "Evolución reciente y perspectivas de crecimiento de la agricultura en la
región pampeana" Proyectos de Alternativas de Política Agraria. Documento N° 6, Bs. As.,
setiembre 1984.
COMISIÓN PARA EL DESARROLLO DE LA ZONA DEPRIMIDA DEL
SALADO (CODESA). Caracterización y propuesta de desarrollo. Provincia de Bs. As., mayo 1984.
CONADE. Diagnóstico preliminar del sector agropecuario argentino. Bs. As., 1965.
CONADE-CIT. Tenencia de la tierra. Bs. As.,
1960. CFI (CONSEJO FEDERAL DE INVERSIONES), Producto bruto geográfico 1970-1980.
1983.Bs. As.,
CUEVAS ACEVEDO, Huberto. Patagonia: panorama dinámico de la geografía regional.
So-ciedad Argentina de Estudios Geográficos. Serie Especial N° 8. Bs. As., 1981.
DAUS, Federico. El desarrollo argentino. Eudeba, Bs. As.,
1970. — "La cuestión agraria", en Problemas argentinos y sus soluciones. Ed. Pleamar, Bs.
As., 1975. DOLLFUS, Olivier. El análisis geográfico. Ed. Oikos-Tau. Barcelona, 1976.
DURAN, Diana, La pampa deprimida. Balance geográfico. Oikos, Bs. As.,
1981. FAO, Anuarios de comercio y producción. Roma, 1974.
—El estado mundial de la agricultura y la alimentación. Roma,
1982. —La agricultura en el año 2000: problemas y opciones de América Latina.
Roma, 1981. FERRARO, Roque. El desarrollo regional argentino. Ed. Plus Ultra,
Bs. As., 1973. FERRER, Aldo. La economía argentina. Las etapas de su desarrollo y
problemas actuales. F.C.E., Bs. As., 1979.
201

FIDE, Revista Coyuntura y Desarrollo. N° 90, Bs. As., lebrero 1986.


FIENUP, D.; BRANNON, R.; PENDER, F.: El desarrollo agropecuario argentino y sus pers-
pectivas. Ed. del Instituto. Bs. As., 1972.
GATTO, Francisco; QUINTAR, Aída: Principales consecuencias socioeconómicas de la
división regional de la actividad agrícola, CEPAL, Documento de Trabajo N° 17, Bs. As.,
noviembre de 1985.
GIBERTI, Horacio. "Las dos argentinas agropecuarias". Realidad Económica N° 60-61, 5o y 6o
Bimestre, Bs. As., 1984.
INDEC, Censo Nacional Agropecuario 1969.
INFORME GANADERO. Bs. As., mayo, 1984.
1RIAKTE, Ignacio. Mercado interno de carne vacuna, Publicación Asociación Argentina Eco-
nomía Agraria, Jornadas de Perspectivas Agropecuarias, 1986.
JUNTA NACIONAL DE CARNES. Secretaría del grupo ad-hoc de carnes y Oficina Regional de
la FAO para América Latina y el Caribe. Boletín bimestral N° 1. Febrero 1980.
JUNTA NACIONAL DE GRANOS. Gerencia de Estudios Económicos. Indicadores de Coyun-
tura del Mercado de Granos. Publicación quincenal.
LARA, Albina. "Condiciones de la actividad agropecuaria en la Argentina: Importancia en
el desarrollo regional". Sociedad Argentina de Estudios Geográficos. Publicación XLVI Semana
de Geografía. Mar del Plata, 1984.
LEBEAU, R. Grandes modelos de estructuras agrarias en el mundo. Vicens Universidad.
Barcelona, 1983.
PROVINCIA DE BUENOS AIRES. Diagnóstico y situación actual de la provincia. T. I y
II, Buenos Aires, 1983.
— Plan de Gobierno 1984-1987. Objetivos generales del Plan y Programa económico. Versión
preliminar. Abril, 1985.
RECA, Lucio. El sector agropecuario y los incentivos económicos entorno a la experiencia
argentina en las dos últimas décadas.
REGUNAGA, Marcelo. El mercado mundial de granos: posibilidades de exportación de
Argen-tina. Centro de Investigación sobre el Estado' y la Administración. Bs. As., junio 1984.
— "El mercado de trigo perspectivas", en publicación A.A.E.A. Junio,
1986. SECRETARIA DE ESTADO DE AGRICULTURA Y GANADERÍA. El minifundio
en la Argentina. Primera parte. Servicio de Economía y Sociología Rural. Bs. As., 1978.
—Estimaciones agrícolas.
—Empadronamiento nacional agropecuario 1974,
SPEDDING, C. Ecología de los sistemas agrícolas. Blum Editorial. Madrid,
1979.
El Sector Pesquero Argentino. Ciencia Tecnología y Aparato Productivo. Interacciones locales
con las tecnologías del Hemisferio Norte. Situación Argentina. Volumen II, Capítulo II.
Edición Preliminar (circulación limitada).
Miembros participantes: Club de Roma, Club de Buenos Aires. Centro de estudios
comparados, Cerámicas Stefani, SECYT, CONICET, Sociedad Rural Argentina, Entidades
representativas del Sector Productivo Argentino y Empresas Públicas y Privadas.
4.5.

Los recursos energéticos


del territorio argentino
204

LOS RECURSOS ENERGÉTICOS DEL


TERRITORIO ARGENTINO

SERVANDO R. M. DOZO
1. Generalidades

Entre los recursos que son aceleradores de la actividad económica y que intervienen como
condicionantes de vida y del desarrollo, se destacan los que se clasifican como recursos energéticos.
Su importancia en el mundo actual ha sido reiteradamente destacada desde distintos ángulos. Su
dotación generosa en un territorio constituye sin duda un elemento importante para impulsar el
desarrollo, en la medida que el grupo humano poseedor y propietario de ese territorio, es decir,
soberano en el mismo, sea prudente y racional en su aprovechamiento. A la inversa, su despilfarro o
uso irracional pueden convertirse en fuente de frustraciones, sobre todo si no se aplican dichos recursos
a estimular el propio desarrollo.
La República Argentina tiene una distribución bastante diversa, y comparativamente impor-
tante, de recursos energéticos variados en las distintas regiones de su extenso patrimonio territorial.
Paradójicamente, la región más poblada del país y la de mayor desarrollo —por lo tanto la de mayor
demanda energética— es la que dispone hasta el presente conocido de la menor oferta de recursos
energéticos de tipo convencional: combustibles fósiles sólidos, líquidos o gaseosos. La región
aludida —la pampeana—, posee una cuantía relativamente modesta del total de recursos argentinos
inventariados. En la región, éstos están integrados especialmente por recursos hídricos y geotérmicos,
aunque también son significativos, en la relatividad apuntada, los recursos eólicos, solares y de
biomasa, que pueden alcanzar proporciones interesantes; sobre todo estos últimos —en la medida que
se haga su aprovechamiento racional—, como consecuencia de la capacidad potencial de desechos
agropecuarios y urbanos que tiene la región.
Esta región nuclear de la Argentina, sin embargo, está abastecida de energía de diferente
origen: petróleo, gas natural, carbón mineral, combustibles nucleares (uranio), hidroelectricidad y
combustibles vegetales —de otras regiones del país— y de combustibles importados en
cantidad declinante a medida que las fuentes nacionales fueron siendo explotadas en mayor
proporción. Sin embargo, al presente (1986), todavía absorbe en porcentajes reducidos
hidrocarburos líquidos y derivados de origen internacional, además de algunas variedades de
carbón para uso siderúrgico, fundamentalmente por problemas cualitativos. En este caso, los
abastecimientos de recursos nacionales carboníferos, no satisfacen, sino en porcentaje menor,
la posibilidad de integrarse en mezclas con mayor participación, de acuerdo a la actual exigencia
siderúrgica.

2. Panorama general

Una apreciación global inicial, antes de realizar un análisis más desagregado sin violencia de la
realidad, puede adelantar los siguientes hechos objetivos:
1.-La República Argentina tiene aún un conocimiento imperfecto de su patrimonio geográfico, con
vastas extensiones insuficientemente evaluadas en materia energética —y en otros recursos
minerales y no minerales—, que presumiblemente pueden ser acrecentados con el progreso de las
exploraciones.
2.-Puede considerarse un país subexplorado y subexplotado en materia energética
—opinión técnica que compartimos— y con una política energética errática, que es muy
controvertida en el campo político, en el económico y aun en el técnico, con avances, retrocesos
e indefiniciones que malogran un racional aprovechamiento de sus posibilidades.
3.-Sus recursos energéticos conocidos configuran y muestran, sin embargo entre los ya
in-ventariados como reservas y en los adicionales posibles, con un aceptable grado de seguridad en
las condiciones de la tecnología actual—, una magnitud satisfactoria con relación a sus necesi-
dades actuales. Otorgan, por lo tanto, en casi todos los campos sectoriales, la seguridad de que las
inversiones que se produzcan podrán ser amortizadas razonablemente y brindarán márgenes
de beneficios atrayentes.
205

Es decir que la República Argentina está dotada de recursos energéticos variados en cantidades
significativas, con una distribución regional relativamente compensada y bastante interesante
dentro del cumplimiento del principio de asimetría en la repartición espacial de los recursos. El
análisis posterior fundamentará esta afirmación, que da base cierta a que se pueda aseverar que es uno
de los espacios territoriales en que se dan las condiciones de oferta energética y de dis-ponibilidad
de producción de alimentos para atender un proceso de desarrollo sin angustias si se procede con
racionalidad.
4. Lo afirmado no significa que esa dotación de recursos se pueda aprovechar sin esfuerzo y sin
requerimientos de inversiones y tecnologías importantes.
Por el contrario, la movilización de algunos de sus recursos exige, en esta parte del planeta,
inversiones superiores. Esto ocurre en el caso del controvertido petróleo, por ejemplo, que se halla en
yacimientos —en promedio— más profundos y con rendimientos por pozo inferiores a otras áreas
petroleras de condiciones geogénicas y aun geográficas más favorables, como ocurre con las
privilegiadas del golfo Pérsico, del norte africano o de México y de Venezuela en América Latina.
Igualmente, el aprovechamiento de sus recursos carboníferos, hidroeléctricos (en forma pun-
tual), y aun mareomotrices, puede ser considerado, desde el punto de vista de la rentabilidad en el
mediano plazo, no atractivo para la inversión privada. Algún autor (Guadagni, 1985) ha asentado «que
nuestro país (tapando excesivamente de recursos energéticos escasos y caros»1; exceptúa de esa
afirmación al gas natural. En igual sentido destaca otro analista el alto costo de explotación del
petróleo por razones geográficas y extra-geográficas (Camino, 1986). No son las únicas opi-niones
técnicas al respecto.
Si bien las respetamos, no las compartimos totalmente desde el enfoque geográfico; no siempre
el único elemento de ponderación es la rentabilidad: hay otros parámetros para movilizar
los recursos energéticos y producir la organización del espacio, que pueden derivarse del
aprovechamiento de los mismo y en conjunto satisfacer otros beneficios de real importancia para
producir desarrollo.
5. En el actual estado de ocupación del territorio, tanto en su poblamiento cuanto en la con-
centración industrial, del comercio, y de la mayor parte de su infraestructura de transportes y co-
municaciones, hay un divorcio espacial entre las localizaciones de la oferta espontánea de recursos
energéticos y los principales centros de consumo de la energía. Ello gravita en los precios finales
intermedios de la energía consumida, tanto en su aplicación en la producción de bienes como de
servicios. A su vez tiene repercusiones socioeconómicas obvias; el precio de la energía puede
incidir no sólo en el mercado internacional al dificultar la competitividad, sino al absorber una
proporción gravosa en los niveles de ingreso bajos y medios de la población propia.
Una relocalización de la población y de las actividades energéticointensivas, cerca de los
centros proveedores de energía primaria especialmente, podrís ser coadyuvante a una menor
incidencia del precio de la energía sobre el consumo y a una mejor ocupación del territorio argentino y,
consecuentemente, a una mejor movilización dé sus recursos.
6. En la realidad de cualquier país en general, y para el caso de la Argentina en particular, debe
ser apreciada en su verdadera magnitud la incidencia de los factores reales que pesan para proveer
energía a precios razonables. Se debe tomar en consideración que, por un lado ella no puede ser
gratuita y por el otro, no debe ser obstáculo para posibilitar el desarrollo. De cualquier modo, me-dian
te la eficiencia en el empleó de los factores, se puede aventar el peligro de precios freno para la
actividad económica y para el desarrollo general.
Es por ello que la dotación energética, a través de una racional política para el sector, se con-
vierte en un instrumento idóneo del ordenamiento territorial y de la posibilidad del desarrollo con su
proyección sobre una mejor calidad de vida. En la República Argentina la oferta espontánea de
recursos energéticos en sus variadas formas se muestra favorable para la iniciativa y decisión
humana.
7. Se destaca el hecho de que la variación de la oferta energética —en el sentido de aumento o
fuerte restricción—, así como el fuerte aumento o disminución de los precios finales de la energía,
tienen repercusiones espaciales, sociales y económicas, tanto sectoriales como estructurales, y
pueden provocar caída del producto bruto, disminución del consumo, inflación, caída del salario real y
afectar a las situaciones regionales.
206

3. Fuentes energéticas argentinas inventariadas y evaluadas

La República Argentina posee una variada gama de fuentes energéticas distribuidas


irregularmente en su extenso territorio; se cumple así el principio de asimetría en la distribución
de los recursos. Lo remarcable en este caso es que, en mayor o menor grado, hay una oferta
energética interesante en casi todas las regiones; se destaca por la variedad y cuantía de sus
recursos la región que «lato sensu» se denomina Patagonia. Ella suma más de la mitad de los
recursos inventariados actualmente.
La distribución por fuentes de recursos computados, de acuerso a laúltima información
disponible —que modifica parcialmente algún dato que en otra obra nuestra reciente dimos a
conocer (DOZO, 1985)—, es la siguiente:

Recursos energéticos argentinos evaluados al 31/12/83 (106 tep)

Adicionales
Recursos Comprobados Total
posibles
6 6 6
10 tep % 10 tep 10 tep %
Hidroelectricidad 1500 52 500 2000 49,27
Gas Natural
(Invent.) 608 21,1 188 796 19,61
Petróleo 340 11,8 186 526 12,96
Urani 203 7,1 166 369 9,09
Carbón
o 171 5,9 137 308 7,59
Combustibles vegetales 60 2,1 0 60 1,48
TOTALES 2882 100 1177 4059 100

Este cuadro no incluye toda la información fragmentaria de la cual se dispone sobre diversos
recursos que hayan sido detectados en forma imperfecta y por ende sin evaluación satisfactoria. En
alguno de ellos, como ocurre con los recursos carboníferos y el gas natural (y también los termo-
nucleares), pueden ampliar considerablemente los volúmenes inventariados.
Por otra parte, como es fácil apreciar, no están incluidos otros recursos que, como los de
energía solar, eólica, geotérmica, mareomotriz, de biomasa y de otros orígenes, etc., existen
aunque su aprovechamiento es parcial, o inexistente o imperfecto. Estos recursos deben ser
puestos en valor sobre todo para estimular el desarrollo de las economías regionales y una mejor
ocupación del espacio territorial.

4. Comportamiento del consumo aparente de energía global, y por fuentes, en la Re-


pública Argentina. Recursos nacionales e importados.
(Situación al 31/12/1984)

4.1 Consumo global

El consumo de energía; en la República Argentina, desde el punto de vista global, nos muestra
una tendencia constante al ascenso en períodos prolongados, salvo coyunturas de detención o
caída que coinciden con la recesión de su economía y/o junto con el aumento relativo de los precios
de algunos insumos energéticos, —como en el caso de los carburantes para automotores—, que
provocan una retracción en su consumo. También tienen influencia al no favorecer una expansión
del consumo las políticas del sector público y privado destinadas a ahorrar energía mediante un uso
más racional de la misma. Enfiladas en esa tesitura hay campañas educativas a través de los
medios masivos de comunicación y por el sistema escolar. Aparte, hay esfuerzos de avance tec-
nológico que procuran a nivel empresario reducir las pérdidas de energía y/o utilizar equipos y
maquinarias, motores, etc., de menor requerimiento. Todo esto se proyecta, en cierta medida, en una
reducción del consumo, igualmente, se han reflejado en dicho comportamiento las dificultades
derivadas de hechos externos, como l a Segunda Guerra Mundial, que afectaron al abastecimiento
207

de combustibles importados. Situaciones de declinación de la economía, por razones internas y


externas, se han reflejado también en las cifras del consumo global en los recientes años
1981,1982, 1985 y 1989.

Tendencias del consumo a través de cortes históricos


Año Tep.
1937 (preguerra) 9.215.000
1955 16.966.000
1965 29.980.000
1973 34.720.000
1980 41.139.000
1982 40.505.000
1984 44.172.500
1989 46.228.700
Fuente: Secretaría de Energía

Consumo de energía global y eléctrica por habitante (años seleccionados)


Año Energía Electricidad facturada
(Kep/hab/año)
global (KWh/
1960 897 hablaño) 309
1970 1250 577
1980 1476 1080
1982 1367 1015
1984 1448 (estimado) 1220 (estimado)

Fuente: Secretaría de Energía

El consumo global de energía de la República Argentina representaba el 0,65% del total


mundial para 1982; en su equivalencia por habitante medio se aproximaba al promedio mundial. Si
bien ello aparentemente coloca a la situación nacional y por habitante en un nivel aceptable, desde
nuestro punto de vista, esa información muestra una pérdida de posiciones en la confrontación
internacional, pues en 1937 por su consumo por habitante el país ocupó el 28o lugar mundial,
mientras que en 1982 ocupaba el 49o lugar, lo que refleja un relativo estancamiento frente al avance
de otros países. En el marco regional de América Latina también su situación se retrotrajo del
primer lugar en consumo global para el país al cuarto y, per cápita del 2o al 5o, también entre esas
fechas. No obstante, a partir de 1937 la Argentina ha aumentado su consumo global 5 veces y su
población 3 veces.
Como conclusión general, podemos señalar que el indicador energético muestra una situación
coyuntural no satisfactoria en la evolución de la Argentina en cual no está de acuerdo con otros
elementos objetivos que corresponden a su realidad, como lo son la gran extensión de su patri-
monio territorial: 7o u 8o en el mundo —según se incorpore o no su patrimonio antártico—; su gran
disponibilidad de tierras cultivables y de pastoreo, sus recursos de los tres reinos terrestres y ma-
rinos, su producción y excedentes exportables de alimentos, sus capacidades humanas y sus
propios recursos energéticos. En otras palabras, su realidad geográfica de base para esperar un
superación de la actual coyuntura negativa,

4.2 La estructura de consumo por fuentes

la estructura del abastecimiento por fuentes muestra un cambio en su composición, espe-


cialmente si tomamos largos períodos:
208

Estructura del consumo por fuentes (años seleccionados)


Fuentes 1937 1968 1984
Part. Nac, Imp. Part. Nac. Imp. Par. Nac. Imp.
% % % % % % % % %
Petróleo 45,01 75 25 69,7 92,2 7,8 49,29 99,49 0,51
Gas natural 4,07 100 -- 18,1 100 -- 29,63 84,11 15,89
Carbón mineral 24,68 - 100 2,6 35,6 64,4 1,34 42,29 57,71
Carbón de leña,
leña y otros
vegetales 25,86 100 -- 7,9 100 -- 4,44 100 --
energía
hidroeléctrica 0,38 100 -- 1,7 100 -- 12,79 83,10 16,90
Energía
Nuclear -- -- -- -- -- -- 2,50 100 --
TOTALES 100 61 39 100 91,7 8,3 100 92 8

Fuente; Ex Secretaria de Energía (Porcentajes propios).

Como se advierte a través de la información presentada, la Argentina ha dependido y depende


principalmente de fuentes energéticas agotables en la satisfacción de su demanda. Dentro de
ellas los hidrocarburos líquidos y gaseosos son los predominantes, más aun después de la
Segunda Guerra Mundial, en la que aparecen sustituyendo en porcentajes significativos a los
combustibles sólidos mistrales y vegetales que, antes de la misma, en forma conjunta
abastecían en más de un 50% al consumo argentino.
La situación posterior muestra una brusca contracción de la participación de los
combustibles sólidos minerales carbonosos y vegetales, además de la expansión primero del
petróleo y luego del gas y la aparición y/o expansión de otros, como la energía nuclear y la
hidroeléctrica. Sin embargo el rubro hidrocarburos, a pesar de estas últimas, sigue jugando una
participación predominante, con un peso conjunto de alrededor del 80% y una diferente
participación relativa: los derivados del petróleo tienden a disminuir a partir de la escalada del
precio del petróleo de 1971 y de una menor disponibilidad interna de reservas; en cambio, hay
una expansión en el consumo de gas natural a favor del incremento de reservas y producción,
sobre todo luego del descubrimiento del notable ya-cimiento de Loma de la Lata en la provincia de
Neuquén.

Fig. 1. Comparación entre ¡a estructura de reservas y de consumos por fuentes (en porcentajes).
Fuentes: Ex Secretaría de Energía. Plan Energético Nacional 198512000. Anuario de Combustibles 1984.
209

Se puede apreciar que él recurso más abundante y además autorrenovable es la hidroelectri-


cidad, pero su participación en el consumo lo relega a un tercer lugar, felizmente con participación
creciente. El petróleo, que en las reservas ocupa un tercer lugar con un volumen de un poco más de
la décima parte, es el recurso que participa en casi la mitad del consumo global. El gas natural
mantiene una ubicación relativa más acorde; por otra parte la duración de sus reservas, en el nivel
del consumo actual; permite una expectativa de duración de alrededor de 4 veces más tiempo que el
petróleo, cuya disponibilidad podría circunscribirse a alrededor de 13 a 15 años, de acuerdo a los
recursos actualmente comprobados.
Cabe advertir que la evaluación del actual plan energético nacional no da cifras para los re-
cursos vegetales, que son renovables (autorrenovables o con acción humana); en estimaciones
anteriores se le atribuyen un volumen de 60 millones de tep. Además, en el consumo son una
realidad que representó en 1984 al 4,44 % del total, superando al conjunto de la participación de los
recursos termonucleares y de carbón mineral, los cuales todavía tienen un peso muy modesto
como se puede apreciar en el cuadro del consumo. Sin embargo, su disponibilidad es bastante más
onerosa en las reservas.
En definitiva, hay una distorsión o desfasaje en el comportamiento del consumo interno ar-
gentino respecto de la oferta de recursos de que el territorio dispone. Ello se vincula a inadecuadas
políticas energéticas y a la presión de intereses sectoriales y, en cierta medida, a dificultades téc-
nicoeconómicas para movilizar determinados recursos. Se incluye en esta última aseveración,
como factor restrictivo, el costo de la energía producida, si se aprecia como único parámetro de
beneficio a la rentabilidad del aprovechamiento energético y no se computan otros beneficios de-
rivados, tales como una mejor ocupación del espacio, sustituir recursos agotables que son materia
prima para procesos de alta rentabilidad —como los hidrocarburos para la petroquímica—, o
el promover por medio de su aprovechamiento el regadío, la navegación, etc., como ocurre con
los recursos hidroenergéticos.

