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Universidad Autónoma de Nuevo León

Facultad de Psicología

Materia: Psicopatología III

Ensayo: La Impostura Perversa


“La condesa sangrienta”

Alumnos:
Anahí Alcocer Martínez
Sugeyri Gómez Guerrero
Eglantina Sánchez Arriaga
Juan Francisco Vázquez Juárez

Grupo: 9°

Monterrey NL 27/Noviembre/09
II.- Introducción.

¿Qué es la perversión? De entrada, perversión es definida por la


autoridad (curiosamente) como acción y efecto de pervertir. Si a su vez nos
remitimos a pervertir encontramos dos posibles acepciones: la primera de ellas
dicta el hecho de viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el
gusto, etc.; perturbar el orden o el estado de las cosas nos viene en segundo
lugar.

Es importante considerar estas definiciones; que podrían parecernos hasta


cierto punto incompletas, ya que nos colocan en el punto de inicio desde donde
comenzar esta travesía que ahora emprendemos. ¿Qué tan alejado o que tan
cercanas estarán las concepciones psicoanalíticas de estas definiciones
otorgadas por la Real Academia de la Lengua? Ya lo veremos.

El presente ensayo abordara la temática de la perversión desde el punto de


vista psicoanalítico a partir de la presentación de un caso real con el cual
buscaremos elucidar algunos de los conceptos fundamentales que desde esta
perspectiva se consideran sobre dicho tema. Pasando por los textos del
fundador, la obra de Lacan y algunos de sus contemporáneos, trataremos de
elucidar este escabroso tema.

Muchos son los autores y vasta también es la literatura sobre el tema; tantas
concepciones desde los distintos enfoques psicológicos, forenses,
criminológicos, artísticos y toda producción humana que ante la perversión o el
acto perverso no encuentran más que fascinación y horror, esa perturbación
del estado de las cosas de las que nos hablaba el famoso diccionario. El
interés de este ensayo se vuelca hacia algunos cuestionamientos que a
manera de Virgilio nos llevaran de la mano por las profundidades infernales y
las alturas celestiales características de esta estructura: ¿Cómo se produce
esta desmentida de la castración presente en la estructura perversa?, ¿Cuál es
el funcionamiento del fantasma perverso y su diferencia ante el fantasma
neurótico?, ¿Cómo relaciona la ley y el goce según la economía de la
perversión? Estas y otras preguntas son las que trataremos de contestar
acompañados de Erzbeth Bathory “La condesa sangrienta” y su búsqueda de la
muerte para llegar a la vida en un ambiente lleno de supersticiones en donde
los más horrorosos actos sádicos conviven con los ideales de la belleza
perfecta e incorrupta.

II. Erzbeth Bathory, la condesa sangrienta.

¿Cómo podemos expresar en pocas palabras la vida tan notable de tan único
personaje? Podemos decir lo siguiente: Erzbeth Bathory, la condesa sangrienta
que se bañaba en la sangre de vírgenes doncellas para mantener la belleza
alejada de los suplicios de la edad y que vivió durante el oscurantismo
medieval en Transilvania; un tiempo y un espacio que la tradición marca con el
sello de la superstición y el horror. Pero bueno, antes de poder comenzar con el
análisis de la vida de la mejor conocida como la Doncella Sangrienta, tenemos
que responder una pregunta: ¿Quién es Erzbeth Bathory?

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Nació el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor, Hungría., a los 4 ó 5 años de edad
la pequeña Erzbeth sufrió de violentos ataques (epilepsia), sin embargo su
niñez transcurrió de una manera normal.

A los once años fue prometida al Conde Ferenc Nádasdy, quien le doblaba la
edad. A los trece años se quedó embarazada de uno de sus sirvientes, este fue
castrado y arrojado a los perros, e Isabel enviada a otro remoto castillo familiar
para que pariera. Naturalmente, se hizo desaparecer al bastardo bebé.

