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FACULTAD DE INGENIERIA

ESCUELA ACADEMICO PROFESIONAL DE INGENIERÍA CIVIL


CENTRO - ULADECH – HUARAZ

Tema: “ACTIVIDAD 13: Investigación Formativa”

Nombre de la Asignatura: DERECHO CONSTITUCIONAL

Semestre Académico: 2018 - I Ciclo Académico: A

Docente Tutor: Rosales Leòn S.Peterson


GRUPO: Nro: 05

INTEGRANTES:
 ASENCIOS ROMERO, Pedro
 MORENO QUISPE, Leo

Huaraz – 2018
ROL DEL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO EN EL MUNDO DE
HOY EN DÍA

Teniendo en cuenta las incertidumbres que se tienen a la hora de escoger o defender un


modelo de Estado, que incluya la estabilidad jurídica y social, que reconozca y proteja
los derechos humanos de todos los ciudadanos y que propenda a un desarrollo
económico provechoso para todos los sectores socio-culturales, es decir, un modelo
incluyente y no excluyente, nos encontramos ante los paradigmas del Estado Liberal
(laissez faire) o el Estado de Bienestar (estado paternalista), según los cuales, se asume
un rol o misión distinta para que desarrolle el Estado, como institución que controla o
plantea las pautas para el desarrollo del derecho, la economía y la sociedad dentro de un
territorio y una población determinada.

Sin embargo, establecer cuál es el modelo de Estado adecuado para alcanzar los fines
constitucionales no es tarea fácil, máxime cuando los dos modelos enunciados
anteriormente, representaron momentos históricos diferentes, con necesidades
diferentes, y poco a poco han sido revaluados, y actualmente nos encontramos ante la
necesidad de encontrar o estructurar un nuevo modelo estatal que respete los derechos
que los ciudadanos han conquistado frente al Estado, en los términos de Ronald
Dworkin[2], e igualmente genere espacios de interacción y crecimiento económico ante
una nueva era de globalización y tecnología.

Ante este escenario, quizás nos damos cuenta que no es fácil encasillar la labor del
Estado, en una tarea de árbitro externo que no se involucra con las necesidades de sus
ciudadanos y que simplemente plantea reglas mínimas de juego, sin importar las
condiciones de igualdad, libertad, capacidades o acceso a bienes y servicios que tienen
las personas que representa. Pero tampoco, añoramos un Estado acaparador, que
interviene como actor principal en todas las áreas de la vida jurídica, social y económica
de una sociedad. Siendo eminente la creación de una tercera concepción de modelo
estatal, que sin pretender ser totalmente diferente a las anteriores, en realidad es una
hibridación o armonización de los planteamientos radicales de los dos modelos
esbozados anteriormente.

En la actualidad, el rol o la labor del Estado está centrada en la garantía y real disfrute
de los derechos humanos de los ciudadanos, incluyendo derechos de libertad (derechos
civiles) como los derechos a la subsistencia y a la supervivencia (derechos sociales),
acompañado por un desarrollo económico y social del Estado, cuyas pautas establece
directamente la Constitución, como norma de normas o marco normativo que irradia
todo el ordenamiento jurídico, lo que se ha denominado Estado Constitucional de
Derecho.[3] Consecuentemente, el Estado genera espacios de diálogo e intervención
activa de sus ciudadanos e inversión y crecimiento económico, para garantizar mayor
cantidad y disfrute de derechos, pues de lo contrario se pueden reconocer derechos
(carta constitucional), pero no garantizarlos por falta de voluntad política o de recursos
económicos, lo cual conlleva a una utopía de los derechos fundamentales. En otro
contexto, se puede generar crecimiento económico, que no es necesariamente sinónimo
de desarrollo, en el entendido de Amartya Sen, pero no se genera espacios de desarrollo
y bienestar para todos, entonces nos preguntamos ¿Crecimiento económico para qué? O
¿para quienes?

