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En medio de Spinoza

Dios y la filosofía

¿Por qué la filosofía del siglo XVII está tan comprometida con Dios? Sobre esto no mucho se ha
dicho aparte de razones obvias, como el gran poder de la Iglesia y el sentimiento religioso de la
época. En la pintura, por ejemplo, Dios fue un pretexto para liberar toda una variedad de flujos
expresivos (El Greco). En la filosofía, igualmente, Dios fue un pretexto para liberar a los
conceptos del yugo de la representación. “Con Dios todo está permitido” (D, EMdS, 23). El
concepto filosófico de Dios le da paso a la concepción de la filosofía como sistema de conceptos.
“No se trata de preguntarse qué representa un concepto, hay que preguntarse cuál es su lugar en
un conjunto de otros conceptos” (D, EMdS, 25). Cada concepto se vuelve inseparable de toda una
secuencia de conceptos que le dan su lugar y su sentido.

Por ejemplo, respecto al problema del ser y de lo Uno, la secuencia platónica es muy importante:
(1) lo Uno es superior al ser, (2) lo Uno es igual al ser, (3) lo Uno es inferior al ser. A cada concepto
le corresponde un lugar en la secuencia. ¿Dónde cabe, en ese caso, la causalidad? ¿Dónde va la
causa primera? ¿La causa primera es emanativa, creativa, inmanente? Plotino, discípulo de Platón,
plantea un modelo emanativo según el cual el ser “sale” de lo Uno en tanto lo uno “complica” el
ser y el ser “explica” lo Uno. La causa inmanente aparece como un momento de la secuencia, pero
la causalidad se mantiene como emanativa en cuanto requiere una separación de la causa y el
efecto (o, respectivamente, de Dios y criaturas). Hasta Spinoza, la inmanencia permaneció como
un límite y como un peligro: “no confundirás a Dios con sus criaturas”.

Pero entonces llega Spinoza y afirma “Dios está en el mundo, el mundo está en Dios” (D, EMdS,
27). Allí “Dios” es una única substancia absolutamente infinita, constituida por todos los atributos
cuyos productos son los modos (o las “criaturas”) que son todas las maneras de ser de la
substancia. La liberación de la causa inmanente que efectúa Spinoza transforma el plano de los
conceptos. Ya no se trata de una secuencia sino de un plano fijo, esto es, un plano de inmanencia.
Para Spinoza, todo lo que es y todo lo que pasa se mueve en este plano fijo. Es el esfuerzo más
grande que se ha hecho para darle un estatuto a la univocidad del ser. Un ser absolutamente
unívoco, un plano donde “todo es aplastado y donde todo se inscribe” (D, EMdS, 29). Spinoza
hace algo sorprendente. Crea el sistema filosófico más minucioso que requiere de la más alta
cultura filosófica, al mismo tiempo que puede leerse sin saber que se puede lograr una
comprensión analfabeta de su texto. Este texto es la Ética, demostrada según el método
geométrico. Mas este método no remite ya al momento de una secuencia, esto es, a la
demostración de una proposición geométrica (teorema); sino al proceso por medio del cual se
llena “el plano fijo de la sustancia absolutamente infinita” (D, EMdS, 31). Cada concepto se
encadena con otro, cada demostración con otra, cada teorema con otro. “Un gran viento calmo,
entonces” (D, EMdS, 31).

“Spinoza libera completamente la causa inmanente con la cual los judíos, los cristianos, los
heréticos habían jugado mucho hasta allí pero al interior de secuencias muy precisas de conceptos.
Spinoza la arranca de toda secuencia y da un golpe al nivel de los conceptos. No hay más
secuencia. Debido a que extraje la causalidad inmanente de la secuencia de las grandes causas, de
las causas primeras, debido a que aplastó todo sobre una sustancia absolutamente infinita que
comprende toda cosa como sus modos, que posee todos los atributos, sustituyó la secuencia por
un verdadero plano de inmanencia. Es una revolución conceptual extraordinaria. En Spinoza todo
pasa como sobre un plano fijo que no va a ser en absoluto un plano de inmovilidad puesto que
todas las cosas van a moverse. Para Spinoza solo cuenta el movimiento de las cosas sobre ese
plano fijo. Él inventa un plano fijo” (28).