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Abstinencia

En el sentido que abstinencia significa abstenerse de alimentos, la narración de la Biblia indica el


primer caso en que tal conducta fue impuesta por la ley (Gen., 2, l6, 17). El obvio propósito de este
mandato era llevar a la cabeza moral de la raza humana a reconocer la dependencia natural de las
creaturas de su Creador. La hora que presenció la transgresión de esta ley marcó un incremento en
la deuda que las creaturas tenían con su Creador. La desobediencia de Adán volvió a todos los
hombres criminales y responsables de la necesidad de apaciguar la justicia de Dios. Para satisfacer
esta exigencia la naturaleza dictó la necesidad de penitencia; la legislación positiva determinó las
leyes y principios de como esta obligación natural puede ser concretada. Los principales resultados
de esta determinación son estatutos positivos concernientes con el ayuno y la abstinencia. Las leyes
relativas al ayuno tienen por objetivo principal definir lo relativo a la cantidad de alimento
permitido en los días de ayuno, mientras que las que regulan la abstinencia regulan lo relativo a la
calidad de las viandas. En algunos casos coinciden ambas obligaciones y así los viernes de
Cuaresma son días de ayuno y abstinencia. En otros casos solo la ley de abstinencia obliga a los
fieles; y así los viernes ordinarios son simplemente días de abstinencia. El propósito de este artículo
es dibujar la historia de la legislación eclesiástica respecto a la ley de la abstinencia y examinar
también los motivos subyacentes a tal legislación.

Contenido

• 1 La Biblia: La abstinencia en el Antiguo Testamento


• 2 El Nuevo Testamento
• 3 La Iglesia Latina: Quiénes están sujetos a la Ley y sus elementos materiales
• 4 Días de Abstinencia
• 4.1 Viernes
• 4.2 Sábados
• 4.3 Cuaresma
• 4.4 Cuatro Témporas
• 4.5 Adviento
• 4.6 Vigilias
• 4.7 Días de Rogaciones
• 5 Aplicación de la Ley en los Estados Unidos
• 6 La Iglesia Griega
• 7 La Iglesia Rusa
• 8 La Iglesia Siria
• 9 Jacobitas
• 10 Nestorianos
• 11 Maronitas
• 12 Armenios
• 13 Coptos
• 14 Motivos de las Leyes Eclesiásticas relativas a la Abstinencia

La Biblia: La abstinencia en el Antiguo Testamento


Ayunar implicando abstinencia fue ordenado por la ley del Día de la Expiación (Lev., 16, 29 sq.).
La ceremonia incidente a esta fiesta era observada por los judíos en el quinto día antes de la Fiesta
de los Tabernáculos. Desde la noche del noveno hasta la noche del décimo día el trabajo y la comida
estaban estrictamente prohibidos. Además de este pasaje, la narración sagrada contiene muchos
otros que muestran como la adversidad movió a los judíos a asumir la carga del ayuno y abstinencia
en un espíritu de penitencia (Jueces, 20, 26; Judith, 6, 20; Joel, 1, 14; 2, 15). Los judíos, además se
abstenían en el noveno día del cuarto mes porque en ese día Nabucodonosor capturó Jerusalem
(Jer., li, 6); en el décimo día del quinto mes porque en ese día fue quemado el templo (Jer., lii, 12
sq.); el tercer día del séptimo mes porque en ese día Gedalías fue asesinado (Jer., xli, 2); y en el
décimo del décimo mes, porque en ese día los Caldeos comenzaron el sitio de Jerusalem (IV Reyes,
xxv, 1 sq.). Les fue dicho que la fidelidad a estas reglas traería gozo, satisfacción y grandes
solemnidades a la casa de Judá (Zach., viii, 19). Durante de mes del trigo nuevo fueron obligados a
pasar siete días sin levadura y comer el pan del sufrimiento en memoria de su salida de Egipto
(Deut., xvi, 3). Adicionalmente a aquellas indicaciones concernientes a las temporadas de
abstinencia entre los judíos, el texto sagrado contiene pasajes concernientes a los leyes y principios
por los cuales la ley de la abstinencia asumía una forma más definitiva entre ellos. Después del
Diluvio Dios dijo a Noé: "Todo lo que se mueva sobre la tierra será carne para tí, excepto la carne
con sangre que no comerás". (Gen., ix, 3, 4; pasajes similares están contenidos en Lev., vii, 26 sq.;
xvii, 14 sq.; Deut., xii, 15,16). En Deut., xii, 17 se establece una prohibición de comer dentro de su
ciudad el diezmo de su vino, de su aceite y de su trigo, así como las primeras crías de sus vacas y
ovejas. A los sacerdotes se les prohibía tomar cualquier intoxicante porque podían morir (Lev., x, 9).
El undécimo capítulo del Levítico contiene una detallada enumeración de las varias bestias, aves y
peces que caen bajo tal prohibición. A tales se les consideraba impuros. La abstinencia de cosas no
limpias tenía por objeto entrenar a los israelitas en la búsqueda de la limpieza espiritual.
El Antiguo Testamento provee varios ejemplos de personajes célebres que se dedicaron a este
castigo de la carne. David hizo ayuno por el niño nacido de la mujer de Urías (II Reyes, xii, 16);
Esther humilló su cuerpo con ayunos (Esth., xiv, 2); Judith ayunó todos los días de su vida (Jud.,
viii, 6); Daniel no comía ni pan ni carne hasta que se cumplían los días de tres semanas (Dan., x, 3),
y Judas Macabeo y toda la gente pedían misericordia con lágrimas y ayunos (II Mach., xiii, 12).
Además, Esdras ordenó ayuno junto al río Ahava (I Esd., viii, 21). El rey de Nínive proclamó un
ayuno en Nínive por el que ni hombres ni bestias podían comer nada, fuese alimento o bebida
(Jonas, iii, 7). Moises (Ex., xxxiv, 28) y Elías (III Reyes, xix, 8) pasaron cuarenta días en
abstinencia y ayunando. Finalmente, el fariseo en el templo decaró que ayunó "dos veces en una
semana" (Lucas, xviii, 12). A propósito de este pasaje Duchesne dice que Lunes y Jueves son días
de de ayuno entre los judíos piadosos ("Christian Worship", Londres, 1903, 228).

