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Jornadas académicas elecciones en Argentina, siglos XIX Y XX

Título del trabajo: Cámpora: De Perón al poder. La campaña electoral en los diarios
Autor: Boetto, María Belén (UNTREF)

Introducción
El presente trabajo tiene por objeto analizar el derrotero de la campaña electoral
llevada adelante por el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), entre los meses de
enero y marzo de 1973, para propiciar la elección de la fórmula integrada por Héctor José
Cámpora y Vicente Solano Lima. Con tal fin, los límites temporales del artículo se
establecieron entre el 15 de diciembre de 1972 -fecha en la que el Congreso Nacional del
Partido Justicialista (PJ) definió el binomio electoral- y el 11 de marzo de 1973 -fecha en
que la fórmula antedicha resultó electa con el 49,5% de los votos-. Este recorte analítico y
temporal se ha definido de tal manera por dos razones; en primer lugar, porque las
coyunturas electorales son momentos políticos de gran dinamismo y significatividad, ya que
allí confluyen y se despliegan, en un período relativamente concentrado de tiempo, los
problemas y las discusiones centrales que atraviesan la sociedad y en segundo lugar, porque
la coyuntura electoral de 1973 contiene en sí misma una serie de particularidades
relacionadas con la reincorporación del peronismo al juego electoral.
Debido a las cláusulas restrictivas formuladas por el gobierno militar 1 que impedían
a Perón presentarse como candidato del Partido Justicialista, su participación se efectivizó a
través de la fórmula encabezada por quien era entonces la máxima autoridad del
Movimiento Nacional Justicialista (MNJ) en el país 2. Cámpora fue electo presidente el 11 de
marzo de 1973 y detentó el cargo entre el 25 de mayo y el 13 de julio de ese año. Sin
embargo, ocupa un lugar secundario en la historiografía relativa al “tercer peronismo” o
“peronismo setentista” (1973-1976)3. Los escasos 49 días que permaneció en el poder y el
carácter vicario asignado a su persona –como delegado de Perón– y a su gestión –expresado
en el lema de campaña, “Cámpora al gobierno, Perón al poder”– contribuyeron a reforzar su

1
El 7 de julio de 1972 el Gral. Lanusse hizo pública la cláusula de residencia que establecía la prohibición de
participar como candidato a cualquiera que se encontrara fuera del país antes del 25 de agosto de ese mismo
año. De la misma manera, incluía la exclusión de candidatos militares abjurando él mismo de su posible
participación.
2
El 25 de junio de 1972, en el Congreso Nacional celebrado en el Hotel Savoy de la Capital Federal fueron
confirmadas las autoridades del Partido Justicialista: Perón fue nombrado presidente, Isabel Vicepresidente 1°
y Cámpora, Vicepresidente 2°. Siendo que Perón e Isabel residían en Madrid, Cámpora era la máxima
autoridad del Movimiento Nacional Justicialista y de su rama política, el Partido Justicialista, en Argentina.
3
Este período es así denominado por los especialistas para diferenciarlo así del “peronismo clásico” o
“histórico” (1946-1955)

1
marginalidad en las producciones académicas referidas al período. Términos como “el
interregno”, “la primavera” o “el experimento camporista”, sirven para señalar lo efímero de
su administración y expresar a la vez su sentido, al parecer unívoco: preparar el terreno para
la tercera presidencia de Perón.
Esta explicación de los acontecimientos se vincula con las características propias del
momento de producción historiográfica de la misma. Como ha señalado Marina Franco, los
efectos de la violencia extrema desatada en 1976 y de los discursos públicos que en torno a
ella se produjeron a partir del período posautoritario, impidieron pensar los tempranos
setenta en su densidad histórica4. Sin embargo, el peso que la militancia y la figura de
Héctor Cámpora juegan en la definición de identidades políticas presentes 5 parece haber
contribuido al planteo de nuevos interrogantes que conducen a un abordaje más complejo
del período, desde su especificidad y ya no (o al menos no únicamente) como antesala del
período dictatorial. En esta línea argumentativa se encuentran algunas investigaciones
recientes6 que refrendan el lugar que la política ocupaba en el inicio de una década que
parecía monopolizada por la violencia, ejercida por el Estado y desde la sociedad civil.
Estos estudios servirán para situar el proceso de normalización que con miras a la
contienda electoral, reclamada por diversos actores sociales desde 1970 7 y anunciada por el
gobierno militar en septiembre de 1971, iniciaron los partidos políticos orientando sus
esfuerzos a rescatar del letargo su estructura partidaria y a elaborar una estrategia política
destinada a lograr un objetivo prioritario: hacerse con el ejercicio del poder.

4
Franco, Marina (2008) “Notas para una historia de la violencia en Argentina: una mirada desde los discursos
del período 1973-1976” en Nuevos Mundos Mundos Nuevos, debates (en línea 2606/2012,
http://nuevomundo.revues.org/43062)
5
De 2003 a esta parte, la figura del ex presidente ha cobrado relevancia pública debido, en gran parte, a la
reivindicación que de él se ha hecho desde los órganos de poder: la creación en 2006 de la agrupación juvenil
“La Cámpora”, conducida por Máximo Kirchner hijo del entonces presidente argentino Néstor Kirchner, así
como la realización de actos públicos destinados a “rescatar del olvido” la figura de Héctor Cámpora, entre
otras medidas, han contribuido a plantear nuevos interrogantes y complejizar la resolución de los ya existentes.
Cfr. Clarín, 10/03/201.
6
Trabajos como los de Ladeuix, Juan Iván (2010) "Entre la institucionalización y la práctica. La normalización
del Partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires. 1972 – 1973." En Historia política (Disponible
05/06/2012, on line http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/jornadas/ladeuix.pdf) y Salcedo, Javier (2011)
Los montoneros del barrio, Buenos Aires: EDUNTREF constituyen aportes significativos que colocan al
Partido Justicialista y a las organizaciones armadas, respectivamente, en apuestas políticas mayores que
exceden (aunque en algunos casos incluyen) el ejercicio de la violencia.
7
A través de iniciativas multipartidarias como La Hora del Pueblo (noviembre de 1970) o frentistas, como el
Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA, febrero de 1972); ambos constituyen antecedentes
directos del FREJULI y fueron incentivados en gran medida por el peronismo. Cfr. Bozza, Juan Alberto, “Las
artes del asedio y de la negociación. Perón y el lanzamiento del Frente Cívico de Liberación Nacional” en
Pucciarelli, Alfredo (1999) La primacía de la política. Lanusse, Perón y la Nueva Izquierda en tiempos del
GAN, Buenos Aires: EUDEBA, pp. 117 a 166.

