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Cuando vio las muchedumbres, subió a la montaña; y después que

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se sentó, vinieron a él sus discípulos; y él, abriendo la boca, se
puso a enseñarles, diciendo: 3 “Felices* son los que tienen
conciencia de su necesidad espiritual,*+ puesto que a ellos
pertenece el reino de los cielos.+4 ”Felices son los que se lamentan,
puesto que ellos serán consolados.+5 ”Felices son los de genio
apacible,+ puesto que ellos heredarán la tierra.+6 ”Felices son los
que tienen hambre y sed+ de justicia, puesto que ellos serán
saciados.+7 ”Felices son los misericordiosos,+ puesto que a ellos se
les mostrará misericordia.8 ”Felices son los de corazón puro,+ puesto
que ellos verán a Dios.+9 ”Felices son los pacíficos,*+ puesto que a
ellos se les llamará ‘hijos+ de Dios’.10 ”Felices son los que han sido
perseguidos+ por causa de la justicia, puesto que a ellos pertenece
el reino de los cielos.11 ”Felices son ustedes cuando los vituperen+ y
los persigan+ y mentirosamente digan toda suerte de cosa inicua
contra ustedes por mi causa. 12 Regocíjense y salten de
gozo,+ puesto que grande es su galardón+ en los cielos; porque de
esa manera persiguieron a los profetas+ antes de ustedes.
Aunque consideraremos cada capítulo de este sermón por separado, en primer
lugar evaluaremos su perspectiva total. El señor pronunció 4 discursos
principales, de los cuales Mateo registró 3: (1) el Sermón del Monte, capítulos 5,
6 y 7: (2) el discurso de las Parábolas del Misterio, capítulo 13; (3) el discurso de
los Olivos, capítulos 24 y 25. El Sermón del Monte es el manifiesto del Rey. El
discurso de las Parábolas del Misterio detalla la trayectoria que seguirá el reino
de los cielos después del rechazo a Cristo. El discurso de los Olivos es profético,
mirando anticipadamente al futuro. Hay un cuarto discurso, incluido en el
Evangelio de Juan, que trata sobre nuevas verdades y relaciones en vista de la
muerte, resurrección, ascensión en intercesión de Cristo. Por cierto, tú y yo
estamos vitalmente relacionados con este último discurso.
Aunque el Sermón del Monte se encuentra en Mateo 5, 6, y 7, también se pueden
encontrar fragmentos del mismo en los otros Evangelios. Es improbable que el
Señor lo haya pronunciado solamente una vez. Como es sabido, El repetía
muchas de las verdades que enseñaba y probablemente predicó el mensaje que
llamamos el Sermón del Monte en varias ocasiones. Lucas solo registró una
parte del mismo y mencionó el hecho de que nuestro Señor descendió y se situó
en la llanura, indicando así que ésta era una ocasión diferente. Francamente
hablando, el informe de Mateo es, posiblemente, solo una parte del Sermón del
Monte. Creo que nuestro Señor dijo mucho más de lo que tenemos aquí. Sin
embargo, lo existente fue dado para nuestra enseñanza y comprensión en la
actualidad.
Hay dos cosas que quisiera decir a modo de introducción a esta sección. La
primera, es que las posiciones extremas no se limitan a la política. También entre
los teólogos que exponen las Escrituras, pueden apreciarse dichas posiciones
extremas. Hay una postura, que podríamos llamar liberal, que considera al
Sermón del Monte como el evangelio, es decir, las buenas noticias. Los que la
sostienen actúan (incluso aunque no lo digan) como si ésta fuese la parte más
importante de las Escrituras. Uno de los líderes de ese sector me dijo en una
ocasión que todo lo que el necesitaba de la Biblia era el Sermón del Monte. Hasta
llegó a decirme que le bastaba con la "regla de oro", tal como estaba registrada
en Mateo 7:12 y que dice: "por eso, todo cuanto queráis que os hagan los
hombres, así también haced vosotros con ellos, porque ésta es la ley y los
profetas". Decir que esta declaración equivale a toda la Biblia, hasta podría sonar
bien; solo que es una "vaciedad piadosa". La cuestión no es si consideras al
Sermón del Monte como tu religión. La pregunta clave es: ¿lo estás viviendo?
Esto es lo importante y más tarde diremos algo más sobre ello.
