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CLASE MAGISTRAL

Una panorámica histórica, contextual, del siglo XX y cómo fueron irrumpiendo las distintas
corrientes de pensamiento teológico que se abren paso en ese tiempo.

Para contextualizar el curso, podría considerar la clase magistral como una clase
introductoria donde establecer las bases para el desarrollo posterior. He pensado en
un esquema como el siguiente: retos, historicidad, periodización e historia de la
teología del siglo XX. Asi estaría abierto el camino para el contenido especifico de la
teología del siglo XX pero habiendo todos comprendido como ha sido la historización
previa! Estas serían algunas ideas fundamentales a desarrollar:

Retos para la teología


“La aparente coexistencia del pensamiento cristiano como uno más junto a otros tipos de
pensamiento parece mirar su absoluta pretensión de unidad. La historia de la teología
nos sugiere las actitudes con que, debemos afrontar este problema”.1

“La misión del teólogo es iluminar los senderos por donde la humanidad camina hacia el
destino fijado por el amor de Dios. La multitud de grandes sistemas de pensamiento no
cristianos, sitúa hoy al teólogo en una peligrosa encrucijada. Debe consagrar las riquezas
que implica la multiplicidad, pero al mismo tiempo debe unificarlas en la verdad. La
teología ha de ser la patria de la libre investigación y la guardiana de un tesoro que se le ha
confiado”.2

“Este diálogo fecundo es el camino real del pensamiento cristiano de hoy y de mañana,
como lo ha sido del pensamiento cristiano de siempre.”3

Historicidad de la teología

“…muchos cristianos se encuentren angustiados al ver que algunos principios, para ellos
inconmovibles, van siendo modificados (…). Esto es debido, en muchos casos, al
desconocimiento de la variedad de matices que hay implicados en las afirmaciones
teológicas y a la inadvertencia de que la teología también está inmersa en las coordenadas
de la historia.”4

Muchos nuevos conceptos teológicos importantes se han alcanzado a través del tiempo.
Esto es incuestionable para el teólogo. Pero muchos creen que estos conceptos una vez
formulados, adquieren ya fijeza y se hacen definitivos, y que, por lo mismo, brillarán
inmóviles e incuestionables como estrellas fijas sobre la historia de la teología futura. Claro

1
DANIELOU J. RESPONSABILIDADES DE LA TEOLOGÍA ACTUAL. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de
consulta 21/08/2018
2 DANIELOU J. RESPONSABILIDADES DE LA TEOLOGÍA ACTUAL. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de

consulta 21/08/2018
3 DANIELOU J. RESPONSABILIDADES DE LA TEOLOGÍA ACTUAL. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de

consulta 21/08/2018
4
RAHNER K. HISTORICIDAD DE LA TEOLOGIA. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de consulta 21/08/2018
es que dichos teólogos explican de buen grado que estos conceptos se deberán aclarar
siempre, hacerse comprensibles, meditarse de nuevo, etc.5

“La auténtica historicidad de la teología consiste, como hemos ido ya diciendo, en el hecho
de que estamos en la historia y poseemos la verdad eterna de Dios, que es nuestra
salvación, solamente dentro del continuo caminar de esta historia”.6

La teología debe contar con los cambios, condicionados por la situación global dentro de la
cual vive históricamente. No se puede representar la historia de la teología como el proceso
de un sistema cerrado que se pudiera presuponer como totalmente visto de antemano desde
su posición inicial.(…) Las afirmaciones de la fe y de la teología acerca del hombre, por su
misma esencia, han de introducirse en la situación histórica de éste. Esto significa tanto el
diálogo con esta situación, como el ánimo y la esperanza de penetrar en esta misma
situación y hablar desde ella con esperanza cristiana. La verdad de Dios que debe ser
expresada tiene la garantía del Espíritu y no será sustancialmente corrompida al ser dicha
desde la propia situación histórica.7

“Al esbozar la historia del pensamiento teológico es necesario narrar sucesos y


acontecimientos, precisar fechas y datos, analizar las afirmaciones concretas de autores del
pasado. Pero, si se quiere alcanzar una verdadera comprensión de aquello que en una
Historia de la Teología se narra —es decir, de la doctrina de los diversos autores y del
tránsito de unos a otros—, la intención última debe ser teológica. La pura sucesión de
acontecimientos o la simple descripción del parecer de unos u otros autores, aislada del
movimiento de fondo que explica y sostiene a la Teología, serían, por sí mismas, muy poco
relevantes, especialmente en el contexto de una Facultad o Instituto teológicos”.8