El Nuevo Testamento
La primera parte del evangelio según San Mateo relata como Cristo pasó cuarenta días en el
desierto y durante ese tiempo no pasó por sus labios ni bebida ni alimento. No cabe duda de que
esta penitencia del Dios-hombre no solo era expiatoria sino también ejemplar. Si bien es cierto que
Cristo no definió explícitamente los días ni las semanas en que sus seguidores estaban obligados a
ayunar y abstenerse, al mismo tiempo su ejemplo acompañado de su respuesta a los dicípulos del
Bautista es una evidencia de que en el futuro sus seguidores se encontrarían sujetos a reglas por las
cuales ayunarían "después que les haya sido quitado el novio". La única pieza de legislación
claramente definida concerniente a la abstinencia incorporada al Nuevo Testamento fue enmarcada
por el Concilio de Jerusalem, prescribiendo "abstinencia de cosas sacrificadas a los ídolos y de
sangre y de cosas estranguladas " (Act, xv, 29). Aún así, los Actos de los Apóstoles dan evidencia de
la tendencia de parte de la Iglesia, como un cuerpo organizado, de preparar el camino para
importantes eventos por la abstinencia y el ayuno (Act, xiii, 3; xiv; 22). Finalmente, San Pablo
establece la necesidad de abstinencia cuando dice que "quien se prepara para la lucha, de todo se
abstiene, (I Cor., ix, 25); y "acreditémonos como ministros de Cristo en tribulaciones, en apremios y
en ayunos " (II Cor., vi, 5), que él frecuentemente practicaba (II Cor., xi, 27).

La Iglesia Latina: Quiénes están sujetos a la Ley y sus elementos materiales


Por toda la Iglesia Latina, la ley de abstiencia prohibe a todos los sujetos a ella que se permitan
gozar de dietas de carne en días debidamente designados. La dieta de carne incluye carne, sangre,
médula de esos animales y aves y constituye alimento de carne según la apreciación de los
cristianos inteligentes que obedecen las leyes. Por esta razón el uso de pescado, vegetales,
moluscos, cangrejos, tortugas, ranas y otros semejantes creaturas de sangre fría no contradice la ley
de abstinencia. Los anfibios están relegados a la categoría con la que tengan la semejanza más
cercana. Esta clasificación difícilmente puede evitar toda duda respecto a las viandas prohibidas por
la ley de abstinencia. El uso local, junto con la práctica de cristianos inteligentes y concientes, es
generalmente la clave para la solución de puntos discutibles sobre tales asuntos, de otra manera la
decisión recae en la autoridad eclesiástica. Además, en muchos días de ayuno durante el año la ley
de abstinencia prohibe el uso de alimentos en que el origen sea de alimentos de carne. Por esta
razón huevos, leche, mantequilla, queso y manteca de puerco están prohibidos (Santo Tomás,
Summa, II-II, Q. cvii, art. ult., ad 3). La Iglesia prescribe leyes y principios por los cuales sus fieles
deben cumplir con la obligación de hacer penitencia inculcada por la ley natural. Muchos de los
Padres aluden al ejercicio de la autoridad eclesiástica en referencia a la obligación de abstinencia.
Los canones diciplinarios de varios concilios atestiguan el ejercicio real de autoridad en el mismo
sentido. Los textos de teología y catecismos de la doctrina cristiana indican que la obligación de
abstenerse forma un elemento en uno de los Mandamientos de la Iglesia. La satisfacción por el
pecado es una cosa de importancia primaria en el orden moral. Naturalmente que la abstinencia
contribuye en buena medida al cumplimiento de este fin. Como consecuencia, la ley de abstinencia
incorpora una seria obligación cuya transgresión, objectivamente considerada, ordinariamente
involucra un pecado mortal. El veredicto unánime de los teólogos, la constante práctica de los fieles
y la mente de la Iglesia colocan este punto más allá de toda objeción. Quienes se alegrarían de
minimizar el carácter de esta obligación como para relegar todas las transgresiones, excepto las que
se originan por desacato, a la categoría de pecado venial están anatemizados por Alejandro VII [Cf.
Prop. 23, ap. Bucceroni, Enchiridion Morale, 145 (Roma, 1905)]. En conclusión, el sínodo Trullano
(can. 58, ap. Hefele, "History of the Councils of the Church", V, 231, Edinburgo, 1896) impone
destitución en clérigos y excomunión en los laicos que violen esta ley. Más aún, los teólogos
sostienen que se comete un atróz pecado cuantas veces se consuma carne en cualquier cantidad en
dias de abstinencia (Sporer, Theologia Moralis super Decalogum, I, De observ. jejunii, # 2, assert.
II), debido a que la ley es negativa, y obliga semper et pro semper. En otras palabras, la prohibición
de la Iglesia en esta materia es absoluta. A veces, sin embargo, la cantidad de material prohibido
puede ser tan pequeña que que la ley no sufre una violación sustancial. Desde un punto de vista
objetivo estas transgresiones llevan la culpa de pecado venial. Los moralistas están lejos de decidir
unánimemente en que punto el material de un desorden menor pasa a ser a desorden de importancia
mayor. Algunos piensan que una onza de carne es suficiente para constituir una seria violación de
esta ley, mientras que otros sostienen que con menos dos onzas no se comete infracción de esta
obligación. Ordinariamente la observancia de esta obligación está limitada a circunstancias en que
no se convierta en carga insoportable. Es por esto que los enfermos, los débiles, los mendigos,
obreros y semejantes que tengan dificultad para procurarse la dieta de pescado, no están obligados a
observar la ley mientras prevalezcan tales circunstancias.
Días de Abstinencia

Viernes
Desde el amanecer del cristianismo, el viernes ha sido señalado como día de abstinencia con el fin
de rendir homenaje a la memoria de Cristo sufriendo y muriendo en ese día de la semana. Las
"Enseñanzas de los Apóstoles" (viii), Clemente de Alejandría (Strom., VI, 75), y Tertuliano (De
jejun., xiv) hacen mención explícita de esta práctica. El Papa Nicolás I (858-867) declara que la
abstinencia de carne es prescrita los viernes. Existe toda clase de razones para conjeturar que
Inocente III (1198-1216) tenía en mente la existencia de de esta ley cuando dijo que esta obligación
se suprimía en días de Navidad que cayeran en viernes (De observ. jejunii, ult. cap. Ap. Layman,
Theologia Moralis, I, iv, tract. viii, ii). Además, la manera en que la costumbre de abstenerse en
sábado se originó en la Iglesia Romana es una llamativa coincidencia de la temprana institución del
viernes como día de abstinencia.