Aquellos que reducen el mensaje cristiano al Sermón del Monte, representan a
un gran sector del liberalismo de nuestro tiempo. Pero, por favor, observemos
que el contenido del Evangelio cristiano no se encuentra en este Sermón. Por
ejemplo, no hay menciones a la muerte y resurrección de Cristo. Ya el apóstol
Pablo les dijo a los Corintios: "os hago saber, hermanos, el evangelio . . ." ¿Y
cuál es el Evangelio? ¿El Sermón del Monte? No. Pablo aclaró en su primera
carta a los Corintios 15:3,4, que el Evangelio era éste: ". . . que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al
tercer día, conforme a las Escrituras". Por eso digo que el Evangelio no está en
el Sermón del Monte y éste es el motivo por el que a muchísima gente le agrada
reclamarlo como su religión. La predicación de esa doctrina ha producido más
hipócritas en la iglesia que cualquier otra tendencia. No es otra cosa que una
vana palabrería afirmar, "yo vivo según el Sermón del Monte". El que sea sincero
y lea este Sermón, sabrá que no está viviendo a la altura de ese nivel.
Si el Sermón del Monte es la norma de Dios (y lo es) y no puedes cumplirla, ¿qué
vas a hacer? ¿Tienes un Salvador que pueda tratarte con misericordia?
¿Conoces a Aquel que puede llegar a ti para concederte su gracia y salvarte
cuando pongas tu fe en El?
Reducir el mensaje cristiano a este Sermón es una simplicidad que las Sagradas
Escrituras no permiten en ninguna circunstancia.
Hay también el punto de vista situado en el otro extremo. Este grupo intenta
desvincularse del Sermón del Monte, dando la impresión de que hubiese algo
éticamente erróneo en el Sermón. Dicho sector cree que no podemos utilizarlo,
en absoluto. De hecho, uno de ellos me dijo que la oración del Señor, es decir,
el Padre nuestro, no tienen ningún significado para nosotros hoy. Por supuesto
que sí tiene significado para nosotros, aunque no haya sido dirigido a nosotros.
Es cierto que el Evangelio, tal como lo define el Nuevo Testamento, no está en
el Sermón y no sería conveniente presentárselo a un no creyente, a una persona
no regenerada espiritualmente, como una norma de conducta, diciéndole que si
pudiera vivir a ese nivel, llegaría a ser cristiana.
El Sermón del Monte puede definirse como la Ley elevada a un grado sumo. El
ser humano no pudo cumplir la Ley del Antiguo Testamento. Así que, ¿cómo se
nos ocurre pensar que un ser humano podría cumplir, por su propio esfuerzo, el
Sermón del Monte, que ha sido incluso elevado a un nivel más alto?
Es igualmente cierto que la manera de hacer realidad la vida cristiana no se
encuentra realmente en el Sermón del Monte. Este sermón presenta la ética sin
proveer la dinámica necesaria para trasladar la ética a la vida práctica. Vivir la
vida cristiana por el poder del Espíritu Santo que mora en los creyentes no es,
precisamente, una de las verdades enseñadas en el Sermón del Monte. El
apóstol Pablo dijo, en la epístola a los Romanos 8:3,4
"Porque Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no pudo hacer, pues no era capaz
de hacerlo debido a la naturaleza del hombre pecador; Dios envió a su propio
Hijo en condición semejante a la del hombre pecador y como sacrificio por el
pecado, para de esta manera condenar al pecado en la propia naturaleza
humana. Lo hizo para que nosotros podamos cumplir lo que la ley ordena, pues
ya no vivimos conforme a la naturaleza del hombre pecador sino conforme al
Espíritu."
Uno no encuentra esa enseñanza en el Sermón del Monte, que no contiene nada
sobre la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, sí contiene normas y prácticas
de elevado contenido ético que no son contrarias a la vida cristiana; en realidad,
expresan la naturaleza de la mente de Cristo, que debería ser también la mente,
la forma de pensar de los cristianos. Para el cristiano sería provechoso estudiar
y aprender los grandes principios formulados en este discurso, aunque nunca
logrará llevarlos a su experiencia por sus propias fuerzas, sino que deberá ir a
otra fuente para buscar el poder. Lo que tenemos en este Sermón es una
maravillosa bombilla eléctrica; pero carecemos del generador que produzca el
poder, la energía que la haga brillar la luz.