En este entendido, “el desarrollo puede concebirse […] como un proceso de expansión
de las libertades reales de que disfrutan los individuos. El hecho de que centremos la
atención en las libertades humanas contrasta con las visiones más estrictas de desarrollo,
como su identificación con el crecimiento del producto nacional bruto, con el aumento
de las rentas personales, con la industrialización, con los avances tecnológicos o con la
modernización social. El crecimiento del PNB o de las rentas personales puede ser,
desde luego, un medio muy importante para expandir las libertades de que disfrutan los
miembros de la sociedad. Pero las libertades también dependen de otros determinantes,
como las instituciones sociales y económicas (por ejemplo, los servicios de educación y
de atención médica), así como de los derechos políticos y humanos (entre ellos, la
libertad para participar en debates y escrutinios públicos).”[4] Y es aquí, donde surge el
Estado Constitucional de Derecho, que tiene la gran misión de proteger y garantizar un
real disfrute de los derechos humanos a todos los ciudadanos y, asimismo de armonizar
los intereses económicos del Estado para generar escenarios de estabilidad jurídica y
económica donde esos derechos y libertades se puedan materializar.

Pero, como sabemos no existen fórmulas mágicas que resuelvan transcendentalmente


los problemas jurídicos, sociales y económicos que se presentan en un sociedad. Por el
contrario, la historia nos ha demostrado que existen procesos, incorporación de
determinadas políticas o estructura estatal que van cambiando el rumbo o destino de los
países. De esta forma, el modelo de Estado Constitucional, per se, no generaría los
cambios estructurales deseados de inclusión social, garantía de derechos humanos y
crecimiento económico, necesita complementarse con otras herramientas o
prerrogativas que le van a permitir desempeñar adecuadamente su labor. Dichas
prerrogativas, considero que podría centrarse en dos, las cuales son: La democracia y el
fortalecimiento de las instituciones estatales, no sin antes aclarar que podría realizarse
una lista más extensa, pero para objeto del presente análisis me centraré únicamente en
estas dos.

Tanto la democracia como el fortalecimiento de instituciones estatales son conceptos


ampliamente utilizados, no obstante, su definición no deja de ser ambigua, por tal razón,
voy a utilizar el siguiente concepto de democracia, como un sistema político que
“implica, primero, elecciones periódicas, libres y limpias de los representantes a través
del sufragio universal e igualitario; segundo, la responsabilidad del aparato estatal con
respecto al parlamento electo […] y tercero, las libertades de expresión y de asociación,
así como la protección de los derechos individuales contra la acción arbitraria del
estado”[5]

Esta definición desarrolla diferentes aspectos de la democracia, entre ellos; la


participación política de los ciudadanos, representada en el derecho de elegir y ser
elegidos, la responsabilidad de los funcionarios públicos por sus acciones u omisiones
que puedan lesionar los intereses públicos, además de la existencia de diferentes actores
o partidos políticos que compiten por acceder al poder. Por lo tanto, podría afirmar que
la democracia es un sistema político y de gobierno que incluye una pluralidad de
intereses e ideologías representadas por los partidos políticos, en el cual los ciudadanos
cumplen un rol fundamental, pues tienen la doble connotación de elegir mediante el
voto a sus representantes y de ser elegidos como funcionarios públicos, sistema que
lleva implícito el respeto a los derechos de los ciudadanos como límite frente a la acción
del Estado, entre ellos los más notorios son: el derecho a la igualdad, el acceso de todos
los ciudadanos (incluyendo a las minorías), libertad de información, libertad de
participación y asociación.

Podríamos preguntarnos ¿si la democracia no incluye un modelo económico


determinado? O quizás ¿implica eficiencia administrativa? Pero lo cierto es que al
concepto de democracia se le han atribuido características o consecuencias que no son
necesariamente intrínsecas a un gobierno democrático, que se han venido utilizando
como paradigmas de la democracia, que aunque pueden convivir plenamente con un
gobierno democrático no son indispensables para su existencia. Para analizar con mayor
profundidad el argumento enunciado, voy a utilizar cuatro conceptos de lo que no es
democracia, desarrollados por los profesores Philippe Schmitter y Terry Lynn Karl.