La enviaron a vivir en el castillo de los Nadasdy, para que fuera conociendo a


su nueva familia. Nunca hizo buenas migas con su dominante suegra, Úrsula,
matriarca del clan; al parecer, la joven Bathory hacía valer el rango superior de
su apellido con una frecuencia que la enojaba. A los 15 años, en 1575, casó
con Ferencz, que entonces contaba 26 años de edad. La ceremonia tuvo lugar
con gran lujo en el castillo de Varanno. Fue Ferenc quien adoptó el apellido de
soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al
castillo de Cséjthe, en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros de la
casa. A diferencia de la mayoría de mujeres y hombres de su tiempo, Erzbeth
había recibido una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la
mayoría de los hombres de entonces Pues hablaba perfectamente 3 idiomas.

Su esposo llamado el Caballero Negro de Hungría murió de súbita enfermedad


durante una de sus batallas y dejó viuda a Erzbeth, que contaba con 44 años.
Es aquí cuando comienzan sus supuestos crímenes. Para empezar, despidió a
su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy;
las muchachas a las que ésta protegía en esos momentos fueron llevadas a los
sótanos y allí recibieron por fin los castigos que, en opinión de Erzsébet, se
merecían. Erzbeth vio a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se
burló de ella. La anciana ante su burla la maldijo diciéndole que ella también
estaría como una vieja en poco tiempo.

La bruja Darvulia la inicio en el arte de la brujería, y fue cuando una de sus


sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba
peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la
nariz de un fuerte bofetón, cuando lo normal entre la nobleza de la época
habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos. Pero cuando la sangre
salpicó la piel de Erzbeth, a ésta le pareció que allá donde había caído
desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa,
fascinada pensó que había encontrado la solución a la vejez, y siempre podría
conservarse bella y joven, recordó lo que la bruja le dijo y empezó a ponerlo en
práctica.

Con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya obtuvo jóvenes


entre 9 y 26 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las
apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus
víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a
subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por
"causas misteriosas y desconocidas". Así es que ella le amenazó para que
callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados, por la falta
de sirvientas en la zona como consecuencia de tantos crímenes.

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Cometió el error que acabaría con ella; utilizando sus contactos, comenzó a
tomar a niñas y adolescentes de buena familia para educarlas. Algunas de ellas
comenzaron a morirse pronto por las mismas "causas misteriosas y
desconocidas”. La bruja Darvulia le habría prevenido que nunca tomara nobles,
pero esta anciana había fallecido algún tiempo atrás.

Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy
siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante
local, llegan historias de que la condesa practica la brujería y para ello utiliza la
sangre de muchachas jóvenes que era una típica acusación muy popular en la
época. Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo
numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un
montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse.

Erzsébet se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció,


acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza,
fueron sus colaboradores. János Ujváry, el mayordomo, testificó que en su
presencia se habían asesinado como mínimo a 37 "mujeres solteras" de entre
once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente
para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de
jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la
sentencia todos fueron declarados culpables, unos de brujería, otros de
asesinato y los demás de cooperación.

La ley impedía que Erzsébet, una noble, fuese procesada. Fue encerrada en su
castillo. Tras introducirla en su mazmorra, los albañiles sellaron puertas y
ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida.

El 31 de julio de 1614 Erzsébet, de 54 años, dictó testamento y últimas


voluntades a dos sacerdotes de la catedral del arzobispado de Esztergom.
Ordenó que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre
sus hijos. El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio caída en el
suelo, boca abajo. La Condesa Erzbeth Bathory estaba muerta después de
haber pasado cuatro largos años emparedada, sin ni siquiera ver la luz del sol.
Dentro de su parentela se encontraban también algunos personajes singulares,
como un tío que adoraba a Satán, una tía bisexual -Karla- que ponía extremo
interés en disciplinar a su servidumbre y un hermano mayor cruel y borracho.
Por no mencionar a su antepasado Vlad III Draculae, El Emperador.