“El análisis del proceso histórico de la Teología cristiana constituye, por eso, una forma
excelente de educar la propia inteligencia al empeño de pensar en la fe y desde la fe,
sirviendo así de base para ulteriores desarrollos. En este sentido la Historia de la Teología
ofrece no sólo unos puntos de referencia históricos y documentales, sino también, y sobre
todo, una verdadera introducción a la Teología como tal”.9

Hacia una periodización de la Historia de la Teología

“Para intentar una periodización de la Historia de la Teología, tal y como se desarrolla a


partir del período apostólico, puede, sin duda, acudirse a la división ya universalmente
consagrada: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea. Proceder
así tendría la ventaja de acomodarse a un uso común, pero a la vez un grave inconveniente:
encubrir el ritmo que ha seguido realmente el proceder de la reflexión teológica. Parece por
eso preferible dividir esa historia atendiendo a las tres etapas que, a nuestro juicio, ha

5
RAHNER K. HISTORICIDAD DE LA TEOLOGIA. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de consulta
21/08/2018

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RAHNER K. HISTORICIDAD DE LA TEOLOGIA. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de consulta 21/08/2018
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RAHNER K. HISTORICIDAD DE LA TEOLOGIA. Disponible en www.seleccionesdeteologia.net fecha de consulta 21/08/2018
8
ILLANES J.L y SARANYANA J. Historia de la Teología. Biblioteca de autores cristianos. Madrid. 1995 p. XV
9
ILLANES J.L y SARANYANA J. Historia de la Teología. Biblioteca de autores cristianos. Madrid. 1995 p. XVI
recorrido esa historia: el período patrístico, el período escolástico y el período moderno o
contemporáneo”.10
“En el período patrístico así iniciado, cabe distinguir tres etapas fundamentales:
— la etapa primera, de iniciación o formación de la teología patrística, que se extiende
desde fines del siglo I hasta comienzos del siglo IV: es la época de los Padres apostólicos,
de los Padres apologistas, de los primeros escritos antiheréticos y de los primeros intentos
de tratados o exposiciones teológicas ya relativamente cuajadas;
— los siglos IV y V, verdadera edad de oro de la Patrística, hecha posible por la conjunción
de dos factores: la paz de que se disfruta desde principios del siglo IV, al cesar las
persecuciones, y la maduración ya alcanzada por el pensar cristiano;
— la etapa final, que se extiende hasta el siglo VIII, en el período de transición entre la
Antigüedad tardía y la Edad Media.
El tono o estilo de teologizar fue profundamente bíblico, con un frecuente recurso al
símbolo y a la alegoría para que en el texto bíblico comentado reverberase la totalidad del
designio salvífico divino. Los Padres dieron pruebas también, sobre todo en figuras de gran
talla intelectual, de capacidad de análisis, de finura en la conceptualización, de fuerza
argumentativa; pero la teología patrística sobresalió, especialmente, por el sentido de la
síntesis, por la conciencia de la unidad de la revelación y por la fuerza con que esa
conciencia de unidad alcanzó a expresarse.

Durante los primeros siglos de la Edad Media, es decir, en la primera parte del período
altomedieval, y, más concretamente, entre los años 750 a 1100, domina, por lo que al
teologizar se refiere, la teología monástica: una teología nacida en el seno de las escuelas
monásticas existentes en los monasterios benedictinos, que consistió sobre todo en un
comentario a la Sagrada Escritura.

Hacia el 1100 aparecieron en los burgos o ciudades de Occidente escuelas catedralicias, es


decir, nacidas y desarrolladas en torno a las catedrales. Significó la introducción de un
nuevo estilo teológico, que dio origen a lo que, de modo preciso, designamos como teología
escolástica. Confluyeron en la nueva etapa histórica una amplia gama de factores, como el
desarrollo de la sociedad medieval, el aumento del nivel cultural del clero secular, la
aparición de órdenes religiosas dotadas de mayor movilidad apostólica que la benedictina
—es decir, las órdenes mendicantes— y la llegada al occidente europeo, a través de los
pensadores árabes, de la filosofía aristotélica, que, uniéndose a la tradición patrística y a la
platónica, hizo posible una nueva y original síntesis.

