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Terapia Familiar

Brian Cade
Últimos títulos publicados:
16. J. S. Bergman - Pescando barracadas
William Hudson O'Hanlon
17. B. P. Keeney - Estética del cambio
18. S. de Shazer - Pautas de terapia familiar breve
20. V. Papp - El proceso de cambio
2 1 . M. Selvini Palazzoli y otros - Paradoja y contraparadoja
22. B. P. Keeney y O. Silverstein - La voz terapéutica de Olga Silverstein
Guía breve
23. M. Andolfi - Tiempo y mito en la psicoterapia familiar
25. W. H. O'Hanlon - Raices profundas
27. H. C. Fishman - Tratamiento de adolescentes con problemas
de terapia breve
28. M. Selvini Palazzoli y otros - Los juegos psicóticos en la familia
29. T. Goodrich y otras - terapia familiar feminista
3ü. L. Onnis - Terapia familiar de los trastornos psicosomáticos
3 1 . A. Ackermans y M. Andolfi - La creación del sistema terapéutico
32. S. de Shazer - Claves para la solución en terapia breve
3 3 . A. M. Sorrentino - Handicap y rehabilitación
34. L Cancrini - La psicoterapia: gramática y sintaxis
35. W. H. O'Hanlon y M. Weiner-Davis - En busca de soluciones
36. C. A. Whitaker y W. M. Bumberry - Danzando con la familia
37. E. S. Pittman III - Momentos decisivos
38. S. Orillo y P. Di Blasio - Niños maltratados
39. J. Haley - Las tácticas de poder de Jesucristo
40. M. Bowen - De la familia al individuo
41. C, Whitakcr - Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar
42. M. M. Berger - Mas allá del doble vinculo
43. M. Walters, B. Carter, P. Papp y O. Silverstein - La red invisible
45. Matteo Selvini - Crónica de una investigación
46. O Rausch Herscovici y L. Bay - Anorexia nerviosa y bulimia
48. S. Rosen - Mi voz irá contigo
49. A. Campanini y E. Luppi - Servicio social y modelo sistémico
50. B. P Keeney- La improvisación en psicoterapia
51. P.. Caillé - Uno más uno son tres
52. J. Carpenter y A. Treacher - Problemas y soluciones
en terapia familiar y de pareja
53. M. Zappella - No veo, no oigo, no hablo. El autismo infantil
54. J. Navarro Góngora - 'Técnicas y programas en terapia familiar
55. C. Machines - Sexo, amor y violencia
56. M. Whitc y D. Epston - Medios narrativos para fines terapéuticos
57. W. Robert Beavers y R. B. Hampson - Familias exitosas
58. I. Segal - Soñar la realidad
59. S. Cirillo - El cambio en los contextos no terapéuticos
60. S. Minuchin - La recuperación de la familia ediciones
62. J. Navarro Góngora y M. Beyebach - Avances en terapia familiar sistémica
63. B. Cade y W. H. O H a n l o n - Guía breve de terapia breve
PAIDOS
Barcelona-Buenos Aires-México
SUMARIO

Agradecimientos 11
Prefacio 13
Introducción 15

1. Enfoques breves/estratégicos de la terapia: una visión ge-


neral 19
Historia de los primeros tiempos: algunos hitos importantes. . 19
Definiciones 22
Los dos enfoques principales 23
Intervención terapéutica 27
Entrenamiento 33
Conclusión 34
2. ¿Qué es lo que sucede entre oreja y oreja? 37
La operación básica 38
Los constructos personales 40
Figura/fondo: los efectos de la tendencia del observador . . . . 45
3. La realidad de la «realidad» (o la «realidad» de la realidad):
«¿qué es lo que está ocurriendo realmente?» 49
4. ¿Cómo comprendemos las emociones? 61
5. Negociando el problema 69
6. Neutralidad y poder, sugerencias, tareas y persuasiones . . . 83
Influencia y pericia 83
La neutralidad 85
Sugerencias, tareas y persuasiones 87
7. Menos de lo mismo 97
Libertad, ¿para quién? 104
8. Excepciones, soluciones y enfoques al futuro 111
Excepciones 114
La pregunta del milagro 118
Ubicación en una escala 122
Enfocando al futuro 125
10 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

9. Intervenciones de enmarcado: modificando la visión del pro-


AGRADECIMIENTOS
blema 127
10. Intervención en la pauta: modificando la acción del proble-
ma 139
Intervención en la pauta 142
11. El uso de la analogía 149
Sobre la analogía 150
Anécdotas, parábolas y relatos 152
Utilizando las aptitudes naturales del cuerpo 154
La metáfora mediante la acción 156
Tareas metafóricas 157 Nos gustaría reconocer la ayuda de nuestro amigo y colega Michael
«He conocido una familia que...» 157 Durrant, por sus valiosos consejos, su apoyo, su constante exhortación
12. Las intervenciones paradójicas 159 a que no abandonáramos, sus frecuentes y gratas invitaciones a tomar
La paradoja reconsiderada: empatia, no trampa 168 un vaso de vino (ofrecido a Brian, no a Bill, que vivía demasiado lejos)
13. Exceso y defecto de responsabilidad: las dos caras de la mo- y, finalmente, por su pericia con los ordenadores.
neda 171 También deseamos expresar nuestro agradecimiento a los directo-
Tres niveles de responsabilidad 173 res de los periódicos que nos autorizaron a reproducir o adaptar la tota-
Experiencias formativas 174 lidad o partes de los siguientes artículos:
El continuum responsabilidad-irresponsabilidad 176
Sistemas de constructos personales 183
Cade, B. (1982), «Some uses of metaphor», The Australian Journal of
«El que compra un perro no sigue ladrando» 184
Conclusión 189 Family Tlierapy, 3: 135-140.
Una historia final 190 Cade, B. (1984), «Paradoxal techniques in therapy», Journal of Child
Psychology and Psychiatry, 25: 509-516.
Epílogo 192 Cade, B. (1986), «The reality of "reality" (or the "reality" of reality)»,
Bibliografía 195 The American Journal of Family Therapy, 14: 49-56.
Indice de nombres 204 Cade, B. (1987), «Brief/strategic approaches to therapy: A commentary»,
Indice analítico 206 The Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 8: 37-44.
Cade, B. (1988), «The art of neglecting children: Passing the respon-
sability back», Family Therapy Case Studies, 3: 27-34.
Cade, B. (1989), «Over-responsability and under-responsability: Opposite
sides of the coin», A celebration of family therapy-10th anniversary
issue of The Journal of Family Therapy, Primavera, 103-121.
Cade, B. (1992), «A response by any other...», Journal of Family Therapy,
14: 163-169.
Cade, B. (1992), «I am an unashamed expert», Context: A News Magazine
of Family Therapy, Verano, 30-31.
Cade, B. y Seligman, P. (1981), «Nothing is good or bad but thinking
makes it so», The Association for Child Psychology and Psychiatry:
Newsletter, n. 6, Primavera, 4-7.
12 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

PREFACIO
F i n a l m e n t e , q u e r e m o s agradecerle su infinita paciencia y com-
prensión, y su buen humor, que seguramente algunas veces se vio afec-
tado, a Susan Barrows Munro, de la editorial Norton. Y a su nueva ayu-
dante, Margaret Farley, deseamos expresarle nuestra admiración por
el rápido desarrollo de sus habilidades para la «compaginación breve».

Los autores se conocieron en Cardiff, Gales, a principios de la déca-.


da de 1980. Bill dirigía unas sesiones de trabajo auspiciadas por The
Family Institute, en el que estaba empleado Brian. Descubrimos con-
siderables afinidades. Los dos tocábamos la guitarra y habíamos escri-
to canciones. Otrora ambos habíamos llevado el pelo largo (aunque
en el caso de Brian; ya andaba algo escaso de ese bien), además de cami-
sas floreadas y abalorios. Encontramos que nuestras ideas sobre la ten
pia breve y el modo en que la practicábamos tenían mucho en común
a u n q u e c o n algunas diferencias de énfasis. Coincidíamos en que la
influencia de Milton Erickson había sido de suma importancia en el
desarrollo de nuestra práctica y de nuestras ideas acerca de la terapia
aunque sólo Bill le había conocido personalmente.
Muy pronto decidimos colaborar en un libro que resumiría los prin-
cipales elementos, las ideas, los principios, las actitudes y las técnicas
asociadas con la terapia breve. Cada u n o de nosotros había practica-
do y e n s e ñ a d o este enfoque desde mediados de la década de 1970, y
nos p a r e c í a q u e teníamos algo significativo que decir. El libro iba a
reflejar t a n t o las semejanzas como las diferencias de nuestro trabajo.
Sin embargo, escribirlo nos llevó más tiempo del que habíamos pen-
sado. Esto se debió, en parte, a que no podíamos seguirle el paso a los
desarrollos que se producían en nuestro campo (y en nosotros); en bue-
na medida, la causa fue que los dos somos personas ocupadas; también
a que estábamos escribiendo demasiadas otras cosas; de pronto, Brian
emigró a Australia, y etcétera, etcétera. El proyecto finalmente levantó
el vuelo c u a n d o , p o r casualidad, descubrimos que los dos habíamos
comprado ordenadores compatibles y programas también compatibles
para el procesamiento de textos, y que, además, ambos teníamos fax.
Entonces surgió un problema que no habíamos previsto. ¿Qué está-
bamos h a c i e n d o en terapia, y qué pensábamos acerca de ello? En los
días impetuosos de finales de la década del 70 y principios de la del 80,
14 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

INTRODUCCIÓN
nosotros, junto con la mayoría de nuestros colegas breves/estratégicos,
trabajábamos con relativa certidumbre. Éramos buenos tácticos, nos
basábamos en concepciones claras, centradas en los procesos, acerca
del modo en que se mantenían y evolucionaban los problemas; ade-
más, disponíamos de energía y entusiasmo ilimitados, y de una ver-
dadera cornucopia de ideas perspicaces para las intervenciones.
Ahora somos tácticos con menos certidumbres, menos audaces,
menos abrazados a modelos simplistas, y m u c h o menos impresiona-
dos por nuestra sagacidad. Nos interesan m u c h o más los recursos de
En las últimas tres décadas, considerablemente influido por la publi-
nuestros clientes y procuramos evitar enfoques que, abierta o encu-
cación en 1963 de Strategies of Psychotherapy, de Jay Haley, y el trabajo
biertamente, los debiliten. Nos interesa m á s el desarrollo de un enfo-
que cooperativo. No obstante, seguimos siendo un tanto escépticos con ulterior del Centro de Terapia Breve de Palo Alto (Watzlawick y otros,
respecto al m o d o santurrón con que algunos colegas niegan la vali- 1974; Weakland y otros, 1974), se produjo un rápido crecimiento del
dez de la pericia profesional y afirman que es posible y deseable no interés en el desarrollo de enfoques terapéuticos breves/estratégicos.
ejercer ninguna forma de influencia. Nosotros pensamos que es impo- En contraste con la mayoría de los modelos que entonces prevalecían,
sible no influir, pero «...hay un modo de estar abiertos para que los evolucionó un enfoque más activo, directivo, para el cual la terapia con-
clientes influyan en nosotros como terapeutas. Podemos escucharlos sistía primordialmente en promover el cambio, y ya no el crecimiento,
a ellos en lugar de escuchar a nuestras teorías. Podemos validar su expe- la comprensión o el insight; el terapeuta se volvía mucho más útil como
riencia y permitirles que nos enseñen lo que da y lo que no da resul- agente generador del cambio.
tado para ellos» (O'Hanlon, 1991, pág. 109). Gran parte del primer ímpetu del desarrollo de este enfoque refle-
Sin duda, nos habría resultado mucho m á s fácil escribir este libro jaba el interés por la innovación y el descubrimiento de mejores téc-
cuando se nos ocurrió la idea y mientras aún disfrutábamos de un gra- nicas para producir cambios. En los años siguientes, resultó cada vez
do considerable de certidumbre acerca de lo que pensábamos y de lo más claro que la terapia exitosa podía ser mucho más corta que lo que
que poníamos en práctica. Pero, con suerte, lo que finalmente hicimos suponían los profesionales que operaban en el marco de principios más
quizá sea más útil. tradicionales. Esta perspectiva fascinó a cantidades crecientes de pro-
fesionales y equipos en todo el m u n d o , que empezaron a experimen-
tarla. Les atraía el optimismo y el enfoque pragmático, tanto la creati-
vidad como la aportación a una terapia eficaz. Siguió una oleada expo-
nencial de artículos, capítulos y libros; cada vez era mayor la riqueza
de ideas y técnicas. Más recientemente, la posibilidad de realizar inter-
venciones breves pero eficaces se ha popularizado entre diversas fuen-
tes de recursos económicos, compañías de seguros, y los muchos orga-
nismos de ayuda que no pueden proporcionar servicios a cantidades
crecientes de clientes, dado que sus presupuestos se reducen rápida-
mente.
Pero en los últimos años se está empezando a dirigir u n a m i r a d a
m á s sobria y más crítica al enfoque, a las consecuencias de m u c h a s de
las técnicas desarrolladas, y a algunos de los supuestos subyacentes
que orientaron la práctica de la terapia breve que ésta, alternativamente,
16 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE INTRODUCCIÓN 17

ha sido a c u s a d a de ignorar o p a s a r p o r alto. S i e m p r e h u b o críticos Hemos descubierto que no hay ninguna necesidad de inventar esas
externos, pero ahora el campo en sí está considerando con mayor deten- trampas, esos recursos engañosos que algunos de nosotros solíamos uti-
ción la dirección de su marcha anterior y el punto al que ahora se enca- lizar en el pasado. Nuestras técnicas preferidas son ahora francas y correc-
mina. tas, y estamos utilizando el material que nos proporciona la familia. De
Entre los principales ámbitos de preocupación parecen estar: hecho, retrospectivamente, supongo que todas aquellas técnicas prove-
nían de las familias con las que trabajábamos. Pienso que las preocu-
paciones que tienen algunas personas surgen del modo en que nosotros,
• el empleo de técnicas encubiertas y manipulativas (por ejemplo, los autores, escribimos sobre lo que estábamos haciendo, y quizá escri-
las intervenciones paradójicas), en particular cuando éstas supo- bíamos de un modo que no lo reivindicaba. Si lo hubiéramos escrito de
nen proyectos encubiertos del terapeuta o del equipo y, a veces, otra manera, podríamos haber dicho: «¡Dios mío, vaya si son astutos
diversos grados de engaño deliberado; estos clientes!» (Cade, 1985b, pág. 97).
• el a b u s o implícito o explícito de la posición de poder y control
del terapeuta p a r a definir la dirección y el resultado, en parti- Nosotros ya no utilizamos el paradigma sistémico como nuestro
c u l a r c u a n d o éstos q u e d a n fuera de la conciencia del cliente; modelo p r i n c i p a l . El único que p u e d e a c t u a r y r e a c c i o n a r ante las
• el enfoque conductual estrecho y, en g r a n medida, pragmático circunstancias es el individuo. Preferimos el término interaccioval a la
asumido por esta aproximación, y su aparente desinterés por las palabra sistémico, en cuanto el primero lleva a considerar procesos
variables i n t r a p s í q u i c a s o emocionales de la vida del cliente; repetitivos y potencialmente observables, en los cuales las personas
• la perspectiva un tanto frivola que parece haberse adoptado en reaccionan secuencial y recíprocamente. La palabra «sistémico» pue-
c u a n t o a la i m p o r t a n c i a o existencia de u n a realidad o verdad de ser demasiado estática y carente de especificidad, además de pres-
identificable en los asuntos humanos; tarse a la reificación.
• el hecho de que no se encararan con seriedad las variables socio- Por razones tanto pragmáticas como estéticas, también nos hemos
políticas que afectan la vida de los clientes, en particular las rela- guiado p o r el principio de economía de Occam. El hermano Guillermo
cionadas con el género. de Occam, un filósofo inglés del siglo XIV, sostenía que para explicar
cualquier fenómeno había que partir de la m e n o r cantidad posible de
A lo largo de este libro tocaremos m u c h o s de estos temas, aunque supuestos. Basándose en la idea de que «es vano hacer con más lo que
no prometemos resolver todos los dilemas suscitados. No pretendemos puede lograrse con menos», diseccionó como con u n a navaja todos los
negar que, a veces, los terapeutas breves h a n aparecido como profe- marcos de referencia. Como dijo más tarde Bertrand Russell, «...si en
sionales de enfoque estrecho, antagónicos y falaces en su trabajo, en una ciencia todo puede interpretarse sin suponer ésta o aquella enti-
algunos casos impúdicamente. Pero creemos q u e los buenos terapeu- dad hipotética, no hay ninguna base para suponerla» (Russell, 1979,
tas breves siempre h a n prestado mucha atención a las preocupaciones pág. 462).
de los clientes (lo cual también supone respetar sus sentimientos), han Tras u n a visión histórica general, nuestro plan es llevar al lector a
considerado las restricciones contextuales m á s amplias, y han valora- un recorrido razonablemente amplio por los diversos aspectos de este
do y respetado los propios recursos del cliente. También creemos que c a m p o tal c o m o lo vemos en la actualidad. (Al principio, Bill quería
el campo ha evolucionado significativamente desde aquellos días impe- que el libro se titulara «Una guía de la terapia breve para turistas que
tuosos y ofuscados de principios de la década de 1970, cuando los escri- hacen a u t o - s t o p » , pero finalmente prevaleció la reserva británica de
tos omitían mencionar estos factores. Brian.) Por cierto, no será un recorrido exhaustivo ni, esperamos, ago-
Estamos de acuerdo con Steve de Shazer, quien, al ser interrogado tador. Evitamos plantear las cosas como si fueran recetas de cocina,
acerca de la reputación manipulativa/no ética que los terapeutas bre- aunque algunas secciones tengan ese aspecto. Tratamos de no escribir
ves se habían ganado, respondió: un m a n u a l t o t a l m e n t e teórico, a u n q u e i n t e r c a l a m o s alguna teoría.
E s p e r a m o s que este libro refleje la tendencia actual a un enfoque
18 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

que, de m a n e r a m a r c a d a y transparente, sea m á s cooperativo y res- 1. ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA:


petuoso. También esperamos haber logrado c o m u n i c a r nuestro entu- UNA VISIÓN GENERAL
siasmo continuo y nuestro compromiso con el potencial de los enfo-
ques breves, aunque reduciendo al mínimo o evitando p o r completo el
celo fundamentalista que quizá se habría deslizado si hubiéramos escri-
to el libro cuando lo planeamos inicialmente.
Deseamos dejar en claro desde el principio que la «terapia breve»
de la que hablamos deriva de la tradición de la terapia familiar y de
la obra de Milton Erickson. Hay otra rama de la «terapia breve», pro-
cedente de Freud y de la tradición psicodinámica, que es, p o r lo gene- Si se me pidiera que explicara brevemente la psicoterapia estra-
tégica... respondería: «Los pacientes intentan dominar sus pro-
ral, considerablemente m á s prolongada que la que describimos aquí.
blemas con una estrategia que el terapeuta cambia, porque no es
Lo advertimos para que el lector tenga la seguridad de haber dado con eficaz. Todo lo demás es comentario».
el libro correcto, a la m a n e r a de las azafatas, que anuncian el destino RABKIN(1977, pág. 5)
del vuelo antes de cerrar las puertas del avión. Si no es éste el tipo de
terapia breve al que el lector quiere llegar, ahora tiene la oportunidad
de bajarse rápidamente del avión. Milton H. Erickson, doctor en medicina, fue el primer tera-
peuta estratégico. Se le podría incluso considerar el primer te-
rapeuta, puesto que fue el primer clínico importante que se con-
centró en la manera de cambiar a las personas.
HALEY (1985, pág. vii)

HISTORIA DE LOS PRIMEROS TIEMPOS: ALGUNOS HITOS IMPORTANTES

La influencia de Milton Erickson sobre el desarrollo de los enfo-


ques breves/estratégicos ha sido enorme. Sus actitudes y su genio inven-
tivo ejercieron u n a influencia considerable durante el desarrollo tem-
prano de los enfoques de la comunicación, centrados inicialmente en
el proyecto de investigación de Gregory Bateson. Éste empezó en 1952
con un e s t u d i o de las paradojas de la a b s t r a c c i ó n en la c o m u n i c a -
ción, p a r a lo cual utilizó la teoría de los tipos lógicos (Whitehead y
Russell, 1910-1913). Bateson colaboró en este proyecto j u n t o con John
Weakland, Jay Haley y William Fry, Jr. Otras importantes influencias
tempranas fueron las de la obra de Norbert Weiner sobre cibernética
(la ciencia de la comunicación, a ú n en desarrollo, y el control de los
sistemas) (Weiner, 1948), y el trabajo de Shannon y Weaver, que desa-
rrollaba u n a matemática del intercambio y el flujo de la información
(1949).
Al m i s m o tiempo, Don Jackson, un psiquiatra, estaba elaborando
sus ideas acerca de la homeostasis familiar (1975). E m p e z ó a traba-
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA
20 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
21

sas etapas del ciclo vital de la familia. Como observa Lynn Hoffman,
j a r en estrecha colaboración con el grupo de investigación de Bateson
este libro representa la culminación de la preocupación inicial de Haley
y más tarde se incorporó a él. «En la investigación se utilizaron diver-
por el proceso. Dice esta autora: «Al escribir sobre la terapia estraté-
sos tipos de datos: hipnosis, ventriloquia, entrenamiento animal, pelí-
gica, Haley se atiene principalmente al lenguaje de los procesos. Tras
culas populares, la naturaleza del fuego, el humor, la esquizofrenia, la
su decisión de unirse a Minuchin en Filadelfia... comenzó a restar impor-
comunicación neurótica, la psicoterapia, los sistemas familiares y
tancia al empleo de las técnicas hipnóticas y las directivas paradójicas
la terapia familiar» (Haley, 1963, pág. ix).
(aunque sin dejar de atribuirles importancia), para concentrarse en un
A lo largo de los diez años que duró este proyecto, sus miembros modelo más organizacional de la terapia» (Hoffman, 1981, pág. 280).
consultaron a m e n u d o a Milton Erickson para examinar aspectos de El paso de Haley del interés en los procesos al interés en la forma resul-
la hipnosis y la terapia, y también en busca de supervisión en sus pro- ta muy claro en sus obras ulteriores, Problem Solving Therapy (1976) y
pios casos. Recientemente se h a n publicado las transcripciones de Leaving Home: The Therapy of Disturbed Young People (1980b).
muchas de esas consultas en tres volúmenes compilados por Jay Haley
En 1971, Mara Selvini Palazzoli, Luigi Boscolo, Gianfranco Cecchin
(1985).
y Giuliana Prata empezaron a trabajar juntos en Milán y en 1974 publi-
En 1956 apareció el trabajo clásico y seminal titulado Toward a
caron un artículo, The Treatment of Children Through the Brief Therapy
Theory of Schizophrenia, en el que se elaboraba la etiología de la esqui-
o Their Parents. Aunque algunos autores presentaban su enfoque como
zofrenia sobre la base de la teoría del doble vínculo (Bateson y otros,
breve/estratégico (Stanton, 1981), Hoffman ha observado que «los aso-
1956).
ciados de Milán, a u n q u e influidos por el grupo de Palo Alto, evolu-
Don Jackson fundó en 1958 el Mental Research Institute (MRI)
cionaron en u n a dirección totalmente diferente, c r e a n d o u n a forma
en Palo Alto, California, y se le unieron John Weakland, Jay Haley, Jules
singular y lo bastante distinta como para que se la p u e d a considerar
Riskin, Virginia Satir y Paul Watzlawick. George Greenberg ha escri-
una escuela por derecho propio» (Hoffman, 1981, pág. 285). Estamos
to un excelente homenaje a la influencia y las ideas de Don Jackson
de acuerdo con la observación de esta obra, y no incluimos a los aso-
(Greenberg, 1977).
ciados de Milán en el campo de los enfoques «breves/estratégicos», si
En 1963, Haley publicó su brillante obra Strategies of Psychoterapy,
bien reconocemos la brillantez táctica de su trabajo y la influencia que
que destacaba la naturaleza paradójica de toda terapia y también demos-
su m o d o de pensar, su preocupación por el contexto, el estilo de sus
traba la influencia de Milton Erickson en su pensamiento.
intervenciones y su empleo de las intervenciones «paradójicas» sisté-
En 1966, Richard Fisch iniciaba en el MRI el proyecto de terapia
micas han ejercido sobre muchos terapeutas breves/estratégicos.
breve que iba a tener un profundo efecto sobre el desarrollo de los enfo-
En 1974, miembros del proyecto de terapia breve del M R I publi-
ques breves/estratégicos.
caron dos obras i m p o r t a n t e s : el libro Change: Principles of Problem
Dos obras importantes vieron la luz en 1967: el trabajo de Haley
Formation and Problem Resolution (Watzlawick y otros, 1974) y el ar-
titulado Toward a Theory of Pathological Systems, que trataba sobre la
tículo «Brief Therapy: Focused Problem Resolution» (Weakland y otros,
influencia de las coaliciones transgeneracionales (el triángulo perver-
1974). Estos trabajos tuvieron un impacto inmediato y espectacular en
so) en el desarrollo de la patología (Haley, 1967a), y el libro Pragmatics
el campo de la terapia familiar, y contribuyeron de m o d o profundo a
of Human Communication: A Study of Interactional Patterns, Pathologies,
la ulterior difusión rápida del interés por los enfoques breves/estraté-
and Paradoxes (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967).
gicos. Este grupo ha continuado perfilando sus ideas sobre la terapia
En 1967, Haley pasó a la Philadelphia Child Guidance Clinic, don-
en trabajos posteriores, que se concentraron m u c h o menos en elabo-
de se unió a Salvador Minuchin y Braulio Montalvo, interesándose cada
r a r la teoría y más en la práctica de la terapia breve centrada en pro-
vez más por la estructura y la jerarquía. En 1973 se publicó Uncommon
blemas (Fisch y otros, 1982).
Therapy: The Psychiatric Techniques of Milton H. Erickson; allí Haley
Otra figura temprana importante es Richard Rabkin, quien demos-
introdujo la expresión «terapia estratégica» y elaboró sus ideas sobre
tró su estilo singular en Strategic Psychotherapy: Brief and Symptomatic
el enfoque ericksoniano de los problemas que aparecían en las diver-
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 23
22 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Treatment (1977); allí utiliza como analogía el ajedrez, y divide las eta- siguientes emplearemos el término «breve», y no «estratégico», para
pas del tratamiento en apertura, medio juego y final. referirnos a los enfoques, primordialmente c e n t r a d o s en los proce-
sos, que constituyen el interés de la mayor parte de este libro.
La terapia breve se atiene esencialmente a fenómenos observables,
DEFINICIONES es pragmática y se relaciona con la creencia de que los problemas son
producidos y mantenidos:
Haley definió la terapia estratégica como sigue:
1. por los constructos a través de los cuales se ven las dificultades
La terapia puede denominarse estratégica si el clínico inicia lo que (Kelly, 1955), y
sucede durante ella y diseña un enfoque particular para cada problema... 2. por las secuencias conductuales repetitivas (personales e inter-
[El terapeuta] debe identificar los problemas resolubles, establecer metas, personales) que rodean a tales constructos; estas secuencias, del
diseñar intervenciones para alcanzar esas metas, examinar las respues- de luego, pueden incluir los constructos y los aportes de los tera-
tas que recibe para corregir su enfoque y, en última instancia, examinar peutas.
el resultado de su terapia, a fin de ver si ha sido eficaz. El terapeuta debe
ser agudamente sensible y receptivo al paciente y a su campo social, pero
él mismo tiene que determinar su modo de proceder (Haley, 1973,
LOS DOS ENFOQUES PRINCIPALES
pág. 17).

Aunque en todos los casos hay acuerdo acerca de la importancia de


Richard Rabkin diferencia los enfoques estratégicos respecto de las
terapias que «buscan sabiduría e iluminación», definiéndolos como identificar las secuencias conductuales repetitivas, los enfoques bre-
«usualmente breves» e interesados en «cambiar la perspectiva que tie- ves/estratégicos pueden dividirse en dos grupos principales, según el
nen los pacientes de sus problemas y síntomas» (1977, págs. 6-7). modo en que tiende a utilizarse la información:
Para describir su enfoque, Weakland y otros prefieren la expresión
«terapia breve» a «terapia estratégica» (Weakland y otros, 1974); lo A. Los enfoques (que definiremos como terapias estratégicas) inte-
mismo que Peggy P a p p (1983), pero Rabkin considera que esa deno- resados en el modo en que las secuencias repetitivas revelan y
minación «no es lo bastante específica» (1977, pág. 7). reflejan la forma. Por lo general, se considera que los síntomas
Típica del terapeuta breve/estratégico es la evitación de una teoría cumplen u n a función en la familia y aportan información meta-
elaborada de la personalidad o la disfunción, sea en el nivel individual, fórica s o b r e la disfunción jerárquica (Haley, 1976; Madanes,
familiar, o del sistema global. Las formulaciones diagnósticas tienden 1981a, 1984; Papp, 1983). Se observan las secuencias para tra-
a representar, en cada caso, la visión más simplificada de la evolución zar el m a p a de la organización familiar.
y el mantenimiento de los problemas, a fin de permitir el desarrollo de B. Los enfoques (que definiremos como terapias breves) para los
una intervención eficaz. A los terapeutas breves/estratégicos les inte- cuales el análisis de las ideas y de las secuencias repetitivas que
resa intervenir del modo más rápido y económico posible; realizan una r o d e a n a los síntomas constituye un nivel de explicación sufi-
exploración y una elaboración sostenidas de sus propias conductas ó ciente; se consideran innecesarias las inferencias sobre su pro-
actitudes que tienden a facilitar al m á x i m o la resolución rápida de pósito, su función, o la estructura familiar (Cade, 1985; de Shazer,
los problemas. 1982, 1985, 1988; Fisch y otros, 1982; OHanlon, 1982; OHanlon
En los escritos más recientes de Jay Haley y Cloé Madanes, la expre- y Weiner-Davis, 1989; Weakland y otros, 1974). Las secuencias
sión «terapia estratégica» ha pasado a vincularse m u c h o m á s a las preo- se observan p a r a identificar pautas de pensamiento y conduc-
cupaciones estructurales/jerárquicas/centradas-en-el-poder que apa- tas que se autorrefuerzan.
recen en el trabajo de estos autores. En consecuencia, en los capítulos
24 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 2S
Los enfoques interesados en la forma y la función
tiones específicas, como la de si la esposa aprecia a su marido y el tra-
El enfoque de Haley, tal como aparece apuntado en Problem Solving bajo que éste desempeña, o si el esposo tiene que hacer lo que quieren la
Tlierapy (1976), se basa en la creencia de que los síntomas son signos mujer o la madre, etcétera. Es posible que la pareja se vuelva inestable
en torno al problema presentado, y que entonces un hijo tenga que desa-
de un sistema en el cual el ordenamiento jerárquico es constantemen-
rrollar un síntoma que obligue al padre a participar activamente en su
te ambiguo o bien involucra coaliciones reiteradas que cruzan los lími- cuidado, en lugar de mantenerse deprimido o incompetente (Madanes,
tes generacionales u organizacionales. Esa ambigüedad o confusión se 1981b, pág. 21).
cartografía observando los modos repetitivos en que los miembros del
sistema se tratan entre sí, particularmente con respecto a la conducta- De modo que, para este enfoque, los síntomas tienen funciones de
problema. Por ejemplo, un progenitor podría sentirse exasperado por protección o estabilización. Papp habla de tener presentes interrogan-
un hijo, expresar cólera o desesperación y pedir ayuda, pero proteger tes como «¿Qué función cumple este síntoma en la estabilización de la
c o n t i n u a m e n t e al jovencito de los intentos del cónyuge tendentes a familia?», y «¿Cuál es el tema central en torno al que está centrado el
imponer disciplina. En otro caso posible, un abuelo actúa constante- problema?». Esta autora habla de cambios en el ciclo vital de la fami-
mente en connivencia con un nieto contra sus padres, o lo protege de lia que activan «conflictos dormidos, y esos conflictos, en lugar de resol-
ellos, y de tal modo socava los esfuerzos de estos progenitores por alen- verse, se expresan a través de un síntoma» (Papp, 1983, págs. 18-19).
tar o dar vigencia a lo que consideran conductas apropiadas. Al mis- Se considera que el propósito del síntoma es defender a la familia de
mo tiempo, ese abuelo o abuela quizá culpe de las conductas pertur- los cambios o, alternativamente, ayudar a negociarlos, forzando a la
badoras del niño a la incompetencia o indiferencia de los padres. Los familia a reorganizarse.
problemas tienden a ser m á s graves cuando la confusión jerárquica es
encubierta y/o desmedida. Desde esta perspectiva, la terapia supone
cambiar esas secuencias, de m o d o tal que se corrija la jerarquía y se Los enfoques que se centran en el proceso
reduzca la ambigüedad o confusión. y los circuitos de feedback
Madanes comenta:
El modelo de terapia breve del MRI se basa en la creencia de que
Se espera que los progenitores estén a cargo de sus hijos, y las coa- los problemas se originan y son mantenidos por el m o d o en que un
liciones transgresionales, como la de un progenitor que toma partido por cliente o las otras personas involucradas perciben y a b o r d a n las difi-
un niño contra el otro progenitor, estén bloqueadas. Hay también una cultades normales de la vida. Las soluciones intentadas, que derivan
preocupación cautelosa por el lugar del terapeuta..., de modo que él o de un cierto marco de creencias aplicado a la dificultad, quizá no gene-
ella no forme coaliciones inadvertidas con los miembros que ocupan ren ningún cambio o incluso exacerben el problema. Dicho problema
posiciones inferiores en la jerarquía, contra los que están en niveles más
se agrava mientras se aplican de modo repetido y creciente soluciones,
altos (Madanes, 1981b, pág. 22).
o aparentes soluciones, del tipo «más de lo mismo», que llevan a «más
del mismo» problema, lo cual, a su vez, genera «más de las mismas»
Los síntomas se consideran una comunicación metafórica sobre un
soluciones intentadas, y así sucesivamente... (Watzlawick y otros, 1974).
p r o b l e m a m á s i m p o r t a n t e , y t a m b i é n u n a solución disfuncional dé
Se entiende que lo que mantiene los problemas es la aplicación conti-
ese problema. Se los analiza c o m o contratos entre p e r s o n a s o como
nuada de esos intentos de solución, «erróneos» o frustrados, que enton-
tácticas en las luchas de poder. Dice Madanes:
ces se convierten en el problema en sí. Desde luego, el mismo fenómeno
puede producirse en la terapia, cuando «más del mismo» enfoque tera-
En el caso de un hombre deprimido que no hace su trabajo, se supon-
péutico o «más de las mismas» técnicas derivadas de un cierto marco
dría que éste es el modo en que ese hombre y su esposa (y/o su madre)
su padre, sus hijos y otras personas) se comunican acerca de ciertas cues- o modelo generan «más del mismo» problema, etcétera, etcétera... Una
reacción insuficiente a u n a dificultad, o su negación, p u e d e n tam-
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 27
26 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

supuesto de base es que, una vez bloqueado el circuito de realimenta-


bién constituir «soluciones intentadas» capaces de perpetuar esa difi- ción que mantiene el problema, se tiene acceso a u n a mayor gama de
cultad y convertirla en un problema. conductas.
La aplicación repetida de soluciones «erróneas» o desafortunadas En contraste con la sabiduría convencional, según la cual «si no tie-
conlleva así la dificultad en u n a pauta de autorrefuerzo que mantiene nes éxito la primera vez, sigue intentándolo», Fisch y otros recomien-
el statu quo. Por ejemplo, los miembros de The Brief Therapy Center dan que, «si no tienes éxito la primera vez, puedes intentarlo una segun-
describen como sigue la pauta común que se desarrolla entre una per- da, pero si vuelves a fracasar, intenta algo diferente» (pág. 18). Ellos
sona deprimida y sus íntimos: resumen su enfoque como sigue:

Cuanto más intentan animarlo y hacerle ver los aspectos positivos Si la formación y el mantenimiento del problema se ven como par-
de la vida, probablemente más se deprimirá el paciente: «Ellos ni siquie- tes de un círculo vicioso, en el cual la bienintencionada conducta-solu-
ra me comprenden». La acción destinada a aliviar la conducta del otro, ción mantiene el problema, entonces alterar esa conducta debe inte-
en parte la agrava; la «cura» es peor que la «enfermedad» original. rrumpir el ciclo e iniciar la resolución, es decir, la cesación de la con-
Lamentablemente, los involucrados, por lo general, no advierten este ducta-problema, puesto que ya no es provocada por otras conductas del
hecho, e incluso se niegan a creerlo si cualquier otro intenta señalárse- sistema de interacción (1982, pág. 18).
lo (Weakland y otros, 1974, pág. 149).
Entonces «menos de lo mismo» puede llevar a «menos de lo mis-
Un progenitor que trata de controlar a un adolescente lo impulsa a mo», y así sucesivamente.
realizar más actos de rebeldía, que provocarán más intentos de con-
trol, v así sucesivamente. Un insomne se esfuerza cada vez con más
empeño en dormir, fenómeno éste que sólo puede producirse de modo INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA
espontáneo; ese esfuerzo frenético por dormir se convierte en la razón
misma de que el sueño le resulte tan elusivo. En este enfoque, la cro- Aunque los distintos enfoques breves/estratégicos se basan en algu-
nicidad es vista como persistencia de una dificultad repetidamente mal nos supuestos diferentes, hay muchos modos de intervención comu-
manejada. No se extraen inferencias sobre disfunciones individuales o nes a todos los terapeutas breves. Está implícito en lo que ya hemos
familiares subyacentes. Al síntoma no se le atribuye n i n g ú n propósi- dicho que los terapeutas breves se identifican más por el m o d o en que
to o función. No se considera que sean necesarios o útiles conceptos actúan que por sus formulaciones teóricas. Milton Erickson parecía
tales como los de homeostasis, enfermedad mental o ventaja inter- trabajar m á s a p a r t i r de u n a teoría implícita de la intervención que
personal de los síntomas. basándose en u n a teoría de la personalidad o de la disfunción clara-
Fisch y otros comentan: mente articulada. Lankton y Lankton han confeccionado u n a lista de
los principios que sustentan el enfoque idiosincrásico de Erickson.
Las personas suelen persistir en acciones que inadvertidamente man- Éstos pueden verse como implícitos en el trabajo de la mayoría de los
tienen los problemas, y a menudo lo hacen con la mejor de las inten-
terapeutas breves.
ciones.. Se atienen con mucho cuidado a mapas mal trazados, lo cual
es de esperar en personas comprensiblemente angustiadas en medio de
1. Las personas actúan sobre la base de sus mapas internos, y no de su
dificultades. La creencia en tales mapas también hace difícil que se vea
experiencia sensorial.
que no sirven como guías eficaces... (1982, págs. 16-18).
2. Las personas realizan la mejor elección para ellas en cualquier momen-
to dado.
En este enfoque, la terapia se centra en las «soluciones intentadas», 3. La explicación, la teoría o la metáfora utilizadas para relacionar hechos
en detener c incluso invertir el tratamiento usual que ha servido para concernientes a una persona no son la persona.
exacerbar la situación, por m á s lógico que ese tratamiento parezca. El
28 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA
29
4. Respeta todos los mensajes del cliente.
5. Enseña a elegir; nunca excluyas la elección. plo, el hábito de fumar o de comerse las uñas, a u n q u e sus ramifica-
6. Los recursos que el cliente necesita están en su propia historia personal. ciones pueden tener consecuencias de mucho m a y o r alcance. Y así
7. Encuéntrate con el cliente en su propio modelo del mundo. como una persona puede empezar a fumar mucho c o m o respuesta a
8. La persona con la mayor flexibilidad o posibilidad de elección será el un período particularmente tenso de su vida, y después le resulte difí-
elemento que controle el sistema. cil r o m p e r el hábito a u n q u e ese período de tensión haya concluido
9. Una persona no puede no comunicar. mucho tiempo antes, del mismo modo, decimos, las reacciones y res-
10. Si es trabajo duro, divídelo en partes. puestas emocionales y conductuales habituales que se convierten en
11. Los resultados se determinan en el nivel psicológico (Lankton y Lankton, partes de los contextos-problema pueden verse como hábitos que sobre-
1983, pág. 12).
viven mucho tiempo a los estímulos originales que los h a n desencade-
nado. Igual que muchos hábitos, éstos suelen ser difíciles de romper,
El genio de Erickson para construir intervenciones singulares y a
debido a los ciclos de autorrefuerzo en los que quedan a t r a p a d o s . A
menudo brillantes se ha hecho legendario. En nuestra opinión, no menos
nuestro juicio, no es necesario inferir un sustrato más fundamental y
i m p o r t a n t e era el profundo respeto que tenía por sus pacientes, p o r
profundo de cuestiones irresueltas, motivaciones inconscientes, resis-
sus creencias, por su capacidad para cambiar a pesar de sus problemas
tencias, etcétera.
agudos o crónicos, y la preocupación por proteger su integridad.
La terapia apunta hacia todos o algunos de los objetivos siguientes:
Etapas de la vida
A. Modificar los marcos de creencias o constructos del cliente (indi-
viduo o familia) que se pueden considerar relacionados con el Los terapeutas a los que les interesa la forma consideran los sín-
modo en que se perciben, encaran y mantienen las dificultades. tomas como indicación de que una familia no está pasando de u n a eta-
B. Modificar las sentencias repetitivas que rodean el problema, pa a la siguiente del ciclo vital familiar con éxito. Se supone que la tera-
derivadas de aquellos marcos.
pia ayuda a las familias a negociar esa transición y a reorganizarse ade-
C. Modificar las posiciones y enfoques del terapeuta que se vuelvan cuadamente para la etapa siguiente. Pueden ser especialmente difíci-
partes de un patrón que se autorrefuerza entre el terapeuta y el
cliente. les las etapas en las que alguien se suma al sistema o desaparece de él
—por ejemplo por nacimiento, divorcio, muerte, y cuando los hijos cre-
D. Modificar la relación del cliente (y quizá del terapeuta) con los cen y empiezan a irse del hogar (Haley, 1973, 1980b).
sistemas globales de la familia, el vecindario o la profesión. Para los terapeutas a los que les interesa el proceso, esos puntos de
transición también son importantes. Fisch y otros comentan:
Las pautas como hábitos Los problemas comienzan en alguna dificultad ordinaria de la vida,
de las que nunca faltan. Esa dificultad puede provenir de un aconteci-
El enfoque breve a s u m e el supuesto de que las personas hacen lo miento inusual o fortuito. Pero, las más de las veces, es probable que el
mejor que está a su alcance en vista de las situaciones y las restriccio- origen sea una dificultad común asociada con una de las transiciones
nes de los constructos (Kelly, 1955) a través de los cuales h a n llegado que se experimentan regularmente en el curso de la vida (1982, pág. 13).
a ver sus dificultades (véase el capítulo 2). No se supone que los sín-
tomas reflejen hipotéticos problemas subyacentes irresueltos. El enfo- El proceso que lleva a ver la situación de determinada m a n e r a , y
q u e no se basa en un m o d e l o de déficit. La opinión de los a u t o r e s a manejarla mal inadvertidamente, por medio de la aplicación reite-
es que la mayoría de los problemas están insertados en hábitos de reac- rada de soluciones desafortunadas, puede convertir m u y p r o n t o una
ción y respuesta, no n e c e s a r i a m e n t e m á s complejos que, p o r ejem- dificultad en un problema «cuya dimensión y naturaleza finales qui-
zá tengan poca relación aparente con el obstáculo original» (pág. 14).
30 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA
31
Cambio, ¿en qué?

Los terapeutas interesados en la forma tienden a planificar su tera-


Ya hemos indicado que todos los enfoques breves/estratégicos, sea pia en etapas y a concentrarse directamente en la organización dis-
que se interesen en el proceso o en la forma, consideran que el cambio funcional de la familia. A menudo, como primer paso en el camino a
surge de la ruptura de las pautas de pensamiento y acción, de la inte- una organización disfuncional, conducen a la familia a u n a organiza-
rrupción de las secuencias que se repiten. ción disfuncional diferente. Por ejemplo, una pauta que incluye a un
progenitor que participa en exceso podría llevar a un p a t r ó n en el cual
También interesa directamente el problema presentado, aunque las
distintas opiniones sobre lo que ese problema refleja o representa pue- el otro progenitor, m á s periférico, deba t o m a r todas las decisiones
den diferir mucho. Como observa Haley, importantes sobre los hijos. Ése sería el paso inicial, antes de que ambos
padres pasen a a c t u a r juntos con mayor eficacia. Los encargos asig-
nados a las familias con respecto a este tipo de metas tienden a con-
... al concentrarse en los síntomas, el terapeuta obtiene el mayor poder trolarse con algún vigor en las sesiones ulteriores.
y la mejor oportunidad para generar cambios. Lo que más le interesa
al cliente es el problema presentado: cuando el terapeuta trabaja con Los terapeutas interesados en el proceso, aunque piensan mucho
esto, puede obtener una gran cooperación... La meta no es proporcio- la planificación de las intervenciones, no operan desde u n a posición
narle a la familia conocimientos sobre su sistema, que funciona mal, sino normativa que fije de antemano una organización obligada y, por lo
cambiar las secuencias familiares para que se resuelvan los problemas tanto, tienden a tomar cada sesión tal como viene. Si la familia no cum-
presentados (1976, pág. 129). ple con un encargo, el terapeuta tiende a considerar que se trata de un
error de cálculo suyo, más bien que de resistencia del cliente (indivi-
Los terapeutas interesados en el proceso centran su atención en las duo o familia).
soluciones intentadas, tratando de bloquearlas o invertirlas. Por ejemplo:

Un hombre pidió ayuda porque cada vez era más incapaz de man- Directivas
tener la erección. Esto le provocaba un considerable malestar y genera-
ba alguna tensión en sus relaciones con su novia. Hubo una entrevista Los enfoques breves/estratégicos son a menudo directivos, en cuan-
conjunta y el hombre dijo que necesitaba aprender a controlar mejor la to al cliente o a la familia se le dan ideas o incluso instrucciones sobre
conducta de su pene. Como primer paso hacia el aprendizaje de este con- cómo comportarse en determinadas situaciones. A veces, las directivas
trol, se le pidió a la joven que esa noche intentara todo lo que pudiera para requieren cambios específicos en las conductas, y otras, que los cam-
excitar al novio. A él se le indicó que tratara de impedir que su pene entra-
bios sean evitados o pospuestos. Los terapeutas interesados en el pro-
ra en erección o permaneciera erecto. Fracasó (Cade, 1979, pág. 92).
ceso tienden a concentrarse en directivas que se d e b e n llevar a cabo
Weakland y otros observan: entre sesiones; utilizan la entrevista para reunir información y desa-
rrollar el tipo de rapport necesario para una relación respetuosa y coo-
perativa. Los terapeutas interesados en la forma también d a n directi-
En general sostenemos que el cambio se puede lograr con más faci- vas para el tiempo entre sesiones, pero también en las entrevistas se le
lidad si su meta es razonablemente pequeña y está claramente enun- suele indicar a la familia que haga algo diferente de lo habitual. Por
ciada. En cuanto el paciente ha experimentado un cambio pequeño pero
ejemplo, a un progenitor se le pide que controle en ese m i s m o momen-
definido en la naturaleza aparentemente monolítica del problema que
es más real para él, esa experiencia conduce a más cambios autoindu- to a un niño destructivo, mientras el terapeuta bloquea cualquier in-
cidos en ese ámbito de su vida, y a menudo también en otros. Es decir, tento de intromisión del abuelo o la abuela, o de otro de los hijos. La
se inician círculos benéficos (1974, pág. 150). sesión sirve para ensayar los cambios que la familia t e n d r á que reali-
zar en el hogar. E s t a s sesiones a veces se vuelven m u y d r a m á t i c a s .
Madanes observa:
32 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA
33

El enfoque supone que toda terapia es directiva y que el terapeuta cos. En capítulos ulteriores consideraremos más detalladamente estos
no puede evitar serlo, puesto que incluso son directivos los temas que aspectos, así como el desarrollo reciente de los enfoques c e n t r a d o s
escoge comentar y su tono de voz (1981b, pág. 23). en el futuro o la solución, que se basan en lo que los individuos ya están
haciendo y les da resultado (Berg y Miller, 1992; de Shazer, 1985, 1988;
Por lo tanto, el terapeuta debe adquirir la habilidad de influir sobre de Shazer y otros, 1986; Dolan, 1991; Furman y Ahola, 1992; O'Hanlon
las personas y llevar al m á x i m o la probabilidad de que las directivas y Martin, 1992; O'Hanlon y Weiner-Davis, 1989; Walter y Peller, 1992;
sean aceptadas o realizadas. Cade ha observado: White y Epston, 1990).

Lo típico es que el terapeuta no considere la motivación simplemente


como algo que existe en los miembros de la familia [sino como] una fun- ENTRENAMIENTO
ción del intercambio entre la familia y el terapeuta. Lo más útil es ver la
falta de motivación como una respuesta a la respuesta del terapeuta a Los puntales teóricos básicos de las terapias breves/estratégicas son
la familia (1980b, pág. 95). relativamente fáciles de aprender, lo mismo que muchas de las habi-
lidades básicas p a r a la intervención. No obstante, el e m p l e o respe-
También es importante considerar cómo hay que responder al modo tuoso, creativo y eficaz del enfoque resulta extremadamente difícil de
en que las personas abordan las directivas. ¿Las han seguido, modifi- adquirir e integra u n a parte m u y importante del resto de la vida del
cado, ignorado u olvidado? ¿Se h a n opuesto a ellas? Para determinar terapeuta.
el próximo paso, el terapeuta debe guiarse por ese feedback. Por ejem- Haley apunta varios criterios para la selección y el e n t r e n a m i e n -
plo, si las directivas se siguieron tal como se pidió, lo indicado podría to. Son los siguientes:
ser dar más directivas del mismo tipo; si hubo oposición, lo indicado 1. Sugiere que, como el enfoque «subraya los problemas del mun-
serían directivas «paradójicas». Si las directivas son olvidadas o igno- do real, lo mejor es escoger estudiantes con e x p e r i e n c i a de
radas, el terapeuta debe considerar cuidadosamente su propia posi- ese mundo». Él prefiere estudiantes maduros con hijos, y no
ción. A menudo estará más motivado para el cambio que el cliente o la personas jóvenes.
familia, y debe prepararse para adoptar u n a posición subordinada más 2. El estudiante debe t e n e r tanto inteligencia c o m o u n a g a m a
cauta y respetuosa. amplia de conductas: capacidad para ser «autoritario, a veces
También típica de la mayoría de los terapeutas breves/estratégicos juguetón, a veces presumido, a veces severo y serio, a veces de-
es la creencia de que, en cuanto a los significados que es posible atri- samparado, y así sucesivamente».
buir a los hechos, no existe ninguna realidad absoluta, sino sólo cons- 3. Se debe evitar el aprendizaje de varios enfoques a la vez.
tructos (Kelly, 1955) o «mapas mentales» p o r medio de los cuales las 4. Idealmente, el estudiante debe aprender haciendo terapia y guia-
personas dan sentido a su experiencia, y que gobiernan sus reacciones, do desde el principio p o r un supervisor con experiencia que
sus respuestas y lo que piensan sobre tales experiencias. Estos tera- emplee técnicas de supervisión en vivo. La representación de
peutas parten del supuesto de que si se puede cuestionar y modificar roles con ensayo de técnicas específicas puede ser útil antes
una manera de ver el m u n d o , también es posible cambiar el significa- de ponerlas a prueba con un cliente (individuo o familia).
do y sus consecuencias experienciales y conductuales. Esta creencia 5. El aprendizaje en grupo optimiza las oportunidades de apren-
ha llevado a atribuir importancia al empleo del reenmarcado y el re- dizaje, por el mayor n ú m e r o de casos que se ven, la g a m a de
etiquetado. ideas a las que se tiene acceso y el apoyo de los pares.
Los terapeutas breves/estratégicos también hacen un uso conside- 6. Debe acentuarse más la práctica que la teoría; m á s que discu-
rable del arte de comunicarse p o r medio de analogías. Para facilitar la tir la terapia, hay que observar y presentar sesiones de terapia.
terapia se utilizan anécdotas, parábolas, relatos y cuentos humorísti- 7. El entrenamiento debe concentrarse en lo que hay q u e hacer
34 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 35

con las cuestiones que surgen en el trabajo presente del estu- en lo que concierne al estudio controlado o comparativo de los resul-
diante. De esta manera, él se sentirá motivado para aprender. tados» (pág. 369). Ha llamado, sobre todo, la atención acerca del tra-
8. El supervisor debe enseñar al estudiante a ser directivo y moti- bajo de Parsons y Alexander, al confrontar un enfoque estratégico con
var. (A n u e s t r o juicio, p a r a d ó j i c a m e n t e , t a m b i é n es impor- otros tres enfoques del tratamiento de la delincuencia, d e m o s t r a n d o
tante aprender a ser directivo para poder optar por ser no direc-
que el primero es notoriamente más eficaz (Parsons y Alexander, 1973).
tivo.)
Para poner fin a este capítulo con una nota más cauta, diremos que
9. La terapia debe orientarse hacia problemas y soluciones más muchos terapeutas jóvenes, recién formados, se sienten atraídos por
bien que hacia métodos, y hay que escoger casos en los que sea la excitación y la promesa de los enfoques breves/estratégicos y por la
posible brindar oportunidades de aprendizaje sobre los temas
«brujería» demostrada en talleres o en la literatura. Asimismo, como
específicos en que los estudiantes individuales están encon-
señala Greenberg, «se supone que, como la terapia es breve, es senci-
trando dificultades.
lla de realizar». Greenberg añade:
10. Se le debe requerir al estudiante que controle el resultado de
su trabajo y aprenda a realizar seguimientos. Terapeutas recién llegados a la perspectiva se suelen familiarizar con
11. El contexto del entrenamiento debe respaldar el enfoque y el esti- la literatura e intentan precipitadamente aplicar los principios y técni-
lo de la formación, además de contar con el equipamiento téc- cas breves, sin la particular información necesaria para la evaluación y
nico apropiado —por ejemplo, espejos falsos, videograbación y/o el tratamiento. El equipo de novicios también tiende a intentar «inter-
facilidades para realizarla (Haley, 1976, págs. 179-194). venciones de libro de cocina», basadas, sobre todo, en las descripcio-
nes de la literatura... (Greenberg, 1980, pág. 320).

CONCLUSIÓN A menudo los principiantes se concentran excesivamente en la téc-


nica, en idear intervenciones «astutas», prestando una atención insu-
El campo de la terapia breve/estratégica se ha estado expandien- ficiente al respeto, la comprensión y la validación. En cierta medida,
do rápidamente, y las técnicas h a n proliferado de tal modo que es casi éste podría ser también el defecto de quienes escriben sobre los enfo-
imposible hacer justicia a su riqueza y diversidad. Esta visión general ques breves/estratégicos (entre ellos nosotros mismos), que a veces han
ha procurado identificar los principales temas y desarrollos. prestado una atención excesiva a las técnicas de intervención, subes-
Los enfoques breves/estratégicos parecen tener u n a aplicabilidad timando la importancia de las actitudes y valores básicos, de la pru-
muy amplia. Madanes observa que, «puesto que en la terapia estraté- dencia, la integridad y la contención, dando por sentado que el lector
gica se diseña un plan terapéutico específico para cada problema, no ya valoraba de por sí estas cualidades. Los terapeutas breves/estraté-
hay ninguna contraindicación en cuanto a la selección de los pacien- gicos tampoco h a n sabido describir el trabajo básico, paciente, peno-
tes y la adecuabilidad» (Madanes, 1981b, pág. 27). Stanton enumera so y a menudo agotador, que suele preceder a las intervenciones «bri-
una vasta gama de desórdenes q u e h a n sido eficazmente tratados con llantes», ni los m u c h o s casos en los que los cambios significativos
estos enfoques, desde dificultades conductuales directas, delincuencia, son generados por una labor constante y competente, y no por «fuegos
problemas matrimoniales, h a s t a trastornos m á s serios, neuróticos y de artificio». La sabiduría no se desarrolla de la noche a la m a ñ a n a
psicóticos (1981, págs. 368-369). Este autor dice que «no es tan pro- ni puede aprenderse en un taller, por mejor conducido q u e esté. Se
bable que los terapeutas estratégicos rechacen tipos particulares de desarrolla a lo largo de años rigurosos de ensayo y error.
familias-problema, como que eludan situaciones en las que el contex-
to no permite ejercer más que poca o ninguna influencia» (pág. 369).
Stanton sostiene que «los investigadores de la terapia estratégica
han sido más activos que los de otros enfoques de la terapia familiar
2. ¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA?

Un universo adquiere ser cuando se divide o fragmenta un


espacio. La piel de un organismo vivo separa un exterior de
un interior. Lo mismo hace el perímetro de un círculo en un pla-
no. Rastreando el modo en que representamos esa separación,
podemos comenzar a reconstruir, con una precisión y un alcance
que parecen casi sobrenaturales, las formas básicas que subyacen
en nuestra ciencia lingüística, matemática, física y biológica, y
también empezar a ver de qué modo las leyes familiares de nues-
tra propia experiencia se desprenden inexorablemente del acto ini-
cial de separación.
SPENCER-BROWN (1979, pág. xxix)

...ninguna de nuestras explicaciones puede ser verdadera... en


cierto sentido no hay ninguna verdad final accesible a nosotros,
por la sencilla razón de que hemos realizado un corte en el
Universo, a fin de realizar el experimento. Tenemos que decidir
qué es lo pertinente y qué es lo no pertinente.
BRONOWSKI(1978, pág. 69)

...sin sus invenciones, tanto teóricas como instrumentales, el


hombre estaría al mismo tiempo desorientado y ciego. No sabría
qué mirar o cómo ver.
KELLY (1969, pág. 94)

El más profundo de los sentimientos es que tiene que haber algo


más.
HARRISON (1986, pág. 2)

En los últimos años se ha expresado u n a preocupación creciente


p o r q u e los terapeutas breves h a b i t u a l m e n t e demuestran estar poco
interesados en lo que sucede entre oreja y oreja. La analogía de la «caja
negra» ha sido criticada porque ignora las experiencias vividas p o r el
cliente, que constituyen un factor motivante significativo del m o d o en
¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA?
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 39
38

distinciones necesitará para funcionar dentro de los p a r á m e t r o s defi-


que responde a su mundo, y una componente crucial de su sentido con-
nidos por su forma: distinciones, por ejemplo, entre lo caliente y lo no
tinuo del sí mismo (Duncan, 1992). Es cierto que los terapeutas breves
caliente, lo frío y lo no frío, lo o s c u r o y lo no o s c u r o , la luz y la
están, por lo general, más interesados en los fenómenos observables.
no luz, lo húmedo y lo no húmedo, lo seco y lo no seco, lo comestible y
En lo esencial, coincidimos en cuanto a la importancia de concentrarse
lo no comestible, lo seguro y lo no seguro, lo peligroso y lo no peligro-
en lo observable y de reducir al m í n i m o las inferencias y los supuestos
so, etcétera. Cuanto m á s compleja sea la forma de vida, m a y o r será la
cuando se trata de comprender la conducta humana. No obstante, tene-
cantidad y variedad de las distinciones que podrá trazar. Cuanto más
mos cerebro, y no cabe duda de que en él sucede algo. Con un mínimo
complejos sean el aparato sensorial y el sistema nervioso, m á s sutiles y
de supuestos, queremos p r e s e n t a r brevemente algunos marcos rela-
variadas serán las distinciones que esa forma de vida sabrá establecer.
cionados (por lo menos, relacionados en nuestras mentes). Los hemos
Sin duda, es posible trazar distinciones dentro de las distinciones.
encontrado útiles al considerar el m o d o en que las personas dan sen-
Por ejemplo, la respuesta de un organismo que traza la distinción entre
tido a su m u n d o y discriminan p a r a sí mismas las «realidades» únicas
lo comestible y lo no comestible se verá afectada p o r la d i s t i n c i ó n
con las que cada uno vive y responde, tanto conductual como afectiva-
que ese m i s m o organismo establece entre lo cercano y lo no cercano,
mente.
entre estar cansado y no cansado, o tener hambre y no tener h a m b r e .
Las distinciones que definen el grado de urgencia e intensidad con que
se ven otras distinciones pueden llevar a organizarías en u n a varie-
I.A O P E R A C I Ó N BÁSICA
dad de ordenamientos jerárquicos. Por ejemplo, un h a m b r e intensa
podría impulsar a un animal cansado a perseguir algo no cercano pero
El bloque constructivo de toda vida que no se encuentre en el nivel
comestible. A la inversa, un cansancio intenso puede d e t e r m i n a r que
más primitivo (las amebas, ciertos políticos, etc.), es la célula nervio-
un animal h a m b r i e n t o pase p o r alto algo comestible pero no cerca-
sa, que opera siguiendo estrictamente un principio de «todo o nada»:
no. Algo cercano y comestible podría no suscitar ninguna respuesta en
emite una descarga o no lo hace. Una distinción más básica: está ENCEN-
DIDA o APAGADA. La decisión de cada célula de transmitir o no se basa
un animal que no está cansado pero tampoco tiene h a m b r e . Aunque
en su particular y constante u m b r a l de excitabilidad; no puede comu- éstos son ejemplos un tanto simplificados, a través de ellos p u e d e ver-
nicar información de ninguna otra m a n e r a que no sea con la frecuen- se que, incluso cuando la gama de distinciones es mínima, se vuelve
cia con que se descarga (por ejemplo, no puede recurrir a variar la in- posible un grado considerable de complejidad en la experiencia del
tensidad de sus respuestas). El proceso de la evolución hacia formas organismo y en sus respuestas al medio.
superiores de funcionamiento se basa primordialmente en «tender» El t a m a ñ o y la capacidad del cerebro h u m a n o , la complejidad de
conexiones sinápticas cada vez m á s ricas y variadas entre un crecien- nuestro a p a r a t o sensorial y nuestro sistema nervioso, y n u e s t r a apti-
te n ú m e r o de células nerviosas básicas, cada u n a de las cuales sólo t u d p a r a el p e n s a m i e n t o abstracto, determinan que la g a m a y com-
sigue siendo capaz de indicar dos estados posibles. plejidad jerárquica de las distinciones que podemos trazar resulte prác-
ticamente infinita.
Spencer-Brown dice que la operación básica es trazar una distin-
ción que, una vez establecida, crea dos espacios o estados, separados A pesar de los intentos de los sociobiólogos de explicar en todo lo
por un límite y susceptibles de marcarse (nombrarse) (Spencer-Brown, posible n u e s t r a conducta como determinada genéticamente, se diría
1979, pag.1). El hecho de que esta operación se realice implica q u e que se la p u e d e considerar basada en la «conexión» de relativamente
existió primero una distinción entre el observador y el campo de obser- sólo unos pocos rasgos básicos. Nuestra dotación genética parece impul-
vación. Sea cual fuere el impulso a t r a z a r u n a distinción, ésta deter- sarnos a comer, a defendernos, a h u i r cuando es necesario, a reunir-
minará qué lado del límite será el m á s significativo, de m o d o q u e el nos en agrupamientos sociales, a reproducirnos y a cuidar a n u e s t r a
otro se convierte en lo que no es el primero. prole. También parecemos dispuestos a reír, a menudo en relación con
Está claro que, cuanto más primitiva es una forma de vida, menos el ejercicio de nuestra curiosidad casi insaciable por la naturaleza de
¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA? 41
40 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