¿Qué nos puede decir este personaje acerca de la perversión? Detectamos


algunos elementos en la vida de Erzbeth que nos pueden ayudar a responder
esta pregunta. El castillo, la sangre, la tortura, el espejo, la sexualidad, el goce
y la ley serán esos elementos. Pero, ¿por cuál de ellos comenzar? ¿Cómo
abordar las preguntas que nos servirán de base si cada una de ellas se
relaciona con la otra? Empezaremos a escribir sin saber con certeza a donde
nos llevaran nuestros dedos, tal y como la experiencia analítica nos muestra
con la asociación libre.

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Muy bien; aunque sabemos que ya desde la infancia Bathory era testigo de los
castigos comunes en la época hacia la servidumbre; que durante los largos
periodos de ausencia de su esposo se volcaba en prácticas lésbicas y ya
comenzaba a mostrar ese sadismo que tanto la termino por caracterizar,
podemos decir que todo empezó a raíz de la muerte de su marido y la aparición
de Darvulia, la bruja del bosque. Su mayor temor era la vejez, por lo que se
bañaba en vida, en sangre. ¿No tenemos aquí el caso de una triangulación
edípica? Recordemos un poco los tres tiempos del Edipo lacaniano que nos
presenta en el seminario del 22 de enero de 1958 de una manera resumida:

En un primer momento, existe algo en común entre el niño y la madre; un


deseo, y este deseo en común es el falo. Esto es el ternario imaginario. El
primer movimiento es de alienación, me convierto en aquello que le falta al
Otro, el primer Otro que es la madre, me someto a su deseo, deseo que no es
otro más que el falo. Así, completo a la madre convirtiéndome en aquello que le
falta. Completo con una cita de Lacan el primer tiempo: lo que el niño busca,
en cuanto deseo de deseo es satisfacer el deseo de su madre, es decir, to be
or not to be el objeto de deseo de su madre”.

Segundo tiempo. Intervención real del padre en cuanto obstáculo entre la


madre y el niño. Hay una doble prohibición: hacia la madre: no reintegraras tu
producto, para el hijo: no te acostaras con tu madre. Es decir, se deja de ser el
falo y la madre de su capacidad de otorgarlo, puesto que también está en falta.
Esto es la castración simbólica, produciendo un corte y una pérdida. Una
castración que nunca es real, sino simbólica. Corte concerniente a un objeto
imaginario, el falo.

Así vemos la realización de la función paterna y de su significante que es el


Nombre-del-Padre. El deseo de la madre que era lo que le daba significado al
sujeto se ve ahora sometido al Nombre-del-Padre, y por vía metafórica otorga
una significación al recién nuevo sujeto, la significación de la falta, el Falo. El
Nombre-del-Padre, le da al sujeto lugar como deseante.

¿Qué es lo que pasa en el perverso? El se queda atrapado en este goce del


Otro, ese primer Otro que es la madre (M(Other)). Ella se ha mostrado como
potente y sin falta, el padre, ese no está, está muerto o ha demostrado su
inutilidad. El perverso es ese falo imaginario que completa al Otro, que reniega
la falta, no la propia, la del Otro, el es el fetiche que sutura la herida, pero con
el precio de la cicatriz que lo delata. ¿Qué encontramos referente a esto en el
caso de Erzbeth? Su esposo ha muerto, ese mismo esposo que tomo su
apellido por ser de mas clase y poder que el de él, ese que no estaba para
otorgar su Nombre, que mostro su impotencia. Y al morir la deja en un mundo
absolutamente femenino, de lo femenino absoluto. Por otro lado, la aparición
de Darvulia, esa mujer hechicera, mujer fálica ante nuestros ojos, ella quien la
adiestra en las artes de la brujería, esa sin falta y a cuyo goce Erzbeth queda
atrapada; es ella la que le muestra como renegar la falta, porque la falta esta y
es reconocida, pero es negada. “Ya lo sé, pero aun así”. Así habla Braunstein
(2006) sobre la desmentida: “el perverso no podría desmentir sin reconocer
primero lo que habría de desmentir”. Así, ella queda constituida en relación
especular con aquello que desea la madre del primer tiempo, con la imagen

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perfecta del espejo que ella misma diseño y construyo y en el que solía pasar
días completos, atrapada en ese yo ideal que es reflejado. Con la mirada que
recibe del otro del espejo y en cuya mirada ella queda identificada. Porque
mientras que el ojo está del lado del sujeto, la mirada está del lado del Otro.