Sábados
Tan al principio como en el tiempo de Tertuliano, algunas iglesias ocasionalmente prolongaban la
abstinencia y ayuno del viernes para abarcar el sábado. Tertuliano (De jejunio, xiv) llama a esta
práctica continuare jejunium - una expresión subsecuentemente substituída por superponere
jejunium. Tales prolongaciones eran muy comunes a fines del siglo tercero. El Concilio de Elvira
(can. xxvi, ap. Hefele, op. cit., I, 147) prescribe la observancia de un tal ayuno y abstiencia cada
mes, excepto durante Julio y Agosto. En ese mismo tiempo los padres de Elvira abrogaron la
"superposición" que hasta ese tiempo había sido obligatoria los Sábados (Duchesne, op. cit., 231).
Además, Gregorio VII (1073-85) habla en términos nada inciertos de la obligación de abstenerse los
Sábados cuando declara que todos los cristianos están obligados a abstenerse de comida de carne
los Sábados siempre y cuando no ocurra una solemnidad principal en Sábado (v.gr. Navidad), o no
halla debilidad que cancele la obligación (cap. Quia dies, d. 5, de consecrat., ap. Joannes, Azor. Inst.
Moral. I, Bk. VII, c. xii). Diversos autores han asignado diferentes razones para justificar la
extensión de la obligación que obliga a los fieles a abstenerse no solo los Viernes, sino también los
Sábados. Algunos sostienen que esta práctica fue inaugurada para conmemorar el entierro de Cristo
Jesús; otros, que fue instituída para imitar a los Apóstoles y dicípulos de Cristo, quienes, junto con
las Santas Mujeres, lloraron la muerte de Cristo aún en el séptimo día; mientras que otros sostienen
que debe su origen a la conducta de San Pedro, quien pasó el Sábado en oración, abstinencia, y
ayuno para prepararse a encontrar a Simón Magus el día siguiente (Act, viii, 18 sq.; cf. Migne, P. L.
XLIX, coll. 147, 148). Aunque los Pontífices Romanos constantemente han rehusado abrogar la ley
de abstención en Sábado, en muchas partes del mundo se han concedido indultos especiales a los
fieles dispensando la obligación.

Cuaresma
En cuanto a duración así como en cuanto a prácticas, la Cuaresma ha sido el sujeto de muchas
visicitudes. En los días de San Irineo (177-202) el tiempo de penitencia que precede a la Pascua era
de duración más bien corta. Algunos ayunaban y por tanto se abstenían de comida de carne etc.
durante un día, y otros en cambio, por muchos días. No se perciben rastros claros de la observancia
cuadragésima sino hasta el siglo cuarto. Los decretos del Concilio de Nicea en 325 (can. v, ap.
Hefele, op. cit., I, 387) contienen la mención más temprana de la Cuaresma. De ahí en adelante, la
historia eclesiástica contiene numerosas aluciones a esos cuarenta días. Pero las más tempranas
referencias al tiempo cuadragesimal indican que entonces era considerado usualmente un tiempo de
preparación para el bautismo, o para la absolución de penitentes, o un tiempo de retiro y meditación
para gente que vive en el mundo. Ayuno y abstinencia ciertamente formaban parte de las
obligaciones que caracterizaban este tiempo, pero había poca o ninguna uniformidad en la manera
de observarlos. Por el contrario, diferentes paises adoptaron un régimen diferente. En Roma era
usual pasar solo tres semanas en abstinencia, ayunando y orando inmediatamente antes de Pascua
(Socrates, H. E., V, 22). Se hicieron muchos intentos de incluir la Semana Santa en la
Cuadragésima. El intento tuvo éxito en Roma y en adelante el tiempo de Cuaresma consistió de seis
semanas. Durante estas seis semanas los Domingos eran los únicos días no alcanzados por la ley del
ayuno, pero la obligación de abstenerse no se quitó de los Domingos. Como consecuencia, el
tiempo de Cuaresma no duraba más de treinta y seis días. De aquí que San Ambrosio (Serm. xxxiv,
de Quadrag.) haga notar que el principio de la Cuaresma y el primer Domingo de Cuaresma fuesen
simultáneos antes del reinado de Gregorio I. En el siglo séptimo se agregaron cuatro días. Algunos
sostienen que este cambio fue obra de Gregorio I; otros se lo atribuyen a Gregorio II (Layman, loc.
cit.). Duchesne (op. cit., 244) dice que es imposible decir quien agregó los cuatro días a los treinta y
seis que anteriormente eran abarcados por el tiempo de Cuaresma. Es probable, de todos modos,
que el cambio haya sido hecho para tener cuarenta días en los cuales conmemorar los cuarenta días
de Cristo en el desierto. Sea como sea, la Iglesia nunca se ha desviado de su regla del siglo séptimo
según la cual el tiempo de Cuaresma abarca cuarenta días además de los domingos.

Cuatro Témporas
El comienzo de las cuatro estaciones del año es marcado por la Semana de Brazas, durante la cual
Miércoles, Viernes y Sábado son días de ayuno y abstiencia. La Semana de Brazas ocurre después
del primer Domingo de Cuaresma, después de Pentecostés, después de la fiesta de la Exaltación de
la Santa Cruz y después del tercer Domingo de Adviento. Según algunos escritores los Días de
Brazas en Diciembre fueron introducidos por los Apóstoles como una preparación para las
ordenaciones que tenían lugar durante ese mes (Layman, loc. cit.). La base bíblica para esta práctica
se puede encontrar en Acts, xiii, 2 sq. Los Días de Brazas del verano eran observados durante la
octava de Pentecostés (San León I, Sermo ii, de Pentecost.), y los Días de Brazas de otoño en
Septiembre (Idem, Sermo viii, De jejunio septimi mensis). En los Decretos Falsos (c. 840-50) al
Papa Calixto (217-22) se le hace agregar una cuarta semana. Decretamos, dice, que el ayuno que
habeis aprendido a guardar tres veces al año, de ahora en adelante será hecho cuatro veces al año
(Epist., Decr. lxxvi, cap., i; Migne, P. G., X, 121). San Jerónimo, en su comentario sobre el capítulo
ocho de Zacarías, cree que los Días de Brazas fueron instituídos siguiendo el ejemplo de los judíos,
que ayunaban y se abstenían cuatro veces al año, como se anota en el párrafo anterior. San León I
(Sermo vii, De jej. sept. mensis) considera que el propósito de la penitencia durante la Semana de
Brazas es para urgir a los fieles a hacer esfuerzos especiales en la causa de la continencia. Los dos
puntos de vista son enteramente compatibles.

Adviento
Rodolfo de Rivo (Kalendarium eccles. seu de observations canonum, Prop. xvi) e Inocente III (De
observ. jej., cap. ii) testifican que la Iglesia Romana fijó un período de ayuno y abstiencia como
preparación para la solemnización de Navidad. Aún se pueden encontrar rastros de esta costumbre
en el Breviario Romano indicando la recitación de oraciones feriales durante el Adviento igual que
en días de ayuno y abstinencia. Rodolfo de Rivo (loc. cit.) resalta que la Iglesia Romana fijó el
primer Domingo después de la fiesta de Santa Catarina como el comienzo del Adviento.