6. Conclusiones

La República Argentina tiene una oferta natural de recursos cualitativamente importante, pues
los efectivamente comprobados alcanzan para unos setenta años de su consumo actual; es todavía un
país subexplotado, además de subaprovechado.
En el inventario conocido no hay evaluación de otros recursos de los que la Argentina dispone y
utiliza ya en diversa medida, como la energía eólica, la solar y la biomasa, o todavía no utiliza como
la mareomotriz, la geotérmica, la de las olas, etc. Ellas, sin duda deberán participar en el cuadro
total de una política energética integrada y serán muy valiosas en la solución de problemas regio-
nales.
Se deberá dar mayor participación a recursos como el carbón mineral, pese a ciertas limita-
ciones que se derivan de su empleo, tales como el problema de contaminación ambiental, de in-
dudable peso pero solucionable técnica y aun económicamente.
El país tiene un aceptable nivel de autoabastecimiento energético y podría ser mayor en la
medida en que resuelva promover sustituciones de recursos importados. Por otra parte es un
modesto exportador de energía a países vecinos y no vecinos: electricidad, derivados petroleros y
carbón mineral.
En su comportamiento regional de producción, consumo y flujos interregionales hay desequi-
librios en buena parte lógicos, por el principio de asimetría, y en otros casos corregibles para evitar
dependencias innecesarias y onerosas.
Finalmente la mayor parte de la población urbana y rural tiene acceso a energía comercial y de
tecnología avanzada: electricidad, gas, etcétera.
Cabe señalar una acotación adicional importante respecto del ritmo de crecimiento de la de-
manda en la década a partir de 1973: es la referida al débil crecimiento de la misma, que ha sido
estimado en alrededor del 28 % anual acumulativo, cifra que puede considerarse baja para un país
que necesita acelerar su desarrollo. La comparación con otros países como Sudáfrica, el Brasil,
México, Australia, etc., revelan una tasa más elevada en los mismos y una repercusión más fa-
vorable en su evolución, a pesar de diversas dificultades en cada situación nacional que marcan
210

vorable en su evolución, a pesar de diversas dificultades en cada situación nacional que marcan
diferencias entre unos y otros.

7. La demanda por sectores de consumo

La estructura del consumo por sectores muestra, en 1983, que el transporte absorbió el 36,9 %, la
industria el 31,3 %, el sector residencial, comercial y público demandó el 26,4 % y el agropecuario
un5.4% .2
Este esquema se mantiene con relativamente pocas alteraciones en el último quinquenio; no
obstante, cabe advertir que en la etapa de auge de la expansión industrial argentina, entre 1950 y
1965 especialmente, este sector tuvo primacía. Todavía en 1978 la industria y la minería absor-
bieron el 40,8 % y en 1984 el 36,8 %, ambos de energía global, como se puede apreciar en el
cuadro siguiente.3

Demanda por sectores de consumo. 1978 y 1984


Sector 1978 1984
Tep.(miles) % Tep. (miles) %
Industria y minería 10.688,2 40,8 11.223,0 36,8
Transporte 8.257,2 31,6 9,934,7 32,5
Residencial y comercial 6.065,8 22,8 7.788,2 25,6
Agropecuario 1.263,8 4,8 1.551,1 5,1
Totales 26.275,0 100,0 30.497,0 100,0

Esta información se corrobora con mayor énfasis en la estructura de consumo eléctrico (re-
cuérdese que es una forma de energía), en la que, para 1984, la industria absorbió el 48% ; el
sector residencial 28,9% ; el comercial 10,7% y otros sectores el 12,4% (este rubro incluye obras
sanitarias, sector administrativo público, alumbrado público, riego, tracción y otros). El transporte
absorbe poca electricidad en la Argentina: alrededor del 1%4 , pues todavía hay pocas líneas de
ferrocarril electrificadas, los tranvías prácticamente han desaparecido, quedan pocos trolebuses y sólo
es significativo el consumo de las líneas de trenes subterráneos de Buenos Aires. Hay sin
embargo planes de expansión, sobre todo en el sector ferrocarriles interurbanos, como las líneas
Buenos Aires - La Plata, Buenos Aires - Mercedes y Buenos Aires - Rosario.
Volviendo al sector industrial, la mayor demanda de energía global o en la forma eléctrica —en
un total de 81 % —, es absorbida por industrias de cinco grupos: químicas y petroquímicas; ali-
mentos; metales primarios (aluminio); minería (incluidos petróleo, gas natural y carbón mineral), y
cemento. Otros cinco grupos: textiles, madera, papel, fabricación de maquinarias y varios, sólo
absorbieron el 19% restante, siempre para el año 1984.
Como señala Ussher (1986) esta estructura contrasta con la que tenía la Argentina en el inicio de
la Segunda Guerra Mundial, en la cual primaban las industrias de alimentos y su conservación
(frigoríficos), textiles y de la madera. No existían altos hornos, ni petroquímica, ni industria auto-
motriz significativa.
Ahora bien, cabe destacar que el actual panorama argentino incluye, como fuerte consumi-
dores de energía, a algunas industrias de diversa intensidad de requerimiento, algunas clasificadas
como las energo y/o electrointensivas como las del aluminio o del acero, o petroquímicas o química
pesada, que todavía no han logrado un desarrollo en cuanto a cantidad y tamaño de localizaciones;
incluye también a otras medianamente energointensivas como la del cemento o las actividades de
gran minería y tal vez la de celulosa y papel, que en la Argentina tienen un desarrollo importante y en
ascenso, salvo la gran minería. Finalmente, como importantes consumidoras energéticas in-cluye a
las industrias alimenticias que, si bien son de poca intensidad individual en la demanda, por su gran
número y tamaño absorben una proporción importante de la demanda energética del sector,
como igualmente lo destaca Ussher en su análisis citado.
Respecto del transporte hay una demanda energética alta en el sector automotor a través de su
211

expansión a expensas del ferroviario —sobre todo en media y larga distancia—, tanto para el
transporte de cargas como de pasajeros. En la Argentina se puede hacer un importante ahorro de
energía racionalizando, por coordinación y complementación, las áreas de competencia entre los
sistemas terrestres, acuáticos y aéreos.
El consumo de energía por el sector agrario todavía es bajo en forma absoluta, pues hay una
demanda potencial no satisfecha en la medida que no haya una mayor tecnificación de las tareas,
aumento de los sistemas de regadío, protección contra heladas, aumento de consumo de fertili-
zantes, etc., que impulsen al sector como es dable esperar.
Dos acotaciones más sobre el comportamiento de la demanda en la situación argentina actual: ésta
nos muestra que, en algunos sectores como el residencial, la importancia de la misma se apoya en
el consumo del gas para cocinar y para calefacción o para calentar agua para higiene. Ello se explica
por la relativa abundancia del recurso, que condujo a un proceso de sustitución de los artefactos
correspondientes al variar los precios relativos del KWh de energía eléctrica respecto del m3 de gas
natural. Antes de 1950, cuando comienzan a extenderse los grandes gasoductos, eran muy difundidas
en los hogares de las principales ciudades argentinas, especialmente Gran Buenos Aires y La Plata,
las cocinas, estufas y celefones eléctricos. Hoy es a la inversa, pero la formidable expansión de la
oferta hidroeléctrica y nucleoeléctrica, actual en parte, pero también en perspectiva, podría producir
alteraciones futuras por la mayor eficiencia relativa del uso eléctrico respecto del gas en el
rendimiento energético de los actuales artefactos de uno y otro tipo de energía; es alrededor de un
50 % más eficiente en el caso de las cocinas eléctricas. Ello tiene interés indudable en una política
de no despilfarrar recursos que, como en el caso del gas natural, pueden ser convertidos en plásticos,
fertilizantes, etc., de gran repercusión espacial si los utilizamos en la expansión del frente agrario
hacia áreas marginales.

8. Distribución regional de consumo

El análisis nos muestra fuertes diferencias en la proporción del consumo global de energía por regiones
en la Argentina. Siguiendo a Lukez (1984)5, vemos que en 1981 el consumo energético, que en aña
trepó a unos 40 millones de tep., fue absorbido por las siguientes regiones energéticas (no geográficas):

Región % Incluye

Buenos Aires 58 Pcia de Bs. As. y Capital Federal


Litora 10 Santa Fe y Entre Ríos.
lCentro 7 Córdoba y San Luis.
Patagonia 6 Chubut y Sta. Cruz; Tierra del Fuego
NO 6 Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La
A Rioja y Santiago del Estero.
Cuyo 5 Mendoza y San Juan.
Comahue 5 Río Negro, La Pampa y Neuquén.
NEA 3 Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa.

Esta distribución regional es ilustrativa de la gran potencialidad de la región pampeana


húmeda, que a través de la región energética Buenos Aires, más las provincias de Santa Fe y
Córdoba, absorben el 70% del total del consumo de energía de la Argentina. Ello se corresponde,
aunque en superficie representa menos de la cuarta parte de la Argentina sudamericana, con la
mayor cantidad de habitantes, el mayor desarrollo industrial, la mayor concentración del transporte, la
mayor actividad agraria y el comercio. En cambio, el resto de la Argentina, que consume el 30%
restante, posee la mayor parte de su territorio, pero subpoblado y con actividades económicas y
movilización de recursos casi puntuales o de escasa intensidad. En muchos casos la falta de una
oferta'energética abundante y a precios razonables ha obrado, junto con una ineficíencia o inexistencia
de medios de transporte, como elementos de retracción en la movilización de los recursos y de asenta-
212

mientos poblacionales.
En definitiva, el comportamiento del consumo energético regional es un indicador valioso para la
apreciación de dichas realidades y en una apreciación de mayor profundidad puede desagregarse en
el consumo per cápita, por sectores económicos, por fuentes proveedoras, etcétera.
La distribución espacial del consumo global de energía a través del consumo por
unidades políticas de primer rango, para 1983, complementa y ratifica la situación regional comentada.
Consumo global de energía en 1983 por unidad política

Unidad Política % Unidad Política % Unidad Polítia


%
Prov. de Bs. As. 37,56 Entre Ríos 1,79 San Juan 0,96
Ciudad de Bs. As. 17,19 Chaco 1,38 La Pampa 0,73
Santa Fe 10,06 Jujuy 1,32 Sgo. d/Estero 0,62
Córdoba 8,02 Salta 1,28 San Luis Cata- 0,51
Mendoza 4,07 Santa Cruz 1,26 marca Formosa 0,46
Chubut 3,62 Corrientes 1,15 T. del fuego 0,42
Tucumán 2,58 Misiones 1.14 La Rioja 0,37
Río Negro 2,11 Neuquén 1,01 0,33

Se aprecia que las dos primeras Unidades, provincia y ciudad de Buenos Aires, absorbieron el
54,75% de toda la energía (nacional e importada); junto con santa Fe y Córdoba, que suman el
18,08%, integran el grupo principal de las provincias de la pampa húmeda, que hemos destacado como
la región de mayor población y desarrollo de la Argentina, con economías diversificadas de los
sectores primario, secundario y terciario.
Dieciséis provincias tienen un consumo que no alcanza individualmente al 2% y dentro de ellas la
mitad no supera el 1% cada una. Todo ello es revelador de un amplio espacio de escaso po-
blamiento y de bases económicas poco diversificadas —generalmente extensivas— y sólo formas
parciales de economías intensivas, predominantemente del sector primario, con algunos ejemplos
puntuales de industrias energointensivas, como los altos hornos siderúrgicos de Jujuy.

9. Consideraciones finales sobre el comportamiento


energético regional argentino

Las tres regiones de mayor consumo energético del país: Buenos Aires, litoral y centro, son de
escasa producción propia; la región que podrá resolver su autoabastecimiento por la vía hidroe-
nergética es la del litoral.
Tres regiones tienen una producción importante propia y destinan a otras la mayor parte de su
producción: Patagonia, Comahue y Cuyo. Las otras dos regiones, NOA y NEA, no tienen gran
consumo, pero son deficitarias, especialmente la región NEA, a pesar de contar con recursos,
potenciales que podrían revertir ampliamente su situación. En esta última región hay perspectivas de
producir hidrocarburos, en pequeña medida ya evidenciadas por la modesta incorporación de
Formosa entre las provicnicas petroleras.
Finalmente cabe señalar que los datos de consumo por habitante, a nivel de regiones, ponen en
primer término a la Patagonia y en segundo a Buenos Aires, luego siguen Comahue y Cuyo; con menor
consumo encontramos al litoral y al centro, y finalmente NOA y NEA, que son las regiones de
consumo por habitante más deprimido.

10. Panorama sintético de la situación energética argentina por recursos

10.1 Recursos autorrenovables

10.1.1 Hidroenergéticos

En el balance e inventario de recursos actualmente evaluados constituyen porcentualmente el


recurso más generoso y tal vez mejor evaluado, salvo la energía maremotriz y algunas cuencas
menores, por lo que no se pueden esperar ampliaciones espectaculares de la disponibilidad de
213

oferta del territorio. En cambio, sí se puede esperar una ampliación significativa de las cifras de
aprovechamiento, algunas de gran cuantía, como las referidas a las posibles obras en el Paraná
Medio, cuencas del Limay, Neuquén y Santa Cruz; Alto Uruguay, Cuyo, etcétera.
La ventaja referida al aprovechamiento de estos recursos distribuidos en diversas regiones del
país se vincula con aspectos de mejor ordenamiento territorial y descentralización poblacional;
aspectos económicos de oferta energética para el desarrollo de economías regionales y nacional; de
regulación de crecientes, control de erosión de suelos, pureza ambiental (brindan KWh limpios), y
beneficios adicionales tales como navegación, turismo, regadío, oferta de agua para uso humano e
industrial, abrevaje ganadero, etcétera, siempre que se compatibilice el uso hidroeléctrico con los
demás y que el mismo no resulte dominante por ser el que recibe beneficios inmediatos.

10.1.1.1 Situación argentina

Los recursos hidroeléctricos inventariados al presente suponen un total de alrededor de


45.000.000 KWh de potencia instalable (hay apreciaciones mayores), equivalentes en la oferta
energética global al 54,11 %de las reservas energéticas. Ello supone una equivalencia de oferta, cada
año, de no menos de 50.000.000 tep, que se renuevan; al presente —año 1984— sólo se utilizan
cerca de 5.700.000 tep, es decir, que estamos aprovechando poco más de la décima parte de la
dotación natural del recurso. La distribución regional es aproximadamente la siguiente (los
porcentajes han sido redondeados):

Distribución regional de los recursos hidroeléctricos

Cuenca %
Del Plata 54,0
Mediterránea 1,4
Cuyana 15,0
Pampeana 0,1
Patagónica atlántica 27,2
Patagónica pacífica 2,3

10.1.1.2. Energía hidroeléctrica potencial y generada

La potencia mencionada podría generar una producción anual evaluada en 186.000 GWh (1
GWh = 1.000.000 KWh) en un año hidrológico medio. En 1983 la producción de energía hidro-
eléctrica de servicio público —la más alta registrada hasta entonces— totalizó 18.333,6 GWh que
representan un poco menos del 10% de la energía potencialmente generable. Ello demuestra el
amplio margen que la Argentina dispone todavía en el aprovechamiento de este recurso autorre-
novable que proporciona kilovatios limpios. Dicha producción equivalió al 47,1% de toda la electri-
cidad generada en 1983, ligeramente inferior al 48,4% del año 1982, pero con una cifra absoluta
mayor, habiendo descendido en 1989 a 11.800 GWh, lo que representó el 26,1 %, motivado por
condiciones hidrológicas desfavorables.
La potencia hidroeléctrica instalada sumó 4.820.200 KWh, equivalente al 37,3% del total ar-
gentino. Se repite aquí la participación porcentual de las usinas hidroeléctricas en poco más del
10% de lo posible, pero, en cambio, es necesario advertir que su aporte eléctrico fue mayor que el de
otros tipos de centrales respecto de la capacidad instalada de cada una.
En el cuadro se informa, en orden decreciente, la potencia hidroeléctrica instalada y la pro-
ducción hidroeléctrica por jurisdicción, en centrales de servicio público en operación para 1983; en
total sumaban 67 con 163 grupos electrógenos funcionando, cuya generación conjunta ascendió a
15.178,9 GWh, Debemos agregar que además existen centrales de autoproducción hidroeléctrica en
siete provincias, con una potencia total (1983) de 23.656 KWh instalados, que aportaron otros 84.632
GWh (2/3 en San Juan y 1/4 más en Jujuy). Existen también aprovechamientos individuales modestos
pero útiles, que no han sido computados.
Hay un interesante proyecto auspiciado por la Subsecretaría de Energía —técnicamente
por Agua y Energía—, en conjunción con gobiernos de provincia y organismos (Parques
214

Nacionales, Gendarmería), para poner en marcha mini y/o microcentrales hidroeléctricas que
darían solución provechosa a las necesidades do asentamientos dispersos, de limitada demanda
pero de gran interés económico, poblacional y estratégico. Hay 10 provincias interesadas en
instalar dichos equipos, sobre todo del Noroeste, Oeste y centro del país; en Neuquén hay ya
variasen funcionamiento.

Fig. 2. Comparación de la potencia instalada (KWh) y de la producción de electricidad (MWh) por


tipos de centrales. República Argentina, 1989 (en porcentajes).
Fuente; Subsecretaria de Energía .Anuario de Energía Eléctrica 1987/89,

Otras obras de indudable trascendencia son las centrales, de bombeo que existen o están
proyectadas en la Argentina. Existen hoy, habilitadas desde 1983, la central Los Reyunos (Sur de
Mendoza), con una potencia de 224 MWh sobre el río Diamante y desde 1985 la modernísima
central en Caverna de Río Grande (sistema del Río Tercero, Córdoba) con 750 MWh, a la cual hay sólo
siete semejantes en el mundo. Estas obras actúan como compensadoras en el Sistema Eléctrico
Interconectado Cuyo Centro-Litoral, para atender picos de demanda o situaciones de emergencia.
Otra posible es la Brava (provincia de Buenos Aires), con una potencia prevista de 1200 MWh.

Potencia instalada, producción y principal central por jurisdicción


Jurisdicción Potencia Producción Central Potencia Producción
(KWh/1989) (MWh/1989) (KWh/1989) (MWIx/1989)

Neuquén 2.770.800 4.843.000 Chocón Alicu 2.200.000 3.007.000


Entre Ríos* 1.418.000 4.250.700 Salto Grande 1.418.000 4.250.700
Córdoba 928.420 1.059.480 Rio Grande 750.000 526.484
Mendoza 679.900 2.166.600 Nihuil II 133.120 447.108
Chubut 495.240 1.904.240 Futaleufú 448.000 1.812.484
Buenos Aires 300 500 Piedra buena **620.000
Salta 116.100 300.400 Cabra Corral 102.000 254.506
Tucumán 50.900 176.300 Escaba 24.000 87.175
San Juan 46.200 218.300 Ullúm 45.000 215.421
Rio Negro 20.300 93.700 Julián Romero 6.200 26.119
Sgo. del Estero 17.200 102.300 Rio Hondo 15.200 94.766
La Pampa 10.000 32.990 Los Divisaderos 10.000 32.990
Jujuy 7.400 19.370 Rio Reyes 7.200 18.702
San Luis 2.000 3.617 La Florida 2.048 3.617
Cata marca 1.900 5.080 La Carrera 1.000 2.296
T. del Fuego 300/500 ------- Ushuaia 350 270
Fuente: Subsecretaría de Energía.
* Por convenio, 1.418.000 KWh es lo que aprovecha actualmente la Argentina, de la potencia instalada total de Salto Grande,
que es de 1.890.000 KWh.
** En marcha preindustrial.
215

En el sector derecho del cuadro se ofrece, para cada jurisdicción, el nombre de la principal central
en operación y la energía generada por la misma, pero en este caso para 1982.
Las variantes que pueden apreciarse dependen, entre uno y otro año, como en el caso de Jujuy y La
Pampa, de diferentes problemas de funcionamiento, por razones técnicas, de hidraulicidad o de la
operación de centrales en sistemas interconectados. En 1983 la central binacional de Salto Grande, por
gran disponibilidad de agua en la represa, tuvo preferencia en el sistema interconectado para generar el
máximo de hidroelectricidad durante algunos meses, restringiéndose paralelamente la energía producida
por otras centrales hidroeléctricas.

10.1.1.3. Principales centrales hidroeléctricas en construcción y en proyecto


En estos momentos la planificación en marcha, en cuanto a obras en ejecución y. programadas, supone
aumentar la generación hidroeléctrica en 24.000 GWh(en un año hidrológico medio), lo que se espera
tener en producción alrededor del año 1992. Ello significaría alcanzar un aprovecha-miento cercano a
la cuarta parte del total posible estimado, sumando, claro está, lo que en 1983 ya generamos por esa vía.

Principales centrales en construcción y proyecto. 1983


Potencia Producción
Central Rio Provincia
(MWh) (GWh)
Yacyretá (binacional) Alto Paraná Corrientes 4.050 17.070
Cierre Sur - Chapetón Paraná Medio E. Ríos-Santa Fe- 3.000 18.600
Corrientes Chaco-
Cierre Norte-Patí Paraná Medio Santa Fe-Corrientes 2.857 15.500
Neuquén. Neuquén. (3.300)
Chihuido I Neuquén Santa Cruz 1.875 3.000
Chihuido II Neuquén Río Negro. 420 1.060
Varias Santa Cruz Mendoza. 2.970 6.576
Varias Negro 1.841 7.356
Cordón del Plata-Fase I Mendoza 844 2.270
Cordón del Plata-ll y III Mendoza Mendoza. 530 990
Los Blancos I Tunuyán Mendoza. 324 802
Los Blancos II Tunuyán Mendoza. 156? 538?
Potrerillos Mendoza ---? 320?
El Baqueano Diamante Mendoza. 110 530
Valle Grande Atuel Mendoza. 190 450
Río Blanco Juramento Mendoza. 36 105
Sistema Iruya-Pescado Iruya-Pescado Salta. 100 650
Carreuleufú Carreuleufú Salta. ---? 4.000
Garabí (binac. con Brasil) Uruguay Chubut. 236 1.265
Segunda Angostura Limay Misiones. 900/945 3.150
Los Monos Senguer Neuquén- R. Negro. 120 465
Chubut --- ---
Fuentes: Agua y Energía. Memoria 1983 (excepto para Potrerillos, proyecto provincial mendocino).
Agua y Energía. Interconexión. Año 7, N° 38, Bs. As., 1985

10.1.1.4 Beneficios complementarios


Algunas de las obras proyectadas contemplan mejorar la navegación de los ríos, como las del Paraná
Medio y Uruguay; otras avanzan hacia el regadío, como la del sistema salterio Iruya-Pescado o,
en Mendoza, Cordón del Plata I; algunas tienen prevista.la regulación de crecidas, sobre todo en áreas
montañosas y existen otras de aprovechamiento integral, ya que incluyen energía, riego, atenuación de
crecidas, oferta de agua, recuperación de tierras, desarrollo regional, etcétera.
Sin embargo, encontramos en varios proyectos una ausencia imperdonable, como lo es el no haber
considerado la posible navegación: tal es el caso de los ríos Negro y Santa Cruz. Los grandes proyectos
realizados, Chocón - Cerros Colorados y Salto Grande, sólo han sido terminados en lo atinente a la
generación eléctrica y a la regulación del caudal. Tampoco se ha concretado el regadío en el Chocón y la
navegación en Salto Grande. En El Chocón se cometió la imperdonable ligereza de no contemplar la
navegación y ello arrastró a igual error para las otras obras sobre el río Limay: Piedra del Águila, etcétera.
216

10.1.2 Energía mareomotriz


Dentro de las fuentes autorrenovables está la derivada de la captación de la formidable fuerza
de las mareas, que es intermitente o discontinua, pero tiene la ventaja de la regularidad de pro-
ducción del fenómeno. Ello permite que los registros humanos puedan predecir su comportamiento,
salvo situaciones cataclísmicas excepcionales. Además, no se halla afectada por períodos de
sequía; como ocurre con la energía hidroeléctrica, que puedan afectar su hidraulicidad. Los apro-
vechamientos reales en el mundo son poco numerosos y se localizan en Francia, URSS y China,
aunque hay posibilidades y estudios para diversos países del mundo.
En la Argentina, que tiene un extenso litoral sobre el Atlántico, el sector de la costa patagónica
en general y tal vez el extremo Sur de la costa pampeana ofrecen posibilidades para su captación a
favor de tres condiciones geográficas Importantes: amplitud de mareas entre pleamar y bajamar,
que oscila entre unos 5 y 12 o 13 metros; propicia configuración de la costa, con caletas, estuarios,
bahías y golfos que posibilitarían cerrar el paso a la energía mareomotriz y convertirla en electri-
cidad; por último, algo excepcional en el nivel mundial es la asincronicidad del flujo de las mareas
en lugares próximos, la cual no tiene parangón: se ha señalado internacionalmente, en un estudio
publicado por las Naciones Unidas, que la Argentina posee el lugar más apropiado para la utili-
zación de la energía mareomotriz por dicha asincronicidad, la cual posibilitaría contar con energía
de ese origen en un lapso de más de 18 horas por día por el juego natural de dicho movimiento. Los
otros aprovechamientos conocidos reducen a alrededor de sólo 12 horas por día la captación de la
217

energía mareomotriz en centrales de simple efecto.


