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Decisión nº Aa-2076 de Corte de

Apelaciones de Nueva Esparta, de 30


de Junio de 2003
Fecha de Resolución: 30 de Junio de 2003

Emisor: Corte de Apelaciones

Número de Expediente: Aa-2076

Ponente: Cristina Agostini Cancino

Procedimiento: Apelación De Medidas Cautelares

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ÍNDICE

 PRIMERO

 SEGUNDO

 TERCERO

CONTENIDO
REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
CORTE DE APELACIONES CIRCUITO JUDICIAL PENAL
DEL ESTADO NUEVA ESPARTA
- LA ASUNCIÓN -
CAUSA N° 2076
PONENTE: C.A.C.
I
En fecha 16 de junio del presente año, se recibe la presente causa, procedente del Tribunal de
Primera Instancia en Funciones de Control N° 1 del Circuito Judicial Penal del estado Nueva
Esparta, signada con el Nº 1C-171-02, contentiva de Recurso de Apelación interpuesto por el
Dr. R.N.R., Fiscal Cuarto del Ministerio Público de este estado.
El 26 de junio del año que discurre, se efectuó el sorteo de la referida causa, de conformidad
con la Ley, correspondiéndole el conocimiento de la misma a quien suscribe la presente
decisión, según Acta N° 16 del Libro de Distribución de Causas correspondiente a esta Corte
de Apelaciones.
II
Corresponde a la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del estado Nueva Esparta,
de conformidad con el artículo 374 del Código Orgánico Procesal Penal, conocer del
pretendido recurso intentado por el Fiscal IV del Ministerio Público de la Circunscripción
Judicial de este estado, contra la decisión dictada el 27 de octubre de 2002, por el Tribunal
Primero de Primera Instancia de Control de este Circuito Judicial Penal, en el acto de
presentación del imputado R.C.D., acto en el cual se decretó Medida Cautelar Sustitutiva de
Libertad, de conformidad con el artículo 256 Ordinal 3° y 4° del Código Orgánico Procesal
Penal.
III
ALEGATOS DEL RECURRENTE
El recurrente, en representación del Ministerio Público, en la audiencia de presentación del
imputado de autos, ejerció el recurso de apelación en los siguiente términos: “…de
conformidad con el artículo 374 del Código Orgánico Procesal Penal interpongo Recurso de
Apelación...por cuanto el delito de ROBO AGRAVADO aquí precalificado tiene un quantum de
pena del limite máximo de 16 años de presidio, que según a lo preceptuado al parágrafo
primero del artículo 251 Ejusdem aunado a las razones de la pena que podía llegarse a
imponer y la magnitud del daño causado...que deben ser evaluadas para que se dicte la
medida privativa judicial preventiva de libertad solicitada con anterioridad, en tal sentido,
solicito la Suspensión de la Libertad acordada..no se debe esgrimir el no cumplimiento del
efecto suspensivo solicitado, argumentando el numeral del artículo 44 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, toda vez que los términos allí referidos...eran los
comprendidos al Código de Enjuiciamiento Criminal...aunado al hecho que no se debe
menoscabar la instancia de apelación...las circunstancias de no constar legalmente la
existencia del arma mencionado en las actuaciones, ello ya ha sido tratado por nuestro
máximo tribunal al señalar que con las declaraciones de los testigos es suficiente para dar
certeza de la existencia de la referida arma al momento de perpetrarse un delito como el que
nos ocupa en este acto de Robo Agravado...”
IV
ALEGATOS DE LA DEFENSA
La defensa en la audiencia de presentación de su representado, R.C.D., con relación a la
apelación interpuesta por la Representación Fiscal en ese mismo acto, manifestó: “…en
primer lugar que el artículo 250 del mencionado texto adjetivo penal establece requisitos que
deben acreditarse para el decreto de Privación Preventiva de Libertad, entre ellos peligro de
fuga. Asimismo vemos que el artículo 251 Ejusdem establece que para decidir acerca del
peligro de fuga se tendrán en cuenta las siguientes circunstancias: A. en el país, la magnitud
del daño causado, el comportamiento del imputado durante el proceso y la conducta
predelictual del imputado y es potestativo conforme al antes mencionado artículo 250 la
facultad de decretar o no la detención preventiva judicial, en razón de lo cual la defensa
considera ajustado a derecho y por supuesto comparte la decisión dictada por el tribunal en
otro orden de ideas se hace necesario dejar sentado que en el título octavo de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela y específicamente en el artículo 334 obligan a los
jueces de la República asegurar la integridad de la Constitución, se infiere del mismo texto de
dicho artículo que al existir incompatibilidad entre la constitución una ley u otras norma jurídica
se aplicarán las disposiciones constitucionales y es por ello que estableciendo el artículo 44 en
su ordinal 5º que ninguna persona continuará en detención después de dictada orden de
excarcelación por la autoridad competente o una vez cumplida la pena impuesta se observa
que la disposición establecida en el artículo 374 del Código Orgánico Procesal Penal viola
normas de estricto orden constitucional en razón de lo cual corresponde a los jueces de la
República desaplicaros por inconstitucionales…”
V
LA DECISIÓN RECURRIDA
El Tribunal A Quo, pasó a decidir en los siguientes términos: “…PRIMERO: Que están llenos
los extremos del artículo 250 ordinales 1 y 2...SEGUNDO: No comparte este Tribunal la
solicitud de la Fiscalía en cuanto a que se le decrete una Medida de Privación Preventiva de
Libertad por cuanto aún cuando existen testigos, al momento de su detención no le fue
decomisada el arma y asimismo no existe experticia del arma por lo que considera mas
ajustado decretar una medida C.S. de libertad...”TERCERO: Se decretó la vía del
procedimiento ordinario...
La Jueza de la recurrida, luego de la apelación que hiciera el representante del Ministerio
Público en el acto de presentación del imputado de autos, se pronunció de la siguiente
manera: “ De conformidad con el artículo 334 en relación con el artículo 7 de la Constitución
Bolivariana de la República de Venezuela impone a los Jueces la obligación de asegurar la
integridad de los derechos fundamentales de los ciudadanos, en consecuencia se observa que
el artículo 374 del COPP, colide con el artículo 44 Ordinal 5º de la Constitución, no
considerándose los criterios esgrimidos por el Fiscal del Ministerio Público respecto a que los
términos o el lenguaje que se utiliza en el ordinal están referidos al cese del Código de
Enjuiciamiento Criminal, por la sencilla razón de que la Constitución es del año 99 y el Código
Orgánico Procesal ha sido promulgado un año antes, en todo cado es un problema de
semántica porque decir privación Judicial Preventiva de Libertad es igual que decir
encarcelación y aludir Libertad es que igual aludir excarcelación en si, ambos conceptos son
sinónimos. Respecto a que se trata de un delito de robo agravado que excede la pena en su
limite máximo de 10 años el artículo 44 de la Constitución en su ordinal 1º señala un derecho
fundamental de los ciudadanos de ser juzgados en libertad excepto por las razones
determinadas por la Ley y algo muy particular que se debe tomar en cuenta en el caso
concreto que deben ser apreciadas por el juez o jueza en cada caso, en el caso concreto el
juez apreció que el ciudadano R.C.D., no registra entradas policiales siendo el contrario
acreditado que es la primera vez que comete hecho punible y que al ser detenido hora y
media después de haber cometido el hecho no encontrándose en su poder arma alguna. De
conformidad con la jurisprudencia de fecha 1 de mayo de 2001, Sala Constitucional es un
poder discrecional el del J. en decretar la existencia o no del peligro de fuga, pues solo al juez
de primera instancia corresponde a través de la inmediación determinar si en el caso concreto
existen tales circunstancias, por todas estas razones el tribunal considera que debe desaplicar
el artículo 374 del COPP y aplica en orden de preferencia el artículo 44 Ordinal 5 de la
Constitución y en consecuencia se ordena librar la boleta de libertad al ciudadano RAFAEL
CAMACHO DAZZA...”
VI
MOTIVACIÓN PARA DECIDIR
Después de haber analizado las actas procesales que componen la presente causa, la Sala
pasa a decidir, previa las siguientes consideraciones:
En el caso en examen, el Representante del Ministerio Público apela de la medida sustitutiva
de libertad decretada en la audiencia de presentación del imputado de autos por el Tribunal de
Control N° 1 del Circuito Judicial del Estado Nueva Esparta y solicita el efecto suspensivo de
dicha medida de conformidad con lo establecido en el artículo 374 del Código Orgánico
Procesal Penal y la defensa a su vez, considera que no debe aplicarse el artículo en examen,
ya que viola el artículo 44 de la Constitución Nacional.
Ante esta disyuntiva, la Sala observa que debemos tener presente algunas normas de rango
constitucional que privan sobre cualquier otra norma de carácter legal. Es importante hacer
referencias de ciertas disposiciones, que vienen a coadyuvar en la motivación del fallo. Entre
ellas tenemos:
Artículo 44 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “La Libertad es
Inviolable, en consecuencia:
Omissis…
5. Ninguna persona continuará en detención después de dictada orden de excarcelación por la
autoridad competente, o una vez cumplida la pena impuesta.
Artículo 334 de la Carta Magna, establece: “Todos los jueces o juezas de la República, en el
ámbito de sus competencias y conforme a lo previsto en esta Constitución y en la Ley, están
en la obligación de asegurar la integridad de esta Constitución.
En caso de incompatibilidad entre esta Constitución y una Ley u otra norma jurídica, se
aplicarán las disposiciones constitucionales, correspondiendo a los Tribunales en cualquier
causa, aún de oficio, decidir lo conducente….”
Artículo 19 del Código Orgánico Procesal Penal: CONTROL DE LA CONSTITUCIONALIDAD.
Corresponde a los jueces velar por la incolumidad de la Constitución de la República. Cuando
la Ley cuya aplicación se pida colidiere con ella, los Tribunales deberán atenerse a la norma
constitucional.
Las anteriores normas, nos indican que las disposiciones constitucionales deben aplicarse por
supremacía, y los jueces deberán garantizar tal predominio. Esta es una noción indiscutible.
Si existe contraste entre la Constitución Nacional y una norma de rango legal, se inaplicará la
disposición en cuestión, en beneficio de la norma Constitucional, y no solamente procede el
control constitucional al promoverse por las partes, sino que debe de oficio el Tribunal inaplicar
una norma de cualquier rango, siempre y cuando colida con la Constitución de la República.
Los jueces están facultados conforme al principio de “judicial review” para declarar la
inconstitucionalidad de las leyes. La Constitución de 1999, contiene profundas innovaciones
en lo que se refiere a la defensa o protección de la Constitución. Así se instituye la garantía de
protección constitucional denominada control difuso de la constitucionalidad, que preserva, en
caso de incompatibilidad entre la Constitución y otra norma jurídica (antinomias), la aplicación
preferencial, aún de oficio por parte de los jueces del principio de rango constitucionalidad.
De modo que, los jueces primero somos guardianes de la integridad de la constitución,
después somos jueces para resolver los conflictos sociales.
Tal misión –de resolver las antinomias en términos de control difuso-nos ha sido
encomendada por la propia ley superior, al establecer en el artículo 7 la supremacía
constitucional como principio de carácter fundamental.
Por lo tanto, esta S. considera que en beneficio de la Constitución, debe aplicarse en el caso
analizado la norma constitucional establecida en el artículo 44.5, debido a que fue dictada a
favor de imputado una medida sustitutiva, por lo que no puede permanecer detenido, ni
siquiera por la apelación interpuesta por la Representación Fiscal, pues de aceptarse el efecto
suspensivo generado por tal impugnación, se atentaría contra los principios constitucionales
que protegen derechos fundamentales del ser humano, como lo es el derecho a la libertad.
Considera igualmente esta Corte, que la norma procesal del artículo 374 del Código Orgánico
Procesal Penal en lo que respecta al efecto suspensivo, es contraria a la norma constitucional
del artículo 44, ordinal 5°, y por ello, en el presente caso existen suficientes y justificados
fundamentos de derecho para que, en cumplimiento del mecanismo de control de la
constitucionalidad, la norma constitucional se aplique con preferencia.
En efecto, la Sala desaplica la disposición procesal contenida en el artículo 374 del Código
Orgánico Procesal Penal, en lo que respecta al efecto suspensivo de la medida acordada por
el Tribunal A Quo, en virtud del Control Difuso de la Constitución, previsto en los artículos 7,
23 y 334 de la Carta Magna, en concordancia con la disposición legal contenida en artículo 19
del Código Orgánico Procesal Penal, por ser violatoria de derechos y garantías
constitucionales. ASI SE DECIDE.
VII
DECISIÓN
Por todos los fundamentos antes expuestos esta Sala Única de la Corte de Apelaciones del
Circuito Judicial Penal del Estado Nueva Esparta, Administrando Justicia en nombre de la
República Bolivariana de Venezuela y por Autoridad de la Ley, emite los siguientes P.:

PRIMERO
Conforme a las normas contenidas en los artículos 7, 23 y 334 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, en concordancia con el artículo 19 del Código Orgánico
Procesal Penal, INAPLICA LA DISPOSICIÓN CONTENIDA EN EL ARTÍCULO 374 DEL
CÓDIGO ORGÁNICO PROCESAL PENAL, EN VIRTUD DEL CONTROL DIFUSO DE LA
CONSTITUCIÓN. En consecuencia, declara SIN LUGAR LA APELACIÓN INTERPUESTA
POR LA REPRESENTACIÓN FISCAL.

SEGUNDO
CONFIRMA LA DECISIÓN DICTADA POR EL JUZGADO PRIMERO EN FUNCIONES DE
CONTROL DE ESTE CIRCUITO JUDICIAL PENAL.

TERCERO
Ordena la remisión de las presentes actuaciones procesales al Tribunal de Primera Instancia
en Funciones de Control, a quien corresponde el conocimiento del asunto. ASÍ SE DECLARA.
P., notifíquese, regístrese en el libro diario, déjese copia de la presente decisión. Remítase el
expediente contentivo de la presente causa al Tribunal A Quo, a los fines legales
consiguientes.
Dada firmada y sellada en la Sala de Apelaciones del Circuito Judicial Penal de la
Circunscripción Judicial del Estado Nueva Esparta, a los treinta (30) días del mes de junio del
año dos mil tres (2003)
LA JUEZA PONENTE
C.A.C.
LOS JUECES DE LA CORTE DE APELACIONES
JUAN A. GONZALEZ VASQUEZ
DELVALLE CERRONE MORALES
LA SECRETARIA TEMPORAL
Ab. MERLING MARCANO R.
Causa Nº 2076

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Sentencia nº 611 de Tribunal Supremo


de Justicia - Sala Constitucional de 15
de Julio de 2016
Fecha de Resolución: 15 de Julio de 2016

