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DIA 01

UN ITINERARIO QUE COMIENZA EN LA TEOLOGIA LIBERAL…

El siglo XX teológico se abre, cronológicamente, en un aula de la Universidad de Berlín,


donde el teólogo Adolf Harnack (1851-1930; hasta 1914 no recibiría el título nobiliario que
le autorizaba a llamarse «von Harnack»), ante un nutrido auditorio de cerca de 600
estudiantes de toda la facultad, daba una vez a la semana, durante el semestre de invierno
de 1899-1900, un ciclo de 16 lecciones (…) aparecidas por primera vez en Leipzig en 1900,
con el título La esencia del cristianismo. 1

Teólogo e historiador protestante alemán, hijo de un erudito luterano. Estudió en Dorpat,


donde su padre era profesor, y Leipzig. Enseñó en las universidades de Leipzig, Giessen y
Marburgo, antes de ir a Berlín en 1891, donde permaneció hasta el año 1921.(…) Harnack
pasó de la ortodoxia al liberalismo de la mano de Ritschl y pronto fue considerado como el
portavoz del protestantismo liberal. Su peculiar idea del cristianismo era que la Iglesia,
desde el principio, había corrompido el mensaje sencillo de Jesucristo por introducir
conceptos de la metafísica griega.2

El tema de la esencia del cristianismo no era nuevo, pero sí susceptible de enfoques


distintos y hasta diametralmente opuestos. Ya Feuerbach había publicado una obra titulada
La esencia del cristianismo (1841). Harnack buscaba la esencia del cristianismo sin, por lo
demás, problematizar su concepto; fue el teólogo y filósofo de Heidelberg, Ernst Troeltsch
(1865-1923), quien sometió la expresión a un profundo análisis histórico y filosófico en un
hermoso ensayo de 1903 que lleva precisamente el título ¿Qué significa «Esencia del
cristianismo»?3

A juicio de Troeltsch, «el libro de Harnack es indudablemente el libro emblemático de la


tendencia historizante de la teología», y su tentativa de individuación de la esencia por vía
histórica se habría visto sustancialmente coronada por el éxito. Pero lo que suele
recriminarse ante todo a Harnack es que se mueve exclusivamente a lo largo de la línea de
la historia cristiana, sin aventurarse en el campo más vasto de la historia de las
religiones(…) la esencia del cristianismo debería extraerse a partir de una «historia del
cristianismo que insertase su objeto más profundamente aún en la historia general de la
cultura, en la historia del espíritu, pero también en la de los fundamentos reales y materiales
del espíritu». Es el programa que Troeltsch había afrontado en su volumen del año
precedente, El carácter absoluto del cristianismo (1902).(…) El cristianismo es un
fenómeno histórico y, como tal, concreto e individuado; y por lo tanto, según Troeltsch, no
puede ser visto jamás como la realización absoluta, incondicionada, exhaustiva e inmutable
del concepto universal de religión.(…) El historiador no andará en busca de una religión
absoluta, sino que estará atento a la «tensión teleológica» del devenir de la historia.(…) la
apologética supranaturalística (de la ortodoxia protestante y de los manuales católicos), que
concluye en el origen sobrenatural del cristianismo, y la apologética moderna histórico

1
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.15
2
Disponible en https://www.clie.es/autor/harnack-adolf-von Fecha de consulta 03/09/18
3
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.17
evolutiva, que llega a la afirmación del cristianismo como religión absoluta, las sustituye
Troeltsch por el diseño de una apologética de la comparación histórica, que concluye en el
cristianismo como religión normativa. Troeltsch tiene el mérito de haber introducido la
teología cristiana por la vía de la confrontación teológica con las restantes tradiciones
religiosas de la humanidad. 4

La esencia del cristianismo de Harnack y El carácter absoluto del cristianismo de Troeltsch


son dos de los documentos más significativos de la teología liberal tal como se presentaba
en los albores del nuevo siglo.(…) En sintonía con el optimismo liberal, esta teología
trataba de armonizar en lo posible la religión cristiana con la conciencia cultural del
tiempo.(…) Sus características eran: a) asunción rigurosa del método histórico crítico y de
sus resultados; b) relativización de la tradición dogmática de la Iglesia, y en particular de la
cristología; c) lectura prevalentemente ética del cristianismo. (…) Pero entre 1919 y 1922 -
coincidiendo con el final de la primera guerra mundial y en correspondencia con el ocaso
del optimismo liberal y con la afirmación de nuevos modelos de pensamiento- había
sobrevenido un giro: de la teología liberal a un nuevo movimiento, que pronto se designará
con el nombre de «teología dialéctica».5

… Y DA PASO A LA TEOLOGIA DIALECTICA.