Vigilias
En tiempos antiguos los clérigos se reunían en el templo en vísperas de grandes festividades y
cantaban el divino oficio. De igual manera el laicado iba a sus templos y pasaba el tiempo
observando y orando. De ahí el término vigil. Innocente III (op. cit., i) menciona las vigilias de
Navidad, de la Asunción y de los Apóstoles (28 June). Es muy probable que la obligación de
abstenerse en las vigilias de Pentecostés, San Juan Bautista, San Lorenzo y Todos Santos fuera
introducida por la costumbre (cf. Azor., op. cit., VII, xiii), ya que, de acuerdo a Duchesne (op. cit.,
287), el elemento de antigüedad no es el ayuno, sino la vigilia. Anteriormente la obligación de
abstinencia en las vigilias era anticipada cuantas veces la vigilia cayera en Domingo. Esta práctica
es aún aceptada.

Días de Rogaciones
Estos días ocurren el Lunes, Martes y Miércoles que preceden la Ascención. Mamerto, obispo de
Viena (N.T.: en Francia), introduce (algún tiempo antes del 474) la costumbre de recitar las Letanías
en estos días. También prescribió ayuno y abstinencia encima de todo. Esta práctica se extendió por
toda la Galia franca en el 511 por el primer Concilio de Orleáns (can. xxvii). Por los principios del
siglo noveno León III introdujo en Roma los Días de Petición (Duchesne op. cit., 289). Una
observancia casi similar caracteriza la fiesta de San Marcos que data de alrededor del año 589
(Duchesne, op. cit., 288).

Aplicación de la Ley en los Estados Unidos


Diversidad en las costumbres, en el clima y en los precios de los alimentos han allanado
gradualmente el camino para modificaciones de la ley de abstinencia. Por todos los Estados Unidos
el sábado ordinario ya no es día de abstinencia. Durante la Cuaresma, en virtud de un indulto, a los
fieles se les permite comer carne como su alimento principal los Lunes, Martes, Jueves y Sábados,
exceptuando el segundo y el último Sábados. El consumo de carne en esos días no está restringido
en la comida principal a quienes por razón de enfermedad, edad u ocupación están exentos. Huevos,
leche, mantequilla y queso, anteriormente prohibidos, están ahora permitidos sin restricción en lo
que al día de la semana se refiere. El uso de manteca de puerco o jugo de la carne está permitido en
la preparación de vegetales y pescado todos los días y en todas las comidas por un indulto emitido
el 3 de Agosto de 1887. Nunca es legal comer pescado con carne en la misma comida durante la
Cuaresma, incluyendo los Domingos (Benedicto XIV, Litt. ad Archiep. Compostel., 10 June, 1745,
ap. Bucceroni, Enchiridion Morale, 147). En otros tiempos ésto no estaba prohibido (Bucceroni,
ib.). Los Miércoles y Viernes, como también el segundo y último Sábados de Cuaresma no se
permiten alimentos de carne. Miércoles, Viernes y Sábados durante la semana de Brazas son aún
días de ayuno y abstinencia. Las vigilias de Navidad, pentecostés, la Asunción y Todos Santos son
también días de ayuno y abstinencia. En virtud de las facultades concedidas por la Santa Sede, los
trabajadores así como sus familias, pueden consumir carne una vez al día en todos los días de
abstinencia del año excepto Viernes, Miércoles de Ceniza, Sábado Santo y la Vigilia de Navidad.
Este indulto fue emitido por diez años el 15 de Marzo de 1895 y renovado por otra década el 25 de
Febrero de 1905. (Ver "Exposición de Doctrina Cristiana", Filadelfia, 1899, II, 528-529 Spirago-
Clarke, "El catecismo Explicado", Nueva York, 1900; Reglas Diocesanas para la Cuaresma.) En
Gran Bretaña e Irlanda son días de abstinencia los Viernes durante el año, Miércoles durante el
Adviento, días de la semana durante la Cuaresma, Días de Brazas, las Vigilias de Navidad,
Pentecostés, la Asunción, Todos Santos, Santos Pedro y Pablo y San Andrés (en Escocia solamente).
La carne está permitida por indulto como alimento principal todos los días durante la Cuaresma
excepto Miércoles, Viernes, Jueves Santo, y el segundo y último Sábados. Los huevos están
permitidos como alimento principal durante la Cuaresma excepto en Miércoles de Ceniza y los
últimos tres días de la Cuaresma. Leche, mantequilla y queso están permitidos en la comida
principal y en la colación durante la Cuaresma, excepto en Miércoles de Ceniza y Sábado Santo. La
manteca de puerco y el jugo de la carne también están permitidos en la comida principal y en la
colación, excepto en Viernes Santo. El sebo está prohibido cuando no se permite la carne. El
pescado y la carne nunca están permitidos en la misma comida de ningún día de ayuno durante el
año (Directorio Católico, Londres, 1906). En Australia los Viernes durante el año, los Miércoles y
Sábados durante la Cuaresma, Jueves Santo, Miércoles durante el Adviento, Días de Brazas, las
Vigilias de Navidad, Pentecosés, la Asunción, Santos Pedro y Pablo, y Todos Santos son días de
abstinencia. Hay una más o menos generalizada práctica de permitir el uso de carne en la comida
principal de los Sábados ordinarios durante el año. Para el resto, la aplicación de la ley de abstiencia
es muy parecida a Irlanda (El Libro Anual de Australia, Sydney, 1892). En Canadá, los Viernes
durante el año, los Miércoles durante la Cuaresma y Adviento, Días de Brazas, las Vigilias de
Navidad, Pascua, Pentecostés, la Asunción, Santos Pedro y Pablo y Todos Santos son días de
abstinencia. La abstinencia incidente a las fiestas de San Pedro y San Pablo y la Asunción son
transferidas a la víspera de la solemnidad transferida. Leche, mantequilla, queso y huevos están
permitidos durante la Cuaresma aún en la colación; manteca de puerco y jugo de carne como en los
Estados Unidos. (Ver "Expos. De Doctrina Cristiana", Filadelfia, 1899, II, 528, 529.)