La localización para el aprovechamiento de esa asincronicidad de mareas se ubica en el istmo
Carlos Ameghino, de unos 6 a 8 km de anchura, que une la península de Valdés al continente y separa
los golfos San José al Norte y Nuevo al Sur (provincia de Chubut). Aquí ocurre que cuando un golfo
está en alta marea, el opuesto está en baja; este hecho se da en contados ejemplos en otras partes del
mundo, pero no en distancias tan cortas ni en condiciones de configuración del litoral tan apropiadas
y que se deberá compatibilizar frente al desarrollo turístico-ecológico alcanzado por Chubut en esa
Península. Hay otras mucho más amplias, pero no en las condiciones aludidas.
El interés por el aprovechamiento de esta energía en la Argentina, comenzó en la época
próxima subsiguiente a la Primera Guerra Mundial y continuó en diversas oportunidades, nor-
malmente incentivado por problemas de dificultades o encarecimiento en el abastecimiento
energético y para hallar una nueva fuente sustitutiva. En 1923, 1928,1957, 1966, 1970, 1972,1975 y en
la presente década se dieron a conocer diversos estudios y propuestas al respecto.
Además de la localización citada, fueron objeto de análisis los aprovechamientos en los es-
tuarios de los ríos Gallegos, Santa Cruz, Deseado y en la ría de San Julián; éstos serían los más
apropiados, aunque habría otros lugares de posible captación no tan significativos en una etapa
ulterior.
10. 1.3 Energía eólica

Esta fuente alternativa de energía tiene como características ser autorrenovable, no contaminante y
relativamente silenciosa; ofrece energía motriz y eléctrica intermitente y difusa, al par que posee
localización muy amplia.
En la Argentina, a la dilatada extensión del territorio nacional y a la existencia de vastas áreas con
vientos relativamente constantes y de gran potencia media, aptos para su conversión eoloeléctrica o
eolomotriz, se añade la existencia de grandes espacios con escasa población y actividades económicas
dispersas y de demanda energética no concentrada que coadyuvan para que se busque el abastecimiento
requerido en condiciones de economicidad razonable.
Si bien el aprovechamiento de esta energía en su forma motriz —para bombear agua sub-
terránea— está incorporada a la realidad agraria argentina desde principios de siglo, a la vez que se la
utilizó para proveer agua al ferrocarril en zonas secas y para otros destinos, es a partir de la década del
20 y sobre todo de la década del 30 cuando se extienden por decenas de miles los molinos de viento,
—alrededor de 300.000 para ésta última fecha— y algunas estimaciones la acre-centaron hasta entre
400.000 y 500.000 para los años 1940-1950. En este período se produce una innovación, ya que a partir
de la década del 30 se empieza a proveer de electricidad a la vivienda rural, indispensable para dotar de
luz y alimentar a los receptores de radio, etc., a través de los llamados aerocargadores de baterías
eléctricas; éstos cedieron paso, posteriormente, a los grupos electrógenos compactos. La difusión de
estos últimos desarticuló una modesta y próspera industria de aerocargadores que quedó muy
comprimida en su volumen y número de empresas. No obstante, se continúan produciendo equipos
en la actualidad, con tendencia a la expansión, tanto en su potencia como en cuanto a su número.

10.1.3.1 Situación argentina

La investigación sobre esta energía se desarrolla fundamentalmente en diversos centros uni-


versitarios estatales y privados, en organismos nacionales (Subsecretaría de Energía, CONICET) y
provinciales, y en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
En 1977 se inició el Programa nacional de energía no convencional; como parte de dicho
programa, el Centro Nacional Patagónico, dependiente del CONICET y con sede en Puerto Madryn,
inició el estudio sistemático del viento, cuyo primer gran resultado fue la elaboración del Atlas del
potencial eólico de la Patagonia (1983).
La importancia de esta evaluación radica en que nos hace conocer que el recurso potencial
disponible sólo en el 1 % del ámbito patagónico, cuyo total corresponde al 28,3% de la superficie
continental sudamericana de Argentina, posee una potencia media efectiva de 13.200 MWh ins-
talables y una posible generación mínima anual de 115.632.000 MWh de electricidad, equivalentes
218

a la obtenible por más de 32.000.000 m3 de petróleo y casi tres veces la generación de todas las
centrales eléctricas de la Argentina en 1985. De ahí la trascendencia de su aprovechamiento.
La industria argentina está proveyendo de generadores de pequeña potencia para usuarios
individuales y ya hay previstos equipos de mayor envergadura. En la Patagonia, sobre todo en
Chubut, a través del Centro Regional de Energía Eólica se están realizando programas para ins-
talaciones en Comodoro Rivadavia: una granja eólica con 2.000 KWh de potencia instalada para
1987, una central de potencia en puerto Pirámides (Península de Valdés) e instalaciones híbridas
diesel-eólicas para Camarones, Paso de los Indios, Los Altares y Las Plumas. Además se equi-
parán viviendas de guarda-faunas en cuatro reservas faunísticas. Actualmente, el Aeropuerto
General Mosconi de Comodoro Rivadavia dispone de convertidor horizontal de energía cólica de 20
KWh, que funciona con vientos de 40 a 54 km, independientemente de su dirección; dicho conver-
tidor forma parte de un programa experimental de la Comisión Nacional de Investigaciones Espa-
ciales, con colaboración privada.
En definitiva, se está en la apertura de una etapa de mayor intensidad de aprovechamiento de este
recurso en tres aspectos: programas de investigación y Capacitación humana; estímulo a la industria
nacional específica y equipamientos en áreas propicias y dispersas; todo ello sin des-cuidar las
formas tradicionales de aprovechamiento.

10.1.4 Energía solar

Es un recurso autorrenovable, inagotable, intermitente, discontinuo y difuso, es decir, poco


concentrado. Se asemeja a la energía de las mareas en el sentido de su previsible intermitencia
—períodos de día y de noche medidos por la cantidad de arco solar diurno potencial, variable según la
latitud y la estación del año—, facilita que el hombre sepa a qué atenerse dentro de ciertas li-
mitaciones derivadas de factores naturales: nubosidad, precipitaciones, tormentas de polvos, o de
factores humanos tales como humos, brumas, «smog», etc., que puedan alterar su disponibilidad.
También se asemeja a la energía del mar en su abundancia general, pero es de baja concen-
tración relativa por unidad de superficie. En este aspecto es comparable a yacimientos minerales de
gran cuantía de reservas pero de bajísima ley. Finalmente, es un generoso recurso al que no lo afectan
los límites internacionales, como ocurre con otros bienes compartidos.

10.1.4.1 Situación argentina

En la forma tradicional de su aprovechamiento, esta dotación de energía natural ha sido y sigue


siendo aprovechada en la Argentina desde siempre en el secado de cueros y pieles, deshidratación de
frutas y hortalizas, orientación de la vivienda y sus aberturas, etcétera.
En formas tecnológicas más avanzadas y con aplicaciones diversificadas, para sustituir en
forma total o parcial otras fuentes, desde hace varias décadas se están realizando investigaciones en
las universidades de Cuyo, La Plata, Catamarca, etc., así como en el Observatorio de Física
Cósmica de San Miguel (Buenos Aires), en la Comisión del Año del Sol Quieto (1960), en la Co-
misión Nacional de Estudios Heliofísicos (1968) y actualmente en la Comisión Nacional de Inves-
tigaciones Espaciales, con estación central en San Miguel. Se ha avanzado en la investigación
teórica y aplicada; se ha desarrollado una red de estaciones solarimétricas con 42 localizaciones,
desde la Antártida Argentina hasta Jujuy, que cubren prácticamente todo el país y emiten infor-
mación cada seis meses.
La investigación solar helioenergética se extiende, además de su importancia climatológica, a
aplicaciones en desalación de agua, agroindustrias, actividades mineras, arquitectura para vivienda
humana e infraestructura social y económica, urbanismo, etc. Asimismo, en los aspectos teóricos de
la problemática se ha avanzado, no muy profundamente todavía, en aspectos prácticos de
aprovechamiento de la energía calórica y de su conversión en energía eléctrica. En esta dirección
también se dirige la acción de profesionales e industriales que han hecho contribuciones en di-
versos campos.
219

10.1.4.2 Conclusión

La vastedad de áreas con altos índices de heliofanía, sobre todo en las 3/5 partes del territorio
argentino sudamericano en condiciones de aridez o semiaridez, y la dispersión del poblamiento y las
actividades económicas, muestran la trascendencia de un aprovechamiento en mayor escala, como
creador de una condición de vida más satisfactoria en esos espacios donde es difícil y cos-toso resolver el
problema por otros medios convencionales.

10.2 Energía renovable con intervención humana

10.2.1 Biomasa primaria

Es la originada por la transformación de la energía solar en recursos vegetales, los que pueden ser
espontáneos o derivados de la acción humana. Algunos cálculos atribuyen la cuantía de las reservas al
equivalente de 60.000.000 de tep.; otras6 elevan ese total a más de 300.000.000 de tep, pero incluyendo en
esta última evaluación las cosechas de cereales, cuyo destino humano más prudente, por razones
obvias, se vincula con la alimentación humana y como forraje. Esta cifra colocaba en quinto lugar a
la Argentina en América Latina y la mayor parte de la misma corres-pondía a leña, seguida de cereales
y residuos vegetales de agroindustrias diversas.

10.2.2 La producción de carbón de leña

La producción de carbón vegetal a partir de la leña, de formaciones espontáneas la mayor parte,


es de antigua data en el país y se preparaba en hornos de barro o de ladrillo. Las provincias productoras
son 17, destacándose 7 de ellas por sobre las demás: Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Córdoba,
Salta, Catamarca y San Luis. La producción ha ido cayendo, a medida que se difundido el gas natural y la
electricidad, en la producción total; algo semejante sucedió con la leña. La producción fue muy alta,
aportando más del 40% de la energía consumida, hoy está por debajo del 5%.
El aprovechamiento más significativo de producción de carbón vegetal en escala industrial se
produce para proveer a Altos Hornos Zapla (unas 50.000 a 70.000 t por año) y procede actualmente,
en su mayor parte, de sus propias plantaciones de eucaliptáceas.
Todavía se hace un precario aprovechamiento de la leña que se carboniza; en los hornos tra-
dicionales de barro la relación era de 6 a 7t de leña por una de carbón, mientras que en los de ladrillo
es de 3 a 4 t por una t aproximadamente. En ambos sistemas se desaprovechan gases, esencias,
alcoholes, etc., que podrían ser obtenidos por destilación en baterías de hornos de tecnología
avanzada.
10.2.3 La alconafta

La Argentina se ha incorporado al núcleo de países que intentan disminuir el consumo de


carburantes a base de petróleo (agotables) por aquellos a base de vegetales (renovables). A partir de la
caña de azúcar en el Noroeste argentino, y ahora en el Nordeste, en el resto de la Mesopotamia y en
Santa Fe, se consume una mezcla integrada por 85% de nafta y 15% de alcohol. Además de caña
de azúcar, en la Argentina se podrían usar con igual destino otros cultivos tales como maíz, remolacha
azucarera, mandioca, etc., si se planteasen programas nacionales. El carburante alcohologénico es
menos contaminante, lo cual constituye ciertamente una ventaja; sin embargo, en todos los casos habrá
que ponderar la clase de suelos que se comprometen en su producción y si ello es lo más rentable frente
a otros cultivos o destinos alternativos.

10.2.4 La biomasa residual

Los grandes conurbanos argentinos, especialmente el Gran Buenos Aires y los formados alrededor
de otras grandes ciudades como Rosario, Córdoba, La Plata, Mendoza, Tucumán, etc.,tienen una escala
220

de producción diaria de residuos que resulta un verdadero problema eliminar en muchos casos.
Su destino energético sería una respuesta económica y ecológica, tal vez mejor que su utilización
para rellenamiento «sanitario».

10.3 Fuentes agotables con perspectivas parciales de renovación con intervención humana

10.3.1 Energía geotérmica


10.3.1.1 Generalidades

En la Argentina no se dispone de apreciaciones completas respecto de este recurso, pero se


sabe, por estimaciones parciales, que su presencia es significativa en varias áreas, especialmente de
montaña y aun de planicie, donde hay manifestaciones póstumas de vulcanismos de tipo termo-
magnéticas o termovulcánicas e hipertérmicas y termoplutónicas.
En la zona montañosa «se destaca netamente Copahue y la región puneña. Por otro lado,
tenemos la artesiana de Bahía Blanca-Río Colorado que, junto con el eje Galpón-Candelaria, de
carácter hipertérmico, son las zonas más conocidas hasta el momento»7.
La experiencia mundial muestra un creciente interés en la energía geotérmica. La Argentina
tiene áreas con posibilidades para este tipo de aprovechamientos que pueden contribuir a la oferta
energética y, en algunas localizaciones aisladas, hasta resultar competitivas con respecto a otras
soluciones. Al mismo tiempo pueden brindar aprovechamientos multipropósitos, como se ha ex-
puesto.

10.4. Fuentes agotables convencionales

10.4.1 Combustibles sólidos minerales

10.4.1.1 Carbón

Hasta el presente la Argentina no ha hecho participar a su carbón propio en forma significativa


en el abastecimiento energético por algunas razones explicables: el carbón importado es más
barato y de mejor calidad; sus yacimientos son excéntricos respecto de las áreas de mayor con-
sumo, etc.; sin embargo, estas razones no son justificables en una política racional de valorización
de sus recursos.
La evaluación oficial de las reservas para 1984 le adjudicaba al carbón un 6,06% con respecto a
las totales (plan energético ya citado). Esta participación se acrecentaría si se reafirmaran, por
comprobaciones técnicas adecuadas, los 7.350 millones de toneladas de lignitos de las cuencas
del río Coig (Coyle) inferior y su prolongación en el valle medio del río Santa Cruz (provincia
de Santa Cruz), los que se hallarían a una profundidad de alrededor de 500 a 600 metros.

10.4.1.1.1 Yacimientos

Hay individualizados unos 250 yacimientos de carbón de distintas calidades y magnitudes de


reservas; la gran mayoría son de escaso monto, salvo el de Río Turbio (Santa Cruz), cuyas re-
servas se estiman actualmente en 580 millones de t. Este yacimiento se halla en explotación con-
tinuada, con altibajos, desde la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de no haber alcanzado rentabilidad financiera, la explotación de este yacimiento ha
permitido el avance de la ocupación, bajo soberanía argentina, hacia un área limítrofe despoblada,
fijando varios núcleos urbanos; uno de ellos, Río Turbio, de alrededor de 15.000 habitantes, con
una incipiente organización del espacio y moderno equipamiento sanitario, educacional y de ser-
221

vicios varios.
Entre los restantes yacimientos hay una veintena de ellos que sobresalen, dentro de modestas
proporciones, distribuidos en 8 provincias que van desde Santa Cruz al Sur hasta Catamarca en el
Norte. El más destacado de este grupo es el de Pico Quemado (Río Negro), con mayor calidad
relativa del carbón pero con sólo 2.640.000 t de reservas. La explotación de estos Yacimientos ha
sido discontinua, con períodos de auge ante la escasez y carestía de los carbones importados o los
recursos sustitutivos y cesando o restringiéndose la producción en situaciones de oferta abundante de
los mismos, en que dicha producción abastece sólo un ámbito local reducido.
Es importante destacar que todos los yacimientos detectados de combustibles sólidos, inclu-
sive los termonucleares, se hallan en la Argentina al oeste del meridiano de 63°O, vinculándose con
estructuras finipaleozoicas o cenozoicas principalmente.

10.4.1.1.2. Producción, venta y consumo propio (de YCF)

La producción de carbón en Río Turbio se inició en 1951 con una cifra simbólica de 1.000 t En
1961 el yacimiento alcanzó una producción de 235.000 t; en 1971 se produjeron 632.000 t y en
1981 la cifra declinó a 498.000t después de haber alcanzado en 1979 su máximo con 727.000 t. En
1985 la producción cayó a 400.000 t. Las citadas cifras, referidas no a producción bruta sino a
carbón comercial, son evidentemente insatisfactorias y están muy alejadas de los planes que
prevén alcanzar 3.600.000 t y aun 6.000.000 t, los que de haberse logrado hubieran dado al ya-
cimiento rentabilidad financiera además de provocar otros beneficios vinculados al desarrollo re-
gional.

10.4.1.1.3 Importación y exportación de carbón

La Argentina realiza importaciones de carbón por razones cualitativas para uso siderúrgico
especialmente, sobre todo para SOMISA. En 1984 se importaron 540.062 t, de las cuales sólo
1.609 se destinaron a otros consumidores; dicho carbón procedió, en su mayor parte, de Estados
Unidos y de Polonia, y en mínima fracción de Panamá; en otros años se ha importado de otros paí-
ses.
Se han hecho, a la vez, modestas exportaciones que con mejor política podrían acrecentarse. En
1983 fueron adquirentes del carbón argentino Dinamarca —casi todo lo exportado— y Uruguay.
Existen, en este aspecto, otras perspectivas.

10.4.1.2 Otros recursos combustibles sólidos minerales. Visión sintética

La Argentina tiene en este rubro tres realidades, a saber: turbas, asfaltitas y pirobitúmenes
asfálticos, y esquistos bituminosos.
La localización de estos recursos se presenta entre un extremo y otro del país al oeste del
meridiano de 63°O, salvo los depósitos turbosos de islas Malvinas y Tierra del Fuego e Isla de los
Estados. Algunos de estos recursos se explotan limitadamente, caso de la turba; otros, como la
asfaltita y los pirobitúmenes asfálticos, con 214 depósitos reconocidos ya en 1965, localizados en
Mendoza y Neuquén principalmente, fueron explotados con cierta intensidad durante la Segunda
Guerra Mundial y actualmente lo son en forma muy restringida, para destino industrial en otros
países y en el propio.
Los esquistos bituminosos, con 95 depósitos identificados principalmente en cuatro provincias:
San Juan (es muy importante el yacimiento de Rincón Blanco), Mendoza, Salta y Jujuy. Existen
otros depósitos menores en La Rioja, Neuquén y Chubut, hasta un total de reservas significativas del
orden de los 1.200 millones de toneladas en todo el país. Este recurso se ha valorizado en los últimos
años, con la crisis del petróleo, ya que de él pueden extraerse aceites lubricantes, nafta, querosene
y parafina. Para Estados Unidos ya es un recurso del presente, mientras que para Argentina sigue
siendo un recurso del futuro.
Respecto de la turba hay identificados unos 120 yacimientos desde la región insular austral
hasta Jujuy, con reservas evaluadas equivalentes a unos 90.000.000 t de hulla.
A modo de conclusión debemos señalar que la disponibilidad de otros recursos más accesibles
222

y con menores requerimientos de inversión, posponen la utilización de los combustibles sólidos


aquí mencionados; no obstante, sería prudente mantener una investigación continuada sobre sus
posibilidades.

10.4.1.3 Recursos sólidos termonucleares. Uranio

10.4.1.3.1 Uranio. Generalidades

Este mineral metalífero, de alto valor energético a través de procesos de fisión atómica con-
trolada, con liberación calórica que luego puede convertirse en electricidad en centrales termo-
eléctricas convencionales, ha sido detectado en una amplia extensión de la Argentina. La Comisión
Nacional de Energía Atómica ha dividido el territorio en 2 áreas uraníferas: una de interés inme-
diato, que abarca 400.000 km2, y otra de interés mediato, de 900.000 km2.
En la actualidad hay 45 yacimientos significativos identificados en 9 provincias que van desde
Salta hasta Chubut por el oeste y avanzando hacia el centro hasta Córdoba y San Luis. Las mayores
reservas estarían en el Sur de Mendoza, provincia que dispondría del 75% del total de las mismas.
Los principales yacimientos son: Sierra Pintada, Los Reyunos y Doctor Baulíes. Los yacimientos
explotados se encuentran en Mendoza, Salta y Chubut y algunos depósitos ya han sido agotados en
las citadas provincias.

10.4.1.3.2 Reservas, producción y consumo

Las reservas y recursos clasificados como de primera categoría, aquellos de costo de explo-
tación menor a U$S 80por kg de uranio, suman alrededor de 20.000 t y los de segunda y tercera
categoría, hoy englobados, de mucho mayor costo de extracción, se estima en unas 70.000 t más.
Ello ubica a la Argentina entre los países más destacados en este recurso escaso, más allá de sus
amplias posibilidades futuras.
Según la evaluación de la ex Secretaría de Energía al 31/12/83, las reservas comprobadas
equivalen a 203.000.000 tep y las posibles a 166.000.000 tep. En 1984 el peso relativo del uranio en
el total de reservas energéticas se apreció en 7,19%.
La producción de uranio tiene tendencia creciente y fue de 801 en 1980, 90 t en 1981 y 96,5 t en
1984. Ello permite atender las necesidades de las dos centrales atómicas de potencia que ac-
tualmente funcionan en la Argentina: Atucha I (Buenos Aires) y Embalse Río Tercero (Córdoba).
Ambas consumieron en 1983 78,4 t de uranio, generando 3.405.100.000 KWh. con un ahorro de
petróleo de 784.000 tep.