2
Integrado en un frente electoral amplio8, el PJ organizó su actividad proselitista en
función de una premisa central, “ganar la calle”, que tuvo como actor fundamental a la
Juventud, recientemente incorporada al MNJ9. Correspondió a ella instrumentar el “carácter
barrial, lumpenesco y contestatario”10 que, según Miguel Ángel Bonasso, adquirieron los
actos realizados en diversas ciudades del país durante la campaña electoral. Los diarios, en
especial La Opinión por el vínculo estrecho que algunos de sus miembros tenían con el
FREJULI11, reflejaron la intensidad del clima pre-electoral que se vivió en los primeros
meses de 1973 durante los cuales no todo fue batir de parches. Los actos de campaña
estuvieron también signados por el enfrentamiento, entre los sectores juveniles y los sectores
sindicales12 del Movimiento, que anticipó a los que se produjeron en forma desembozada
cuando el peronismo se convirtió nuevamente en un Partido de Estado13.
A partir de la lectura de estas fuentes, se analizarán los sentidos que los actores
implicados (la Juventud, el sindicalismo, Cámpora y el propio Perón) asignaron al proceso
electoral y a la violencia como mecanismo de intervención política. Por úú ltimo, se búscaraú
problematizar la cronologíúa del enfrentamiento entre la izqúierda y la derecha del
peronismo, sostenido en las interpretaciones divergentes que éstas hacían respecto del rol
que deberían jugar dentro del Movimiento y como agentes implicados en la construcción de
la nueva Argentina que advendría con la llegada del FREJULI al gobierno14.

8
El FREJULI estaba integrado por el PJ, el Partido Conservador Popular (PCP) de Vicente Solano Lima, el
Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) del ex presidente Arturo Frondizi, el Partido Popular Cristiano
(PPC) de José Allende, una rama del socialismo conducida por José Selser y siete partidos neoperonistas
provinciales.
9
Luego del acto de unificación de la Juventud Peronista (JP) celebrado en la Federación de Box el 9 de junio
de 1972, el 25 del mismo mes fue institucionalizada como la cuarta rama del MNJ a través de la incorporación
de representantes al Consejo Superior.
10
Bonasso, Miguel (1997) El presidente que no fue, Buenos Aires: Planeta, pp. 360 y 374.
11
Nos referimos particularmente a Miguel Bonasso, Julio Bornik, Andrés Zavala y Nicolás Casullo. A
excepción de Bornik, militante de la JP, todos los demás formaban parte de la organización Montoneros. Cfr.
Ramírez, Ana Julia “Un cruce de palabras: La Opinión frente a las elecciones del ‘73” en Pucciarelli, Alfredo
(1999) Ob. Cit., pp. 313 a 350.
12
Ladeuix registró enfrentamientos en Bahía Blanca, Mar del Plata, Necochea, San Martín y Vicente López.
Ladeuix, Juan Iván (2010) Ob. Cit., p. 15.
13
Los incidentes generados en ocasión del regreso de Perón, el 20 de junio de 1973, en Ezeiza son el ejemplo
cabal de ello.
14
Como se verá a lo largo del trabajo, en los primeros setenta los objetivos de “liberación y reconstrucción
nacional” que darían origen a una “nueva Argentina” eran compartidos por la totalidad del espectro político.
Sin embargo, los contenidos de estos términos variaban considerablemente dependiendo quien los enunciara.
Cfr. Lenci, María Laura “Cámpora al gobierno, Perón al poder. La tendencia revolucionaria del peronismo ante
las elecciones del 11 de marzo de 1973” en Pucciarelli, Alfredo (1999) Ob. Cit., pp. 167 a 201.

3
1. 1972: entre botas y votos

En 1971 se inició el tiempo político15, puesto en suspenso por el gobierno de facto de


la Revolución Argentina desde 1966. Sin cohesión interna y desbordados por la
movilización popular, los militares decidieron buscar una salida que les permitiera
sobreponerse a los cuestionamientos de los que estaban siendo objeto. Luego de sancionar el
Estatuto de los Partidos Políticos y la Ley Orgánica de Partidos, convocaron a elecciones
para el año 1973. El peronismo, impelido por la legislación promulgada 16, encaró un proceso
de reestructuración partidaria destinado a encuadrar su Movimiento dentro de los límites
impuestos por la actuación política. La normalización implicó para el PJ un proceso mucho
más arduo y complejo que para las restantes fuerzas debido a la proscripción que pesaba
sobre él desde hacía 16 años y a su amplia concepción movimentista que permitía la
captación de sectores sociales heterogéneos.
Las disposiciones tendientes a su reorganización, puesto que Perón permanecía aun
en el exilio, se transmitieron mediante los canales ya habituales: las cartas, las cintas
magnetofónicas y la representación remota institucionalizada en la figura del Delegado.
Todos estos mecanismos de comunicación fueron pensados por el conductor como una
alternativa para remediar la distancia física existente entre él y el colectivo al que se dirigía
y retener, en condiciones de debilidad y marginalidad política, la operatividad de su
liderazgo17. Esto generó una situación en la que los destinatarios de estos mensajes, no
siendo testigos de la enunciación, pudieron interpretar libremente su contenido 18, predicado
a su vez en sentido ambiguo. Como señala Liliana De Riz, cada peronista tenía su propio
Perón19 lo cual permitió al Movimiento incrementar el número de adherentes y de
15
Al tomar el poder, la Revolución Argentina no fijó para sí plazos; su estructura de acción se ordenó en tres
tiempos: el tiempo económico, el tiempo social, el tiempo político. Éste habría de ser el último en ser puesto en
marcha.
16
Para Ladeuix, la normalización del Partido no fue producto de una iniciativa partidaria. Tampoco se
encontraba en los planes del General Perón sino que se inserta en la coyuntura del plan político diseñado por
Lanusse. Ladeuix, Juan Iván (2010) Ob. Cit., pp. 4-5.
17
Samuel Amaral ha descrito estos mecanismos como el resultado de la decisión del conductor empecinado en
recuperar su hueste. Amaral, Samuel; Plotkin, Mariano (1993) Perón del exilio al poder, Buenos Aires,
Cántaro. En este sentido, resulta valioso el trabajo realizado por Julio César Melón Pirro en un libro de reciente
publicación que es, a su vez, un extracto de su tesis doctoral presentada en 2005. En él, su autor indaga sobre
las capacidades reales de Perón en el exilio y sobre la injerencia que tiene sobre la política local y sobre un
partido que después de 1955 comenzó a recorrer un camino de sentido inverso al de su formación. Cfr. Melón
Pirro, Julio César (2009) El peronismo después del peronismo. Resistencia, sindicalismo y política luego del
’55, Buenos Aires: Siglo XXI; Melón Pirro, Julio César (2005) El peronismo después del peronismo. Entre la
política de resistencia y la resistencia de la política, 1955 – 1960, Tesis de Doctorado, UNCPB.
18
Sigal, Silvia; Verón, Eliseo (2003) Perón o muerte: los fundamentos discursivos del fenómeno peronista,
Buenos Aires: EUDEBA, pp. 101 a 143.
19
De Riz, Liliana (2007) Ob. Cit., p. 103.