En lugar de la pura meditación sobre la Escritura apoyada en los Padres, que había
caracterizado a la teología monástica, la teología escolástica propugnó un método analítico
y discursivo que dio un amplio campo a la especulación racional iluminada por la fe.
Nacido y desarrollado en el interior de instituciones académicas —las escuelas catedralicias
y, posteriormente, las universidades y, en ellas, las Facultades de Teología—, el teologizar
escolástico fue evolucionando, dando origen a desarrollos especulativos cada más amplios
y de mayor profundidad teorética, hasta constituir, en más de un punto, una cumbre en la
historia general del pensamiento. La exposición académica, con sus exigencias no sólo

10
ILLANES J.L y SARANYANA J. Historia de la Teología. Biblioteca de autores cristianos. Madrid. 1995 p. XVII
científicas sino didácticas, impulsó hacia la elaboración de síntesis, provocando la aparición
de las Summae, que son, sin duda alguna, una de las expresiones más características de la
producción teológica de los siglos medios. Los desarrollos especulativos, propios del
método escolástico desde sus inicios, constituyen uno de sus mayores méritos, pero
también, cuando se absolutizan, uno de sus riesgos. De hecho fueron, con el pasar de los
años, no sólo ampliándose, sino complicándose, precipitando así la crisis que la Escolástica
conoció al final del período bajomedieval. No obstante, al avanzar el siglo XVII la
Escolástica dio claras señales de haber entrado en un período de estancamiento. Ese hecho,
y sobre todo la profunda crisis espiritual que agitó a la Europa de esos años, constituyen el
antecedente de la tercera época que cabe distinguir en la historia de la Teología.
El siglo XVII representa, en muchos aspectos, un momento de fuertes cambios, tanto en lo
político como en lo cultural. La escena intelectual, ocupada hasta entonces sobre todo por la
tradición escolástica, empieza a ser dominada por otras líneas de pensamiento,
particularmente el racionalismo de origen francés y el empirismo de proveniencia
anglosajona. A la Teología se le planteaba, en consecuencia, un considerable reto, que
reclamaba, en primer lugar, salir de la decadencia en que, como ya hemos dicho, se
encontraba en aquellos momentos, y, después, ir a la raíz de la fe para conseguir mostrar,
con fuerza nueva, su vitalidad y su verdad.
De ahí una historia aún no concluida, porque nos encontramos todavía en esa coyuntura
histórica en la que cabe distinguir las siguientes etapas:
— la continuación del proceso de decadencia del pensar teológico,
que se extiende a lo largo de todo el siglo XVIII;
— el inicio de un proceso de renovación en el siglo XIX, que procede, no sin polémicas y
tensiones, a través de tres líneas fundamentales: la vuelta a las fuentes bíblicas y patrísticas,
la recuperación de la tradición escolástica tal y como se había manifestado en su momento
de esplendor —es decir, en los grandes maestros plenomedievales—, y el diálogo con
algunas corrientes del pensamiento moderno, particularmente en su versión idealista y
romántica;
— la plenitud de tal renovación. ” 11 La teología del siglo XX

LECTURAS PREVIAS

NOTA DE GM: Para comprender la teología del siglo XX se hace necesario comprender el
proceso completo de renovación iniciado en el siglo XIX. La teología del siglo XX es hija
del siglo anterior, tanto en el ámbito protestante (pp 303-309 del libro de Illanes) como en
el católico. Sería oportuno incluir esta lectura previa donde se hable de la TEOLOGIA
PROTESTANTE LIBERAL.

