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EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI

Piketty como economista neoclásico.


Su libro se ha comparado con la obra magna de Marx, seguramente debido a su título. Pero de hecho
Piketty muestra un lamentable desconocimiento del pensamiento de Marx.

Llega a afirmar que Marx “rechazó totalmente la posibilidad de un progreso tecnológico duradero y
de una productividad creciente y sostenida”.

No hace falta ser un experto en Marxismo. Incluso una lectura superficial del Manifiesto Comunista
muestra que Marx consideraba que en el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas y de la
productividad del trabajo era la fuerza rectora del desarrollo histórico.

El principal problema de la obra de Piketty es que trabaja con conceptos no cuestionados de la


economía neoclásica convencional. La finalidad de esta reseña es mostrar como el análisis de Marx
aporta a nuestro juicio un fundamento mucho mejor para dar cuenta de los fenómenos económicos.

Capital y riqueza.
Para los marxistas la riqueza es la acumulación de valores de uso. Esos valores de uso acumulados
pueden ser empleados como capital o no serlo. La titularidad de capital significa la titularidad de
medios de producción. Eso permite a los capitalistas apropiarse del trabajo excedente de la clase
trabajadora.

Vamos a usar como ejemplo a Jim Ratcliffe como ejemplo. Según la “Lista de millonarios del Sunday
Times” de 2014 es la vigesimosexta persona más rica del Reino unido, con una riqueza valorada en
3.200.000.000 de libras Es uno de los principales accionistas de Ineos, que dirige la refinería y la
planta química de Grangemouth, en Esocia. Los trabajadores de la planta de Grangemouth producen
un mayor valor que el que reciben en salarios, en beneficio de personas como Ratcliffe. Sus acciones
en la compañía son capital, y los dividendos que percibe son parte de la plusvalía. Ratchilffe también
tiene un yate, que por lo visto vale más de 100.000.000 libras. Eso sin duda es riqueza. Pero en sentido
marxista, no es capital. No le permite apropiarse del valor adicional aportado por el trabajo de otras
personas. deducidos los salarios.

¿Son las viviendas capital?


El señor Piketty no ignora que la gran mayoría de la población tiene muy poca riqueza. Y para los
que poseen algo la principal forma de riqueza es su vivienda. Eso no es capital por la sencilla razón
de que viven en ella. Así que la mitad de lo que Piketty define como capital no es capital en absoluto.
Sólo los que adquieren casas para vivir de las rentas que obtienen por alquilarlas pueden considerar
sus casas como capital.

El problema de Piketty es que en parte se engaña por su aceptación acrítica de las nociones de la
economía académica preponderante.

Los economistas “neoclásicos” hacen correr el ultrajante concepto de que la gente compra “servicios
de vivienda” de modo que pueden alquilar el alojamiento… ¡a sí mismos! Así que el valor de la
vivienda “se mide por el valor en renta equivalente de las moradas”, o sea una renta enteramente
ficticia. Esto es un pensamiento de Alicia en el País de las Maravillas

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La Tasa de Retorno.
Piketty continúa tratando de averiguar la tasa de retorno del “capital” (como lo ha definido) en
diferentes países y épocas. Como su definición de capital es incorrecta, dicha tasa resulta, en
consecuencia, completamente imprecisa.

Encuentra que la tasa de retorno es notablemente estable en el largo plazo, oscilando en torno al 4 y
el 5% desde comienzos del siglo XIX (Las economías francesa y británica poseen las estadísticas más
fiables y antiguas) Piketty no trata de explicar porque este debería ser el caso, sino que describe la
tasa de retorno del 5% (más o menos) como “razonable”.

El error sobre la naturaleza del capital también vicia el análisis de Piketty cuando asume, de la manera
descuidada corriente en los economistas neoclásicos, que los ahorros se convierten en inversión de
manera automática. El ahorro lo llevan a cabo tanto personas como empresas, como ganancia
retenida. En el mundo real el ahorro (o lo que es lo mismo, no gastar) y la inversión en la producción
se llevan a cabo por diferentes personas y por diferentes razones. Los ahorros pueden o no canalizarse
hacia la inversión a través del sistema bancario. Y eso depende de en qué se acaben gastando los
ahorros. Debido a su espurio concepto del capital Picketty no distingue entre un incremento en la
inversión real (capital) y el inútil acopio de bienes de lujo como las joyas (que son riqueza, pero no
capital)

¿Céntimos que caen del cielo?