4
simpatizantes con los que contaba e incorporar segmentos de la sociedad que hasta entonces
le habían sido adversos, como los intelectuales y amplias franjas de la clase media. A partir
de su retórica nacionalista y combativa, opuesta a la dictadura militar, el peronismo atrajo
también a una parte de la juventud radicalizada, que adhirió a él como una forma de
congraciarse con el pueblo a quien esperaba representar constituyéndose en vanguardia.
Aunque portadora de poderosos impulsos heterónomos, la Juventud Peronista dotó al
peronismo de una extraordinaria capacidad de movilización.
El clima de ingobernabilidad política existente a principios de la década del setenta 20,
favoreció la ampliación de los recursos y las condiciones del liderazgo de Perón para que
éste se proyectara sobre sectores cada vez más extensos de la sociedad, como encarnación
militante de una multiplicidad de descontentos. De tal manera, el peronismo se incorporó a
la vida político-institucional del país concentrando alrededor de sí los principales
cuestionamientos del período21, que se definieron y se plantearon por o a través suyo. A
partir del diálogo interpartidario generado en el espacio de La Hora del Pueblo y de la
estrategia frentista puesta en marcha con la formación del Frente Cívico de Liberación
Nacional (FRECILINA), Perón fue reconocido como actor político legítimo a la vez que
logró maximizar su predicamento posicionándose como interlocutor necesario frente al
gobierno militar22.
Puesto nuevamente en “el corazón de las cosas” 23, las acciones tendientes a la
negociación con la Revolución Argentina fueron reemplazadas por la confrontación abierta.
A este cambio de coyuntura respondió la reestructuración del Consejo Superior del MNJ,
20
Entre las causas de este clima de ingobernabilidad pueden mencionarse: 1) la endémica inestabilidad
institucional del régimen político argentino, caracterizado por las constantes interrupciones del régimen
democrático; 2) la persistente crisis de legitimidad, desde 1955 en adelante, debida a la participación electoral
limitada; 3) el deterioro de la economía nacional y 4) la redistribución regresiva del ingreso nacional. A estos
elementos, se sumaron a fines de la década del ’60, la radicalización política y los movimientos contestatarios
y revolucionarios que invocaban, en muchas oportunidades, el nombre de Perón. Cfr. Bozza, Juan Alberto
(1999) Ob. Cit., pp. 117 a 166; De Riz, Liliana (2007) Historia argentina 8: La política en suspenso (1966-
1976), Buenos Aires: Paidós, pp. 92 a 108.
21
Entre los principales cuestionamientos se encuentra el lugar que habrían de tomar las Fuerzas Armadas, en la
transición democrática y en el gobierno que resultara de la contienda electoral y la economía argentina, para
superar la crisis inflacionaria, el endeudamiento público excesivo y la retracción de la participación del salario
en el ingreso nacional.
22
Cfr. Bozza, Juan Alberto (1999) Ob. Cit., pp. 117 a 166.
23
Esta frase es tomada por Marianne González Alemán de Clifford Geetz para explicar la manera en que
Perón, durante su estadía en Buenos Aires entre el 17 de Noviembre y el 14 de Diciembre de 1972, se convirtió
en el centro de la política nacional. Mientras ella utiliza esta expresión para explicar la ocupación del espacio
que permite -en condiciones inéditas debido a la participación de la Juventud- la recomposición del carisma de
Perón hacia adentro de su Movimiento, aquí se utiliza para referir a la centralidad que Perón adquiere en la
definición de apuestas políticas por parte de las demás fuerzas y del gobierno militar. González Alemán,
Marianne (2008) “Le premier retour de Perón : charisme et mobilisation populaire en novembre 1972”
en Nuevo Mundo Mundos Nuevos (Disponible 06/07/2012, on line http://nuevomundo.revues.org/39102 ;
DOI : 10.4000/nuevomundo.39102)

5
iniciado con el nombramiento de Héctor Cámpora como nuevo delegado de Perón en
noviembre de 1971 y seguido por la reorganización e integración de las distintas ramas
durante la primera mitad de 197224. El proceso culminó con el reparto equitativo de cargos
para cada una de ellas y la designación de autoridades partidarias en el Congreso celebrado
el 25 de junio en el Hotel Savoy25. Los conflictos que surgieron entonces, originados en la
pluralidad de voces que atravesaba el Movimiento, se resolvieron bajo el esquema de la
conducción personalista y la organización verticalista, postergando el debate ideológico que
tensaba las relaciones entre sus integrantes.
Fue Cámpora el encargado de llevar adelante este proceso, conjuntamente con una
campaña de afiliación masiva. Perón le encomendó además, la realización de otros dos
objetivos: “preparar su regreso a la República Argentina y promover sin descanso la unidad
de las fuerzas políticas comprometidas sanamente con los intereses del Pueblo y de la
Nación”26. Para cumplimentar con el primer requerimiento, en agosto de 1972, se lanzó la
campaña “Luche y vuelve” la cual consistió en una gira de las autoridades del MNJ por el
interior del país. Esta primera recorrida, permitió la solución de los conflictos que
enfrentaban a los miembros de las 62 Organizaciones con las conducciones provinciales del
Partido27. Según el testimonio de Cámpora, fueron “la fuerza vigorosa y la voluntad
inquebrantable del pueblo trabajador y de la juventud”28 las que le permitieron llevar a cabo
con éxito la tarea asignada por el líder justicialista. La calle se transformó, mediante la
realización de actos y de pintadas, en un espacio a ocupar. A ello contribuyeron también las
acciones armadas ejecutadas por los sectores radicalizados del Movimiento, que lejos de
cesar se encaminaron a hacer efectivo el retorno reclamado por el conglomerado peronista 29