A PARTIR DE AQUÍ ENTRONCA CON LA LECTURA DE ILLANES CAP X Y XI


Sin embargo aquí la historia de la teología protestante se desarrolla desde pp.343-351 sub
capitulo VII LA TEOLOGIA PROTESTANTE ENTRE BARTH Y BULTMANN

11
ILLANES J.L y SARANYANA J. Historia de la Teología. Biblioteca de autores cristianos. Madrid. 1995 pp.
XVII-XXII
Vendría a continuación el desarrollo de la Teología Católica que contendría las referencias
restantes del libro de Illanes.
Luego si se desarrollarían las lecturas para el ámbito especifico latinoamericano, por
supuesto partiendo de la que Ud. Indica BOSCH J. Panorama de la teología
latinoamericana. pp 53-91
Otra lectura interesante para la teología latinoamericana, en especial la protestante esta en
el libro RAICES DE LA TEOLOGIA LATINOAMERICANA,del DEI y con Pablo
Richard como editor, el cual le adjunto. Pp.239-253

Ahora bien, hay una inquietud metodológica que ronda mi mente en el caso de la teología
latinoamericana ¿No estamos mezclando dos aproximaciones metodológicas distintas, una
el abordaje desde los personajes tal como lo desarrolla Bosch y la otra las líneas teológicas
especificas como lo plantea Gibellini? Por ejemplo, en estas lecturas previas, se recurre a
Sergio Arce (itinerario teologico pp 115-138) y Enrique Dussel (una autobiografía
teologica latinoamericana pp 181-195) para expresar elementos significativos del pensar
teologico latinoamericano, desde la práctica del personaje, pero la estructura general está
concebida desde el esquema de Gibellini, p.e. teología dialéctica, existencial, de la
secularización, por lo que la teología latinoamerica es un hito per se.

Sigo trabajando para incorporar mas lecturas previas, en atención al programa general.

PROGRAMA GENERAL
De acuerdo al texto de Gibellini
1.Teología dialética
2. Teología existencial
3. Teología hermenéutica
4. Teología de la cultura
5. Teología y modernidad
6. Teología de la secularización
….
16. Teología ecuménica
LA TEOLOGIA PROTESTANTE

DE LA TEOLOGIA LIBERAL…

El siglo XX teológico se abre, cronológicamente, en un aula de la Universidad de Berlín,


donde el teólogo Adolf Harnack (1851-1930; hasta 1914 no recibiría el título nobiliario que
le autorizaba a llamarse «von Harnack»), ante un nutrido auditorio de cerca de 600
estudiantes de toda la facultad, daba una vez a la semana, durante el semestre de invierno
de 1899-1900, un ciclo de 16 lecciones (…) aparecidas por primera vez en Leipzig en 1900,
con el título La esencia del cristianismo. 12

Teólogo e historiador protestante alemán, hijo de un erudito luterano. Estudió en Dorpat,


donde su padre era profesor, y Leipzig. Enseñó en las universidades de Leipzig, Giessen y
Marburgo, antes de ir a Berlín en 1891, donde permaneció hasta el año 1921.(…) Harnack
pasó de la ortodoxia al liberalismo de la mano de Ritschl y pronto fue considerado como el
portavoz del protestantismo liberal. Su peculiar idea del cristianismo era que la Iglesia,
desde el principio, había corrompido el mensaje sencillo de Jesucristo por introducir
conceptos de la metafísica griega.13

El tema de la esencia del cristianismo no era nuevo, pero sí susceptible de enfoques


distintos y hasta diametralmente opuestos. Ya Feuerbach había publicado una obra titulada
La esencia del cristianismo (1841). Harnack buscaba la esencia del cristianismo sin, por lo
demás, problematizar su concepto; fue el teólogo y filósofo de Heidelberg, Ernst Troeltsch
(1865-1923), quien sometió la expresión a un profundo análisis histórico y filosófico en un
hermoso ensayo de 1903 que lleva precisamente el título ¿Qué significa «Esencia del
cristianismo»?14

A juicio de Troeltsch, «el libro de Harnack es indudablemente el libro emblemático de la