El postulado esencial de la teoría de Kelly es que a las situaciones


lo que n o s rodea, con su interminable provisión de enigmas. En este
se les da sentido por medio de la aplicación de u n a variedad de «cons-
sentido no somos muy diferentes de los chimpancés, que pueden des-
tructos» que constituyen el m o d o singular en que cada uno de noso-
cribirse de un m o d o muy parecido. Lo distinto es que, con nuestros
tros traza distinciones y categoriza sus experiencias, lo cual incide en
cerebros m á s grandes, según Chomsky, tenemos también una red de
la m a n e r a en que prevemos los hechos futuros. Con el paso del tiem-
conexiones p a r a el desarrollo del lenguaje simbólico, y a través del len-
p o , t o d o s desarrollamos u n a variedad de dimensiones, o conjuntos
guaje h e m o s podido comprender y articular u n a multitud de mundos,
de categorías, que nos resultan de particular importancia p a r a anali-
que van desde el básico y más práctico hasta el m á s abstracto y meta-
z a r el m u n d o y responder a él. Esas categorías reflejan nuestras va-
físico (Chomsky, 1972, 1975).
riadas experiencias hasta el m o m e n t o (según las recordamos e inter-
Las distinciones que trazamos y los significados que atribuimos se
p r e t a m o s en el presente), nuestras preocupaciones actuales p o r los
articulan, interpretan y reinterpretan a través de la riqueza del lenguaje
principios. No sólo afectan nuestra percepción de las situaciones pre-
simbólico en el proceso evolutivo continuado de construcción de nues-
sentes y las respuestas que les damos, sino también nuestra previsión
tras «realidades». Lo hacemos p o r medio de diálogos internos e inter-
del futuro probable y nuestra preparación para él. Los constructos exis-
personales. Como observan Goolishian y Anderson,
ten primordialmente en el ojo del observador; p o r lo tanto, no deben
considerarse entidades como un ser real. Son interpretaciones de la
...en el sentido hermenéutico, los seres humanos construyen mun-
realidad objetiva, y no reflejos de ella. Continuamente se los somete a
dos porque participan en el lenguaje, en las prácticas sociales, en las ins-
tituciones, y en otras formas de acción simbólica. Estas acciones socia- revisión. En el capítulo 3 consideraremos algunos de los problemas que
les presuponen, exijen y recompensan las mismas construcciones del surgen c u a n d o se tratan las abstracciones c o m o si fueran entidades
mundo y el sí mismo corrientes en esa participación (1992, pág. 11). concretas. Toda percepción personal es altamente selectiva e indivi-
dual ( a u n q u e las personas de la m i s m a familia, con iguales antece-
dentes étnicos, fe religiosa, convicción política, género, etcétera, pue-
L O S CONSTRUCTOS PERSONALES den, desde luego, compartir muchos constructos, que confirman por
medio de los rituales y el diálogo sostenido).
El p s i c ó l o g o George Kelly p r o p u s o un m a r c o p a r a la c o m p r e n - Los constructos pueden sacarse a luz, p o r ejemplo, pidiéndole al
sión de la c o n d u c t a h u m a n a , basado principalmente en el estableci- sujeto que confeccione una lista de diez a quince personas con las que
miento de distinciones (Kelly, 1955). A nuestro juicio, este marco pare- tiene distintos tipos de relación significativa (padre, madre, h e r m a -
ce p o s t u l a r un proceso básico semejante a la «operación básica» de no, m a e s t r o , sacerdote, amigo, a m a n t e , extraño, etcétera); alternati-
Spencer-Brown, y también sigue el principio de economía de Guillermo vamente, esa lista puede proporcionarla el experimentador. A conti-
de Occam en c u a n t o a la formulación de hipótesis. Describiendo la nuación, t o m a n d o tres ítem de la lista p o r vez, se le pregunta al suje-
aportación de Kelly a las diversas teorías de la personalidad, Schultz to qué dos de los tres seleccionados son m á s semejantes entre sí, y en
comenta: qué difiere de ellos el tercero. E x a m i n a n d o las diferentes combina-
ciones, es posible identificar las características preferidas, y repre-
Es poco lo que la teoría de Kelly comparte con los otros enfoques. Él sentar en un gráfico las dimensiones a lo largo de las cuales el sujeto
mismo nos advierte que no encontraremos muchos de los términos y
tiende a establecer distinciones cuando evalúa a las personas. Argyle
conceptos familiares de Jas otras teorías de la personalidad en su siste-
señala que «las diferentes personas utilizan diferentes rasgos... Se vuel-
ma. Después de esto, procede a sacudirnos, señalando cuántos de tales
términos faltan en su enfoque: inconsciente, necesidad, impulso, estí- ven m á s precisas al evaluar las cualidades que m á s les importan...»
mulo, respuesta, refuerzo y (esto es lo más sorprendente) motivación y (Argyle, 1983, pág. 107).
emoción (1990, pág. 380). Para Fransella y Bannister, el constructo es u n a discriminación, no
un rótulo verbal:
42 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE ¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA?
43

Kelly ofrece varias definiciones del constructo. Por ejemplo, dice que A las estructuras que creamos a partir de esas abstracciones las defi-
es «un modo en que se asemejan dos o más cosas y por lo tanto difieren niremos c o m o «realidad». Sin duda, las distinciones necesarias para
de una tercera cosa, o de otras».... En todas estas definiciones, Kelly con-
preservar la vida y la seguridad tienen una importancia primordial. Las
serva la noción especial de que los constructos son bipolares. Su argu-
distinciones pueden basarse en constructos articulados con relativa
mento es que nunca afirmamos nada sin negar simultáneamente algo...
No siempre, ni siquiera a menudo, especificamos el polo contrastante, facilidad y ser accesibles a la introspección en los recuerdos de expe-
pero Kelly dice que extraemos sentido de nuestro mundo observando riencias y condicionamientos más profundamente enterrados, o inclu-
simultáneamente las semejanzas y las diferencias. La utilidad del cons- so en nuestros instintos más básicos y menos articulables. También en
tructo reposa en el contraste» (1977, pág. 5). este caso, la organización jerárquica depende del contexto instantáneo.
Si un adulto ve a un niño en peligro, sin pensar en absoluto (o con inde-
Aunque los científicos no están aún seguros de cómo se almacenan p e n d e n c i a de lo que piense), es capaz de enfrentarse a algo que, en
los recuerdos, parece claro que el proceso supone la acumulación de un contexto diferente, le provocaría una fobia irracional o un terror
pautas asociativas entre los impulsos sensoriales. Este almacenamiento razonable.
de pautas —y no el almacenamiento secuencial de cada acontecimiento Otras dimensiones i m p o r t a n t e s en el establecimiento de distin-
sensorial aislado— es lo que nos permite operar con cantidades limi- ciones son las que nos permiten definir diversas categorías de «ellos»
tadas de información. El acceso a una parte de una pauta nos hace posi- y «nosotros»: por ejemplo, familia, tribu, raza, género, color, creen-
ble una apreciación casi instantánea del modo de completar dicha pau- cia religiosa, clase social y la multitud de otros agrupamientos que pue-
ta sobre la base de asociaciones aprendidas previamente, del agrupa- den adquirir u n a importancia profunda y duradera, o bien transitoria,
miento cartográfico de los datos que ingresan en pautas almacenadas en nuestra vida.
en la memoria. (Es fácil advertir las ventajas evolutivas que represen-
ta la capacidad para responder de este modo.) ...después de que los hechos han sido asignados a una categoría glo-
bal, las observaciones ulteriores sobre ellos tienden a ser tendenciosas...
Peter Russell dice que «la información se registra en vastas redes
tienden a ser asignados a conductas incluso sobre la base de poca infor-
interconectadas. Cada idea o imagen tiene centenares, quizá miles de mación... Después de haber aplicado rótulos globales, puede resultar difí-
asociaciones, y está conectada con muchos otros puntos de la red men- cil refutarlos y descartarlos. Además, si una cultura comparte amplia-
tal (1979, pag.105). mente y utiliza de modo habitual vastas categorías de rasgos, puede
Las vías asociativas recorridas con más frecuencia tienden a refor- llegar a verlos como descripciones intuitivamente adecuadas de con-
zarse. Las utilizadas con menos frecuencia, aunque no desaparezcan, ductas a las que en realidad no se adecúan bien.
probablemente tienden a perder importancia y «olvidarse», del mismo A menudo se ha encontrado que, después de que un individuo cate-
modo que las sendas que atraviesan u n a selva son cubiertas de nuevo goriza o agrupa los estímulos, tiende a retener esa categoría incluso fren-
por la vegetación, a menos que el tránsito reiterado por ellas las man- te a pruebas en sentido contrario, prestando menos atención a la nueva
tenga abiertas. información y concentrándose, en cambio, en la información que con-
firma su categoría (Mischel, 1968, pág. 58).
A medida que quedan establecidas p a u t a s de asociaciones, éstas
tienden a influir en la selección y flujo de la información subsiguien-
A veces, sólo p r e d o m i n a n u n a s pocas dimensiones p r i m a r i a s .
te. Como ha señalado de Bono, «las pautas se extraen del ambiente sólo Entonces m u c h a s otras dimensiones potenciales son absorbidas p o r
sobre la bases de la familiaridad, y a través de tal selección se vuelven las pocas que se consideran más inclusivas, y puede desarrollarse u n a
cada vez más familiares» (1971, pág. 124). De este modo desarrollamos rigidez de actitudes y respuestas durante un período breve o m á s pro-
jerarquías de pautas de distinciones dentro de las distinciones, que tien- longado. Por ejemplo, dimensiones tales como la bondad o la maldad,
den a gobernar el modo en que nos vemos a nosotros mismos, a nues- el estatus, la inteligencia, el atractivo, pueden ser notablemente afec-
tro m u n d o y a cómo le atribuimos significado a nuestras experiencias. tadas cuando se las construye viéndolas a través del cristal de dimen-
¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA?
44 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 45

FlGURA/FONDO: LOS EFECTOS DE LA TENDENCIA


siones jerárquicamente superiores (para nosotros) tales como la fami-
DEL OBSERVADOR
lia, la tribu, el color, la religión, «parecerse al tío Jack», etcétera. En un
nivel m u c h o m á s trivial, las distinciones q u e se trazan comúnmente
entre los pelirrojos y el resto de nosotros pueden afectar nuestra acti- Así pues, en cualquier campo que atraiga la atención, ciertos aspec-
tud y nuestra tolerancia respecto de los estallidos de ira. Bajo presión tos de la situación se destacarán en u n a relación de figura/fondo sobre
(y lo que se experimenta como presión, en medida considerable, está los otros aspectos.
en el ojo del observador), es probable que cualquiera de nosotros reduz- Hace m u c h o s años, un amigo de uno de nosotros compró un dibu-
ca su enfoque a esas dimensiones, q u e p a r e c e n las m á s importantes jo Victoriano que era más bien una imagen, ejecutada con habilidad,
para la supervivencia inmediata. Ciertas posiciones fundamentalistas de figura y fondo reversibles, del tipo que ilustra con frecuencia las
políticas y religiosas pueden actuar como «agujeros negros» en los que obras sobre psicología de la percepción. El dibujo podía verse como
permanentemente desaparecen verdaderos universos de dimensiones, una joven desnuda o como un conjunto de cráneos humanos. Este ami-
bajo el imperativo de unos pocos temas dominantes. Como observa de go solamente había visto la primera figura, y no pudo ver la otra has-
Bono, ta un tiempo después de que le fuera señalada. Varios días más tarde
estaba m i r a n d o distraídamente la imagen, cuando de pronto vio por
...de la tendencia a tratar las cosas en términos de polos opuestos primera vez las calaveras. Está claro que en los dibujos de este tipo la
surge el peculiar peligro de que estos polos se alejen tanto como sea posi- emergencia de uno u otro tema depende de dos interpretaciones total-
ble... Entonces cualquier distinción se magnifica hasta convertirse en mente diferentes acerca de qué líneas y qué zonas sombreadas cons-
una distinción absoluta. Exactamente el mismo efecto explica el proce- tituyen la figura en torno a la cual el resto se convierte en el fondo. Los
so en el cual una descripción parcial reemplaza a la descripción total. Es dos t e m a s no pueden ser simultáneos para ningún observador (aun-
fácil tildar a un político de corrupto, o a una mujer de ramera, aunque que, c u a n d o u n o ha aprendido a verlos, se p u e d e n alternar rápida-
sólo una pequeña parte de su conducta justifique tal descripción. Pero mente). E x a m i n a n d o el fenómeno de la figura/fondo en un capítulo
si esta pequeña parte es la única distintiva, se la toma como represen- sobre la percepción, Adcock comenta que «en la porción considerada
tativa del todo» (1971, págs. 201-202).
como figura son observables los detalles, mientras que el fondo tiende
a ser m á s bien homogéneo» (1964, pág. 142).
Schultz señala que los constructos van desde los que son permea-
bles y «susceptibles de revisarse y ampliarse a la luz de nuevas expe- Como h a n demostrado los estudios de Rosenthal y sus colabora-
riencias», h a s t a los que parecen impermeables y «no susceptibles de dores sobre los efectos de las tendencias del experimentador, el sen-
revisión o reemplazo, sean cuales fueren las nuevas experiencias acce- tido que le d a m o s a las cosas, lo que escogemos como figura y como
sibles... Una p e r s o n a puede tolerar algunas incongruencias subordi- fondo, y nuestras predicciones acerca del futuro, no sólo inciden sobre
nadas sin descartar o modificar el constructo general» (Schultz, 1990, nuestras propias conductas, sino que pueden también afectar profun-
págs. 390-391). De modo que la complejidad cognitiva (que puede defi- d a m e n t e las c o n d u c t a s de los otros (Rosenthal, 1966; Rosenthal y
nirse en función del mayor n ú m e r o de dimensiones independientes Jacobson, 1968). En uno de sus experimentos, a un grupo de maestros
accesibles para su uso en el trazado de distinciones en cualquier momen- se les i n f o r m ó q u e los niños de sus clases h a b í a n p a s a d o un test de
to) es defendiblemente equiparable a la flexibilidad, la responsabili- inteligencia p a r a prever cuáles de ellos era probable que destacasen.
dad, la tolerancia, la comprensión, la creatividad, etcétera. Presumible- Además se les dieron los nombres de quienes supuestamente habían
mente, h a b r á todo un complejo de factores personales, interpersona- obtenido puntuaciones altas. En realidad, los «niños especiales» ha-
les, de p e r t e n e n c i a grupal (incluso la r a z a y el género), históricos y bían sido elegidos al azar. De modo que la diferencia entre esos «niños
sociopolíticos q u e afectarán, en cada u n o de nosotros, a la constan- especiales» y el resto sólo existía en la mente de los maestros. Al cabo
cia o inconstancia relativas de cualquier grupo particular de constructos de u n año,
relacionados.
¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA? 47
46 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

mos depende de lo que pensamos. Lo que pensamos depende de lo que


...apareció una significativa ventaja de expectativa, especialmente
percibimos. Lo que percibimos determina lo que creemos. Lo que cree-
grande entre los niños del primer y el segundo grado. La ventaja de los
mos determina lo que tomamos por cierto. Lo que tomamos por cierto
que se esperaba que descollaran fue evidente con estos niños más peque-
ños en el CI total, el CI verbal y el CI de razonamiento. Los niños del gru- es nuestra realidad (1979, pág. 328).
po control progresaron bastante en su coeficiente intelectual: el 19 por
ciento ganó 20 o más puntos de CI total. Pero, entre los niños «especia- No p r e t e n d e m o s que todo esto represente la verdad sobre lo que
les», realizó ese mismo progreso el 47 por ciento» (Rosenthal y Jacobson, sucede entre oreja y oreja. Se trata de los marcos m á s austeros para
1968, pág. 175). comprender los procesos mentales basados en la operación básica de
nuestros bloques constructivos básicos, con el menor número posible
Otros investigadores han subrayado los efectos de nuestras expec- de supuestos.
tativas, no sólo sobre el modo en que se ven las cosas, sino también
sobre las acciones, como consecuencia de las distinciones establecidas.
Rosenhan ha informado sobre la investigación que demostró convin-
centemente la imposibilidad de distinguir, de m o d o fiable, a cuerdos
de enfermos en los hospitales psiquiátricos, en los que se construye una
realidad tal que cualquier conducta, por m á s n o r m a l que sea, puede
llegar a verse c o m o un signo evidente de enfermedad. En la historia
clínica de u n o de los investigadores/seudopacientes, que había estado
escribiendo extensa y abiertamente sobre su experiencia, apareció el
c o m e n t a r i o siguiente: «El paciente p r e s e n t a c o n d u c t a escritural".
Aparentemente, ningún miembro del personal le preguntó qué era lo
que escribía (Rosenhan, 1973).
Como u n o de nosotros ha dicho en otro lugar,

...cuando nuestras pautas de asociación quedan establecidas de un


modo particular, tienden a influir en el procesamiento de las experien-
cias subsiguientes... De este modo, desarrollamos marcos de creencias o
«tendencias» mentales que determinan el modo en que nos vemos a noso-
tros mismos y vemos nuestro mundo, atribuimos significado y respon-
demos a esas experiencias. En nuestras relaciones con los otros, tende-
mos a desarrollar pautas de conductas conjuntas que reflejan nuestras
tendencias mentales y las de las personas con las que interactuamos; esas
tendencias van confirmándose por la repetición, aunque pocas veces estas
pautas se desarrollan conscientemente (Cade, 1991, pág. 35).

Este proceso ha sido descrito sucintamente por Zukav:

La realidad es lo que tomamos como cierto. Lo que tomamos como


cierto es lo que creemos. Lo que creemos se basa en nuestras percep-
ciones. Lo que percibimos depende de lo que buscamos. Lo que busca-
3. LA REALIDAD DE LA «REALIDAD»
(O LA «REALIDAD» DE LA REALIDAD):
«¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ OCURRIENDO REALMENTE?»

...el razonamiento sobre las causas y efectos es muy difícil...


Ya nos ha costado mucho establecer una relación entre un efec-
to tan obvio como un árbol carbonizado y el rayo que le prendió
fuego, de modo que rastrear cadenas de causas y efectos a veces
interminables me parece tan necio como tratar de erigir una torre
que toque el cielo.
El nombre de la rosa, Eco (1983)

Algunos trabajos recientes han iniciado en nuestro campo un deba-


te sobre la naturaleza de la realidad. Watzlawick (1984) compiló un
libro titulado The Invented Reality, en el que los colaboradores sostie-
nen de diversa manera que la realidad no es más que u n a construcción,
una invención, que surge del modo en que cada observador ve el mun-
do. Speed, p o r o t r a parte, ha defendido lo que ella llama u n a posi-
ción constructivista: la realidad existe; nuestras construcciones la refle-
jan de un m o d o m á s o menos adecuado, y están en u n a relación de
interpretación con ella (1984a, 1984b, 1991).
Aquí t r a t a r e m o s de subrayar algunos p r o b l e m a s que, a nuestro
juicio, p u e d e n surgir en este debate, como consecuencia de que no se
diferencie con claridad entre dos niveles: 1) el nivel de las cosas y los
hechos, y 2) los significados que se les atribuyen. También propugna-
remos u n a posición anarquista, en el sentido de que, p o r un lado, aun-
que hubiera u n a realidad absoluta, es mejor no creer en ella, y, por otra
parte, cualquier visión de la realidad, por absurda que parezca, pue-
de merecer que se crea en ella en uno u otro m o m e n t o . En otras pala-
bras, no debemos creer en nada y creer en todo, al mismo tiempo. Hacer
menos puede llevarnos a las múltiples posiciones absurdas que vemos
en torno a nosotros, en nuestro mundo aparentemente loco y suicida.

Las COSAS y los HECHOS se limitan a observaciones y descripciones


LA REALIDAD DE LA «REALIDAD» 51
50 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

de base sensorial de lo que percibimos, o recordamos haber percibido, co se vuelve m á s bien insustancial y elusivo. Parece estar formado por
a través de nuestros sentidos; son lo que está sucediendo o lo que ha relaciones entre partículas minúsculas que existen brevemente en un
sucedido. mundo de probabilidades (y que quizá sólo adquieren existencia en vir-
Los SIGNIFICADOS son interpretaciones, conclusiones, creencias y tud del proceso m i s m o de la observación). Como dice Capra, «el con-
atribuciones derivadas de, impuestas a, o relacionadas con, esas cosas cepto de m a t e r i a en la física subatómica... es totalmente distinto de
y hechos percibidos. la idea tradicional de sustancia material de la física clásica. Lo mismo
vale respecto de conceptos tales como espacio, tiempo, o causa y efec-
Comencemos con el nivel de la realidad que involucra a las cosas y to» (1976, pág. 15). El físico Henry Pierce Stapp, en un artículo inédito
los hechos. Para la mayoría de nuestros fines, parece sensato que acep- citado en la fascinante obra de Zukav, titulada The Dancing Wu-Li
temos ese nivel de realidad. Aunque esto podría no ser así con otras Masters, señala que:
formas de vida aún no descubiertas, en general todos estamos de acuer-
Si la actitud de la mecánica cuántica es correcta, en el sentido fuer-
do acerca de la existencia y las dimensiones de las cosas particulares, te de que no es posible una descripción más completa que la que esta
y en cuanto a que, dentro y entre las cosas, a lo largo de ciertas esca- mecánica proporciona de la subestructura que subyace en la experien-
las temporales, se producen cambios que nosotros podemos observar cia, entonces no hay ningún mundo físico sustantivo, en el sentido habi-
y medir. Las diferencias, a veces espectaculares y de gran alcance, apa- tual de la palabra. Ésta no es la conclusión débil de que podría no haber
recen en la interpretación y en la atribución de significados a aquellas un mundo físico sustantivo, sino de que definitivamente no hay un mun-
cosas. do físico sustantivo» (1979, pág. 105).
Esto ha sido muy bien subrayado en un artículo de Scheflen, «Susan
Smiled: On Explanation in Family Therapy» (1978). Sin duda todos los No obstante, a nuestros fines, permaneceremos un tanto por enci-
observadores del hecho mencionado en el título de ese artículo (la son- ma del nivel subatómico; nuestro plano es el de las cosas y aconteci-
risa de Susan) estarán de acuerdo, si se les da tiempo para el análisis, mientos que experimentamos en el ambiente, y que pueden conside-
en que los labios de S u s a n se movieron de cierto m o d o en un cierto rarse razonablemente «allí afuera».
momento y en u n a relación cronológica con las conductas de las otras A veces, Watzlawick parece asumir una posición un tanto extrema,
personas que estaban en la habitación. Pero esos mismos observado- sosteniendo que no existe ninguna realidad «allí afuera», sino sólo la
res pueden diferir en la selección de las cosas y hechos significativos, que en «el sentido m á s inmediato y concreto» (1984, pág. 10) es cons-
y en la atribución de significados. En el grupo de discusión descrito en truida por el observador. Al no diferenciar claramente entre los nive-
el artículo, tales diferencias de interpretación parecieron llevar a poco les, entre las cosas y los hechos y los significados que se les pueden atri-
más que un examen interesante y prolongado de los significados posi- buir, este a u t o r parece adoptar una posición tan solipsista, que sería
bles de la sonrisa de Susan. En otros contextos, este m i s m o fenómeno interesante invitarlo a elaborarla en profundidad frente a un oso polar
(el fenómeno de que las cosas y los hechos p u e d e n verse de muchos enfurecido. ¿Está «realmente» allí la criatura? Sin embargo, la discu-
modos, a veces conflictivos) puede conducir al desarrollo de toda una sión entre un peletero, un esquimal, un aficionado a la caza mayor
gama de problemas h u m a n o s , que van desde tendencias relativamen- en busca de trofeos y un ambientalista, bien podría demostrar que, aun-
te menores hasta la persecución religiosa, las grandes guerras y, quién que ninguna de esas personas cuestione la realidad de tales animales,
sabe, quizá incluso la aniquilación planetaria total. quizá difieran radicalmente en su modo de verlos y tratarlos.
En este p u n t o hay que admitir que, al descender en la escala has- Desde luego, como ha demostrado Rosenthal, las creencias y expec-
ta los niveles subatómicos, tropezamos i n m e d i a t a m e n t e con proble- tativas de un observador pueden ejercer u n a influencia directa y de
mas relacionados con la definición de la realidad. Por sólido que parez- auto-incumplimiento sobre la conducta de las personas o criaturas obser-
ca un trozo de roca c u a n d o se tiene la experiencia de él a través de vadas (que es lo que también parece ocurrir con las partículas subató-
los sentidos h u m a n o s desnudos, si se lo sondea en el nivel subatómi- micas) (Rosenthal, 1966). La selección tendenciosa de las percepcio-
LA REALIDAD DE LA «REALIDAD»
52 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 53

dado, contra el enorme trasfondo de las asociaciones potenciales, depen-


nes conduce a respuestas peculiares del observador, q u e transmiten de de las peculiares preocupaciones, conscientes o menos conscientes,
información capaz de p r o m o v e r y reforzar ciertas c o n d u c t a s en los que tenemos en ese momento... En otras palabras, nuestras preocupa-
observados, alineadas con las expectativas del observador y, por lo gene- ciones peculiares, los peculiares enfoques derivados de nuestros marcos
ral, en gran medida fuera de la percatación consciente de las partes. para la aplicación de significados, separarán, por medio de la intensifi-
Por lo tanto, la actitud del observador respecto de los osos polares pue- cación, ciertos rasgos o aspectos de la experiencia, respecto de la rique-
de incidir en el m o d o en q u e el oso se c o m p o r t e con él, y en conse- za implícita o potencial de las asociaciones posibles. Cuando las pautas
cuencia «construir» un aspecto de la realidad. Pero el oso polar físico de asociación queden establecidas de determinada manera, tenderán a
existe con independencia del proceso de la observación (y, de todos influir, en consecuencia, en el procesamiento de las experiencias subsi-
modos, si no en un sentido absoluto, en el nivel de la realidad física guientes (Cade, 1991, pág. 35).
que nosotros habitamos es prudente creer en su existencia).
En todo h e c h o o serie de hechos que involucran a varias perso-
Speed, p o r otro lado, cae en el error opuesto. T a m p o c o ella dife-
nas, la situación es infinitamente más compleja; se constituye u n a com-
rencia con claridad los diferentes niveles, y parece equiparar, por ejem-
plicada red de distinciones trazadas, recuerdos, asociaciones y rela-
plo, la estructura física perfectamente definible de u n a montaña, con
ciones entre los procesos de selección y agrupamiento p a u t a d o de cada
u n a presunta «realidad» o «verdad» igualmente absoluta y definible de
participante, todo ello influido por los mitos individuales, familiares,
lo que sucede en u n a familia, realidad a la cual, refinando progresi-
culturales, religiosos y raciales sobre lo que es y lo que ha sido, por qué
vamente sus modelos, el observador podría acercarse cada vez más.
debió o p u d o h a b e r sido, y lo que debe ser; esa t r a m a , a su vez, sólo
Esta autora dice que las hipótesis sobre las familias son útiles porque
son «verdaderas» (o m á s bien, según se rectifica a continuación, por- es observable mediante un proceso análogo del observador.
que «son reflejos o modelos relativamente más adecuados de la reali- Veamos un ejemplo simplificado. Un hombre, en virtud de todo un
dad»). complejo de condicionamientos, experiencias, prejuicios, mitos, etcé-
tera, puede h a b e r desarrollado la idea de que no se p u e d e confiar en
La «realidad» de la familia es algo un tanto complejo. En un nivel,
ciertas mujeres (o en ninguna mujer), y de que ellas t r a t a n siempre
la mayoría de los observadores se pondrían de acuerdo en cuanto a la
de controlar a los h o m b r e s por medio de ardides femeninos e intrigas.
cantidad de participantes, su sexo, su altura, y otras facetas del aspec-
Tenderá a percibir las acciones de toda mujer con la que tiene alguna
to físico, y sobre los hechos que se produjeron entre los diversos miem-
relación a través de este conjunto de constructos (y a r e a c c i o n a r en
bros (por ejemplo, la m a d r e giró 180 grados y levantó la voz en varios
decibelios; pronunció un cierto número de palabras; el padre, a la cuar- consecuencia). Supongamos que, en una relación anterior, este hom-
ta palabra, giró rápidamente 170 grados y salió de la habitación; cuan- bre llegó a ver a la mujer como «perseguidora» y «tramposa», en vir-
do él estaba a dos metros de la puerta, aparecieron lágrimas en los ojos tud de constructos probablemente derivados de un complejo de «con-
de la hija; la m a d r e se acercó a ella y le pasó el brazo sobre los hom- dicionamientos» tanto personales como sociales. Nuestro sujeto habría
bros, etcétera; estos análisis pueden realizarse en un nivel microscó- reaccionado finalmente en consecuencia (desde su perspectiva).
pico, instante por instante, o en un nivel menos detallado, durante lap- Una mujer que, p o r su parte, ha desarrollado la idea de q u e algu-
sos más largos). No obstante, cuando se trata de aplicar significados a nos hombres (o todos los hombres) son incapaces de comprometerse
los hechos, todo se vuelve m u c h o más complejo: emocionalmente e intentan dominar y controlar como si tuvieran dere-
cho a hacerlo, tenderá a percibir bajo esta luz las acciones de cualquier
En cualquier situación dada, hay facetas potencialmente ilimitadas varón con el que se relacione (y a reaccionar en consecuencia). Entre
de la gestalt total de experiencias de origen externo e interno utilizables estos dos individuos la pauta de la interacción se desarrollaría a partir
para recrear las condiciones originales capaces de llevar a la «recupe- de tales reacciones y contrarreacciones (originadas en p a r t e o en gran
ración» de toda una gama de recuerdos y asociaciones. Que sean unas u medida en los «constructos» de las generaciones precedentes, así como
otras de estas facetas de la experiencia las realidades en un momento en los de las normas sociales prevalecientes). Decidimos nuestro modo
54 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE LA REALIDAD DE LA «REALIDAD» V,

de actuar en concordancia con los constructos (o diálogos internos) a de él, y sobre el lugar de los hijos, de cada uno de los sexos, en la rela-
través de los cuales cada u n o de nosotros ve y «da sentido» a lo que ción matrimonial, así como los imperativos y estereotipos sociales al
sucede en cualquier relación o conjunto de relaciones (con indepen- respecto. Tratamos de reaccionar en concordancia con los motivos y
dencia de que estemos en lo cierto o no, y suponiendo que esto pueda proyectos que atribuimos a esas acciones; por ejemplo, quizá atribu-
llegar a determinarse). yamos móviles «sucios» a nuestro cónyuge, a nuestro hijo, o a ambos,
Durante algún tiempo, el hombre puede experimentar a esta mujer y a otras personas (Palazzoli y otros, 1989), además de tener nuestros
como distinta de la mujer de su relación anterior y, por lo tanto, actuar propios motivos y proyectos. Entra en juego el p o d e r del efecto
también él de distinto modo. Pero es posible que, si la relación entre «Pigmalión», la profecía de autocumplimiento, que genera su propia
ellos se prolonga, los constructos generales de él acerca del modo en realización.
que se comportan las mujeres en las relaciones largas, comiencen a A su vez, los niños recogen constructos sobre ellos m i s m o s (tam-
incidir en la interpretación que les da a algunas de las conductas de bién tomados de la familia y de los valores y actitudes sociales), que
ella, viéndolas c o m o «persecución» y «trampa». E n t o n c e s iniciaría incluyen, en las familias con problemas crónicos, la posibilidad de
un repliegue, d a n d o precisamente paso a la g a m a de conductas más muchas ideas autodenigratorias. Entre esos constructos (que vemos
temibles desde la perspectiva de la mujer. Consideremos ahora las cosas como «existentes» en u n a jerarquía compleja de temas entrelazados)
desde el lado de ella. Aunque inicialmente experimentara al hombre de habrá ideas sobre los roles que deben adoptar en relación con padres
modo diferente, su constructo general según el cual «la mayoría de los y hermanos, con la familia global y la sociedad: «salvador», «ángel»,
hombres se distancian emocionalmente» podría llevarla a esperar y, «aliado», «favorito», «villano», «perseguidor», «víctima», «éxito», «fra-
por lo tanto, interpretar aspectos de las conductas subsiguientes del caso», etcétera. Cuanto más nos comportamos respecto de alguien como
compañero como los primeros signos de u n a retracción que la asusta si él fuera algo, m á s probable es que él se convierta en eso. Cuanto más
y la lleva a «perseguir», con lo cual suscita precisamente la gama de nos comportamos como si nosotros mismos fuéramos algo, más pro-
conductas de él que ella más teme. bable es que nos convirtamos en eso.
Actuamos en concordancia con los motivos y proyectos que atri- Basta con añadir a la mezcla más de la misma pauta repetidamen-
buimos a las acciones de los otros y que usamos para explicarlas (correc- te actuada e identificada, continuamente influida p o r la aplicación
ta o erróneamente), y también en concordancia con nuestros propios de más de los mismos modos de construir lo que sucede, lo que con-
proyectos (de los q u e en cada m o m e n t o s o m o s m á s o m e n o s cons- duce a más de las mismas atribuciones relacionadas con las acciones
cientes). Sin darse cuenta, las personas se atrapan recíprocamente en de los otros participantes en el juego, y así sucesivamente.
«juegos» (a veces de consecuencias trágicas) mientras t r a t a n de pro- En la posición de Speed parece estar implícita la creencia en pau-
mover y proteger sus intereses (y quizá también los de los otros, aun- tas o estructuras concretas que existirían en la familia y en sus rela-
que erróneamente percibidos o representados). ciones internas y externas; Speed también parece creer en u n a estruc-
Desde luego, esto también es válido con respecto al m o d o en que tura oculta pero explícita para el individuo, y en procesos inconscien-
experimentamos las acciones de nuestras parejas (y sus parientes y los tes compartidos, que escogen y agrupan en pautas las experiencias a
nuestros) en sus relaciones con nuestros hijos, y también las acciones partir de las cuales los participantes responden y reaccionan entre sí.
de nuestros hijos en su relación con nosotros y nuestros cónyuges (y Welwood dice:
con todos los otros parientes).
Una multitud de factores gravitan en el m o d o en que interpretamos Según el modelo tradicional del inconsciente en la psicología pro-
esas acciones. Entre ellos se cuentan aspectos del desarrollo de nues- funda, parecería que tiene una estructura explícita, que los impulsos,
tras relaciones familiares y matrimoniales (a nuestro juicio), los con- deseos, represiones o arquetipos existen en forma explícita; que el incons-
dicionamientos y m a n d a t o s (recibidos en nuestra propia experiencia ciente es una especie de alter ego autónomo... Lo inconsciente son los
familiar) sobre la naturaleza del matrimonio y lo que se puede esperar pautamientos holísticos, que se pueden explicar de muchos modos dife-
56 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE LA REALIDAD DE LA «REALIDAD» 57