La muerte opera en ella como castración, el decaimiento de la belleza se


presenta como limite al goce, del que el perverso se dice el conocedor, el
dueño del sabergozar según un neologismo de Braunstein. Su castillo es un
ejemplo de esto. El castillo es el corazón de un sistema feudal donde ella
puede ir y venir, pero es inaccesible para otros. Cuenta la leyenda que el
castillo de Cséjthe; el lugar que ella estableció como morada, esta erigido sobre
el cadáver de una mujer joven, y sobre esta mujer suprimida se erige el castillo
que tiene forma fálica. Y si vamos un poco más adelante en la vida de Erzbeth,
y más enfáticamente en su final, vemos que ella termina encerrada en la torre,
semejando un reflejo que duplica a la joven enterrada sobre la que se erige el
falo. Ella dispone del goce que para otros resulta inaccesible. En pocas
palabras, nosotros (neuróticos) podríamos proponernos no envejecer, pero
sabemos que es una lucha fallida. La falla no es opción, el corte no es posible
para el perverso. La condesa no solo buscaba matar, sino también matar la
muerte, triunfar sobre la muerte, es el colmo de la omnipotencia y en ese
sentido es bastante parecido al funcionamiento mental perverso, se trata de
triunfar sobre un límite que nos afecta a todos

La sangre será aquello que se presta al fetiche. Freud, ya en sus trabajos sobre
el fetiche, dice que lo que hace el fetiche es sustituir (yo diría instituir) el pene
de la madre. El pene que se cree ver en un primero momento bajo las faldas de
la madre. Ya desde entonces sabemos que lo que busca el perverso es negar
la falta del Otro, de abogar por su completud, el es el máximo defensor de la fe,
como Lacan nos lo dice en su seminario XVI.

La sangre. De eso se trata. Erzbeth es una mujer que hace sangre y que está
constantemente bañada en sangre. Si lo vemos de este modo, la sangre es un
símbolo cargado de femineidad, mas femenino no puede ser, tiene que ver con
los fluidos del cuerpo, de su interior, relacionado con los procesos de
nacimiento y muerte. Funciona dentro de su fantasía perversa como un
elemento de vitalidad y tiene que ser fundamentalmente sangre de mujeres
jóvenes, muchachas vírgenes, no de cualquiera. Tal vez sea casualidad (no lo
creemos) que las que busca tienen la misma edad en la que se acostumbraba
a comprometer a los jovencitas, suerte que ella también compartió. Codrescu,
uno de los autores que trabajan la biografía de Bathory, explica la fascinación
de la misma como parte de su imaginario cultural: ella creció escuchando
historias sobre los poderes restaurativos de la sangre. La cultura húngara se
encuentra llena de sangre. Sangre y belleza abundan en los cuentos de hadas,
en la voz popular y en la sabiduría convencional. Su obsesión en tomar baños
de sangre estaban basados en la premisa de mantenerla joven y bella para
evitar el vacio de la nada. Como dice Braunstein: “Habita con todos los
derechos del propietario del castillo fortificado que es el yo. Y tiene horror al
hueco.” Creemos que no es necesario decir nada más.

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Así, ella se hace sangre; sangrienta, en aras de desmentir la castración que
supone la caída de la Belleza, esa voluntad que esta mas allá, el ideal que la
convierte en instrumento del goce que no atraviesa los linderos del deseo. Esto
es confirmado en palabras de Lacan en su seminario XI: “A decir verdad, la
perversión es un efecto invertido del fantasma. El sujeto se determina a sí
mismo como objeto, es un encuentro con la división de la subjetividad (...) el
sádico ocupa el mismo el lugar del objeto, pero sin saberlo, en provecho del
otro, y ejerce su acción de perverso sádico en aras del goce de ese otro (…)”.
Mi acto es en nombre del Otro, del cual no soy más que un instrumento de sus
designios. En este caso, la Belleza. Puedo causarles daño en tanto que no soy
responsable de lo que hago, solo respondo a la Voluntad de ese Otro que me
ordena. Para la condesa era inexplicable que fuera visto como un delito que
ella dispusiera de la vida de sus súbditos. El acto está en si mismo justificado.