El propósito principal del Sermón es establecer ante los seres humanos la ley
del reino. En Mateo estamos hablando sobre el Rey que ha venido a presentarse
a sí mismo. Juan el Bautista era Su precursor y el Rey invitó a algunos discípulos
para que le siguiesen. Después enunció la ley del reino. Este era el manifiesto
del Rey y la declaración de principios del Príncipe de Paz. Y era una ley. Sería
la ley de un mundo donde Cristo reinase, que alcanzaría así su gozo y
complacencia más plena. Cristo reinará sobre la tierra y pondrá en vigor cada
palabra de esta ley. El Sermón del Monte finalmente triunfará, cuando venga
Aquel que tiene el derecho de gobernar. Ahora bien, para mí resulta inconcebible
que cualquiera que le reconozca hoy como Señor desprecie este documento o
se aparte de él. El cristiano que llama a Jesucristo Señor procurará hacer lo que
El ordene, aunque solo podrá obedecerle por el poder del Espíritu Santo. Sería
inútil tratar de forzar o imponer los principios del Sermón del Monte en un mundo
rebelde y contradictor. Solo el Evangelio de la gracia de Dios puede convertir a
los seres humanos en personas obedientes a Cristo, para lo cual fue proclamado.
El Sermón del Monte tiene que ser predicado para traer convicción a los
corazones de los hombres. Este documento permite que los seres humanos
sepan que han pecado, revelando que ninguno es justo y que todos se
encuentran lejos de la presencia de Dios.
El cristiano puede tomar los principios formulados en el Sermón del Monte y
considerarlos a la luz de otros pasajes de las Escrituras. Ello le proporcionará
una visión más amplia y una mejor comprensión de la mente de Cristo. Por
ejemplo, solo aquí puedes encontrar la definición que Cristo da del asesinato y
el adulterio. Cristo citó 2 de los mandamientos, que encontramos en Éxodo 20:13
y 24, y los elevó al máximo nivel: "no matarás" y "no cometerás adulterio". Estos
son los únicos 2 registrados en Mateo. Pero El pudo haber elevado cada
mandamiento a un nivel de logro más alto. Si de la Ley de Moisés se pudo decir,
en Gálatas 2:16: ". . . por las obras de la ley nadie será justificado". Entonces,
sería muchísimo más difícil ser justificado por el Sermón del Monte.
Muchos que afirman piadosamente que este Sermón es su religión, lo que en
realidad quieren decir es que lo consideran un buen discurso, bellamente
expresado, pero que no influye en absoluto en sus vidas. Este discurso inspirado
por la ley, que modela todas sus normas, debería afectar la vida individual y en
comunidad. Sus grandes principios y metas son muy elevados. Necesitamos
conocerlos bien, aunque es cierto que revelan con mucho realismo hasta dónde
llega nuestra insuficiencia. Si te acercas a este documento con sinceridad, te
sentirás atraído por un Salvador que murió por ti en una cruz.
Consideremos ahora, de forma más específica,
El Sermón del Monte
El contenido de la versión de Mateo puede considerarse como un esquema del
mensaje de Cristo propiamente dicho. Lo he subtitulado y dividido de la siguiente
manera:
Las relaciones de los súbditos del reino
1. Consigo mismos (Mateo 5:1--16).
2. Con la ley (Mateo 5:17--48).
3. Con Dios (Mateo 6).
4. Con los demás (Mateo 7)
El sermón comienza con las Bienaventuranzas, que expresan lo que son los
súbditos del reino, su carácter y personalidad.
El versículo 1 nos aclara por qué este discurso de Jesús ha sido llamado el
Sermón del Monte.
Primeramente debiera observarse que, de hecho, el Señor no pronunció este
discurso a las multitudes, sino a sus discípulos, es decir, a los que ya eran suyos.
Leamos los versículos 1 y 2, para examinar las
Relaciones de los súbditos del reino consigo mismos
Y cuando vio las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, sus
discípulos se acercaron a Él.
"Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:"
Aunque Jesús, en realidad, no pronunció este Sermón a las multitudes, lo dirigió
a sus discípulos porque vio la necesidad de las multitudes a las que,
indirectamente, llegaron sus palabras.