24
El congreso de la rama femenina se realizó en el estadio de Boca Juniors el 14 de diciembre de 1971 estando
Isabel presente en Argentina. La Juventud por su parte, realizó su acto de unificación en la Federación de Box
el 9 de junio de 1972; frente a la gran cantidad de concurrentes (cerca de 100.000 personas) Cámpora en
persona y Perón mediante un mensaje grabado saludaron la organización de la rama juvenil. La rama sindical
fue la última en reestructurarse; atravesada por fracturas internas el 6 de julio de 1972 mediante la realización
de un Congreso fue abalada la conducción cegetista vinculada al sindicalismo tradicional de las 62
Organizaciones.
25
Debido a que no fueron atendidos sus reclamos para ocupar el 50% de los cargos, las 62 decidieron no
participar momentáneamente de la conducción partidaria. El sector gremial no designó autoridades aunque en
su seno comenzaron a surgir discrepancias sobre el mantenimiento de esta decisión. Los cargos que le
correspondían a la rama sindical en el Consejo Superior del MNJ quedaron vacantes.
26
Cámpora, Héctor José (1975) Cómo cumplí el mandato del Perón, Buenos Aires: Quehacer Nacional, p.19.
27
Según Ladeuix este sería el caso de Córdoba, Corrientes, La Rioja, Mendoza, Buenos Aires y San Juan.
Ladeuix, Juan Iván (2010) Ob. Cit., p. 9.
28
Cámpora, Héctor José (1975) Ob. Cit., p. 42. Según Esteban Langhi, el “Luche y Vuelve” marcó el inicio de
la “unión táctica” entre Cámpora y Montoneros que se extendió hasta marzo de 1973. Durante este período, los
intereses de la JP (ya claramente hegemonizada por la línea política que bajaba Montoneros) y los de Cámpora
habrían alcanzado una identidad común. Langhi, Esteban (2008) Montoneros-Cámpora. Un encuentro
histórica, Buenos Aires: Libros del sur, p. 86.

6
y consentido por la totalidad del espectro político que, por distintas razones, consideraba a
Perón un elemento necesario en el proceso de transición democrática.
Presentándose a sí mismo como “prenda de paz”, Perón regresó al país el 17 de
noviembre de 1972 en medio de un operativo policial de gran magnitud organizado por el
gobierno de facto para evitar concentraciones multitudinarias que pudieran contribuir al
reestablecimiento del carisma del líder justicialista 30. Si bien el “argentinazo” –repetición
ritualizada del 17 de octubre de 1945– no se produjo, durante 28 días la casa situada en la
calle Gaspar Campos del Partido de Vicente López se convirtió en el centro de incesantes
peregrinaciones. La tranquilidad habitual del lugar pronto se vio conmovida por el accionar
de los contingentes juveniles que, por ser los más numerosos, pronto aparecieron como los
anfitriones de las jornadas. Mientras que durante el día estampaban sus consignas en las
paredes de las casas aledañas y arrojaban agua de los techos para hacer a la multitud más
soportable el intenso calor, durante la noche dormían en jardines o terrenos baldíos
convirtiendo su estadía en una especie de vigilia sonante que se transformaba en algarabía
cuando el líder asomaba al balcón para saludar a la gente allí congregada.
Durante su permanencia en el país, Perón se entrevistó con los representantes de las
principales fuerzas para ratificar los compromisos adquiridos en función de la restauración
de la competencia política irrestricta y diseñó un Frente multipartidario, el FREJULI,
orientado a instrumentalizar la participación electoral del PJ. De esta manera, los tres
objetivos establecidos al momento de la designación de Cámpora como delegado se habían
cumplido hacia finales de 1972.

2. Cámpora: de Perón al poder


2. A. Cámpora y Solano Lima los hombres del Frente y de Perón

Para designar los nombres de los candidatos que integrarían la boleta del FREJULI,
el 13 de diciembre, un día antes de regresar a Madrid, Perón se reunió con el Secretario del

29
Según Salcedo, ya por entonces comienzan a producirse tensiones en Montoneros resultado de la dualidad
que significaba ser una organización militar y pretender ser, a la vez, política y de masas. En un mismo sentido
Bozza afirma que a medida que se afianzaba la opción electoralista, las organizaciones armadas peronistas más
intransigentes comenzaron a mostrar un enfriamiento en su relación con el Perón. Bozza, Juan Alberto (1999)
Ob. Cit., pp. 155 y 56; Salcedo, Javier (2011) Ob. Cit., p. 140.
30
El análisis que sigue esta tomado de González Alemán, Marianne (2008) Ob. Cit. Es interesante la salvedad
que allí hace respecto de los encuentros líder/masa durante el peronismo clásico: mientras que en la mitología
peronista tradicional el pueblo se mostraba atento y receptivo de la palabra de Perón jugando un rol pasivo, la
Juventud, protagonista en esta oportunidad del encuentro, reclama para sí un rol activo que le permita exceder
el lugar de simple espectadora.