La Iglesia Griega
En la Iglesia griega la ley de abstiencia es designada por el término xerophagy en contra distinción
de monophagy, significando la ley de ayuno. En su más estricto sentido xerofagia prohibe todas las
viandas excepto el pan, la sal, el agua, frutas y vegetales (San Epifanio, Expositio Fidei, xxii;
Migne, P.G., XLII, col. 828; Apost. Const., V, xviii, ap. Migne, P.G., I, col. 889). En días de
abstinencia están rigurosamente prohibidos la carne, el pescado, los huevos, la leche, el queso, el
aceite y el vino. Esta tradicional costumbre de rigurosa abstinencia aún obliga a los griegos en todos
los Miércoles y Viernes, en todos los días de su Cuaresma Mayor incluyendo Sábados y Domingos,
excepto el Domingo de Ramos en el que aceite, vino y pescado están ahora permitidos, y en las
vigilias de Navidad y Epifanía. La xerofagia parece haber sido obligatoria solo en estos días. Otra
forma menos severa de abstinencia, común aún hoy día entre los griegos, prohibe el uso de carne,
huevos, leche y algunas veces pescado en determinadas ocasiones. De acuerdo a su régimen
presente, los griegos observan esta forma mitigada de abstinencia durante su Vigilia de los
Apóstoles (i. e. desde el Lunes después de la fiesta de Todos Santos celebrada el primer Domingo
después de Pentecostés, hasta Junio 29); durante la Vigilia de María (1-14 Agosto); durante la
Vigilia de Navidad, o Adviento (también llamado Adviento de San Felipe, 15 de Noviembre a 24 de
Diciembre); 29 de Agosto (conmemoración de la decapitación de San Juan Bautista) y en
Septiembre 14 (fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz). Los reglamentos canónicos que
determinan abstinencia obligatoria no han sufrido alteraciones significativas en el paso de muchos
siglos. En sus lineamientos generales, esta legislación es la misma para la Iglesia Griega Uniata y
no-Uniata. A la Iglesia Griega Uniata no le está permitido introducir ninguna innovación sin
autorización explícita de la Santa Sede (Benedicto XIV, Decret. Demandatam, # vi, in his
Bullarium, I, 128, Venecia ed., 1778). Aunque el uso y las dispensas han conducido a ciertas
modificaciones, los cánones respecto a la materia continúan inalterados. La costumbre ha hecho
legítimo el uso del aceite y del vino en días de xerofagia. En muchos lugares también el pescado es
permitido, excepto durante durante la primera y última semanas de su Cuaresma Mayor. Goar
(Euchologium, Venecia, 1730, 175) dice que a los griegos de su tiempo una ley no escrita les
permitía comer pescado, huevos, caracoles y otras viandas similares en días de xerofagia.
Las innovaciones en la duración de los períodos penitenciales se han originado por el uso. Así
surgió su costumbre de pasar la semana que precede la Cuaresma Mayor en abstinencia menor,
como un preludio a una observancia más rigurosa del tiempo de Cuaresma (Nilles, Kalendarium, II,
36, Innsbruck, 1885; Vacant, Dict. de théol. cath., I, 264). Esta costumbre cayó en desuso, pero los
decretos del Sínodo de Zamosc, 1720 (tit. xvi, Collect. Lacensis, II), muestra que los rutenios la
habían adoptado. Los melquitas han reducido su xerofagia a quince días durante la Vigilia de
Navidad. La misma tendencia a minimizar se encuentra entre los rutenios (Sínodo de Zamosc, loc.
cit.). La Vigilia de los Apóstoles cuenta apenas con doce días para los melquitas. Goar dice que su
Vigilia de Navidad está reducida a siete días. En diferentes lugares se han hecho otras alteraciones
en estos tiempos. Los griegos gozan de algún relajamiento de esta obligación en un cierto número
de días durante el año. Así que cuando las festividades solemnizadas en la Iglesia Griega caen en
Miércoles o Viernes ordinarios, o en días durante sus varias Vigilias (exceptuando Miércoles y
Viernes), tiene lugar una suspensión parcial de la xerofagia. La obligación de abstenerse de carne se
retira los Miércoles y Viernes entre Navidad y Enero 4; cuando la Epifanía caiga en Miércoles o
Viernes; Miércoles o Viernes durante la semana que precede la fiesta de la Exaltación de la Santa
Cruz; durante las octavas de Pascua y Pentecostés. Algunos griegos, especialmente los melquitas,
arguyen que la xerofagia no rige desde Pascua hasta Pentecostés [cf. Pilgrimage of Etheria
(Peregrinatio Sylviae) ap. Duchesne, op. cit. 569]. En su parcial suspensión de la xerofagia los
griegos mantienen la obligación de abstenerse de aliementos de carne, pero toleran el uso de otras
viandas que están ordinariamente prohibidas cuando la ley esta en pleno efecto. Esta mitigación
encuentra aplicación cuantas veces las siguientes festividades tienen lugar en Miércoles o Viernes
no incluidas en sus Vigilias o cualquier otro día (exceptuando Miércoles y Viernes): 24 de
Noviembre, Fiesta de San Felipe; 21 de Noviembre, Presentación de la Santísima Virgen María; 7
de Enero, conmemoración de San Juan Bautista; 2 deFebrero; Presentación de Cristo en el Templo;
25 deMarzo, Anunciación de la Santísima Virgen María; 29 de Junio, Los Apóstoles; 6 de Agosto,
Transfiguración, 15 de Agosto; Asunción y Domingo de Ramos. La regla de San Basilio es
observada por todos los monjes y monjas de la Iglesia Griega. La xerofagia es su regla general para
sus prácticas penitenciales. La ley de abstención de carne no admite relajamiento. Las solemnidades
mayores les permiten comer pescado, huevos, leche, aceite y vino. Las festividades de menor
solemnidad que caen en días diferentes a Miércoles y Viernes, admiten pescado, huevos, leche,
aceite y vino, en los otros días vino y aceite solamente. Finalmente, festividades simples admiten el
uso de aceite y vino. La obligación de la xerofagia en Miércoles y Viernes tiene su origen en la
tradición apostólica (cf. Enseñanzas de los Apóstoles, viii, I; Clemente de Alejandría, Strom. VI,
lxxv; Tertuliano, De jejunio, xiv). La xerofagia de la Cuaresma Mayor tiene también un antiguo
origen. Hay fuertes razones para pensar que la cuestión fue discutida en el siglo segundo, cuando la
controversia de Pascua se intensificó. Escritos del siglo cuarto hacen frecuentes referencias a esta
época. Según el Peregrinaje de Etheria (Duchesne, op. cit., 555), el final del siglo cuarto fue testigo
de Jerusalem dedicando cuarenta días (un período de ocho semanas) al ayuno y la abstinencia. El
período abarcó ocho semanas porque los orientales guardan tanto los Sábados (excepto Sábado
Santo) como los Domingos como días de regocijo y no de penitencia. Existen algunas notables
evidencias de que esos cuarenta días fueron fijados por los griegos para ayuno y abstinencia (San
Cirilo de Jerusalem, Procatech., no. 4, and Catech., iv, 3, ap. Migne, P. G., XXXIII, 341, 347;
Eusebius, De solemnitate pascuali, no. 4, Migne, P. G., XXIV, 697; Apostolic Canons, can. lxviii,
ap. Hefele, op. cit., I, 485). Los cánones de los concilios griegos no muestran rastros de legislación
anterior al siglo octavo respecto a su Vigilia de Navidad etc. No cabe duda que la práctica de
observar la xerofagia durante estos períodos se originó en los monasterios y de ahí pasaron al
laicado. Al principio del siglo noveno San Nicéforo, Patriarca de Constantinopla, establece que
todos están obligados a observar la xeerofagia durante esos períodos (Pitra, Juris Ecclesiastici
Graeci Historia et Monumenta, Rome, 1868, II, 327). Dificilmente hace falta hacer notar aquí que la
Iglesia Griega ha legislado que casi la mitad de los días del año sean de ayuno o abstinencia o
ambos. Aún así muchos escritores orientales protestan contra una disminución de este número. De
hecho, sin embargo, muchos griegos sostienen que muchos días de esta clase escasamente logran
apropiado reconocimiento de los fieles.

