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ANTROPOLOGÍA DE LOS PROCESOS CULTURALES CONTEMPORÁNEOS.

2018

TRABAJO FINAL

ALUMNO: LIBRO,HERNÁN MIGUEL

1. A) En su análisis de los procesos sociales, Norbert Elias va a definirlos como


transformaciones de largo plazo (de varias generaciones) en una determinada dirección,
que van cambiando la emotividad del comportamiento y la regulación de las emociones
individuales. Lo que le interesa explorar es la relación entre el cambio en las estructuras
de la personalidad con los de la estructura social, es decir, de procesos psicogenéticos y
sociogenéticos, entendidos no como dominios separados sino como dimensiones de un
mismo fenómeno, interdependientes y determinándose unas a otras. Esta idea de proceso
le permite superar el binarismo implícito en distinciones tales como interior/exterior o
individuo/sociedad. Otra dimensión en la concepción eliasiana de procesos sociales es la
idea de pragmática histórica, es decir, de progreso o evolución en una determinada
dirección que no necesariamente coincide con los deseos e ideales de determinados
grupos, sino que a menudo es el resultado de consecuencias no deseadas de la voluntad y
acción de estos. De modo que se trata de procesos a menudo no-intencionales, pero
explicables como consecuencia no deseada de acciones voluntariamente dirigidas u
orientadas. Esta explicación solo es posible a través de la historia, ya que busca descubrir
el orden de los cambios históricos, su mecánica y sus mecanismos concretos. Un
entramado continuo de generaciones entrelaza al pasado, presente y futuro de las
sociedades humanas, por lo cual las estructuras actuales no pueden entenderse y
explicarse sin recurrir al pasado.

El análisis del proceso de la civilización le permite detectar una tendencia general


hacia la disminución de los diferenciales de poder entre sectores de la humanidad y el
aumento de la interdependencia económica-militar, que tiene como consecuencia no
deseada el incremento de las tensiones y la frecuencia de los conflictos. También
identifica una tendencia hacia una creciente diferenciación social de funciones, es decir
creciente división del trabajo, y a la integración de unidades sociales menores en
mayores, que implica a su vez un aumento en la interdependencia. Advierte además un
cambio de las normas sociales de comportamiento: aquello que es socialmente permitido,
exigido y prohibido y los correspondientes cambios de las estructuras sociales de la
personalidad en dirección a una creciente civilización de las emociones y conductas
humanas, así como un desarrollo social en dirección a una monopolización más estable de
la violencia y de los tributos fiscales. Al mismo tiempo, cada una de estas tendencias está
permanentemente relacionada con tendencias en sentido opuesto.
En su estudio sobre el cricket, Appadurai busca dar cuenta del proceso de
nacionalización y descolonialización de este deporte, que pasó de encarnar los valores de
las clases altas victorianas inglesas a significar lo “esencialmente” indio. Resulta
interesante explorar, en este sentido, la noción eliasiana de consecuencias no-
intencionadas, ya que, aunque nunca existió una política de apoyo consciente por parte
del régimen colonial en India, el cricket evolucionó convirtiéndose en un instrumento
extraoficial de la cultura del estado. En épocas coloniales, las elites pensaban que este era
el modo ideal de transmitir a las colonias los ideales victorianos y la forma ideal de
socializar a los nativos en nuevos estándares de conducta en público y comportamiento
intergrupal. Los príncipes vieron en el cricket una forma de extensión de sus propias
tradiciones reales y lo absorbieron dentro de sus repertorios tradicionales, por lo cual
durante todo el siglo XIX importaron técnicos de Inglaterra, organizaron torneos y
premios, subsidiaron equipos y construyeron campos de juego, y fueron anfitriones de los
equipos ingleses de gira.

El proceso de indianización del cricket implicó una compleja interacción entre


nobles ingleses en India, príncipes indios, funcionarios estatales o del ejército y
deportistas blancos. Los medios masivos de comunicación jugaron un papel fundamental
en la nacionalización del cricket en India, comenzando con los comentarios transmitidos
por radio a partir de la década del 30, y la TV a partir de los 60s. En esta década los
comentarios comenzaron a hacerse en lengua vernácula y fueron el principal instrumento
de socialización de la audiencia masiva en las sutilezas del deporte. A esto hay que sumar
la proliferación de noticias, biografías de las estrellas del deporte, comentarios y literatura
de instrucción como puente entre las culturas y lenguas vernáculas y el idioma inglés. El
cricket es leído, escuchado y visto, y el impacto de esta vivencia diaria conspira no solo en
favor de su vernaculización sino también inyectando los principales términos y figuras del
lenguaje del cricket en las prácticas corporales y fantasías relacionadas con el cuerpo de
muchos jóvenes varones indios. Existe un complejo conjunto de recursos y atajos
pedagógicos y vivenciales por medio de los cuales la recepción del cricket pasó a ser un
instrumento clave para la construcción de la subjetividad y de la agencia social en el
marco del proceso de descolonización.