10.4.2 Hidrocarburos
10.4.2.1 Petróleo

Como se ha visto, dentro de las reservas conocidas su participación es modesta: 11,64% del total
para 1984; sin embargo, es el recurso de principal consumo y presumiblemente, lo seguirá siendo
por mucho tiempo, a pesar de la creciente intervención de fuentes sustitutivas, pues la in-
fraestructura de consumo sólo se adapta a este combustible, por lo que, salvo innovaciones tec-
nológicas imprevisibles y de adaptación gradual, el petróleo seguirá siendo importante en la rea-
lidad argentina e internacional.
223

Fig. 4. Producción de petróleo por cuenca


Fuente: secretaría de Energía

La influencia del petróleo ha sido de gran peso en el ordenamiento espacial, argentino y ha sido una
de las causas, junto con la red ferroviaria, del distorsionamiento de la ocupación y del poblamiento del
territorio nacional. La localización de centrales termoeléctricas, en áreas de cómodos accesos —
primero del carbón importado y luego del petróleo nacional e importado y sus derivados— por vía
acuática, influyó decisivamente en la localización industrial, que, como es lógico, atrajo población y
otras actividades, conformando así un círculo vicioso de localizaciones que produjo la hipertrofia en la
distribución de la población, en la infraestructura, tanto del sistema vial como de depósitos, servicios,
etc., y en diversas actividades, con focalización extrema en el área metropolitana del Gran Buenos
Aires y en menor grado en otras áreas portuarias.
Esta notable dependencia del consumo de petróleo, tomando en consideración los otros recursos
energéticos disponibles, no puede considerarse como satisfactoria al analizar sus efectos.
De haberse dado una participación más relevante a otras fuentes energéticas, en una correcta
política de descentralización y desarrollo, regional, por ejemplo la hidroelectricidad, se hubiera dado
lugar a otras soluciones en el aprovechamiento de recursos, atrayendo actividades productivas y
obviamente la localización de la población en torno a los otros centros generadores. No olvidemos que
la transmisión de electricidad antes de la Segunda Quena Mundial estaba limitada a menos de 500 km y
muchas industrias que requerían oferta eléctrica se hubieran distribuido, por consiguiente, en otras áreas
argentinas.
Hoy, producida la citada hipertrofia de arranque y resuelto, el problema tecnológico de trans-
misión económica de electricidad a grandes distancias, se vuelve a aumentar el desequilibrio, pues la
energía hidroeléctrica es atraída por esos grandes centros consumidores, so pretexto —dura
realidad—, de tener que amortizar las inversiones en busca de un mercado consumidor potente,
desviando la hidroelectricidad de sus minúsculos mercados regionales. Vemos así que los grandes
emprendimientos hidroeléctricos de Chocón-Cerros Colorados, Alicurá y Salto Grande se orientan
principalmente a brindar su energía hacia el Gran Buenos Aires, Gran La Plata y resto del frente
industrial de la pampa. Mientras a través de una política de tarifas diferenciales no haya otras
alternativas, la concentración seguirá favoreciéndose.
224

10.4.2.1.1 Reservas

El conocimiento de las reservas es importante como base para una política petrolera y debe
correlacionarse con la información de otros recursos para obrar racionalmente en consecuencia. En
1984 equivalían al 11,69% del total.
La estimación para 1989 señalaba la cantidad de 344.623.000 m3 en declinación a partir de
1980, en que era de 391. 696.000 m3. Ello significa que las tareas de exploración no avanzan en la
medida de la explotación. Relacionando las reservas con la producción de 1989, también en ligera
declinación —26.714.000 m3—, la duración de las mismas todavía alcanza para casi 14 años. Si
relacionamos las reservas con el consumo, que se halla deprimido, esa cifra se

Fig. 5. Reservas recuperables de petróleo por cuenca.


Fuente: Secretaria de Energía.
225

Fig. 6. Cuencas sedimentarias.

Es importante señalar que a pesar de las dificultades que afectan al país durante las últimas
décadas se pudo, con grandes esfuerzos, seguir disponiendo de reservas para más de 12 años, lapso
prudente para realizar una política de autoabastecimiento.
226

10. 4. 2.1.2 Producción y consumo

La producción argentina de petróleo tiene una tendencia histórica al ascenso, ya que ha habido
años de caída, pero con recuperación posterior. Sin embargo, desde 1981, en que alcanzó su
máximo, se halla en un período de declinación que persistía en 1985 y 1989. Veamos la producción
en cortes decenales:
3
Año Producción (m )
1911 2.000
1921 327.000
1931 1.861.000
1941 3.500.000
1951 3.890.000
1961 13.428.000
1971 24.557.000
1981 28.852.000
1985 26.675.000
1989 26.714.000
Fuente: Ex Secretaría de Energía.
Esta producción no alcanzó normalmente para el consumo interno, que dependió de
importaciones hasta que se aspiró al autoabastecimiento cuando se conoció un nivel de reservas
compa-tibles con ese objetivo.
El autoabastecimiento se alcanzó en varias oportunidades, por distintas razones externas e
internas: en la Segunda Guerra Mundial se restringió la importación de petróleo y debimos susti-
tuirlo con aumento de la propia producción y recurriendo a fuentes sustitutivas; otros años
por recesión de la economía, como ocurrió en 1964, en que se cubrió el 94% de la demanda y en
1983, con el 99,49%, situación que se prolongó hasta 1990.
El autoabastecimiento ha sido logrado por pocos países de consumo significativo, tal es el caso de
la Unión Soviética, Canadá, México, Argentina y recientemente el Reino Unido.
La producción que se obtiene es, en alrededor de un 85%, de producción primaria, y el 15%
restante de recuperación secundaria, y se obtiene en yacimientos que se distribuyen en 11 pro-
vincias argentinas en las 5 cuencas en explotación.
Tres provincias, Mendoza, Santa Cruz y Chubut, aportaron en 1984 más del 66% del total
con una producción bastante similar; las siguientes provincias: Neuquén y Río Negro, aportaron
poco más del 24%; el territorio de Tierra del Fuego casi un 5% y las cuatro provincias restantes:
Salta, La Pampa, Formosa y Jujuy, el 5% restante en forma conjunta.
A fines de 1989 existían en producción 9.321 pozos de petróleo, más del 1% mundial, y 1007
de gas natural. La profundidad media de los pozos superaba 2.000 metros y el rendimiento
promedio oscilaba en alrededor de 12 m3 /pozo/día, ligeramente inferior al promedio mundial y
alrededor de 4veces superior al de Estados Unidos de América.
Existen variaciones sensibles de rendimiento de un yacimiento a otro y a través del tiempo. Los
mejores rendimientos actuales corresponden al yacimiento Puesto Rojas, y aledaños del Sur de
Mendoza, que alcanzaron en los últimos años a 500/600 m3 /pozo/día.
Mantener el nivel de abastecimiento exige en la Argentina que se perforen alrededor de
1.000 pozos cada año para poner en producción alrededor de 800 a 850, ya que hay que
descontar los improductivos. Además, hay que reemplazar los pozos que por diversas causas dejan
de operar.
10.4.2.1.3 Importación y exportación

Durante mucho tiempo la Argentina fue un importante importador de petróleo y derivados,


que se ha reducido en los últimos años; por el contrario, nuestro país está exportando
subproductos petroleros a casi 20 países de diversos continentes, lo que generó en 1984 un ingreso al
país de 320 millones de U$S.

10.4.2.1.4. Posición internacional argentina en materia de petróleo

En 1983 la Argentina disponía del 0,39% de las reservas mundiales y más del 1% de los pozos
227

en explotación, ocupando el 18° lugar como productor (1982) en el mundo y el 3° en América La-
tina, sólo superado por México y Venezuela, aunque en 1985 también por Brasil.

10.4.2.1.5. Infraestructura al servicio del petróleo

La extracción, transporte, almacenamiento, industrialización y comercialización del petróleo y


derivados deja su marca en el espacio geográfico a través de las operaciones respectivas. Co-
modoro Rivadavia (Chubut), Plaza Huincul (Neuquén), Vespucio (Salta), etc., son botones de
muestra de los centros urbanos surgidos por la explotación petrolera en medio de áreas desérticas o
selváticas.
Miles de kilómetros de extensión de grandes oleoductos y poliductos, miles de bocas de ex-
pendio de. productos petroleros, alrededor de 13 destilerías importantes en operación y otras
desactivadas, así como áreas destinadas a embarque y almacenamiento, se distribuyen en el te-
rritorio nacional argentino. Grandes organizaciones como Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF),
del Estado, y otras importantes empresas privadas trasnacionales y organizaciones al servicio del
automotor, como el Automóvil Club Argentino y el Touring Club Argentino, con sus cadenas de
estaciones de servicio, moteles, campings, etc., muestran su sello ocupacional en un país tan ex-tenso
como la Argentina.

10.4.2.1.6 Conclusión

En el territorio argentino en 1985, hay reconocidas 19 cuencas sedimentarias petroleras que


abarcan casi la mitad de su patrimonio territorial continental y marino; una reducida parte de ellas
está realmente explorada y, en menor extensión aun, explotada. La superficie de las cuencas te-
rrestres suma 1337.450 km2, mientras que las marinas alcanzan a 395.720 km2.
Cabe esperar que nuevas prospecciones originen un mejor conocimiento
de las mismas que permita despejar incógnitas. Hasta tanto no se haga una investigación sistemática
no se puede caer en afirmaciones extremas, excesivas en optimismo o en pesimismo. Si hay interés
de grandes "trust" internacionales en participar de la explotación, ello podría resultar un buen
indicio de la posibilidad de hallar significativas reservas de hidrocarburos en las citadas cuencas.
A partir de 1985 se ha convocado a una licitación internacional en una extensión sin
precedentes en la realidad argentina a través de 15 áreas de exploración, (8 en el continente y 7 en
el mar Argentino).

10.4.2.2 Gas Natural

Al disponer de petróleo, en forma casi habitual surge este hidrocarburo gaseoso, el cual tam-
bién puede presentarse en yacimientos gasíferos puros.
Su importancia en el mundo y en la Argentina se ha ido acrecentando por sus cualidades
intrínsecas de combustible de alto rendimiento calórico con posibilidades de uso doméstico e in-
dustrial, y de importante materia prima para destino petroquímico. Su mayor utilidad se puso de
manifiesto cuando a través del transporte por tuberías y mediante envasamiento fuertemente
comprimido —licuado—, fue posible su traslado a grandes distancias y aun fuera de las redes
domiciliarias de distribución, lo que amplió su mercado consumidor.
10.4.2.2.1 Situación argentina. Reservas
A medida que fue progresando la prospección petrolífera, simultáneamente se fueron detec-
tando las acumulaciones gasíferas, que en los últimos tres lustros triplicaron ampliamente sus
registros, sobre todo entre 1977 y 1982 —de 246.177 millones de m3 a 591. 871 millones de m3— en
lo que constituye un máximo histórico. Los dos años siguientes muestran una contracción en
función de que la cuantía de la extracción no fue acompañada de nuevos descubrimientos; sin
embargo, en 1985 hubo una recuperación parcial. El monto de 579.056 al año 1989 está en función
228

del cambio en la metodología de evaluación. La magnitud de las reservas de gas natural es equi-
valente prácticamente al doble de las de petróleo: 2130% en 1984. Al ritmo de su explotación actual
tendrían una duración tres veces mayor. Debemos mencionar que además de las reservas com-
probadas ya mencionadas, existen, como «reservas posibles», 210.926,5 millones de m3 adicio-
nales; casi la cuarta parte de las mismas en el sector marino de la cuenca austral. Todo ello justifica
los planes de sustitución de petróleo y sus derivados por gas, como ya se está aplicando en el
parque automotor de servicios públicos urbanos (taxímetros), en la generación termoeléctrica y con
destinos industriales.
La distribución de las reservas por cuencas es la siguiente:

Evolución de las reservas comprobadas de gas por cuencas (106 m3)

Cuenca 1967 1975 1982 1985 1985 (91/


Noroeste 14.350 7.168 99.345 109.489,7 16,07
Cuyana 1.703 1.252 591 2.311,3 0,34
Neuquina 32.568 7Z250 430.670 437.626,4 64,21
Golfo San Jorge 105.734 42.758 38.104 37.418,9 5,49
Austral 9.166 77.862 122.861 94.651,3 13,89
TOTALES 163.521 200.379 691.5.71 681.497,6 100,00

Fig. 7. Reservas de gas recuperables por cuenca.


Fuente; Ex Secretaria de Energía.
229

Pueden apreciarse verdaderos saltos en la disponibilidad por cuencas, sobresaliendo la neuquina,


con casi 2/3 del total, la del Noroeste y la austral. Obsérvese la contracción en golfo San Jorge y la
modestia de la cuyana, con un atisbo de recuperación.
La cuenca austral tiene un cuarto de sus reservas en el mar y el monto de las mismas en Tierra del
Fuego (40% de la cuenca) justifica la construcción del gasoducto submarino transmagallánico rea-
lizada bajo aguas argentinas. Esta cuenca tuvo en 1985 una merma de alrededor de 6.500 millones de
m3 de reserva con respecto al año anterior, pero hay amplias posibilidades para su acrecentamiento,
sobra todo en el mar.
Las reservas de gas natural de Argentina equivalen al 0,83% del total mundial y colocan al país
en el 11° lugar internacional. Se tiene proyectado un almacenaje artificial de reserva subterránea en
Be-azley, al Oeste de San Luis.

10.4.2.2.2 Producción y consumo

La producción de gas natural está en continua y explosiva expansión; entre I 979 y 1 983 creció
en un 50%, mientras que la del petróleo lo hizo en sólo un 3,8%. La participación en la oferta
energética ascendió en 1984 al 29,63%.
Lamentablemente, más de la sexta parte del gas producido no se aprovecha, lo que configura una
sensible pérdida en venteo o quemado in situ. La razón de esta falta de aprovechamiento debemos
buscarla en la carencia de transporte hasta centros urbanos o industriales para ser utilizado como
combustible o en la Industria petroquímica. El valor de dicha pérdida es alto, ya que entre 1974 y
1983 se ventearon unos 29.000.000.000 m3, equivalentes en valor actual a unos 5.000.000.000 U
$S; debemos reconocer que porcentualmente, aunque no tanto en cifras absolutas sin embargo, las
pérdidas se van achicando: en 1960, por ejemplo, se venteó el 61,63% de lo producido; en 1965 el
32,30%, en 1975 alrededor del 30% y en 1984 menos del 20%; el porcentaje óptimo no debería superar
el 7%.
Producción y consumo de gas natural (103 m3 )

Consumo 1983 1984 1989


En yacimiento 1.480.379 1.475.811 1.606.276
Entregado a Gas del Estado 11.589.261 12.750.011 18.777.620
Entregado a otros consumidores 62.459 70.682 104.699
Inyectado a pozos 1.009.577 830.888 835.803
No aprovechado 3.033.533 3.636.038 2.686.781
Errores de medición 5.422 537 195.710
Producción 17.180.631 18.763.962 19.915.000

El destino del gas natural con un total de usuarios en 1989 de 4.254.000, para uso industrial y
doméstico como combustible. Las principales industrias consumidoras son las del cemento, la azucarera,
la de gene-ración termoeléctrica, la panaderil, etc. Los consumidores domésticos representan casi
la mitad de la población argentina. El consumo petroquímico sólo absorbe el 4,5% del total
producido; mediante la puesta en marcha de polos petroquímicos en Neuquén, Campo Durán, San
Lorenzo, Mendoza y Tierra del Fuego, algunos en vías de realización, se espera contar con una
mejor absorción del gas natural, la que posibilitará la producción de fertilizantes, plásticos, etc., de
gran trascendencia para el desarrollo del país.
230

Fig. 8 Red de gasoductos


231

10.4.2.2.3 Importación y exportación

A pesar de nuestra disponibilidad excedente de gas, el país mantiene un convenio con Bolivia
desde hace varios lustros, por cuyo cumplimiento importamos una significativa cantidad: 2.395 mi-
llones de m3 en 1989. Ello supone una onerosa erogación de divisas, agravada como consecuencia del
actual precio internacional del gas, ya que la baja que se ha producido recientemente en dicho precio
todavía no se ha reflejado en una disminución de real significación en lo que se abona a Bolivia. Por
otra parte, el país realiza exportaciones de gas licuado, aunque en cantidades no muy significativas, y
están proyectándose convenios con Uruguay, Brasil y Chile para realizar exportaciones de gas metano
por gasoductos; en tal sentido es menester analizar bien las características, intensidad y duración de
dichos acuerdos en estudio.

10.4.2.2.4 Infraestructura de transporte. Gasoductos troncales

Hay casi 10.000 km de gasoductos troncales que integran los sistemas Norte (Campo Du-
ran-Buenos Aires), Centro-Oeste (Neuba II), Oeste y Sur (General San Martín), su capacidad media de
transporte es de 66,0 millones de m3 por día. A los gasoductos mencionados debemos sumar la habilita-
ción del Cordillerano (500 km), el que alcanza a Puerto Deseado (165 km) y Loma de la Lata
(Neuquén) - Bahía Blanca, que empalma con el gasoducto del Sur. Con ellos se resolverían los
crónicos déficits invernales en el Gran Buenos Aires y el Gran La Plata, si bien puede ser requerido
para el balance de la energía eléctrica ante situaciones de riesgo en el parque de generación como
sucedió en 1991.

10.4.2.3 Otros gases

Hay una importante producción de gas licuado de destilería proveniente de 8 de las 13 desti-lerías
argentinas, que en el año 1989 era de 581.200 tn.; ello se ha difundido y favorecido por una red de
plantas fraccionadoras que permiten su expendio en cilindros y garrafas, las que resultan muy útiles en
los lugares que no poseen red domiciliaria de distribución e inclusive para reforzar las necesi-dades
de calefacción en las épocas en que el suministro por cañería es insuficiente.
En las plantas siderúrgicas se genera como subproducto gas de coquería y gas de alto horno, que
se aprovechan para la generación de termoelectricidad en centrales de autoproducción y para atender
los consumos domésticos de los barrios de viviendas del personal respectivo, inmediatos a las plantas.
Como ya se ha citado, hay consumo de gas metano en las islas del Delta del Paraná, en apro-
vechamientos no comerciales, para atender las necesidades en las viviendas.

11. Energía eléctrica

La electricidad es una forma de energía -energía secundaria— que supone una avanzada tec-nología
cuando aparece en el espacio geográfico al servicio humano y de la actividad económica, por su
extraordinaria versatilidad en convertirse en nuevas formas: luz, sonido, imagen, movimiento, calor,
frío, etc. Por todo ello es un buen indicador del desarrollo de un país en la mayor parte de los casos. La
generación y el consumo de electricidad han tenido una tendencia ascendente de comporta-miento
similar, en líneas generales, al de la energía global; las caídas coyunturales son indicadoras de
situaciones de detención o receso de la expansión económica, aunque no siempre hay absoluto
paralelismo entre ambas variables, ya que la electricidad se consume también con fines no econó-
micos, por lo que aun en momentos de relativa recesión puede seguir aumentando el consumo, aun-que
no a tasas explosivas. Una tasa de expansión de la demanda anual de energía del 7,4% obliga a duplicar
la capacidad instalada en una década, lo que exige una buena programación y un análisis del
comportamiento de dicha demanda para evitar inversiones inadecuadas; de lo contrario, los perjuicios
que siguen a la improvisación son graves: si la oferta excede las necesidades reales se crea capacidad
ociosa que encarece la electricidad, o bien, si resulta insuficiente, constituye una dificultad para el de-
232

sarrollo. Para brindar seguridad en el sector de energía eléctrica, una medida oportuna seria que las
centrales térmicas fueran de ciclo combinado, permitiendo una mayor flexibilidad y de las cuales carece
el país.
Históricamente la mayor oferta de electricidad ha procedido, en el orden nacional argentino, de la
termoelectricidad hasta el año 1983, pero en forma declinante en favor de una mayor participación de
la hidroelectricidad; si excluyéramos entre la energía termoeléctrica a la de origen nuclear —lo cual no
es correcto porque también es termoeléctrica—, la hidroelectricidad ya la habría sobrepasado.

11.1 La Potencia instalada y producción de electricidad

Veamos el siguiente cuadro, en el que se han volcado los valores de potencia instalada y produc-
ción de electricidad para 1989, según los distintos tipos de centrales que funcionan en el país.
Potencia Producción
Tipo de central
(KWh) (%) (MWh) (%)
Hidroeléctrica 6.472.800 42.5 13.252.500 28,5
Vapor 4.749.500 31,2 21.239.200 45,7
Diesel 683.000 4,5 578.400 1,2
Termoeléctrica Turbo gas 2.288.700 15,0 6.327.800 13,6
Nuclear 1.018.000 6.8 5.039.400 10,9
Totales 15.212.000 100,0 46.437.300 100,0
Fuente: Subsecretaría de Energía Eléctrica.

Actualmente, el proceso de recesión de la economía argentina (1981 1989) ha provocado que una
parte significativa del parque de generación de electricidad, equipado bastante modernamente en los
rubros hidroelectricidad, nucleoelectricidad y parte del termoeléctrico convencional, haya quedado
parcialmente ocioso. Ello es consecuencia, inclusive, del avance de los sistemas interconectados, tanto el
Nacional (SIN) como los regionales (SIR), que permiten una mayor utilización de la hidro y nu-
cleoelectricidad y una disminución de la termoelectricidad convencional, que ha quedado reducida a un
factor muy bajo, de aproximadamente un 25%. En el SIN hay una potencia efectiva de 13.100 MWh
con una demanda de sólo 41.565,3 GWh (1989).
Ello entraña una significativa capacidad de reserva en expectativa de la reactivación económica. A
principios de 1986, hubo un dato alentador que es el aumento del consumo eléctrico industrial.
Cabe destacar la importancia de los sistemas interconectados desarrollados en la Argentina,
tanto el SIN, con comando central en Pérez, cerca de Rosario (Santa Fe), que tiene la responsabilidad
de coordinar el Despacho nacional de cargas (DNC), como los SIR; precisamente el Despacho
regional litoral de Agua y Energía linda con él. En Córdoba (Almafuerte/Río Grande) se produce la
vinculación entre los sistemas regionales Centro-Cuyo y Litoral.
Al presente (1989), están integradas 7 regiones en el SIN, comprendiendo el 93% del consumo total
de electricidad. Sólo faltaría entonces integrar a las provincias de Misiones y Formosa y la Patagonia
(Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego), cuyas áreas están parcialmente integradas entre sí, excepto
Tierra del Fuego y el Sur y Sudoeste de Santa Cruz.
Esta interconexión ofrece la ventaja que las mismas potencias instaladas pueden participar cada
año con diferente proporción, afrontando con versatilidad las variaciones coyunturales por proble-
mas de disponibilidad de agua en los sistemas hidrográficos, por entrada en reparación de centrales, por
accidentes en redes transmisoras, etc. En este último aspecto Hidronor mejoró sensiblemente la
seguridad del sistema al completar nuevas opciones de transmisión de la energía provista por su
importante complejo de centrales en las cuencas del Limay y del Neuquén.