7
MNJ Juan Manuel Abal Medina31. Allí fijó posición respecto de quienes, a su entender,
deberían ser los hombres del Frente para la próxima contienda electoral. La nominación de
Cámpora para el cargo de presidente respondió a tres factores: en primer lugar, a su
militancia histórica en el PJ y a su lealtad, elementos que permitían la representación vicaria
del líder32; en segundo lugar, al éxito obtenido en la puesta en marcha de la estructura
partidaria y por último, a su cercanía con la JP dueña por entonces de la mayor capacidad de
movilización dentro del Movimiento33. Respecto del cargo de vicepresidente, Perón se
manifestó por Solano Lima debido a las buenas relaciones que, al interior del frente
electoral, tenía sus partidos. Aunque su pronunciamiento no tenía más que valor de opinión,
el líder justicialista esperaba que sus decisiones fueran ratificadas por las cuatro ramas del
PJ en el Congreso que se llevó a cabo el 15 de diciembre en el Hotel Crillón de la Capital
Federal.
El encuentro partidario transcurrió en medio de conflictos generados por la enconada
resistencia que la aprobación de la fórmula Cámpora-Solano Lima suscitó por parte de
algunos sectores del Movimiento34. Como era habitual, las discrepancias que surgieron en su
seno trataron de resolverse mediante el acatamiento de la conducción personalista y
verticalista de Perón. Sin embrago, resultaba cada vez más evidente que este procedimiento
aplicado antes con éxito, se mostraba ineficaz para dirimir los enfrentamientos que
comenzaron a plantearse en forma abierta cuando las elecciones abandonaron la condición
de posibilidad y se convirtieron en una certeza. Lo provisorio del acuerdo logrado en el
Congreso del Crillón quedó expuesto al día siguiente cuando en el Congreso del PJ
31
Juan Manuel Abal Medina, hermano de Fernando Abal Medina (integrante de la línea fundadora de
Montoneros), había sido designado por Perón Secretario del MNJ en noviembre de 1972. Muchos entendieron
esta nominación como una señal de apoyo dada por el líder justicialista a los “duros” del Movimiento. Sin
embargo, Ladeuix señala que podrían haber existido otras razones que explicaran su incorporación. Bonasso,
por su parte, aporta un dato de color al señalar que aunque ocupó en numerosas oportunidades posiciones de
privilegio en instancias partidarias no estaba afiliado al PJ. Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., p. 341; Ladeuix,
Juan Iván (2010) Ob. Cit., pp. 9 y 10.
32
Entre los posibles candidatos, Bernetti ubica también a Jorge Taiana y Antonio Cafiero. Mientras el primero
fue apenas insinuado por un grupo de amigos personales, el segundo fue promovido por el centro del
sindicalismo. La idea de Perón era que el elegido se identificara lo más posible con él, condición descartaba a
Cafiero debido al estado público que tomaron sus conversaciones con Lanusse y favorecía a Cámpora.
Bernetti, Jorge (2011) El peronismo de la victoria, Buenos Aires: Colihue: Centro Cultural de la Memoria
Haroldo Conti, pp. 55 a 57.
33
El grado de cercanía que Cámpora tenía con los contingentes juveniles no permite hablar de una “alianza
orgánica”. Por el contrario, su relación parece insertarse dentro de la estrategia de confrontación adoptada por
Perón en los meses previos a las elecciones. Cfr. Langhi, Esteban (2008) Ob. Cit., p. 108 y 109.
34
Algunos sectores del sindicalismo (acaudillados por Coria) con el apoyo de Manuel Anchorena, de Guardia
de Hierro y del CdeO, solicitaron que se consultara a Perón acerca de la posibilidad de proclamar su
candidatura. Con tal fin, proponían enviar una comitiva a parlamentar con él en Paraguay. Abal Medina
propuso entonces que la consulta se realizara vía telex. Una vez que el Secretario logró imponer su moción se
envió la misiva a Perón que respondió como estaba previsto que declinaba honrosamente el ofrecimiento y
convocaba a “seguir las instrucciones del compañero Abal”. Para una crónica minuciosa del episodio Cfr.
Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., pp.340 a 343; Bernetti, Jorge (2011) Ob. Cit., pp. 60 a 64.

8
bonaerense, realizado en la sede de la UOM en Avellaneda, estallaron nuevas disidencias en
torno al binomio propuesto para la gobernación35. Su solución exigió la adopción de
enérgicas medidas por parte de la conducción táctica del Movimiento, cuyas dos principales
figuras eran Cámpora y Abal Medida. Santiago del Estero, Santa Fe y Buenos Aires
debieron ser intervenidas y en esta última, fueron expulsados los líderes acaudillados.

2. B. La campaña electoral

En los primeros meses de 1973, comenzaron a definirse las candidaturas y la


composición que tendrían las listas a lo largo del país y el perfil que se daría a la campaña
electoral. Respecto del primer punto, cabe señalar que la orden emanada de Madrid instando
a la conformación de listas únicas, no logró cumplimiento efectivo en 22 distritos del Gran
Buenos Aires pertenecientes a la primera y a la segunda sección electoral, a la vez que se
registraron dificultades en las provincias de Tucumán, Santa Fe, Santiago del Estero y
Jujuy36. El perfil de la campaña, por su parte, se ubicó en una línea de confrontación con el
gobierno militar delineada meses atrás. Los discursos encendidos, pronunciados por los
candidatos desde las tribunas montadas a lo largo y a lo ancho del país, se correspondían con
la nueva sensibilidad exhibida por una parte de la clase media. La apelación a la “liberación
nacional” que impregnó los discursos de todas las fuerzas y el carácter reformista que
imprimieron a sus plataformas electorales al menos seis de las nueve coaliciones inscriptas,
dan cuenta de ello37.
Los medios se transformaron en un formidable termómetro que reflejó con gran
precisión el debate público que se desarrollaba en la sociedad. Así como Radio Rivadavia y
Radio del Plata dedicaron sendas emisiones, publicitadas a su vez desde las páginas de los
diarios, a explicar a los votantes la novedad del Ballotage y a informar sobre las plataformas
políticas y la campaña de cada partido, su seguimiento adquirió también centralidad en las

35
En esta ocasión, Abal Medina fue expulsado del recinto del Congreso al cual había concurrido para asegurar
la imposición de la fórmula sugerida por Perón, debiendo huir de Avellaneda perseguido por un grupo de
pistoleros frente a la ausencia de custodia policial. El conflicto terminó con la expulsión de Manuel Anchorena
y la intervención del PJ bonaerense. Para un relato detallado de los acontecimientos Cfr. Ladeuix, Juan Iván
(2010) Ob. Cit., pp. 13 a 16; Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., pp. 344 a 346; La Opinión 17/12/1972.
36
Para una lista completa de los distritos en cuestión Cfr. La Opinión, 21/1/1973. Resulta paradigmático el caso
de Moreno referido por Salcedo en su investigación, en donde los problemas no se pudieron (o no se quisieron)
resolver mediando incluso una intervención. Salcedo, Javier (2011) Ob. Cit., p. 144. En algunos municipios
donde se oficializaron las listas, la designación de candidatos no estuvo exenta de problemas (Por ejemplo en
Marcos Paz, Tres Arroyos, Chivilcoy, San Martín, entre otros) Ladeuix, Juan Iván (2010) Ob. Cit., pp. 14 y 15.
Respecto de la situación en el interior del país Cfr. La Opinión, 06/01/1973; 07/01/1973; 11/01/1973 y
13/01/1973.
37
Cfr. La Opinión, 20/01/1973.