La Iglesia Rusa
La legislación de la Iglesia Rusa en relación a la abstiencia consiste en un elaborado programa que
especifica días de penitencia en los que están prohibidas varias clases de alimentos e indica varias
festividades en las que el rigor de la ley es templado a mayor o menor grado de acuerdo al grado de
solemnidad que caracteriza el ayuno. El Viernes Santo está señalizado por la forma más severa de
penitencia exterior, es decir, completa abstinencia. Durante la Cuaresma Mayor se prescribe
alimento frío y seco para los Lunes, Martes y Jueves, y también para los tres primeros días de la
Semana Santa. En los Sábados y Domingos durante este período se prohibe el pescado y se
permiten los crustáceos. Los Miercoles y Viernes durante todo el año, así como en la vigilia de
Navidad son mandados alimentos horneados y fruta. El aceite está prohibido y el vino permitido el
Sábado Santo, el Jueves del Canon Mayor (Jueves de la quinta semana de la Cuaresma) y el Viernes
Santo cuando la Anunciación coincida con él. El pescado está prohibido pero los huevos están
permitidos el Sábado que precede al Domingo de Ramos y en la fiesta de San Lázaro. Vino y aceite
están permitidos el Jueves Santo. Durante la Vigilia de Navidad, la Vigilia de María y la Vigilia de
los Apóstoles se prohibe la carne, pero se permiten vino y aceite los Lunes, Martes y Jueves. La
misma regla es aplicable a Septiembre 14, Agosto y Enero 5. Durante la Vigilia de María está
prohibida la dieta de leche; la dieta de pescado está permitida Sábados y Domingos. Durante las
otras dos Vigilias menores las mismas órdenes valen para Martes, Jueves, Sábados y Domingos. La
misma regla obliga en Domingo de Ramos, así como en los Miércoles y Viernes del tiempo de
Pascua. Finalmente, las festividades de la Transfiguración, la Natividad de María, la Anunciación, la
Purificación, la Presentación y la Asunción, la Natividad de San Juan Bautista, de los Santos Pedro
y Pablo y la Conmemoración de San Juan Bautista, el 7 de Enero, cuando ocurren en la Cuaresma o
en Miércoles o Viernes, están marcadas por el mismo grado de abstinencia. La dieta de carne está
prohibida, excepto durante toda la semana de carnaval. Los monjes rusos están obligados a observar
esta parte del programa durante todo el año. La Iglesia Rusa suspende la obligación de abstinencia
durante todo el tiempo de Navidad (25 de Diciembre a 6 de Enero, menos la vigilia de Epifanía),
durante el tiempo de Pascua, y durante la octava de Pentecostés.

La Iglesia Siria
Todas las ramas de la Iglesia Siria se abstienen los Miércoles y Viernes y durante la Cuaresma de
acuerdo con los Cánones Apostólicos (Can. lxviii, Hefele, loc. cit). El Concilio de Laodicea (can.
1), reconocido por todos los sirios, prescribe xerofagia para la Cuaresma (Hefele, op. cit., II, 320).
Empero, cambios y abusos han sido introducidos gradualmente en varias porciones de la Iglesia
Siria.

Jacobitas
(a) Entre el laicado, todos los adultos están obligados a abstenerse en todos los Miércoles y Viernes.
En estos días están prohibidos los huevos, leche, mantequilla y queso. Durante la Cuaresma su
riguroso régimen excluye el uso de huevos, leche, mantequilla, queso, pescado y vino. La Vigilia de
los Apóstoleses observada de Pentecostés a Junio 29. La abstinencia se recomienda entonces,
aunque no se impone. La Vigilia de María dura quince días. La Vigilia de Navidad es observada por
los monjes durante cuarenta días más que los laicos. Durante estos períodos tiene aceptación un
régimen menos riguroso. Finalmente, su abstinencia ninivitica, o abstinencia de súplica continúa
por tres días.
(b) Siguiendo el ejemplo de Esteban de Edessa, los monjes y monjas jacobitas observan
alternativamente siete semanas de ayuno y abstinencia, con otras siete semanas en las que tales
obligaciones son aplicables en Miércoles y Viernes solamente. Algunos no comen carne durante
todo el año. Sozomen (Hist. Eccl., VI; Migne, P.G., LXVII, col. 393) habla de sirios ancoritas que
viven de hierbas comiendo apenas pan o bebiendo vino. Rabulas, Obispo de Edessa (d. 435), y el
Concilio de Seleucia-Ctesiphon (420) (Hefele, op. cit., II, 449 sq.) prohibió a los monjes y monjas
que comieran carne.

Nestorianos
Como regla general, el laicado siguió el mismo régimen que los jacobitas. Con ellos la Cuaresma
comienza en el Domingo de Quincuagésima. Contrario a su antigua disciplina, se abstienen los
Sábados y los Domingos. Ellos observan los mismos tiempos penitenciales que los jacobitas. Su
tiempo ninivítico, o súplica se observa en Martes, Miércoles y Jueves de la tercera semana antes de
Cuaresma. Las reglas canónicas de los monjes y monjas prescriben el ayuno y la abstiencia como se
observan en otras ramas de la Iglesia Siria. Sin embargo, en varios períodos, innovaciones y
relajaciones han sido introducidas en comunidades nestorianas de hombres y mujeres (Vacant, op.
cit., I, 268).
Maronitas
Para el laicado la Cuaresma empieza el Lunes de la semana de Quincuagésima y continúa hasta el
Sábado Santo. Sábados y Domingos (exceptuendo Sábado Santo), junto con los festejos
obligatorios que ocurren en la Cuaresma, no son días de ayuno, pero aún entonces la dieta de carne
y leche está estrictamente prohibida. Su Vigilia de Navidad empieza en Diciembre 5 y termina en
Diciembre 24. La Vigilia de María empieza el primero de Agosto y termina el 14 de Agosto; no se
incluye ahí el 6 de Agosto. La Vigilia de los Apóstoles empieza el 15 de Junioy termina el 28 de
Junio, aunque el 24 de Junio no está incluido. Dietas de carne, huevos y leche están prohibidas los
Miércoles y Viernes excepto durante el tiempo de Navidad, tiempo de Pascua, o la Octava de
Pentecostés. Esta mitigación tiene lugar durante la semana que precede a su Cuaresma Mayor y en
las fiestas de la Transfiguración, San Juan Bautista y los Santos Pedro y Pablo. Su legislación para
monjes y monjas es simple y austera. Se les prohibe comer carne bajo pena de pecado mortal, a
menos que un médico la ordene para ellos en caso de enfermedad. Cuando se ven obligados a hacer
viajes largos, deben recurrir al obispo o a su propio superior local para permiso de comer carne
durante el viaje (Vacant, op. cit., I, 269).