11.2 Consumo por habitante

El consumo de electricidad de servicio público por habitante ha ido en aumento, aunque con una
caída a partir de 1980, reflejo de la actual recesión económica. En 1960 el consumo era de 309
KWh/hab/año, ascendiendo en 1970 a 577 KWh y en 1980 a 1.080 KWh En 1982 dicho consumo
descendió a 1.015 KWh, para trepar en 1984 a alrededor de 1.030 KWh (estimado) manteniéndose al
233

rededor de esa cifra. Estas cifras se refieren a energía facturada y no a producción ni a autoproducción,
las que en última instancia también tienen destino humano.
La cantidad de usuarios registrados conectados al servicio público sumaban
en 1989 la cifra de 8.962.564, existen, sin embargo, en suburbios urbanos, conexiones clandestinas
bastante numerosas, las que subsisten por varias razones socioeconómicas y políticas que sin duda no
son saludables a los intereses generales.
En cuanto al destino de la electricidad facturada, el 86,1 % de los usuarios son residenciales,
el 10,2% comerciantes, el 2,6% industriales y el 1,1% restante se agrupa como «otros», incluyendo
obras sanitarias, alumbrado, riego agrícola, tracción, etcétera.

11.3 Autoproducción: potencia instalada y producción eléctrica

Además de las centrales integradas al SIN y a los SIR que hemos considerado, existen en el país
centrales de autogeneración o autoproducción, tanto de empresas privadas como de empresas y
organismos de Estado. En el cuadro siguiente se han volcado las cifras de potencia instalada y pro-
ducción de las mismas para 1989, con los porcentajes del total correspondientes a los distintos tipos de
centrales:

Centrales de autoproducción Tipo de central (%)


1989 Vapor Diesel Turbo gas Hidroelec.
Potencia total 1.833.495 57,8 29,6 11,4 1,2
Producción total 4.515.974 68,1 7,3 22,2 2,4

La autoproducción tuvo, en épocas de déficit de oferta de servicio público, una participación


importante, del orden del 25% en potencia y en generación. Ello no resulta conveniente a tal extremo,
pues salvo excepciones en las que su existencia es un subproducto de otros procesos, como en el caso
de la industria siderúrgica, frigorífica, etc., su instalación es más dispendiosa financieramente y en
consumo de combustibles y más onerosa por KWh producido. En este momento significa su pro-
ducción alrededor del 10% del total; se ha reflejado en esta caída el mejor abastecimiento público y la
recesión industrial.

11.4 Consumo eléctrico de servicio público por sectores

En el siguiente cuadro se puede apreciar, para 1989, la energía facturada en MWh por sectores
y el porcentaje correspondiente a cada uno de los mismos en relación con la energía facturada total.

Sector Energía Facturada


MWh %
Industrial 18.915.988 49,3
Residencial 11.130.234 29,0
Comercial 3.505.607 9,1
Alumbrado público 1.587.095 4,1
Oficial 1.573.401 4,1
Obras sanitarias 917.295 2,4
Riego agrícola 383.113 1,0
Tracción 330.885 0,9
Otros 47.294 0,1
TOTAL 33.390.912 100

La distribución espacial del consumo, por sectores, confirma la existencia de un miniespacio de


gran concentración del consumo, constituido por la Capital Federal y el área provincial del Gran
Buenos Aires, que en todos los sectores encabezan, sumados, el mayor consumo eléctrico del país:
363% para 1989. Un segundo anillo espacial envolvente, constituido por el resto de la provincia de
234

Buenos Aires, más Santa Fe y Córdoba, consume el 30,5%, y fuera de él aparecen con relevancia en sus
regiones Chubut —Rio Negro con un 10,8%, Mendoza —San Juan con 8,0% y Tucumán con 2,0%; del
resto, las únicas provincias que exceden el 1% son Entre Ríos, Santa Cruz, Chaco y Neuquén.
En síntesis, aparecen diferenciadas la Argentina de la región pampeana húmeda y el resto del
país, por las razones conocidas de su diferente contenido poblacional y de actividades productivas ya
citadas anteriormente.

12. Conclusión general sobre energía

Como se ha visto, el territorio argentino tiene una generosa, diversa y complementaria oferta
energética. El hombre la ha aprovechado en parte racionalmente y también la ha dilapidado —lo hace
aún—, al despilfarrar recursos agotables, al no aprovechar los autorrenovables y al no hacer una
distribución más equitativa de los mismos en el cuadro regional y sectorial. En buena medida,
mien-tras no se pueda resolver este factor de infraestructura en forma más racional, seguirán
subsistiendo dos Argentinas contrapuestas y el bienestar compartido no alcanzará a todos los
habitantes y sec-tores; es decir, habrá un limitante del desarrollo.
El sector energético, motor fundamental del progreso y desarrollo es, desde la óptica geográfica,
altamente condicionante de la organización espacial del territorio. Así la extrema situación
económi-ca-financiera que afecta todas las actividades del país ha llevado a una política
de desregulación y privatización, criterios éstos, comunes en gran parte de nuestro continente y
Europa. Ello implicará una acelerada adecuación en el cambio de roles del Estado y el sector
privado frente a un ordena-miento territorial interno y regional lanzado además por el Tratado de
Asunción de 1991 impulsando el mercado común de América del Sur (Mercosur) que aspira sea
implementado en 1994.
En este contexto y para el tratamiento industrial del sector, los procesos de generación, transporte
y distribución adquieren una nueva dinámica, que se pone de manifiesto en el costo de las tarifas de
energía eléctrica, pues en muchos casos la descentralización de la distribución llega al nivel del
mu-nicipio, presentándose tal variedad, que hace que la energía en el interior del país (que no es
provista por SEGBA) alcance niveles desproporcionados que persistirán por largo tiempo hasta que
realmente se generen las leyes de oferta y demanda con criterio de mercado eléctrico.
235

13. Bibliografía y fuentes sugeridas

13.1 Fuentes

Publicaciones de la Secretaría de Energía, de Agua y Energía S.E., Yacimientos Petrolíferos


Fiscales (YPF), Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF), Gas del Estado, Hidronor, Comisión Na-
cional de Energía Atómica y de otros organismos y entidades estatales y privadas vinculadas a la
energía
La situación actual, a partir de la ley 23.930 de 1991, que ha dado origen a la división del sector en
las Subsecretarías de Energía Eléctrica y Combustibles, dependientes directamente del Ministerio de
Economía, así como el programa de desregulación y privatización para toda el área energética, puede
ser un factor negativo desde el punto de vista del ordenamiento territorial si no se toman a tiempo las
medidas que apoyen el gran esfuerzo que significa la compilación y compatibilización de la informa-
ción; que debe continuar siendo pública a fin de conocer, evaluar y planificar éstas y otras actividades
que necesitan de la energía con seguridad y calidad para su desempeño.

NOTAS
1 GUADAGNI, Alieto A., "Energía para el crecimiento". Buenos Aires, El Cronista Comercial. 1985.
2 Secretaria de Energía. Subsecretaría de Planificación Energética. "Plan energético nacional
1985/2000". Bs. As., set. 1985.
3 USSHER, Miguel S.: "Utilización de la energía en los sectores económicos", a publicarse en el

Boletín del Centro Naval en 1986.


4 Secretaría de Energía. "Energía eléctrica 1983-1984", p. 34/35.
5 LUKEZ, Beatriz. Situación energética regional. 1981. Buenos Aires, Forum, 1984.
6 O.E.C.E.I. (Oficina de Estudios de Colaboración Económica Internacional). Buenos Aires, FIAT,

1971.
7 ELEZCANO, Elena R. Panorama de las energías cólica y geotérmica. La Plata, instituto de la

Producción, 1980, Serie Contribuciones, N° 234, p. 7.

BIBLIOGRAFÍA

CAFASSO, José; RECCHI, Enrique. Economía energética argentina.


DOZO, Servando Ramón Manuel. Geografía de la energía. Buenos Aires, SENOC, 1985.
"La situación energética en la República Argentina", Buenos Aires, Pleamar, 1975 (En: Pro-
blemas argentinos y sus soluciones, I).
"Análisis crítico esquemático del plan energético argentino 1977/1985 y de lus posibilidades de
exportación de tecnología. Buenos Aires, Pleamar, 1980 (En: Problemas argentinos y sus solu-
ciones, II).
"La realidad económica". Buenos Aires, 1981.
GUADAGNI, Alieto A.: "Energía para el crecimiento". Buenos Aires, El Cronista Comercial,
1985.
* Se agradece a la Prof. María I. Fioriti, la actualización del presente capítulo.
4.6.
Industria no integrada y
concentrada con
desarrollo interrumpido
238

INDUSTRIA NO INTEGRADA Y CONCENTRADA


CON DESARROLLO INTERRUMPIDO
SERVANDO R. M. DOZO

La industria en la República Argentina

La etapa de desarrollo industrial de un país supone acceder a una economía de mayor intensidad,
más diversificada y que además de añadir valores agregados a los bienes primarios, cree fuente de
trabajo mejor remunerado, con sus efectos socioeconómicos —reactivar la aceleración de la
economía—, al ir creando un potencial mercado de consumidores que, por su mejor nivel de ingreso,
puedan acceder a la adquisición de más cantidad y mayor diversidad de bienes.
Es, sin duda, una etapa de madurez en la evolución de los pueblos que históricamente pasan de
una etapa pastoril a otra agrícola y más o menos paralelamente a la de explotación —todavía no
aprovechamiento— de sus recursos mineros, forestales, ícticos, etc. Finalmente se produce la
etapa de transformación de sus materias primas; en realidad ella, en sus formas elementales,
domesticas o de taller semi-familiar, con el procesamiento de alimentos, fibras, cueros y pieles,
maderas, arcillas, etc., se produce desde la etapa pastoril y más en la agrícola, en forma de atender a
las necesidades vitales de alimentos, vestimenta, vivienda y posteriormente herramientas, ins-
trumentos, transporte, etc. Es ésta la llamada etapa de la industria liviana, proveedora de bienes
finales requeridos aun en las sociedades primitivas.
En sentido moderno, después de la llamada revolución industrial, la industria supone organi-
zación empresarial, medios financieros, maquinarias, motores, equipos, instalaciones, energía
abundante y tecnológicamente avanzada, transporte y comunicaciones, mercado, legislación
adecuada, emplazamientos no arbitrarios, tecnología en continua evolución, etcétera.
La Argentina ha pasado por esas etapas; seguir afirmando que es un país netamente agro-
pecuario es negar lo evidente, aun en la actual situación de involución, con fuerte retracción in-
dustrial en diversos sectores, lo cual no es una coyuntura agradable pero, sin duda, es superable aun
dentro de un marco interno y externo sumamente duro y complejo, especialmente muy competitivo.
La caracterización de la estructura económica de la Argentina actual, —década del 80—, co-
rresponde a un país de economía mixta, con industria parcialmente integrada y desequilibrios en la
movilización de sus recursos espontáneos —minerales, energías, forestales, acuáticos— y aun los
generables.
Dentro de esta caracterización, la presencia del sector industrial es una realidad en la formación del
producto y su peso relativo, aun en retracción coyuntural, es el de un país en desarrollo. Véase a través
de cortes históricos la evolución del PBI y dentro de él el sector secundario manufacturero y el sector
agropecuario en su peso relativo:
Industria manufacturera Sector agropecuario
(%del PBI) (%del PBI)
1900 19,5 35,5
1910 21,8 pecuario
27,0
1920 20,8 30,0
001930 25,1 27;6
101940 27,8 25,9
201950 27,9 18,8
301960 31,1 16,4
401970 35,7 13,9
501974 38,3 11,7
601975 37,5 12,3
701979 35,3 12,2
741980 34,1 ------
751984 21,4 17,9
79
Fuentes: Banco Central de la República
80 Argentina. Ministerio de Economía. Información económica de la Argentina N° 108.
Nota: La industria manufacturera no incluye el subsector construcción. El sector agropecuario no incluye minería.

Ahora bien, analizado comparativamente el grado de importancia industrial de la Argentina


puede apreciarse que a partir de la década del 40, en los cortes presentados, el producto bruto y
industrial supera al agropecuario, teniendo su máxima participación en 1974. A partir de ahí co-
mienza una declinación, moderada hasta 1980 y luego violenta hasta 1984. Pareciera insinuarse una
239

recuperación en el año 1986.


Hay que apreciar también una caída de su importancia relativa en América Latina. La Argentina
generaba el 30,9% del PBI industrial de América Latina en 1950 y el 16,6% en 1979 (mientras que el
Brasil de 23,4% pasó a 37%).1
En el marco mundial su retracción es también evidente y tomando como base 1975 = 100, el
índice para 1981 ha sido 81, mientras otros países de diversas características: europeos, asiáticos,
africanos y sudamericanos, muestran incrementos oscilantes entre 129 (Sudáfrica), 144 (Japón), 159
(Chile) y 214 (Taiwán), para citar algunos.
Otro elemento caracterizador no desdeñable para una apreciación objetiva es que en la es-
tructura industrial argentina predominan los establecimientos de pequeña dimensión —hasta 25
personas dependientes— y mediana dimensión entre 26 y 200 empicados-. En 1974 «el 98,3% de los
establecimientos ocupaba menos de 100 personas».2 Los de más de 200 personas, conside-rados de
gran dimensión, eran una reducida proporción.
La aspiración a una concentración industrial es un objetivo importante pura alcanzar economías
de escala a los efectos de enfrentar la competencia internacional, tanto en el comercio externo
como interno. Ello no significa desconocer la importancia de la pequeña y mediana industria, es-
pecialmente en las economías regionales y como variable económico-social idónea para crear
fuentes de trabajo y adaptarse a las necesidades y momentos históricos. En países de la poten-
cialidad industrial de los Estados Unidos de América, este segmento de la mediana y pequeña
industria es la creadora de la mayor proporción de fuentes de trabajo y da un aporte muy alto al
producto bruto industrial. En el caso argentino lo deseable es su mejoramiento tecnológico y
equipamiento adecuado para no entrar en el obsoletismo, para abrirse un espacio acorde dentro del
conjunto; pero su prosperidad no depende sólo de su propio esfuerzos sino también de un marco de
instrumentos económicos que la estimulen y no corroan su existencia; situación igualmente válida
para la gran industria. Una equilibrada acción de fomento, cierto grado de proteccionismo razonable y
de gradual apertura a una competencia leal —no de «dumping» o de países que tienen por salario «un
plato de arroz»—, resultará un reto para su evolución.

1. Etapas del desarrollo industrial argentino. Visión sintética

Los tratadistas reconocen una primera etapa, coincidente con la Argentina pastoril y primera
parte de la agrícola —durante la época hispánica y en la vida independiente hasta aproximada-
mente el inicio del último cuarto del siglo XIX, en que prosperaron industrias artesanales y
agroindustrias en distintas regiones del país: Cuyo, Noroeste, Centro, Nordeste y pampeana. Ellas
dieron origen u la producción de variados bienes: vinos, azúcar de caña, dulces, tabaco, yerba
mato, harina, tejidos, cerámicas, carretas, barcos, curtido y trabajo del cuero; es la era del cuero
empleado en indumentos, vivienda, calzado, arreos, carruajes, etcétera.
La exposición industrial de Córdoba (1871) y la concurrencia a la exposición de París (1878)
podríamos decir que cierran esta etapa.
La terminación del ciclo de los saladeros y la iniciación de los frigoríficos, la expansión de la
industria molinera para acceder al mercado internacional, la implantación de talleres metalúrgicos y
gráficos, de alimentos y bebidas, de la madera, del calzado, textiles, etc., señalan otro hito en la
coexistencia con una Argentina agropecuaria. La exposición industrial del Centenario de la Inde-
pendencia en Buenos Aires (1910) y la creación, antes, del pomposo Club Industrial (1875) y del
Centro Industrial (1878), mostraron las expectativas y el despertar de una incipiente conciencia
industrial.
El hito de la Primera Guerra Mundial, fue sin duda significativo para un despegue de desarrollo
industrial. La causa fue un hecho externo ajeno a sus decisiones, que provocó la brusca interrupción
de la importación de bienes industriales. Pero había un marco interno que favoreció una rela-
tivamente fuerte expansión industrial, tanto cuantitativa como cualitativamente. Estos factores eran
los naturales: disponibilidad de materias primas, agua, energía, etc., y los humanos: mano de obra,
mercado, infraestructura de transporte moderna (ferrocarriles), segmentos de población con poder
240

adquisitivo y ansias de modernidad a través de niveles culturales y objetivos políticos.


El obligado proceso de sustitución de importaciones permitió desarrollar o expandir en la Ar-
gentina las industrias frigorífica, del tanino, del petróleo, eléctrica (la Argentina proveyó al resto de
Sudamérica de lámparas incandescentes), del calzado, textiles, de alimentos, del cemento, de
confecciones, de la madera, etcétera.
Fue una etapa importante en la creación de fuentes de trabajo alejando el fantasma de la
desocupación que ya se insinuaba en la Argentina por la enorme cuantía del aporte inmigratorio en los
años de preguerra, el cual ya había saturado la capacidad de absorción de las actividades agrarias
y de servicios.

Al terminarse la gran guerra y al reanudarse las importaciones, los países, occidentales


industrializados de Europa quisieron recuperar sus antiguos clientes de ultramar entre los que
estaba la Argentina, principal importador de manufacturas de América Latina. La irrupción de
bienes importados fue notable; a título de ejemplo se puede destacar que en Buenos Aires y otras
importantes ciudades argentinas, se ofrecían a precios reducidos bienes de todo tipo, llegándose a
vender relojes por kilogramo.
Esta formidable competencia en los momentos iniciales tomó a la naciente etapa industrial sin
protección adecuada y muchas empresas quebraron. Luego, el Estado por un lado y los empresarios por
otro, se acomodaron a la situación, hubo mejor organización, capitales asociados, y algunas medidas
de protección, por lo que no todo sucumbió.
Se señala que la mayor parte de los capitales que desaparecieron no tenían mentalidad in-
dustrial y se improvisaron como tales siendo de origen agropecuario durante la coyuntura del cierre de
importaciones. Luego volvieron en gran parte a la actividad que dominaban: el campo.
El período de auge industrial durante la guerra ha sido corroborado por diversos analistas; así, dijo
Ricardo M. Ortiz: «La influencia de la Primera Guerra Mundial fue decisiva en lo tocante al
desarrollo de la industria argentina. La cesación en forma drástica de los artículos manufacturados que
enviaba Europa, impuso la necesidad de sustituirlos de alguna manera con los de producción
nacional»3.
Especialmente esta etapa significa una consolidación del desarrollo industrial de la región
pampeana, especialmente en su frente ribereño del Paraná - Plata, donde junto con localizaciones
industriales alrededor de las ciudades puerto de Buenos Aires - Avellaneda y sus aledaños, Berisso -
Ensenada (La Plata), Campana (destilería de petróleo), Rosario, con sus ya significativas industrias
frigorífica, molinera, textil, metalúrgica, del vidrio (Berazategui) y de alimentos diversos y bebidas
(cerveza, en Quilmes especialmente) y generación termoeléctrica y de gas de alumbrado. Van
surgiendo barriadas obrero industriales que van cambiando la estructura social con connotaciones
políticas, de expansión urbana y aumentando hacia escalas mayores la dimensión del mercado
consumidor. En el resto de la pampa húmeda surgen puntualmente agroindustrias como la molinera y
las de lacticinios (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba) y alguna minero-industrial como la del cemento en
Olavarría. También de maquinaria agrícola, de coser, etcétera.
En la región chaqueña cobra auge la industria del tanino de quebracho y alguna otra vinculada con
el recurso forestal, como la del carbón de leña y la explotación maderera.
En Cuyo y Noroeste, las industrias vitivinícola y azucarera siguen su expansión, al aumentar el
mercado interno y no por sustitución de importaciones, además de las artesanías locales, como las de
arcillas y cerámicos, madera, metales; dulces y textiles. Estas últimas habrían sufrido un rudo golpe con
la llegada del ferrocarril, como alguna vez destacara algún escritor (González Irarnain,
«El soñado ferrocarril» en La Prensa de Buenos Aires), para la realidad riojana, pues junto con los
rieles hicieron las manufacturas de la poderosa industria textil inglesa, que en función de una
desaprensiva política inequitativa de fletes y del avance tecnológico del maqumismo, aniquilaron
industrias regionales que no estaban en condiciones técnicas ni de equipamiento y organización para
enfrentar la situación.
Terminada la guerra, los tres lustros que van desde 1919 a 1933 son ricos en hechos que se proyectan
en forma negativa o positiva, alternativamente, sobre la evolución industrial argentina y en su reflejo
espacial.
241

Hemos anotado la irrupción de la competencia de manufacturas procedentes de Europa; ello no


afectó a ciertos ramos como la industria frigorífica de carnes, que avanzó tecnológicamente hacia las
carnes enfriadas y no sólo congeladas, lo que mejoraba su comercialización. La devaluación de la
moneda argentina en los años 1921/22, sirvió de defensa indirecta para algunas industrias como la
textil, permitiendo la colocación de sus productos, elaborados con fibras nacionales y de menor calidad,
en los estratos sociales de menores ingresos. Los de altos ingresos siguieron consumiendo casimires,
sedas, poplines y terciopelos importados, así como otros bienes suntuarios o más o menos
suntuarios, como joyas, perfumes, platerías, porcelanas, bebidas finas y algunos alimentos, desde
conservas y chocolates hasta aceite de oliva, que también era requerido en escala impor-tante por los
inmigrantes de la Europa mediterránea y sus descendientes.
Nuevos hechos externos se produjeron, como a partir de 1925, la política europea, tendiente a
autoabastecerse de materias primas y alimentos procedentes de sus colonias o de los países in-
fluenciables a los que imponía sus precios y sus reglas, así como su búsqueda de aumentar su
producción agraria con estímulos diversos, incluyendo barreras aduaneras; en buena medida ello era
provocado para saldar sus deudas o pérdidas de guerra.
A partir de 1927 se acentúa el deterioro de los términos de intercambio, que beneficia a los
países industriales. El nacionalismo económico de los grandes países genera la crisis económica
mundial de 1928-30-32, según los casos, al comprimirse el comercio internacional por pérdida de
capacidad adquisitiva de los países no industrializados.
Las causas anteriores ponen un punto crítico al esquema de la Argentina basada en la agro-
exportación y la importación de productos industriales. El país se queda sin divisas y drásticamente
disminuye sus reservas de oro de 800 a 250 millones de pesos: ello se traduce en el fin de la
convertibilidad. La caída de los precios internacionales y las dificultades de colocar
—malvendidos— sus excedentes, agravaron su situación económico-financiera y hubo desocu-
pación y restricciones a la libre inmigración.
El encarecimiento de las manufacturas obró como estímulo para acrecentar e incentivar el
desarrollo industrial en dos aspectos: a través de la expansión y concentración de las existentes para
enfrentar la compleja alternativa y también con la aparición de nuevos rubros industriales.
El país intenta nuevas líneas en su política económica: a partir de 1933 aparecen juntas re-
guladoras, corporaciones de productores, el Banco Central y una política de sustitución de impor-
taciones; todo ello se refleja en la reactivación industrial.
En 1935 se realiza el primer Censo Industrial general de la República Argentina; sus datos son
reveladores de un avance cuanticualitativo del sector. Comparado con los datos del Censo general de
1914 (tercero del país) aparece un menor número de establecimientos, pero esto no debe alarmar,
pues otros indicadores tales como número de personas ocupadas, de motores y de su po-tencia, de
energía consumida, de volumen de su producción, etc., muestran una importante ex-pansión con
apertura del espectro industrial hacia nuevas formas industriales: química y química pesada, con
expansión de la petrolera con nuevas destilerías —grandes para la época— farmac-éutica, perfumería,
del papel y cartón, del calzado y del cuero, de vidrio y cerámicas, textil, ma-quinaria agrícola,
metalmecánica ligera, de alimentos, bebidas y tabaco, gráfica, etcétera.
Su distribución espacial sigue concediendo preferencia al frente ribereño de la pampa húmeda ya
citado, con algunas manifestaciones puntuales fuera de ella.
A partir de 1937 se proyecta el sector industrial, especialmente con la demanda de materias
agrícolas industriales, y ello tiene repercusión espacial en la expansión de los llamados cultivos
industriales hacia otras regiones fuera de la pampa húmeda: el algodón en el Chaco, el té y el tung,
además de la yerba mate en el Nordeste, el tabaco y la caña de azúcar en el Nordeste y Noroeste, el
olivo en Cuyo, etc. Las fechas se entrecruzan en los años treinta y tantos.