tendencia historizante de la teología», y su tentativa de individuación de la esencia por vía
histórica se habría visto sustancialmente coronada por el éxito. Pero lo que suele
recriminarse ante todo a Harnack es que se mueve exclusivamente a lo largo de la línea de
la historia cristiana, sin aventurarse en el campo más vasto de la historia de las
religiones(…) la esencia del cristianismo debería extraerse a partir de una «historia del
cristianismo que insertase su objeto más profundamente aún en la historia general de la
cultura, en la historia del espíritu, pero también en la de los fundamentos reales y materiales
del espíritu». Es el programa que Troeltsch había afrontado en su volumen del año
precedente, El carácter absoluto del cristianismo (1902).(…) El cristianismo es un
fenómeno histórico y, como tal, concreto e individuado; y por lo tanto, según Troeltsch, no
puede ser visto jamás como la realización absoluta, incondicionada, exhaustiva e inmutable
del concepto universal de religión.(…) El historiador no andará en busca de una religión
absoluta, sino que estará atento a la «tensión teleológica» del devenir de la historia.(…) la
apologética supranaturalística (de la ortodoxia protestante y de los manuales católicos), que
concluye en el origen sobrenatural del cristianismo, y la apologética moderna histórico
evolutiva, que llega a la afirmación del cristianismo como religión absoluta, las sustituye

12
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.15
13
Disponible en https://www.clie.es/autor/harnack-adolf-von Fecha de consulta 03/09/18
14
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.17
Troeltsch por el diseño de una apologética de la comparación histórica, que concluye en el
cristianismo como religión normativa. Troeltsch tiene el mérito de haber introducido la
teología cristiana por la vía de la confrontación teológica con las restantes tradiciones
religiosas de la humanidad. 15

La esencia del cristianismo de Harnack y El carácter absoluto del cristianismo de Troeltsch


son dos de los documentos más significativos de la teología liberal tal como se presentaba
en los albores del nuevo siglo.(…) En sintonía con el optimismo liberal, esta teología
trataba de armonizar en lo posible la religión cristiana con la conciencia cultural del
tiempo.(…) Sus características eran: a) asunción rigurosa del método histórico crítico y de
sus resultados; b) relativización de la tradición dogmática de la Iglesia, y en particular de la
cristología; c) lectura prevalentemente ética del cristianismo. (…) Pero entre 1919 y 1922 -
coincidiendo con el final de la primera guerra mundial y en correspondencia con el ocaso
del optimismo liberal y con la afirmación de nuevos modelos de pensamiento- había
sobrevenido un giro: de la teología liberal a un nuevo movimiento, que pronto se designará
con el nombre de «teología dialéctica».16

…A LA TEOLOGIA DIALECTICA

Iniciado en plena guerra (…) se publicaba en Berna, con fecha de 1919, un comentario a la
carta de Pablo a los Romanos con el breve título Der Rómerbrief (La Epístola a los
Romanos). Su autor era un pastor de Safenwil (en el Aargau suizo), Karl Barth (1886-
1968), cuyo trabajo suscitará el interés de la Universidad de Gottingen por su persona. Se
considera como el texto más representativo de la teología dialéctica.17

La teología dialéctica puede asumirse en un doble significado perfectamente coordinado: a)


la revelación tiene una estructura dialéctica, en cuanto que mantiene unidos elementos que
se excluyen mutuamente: Dios y el hombre, eternidad y tiempo, revelación e historia; b) en
consecuencia, también los enunciados teológicos deben observar un método dialéctico, es
decir, expresar posición y negación, el sí y el no, corregir el sí mediante el no, y el no
mediante el sí.18

La nueva orientación se presenta como una teología de la palabra de Dios que practica un
método dialéctico (Moltmann), e incluso, a partir precisamente de aquí, tendrá una larga
historia como la primera forma de una teología de la palabra de Dios después de la sequía
del psicologismo, del historicismo y de la teología liberal (Bouillard). Los teólogos
dialécticos estaban convencidos todos ellos de que la revelación de Dios era una respuesta a
la cuestión de la existencia. Muy pronto tendría que replantearse la cuestión
antropológica.19