rentes y en muchos niveles diferentes de la interrelación organismo/ ideas como si fueran cosas concretas que, por así decirlo, pudieran reco-
ambiente (1982, pág. 133). gerse y ubicarse en algún otro lugar. Whitehead dice que, en realidad,
ellas derivan siempre de casos reales de experiencia humana. Las expe-
riencias son lo real; las nociones son secundarias y derivadas. Es peli-
En el reino de la a t r i b u c i ó n de significados, el h e c h o de que un
groso olvidarlo, y tomar esas cosas secundarias como más concretas y
mapa, modelo o marco de creencias sea adecuado, no significa en nin- reales que lo que son en realidad (1977, pág. 24).
gún sentido absoluto que sea de algún modo verdadero o esté más cer-
ca de u n a «verdad» absoluta que otro modelo adecuado. Todo lo que
puede decirse es que las pautas de asociaciones seleccionadas, las cone- Obviamente, en cualquier marco explicativo debe h a b e r un grado
xiones realizadas y los significados atribuidos (tal vez sería más exac- significativo de «adecuación» entre los dos niveles (y es «significativo»
to decir «impuestos») p o r medio de esos marcos, son más o menos úti- el nivel «adecuación» necesario para que el observador p u e d a expli-
les o funcionales para ciertos propósitos (por ejemplo, son útiles para carse y predecir suficientemente en relación con sus fines). Así como
la explicación y predicción). Speed habla de «la realidad de las pau- las pautas del diagrama deben adecuarse a la cantidad y a la distribu-
tas de la familia»; en este caso, comete un error fundamental al con- ción espacial de los p u n t o s , del m i s m o m o d o , en u n a familia, las
fundir niveles de realidad. Las p a u t a s son conexiones entre elementos, ideas del terapeuta sobre lo que está sucediendo deben adecuarse, en
entre cosas y hechos, establecidas por un observador. Desde luego, para un nivel, a las personas involucradas y a un número suficiente de hechos
la m a y o r parte de los fines, se p u e d e considerar q u e las cosas y los «significativos» (y también a las ideas que los participantes tienen sobre
hechos existen «allí afuera», pero las pautas pertenecen a un nivel dife- estas cuestiones). Incluso con tal restricción existe, lo m i s m o que en el
rente, y son impuestas p o r el observador a partir de marcos peculiares caso de los puntos, u n a variedad inmensa de p a u t a s y explicaciones
p a r a trazar distinciones y desarrollar comprensión, en relación con- que el observador puede «imponer» (probablemente tantas pautas como
ciertos propósitos de ese observador. observadores) aunque, desde luego, las influencias familiares, de géne-
ro, culturales, educacionales, profesionales, teóricas y de m u c h o s otros
En la figura 1 se ve claramente lo que decimos. Arriba hay 24 pun-
tos, que, d a d o el p r o p ó s i t o de este capítulo, el lector p u e d e a c e p t a r tipos, que los observadores tienen en común, determinarán que haya
como existentes realmente «allí afuera». En el resto de la página vemos considerable coincidencia con respecto a numerosas facetas.
algunas de las pautas m á s directas que pueden «imponerse» para esta- Nosotros diríamos que las realidades que construimos nos ayudan
blecer y destacar las relaciones entre esos puntos, empezando p o r ver- a idear interacciones o intervenciones útiles gracias a u n a adecua-
los como 4 filas horizontales de 6 puntos, después c o m o 6 columnas ción suficiente con facetas significativas (para ellos) de las realidades
verticales de 4 puntos, y así sucesivamente. construidas de los m i e m b r o s de la familia, con sus m o d o s de pensar
acerca de sí mismos. La «realidad» de una familia no será m á s que uno
La perspectiva de Speed da p o r sentado que todas estas pautas, pre-
sumiblemente junto con las otras posibles, que son innumerables (y no de los modos (entre los muchos posibles) de dar sentido a las cosas y
hemos hablado de utilizar líneas curvas), están realmente en los pun- hechos que los m i e m b r o s de esa familia e x p e r i m e n t a n (reales para
tos, con independencia del acto de observar. Esa autora cae víctima de ellos), y de responder conductual y afectivamente. La habilidad del tera-
lo que A. N. Whitehead d e n o m i n a «la falacia de la concreción mal ubi- peuta consiste en encontrar una manera de ver la realidad familiar lo
cada». Como explica Waddington: bastante próxima a las ideas de los miembros de esa familia como para
poder comprometerlos, así sea brevemente, en u n a «realidad compar-
tida», pero con u n a perspectiva lo bastante distinta c o m o p a r a ayudar
El pensamiento más convencional... reconoce ciertas nociones deri-
a generar cambios en los significados y, por lo t a n t o , t a m b i é n en la
vadas y esencialmente abstractas, que han sido inventadas por el hom-
bre para tratar de dar sentido a las situaciones con las que tropieza. Son experiencia y la respuesta. Acercarse a la «realidad» de u n a familia no
ejemplos los átomos físicos, o sentimientos tales como la cólera, o nocio- significa que el terapeuta encuentre la realidad, del m i s m o m o d o que
nes sociales tales como la de justicia. El hombre tiende a aceptar estas conjeturar qué pauta emplea la familia para organizar los 24 puntos
LA REALIDAD DE LA «REALIDAD» 59
58 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

de nuestro diagrama no significa que esa pauta sea la real. Cualquiera


de las otras pautas se adecuaría igualmente bien.
Buda dijo a los buscadores de la verdad que considerar el mundo
de los objetos materiales, las emociones, las relaciones, etcétera, como
«realidad», es vivir en el error, y que considerarlos meras ilusiones es
también vivir en un error, igual de grande.

Mi punto de vista es que todos los problemas humanos, en todos los


niveles de funcionamiento, desde el individual hasta el internacional,
surgen de la reificación de los marcos de creencias, de los modos de
ver la realidad, y de las pautas reiteradas de respuesta que se originan en
esos marcos. (Desde luego, lo que digo se aplica a este mismo enuncia-
do, que no debe ser tratado con demasiado respeto.) Por ende, a mi jui-
cio, es importante que, para ser terapéuticos, nos volvamos anarquis-
tas en nuestros enfoques, que no creamos en nada y lo creamos todo al
unísono. Siempre que nuestra terapia recibe su forma de la ortodoxia
diagnóstica y terapéutica, de creencias personales fuertes, imponemos y
delimitamos, alentamos y en algunas circunstancias tratamos de poner
en vigor la ortodoxia en el pensamiento y la acción (a veces en nombre
de su opuesto) (Cade, 1985a, pág. 10).

Pero a fin de considerarlo todo debemos contar con un marco para


pensarlo. El error no consiste en que tengamos marcos, sino en que
olvidamos que son sólo marcos, y los confundimos con la realidad.
Después de haber asumido u n a posición con respecto a algo, empe-
zamos a cerrar nuestra mente a otras posibilidades, y a continuación
tendemos a seleccionar e interpretar datos que confirmen esa posición
y no vean, pasen por alto o rechacen lo que la contradice. Éste es un
proceso que uno de nosotros ha denominado «endurecimiento de las
categorías» (O'Hanlon, 1990). Desde luego, éste no es un problema
cuando no es un problema, pero cuando aparecen problemas, puede
volverse m u y i m p o r t a n t e . Entonces el fenómeno s u b r a y a d o p o r
Rosenthal (Rosenthal, 1966; Rosenthal y Jacobson, 1968), y las profe-
cías de autocumplimiento que Watzlawick ha descrito con tanta elo-
cuencia en su libro (Watzlawick, 1984, págs. 95-116), perpetúan y exa-
cerban lo que está sucediendo.
A modo de resumen, nos parece importante que, en cualquier dis-
cusión de la realidad, tengamos el cuidado de diferenciar con claridad
dos niveles: el de las cosas y los hechos que se pueden considerar razo-
nablemente como existentes «allí afuera», y el de los diversos marcos
FIGURA 1
60 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

a través de los cuales los percibimos e interpretamos. También nos 4. ¿CÓMO COMPRENDEMOS LAS EMOCIONES?
parece vital que nunca creamos lo que creemos; eso le quita sustento
a la persecución de los disidentes. Como dice Feyerabend,

...dada cualquier regla, aunque sea «fundamental» o «necesaria» para


la ciencia, siempre hay circunstancias en las que es aconsejable no sólo
ignorarla, sino incluso adoptar su opuesto... mi tesis es que el anar-
quismo ayuda a lograr progreso en cualesquiera de los sentidos que uno
se tome el trabajo de escoger. Incluso una ciencia de «ley y orden» sólo
logrará éxito si en ocasiones permite que se produzcan movimientos En la medida en que los factores cognitivos son potentes deter-
anarquistas (1978, págs. 23-27). minantes de los estados emocionales, es posible inferir que exac-
tamente un mismo estado de excitación psicológica puede eti-
quetarse como «alegría», «furia» o «celos», o recibir cualquier otra
de entre una gran variedad de etiquetas emocionales, sobre la ba-
se de los aspectos cognitivos de la situación.
SCHACHTERY SlNGER ( 1 9 6 2 , p á g . 3 8 1 )

Una emoción es aproximadamente el significado que le damos


a nuestros estados sentidos de excitación.
HARRÉ Y SECORD (1972, pág. 272)

Una de las cosas que define los sentimientos es que nacen en


nosotros sin nuestra voluntad, y a menudo contra nuestra volun-
tad. En cuanto queremos sentir... el sentimiento ya no es un sen-
timiento, sino una imitación, una teatralización del sentimiento.
KUNDERA (1990, pág. 195)

«Pienso, luego existo», es el enunciado de un intelectual que


subestima el dolor de muelas. «Siento, luego existo», es una ver-
dad de validez mucho más universal, y se aplica a todo lo que vive.
KUNDERA (1990, pág. 200)

Otro ámbito de la experiencia humana, que a m e n u d o se conside-


ra que los t e r a p e u t a s breves p a s a n por alto, es el de las e m o c i o n e s .
Estamos de acuerdo con Kleckner y sus colaboradores en cuanto a que
«el terapeuta estratégico que no siente» es en gran m e d i d a un mito.
También coincidimos con ellos en que han sido los propios terapeutas
breves/estratégicos los principales responsables de haber mantenido el
secreto de que, en realidad, ellos creen que los sentimientos del clien-
¿CÓMO COMPRENDEMOS LAS EMOCIONES?
62 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 63

te son importantes. Como dicen los autores mencionados: «No se tra- Durante la sesión siguiente, se aconsejó a la trabajadora que deja
ta de que los terapeutas estratégicos no aborden los sentimientos, sino ra el cuaderno de notas de lado, que mientras estaba sentada se incli-
sólo de que no hablan sobre ellos entre sí, no escriben al respecto en la nara hacia adelante (según sus colegas, frente a esta mujer ella solía
literatura, ni enseñan al respecto a sus discípulos» (Kleckner y otros, reclinarse en la silla, como luchando contra un viento fuerte), y que en
1992, pág. 49). el transcurso de la sesión no brindara ningún consejo, sino que se limi-
Nosotros, con nuestros alumnos, durante algunos años hemos seña- tara a repetir frases como:
lado constantemente la importancia no sólo de escuchar lo que el clien-
te comunica, incluso los s e n t i m i e n t o s expresados, sino t a m b i é n de «¡Pero, esto es terrible!»
encontrar modos de demostrarle que lo hemos hecho. No basta nece- «¿Cómo demonios ha aguantado todos estos años?»
sariamente con escuchar. Cuando no hay feedback, el cliente no sabe «Seguramente usted siente que nadie sabe lo q u e ha t e n i d o que
si se le ha escuchado o no. pasar. Debe sentirse m u y sola con toda esta preocupación.»
Una trabajadora de un centro público de salud buscó la ayuda de «¿Cómo es que resiste todo esto?»
un terapeuta consultor. Su caso iba a ser observado a través de un espe- «Muchas personas habrían renunciado hace m u c h o tiempo.»
jo falso, y la trabajadora esperaba la experiencia con considerable an-
siedad. Poco a poco, la mujer empezó a hablar con más lentitud y menos
acaloramiento, a parecer m á s serena, y a escuchar lo que se le decía.
Siempre le tengo miedo a este caso. No tengo la menor idea de adón- Finalmente, cuando se le volvió a preguntar cómo había podido resis-
de ir con él. tirlo, sonrió y dijo: «No lo sé. Quizá soy más fuerte de lo q u e creo».
Al final de la sesión, la clienta estaba más tranquila, con un mar-
La trabajadora describió a u n a mujer que había luchado durante co mental más optimista, y dispuesta a escuchar lo que se le dijera. Más
cierto tiempo con dos adolescentes fuera de control y un esposo que le tarde, la trabajadora manifestó haber descubierto que en realidad gus-
brindaba poco apoyo, trabajaba m u c h a s horas y era proclive a tener taba de esa d i e n t a y la respetaba. Nos damos cuenta de q u e la suge-
estallidos violentos. El p r o b l e m a de la trabajadora era que se consi- rencia del consultor podría considerarse sólo como u n a m a n i o b r a tác-
deraba incapaz de contener lo que ella experimentaba como una abru- tica destinada a romper un impasse, y no como una prescripción real
madora e interminable m a r e a de amargas quejas de la mujer. de que se prestara atención a los sentimientos. Esto es posible porque,
al contar el episodio de la consulta, el consultor quizá o m i t i ó men-
No escucha nada de lo que le digo, no acepta consejos. Ya la han cionar su riqueza creciente al escuchar la descripción que la trabaja-
echado de varias instituciones. Yo soy la única persona que le queda, que dora realizaba de la historia de la mujer.
aún está dispuesta a verla. En realidad no llego a nada. Sé que necesita
Nosotros creemos que, p o r lo general, los clientes sólo e s c u c h a n
ayuda, pero me siento impotente para hacer algo por ella, y también cul-
pable al descubrir que me está empezando a provocar una aversión ac- cuando sienten que han sido escuchados, cuando sus experiencias han
tiva. sido validadas —incluso sus experiencias afectivas—. Entendemos que,
para u n a terapia eficaz, el terapeuta, sea cual fuere su escuela, debe
Si bien la trabajadora creía q u e había escuchado y comprendido el prestar u n a atención suficiente a este aspecto de las experiencias del
problema de esta mujer, p r o n t o resultó claro que la clienta, sobre la cliente. Los diversos enfoques terapéuticos difieren en el modo de hacer-
base de sus experiencias anteriores, y en ausencia de un feedback cla- lo, y quizá en la definición de la «atención suficiente». La expresión de
ro en la situación presente, seguía pensando que eso no era así. Entonces sentimientos es sin duda u n a respuesta natural h u m a n a , y a m e n u d o
se sentía obligada a c o n t i n u a r n a r r a n d o su historia inútil y desespe- importante, sobre todo en m o m e n t o s cruciales de aflicción, alegría,
radamente, a quienquiera que la escuchara. Al mismo tiempo, era evi- excitación, miedo, etcétera. Las terapias suelen diferir no sólo en la
dente que no esperaba que nadie oyera lo que ella trataba de expresar. medida en que consideran importante reconocer las emociones, sino
¿CÓMO COMPRENDEMOS LAS EMOCIONES? 65
64 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

m e n t e m o s , las concomitancias fisiológicas del estado de excitación


también p o r su mayor o m e n o r creencia en que expresarlas es crucial
(irrupción o adrenalina, tensión sanguínea, ritmo cardíaco, tono mus-
y central en el proceso de la terapia y el cambio. Consideramos que,
p o r útiles y catárticas que sean a veces las exploraciones y expresiones cular, etcétera) son, en gran medida, idénticas. El trabajo de Schachter
emocionales, el principal m e c a n i s m o del c a m b i o es la modificación y Singer respalda su proposición de que:
f u n d a m e n t a l de los constructos que p e r m i t e n realizar las distincio-
Las cogniciones que surgen de la situación inmediata, interpretada
nes y destilar la experiencia.
a través de la experiencia pasada, proporcionan el marco con el cual uno
Es cierto que los terapeutas de hoy tienden a prestar una conside- comprende y etiqueta sus sentimientos. Es la cognición lo que determi-
rable atención a lo observable. Pero, c o m o subraya George Greenberg na que el estado de excitación fisiológica sea etiquetado como «cóle-
en su artículo sobre las aportaciones de Don Jackson al campo de la ra», «alegría», «miedo», u otra cosa (1962, pág. 380).
terapia familiar,
Cuando existe más de un marco p a r a interpretar u n a experiencia,
Si bien Jackson y sus asociados, al crear un enfoque conductual, se la excitación fisiológica puede verse de distintos modos, a veces con-
apartaron de los constructos mentalistas, no negaron la existencia de flictivos. Es decir, podemos sentirla de varias maneras. Por ejemplo,
mecanismos intrapsíquicos internos que influyen, alteran y/o facilitan el m u c h o s de nosotros, antes de subir a un escenario p a r a p r o n u n c i a r
funcionamiento humano. De hecho, desarrollaron técnicas como el «reen- u n a conferencia o algún otro tipo de intervención, h e m o s t e n i d o la
marcamiento», destinadas en parte a incidir sobre la cognición o «per- experiencia de oscilar rápidamente entre una excitación y anticipación
cepción». Lo novedoso e importante en ellos fue sostener que uno no ansiosa, p o r un lado, y, por el otro, u n a gran angustia y deseos de que
puede conocer las percepciones de otros, y que, desde el punto de vista
nos trague la tierra. Quizá esperemos tener una actuación brillante, y
científico, lo mejor era caracterizar la realización, describir la conducta
y operar sobre la base de fenómenos observables» (1977, pág. 403). también temamos fracasar o ponernos en ridículo. Es decir, tal vez nin-
guno de los dos sentimientos constituya una interpretación apropiada
O, como explica Arthur Bodin, del estado de alta excitación fisiológica que en la mayoría de noso-
tros precede a tales momentos. Muchas investigaciones ulteriores h a n
Si bien los sentimientos y pensamientos se consideran importantes, en puesto a prueba la idea de que la autoatribución de emoción está rela-
la terapia familiar del MRI lo que resume los resultados es la conducta. cionada con el m o d o en que d a m o s sentido a lo que o b s e r v a m o s en
Sólo a través de la conducta se manifiestan esos hechos y experiencias nuestra propia conducta (Bem, 1965, 1968; Nisbett y Schachter, 1966;
afectivas y cognitivas (1981, pág. 292). Storms y Nisbett, 1970).

En m a y o r o menor medida, en todos los ámbitos de nuestra vida, Recuerdo que, al supervisar un caso desde detrás del espejo falso,
nuestros sentimientos son un fenómeno omnipresente, y determinan- pude observar a una familia a la que «se ayudaba a tomar contacto con»
tes poderosos del m o d o en que reaccionamos o no reaccionamos ante sus sentimientos de cólera recíproca. No había duda alguna de que lo
estaban haciendo con considerable calor, vigor y autenticidad aparente.
u n a situación. Se ha dicho que los sentimientos son interpretaciones
Pero, ¿eran ésos realmente los sentimientos de los miembros de la fami-
de los estados de excitación fisiológica, de la manera que tiene el cuer-
lia, o estaban reaccionando a la única explicación verosímil que tenían
po de prepararse para la acción; que dependen en gran medida de los de los altos niveles de excitación fisiológica que experimentaban, expli-
diversos niveles de constructos generados p a r a d a r sentido a la situa- cación tal vez introducida explícita o implícitamente por un terapeuta
ción presente, y que, basados en el recuerdo de experiencias pasadas, que se basaba en la creencia de que, en las familias, estos problemas deri-
t a m b i é n dependen de lo que esperamos sentir. Los sentimientos son van de una cólera no expresada? Alarmado por la tensión creciente en la
a s i m i s m o afectados p o r las prescripciones y proscripciones del con- habitación, que parecía volverse improductiva y potencialmente peli-
texto social, y p o r los imperativos asociados con el género (Crawford grosa, intervine y propuse «la tristeza por lo que podrían haber sido las
y otros, 1992). Sea cual fuere el sentimiento fundamental que experi- cosas» como explicación alternativa de ese alto nivel de excitación fisio-
66 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE ¿CÓMO COMPRENDEMOS LAS EMOCIONES? 67

lógica. Casi instantáneamente, este marco condujo a expresiones de tris- las interpretaciones de que se trata de miedo o de excitación «satisfa-
teza y a un proceso conmovedor de creciente dulzura y gradual reafir- cen los requisitos» por igual para dar razón de nuestro estado de ele-
mación entre los miembros de la familia. ¿Cuáles eran los sentimientos vada excitación fisiológica. El reconocimiento del miedo puede hacer
reales? Sin duda, cualquiera de los dos marcos bastaba para interpre- que nos sintamos comprendidos, pero es la otra interpretación la que
tar la experiencia de excitación fisiológica de los miembros de la fami- nos lleva a continuar la tarea.
lia. Uno de estos marcos parecía más útil que el otro como cristal para Kleckner y otros llegan a la conclusión de que:
interpretar la excitación, por lo menos en lo concerniente a crear una
atmósfera aparentemente constructiva, cooperativa y más optimista,
Lo que debe subrayarse... es que los terapeutas estratégicos no dedi-
durante el resto de la sesión (Cade, 1992a, pág. 167).
can cantidades importantes de tiempo a hablar sobre los sentimientos o
a hacer que el cliente los reconozca y asuma; en cambio, se concentran
Quizá otra explicación (por ejemplo culpa, traición, miedo, des- en lograr que el cliente exprese sus sentimientos de un modo que sea más
precio, etcétera) también podría h a b e r «tenido sentido» para los clien- probable que lo lleve a una mayor satisfacción en la vida cotidiana» (1992,
tes, y conducido a u n a expresión distinta de sentimientos, pero tam- pág. 49).
bién defendible como apropiada y auténtica.
No se trata de que creamos que los clientes son tan maleables que,
de algún modo, se les puede i m p o n e r cualquier sentimiento. En toda
situación, particularmente en u n a situación interaccional compleja y
muy cargada, los constructos que aplican todos los involucrados p a r a
explicarla por lo general constituyen la punta del iceberg de los incal-
culables recuerdos y asociaciones almacenados que también se podrían
aplicar. Como observa Gendlin:

Cualquier momento tiene una riqueza enorme... Atravesar un acto


simple supone una inmensa cantidad de conocimientos, aprendizajes,
sensaciones de la situación, comprensiones de la vida y las personas, así
como de los múltiples rasgos específicos de la situación dada (1973,
pág. 370).

Nosotros e n t e n d e m o s que, si b i e n el reconocimiento de la exis-


tencia de diversas emociones fuertes puede ser altamente terapéutico,
en cuanto ayuda a las personas a sentirse validadas y comprendidas,
tal vez no sea ni útil ni terapéutico alentar la expresión sistemática de
las emociones, sobre todo de las «etiquetadas» de un modo tal que per-
p e t ú a u n a sensación de desesperanza o desamparo. Por ejemplo, las
expresiones de cólera pueden ser potencialmente útiles cuando se refie-
ren a algo sobre lo cual sentimos tener algún control; en caso contra-
rio, quizá conduzcan sencillamente a u n a mayor sensación de impo-
tencia y desvalimiento. Debemos t e n e r el cuidado de no reificar las
emociones y encerrar a los individuos en pautas negativas de pensa-
miento y acción. En el ejemplo anterior, referido a subir al escenario,
5. NEGOCIANDO EL PROBLEMA

El primer paso era el que contaba. Una vez que has iniciado
algo, ello ejerce una autoridad terrible sobre ti.
JULES ROMAIN (1973)

Todas las cosas tienen pequeños principios.


MARCO TULIO CICERÓN

El proceso de la evaluación es crucial para la dirección que toma


cualquier terapia y a menudo, en última instancia, para su éxito. Richard
Rabkin ha utilizado la analogía del ajedrez para pensar el proceso tera-
péutico (1977). Lo mismo que en una partida de ajedrez, el éxito o fra-
caso de la terapia está a m e n u d o d e t e r m i n a d o p o r las «jugadas» de
apertura: las preguntas formuladas, las respuestas extraídas, que refle-
j a n la «estrategia de juego» y los supuestos del terapeuta.
Todos los marcos explicativos son metáforas, aunque pueden tener
consecuencias m u y reales. Creemos que son muchos los diferentes mar-
cos capaces de orientar a los terapeutas en su trabajo. No obstante, a
m e n u d o aparecen problemas, como ya hemos dicho antes, cuando esos
marcos se confunden con «la realidad» y son reifícados. Después de un
tiempo, los clientes pueden llegar a considerar sus problemas y pro-
nósticos, y a verse a sí mismos, a la luz de las creencias del terapeuta
al respecto, incluso aunque esas creencias no hayan sido explícitas sino
implícitamente comunicadas.
Una clienta q u e había sido etiquetada como «personalidad lími-
te» fue transferida a u n a nueva terapeuta, debido a un cambio de per-
sonal en la institución en la que recibía la terapia. Después dijo que,
c u a n d o iba a ver a la nueva terapeuta, a m e n u d o salía m u y desalenta-
da y deprimida. Se le preguntó cuál era la diferencia de estilo entre las
dos terapeutas, y respondió: «Esta o t r a terapeuta es m u y pesimista.
NEGOCIANDO EL PROBLEMA 71
70 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Cuando entro en el consultorio, quizá me sienta m u y bien. Pero ella explicación propuestos por el biólogo Steven Rose como los mínimos
me dice que parezco deprimida. Entonces empiezo a preguntarme si necesarios p a r a comprender la conducta del cerebro (1976, pág. 30).
en realidad no lo estoy. Al final de la sesión, estoy decididamente depri-
mida, aunque no lo estuviera al principio». Scheflen Rose
Tradicionalmente, en el proceso de evaluación o diagnóstico, el pro-
blema del cliente o la familia es estudiado, identificado y descrito «obje- La perspectiva social Nivel sociológico
tivamente», después de lo cual se lo trata. Puesto que, a nuestro juicio, El nivel institucional Nivel psicológico-social
la realidad está mediada socialmente, no debe sorprendernos que vea- El nivel familiar Nivel psicológico (mentalista)
mos los problemas y sus definiciones (y los efectos pragmáticos de estas La interacción diádica Nivel fisiológico (sistemas)
definiciones) c o m o mediados en gran medida social e interaccional- La emocionalidad y los Nivel fisiológico (unidades)
mente, en un proceso en el cual el cliente o los clientes y el terapeuta estados corporales
crean juntos u n a «realidad», sea cual fuere la conciencia que los par- Los subsistemas fisiológicos Nivel anatómico-bioquímico
ticipantes tengan de este hecho. El grado de influencia que ejercerá La organización del sistema Nivel químico
el cliente (o lo que el terapeuta le reconozca competencia para ejercer) nervioso
en la creación de esta «realidad» varía según el enfoque. La microestructura neural Nivel físico.
Los terapeutas conductuales «descubren» problemas de conducta;
los analistas «descubren» problemas intrapsíquicos, con frecuencia ori-
ginados en la niñez; los psiquiatras de orientación biológica «descu- La riqueza y complejidad de este tapiz existencial significa que cual-
----» pruebas de problemas neurológicos y déficits químicos; los tera- quier aspecto de nuestro ser, incluso el desarrollo y mantenimiento de
peutas estructurales/estratégicos «descubren» ambigüedades jerárqui- los problemas, puede verse como reflejo de fenómenos que existen en
cas y coaliciones; los terapeutas contextuales «descubren» los efectos cualquiera de estos niveles, o en todos ellos. La riqueza y compleji-
de la injusticia y la explotación intergeneracional; los terapeutas bre- dad de este tapiz existencial significa también que es posible encontrar
ves "descubren" pautas de pensamiento y acción que se autorrefuer- «pruebas» en apoyo de u n a amplia g a m a de preconcepciones diag-
zan. Todo terapeuta se basa en el supuesto de que él o ella ha descu- nósticas. A nuestro juicio, también significa que la causa o causas «rea-
bierto la causa fundamental del problema (y, lamentablemente, a menu- les» de cualquier problema nunca se pueden determinar de modo con-
do desatiende e incluso se mofa de otros modelos y explicaciones, ten- cluyente.
dencia ésta de la cual nuestro propio campo de ningún modo está total- Los terapeutas breves se concentran primordialmente en lo obser-
mente libre). vable, en lo que puede describirse de un m o d o claro y concreto, en tér-
Todo lo que pensamos, sentimos y h a c e m o s se puede considerar minos de cosas y hechos. O'Hanlon y Wilk hablan de «enunciados des-
insertado en, y afectado por, u n a compleja j e r a r q u í a de influencias. criptivos basados en la observación, que no contienen ni presuponen
Estas abarcan desde el m á s amplio nivel sociopolítico hasta el nivel ninguna información que en principio no pudiera derivarse sin inter-
neurosipnóptico individual, de origen genético o ambiental; desde nues- pretación de un vídeo con banda sonora» (1987, pág. 20). No se trata
tros antecedentes históricos, pasando por nuestras diversas experien- de que neguemos la complejidad de la experiencia humana. Pero cree-
cias del presente (familia, grupo de pares, c o m u n i d a d , género, raza, mos que c u a n t o m á s se aleja uno de las tuercas y tornillos observables
etcétera), hasta nuestro futuro, tal como lo prevemos hoy. Por ejem- o descriptibles de la interacción, mayores son los riesgos que corre
plo, c o n s i d e r a n d o la complejidad del f e n ó m e n o q u e d e n o m i n a m o s de quedar a t r a p a d o en sus propias metáforas, y de imponérselas a los
esquizofrenia, Scheflen m u e s t r a que hay que considerarlo reflejo de clientes. Además, a menos que estemos actuando como agentes de con-
un complejo de influencias de por lo m e n o s ocho niveles diferentes trol social, lo q u e nos autoriza a realizar nuestra tarea es resolver el
(1981). Esos niveles se asemejan estrechamente a los ocho niveles de problema específico que la persona nos trae a terapia, y con respecto
NEGOCIANDO EL PROBLEMA 73
72 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

de dejar de fumar. Se le informó de que no era así; el terapeuta no podía


al cual él o ella es un cliente real o potencial. A veces sucede que el pro-
hacer, ni haría, que dejara de fumar. No obstante, estaba en condiciones
blema inicial se utiliza como «tarjeta de presentación», y que en rea- de ayudarlo a abandonar el hábito, pero primero quería saber si él mis-
lidad al cliente le preocupa más otro problema, que no está preparado mo lo deseaba. Respondió que no. Se le preguntó si alguna vez había
para introducir antes de que pase algún tiempo, y confía más en la inte- tenido problemas de salud o respiratorios relacionados con el tabaco, y
gridad y la competencia del terapeuta. Creemos que nuestra respon- contestó que nunca había padecido efectos desagradables. Al dejar la
sabilidad consiste en proporcionar ese clima, pero quien en última ins- Marina, cuarenta años antes, los médicos le habían dicho que le que
tancia debe definir el enfoque es el propio cliente. Los clientes no tra- daban tres años de vida, debido a sus hábitos extremos con la bebida y
bajan por cambios de los que no son consumidores, p o r más necesa- el tabaco. Estaba jubilado, había renunciado al alcohol y suprimido las
rios, deseables o beneficiosos que esos cambios les parezcan a las otras grasas de su dieta, por prescripción médica, varios años antes. Fumar
personas de sus vidas y al propio terapeuta. era uno de los pocos placeres que le quedaban. Tenía que hacerse un exa-
men médico en el término de unas pocas semanas.
Desde esta perspectiva consideramos innecesarias las ideas tradi-
El terapeuta le dijo que, sobre la base de lo que él le había comen-
cionales acerca de la resistencia. Aunque al afrontar el enfoque de un
tado, suponía que no le costaría mucho dejar de fumar, ya que antes
cambio significativo todos tendemos a aferramos a «lo malo conoci-
había dejado de beber, en el caso de que el médico se lo recomendara.
do», a nuestro juicio las personas con problemas quieren cambiar, aun- Pero si el médico no le hacía esa recomendación, podía seguir disfru-
que, por diversas razones individuales o interpersonales, no saben o tando del tabaco mientras quisiera. El hombre respondió: «Gracias, joven.
no pueden iniciar el proceso sin alguna ayuda. Supongo que realmente no quiero dejar de fumar, y nuestra conversa-
El grupo del Centro de Terapia Breve de Palo Alto (Fisch y otros, ción me ha ayudado a comprenderlo. Era el agente de seguros quien que-
1982; Watzlawick y otros, 1974; Weakland y otros, 1974) ha examina- ría que yo dejara el tabaco».
do este tema esencial de la «relación de compra». ¿Quién quiere ayu- El terapeuta le deseó suerte y agregó que la puerta de su consultorio
da, con qué, o de quién? A veces la persona que recurre a la terapia se estaba siempre abierta si él quería volver.
siente proclive a adquirir los cambios de otros (un cónyuge, un hijo),
sin advertir o estar preparada para ver que es ella m i s m a quien podría Los párrafos siguientes delinean los aspectos i m p o r t a n t e s de la
o debería c a m b i a r su m a n e r a de ver a ese otro. A m e n u d o , el cliente «relación de compra», tal como los presentó inicialmente el grupo de
que llega al consultorio ha sido derivado por un consejero escolar, un Palo Alto, con u n a adaptación posterior de Steve de S h a z e r y de sus
tribunal, un progenitor, un cónyuge, etcétera, y quizá no tenga nin- colegas (de Shazer, 1988):
guna motivación p a r a la terapia, e incluso sea hostil a la idea de some-
terse a ella. Esto no significa necesariamente q u e no se puede hacer Un visitante (que Fisch y otros, 1982, llaman window shopper, es decir,
nada, sino que el terapeuta debe partir con cautela de u n a posición res- alguien que mira escaparates pero no entra a comprar) no se compro-
petuosa y humilde, sin establecer ningún supuesto. M u c h o de lo que mete; a menudo llega a la terapia bajo algún tipo de coacción, implíci-
suele definirse como «resistencia» puede verse c o m o resultado direc- ta o explícita, y por lo general debido a las preocupaciones de otros. Por
más claro que esté para esos otros y para nosotros mismos que la per-
to del hecho de que el terapeuta no clarifica si alguien es cliente o no,
sona tiene problemas, en los planes de él o ella no está el hablar sobre
y trata de «venderle» algo a u n a persona que no está interesada en tales problemas en el contexto presente, ni recibir ayuda. Por lo tanto,
adquirir nada. O bien a esa persona le interesa adquirir algo, que no es es probable que cualquier intento de intervención sea estéril o conduz-
lo que el terapeuta intenta «venderle», y siente q u e los otros (incluso ca a lo que posteriormente podría llamarse «resistencia». En tales situa-
el terapeuta) tratan de convencerla o forzarla a «realizar esa compra» ciones, Steve de Shazer aconseja escuchar con respeto, felicitar cuando
porque tienen sus propias razones. sea posible, pero no hacer sugerencias ni encargar tareas.
Un quejicoso tiene un problema o una lista de problemas, específi-
Un hombre pidió hora por recomendación de su agente de seguros, cos o vagos, concernientes a él mismo o relacionados con otra u otras
quien aparentemente le había dicho que mediante el hipnotismo se pue- personas, acerca de los cuales está por lo general dispuesto a hablar, a
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
74 NEGOCIANDO EL PROBLEMA 75