¿Cómo funciona este fantasma perverso del que tanto hemos hablado? En
“Kant con Sade”, Lacan propone dos esquemas que traducen la fantasía
sadeana, este el primero de ellos:

La V designa la Voluntad de Gozar, la actitud fundamental del sujeto “sádico”


su esfuerzo por encontrar goce en el dolor de otro. S es ese otro sujeto, que
sufre, y como tal esta no tachado, completo. La relación superior V S da
cuenta del sadismo manifiesto: el perverso sádico encarna la Voluntad de
Gozar que atormenta a la victima para obtener la plenitud del ser. Sin embargo,
esta relación manifiesta oculta una relación latente, que funciona como
“verdad” de la primera: la relación del objeto causa del deseo con el sujeto
dividido. En resumen, el sádico como Voluntad de Goce agresiva es solo
semblante y mascara de una verdad diferente: el es a, el objeto, su posición
verdadera es la de un objeto instrumento del goce del Otro. El sádico no actúa
buscando procurarse goce, no, su acto está dirigido en eludir la escisión
constitutiva del sujeto asumiendo el rol del objeto instrumento al servicio del
Otro. Así, la división se traspone al otro, a la victima atormentada. El sádico
goza en generar esa división en el otro. El verdadero deseo sádico es actuar
como instrumento del goce del Otro.

En el caso de nuestro análisis, Erzbeth Bathory, podemos encontrar los mismos


elementos y su funcionamiento en la fantasía sádica. A nivel manifiesto, es

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“verdad” que ella torturo y asesino a cientos de mujeres jóvenes. Gozaba con
la tortura, con el grito del otro con la posibilidad de hacer sufrir al otro, hasta
matarlo, tenía una gran pasión por la sangre, agregado a esto que pensaba
que esta sangre de vírgenes podía rejuvenecerla y alejarla de la muerte. Con
este modo de gozar, por medio de causar sufrimiento en las doncellas, es como
se autentifica. Pero no nos dejemos engañar por este nivel. Debajo de esa
Voluntad de Gozar se encuentra su verdad constitutiva, ella elude la castración
convirtiéndose en herramienta al servicio de ese Otro que es la Vida y la
Belleza. Actúa en nombre de esos ideales como su heraldo buscando la
división del otro, que sufra a través del corte en la piel y en la subjetividad, pues
su goce esta directamente proporcional en tanto produce división en el otro.
Por eso el partenaire del sujeto perverso no es otro perverso, si hay un
consentimiento la satisfacción perversa se restringe. El neurótico, el dividido,
será su pareja predestinada e ideal compañero. Cuando el otro consiente, la
perversión se esfuma.

Pero Lacan no se detiene ahí, se percata que esta fantasía tiene su lugar
dentro de otro marco que la determinaba. Este marco ve la luz al rotar 90° el
primer esquema:

Ese es el sitio “real” del sujeto que sueña con la fantasía sádica: un objeto-
victima a merced de la Voluntad “sádica” del Otro que salta a la “coerción
moral”. Lo ejemplifica con el mismo Sade, en cuyo caso esa coerción tomo la
forma de la presión ejercida sobre el por el ambiente que una y otra vez
lograba su encarcelamiento. Sade era en realidad la victima de un acoso
incesante, un objeto sobre el que se encarnizaba con su sadismo moralista los
organismos del estado. Su resultado es S barrado, el sujeto tachado que habría
que interpretar como una borradura, como su cancelación de la trama de la
tradición simbólica (la expulsión de Sade de la historia literaria oficial). S, el
sujeto del sufrimiento patológico, aparece en este caso como la comunidad de
quienes estuvieron con él durante todas las penurias, y quienes ahora están
fascinados por su obra. El esquema gana coherencia si lo interpretamos junto
con los elementos de los cuatro discursos: podemos toma la S como un S
subíndice 2 (el saber universitario), en ese sentido a es lo que quedo de la obra
de Sade, el objeto producto por medio del cual Sade provocaba la reacción
moralista del Amo. Así, el sádico mediante un giro queda en posición de

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víctima: la trasgresión que al principio parecía subvertir la Ley resulta ser propia
de la Ley: La Ley es en si la perversión fundamental.