1.1 La Segunda Guerra Mundial y su posguerra


Se produce nuevamente él cierre de importaciones, pero el país tiene mucha más población y
además, en parte, más experiencia; se adoptan y adaptan formas de economía de guerra: el Banco
Central toma medidas cambiarías, se crea el Banco Industrial, se pone en marcha el plan siderúrgico
nacional (plan Savio) y se crea el Consejo Nacional de Posguerra para prevenir la situación posterior.
242

Hay una alternativa de expansión de los rubros existentes de industria liviana con nuevos rubros,
como los de la línea blanca (electrodomésticos) en el campo metalúrgico y nacen los primeros altos
hornos, como hecho geográfico notable, fuera de la pampa, en el Noroeste, siendo éste el inicio de
la industria siderúrgica pesada. También hay manifestaciones nuevas de química pesada (agua
oxigenada, ácido sulfúrico, etc.), producción de máquinas diversas y sobre todo repuestos para
sustituir las importaciones casi inexistentes y textiles, con fibras sintéticas.
Se ha señalado que en el orden mundial, en términos relativos, la Argentina fue el país que tuvo la
mayor expansión industrial entre 1949 y 1957: 6%en mano de obra y 73%en volumen físico
de producción.4
Los hechos de tipo externo e interno posteriores a 1950 y hasta la actualidad, muestran una
situación compleja y cambiante en lo político, social, económico y aun en la estrategia de las
grandes potencias industriales.
El ritmo de crecimiento del sector industrial argentino, que tuvo una tasa de crecimiento pro-
medio del 5,2% anual entre 1940 y 1944, se contrae entre 1945 y 1949 al 1,8% y entre 1950 y 1954 al
1%5; ello lleva a realizar una apertura al capital extranjero en la industria automotriz, en la de
maquinaria agrícola, en la del petróleo (1958) y en material ferroviario. El país, sin embargo, tenía
cuellos de botella importantes en cuanto a su infraestructura energética, de transportes y comu-
nicaciones, de depósitos, del sistema portuario, de infraestructura social, etc., que fueron convir-
tiéndose en restricciones diversas para su evolución, al tiempo que el agotamiento de sus divisas
acumuladas durante la guerra y la contracción de una deuda externa cada vez más agobiante, sin
verdadera capitalización en alta proporción, iban aumentando las dificultades.
Hace excepción a esta sintética presentación la modernización de la infraestructura energética,
desde mediados de la década del 60 y sobre todo a partir de la del 70, primero con grandes centrales
termoeléctricas convencionales, luego con nucleoelectricidad y paralelamente hidroelectricidad, no
sólo en parque de generación sino de transmisión. Frente al vencimiento de ese escollo surgen como
contrapuestas una apertura indiscriminada de la economía (1977/ 1980) que obró en forma negativa
en la pequeña y mediana industria, que no pudo soportar una nueva irrupción de bienes diversos de
países de condiciones tecnológicas, financieras, sociales y de organización diferentes y que
determinaron el cese de la actividad de numerosas empresas en las áreas me-tropolitanas del Gran
Buenos Aires, Gran Rosario, Gran La Plata y en las economías regionales. La situación al finalizar el
año 1985 era muy comprometida, a pesar de algunos atisbos de recuperación parcial hasta mediados
de 1986, objetivable en el mayor consumo de energía eléctrica por el sector de industrias
manufactureras.

2. Estructura de la industria manufacturera

Para el conocimiento del grado de desarrollo industrial de un país, no es sólo importante


apreciar' el peso relativo de la participación de su producto bruto con el conjunto de la economía
sino, y conjuntamente, saber cómo se integra y evoluciona ese producto bruto industrial. Desde el
punto de vista geográfico y por supuesto económico, es conveniente apreciar si lo integran industrias
vegetativas o industrias dinámicas y de base.
En síntesis conceptual se puede advertir que entre 1927 y 1950 el sector de industrias vege-
tativas, que tienden fundamentalmente a producir bienes de consumo inmediato
—paradigmáticamente los alimentos, además de otros—, representó un 58,7% del total, mientras que
el sector de las de base, que producen bienes intermedios y de capital, participó en el 41,3% restante.6
En cambio, entre 1950 y 1980 se producen cambios de posiciones relativas, creciendo varias
industrias de base, especialmente la fabricación de productos metálicos, maquinarias y equipos. Por
ejemplo, entre 1960 y 1970 la producción de arrabio creció un 516%, el acero crudo un 1.070%, los
laminados planos 1.010%, etcétera.
Todo ello tiene su arranque en la puesta en marcha de SOMISA el 22-6-1960 en Ramallo (planta
General Savio), seguida por ampliaciones en el sector privado; se incorporó con el tiempo la
243

fabricación de otros bienes, como el hierro esponja, que no se producía en 1960 y, en cambio, en
1979 aportó 806.000 t. Otro rubro significativo fue la fabricación en gran escala de tubos sin cos-
tura. El área desde La Plata (Buenos Aires), con Propulsora Siderúrgica Argentina, hasta Villa
Constitución y Rosario (Santa Fe), con Dálmine Siderca (Campana), Acindar, Aceros Bragado
(Bragado - Buenos Aires) y otras industrias, va dando lugar a importantes realizaciones, incluyendo el
avance errático de la industria naval, sobre todo entre Ensenada y San Fernando (Buenos Aires). No
puede dejar de citarse en esta breve digresión el desarrollo de las industrias petroquímicas, con
arranque modesto en 1943 y expansión fuerte a partir de 1960, en el frente industrial pam-peano;
del caucho y de los metales livianos (Aluar en Puerto Madryn, Chubut) y del papel, in-
cluyéndose ahora el papel para periódicos y diarios que se produce en San Pedro (Buenos Aires).

Evolución de la estructura industrial argentina (%). Censos 1935 a 1985


Cantidad de establecimientos (%)
Grupos industriales 1935 1946 1954 1964 1974 1985
1. Alimentos, bebidas y tabaco 31 22 16 18 22 26,1
2. Textiles, confecciones y cuero 15 20 20 13 16 11,2
3. Caucho, químicas y petróleo 3 3 2 4 5 6,1
4. Metalmecánicas 23 .27 32 39 24 25,7
5. Otros 28 28 30 26 33 30,9

Nivel de ocupación (%)


Grupos industriales 1935 1946 7954 1964 1974 1985
1 Alimentos, bebidas y tabaco 27 33 19 21 21 24,7
2 Textiles, confecciones y cuero 21 23 22 17 17 15,5
3 Caucho, químicas y petróleo 5 6 6 8 10 11,7
4 Metalmecánicas 20 22 29 35 33 27,4
5 Otros 27 26 24 19 19 20,7

Nivel de producción (%)


Grupos industriales 1935 1946 1954 1964 1974 1985
1. Alimentos, bebidas y tabaco 42 34 30 29 28 24
2. Textiles, confecciones y cuero 20 26 23 16 14 12,4
3. Caucho, químicas y petróleo 10 11 12 17 17 26,4
4. Metalmecánicas 14 14 21 27 31 21,2
5. Otros 14 15 14 11 10 17

Valor Agregado (%)


Grupos industriales 1935 1946 1954 1964 1974 1985
1. Alimentos, bebidas y tabaco 32 27 23 24 22 25
2. Textiles, confecciones y cuero 19 26 22 14 13 12,9
3. Caucho, químicas y petróleo 6 11 13 15 19 24,2
4. Metalmecánicas 19 17 25 33 33 22,1
5. Otros 24 19 17 14 13 15,8

Sueldos y salarios (%)


Grupos industriales 1935 1946 1954 1964 1974 1985
1. Alimentos, bebidas y tabaco - 23 20 19 18 20,3
2. Textiles, confecciones y cuero - 26 25 14 13 13,3
3. Caucho, químicas y petróleo - 7 8 11 14 14,1
4. Metalmecánicas - 22 30 40 41 31,6
5. Varios - 22 17 16 14 20,7
Fuente: Sourrouille, Juan Vital. "Apuntes sobre la historia reciente de la industria argentina". Buenos Aires, Boletín
Informativo Techint, Nros. 217 y 219.
Para 1985 cálculos en base a 1NDEC "Industria Manufacturera" Primera entrega - Buenos Aires, dic. 1987.
La observación del cuadro precedente, en el que se han reagrupado en 5 categorías las distintas
industrias con el criterio de que 1 y 2 corresponden a industrias vegetativas, mientras que 3 y 4, en
general, a industrias de base y 5, en general, industrias de base y dinámicas, permite apreciar y
corroborar lo dicho anteriormente sobre la existencia de un cambio estructural con crecimiento de las
industrias de base y dinámicas, no tanto en la cantidad de establecimientos, sino manifiestamente en los
244

mente en los indicadores relevantes de ocupación, producción, valor agregado y sueldos y salarios.

Estructura por (amaño de establecimiento. Distribución espacial 1935-1974

1935 1974
LOCALIZACIÓN
Establecim. Ocupación Establecim. Ocupación
Tamaño N° % N° % N° % N° %
ZONA
AVANZADA
Pequeña emp. 27.565 84;3 74.912 18,7 90.055 84,3 273.041 19,8
Mediana emp. 4.546 13,9 129.482 32,4 14.789 13,8 411.342 30,0
Gran emp. 613 1,9 196.264 48,9 2.011 1,9 688.896 50,2
SUBTOTA1 3Z724 80,56 400,658 84,84 106.855 79,77 1.373.279 85,26
ZONA EN
DESARROLLO
Pequeña emp. 6.857 86,8 16.812 23,5 24.405 90,4 70.518 29,6
Mediana emp. 932 11,8 26.504 37,0 2.384 8,5 63.837 26,9
Gran emp. 109 4?4 28.253 39,5 303 1,1 102.763 43,3
SUBTOTAL 7.898 19,44 71.569 15,16 27.092 20,23 237.118 14,72
TOTAL 40.622 100,0 472.227 100,0 133.937 100,0 1.610.397 100,0
Fuente: Kühl y otros, ob. cit., p. 280 y 281. Tomado de R. Ferrucci. "Evolución de la PYME industrial 1935-74".

Aclaraciones:
I. Zona avanzada: Capital Federal, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
Zona en desarrollo: resto del país.
II. Pequeña empresa: Hasta 10 obreros.
Mediana empresa: Entre 11 y 100 obreros.
Gran empresa: Más de 100 obreros.
III. En el original del que se tomó hay errores en las sumas. La mayor diferencia se halla en el número
de establecimientos para los Censos de 1935 y 1974, pero en general no
afectan a los conceptos.

Fig. 1. Tendencias de evolución en cifras absolutas de la industria argentina entre 1935 y 1985.
Fuentes: Kühl y otros: ob. cit., cap. VI, pág., 288.
Para 1985: Censo Económico Nacional 1985. Cifras provisionales.
Vara 1979: Revistió Industrial de la Nación, 1980.
245

Censos N° de establecimientos Personal ocupado


1935 37.965 511.805
1946 84.895 1.171.398
1954 148.371 1.439.329
1964 143.087 1.320.067
1974 134.497 1.610.497
1979 (1) 36.893 1.138.687
1985 (2) 111.767 1.359.519
Fuente: Kühl y otros, oh. cit., cap. VI, p. 288.
(1) fue extraído del Registro industrial de la Nación. 1980.
(2)Datos provisionales del Censo económico 1985.

Se puede apreciar que hay una clara diferencia ente el grado de concentración industrial en la
denominada zona avanzada, que corresponde a la pampa húmeda, la cual tiene la mayor cantidad y
proporción de los establecimientos industriales y de la ocupación humana industrial, así como
otros indicadores correlativos tales cómo producción, salarios, energía, etc.
En cuanto al número de establecimientos, en el censo de 1935 más de 4 de cada 5 de ellos
estaban en las provincias de la zona avanzada (pampa húmeda) y en 1974 esa situación se
mantenía, aunque con un pequeño repunte de la zona en desarrollo (resto del país), con algunas
variantes más sensibles en el tamaño de los establecimientos. En ambas situaciones temporales
predominaban en la zona en desarrollo las pequeñas empresas; en cambio predominaba la mediana
en la zona más avanzada. Respecto de la gran empresa, hay un retroceso relativo en la proporción
que tenía con relación a 1935 en 1974, para Ja zona en desarrollo, ocurriendo lo contrario en la de
avanzada.
Respecto de la mano de obra ocupada en todo el país, en los establecimientos grandes se
tenía, en ambos censos, la proporción mayor; en cambio los de pequeña dimensión predominaban en
1974 sobre los de mediana en la zona en desarrollo, pero no así en la zona avanzada, en la que en
ambas fechas la mediana industria absorbía casi un tercio de la mano de obra.
La información para 1985 no está disponible., pero se advierten, por datos parciales de uni-
dades políticas, algunos cambios; sobre todo para la zona en desarrollo en los casos de la provincia de
La Rioja y el territorio nacional de Tierra del Fuego, a favor de la influencia de los regímenes de
promoción industrial que atrajeron localizaciones de industrias de avanzada tecnología, tal es el
caso de lá electrónica, que son de gran intensidad de capital pero no absorben mucha mano de
obra.

3. La concentración industrial argentina

Tomando por base los datos de 1974 y 1985 es indudable que hay una localización
concentrada de la industria argentina; se destaca sin duda, no sólo la concentración en la zona de
avanzada de la pampa húmeda sino que, aún dentro de ella, hay anillos y fajas de concentración
realmente importantes alrededor de verdaderas áreas macrourbanas como el Gran Buenos
Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario y Gran La Plata. Algunas de ellas han desbordado tanto que
tienden a unirse, como el Gran Buenos Aires con el Gran La Plata, aun dentro de la recesión en la
última fecha.
Fuera del área pampeana sobresalen, en lo relativo dentro de la zona en desarrollo, el Gran
Mendoza y el Gran Tucumán, aunque si consideramos su peso relativo, a bastante distancia de los
anteriores, pero con indudable trascendencia como poder concentrador en sus propias provincias. El
Gran San Juan, en escala más modesta, se destaca en su espacio provincial. Hay situaciones puntuales
que conviene destacar, tanto en una como en otra zona dentro de este breve análisis; pero lo que sin
duda conviene apreciar en la distribución geográfica de la industria en la Argentina, es la existencia
de un verdadero cinturón o faja Industrial de notable relieve, no sólo en el marco interno sino en el
más amplio de América Latina y, aunque más modestamente, en una apreciación mundial. Lisa faja
industrial ha sido identificada con el nombre de costa industrial (Dagnino Pas-tore), región de
industria diferenciada (Brunengo), frente fluvial industrial (Daus y otros), «puertas de la tierra» con
industria diferenciada (Dozo).
Este frente fluvial industrial de la pampa, abarca, una faja del Nordeste de Buenos Aires y del
Centro Este que se apoya en los ríos de la Plata y su afluente, el Paraná, con un ancho de alrededor de
246

de 45 km, angostándose y ensanchándose en línea paralela a los fluvios mencionados. Por el sur
alcanza el Gran La Plata y por el norte el Gran Santa Fe, incluyendo obviamente el Gran Buenos Aires
y el Gran Rosario. Tiene una superficie de alrededor de 70.000 km2, el doble de la de Holanda,
y una población de alrededor de 14.000.000 de habitantes, es decir, alrededor de 200 hab/km2 con
unos 400 km de ribera sobre caudalosos ríos que le aseguran, agua potable y vías navegables, para,
buques ultramarinos con acceso directo al Atlántico Sur. El clima templado húmedo con
precipitaciones de unos 1.000 mm anuales, con estaciones diferenciadas térmica-mente sin
exagerados extremos de calor o de frío y con moderadas amplitudes entre las medias estacionales y
más o menos acentuadas entre el día y la noche. Las condiciones bioclimáticas son moderadamente
energizantes. El relieve de llanura suavemente ondulado en su mayor parte, excepto en los extremos
Norte y Sur, en general coincide y sobrepasa la subregión de la pampa ondulada (Daus).
El hombre ha creado una infraestructura que ha capitalizado y modificado el paisaje primitivo con
ferrocarriles, caminos, ciudades, puertos, aeropuertos, líneas de alta tensión, tuberías para gas natural y
derivados petroleros, centrales termoeléctricas convencionales y una, atómica (Atucha, partido de
Zarate), grandes puentes, el túnel subfluvial, infraestructura de depósitos diversos, etcétera.
La disponibilidad de abundante y capacitada mano de obra, con centros universitarios y tec-
nológicos importantes, gran mercado de consumo y centros financieros y de decisión político-
administrativa a niveles nacionales, provinciales y municipales, se suma a las condiciones naturales y,
finalmente, su posición geográfica como área de concentración y de tránsito interno y externo,
llevan a que sea el centro más importante de la Argentina, con centros de localizaciones variadas de
industrias vegetativas y de base: alimentos, bebidas, tabaco, textiles, de la construcción, siderúrgica,
astilleros, automotriz, de maquinaria agrícola, de equipos y herramientas, química, química pesada y
farmacéutica, del cuero y de la madera, eléctrica, y. electrónica, de computadoras, del caucho, etc. La
localización discriminada de estas industrias llevaría un espacio del que no disponemos.

4. Otras áreas de industrias diferenciadas en la Argentina

Otras áreas de industrias diferenciadas en la Argentina se desarrollan en el Gran Córdoba y en el


Gran Mendoza, con diferencia en magnitud y diversidad. El primer centro se ha destacado mo-
dernamente por su importante industria automotriz, de material ferroviario y aeronáutico, está en
recesión, y de maquinaria agrícola, además de sus tradicionales industrias de alimentación, del
cuero y calzado, etc. Córdoba está en una posición geográfica óptima: en el centro mediterráneo de la
Argentina. Tiene un clima propicio de tipo templado, energizante, sin grandes extremos térmicos;
dispone de agua suficiente, aunque sin ser excesiva, ya que en años secos tiene restricciones; posee
buena oferta de energía hidroeléctrica y ahora termonuclear, así como abundante y capacitada
mano de obra, centros universitarios de prestigio y centros financieros y político-
administrativos provinciales y regionales.
El Gran Mendoza surge del desierto, a través del ingenio humano para aprovechar los fluvios que
se originan por el deshielo del coloso andino. La base industrial se apoya en agroindustrias, pero hoy
con diversificación hacia otras importantes, como la del petróleo, cemento, vidrio, madera, metalurgia,
etc. Mendoza y sus aledaños son el centro vitivinícola más importante de Argentina. Tierra de la
vid, el olivo, exquisitas frutas y hortalizas, que también son industrializadas, está en el Centro-Oeste de
la Argentina en una apertura hacia el Pacífico y el mercado central chileno.
La expansión poblacional e industrial puede tener un serio límite en la disponibilidad de agua en
Mendoza, aunque dispone, por otra parte, de oferta energética abundante de origen hidroeléctrico y
petrolero.
Las demás áreas industrializadas de la Argentina son más específicas y en general, no totalmente,
menos diversificadas, pero aun así hay atisbos significativos de esa tendencia en algunas de ellas. Se
pueden enunciar esquemáticamente las siguientes:
Gran Tucumán: es tradicional la industria azucarera y en menor medida de la madera y del cuero;
posee modernas y recientes industrias de grandes camiones y motores, del papel, textiles, de bebidas
247

alcohólicas no vínicas, de dulces, etcétera.