9
páginas de Clarín, La Opinión y La Razón38. La “gira caliente y multitudinaria” del
FREJULI39, se inició el 21 de enero de 1973 bajo una consigna: “ganar la calle”. Esta
decisión se fundamentó por un lado, en la tradición del peronismo que priorizaba el
encuentro directo líder/masa por sobre las apelaciones mediatizadas y por otro lado, en la
limitación que encontró para difundir su mensaje a través de los medios masivos de
comunicación, a causa de la presión oficial que se ejercía sobre ellos y de los insuficientes
recursos económicos de los que disponía40. A ello se sumaba el carácter plebiscitario que
históricamente el peronismo asignó a las elecciones. Éstas constituían una ocasión que
permitía al líder confirmar sus dotes de conductor y la legitimidad que le confería su genio
político41.
Para la ejecución de esta estrategia, se montó una Secretaría de Prensa en la
interjección de las calles Oro y Santa Fe. La misma fue dirigida por el periodista Miguel
Bonasso y tomó parte en el diseño de la imagen del candidato presidencial y en la difusión
de la plataforma electoral. A ella correspondió también informar sobre la marcha de la
campaña a través de la confección de un boletín diario, redactado por la delegación capital
en base a los reportes que enviaba el “comando móvil” a cargo del periodista Jorge
Bernetti42.
Dueños de un estilo informal, los candidatos tomaron “contacto directo con el
Pueblo, mediante movilizaciones y concentraciones populares”43. La primera de ellas se
llevó a cabo en San Andrés de Giles, en un clima que Bonasso describe como “de feria
pueblerina y de quermés, de doma y de asado con cuero, que se fue encrespando y
metaformoseando en acto combativo a medida que maduraba la mañana” 44. Allí Cámpora,
exaltado y en mangas de camisa, repitió el discurso que pronunció el día anterior en la
38
Cfr. por ejemplo, avisos publicitarios de las emisoras mencionadas publicados en La Opinión, 11/2/1973 y
17/2/1973. Sobre el rol que jugaron los medios en el curso de la campaña electoral: La Opinión, 25/1/1973,
4/2/1973, 14/2/1973, 22/2/1973 y 3/3/1973
39
Nueva Plana, Año 1, Nº 15.
40
Sobre la restricción de la libertad de prensa, Cfr. La Opinión, 24/2/1973 y Cámpora, Héctor José (1975) Ob.
Cit., p. 60. Sobre los recursos económicos limitados, Cfr. Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., p. 377.
41
De Riz, Liliana (2007) Ob. Cit., pp. 93 y 94; Halperín Donghi, Tulio (1994) La larga agonía de la Argentina
peronista, Buenos Aires: Ariel.
42
El autor refiere que la Secretaría de Prensa a su cargo, estaba en competencia con una “Comisión de
propaganda” en la que convivían representantes de distintas generaciones y posiciones ideológicas. Entre
ambos organismos, habría existido una disputa desde el punto de vista de la comunicación social, entre un
esquema publicitario convencional y el aporte abierto por la JP (vinculada con la Secretaría) que “usaba miles
de ‘creativos’ anónimos (profesionales y amateurs) siguiendo la sabia prescripción de ganar la calle”. Cfr.
Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., pp. 359 y 360, 373 a 376. Respecto de los referidos boletines, no se tiene
mayor información. Su escasa difusión y el desconocimiento que de ellos se tiene en medios académicos,
conduce a pesar que se trataría de documentos de circulación interna. No obstante, consultado sobre este punto,
Jorge Bernetti refirió que el objetivo de los boletines era informar a la prensa sobre el curso de la campaña.
43
Cámpora, Héctor José (1975) Ob. Cit., p. 60.
44
Bonasso, Miguel (1997) Ob. Cit., p. 367.

10
presentación de las Pautas Programáticas realizada en el Hotel Crillón: “Voy a llegar al
Gobierno en virtud de un mandato que ustedes conocen. No lo he buscado ni querido, pero
lo he recibido modestamente y lo cumpliré con energía hasta el final” 45. Definía así el
leitmotiv de su campaña, que inspiró también la confección de los afiches partidarios en los
que se reproducía su imagen acompañada de una sola palabra: “lealtad”.
Su vestimenta austera (compuesta por un pantalón claro, una camisa de mangas
cortas por lo general azul y mocasines sin medias) y el trato amable y cercano que
dispensaba a sus seguidores, crearon una imagen popular del candidato que los medios
presentaron como su mayor capital:
Cámpora por ejemplo, da la mano o abraza a todos quienes quieren saludarlo. En un
bar o en un restaurante antes de servirse, saluda previamente a todos los mozos y
empleados. Idéntica actitud adopta con los camareros de Hotel, choferes, etc. Su
actitud con las fuerzas de seguridad y policiales es, en cambio diferente. No saludó
por lo general a los policías destinados a su custodia y cuando los agentes tendieron,
en algunos casos, cordones a su paso los quebró mezclándose con sus partidarios 46.