veces extensamente. Pero, aunque tal vez se vea a sí mismo como rela- persona, y cada u n a tiene sus problemas y su propio programa, dife-
tivamente impotente, o bien con potencial para influir en el problema rentes de los de los otros y, a veces, en conflicto con éstos.
o los problemas con sus propias acciones, no está aún claro que invite
Por ejemplo, u n a familia llega a terapia por el impulso inicial de los
directamente al terapeuta a ofrecer consejo o ayuda (quizá asuma la posi-
cion de que son los otros, y no él, quienes tienen que cambiar, en cuyo padres, que se quejan de la conducta y actitud de u n a hija de 15 años.
caso es probable que convenga tratarlo inicialmente como a un visitan- Ella ha violado reiteradamente varias reglas familiares y hogareñas, ha
te, con empatia, pero sin sugerencias y tareas). faltado a clase, ha pasado toda una noche fuera de casa, y suele enzar-
Un comprador tiene una queja, relacionada con él mismo o con otra zarse en disputas con los padres. Es probable que, al principio, la niña
u otras personas; de esa queja puede obtenerse una descripción relati- sea renuente a asistir a la terapia, hasta que el terapeuta le pregunte,
vamente clara, y el individuo desea sin duda alguna hacer algo al res- con o sin la presencia de los padres, si le gustaría ayudar a «sacárselos
pecto, para lo cual busca la ayuda del terapeuta. de encima». Es p r o b a b l e que esto realmente le interese, y entonces
resulta posible e n s a m b l a r y alinear los dos conjuntos de metas. Los
Es importante no suponer que estas definiciones describen «carac- progenitores quieren que la hija obedezca las reglas de la familia, y la
terísticas» fijas y reales; son sólo orientaciones para pensar la relación hija quiere t e n e r m e n o s conflictos con ellos y m e n o s restricciones.
terapéutica. Se refieren a las posturas adoptadas por los clientes en rela- En este caso tenemos dos problemas y dos conjuntos de metas, con dos
ción con las posiciones reales o previstas de los terapeutas y los otros compradores distintos.
miembros de la familia o profesionales involucrados. Esto contrasta Después de asegurarse de que uno tiene comprador, el siguiente
con la idea tradicional de la «resistencia», vista como una cualidad que paso en la terapia consiste en conocer el problema de ese comprador.
está dentro» del cliente. Es decir, qué conducta o experiencia que se produce en su vida le gus-
Es común que cada miembro de una familia adopte posiciones dis- taría a esa persona reducir o eliminar, o bien, alternativamente, a qué
tintas con cada uno de los otros, y también que las cambie, así como conducta o experiencia que no se produce le gustaría poder recurrir
su actitud con el terapeuta, en el transcurso de una misma sesión, o de más r e g u l a r m e n t e . En algunos enfoques, la decisión acerca de cuál
una sesión a otra. Por ejemplo, una mujer puede llevar a terapia a su es este p r o b l e m a se basa en una teoría de la patología, más bien que
esposo renuente. Sin duda es la compradora del cambio de él. El hom- en la petición de ayuda del cliente. A nosotros nos interesa una defi-
bre no tiene ningún interés en la terapia, y se ve con claridad que se nición clara del problema en términos de conducta real. En lugar de
dejó llevar para conservar la paz, o para poder decir: «Bien, fui pero aceptar enunciados tales como «Él es obediente» o «Estoy deprimida»,
no dió resultado; que es lo que yo había previsto». p r e g u n t a r , en este caso, «¿Qué es lo que él h a c e e x a c t a m e n t e p a r a
Es posible que, al encontrarse con que el terapeuta no le señala erro- que lo considere desobediente?» o «¿De qué m o d o la tristeza afecta a
res y le demuestra comprensión, el esposo, al final de la sesión, se haya su conducta?», alienta el análisis más detallado. A m e n u d o es impor-
convertido en un comprador de terapia. No obstante, como lo que suce- tante descubrir c u á n d o comenzó el problema, con qué frecuencia se
díó no es lo que esperaba la mujer, ella podría desplazarse a la posi- produce, c u á n d o y dónde, en relación con quién o qué, etcétera. A con-
ción de quejicosa o incluso a la de visitante (por lo menos con ese tera- tinuación hay que extraer con igual claridad las soluciones intentadas.
peuta y en ese momento). A veces, el cliente sigue siendo visitante has- Como en la terapia breve la evaluación se orienta hacia el presen-
la que otras personas de su vida, allegados, amigos u otros profesio- te y el futuro (qué es lo que al cliente/comprador no le gusta en el pre-
nales dejan de presionarlo para que vaya a terapia. Entonces puede sente, y qué es lo que quiere cambiar en el futuro), p o r lo general no
concurrir con sus planteamientos, y al terapeuta le resulta más fácil b u s c a m o s c a u s a s o antecedentes en el pasado, si bien reconocemos
evitar la difícil posición de aparecer como agente de los otros. que, en algunas personas, un marco para la comprensión de los efec-
Desde luego, es posible tener varios compradores a la vez, cada uno tos de hechos pasados puede ser de ayuda en el proceso de revisar los
de ellos con diferentes problemas. Esta situación aparece a menudo en constructos personales. Al buscar una descripción del problema, pre-
la terapia familiar y marital, en las que en la sesión se ve a más de una ferimos c o n c e n t r a r n o s en el presente o en el pasado reciente. Procu-
NEGOCIANDO EL PROBLEMA 77
76 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

¿Con quién se produce?


r a m o s encontrar las p a u t a s individuales e interaccionales asociadas
con la dificultad. También queremos comprender con exactitud lo que
¿Quién es más probable que esté rondando cuando aparece el pro-
describe el cliente, para no tener que recurrir a conjeturas, que pueden
blema? ¿Qué hacen y dicen esas otras personas antes, d u r a n t e y des-
ser inexactas.
pués de que aparezca la conducta-problema? ¿Qué dicen esos otros
Los terapeutas breves tienden a interesarse en lo que no le da resul- sobre el individuo q u e tiene el problema, o sobre el p r o b l e m a en sí?
tado a la persona y a convencerla de que intente algo distinto, o bien
tratan de descubrir lo que sí da resultado, y alientan a recurrir más a
ello. También se concentran más en el futuro y en las soluciones que ¿Cuáles son las excepciones a la regla del problema?
en la etiología y el pasado, o incluso, a veces, el presente (de Shazer,
1988, 1991; F u r m a n y Ahola, 1992; O'Hanlon y Weiner-Davis, 1989). Muy pocas veces el problema es continuo, de m o d o que solemos
La siguiente es u n a lista de puntos acerca de los cuales tendería- seguir una línea indagatoria que subraye lo que interfiere en el pro-
m o s a hacer preguntas al buscar una definición clara del problema y blema, lo i n t e r r u m p e o lo reemplaza. De Shazer ha f o r m u l a d o este
de las que aparezcan como secuencias importantes en torno a él. Más método en su trabajo centrado en la solución (de Shazer, 1988, 1991).
adelante nos detendremos en los enfoques centrados en el futuro. Este método invita a la persona a advertir y producir m á s a partir de
las excepciones al problema, de modo que éstas se convierten en la
regla que acaba reemplazando a la regularidad indeseada. Análogamen-
¿Cuándo se produce el problema? te, White busca lo que él denomina en sus trabajos «desenlaces úni-
cos» (1988).
Buscamos regularidades en la reiteración del problema en el tiem-
po. ¿Hay m o m e n t o s en los que el problema aparece habitualmente o
siempre, o en los que no aparece nunca? ¿Hay algún m o m e n t o espe- ¿Qué es lo que el cliente o los clientes hacen
cífico del día, la semana, el mes o el año en el que el problema surge de modo distinto, o qué actividades quedan excluidas
con más o menos frecuencia? a causa del problema?

¿De qué modo el problema obstaculiza lo que las personas harían


¿Dónde aparece el problema?
habitualmente o les gustaría hacer? A veces, para obtener esta infor-
mación, le p r e g u n t a m o s al cliente qué haría de u n a m a n e r a distinta
¿Hay algún lugar donde el problema siempre se produce, o es más
si el problema estuviera resuelto. De Shazer ha descrito el empleo de
probable que se produzca? ¿Hay algún lugar donde el problema no sur-
la «pregunta del milagro», no sólo para obtener respuestas a ese inte-
ge nunca? A m e n u d o p e d i m o s localizaciones generales (por ejemplo
rrogante, sino t a m b i é n p a r a procurarle al cliente la experiencia de
en el trabajo, en la escuela, en el hogar) y localizaciones específicas
hablar de la solución como si fuera inevitable o ya se h u b i e r a inicia-
(como u n a cierta habitación en particular de la casa).
do (de Shazer, 1988, 1991).

¿Cuáles son las acciones del problema?


¿Qué es lo que el cliente muestra en la sesión
que está relacionado con el problema?
Si hubiera u n a grabación en vídeo del problema en acción, ¿qué es
lo que veríamos? ¿Qué posturas y gestos específicos, qué frecuencias
A veces los clientes sacan a luz alguna parte del problema en el con-
de acciones, interacciones, diálogos, etcétera, podríamos ver y oír en
sultorio. Esto ocurre casi siempre en las sesiones con matrimonios o
esa presentación activa del problema?
NEGOCIANDO EL PROBLEMA
78 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

¿Cuáles son las soluciones intentadas por el cliente


familias; entonces el proceso del p r o b l e m a se despliega ante los ojos
o los otros, acerca del «problema»?
y los oídos del terapeuta. Pero también puede suceder en las sesiones
individuales. Un cliente se quejaba de que sus colegas no lo aceptaban
Ya hemos visto que se puede considerar que los problemas reflejan
en su c a r r e r a profesional. D u r a n t e la p r i m e r a sesión, habló en voz
el m o d o en que los clientes han persistido en el empleo de soluciones
tan alta que, más tarde, los terapeutas de los consultorios adyacentes
inadecuadas y desafortunadas. ¿Qué han estado haciendo el cliente y
se quejaron de h a b e r tenido que escucharlo todo. Además, el cliente
los otros significativos (incluso los terapeutas) para tratar de resolver
m i r a b a a cualquier lugar de la h a b i t a c i ó n , pero no al terapeuta, de
el problema?
manera acentuada y notable. Al principio de la sesión siguiente, el tera-
peuta le comunicó lo que habían dicho los profesionales vecinos, y se
preguntó si la voz alta y la evitación del contacto ocular tenían algo que
¿Cómo podremos saber que hemos llegado?
ver con el problema del cliente. Este respondió que su jefe había men-
cionado alguna vez que hablaba en voz demasiado alta, pero que nin-
Para el terapeuta breve tiene u n a importancia crucial que ayude al
guna otra persona le había hecho ese comentario, de modo que lo des-
cliente a clarificar y expresar las metas. Como dice el título de un libro,
cartó, atribuyéndolo a que el jefe era una persona muy crítica. Decidimos
«si no sabe adónde va, probablemente termine en otra parte».
que en el curso de la semana siguiente él trataría de hablar con m á s
Debemos tratar de conocer las imágenes e ideas que tiene el clien-
suavidad y tomaría nota de la reacción de sus colegas. Descubrió que
te acerca de cómo sabrá él que el problema está resuelto. ¿Qué suce-
daba resultado. Después hubo otra s e m a n a en la que se concentró en
derá en los otros ámbitos de su vida cuando el problema ya no los aco-
el contacto ocular, y que también le dio resultado.
se? A veces, el solo hecho de que se le pregunte por el futuro y se le pida

que visualice un porvenir mejor, ayuda al cliente a ver con claridad las
soluciones. En otros casos, sólo nos ayuda a nosotros a precisar lo que
¿Cuáles son las explicaciones y marcos del cliente
él quiere. Algunas veces, como dicen de Shazer y sus colaboradores (de
respecto del problema?
Shazer y otros, 1986), la terapia puede concentrarse primordialmen-
te en c ó m o será la solución, y trabajar en pos de ella sin llegar siquie-
A m e n u d o las personas tienen algunas ideas acerca de lo que cau-
ra a u n a descripción clara de lo que es el problema. De un modo u otro,
só o causa sus dificultades, o sobre lo que el problema significa en sus
para nosotros esto constituye una parte importante del proceso de eva-
vidas. Como ya hemos comentado, esas explicaciones y marcos de refe-
luación. Puesto que no tenemos ningún modelo explicativo general ni
rencia pueden ser útiles o formar parte del problema. En ambos casos,
conviene evaluar qué son. modelos normativos que nos guíen, las metas y las visiones del futuro
del cliente pasan a ser nuestras brújulas, y nos ayudan a cartografiar
¿Qué es lo que el cliente cree que causó o causa el problema? ¿Cuáles
el c a m i n o hacia el destino que anhela. Tratamos de concentrarnos en
son, si existen, las dificultades más profundas a las que el cliente atri-
u n a m e t a descrita con claridad, en cuanto podamos hacerlo sin ahu-
buye el problema? ¿Qué indica el p r o b l e m a sobre su identidad o sus
yentar al cliente. Si recibimos mensajes verbales o no verbales de que
previsiones de futuro? ¿Qué metáforas, analogías o imágenes emplea
el cliente cuando habla del problema? Además, ¿cuáles son o han sido nuestro enfoque en las metas irrita al cliente, podemos explicarle nues-
las explicaciones de los otros significativos (por ejemplo, los miembros tro propósito, o retroceder y concentrarnos en lo que él nos indica que
de la familia u otros profesionales involucrados), que pueden h a b e r considera m á s importante examinar.
orientado sus actitudes respecto del cliente y el modo de tratarlo, afec-
tando también al modo en que el cliente pensaba el problema? Hoy en Ejemplo: «Éste parecería un buen lugar para empezar, pero me gus-
ta saber a dónde voy, de modo que puedo escuchar más, para encontrar
día, incluso puede ser importante saber qué libros de autoayuda se h a n
lo que le será útil. Si es posible, dígame qué es lo que espera que suce-
leído.
80
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE NEGOCIANDO EL PROBLEMA
81

da en su vida cuando hayamos tenido éxito. ¿Qué hará después de la tera- viera preparada. En la sesión siguiente, se presentó con un vestido sin
pia? ¿Cómo se darán cuenta los otros de que ha cambiado? ¿Cómo lo mangas y dijo sentirse más optimista acerca del futuro.
sabrá usted?».
A fin de ayudar a conducir a nuestros clientes, a m e n u d o les pre-
Para que las metas sean alcanzables, es preferible alentar al clien- sentamos respuestas múltiples para que opten entre ellas cuando vaci-
te a formularlas en términos controlables objetivamente. Las metas lan en establecer metas claras o continúan respondiendo a nuestra inda-
bien formuladas consisten en acciones del cliente, o en condiciones gación al respecto con palabras y frases vagas. Por ejemplo:
que esas acciones pueden generar. Suelen incluir elementos tempora-
les: cuán a m e n u d o (frecuencia); cuándo (fecha/hora/plazo); dónde y ¿Piensa usted, quizá, que los primeros signos de que las cosas mejo-
por cuánto tiempo (duración). ran podrían ser que se mirara realmente al espejo en lugar de apartar
Para que sea viable, nosotros pensamos que la meta debe ser com- la mirada, o ponerse algo porque le quede bien y no porque la oculte
partida. Chente y terapeuta tienen que estar de acuerdo en que es impor- más? ¿O alguna otra cosa?
tante y susceptible de alcanzarse. Si hay m á s de un cliente, o el com-
prador no es el cliente, es preferible que todas las partes estén de acuer- A veces resulta importante informar al cliente de que buscamos una
do en que la meta es pertinente y alcanzable. meta alcanzable, y dar una justificación racional a nuestra búsqueda.
Para a s e g u r a r que todas las partes sepan reconocer, cuando ello
ocurra, que la meta se ha alcanzado, ayudamos a los clientes a tradu- Vuelvo a esta cuestión de cómo sabremos que hemos tenido éxito y
cir a un lenguaje b a s a d o en la acción sus palabras y frases vagas, de podemos dejar de encontrarnos, porque quiero estar seguro de cuál es
contenido no sensorial. Tenemos que imaginar la meta como si pudie- el destino de nuestro trabajo.
ra ser vista y oída en u n a videograbación. Desde luego, al principio los
clientes suelen hablar sobre las metas de un m o d o vago, o refiriéndo- Me preocupa que lo que estamos haciendo aquí pueda convertirse (o
se más a los sentimientos o estados interiores. Como ya hemos subra- se haya convertido) en parte del problema, en lugar de ser parte de la
yado, consideramos importante prestar atención a las descripciones solución. Creo que definir una meta nos ayudará a evitarlo, porque ten-
dremos un punto de destino claramente definido.
de sentimientos, estados o cualidades interiores, y demostrar empatia.
Sin embargo, seguiremos alentando respetuosamente las descripcio-
nes de los correlatos externos (observables) de tales estados. Al p r e g u n t a r p o r las metas, a p r o v e c h a m o s la o p o r t u n i d a d para
crear u n a expectativa de cambio y resultado. Nuestras palabras la refle-
Si u n a persona se quejara de ser tímida, le pediríamos que descu-
jan. Al h a b l a r de las metas del cliente en la terapia (o después de ella),
briera u n a interacción (o falta de interacción) típica. ¿Baja los ojos
no nos referimos al futuro empleando el modo potencial o subjuntivo:
cuando está en compañía de otros? ¿Se sienta solo o sola en una fies-
decimos «cuándo» y «todavía».
ta? ¿Rechaza invitaciones a reuniones? E m p l e a r í a m o s esas descrip-
ciones de acciones, y trataríamos de alentar a esa persona a cambiar
¿Así que todavía no ha salido nunca con una mujer, y le gustaría ini-
las acciones e interacciones que nosotros y ella consideramos más per-
ciar una relación?
tinentes y que c o n m á s probabilidad g e n e r a r á n un c a m b i o generall

A una joven anoréxica le resultaba difícil definir una meta más espe- Entonces, cuando se sienta mejor, menos deprimido o no deprimi-
cífica que «Me sentiré mejor». Finalmente, mediante el empleo de la «pre- do, ¿se levantará más temprano y pasará más tiempo con sus amigos?
gunta del milagro», pudo identificar como metas iniciales ser capaz de
mirarse al espejo de cuerpo entero camino de la ducha, y elegir una pren-
da para ponerse sobre la base de lo que le gustaba, y no porque fuera lo
que ocultaba más. Se le aconsejó realizar el intento sólo cuando estu-
82
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Construyendo un problema resoluble 6. NEUTRALIDAD Y PODER, SUGERENCIAS, TAREAS


Y PERSUASIONES
Cuando se negocia el problema, una de las metas importantes es
definir las dificultades, en el discurso que se despliega entre el tera-
peuta y el cliente (o los clientes), de un m o d o que optimice la posibi-
lidad de actuar sobre ellas. Como ya hemos dicho, es más probable que
esto suceda cuando se alude a conductas específicas y no a cualidades
personales o entidades hipotéticas. Un niño que se niega a ordenar su
habitación es m á s fácil de tratar que un «niño desobediente»; una per-
sona que toma su primer trago al volver a casa después del trabajo es Generalmente, las personas se convencen mejor con las razo-
más fácil de tratar que un «alcohólico»; un matrimonio que no ha encon- nes que han descubierto por sí mismas que con las que les han lle-
trado aún el m o d o de conseguir que un niño asustado vaya a la escue- gado de las mentes ajenas.
la es más fácil de tratar que «una familia enredada»; la falta de expe- PASCAL
riencia en la relación con los pares es más fácil de tratar que la «baja
autoestima»; u n a tendencia a evitar el contacto con los otros y a llorar Tenemos la muy ingenua creencia de que si uno no escoge
con frecuencia es m á s fácil de tratar que u n a «depresión». influir, si la palabra estrategia se le queda pegada en la garganta
cuando intenta emitirla, o si cree que los seres humanos son capa-
Para t o m a r sólo u n o de estos ejemplos, el individuo que bebe su ces de no influirse entre sí (con intención o sin ella), tiene que reti-
p r i m e r a copa al volver a su casa desde el trabajo, noche tras noche, rarse de la sociedad humana.
podría ser persuadido de que, en lugar de ello, sacara a pasear el perro. BROOKS Y HEATH (1989, pág. 320)
Invitamos al lector a practicar la reducción de cualquiera de las
categorías diagnósticas que se emplean con frecuencia a una pauta de
conductas discretas, personales e interpersonales, que se repiten cuan- Lo típico es que los terapeutas breves h a g a n u s o frecuente de la
do se da cierto conjunto de circunstancias; de ese m o d o es más fácil sugerencia directa y el encargo de tareas. Por lo tanto, tienen que con-
a c t u a r sobre los distintos elementos de esa p a u t a . Pero este proceso vertirse en expertos en el arte de la persuasión. Puede sostenerse que
presenta mucho m á s que ventajas pragmáticas. Las consecuencias de el arte de la terapia, sea cual fuere el enfoque que se utilice, tiene mucho
a l u d i r a entidades de existencia en última instancia indemostrable en c o m ú n con el arte de la persuasión. Para m u c h o s , éste es un hecho
(como, por ejemplo, la «codependencia» o la «personalidad adictiva», desagradable. Pero, nos guste o no, nuestra profesión tiene que ver pri¬
el «daño psicológico» o un «déficit de la atención», p o r nombrar sólo mordialmente con alentar a las personas, de m o d o directo o indirecto,
cuatro categorías de u n a muy larga lista posible), pueden ser profun- a modificar sus actitudes o sus conductas.
d a s y, a nuestro juicio, un t a n t o aterradoras ( a u n q u e quizá generen
buenas ganancias).
INFLUENCIA Y PERICIA

Son m u c h o s los que, en nuestro campo, creen que es posible no


influir y limitarse a escuchar la historia de un cliente o u n a familia,
alentar un discurso en el que el terapeuta no realice ningún intento de
«dirigir, m a n e j a r o cambiar el diálogo familiar p a r a llevarlo en una
dirección particular...» (Markowitz, 1992, pág. 12, citando a Harlene
Anderson). P e n s a m o s que ésta es una ilusión peligrosa. Desde cierto
84 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
NEUTRALIDAD Y PODER 85

p u n t o de vista, es imposible no revelar opiniones e influir en la inte- mente manipulativas y la idea de que la terapia es un proceso en el cual
racción, así sea inconscientemente, a través de toda la gama de los cana-
nosotros, con la suma del conocimiento, actuamos benévolamente sobre
les verbales y no verbales que llevan y traen la información. Por ejem-
quienes no lo tienen. Pero creemos que carece de sentido fingir una
plo, sea cual fuere nuestro modelo terapéutico, respondemos a un cier-
carencia de conocimientos o habilidades, negar que la experiencia y la
to enunciado y no a otro, formulamos una cierta pregunta y no otra,
sabiduría que llevamos a la terapia es el fruto del ejercicio prolonga-
sacudimos la cabeza o decimos «hum» en respuesta a alguna de las
do, y a veces penoso, de ese conocimiento y esas habilidades, y de la
cosas que se nos h a n dicho, y no a otras. En todos estos casos influi-
evolución de uno y otras. Ofrecer los frutos de m u c h o s años de expe-
mos sobre el proceso y la dirección de la interacción. También es mucho
riencia de un m o d o sensible y respetuoso a un cliente o u n a familia
lo que comunicamos a través de los niveles sutiles de la expresión facial,
perturbados no significa necesariamente quitarles p o d e r o tratarlos
los movimientos oculares, la dilatación de las pupilas, las pautas res-
como incompetentes (aunque sin duda ésta es u n a posibilidad).
piratorias, la postura, etcétera, que no podemos controlar y de lo cual
somos totalmente inconscientes. Nos preocupa que esos niveles suti- Para dar un ejemplo, Brian a menudo les explica a los individuos,
les de influencia p u e d a n ser s u m a m e n t e insidiosos, en cuanto actúan parejas o familias que, a lo largo de los últimos veinticinco años, él
al margen de la percatación de todos los interesados. Nosotros esta- ha adquirido u n a habilidad considerable con los enfoques que, por lo
mos inequívocamente de acuerdo con todo lo que a u m e n t e el sentido común, no dan resultado en las relaciones, sobre todo cuando se han
de autonomía, de autodetenriinación, de la propia capacidad en el clien- convertido en un rasgo de ellas. Por lo general, a continuación dice que,
te. Pero no creemos que el hecho de que el terapeuta haga sugerencias con respecto a lo que sí dé resultado, él es mucho menos capaz de hacer
o persuada al cliente para que intente algo distinto represente una mani- una declaración tan definitiva. Sin embargo, admite que a m e n u d o tie-
pulación o la imposición y explotación de una malsana diferencia de ne ideas sobre lo que podría funcionar, muchas de ellas t o m a d a s de
poder. clientes anteriores, y algunas propias; añade que le gustaría m u c h o
compartirlas con ellos (Cade, 1992b).
Al parecer, actualmente existe también una preocupación en nues-
tro campo (a veces nos atreveríamos a considerarla un tanto mojiga-
ta) que tiende a negar p o r completo la validez del rol de «experto», o
LA NEUTRALIDAD
incluso de la habilidad en sí. Se suele invocar la afirmación tautológi-
ca de Maturana acerca de la imposibilidad de la interacción instructi-
En los últimos años, la cuestión de la neutralidad ha recibido una aten-
va; «la conversación» ha sido elevada a un nivel sacramental, y se habla
de ella en un susurro reverente. La asunción del rol de experto se con- ción considerable y ha originado algunas controversias. A nuestro juicio,
sidera epistemológicamente errónea (sea lo que fuere lo que esto sig- la neutralidad del terapeuta es un requerimiento pragmático para ser tera-
nifica), o bien presuntuosa, elitista, alentadora de la dependencia, un péutico cuando se trabaja en el punto de encuentro de las relaciones. La
aferramiento al poder profesional, controladora del «poder del cono- pérdida de neutralidad, por lo general, empuja al terapeuta a u n a posi-
cimiento», etcétera, etcétera. Si bien estamos seguros de que esto podría ción estéril. La posición neutral asumida por razones terapéuticas no
ser así en los casos de algunos terapeutas, diríamos que el rol de «exper- expresa necesariamente la opinión o la actitud personales del terapeuta
to» también puede a s u m i r s e de un m o d o tal que no quite p o d e r (de con respecto a una persona, una conducta, un conjunto de valores, una
hecho, dar poder no es posible; lo único que puede hacerse es evitar lo disposición o un hecho. Desarrollamos el empleo de esta posición en vir-
que quita poder). tud del aprendizaje realizado en los casos en que no pudimos ser útiles
por haber tomado partido, creyendo a veces que era importante proteger
No dejamos de advertir que la mayoría de quienes evitan la habi-
a una de las partes, otras veces inconscientemente, en ocasiones con el
lidad y la técnica son terapeutas sumamente experimentados, con mucha
autoengaño de que intentábamos una provocación terapéutica para «dese-
habilidad y una técnica m u y asentada. Estamos de acuerdo con que se
quilibrar» el sistema, y a veces por motivos personales nuestros.
h a g a n a un lado la a c t i t u d de antagonismo, las técnicas encubierta-
Hay en nuestro campo quienes parecen equiparar la neutralidad en
NEUTRALIDAD Y PODER
86 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 87

la terapia a la adopción de u n a postura de desapego, no comprometi- En el examen de estas cuestiones preferimos utilizar el marco del
da, no emocional. H e m o s visto a algunos terapeutas que entrevistan «visitante», el «quejicoso» y el «comprador», al que nos hemos referi-
familias empleando u n a expresividad emocional del estilo de Buster do en un capítulo anterior, en lugar de la noción más genérica de «neu-
Keaton. Nos parece posible m a n t e n e r la posición neutral respecto de tralidad». En nuestra opinión, teniendo presente la cuestión de «quién
las dos partes, a d o p t a n d o enfoques intermedios en el continuo que es realmente el comprador de qué», por lo general evitamos las alian-
va entre la postura remota, no comprometida, en un extremo y, en el zas estériles, no nos mostramos demasiado entusiastas o dogmáticos
o t r o extremo, u n a posición cálida, interesada, afirmativa, c o m p r o - acerca de cómo deberían ser los otros y, lo que quizá es m á s serio, nos
metida, incluso amistosa, con a m b a s partes. Lo importante es que, a salvamos de nuestros móviles personales. Cuando las personas están
lo largo del tiempo, ninguna de ellas sea tratada de un modo distinto claramente motivadas para cambiar ciertos aspectos de su vida, lo que
y que, implícita o explícitamente, se constituya una alianza de una con- nos produce mayor alegría es actuar como cheerleaders que a n i m a n a
tra la otra. La neutralidad terapéutica puede significar no tomar par- sus los equipos deportivos (aunque por lo general no nos p r e s t a m o s
tido por ninguno de los lados, o t o m a r partido por los dos. a ponernos faldas cortas y agitar pompones).
La neutralidad con respecto al resultado es también, a nuestro jui- En la práctica privada, m u y pocas veces debemos asumir u n a pos-
cio, u n a posición pragmática que resulta importante asumir en algu- tura de control social directo. Pero tenemos claro que, en tal caso, no
nas situaciones, y no necesariamente u n a expresión de la falta de inte- actuaríamos como terapeutas con respecto a la persona o personas de
rés del terapeuta en la resolución de los problemas, o de su insensibi- las que se tratara (aunque la acción en sí podría ser terapéutica, e inclu-
lidad a cuestiones sociopolíticas globales. Cuando un terapeuta se iden- so vital a corto plazo, por ejemplo para un niño o una mujer en riesgo,
tifica con demasiada claridad con los argumentos en favor de un cam- o para alguien que sintiera el impulso de no mezclar las cosas). Cuando
bio, sea que comunique su posición explícita o implícitamente, a menu- se adopta u n a posición de control social, está claro que el c o m p r a d o r
do puede convertirse, por así decirlo, en el principal «comprador» del de algo que se desea que suceda es el terapeuta o alguna parte o poder
modo en que debería ser una familia o un miembro de ella. En ese caso, que el terapeuta representa. Según nuestra experiencia, lo que cambia
es como si el terapeuta hubiera colonizado esos argumentos, dejando no son las personas sino el modo en que éstas quieren comprar. Cuando
p a r a el miembro o los miembros de la familia sólo los argumentos con- nos vemos obligados a asumir el rol de compradores, en particular si
trarios, j u n t o con el efecto que producen esos contraargumentos. Las podemos imponer sanciones, lo esencial es que estamos buscando obe-
ventajas y desventajas de la idea que tiene el terapeuta acerca de cómo diencia (en ciertas circunstancias, ésta podría ser la opción ú n i c a y
deben ser las cosas carecen de i m p o r t a n c i a si la persecución de esos correcta, pero no debemos confundirla con una determinada terapia).
fines, p o r positiva que sea la motivación, les quita poder a las perso- Sin embargo, esto no significa que no se pueda tratar de cumplir con
nas, a u m e n t a su «resistencia» o las atrinchera aún más en sus actitu- la función de control social del m o d o m á s «terapéutico» posible
des. Al considerar la terapia de familias en las que hubo abuso, Kearney, (Weakland y Jordan, 1990).
Byrne y McCarthy se h a n referido al «potencial colonizador» de las
redes profesionales que tratan a las familias perturbadas o perturba-
doras de las comunidades pobres y marginalizadas. Estos autores seña- SUGERENCIAS, TAREAS Y PERSUASIONES
lan que «tales familias están singularmente expuestas a cruzadas rei-
teradas de inversión y retirada, bajo las banderas caritativas del con- En la terapia breve, a menudo pedimos que los clientes experimenten
trol y el tratamiento (...) los colonizados, sostenidos por las sanciones con nuevas conductas o cultiven nuevos modos de cuestionar sus situa-
de los colonizadores, mantienen su asociación ambivalente en oscila- ciones, lo cual a veces representa u n a desviación radical respecto de su
ciones entre la rebelión y la obediencia» (Kearney y otros, 1989, pág. conducta acostumbrada, o de lo que durante mucho tiempo h a n con-
17). En el examen de las técnicas paradójicas, volveremos a conside- siderado «sentido común» o verdades evidentes de por sí. La fuerza de
r a r este proceso de colonización. las actitudes, creencias y valores de u n a persona es u n a variable impor-
88 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE NEUTRALIDAD Y PODER