Los referidos autores señalan que, primero, las democracias no son necesariamente más
eficientes económicamente que otras formas de gobierno, pues su objetivo está
focalizado en el reconocimiento de derechos, no específicamente en obtener más
recursos económicos. Segundo, las democracias no son necesariamente más eficientes
administrativamente, pues la capacidad del gobierno para tomar decisiones es un
proceso más lento, porque participan y se consultan más actores que en otros sistemas
de gobierno, pensemos en una dictadura o autocracia. Tercero, las democracias
probablemente no son más ordenadas, estables o gobernables que las dictaduras que
reemplazan, debido al reconocimiento de la libertad de expresión, lo que implica llegar
a consensos, escuchar voces disidentes o en desacuerdo constante con las reglas e
instituciones. Y finalmente, las democracias tendrán sociedades y políticas más abiertas,
pero no necesariamente economías más abiertas, lo cual implica que los derechos
humanos reconocidos para todos los ciudadanos, son un límite o control frente a la
libertad económica, lo que no significa que sean incompatibles, pero sí que tienen que
armonizarse, pues libertad política no significa libertad económica. [6] Expresamente
estos autores señalan:

“La democratización no necesariamente traerá crecimiento económico, paz social,


eficiencia administrativa, armonía política, mercados libres o el fin de la ideología,
mucho menos traerá el fin de la historia. No hay duda que algunas de éstas cualidades
podrían hacer más fácil la consolidación democrática, pero no son prerequisitos ni
productos inmediatos de la democracia.

En vez de eso, lo que deberíamos estar deseando es la formación de instituciones


políticas que puedan competir pacíficamente para formar gobiernos y para influir en la
política pública, que puedan canalizar los conflictos sociales y económicos a través de
procedimientos regulares y que tengan suficiente contacto con la sociedad civil para
representar a sus asociaciones y que las comprometan en cursos colectivos de
acción.”[7]

De esta forma, podemos concluir que la finalidad de la democracia es crear un escenario


donde concurran todas las voces presentes en una sociedad para llegar a un concenso
pacífico, donde se puedan canalizar los conflictos sociales y económicos a través de
procedimientos regulares que incluyan tanto a la sociedad civil como a las instituciones
estatales para implementar acciones que solucionen de forma definitiva el conflicto en
cuestión. Es decir, que los canales de participación e interacción de los ciudadanos con
el gobierno son mucho más amplios y complejos, y no se agota en la participación en
las contiendas electorales.

De esta forma, incluso los jueces participan y tienen un rol activo dentro de la
interacción de los intereses o necesidades de los ciudadanos, pues los jueces conocen de
fuente directa un conflicto social o una vulneración de derechos, y en diversas
oportunidades se percatan que la simple resolución judicial inter pares no es suficiente
para solucionar un problema más complejo, y es en estos casos, en los cuales los jueces
constitucionales utilizan mecanismos que generan cambios sociales como son las
sentencias interpretativas, manipulativas o estructurales, convocan a audiencias públicas
o realizan seguimiento a la implementación de determinadas políticas públicas, lo que el
profesor Cesar Rodríguez Garavito ha denominado democracia deliberativa.[8]

Por otro lado, respecto al fortalecimiento de las instituciones del Estado, que se
constituye en un prerrequisito indispensable para el éxito de un Estado Constitucional y
Democrático, es necesario resaltar que la tradicional tridivisión de poderes –
Legislativo, Ejecutivo y Judicial-, apoya en la elaboración de la concepción institucional
y especializada del Estado, que si bien no agota la cantidad de funciones que cumple el
Estado, sí enmarca las principales funcionales estatales, como son; elaborar las leyes,
ejecutarlas, elaborar políticas públicas, velar por la garantía y reconocimiento de los
derechos de todos los ciudadanos, así como solucionar los conflictos de los ciudadanos
de forma definitiva impartiendo justicia, entre otras. División de poderes que representa
una función específica y fundamental en el desarrollo de las tareas encomendadas al
Estado, donde ninguna de las ramas del poder es jerárquicamente más importante que la
otra, por el contrario conviven en una relación armónica de check and balance o frenos
y contrapesos, según la cual ellas mismas se controlan mutuamente, evitando excesos de
poder en las otras ramas del poder.