Inscribamos a Bathory en este segundo esquema. Termino encerrada en el


castillo emparedada en sus muros, solo con una pequeña ventanilla para beber
y respirar. Fue finalmente condenada cuando las muertes empezaban a
multiplicar y las quejas de las victimas llegaron a oídos del rey, pero dejemos
que Pizarnik nos ayude a contar esta historia: Durante seis años la condesa
asesinó impunemente. En el transcurso de esos años, no habían cesado de
correr los más tristes rumores a su respecto. Hacia 1610 el rey tenía los más
siniestros informes --acompañados de pruebas-- acerca de la condesa.
Después de largas vacilaciones, decidió tomar severas medidas. Ella termina
como víctima sobre el cual se vuelca la moral legitima del Rey. Ella es así
borrada, encerrada en sí misma. Solo quedaron los sirvientes que le ayudaron
en su macabro trabajo y aquellos quienes aun están fascinados por su vida.
Ella, sus actos, su resto, su condena por los otros, y la prohibición que hasta en
la actualidad perdura en Transilvania de pronunciar su nombre, y su historia
que ha quedado como legado y que tanta fascinación y horror han causado en
los miles de autores y fanáticos de su vida.

Nos gustaría terminar de la misma forma en la que Pizarnik termina su obra:

Murió hacia el anochecer, abandonada de todos. Ella no sintió miedo, no


tembló nunca. Entonces, ninguna compasión ni admiración por ella. Sólo
un quedar en suspenso en el exceso del horror, una fascinación por un
vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto
desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en
donde todo es la imagen de una belleza inaceptable. Como Sade en sus
escritos, como Gilles de Raisen sus crímenes, la condesa Bathory
alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es
una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es
horrible.

III.- Conclusiones

En el transcurso de este ensayo nos encontramos con la dificultad de


encontrar información que se apegara con estricta veracidad a la historia pues
debido a su contenido es prestada para echar a volar la imaginación y para que
las artes sobre todo la literaria haga uso de ella aun haciéndola mas
escalofriante de lo que ya es. Dada la complejidad del este ser humano nos
obligo a buscar nuevas fuentes de información como autores que no son del
todo familiares para nosotros, pero que su teoría nos fue útil para el
entendimiento del caso, así que ahora el aprendizaje teórico es aplicado, pues
nos dimos a la tarea de hacer las relaciones necesarias para poder dar forma a
todas estas ideas y acontecimientos que encontramos.

Sentimos que debido a la intensa investigación y correlación que realizamos el


objetivo de entender más la perversión esta cumplido.

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IV.- Bibliografía.

Freud, S. El fetichismo (1927) en Obras Completas. Editorial Amorrortu,


Buenos Aires, Argentina. 2000.

Freud, S. Tres ensayos para una teoría psicosexual (1905) en Obras


Completas. Editorial Amorrortu, Buenos Aires, Argentina. 2000.

Braunstein, N. El goce. Un concepto lacaniano (2006). Siglo XXI Editores,


Buenos Aires.

Zizek, S. Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se
atrevió a preguntarle a Hitchcock. (2008). Manantial, Buenos Aires.

Zizek, S. Como leer a Lacan. (2008). Paidos, Buenos Aires.

Lacan, J. El seminario. Libro V. Las formaciones del inconsciente. (2007).


Paidos, Buenos Aires.

Lacan, J. El seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del


psicoanálisis. (1999). Paidos, Buenos Aires.

Lacan, J. El seminario. Libro XVI. De un Otro al otro. (2008). Paidos, Buenos


Aires.

Pizarnik, A. La condesa sangrienta.

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