Emisor: Sala Constitucional

Número de Expediente: 04-1988

Ponente: Gladys María Gutiérrez Alvarado

Procedimiento: Desaplicación de Normas


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CONTENIDO
Magistrada Ponente: GLADYS MARÍA GUTIÉRREZ ALVARADO
Consta en autos que, como anexo a O. n° 2126-04, de 19 de julio de 2004, el Juez Segundo
del Juzgado de Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área
Metropolitana de Caracas, abogado J.L.G.T., remitió a esta Sala Constitucional, para la
revisión que establece el artículo 336.10 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, copia certificada de la sentencia que, el 28 de julio de 2004, dictó el mencionado
órgano jurisdiccional, mediante la cual decidió, dentro del proceso penal que se le sigue o
seguía al ciudadano ASNALDO JOSÉ PEREIRA TERUEL y conforme a los artículos 334 y 7,
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y 19 del Código Orgánico
Procesal Penal, la desaplicación parcial del artículo 493 del Orgánico Procesal Penal vigente
para la fecha, disposición legal esta que el mencionado jurisdicente estimó que colidía con el
artículo 272 de la Constitución.
Por auto del 19 de septiembre de 2004 se dio cuenta, en esta S., de la recepción del
expediente y fue designado Ponente el Magistrado Dr. P.R.R.H..
Por notoriedad judicial, se verificó que en fecha 25 de enero de 2005, fue interpuesto recurso
de nulidad por razones de inconstitucionalidad en contra del artículo 493 del Código Orgánico
Procesal Penal vigente para la fecha, conjuntamente con acción de amparo constitucional ante
esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, por los abogados L.A.P., L.I. y J.V.,
en su carácter de defensores públicos y actuando en defensa de los derechos colectivos de
los internos recluidos en los distintos centros penitenciarios del país.
Por notoriedad judicial, se corroboró que mediante sentencia Nº 460 del 8 de abril de 2005
(caso: “L.A.P. y otros”), la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, admitió el
referido recurso de nulidad, conjuntamente con acción de amparo constitucional, y decretó
medida cautelar en la que se ordenó suspender la aplicación del citado artículo, hasta tanto se
dictara sentencia definitiva en el presente asunto
Con fundamento en la referida decisión, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia mediante decisión n.° 271 de fecha 17 de febrero de 2006, dictó decisión en el
presente asunto, declarando la prejudicialidad para decidir la conformidad a derecho o no, de
la desaplicación, por control difuso de la constitucionalidad del citado artículo 493 del Código
Orgánico Procesal Penal vigente para la fecha, cuya consulta fue elevada a esta S., por el
Juez Segundo del Juzgado de Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción
Judicial del Área Metropolitana de Caracas.
Por notoriedad judicial, se verificó que mediante decisión n.° 1709 del 17 de agosto de 2007,
la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, resolvió el referido recurso de nulidad
conjuntamente con acción de amparo constitucional, interpuesto por los abogados L.A.P., L.I.
y J.V., en su carácter de defensores públicos; declarando sin lugar la pretensión de
inconstitucionalidad aducida por los accionantes.
En sesión de 7 de diciembre de 2010, la Asamblea Nacional designó Magistrados principales
y suplentes de este Tribunal Supremo de Justicia (Gaceta Oficial de la República Bolivariana
de Venezuela n.° 39.569 de 8.12.2010). Luego, el 9 de diciembre de 2010, quedó
reconstituida la Sala Constitucional según consta en el Acta de instalación correspondiente
(Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela n.° 39.573 de 14.12.2010). La
ponencia correspondió a la Magistrada G.M.G.A..
El 23 de diciembre de 2015, se constituyó esta Sala Constitucional en virtud de la
incorporación de los Magistrados designados por la Asamblea Nacional en sesión
extraordinaria celebrada en esa misma fecha, publicada en la Gaceta Oficial de la República
Bolivariana de Venezuela N° 40.816, del 23 de diciembre de 2015, la cual quedó integrada de
la siguiente forma: Magistrada G.M.G.A., P.; Magistrado A.D.R., V.; y los Magistrados y M.C.Z.
de M., J.J.M.J., C.A.O.R., L.F.D.B. y L.B.S.A..
Finalmente, desaparecida como ha quedado la causa, que motivó la declaratoria de
prejudicialidad en el pronunciamiento sobre el fondo de la solicitud, y realizado el estudio
individual de las actas que conforman el presente expediente, esta Sala Constitucional pasa a
decidir previas las siguientes consideraciones.
I
DE LA DESAPLICACIÓN POR CONTROL DIFUSO DE LA CONSTITUCIONALIDAD
El Juez Segundo del Juzgado de Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción
Judicial del Área Metropolitana de Caracas, en su decisión del 28 de julio de 2004, procedió a
la desaplicación por control difuso de la constitucionalidad del artículo 493 del Código
Orgánico Procesal, vigente para la fecha, la cual se remonta a la reforma efectuada el 14 de
noviembre de 2001, según Gaceta Oficial Extraordinaria de la República Bolivariana de
Venezuela No. 5558.
El fundamento de la desaplicación efectuada, se basó en las siguientes consideraciones:
Que: “…el ciudadano A.J.P. fue condenado al cumplimiento de la pena de presidio, por un
término de ocho años, como autor de los delitos de homicidio intencional y uso indebido de
arma de fuego, que describen los artículos 407 y 282, respectivamente, del Código Penal…”.
Que: “…considera procedente el Juzgador invocar el contenido del artículo 1 de la Ley de
Régimen Penitenciario, cuyo texto es del siguiente tenor: (...) En efecto, no pueden obviarse
los fines de prevención especial que persigue la aplicación y el cumplimiento de la pena
corporal impuesta en un juicio regular, y que resulta el artículo 2 de la Ley de Régimen
Penitenciario, cuando afirma, como objeto de la pena la ‘reinserción social del penado’ y el
carácter progresivo de éstas’ que eran concordantes con los antes señalados objetivos, el
artículo 10.3 de la Ley Aprobatoria del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el
artículo 272 de la Constitución…”.
Que: “…la reincorporación social del individuo se logra mediante el tratamiento penitenciario;
que la finalidad resocializadora supone la progresiva incorporación a la libertad plena; que el
punto medio entre ésta y la vida penitenciaria es la libertad condicional, afirmación esta que es
igualmente pertinente “respecto de cualquiera de las fórmulas de cumplimiento de pena, a
propósito del carácter progresivo del denominado régimen penitenciario…”.
Que: “…la potestad del Juez, como custodio de la integridad de la Constitución, es una
consecuencia lógica del principio de supremacía constitucional; que, en todo caso de conflicto
entre una norma legal y una constitucional, debe prevalecer esta última; que, conforme a la
misma norma fundamental, la decisión sobre la ley aplicable al caso concreto corresponde al
Juez; quien, de conformidad con este principio, deberá “confrontar los instrumentos
normativos de rango inferior con los de rango superior, a los fines de resolver cual de los
mismos debe aplicarse, por lo que, en tal supuesto, deberá aplicar la Constitución de manera
preferente…”.
Que: “…el control constitucional de los actos del Poder Público se efectúa, por una parte,
mediante el control concentrado que corresponde a la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, de conformidad con los artículos 334 in fine y 336, cardinales 1, 2, 3 y 4,
de la Constitución; que, por otra parte, de acuerdo con los artículos 334 de la Constitución, 19
del COPP y 20 del Código de Procedimiento Civil, todos los Jueces, cualquiera sea su
jerarquía, tienen el poder para, mediante decisión de efectos particulares “juzgar y apreciar la
inconstitucionalidad de una ley en la resolución de un caso concreto y considerarla inaplicable
al mismo por aplicación preferente de la Constitución”; que, de allí, deriva la denominación de
“control difuso”, por cuanto la competencia para el ejercicio del mismo no está atribuida a un
órgano jurisdiccional en particular, sino que cualquier J. “está legal y constitucionalmente
habilitado para su ejercicio conforme a su soberana apreciación”; ello, al margen del otro
mecanismo de control: la acción de amparo, “que ejercen los Tribunales, conforme a las
normas que sobre la competencia contempla la Ley Orgánica de Amparo y ha venido
delineando la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia...”.
Que: “…el artículo 334 de la Constitución impone a los Jueces el deber de aseguramiento de
la integridad de la Constitución y, además, les confiere la potestad del referido control
difuso…”.
Que: “… el artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal establece una limitación para el
acceso, por parte del penado, a la suspensión condicional de la ejecución de la pena y a las
formas alternativas de cumplimiento de la misma, así como al cómputo progresivo de la pena,
con base en la redención por el trabajo y el estudio; que tal limitación está definida en términos
que sólo cuando hubieren cumplido la mitad de la pena que les haya sido impuesta, podrán
acceder a tales beneficios las personas que resulten condenadas por alguno de los delitos que
en la misma disposición son enumerados…”.
Que: “…la “piedra angular” del régimen de ejecución de las penas y medidas de seguridad es
el artículo 272 de la Constitución, el cual define los fines de la aplicación de la pena corporal
que sea impuesta mediante sentencia definitivamente firme, en tanto la Ley de Régimen
Penitenciario establece los términos del tratamiento penitenciario individualizado, como
desarrollo del cometido constitucional que se expresa en la predicha disposición de la Ley
Máxima…”.
Que: “…la Ley de Régimen Penitenciario desarrolla un tratamiento, aplicable de manera
gradual, por etapas; que, en efecto, el sentido del artículo 7 de dicho texto legal parte de la
necesidad de que el penado, previa su evaluación por los equipos técnicos que están
encargados de hacerle seguimiento, evolucione desde su reclusión en un establecimiento
penitenciario hasta su libertad plena, con los estados intermedios a tales extremos; vale decir,
el destacamento de trabajo penitenciario, el trabajo fuera del establecimiento de reclusión, el
destino a establecimiento abierto y la libertad condicional, como última etapa del tratamiento
penitenciario, según se establece en el Capítulo X de la ley antes mencionada…”.
Que: “…Que son múltiples las críticas que se han expresado contra la “prisión”; que los
efectos de la “prisionización”, lejos de satisfacer el propósito constitucional, son obstáculos
que sólo son ”franqueables en la medida que con vista al caso particular del recluso y las
facultades que el orden constitucional confiere a los jueces como contralores de la integridad
de la misma, emane fallos concordantes con sus compromisos y valores…”.
Que: “… se supone que el penado ha infringido normas importantes atinentes a la convivencia
social, por lo cual es obligado que se le induzca al acatamiento del orden social establecido;
particularmente, para su vida en libertad, mediante el fomento de los valores que señala el
artículo 7 de la Ley de Régimen Penitenciario…”.
Que: “…el artículo 272 de la Constitución proclama, como fin del tratamiento penitenciario, la
rehabilitación del penado y agrega que, como regla general, tendrán preferencia como
establecimientos penitenciarios, los de régimen abierto y las colonias agrícolas penitenciarias;
que, en todo caso, las fórmulas de cumplimiento de penas no privativas de libertad serán
preferente aplicación…”.
Que: “…una vez que se asume la convicción del carácter vindicativo de la pena privativa de
libertad, resulta obvio que “la función de los establecimientos penales no era otra cosa que la
de ‘depósito’ de las personas condenadas; por lo que, como afirma L.A. ‘cualquier sitio servía,
si ofrecía condiciones de seguridad contra evasiones’…”.
Que: “…la finalidad de la sanción penal evoluciona de la fase vindicativa (vengativa) a la
expiacionista o retribucionista, caracterizada esta última por la redención del penado,
mediante el trabajo, y la reparación del daño social; luego, a la correccionalista, en la cual el
propósito de pena es la procuración de la corrección del penado, como prevención de la
reincidencia; por último, la resocializante o rehabilitadora –de corte netamente positivista-,
proclamada por la Ley de Régimen Penitenciario…”.
Que "... el texto constitucional no es claro, por cuanto confundió el concepto de régimen
abierto –como de aplicación preferente frente a las penas privativas de libertad- con el de
fórmulas alternativas de cumplimiento de la pena, pues, al parecer, el primero es un sustitutivo
de la prisión, mientras que las segundas son herramientas del sistema progresivo de
aplicación de la pena corporal, ‘método propio de la fase resocializadora de la pena,
sustentada para el caso en criterios de Criminología Clínica en procura de la rehabilitación y
reinserción social de los delincuentesʼ…”.
Que: “… la Constitución establece el carácter prevalente (sic) de las fórmulas alternativas de
cumplimiento de la pena, en relación con la privación de libertad; que, por otra parte, define,
como cometidos, la rehabilitación y resocialización de los penados…”.
Que: “…la aplicación, conforme a la Ley, de la pena, comporta la ejecución de la misma en el
contexto de los propósitos de reinserción y rehabilitación del interno; que de ello deriva que la
aplicación del artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal impide la aplicación del
‘sistema legalmente dispuesto para el logro del cometido constitucional, en la medida que se
constituye en un obstáculo para que el penado pueda acceder a los dos primeros grados del
tratamiento penitenciario individualizadoʼ…”.
Que: “…la exigencia del cumplimiento de la mitad de la pena que hubiere sido impuesta, como
requisito previo para el otorgamiento de las fórmulas alternativas del destacamento de trabajo
y destino a establecimiento abierto –las cuales, por regla general, son decretables una vez
cumplido una cuarta parte y la mitad, respectivamente, de la pena impuesta-, comportaría que
el penado tendría acceso tendría acceso al último grado de dichas formas alternativas: la
libertad condicional, la cual “entendida como ‘...el egreso definitivo y permanente del recinto
carcelario, con la debida supervisión de un Delegado de Prueba por un tiempo igual al
remanente de la pena’, pocas bondades aportaría al cometido constitucional, salvo convertir a
la sanción penal en un instrumento de mera retribución, amén de egresar (sic) el recinto
carcelario a un sujeto des-socializado, producto de la reclusión prolongada, con los hábitos
propios adquiridos durante el proceso de prisionización y que ‘nada tienen que ver con las
pautas de convivencia de la comunidad extramuros...’…”.
Que: “…como quiera que el artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal contradice el
contenido del artículo 272 de la Constitución, en la medida que privilegia la reclusión fundada
en juicios meramente retributivos e impide que se fomente en ‘el penado el respeto a sí
mismo, los conceptos de responsabilidad y convivencia social y la voluntad de vivir conforme a
la Ley, cometidos del tratamiento progresivo individualizado, concordes con el artículo 272 de
la Constitución (...) que, por tal razón, se acuerda la aplicación preferente del artículo 272 de la
Constitución y la desaplicación parcial del artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal, de
conformidad con los artículos 334 y 7, de la Ley Máxima, y 19 de la ley procesal penal
fundamental; que tal desaplicación no se afectará a la limitación que dicha disposición legal
contiene, respecto del beneficio de redención judicial de la pena por el trabajo y el estudio;
ello, “por cuanto si bien es cierto, conforme a lo previsto en el artículo 2 de la Ley de
Redención Judicial de la Pena por el Trabajo y el Estudio, tales actividades en reclusión
constituyen procedimientos idóneos para la rehabilitación del recluso, en el dispositivo legal
tratado, no se le está negando la posibilidad de trabajar o estudiar, en el entendido que (sic)
tales actividades desempeñadas en reclusión siempre serán en beneficio del penado y
procurarán al logro del fin constitucional. Asimismo, aun después de cumplir la mitad de la
pena impuesta, y sin perjuicio que (sic) se encontrare cumpliendo la pena en cualquiera de los
grados del tratamiento penitenciario individualizado, será posible su trámite y estimación
posterior, conforme a los términos contenidos en la ley especial”; que, por consiguiente, el
penado A.J.P.T. tendrá acceso al destacamento de trabajo, al establecimiento abierto y a la
libertad condicional, cuando haya estado sujeto a tratamiento institucional equivalente al
respectivo término que establece el artículo 501 del Código Orgánico Procesal Penal…”.
Finalmente con fundamento en el referido razonamiento, el Juez decidió, en los siguiente
términos: “...Por las razones expuestas, este Juzgado Segundo en funciones de Ejecución del
Tribunal de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas,
administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley, hace los
siguientes: Primero: Desaplica el artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal, por
infracción al artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
conforme a lo previsto en los artículos 334 y 7 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela y 19 del texto adjetivo penal. Segundo: Ordena la práctica del cómputo de la
pena impuesta al penado A.J.P.T., a que se contra el artículo 482 del Código Orgánico
Procesal Penal, a la luz del artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, por lo que a los fines de privilegiar tal dispositivo, se dispone la aplicación del
artículo 501 del Código Orgánico Procesal Penal y 65 y 67 de la Ley de Régimen
Penitenciario…”.
II
DE LA COMPETENCIA
Esta Sala procede a determinar su competencia para la revisión de sentencias que ejerzan el
control difuso de la constitucionalidad, conforme a los artículos 335 y 336.10, de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y del artículo 25.12 de la Ley Orgánica
del Tribunal Supremo de Justicia.
La sentencia dictada, el 28 de julio de 2004, por el Juzgado Cuadragésimo Tercero de Primera
Instancia en función de Control del Circuito Judicial Penal Área Metropolitana de Caracas,
objeto de revisión, desaplicó conforme al artículo 334 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, la disposición contenida en el artículo 493 del Código Orgánico
Procesal Penal.
Vista que la presente decisión desaplicó por control difuso la disposición antes mencionada,
esta S. resulta competente para conocer de la presente desaplicación en ejercicio del control
difuso de la constitucionalidad. Así se declara.
III
CONSIDERACIONES PARA DECIDIR
Previamente, esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, estima pertinente,
dado el estado de norma derogada que actualmente posee el artículo 493 del Código
Orgánico Procesal Penal, publicado en Gaceta Oficial Extraordinaria n.° 5.558, de fecha 14 de
noviembre de 2001, cuya desaplicación por control difuso de la constitucionalidad, fue
realizada por el Juzgado Segundo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución del
Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, reproducir el criterio asentado por
esta S., en la sentencia n.° 1796/2005 (Caso: Distribuidora Samtronic de Venezuela C.A.), en
el que se estableció:
...ante la derogatoria -en forma sobrevenida- de una ley cuya nulidad por razones de
inconstitucionalidad ha sido solicitada, es posible en cuanto a los efectos que pudo haber producido
encontrar tres supuestos, a saber:

a) que los efectos de la norma impugnada se mantengan en el tiempo, aunque el contenido de


dicha norma no se encuentre previsto en un nuevo texto legal;

b) que la ley derogatoria contenga en esencia la misma norma impugnada, y por supuesto, se
mantengan sus efectos, tal como sucede en el caso de autos, y;

c) que los efectos de la ley derogada hayan cesado y la norma impugnada no se encuentre
contenida en una nueva ley.

(...)

Pero tampoco se puede afirmar de manera categórica, que los efectos jurídicos de las normas
derogadas impugnadas de inconstitucionalidad seguirán siempre vigentes en el tiempo por la
imposibilidad de que sobre las leyes que las produjeron no se pueda ejercer control constitucional. Por
el contrario, considera esta Sala Constitucional que se deberá, en cada caso, examinar los tres
supuestos antes señalados, y atendiendo al resultado de tal análisis decidir sobre lo que estime
pertinente.

De cualquier modo, en los dos primeros supuestos, deberá el juez constitucional determinar -en cada
caso- si los efectos anulatorios son ex tunc o ex nunc, dependiendo de los derechos, obligaciones o
situaciones jurídicas que se hubieren creado, ello de conformidad con lo dispuesto en los artículos 119 y
131 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, a la luz de lo establecido por esta misma S. en
decisión aclaratoria de fecha 26 de julio de 2000 (Caso: F.O.S.G.)

La sentencia parcialmente transcrita refiere la posibilidad de que se analice la constitucionalidad


de una norma derogada, aun cuando el contenido de la misma se encuentre o no previsto en el nuevo
texto legal, si sus efectos subsisten en el tiempo, es decir, aplicó al ámbito normativo, la teoría de la
reedición del acto.

Ello es así, por cuanto la ley produce efectos jurídicos desde su promulgación hasta su supresión o
anulación, creando derechos, deberes y obligaciones a las personas, y permitiendo a los mismos crear
diversas situaciones jurídicas.

Cuando una ley se anula por inconstitucional, dicha nulidad produce, según los casos, efectos ex tunc o
ex nunc, por lo cual quien pretende eliminar durante la vigencia de una ley, los efectos nocivos que ella
le haya causado, debido a razones de inconstitucionalidad total o parcial, debe tratar de obtener la
nulidad de la misma, para luego lograr se anulen, además, los efectos nacidos de la ley inconstitucional.

A juicio de la Sala, quien incoa una acción de nulidad de una ley por motivos de inconstitucionalidad,
tiene interés en que se declare el cese de los efectos perjudiciales que dicha ley le está causando, aun
cuando ésta haya sido derogada, ya que éstos se mantendrán mientras la inconstitucionalidad no se
sentencie judicialmente, ya que si bien es cierto que las leyes derogadas por la vigencia de un nuevo
texto legal, pierden su eficacia en el ordenamiento jurídico; sin embargo, los efectos jurídicos que esas
derogadas leyes inconstitucionales crearon, siguen vigentes en el tiempo mientras no se declare la
inconstitucionalidad de la ley que los creó.
De allí, que en todo proceso de inconstitucionalidad sea necesario analizar la razón que legitima al
actor, y en base a ella, examinar si su interés procesal se ha perdido en el proceso, con motivo de la
derogatoria de la ley impugnada y, por ende, si se ha extinguido la acción.

En tal sentido, el artículo 21 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia en su octavo aparte,
requiere en quien incoa la acción de nulidad por inconstitucionalidad, el que se encuentre afectado en
sus derechos e intereses (igualmente así lo disponía el artículo 112 de la derogada Ley Orgánica de la
Corte Suprema de Justicia), a pesar de la interpretación jurisprudencial de tal disposición, en el sentido
de que cualquier persona puede solicitar la declaratoria judicial de inconstitucionalidad de una ley, sin
necesidad de fundarla en derechos o intereses personales, por existir un interés general de tuición al
orden constitucional, lo que convierte a la acción de inconstitucionalidad en una acción popular.

Ello es así, por cuanto puede darse el caso de que el actor, no sólo pretenda el mantenimiento per se del
orden constitucional, sino que tenga un interés personal y directo en que se declare la nulidad, ya que la
o las normas inconstitucionales, afectan su situación jurídica, razón por la cual una vez declarada la
inconstitucionalidad intente otras acciones tendientes a que se restablezca su situación, o que se le
constituya una que le era negada, por mandato de la ley, etc.