Cuando se rompe esa armonía y control mutuo, porque existe un poder superior de una
de las ramas (v. gr. El Ejecutivo o Presidente) sobre las otras ramas del poder
(Congreso, Poder Judicial o Tribunal Constitucional), se van debilitando las
instituciones, generando subordinación a los intereses particulares del Gobierno o
autoridades de turno, generando corrupción, limitando la independencia y autonomía en
la toma de decisiones en sus respectivos ámbitos de función, lo cual implica que los
canales de comunicación y acción entre los funcionarios públicos y la ciudadanía se
vean truncados, afectando el normal funcionamiento del sistema de gobierno o modelo
de Estado, por ello, contar con instituciones sólidas, independientes, respetuosas de los
derechos humanos de los ciudadanos y del ordenamiento jurídico, es lo único que
garantiza el normal funcionamiento de un Estado Constitucional y Democrático.

Adicionalmente, encontramos que otra causa del debilitamiento institucional, es


producto de la confusión entre el concepto de restricción en las actividades económicas
que desempeña el Estado y la capacidad institucional del Estado. Es decir, que cuando
en los años 80´s y 90´s se planteó reducir las actividades económicas en las que
intervenía el Estado, se asimiló erróneamente a un debilitamiento en la capacidad del
Estado en la elaboración de políticas públicas, garantía de derechos y facultad para
hacer cumplir las leyes, lo cual llevo, indudablemente, en algunos países de América
Latina y África a crisis más agudas que las que inicialmente se querían solucionar, tal es
el caso de Kenia en África, como señala el estudio desarrollado por Francis Fukuyama:
“Como consecuencia de la doble naturaleza de ese Estado africano, los programas de
estabilización y adaptación estructural impuestos por los países donantes en las décadas
de los ochentas y los noventas tuvieron un efecto contraproducente y distinto al
deseado. […] los regímenes neopatrimoniales tenían la última palabra, la
condicionalidad externa fue finalmente usada como pretexto para llevar a cabo recortes
en sectores del Estado moderno y a la vez proteger, e incluso ampliar, el alcance del
Estado neopatrimonial. Así pues, las inversiones en infraestructuras básicas como
carreteras o salud pública cayeron de forma drástica a lo largo de un periodo de veinte
años y lo mismo sucedió con las inversiones en educación y agricultura. Paralelamente,
la inversión en los llamados gastos de soberanía como fuerzas militares, servicios
diplomáticos y puestos vinculados a la Presidencia incrementaron de forma radical (en
Kenia, por ejemplo, los funcionarios del ministerio de la Presidencia ascendieron de
18.213 en 1971 a 43.230 en 1990).

A pesar de que muchos de los defensores del consenso de Washington ahora no dudan
en afirmar que habían comprendido la importancia de las instituciones, el marco legal y
el orden concreto de aplicación de las reformas, lo cierto es que, desde finales de los
ochenta hasta principio de los noventa, las cuestiones del eje Y referentes a la capacidad
del Estado y a la construcción del mismo brillaron por su ausencia en el debate político.
Hubo muy pocas advertencias por parte de quienes elaboraron esa política desde
Washington acerca de los peligros que suponía impulsar la liberalización sin las
instituciones adecuadas.”[9]

El análisis realizado en los países africanos es totalmente aplicable a la realidad


latinoamericana, pues si no existen instituciones fuertes que realicen contrapeso a los
intereses individuales, económicos y de poder de los gobernantes, los límites se van
difuminando, dando paso a la corrupción y al exceso de burocracia estatal dentro de las
instituciones más importantes y representativas de una sociedad. Las instituciones deben
seguir cumpliendo su rol legítimo de proteger los intereses y derechos de los
ciudadanos, además, de continuar con la facultad o capacidad institucional de elaborar e
invertir en políticas públicas que representen un desarrollo integral (reconocimiento de
derechos, incremento económico y de libertades) para todos los ciudadanos.

Por lo tanto, es indispensable “distinguir entre el alcance de las actividades estatales,


que consisten en las diferentes funciones y objetivos que asumen los gobiernos, y la
fuerza del poder del Estado o la capacidad de los Estados para programar y elaborar
políticas públicas y aplicar las leyes con rigor y transparencia, que equivale a lo que se
denomina hoy en día capacidad estatal o institucional.”[10] De esta manera,
independientemente del modelo económico adoptado por una sociedad, lo importante es
contar con instituciones estatales fuertes, impermeables a la corrupción y otros males
que aquejan a la administración pública. Así, como mantener clara la función y
capacidades que cumplen las instituciones dentro del Estado, pues contar con
instituciones fortalecidas coadyuva al desarrollo de los fines del Estado Constitucional
de Derecho, los cuales son en últimas armonizar los presupuestos normativos de
reconocimiento de derechos con el desarrollo económico y social, para alcanzar un real
disfrute de las garantías constitucionales.
CONCLUSIONES