tante, en c u a n t o la preparan para intentar algo nuevo. Rokeach ha ela- pia voluntad porque estaba enfermando a causa de su excesiva inquie-
borado u n a jerarquía de creencias de tres niveles: el más primitivo, pro- tud y las muchas horas de estudio para sus exámenes finales. Poco tiem-
fundo y básico (nivel 1), el de las creencias vinculadas con las diversas po antes había tenido que abandonar un examen, al sufrir un ataque
autoridades que rigen a quienes escuchamos y respetamos (nivel 2), y violento de angustia y agotamiento. Ella sabía que tenía u n a prepara-
el de las creencias relativamente periféricas (nivel 3). Cuanto más esté ción m á s que suficiente para aprobar con honores, pero no podía rela-
anclada u n a conducta en creencias del nivel 1, cuanto mayor sea la jarse. Se le sugirió que cada día tirara u n a moneda. Si caía cara, ese
fuerza e intensidad con que se la sostiene, m á s difícil será, probable- día no p o d r í a trabajar en absoluto. Por difícil que le resultara, tenía
mente, influir sobre ellas (Rokeach, 1968). En el resto de este capítu- que irse a la playa o a algún lugar análogo, sin llevar consigo ningún
lo vamos a presentar algunas ideas, tomadas de la investigación sobre libro. Si caía cruz, podía estudiar con todo el empeño que ella consi-
el arte de la persuasión, que consideramos pertinentes para nuestro derara apropiado.
trabajo c o m o terapeutas. De este modo pudo frenar su ritmo de trabajo. Sobrevivió a los exá-
Sin duda alguna, es más probable que las personas cooperen e inten- menes y obtuvo las notas más altas de su curso. Nos parece que esta
ten algo nuevo cuando son validadas y sienten que sus creencias y sen- sugerencia dio resultado porque era totalmente congruente con el pro-
timientos son comprendidos y respetados. En cambio, quienes se sien- pio deseo de la joven de aflojar el paso. Si ella hubiera querido abor-
ten incomprendidos, particularmente si experimentan niveles altos de dar su pánico de un modo tal que le permitiera trabajar aún con más
aflicción y angustia, tienden a ser m u c h o m e n o s capaces de concen- empeño, la sugerencia no habría dado resultado, por más que nosotros
trarse en los mensajes persuasivos, p o r pertinentes que le parezcan al creyéramos que era lo mejor para ella.
emisor, y c o n independencia del m o d o de t r a n s m i s i ó n (Nunnally y Un individuo con ideas rígidas, dogmáticas, tiende a rechazar las
Bobren, 1959). que no concuerdan con las fuentes de autoridad de sus propias creen-
Un grupo de asistentes le aconsejó a u n a mujer muy acongojada, a cias y actitudes.
la que su esposo acababa de abandonar, que se pusiera en contacto con
Si hay que convencer a una persona muy dogmática... hay que tener
su abogado y también con el departamento de Seguridad Social. Ella presente que el receptor no necesariamente será persuadido por la lógi-
se sentó sollozando en la sala de recepción del organismo, aparente- ca o las pruebas, ni por ideas nuevas. Más bien, sobre este tipo de per-
mente incapaz de actuar. Sólo atinó a pedir, casi de inmediato, el núme- sonas se puede influir apelando a sus figuras de autoridad y a los valo-
ro telefónico del departamento de Seguridad Social, y u n a guía p a r a res tradicionales, y teniendo presente que ella o él tiene un sistema de
buscar el teléfono de su abogado, después de que uno de los asistentes creencias rígido que no tolera mucha incongruencia (Bettinghaus y Cody,
reconociera y validara los sentimientos de temor, cólera y desespera- 1987, pág. 48).
ción que ella experimentaba, invitándola, a pesar de todo, a hacer lo
necesario. De m o d o que, a u n a riesgo de repetirnos, subrayamos que Un ex soldado manifestó que era una persona extremadamente tra-
es i m p o r t a n t e , no sólo escuchar lo que n o s dice el cliente, sino tam- dicional, q u e ni siquiera creía que las mujeres se hubieran ganado el
bién, explícita e implícitamente, indicar que hemos escuchado, y demos- derecho al voto. A su juicio, la familia debía ser gobernada con disci-
trar nuestra comprensión del relato y el reconocimiento de los senti- plina, y las actitudes de su mujer estaban socavando su autoridad, por
mientos concomitantes. lo cual los hijos se portaban como salvajes. Era evidente que había acep-
Es m á s probable que u n a persona obedezca a los requerimientos o t a d o asistir al consultorio p a r a demostrarle a la mujer que los tera-
sugerencias m á s congruentes con sus propios deseos, experiencias y p e u t a s son inútiles. Se le preguntó al h o m b r e si él se consideraba un
actitudes. «En la persuasión, cuanto mayor sea la congruencia entre la general de la primera guerra mundial o un general de la segunda gue-
creencia o la acción propugnada y la necesidad sentida del persuadi- r r a m u n d i a l . Pidió que se le especificara la pregunta. Entonces se le
do, m á s a l t a es la p r o b a b i l i d a d de q u e la p e r s u a s i ó n se produzca» explicó que los primeros habían aprendido muy poco en los primeros
(Brooks y Heath, 1989, pág. 333). Una joven inició la terapia por pro- c u a t r o a ñ o s de lucha, y parecían t e n e r p o c o interés en la moral de
NEUTRALIDAD Y PODER 91
90 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

sus tropas o en salvar vidas. Al final de la guerra seguían haciendo las yentes que los producidos por otros, y parece que cuanto m á s n u m e -
mismas cosas que desde el principio habían demostrado ser totalmente rosos son los propios argumentos en favor de una posición, m á s pro-
ineficaces. Pero los últimos aprendían de sus experiencias, prestaban bable es que esa posición persista. También parece que, al considerar
u n a c o n s i d e r a b l e atención a la m o r a l y a la limitación de las vícti- u n a serie de mensajes persuasivos, las personas recuerdan sus propios
mas, y sabían adaptarse a las circunstancias cambiantes. Después de p e n s a m i e n t o s y argumentos con u n a claridad mucho m a y o r que los
c o n s i d e r a r la cuestión por u n o s m o m e n t o s , el h o m b r e admitió pen- mensajes en sí (ya estén esos argumentos a favor o en c o n t r a de ta-
sativamente: «Supongo que me he vuelto un poco como un general les mensajes). Como observan Perloff y Brock,
de la p r i m e r a guerra mundial». ...los individuos son participantes activos en el proceso de la per-
Enfrentar a este hombre con el error de su pensamiento difícilmente suasión e intentan relacionar elementos del mensaje con su repertorio
habría sido útil. Pero una vez trazada la distinción entre los diferentes de información existente. Al hacerlo, estos individuos pueden conside-
estilos de generalato, pudieron alentarle a explorar, desde el interior rar materiales no contenidos realmente en el mensaje persuasivo. Tales
de sus propios constructos, las consecuencias de volverse más pareci- cogniciones generadas por el propio sujeto pueden concordar con la posi-
ción defendida por la fuente, o divergir de ella. En la medida en que la
do a un general de la segunda g u e r r a m u n d i a l . Como señala Miller,
comunicación suscite respuestas cognitivas favorables, las actitudes deben
«desde un p u n t o de vista pragmático, los mensajes que procuran dar cambiar en la dirección propugnada por la fuente. Si el mensaje evoca
forma y condicionar las respuestas tienen u n a mayor probabilidad de reacciones mentales desfavorables, debe inhibirse el cambio de actitud
éxito que las comunicaciones que a p u n t a n a convertir las pautas esta- en la dirección propugnada por la fuente (1980, pág. 69).
blecidas de conducta» (1980, pág. 19).
Como Perloff y Brock dicen a continuación, las consecuencias de
Una pareja recurrió al terapeuta para que les ayudara a impedir que esto son que «una vez que los comunicadores han comenzado a cam-
su hijo de 26 años se relacionara con una mujer divorciada. El marido biar la mente de las personas acerca de una cuestión, pueden estar muy
tenía fuertes creencias cristianas, y se sentía moralmente ultrajado por la seguros de que ese cambio persistirá si los miembros de la audiencia
conducta del joven. El terapeuta se manifestó de acuerdo en que Dios les refieren sus propios p e n s a m i e n t o s acerca del mensaje, en l u g a r de
había pedido que llevaran una carga pesada, y discutió con ellos la pará- los argumentos del orador» (1980, pág. 85).
bola del hijo pródigo. Señaló cuánta fe había necesitado el padre de la El mayor efecto de la confrontación consigo mismo se produce en
parábola para permitir que el hijo dilapidara su herencia y aprendiera de sujetos cuyos valores iniciales son congruentes con los implícitos o explí-
sus errores, a pesar de lo cual le perdonó y acogió con calidez en su retor- citos en un mensaje persuasivo, aunque su conducta haya sido incon-
no. No se realizó ningún intento de vincular el significado de la parábo-
gruente (Grube y otros, 1977). Cuando los valores de un cliente no son
la con cualquier sugerencia de que el hombre cambiara de actitud. En
la sesión siguiente, el padre demostró que se había sentido profundamente c o n g r u e n t e s con los que d a n forma al mensaje, la confrontación es
conmovido por el encuentro anterior; había vuelto a leer la parábola, y m u c h o menos eficaz. De hecho, si el mensaje suscita reacciones desa-
llevado a la esposa a conocer a la pareja del hijo; los dos encontraron que, gradables, desfavorables o de desaprobación proporcionales al grado
básicamente, ella era «una buena mujer» (Cade, 1980b, pág. 97). de incongruencia, habrá u n a tendencia a inhibir el cambio de actitud
y conducta en la dirección propugnada, y a generar contraargumentos
En este ejemplo, mediante el empleo de u n a parábola de la Biblia, (que pueden o no expresarse abiertamente).
ayudaron al hombre a «descubrir» espontáneamente actitudes nuevas Asimismo, cuando una persona espera o se le advierte que va a reci-
y congruentes con sus propias creencias firmes, y además derivadas de bir un mensaje persuasivo probablemente opuesto a sus valores y acti-
ellas. Cualquier intento de persuadirle de que cambiara de actitud, o tudes, se producirán y referirán de antemano respuestas contraargu-
de indicarle las conclusiones que debía extraer de la parábola, proba- mentativas, que hacen a ese sujeto m u c h o menos sensible a la persua-
blemente sólo habría servido para endurecerle. sión (Petty y Cacioppo, 1977).
Los argumentos generados p o r u n o m i s m o son m u c h o más influ- Un m a r i n o retirado había sido definido anteriormente p o r profe-
NEUTRALIDAD Y PODER
92 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 93

sionales de diversas especialidades como rígido y Victoriano en sus ide- Cuanto m á s le exhortaba el terapeuta a ser cauto, más insistía el
as sobre la disciplina, totalmente reaccionario y sin motivación. padre en que era él quien necesitaba cambiar. Aceptó otra entrevista y
Consideraba que su hija de 14 años era desobediente, brusca, y que esta- el resultado del caso fue una rápida mejoría de la relación entre el hom-
ba fuera de control. Según los profesionales mencionados, la niña era bre y su hija.
perfectamente normal, y se veía i m p u l s a d a a «actuar» y a rebelarse Al principio, sin duda el hombre había previsto que el terapeuta
por las rígidas actitudes y expectativas del padre. Los intentos maternos vería la c o n d u c t a de su hija desde u n a perspectiva «blanda y consen-
de mantener la paz y defender a la hija no hacían más que aumentar la tidora», y q u e u n a vez más se le señalaría el error que cometía él. Por
tensión. Había alguna preocupación oficial por la posibilidad de que la cierto, tenía contraargumentos de lo m á s ensayados. Un buen núme-
situación se volviera violenta y que la niña corriera peligro. Se conside- ro de profesionales le había estado acosando con sus intentos de per-
raba que el padre era totalmente incapaz de ver el modo en que sus pro- suadirle, a veces con suavidad, a veces más enérgicamente, de que adop-
pias actitudes estaban en la raíz del problema. Él había expresado la opi- tara un enfoque incongruente con sus creencias y actitudes aparentes.
nión de que el trabajo social y la psiquiatría eran «peor que inútiles». Al sentir q u e sus creencias y preocupaciones eran validadas, y no
Derivado a un terapeuta breve, el h o m b r e demostró con su com- experimentar ninguna necesidad de defender su posición, él sintió inme-
portamiento que no estaba preparado para ninguna cooperación que diatamente q u e podía permitirse que esa postura perdiera estrechez,
fuera más allá de presentarse en el consultorio. El terapeuta le hizo un aceptando la idea de que los buenos padres se vuelven más flexibles a
comentario sobre lo difícil que resultaba e d u c a r hijos en esta época medida que los chicos crecen. Las expresiones de cautela del terapeu-
permisiva. Muchos de los valores tradicionales parecían haberse per- ta y su renuencia a culparlo a él parecieron alentar al hombre a gene-
dido. Él expuso su creencia de que los p a d r e s tienen derecho a defi- rar cada vez m á s argumentos propios a favor de una mayor tolerancia;
nir la conducta apropiada en el hogar, y que los jovencitos necesitaban los mismos argumentos que antes nunca habría aceptado de los otros.
la mayor experiencia de sus progenitores, p o r m á s que los considera- Una vez q u e sus actitudes comenzaron a modificarse, pudo tolerar y
ran «anticuados». El terapeuta lamentó la pérdida de muchos de esos sacar p a r t i d o de los consejos —no sólo de los consejos del terapeuta,
antiguos valores y principios, y la falta de autorrespeto y autodiscipli- sino también de su mujer y su hija—. Para poder sentirse un buen padre,
na, tan frecuente en la sociedad moderna. «Pero, desde luego», conti- y que los otros lo vieran como tal, tenía u n a importancia indudable.
nuó, «los buenos padres se vuelven obviamente más flexibles y nego- Como señala Miller, «si se logra dar forma a las respuestas de la per-
cian más a medida que los hijos crecen.» sona a persuadir, este éxito incide en la vinculación de tales respues-
Ante esa inesperada validación de muchas de sus creencias, el padre tas con valores firmemente asentados...» (Miller, 1980, pág. 18).
comenzó a asentir con la cabeza, incluso al enunciado final sobre la A corto plazo, la repetición de un mensaje persuasivo puede pro-
necesidad de volverse más flexible. Quedó pensativo y, al cabo de unos ducir a c u e r d o y cooperación. No obstante, si la repetición continúa,
minutos, se inclinó hacia adelante y dijo: «Me pregunto si tal vez no tenderá a volverse rápidamente c o n t r a p r o d u c e n t e , y a generar m á s
soy d e m a s i a d o anticuado; quizá sea d e m a s i a d o d u r o con ella; quizá «resistencia» cuanto más se reitera (Cacioppo y Petty, 1979). Algunas
éste sea el problema real». investigaciones sugieren también que un exceso de refuerzo positivo
El terapeuta comentó con cautela que hoy en día parece haber nume- de las actitudes y la conducta de u n a persona puede, en realidad, pro-
rosos padres a los que no les importa m u c h o la manera en que se com- vocar un «efecto rebote» e inhibir la influencia de u n a comunicación
portan sus hijos. Los niños necesitan realmente aprender a distinguir persuasiva (McGuire, 1964).
lo correcto de lo incorrecto. El padre volvió a asentir pero, unos minu- Por ejemplo, una maestra de escuela que participaba en un seminario
tos más tarde, reiteró con m á s insistencia su creencia de que quizá él sobre los enfoques conductistas comprendió que había estado reaccio-
no fuera razonable. «Después de todo, ella tiene ahora 14 años y en rea- nando de m o d o exagerado ante la desobediencia de un chico, con lo cual
lidad no es mala chica. Los tiempos son distintos, y supongo que ten- quizá reforzaba inconscientemente la conducta-problema y también la
go que aprender a convivir con la época.» sensación que tenía ese niño de ser malo. La maestra decidió comenzar a
94 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
NEUTRALIDAD Y PODER 95

brindarle más ánimos y a elogiar lo que él hacía que pudiera merecer apro- ¿Le gustaría dar una vuelta conmigo por los grandes almacenes y
bación; además, en la medida de lo posible, trató de reaccionar poco a las describirme sus sentimientos, o preferiría empezar con una salida más
habituales conductas provocadoras del niño. Le sorprendió gratamente corta, a tomar un café?
percibir u n a rápida mejoría. No obstante, para su decepción, ese cam-
bio fue breve. Finalmente, la maestra consultó sobre el caso, y se le acon- Para u n a mayor elaboración de este método, vale la pena estudiar
sejó que continuara con su política de reaccionar poco a las conductas ejemplos del trabajo de Milton Erickson (Rossi, 1980).
provocadoras, pero que fuera m u c h o m e n o s generosa con el ánimo También es importante considerar las posibles maneras de abor-
y el elogio. La conducta del niño mejoró y, esa vez, la mejoría se man-
dar las tareas o sugerencias. ¿Los clientes las siguen, las modifican, se
tuvo.
oponen a ellas, las ignoran, las olvidan? Para determinar el siguiente
Si se logra persuadir a u n a persona de que cumpla con pequeños paso, el terapeuta debe orientarse con ese feedback. Por ejemplo, si las
requerimientos o sugerencias, es m á s p r o b a b l e que esté de acuerdo sugerencias se siguen al pie de la letra, lo indicado son más sugeren-
con requerimientos mayores. Puede que este fenómeno sea bien cono- cias; si son ignoradas, o hay oposición u olvido, el terapeuta debe con-
cido. Sin embargo, la investigación t a m b i é n ha demostrado que, en siderar con cuidado su posición. ¿Ha evaluado mal la medida en que
m u c h o s casos, si a u n a persona se le pide que ejecute u n a acción lo el cliente o la familia son «compradores», o está él m i s m o (el tera-
suficientemente importante o incluso absurda como para que con toda peuta) m á s motivado que ellos para lograr un determinado cambio?
seguridad la rechace, a m e n u d o a c e p t a r á de i n m e d i a t o un requeri- ¿Acaso el cliente o la familia han traído una idea diferente o mejor, más
miento más pequeño, que parezca más razonable. De no mediar la pri- apropiada para ellos? A nuestro juicio, el fracaso aparente en una tarea
mera petición, normalmente la segunda habría sido rechazada. Quizá o sugerencia debe verse, normalmente, como resultado de un error
sea más probable que un individuo realice concesiones a quienes pare- de comprensión o cálculo del terapeuta, más bien que como resisten-
cen, a su vez, hacerle concesiones a él. Por ejemplo, una mujer grave- cia o desobediencia del cliente individual o la familia.
mente agorafóbica quedó petrificada c u a n d o el terapeuta le anunció
que, en esa sesión, los dos iban a pasear p o r el interior de unos gran-
des almacenes. Con alivio considerable, ella aceptó después la suge-
rencia alternativa de que tomaran j u n t o s un café en un bar cercano.
Ésa fue su primera salida de casa en varios meses.
Sugerir que no se realice una tarea o no se responda a un requeri-
miento claramente descrito puede impulsar a algunas personas a inten-
tar lo contrario, es decir, a tratar de cumplir. Por ejemplo:

Normalmente, en esta etapa, yo sugeriría que [el terapeuta enuncia


con claridad la sugerencia], pero, por el momento, me interesa que usted
no tenga una nueva experiencia de fracaso.

T a m b i é n es posible presentar alternativas ilusorias; se formulan


dos sugerencias que serían rechazadas p o r igual si se plantearan u n a
a una, pero que aparecen como si el rechazo de u n a supusiera la acep-
tación de la otra. Por ejemplo, a la mujer agorafóbica a la que nos hemos
referido, se le podría haber hecho la siguiente pregunta:
7. MENOS DE LO MISMO

...si cambiamos algún aspecto de un sistema... el primer resul-


tado será a menudo una cantidad de otros cambios donde no los
esperábamos...
WADDINGTON (1977, pág. 103)

En la vida real, aunque algunos problemas humanos pueden


persistir en un nivel constante de gravedad, muchas dificultades
no siguen idénticas durante mucho tiempo, sino que tienden a
aumentar en escalada si no se intenta ninguna solución, o si se
aplica una solución errónea —y especialmente más de esa solu-
ción errónea.
WATZLAWICK Y OTROS (1974, pág. 34)

En primer lugar, hay sólo una solución posible, permitida,


razonable, lógica, y si esta solución no ha producido aún el efec-
to deseado, aplíquela con más energía. En segundo término, en
ninguna circunstancia ponga en duda el supuesto de que existe
una sola solución; sólo su aplicación puede cuestionarse y «refi-
narse».
WATZLAWICK (1983, pág. 33)

Una de las ideas que más ha influido en el c a m p o de la terapia bre-


ve es la propuesta del Centro de Terapia Breve de Palo Alto en cuanto
a que, en ciertas circunstancias, los problemas se desarrollan y man-
tienen a partir del modo de percibir y, posteriormente, abordar algu-
nas dificultades de la vida, a menudo totalmente normales (Watzlawick
y otros, 1974; Weakland y otros, 1974). Con la guía de la razón, la lógi-
ca, la tradición o el «sentido común», se aplican diversas soluciones
intentadas (entre ellas, a veces, la reacción insuficiente y la negación),
cuyo efecto es m í n i m o o nulo, o que directamente exacerban la difi-
98 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

MENOS DE LO MISMO
99
cultad. Entonces el problema se atrinchera en más de las mismas solu-
ciones o clases de soluciones, seguidas p o r más del mismo problema, intelectual y emocionalmente una posición particular, más difícil resul-
que atrae más de las mismas soluciones intentadas, y así sucesivamente. ta renunciar a ella. No obstante, si las personas sienten que han sido
Se crea un círculo vicioso; la aplicación continuada de soluciones «erró- respetadas, y que sus preocupaciones fueron escuchadas y validadas,
neas» o inadecuadas, que encierran la dificultad en u n a pauta que se nuestra experiencia nos dice que a menudo están dispuestas a inten-
autorrefuerza y automantiene, puede p a s a r a ser el problema percibi- tar (aunque a veces con cautela) no seguir haciendo lo que está claro
do. La cronicidad es vista como la persistencia de u n a dificultad rei- que no les da resultado: quedan preparadas para hacer «menos de lo
teradamente mal manejada. Dicen Weakland y otros: mismo». Suelen aceptar que por lo menos ahorrarán m u c h o tiempo
y esfuerzo derrochados, pero también que esa conducta, por sí misma,
Suponemos que, desde que la dificultad empieza a verse como el podría promover algo nuevo (de hecho, ocurre muchas veces, y a menu-
«problema», la continuación, y a menudo la exacerbación de ese pro- do es la solución). Después de todo, ¿quién sabe qué llenará la consi-
blema resulta de la creación de un circuito de feedback positivo, casi siem- derable brecha que queda?
pre centrado en esas mismas conductas de los individuos del sistema que
Una mujer recurrió a un terapeuta para poder ayudar al marido a
tienen el propósito de resolver la dificultad» (1974, pág. 149).
dejar de beber. Él era un abogado cuya práctica e m p e z a b a a sufrir
las consecuencias de que a menudo estuviera ebrio desde el mediodía.
También en la terapia puede producirse u n a situación análoga, La esposa le llamaba constantemente la atención acerca del alcohol
cuando «más del mismo» enfoque terapéutico conduce a «más del mis- que consumía, de los peligros de volver conduciendo por la noche en
mo» problema, y así sucesivamente. El terapeuta puede quedar com- estado de embriaguez, de lo que estaba sufriendo su práctica profe-
prometido m u y p r o n t o con un diagnóstico y un enfoque, sobre todo
sional, del hecho de que pocas veces estaba en el hogar cuando los hijos
cuando ha cargado emocionalmente su idea de lo que la situación es o
se iban a dormir. Además lo llamaba por teléfono varias veces al día
debe ser. El diagnóstico puede entonces reificarse de un modo tal que,
para saber cómo estaba. En las primeras horas de la noche, ella inter-
incluso frente a la inexistencia de cambio, se continúan aplicando los
ceptaba las llamadas de él, para ocultar a clientes y colegas que el hom-
mismos enfoques terapéuticos, y «más de lo mismo» tiende a generar
bre había estado bebiendo. El solía llegar tarde a casa, y a menudo esta-
«más de lo mismo», etcétera, etcétera. Cuando la terapia queda atas-
llaba en cólera si se le hacía cualquier mención al tiempo que había
cada, la formación de la mayoría de los profesionales los lleva a pres-
tar cada vez más atención al cliente. Lo recomendable es hacer lo con- pasado bebiendo, o a las copas que había tomado. La mujer evitaba
trario, o incluso más. Si está atascado, el terapeuta debe considerar sus cada vez más las invitaciones, porque la conducta del marido la aver-
marcos exploratorios y los enfoques que utiliza, que quizá sean «correc- gonzaba. Estaba cansada de tener que disculparlo.
tos», pero no dan resultado, y pueden haber pasado a formar parte del Se le preguntó a esta mujer si alguno de estos procedimientos había
mismo problema. influido en la conducta del esposo. Parecía que, en todo caso, la situa-
ción había empeorado.
Sin duda, no es siempre fácil persuadir a las personas de que dejen Brian le entregó un ejemplar de la cartilla con la que suele ayudar
de aplicar, o incluso inviertan, las soluciones intentadas, que hagan a la gente a descubrir por sí misma qué es lo que ha vuelto estériles sus
la prueba con «menos de Jo mismo». Esto no se debe sólo a que esas acciones, p o r correctas, lógicas o justificables que parezcan.
soluciones tengan el respaldo de la razón, la lógica, la tradición o el
«sentido común», sino también a que suelen impulsarlas fuertes emo-
ciones despertadas por el problema y/o la persona o las personas invo- Enfogues que por lo general no dan resultado
lucradas. Son t a m b i é n soluciones que h a n d a d o r e s u l t a d o en otros
momentos y en otras circunstancias («Así me trataban mis padres cuan- Los enfoques señalados a continuación, aunque pueden ser eficaces
do yo me descarriaba, y nunca me hizo daño»). Cuanto más se inviste ocasionalmente (lo bastante como para que nos apeguemos a ellos), cuan-
do forman parte de una pauta crónica, regular, no sólo no dan resulta-
MENOS DE LO MISMO 101
100 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

«Te a m a r é y dejaré de estar enojado/de irme/de negarme a hablar, si


do, sino que a m e n u d o intensifican la aparición de la misma conducta o
haces exactamente lo que yo quiero.»
actitud que intentamos cambiar.
«Te a m o porque te comportas como quiero que lo hagas, y te amaré
Estos enfoques o procedimientos tienden a fracasar, no porque sean
mientras lo sigas haciendo.»
aplicados mal o con poca sutileza, ni tampoco porque su motivación sea
e r r ó n e a . Al p a r e c e r , no d a n resultado d e b i d o a que no dan resultado
por mejor que u n o los defienda, y por lógicos o correctos que sean. Del Se trata de cualquier posición que implique que quien habla tiene la
mismo modo que una pelota lanzada al aire siempre cae hacia abajo, no verdad acerca de cómo son o deben ser las cosas, o un conocimiento supe-
querer o poder cooperar ante el empleo constante de los procedimientos rior, capacidades, un conjunto de costumbres que al otro, por definición,
es una «ley» de la naturaleza humana. le faltan o sólo posee a medias.