A través de una entrevista publicada en Panorama, se lo presentó también como un


político de experiencia47. Allí, Cámpora destacó su militancia universitaria en la ciudad de
Rosario, relató el modo en que conoció a Perón y las razones por las cuales se vinculó a su
Movimiento. Mencionó la aclamación popular que lo convirtió en el referente de su comuna
y recordó su actuación en el Congreso Nacional, refiriéndose particularmente a las “buenas
relaciones” que mantuvo con la Unión Cívica Radical y en especial con dos de sus
referentes, Frondizi y Balbín. Estas definiciones en primera persona tenían una
intencionalidad clara. Insertas en el marco de una política de entendimiento entre los dos
partidos, vigente al momento de redacción de la entrevista, buscaron legitimar al candidato
frente a distintos actores. Mientras su vinculación con los orígenes del Movimiento lo
acercaba a los “históricos” y lo mostraban como un político acostumbrado a buscar respaldo
en el apoyo popular, la referencia a su militancia estudiantil interpelaba directamente a la
Juventud.
A ésta última correspondió un lugar central en las concentraciones partidarias. Su
ventaja comparativa estaba dada por su creciente capacidad de convocatoria, en un momento
en que la CGT y los sectores tradicionales tenían escasa capacidad para realizar
movilizaciones masivas. La presencia de sus columnas y la intransigencia que exhibieron
sus consignas y sus estribillos, imprimieron a la gira del Frente un tono fuertemente

45
Cit. en Cámpora, Héctor José (1975) Ob. Cit., p. 9 (destacado en el original)
46
La Opinión, 7/3/1973.
47
Panorama, 25/1/1973; reproducida parcialmente en Bernetti, Jorge (2011) Ob. Cit., pp. 65 y 66.

11
izquierdizante que los candidatos trataron de morigerar sólo cuando, en febrero de 1973, la
proscripción de la fórmula pareció probable48. Aunque numerosos autores señalan que la
radicalización del discurso de los sectores “camporistas” y su “alianza” con los sectores de
la Tendencia se debió a que carecían de peso efectivo dentro del Movimiento 49, no parece
adecuado presentar esta opción táctica como extraña o independiente de la estrategia de
Perón, que en numerosas entrevistas señaló estarse preparando para “otra cosa” en caso que
las elecciones no se llevaran a cabo a la vez que ratificó su apoyo a los sectores juveniles:
“La lucha está en manos de la juventud […] soy un soldado y un padre que experimenta la
alegría de ver el triunfo de sus hijos”50. Asimismo, resulta cuestionable la existencia del
“camporismo” como una facción organizada o una alianza definida ideológicamente puesto
que no parece haber existido como tal fuera del discurso de quienes lo utilizaron como
elemento de descalificación con la intensión de ganar posiciones en la lucha interna del
Movimiento51.
La disputa por la ocupación del espacio público que enfrentó a la Juventud Peronista
con otros sectores del Movimiento durante la coyuntura electoral, se correspondía con la
discusión que se gestaba en este mismo sentido, puertas adentro del mismo. El llamado a
elecciones y su realización, revistió distintos significados para los actores implicados:
“Todos querían una Nueva Argentina. Para algunos esto significaba el logro de una
versión idealista de los postulados de justicia social, independencia económica y
tercera posición en materia de política exterior. Otros veían en el peronismo una
herramienta para construir una sociedad de tipo marxista. Había otros que
abiertamente rechazaban al peronismo y adherían a la revolución” 52.

En el seno de las organizaciones armadas peronistas, las discusiones se multiplicaron


respecto de la conveniencia de articular o no su acción con una política electoralista. La
lucha armada era la metodología que permitiría la concreción de su objetivo final, la
construcción del socialismo nacional, entendido como etapa superadora del peronismo. No
obstante, la aceleración y la incertidumbre de la coyuntura, como señala María Laura Lenci,

48
Desde los primeros días de febrero de 1973, comenzaron a circular en los periódicos noticias referidas a la
posible proscripción del FREJULI. Su lema de campaña “Cámpora al gobierno, Perón al poder” le permitió al
gobierno levantar una imputación (contemplada por el artículo 13 de la Ley 19.108) respecto de la violación
presunta del artículo 22 de la Constitución Nacional y del artículo 25 de la Ley 19.102. Cfr. La Opinión,
6/2/1973.
49
Cfr. Lenci, María Laura “Cámpora al gobierno, Perón al poder. La Tendencia Revolucionaria del peronismo
ante las elecciones del 11 de marzo de 1973” en Pucciarelli, Alfredo (1999) Ob. Cit., p. 188; Bozza, Juan
Alberto (1999) Ob. Cit., p. 145; Godio, Julio (1986) Perón: Regreso, soledad y muerte, Buenos Aires:
Hyspamérica, p. 30; Di Tella, Guido (1988) Perón/Perón, Buenos Aires: Hyspamérica, pp. 90 a 92.
50
La Opinión, 13/2/1973 y 28/2/1973 respectivamente.
51
Fernández Pardo, Carlos Alberto y Frenkel, Leopoldo (2004) Perón. La unidad nacional entre el conflicto y
la reconstrucción (1971-1974), Córdoba: Del Copista, pp. 127 y 128; Langhi, Esteban (2008) Ob. Cit., p. 91.
52
Page, Josef cit. en Salcedo, Javier (2011) Ob. Cit., p. 141.

12
posibilitaron la superposición de dos lógicas, una política y otra de guerra, que entraron en
contradicción en vísperas del 11 de marzo del 1973. Así, mientras participaban de la
campaña electoral y de la confección de listas del FREJULI, cuestionaban los
procedimientos democráticos entendidos como artificios de la partidocracia liberal-
burguesa53.
Para el sindicalismo tradicional, la llegada del peronismo al poder entrañaba la
posibilidad de resolver la pugna distributiva en su favor y de revertir el sentido de la política
económica en curso. Cámpora, por su parte, parece no haber conferido a las elecciones otro
significado que el asignado por Perón. “Reventar las urnas con votos” fue la consigna con la
que el líder justicialista convocó a su hueste para recobrar, a través de este mecanismo, la
legitimidad política que durante años le habían negado los partidos políticos y las Fuerzas
Armadas: “Nadie […] debe faltar a la cita de la mesa receptora de votos…Por eso, frente a
cualquier dificultad propia o de las que puedan crear los enemigos, es preciso reaccionar
enérgicamente. Si se les ponen dificultades hay que vencerlas” 54. El sentido que otorgaba al
uso de la violencia por parte de la sociedad civil se inscribía dentro de una concepción
instrumental de la misma. Puesto que respondía a la que se ejercía desde el Estado, serviría
para gestar las condiciones que posibilitaran el retorno del líder justicialista al país y su
participación en elecciones libres y desaparecería una vez conseguidos estos objetivos.
En un contexto de creciente impugnación de las recetas liberales, el discurso de
reconstrucción nacional que articuló el Frente convocó diversos afluentes de una masa
crítica en proceso de activación. Sus pronunciamientos y su programa contenían las
reivindicaciones más unánimes de la lucha antidictatorial, entre las que se contaban la
integración latinoamericana, el establecimiento de relaciones diplomáticas con todos los
países del mundo, la reversión del patrón regresivo en la distribución de la renta, la
socialización de la gestión, los fines y el producto de la actividad económica, la Reforma
Agraria, la supresión de la legislación represiva y la liberación de los presos políticos entre
otros55. El origen del desencuentro entre los actores arriba mencionados, estaba implícito en
el umbral de la relación entre estos sujetos históricos. La interpretación que hicieron del
resultado de las elecciones y de la llegada del peronismo al poder, dependió de sus
diferentes apuestas políticas. El proceso que se abría entonces significó para cada uno de