Considero que el Estado Constitucional de Derecho, es un modelo indicado para


afrontar los retos que presentan los Estados Modernos, los cuales se encuentran en la
encrucijada del reconocimiento constitucional de los derechos humanos, el crecimiento
económico, el desarrollo socio-cultural, la globalización y la tecnología, y garantizar el
real disfrute de los derechos civiles, políticos y sociales de todos los ciudadanos parte de
una misma sociedad. Pues si bien, la tarea no es fácil, uno de los objetivos o fines del
Estado Constitucional es crear espacios de inclusión y armonización de los intereses
contrapuestos presentes en una sociedad, así, como garantizar la protección efectiva de
los derechos fundamentales de todos los ciudadanos.

Este modelo estatal es acorde con el concepto de desarrollo de libertades desarrollado


por Amartya Sen, según el cual, el crecimiento y desarrollo económico no puede estar
medido únicamente por el incremento del Producto Nacional Bruto o el aumento en las
rentas personales, sino que debe incluirse otros factores determinantes que influyen en
los grados o capacidad de libertad que tienen los miembros de una comunidad, como
son; las instituciones sociales y económicas y el disfrute de los derechos humanos.
Escenario en el cual, el PNB y las rentas individuales son uno de los medios para
expandir libertades de los ciudadanos, pero no los únicos ni determinantes.

Adicionalmente, para el desarrollo de un modelo de Estado Constitucional de Derecho


se necesitan dos prerrequisitos, como son: primero, la democracia, entendida como el
sistema político que permite el desarrollo del rol dual de los ciudadanos, elegir y ser
elegido, y además promueve y respeta los derechos humanos como límite frente a las
acciones del Estado. Segundo, el fortalecimiento de las instituciones estatales,
concebida como la capacidad del Estado para desarrollar políticas públicas, garantizar
los derechos de los ciudadanos y hacer cumplir el ordenamiento jurídico, pues de lo
contrario cuando se rompe la armonía entre las diferentes ramas del poder, se genera un
debilitamiento institucional sensible a los problemas de corrupción y exceso de
burocracia estatal.
BIBLIOGRAFÍA

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DE SOUSA SANTOS, Boaventura. De la mano de Alicia. Lo social y lo político en la


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2da Edición, 2012.

[1] Abogada de la Universidad del Rosario (Bogotá D.C., Colombia). Estudiante de la Maestría
en Derecho con mención en Política Jurisdiccional de la PUCP.

[2] DWORKIN, Ronald. La lectura moral y la premisa mayoritarista en Democracia


deliberativa y derechos humanos. Barcelona: Gedisa Editorial S.A., 2004, pp. 101 – 111.

[3] FERRAJOLI, Luigui. Derecho y Dolor: La crisis del paradigma constitucional, en “El
Canon Neoconstitucional”, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2010, pp. 147 – 149.

[4] SEN, Amartya. Desarrollo y Libertad. Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2000, pp. 19.
[5] O´DONNELL, Guillermo. Democracia, agencia y estado. Teoría con intención
comparativa. Prometeo Libros, Buenos Aires, 2010, pp. 28.

[6] SCHMITTER, Phillipe C. y KARL, Terry Lynn. Instituciones Políticas y Sociedad, ¿Qué es
y qué no es democracia?.IEP, Perú, 1995, pp. 184 y 185.

[7] Ibídem, pp. 185.


[8] RODRIGUEZ GARAVITO, Cesar y otro. Un giro en los estudios sobre los derechos
sociales: El impacto de los fallos judiciales y el caso del desplazamiento forzado en
Colombia en Derechos Sociales: justicia, política y economía en América Latina. Bogotá D.C.:
Editorial Siglo del Hombre Editores – Universidad de los Andes, Universidad Diego Portales –
CELS y LAEHR. 2010, pp. 123 – 131.

[9] FUKUYAMA, Francis. La construcción del Estado: Hacia una nuevo orden mundial en el
siglo XXI. Ediciones B., Barcelona, 2004, pp. 35 y 36.

[10] Ibídem, pp. 23.