A. El sermón no solicitado
C. Autosacrificio/autonegación
• Sermones (especialmente cuando son
• Actuar constantemente para mantener la paz
• Consejos «por tu propio bien»)
• Andar constantemente de «puntillas» para no perturbar o enojar a otros
• Regaños o reproches
• Poner constantemente la felicidad de los demás por encima de la propia
• Insinuaciones
• Tratar de justificarse constantemente
• Aliento: «¿Por qué no tratas de...?»
• Proteger a los otros de las consecuencias de sus acciones
• Rogar/suplicar/tratar de justificar la propia actitud
• Estar permanentemente pendiente del cambio del otro
• Apelación a la lógica o al sentido común
• Tratar continuamente de agradar a alguien/todos
• Artículos de folletos o periódicos dejados estratégicamente a la vista, o
leídos en voz alta
• El enfoque silencioso y sufrido de «mira con cuánta paciencia y valen- D. ¡Hazlo espontáneamente!
tía no digo n a d a ni t o m o nota de nada», o bien u n a versión iracunda
de lo m i s m o (éstos suelen ser los «sermones» m á s poderosos del lote) En este caso, por medio de cualquiera de los modos de actuar enu-
• Tampoco tiende a dar resultado el castigo repetido y/o creciente; a menu- merados, trata de que alguien haga algo o adopte una actitud diferente,
do genera «más de las mismas» conductas-problema, o una escalada de pero también exige que sea porque quiera hacerlo.
ellas
«¡Tienes que querer agradarme!»
B. Adoptar una postura de superioridad moral «Me gustaría que me demuestres más afecto, pero sólo lo aceptaré
si lo haces p o r q u e quieres.»
«No basta con que me ayudes a lavar; preferiría que lo hicieras con
c u a n d o c u a l q u i e r a de los métodos anteriores se aplica desde una
posición de superioridad, de lógica «inexpugnable» (por lo común, la posi- gusto/de b u e n grado.»
ción masculina), de ultraje moral, de indignación justa. Como, por ejem-
plo: Tratar de hacer a alguien más responsable, rnás expresivo, m á s razo-
nable, m á s solícito, más considerado, más erótico, m á s positivo, etcéte-
«Si realmente me quisieras...» ra, equivale a invitarlo a que obedezca a nuestras definiciones de cómo
«Seguramente podrías ver que si tú...» debe ser, sean cuales fueren las intenciones reales de él. Esto da resul-
«¿Por qué no comprendes que...?» tado muy pocas veces o nunca. A lo sumo se obtiene obediencia; lo más
«Cualquier persona con sentido común...» probable, c o n m u c h o , es que la respuesta sea u n a m a y o r incapacidad
«Después de todo lo que he hecho...» para responder, desobediencia, cólera, repliegue sobre sí mismo, fraca-
so o resentimiento. Parece que a la mayor parte de las personas no les gus-
«Mira cuán enfermo/desesperado/deprimido estoy por preocuparme
por ti.» ta ser obedientes.
MENOS DE LO MISMO
lo; GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 103

Las implicaciones de todas estas ideas fueron examinadas deteni- se a ver a un terapeuta, concertando u n a cita, etcétera, él probable-
damente con la mujer. Ella estuvo de acuerdo en que era improbable mente habría empezado a luchar contra ella, en lugar de luchar con su
que hacer «más de lo mismo» diera resultado, y se manifestó dispues- propio problema. Un par de semanas más tarde, el h o m b r e buscó un
ta a intentar algo distinto. Decidió dejar de llamar regularmente al mari- terapeuta p o r sí mismo.
do por teléfono, y también de protegerlo interceptando sus comunica- Desde luego, las m a n e r a s de actuar señaladas en la cartilla que
ciones profesionales. Además, no volvería a referirse al hecho de que hemos reproducido representan enfoques que todos aplicamos, tanto
bebiera, a los riesgos de conducir en estado de embriaguez, o a la hora en la terapia como en nuestras propias vidas personales. Constantemente
de su llegada a casa. Decidió ignorar sus frecuentes rabietas, en lu- nos sorprendemos impartiéndole a un cliente o u n a familia u n a con-
gar de tratar de calmarlo. Empezaría a aceptar invitaciones sociales y ferencia que no nos h a n pedido, desde una posición de lógica «inex-
a permitir que el m a r i d o cargara con las c o n s e c u e n c i a s de su con- pugnable», sobre la inutilidad general de dar conferencias o sermones
ducta si se emborrachaba o ponía en ridículo. Empezaría a hacer todo no solicitados desde una posición de lógica «inexpugnable». Esta mane-
esto sin aviso previo. (Según nuestra experiencia, por lo general es pre- ra de comportarse no es fácil de evitar y, en ciertos ámbitos de nues-
ferible no prevenir que va a establecerse un nuevo conjunto de reglas tro trabajo (por ejemplo, c u a n d o tenemos responsabilidades regla-
para la relación, sino sencillamente empezar a c o m p o r t a r s e como si mentarias, y en particular cuando encontramos violencia familiar, vio-
las reglas nuevas ya estuvieran en vigencia.) Al mismo tiempo, ella com- lación o abuso sexual de niños), resulta casi imposible prescindir de
prendió que era importante que hiciera estas cosas no para levantar la ella. No obstante, según nuestra experiencia, éstos siguen siendo enfo-
presión sobre él, y que no las considerara sólo como un conjunto más ques que por lo general no dan resultado.
tácticas para persuadirlo a beber menos, sino c o m o un reconoci- Cuando se consideran los problemas como soluciones intentadas
miento de que ella m i s m a necesitaba empezar a considerarse y de que, que se han convertido en parte del problema, es importante tener cla-
en última instancia, su hígado era responsabilidad de él, por más que ra la cuestión de la culpa y la responsabilidad. El terapeuta no consi-
a ella le preocupara. Esta clienta admitió que no siempre sería fácil deró de n i n g ú n m o d o , ni le dijo a la mujer, que las s o l u c i o n e s que
quebrar la pauta de responsabilidad excesiva a la que estaba «aferra- ella intentaba e r a n el motivo de que el esposo bebiera. S i e m p r e hay
da» desde hacía tiempo. que tener cuidado de no transmitir inadvertidamente, de algún modo,
En la sesión siguiente, dijo, con considerable sorpresa, que el mari- esa inferencia (teniendo presente que la información que tratamos de
do, de un modo totalmente espontáneo, había c o m e n z a d o a volver a dar no es siempre la información que se recibe). Se ha aducido, por
casa más temprano. Cuando sabía que iba a llegar tarde, llamaba por ejemplo, que las explicaciones interaccionales de los p r o b l e m a s pue-
teléfono para avisar, y además era mucho más atento. Después de una den llevar implícitamente a pensar que una mujer está implicada en la
de sus rabietas, que ella aparentemente había pasado p o r alto con toda violencia que el marido ha ejercido sobre ella, y que, p o r lo tanto, tie-
tranquilidad, «como si fuera la rabieta de un crío», p o r primera vez ne parte de la culpa. Así, McGregor cuenta que:
él se disculpó e s p o n t á n e a m e n t e ; su tendencia a dejarse llevar p o r la
Al trabajar con la noción de la complementariedad, y centrarse en la
cólera había decrecido de modo notable. Varias semanas más tarde, el
experiencia psicológica del hombre y la mujer, la violencia es implícita-
hombre dijo que temía estar bebiendo demasiado, y que ello estuviera mente conceptuada como una cuestión de la relación. A ambas partes se
afectando a su trabajo. La mujer logró resistirse a a d o p t a r u n a postu- les pide que describan lo que sucede «entre ellas y en torno de ellas» cuan-
ra de superioridad m o r a l (por ejemplo, «eso es lo que he estado tra- do aparece la violencia; de este modo, se implica a la víctima en la vio-
tando de decirte...») y respondió: «Parece que estás realmente preocu- lencia. Al concentrarse en las «regañinas» o «reproches» de la mujer... exis-
pado. Espero que encuentres un modo de superarlo. Si yo puedo ayu- te el riesgo de que implícitamente se reduzca la violencia a un nivel de
darte de alguna manera, dímelo». conducta molesta, y puede establecerse un vínculo encubierto entre la pro-
Esta clienta se dio cuenta de que si ella hubiera reaccionado como vocación femenina (o regañina) y la violencia del varón (1990, pág. 69).
lo hacía antes, mostrándose excesivamente útil, alentándolo a que fue-
104 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
MENOS DE LO MISMO
105
A nuestro juicio, el hecho de que, en cierta oportunidad, si una mujer
no hubiera regañado no habría sido golpeada, no significa que ella sea con la niña, le p r e g u n t a b a qué era lo que estaba mal, q u é quería de
responsable de que un h o m b r e aborde determinadas situaciones utili- ellos. Ella respondía siempre: «Quiero más libertad»; Ron observaba
zando la violencia. No obstante, consideramos perfectamente válido que ya tenía muchísima libertad, pero que la libertad q u e aparente-
ayudar a esa mujer a advertir que «los reproches» se h a n convertido mente quería era u n a licencia para crecer en estado salvaje y hacer
en un modo de actuar que no da resultado y no la ayudan a lograr lo su voluntad, con independencia de que afectara o no a otras personas.
que quiere (por más razones que ella tenga para estar enojada con el
hombre), a fin de persuadirla de que haga «menos de esto» e intente Melissa: No, no es así.
algo distinto. Ron: Por supuesto que es así.
M: No es así.
El hecho de que después sea golpeada con menos frecuencia nos
parece un resultado positivo, a u n q u e de ningún m o d o supone nece- R: ¿Qué me dices de tus «amigos»? Andan por la calle c o m o locos
sariamente la resolución del problema más amplio de que la mujer esté a altas horas de la noche, haciendo lo que quieren.
en una relación con un h o m b r e que se considera con derecho a ser vio- M: No es cierto.
lento. Cuando contamos un chiste que hace reír a otra persona, sin R: Es así. Sé que es así.
duda hemos estimulado esa risa, pero no somos de ningún modo res- M: No es cierto.
ponsables de que el otro tenga o no tenga un sentido del h u m o r bien R: Por lo que veo, eso es lo que nos pides que te dejemos hacer.
desarrollado. M: Yo no pido eso.
A continuación presentamos un ejemplo más detallado del estímulo R: Entonces, ¿qué es lo que quieres?
a hacer «menos de lo mismo» p a r a interrumpir una escalada poten- M: Sólo quiero más libertad.
cialmente grave entre una joven adolescente y sus padres. Tampoco en
este caso se pretende inculpar implícitamente a los padres por la con- En este punto, Ron, derrotado, pareció renunciar; se volvió hacia
ducta de la hija. el terapeuta y le dijo: «Ya lo ve, de esto se trata. Diría que ella ya no
quiere formar parte de la familia».
Melissa respondió de inmediato: «Sí que quiero».
LIBERTAD, ¿PARA QUIÉN? Leanne dijo que era difícil conseguir que Melissa hiciera los debe-
res para la escuela, que no ayudaba para nada en la casa, que trataba
mal a sus dos hermanas menores y (punto éste de preocupación par-
Los padres de Melissa la llevaron a terapia por indicación del con-
ticular para los padres) que, a la salida de la escuela, no volvía direc-
sejero escolar. Pequeña y bonita, de 14 años de edad, ella permaneció
tamente al hogar («No es m u c h o lo que le pedimos»). La n i ñ a vaga-
hoscamente sentada mientras los progenitores describían el deterio-
ro de su conducta, tanto en casa como en la escuela, en el curso del bundeaba con grupos de amigos, holgazaneaba en la estación de auto-
último año, más o menos. El h e c h o de que no hubiera vuelto a su casa buses o en la playa, a m e n u d o durante varias horas. De hecho, la cri-
durante toda una noche había precipitado una crisis reciente. No era sis más reciente se había producido cuando Melissa llamó a su casa a
la primera vez que lo hacía. A m e n u d o volvía muy tarde, frecuentaba las dos de la mañana, sin h a b e r vuelto desde el día anterior. Leanne
night-clubs, bebía alcohol r e g u l a r m e n t e , y se sospechaba que había le dijo enfurecida: «O estás aquí dentro de media hora, o no te preo-
fumado marihuana. En los meses anteriores, su rendimiento escolar cupes en volver nunca». La niña finalmente llegó a mediodía del día
había declinado de modo notorio. siguiente.
Mientras la madre, Leanne, describía el resentimiento y el desafío Ante escaladas simétricas de este tipo, por lo general es u n a bue-
creciente que sentía en Melissa, el padre, Ron, parecía colérico, pero na política realizar p r i m e r o u n a breve entrevista con t o d o el grupo,
también aturdido y derrotado. De vez en cuando trataba de r a z o n a r durante la cual uno puede hacerse una idea de cómo actúan los miem-
bros de la familia. Después se dividen las facciones; se conversa a solas
MENOS DE LO MISMO 107
106 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

con el adolescente, y a continuación con los padres. A todos se les acla- sible conseguir que los padres dejaran de preocuparse. La n i ñ a estu-
ra que esas sesiones son totalmente confidenciales y que no se llevará vo de acuerdo en que tenían derecho a preocuparse cuando volvía muy
información de u n a a otra, a u n q u e , desde luego, los propios clientes tarde por la noche, y admitió que ella misma detestaba hacerlo, y que
podrán comunicarse más tarde lo que quieran. Esto le permite al tera- «se moría de miedo» ante la posibilidad de que la violaran o la roba-
peuta entrar éticamente en coalición abierta con todas las partes, para ran y agredieran. Sin embargo, la certidumbre de que los padres esta-
ayudarlas a abordar más productivamente las dificultades que expe- rían esperándola furiosos cuando llegara, por lo general p e s a b a más
r i m e n t a n en sus relaciones. A p a r t i r de entonces, son m u y raras las en esos momentos que las posibilidades más peligrosas.
sesiones con la totalidad del grupo. A los hermanos, a menos que estén A los padres se les pidió que describieran detalladamente todo lo
directamente involucrados en u n a escalada con los progenitores, por que habían intentado para resolver las dificultades que les planteaba
lo general se les agradece la ayuda y no se les pide que vuelvan. Los Melissa. Habían intentado la mayoría de las cosas que hacen los padres:
padres y hermanos no son entrevistados juntos sin la presencia del ado- reprenderla (a veces delante de sus amigos), retirarle privilegios, impe-
lescente-«problema», sobre todo si esos hermanos parecen tomar regu- dirle salir, razonar con ella, apelar a ella, amenazarla, etcétera. Poco
l a r m e n t e partido por los p a d r e s . De este modo, es m u c h o más fácil tiempo antes, Leanne se había sentado dos horas al pie de la c a m a de
afrontar con eficacia y respeto las «soluciones intentadas» que cada la niña, rogándole que le dijera qué era lo que estaba mal, por qué hacía
parte aplica estérilmente a sus problemas percibidos con la otra. Cuanto esas cosas. Todo había sido inútil.
m á s intentan los padres controlar, proteger, ayudar o guiar al adoles- El terapeuta comentó que esas conductas parecían haberse vuelto
cente, más se ve éste impulsado a replegarse o rebelarse. Cuanto más totalmente predecibles para Melissa y que tal vez incluso se sabía de
trata el adolescente de «encontrar espacio» evitando a sus progenito- memoria todo lo que le decían. Explicó que los adolescentes parecen
res «entrometidos» (según el jovencito los ve), discutiendo con ellos o tener u n a aptitud especial p a r a cerrar los oídos y m i r a r a la lejanía
desobedeciéndoles, más confirma las dudas y temores que tienen los siempre que detectan la inminencia de un argumento, un sermón, una
adultos, y más atrae su atención. apelación predecible. No obstante, reconoció que el hecho de que estu-
A solas, Melissa se volvió m u c h o m á s comunicativa. Se quejó de viera hasta tarde fuera de casa era muy preocupante, sobre todo con-
que sus padres la trataran c o m o si tuviera 11 años. La madre le decía siderando las zonas que la niña frecuentaba, y el hecho de que sin duda
cuándo tenía que cambiarse de ropa, ducharse, hacer los deberes; cómo tenía que aprender a ser más responsable. Ahora bien, por el m o m e n -
ordenar su habitación; que al salir de la escuela volviera directamen- to, los intentos que los padres realizaban no parecían llevarlos a nin-
te a casa, etcétera, etcétera. El padre la trataba como si fuera incapaz gún lado. «Sí, lo sabemos», dijo Ron, «pero sencillamente no podemos
de cuidarse. «Ellos dicen que quieren confiar en mí, pero no me d a n darle una libertad total para hacer lo que quiera.»
libertad para que yo les demuestre que soy digna de confianza.» El terapeuta se mostró de acuerdo con la dificultad, a u n q u e comen-
El terapeuta le preguntó: «¿Qué querrías que yo les aconseje a tus tando que, a pesar de lo que habían hecho para que la niña cambiara,
padres que hagan?». (Según nuestra experiencia, la mayoría de los ado- parecía que en realidad ella ya estaba haciendo m á s o m e n o s todo lo
lescentes suelen encontrar respuestas perfectamente sanas y razona- que quería. ¿Consideraban ellos que, insistiendo con esos procedi-
bles a esta pregunta.) Melissa dijo que les aconsejaría que dieran mar- mientos, finalmente t e n d r í a n éxito? Ambos progenitores coincidie-
cha atrás, que confiaran más en que ella era capaz de cuidarse y de rea- ron en que era improbable, en vista de la historia pasada.
lizar elecciones sensatas en su vida. Confirmó que, si cesaban en sus
intentos casi constantes de manejarle la vida, ella probablemente sería De modo que, sea lo que fuere lo que intenten, a menos que la enca-
m u c h o más cooperativa. denen, lo cual, desde luego, no haría más que posponer el problema, uste-
des no tienen ninguna garantía de que durante la semana próxima ella
El terapeuta le dijo que h a r í a lo que pudiera, pero sin p r o m e t e r
no volverá a pasar alguna noche fuera de casa.
nada. Además, en vista de la reputación que tenían esos barrios, de fre-
cuente abuso de drogas y prostitución adolescente, quizá sería impo-
108 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
MENOS DE LO MISMO
109
Los dos estuvieron de acuerdo en que no tenían ninguna garantía.
en su casa. Sus padres la trataban con mucho más respeto y realmente
En ese p u n t o de la entrevista, pareció que estos progenitores no sólo
habían dejado de «estar encima de ella». Agregó que no había habido
se sentían comprendidos y completamente apreciados en sus preocu-
«incidentes», y que esto se debía en parte a que sus padres se habían vuel-
paciones, sino que también se h a b í a n d a d o cuenta de que continuar
con las conductas intentadas hasta ese m o m e n t o era probablemente to mucho más flexibles en cuanto a la hora de su regreso al hogar. No se
inútil, p o r más lógicas que esas conductas parecieran. Sólo entonces había atrasado más de media hora con respecto a lo acordado («Antes,
fue posible pedirles que intentaran un experimento más bien radical. por diez minutos me reventaban»). Fue interesante que manifestara no
Ambos coincidieron en estar preparados para poner a prueba cualquier haber realizado ningún intento destinado a cambiar su conducta o acti-
cosa razonable. tud; era sólo que las cosas estaban mucho más tranquilas en el hogar.
Leanne describió los cambios de Melissa como «espectaculares».
Se les sugirió que la semana siguiente trataran de invertir por com-
Ron la definió como «notablemente distinta... A veces tuvimos que mor-
pleto su modo de proceder corriente. Parecía que la hija los estaba elu-
dernos la lengua, sobre todo la primera vez que volvió tarde a casa».
diendo de modo total, y el terapeuta manifestó que las cosas no debían
El terapeuta los felicitó, pues para que los cambios fueran tan sig-
ser así. A ella no le haría daño ser arrojada a un nivel sano de confu-
nificativos, los dos debían de haber desempeñado muy b i e n su parte
sión, p a r a que no p u d i e r a p r e d e c i r c ó m o le r e s p o n d e r í a n en t o d o
del experimento. («Siempre supe que les estaba pidiendo m u c h o . » )
momento. Así, los padres podrían poner a prueba la reacción de la niña
Ron expresó alguna cautela en cuanto a si esos cambios durarían.
al verse obligada a a s u m i r la responsabilidad de sus propias accio-
Se les había advertido que el adolescente encuentra u n a m u l t i t u d de
nes. No teman que hablar en absoluto de la hora de regreso de la escue-
maneras de inducir a los padres a volver a escaladas estériles que los
la, de dónde había estado, de cuándo tenía que cambiarse la ropa, orde-
n a r su habitación, ducharse o hacer los deberes, de si debía o no comer convierten en impotentes, y que hacen que el joven se sienta incom-
con la familia, etcétera. Tenían que p a s a r por alto por completo todo prendido y victimizado. Se subrayó la importancia de que la pareja tra-
lo que hasta entonces había sido objeto de su constante preocupación. bajara conjuntamente para evitar esa reaparición de la pauta. («Es tiem-
Se les aconsejó que se desentendieran «en silencio, y no ruidosa- po de que ustedes mismos busquen un cambio.»)
mente», es decir, que no prestaran atención a las conductas de la niña, Aparentemente, también otras personas habían hecho comentarios
p e r o no que emitieran un mensaje no verbal apenado y tenso («Mira sobre el cambio de actitud de Melissa, acerca de cuánto más feliz pare-
c ó m o no te prestamos atención»), del q u e siguiera infiriéndose q u e cía ella, cuánto menos desafiante se había vuelto. La abuela advirtió
estaban preocupados. En la medida de lo posible, debían aceptarla con que de pronto la niña se había integrado mucho más en la familia. La
calidez y ser corteses con ella. Era i m p o r t a n t e recordar que estaban pareja fue alentada a seguir h a c i e n d o «más» de lo que o b v i a m e n t e
p a s a n d o por alto algunas de sus conductas, pero no desatendiéndola a empezaba a dar resultado.
ella. Si volvía de madrugada, se sugirió que le preguntaran, con la mayor La cita siguiente, fijada para tres semanas más tarde, fue cancela-
indiferencia posible, si había pasado u n a noche agradable y si quería da porque Leanne estaba indispuesta. Como las cosas iban bien, se dejó
t o m a r u n a taza de café. Se aclaró que el terapeuta no podía garantizar que la familia tomara contacto en el caso de que resultara necesaria
la respuesta a este cambio de táctica, y que además tenía perfectamente una sesión más.
presente que él no sabía dónde estaba escondido el próximo violador. Dos años más tarde, u n a llamada telefónica de seguimiento con-
Sin embargo, tenía u n a seguridad casi total de que la continuidad de firmó que, aunque habían atravesado toda una gama de lo que Leanne
lo que había estado sucediendo en la familia no podía sino intensificar describió como «hipos normales de adolescente», la situación había
el p r o b l e m a . Los dos p a d r e s estuvieron de acuerdo, y se manifesta- seguido siendo espectacularmente distinta, sin ninguna reaparición de
ron dispuestos a poner a prueba la sugerencia. las dificultades anteriores.

Cuando la familia volvió la semana siguiente, el terapeuta empezó


Ahora sabemos cuándo mantenernos firmes, y cuándo evitar luchas
por ver a Melissa a solas. La niña dijo que las cosas iban mucho mejor estériles acerca de cuestiones que básicamente podemos controlar muy
110 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

poco, cosas que en realidad Melissa tiene que arreglar p o r sí sola. Ella 8. EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO
es mucho más responsable ahora. Hemos dejado de preocuparnos tan-
to p o r ella, y de discutir p o r ella; a Ron y a mí nos va m u c h o mejor.

El sí mismo no está en la memoria, sino sólo en la historia que


creemos sobre nosotros mismos. También es posible revisarla. Se
la somete constantemente a revisión. Vemos lo que h e m o s hecho,
construimos una historia para explicarlo, creemos en ella, y pen-
samos que nos comprendemos a nosotros mismos.
ORSON SCOTT CARD (1987, pág. 179)

La nueva apreciación de los actos pasados y la aparición de


sorpresas en los actos presentes les procura a los h o m b r e s futu-
ros indeterminados.
STRAUSS (1977, pág. 33)

En los últimos años, en el campo de la psicoterapia ha surgi-


do una nueva filosofía para encarar los problemas h u m a n o s orien-
tada hacia los recursos. Esta filosofía se basa en u n a a p e r t u r a y
una cooperación que enfocan lo positivo: las fuerzas, el progreso,
las soluciones. La aplicación de esta filosofía no se limita a la psi-
coterapia; parece ser pertinente en todo el espectro de los servi-
cios de ayuda.
FURMAN Y AHOLA (1992, pág. 162)

Los terapeutas breves parten del supuesto de que cada persona tie-
ne muchas zonas de competencia en las que es posible abrevarse para
superar las dificultades. Incluso en la zona definida como problema,
se supone que en ciertos momentos hay menos presión, y se puede
abordar con más eficacia el desorden en sí o alguna de sus diversas
manifestaciones. No obstante, estas diferencias en la aptitud para el
manejo tienden a olvidarse o descartarse por la sensación que tiene
el cliente o la familia de ser incapaz de resolver el problema o, a veces,
porque no cree que pueda resolverse, modificarse o, por lo menos,
hacerse más llevadera. En este capítulo consideraremos algunos de los
enfoques y técnicas que se han subsumido bajo los encabezamientos
112 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO
11!

generales de «centrados en la solución» (de Shazer, 1985, 1988, 1991; de su investigación no había sido apreciar la eficacia general del mode-
de Shazer y otros, 1986; Furman y Ahola, 1992; Walter y Peller, 1992) lo c e n t r a d o en la solución, estos autores expresaron algunas d u d a s
u «orientados hacia la solución» (O'Hanlon y Weiner-Davis, 1989). sobre la eficacia de esa tarea de la primera sesión para acrecentar el
En nuestra opinión, el trabajo de Steve de Shazer y sus colegas en optimismo de la familia acerca del resultado del tratamiento.
el Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukee representa uno de En Keys to Solution in Brief Therapy (de Shazer, 1985) se presentó
los desarrollos más interesantes en el c a m p o de la terapia breve pro- la idea de que las soluciones no siempre están tan estrechamente rela-
ducidos en la última década. Mientras que a m u c h o s les ha preocu- cionadas como parece con los problemas que abordan. Se habían ela-
p a d o c o n s t r u i r elaborados castillos teóricos, a m e n u d o basados en borado algunas «intervenciones de fórmulas», por medio de las cuales,
las obras de diversos antropólogos, físicos y biólogos, de Shazer y sus según se decía, era posible iniciar el desarrollo de soluciones, incluso
colaboradores han seguido trabajando p a r a obtener descripciones y sin conocer a fondo la naturaleza del problema a resolver. De Shazer
definiciones más claras y precisas de la esencia de la terapia eficaz. adujo la analogía de la llave maestra. Con una llave maestra pueden
En 1984, de Shazer y Molnar describieron cuatro intervenciones abrirse m u c h a s puertas, sin necesidad de encontrar un i n s t r u m e n t o
específicas que estaban comenzando a emplear regularmente. En par- específico que se adecue a la forma exacta de cada cerradura.
ticular, introdujeron lo que iba a convertirse en u n a tarea rutinaria Weiner-Davis y otros han destacado la medida en que a m e n u d o se
de la primera sesión con clientes individuales, parejas o familias, fue- producen cambios significativos antes de la primera entrevista. Ellos
ra cual fuere el problema presentado. empezaron a hacer la siguiente pregunta:

Entre esta entrevista y la próxima, quiero (o queremos) que ob- Muchas veces las personas advierten que entre el momento en que
serven y después me (nos) digan lo que sucede en su vida (matrimonio, conciertan la cita para la terapia y la primera sesión, algunas cosas ya
familia o relación) que ustedes quieren que continúe sucediendo (1984, parecen diferentes. ¿Qué ha advertido usted en su propia situación? (1987,
pág. 298). pág. 306).

Estos autores encontraron que, entre el m o m e n t o del encargo de la Molnar y de Shazer elaboraron una lista de intervenciones de fór-
tarea y la sesión siguiente, en m u c h o s casos se produjeron cambios mula que estaban comenzando a usarse junto con la «tarea de la pri-
concretos y significativos. mera sesión»;

Con una frecuencia sorprendente (cincuenta de cincuenta y seis en 1. Se le pide al cliente que reitere m á s de las conductas satisfac-
una encuesta de seguimiento), la mayoría de los clientes advirtieron cosas torias y diferentes de la conducta-problema.
que querían que continuaran, y muchos (cuarenta y cinco de los cin- 2. Se le pide al cliente que «preste atención a lo que hace cuando
cuenta) se refirieron a por lo menos una de ellas como «nueva o dife- supera la tentación o el impulso a... (caer en el síntoma o algu-
rente». Después, las cosas se encaminan a la solución; se han producido nas conductas asociadas con el síntoma)».
cambios concretos, observables (de Shazer y otros, 1986, pág. 217). 3. Se le comunica al cliente u n a evaluación predictiva, por ejem-
plo, con respecto a si en el tiempo entre sesiones habrá más casos
La eficacia de esta fórmula de intervención fue comprobada empí- de c o n d u c t a que constituyan excepciones a la c o n d u c t a - p r o -
ricamente p o r Adams y otros, quienes consideraron que la tarea de la blema.
primera sesión «era u n a intervención eficaz en las etapas iniciales del 4. Se le dice al cliente: «Entre este m o m e n t o y la próxima entre-
tratamiento, p a r a obtener la aquiescencia de la familia, aumentar la vista me gustaría que usted haga algo distinto y me diga lo que
claridad de las metas del tratamiento, e iniciar la mejoría en el pro- ha sucedido».
blema presentado (1991, pág. 288). Aunque señalando que la finalidad 5. Se le pide al cliente que realice una tarea estructurada (como lle-
114 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO
115

var un «cuaderno de bitácora» de ciertos incidentes) relaciona- ausente son descartados como triviales por el cliente, o ni siquiera se per-
da con las veces en que la conducta-problema cesa o no está pre- ciben; el cliente no los ve. No hay nada realmente oculto, pero aunque
sente. estas excepciones están a la vista, el cliente no las ve como diferencias
6. Se le dice al cliente: «La situación es muy complicada (escurri- que establezcan una diferencia (1991, pág. 58).
diza, etcétera). Entre este m o m e n t o y la próxima vez que nos
veamos, trate de identificar las razones por las que la situación Un h o m b r e que, según él mismo reconocía, era sobreprotector en
no es peor» (Molnar y de Shazer, 1987, pág. 355). extremo con su hijo de 21 años, al p u n t o de que le hablaba p o r teléfo-
no varias veces al día, finalmente decidió tomarse unas vacaciones de
El t e m a c o m ú n de todas estas intervenciones es el hecho de que dos semanas con su mujer, sin dejar ninguna dirección ni n ú m e r o tele-
se concentran en cosas que dan resultado o empiezan a darlo, y no en fónico para que cualquiera de sus tres hijos mayores pudieran comu-
u n a exploración, clarificación o categorización de la patología. nicarse con él. El terapeuta lo alentó en su resolución de no llamar p o r
En su siguiente libro, titulado Clues: Investigating Solutions in Brief teléfono a su casa durante toda la quincena, aunque reconociendo que
Theraphy, de Shazer resume adicionalmente los principios básicos que podría ser más bien difícil. En la entrevista siguiente, tres semanas más
están detrás del enfoque centrado en la solución, destacando la impor- tarde, el hombre anunció de modo abyecto que había fracasado. Cuando
tancia de las excepciones, y presentando además la técnica de la «pre- se le pidieron detalles, admitió que, al séptimo día, finalmente había
gunta del milagro», con la cual se invita al cliente a describir las dife- cedido al impulso de telefonear «para controlar cómo estaban las cosas».
rencias específicas que él o los otros advertirían si el problema queda- Habló con el hijo «problema», el cual, para su sorpresa, le dio la segu-
ra misteriosamente resuelto de la noche a la mañana (1988). ridad de que todo estaba bien (más tarde se vio que era cierto), y de
que no había habido ninguna necesidad de que se le controlara. El hom-
bre parecía totalmente deprimido por su «fracaso».
EXCEPCIONES El terapeuta le preguntó: «Pero, ¿qué me dice de los trece días duran-
te los cuales no telefoneó? A veces le debe de haber resultado m u y difí-
P a r a el enfoque centrado en la solución, es esencial la certidum- cil resistirse, pero sin embargo parece que pudo».
bre de que, en la vida de una persona, hay siempre excepciones a las Al considerar ese logro, la conducta del hombre comenzó a cam-
conductas, ideas, sentimientos e interacciones que están o pueden estar biar. Finalmente admitió: «¿Sabe usted?, no soy muy bueno para reco-
asociados con el problema. En ciertos momentos, un adolescente difí- nocer mis propios logros. Me falta práctica. Pero creo que tiene razón,
cil no es desafiante, u n a persona deprimida se siente menos triste, un esas vacaciones fueron realmente un éxito».
tímido puede ser sociable, un obsesivo es capaz de relajarse, una pare- En este enfoque se invita al cliente a reconocer lo que ya ha estado
ja perturbada resuelve un conflicto en lugar de intensificarlo, una bulí- haciendo y puede definirse como exitoso o, por lo menos, como encami-
mica resiste el impulso al atracón, un niño no tiene una rabieta cuando nado en la dirección general a un abordaje más eficaz del problema, para
se le pide que vaya a acostarse, u n a persona excesivamente responsa- construir sobre ello. Sin duda, a fin de persuadirlo y hacer que conside-
ble dice no, un bebedor problemático impone un límite razonable a su re esos «éxitos», es importante que el cliente o la familia consideren al
hábito, etcétera. Estas excepciones aparecen, por lo general, asociadas terapeuta como alguien que escucha, comprende y valida las experien-
con otras diferencias en la conducta, las ideas, los sentimientos y las cias sentidas de fracaso, cólera, zozobra, depresión, etcétera, que son sus
interacciones que las acompañan. Pero, como dice de Shazer: respuestas habituales al problema. La medida en que el reconocimiento
de la existencia de excepciones puede convertirse en trampolín para cam-
Se observa que los problemas se mantienen a sí mismos simplemente bios ulteriores es directamente proporcional al grado en que tales excep-
porque se mantienen a sí mismos y porque los clientes los describen como ciones sean o puedan hacerse significativas para el cliente o la familia.
constantes. Por lo tanto, los momentos en que el motivo de queja está Por supuesto, es fácil caer en el error de destacar las excepciones
116 GUIA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO 117

de un m o d o tal q u e el cliente o la familia se sientan apadrinados, o Cuando el cliente habla de la percepción que tiene de sus proble-
les parezca que el terapeuta en realidad no comprende la gravedad del mas, el terapeuta puede contribuir del mejor modo al proceso de des-
problema, de la zozobra, la culpa, la cólera, etcétera, que ese proble- construir u n a visión negativa, centrada en el problema, que no se pres-
ma les provoca. De modo que es importante cuidar mucho que un clien- ta a c o m p r e n d e r con demasiada rapidez.
te o familia reconozcan la existencia de u n a cierta excepción, y tam-
bién no entrar en discusiones con ellos acerca de su significado. Como Cliente: Sé que tengo algunos problemas. Soy hipersensible. En lo
dice John Weakland (comunicación personal), «nunca discutas con un esencial, no soy una persona compasiva. Veo que no hago amigos con
cliente». A m e n u d o es m u c h o mejor m a n t e n e r un escepticismo des- facilidad.
concertado, y no un celo de fanático. Terapeuta: ¿De dónde ha sacado esa idea de que no es compasivo...?
Cliente: Bien, supongo que... Usted me está sonsacando un secre-
Todavía estoy desconcertado por el modo en que usted ha logrado to. Yo sé...
evitar esta vez caer en su habitual pauta de respuesta colérica. No debe
Terapeuta: ¿Fingía usted cuando me dijo que se preocupaba por su
haber sido fácil. La mayoría de las personas habrían perdido la calma en
esposa? Eso parece compasión. Estoy un poco confundido.
los primeros segundos.
Cliente: Bien... ¿Cómo no ser compasivo si soy hipersensible?
Sí, sé que debe de haber sido algo pequeño, pero en realidad su hija Terapeuta: Así es.
parece comportarse como para hacerle perder la paciencia a un santo.
A usted no le veo la aureola, así que, santo seguro que no es. Entonces, De Shazer ha comentado:
¿cómo demonios se resistió anoche a retorcerle el cuello?
Quizá lo mejor que el terapeuta pueda aplicar sea una no compren-
Por lo que usted me dijo, creo que yo mismo me habría deprimido. sión creativa de lo que el cliente dice, para que se escojan los significa-
¿Cómo consiguió seguir con lo que estaba haciendo? dos más útiles y beneficiosos de sus palabras. La no comprensión crea-
tiva les permite al terapeuta y al cliente construir juntos una realidad
A m e n u d o resulta útil hacer preguntas del tipo «¿Cómo consiguió más satisfactoria para este último (1991, pág. 69).
h a c e r eso?». De este m o d o , no sólo se subraya el éxito, o los grados
En su libro más reciente, Putting Difference to Work, de Shazer des-
de éxito, sino que también se contribuye a suscitar contingencias de la
cribe un ejemplo brillante de esta técnica, tomada de la obra de Insoo
vida de las personas que están asociadas con un funcionamiento más
Kim Berg (de Shazer, 1991, págs. 63-67). Una mujer que se describía
exitoso, y se p u e d e n subrayar como tales:
como ninfómana, incapaz de dormir a menos que ese día hubiera teni-
Pude seguir porque sabía que esta vez mi esposo estaba respaldán- do una relación sexual, acudió a la consulta de Berg. La clienta no esta-
dome. ba de n i n g ú n m o d o preparada para aceptar como excepciones signi-
ficativas las noches en que de algún modo había podido contenerse, ni
Como señalamos en el capítulo 4, a u n a p e r s o n a puede resultarle tampoco p a r a ver como solución viable aprender a abstenerse del sexo.
muy afirmativo que se le dé testimonio de la dificultad de su situación Eso significaría que su matrimonio iba mal. En un punto, el esposo,
con comentarios c o m o «Por lo que usted me ha dicho sobre su situa- que consideraba que le estaba convirtiendo en un semental, en lugar
ción, realmente me sorprende que las cosas no sean mucho peor. ¿Cómo del a m a n t e que prefería ser, comentó:
lo ha soportado?».
Miller c o m e n t a que «Al preguntar c ó m o p u d o realizar algún pro- Esposo: Pero, para mí, éste es más un problema de sueño que tene-
greso, o impedir que sus problemas empeoraran, el terapeuta y el clien- mos ambos.
te pueden revisar situaciones que parecían fracasos, y verlas como solu- Terapeuta: Me pregunto si no es así. Quizá lo hemos estado abor-
ciones que p a s a r o n inadvertidas» (Miller, 1992, pág. 7). dando de un m o d o erróneo.
118 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO 119

Esposa: ¿Tiene usted una cura para el insomnio? blema, y con él de muchas de las dudas concomitantes del cliente, se
Terapeuta: No lo sé. Hemos estado considerando esto como un tras- pueden p a s a r por alto. De Shazer cuida de atribuir la génesis de esta
torno sexual, pero empieza a parecerse más a u n a perturbación del sue- idea a Milton Erickson y su empleo de la seudoorientación en el tiem-
ño (de Shazer, 1991, págs. 64-65). po como técnica hipnótica.