¿De donde proviene esta taumatúrgica capacidad del capital (incluso si realmente es capital) para
generar retornos del 5%, para todos aquellos que no realizan trabajo productivo y útil año tras año y
década tras década? Para Piketty deriva de la noción neoclásica de la productividad marginal del
capital. En la economía ortodoxa académica, cada factor o insumo de producción recibe su propia
“recompensa”. La naturaleza apologética de esta teoría es clara cuando llegamos a la productividad
marginal del trabajo. Sin que entremos en muchos dibujos y sutilezas, lo que viene a decir es “te
pagan lo que mereces, o lo que aportas”, y esa es la lección que deberíamos extraer.

La aparente creencia de Piketty de que el dinero simplemente engendra dinero se parece a los errores
más tempranos sobre el origen de la riqueza. Marx ponía en ridículo las mistificaciones del Doctor
Price, que estaba obsesionado con el funcionamiento del interés compuesto. Price declaró:

“Un chelín que se hubiera colocado al 6 por ciento del interés compuesto en la época de la
Encarnación de nuestro Señor… se hubiera incrementado hasta una suma más grande que la que
podría caber en el sistema solar, suponiendo una esfera igual en diámetro al diámetro de la órbita de
Saturno”.

Marx respondía con sorna que Price era más fantasioso que todos los alquimistas juntos. ¿De donde
puede venir ese flujo de ingresos si no es del trabajo excedente y no pagado de la clase trabajadora?
Y sin embargo en el esquema de Piketty la porción de la renta nacional que va a la ganancia se fija
mediante su fórmula y no tiene nada que ver con la porción que percibe la clase trabajadora (o sea,
no tiene nada que ver con la tasa de explotación) Divide la renta nacional en renta del capital y renta
del trabajo pero no parece encontrar conflicto alguno entre las mismas.

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Las ecuaciones fundamentales de Piketty.

Sus fórmulas fundamentales (que admite que no son sino identidades contables, o sea, ciertas por
definición) son:

A=r x B, donde a es la fracción del capital en la renta nacional, r es la tasa de retorno del capital y B
es la ratio capital y renta (por ejemplo, 500% por lo que el capital acumulado es cinco veces la renta
nacional en un año)

Digamos que para Piketty r sería a grandes rasgos equivalente a la plusvalía en Marx, que incluye
tanto la ganancia sobre el capital invertido más los réditos percibidos por la renta o cualquier otra
forma de ingresos no ganados con trabajo productivo.

Aparte de definir mal el capital, Piketty contempla la tasa de retorno como dada en su ecuación, en
vez de explicar su origen.
La segunda ecuación fundamental es la siguiente:

B= s/g, donde s es la tasa de ahorro y g la tasa de crecimiento económico.

Si el ahorro de los acaudalados se incrementa a mayor velocidad que la ratio entra capital y renta
tenderá a aumentar con el tiempo.
Así que Piketty trata de explicar la ratio capital/renta pero parece sacar la tasa de retorno del aire. Y
no puede ser de otro modo ya que hace equivalentes el capital y toda forma de riqueza, y les
confiere implícitamente la capacidad de generar una renta para sus dueños. Su definición de ahorro
en la segunda ecuación también es equivocada. El gasto en yates y en ordenadores sofisticados es
acopio de riqueza (ahorro) pero sólo el último gasto cuenta como acumulación de capital.

La perspectiva marxista.
Para Marx el producto nacional se puede describir así c + v + s donde c es el capital constante
(dinero gastado en plantas de producción, maquinaria, materias primas, etc) v es el capital variable
(gasto en salarios) y s es la plusvalía (bajo la forma de renta, interés y ganancia) A efectos de
simplificar, supondremos que c fue el resultado de la explotación pasada, así que la renta nacional
presente es v + s, los nuevos valores producidos en un año.
Es bastante claro que uno de estos sólo puede subir a expensas del otro. Un aumento en salarios,
ceteris paribus, reducirá la plusvalía. Esa es la base objetiva de la lucha de clases, un proceso por el
que Piketty pasa de puntillas.

Para Marx la tasa de ganancia se determina por la fórmula s/ (c + v) donde la plusvalía es la ganancia
total dividida entre la clase capitalista y el capital constante y variable los costes totales. Así que, ya
se gaste el capitalista la plusvalía en mejorar el proceso de producción (nuevas máquinas, etc) o se lo
gaste en artículos de lujo, resulta una distinción fundamental. Distinción que no se encuentra en
Piketty.

Marx recalca que el capital es una relación social. Al principio supone que el capital (plantas,
maquinaria, etc) tiene valores determinados por el trabajo socialmente necesario requerido para
producirlos .

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Capital ficticio.
Piketty emplea ejemplos de las novelas de Jane Austen y Balzac, que ofrecen descripciones detalladas
de las formas que tomaban la riqueza y el capital en sus tiempos. Para ambos autores, los frutos de lo
que sólo podía ser el trabajo sin retribuir de otros, goteando sin parar sobre los rentistas, se ven como
un proceso natural y establecido por Dios.