Desde un punto de vista indio, las fuerzas que han contribuido a erosionar el
marco moral y dialéctico del cricket victoriano son: la nacionalización del mecenazgo, el
apoyo estatal por la vía de subsidios masivos a los medios de comunicación e intereses
comerciales. Durante el proceso de su vernaculización, el cricket se convirtió en un
emblema de la nacionalidad india al mismo tiempo que se fue inscribiendo y arraigando,
en tanto práctica, en el cuerpo del (hombre) indio. El cricket es el foco ideal de la atención
nacional y de la pasión nacionalista debido a que proporciona la posibilidad de
experimentar con los medios de la modernidad a una amplia variedad de grupos sociales.
Los medios de la modernidad contenidos en el cricket suponen la confluencia de intereses
vividos como propios, de modo que tanto los productores como los consumidores de este
fenómeno cultural puedan compartir la emoción de la indianidad dejando de lado,
momentáneamente, sus múltiples cicatrices divisorias.

2. En El recurso de la cultura Yúdice entendie a la performatividad como la lógica


fundamental en que se practica la vida social. El término alude a los procesos mediante los
cuales se constituyen las identidades de la realidad social por reiteradas aproximaciones a
los modelos (normativas) y por aquellos residuos (exclusiones constitutivas) que resultan
insuficientes. En lugar de leyes, existe una competencia de muchos y diferentes principios
de inclusión y exclusión (Butler). El sujeto y la sociedad se encuentran conectados por
fuerzas performativas que operan, por un lado, para hacer converger las diferencias que
constituyen y singularizan al individuo, y por otro, para articular el ordenamiento de lo
social. La performatividad se basa en el supuesto de que el mantenimiento del statu quo,
es decir, la reproducción de las jerarquías sociales relativas a la raza, género y sexualidad
se logra mediante la repetición de normas performativas. La performatividad fue
caracterizada como un acto que "produce lo que nombra" y, en el proceso, efectúa una
exclusión obligatoria. Este enfoque resulta capital para entender los mandatos relativos a
la identificación: se obliga a los sujetos no solo a actuar, sino a imaginar su acción dentro
de una estructura cuyos soportes son los contextos institucionales de todo tipo (medios
masivos, mercado, estado benefactor y sistemas jurídico-políticos). Cualesquiera sean
nuestras tendencias ideológicas o fenotipos, estamos condenados a representar.

En el contexto de la globalización, Yúdice propone pensar la noción de cultura


como recurso, es decir como pretexto para el progreso sociopolítico y el crecimiento
económico. Esta definición implica un tipo de legitimación basada en la utilidad. Por ello,
abundan en la actualidad discursos que invocan a la cultura como medio privilegiado para
mejorar las condiciones sociales y/o estimular el crecimiento económico. Esta expansión
del rol de la cultura se debe, en parte, a la reducción de la subvención directa por parte
del Estado de todos los servicios sociales, incluida la propia cultura. El fin de la guerra fría
(y del estado de bienestar) implicó también el final del apoyo incondicional a las artes en
tanto manera de garantizar la libertad, lo que constituía la diferencia principal con la
U.R.S.S. Esta concepción expandida de la cultura, es ahora entendida como el medio para
resolver problemas sociales y económicos, con el propósito de contribuir a la reducción de
gastos y, al mismo tiempo mantener una intervención estatal que asegure la estabilidad
del capitalismo. Hoy sector de las artes y la cultura afirma que es capaz de resolver
problemas tales como: incrementar la educación, mitigar las luchas raciales, revertir el
deterioro urbano mediante el turismo cultural, crear empleos, reducir el delito y quizás
generar ganancias.

La noción de cultura como recurso nos permite pensar también la dimensión de


economía cultural o "creativa", en tanto nueva fase del crecimiento económico. De este
modo, podemos pensar por un lado a la cultura como generación de valor: el proceso por
el cual se crea propiedad intelectual (derechos de autor) y la infraestructura que la hacen
rentable. El caso paradigmático aquí es Hollywood y la industria cinematográfica, pionera
en el diseño de un modelo de especialización flexible post-fordiana e internacionalización
de la división del trabajo. Por otro, podemos pensarla como retórica de la inclusión
multicultural: donde grupos subordinados y minoritarios brindan servicios como
proveedores de "vida étnica" y otras experiencias culturales, esto es, el manejo de las
poblaciones con el fin de reducir el peligro de violencia en la compra y venta de
experiencias. Esta última permite aprovechar no solo el trabajo y el deseo de productores
y consumidores (turistas e indígenas encargados de representar la identidad), sino incluso
sus políticas, que se funden fácilmente con las mercancías.