Cuando el interés del actor va más allá de su interés personal y directo, vale decir tuitivo, la
derogatoria de la ley inconstitucional podría generar el decaimiento de la acción popular interpuesta,
ya que al quedar derogada, dicho interés tuitivo ya no existe, porque la ley dejó de tener vigencia. En
estos casos, la acción de nulidad incoada se hace sobrevenidamente inadmisible, porque se extingue por
parte del recurrente su interés procesal: ya no hay necesidad de declaración judicial.

Pero cuando existe un interés que va más allá de la tutela colectiva de la constitucionalidad, el interés
procesal no se pierde por la derogatoria de la ley impugnada como inconstitucional, motivo por el cual
la pretensión de nulidad debe ser resuelta expresamente. De allí, que en cada caso haya que examinar
el interés aducido por el demandante, y calificar si la derogatoria de la ley impugnada, le hizo o no
perder el interés

. (Resaltado de este fallo)


Precisado lo anterior, la Sala, acorde con la doctrina parcialmente transcrita ut supra, advierte
lo siguiente:

1. - Que el artículo cuya nulidad por razones de inconstitucionalidad se demandó -493 del
Código Orgánico Procesal Penal- fue suprimido totalmente, en virtud de la reforma de la
cual fue objeto el Código Orgánico Procesal Penal, publicada en Gaceta Oficial de la
República Bolivariana de Venezuela n.° 38.536 el 4 de octubre de 2006; y así se ha
mantenido en la ulteriores reformas de ese instrumento legal, publicadas en las Gacetas
Oficiales nros. 5.894 del 26 de agosto de 2008; 5.930 del 4 de septiembre de 2009, y
6.078 del 12 de junio de 2012.

2. - Que en la señalada ley de reforma parcial, no se encuentra contenida una norma similar
a la desaplicada.

Aunado a ello, debe señalarse que la constitucionalidad de la norma en cuestión, a la luz


de los postulados del sistema penitenciario previstos en el artículo 272 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, del principio de progresividad de los derechos
humanos, de los derechos a la igualdad ante la ley y a la no discriminación; fue objeto de
examen por esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en la sentencia n.°
1709/2007.

En la referida decisión, la Sala estableció que las limitaciones que el legislador previó en
el artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal, incorporadas en la reforma parcial
hecha al referido instrumento legal en el año 2001, a las personas condenadas por los
delitos de homicidio intencional, violación, actos lascivos violentos, secuestro,
desaparición forzada de personas, robo en todas sus modalidades, hurto calificado, hurto
agravado, narcotráfico y hechos punibles contra el patrimonio público, excepto, en este
último caso, cuando el delito no excediera de tres años en su límite superior, para optar a
la suspensión condicional de la ejecución de la pena, y a cualquiera de las fórmulas
alternativas de cumplimiento de pena; no comportaban vulneración alguna del principio de
progresividad de los derechos humanos, del derecho a la igualdad ante la ley y a la no
discriminación, ni a la garantía consagrada en el artículo 272 constitucional, toda vez que
dichas limitaciones son medidas que orientan la política anti delictiva y penitenciaria del
Estado, cuyo objetivo es la readaptación social del infractor de la ley penal.

De esta manera, igualmente se precisó que las referidas restricciones forman un ámbito
en el que no hay una afectación directa de derechos fundamentales de los internos
recluidos.

Así las cosas quedó establecido en la referida sentencia, que las posibles limitaciones a la
aplicación de las referidas fórmulas alternas de cumplimiento de pena, surgen de la
necesidad de conciliar los derechos e intereses individuales y colectivos, toda vez que
existe primacía de estos últimos sobre aquellos, como consecuencia de la proclamación
de un Estado como Social y Democrático de Derecho.

En esta orientación, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, dispuso:


...La Constitución de 1999, creó una serie de garantías mínimas que deben concurrir en todo
proceso y procedimiento, entre ellas “el debido proceso y la tutela judicial efectiva”. Razón por la
cual, se exigió la transformación de los procesos judiciales para adecuarlos al nuevo texto
fundamental, que se constituye como el máximo garante formal de los derechos humanos. De allí,
la calificación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, como “garantista”.

La proclamación del Estado de Derecho venezolano como “Estado social de Derecho y de


Justicia” exige una administración de justicia material y no formal. Así lo reafirma la Carta
Magna, al forjar como dos de los valores superiores del Estado, la justicia y la preeminencia de los
derechos humanos, además al establecer que “no se sacrificará la justicia por la omisión de
formalidades no esenciales” (Artículo 257 constitucional).

LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y LOS DERECHOS HUMANOS

La globalización de los derechos humanos y la internacionalización de los derechos fundamentales,


han cimentado una confusión en cuanto a su contenido y ámbito de protección. De allí, la
necesidad de establecer la diferencia que existe entre las expresiones “derechos fundamentales” y
“derechos humanos”.
En la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, se subrayó el término "derechos
del hombre", el cual posteriormente fue sustituido por el de "derechos individuales", pasando a ser
el más común en los textos constitucionales.

Hoy, la denominación "derechos individuales" ha sido progresivamente abandonada en la doctrina


y en la legislación. Actualmente se sostiene que “derechos fundamentales” son aquellos derechos
garantizados por la Constitución y, que en cambio, la denominación de “derechos humanos”
refiere a derechos garantizados por normas internacionales. Los primeros tienen como fuente de
producción al legislador constituyente, y los segundos, a los Estados y organismos internacionales.

En síntesis, los derechos fundamentales son aquellos derechos humanos positivados


constitucionalmente, como los principios que satisfacen la ideología política de cada ordenamiento
jurídico, y consecuentemente actúan como principios orientadores y limitativos de la acción estatal.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1.999, emplea la denominación


"derechos humanos" a diferencia de la Constitución de 1.961, incorporando de esta manera un
sistema normativo de los derechos humanos más avanzado, no solo por emplear términos propios,
sino porque plantea una actualización en el marco de las últimas tendencias doctrinarias y
legislativas sobre dichos derechos.

Acertadamente el constituyente advirtió que la confusión entre “derechos humanos” y “derechos


fundamentales”, y por tanto extendió el término derechos humanos para referirse a los derechos de
la persona humana positivados tanto constitucionalmente como a nivel del Derecho Internacional
Público.

LA JUDICIALIZACIÓN DE LA EJECUCIÓN DE LAS PENAS

El derecho a la tutela judicial efectiva que, a su vez comprende, una serie de garantías y derechos,
entre ellos, el derecho al debido proceso, exige que ese cúmulo de garantías procesales que le
configuran, acompañen al penado incluso en la fase de ejecución de la sentencia; tal como
expresamente lo consagra el Código Orgánico Procesal Penal en su artículo 478. De allí, que el
condenado pueda ejercer durante la ejecución de la pena, todos los derechos y facultades que, en
materia penal y penitenciaria, le hayan sido reconocidos u otorgados, entre ellos, la solicitud de los
beneficios que, con respecto a las fórmulas alternativas de cumplimiento de las penas, contemplan
el mismo código y otras leyes.

Con la entrada en vigencia del Código Orgánico Procesal Penal, el juez de la causa no es ya el
encargado de la realización del cómputo de la pena o de la designación del establecimiento
penitenciario en donde cumplirá su condena el penado. Acorde con las normas del citado texto
adjetivo, la ejecución de las penas asume una doble naturaleza: jurisdiccional y administrativa,
pues se procura concretar mayores garantías al sentenciado, quien puede impugnar por vía judicial
las decisiones que tengan que ver con la ejecución de su sentencia, pero quedando bajo la custodia
del Ejecutivo Nacional todo lo relativo al cumplimiento de la misma -en caso de sentencias
condenatorias con penas corporales-.

Este cambio de concepción -anteriormente prevalecía el carácter administrativo- obedece a la


finalidad de unificar el régimen de ejecución de sentencias penales. Con el Código Orgánico
Procesal Penal se judicializa la fase de ejecución penal, a través de la creación de un órgano
judicial -Juzgado de Ejecución- al cual le corresponde la ejecución de las penas y medidas de
seguridad impuestas mediante sentencia firme -artículo 479 del Código Orgánico Procesal Penal-.
Sin duda que, una de las funciones más relevantes del Juez de Ejecución Penal, es el control del
respeto a los derechos del condenado, quien nadie duda tiene derechos: a) los fundamentales,
inherentes a toda persona humana, reconocidos en Convenios y Pactos Internacionales,
consagrados en las Constituciones a favor de todas las personas y que no se pierden por efectos de
la condena penal, y b) los específicos, que se derivan de la sentencia condenatoria, de la particular
relación que se establece entre el sancionado y el Estado que lo condenó.

La figura del Juez de Ejecución penal está vinculada, en principio, a la protección de los derechos
humanos, en los cuales se basa igualmente el derecho de ejecución penal. Su intervención es una
consecuencia del principio de la humanización de la pena -uno de los postulados de la moderna
política criminal que pone especial énfasis en la protección de los derechos del condenado-.

Ahora bien, apunta la Sala, que se diserta en el foro y la doctrina sobre la ejecución de la pena;
pero, no obstante, nada hasta ahora se ha dicho de la pena, la cual, en esencia, nace de la
necesidad de dar respuesta a los conflictos que pudieran suscitarse entre los hombres que viven en
sociedad, a fin de bajarles intensidad. En una sociedad regida por normas (Estado Social y
Democrático de Derecho) quien lesiona un interés vital de vida o infracción a una norma, genera
una disfunción en el sistema social. A ello el Estado responde con uno de sus mecanismos de
control social, el Derecho Penal, tanto para evitar, como para imponer una pena o medida de
seguridad.

Así, la tutela de bienes jurídicos se desarrolla mediante las funciones de la pena. En ella
encontramos criterios de prevención general y prevención especial. La prevención general se dirige
a intimidar o a motivar a los ciudadanos para que no cometan delitos, en este caso la pena
comunica, da un mensaje, que es: quién pretende o cometa un delito será sancionado a través de la
pena privativa de la libertad, como expresión máxima del control del Estado.

Por otro lado, el criterio de prevención especial se entiende, a diferencia de la prevención general,
que va dirigido al ciudadano específico, cuando éste ya delinquió, tratando de evitar que cometa
nuevos delitos o procediendo a efectuar tratamientos de índole terapéutica.

Cuestiones tan esenciales como la libertad y, en algunos casos, indirectamente, la vida misma del
hombre, son decididas por otro sujeto que actuando investido del ius puniendi, trata de restablecer,
equilibrando el interés de la sociedad, la víctima y el condenado, el orden jurídico-social
infringido; y es pues, el Estado quien previamente ha fijado, a tales fines, las consecuencias de tal
infracción. Es en virtud de ello que nace el derecho de recluir a los delincuentes, pues la sociedad
transfirió al Estado tal facultad, al tiempo que todos sus miembros cedieron una porción de libertad
al someterse a las previsiones legales tendientes a lograr la armonía y convivencia de los pueblos.
De manera que, la pena busca no sólo equilibrar los diversos intereses en juego, sino además que
ese sujeto infractor del orden preestablecido reconsidere su posición, de ser posible sea reeducado
y asuma su responsabilidad, al ser sacrificado en un bien tan importante para él, como es su
libertad.

Sin embargo, teóricamente la pena no tiene por objeto “execrar” al infractor; por el contrario,
busca una sanción suficiente, pero que permita al penado preparar su posterior reinserción, en la
medida de lo posible, toda vez que haya mediado una etapa en la que éste tuviese la posibilidad de
considerar su falta y de ver el repudio al que se somete a quienes violan la vida social. Es más, las
sanciones no versan solamente en la privación de libertad, aunque es ésta -por su gravedad- la
principal; pueden ser de la más variada índole sin perder el carácter punitivo y dependiendo de
factores culturales, sociológicos, psicológicos, jurídicos, y en especial, de las circunstancias que
rodean a la conducta prefijada. Se trata de un sistema complejo que, en teoría, procura retener o
vigilar por un tiempo a una persona para que no siga delinquiendo, pero que a la vez debe tratar
por métodos científicos, de lograr una reinserción social positiva.

Si se considera entonces, que el Estado no es un castigador a ultranza, a pesar de monopolizar la


fuerza y el derecho punitivo, se llega a la conclusión de que la idea que priva no es tener
establecimientos llenos de infractores de la ley, es más, el Estado opta por la libertad; pero
tampoco puede dejar impunes y sin correctivos las conductas delictivas por él mismo establecidas,
mediante las leyes.

No obstante ello, las penas con el pasar del tiempo han ido evolucionando y humanizándose; se
toma más en cuenta la proporcionalidad que debe guardar la misma con la infracción cometida y el
daño producido a la sociedad; pero, existen delitos cuyo impacto social es mayor, y es a éstos a los
que se trata con especial cuidado, ya que la reclusión o el correctivo debe ser suficiente para que el
infractor “lo piense dos veces antes de reincidir y piense más bien en su rehabilitación”, y para
que la sociedad y la víctima se sientan seguros que el delincuente no va a reincidir de inmediato. Es
la magnitud del delito cometido, su trascendencia social en vista del peligro que representa, lo que
a juicio de esta S., ha conducido al legislador a crear una escala punitiva, donde los beneficios que
gozan los condenados son diferentes, sin que pueda considerarse por ello que exista discriminación
con respecto a los penados, ya que el grado de peligrosidad, de amenaza social, la necesidad de
reeducación es variable y uno de los termómetros para medir tal amenaza y peligrosidad, es la
entidad del delito cometido.

Empero, no por ello, apunta esta S., el condenado está fuera del derecho, éste se halla en una
relación de derecho público con el Estado, en la cual continuará siendo titular de todos los
derechos fundamentales, a excepción de los que se vean afectados legalmente por el contenido del
fallo condenatorio. Sus derechos continuaran siendo: a) “uti cives”, es decir, los inherentes al
status de persona, excepto los expresa o necesariamente vedados por la ley o por la sentencia que
se dicta en base a ella, los cuales fueron tomados en cuenta por el legislador, debido a las razones
inmediatamente señaladas. En esa categoría se incluyen, el derecho a la vida, a la integridad física,
psíquica y moral, a la dignidad humana, al honor, a la intimidad, a la libertad de conciencia y
religión, salud, trabajo, etc., y b) los derechos específicamente penitenciarios, es decir, aquellos
propios de su condición de penado, tales como que su vida se desarrolle en condiciones mínimas, lo
que incluye instalaciones adecuadas e higiénicas, terapia ocupacional y una dieta alimenticia
suficiente y balanceada; tener asistencia a su salud física y mental, asistencia jurídica, educativa y
religiosa, y a la progresividad, esto es, a solicitar los avances de libertad anticipada o fórmulas
alternativas de cumplimiento de pena, si reuniere los requisitos para ello. Esta es la situación
jurídica del recluso, independientemente de que otros órganos del Estado, encargados de la
reclusión la hagan efectiva.

La relación entre el Estado y el sentenciado no se define como una relación de poder, sino como
una relación jurídica con derechos y deberes para cada una de las partes. Para su observancia y
garantía, esos derechos y deberes deben estar especificados en leyes y reglamentos.

Por consiguiente, para el condenado, unas categorías de derechos son los derechos penitenciarios
y otras los derechos humanos. Los derechos penitenciarios, reitera esta S., son “los derechos
específicos que derivan de su condición jurídica de sentenciado, los cuales se corresponden con las
obligaciones del Estado, vinculados al régimen penitenciario y a las estrategias del tratamiento
resocializador”. Sus derechos humanos son “los derechos fundamentales de todo ciudadano no
afectados por la sentencia”.

Ahora bien, dictada una sentencia condenatoria que comporte una pena privativa de libertad, el
legislador consagra algunas vías alternativas al fallo dictado. El condenado puede cumplir su
pena, bien a través de las formas alternativas o de las formas de libertad anticipada y bajo las
condiciones preceptuadas en la ley, o bien liberarse de ella a través de situaciones que afectan el
cumplimiento de la misma como el indulto, la amnistía, la conmutación y el perdón de la parte
ofendida, todas ellas consagradas de manera expresa en el Código Orgánico Procesal Penal.

Como el propio nombre lo indica, las formas o fórmulas alternativas son las que se aplican en
lugar de la privación de libertad. Las formas de libertad anticipada son aquellas que de alguna
manera acortan el tiempo que el condenado debe pasar encarcelado como prisionero o presidiario.
Ejemplo de las primeras, la suspensión condicional de la ejecución de la pena; de las segundas: el
destino a establecimiento abierto, el destacamento de trabajo y la libertad condicional. Fuera de la
anterior clasificación, pero igualmente consagrada en el Código Orgánico Procesal Penal, está la
redención de penas por el trabajo y el estudio. No obstante sus particularidades, todas estas formas
se encuentran expresamente reguladas bajo un mismo capítulo por el Código Orgánico Procesal
Penal en el libro dedicado a la ejecución, calificando al segundo grupo, como fórmulas alternativas
al cumplimiento de la pena.

En este orden de ideas, apunta esta S., que el artículo cuya nulidad se demandó -493- consagraba
algunas limitaciones generales a los condenados por los delitos de homicidio intencional,
violación, actos lascivos violentos, secuestro, desaparición forzada de personas, robo en todas sus
modalidades, hurto calificado, hurto agravado, narcotráfico y hechos punibles contra el patrimonio
público, para optar a la suspensión condicional de la ejecución de la pena, y a cualquiera de las
fórmulas alternativas de cumplimiento de pena. Así, señalaba la disposición en mención, que dichos
condenados podían optar a ellas, luego de haber estado privados de su libertad por un tiempo no
inferior a la mitad de la pena que se les había impuesto. En los demás casos se atendía a los
requisitos específicos.

Por ello, la norma en referencia fue objeto del presente recurso de nulidad, alegándose su
inconstitucionalidad con base en la violación de los artículos 272, 19 y 21 de la Carta Magna.

Ante esto, la Sala señala, que debe analizarse entonces el contenido y alcance de las garantías y
derechos denunciados como infringidos por la norma, a fin de la determinación de la
inconstitucionalidad demandada.

EL PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD DEL RÉGIMEN PENITENCIARIO

En sintonía con los postulados de la moderna política criminal, la Constitución de 1999 en su


artículo 272, consagró la garantía de un sistema penitenciario que le asegure al penado su
rehabilitación y el respeto a sus derechos humanos, y “(...) Para ello, los establecimientos
penitenciarios contarán con espacios para el trabajo, el estudio, el deporte y la recreación,
funcionarán bajo la dirección de penitenciaristas profesionales con credenciales académicas
universitarias, y se regirán por una administración descentralizada, a cargo de los gobiernos
estadales o municipales, pudiendo ser sometidos a modalidades de privatización. En general, se
preferirá en ellos el régimen abierto y el carácter de colonias agrícolas penitenciarias”.