Armenios
Vartan, a quien los armenios consideran como el máximo exponente de sus tradiciones eclesiásticas,
mantenía que ellos estaban obligados a seguir no solo la legislación abarcada en el Concilio de
Jerusalem, sino también a adherirse a la ley Mosaica respecto a animales impuros (Vacant, op. cit.,
I, 269). El Concilio de Florencia condenó este rigorismo y decidió que los decretos dictados en el
Concilio de Jerusalem concernientes a esta materia, así como también las reglas de la ley Mosaica
respecto a animales impuros, dejaban de tener la fuerza de ley. Los armenios reconocen el canon
sesenta y ocho de los Apóstoles que prescribe abstiencia en Miércoles y Viernes y en todos los días
de la Cuaresma Mayor. Los canonistas griegos Zonaras y Balsamon comparan la abstinencia de
Miércoles y Viernes con la de la Cuaresma. Al laicado durante la Cuaresma no se le permite sino
pan, sal, hierba y vino. Carne, pescado, leche, mantequilla, huevos y aceite están bajo la
prohibición. Pero con el tiempo aparecieron rastros de innovación en esta disciplina. En el presente
los armenios observan la ley de abstiencia los Miércoles y Viernes, excepto durante la octava de
Epifanía y durante el tiempo de Pascua, i. e. desde el Domingo de Pascua hasta el día de la
Ascención. Su Cuaresma Mayor empieza el Lunes de la semana de Quincuagésima y termina el
Sábado Santo. Desde el Miércoles de Ceniza hasta el día de Pascua ellos observan la xerofagia
excepto los Sábados y Domingos, en los que se permite la dieta de leche. Además dedican la
semana que precede las fiestas de la Transfiguración, de la Asunción, de la Santa Cruz y de San
Gregorio al ayuno y la abstinencia. Igualmente están obligados a abstenerse por una semana durante
el Adviento, una semana precediendo la fiesta de San Santiago y otra inmediatamente antes de la
Epifanía. Los monjes y monjas armenios nunca comen carne. Para ellos la ley de abstiencia es
sumamente rigurosa. Pueden comer pescado cuando al laicado se le permite comer carne.

Coptos
Los laicos están obligados a abstenerse de carne, huevos y leche durante todos los tiempos
penitenciales. Estos son la Cuaresma Mayor, la Vigilia de María, la Vigilia de Navidad y la Vigilia
de los Apóstoles. Están obligados por la ley de abstiencia todos los Miércoles y Viernes excepto
durante el intervalo entre Pascua y Pentecostés y cuando Navidad o Epifanía caiga en Miércoles o
Viernes. La ley de abstiencia se extiende a los Sábados y Domingos de sus tiempos penitenciales.
Durante la Cuaresma Mayor y la Semana Santa se prohibe el pescado. En otros tiempos su uso es
legal. Ha pasado algún tiempo desde que fue mitigado entre los coptos el rigor peculiar en el
Oriente durante los tiempos de penitencia. Fue entonces restringida la observancia de abstinencia
durante todos los períodos excepto la Cuaresma Mayor. Aún así un buen número de coptos
continúan observando la Vigilia de María con pristino rigor. Mientras residan en sus monasterios los
monjes y monjas están obligados a abstenerse de dietas de carne, huevos y leche durante todo el
año. Cuando residen fuera del monasterio pueden conformarse a las reglas de los laicos.