3. a) Contexto: posfordismo como nueva instancia del capitalismo. Implica una


subversión de los procesos tradicionales para generar capital, reconfiguración del
concepto de trabajo, refeudalización del mundo y captación de las riquezas por las
oligarquías del capitalismo financiero y el consecuente crecimiento del número de
desfavorecidos, creciente socialización por el consumo (como única vía para mantener
vínculos).

Beatriz Preciado acuña el término capitalismo farmaco-pornográfico para describir


un modo de gestión política y técnica del cuerpo, del sexo y de la sexualidad, a través de
las industrias farmacéutica y pornográfica. Una nueva economía basada en la noción de
potentia gaudendi o "fuerza orgásmica", es decir la capacidad de excitación de un cuerpo.
Todo cuerpo posee esta potencia masturbatoria y productora de capital, que participa del
proceso productivo sin consumirse en él. En este sentido, todos compartimos la condición
de trabajadores/consumidores narcopornográficos, formando parte a su vez de ese
"burdel-laboratorio global integrado multimedia, en el que el control de los flujos y los
afectos se lleva a cabo a través de la forma pop de la excitación-frustración."

A esta definición, Sayak Valencia va a sumarle la gestión de la violencia. Su


definición de capitalismo gore donde la fuerza de trabajo es sustituida por el ejercicio de
la violencia para producir capital, constituye la reacción del Tercer Mundo a las exigencias
del orden económico global. Un capitalismo de frontera en donde el crimen y la violencia
se convierten en una opción laboral rentable y tentadora. En México, el narcotráfico es
producto de una lucha campesina que devino guerrilla urbana, y a su vez crimen
organizado. Opera revalorizando al campo (como generador de materia prima para
elaborar su producto) y reinterpretando la lucha de clases, como manifestación de la
rebelión campesina, y lleva a hacer uso de la violencia para satisfacer necesidades de
consumo y reafirmar narrativas de género que posicionan a los varones como machos
proveedores. Esto sucede mediante el surgimiento de sujetos endriagos, que buscan
modos de autoafirmación para exorcizar la condición de víctimas mediante el uso de la
violencia como herramienta de empoderamiento (autoafirmación personal) y adquisición
de capital (como modo de subsistencia). En el norte de México da lugar a una
narcocultura, con una indumentaria, una música (narcocorridos), prácticas de consumo y
un estatus social. Campesinos a la mafia.

Jean y John Comaroff analizan la forma particular que asumen estas descripciones
en la Sudáfrica rural post apartheid. El fin del aparheid implicó un pasaje pacífico hacia la
democracia, empañado por el aumento de la violencia y el crimen y un creciente abismo
entre pobres y ricos. En este contexto surge la figura del zombie asociada a trabajadores
inmigrantes provenientes de distintas partes del continente que, reducidos a mera fuerza
de tranbajo, representan una verdadera “Alien-nation” que altera las relaciones de
producción y reproducción. Al igual que los zombies padecen dificultades de habla: una
competencia limitada en la lengua vernácula supone incapacidades de participar
plenamente de la sociedad. Si bien la Sudáfrica poscolonial presenció una elevación en los
estándares de vida de ciertos grupos de clase media, también dio lugar a una aristocracia
de la liberación, con algunos cuadros que se volvieron muy acaudalados y personificaron
el triunfo de un capitalismo no racial y neoliberal (pequeñas y pujantes élites negras para
los cuales el consumo es, además de un símbolo de estatus, un modo de compensar las
desigualdades del pasado colonial). Estas distinciones, en tanto aparecieron a velocidad
indecente y con poco esfuerzo público, su origen material resulta misterioso. Es esto
justamente lo que marca las desigualdades cada vez mayores del presente poscolonial.
Existe una consciencia cada vez más angustiantes de la falta de trabajo, medida en función
de la amenazante presencia del inmigrante, y la sospecha constante, encarnada en el
zombi, de que solo por medios mágicos, consumiendo a otros, es posible enriquecerse a
velocidades tan desconcertantes. Todo zombi cristaliza en sí la problemática del trabajo
humano en su especificidad más concreta e histórica. En el contexto de la Sudáfrica
contemporánea, los empleos parecen estar disponibles sólo para trabajadores “no
estándar”: aquellos que, como los inmigrantes, aceptaran cualquier condición que se les
ofrezca.