A la par, “(...) las fórmulas de cumplimiento de penas no privativas de la libertad se aplicarán con
preferencia a las medidas de naturaleza reclusoria. El Estado creará las instituciones
indispensables para la asistencia pospenitenciaria que posibilite la reinserción social del exinterno
o exinterna y propiciará la creación de un ente penitenciario con carácter autónomo y con personal
exclusivamente técnico”.
La Sala aprecia, que el señalado artículo 272 Constitucional lo que consagra al penado son
derechos específicamente penitenciarios que se corresponden con las obligaciones del Estado,
vinculados al régimen penitenciario y a las estrategias del llamado “tratamiento resocializador”, y
establece el carácter predominante de las fórmulas alternativas de cumplimiento de pena a las
medidas de naturaleza reclusoria.

La garantía constitucional contenida en el referido artículo 272 no admite el reconocimiento de


derechos fundamentales, en el entendido de derechos inherentes a la persona humana, los cuales
son establecidos en otras normas. Se trata de un mandato del constituyente al legislador para
orientar la política penal y penitenciaria, como fines del Estado en esta materia, de carácter no
exclusivamente formal, ya que fija unos criterios que tienen que ser respetados por éste al dar
cumplimiento al mismo.

Del cumplimiento de dicho mandato -como antes la Sala acotó- sí se derivan determinados
derechos -los específicamente penitenciarios-; y, por ende, tales derechos no tienen el carácter de
derechos subjetivos para el condenado.

Como fundamento de tal aserto, la Sala cita al D.J.M.D.O. en su trabajo “Algunas Consideraciones
sobre el problema de los Derechos Positivos” (Estudios de Filosofía del Derecho. Colección de
Estudios Jurídicos. Tribunal Supremo de Justicia. Volumen 8. Página 468): “(…) el derecho
subjetivo es la relación entre un legitimado y un obligado, con arreglo a la cual el primero puede
exigir del segundo un determinado comportamiento, y en caso de resistirse a observarlo, ha de
soportar su obtención coactiva. Esto nos obliga a hacer un análisis del objeto jurídico, es decir, de
la prestación que el deudor debe realizar a favor del derechohabiente. Si por derechohabiente o
titular del derecho subjetivo se entiende aquél a quien corresponde una posibilidad normativa
exigible, por objeto jurídico se debe entender lo que corresponde al derecho, esto es, la prestación
del obligado. Todo derecho subjetivo ha de tener un objeto y, por eso, se ha cuestionado el carácter
de derecho subjetivo a ciertas facultades o legitimaciones que carecen de objeto jurídico stricto
sensu como los derechos fundamentales y de libertad del ciudadano”.

Lo que el señalado artículo 272 dispone es que, en la dimensión penitenciaria de la pena, se siga
una orientación encaminada a la reeducación y a la reinserción social, más no que éstas sean la
única finalidad legítima de la pena privativa de libertad.

Distintas normas constitucionales ordenan al Estado garantizar determinadas actividades


(artículos 83 y 88, por ejemplo). Tales garantías, establecen la labor del Estado en esas áreas, pero
es éste quien va diseñando las formas de su otorgamiento, lo cual realizará de acuerdo a sus
posibilidades reales.

Al respecto, cabe citar lo señalado por esta S., en la sentencia No. 1002 del 26 de mayo de 2004
(Caso: Federación Médica Venezolana), en la cual asentó:

Atendiendo a ello se debe señalar que el Estado Social de Derecho es el Estado de la procura
existencial, su meta es satisfacer las necesidades básicas de los individuos distribuyendo bienes y
servicios que permitan el logro de un standard de vida elevado, colocando en permanente
realización y perfeccionamiento el desenvolvimiento económico y social de sus ciudadanos.

Según esto, la cláusula de Estado Social de Derecho es suficiente para que el Estado, a través de su
estructura administrativa, esté en constante desarrollo de un programa económico, social o
cultural y concilie los intereses de la sociedad, porque esa es, precisamente, su razón de ser. Por
ende, desde la cláusula no existen derechos, lo que impide afirmar que ellos, por sí mismos, estén
en la esfera subjetiva del ciudadano, la aspiración de satisfacer las necesidades básicas de los
individuos constituye un principio orientador de la actividad administrativa, aquello que identifica
a un Estado como Social de Derecho, por lo que tales programas son elementos condicionadores
del fin de la actividad, califica, por así decirlo, qué debe ser entendido como interés público

(…)

En el primer caso se debe empezar por afirmar que la política, ciertamente, preponderantemente se
manifiesta en actos, pero también se concreta en ejecución, diseño, planificación, evaluación y
seguimiento de las líneas de gobierno y del gasto público, lo que quiere decir que la política no se
agota con el actuar jurídico. En aquel entendido los actos sí son controlables por los órganos
jurisdiccionales, pero sólo en sus elementos jurídicos (conformidad a derecho de una actuación
específica, no general o abstracta). Los criterios de oportunidad y conveniencia escapan del
control del juez, así como también escapan, por ejemplo, los elementos políticos de los actos
administrativos o de gobierno, o las razones de oportunidad y conveniencia de las leyes (Vid. S.. N°
1393/2001 SC/TSJ). De lo contrario se vulneraría la libertad con la que debe contar el Estado
para adoptar y aplicar las políticas que considere más eficaces para la consecución de sus fines
(entre los que está las garantías de goce y disfrute de los derechos prestacionales), lo que explica
que el único control sobre tales aspectos sea, en principio -ya se verá que esa exclusividad posee
algunas matizaciones-, el político a través de los diferentes medios de participación que la
Constitución y las leyes establecen (la ciudadanía, durante el ejercicio de la función gubernativa y
administrativa, ante la evidente incapacidad de la Administración de planificar de forma eficaz y
eficiente su actividad para satisfacer la procura existencial, retirará la confianza que mediante el
sufragio le otorgó a sus representantes, como muestra de un proceso de deslegitimación de los
actores), lo cual en modo alguno implica reivindicar la tesis de los actos excluidos, teoría superada
con argumentos tan contundentes que sería ocioso tratar de reproducirlos en esta sentencia, pues lo
que se pretende es recalcar la imposibilidad del juez de entrar a cuestionar la oportunidad y
conveniencia de la administración, del gobierno o de la legislación, o la imposibilidad material o
técnica que en ocasiones existe de hacer efectivos, esto es, ejecutables, los fallos que ordenan el
cumplimiento de determinadas obligaciones, no de negar el derecho de acción de los ciudadanos.

En efecto, está perfectamente consolidada la idea de que no existen actos de los órganos que
ejercen el Poder Público que puedan desarrollarse al margen del Derecho, de vinculaciones
jurídicas. La regulación de la competencia del órgano, los principios constitucionales sobre los
fines del Estado, sobre los derechos fundamentales, sobre los objetivos económicos, en general, lo
que esta S. ha denominado elementos jurídicos, forman un entramado vinculante para una decisión
que, aun discrecional políticamente, no se desarrolla, en este sentido, al margen del Derecho.

No obstante, en la actuación política, el Estado goza de una libertad de configuración propia que
no puede ser sustituida legítimamente por el Poder Judicial. La tiene como consecuencia del
cumplimiento de sus funciones constitucionales, como producto de la naturaleza de su función, esto
es, como una derivación del principio de división de poderes que estatuye un ámbito reservado
para cada Poder que excluye la sustitución de voluntades, y que en la relación Gobierno-Poder
Judicial impide que el control jurisdiccional sea la medida de la suficiencia de la carga
prestacional.

Por ende, la libertad de configuración política hace que ese control judicial, mientras no se afecte
un derecho, no exista; sin embargo, que el Poder Judicial no pueda controlar la legitimidad de las
políticas y, simultáneamente, esté habilitado para controlar la juridicidad del actuar estatal no
puede asumirse como contradictorio. En este sentido, comparte la Sala lo expuesto por Schmidt-
Assmann (Cfr. G.K., B., M., quien, vale acotar, si bien proclama la sumisión absoluta al Derecho
de la actuación de los órganos que ejercen el Poder Público, indica que ‘[l]as valoraciones
políticas de esta clase corresponde al Gobierno Federal. La Ley Fundamental sólo pone para este
poder de juicio los límites de la ostensible arbitrariedad. El Tribunal Constitucional Federal no
tiene que controlar dentro de estos límites, si las valoraciones de esta clase son acertadas o no,
puesto que para ello carece de medida jurídica; de esas valoraciones sólo se responde
políticamente’ (Vid. A.E.I., La Justiciabilidad de los Actos de Gobierno (de los Actos Políticos a la
Responsabilidad de los Poderes Públicos), en Estudios Sobre la Constitución Española. Homenaje
al profesor E.G. de Enterría, Tomo III, Editorial Civitas, S.A., Madrid, 1991, pp. 2697-2739).

Este criterio también es compartido por el Tribunal Constitucional español, tan seguido por
nuestro foro, en su sentencia 111/1983, de 2 de diciembre, en la que indicó que ‘[e]l Gobierno,
ciertamente, ostenta el poder de actuación en el espacio que es inherente a la acción política; se
trata de actuaciones jurídicamente discrecionales, dentro de los límites constitucionales, mediante
unos conceptos que si bien no son inmunes al control jurisdiccional, rechazan -por la propia
función que compete al Tribunal- toda injerencia en la decisión política, que correspondiendo a la
elección y responsabilidad del Gobierno, tiene el control, también desde la dimensión política,
además de los otros contenidos plenos del control del Congreso (...). El Tribunal no podría, sin
traspasar las fronteras de su función, y a la vez de su responsabilidad, inmiscuirse en la decisión
del gobierno, pues si así se hiciera quedarían alterados los supuestos del orden constitucional
democrático’.

Ahora, que las políticas, en principio, estén exentas de control judicial no por eso escapan a un
control, sólo que el que le es aplicable es el político que también está dispuesto
constitucionalmente. Los órganos que ejercen el Poder Público obran bajo su propia
responsabilidad, que puede ser cuestionada en el plano político, lo que significa que son
susceptibles de sufrir la desautorización sobre el modo de ejercicio de la gestión política, pero ese
proceso de deslegitimación no puede ser calificado por el Poder Judicial, salvo que se trate de
establecer la responsabilidad administrativa por los daños producidos como consecuencia de la
actuación que se juzga política y dejando al margen, así mismo, que un derecho fundamental sea
afectado por esa decisión, lo que al final, por cierto, deja de ser un control sobre los elementos
políticos del acto para pasar a ser un control sobre los elementos jurídicos del mismo.

(…)

La labor judicial consiste, esencialmente, en señalar transgresiones. El Poder Judicial no puede


sustituir al Legislativo o Ejecutivo en la formulación de políticas sociales, como una manifestación
del principio de división de poderes, que, de quebrantarse, conduciría a un gobierno de los jueces.
Ese carácter cognitivo de la jurisdicción sugiere una rigurosa actio finium regundorum entre Poder
Judicial y Poder Político, como fundamento de su clásica separación: aquello que el Poder Judicial
no puede hacer por motivo, justamente, de su naturaleza cognitiva; pero también de aquello que,
debido a esa naturaleza, puede hacer, esto es, señalar cuáles políticas conducirían a un
desmejoramiento de los derechos.

Partiendo de tal premisa y como quiera que la realización de las políticas económicas, sociales y
culturales depende de los recursos existentes, el Poder Judicial posee la facultad de controlar, en
sentido positivo, que el Estado haya utilizado el máximo de los recursos disponibles teniendo en
cuenta su estado económico -lo que incluye medidas legislativas-, y, en sentido negativo, la
ausencia absoluta de políticas económicas, sociales o culturales (pues vacían el núcleo esencial de
los derechos respectivos), así como aquellas políticas que se dirijan, abiertamente, al menoscabo
de la situación jurídica que tutela los derechos económicos, sociales o culturales, supuestos que
colocan en cabeza del Estado la carga probatoria, así como también implica, con respecto al
primero, un análisis de la distribución del gasto social
.

El que el Estado garantice, no quiere decir que no existan fallas o que mientras se
implementa lo garantizado, surjan áreas con una cobertura relativa.

Las fallas del Estado en ese sentido, y siempre que pueda realmente atender lo
pretendido, puede originar acciones por derechos o intereses difusos o colectivos, o una
sanción política mediante la desaprobación electoral en la gestión de gobierno.

En consecuencia, el incumplimiento de las garantías abstractas, que delinean los fines del
Estado, no otorgan derechos subjetivos individuales.

EL PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS

El artículo 19 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece el


deber del Estado de garantizar “a toda persona, conforme al principio de progresividad y
sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente
de los derechos humanos. Su respeto y garantía son obligatorios para los órganos del
Poder Público de conformidad con esta Constitución, con los tratados sobre derechos
humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que los desarrollen”.

Como se aprecia, el propio texto constitucional reconoce expresamente el principio de


progresividad en la protección de los derechos humanos, según el cual, el Estado se
encuentra en el deber de garantizar a toda persona natural o jurídica, sin discriminación
de ninguna especie, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de
tales derechos.

Dicho principio se concreta en el desarrollo consecutivo de la esencia de los derechos


fundamentales, en tres aspectos fundamentales: ampliación de su número, desarrollo de
su contenido y fortalecimiento de los mecanismos institucionales para su protección. En
este contexto surge la necesidad de que la creación, interpretación y aplicación de las
diversas normas que componen el ordenamiento jurídico, se realice respetando el
contenido de los derechos fundamentales.

Ahora bien, el señalado artículo 19 constitucional no puede ser visto de manera aislada,
por el contrario, debe ser interpretado sistemáticamente con los artículos 22 y 23 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, los cuales completan el contenido
de aquél, enunciándose de esta forma la base para la protección de los derechos
humanos.

Así, en el artículo 22 se inserta la cláusula abierta de los derechos humanos, según la cual
la enunciación de los derechos y garantías consagrados en el texto constitucional y en los
instrumentos internacionales sobre derechos humanos, no debe entenderse como la
negativa a aceptar la existencia y la aplicación de otros derechos y garantías
constitucionales, que siendo inherentes a la persona, no se encuentren establecidos
expresamente en el texto constitucional o en dichos tratados; mientras que en el artículo
23 se reconocen como fuentes en la protección de los derechos humanos, a la
Constitución, a los tratados internacionales en materia de derechos humanos suscritos y
ratificados por la República, y a las leyes que los desarrollen. De igual forma, en dicha
norma se establece, a los efectos de robustecer la protección de los derechos humanos,
que los tratados, pactos y convenciones en materia de derechos humanos, que hayan
sido suscritos y ratificados por Venezuela, predominarán en el orden jurídico interno en la
medida en que contengan normas referidas al goce y ejercicio de los derechos humanos
más favorables que las contenidas en la Constitución y en las leyes de la República, es
decir, cuando tales tratados reconozcan y garanticen un derecho o una garantía de forma
más amplia y favorable que la Constitución –u otra normativa nacional-, dichos
instrumentos internacionales se aplicarán inmediata y directamente por todos los órganos
del Poder Público, especialmente cuando se trate de operadores de justicia.

Referente a este principio, reitera esta Sala la doctrina señalada en la sentencia número
1.654 del 13 de julio de 2005, conforme la cual:
la progresividad de los derechos humanos se refiere a la tendencia general de mejorar cada vez
más la protección y el tratamiento de estos derechos, sin embargo, la progresividad de los derechos
humanos de los imputados, no puede ir en detrimento de los derechos humanos del resto de las
personas, incluso de las víctimas de esos delitos, por lo que en ningún caso se autoriza la
desproporcionalidad de las penas aplicables conforme a la gravedad del delito, ni un tratamiento
igualitario respecto de quienes cometen delitos menos graves, pues sería contradictorio con el
verdadero sentido de la justicia y la equidad.

Aunado a lo anterior, considera la Sala que en atención a la progresividad de los derechos


humanos, mal podría aplicarse por razones de conveniencia una norma que fue derogada hace más
de cuatro años, con preferencia a la norma vigente para el momento de la comisión del delito en
cuestión, pues eso aplicaría sólo cuando la derogatoria de la norma más favorable y consecuente
entrada en vigencia de la nueva, ocurriese durante el juicio penal al cual se pretende aplicar la
más benévola, lo cual no es el caso de autos

EL DERECHO DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN

Por último, en cuanto al derecho a la igualdad ante la ley y a la no discriminación, cuya


consagración como derecho fundamental se encuentra en el artículo 21 de la Constitución
de la Republica Bolivariana de Venezuela, tal como lo ha señalado en reiteradas
oportunidades el Tribunal Constitucional Español, no debe ser entendido en sentido lato
en el sentido de que todos han de ser tratados por igual, ya que “un tratamiento similar
para situaciones desiguales puede entrañar mayor desigualdad”. Existe discriminación
cuando el trato desigual carece de una justificación objetiva y razonable.

De allí, que a pesar de lo permisiva que una ley pueda ser, es imposible que dé trato igual
a todos los casos, toda vez que no todos los delitos son iguales, ni el daño social -
consecuencias sociales- que ellos generan es de igual naturaleza. Existen situaciones
cuyas consecuencias jurídicas y sociales son más graves que otras, y es allí en donde el
derecho objetivado por el Estado entra a fin de “poner orden” y precaver se vuelvan a
realizar las mismas conductas.

Si se toma en cuenta la norma en diserto, puede observarse que estaba referida a los
delitos que causan un mayor perjuicio y repudio en la sociedad; no obstante, no les
negaba a los condenados por tales delitos, la posibilidad de solicitar el beneficio, se los
postergaba. Aceptar que en este supuesto se está frente a una discriminación per se,
sería como aceptar que la diferencia entre los tipos y duración de las penas, según el
delito de que se trate también son discriminatorias, por tanto inconstitucionales.

La igualdad en nuestro texto constitucional constituye un principio complejo que no sólo


otorga a las personas la garantía de que serán iguales ante la ley (en su condición de
destinatarios de las normas y de usuarios del sistema de administración de justicia), sino
también en la ley (en relación con su contenido). El principio de igualdad debe entenderse
como la exigencia constitucional de tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales,
de ahí que en algunas ocasiones hacer distinciones estará vedado, mientras que en otras
estará permitido o, incluso, constitucionalmente exigido.

Para ello es necesario determinar, en primer lugar, si la distinción legislativa obedece a


una finalidad objetiva y constitucionalmente válida: el legislador no puede introducir tratos
desiguales de manera arbitraria, sino que debe hacerlo con el fin de avanzar en la
consecución de objetivos admisibles dentro de los límites marcados por las previsiones
constitucionales, o expresamente incluidos en ellas. En segundo lugar, es necesario
examinar la racionalidad o adecuación de la distinción hecha por el legislador: es
necesario que la introducción de una distinción constituya un medio apto para conducir al
fin u objetivo que el legislador quiere alcanzar, es decir, que exista una relación de
instrumentalidad entre la medida clasificatoria y el fin pretendido. En tercer lugar, debe
cumplirse con el requisito de la proporcionalidad: el legislador no puede tratar de alcanzar
objetivos constitucionalmente legítimos de un modo abiertamente desproporcional, de
manera que el juzgador debe determinar si la distinción legislativa se encuentra dentro del
abanico de tratamientos que pueden considerarse proporcionales, habida cuenta de la
situación de hecho, la finalidad de la ley y los bienes y derechos constitucionales
afectados por ella; la persecución de un objetivo constitucional no puede hacerse a costa
de una afectación innecesaria o desmedida de otros bienes y derechos
constitucionalmente protegidos.