Noroeste: Jujuy se destaca por su siderurgia y concentración de minerales y también por sus
industrias del tabaco, del papel, de aglomerados, de azúcar, dulces y artesanías varias, como, por
ejemplo, platería y manufacturas textiles. Salta posee una importante destilería, de petróleo, des-
tacándose también sus grandes ingenios azucareros y sus industrias del tabaco, vitivinícola, de la
madera, de concentración de minerales, etcétera.
Nordeste: En Chaco, Corrientes y Misiones se destacan las agroindustrias en base a algodón
(desmotadoras, hilados, tejidos, aceiteras) té, tung, yerba mate, madera, frutas, tabaco, celulosa y
papel, carbonización de leña, etcétera.
Mendoza del Sur y San Juan: esta área posee agroindustrias vitivinícolas, de conservas y
dulces frutihortícolas, aceitera (San Juan), de cemento y de tratamiento de minerales, entre las más
importantes.
Alto Valle del río Negro y Neuquén: Posee agroindustrias derivadas de sus frutas de pepita,
viñedos y hortalizas, así como industria de la madera, una importante destilería de petróleo, in-
dustria química, etcétera.
Frente marítimo pampeano-patagónico: Se caracteriza por sus localiza dones puntuales, entre las
que sobresalen las siguientes: Mar del Plata: es la más diversificada, destacándose por ser el centro
más importante de producción de conservas de pescado; también posee industria textil,
alimentarias varias, metalúrgicas, del papel, etc. Bahía Blanca: tiene un astillero para la reparación de
grandes barcos; Madryn: descuella por su producción de aluminio. Comodoro Rivadavia: posee
industria petrolera, metalúrgica, textil, de viviendas prefabricadas, etc., con importante diversifica-
ción. Río Grande: se destaca por su industria frigorífica y modernamente por la electrónica. Fuera de
la costa en sí, pero con su influencia, merece mencionarse Trelew (Chubut), con industria textil en
retracción.
Fuera del área marítima hay un centro importante en la pampa húmeda: la dupla Olavarría
(cemento) - Tandil (metalurgia, (¡hacinados y lacticinios); también hay ciertos centros aislados tales
como Bragado (frigorífico, acería y maquinaria agrícola), Lincoln (maquinaria agrícola), Chivilcoy
(cerámica), etc. Igualmente hay otras manifestaciones de mayor o menor significación en otras
provincias como Entre Ríos y La Rioja, con parques industriales en formación, así como en otras
áreas de Santa Fe, Córdoba, Catamarca, Río Negro, Santa Cruz y Formosa; claro está, en muchas de
ellas en formas más modestas y/o de mercado regional.
Para una ubicación relativa diremos que 6 unidades políticas, Capital Federal, Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Tucumán, sumaban en 1074 el 84% de los establecimientos, el
91% de la mano de obra y el 97% del valor ele la producción industrial nacional. En el resto de las
provincias y territorio se distribuían, respectivamente, el 16%, el 9%y el 3%restante de cada ítem.
La Localización de las industrias en las áreas regionales identificadas se vincula en cada caso
con factores diversos en cuanto a su peso, pero que son de importancia decisiva por razones
técnicas, económicas o de políticas económicas de desarrollo de orden nacional, provincial o mu-
nicipal.
A título de ejemplo y muestreo, sin ánimo de incluir todas, señalaremos algunas causas de
localizaciones: la cercanía de la materia prima perecedera en una causa para las industrias que
procesan pescado y mariscos, las que se localizan inmediatas a los puertos de desembarque: Mar del
Plata, Quequén, Necochea, Rawson, Ushuaia, etc.; lo mismo ocurre con la industria de lacticinios en
la región pampeana y con los frigoríficos de carnes y plantas de procesamiento de calla tic azúcar y
yerba mate, (influye además la incidencia del flete «falso»): un Tucumán, Salta, Jujuy, Este del Chaco
y NE de Santa Fe, así como en Misiones y Corrientes, con la industria tealera también en Misiones y
Corrientes, con la cítricos, zumos y concentrados en Entre Ríos, con la tabacalera en Corrientes,
Salta, Jujuy, etc., con la vitivinícola en Mendoza, San Juan, Río Negro, la Rioja, Catamarca,
Salta, etc.; aquí, además de la cualidad perecedera e incidencia de fletes, hay disposi-
ciones legales y fiscales que coadyuvan al procesamiento cerca del recurso.
Es importante la incidencia de los fletes para la localización de ciertas industrias de materias no
perecederas: las de concentración y/o tratamiento de minerales inmediatos a sus yacimientos, tales
como las del uranio en Mendoza, Salta, Chubut y Córdoba, la del plomo en Jujuy, la del hierro en
Jujuy, Río Negro, etc., la del cemento (en inmediaciones de la caliza y la arcilla, ya que el yeso
interviene en menor porcentaje, por lo que puede ser transportado desde mayores distancias) en
248

Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Chubut,, Neuquén, Salta, Mendoza y San Juan.
La incidencia del costo de la energía es importante para las industrias del aluminio, cinc, etc., en
Chubut, de las industrias químicas energointensivas en Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Río
Negro, etcétera.
Es importante la incidencia de la existencia del mercado y la disponibilidad de mano de obra para
las industrias alimenticias, textiles, del calzado, del vidrio y caucho, farmacéuticas, etcétera.
Importa la posibilidad de acceso por vía acuática de materias primas de origen importado, debido a
lo costoso del flete interno por vía terrestre, para siderurgia, generación termoeléctrica
convencional, destilación de petróleo, etc., en Buenos Aires y Santa Fe.
Existen industrias de libre localización, en función de regímenes especiales de promoción; es el caso
de las industrias electrónica, de fibras sintéticas, de ensamblado diverso (automotriz, etc.), en Tierra del
Fuego, Chubut, La Rioja, Córdoba, etcétera.
La disponibilidad de agua abundante y de redes de transporte interno o vecindad portuaria para
exportación, también son factores importantes para de terminar localizaciones en consecuencia, con
los ya señalados, especialmente energía y materia prima, caso típico de la industria de celulosa y papel en
Buenos Aires, Santa Fe, Misiones, etcétera.
Lo citado indica en general, sin discriminación puntual y más detallada, los principales factores que
han incidido en la dispersión espacial de la industria argentina, que también tiene su correlación en otras
realidades internacionales.

5. Apreciación actual de la situación y distribución geográfica de la industria argentina

Los resultados provisionales del reciente Censo nacional económico de 1985, permiten apreciar en
un panorama sintético algunos hechos: desde el punto de vista global nacional se advierte una coyuntura
de retracción con relación al censo de 1974, que mostraba una tendencia positiva respecto de los
anteriores, aunque ya mostraba en esa fecha algunos problemas en su inmediatez temporal a través de
estimaciones cercanas.
Para 1985, respecto de 1974, se advierte objetivamente: Io) Una reducción en el número de
establecimientos: 111.767 contra 126.388 (cifras definitivas, ya que las provisorias habían dado
134.419), es decir que en 1985 sólo subsistía el 88,43% de los establecimientos que había en 1974. 2o)
Una reducción en el personal ocupado: 1.359.519 contra 1.525.221 (cifras definitivas, ya que las
provisorias habían sido de 1.595.400), es decir, que en 1985 la cantidad de personal ocupado en la
industria era del 89,13%con respecto a 1974.3°) Un menor peso relativo en el producto bruto interno,
como ya se destacó.
Por otra piule, la situación no se presenta igual en todo el país: hay áreas en retroceso, otras en relativo
estancamiento y otras en avance. Véase la ubicación por división política:
Disminuyeron por el número de establecimientos y el personal ocupado, además del conjunto
nacional, la ciudad de Buenos Aires (Capital Federal), los partidos del Gran Buenos Aires, el resto de la
provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Salta, Santa Cruz y Tucumán; disminuyeron sólo en
cuanto al número de establecimientos, pero aumentaron en personal ocupado, Catamarca, Corrientes,
Chubut, La Pampa, Mendoza y San Luis; aumentaron tanto en número de estableci-mientos como en
personal ocupado Chaco, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Neuquén, Río Negro,
San Juan, Santiago del Estero y Tierra del Fuego.
La región pampeana tenía alrededor del 75% de los establecimientos, la Mesopotamia casi el 8%,
Cuyo más del 6,5% , el Noroeste casi el 5%,la región chaqueña alrededor del 4%y la Patagonia
aproximadamente el 3%.
En una apreciación global se advierte que las mayores reducciones se han producido en las
unidades políticas más industrializadas del país y también en mayor proporción; tal es el caso de Capital
Federal, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
El mayor crecimiento se vincula con las áreas de regímenes promocionales; aunque en el
conjunto nacional no tengan un peso excepcional, sí resultan un estímulo local, como ocurre con Tierra
del Fuego, La Rioja y San Luis. No obstante, cabe advertir que hay cierta artificialidad y endeblez
en esas radicaciones industriales, pues se fincan, desde el punto de vista empresario, en beneficiarse con
reducciones fiscales significativas y si ellas desaparecieran no hay seguridad de su permanencia. Aparte ,
249

y ello es lo más preocupante, hay algunas industrias cuyo núcleo fundamental de capacidad
productiva, equipamiento y personal lo tienen en el Gran Buenos Aires y otras áreas
tradicionalmente industriales, realizándose sólo la terminación del producto en el área
promocionada. En otras palabras, el efecto irradiante de la industria sólo en mínima proporción se
ha trasladado a la nueva localización y esto, por otra parte, no afecta el crecimiento del producto
bruto industrial nacional.

6. Conclusión final

La Argentina es en 1985 un país de desarrollo industrial parcialmente integrado, con depen-


dencias externas de insumos para su equipamiento y funcionamiento, que está pasando por una
involución parcial de su desarrollo industrial. Si se ahonda la tendencia, esto traerá repercusiones
económicas y sociales que no son deseables y retardará el proceso de desarrollo. Geográfica-
mente hay ciertos atisbos de mayor dispersión espacial, que pueden gravitar en un estímulo de las
economías regionales. No siempre la apreciación estadística de un dato es geográficamente un
indicador válido; en el Gran La Plata, por ejemplo, con la incorporación de la petroquímica General
Mosconi, el producto bruto industrial del área creció, a pesar del cierre de establecimientos, des-
ocupación industrial, etc., que afectó sensiblemente a la economía del espacio considerado.

NOTA
1 KUHL,Livio G. y otros. "Una política industrial para la Argentina", Buenos Aires, Club de Estudio, 1983. Síntesis,

p.19

2 KUHL y otros, ob. cit., p.11

3DI TELLA, G.;ZYMELMAN, M. Las etapas del desarrollo económico argentino. Bs As., Eudeba, 1967 , p.
309/310; aparece la cita transcripta y también un cuadro de A. Bunge de La industria argentina durante la Primera
Guerra Mundial, que corrobora ese aserto y está en contraposición con la interpretaciones aparecidas el estudio de
CEPAL: El desarrollo económico de la Argentina, 1958.

4CARLEVARI, Isidro J. F. La Argentina. Geografía humana y económica, Buenos Aires, Ergón, 1979, 6a. ed., p.
359/360.

5 O.E.C.E.I (FIAT) Argentina economica y social, Buenos Aires, 1973,t. II, p. 293

6 O.E.C.E.I (FIAT). ob. cit.


5
Urbanización y
sistema urbano
252

URBANIZACIÓN Y SISTEMA URBANO

Juan a. Roccatagliata
Susana Beguiristain

Desde los comienzos de la ocupación del territorio argentino por el hombre blanco, los asen-
tamientos fueron principalmente urbanos. A partir de entonces, y en estrecha relación con los
procesos socioeconómicos del desarrollo, se ha producido un proceso de urbanización de la sociedad
argentina a ritmo acelerado.
Entre 1970 y 1980 el crecimiento de la población que se asienta en centros de 2.000 o más
habitantes ha sido del 25%, es decir mayor que el crecimiento total del país. Según los datos del censo
de 1980, el 83%del total de habitantes vivía en ciudades, por lo cual se lo computa como población
urbana; en 1970 era del 79%.
En esos momentos una tercera parte de la población total estaba asentada en el área metropolitana
de Buenos Aires, otra tercera parte se localizaba en las ciudades medias —que por otro lado son las de
mayor crecimiento— y la tercera parte restante en pequeños poblados y asenta-mientos dispersos.
En efecto, desde 1970 a 1980 ha disminuido, aunque levemente, la proporción de la población
asentada en el área metropolitana de Buenos Aires; 36% y 35% respectivamente. Esa diferencia fue
absorbida por las ciudades medias entre 100.000 y 1.000.000 de habitantes; en 1980 eran 17 las
ciudades que contenían el 22%de la población.

Número de ciudades y pueblos % Población total


Habitantes 1960 1970 1980 1960 1970 1980
+ de 500.000* 4 4 6 40 43 47
100.000 a 499.000 9 12 13 8 13 11
50.000 a 99.999 7 16 24 2 5 6
20.000 a 49.999 41 48 61 7 6 6
10.000 a 19.999 78 84 94 5 5 5
5.000 a 9.999 140 114 152 5 3 4
2.000 a 4.999 310 334 362 5 4 4
TOTAL: 589 612 712 72 79 83

* El aglomerado Gran Buenos Aires figura como dos ciudades: la Capital Federal y
la parteprovincial del aglomerado.
Sin embargo según los datos aún provisorios del censo 1991, la Capital Federal cuenta con una
población de 2.960.976 habitantes con un crecimiento de 1,3. A su vez en el resto del Gran Buenos
Aires (19 partidos), la población para 1991 asciende según la misma fuente a 7.926.379, lo que hace
un total para la aglomeración en su conjunto de 10.887.355 habitantes con una variación 1980-1991
de 15,8.
Proceso acelerado de urbanización ha llevado a un deterioro ambiental creciente y a un déficit en la
prestación de servicios.
La urbanización, como fenómeno socioeconómico, presenta sus aspectos positivos y negativos,
Se puede sostener, según lo dicho anteriormente, que la urbanización es un requisito para el crecimiento
económico. La ciudad es así difusora de innovaciones, condición que favorece la diversificación, el
acceso al Conocimiento científico-tecnológico, a los recursos humanos y al mercado. En las ciudades
se gestan los efectos de aglomeración y las economías de escala.
En lo concerniente a lo negativo, la ciudad de crecimiento descontrolado obstaculiza el desarrollo
económico y social. Las grandes ciudades presentan características de deterioro, demandas
insatisfechas, ponen de relieve las desigualdades inherentes a las estructuras socioeconómicas y la
consiguiente marginalidad.
Los correctivos para solucionar o paliar dichos problemas demandan ingentes inversiones que se
sustraen de los circuitos productivos.
Dentro del proceso de urbanización, y en relación con lo señalado precedentemente, aparece el
fenómeno de la metropolización.
253

En América Latina, a comienzos del siglo, no existían metrópolis. En 1900 ya nueve países
poseían áreas metropolitanas y en 1980 veintiséis metrópolis contienen el 28,5%de la población total
(CEPAL, 1986)1.
En la República Argentina, el área metropolitana de Buenos Aires se presenta como una
exagerada aglomeración, a lo cual se hará referencia más adelante, aunque con indicadores que permiten
sostener que el crecimiento ha cesado.
Otras áreas metropolitanas se insinúan en el interior del país, como el Gran Córdoba, El Gran Rosario
y el Gran Mendoza.
El proceso de metropolización está asociado al tipo de desarrollo predominante. En la Argentina, la
urbanización, la metropolización y la industrialización han sido procesos recíprocos espaciales. La
transformación operada en los últimos anos, con el estancamiento y el retroceso industrial, trajo aparejada
una concentración poblacional con efectos no deseados y, por cierto, degradación y marginación.
Por otro lado, los regímenes de promoción industrial alentados en forma contemporánea, ante el
retroceso general de la industria operado en los últimos anos, tuvieron su efecto sobre la estructura
urbana.
Es así como el Gran Buenos Aires, el Gran Córdoba, el Gran Rosario y Santa Pe poseían el 73% de
la mano de obra industrial en 19742, mientras que en 19853, descendió al 65%. Casi 252.000
personas pasaron de la actividad industrial a los servicios, al comercio y al cuentapropismo.
Junto con ello, surgen las ciudades sometidas a regímenes promocionales para la industria, como La
Rioja, Catamarca, San Luis, Villa Mercedes, Neuquén, Trelew, Río Grande y Ushuaia.
En estas ciudades como en otras, por ejemplo Resistencia y Formosa, ha experimentado un notable
crecimiento el empleo industrial y, por consiguiente, hubo una expansión de las áreas urbanas.
La desaceleración del crecimiento de las grandes áreas urbanoindustriales (252.000 puestos menos),
se operó entre 1970-1980 en forma paralela a lo que crecieron las áreas similares del interior (56.000
nuevos puestos de trabajo).
La estructura urbana en relación con la organización territorial requiere un análisis del conjunto, es
decir, del sistema urbano.

Aglomerados urbanos de más de 100.000 habitantes


Aglomerados Provincia Población censos nacionales
Urbanos (en miles de habitantes)
1914 1947 1960 1970 19S0 1991
Gran Buenos Cap. Fed. y
Bs. As. 2.03 4.722 6.807 8.461 9.970 10.887.355
4
Gran Córdoba Córdoba 122 370 591 793 984 1.179.067
Gran Rosario Santa Fe 226 468 669 813 957 1.067.738
Gran Mendoza Mendoza 56 97 331 478 606 981.070
Gran La Plata Buenos Aires 101 207 404 486 565 ----
Gran S. M. de
Tucumán Tucumán 94 194 297 366 499 ----
Mar del Plata Buenos Aires 28 115 211 302 415 530.664
Gran San Juan San Juan 21 82 147 223 292 ----
Santa Fe Santa Fe 60 169 209 245 292 440.581
Salta Salta 28 67 117 176 261 373.859
Gran Bahía Blanca Buenos Aires 50 113 127 182 224 ---
Gran Resistencia Chaco . 8 52 108 143 220 266.134
Corrientes Corrientes 29 57 97 137 181 257.876
Paraná Entre Ríos 36 84 107 128 162 273.210
Sgo. del Estero Sgo. del Estero 23 60 80 105 .148 201.529
Posadas Misiones 10 37 70 97 144 217.877
San Salvador de
Jujuy Jujuy 7 31 44 82 125 . 229.284
Rio Cuarto Córdoba 18 48 65 89 110 217.000
Neuquén Neuquén -- -- -- -- -- 262.168

* Cifras provenientes de la agregación de resúmenes censales confeccionados por el personal de campo, sujeto a
eventuales modificaciones. INDEC.
254

Sistema urbano

El análisis del sistema urbano resulta esencial para explicar e interpretar el funcionamiento de un
territorio, ya que implica no sólo las ciudades sino también los vínculos entre ellas, consti-
tuyéndose así en una malla de densidad variable y con una extensión diferencial sobre el espacio
geográfico.
Al hablar de ciudades no sólo se hace referencia al fenómeno urbano en sí, sino a su población, a
sus funciones y a su jerarquía. Los vínculos entre las ciudades se establecen a través de las redes;
es decir, de los medios de comunicaciones y de transporte. A su vez, los centros urbanos delimitan
espacios funcionales, es decir aquellas áreas que se encuentran bajo la influencia de las ciudades. De
este modo, así como hay un área de influencia urbana, la superposición de éstas va creando el área de
influencia de los subsistemas (regiones geográficas funcionales) y finalmente se alcanza la cobertura
territorial por parte del sistema urbano nacional.
Por esta razón, el conocimiento de éste se encuentra relacionado con el grado de ocupación y
organización del territorio, como bien lo señala Racionero4.
El esquema siguiente, (Gráfico N° 1), trata de interpretar los diferentes integrantes del sistema
urbano, concebidos por la rama urbanística de la geografía. El mismo ha sido diagramado sobre la
base de lo oportunamente propuesto por H. Cárter en 19765 y por Ostuni, Manchón y Civit en
1983. 6
El primero, Cárter, sostiene que los centros urbanos deben ser interpretados por su función y por
su morfología. Esto equivale a un problema de escala, por tanto, de percepción; observar la ciudad
en el espacio y la ciudad como espacio individualizado.
Función y morfología están asociados a dos principios ordenadores de la geografía: la posición y
el emplazamiento, respectivamente.
La cobertura territorial está en relación con las funciones urbanas y sobre todo con los servicios
regionales prestados y difundidos por las redes en términos de influencia y afluencia. Así surge el
concepto de región geográfica funcional.
A nivel del territorio nacional interesan las ciudades, su posición, sus funciones, su rango y la
interacción entre ellas, a través de los flujos y de las redes que los sustentan.
Según lo señala A. Bailly: «el sistema urbano tal como se desprende de las teorías y modelos de
la jerarquía urbana es concebido como un conjunto de centros de diferentes niveles, vinculados entre
sí por medio de flujos. Pero estas teorías que privilegian las funciones comerciales y de servicios no
permiten captar la totalidad de los fenómenos económicos»7
GRÁFICO N° 1: Sistema Urbano

POSICIÓN MORFOLOGÍA

Análisis de la
Análisis de la ciudad en el
ciudad en el espacio indivi-
espacio dualizando

Rango
Función (es)
jerarquía Formas Estructura
Arquitectura

Rol en la
Área de organización Análisis del  Uso del suelo
influencia regional  Trazado  complementariedad
 Textura  movimiento
 Perfil
 Contorno
Equilibrio o Redes  Etc.
competencia Movimientos
255

Más adelante el autor señala que «el principio de la distribución jerárquica de las actividades
supone el conocimiento del conjunto de las interacciones económicas y de las combinaciones de los
diversos modos de relación»8.
De esta forma, las ciudades constituyen estructuras territoriales con cierta unidad funcional y con
estrecha relación regional, nacional y también con el ámbito exterior.
Esto último —las relaciones con el mundo exterior— depende de las funciones no regionales; es
decir, las especializadas, por lo cual desde el punto de vista espacial se trata de relaciones
discontinuas. En las funciones urbanas, las que se dirigen al entorno cercano forman áreas de
influencia con una gravitación permanente y por tanto con continuidad espacial, aunque los iso-
potenciales tienden a decrecer del núcleo hacia la periferia. En cambio las funciones especializadas
tienen un alcance que supera dicha esfera de influencia, siendo espacial-mente puntual y por lo
tanto discontinua.
La dinámica de los centros está en relación con las características de las funciones especia-
lizadas y con la estructura de las relaciones.
Por otro lado, la red urbana cumple su función como tal cuando los centros que la integran
entran en interacción y competencia, generando un equilibrio en el sistema, bis redes, y sobre todo los
flujos, dan sentido a la articulación y a la organización del espacio y todo ello posee gravitación.