La fuente principal de réditos no ganados con trabajo productivo de sus perceptores en tiempos de
Austen y Balzac, era la titularidad de las tierras y los bonos del gobierno (prestar dinero al gobierno
para el servicio de la deuda nacional) Ambos son ejemplos de lo que Marx llamaba capital ficticio.

La tierra tiene precio pero no tiene valor. Pues al ser un monopolio en manos de los propietarios
pueden exigir renta a otras personas para trabajar en ella.

Piketty también menciona una empresa más beneficiosa en las novelas que analiza, pero una que tiene
más problemas e inconveniencias. En “Mansfield Park” Sir Thomas tiene intereses en una plantación
caribeña, a la que tiene que asistir de vez en cuando. La plantación produce algo, seguramente azúcar.
Es lo más cerca que estamos de tropezar con el hecho de que las rentas de los ricos se derivan del
excedente extraído de los explotados en la producción. Probablemente los esclavos también sufrían
ciertas inconveniencias haciendo la fortuna de Sir Thomas, pero esto a Jane Austen no parece
preocuparle mucho.

Aunque la información de la literatura de aquellos días resulta interesante, y muestra como había
cantidad de acaudalados parásitos en el Reino Unido e Inglaterra en esos días, poca atención se presta
por los autores citados a la revolución industrial, que iba a iniciar un proceso que transformaría el
mundo.

Para Piketty, “todas las formas de riqueza se evalúan en términos de precios de mercado en un punto
dado en el tiempo” Entonces, como ahora, gran parte de la titularidad del capital consiste en tener
pedazos de papel, activos financieros más que reales. Como se sabe bien el precio de las acciones y
otros títulos de propiedad fluctúa salvajemente. Y como el concepto de capital ficticio sugiere, no hay
base objetiva para esa valoración. El precio de estos activos financieros es fantasmagórico y sujeto
de un delirio especulativo

Desigualdad de ingresos.
Después de analizar la desigualdad en la propiedad de riqueza, acomete la de los ingresos. Para él la
explosión de los salarios de los directivos a partir de los 80 es un rompecabezas que hay que explicar.

Así que aplica el concepto neoclásico de la productividad marginal del trabajo a las tendencias
salariales, especialmente a la explosión de los salarios de los ejecutivos. Ve esto como un fenómeno
específicamente anglosajón, y encuentra que el concepto de “productividad marginal no encaja”

“El principal problema… es simplemente que no puede explicar la diversidad de distribución salarial
que observamos en diferentes países y en diferentes épocas

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Conclusiones.
La sección final del libro es la más frágil. Piketty se nos presenta como un socialdemócrata moderado,
que se preocupa de la desigualdad creciente pero que no pone en cuestión el sistema capitalista.
Propone un modesto impuesto global sobre el capital, que etiqueta rápidamente de “idea utópica. Es
difícil imaginar que las naciones del mundo se pongan de acuerdo en algo semejante a corto plazo”.

Describe en detalle el modo en que los intereses de los capitalistas sabotearían ese plan. Mientras que
sigan mandando cree que el mundo continuará como predice. Piketty no contempla ningún poder con
capacidad de oposición, como la clase trabajadora mundial, que pueda enfrentarse a los intereses
dominantes.

¿Por qué debería la desigualdad crecer sin descanso? Piketty ve la “contradicción central del
capitalismo” en el un crecimiento desacelerado que hace que el ahorro sea superior al crecimiento
(s/g aumenta en su ecuación) Automáticamente esto conducirá a que el capital se embolse más y más
de la renta nacional.

En realidad esto solo será el caso si la tasa de retorno del capital permanece inalterada. ¿Realmente
no hay límite a tanta codicia y avidez? ¿No resistirán los trabajadores que el capital amenace con
absorber toda la renta nacional y les deje con casi nada?

Capitalismo y Crisis.
En tanto el capital se acumula, ¿no caerá la tasa de retorno de cada unidad inevitablemente? Esa es la
fundación de la Ley de la Tendencia al Descenso de la Tasa de Ganancia de Marx.

Como hemos visto Piketty define equivocadamente la propiedad inmobiliaria como capital. Se sigue
que su tasa de retorno sobre el capital no se corresponde con el concepto marxista. ¿Qué sucede si
utilizamos la categoría marxista correcta para analizar los movimientos en la tasa de ganancia a largo
plazo sin tomar en consideración los activos financieros y la propiedad inmobiliaria? Esto ya se ha
hecho. Aunque la tasa de ganancia sube y baja en el curso del ciclo económico, también muestra una
prolongada tendencia a declinar en el curso del desarrollo capitalista.