A juicio de esta S., la circunstancia de que ciertos delitos tengan asignadas penas
mayores, atendiendo a la infracción cometida y, en consecuencia, a los condenados por
dichos delitos se les posponga la posibilidad de obtener formulas alternativas de
cumplimiento de la pena, está fundada en una justificación objetiva y razonable: la
magnitud de sus consecuencias jurídicas y sociales.

C. de lo expuesto, las limitaciones que el legislador estableciera en el artículo 493 -


incorporado en la reforma parcial del Código Orgánico Procesal Penal, de noviembre
de 2001- a los condenados por los delitos de homicidio intencional, violación, actos
lascivos violentos, secuestro, desaparición forzada de personas, robo en todas sus
modalidades, hurto calificado, hurto agravado, narcotráfico y hechos punibles contra el
patrimonio público, excepto, en este último caso, cuando el delito no excediera de tres
años en su límite superior, para optar a la suspensión condicional de la ejecución de
la pena, y a cualquiera de las fórmulas alternativas de cumplimiento de pena, no
comporta vulneración alguna del principio de progresividad de los derechos humanos,
del derecho a la igualdad ante la ley y a la no discriminación, ni a la garantía
consagrada en el artículo 272 constitucional, toda vez que dichas limitaciones son
medidas que orientan la política criminal y penitenciaria del Estado, cuyo objetivo es la
readaptación social del delincuente, de manera que se está en un ámbito en el que no
hay una afectación directa de derechos fundamentales de los internos recluidos.
Recuerda la Sala, que el artículo 272 citado se refiere a derechos penitenciarios y no
a Derechos Humanos.

A criterio de esta S., las posibles limitaciones de los derechos inherentes a la persona del
condenado, surgen de la necesidad de conciliar los derechos de los distintos individuos,
como también los derechos individuales y los bienes o derechos colectivos, toda vez que
existe primacía de los derechos e intereses colectivos sobre los individuales, como
consecuencia de la proclamación de un Estado como Social y Democrático de Derecho.

Por otra parte, tampoco está en juego un aspecto ligado estrechamente con el respeto de
la dignidad humana, pues no puede sostenerse que de la aplicación o no de los beneficios
de suspensión condicional de la pena, dependa la debida salvaguarda de la dignidad de
las personas. Dichos beneficios presuponen la existencia de un proceso criminal
debidamente concluido, que ha llevado a la autoridad judicial a imponer una sentencia
condenatoria en contra de una persona que deberá cumplir una pena determinada, de
acuerdo con las leyes aplicables y las circunstancias que distinguieron el caso concreto.

De allí, que no pueda aseverarse que un sentenciado por los delitos que la norma
señalaba, estaba sometido a un trato que afectaba su dignidad humana, pues ésta -a
juicio de esta S.- se vería, indirectamente afectada, por el respeto a las garantías
constitucionales que rigen el proceso penal, más no por la existencia o inexistencia de
beneficios sustitutivos de la pena, beneficios que el legislador puede configurar con
libertad dentro de amplios márgenes. El legislador no introdujo, arbitrariamente,
disposiciones que distinguían entre aquellos condenados a los que se les podían otorgar
ciertos beneficios y a los que no; sino que lo hizo con el fin de alcanzar un objetivo
constitucionalmente previsto, mediante medidas racionalmente conectadas con dicho
objetivo, sin incurrir en desproporciones groseras en términos de los bienes y derechos
afectados.

Con base en las consideraciones precedentemente expuestas, juzga en consecuencia


esta Sala, la constitucionalidad del hoy derogado artículo 493 del Código Orgánico
Procesal Penal, y así se declara...”. (Vid. Sentencia n.° 1709/2007).
Conforme a ese criterio, la Sala considera no ajustada a derecho la desaplicación parcial
por control difuso efectuada por el Juzgado Segundo de Primera Instancia en Funciones
de Ejecución y Medidas de Seguridad del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de
Caracas; en razón de que, como lo sentó esta S. en la sentencia transcrita, las
limitaciones contenidas en el artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal, vigente
para la fecha en que se dictó el fallo sujeto a revisión, no comportaban vulneración alguna
del principio de progresividad de los derechos humanos, ni de los derechos a la igualdad
ante la ley y a la no discriminación, ni a la garantía consagrada en el artículo 272
constitucional, toda vez que dichas restricciones son medidas que orientaban la política
criminal y penitenciaria del Estado, cuyo objetivo es la readaptación social del infractor de
la ley penal.

Por ello, esta Sala Constitucional debe anular la decisión dictada el 28 de julio de 2004,
por el referido Juzgado Segundo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución y
Medidas de Seguridad del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, en lo
que respecta a la desaplicación del artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal,
vigente para la fecha que se dictó la referida decisión; no obstante, es evidentemente
inoficioso ordenar al referido órgano jurisdiccional que dicte un nuevo pronunciamiento en
el presente asunto, conforme a lo dispuesto en la presente sentencia, toda vez que a la
presente fecha ha transcurrido con creces el tiempo que, conforme al criterio adoptado en
este fallo –aplicable en razón del tiempo-, correspondería para acceder a las fórmulas
alternas de cumplimiento de la pena (y probablemente ya se ha cumplido la pena
impuesta, toda vez que la misma fue de ocho años de presidio y la sentencia en la que se
efectuó la desaplicación sub examine fue dictada el 28 de julio de 2004), aunado a la
inexistencia de la referida limitación en el Código Orgánico Procesal de 2006, 2009 (leyes
intermedias), y 2012 (aplicables apenas entraron en vigencia, conforme a lo dispuesto en
ellos y a lo previsto en el artículo 24 Constitucional); éste último vigente y aplicable
conforme a lo dispuesto en su disposición final quinta y al resto de normas que lo integran.
Así se decide.

IV

DECISIÓN

Por las razones que anteceden, este Tribunal Supremo de Justicia, en Sala
Constitucional, administrando justicia en nombre de la República por autoridad de la Ley,
declara:

1. - NO CONFORME A DERECHO la desaplicación por control difuso de la


constitucionalidad, que efectuó Juzgado Segundo de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución y Medidas de Seguridad del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de
Caracas, el 28 de julio de 2004, sobre el contenido del artículo 493 del Código Orgánico
Procesal Penal vigente para la fecha en que se dictó el referido fallo.
2. - NULA la sentencia del 28 de julio de 2004, dictada por Juzgado Segundo de Primera
Instancia en Funciones de Ejecución y Medidas de Seguridad del Circuito Judicial Penal
del Área Metropolitana de Caracas, en el proceso penal seguido al ciudadano al
ciudadano ASNALDO JOSÉ PEREIRA TERUEL, titular de la cédula de identidad n.°
6.821.409, únicamente en lo que respecta a la desaplicación parcial por control difuso de
la Constitución del artículo 493 del Código Orgánico Procesal Penal aplicable en razón del
tiempo. En consecuencia, es válida la pena impuesta, antes de la desaplicación efectuada
por el referido Juzgado de Ejecución.

P., regístrese y archívese el expediente. R. copia certificada de la decisión al Juzgado


Segundo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal del
Área Metropolitana de Caracas.

Dada, firmada y sellada en la Sala de Audiencias de la Sala Constitucional del


Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los (15) días del
mes de julio de dos mil dieciséis (2016). Años: 206º de la Independencia y 157º de la
Federación.

La Presidenta,

GLADYS MARÍA GUTIÉRREZ ALVARADO

Ponente

El Vicepresidente,

A.D.R.

Los Magistrados,

CARMEN ZULETA DE MERCHÁN

JUAN JOSÉ MENDOZA JOVER

…/

…/

C. ortega ríos

LUIS FERNANDO DAMIANI BUSTILLOS

LOURDES SUÁREZ ANDERSON

El Secretario,

GMGA.
Expediente n.° 04-1988

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Sentencia nº 1859 de Tribunal


Supremo de Justicia - Sala
Constitucional de 18 de Diciembre de
2014
Fecha de Resolución: 18 de Diciembre de 2014

Emisor: Sala Constitucional

Número de Expediente: 11-0836

Ponente: Juan José Mendoza Jover

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ÍNDICE

 PRIMERO

 PRIMERO

 SEGUNDO

CONTENIDO
EN SALA CONSTITUCIONAL
Magistrado Ponente: JUAN JOSÉ MENDOZA JOVER
Exp. 11-0836
El 21 de junio de 2011, se recibió en esta Sala el oficio n.º 1163, de fecha 17 de junio de 2011,
anexo al cual el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución del
Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas,
remitió en original el expediente contentivo de la causa penal que se siguió contra el
ciudadano A.J.C.L., titular de la cédula de identidad n.º V-16.285.031, por la comisión del
delito de tráfico ilícito de sustancias estupefacientes y psicotrópicas.
Tal remisión se efectuó para la revisión de la decisión que dictó, el 17 de junio de 2011, el
referido Juzgado de Primera Instancia en Funciones de Ejecución, en la que, entre otros
pronunciamientos, conforme expresamente señaló:

PRIMERO
DESAPLICA POR CONTROL DIFUSO la decisión de fecha 13 de mayo de 2011, emitida por
la Sala 3 de la Corte de Apelaciones de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas (sic), en donde revocó el fallo emitido en fecha 02 de Septiembre (sic) de 2010, por
este Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución (…) mediante el
cual se Negó la Formula Alternativa de Cumplimiento de la Pena (sic) DESTACAMENTO DE
TRABAJO, en contra (sic) del penado ALDRIM JOSHUA CASTILLO LOVERA (…) de
conformidad con lo establecido en el último aparte del artículo 29 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, en concordancia con la decisión de fecha 09 de
Noviembre (sic) de 2009, emitida por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia
(…) [Mayúsculas y negritas del Juzgado de Ejecución].
El 29 de junio de 2011, se dio cuenta en Sala y se designó ponente al Magistrado J.J.M.J.,
quien, con tal carácter, suscribe el presente fallo.
El 28 de julio de 2011, esta S. dictó auto n.° 1300, en el cual dispuso lo siguiente:
(…) ORDENA oficiar al Juez del Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas, para que, dentro de los cinco (05) días siguientes al recibo de la respectiva
comunicación, informe a esta S., si la sentencia dictada el 17 de junio de 2011, en la causa
penal seguida contra el ciudadano A.J.C.L., se encuentra definitivamente firme, so pena de
incurrir en la infracción señalada en el artículo 122 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo
de Justicia.
El 13 de febrero de 2012, la Secretaría de esta S. dio cuenta del oficio n.° 157, de
fecha 30 de enero de 2012, mediante el cual el Juez Duodécimo de Primera Instancia en
Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, informó
sobre lo requerido en el auto antes señalado.
En fechas 20 de abril de 2012, 17 y 26 de septiembre de 2012, 26 de febrero de 2013, 21 de
mayo de 2013, 19 de julio de 2013 y 14 de octubre de 2013, el abogado E.E.M.B., Defensor
Público Segundo con Competencia para actuar ante esta Sala Constitucional y ante las Salas
Plena, Político Administrativa, Electoral, de Casación Civil y Casación Social de este Máximo
Tribunal, presentó ante la Secretaría de esta Sala escritos mediante los cuales solicitó de esta
Sala: (…) “una pronta decisión que delimite el uso de la figura del Control Difuso de la
Constitucionalidad (sic) y así evitar futuras decisiones análogas que a nuestro juicio resulten
contrarias al debido control”.
El 08 de mayo de 2013, en virtud de la reconstitución de la Sala y elegida su nueva Directiva,
esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia quedó integrada de la siguiente
manera: Magistrada G.M.G.A., Presidenta; Magistrado F.A.C.L., V. y los Magistrados y
M.L.E.M.L., M.T.D.P., C.Z. de M., A.D.R. y J.J.M.J..
El 17 de octubre de 2013, en virtud de la incorporación del Magistrado Suplente L.F.D.B. por el
Magistrado F.A.C.L., tuvo lugar la reconstitución de esta Sala Constitucional quedando
integrada de la siguiente forma: Magistrada G.M.G.A., P.; Magistrado J.J.M.J., V.; y los
Magistrados L.E.M.L., M.T.D.P., C.Z. de M., A.D.R. y L.F.D.B..
En reunión del 05 de febrero de 2014, convocada a los fines de la reincorporación a la Sala
del Magistrado F.A.C.L., en virtud de haber finalizado la licencia que le fue concedida por la
Sala Plena de este Máximo Tribunal para que se separa temporalmente del cargo, por motivo
de salud, esta Sala quedó constituida de la siguiente manera: Magistrada G.M.G.A.,
Presidenta; Magistrado F.A.C.L., V.; y los Magistrados L.E.M.L., M.T.D.P., C.Z. de M., A.D.R. y
J.J.M.J..
El 21 de febrero de 2014, el abogado E.E.M.B., Defensor Público Segundo con Competencia
para actuar ante esta Sala Constitucional solicitó pronunciamiento en la presente causa.
El 06 de marzo de 2014, esta S. dictó decisión n.° 130, en la cual se avocó, de oficio, al
conocimiento de la causa seguida al ciudadano A.J.C.L., y ordenó a la Presidenta del Circuito
Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas que recabara el expediente respectivo.
El 08 de abril de 2014, el prenombrado abogado Defensor Público Segundo con Competencia
para actuar ante esta Sala Constitucional, reiteró la solicitud de pronunciamiento.
El 07 de mayo de 2014, la Secretaría de esta S. dio cuenta del oficio n.° 216, emanado de la
Presidenta del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, anexo al cual remitió
“Cuaderno Especial correspondiente a la causa (…) seguida al ciudadano ALDRIM JOSHUA
CASTILLO LOVERA” (…) [Negritas y mayúsculas del oficio].
El 09 de julio de 2014 y 11 de agosto de 2014, el Defensor Público Segundo con Competencia
para actuar ante esta Sala Constitucional solicitó, de nuevo, pronunciamiento en la presente
causa.
El 18 de agosto de 2014, el abogado E.J.R.G., en su carácter de Defensor Público Auxiliar con
Competencia para actuar ante esta Sala Constitucional, solicitó copia certificada del
expediente contentivo de la causa penal seguida contra el ciudadano A.J.C.L..
Realizado el estudio del caso, pasa esta Sala a dictar sentencia, previo análisis de las
consideraciones siguientes:
I
ANTECEDENTES DEL CASO
De la revisión de las actas cursantes en el presente proceso se desprenden los antecedentes
siguientes:
En el curso del proceso penal seguido contra el ciudadano A.J.C.L., el 18 de mayo de 2009,
ante Juzgado Vigésimo Segundo de Primera Instancia en Funciones de Control del Circuito
Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, se celebró la
audiencia preliminar, acto en el cual el prenombrado ciudadano, admitida la acusación
presentada por el Ministerio Público, a su vez admitió los hechos objeto del proceso y solicitó
la inmediata imposición de la pena correspondiente.
En la oportunidad señalada, el referido Juzgado de Primera Instancia en Funciones de
Control, dictó y publicó la sentencia mediante la cual condenó al ciudadano A.J.C.L., a cumplir
la pena de seis (6) años de prisión por la comisión del delito de tráfico ilícito de sustancias
estupefacientes y psicotrópicas, previsto y sancionado en el artículo 31, segundo aparte, de la
Ley Orgánica contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y
Psicotrópicas.
El 10 de junio de 2009, el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas, definitivamente firme la sentencia en cuestión, practicó el cómputo de la pena
impuesta y ordenó las notificaciones correspondientes.
El 02 de septiembre de 2010, el referido Juzgado de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución, vista la solicitud formulada por la defensa del ciudadano A.J.C.L., respecto de la
fórmula alternativa de cumplimiento de pena de destacamento de trabajo a favor de su
defendido, dictó decisión mediante la cual negó dicha solicitud con fundamento en el carácter
de lesa humanidad de los delitos vinculados al tráfico de sustancias estupefacientes y
psicotrópicas.
El 13 de mayo de 2011, la Sala n.° 3 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal de
la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, respecto de la apelación que
ejerció la defensa del penado contra la negativa de otorgamiento de la fórmula alternativa de
destacamento de trabajo, dictó decisión en la cual textualmente dispuso lo siguiente:
(…) observa la Sala, que el penado de autos, cumplió con una cuarta parte de la pena
impuesta (…), por otra parte, se evidencia (…) que el penado A.J.C.L., no posee antecedentes
penales (…) asimismo, existe pronóstico FAVORABLE sobre el comportamiento futuro del
penado según consta del INFORME TÉCNICO (…) por lo que a criterio de esta S., lo
procedente y ajustado a derecho es declarar CON LUGAR la pretensión (…) y, en
consecuencia, acuerda la concesión de la Formula Alternativa de cumplimiento de Pena de
Destacamento de Trabajo (sic) (…) quedando REVOCADA la decisión dictada por el Juzgado
Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución (,…) mediante la cual negó la
Medida de prelibertad de destacamento de Trabajo (sic) [Mayúsculas, negritas y subrayado
del fallo].
El 17 de junio de 2011, el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas, vista la revocatoria proferida por la Sala n.° 3 de la Corte de Apelaciones, dictó
decisión mediante la cual: (…) “DESAPLICA POR CONTROL DIFUSO la decisión de fecha 13
de Mayo de 2011, de la Sala 3 de la Corte de Apelaciones de la Circunscripción Judicial del
Área Metropolitana de Caracas (…)”, y de igual modo: (…) “NIEGA la Formula Alternativa de
Cumplimiento de la Pena (sic) denominada DESTACAMENTO DE TRABAJO a favor del
penado A.J.C. AREVALO [sic] (…)” [Mayúsculas y negritas del Juzgado de Ejecución].
En la oportunidad antes señalada, esto es: el 17 de junio de 2011, el referido Juzgado de
Primera Instancia en Funciones de Ejecución, mediante oficio 1163, remitió a esta Sala
Constitucional: (…) “conforme a lo previsto en los artículos 334 y 336, ordinal 10° (sic) de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, el original del expediente contentivo
de la causa penal, por cuanto, tal y como expresamente lo señaló: (…) “este Juzgado por
decisión de esta misma fecha, desaplicó por control difuso la decisión de fecha 13 de Mayo
(sic) de 2011, emitida por la Sala Tercera (sic) de la Corte de Apelaciones (…).
II
DE LA DESAPLICACIÓN EFECTUADA
El 17 de junio de 2011, el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de
Ejecución del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas: (…) “Vista la decisión
de fecha 13 de Mayo (sic) de 2011, emitida por la Sala 3 de la Corte de Apelaciones (…)
mediante la cual revocó la decisión emitida por este Juzgado (…)”, dictó decisión en la cual
expresó textualmente lo siguiente:
(…) quien suscribe considera que el Tribunal Ad Quem (sic) una vez que revocó la decisión
emitida por este Juzgado, debió haber remitido la presente causa a otro Tribunal de Primera
Instancia en Funciones de Ejecución, en virtud que este Juzgado conoció del fondo de la
Formula (sic) Alternativa de Cumplimiento de la Pena (sic) denominada DESTACAMENTO DE
TRABAJO, la cual fue negada en fecha 02 de Septiembre (sic) de 2010, y haber declarado
(sic) incompetente para seguir conociendo de la presente causa, lo cual pudiera subsumirse
en el PRINCIPIO DE PROHIBICIÓN RECOGNOCITIVA, la cual prohíbe al Juez conocer de la
decisión que le fue revocada y emitir otro pronunciamiento distinto al que fue emitido en su
debida oportunidad (Mayúsculas y negritas del Juzgado de Ejecución).
Sin embargo, el referido Juzgado de Primera Instancia en Funciones de Ejecución, pese a la
presunta incompetencia observada, continuó señalando lo siguiente:
En otro orden de ideas, en el presente caso nos encontramos en presencia del delito de
TRÁFICO DE SUSTANCIAS ESTUPEFACIENTES Y PSICOTRÓPICAS (…) por el cual fue
condenado el penado de autos, siendo este delito así como los demás que se encuentran
tipificados en la referida Ley Orgánica (sic), son considerados (sic) delitos de Lesa Humanidad
(sic) por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, las Jurisprudencias
emanadas (sic) del Tribunal Supremo de Justicia, así como los Tratados y Convenios
Internacionales (sic) (…) conllevando irreversiblemente al cumplimiento de la Supremacía
Constitucional (sic) establecida en el artículo 7 y lo contemplado en el artículo 29 (…)
estableciendo el constituyente la imposibilidad o prohibición expresa de otorgar beneficios en
el proceso que conlleven a la impunidad, incluyendo el indulto y la amnistía, para los delitos de
Lesa Humanidad (sic) y de violación Contra los Derechos Humanos (sic) (…).
En el presente caso, el penado (…) fue condenado (…) por la comisión del delito de TRÁFICO
DE SUSTANCIAS ESTUPEFACIENTES Y PSICOTRÓPICAS (…) aceptar que un penado que
ha sido condenado a cumplir una pena de seis (06) años de prisión, en un procedimiento por
Admisión de los hechos (sic) se le acuerde la Fórmula Alternativa de Cumplimiento de la Pena
(sic) denominado Destacamento de Trabajo (sic) sería otorgarle a aquel un beneficio que
contraviene las Jurisprudencias reiteradas y pacíficas (sic) de la Sala Constitucional (…) en las
cuales dan (sic) a los delitos de Droga (sic) cualquiera que sea su modalidad, el carácter de
LESA HUMANIDAD, lo cual se subsume en el artículo 29 de la Constitución (…) además
situación que devendría en político-criminal perjudicial (sic) ya que es susceptible de
convertirse en fuente de impunidad, en el sentido de que desnaturalizaría la función que le es
propia al derecho Penal (sic) (…) conceder un beneficio en el presente caso, sería vulnerar los
artículos 7, 29 y 271 de la Constitución (…) [Mayúsculas y negritas del Juzgado de Ejecución].
Con fundamento en lo antes señalado, el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en
Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Área
Metropolitana de Caracas, dispuso expresamente:

PRIMERO
DESAPLICA POR CONTROL DIFUSO la decisión de fecha 13 de Mayos de 2011, emitida por
la Sala 3 de la Corte de Apelaciones de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas (sic), en donde revocó el fallo emitido en fecha 02 de Septiembre (sic) de 2010, por
este Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución (…) mediante el
cual Negó (sic) la Formula Alternativa de Cumplimiento de la Pena (sic) denominada
DESTACAMENTO DE TRABAJO, en contra (sic) del penado ALDRIM JOSHUA CASTILLO
LOVERA (…) en concordancia con la decisión de fecha 09 de Noviembre (sic) de 2009,
emitida por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (…) todo ello de
conformidad con lo previsto en el artículo 334 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela.

SEGUNDO
Se NIEGA la Formula Alternativa de Cumplimiento de la Pena (sic) denominada
DESTACAMENTO DE TRABAJO a favor del penado A.J.C. AREVALO (…) de conformidad
con lo establecido en el último aparte del artículo 29 de la Constitución (…) en concordancia
con la decisión de fecha 09 de Noviembre (sic) de 2009, emitida por la Sala Constitucional (…)
[Mayúsculas y negritas del Juzgado de Ejecución].
Finalmente, el referido Juzgado de Primera Instancia en Funciones de Ejecución: (…) “en
virtud de la desaplicación decretada a los fines de evitar retardos innecesarios en la presente
causa (sic)”, ordenó remitir el expediente contentivo de la causa penal que se siguió contra el
ciudadano A.J.C.L., a esta Sala Constitucional: (…) “con la finalidad de la correspondiente
consulta obligatoria (…)”.
III
DE LA COMPETENCIA
Con anterioridad a cualquier pronunciamiento, esta S. debe determinar su competencia para
conocer del presente caso y, a tal fin, observa lo siguiente:
De conformidad con lo establecido en el artículo 336, numeral 10, de la Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia es competente para: “revisar las sentencias (…) de control de constitucionalidad de
leyes o normas jurídicas dictadas por los Tribunales de la República, en los términos
establecidos por la ley orgánica respectiva”.
Por su parte, el artículo 25, numeral 12, de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia,
ratifica la competencia de esta Sala para conocer de las sentencias definitivamente firmes en
las cuales se haya ejercido el control difuso de la constitucionalidad, en los términos
siguientes:
Artículo 25. Son competencias de la Sala Constitucional: (…) 12. Revisar las sentencias
definitivamente firmes en las que se haya ejercido el control difuso de la constitucionalidad de
las leyes u otras normas jurídicas que sean dictadas por las demás Salas del Tribunal
Supremo de Justicia y demás tribunales de la República.
De esta forma, atendiendo a dicha normativa, y visto que el Juzgado Duodécimo de
Primera Instancia en Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal del Área
Metropolitana de Caracas, remitió el presente caso: (…) “en virtud de la desaplicación
decretada a los fines de evitar retardos innecesarios en la presente causa (sic)”, esta Sala
Constitucional resulta competente, y así se declara.
IV
CONSIDERACIONES PARA DECIDIR
Determinada la competencia, esta S., previo al pronunciamiento sobre el fondo del asunto
sometido a su conocimiento, estima oportuno señalar lo siguiente:
La Constitución de 1811, en su artículo 227, establecía que aquellas leyes que se expidieran
contra la Constitución: "no tendrán ningún valor, sino cuando hubiesen llenado las condiciones
requeridas para una justa y legítima revisión y sanción"; en razón de lo cual de la señalada
disposición se origina el principio de la supremacía constitucional, la garantía de la nulidad de
las leyes contrarias a la Constitución, y la facultad de los jueces patrios para considerar la
nulidad de las leyes inconstitucionales.
De esta manera, de dicho principio de la supremacía constitucional nace, desde principios del
siglo pasado, un sistema de control judicial de la constitucionalidad de los actos normativos, es
decir, de justicia constitucional, tanto de carácter difuso como de carácter concentrado.
Por ello, la justicia constitucional en todo Estado de Derecho tiene su génesis en los principios:
a) de supremacía y fuerza normativa de la Constitución; y, b) de separación de los poderes y
de legalidad, los cuales constituyen el fundamento de todos los sistemas constitucionales
modernos.
En tal sentido, las formas de protección de la Constitución, acogidas por los distintos
ordenamientos, se dividen en un control concreto o difuso y un control abstracto o
concentrado. En el primero de los casos, se permite a los distintos jueces ejercer una parte de
esta justicia constitucional en los casos particulares que les corresponde decidir; y, en el
segundo se otorga a la máxima instancia de la jurisdicción constitucional, el control de la
constitucionalidad de los actos dictados en ejecución directa e inmediata de la Constitución o
que tengan rango de Ley. A partir de allí, se ejerce la supremacía constitucional, la cual, en
unos casos, se atribuye a una Corte o Tribunal autónomo, y en otros sistemas, como el caso
de Venezuela, se inserta en el máximo organismo jurisdiccional del país, como órgano rector
del resto del sistema de justicia constitucional, concretamente: en esta Sala Constitucional.
Conforme a ello, el sistema venezolano de justicia constitucional es un sistema mixto, en el
cual el control difuso de la constitucionalidad está atribuido a todos los tribunales de la
República y el sistema concentrado de la constitucionalidad de leyes y demás actos de rango
similar corresponde a esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (Cfr. artículos
334 y 336, numeral 4, de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).
Al respecto, el control difuso de la constitucionalidad es un poder-deber de todos los jueces de
desaplicar aquellas normas que estime como inconstitucionales, pese a que, en principio,
resultaban ajustadas para casos concretos como al que le corresponde conocer y decidir,
razón por la cual opta de manera preferente por la Constitución. Dicho deber, permitido
mediante el control difuso de la constitucionalidad de las leyes, es el de examinar la
constitucionalidad de las leyes que va a aplicar en un caso concreto y, de ser inconstitucional,
porque colide con la Carta Fundamental, su misión será la de considerar su desaplicación, sin
llegar por ello a decretar su nulidad, aun cuando la considere nula, por cuanto no puede el
juez ordinario actuar como legislador negativo.
En este sentido, la ley desaplicada, por inconstitucional, no solo tiene efectos entre las partes
en relación con el caso sometido al conocimiento del juez, sino que, además, debe ser
ejercido en un proceso donde la inconstitucionalidad de la ley o de la norma no es objeto de
dicho proceso ni el asunto principal.
De esta manera, el control difuso de la constitucionalidad de las normas debe entenderse
como la interpretación que deben realizar todos los jueces de la República, de la ley que debe
aplicar en un caso concreto sometido a su consideración y decisión. Este análisis o examen lo
debe realizar “in abstracto” a la luz de la norma fundamental, pero, sin llegar a sobrepasar sus
poderes suponiendo el sentido de la misma y, en consecuencia, desaplicar, ya sea a instancia
de parte o de oficio, aquella norma que no se adapte a la exigencias constitucionales, con
efectos únicamente “inter partes” y de aplicación inmediata al caso concreto.
De igual modo, la decisión en la cual se ejerza el control difuso de la constitucionalidad debe
ser una decisión expresa y motivada, en la que se haga un examen de la norma legal y de las
razones por las cuales se desaplica a un caso concreto, por lo que no es aceptable una
especie de control difuso tácito de la constitucionalidad, por cuanto, en el momento en el cual
el Juez desaplica una norma por inconstitucional, se hace un examen exhaustivo de la misma,
a los fines de asegurar la integridad constitucional.
En este contexto, esta S. estima oportuno reiterar la doctrina establecida en la sentencia n.°
833, de fecha 25 de mayo de 2001, caso: Instituto Autónomo Policía Municipal de Chacao, en
la cual, respecto de las formas de control de la constitucionalidad, dispuso lo siguiente:
Debe esta S., con miras a unificar la interpretación sobre el artículo 334 de la vigente
Constitución, y con carácter vinculante, señalar en qué consiste el control difuso, y en qué
consiste el control concentrado de la Constitución.
El artículo 334 de la Constitución, reza: (…).
Consecuencia de dicha norma es que corresponde a todos los jueces (incluso los de la
jurisdicción alternativa) asegurar la integridad de la Constitución, lo cual adelantan mediante el
llamado control difuso.
Dicho control se ejerce cuando en una causa de cualquier clase que está conociendo el juez,
éste reconoce que una norma jurídica de cualquier categoría (legal, sublegal), que es
incompatible con la Constitución. Caso en que el juez del proceso, actuando a instancia de
parte o de oficio, la desaplica (la suspende) para el caso concreto que está conociendo,
dejando sin efecto la norma en dicha causa (y sólo en relación a ella), haciendo prevalecer la
norma constitucional que la contraría.
Por lo tanto, el juez que ejerce el control difuso, no anula la norma inconstitucional,
haciendo una declaratoria de carácter general o particular en ese sentido, sino que se limita a
desaplicarla en el caso concreto en el que consideró que los artículos de la ley invocada, o
hasta la propia ley, coliden con la Constitución.
La declaratoria general de inconstitucionalidad de una o un conjunto de normas
jurídicas (leyes), corresponde con exclusividad a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo
de Justicia, quien, ante la colisión, declara, con carácter erga omnes, la nulidad de la ley o de
la norma inconstitucional. Dicha declaratoria es diferente a la desaplicación de la norma,
tratándose de una decisión de nulidad que surte efectos generales (no para un proceso
determinado) y contra todo el mundo. Mientras que los Tribunales de la República, incluyendo
las Salas del Tribunal Supremo de Justicia diferentes a la Constitucional, pueden ejercer sólo
el control difuso. Las Salas Constitucional y Político Administrativa pueden ejercer el control
difuso en una causa concreta que ante ella se ventile, y el control concentrado mediante el
juicio de nulidad por inconstitucionalidad, cuyo conocimiento a ellas corresponde. La máxima
jurisdicción constitucional se refiere al control concentrado, el cual es un control por vía de
acción, que lo ejerce la Sala Constitucional, conforme al artículo 336 constitucional y, en
ciertos casos, la Sala Político Administrativa.
Conforme al artículo 334 aludido, el control difuso sólo lo efectúa el juez sobre normas
(lo que a juicio de esta S. incluye las contractuales) y no sobre actos de los órganos que
ejercen el poder público, así ellos se dicten en ejecución directa e inmediata de la
Constitución.
No debe confundirse el control difuso, destinado a desaplicar normas jurídicas, con el
poder que tiene cualquier juez como garante de la integridad de la Constitución, de anular los
actos procesales que atenten contra ella o sus principios, ya que en estos casos, el juzgador
cumple con la obligación de aplicar la ley, cuya base es la Constitución.
Distinta es la situación del juez que desaplica una norma porque ella colide con la
Constitución, caso en que la confrontación entre ambos dispositivos (el constitucional y el
legal) debe ser clara y precisa.
De igual modo, en la referida sentencia, esta S. expresó lo siguiente:
Conforme a lo expuesto, la defensa y protección de los derechos fundamentales
corresponde a todos los jueces, los que los ejercen desde diversas perspectivas: mediante el
control difuso y, otros, mediante el control concentrado; pero todo este control corresponde
exclusivamente a actos netamente jurisdiccionales, sin que otros órganos del Poder Público, ni
siquiera en la materia llamada cuasi-jurisdiccional, puedan llevarlo a cabo. El artículo 334
constitucional es determinante al respecto.
A diferencia de otros países (donde existen tribunales constitucionales) en Venezuela,
-siendo parte del Poder Judicial- se encuentra la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, a la cual corresponde la jurisdicción constitucional, pero tal jurisdicción no tiene una
cobertura total en el control concentrado.
El artículo 334 de la Constitución, crea la jurisdicción constitucional, la cual
corresponde a la Sala Constitucional.
La jurisdicción constitucional tiene encomendado el control concentrado de la
Constitución. Ese control concentrado, que corresponde con exclusividad a la Sala
Constitucional conforme al artículo 334 antes citado.
(…)
Siendo la Constitución la cúspide del ordenamiento jurídico, tanto en lo formal como en
lo material, no puede prescindirse de ella en la aplicación e interpretación de todo el
ordenamiento, por lo que todos los jueces, y no sólo los de la jurisdicción constitucional, están
en el deber de mantener su integridad, y de allí, surge el control difuso, así como las
extensiones señaladas del control concentrado (Negritas y cursivas de la sentencia).
Ahora, esta S., atendiendo la doctrina y la jurisprudencia anteriormente señalada, aprecia que,
en el presente caso, el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en Funciones de Ejecución
del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, no efectuó un auténtico control
de la constitucionalidad de una norma legal, toda vez que en el fallo hoy sometido a revisión
procedió a desaplicar una decisión emitida por un juzgado superior, respecto de la cual, en
derecho, solo correspondía su cumplimiento efectivo, circunstancia que, a criterio de esta S.,
supondría una especie “muy particular” de dicho control; que si se quiere podría
denominársele como “control sui generis” de la constitucionalidad.
En efecto, la Sala n.° 3 de la Corte de Apelaciones del señalado Circuito Judicial Penal,
respecto de la apelación que ejerció la defensa del ciudadano A.J.C.L., contra la negativa del
referido Juzgado de Ejecución de concederle la fórmula alternativa de cumplimiento de la pena
consistente en destacamento de trabajo, declaró con lugar dicha apelación y, en
consecuencia, acordó la fórmula alternativa solicitada.
Sin embargo, dicho Juzgado de Primera Instancia en Funciones de Ejecución, sobre la base
de la desaplicación “por control difuso de la constitucionalidad” de la referida sentencia de la
alzada, negó nuevamente la solicitud de otorgamiento del destacamento de trabajo.
De esta manera, esta Sala, con fundamento en las razones anteriormente expuestas, estima
contraria a derecho la desaplicación que hiciera el Juzgado Duodécimo de Primera Instancia
en Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, de
la decisión dictada, el 13 de mayo de 2011, por la Sala n.° 3 de la Corte de Apelaciones del
señalado Circuito Judicial Penal, y, en consecuencia, por orden público constitucional, y en
aras de la garantía del juez natural y del principio de la doble instancia, de igual modo debería
forzosamente declarar la nulidad de los actos jurisdiccionales cumplidos en contravención con
lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y, en
consecuencia, ordenar la reposición del proceso de ejecución de la sentencia condenatoria del
ciudadano A.J.C.L., al estado de un nuevo pronunciamiento sobre la solicitud formulada a su
favor respecto de la fórmula alternativa de cumplimiento de la pena consistente en
destacamento de trabajo.
Sin embargo, como quiera que en las actas certificadas que conforman el presente proceso
(Vid. folio 220, pieza 01 del expediente), cursa el cómputo de la pena impuesta al
prenombrado ciudadano, en la cual consta que la misma la terminaría de cumplir el 01 de
septiembre de 2014, esta S., en aras del derecho a la tutela judicial efectiva y con el único
propósito de evitar una justicia sin dilaciones indebidas y reposiciones inútiles, prohibida en el
artículo 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en concordancia con
el artículo 257 “eiusdem”, estima que, para este caso en concreto, la reposición del proceso de
ejecución en cuestión sería una formalidad no esencial por cuanto, en definitiva, se ratificarían
las consideraciones realizadas en el presente fallo.
Finalmente, es deber de esta Sala, para preservar los principios que informan el proceso
constitucional y la prevalencia del orden jurisdiccional, en razón de las distintas
interpretaciones que los jueces y juezas de la República han dado al criterio de esta Sala
conforme al cual “el delito de tráfico de estupefacientes, (…) debe considerarse por su
connotación y por el especial trato que le otorga el artículo 271 constitucional, como un delito
de lesa humanidad” (Vid. sentencia n.° 1712, del 12 de septiembre de 2001, caso: R.A.C. y
otros), adecuar dicho criterio atendiendo el carácter judicial de la ejecución de la pena, el
principio de proporcionalidad y los derechos a la igualdad ante la ley y a la no discriminación, y
sobre la base de la distinción establecida en la reforma del Código Orgánico Procesal de 2012
(Vid. artículos 38, 43, 374, 375, 430, parágrafo único, y 488), entre tráfico de drogas de mayor
y menor cuantía, lo cual permita que se le conceda a los imputados y penados de esta última
categoría de delito, fórmulas alternativas a la prosecución del proceso y a la ejecución de la
pena, y, de esta manera, permitir que el Estado cumpla con las estrategias de transversalidad
humanista que apuntan hacia una reinserción social, razón por la cual queda entendido que
las fórmulas señaladas no constituyen beneficios procesales ni conllevan a la impunidad.
En efecto, las disposiciones antes señaladas, disponen, lo siguiente:
Artículo 38. El o la Fiscal del Ministerio Público podrá solicitar al Juez o Jueza de Control
autorización para prescindir, total o parcialmente, del ejercicio de la acción penal, o limitarla a
alguna de las personas que intervinieron en el hecho, en cualquiera de los supuestos
siguientes:

1. Cuando se trate de un hecho que por su insignificancia o por su poca frecuencia no afecte
gravemente el interés público, excepto, cuando el máximo de la pena exceda de los ocho
años de privación de libertad, o se cometa por un funcionario o funcionaria, empleado
público o empleada pública, en ejercicio de su cargo o por razón de el.