Iniciado en plena guerra (…) se publicaba en Berna, con fecha de 1919, un comentario a la
carta de Pablo a los Romanos con el breve título Der Rómerbrief (La Epístola a los
Romanos). Su autor era un pastor de Safenwil (en el Aargau suizo), Karl Barth (1886-
1968), cuyo trabajo suscitará el interés de la Universidad de Gottingen por su persona. Se
considera como el texto más representativo de la teología dialéctica.6

La teología dialéctica puede asumirse en un doble significado perfectamente coordinado: a)


la revelación tiene una estructura dialéctica, en cuanto que mantiene unidos elementos que
se excluyen mutuamente: Dios y el hombre, eternidad y tiempo, revelación e historia; b) en
consecuencia, también los enunciados teológicos deben observar un método dialéctico, es
decir, expresar posición y negación, el sí y el no, corregir el sí mediante el no, y el no
mediante el sí.7

La nueva orientación se presenta como una teología de la palabra de Dios que practica un
método dialéctico (Moltmann), e incluso, a partir precisamente de aquí, tendrá una larga
historia como la primera forma de una teología de la palabra de Dios después de la sequía
del psicologismo, del historicismo y de la teología liberal (Bouillard). Los teólogos
dialécticos estaban convencidos todos ellos de que la revelación de Dios era una respuesta a
la cuestión de la existencia. Muy pronto tendría que replantearse la cuestión antropológica.8

4
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, pp.18-21
5
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.22
6
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.23
7
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p.26
8
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, pp.26-27
Gogarten, con su innegable temperamento filosófico, la tematiza a partir de su notable libro
Creo en el Dios trino (1926), y sobre todo en el artículo programático El problema de una
antropología teológica (1929): Gogarten está siempre de acuerdo con Barth en que el tema
de la teología es la palabra de Dios, el Deus dixit; pero la palabra de Dios se dirige al
hombre, y de aquí nace la tarea de una antropología teológica para la teología moderna.
(…) El culto Brunner, preocupado por el diálogo con los no creyentes, con las otras
religiones y con la filosofía, publica en 1929 un artículo, La otra tarea de la teología, donde
sostiene que la teología tiene también una tarea «erística», de disputa con el no creyente y
con el no cristiano, y que por eso debe preocuparse de encontrar en el hombre un «punto de
inserción» (Anknüpfungspunkt) de la palabra de Dios; y en otros ensayos y libros propone
incluso -de manera diferente y con menor amplitud que la teología católica- el problema de
una teología natural.(…) El exegeta Bultmann -que en 1921 había llegado a Marburg,
donde permanecerá hasta el final de sus días y donde tendrá como colega, de 1922 a 1928,
a Martin Heidegger- abre cada vez más margen a categorías existenciales. Bouillard
concreta en los años 1925-1926 los inicios de la ruptura dentro del grupo de los teólogos
dialécticos, que no se consumará hasta 1933, cuando Barth, dejándose de titubeos se
despide del grupo.(…) La ruptura se produjo por el tema de la teología natural y de la
antropología teológica. Barth está convencido de ser él el único que se mantiene coherente
en la postura inicial de superación rigurosa de la teología liberal y de fidelidad al objeto de
la teología.9

La teología de la palabra: Karl Barth

De la fuente de La Epístola a los Romanos brota La Dogmática eclesial, un río que


atraviesa todo el siglo xx teológico. Distribuida en 13 tomos (a los que se añadirá un
decimocuarto tomo de índices en 1970), con un total de 9.185 densas páginas (las ha
contado su último asistente, Eberhard Busch, que ha dedicado a Barth una Biografía
elaborada a partir de las cartas y de otros materiales autobiográficos), se puede considerar
como la Summa theologica del siglo xx.(…) La Dogmática eclesial pretende ser expresión
de la comunidad de la Iglesia, y no de una determinada escuela teológica. Se sitúa más allá
de la teología dialéctica, en el sentido de que no practica ya un método dialéctico, aun
cuando viva totalmente de las luchas del período dialéctico por recuperar para la teología su
propio objeto teológico con un rigor absoluto. La analogía fidei y la concentración
cristológica -dos rasgos que caracterizan a la Dogmática eclesial- obedecen a este criterio
de rigorización.(…) Sólo la vía rigurosa de la palabra de Dios podía impedir volver sobre
los pasos de la teología protestante del siglo xix.(…) A la hora de exponer la variación de la
línea teórica de la teología de Barth, podríamos llegar a la siguiente síntesis: en el período
dialéctico de la Epístola, valdrían las siguientes afirmaciones centrales: a) Dios es Dios, y
no es el mundo; b) el mundo es mundo, y no es Dios, y no hay ninguna vía que conduzca
del mundo a Dios; c) si Dios se encuentra con el mundo -y éste es el gran tema de la
teología cristiana-, tal encuentro es Krisis, es juicio, es tocar el mundo a modo de tangente
que delimita y separa el mundo nuevo del mundo viejo. En el período de la Dogmática van
tomando consistencia las siguientes afirmaciones centrales: a) Dios es Dios, pero es Dios
para el mundo: al Dios que es el totalmente Otro subyace la figura de Dios que se hace
cercano al mundo; b) el mundo es mundo, pero es un mundo amado por Dios: se pasa del

9
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p 27.
concepto de la infinita diferencia cualitativa a los conceptos de alianza, reconciliación y
redención como conceptos clave del discurso teológico; c) Dios se encuentra con el mundo
en su Palabra, en Jesucristo: se llega así a la concentración cristológica que subyace al
planteamiento escatológico del período dialéctico.(…) En su último curso en la Universidad
de Basilea, Introducción a la teología evangélica (1962), el viejo teólogo connotaba de esta
manera la existencia teológica, que había sido su pasión: asombro maravillado frente al
objeto teológico, sojuzgamiento por parte del objeto incomparable, compromiso, fe. Era el
delineamiento preciso de la teología de la palabra tal como Barth la había practicado, con
metódica dialéctica en el período dialéctico, y con la analogía fidei en los largos años de la
Dogmática. 10

10
Gibellini, Rosino La teología del siglo XX. Editorial Sal Terrae. Cantabria España 1998, p 28-34