15
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, pp.18-21
16
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.22
17
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.23
18
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.26
19
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, pp.26-27
Gogarten, con su innegable temperamento filosófico, la tematiza a partir de su notable libro
Creo en el Dios trino (1926), y sobre todo en el artículo programático El problema de una
antropología teológica (1929): Gogarten está siempre de acuerdo con Barth en que el tema
de la teología es la palabra de Dios, el Deus dixit; pero la palabra de Dios se dirige al
hombre, y de aquí nace la tarea de una antropología teológica para la teología moderna.
(…) El culto Brunner, preocupado por el diálogo con los no creyentes, con las otras
religiones y con la filosofía, publica en 1929 un artículo, La otra tarea de la teología, donde
sostiene que la teología tiene también una tarea «erística», de disputa con el no creyente y
con el no cristiano, y que por eso debe preocuparse de encontrar en el hombre un «punto de
inserción» (Anknüpfungspunkt) de la palabra de Dios; y en otros ensayos y libros propone
incluso -de manera diferente y con menor amplitud que la teología católica- el problema de
una teología natural.(…) El exegeta Bultmann -que en 1921 había llegado a Marburg,
donde permanecerá hasta el final de sus días y donde tendrá como colega, de 1922 a 1928,
a Martin Heidegger- abre cada vez más margen a categorías existenciales. Bouillard
concreta en los años 1925-1926 los inicios de la ruptura dentro del grupo de los teólogos
dialécticos, que no se consumará hasta 1933, cuando Barth, dejándose de titubeos se
despide del grupo.(…) La ruptura se produjo por el tema de la teología natural y de la
antropología teológica. Barth está convencido de ser él el único que se mantiene coherente
en la postura inicial de superación rigurosa de la teología liberal y de fidelidad al objeto de
la teología.20

La teología de la palabra: Karl Barth

De la fuente de La Epístola a los Romanos brota La Dogmática eclesial, un río que


atraviesa todo el siglo xx teológico. Distribuida en 13 tomos (a los que se añadirá un
decimocuarto tomo de índices en 1970), con un total de 9.185 densas páginas (las ha
contado su último asistente, Eberhard Busch, que ha dedicado a Barth una Biografía
elaborada a partir de las cartas y de otros materiales autobiográficos), se puede considerar
como la Summa theologica del siglo xx.(…) La Dogmática eclesial pretende ser expresión
de la comunidad de la Iglesia, y no de una determinada escuela teológica. Se sitúa más allá
de la teología dialéctica, en el sentido de que no practica ya un método dialéctico, aun
cuando viva totalmente de las luchas del período dialéctico por recuperar para la teología su
propio objeto teológico con un rigor absoluto. La analogía fidei y la concentración
cristológica -dos rasgos que caracterizan a la Dogmática eclesial- obedecen a este criterio
de rigorización.(…) Sólo la vía rigurosa de la palabra de Dios podía impedir volver sobre
los pasos de la teología protestante del siglo xix.(…) A la hora de exponer la variación de la
línea teórica de la teología de Barth, podríamos llegar a la siguiente síntesis: en el período
dialéctico de la Epístola, valdrían las siguientes afirmaciones centrales: a) Dios es Dios, y
no es el mundo; b) el mundo es mundo, y no es Dios, y no hay ninguna vía que conduzca
del mundo a Dios; c) si Dios se encuentra con el mundo -y éste es el gran tema de la
teología cristiana-, tal encuentro es Krisis, es juicio, es tocar el mundo a modo de tangente
que delimita y separa el mundo nuevo del mundo viejo. En el período de la Dogmática van
tomando consistencia las siguientes afirmaciones centrales: a) Dios es Dios, pero es Dios
para el mundo: al Dios que es el totalmente Otro subyace la figura de Dios que se hace
cercano al mundo; b) el mundo es mundo, pero es un mundo amado por Dios: se pasa del

20
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p 27.
concepto de la infinita diferencia cualitativa a los conceptos de alianza, reconciliación y
redención como conceptos clave del discurso teológico; c) Dios se encuentra con el mundo
en su Palabra, en Jesucristo: se llega así a la concentración cristológica que subyace al
planteamiento escatológico del período dialéctico.(…) En su último curso en la Universidad
de Basilea, Introducción a la teología evangélica (1962), el viejo teólogo connotaba de esta
manera la existencia teológica, que había sido su pasión: asombro maravillado frente al
objeto teológico, sojuzgamiento por parte del objeto incomparable, compromiso, fe. Era el
delineamiento preciso de la teología de la palabra tal como Barth la había practicado, con
metódica dialéctica en el período dialéctico, y con la analogía fidei en los largos años de la
Dogmática.

LA TEOLOGIA CATOLICA

La teología liberal tuvo también su influjo en el ámbito de la teología católica,


contribuyendo a la aparición del modernismo en el primer decenio del siglo, así como en la
teología norteamericana, contribuyendo a la afirmación del Social Gospel (evangelio
social) en el segundo decenio del mismo siglo.21

21
Ibídem.