2. Cuando la participación del imputado o imputada, en la perpetración del hecho se estime


de menor relevancia, salvo que se trate de un delito cometido por funcionario o
funcionaria, empleado público o empleada pública, en ejercicio de su cargo o por razón de
el.

3. Cuando en los delitos culposos el imputado o imputada, haya sufrido a consecuencia del
hecho, daño físico o moral grave que torne desproporcionada la aplicación de una pena.

4. Cuando la pena o medida de seguridad que pueda imponerse por el hecho o la infracción,
de cuya persecución se prescinde, carezca de importancia en consideración a la pena o
medida de seguridad ya impuesta, o a la que se debe esperar por los restantes hechos o
infracciones, o a la que se le impuso o se le impondría en un procedimiento tramitado en
el extranjero. Quedan excluidas de la aplicación de esta norma, las causas que se refieran
a la investigación de los delitos de: homicidio intencional, violación; delitos que atenten
contra la libertad, integridad e indemnidad sexual de niños, niñas y adolescentes;
secuestro, el delito de corrupción, delitos que causen grave daño al patrimonio público y la
administración pública; tráfico de drogas de mayor cuantía, legitimación de capitales,
contra el sistema financiero y delitos conexos, delitos con multiplicidad de víctimas,
delincuencia organizada, violaciones graves a los derechos humanos, lesa humanidad,
delitos graves contra la independencia y seguridad de la nación y crímenes de guerra.

Artículo 43. En los casos de delitos cuya pena no exceda de ocho (08) años en su límite
máximo, el imputado o imputada, podrá solicitar al Juez o Jueza de Control, o al Juez o
Jueza de Juicio, si se trata del procedimiento abreviado, la suspensión condicional del
proceso, y el Juez o Jueza correspondiente podrá acordarlo, siempre que el o la
solicitante admita plenamente el hecho que se le atribuye, aceptando formalmente su
responsabilidad en el mismo, y no se encuentre sujeto a esta medida por otro hecho, ni se
hubiere acogido a esta alternativa dentro de los tres años anteriores. A tal efecto, el
Tribunal Supremo de Justicia, a través del órgano del Poder Judicial que designe, llevará
un registro automatizado de los ciudadanos y ciudadanas a quienes les haya suspendido
el proceso por otro hecho.

La solicitud deberá contener una oferta de reparación del daño causado por el delito y el
compromiso del imputado o imputada de someterse a las condiciones que le fueren
impuestas por el tribunal, conforme a lo dispuesto en el artículo 45 de este Código. La
oferta podrá consistir en la conciliación con la víctima o en la reparación natural o
simbólica del daño causado.

Quedan excluidas de la aplicación de esta norma, las causas que se refieran a la


investigación de los delitos de: homicidio intencional, violación; delitos que atenten contra
la libertad, integridad e indemnidad sexual de niños, niñas y adolescentes; secuestro, el
delito de corrupción, delitos que causen grave daño al patrimonio público y la
administración pública; tráfico de drogas de mayor cuantía, legitimación de capitales,
contra el sistema financiero y delitos conexos, delitos con multiplicidad de víctimas,
delincuencia organizada, violaciones graves a los derechos humanos, lesa humanidad y
delitos graves contra la independencia y seguridad de la nación y crímenes de guerra.

Artículo 374. La decisión que acuerde la libertad del imputado es de ejecución inmediata,
excepto, cuando se tratare delitos de: homicidio intencional, violación; delitos que atenten
contra la libertad, integridad e indemnidad sexual de niños, niñas y adolescentes;
secuestro, delito de corrupción, delitos que causen grave daño al patrimonio público y la
administración pública; tráfico de drogas de mayor cuantía, legitimación de capitales,
contra el sistema financiero y delitos conexos, delitos con multiplicidad de víctimas,
delincuencia organizada, violaciones graves a los derechos humanos, lesa humanidad,
delitos graves contra la independencia y seguridad de la nación y crímenes de guerra, o
cuando el delito merezca pena privativa de libertad que exceda de doce años en su límite
máximo, y el Ministerio Público ejerciere el recurso de apelación oralmente en la
audiencia, en cuyo caso se oirá a la defensa, debiendo el Juez o Jueza remitirlo dentro de
las veinticuatro horas siguientes a la Corte de Apelaciones. En este caso, la corte de
apelaciones considerará los alegatos de las partes y resolverá dentro de las cuarenta y
ocho horas siguientes contadas a partir del recibo de las actuaciones.

Artículo 375. EI procedimiento por admisión de los hechos tendrá lugar desde la audiencia
preliminar una vez admitida la acusación, hasta antes de la recepción de pruebas.

EI Juez o Jueza deberá informar al acusado o acusada respecto al procedimiento por


admisión de los hechos, concediéndole la palabra. EI acusado o acusada podrá solicitar la
aplicación del presente procedimiento, para lo cual admitirá los hechos objeto del proceso
en su totalidad y solicitará al tribunal la imposición inmediata de la pena respectiva.

En estos casos; el Juez o Jueza podrá rebajar la pena aplicable al delito desde un tercio a
la mitad de la pena que haya debido imponerse, pudiendo cambiar la calificación jurídica
del delito, atendidas todas las circunstancias, tomando en consideración el bien jurídico
afectado y el daño social causado y motivando adecuadamente la pena impuesta.

Si se trata de delitos en los cuales haya habido violencia contra las personas cuya pena
exceda de ocho años en su límite máximo, y en los casos de delitos de: homicidio
intencional, violación; delitos que atenten contra la libertad, integridad e indemnidad
sexual de niños, niñas y adolescentes; secuestro, delito de corrupción, delitos que causen
grave daño al patrimonio público y la administración pública; tráfico de drogas de mayor
cuantía, legitimación de capitales, contra el sistema financiero y delitos conexos, delitos
con multiplicidad de víctimas, delincuencia organizada, violaciones graves a los derechos
humanos, lesa humanidad, delitos graves contra la independencia y seguridad de la
nación y crímenes de guerra, el Juez o J. sólo podrá rebajar hasta un tercio de la pena
aplicable.

Artículo 430. La interposición de un recurso suspenderá la ejecución de la decisión, salvo


que expresamente se disponga lo contrario.

Parágrafo único: Excepción

Cuando se trate de una decisión que otorgue la libertad al imputado, la interposición del
recurso de apelación no suspenderá la ejecución de la decisión, excepto cuando se tratare
de delitos de: homicidio intencional, violación; delitos que atenten contra la libertad,
integridad e indemnidad sexual de niños, niñas y adolescentes; secuestro, delito de
corrupción, delitos que causen grave daño al patrimonio público y la administración
pública; tráfico de drogas de mayor cuantía, legitimación de capitales, contra el sistema
financiero y delitos conexos, delitos con multiplicidad de víctimas, delincuencia
organizada, violaciones graves a los derechos humanos, lesa humanidad, delitos graves
contra la independencia y la seguridad de la nación y crímenes de guerra y el Ministerio
Público apele en la audiencia de manera oral y se oirá a la defensa.
La fundamentación y contestación del recurso de apelación se hará en los plazos
establecidos para la apelación de autos o sentencias, según sea el caso.

Artículo 488. El tribunal de ejecución podrá autorizar el trabajo fuera del establecimiento, a
los penados y penadas que hayan cumplido, por lo menos, la mitad de la pena impuesta.

El destino al régimen abierto podrá ser acordado por el tribunal de ejecución, cuando el
penado o penada haya cumplido, por lo menos, dos tercios de la pena impuesta.

La libertad condicional, podrá ser acordada por el tribunal de ejecución, cuando el penado
o penada haya cumplido, por lo menos, las tres cuartas partes de la pena impuesta.

Además, para cada uno de los casos anteriormente señalados deben concurrir las
circunstancias siguientes:

1. Que no haya cometido algún delito o falta, dentro o fuera del establecimiento, durante el
cumplimiento de la pena.

2. Que el interno o interna haya sido clasificado o clasificada previamente en el grado de


mínima seguridad por la junta de clasificación designada por el Ministerio con
competencia en materia Penitenciaria.

3. Pronóstico de conducta favorable del penado o penada, emitido de acuerdo a la


evaluación realizada por un equipo evaluador designado por el Ministerio con competencia
en materia Penitenciaria.

4. Que alguna medida alternativa al cumplimiento de la pena otorgada al penado o penada


no hubiese sido revocada por el Juez o Jueza de Ejecución con anterioridad.

5. Que no haya participado en hechos de violencia que alteren la paz del recinto o el régimen
penitenciario.

6. Que haya culminado, curse estudios o trabaje efectivamente en los programas educativos
y/o laborales que implemente el Ministerio con competencia en materia penitenciaria.

Artículo 497. Sólo podrán ser considerados a los efectos de la redención de la pena de
que trata la ley, el trabajo y el estudio, conjunta o alternativamente realizados dentro del
centro de reclusión.

El trabajo necesario para la redención de la pena no podrá exceder de ocho horas diarias,
realizado para empresas públicas o privadas, o entidades benéficas, todas debidamente
acreditadas por el Ministerio con competencia penitenciaria, devengando el salario
correspondiente. Cuando el interno o interna trabaje y estudie en forma simultánea, se le
concederán las facilidades necesarias para la realización de los estudios, sin afectar la
jornada de trabajo.

El trabajo y el estudio realizados deberán ser supervisados o verificados por el Ministerio


con competencia penitenciaria y por el Juez o Jueza de ejecución. A tales fines, se llevará
registro detallado de los días y horas que los internos o internas destinen al trabajo y
estudio.

A los mismos efectos, los estudios que realice el penado o penada, deberán estar
comprendidos dentro de los programas establecidos por los Ministerios con competencia
en las materias de Educación, Cultura y Deportes.

En este contexto, esta S. debe considerar como tráfico de menor cuantía de drogas,
semillas, resinas y plantas los supuestos atenuados del tráfico previstos en los artículos
149, segundo aparte, y 151, primer aparte, de la Ley Orgánica de Drogas, los demás tipos
penales contemplados en los artículos señalados conformaran el tráfico ilícito de mayor
cuantía de drogas, semillas, resinas y plantas.

Así, la letra de los artículos referidos contenidos en la vigente Ley Orgánica de Drogas
(Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela n.º 39.546, de fecha 5 de
noviembre de de 2010), establecen lo siguiente:

Artículo 149. El o la que ilícitamente trafique, comercie, expenda, suministre, distribuya,


oculte, transporte por cualquier medio, almacene o realice actividades de corretaje con las
sustancias o sus materias primas, precursores, solventes y productos químicos esenciales
desviados a que se refiere esta Ley, aún en la modalidad de desecho, para la producción
de estupefacientes o sustancias psicotrópicas, será penado o penada con prisión de
quince a veinticinco años.

Si la cantidad de droga no excediere de cinco mil (5000) gramos de marihuana, mil (1000)
gramos de marihuana genéticamente modificada, mil (1000) gramos de cocaína, sus
mezclas o sustancias estupefacientes a base de cocaína, sesenta (60) gramos de
derivados de amapola o quinientas (500) unidades de drogas sintéticas, la pena será de
doce a dieciocho años de prisión.

Si la cantidad de droga excediere de los límites máximos previstos en el artículo 153 de


esta Ley y no supera quinientos (500) gramos de marihuana, doscientos (200) gramos de
marihuana genéticamente modificada, cincuenta (50) gramos de cocaína, sus mezclas o
sustancias estupefacientes a base de cocaína, diez (10) gramos de derivados de amapola
o cien (100) unidades de drogas sintéticas, la pena será de ocho a doce años de prisión.

Artículo 151. El o la que ilícitamente siembre, cultive, coseche, preserve, elabore,


almacene, realice actividades de corretaje, trafique, transporte, oculte o distribuya
semillas, resinas y plantas que contengan o reproduzcan cualesquiera de las sustancias a
que se refiere esta Ley, será penado o penada con prisión de doce a dieciocho años.

Si la cantidad de semilla o resina no excediere de trescientos (300) gramos o las plantas a


que se refiere esta Ley, no superan la cantidad de diez (10) unidades, la pena será de seis
a diez años de prisión. En caso de ser plantas de marihuana genéticamente modificada la
pena será aumentada a la mitad.
El o la que dirija o financie estas operaciones, será penado o penada con prisión de
veinticinco a treinta años (Subrayado de este fallo).

Conforme a lo anterior, esta S. estima que no es posible dar el mismo trato a todos
los casos, en razón de que no todos los supuestos de los delitos que corresponden a esta
sensible materia son iguales, ni el daño social -consecuencias sociales- que ellos generan
es de igual naturaleza. Sin embargo, existen situaciones cuyas consecuencias jurídicas y
sociales son de mayor magnitud que otras, y es allí en donde el legislador por medio de la
normativa vigente impone un orden para evitar que iguales conductas se realicen de
nuevo.

Para esta S., el hecho de que los delitos de tráfico de mayor cuantía de drogas, de
semillas, resinas y plantas tengan asignadas penas mayores se fundamenta en una razón
objetiva: la magnitud de sus consecuencias jurídicas y sociales, en virtud de lo cual a los
condenados se les pospone la posibilidad de obtener las fórmulas para el cumplimiento de
la pena, solo para cuando el recluso haya cumplido las tres cuartas (3/4) partes de la
misma, conforme lo previsto en el ordenamiento jurídico, toda vez que existe primacía de
los derechos e intereses colectivos sobre los individuales, como consecuencia de la
proclamación en la Constitución, de un Estado como social y democrático de Derecho.

En tal sentido, esta S. estima oportuno citar lo establecido por la Sala de Casación
Penal en su sentencia n.° 376, de fecha 30 de julio de 2002, caso: “F.G.R.”, respecto de la
aplicación en los procesos por delitos de drogas del principio de proporcionalidad en el
sentido siguiente:

(…) hacer distingos entre quienes operan con una gran cantidad de drogas y
quienes lo hacen con una ínfima cantidad. Es paladino que el desvalor del acto es muy
diferente en ambos supuestos, así como también el desvalor del resultado y a tenor del
daño social causado.

(…)

En suma, hay que tomar en consideración que habría un mínimum de peligrosidad


social –siempre en relación con la muy alta nocividad social de tal delito– si una actuación
criminosa con drogas fuera sin un ánimo elevado de lucro o, por lo menos, sin una
posibilidad real de lograr un elevado beneficio económico: esto puede inferirse de una
cantidad muy baja de droga y que, por lo tanto, representaría un ataque no tan fuerte al
muy alto y trascendente bien jurídico protegido. La fuerza del ataque a dicho bien debe
influir en el criterio de peligrosidad, pues de eso dependería en principio el peligro social
implícito en la conducta delictuosa.

De esta manera, esta Sala como máxima garante e intérprete de la Constitución, en


ejercicio de las atribuciones que le confiere dicho Texto y la Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia, replantea el criterio estableciendo de forma vinculante conforme a lo
dispuesto en el artículo 335 de la Constitución, la obligación para todos los jueces y juezas
con competencia en lo penal de la República Bolivariana de Venezuela, que cumplan
cabalmente con los preceptos señalados en el presente fallo. Así se declara.

De igual modo, en virtud del presente pronunciamiento, esta S. ordena la publicación de


esta decisión en la Gaceta Oficial de la República, en la Gaceta Judicial y en la página
web del Tribunal Supremo de Justicia, en cuyo sumario deberá indicarse lo siguiente:
“Sentencia de la Sala Constitucional que establece, con carácter vinculante, la posibilidad
de conceder a los imputados y penados por el delito de tráfico de drogas de menor
cuantía, fórmulas alternativas a la prosecución del proceso y a la ejecución de la pena, y a
los condenados por el delito de tráfico de drogas de mayor cuantía se les pospone la
posibilidad de obtener las fórmulas para el cumplimiento de la pena, solo para cuando el
recluso haya cumplido las tres cuartas (3/4) partes de la misma, conforme lo previsto en el
ordenamiento jurídico”. Así se decide.

DECISIÓN

Por las razones anteriormente expuestas, esta Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, administrando justicia en nombre de la República Bolivariana de
Venezuela por autoridad de la ley, dicta los siguientes pronunciamientos:

1. CONTRARIA A DERECHO la decisión del Juzgado Duodécimo de Primera Instancia en


Funciones de Ejecución del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas,
dictada el 17 de junio de 2011, en la que ejerció un errado control de la constitucionalidad
del fallo dictado el 13 de mayo de 2011, por la Sala n.° 3 de la Corte de Apelaciones del
señalado Circuito Judicial Penal.