53
Lenci, María Laura (1999) Ob. Cit., pp. 169 y ss. Resulta emblemático el caso de Montoneros: esta
organización adoptó la táctica electoral pensando en que no habría elecciones aunque cuando las hubo, supo
maniobrar en el nuevo escenario. Pero irremediablemente si seguía atada a las estrategias de Perón se alejaría
de objetivo original, el socialismo nacional. Salcedo, Javier (2011) Ob. Cit., p. 169.
54
La Opinión, 7/3/1973.
55
Pautas programáticas para el gobierno justicialista de la reconstrucción nacional, enero de 1973.

13
ellos algo distinto y determinó el enfrentamiento entre la “patria socialista” y la “patria
peronista”, dos proyectos divergentes que hasta marzo de 1973 habían parecido a muchos
uno solo.

Conclusión

En 1971 la Revolución Argentina, a través de la Ley Orgánica y del Estatuto de los


Partidos Políticos, determinó la reapertura del proceso electoral puesto en suspenso desde
1966. Impelido por esta circunstancia, el peronismo encaró un proceso de reestructuración
partidaria destinado a encuadrar el Movimiento dentro de los límites impuestos por la
legislación promulgada. La normalización implicó para el PJ un proceso mucho más arduo
que para las restantes fuerzas políticas y desató en su interior, conflictos entre los sectores
que lo componían.
La marginalidad (geográfica y política) de Perón, generó una situación en la que los
destinatarios de su mensaje pudieron interpretar libremente el contenido de los mismos,
también ambivalente. Esto permitió al Movimiento aumentar el número de adherentes y de
simpatizantes con los que contaba, a través de la incorporación de sectores sociales que
hasta entonces le habían sido adversos o indiferentes como la juventud, los intelectuales y
amplias franjas de la clase media. A través de una retórica nacionalista y combativa, que
contenía las reivindicaciones más unánimes de la lucha antidictatorial, el peronismo se
convirtió a principios de la década del setenta en la encarnación militante de una
multiplicidad de descontentos. El abandono de los principios económicos liberales, la
supresión de la legislación represiva y la integración latinoamericana reclamadas por
extensos sectores de la sociedad, entre otros temas, se articularon en el discurso del
peronismo y lo convirtieron en un espacio institucional privilegiado para la confrontación
abierta con el gobierno militar. Frente a él, Perón fue reconocido como actor político
legítimo a la vez que logró maximizar su predicamento posicionándose como un interlocutor
necesario.
Para responder a esta nueva coyuntura, se modificó la estructura del Consejo
Superior del MNJ nombrando a Héctor Cámpora como delegado en reemplazo de Daniel
Paladino y otorgando representación en él a las cuatro ramas del partido. La pluralidad de
voces que atravesaba el Movimiento trató de resolverse mediante el acatamiento de la
conducción verticalista y personalista de Perón. Sin embargo, este mecanismo se mostró
ineficaz para resolver los conflictos que comenzaron a enfrentar a los distintos sectores una

14
vez que la salida electoral abandonó la condición de posibilidad y se transformó en una
realidad.
La ocupación del espacio público, que disputaron entre sí la Juventud y los sectores
sindicales en nombre de la ortodoxia partidaria, sintetizaba la discusión que en sentido
idéntico se estaba llevando a cabo puertas adentro del Movimiento. La campaña del “Luche
y Vuelve” y con más intensidad, la campaña electoral que el FREJULI montó entre los
meses de enero y marzo de 1973 para propiciar la elección de la fórmula Cámpora-Solano
Lima, fueron escenarios propicios para la contienda. La presencia de la Juventud en los
actos durante la coyuntura electoral contribuyó a acentuar, gracias a su poder de
convocatoria, el carácter contestatario de las movilizaciones organizadas imprimiéndole al
proceso un sesgo izquierdizante, en sintonía con la retórica de confrontación sostenida por
Perón.
Pronto se hizo evidente que el llamado a elecciones y su realización, revestía para los
actores implicados distintos significados. Para Perón, constituía el último paso de un largo
camino emprendido tiempo atrás orientado a recobrar su liderazgo carismático. “Ganar la
calle” para luego “reventar las urnas con votos”, le permitiría recobrar la legitimidad política
que durante años le habían negado los partidos y las Fuerzas Armadas. Para el sindicalismo
tradicional, por su parte, la llegada del FREJULI al poder constituía una posibilidad de
resolver la pugna distributiva en su favor y de revertir el sentido de la política económica en
curso mientras que la Juventud interpretó el resultado electoral como el punto de partida de
un proceso tendiente a la implantación del socialismo nacional, como etapa superadora del
peronismo. En este marco, la violencia fue legitimada como mecanismo de intervención
política. Los actores implicados en el proceso la concibieron como un agente instrumental.
Para Perón, la violencia ejercida desde la sociedad civil respondía a la que provenía del
Estado y servía para gestar las condiciones que posibilitarían su regreso y la realización de
elecciones en que él pudiese ser elegido mientras para la Juventud radicalizada la lucha
armada constituía la metodología que posibilitaría la realización de su proyecto. Todos se
encontraban inmersos en lo que entendían como la construcción de una “nueva Argentina”.
El contenido, no obstante, era divergente en una y otra apuesta política y determinó el
enfrentamiento entre la “patria socialista” y la “patria peronista” que hasta entonces habían
sido compatibles.

15
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