El sistema urbano argentino

Todos los aspectos señalados constituyen un marco teórico de referencia para analizar el
sistema urbano argentino.
Los métodos y las técnicas para determinar las funciones, el rango, las relaciones entre ciudades, y
la cobertura y organización territorial son variadas9: por cierto van desde los métodos inductivos
tradicionales a los deductivos, estos últimos con los más rigurosos procedimientos cuantitativos de
medición e interpretación.
Se suele decir, con razón, que la red de ciudades argentinas corresponde, por su morfología,
centralidad y desequilibrio, a las que caracterizan a los países en desarrollo. Los estudiosos que han
emprendido tareas de investigación con el fin de precisar, interpretar y explicar el sistema urbano
nacional, coinciden sin excepción en que la tarea no puede ser abordada con éxito debido a la falta de
datos estadísticos comparables, lo cual parece ser también característica inherente a los países en
desarrollo.
Pese a ello, no muchos estudios, pero sí de excelente factura, han sido realizados y fueron objeto
de consulta.10 Por esta razón no se ha encarado uno nuevo, lo cual está fuera de los alcances de este
trabajo, si no que se ha tratado de interpretar las conclusiones-clave de dichos autores, con sentido
geográfico y a la luz del problema de la organización territorial.11
Entre los estudios realizados recientemente cabe destacar el desarrollado por la Secretaría de
Vivienda y Ordenamiento Ambiental12 que se comentará más adelante.
Con respecto a la información existente, ésta no abarca todo el ámbito nacional, de suerte que no
puede utilizarse en un mismo nivel para todo el sistema por lo cual resulta difícil describir con cierta
precisión fundamentada el sistema urbano ni su funcionamiento y, más aun, la identificación por la
misma vía de los subsistemas, que lo integran.
Tampoco se conocen las relaciones interurbanas, aunque parcialmente los estudios del Plan
nacional del transporte hoy permiten tener ciertos datos, sólo para determinados productos y algunos
corredores, con los cuales se trabajó en dicho plan. Por ello resulta difícil, casi imposible, cuantificar la
base económica del intercambio, el sentido bidireccional de los flujos, su composición y, por lo tanto,
la complementariedad existente.
De ahí que todo intento de analizar el sistema parte de ciertas ideas supuestas, hipótesis de trabajo,
por las cuales se puede arribar a una aproximación.
256

El sistema urbano actual

En el mapa se aprecia la red urbana nacional con su jerarquía de centros; de su análisis pueden
establecerse las siguientes afirmaciones:
 El sistema urbano argentino, en cuanto a su morfología, puede ser clasificado como
concentrado.
 En lo referente a sus niveles jerárquicos puede indicarse que es altamente desequili-
brado.
 En cuanto a su unidad funcional, es centralizado y radiocéntrico.
 Si se analiza la caracterización de los subsistemas que lo componen, es dable señalar que
se trata de subsistemas no consolidados, con escasa interacción entre sí y gran
dependencia del área central.
 En lo atinente a su textura muestra una diferencial intensidad.
 En cuanto a su trama se lo puede clasificar de trama cerrada, en forma de red a medida
que nos acercamos al «core», o región nuclear y de trama abierta, en la medida que nos
alejamos de dicha región.
 Como sistema abierto muestra precarias relaciones con los sistemas urbanos de los
países limítrofes.
 Al correlacionar el sistema urbano y la extensión territorial, puede argüirse que se está en
presencia de un sistema con intensidad de cobertura variable. En la región nuclear, la
intensidad es continua, en los subsistemas regionales se observa más discontinuidad y en
varias extensiones del territorio, la cobertura es inexistente.
En general, los tratadistas coinciden en destacar que existe una correlación entre las diferentes
etapas del desarrollo de un país —también se podrá dócil de una región— y el grado de evolución de
su sistema urbano.
Existe también consenso generalizado para atribuir a Argentina la categoría de país en desa-rrollo
o país en vías de desarrollo. Daus aborda el tema en uno de sus interesantes trabajos, El desarrollo
argentino13, y tras aplicar el modelo propuesto por Rostow, llega a explicar que la Argentina no
pasó limpiamente de la época de la sociedad tradicional —estructura agroportuaria—, que
indudablemente contribuyó a consolidar a la red urbana, a la sociedad industrial, a través del
crecimiento global. Por esta razón nuestro país se encuentra en esta última etapa, camino al de-
sarrollo. Utilizando datos estadísticos establece un promedio como indicador del desarrollo para lo
económico, para lo social y para el intercambio, y otro indicador promedio para el subdesarrollo. Si se
compara la situación de la Argentina, respecto a uno y a otro grupo, afirma Daus que nuestro país
puede considerarse «en vías de desarrollo».
257
258

Argentina. Distribución por cuartiles, en 1980, de las aglomeraciones de tamaño intermedio (ATIs: 50.000 hasta 999.999
habitantes).
Fuente: Vapnarsky, 1990.
259

Por otro lado Racionero, al abordar el tema que se trata14, relaciona desarrollo con sistema de
ciudades y dice que cada fase del desarrollo económico requiere una cierta estructura del sistema de
ciudades que lo favorezca, afirmando « [...] es indudable que existe una relación entre estructura
espacial urbana y desarrollo económico, ya que el sistema urbano es un elemento causal o ge-
nerador del desarrollo y no su mera consecuencia».
Si la Argentina es entonces, un país en vías de desarrollo y por tanto a mitad de camino entre la
transición o despegue y la industrialización, se verá que, de acuerdo con el Gráfico N° 3, corres-
ponde un sistema urbano con un centro fuerte y subcentros periféricos, lo cual guarda estrecha
relación con la realidad descrita en páginas precedentes.
Por tanto el sistema urbano argentino se caracteriza por un centro fuerte subcentros periféricos y
marcados desequilibrios regionales aunque la tendencia de evolución muestre el crecimiento de los
centros de tamaño intermedio.
Retornando a las afirmaciones ya manifestadas, la morfología concentrada de la red urbana se
caracteriza por tener una mayor aglomeración de ciudades en una porción del territorio, dejando
desprovisto con mayor intensidad al resto. Según Racionero, los sistemas nacionales concentrados son
perjudiciales para el desarrollo, por no poseer canales de difusión que abarquen todo el espacio
geográfico nacional. El peligro se advierte cuando afirma: «En los sistemas concentrados, el desarrollo
quedará limitado al área del país donde se concentran las ciudades, acentuándose una economía dual
sin posible mecanismo auto-compensado de dispersión».

GRÁFICO N° 3: Morfología del sistema de ciudades y fases del desarrollo económico

Fase Preindustrial Transición Industrial postindustrial


% de la industria
0-10 10-25 25-50 decrecimiento
en el PBI
Morfología del centros locales centro fuerte centro y sistema equilibrado
sistema independientes subcentro funcionalmente inter-
periférico dependiente
Problemas crear transición industriali- desequilibrios Remodelación urbana
precondiciones zación regionales y calidad de vida
para el desarrollo
Fuente: John Friedman, "Regional development policy" M.I.T. Press, Cambridge, 1966.

El otro problema, consecuencia del anterior, pero que torna aun más aguda la situación, son los
desequilibrios dentro del sistema.
En efecto, la relación entre el área metropolitana de Buenos Aires y el Gran Córdoba, el Gran
Rosario, o el Gran Mendoza que constituyen el segundo nivel jerárquico es de 10 a 1. A su vez, la
diferencia entre los centros mencionados es significativa con respecto a Tucumán, La Plata y Mar del
Plata, que siguen en la escala de rangos. Este desequilibrio jerárquico pone de manifiesto la
presencia de una economía de escala localizada de tal magnitud que, lejos de ellas se entra en
deseconomías que afectan la localización industrial y demográfica, las cuales deben ser com-
pensadas por «sobrecostos de localización», que contribuyen a la aglomeración y aumentan el
desequilibrio.
Este fenómeno se manifiesta al relacionar el primer nivel jerárquico con el segundo y el tercero y
éstos con los siguientes. Ello lleva a afirmar que Buenos Aires genera acentuados desequilibrios en el
sistema, como los centros regionales lo crean para sus subsistemas.
En consecuencia, el movimiento en el espacio geográfico, que se tratará más adelante, es
atraído por el área central, a la cual convergen las redes y por tanto los flujos; se crea así un sistema
centralizado y radiocéntrico.
Esto atenta contra la complementariedad entre los subsistemas —su desarrollo, especialización y
consolidación—, lo cual genera una escasa interacción entre ellos y, por tanto, una mayor de-
pendencia del área c entral. Así se ha pastado una unidad funcional, difícil de ser modificada, que
260

requiere una estrategia espacial de la cual se tratará más adelante.


Estas condiciones de morfología concentrada, desequilibrio marcado, centralidad apreciable,
esquema radiocéntrico, subsistemas no consolidados con escasa interacción entre sí y depen-
dencia del área central, influyen significativamente sobre la textura, la trama y la cobertura territo-
rial.
En lo referente a la textura, es decir a la intensidad espacial del fenómeno urbano, la misma es
diferencial. Cerca del área central, las áreas de influencia de los centros se solapan, por tanto la
trama de la red es cerrada y la cobertura territorial se manifiesta en forma continua. Al alejarnos del
área nuclear, la textura pierde intensidad, se manifiesta una trama abierta y la cobertura territorial se
vuelve discontinua y a veces inexistente.
En ese sentido es importante observar un interesante trabajo de Randle15, donde analiza la
planificación territorial desde la óptica del sistema urbano, determinando en términos de cobertura
territorial el grado de urbanización del territorio. Utilizando el método de la geografía histórica
muestra la evolución del arado de urbanización y, por lo tanto, de cobertura territorial. Algo similar
aún con mayor detalle se puede observar en los cartogramas del trabajo sobre envolventes de
áreas de confort y red vial soporte, desarrollado en la obra Diagnóstico de la Conformación del
Espacio Nacional, realizado por la Subsecretaría de Ordenamiento Ambiental16.
Las ciudades mayores y medianas, cabeceras de los subsistemas regionales, no han generado una
complementariedad específica, con el consiguiente intercambio con los sistemas regionales de los
países limítrofes. No se vieron alentadas a ello; el grado de desprendimiento geográfico en el aparato
fronterizo y las redes radiocéntricas acaso lo impidieron, lo cual coadyuvó a la centralidad territorial.
Este episodio nos desconectó del resto del continente, habiéndonos desentendido por ello de un
diálogo más fecundo con nuestros países hermanos.

Los subsistemas

Dentro del sistema urbano nacional, el cambiar la escala o el nivel de análisis, siguen subsis-
temas que, focalizados en sí, constituyen sistemas regionales. Su identificación puede llevarse a
cabo a partir de los centros principales y sus ciudades dependientes. Es así como aparecen los
siguientes subsistemas:
• Subsistema central metrópoli regional Córdoba
• Subsistema Cuyo metrópoli regional Mendoza
• Subsistema Noroeste metrópoli regional Tucumán
• Subsistema Nordeste metrópoli regional núcleo bipolar
Resistencia-Corrientes.

Estos subsistemas identificados adscriben a seis regiones geográficas funcionales, en dife-


rente estado de consolidación.
En cambio, los demás subsistemas aparecen con mayor complejidad de interdependencia y
como parte de la red urbana de la región pampeana y de otras.
En lo concerniente a la pampa, podemos identificar los correspondientes al frente fluvial y el
frente marítimo.
• Subsistema Santa Fe-Paraná.
• Subsistema Mar del Plata
• Subsistema Bahía Blanca
• Subsistema Rosario - La Plata (excluyendo de algún modo el Gran Buenos Aires)

Dentro de la región pampeana, en otro nivel de análisis, pueden apreciarse:


• Subsistema Tandil-Azul-Olavarría
• Subsistema Pehuajó-Trenque Lauquen
261

• Subsistema Santa Rosa


El espacio patagónico, caracterizado por los diversos frentes pioneros de ocupación del terri-
torio, muestra subsistemas embrionarios, sin o con escasa interacción y articulación entre ellos. Así se
identifican:

• Subsistema alto valle centros Neuquén, Cipolletti, General Roca


• Subsistema bajo valle centros Viedma, Carmen de Patagones
• Subsistema Nahuel Huapi centro San Carlos de Bariloche
• Subsistema alto Chubut centro Esquel
• Subsistema bajo Chubut centros Puerto Madryn-Rawson-Trelew
• Subsistema costero central centro Comodoro Rivadavia
• Subsistema Santa Cruz Sur centro Río Gallegos
Subsistema fueguino centros Río Grande - Ushuaia

Como puede apreciarse, los niveles jerárquicos de los subsistemas son variados. Si bien se
logra, a nivel nacional, reconocer regiones geográficas formales o uniformes, es difícil, a esa misma
escala, reconocer regiones funcionales o nodales.
Este fenómeno también tiene que ver con el estado de desarrollo y con el grado de organización
del espacio.

La morfología de los subsistemas


Así como se ha definido una morfología para el sistema urbano nacional, el cual fue calificado de
concentrado, también se podrá hacerlo para los subsistemas regionales principales, lo que llevaría
a definirlos de acuerdo a la siguiente manera:

Subsistema Morfología Causas


Noroeste Lineal El eje principal es donde se ubica
Subsistemas donde las ciu- Tucumán, Salta, Jujuy, con ejes
dades se localizan a lo largo subperpendiculares al primero. Las
de ejes. causas están dadas por la morfo-
Son beneficiosos para los logía y el clima. Valles intermedios
corredores de transporte pero son el asentamiento del eje princi-
el desarrollo no se difunde pal, valles inferiores y quebradas,
más allá del eje. Sobre "cos- condicionan los asentamientos
tas" o contenido en valles, por subperpendiculares. Un eje com-
áreas montañosas. plementario es el de piedemonte.

Nordeste Anular-lineal Puede existir Distribución en anillo. Posadas,


economía de aglomeración sin Formosa, Roque S. Peña, Goya,
congestión, se trata de un Reconquista, alrededor del núcleo
rosario de ciudades, localiza- bipolar Corrientes-Resistencia. Por
das en forma equilibrada. su localización sobre los ríos y vías
Subsistemas donde las ciu- de circulación, adquieren en forma
dades se localizan a lo largo de complementaria cierta linealidad.
ejes.
Central Radiocéntrico Constelación de Condicionado por la posición cen-
ciudades que gravitan hacia un tral de Córdoba en el deslinde ae
centro principal, debido a la regiones geográficas formales y
posición geográfica del centro como engranaje de la circula-
y a la disposición de las mallas ción. A su alrededor giran San
de transporte. Francisco, Deán Funes, V. María,
Río Cuarto, Cruz del Eje y Carlos
Paz. Las Sierras Chicas condicio-
nan el esquema al poniente. La
Rioja y V. Mercedes son los últimos
eslabones. Catamarca podría ser

 En este subsistema debe ser destacado el proceso de formación de un área metropolitana entre Neuquén y Cipolletti y sus
alre-dedores (Vapnarsky y Pantelides, 1987).
262

considerada parcialmente.
Cuyano Concentrado-lineal. La con- Concentración sobre los oasis ricos
centración se realiza en una de piedemonte, con alguna diferen-
pequeña porción del espacio, cia al Sur, San Rafael y Gral. Al-
dejando grandes vacíos re- vear. La circulación en el contacto
gionales. La localización lineal entre la montaña y la playa, y el
o filiforme, implica una orien- mejor sitio de los aprovechamientos
tación en eje. hídricos crean el esquema
lineal de oasis y de centros.
Pampeano Radiocéntrico-regular Cons- La localización es casi indiferente a
telación de ciudades que gra- las condiciones físico-geográficas,
vitan hacia un centro principal, salvo las del frente marítimo o flu-
con convergencia de las mallas vial, o las de contacto interior. La
del transporte. Distribución regularidad de la distribución está
homogénea de los centros, dada por la llanura. Buenos Aires
aproximada a la hexagonal de gravita sobre el esquema por su
Cristaller. Son eficaces para el centralidad.
desarrollo de la región, pues
cubren todo su territorio.
Patagónico Disperso Los subsistemas se instalaron por
Pequeños subsistemas de frentes de colonización o
morfología variada con locali- aprovechamientos de recursos. Las
zaciones diferentes, sin sola- condiciones físicas muy restrictivas
pamiento de sus áreas de y la escasa población e infraes-
influencia y con escasa co- tructura, son determinantes de la
bertura regional. Propio de dispersión y la falta de articulación,
regiones de reciente ocupación respectivamente
pionera.

El desarrollo y la organización funcional del sistema


En un trabajo Zunilda González van Domselar17 sostiene que « [...] el crecimiento del país está
concentrado en las ciudades [...]», por tanto, «[...] el análisis de los centros urbanos debe ser el
punto de partida del estudio de la población». Esta afirmación está de acuerdo con lo manifestado
en líneas anteriores y con lo que las autoras sostienen en el sentido de prestar atención no sólo al
grado, sino a la forma en que se lleva a cabo el proceso de urbanización.
Volviendo sobre lo manifestado precedentemente, es dable observar la evolución del sistema
urbano desde la época de las economías regionales de subsistencia y de transición, hasta alcanzar los
primeros escalones de la estructura agroportuaria, la industria no integrada dependiente y la
industria en vías de integración, interrumpida.
Es así como en el primer estadio puede advertirse la difusión del poblamiento en torno a los
valles intermedios del Noroeste argentino, los valles inferiores, el piedemonte de las sierras sub-
andinas y las quebradas, especialmente la de Humahuaca y la Calchaquí.
El corredor de las salinas permitía la interconexión del Noroeste con el Centro, donde aparece
Córdoba. El eje de ciudades que se dilata al pie de las sierras chicas hasta Río Cuarto y Villa
Mercedes; de ahí se extiende la difusión poblacional a Cuyo, especialmente a Mendoza y San
Juan. Breves «rutas» y asentamientos aislados caracterizan a La Rioja y Catamarca.
Sobre el litoral el poblamiento se restringe a la ribera del Paraná, al Sur de Entre Ríos, de Goya a
Corrientes y de ésta al Sur de Misiones (área de influencia de San Ignacio).
En la región pampeana el poblamiento se limitaba a la pampa ondulada y a un frente de avance no
más allá del Río Salado.
Existía, como es evidente, una discontinuidad entre el área Centro-oeste y el área litoral con
referencia al poblamiento.
También se observan los grandes vacíos territoriales carentes de poblaciones «civilizadas». La
tracción a sangre seguía «las rutas» de las rastrilladas, en rebelón a viejas vías naturales practi-
cables.
263

No existía desequilibrio en la distribución y las densidades no permitían distinguir jerarquías


entre las incipientes ciudades. Con ello coincide la Prof. Zunilda González18 cuando señala que el
sistema era más equilibrado, aunque es de dudar que fuera lícito por entonces hablar de sistema. Más
adelante agrega «ya desde 1869 la distribución del sistema urbano argentino indica la pri-macía
de Buenos Aires, para esa fecha el rango entre la primera ciudad del país y Córdoba, la secunda
en tamaño, es de 1/6 y va acentuándose en 1/9 para 1914. 1/10) en 1917; 1/11 en 1960 y 1/10 en
1970, lo que se mantiene para 1980 y 1991 con una leve tendencia descendente, siendo Córdoba
nuevamente la segunda ciudad del país [...]»
El estadio siguiente es el de la extensión de los núcleos de poblamiento indicados, nuevas
fundaciones de ciudades, el avance sobre la pampa del Salado y Tandilia («frontera oficial» y
«frontera pionera» respectivamente) y aunque persisten los grandes vacíos, como el chaqueño,
misionero, andino, patagónico y el sudoeste pampeano, el reciente trazado del ferrocarril Central
Argentino, Rosario - Córdoba, el Andino (Río Cuarto - Mendoza) y algunos pampeanos producen
la unión y la articulación de las tres áreas de población: la occidental, la central y la del litoral.
Sobre las últimas décadas del siglo había comenzado a estructurarse el esquema agro-
portuario y con él comenzaría a tomar forma el actual sistema urbano nacional.
Los estadios siguientes muestran los avances en la ocupación del territorio. Ya cumplidas las
campañas al desierto y del Chaco, comienza a insinuarse primero la ocupación y luego la organi-
zación de estos espacios. La infraestructura sirve a un sistema económico centralizado, agroex-
portador, con cabeza en Buenos Aires y con un poder político económico y demográfico que co-
mienza a crecer en forma acelerada y a crear un sistema urbano desequilibrado.
Aldo Ferrer señala, en ese sentido: «La causa principal de los diferentes ritmos de crecimiento
poblacional obedece a la concentración en el litoral del 90% de.las corrientes migratorias entradas al
país a partir de mediados del siglo XIX»19 (Ferrer, 1975).
Pudo observarse así el crecimiento de Buenos Aires y de las principales ciudades del país, las
que iban especializando sus funciones, de acuerdo con las actividades que poseían sus respectivas
subregiones y que se engarzaban a la economía agroportuaria.
Daus20 observa a esta etapa esencial en la estructuración territorial del país de la siguiente
manera:
«Buenos Aires, la red férrea, las estancias de la pampa y sus aditamentos territoriales y sec-
toriales, protocolizaban la prosperidad de toda la Nación. La otra Argentina, trasunto de decadencia
y miseria, la Argentina pétrea, era la abominable porción cerril y bárbara que podía pasarse por alto
para no distorsionar la imagen de una esplendorosa realidad».
Es así como para muchos la Argentina agroportuaria era la verdadera Argentina, aunque es
evidente que no podía identificarse a la Argentina con la porción de ésta afectada por el sistema.
Luego vino la industrialización, la mayor concentración, las grandes migraciones internas, la
acumulación de capital, que se localizó en el puerto, o, a lo sumo, en el frente fluvial y más tarde en
Córdoba.
Con ello el sistema urbano se siguió desequilibrando hasta el presente, con la problemática que ya
fuera señalada.
Buenos Aires crece a expensas de las otras ciudades y el sistema se desequilibra más, sostiene
Zunilda González21 y luego agrega: «[...] la tendencia de los dos últimos censos estudiados pareciera
indicar, coincidiendo con los mundiales, el aumento de los centros de tamaño medio y mayor
como consecuencia de los aportes migratorios desde los numerosos centros urbanos pequeños».
Finalmente debe destacarse un análisis por demás actualizado que brinda un riguroso trabajo
producido en la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente. En dicha investigación se
analiza la aptitud del medio construido en virtud de la identificación de los centros, sus funciones,
sus jerarquías, sus vínculos y la determinación de las áreas de confort.
En el Cartograma N° 2 puede apreciarse una síntesis de lo realizado. En primer término se
jerarquizó funcionalmente a los centros urbanos según los servicios ofrecidos utilizando el Esca-
lograma de Guttman. En ese sentido se presentó una matriz donde aparecen los siguientes niveles de
rango, para los primeros tres escalones jerárquicos.
264

Fig. 2 Escalograma de Guttman, Jerarquía de centros urbanos según servicios


265

Según los indicadores seleccionados quedaron determinados así los niveles de prestaciones.
Posteriormente y como aparece en el citado cartograma (Fig. N° 3) se delimitaron las áreas de
confort urbano. En este caso hubo una ponderación de la red vial como soporte de las áreas de
confort.
El resultado general muestra la conformación del espacio nacional por medio del sistema ur-
bano y el grado de cobertura que éste posee de la superficie total del territorio, medido en términos de
confort o áreas de accesibilidad a los servicios básicos.
Como en casos anteriores es dable observar la diferente intensidad espacial de la cobertura
territorial y la concentración de la misma en el frente fluvial, el eje Córdoba-Rosario, Cuyo, Noroeste y
Nordeste.
También aparecen con claridad las repetidas discontinuidades donde culminan las áreas de
confort y se destacan amplios espacios neutros o polivalentes como el vacío chaqueño, los bajos
Submeridionales, la cuenca cerrada de Mar Chiquita, los esteros de Ibera, los llanos de las sierras
pampeanas; el área andina, las travesías pampeano-puntano-mendocinas y, por cierto, la mayor parte
del ámbito geográfico de la Patagonia.
Estas comarcas se encuentran por debajo de la cobertura o umbral de acceso a los servicios y
constituyen, en muchos casos, subespacios para ser incorporados en un plan de acondiciona-
miento territorial.
En síntesis, el trabajo citado resulta muy interesante y pone en evidencia la desigualdad
marcada en la conformación territorial del país desde la dominante del sistema urbano.
En 1990 se publica un interesante trabajo ya citado de Vapnarsky y Gorojovsky, en donde se
analizan las tendencias del crecimiento del sistema urbano y el cambio de tendencias experimentado a
partir de 1950 y que llega hasta 1980, aunque todavía existe una incógnita sobre las cifras del censo de
1991, lo que podrá confirmar las hipótesis de los autores.
Para ellos «... en la transformación del sistema no jugó un papel protagónico Buenos Aires,
como suele creerse, lo jugaron las aglomeraciones de tamaño intermedio, de 500.000 a 1.000.000 hab.
Favorecidas hasta 1975 por un desarrollo industrial progresivamente desconcentrado, se fueron
convirtiendo luego en receptáculo de poblaciones atrapadas entre la incapacidad estructural del sector
agrario para generar empleo y el cierre de las oportunidades de empleo en el sector industrial».

Algunos paliativos

El mejoramiento del sistema urbano nacional en cuanto a su estructura, su unidad funcional y el


equipamiento del hábitat se debe inscribir en un marco más amplio, el del ordenamiento territorial.
Sin embargo y a nivel del sector, es necesario contar con un plan de asentamientos humanos en
estrecha relación con la planificación del desarrollo.
En 1985, la CEPAL señalaba tres prioridades o programas que, si bien son de aplicación para
América Latina y el Caribe, no escapan a la realidad de la Argentina.
266

Fig. 3. Envolvente de áreas de confort y red vial soporte.


Fuente: Ministerio de Salud y Acción Social. Secretaría de Vivienda y Ordenamiento Ambiental. Diagnóstico de la conformación del
espacio.