2. - En aras del derecho a la tutela judicial efectiva y para evitar una justicia sin dilaciones
indebidas, declara INOFICIOSA la reposición del proceso de ejecución de la pena
impuesta al ciudadano A.J.C.L., la cual la habría cumplido el 01 de septiembre de 2014.

3. - ORDENA la publicación de la presente decisión en la Gaceta Oficial de la República, en


la Gaceta Judicial y en la página web del Tribunal Supremo de Justicia en cuyo sumario
deberá indicarse lo siguiente: “Sentencia de la Sala Constitucional que establece, con
carácter vinculante, la posibilidad de conceder a los imputados y penados por el delito de
tráfico de drogas de menor cuantía, fórmulas alternativas a la prosecución del proceso y a
la ejecución de la pena, y a los condenados por el delito de tráfico de drogas de mayor
cuantía se les pospone la posibilidad de obtener las fórmulas para el cumplimiento de la
pena, solo para cuando el recluso haya cumplido las tres cuartas (3/4) partes de la misma,
conforme lo previsto en el ordenamiento jurídico”.

P., regístrese. Devuélvase el expediente. C. lo ordenado.

Dada, firmada y sellada en el Salón de Despacho de la Sala Constitucional del Tribunal


Supremo de Justicia, en Caracas, a los 18 días del mes de diciembre de dos mil catorce
(2014). Años: 204° de la Independencia y 155° de la Federación.
La Presidenta de la Sala,

Gladys María Gutiérrez Alvarado

El Vicepresidente,

F.A.C.L.

Los Magistrados,

Luisa Estella Morales Lamuño

Marcos Tulio Dugarte Padrón

Carmen Zuleta de Merchán

Arcadio Delgado Rosales

Juan José Mendoza Jover

Ponente

El Secretario,

José Leonardo Requena Cabello

Exp. N.º 11-0836

JJMJ

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El objeto de la presente investigación está constituido por el control judicial de la


constitucionalidad de las leyes, analizado aquí desde la perspectiva de la limitación del poder
punitivo. En efecto, el control de la constitucionalidad de las leyes penales, ya sea por vía principal
(control concentrado) o incidental (control difuso), constituye uno de los mecanismos para la
salvaguarda del Estado constitucional, en este caso, frente a leyes que pretendan habilitar un
ejercicio arbitrario del poder estatal, así como también para la protección de los derechos y
garantías constitucionales de todos los ciudadanos de la República.

pública. Para el análisis de la constitucionalidad de una ley penal, juegan un rol esencial los
principios del Derecho Penal, ya que los mismos son las bases fundamentales sobre las cuales el
Poder Judicial debe sustentar su juzgamiento en estos casos. En efecto, los principios del Derecho
Penal son una clara proyección de los derechos y garantías previstos en la Constitución y en los
tratados internacionales sobre Derechos Humanos, y, por tanto, son un instrumento metodológico
imprescindible para evaluar la constitucionalidad de la ley penal. De este modo, si el articulado de
esta última irrespeta uno o varios de dichos principios limitadores, tal ley carecerá de legitimidad.
Ahora bien, debe aclararse que los principios penales no son los únicos parámetros para la
determinación de la constitucionalidad de una ley penal, pero no obstante, constituyen un punto
de partida importante para tal labor. A los efectos de una mayor claridad y sistematización del
presente artículo, el análisis se estructurará en cuatro partes fundamentales. En este orden de
ideas, en la primera parte, se plantearán unas consideraciones generales sobre la noción y las
bases sobre las cuales se sustenta el control de la constitucionalidad de las leyes en general,
abordando también el tema relativo a los tipos de control de constitucionalidad, así como los
alcances de cada uno de ellos. En segundo lugar, se aborda el tema de cuál es el órgano del poder
público llamado a materializar el control de la constitucionalidad de la ley. Luego, se realiza una
serie de consideraciones sobre el método que debe seguir el Juez, a fin de evaluar la
constitucionalidad de la ley.

Previo a cualquier tipo de consideración, debe precisarse qué debe entenderse por control de la
constitucionalidad de las leyes. Dicha institución puede ser definida como la potestad de un
órgano judicial, de revisar el contenido material una ley ordinaria, a fin de determinar si alguna de
las disposiciones de esa ley es contraria a la Constitución Nacional.

Las bases lógicas o presupuestos sobre los cuales reposa el control de la constitucionalidad de las
leyes: 1.- un primer pilar se encuentra constituido por el principio de supremacía de la
Constitución sobre el resto de las normas que conforman el ordenamiento jurídico, es decir, idea
de la Constitución como norma suprema, principio que se encuentra recogido en el artículo 7 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; 2.- Un segundo presupuesto del control de
la constitucionalidad de las leyes, es la existencia de una Constitución rígida, lo cual se traduce en
que dicho texto fundamental sólo puede modificada o enmendada, mediante un procedimiento
especial más riguroso que el procedimiento establecido para la formación de las leyes ordinarias;
3.- La tercera base lógica o presupuesto para la existencia del control de la constitucionalidad de
las leyes, está establecido por el principio de separación de poderes. Tal como lo señaló la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en su sentencia N° 966, del 15 de junio de 2011,
con ponencia del Magistrado Francisco Antonio Carrasquero López, cada una de las ramas del
Poder Público tiene establecidas en la Constitución y las leyes, funciones propias, lo cual se
traduce en que las atribuciones privativas que correspondan a un órgano de una rama del Poder
Público no pueden ser cumplidas ni invadidas arbitrariamente por un órgano de otra rama, claro
está, dejando a salvo la necesaria colaboración entre dichos órganos (con independencia de que se
encuentren incardinados en ramas distintas), con base al cual funciona un mecanismo de balance
en la división del poder y de mutuos controles o contrapesos entre los órganos que lo ejercen; 4.-
La cuarta base lógica sobre la cual se sustenta el control de la constitucionalidad de la ley, es la
consagración expresa del control constitucional de las leyes en el ordenamiento jurídico, siendo
que en el caso venezolano tal exigencia se encontraba cabalmente cumplida, en virtud de lo
dispuesto en el segundo párrafo del artículo 334 de la Constitución de de la República Bolivariana
de Venezuela, el cual consagra el control difuso de la constitucionalidad de las leyes, así como
también en los numerales 1, 2 y 3 del artículo 336 eiusdem, en los cuales se establece el control
concentrado de la constitucionalidad de dichos actos del poder público.
LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO PENAL COMO CRITERIOS PARA EL CONTROL DE LA
CONSTITUCIONALIDAD DE LAS LEYES PENALES

Los principios penales constituyen una clara proyección de los derechos y garantías previstos en la
Constitución y en tratados internacionales sobre derechos humanos suscritos por la República
(Rosales, 1996: 6). Dichos principios poseen un indudable fundamento ético-político, toda vez que
su raíz nuclear radica en la idea de Estado social y democrático de Derecho prevista en el artículo 2
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Así, los valores que llenan de
contenido a tales principios son, esencialmente, la vida, la libertad, la dignidad humana, la
igualdad, la democracia, la seguridad jurídica, la preeminencia de los derechos humanos y la
seguridad jurídica. Además, cabe destacar que el modelo de Estado delineado en el artículo 2 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela contribuye decisivamente en la articulación
de los límites al poder punitivo, toda vez que en un modelo de Estado como el allí definido, el
poder no es absoluto; sino, por el contrario, un poder sometido a límites (Serrano-Piedacasas,
2005: 133). Así, el poder penal, como manifestación de la violencia estatal, necesariamente
amerita límites a su actuación.

En este orden de ideas, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en su sentencia N°
1.632, del 2 de noviembre de 2011, con ponencia del Magistrado Francisco Antonio Carrasquero
López, estableció lo siguiente:

… si bien dicho poder estatal [punitivo] es otorgado por la Constitución, al


mismo tiempo la extensión de dicho poder [punitivo] debe estar limitada por
una serie de principios que están al servicio de la vida, la libertad, la justicia, la
igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la preeminencia
de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político (valores superiores
éstos del ordenamiento jurídico), y que se encuentran consagrados tanto en la
propia Constitución como en tratados internacionales suscritos por la República.
Así, en esta forma de organización estatal, las autorizaciones o facultades
otorgadas a los órganos estatales nunca son ilimitadas; por el contrario, toda
autorización sólo se concede en los límites que la Constitución y la ley definen y
toleran. Debe afirmarse que entre los límites axiológicos consagrados en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuyas implicaciones
abarcan tanto la dimensión sustantiva como procesal del ámbito jurídico-penal,
podemos resaltar, a título de ejemplo, la prohibición de establecer o aplicar la
pena de muerte (artículo 43), la inviolabilidad de la libertad personal, salvo en
los supuestos en que la propia Constitución lo autoriza (44.1), el principio de
intrascendencia de las penas, la prohibición de establecer penas perpetuas,
infamantes o que excedan los treinta años (artículo 44.3), el derecho de toda
persona a no ser sometida a penas, torturas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes (46.1), el derecho de toda persona privada de libertad a ser tratada
con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano (46.2), el derecho a
la defensa (49.1), el principio de presunción de inocencia (49.2), el derecho a ser
oído con las debidas garantías ante un tribunal competente, independiente e
imparcial (49.3), el derecho de toda persona a ser juzgada por sus jueces
naturales (49.4), el principio de legalidad de los delitos, faltas e infracciones
(artículo 49.6), el ne bis in idem (49.7), la prohibición de establecer la pena de
extrañamiento del territorio nacional de venezolanos y venezolanas (artículo
50), la prohibición de extraditar ciudadanos venezolanos y venezolanas (artículo
69) y el principio de legalidad de los procedimientos. Asimismo, pueden
resaltarse otros límites al ejercicio del poder punitivo, cuya recepción no ha sido
expresa en la Constitución, sino inferida de otros valores, principios y derechos
consagrados en ella, como son el principio de culpabilidad (sentencias
1.744/2007, del 9 de agosto; y 490/2011, del 12 de abril), el principio de
subsidiariedad (sentencia N° 1.676/2007, del 3 de agosto) y el antes mencionado
principio de legalidad de los procedimientos.

En el caso venezolano, tal como se indicó anteriormente, las bases metodológicas de tal potestad
de control son la existencia de una Constitución rígida, el principio de supremacía constitucional,
el principio de separación de poderes y la consagración expresa del control constitucional en el
ordenamiento jurídico, siendo que aquél se materializa a través de los mecanismos de Derecho
Procesal Constitucional previstos en los artículos 334 y 336.1 eiusdem, a saber, el control difuso
(ejercido de forma incidental, con miras al caso concreto) y el control concentrado (activado por
vía principal, a través de la acción de nulidad por inconstitucionalidad, siendo su principal efecto la
declaratoria de nulidad total o parcial de la ley), respectivamente.

Tales principios no son taxativos, en el sentido de que no constituyen una lista cerrada o
inamovible, toda vez que su número es susceptible de aumentar, bien sea porque surjan otros que
aún no hayan sido descubiertos, o porque aparezcan otros que se deduzcan de los principios ya
conocidos (Zaffaroni, 2005: 96). El sustento de ese carácter enunciativo de los principios penales,
se encuentra en los artículos 19, 22 y 23 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela. En este sentido, el artículo 19 de dicho texto constitucional consagra el principio de
progresividad de los Derechos Humanos, en virtud del cual el Estado debe garantizar y respetar el
goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de aquéllos. Por su parte, el artículo
22 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela contempla la cláusula abierta de
derechos y garantías, en virtud de la cual pueden ser invocados Derechos Humanos que no figuren
expresamente en nuestra Constitución (siempre y cuando sean inherentes a la persona), mientras
que el artículo 23 eiusdem consagra la jerarquía constitucional de los tratados en materia de
Derechos Humanos.
Los principios del Derecho Penal constituyen límites al ejercicio del poder punitivo del Estado, y
constituyen criterios de gran importancia para evaluar la constitucionalidad de una ley penal.

¿cuáles son esos principios limitadores que debe emplear el Juez Constitucional, al momento de
evaluar la constitucionalidad de la ley penal, mediante el mecanismo del control difuso
(desaplicación de la norma en el caso concreto)?
El principio de legalidad El principio de Culpabilidad El Principio de humanidad
Se vincula con el imperio de la ley como El principio de culpabilidad (nullum crimen
presupuesto de la actuación del Estado sine culpa) exige que a la persona pasible
sobre los bienes jurídicos de los de sanción se le pueda reprochar
ciudadanos, y con el derecho de éstos a la personalmente la realización del injusto
seguridad jurídica y a la interdicción de la (Rodríguez, 2002: 83). En otras palabras,
arbitrariedad. Su configuración formal este principio, entendido como un límite
básica se traduce en el aforismo nullum al poder punitivo, exige, como
crimen, nulla poena, nulla mensura sine presupuesto de la pena, que pueda
lege praevia, scripta, stricta et certa. En el culparse a quien la sufra del hecho que la
ámbito penal, este principio general se motiva, lo cual se traduce en la necesidad
cristaliza en el numeral 6 del artículo 49 de que el delito pertenezca a su autor no
de la Constitución de la República sólo material y subjetivamente, sino
Bolivariana de Venezuela, el cual dispone también como producto de una
que “ninguna persona podrá ser racionalidad normal que permita verlo
sancionada por actos u omisiones que no como obra de un ser suficientemente
fueren previstos como delitos, faltas o responsable. Del contenido del principio
infracciones en leyes preexistentes”. de culpabilidad se derivan las siguientes
Comprende tres garantías: garantías
1.- La intrascendencia de la pena: no se Este principio tiene como basamento la
puede castigar a una personan por un dignidad del individuo, y constituye un
1.- Garantía de reserva legal, según la hecho ajeno. Esta garantía se encuentra escudo contra las penas crueles, brutales
cual la ley penal sólo puede ser dictada recogida en el numeral 3 del artículo 44 e inhumanas (pena de muerte, lapidación,
por el Poder Legislativo Nacional de la Constitución de la República amputación de miembros, marcas en el
Bolivariana de Venezuela, el cual dispone cuerpo, torturas, penas perpetuas, etc.).
expresamente que la pena no puede Su materialización en la actualidad puede
trascender de la persona condenada. palparse en la sustitución de penas
2.- La responsabilidad por el hecho; privativas de libertad por otras penas
(también denominada principio del acto), menos lesivas, como la multa o el trabajo
2.- La garantía de irretroactividad, por la debe afirmarse que ella se traduce en que en beneficio de la comunidad. De igual
cual la ley penal no puede ser aplicada a no se pueden castigar formas de ser, forma, este principio se aprecia en la
hechos anteriores a su promulgación, personalidades, pensamientos, sino tendencia internacional a la
salvo que beneficie al reo solamente actos u omisiones, es decir, despenalización, así como también en la
hechos humanos. atenuación paulatina de las penas
3.- La exigencia de dolo o culpa; implica asignadas a los delitos. La base
que la responsabilidad penal de una constitucional de este principio se
persona no puede fundarse únicamente encuentra en el artículo 43 de la
en que el hecho sea materialmente Constitución, en el cual se prohíbe
3.- la garantía de taxatividad, en virtud de
causado por ella, sino que se requiere expresamente el establecimiento legal y la
la cual la descripción de las figuras
también que el hecho haya sido causado aplicación pena de muerte. Asimismo,
punibles en la ley debe ser lo más clara
dolosamente (es decir, que haya querido este principio también encuentra
posible, impidiendo también la utilización
realizar el hecho) o al menos reconocido en el numeral 3 del artículo 44
de la analogía en perjuicio del reo.
imprudentemente. eiusdem, según el cual están prohibidas
4.- La garantía de imputación personal: las penas perpetuas y las superiores a
consiste en que nadie puede responder de treinta años; igualmente,
un hecho antijurídico, si no tiene las
condiciones psíquicas suficientes que le
permitan entender la prohibición
contenida en la norma penal
A continuación, sólo se analizarán tres de los principios limitadores

1.- El principio de legalidad


A mayor abundamiento, esta institución constituye la concreción de varios aspectos del Estado de
Derecho en el ámbito del Derecho Penal, y el cual se vincula con el imperio de la ley como
presupuesto de la actuación del Estado sobre los bienes jurídicos de los ciudadanos, y con el
derecho de éstos a la seguridad jurídica y a la interdicción de la arbitrariedad. Su configuración
formal básica se traduce en el aforismo nullum crimen, nulla poena, nulla mensura sine lege
praevia, scripta, stricta et certa. En el ámbito penal, este principio general se cristaliza en el
numeral 6 del artículo 49 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual
dispone que “ninguna persona podrá ser sancionada por actos u omisiones que no fueren
previstos como delitos, faltas o infracciones en leyes preexistentes”.

Dentro del principio de legalidad se ubican la garantía de reserva legal, según la cual la ley penal
sólo puede ser dictada por el Poder Legislativo Nacional; la garantía de irretroactividad, por la cual
la ley penal no puede ser aplicada a hechos anteriores a su promulgación, salvo que beneficie al
reo; y la garantía de taxatividad, en virtud de la cual la descripción de las figuras punibles en la ley
debe ser lo más clara posible, impidiendo también la utilización de la analogía en perjuicio del reo.
10.- Otros principios del Derecho Penal que pueden ser empleados a fin de evaluar la
constitucionalidad de una ley, son el de culpabilidad, que a su vez contiene una serie de garantías
derivadas, a saber, la responsabilidad por el hecho, la intrascendencia de la pena, la exigencia de
dolo y culpa y la garantía de imputación personal. De igual manera, otro principio del Derecho
Penal de suma importancia a estos efectos, está constituido por el de humanidad, que excluye o
proscribe el establecimiento de penas crueles, inhumanas o degradantes.
En el ámbito judicial venezolano también hemos tenido casos en que por vía del control difuso de
la constitucionalidad, se ha cuestionado el contenido de normas penales. En este sentido, tenemos
la sentencia N° 940, del 21 de mayo de 2007, dictada por la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, con ponencia de la Magistrada Carmen Zuleta de Merchán, con base en la
potestad revisora que le atribuye el artículo 336.10 de la Constitución. En este caso, dicha Sala
examinó la decisión dictada por un Juzgado de Primera Instancia en Funciones de Ejecución, en la
cual se desaplicaron por control difuso de la constitucionalidad, los artículos 13.3 y 22 del Código
Penal reformado en el año 2000, que establecen la pena de sujeción a la vigilancia de la autoridad
(como pena accesoria de la pena de presidio), por considerarlos contrarios al derecho a la igualdad
y a la no discriminación, así como también a la prohibición de penas infamantes. En esa sentencia,
la Sala Constitucional declaró ajustada a derecho la desaplicación efectuada por el Juzgado de
Ejecución, pero por razones distintas a las invocadas por este último, a saber, consideró que la
referida pena es contraria al derecho a la libertad personal.