En nuestro tiempo, las personas necesitan primero acudir a Cristo. Aún cuando
el reino está ausente, durante su estado actual la semilla, que es la Palabra de
Dios, está siendo sembrada. Nuestra responsabilidad en el mundo consiste en
sembrar esa semilla, sabiendo que cuando Cristo venga, establecerá Su reino
sobre la tierra.
Leamos el versículo 3;
Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.
Este versículo menciona a los "pobres en espíritu", pero no dice cómo alguien
puede llegar a ser pobre en espíritu. En estos 12 versículos, nuestro Señor utilizó
la palabra "bienaventurados" 9 veces. Por cierto, el libro de los Salmos se inicia
con el término: "Bienaventurado es el hombre . . ." Esta expresión está en
contraste con las maldiciones de la Ley de Moisés. Más adelante, veremos que
a Josué se le diría que, cuando Israel hubiese cruzado el río Jordán, debían
situarse en el monte Gerizim para bendecir al pueblo, y entonces, las maldiciones
serían pronunciadas desde el monte Ebal. Las bendiciones del Sermón del
Monte presentan un marcado contraste con las maldiciones del monte Ebal, y
exceden notablemente a las bendiciones del monte Gerizim, porque solo Cristo
puede traer tales bendiciones. En la actualidad, solamente un pecador que ha
sido salvado es capaz de conocer su pobreza de espíritu, porque solo el Espíritu
de Dios puede revelar esa condición. Y el Señor Jesús no les estaba explicando
a sus discípulos cómo convertirse en ciudadanos del reino de los cielos, porque
ellos ya eran ciudadanos del reino.
En la actualidad los cristianos somos realmente pobres en espíritu; estamos en
una situación de bancarrota espiritual. Pero tenemos algo que dar que es más
valioso que el oro y la plata. En su segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo
lo expresó de esta manera;
"Como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a
muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo. "
Aquí se hace referencia a las riquezas espirituales que se encuentran a
disposición de todo aquel que pertenece a Cristo.
Podemos ver la próxima bienaventuranza en el versículo 4:
"Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados."
Es interesante observar que los mismos pensamientos expresados en las
Bienaventuranzas se hallan en otras partes de la Biblia. Los pobres en espíritu
son mencionados en el libro del profeta Zacarías 3.12. Y el profeta Miqueas,
como vemos en su capítulo 7, fue un ejemplo de aquellos que lloran y son
consolados.
Continuemos con el versículo 5;
"Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra."
Esta idea la encontramos en el Salmo 37:12. En los tiempos en que vivimos, los
humildes no están heredando la tierra, como cualquiera podría reconocer
fácilmente. Así que, aparentemente, el Sermón del Monte no está vigente en la
hora actual. Sin embargo, cuando Cristo esté reinando, ellos heredarán la tierra.
¿Como nos convertimos tú y yo en personas humildes? Nuestro Señor era
manso y humilde, y El heredará todas las cosas; y nosotros somos herederos de
Dios y coherederos con Jesucristo. En la Biblia se nos dice que el fruto del
Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre, dominio propio. Solo el Espíritu de Dios puede quebrantarte para
hacerte manso y humilde. Si tu pudieses producir en ti mansedumbre y humildad
por tus propios esfuerzos, te enorgullecerías de ti mismo. ¿no es cierto? Y ahí
se terminaría tu humildad. Por eso decimos que solo el Espíritu Santo puede
crear ese carácter en el corazón de un cristiano que se ha rendido a Dios. Aquel
creyente que ha aprendido el secreto de producir el fruto del Espíritu Santo,
puede dirigirse a las Bienaventuranzas para leer; "Bienaventurados los humildes,
pues ellos heredarán la tierra", y entonces verá que la recompensa de la
humildad se encuentra aún en el futuro. El apóstol Pablo, en la primera carta a
los Corintios 6:2, les preguntó: "¿No sabéis que los santos han de juzgar al
mundo?"
Terminamos hoy nuestro programa reconociendo que las Bienaventuranzas
presentan metas que el hijo de Dios desea lograr en su propia vida, pero no las
puede lograr por sí mismo. La palabra de Dios nos recuerda, una y otra vez, que
tales metas solo pueden alcanzarse, como la humildad, por medio de la acción
del Espíritu Santo en nosotros.