Motivos de las Leyes Eclesiásticas relativas a la Abstinencia


De acuerdo a los caprichos de los maniqueos, montanistas y encratitas, la carne es intrínsicamente
mala y amerita la más rigurosa clase de prohibición. Agudamente sensible a esta heterodoxia, la
Iglesia de Cristo no ha basado sus mandatos ordenando abstinencia en ninguna de estas
desautorizadas suposiciones. Como exponente de la revelación, la Iglesia conoce y enseña que todas
las creaturas en el universo visible son igualmente una obra de la divina sabiduría, poder y bondad
que desafian todas las limitaciones. Es por esto que las primeras páginas del texto inspirado indican
que el Creador "vió todas las cosas que había hecho y que eran muy buenas " (Gen., i, 31). San
Pablo es aún más explícito al condenar el error de esos sectarios, aunque se originaron después de
sus días. "Ahora, el espíritu manifiestamente dice que en los últimos tiempos algunos se apartarán
de la fe, dando crédito a los espíritus del error y enseñazas que vienen de los demonios. . .
prohibiendo que se casen, y comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes y los
que concen la verdad los coman dándole gracias. Nada debe ser rechazado si lo aceptamos dando
gracias a Dios" (I Tim, iv, 1, 2, 3). Tampoco está animada la Iglesia, en su legislación sobre
abstinencia, por cualquiera de tales burdas suposiciones que influencian los adherentes del
Brahamanismo y del Budismo. Movidos por sus teorías respecto a la transmigración de las almas,
ellos logicamente son inducidos a abstenerse de comer carne de animales, porque podrían
inconcientemente consumir a sus padres o amigos. Como consecuencia de esas mociones su dieta es
vegetariana. Tan rigurosa es la ley que prescribe esta dieta que las transgresiones son castigadas con
ostracismo social y doméstico. Al mismo tiempo, este ultra conservatismo no ha sido esposado por
todos los que comparten la doctrina respecto a la transmigración de las almas. Muchos de ellos no
han titubeado en moderar su creencia en este credo con una mitigada forma de abstinencia de carne.
El deseo de armonizar su régimen de disciplina con las exigencias de la legislación mosaica no
movió a la Iglesia al dar forma a las medidas que impuso a sus hijos en relación a la disciplina.
Aunque la Ley de Moisés abarca un detallado catálogo de viandas prohibidas, Cristo abrogó esas
prohibiciones cuando la ley se cumplió. Los Apóstoles, reunidos en el Concilio de Jerusalem, dieron
forma definitiva a sus convicciones respecto a dejar la Antigua Ley, como también respecto a su
derecho fundado en la divinidad de conformar y moldear el tenor de la legislación eclesiástica como
mejor satisfaciera las necesidades espirituales de aquellos que habían sido confiados a su cargo
(Acts, xv, 28, 29). Sin embargo, la legislación por si sola es bien impotente para tratar de cambiar
abruptamente la corriente de tradiciones y prejuicios cuando estan tan profundamente enraizados en
las instituciones nacionales como para llegar a formar un importante factor en el crecimiento y
desarrollo de una nación. Esta fue precisamente la clase de problema confrontada por las empresas
misioneras de los Apóstoles. Sus conversos eran reclutados del paganismo y del judaísmo. Aunque
los judíos y los gentiles eran sinceros en su conversión a la nueva religión, hábitos previos de
pensamiento y acción habían dejado en su carácter más que rastros superficiales. Como
consecuencia, muchos judíos conversos no estaban dispuestos a abandonar la ley Mosaica respecto
a carne impura, mientras que los gentiles conversos no veían absolutamente ninguna razón para
adoptar los principios del Judaísmo. Esta diversidad de sentimientos allanó el camino para
malentendidos y casi rompimientos en varias comunidades de la incipiente Iglesia. Es por ésto que
San Pablo habla tan claramente respecto a la legalidad de todas las carnes, pero recomienda que se
conceda debida consideración a aquellos cristianos cuya conciencia no tolerará esta libertad (Rom.,
xiv; Gal., iii, 28; Rom., ii). Siglos de vida cristiana han simplificado tan grandemente este asunto
que ahora es casi imposible comprender como pudo entonces haber habido algo más que una ligera
controversia. Al mismo tiempo es bueno recordar que al principio de la presente era los Apóstoles
haban sido llamados a relacionarse amigablemente con aquellos que basaban su conservadorismo en
las tradiciones de dos mil años de adhesión a la legislación Mosaica.
La experiencia diaria testifica que los fenómenos que circunscriben la evolución de la vida en el
mundo material tienen sus raíces en leyes que involucran un proceso de transición de la muerte a la
vida. "La lucha por la existencia y la sobrevivencia del más fuerte " es sencillamente el dictado de la
ciencia admitiendo la presencia de esta ley en el mundo animal. Esta ley, tan difundida en el orden
material, ha sido abarcada en esa economía en la que los imitarían a Cristo debían negarse a si
mismos, tomar su cruz, y seguirle. Por ello, al moldear su disciplina penitencial, la Iglesia es
inspirada por las máximas y ejemplo de su Divino Fundador. Como consecuencia, ella no es el autor
de medidas arbitrarias en esta materia; ella simplemente compone sus leyes de abstinencia para
satisfacer las exigencias de la naturaleza caída. Obscuridad en el entendimiento, debilidad en la
voluntad y turbulencia en las pasiones deberán permanecer para siempre para evidenciar el daño del
pecado en el hombre caído. Aunque las pasiones tienen por objeto satisfacer legítimas inclinaciones
de la naturaleza humana y permitir al hombre desarrollar su ser según los dictados de la razón, ellas
proveen además incuestionable evidencia de una viciosa propensión a invadir el dominio de la
razón y usurpar su soberanía. Para controlar esta anárquica invasión de las pasiones y para
subordinar sus movimientos al imperio de la razón, el hombre está obligado a trabajar
incansablemente; de otra manera, seguramente se volverá un esclavo de su incontrolada pasión.
Esto es lo que quiere decir San Pablo cuando dice: "porque los malos deseos están en contra del
espíritu, y el espíritu está en contra de los malos deseos" etc. (Gal., v, 17). La substancia de ciertas
viandas, especialmente la carne, rinde inestimable servicio al hombre en sus deseos por ganar y
retener la deseada supremacía. Esto es lo que quiere decir San Jerónimo cuando, citando a Terence
diciendo: Sine Cerere et Baccho, friget Venus (Cont. Jov., II, 6), o para usar las palabras de Santo
Tomás (II-II, q. cxlvii, art. 1), "el ardor de la lujuría es moderado por la abstinencia de alimento y
bebida." Además, la abstinencia ejerce una saludable influencia al llevar al hombre hacia sus metas
suprasensibles. Ya que según San Agustín (De oratione et jejunio, sermo ccxxx, de temp.), la
abstiencia purifica el alma, leva la mente, subordina la carne al espíritu, crea un corazón humilde y
contrito, disipa las nubes de la concupicencia, extingue el fuego de la lujuría y enciende la
verdadera luz de la castidad. Esto está resumido en el mensaje oficial de la Iglesia que se encuentra
en el prefacio de la misa leído durante la Cuaresma: "Quien suprime el vicio por ayuno corporal,
ennoblece la mente, concede virtud y recompensa." Por ende, no es exageración sostener que los
cristianos deben encontrar en la abstinencia un eficáz medio de reparar las pérdidas del espíritu y
aumentar sus ganancias. Inspirado por tales motivos, la Iglesia sabiamente prohibe el uso de la
carne en días oficialmente asignados. Aparentemente ruda, en un último análisis la ley de la
abstiencia sirve para promover bienestar corporal y espiritual. El mecanismo del cuerpo marca al
hombre como un animal omnívoro. Por eso todas las naciones han adoptado una dieta mezclada. No
solo eso, sino que razones a priori y a posteriori prueban que una ocasional interrupción de la dieta
de carne conduce a salud corporal y espiritual. En el caso de constituciones no tan fuertes, la Iglesia
templa los rigores de su legislación con la bondad de sus dispensas. Finalmente, la experiencia de
diecinueve siglos prueba que la transgresion de esta ley ni promueve la salud ni prolonga la vida.
De aquí que consumada sabidura y prudencia, buscando la salvaguarda del bienestar del alma y del
cuerpo, inspiran a la Iglesia en sus leyes concernientes a la abstinencia. (Ver ADVIENTO;
CUARESMA)

Bibliografía: TERTULLIAN, De Jejunio, P.L., II, ST. LEO I, Sermones, P. L., LIV; HERMAS
Pastor, in Ante-Nicene Fathers (NuevaYork), II; CLEMENT OF ALEXANDRIA, ibid., II; Teaching
of the Twelve Apostles, ibid., VII, DUCHESNE, Christian Worship: Its origin and evolution (tr.
Londres, 1904); Pilgrimage of Etheria (Sylviae), in DUCHESNE, op. cit., 547-577; HEFELE, A
History of the Councils of the Church (tr. Edinburgo, 1896), I, II, V; STO. THOMAS, Summa, II-II,
QQ. cxivii, cxlvii THOMASSIN, Traité des jeùnes d' I'Egise (Paris, 16800; LAYMAN, Theologia
Moralis (Padua, 1733); SPORER, Theologia Moralis super Decalogum (Venecia, 1761), I;
VACANT, Dict. de théol. cath (Paris, 1899), I, 262-277.
Fuente: O'Neill, James David. "Abstinence." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert
Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01067a.htm>.
Traducido por Javier L. Ochoa M.