Descrita como un problema de insomnio, la dificultad pareció resol- Estas ideas se utilizan para crear una situación de terapia en la que
verse rápidamente. Nunca se volvió a hablar de ninfomanía. La mujer el paciente puede responder efectivamente en el nivel psicológico a las
metas terapéuticas como realidades ya logradas.
dijo que tanto su patrón de sueño como su libido habían «vuelto a la
Esto se hacía empleando hipnosis y una técnica de orientación hacia
normalidad». Sin duda, el éxito de esta terapia estuvo directamente el futuro, inversa a la regresión en la edad. De tal modo, el paciente podía
relacionado con la medida en que la definición alternativa tenía sen- obtener una visión desinteresada, disociada, objetiva y sin embargo sub-
tido p a r a la mujer. S e g ú n este enfoque, la cuestión de cuál era, en jetiva de lo que en ese momento él creía haber logrado ya, sin percatarse
términos objetivos, el problema «real», carece de importancia. En el de que esos logros eran la expresión en la fantasía de sus esperanzas y
proceso de negociación de lo que había que a b o r d a r en la terapia, la deseos. (Las cursivas son nuestras.) (Erickson, 1954, pág. 261.)
técnica del relativo desconcierto del terapeuta llevó a que el proble-
ma potencialmente más intratable de la ninfomanía (la mujer lo con- Se estimula al cliente, la pareja o el miembro de la familia, a ima-
sideraba arraigado en su infancia, y requeriría u n a terapia profunda) ginar, del m o d o más concreto posible, cuáles serían las muchas dife-
fuera desconstruido y reemplazado p o r el m á s fácilmente abordable rencias. A m e n u d o les pedimos que imaginen qué cosas notoriamen-
problema del insomnio. Ambos «problemas» se superponían en tér- te distintas se verían u oirían en una grabación de vídeo que los siguie-
minos conductuales y emocionales, lo suficiente como para que cual- ra al día siguiente. Es importante que el terapeuta insista suavemente
quiera de ellos pudiera escogerse y subrayarse como u n a legítima zona en obtener u n a descripción conductual clara y específica. No busca-
focal (teniendo presente que esa legitimidad debe estar, en última ins- mos un c u a d r o borroso de algún sueño futuro, u n a utopía o algo así.
tancia, en el ojo del contemplador, en este caso la mujer, y no en la Como dicen O'Hanlon y Weiner-Davis, «parece que el simple acto de
mente del terapeuta). construir u n a visión de la solución obra como catalizador para gene-
rarla» (1989, pág. 106). El proceso de r e u n i r esta información puede
tomar un tiempo considerable, y es preciso no precipitarse.
LA PREGUNTA DEL MILAGRO Por lo general, a las personas les resulta m u c h o más fácil describir
en qué s e r á n distintos los otros (sobre todo el cónyuge con el que tie-
Una eficaz manera de ayudar a las personas a concentrarse en u n a nen dificultades, o el hijo-problema). Esto p u e d e tender a p e r p e t u a r
solución potencial, y no en los problemas, es la pregunta del milagro. «más de la misma» actitud de «superioridad moral», «pero, ¿no ves que
estás a c t u a n d o mal?», posición que a m e n u d o no será lo bastante dis-
Supongamos que una noche se produce un milagro, y mientras usted tinta de las interacciones habituales en torno al problema. Es preferi-
duerme el problema que lo ha traído a terapia queda resuelto. ¿Cómo lo ble alentarlas a describir las diferencias futuras en sus propias con-
sabría usted? ¿Qué sería distinto? ¿Qué vería usted de diferente a la maña- ductas y actitudes, lo que advertirán en sí mismas. En última instan-
na siguiente, como signo de que se produjo un milagro? ¿Qué notaría su cia, u n o sólo puede cambiarse a sí mismo. Puede ser particularmente
cónyuge? (de Shazer, 1991, pág. 113).
útil que los clientes consideren qué verán de distinto en sus conductas
y actitudes las otras personas: el cónyuge, los hijos, los amigos, los
Como de Shazer continuó diciendo, «a m e n u d o los clientes pueden
compañeros de trabajo o los extraños.
construir respuestas a esta "pregunta del milagro" de u n a manera muy
concisa y específica» (pág. 113). El proceso real de resolución del pro-
120 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO 121

¿Qué es lo distinto que usted hará o dirá, por lo cual los otros podrán Terapeuta: ¿Qué otra cosa?
saber que está menos deprimido? Cliente: Que de nuevo me interesa salir. Antes acostumbraba a salir
mucho a comer. Éramos un grupo. Supongo que ellos lo siguen hacien-
Si estuvieran en un restaurante y la gente los observara comer jun- do. Además, iba m u c h o a conciertos.
tos, ¿cómo sabría que se están llevando bien? Terapeuta: Entonces, ¿volverá a hacerlo?
Cliente: Sí.
Como ha expresado elocuentemente el poeta escocés Robert Burns Terapeuta: Esos cambios, ¿qué diferencias determinarán para usted?
en «A un piojo», Cliente: Volveré a tener la sensación de que mi vida tiene una direc-
ción.
O wad some Pow'r the giftie gie us
To see oursels as others see us! Otro m o d o de concentrarse en el futuro consiste en hacer un plan-
It wad frae mony a blunder free us, teamiento del tipo de «Cuando vuelva la semana próxima y me diga
And foolish notion. que ha mejorado significativamente, de qué me hablará?». O bien, si
se trata de u n a pareja, «¿De qué diferencias en usted me hablará ella
¡Oh, que algún Poder nos hiciera el don (o él)?». Otro enfoque posible es: «Si yo toco u n a varita mágica para
de vernos corno nos ven los otros! resolver la situación, ¿qué sucederá distinto de antes?» (O'Hanlon y
¡De cuántos disparates nos liberaría, Weiner-Davis, 1989, pág. 106).
e ideas necias! Al explorar esas diferencias que se producirán es importante que el
terapeuta tenga el cuidado de emplear un lenguaje que presuponga la
Cuando las personas describen las diferencias en términos de ausen- inevitabilidad del cambio. Hay que decir «cuando» en lugar de «si»;
cia de una pauta conductual o un estado emocional, es útil preguntar- «qué otra cosa será diferente», y no «qué otra cosa sería diferente; «cuan-
les qué es lo que h a r á n o sentirán en lugar de ello. Comprometerse a do las cosas empiecen a mejorar...», y no «si las cosas empiezan a mejo-
una acción alternativa claramente definida es más fácil que resistirse rar...»; «a medida que usted se vaya desinhibiendo», y no «si usted se
a hacer algo sin n i n g u n a conducta de reemplazo, sobre todo cuando fuera desinhibiendo...»; «cuando usted deje de oír voces...», y no «si
se trata de un hábito con raíces profundas. Lo mejor es traducir la des- usted deja de oír voces...».
cripción de los cambios emocionales a descripciones de las conductas Una vez logrado el cuadro de lo que el cliente piensa que será dife-
específicas, que les demostrarán con claridad a los otros la modifica- rente, resulta posible encontrar modos de estimularlo o capacitarlo
ción anímica producida. para experimentar con nuevas conductas. De Shazer describe que les
Cliente: No me quedaré sentada l a m e n t á n d o m e constantemente. pidió a los m i e m b r o s de una pareja que cada uno, sin precisárselo al
Terapeuta: ¿Qué h a r á en lugar de ello? otro, eligiera dos días de la semana siguiente en los que fingirían que
Cliente: Seré m á s feliz. el milagro había ocurrido realmente. Cada uno tenía entonces que ob-
Terapeuta: ¿Qué hará que les permita a las otras personas saber que servar cómo reaccionaba el otro. Además, se le pedía que conjeturara
es más feliz? qué par de días había elegido el compañero, pero sin que se comuni-
Cliente: Sonreiré con m á s frecuencia. caran n a d a h a s t a la sesión siguiente (de Shazer, 1991, pág. 144). En
Terapeuta: ¿Qué más? ese caso, el terapeuta no especificó las conductas. Cuando está claro
Cliente: Volveré a t o m a r contacto con mis amigos. No me veo con que los m i e m b r o s de una pareja o una familia tienen metas diferentes,
casi ninguno de ellos. i o el terapeuta no está seguro de que no es así, conviene que no espe-
Terapeuta: ¿Qué verán ellos de diferente en usted? cifique, y se refiera en términos generales al «problema que los ha tra-
Cliente: Bien, en p r i m e r lugar, que tomo contacto con ellos. (Ríe.) ído». Si es obvio que hay acuerdo acerca de las metas, se puede pedir
122 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO
123

que practiquen conductas específicas en los días del «milagro» elegi- sifica la sugerencia del cambio con la dirección deseada o la dirección
dos por ellos mismos. temida, también implica algún grado de control por parle del cliente para
Una joven había confeccionado una lista m u y larga de cosas espe- establecer esa dirección... se realiza la tarea de establecer la meta, pues
to que los extremos polares y la zona que está entre el problema y la meta
cíficas que empezaría a hacer de nuevo después de ese milagro. Se la
se vuelven cuantificables y objetivables (1989, pág. 61).
invitó a tirar u n a m o n e d a todos los días.
Estas escalas pueden utilizarse con toda u n a gama de aspectos de
Cuando salga cara, me gustaría que usted haga por lo menos dos
cosas de su lista. Desde luego, puede hacer más, pero yo sólo le pido que la vida del cliente. De hecho, cualquier experiencia concebible puede
haga dos. Los días que salga cruz, no está obligada a nada. Esos días pue- verse a través del cristal de la ubicación en u n a escala.
de hacer lo que quiera.
Las escalas pueden emplearse para evaluar la autoestima, la auto-
Por supuesto, en general las personas sólo seguirán esas sugeren- confianza, el interés en cambiar, la disposición a trabajar con empeño a
fin de generar los cambios deseados; sirven para establecer el orden de
cias si las conductas que se les pide que intenten son congruentes con
prioridad de los problemas, percibir la esperanza, evaluar el progreso, y
sus propias ideas acerca de cómo quieren ser, y no con lo que quiere
así sucesivamente —cosas consideradas demasiado abstractas para con-
el terapeuta o alguna otra persona. Cuando se pone en práctica este cretarlas (Berg, 1991, pág. 88).
método, lo i m p o r t a n t e es que, como ha m o s t r a d o Kiesler, si hay un
compromiso con la conducta correspondiente a ciertas creencias o acti-
Explorar en profundidad las distintas maneras de emplear esta téc-
tudes, o promovida por éstas, ese compromiso sea confirmado o for-
nica llevaría todo un capítulo. Aquí nos limitaremos a dar algunos ejem-
talecido con m u c h a mayor rapidez y profesionalidad que si los clien-
plos a partir de los cuales el lector podrá inferir o inventar muchos de
tes se limitan a hablar al respecto (Kiesler, 1971).
los otros usos posibles. Nosotros utilizaremos u n a escala de cero a diez,
pero esto no es de ningún modo obligatorio. Por ejemplo, si se estiman
necesarias divisiones más pequeñas (cuando se discuten o sugieren cam-
UBICACIÓN EN UNA ESCALA bios graduales, cautelosos, lentos), puede servir una escala de cero a cien.
En el trabajo con parejas, en particular cuando hay alguna duda acer-
Otro método eficaz para concentrarse en el logro y la solución con- ca de la motivación de uno o ambos miembros, hemos encontrado que
siste en el empleo de preguntas sobre la posición en u n a escala. Esta es útil la pregunta siguiente para abrir un debate que a menudo ayuda
técnica puede aplicarse de diversos modos. a los clientes a empezar a ver su relación de un modo más productivo.

En una escala que va de cero a diez, y en la que el cero representa lo Si cero representa «Me importa un comino», y diez «Estoy realmente
peor, y el diez corresponde a las cosas tal como serán cuando estos pro- entusiasmado», ¿dónde se ubicaría cada uno de ustedes, actualmente,
blemas estén resueltos, ¿dónde situaría usted el día de hoy? en cuanto a trabajar sobre su relación?, o ¿dónde piensa usted que se
ubicaría su pareja?
Como señalan Kowalski y Kral,
Si los dos miembros de la pareja evalúan su motivación como baja,
...la escala se basa en el supuesto de un cambio en la dirección desea- se les puede preguntar qué sucederá para que en la entrevista siguien-
da. Puesto que una escala es una progresión, el número «7» supone los
te digan que a m b o s han avanzado un punto o dos. También se les pue-
números «10», «5», «3» o «1». Supone movimiento (cambio) en una direc-
ción u otra, en lugar del estancamiento. Por esta razón, cuando al clien- de hacer u n a pregunta análoga cuando sólo u n o de los dos miembros
te se le pide que se ubique en una escala, queda incorporada una expec- eligió un n ú m e r o bajo. Alternativamente, p a r a la exploración de este
tativa de cambio al proceso... puesto que el empleo de una escala inten- tipo de temas cabe emplear la pregunta del milagro.
EXCEPCIONES, SOLUCIONES Y ENFOQUES AL FUTURO 125
124 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

sionar con tanto entusiasmo como lo había hecho antes), la joven fue
La escala p e r m i t e , a s i m i s m o , explorar la m e d i d a en que se cree
volviéndose m á s optimista.
en la posibilidad del cambio.
Cuando, en la próxima sesión, usted haya llegado a cinco, a la mitad
Si cero significa que cree que en lo esencial seguirá siendo así duran- del camino, ¿de qué nuevas cosas va a hablarme?
te el resto de su vida, y diez que hay probabilidades de que pueda con
este problema en algún momento del futuro, ¿dónde se ubicaría hoy en
esta escala? ¿Qué necesitaría para aumentar medio punto o un punto en Un h o m b r e joven admitía, disculpándose, q u e , a su juicio, sólo
la escala? llegaba a tres en la escala; lo sorprendió y estimuló que se le señalara
que ya había recorrido «la tercera parte del camino».
Cuando el terapeuta indaga el progreso en la escala, es importan- La ubicación en la escala puede emplearse con niños pequeños tan-
te que lo haga con r e a l i s m o y se incline m á s a s e r c o n s e r v a d o r que to como en adultos. Desde luego, las palabras no son el único medio
demasiado optimista. Si el cliente experimenta un alto grado de opti- para esta indagación. Podemos trazar gráficos, o pedirle al niño que lo
mismo, conviene que tenga que convencer al terapeuta de que está en haga. Hay m u c h o s modos creativos de ayudar a los niños a describir
lo cierto. Si el t e r a p e u t a acelera el proceso y el cliente se siente pre- dónde les parece que están en cuanto a la dimensión explorada.
sionado, es más probable que adopte una posición de «sí, pero...». Como
Si este ladrillo representa cómo eras cuando hacías mucho ruido en
ya se ha señalado, en ciertas situaciones una escala de cero a cien pue-
clase y te comportabas como si tuvieras cinco años, y esta pila alta repre-
de resultar m e n o s a m e n a z a n t e , en t a n t o las g r a d u a c i o n e s son más
senta cómo serás cuando puedas comportarte como un niño de diez años,
pequeñas. ¿qué tamaño debería tener la pila para representar lo crecido que has
El examen del progreso por medio de una escala a m e n u d o le pro- estado estos últimos días?
cura al cliente u n a perspectiva diferente de la marcha de las cosas. Una
joven, en el transcurso de su cuarta sesión de terapia, a ú n se mostra- Si este pequeño círculo en la pizarra me muestra lo tímido que so-
ba escéptica respecto de su propio progreso, a p e s a r de las diversas lías ser, y este círculo grande me muestra lo valiente que serás, dibuja
«excepciones» que el terapeuta le había subrayado (las cuales, en esa otro círculo que me muestre cuánto más valiente has sido esta semana.
etapa, eran m á s significativas para él que para ella). Más o menos en
la mitad de la sesión, el terapeuta preguntó:
ENFOCANDO AL FUTURO
Si cero representa la forma en que usted se sentía cuando vino a ver-
me por primera vez, y diez cómo se sentirá al finalizar la terapia, ¿dón- Puesto que todo el mundo no es más que una historia, sería
de se ubicaría en este momento? • bueno para ti que compres la historia más duradera, y no la his-
toria que dura menos.
Después de reflexionar un momento, la joven dijo que estaba entre Santa Columbia de Escocia
cuatro y cinco.
Todos vivimos en nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futu-
Terapeuta: ¿De m o d o que está acercándose a la m i t a d del camino? ro. Como hemos dicho antes, nuestra percepción de estas cosas es alta-
Cliente: Sí. mente selectiva. El futuro existe en nuestra previsión de c ó m o será.
Tradicionalmente, a las terapias les ha interesado el p a s a d o y el pre-
sente; intentan realizar cambios en ellos por medio de un proceso de
Durante el resto de la sesión, a medida que se precisaban los hechos
revisión y examen. Lo nuevo y excitante en nuestro campo es que pare-
y las conductas que representaban esa mejoría (el terapeuta tuvo el cui-
ce que también el futuro está abierto a la revisión, aunque aún no haya
dado de seguir el p r o c e s o con cautela y contención, en lugar de pre-
126 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

sucedido. F u r m a n y Ahola h a n resumido c o m o sigue este avance hacia 9. INTERVENCIONES DE ENMARCADO:


enfocar al futuro: M O D I F I C A N D O L A VISIÓN D E L P R O B L E M A

Puesto que el futuro suele estar conectado con el pasado, las perso-
nas con un p a s a d o lleno de tensiones son proclives a tener una visión
desesperanzada de su futuro. A su vez, una visión negativa del futuro exa-
cerba los problemas presentes, al arrojar una s o m b r a pesimista sobre
pasado y presente.
Por fortuna, lo inverso también es cierto; una visión positiva del futu-
ro invita a la esperanza; la esperanza a su vez ayuda a superar las penu- Nada es bueno o malo; el pensamiento lo hace así.
rias presentes, reconocer los signos de la posibilidad del cambio, ver el Hamlet, WILLIAM SHAKESPEARE
pasado m á s bien como una prueba que como u n a desgracia, e inspira
soluciones (1992, pág. 91).
Por lo general, se atribuye a Bateson el mérito de recurrir al
t é r m i n o «marco» para indicar la organización de la interacción
de un m o d o tal que en cualquier m o m e n t o es m á s probable que
se produzcan ciertos hechos y se formulen ciertas interpretacio-
nes de lo que está sucediendo.
C O Y N E ( 1985, pág. 338)

Una cosa aparece tal como es.


El libro tibetano de la gran liberación

Nuestro proceso de pensamiento simbólico nos impone cate-


gorías de «o esto o aquello». Nos enfrenta siempre con esto o aque-
llo, o con una mezcla de esto y aquello... En el ámbito de la expe-
riencia, nada es esto o aquello. Siempre hay por lo menos una alter-
nativa m á s , y a menudo una cantidad ilimitada de alternativas.
Z U K A V ( 1 9 7 9 , pág. 284)

R e e n c a r n a r significa, entonces, c a m b i a r el escenario con-


ceptual y/o emocional o punto de vista en relación con el cual se
experimenta una situación, y ubicarla en otro m a r c o que se ade-
cúa igualmente bien o incluso mejor a los «hechos» de esa misma
situación concreta, y de tal modo modificar todo su significado.
WATZLAWICK Y OTROS (1974, pág. 95)

En el capítulo 3, al examinar la naturaleza de la realidad, introdu-


j i m o s l a i m p o r t a n t e d i s t i n c i ó n q u e h a y q u e t r a z a r e n t r e h e c h o s y sig-
nificados.
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE INTERVENCIONES DE ENMARCADO
128 129

Las COSAS o HECHOS son sólo observaciones de base sensorial; lo que Terapeuta: ¿Qué es lo que las ha decidido a venir a ver a alguien
está sucediendo o ha sucedido allí, que nuestros sentidos pueden per- ahora?
cibir. Madre: Bien, ella dice... ¿Quieres decírselo, Lorraine?
Los SIGNIFICADOS son interpretaciones, conclusiones y atribuciones Lorraine: No, tú puedes explicarlo.
derivadas de los hechos en cuestión, o relacionadas con ellos. Madre: Ella dice que se siente distinta de las otras chicas. Encuentra
que no puede relacionarse con ellas en absoluto. Ha perdido contacto
Las conductas y las emociones asociadas con ellas (o viceversa) que con todas sus viejas amigas.
llevan a solicitar terapia, no son un reflejo de «las cosas o los hechos», sino Terapeuta: Distinta, ¿en qué sentido?
de los significados que se les atribuyen. Hemos dicho que las personas Madre: Lorraine, ¿le puedo contar lo que ha sucedido?
están constantemente trazando distinciones mientras tratan de dar sen- Lorraine: Sí, está bien.
tido a su mundo, y que desarrollan marcos o jerarquías de constructos que Madre: Bien, Lorraine fue objeto de abuso sexual por parte de su
en gran medida determinan de qué modo darán sentido a sus experien- padre algunas veces hasta hace más o menos un año. E n t o n c e s vio a
cias y responderán a ellas. Estos «marcos» son, a nuestro juicio, el foco algunos consejeros, que la ayudaron un poco, pero creo que la expe-
principal de la terapia, puesto que los cambios sólo pueden producirse riencia aún la afecta. Tiene una autoestima muy baja.
donde hay acceso a significados alternativos, que permiten dar respuestas Lorraine: Cuando veo a las otras chicas de la escuela, sé que no soy
diferentes a las experiencias posteriores. Como ha dicho de Bono: como ellas. Soy anormal.

Un marco de referencia es un contexto proporcionado por el orde- Después de indagar con más detalles las creencias de Lorraine sobre
namiento presente de la información. Es la dirección de desarrollo que el modo en que la afectaba la experiencia del abuso, el terapeuta comen-
ese ordenamiento implica. No se puede romper con ese marco de refe-
tó: «Después de h a b e r hablado contigo, me parece, Lorraine, que eres
rencia actuando desde su interior. Quizá sea necesario saltar afuera; si
el salto tiene éxito, el marco de referencia en sí se ve alterado (de Bono, perfectamente n o r m a l . Lo que te ha sucedido es lo a n o r m a l , no tú.
1971, pág. 240). Tú eres una persona normal que trata de hacer algo con u n a experiencia
anormal».
Para ayudar a las personas a «saltar afuera» de los marcos que se Desde ese momento, el comportamiento de Lorraine cambió de modo
puede considerar que limitan su capacidad para a d o p t a r perspectivas espectacular. El feedback que Lorraine y su madre aportaron posterior-
diferentes y empezar con ello a resolver las situaciones-problema, exis- mente demostró que el hecho de trazar esa distinción había representa-
ten dos enfoques básicos. do un importante punto de inflexión para la muchacha. Había creado un
El proceso por el cual el terapeuta proporciona o alienta el desa- nuevo marco desde el cual la niña pudo, casi de inmediato, empezar a
rrollo de un marco o significado nuevo o alternativo p a r a u n a situa- verse de un modo más positivo. Negoció con éxito la vuelta a la escuela,
ción, de modo directo o indirecto, se denomina reenmarcado. y no encontró ningún problema en reintegrarse al grupo de amigas.
Por ejemplo, Lorraine, de 17 años, fue conducida a terapia por su Si el terapeuta desafía (una vez más, directa o indirectamente) los
madre. Más bien bonita, con algo de sobrepeso, la jovencita mantuvo significados q u e el cliente asocia con la situación sin p r o p o r c i o n a r
la cabeza gacha d u r a n t e gran parte de la entrevista y m i r a b a a través un nuevo m a r c o , esto se llama desenmarcado. Se p u e d e dejar que el
del flequillo. Al terapeuta se le dijo que, en los últimos meses, ella se propio cliente cree o descubra significados alternativos, o quede sin
había vuelto depresiva e introvertida; se estaba angustiando cada vez ningún significado en particular. El siguiente ejemplo está t o m a d o
m á s ante el inicio del nuevo ciclo lectivo, que ocurriría a la semana de u n a sesión de terapia.
siguiente. La propia Lorraine había pedido ver a alguien que la ayu-
dara con esos problemas. Cuando se le preguntó, dijo estar de acuer- Cliente: Conozco mis defectos, pero los he tenido d u r a n t e cuaren-
do con la descripción de su madre. ta y seis años.
INTERVENCIONES DE ENMARCADO 131
130 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

ello. Pero creemos que, en las interacciones humanas, hay muchas «ver-
Terapeuta: ¿Le parece que está como «pegado» a ellos?
dades» potenciales; algunas parecen inhibir el cambio, y otras parecen
Cliente: Estoy pegado a ellos. No hay modo de que me los saque de
fomentarlo.
encima. Coyne se ha referido a las investigaciones recientes sobre
Terapeuta: Muchos piensan eso...
Cliente: Bien, quizá yo pueda. ...los determinantes del nivel en que se enmarca la actividad, y la
manera en que es posible cambiarlo... Los experimentos preliminares
Reenmarcar y desenmarcar no son dos técnicas discretas. Como lo sugieren que cuando una acción puede enmarcarse al mismo tiempo en
demuestran los ejemplos anteriores, para reenmarcar es necesario que un nivel alto («llevo una vida aburrida») y en otro más bajo («veo tele-
algo sea desenmarcado, así como desenmarcar significa que algo pue- visión toda la tarde»), tenderá a prevalecer el enmarcado de nivel más
de ser reenmarcado. El r e e n m a r c a d o de la n o r m a l i d a d desenmarcó alto, mientras el nivel más bajo queda desatendido (1985, pág. 339).
la idea que tenía la joven de que era anormal; el desenmarcado de la
creencia en la imposibilidad de cambiar los hábitos de toda u n a vida No obstante, Coyne cita a continuación el trabajo de Wegner y otros
reenmarcó la idea del cliente acerca del potencial de la terapia. La dife- psicólogos sociales, según quienes
rencia entre e n m a r c a d o y d e s e n m a r c a d o reside esencialmente en el
enfoque. ...cuando una persona piensa en los detalles de su acción, se vuelve
Nosotros diríamos que el reenmarcado es la operación más nece- particularmente sensible al significado global de lo que está haciendo.
saria y básica en el proceso del cambio. Todo lo demás es subordina- Puede emerger una nueva comprensión de la acción, y esa nueva com-
prensión puede llevar al desarrollo de una nueva acción (Wegner y otros,
do, ayuda u obstaculiza ese proceso, o puede verse como accesorios
citados en Coyne, 1985, pág. 340; las cursivas son nuestras).
que reflejan creencias y prejuicios del terapeuta acerca de la terapia y
la naturaleza del c a m b i o (no necesariamente inútiles en su terapia,
La fuerza y el potencial curativo del reenmarcado parecen derivar
pero a veces sin valor p a r a la claridad teórica).
del hecho de que a m e n u d o no «sabemos» con claridad qué subyace en
Un trabajo reciente ha cuestionado la medida en que, en el empleo
nuestra tendencia a reiterar ciertas acciones, o a d e s e m p e ñ a r conti-
de las técnicas de enmarcado, los terapeutas breves h a n tendido a no
nuamente un cierto rol en nuestras interacciones.
tener en cuenta las «verdades subjetivas» de sus clientes (individuos
En c u a n t o a la cuestión de quién produce el m a r c o en la terapia
o familias). El autor se pregunta hasta qué punto los enmarcados son
breve (o, diríamos nosotros, en cualquier terapia eficaz), sin duda debe
objeto de una imposición, en lugar de desarrollarlos en un proceso coo-
resultar de un p r o c e s o interaccional en el que el t e r a p e u t a no sólo
perativo (Flaskas, 1992).
sea sensible a los fenómenos conductuales (que constituyen un foco
El enfoque aparentemente «alegre», manipulativo, de «todo vale»,
principal de indagación), sino también a las explicaciones del proble-
que se dice que emplean los terapeutas breves al elegir las «verdades»
ma que d a n los m i e m b r o s de la familia (verdaderas p a r a ellos), y a
cuando reenmarcan, según nuestra experiencia está en gran medida
las experiencias afectivas (también reales para ellos) suscitadas por sus
en la cabeza de ciertos comentadores, lo mismo que la supuesta falta
modos de ver la dificultad y por el proceso de la terapia. No obstante,
de interacción en el desarrollo de estos marcos. Cualquier terapeuta
las sugerencias del terapeuta sobre los diferentes m o d o s de enmar-
breve sabe que n i n g ú n m a r c o será de ayuda si sólo opera en el nivel
car las situaciones ocupan una posición central, en cuanto derivan de
intelectual; los marcos no se sacan de la nada (por lo menos, no es esto
u n a perspectiva exterior. Por definición, los clientes (lo m i s m o que
lo que hacen los buenos terapeutas breves), sino que orienta la infor-
todos nosotros) tienden a pensar las situaciones a través de sus mar
mación directa que a m e n u d o hay que extraer penosamente del clien-
cos habituales, y esos marcos en parte los ciegan a las alternativas.
te en las entrevistas; p o r lo tanto, también involucran las «verdades
Cuanto m á s m i r e m o s el mundo a través de cristales azules, m á s azul
subjetivas» de los m i e m b r o s de la familia. No es que no se respete la
lo veremos. A veces, sobre todo si olvidamos que llevamos puestas len-
experiencia personal que los individuos tienen de «la verdad». Lejos de
132 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE INTERVENCIONES DE ENMARCADO 133

tes de color, y, por lo tanto, no cuestionamos la validez de los datos su vulnerabilidad emocional. De modo que su «mala conducta» era un
sensoriales, necesitamos que alguien nos preste unas gafas con cris- intento de ser útil: tendía a proteger a la joven mujer de un compro-
tales de un color distinto. Seguramente todos hemos tenido la expe- miso excesivo, y a ofrecer u n a salida, en el hecho de que se enfadara
riencia de examinar introspectivamente un problema y caer en espiral con él, para la angustia y tensión que ella experimentaba. Sólo un hom-
hasta las conclusiones m á s pesimistas, enterrándonos más profunda y bre que verdaderamente la a m a r a estaría dispuesto a tolerar lo que
desesperadamente. El hecho de que la aportación del terapeuta (o la hacía ese niño. El terapeuta lo elogió solemnemente p o r su preocu-
oferta de un par de gafas de diferente color) sugiera otro modo de con- pación, y le recomendó que continuara cuidando a la m a d r e .
siderar las cosas, no significa que el cliente individual o la familia se En la sesión siguiente, la joven dijo que la conducta de su hijo había
conviertan en destinatarios pasivos y desvalidos de una manipulación. mejorado mucho. En un seguimiento realizado varios meses m á s tar-
Estamos de acuerdo con Flaskas (1992) en que los clientes (lo mis- de, ella confirmó que la mejoría había continuado, y que llevar amigos
mo que todos nosotros) conservan un cierto compromiso e interés (di- a la casa le resultaba m u c h o menos incómodo. De hecho, el n i ñ o se
ríamos que un interés y un compromiso considerables) en torno a su había vuelto muy cordial con el más reciente.
propia evaluación de sus experiencias y comprensiones de la verdad. Como hemos comentado, es importante que el nuevo m a r c o sea
Nos parece que cualquier tipo de terapia corre el peligro de pasar por lo bastante congruente con las experiencias del individuo, la pareja o
alto este hecho, no sólo las terapias breves. Creer que no existe nin- la familia, aunque introduzca una perspectiva distinta sobre las mis-
guna «verdad» absoluta no significa negarse a conocer o avasallar las mas. Si la congruencia es insuficiente, lo n o r m a l es que ese m a r c o
«verdades subjetivas» de los otros. La utilidad de las «verdades» utili- sea rechazado o negado. También es importante recordar, como advier-
zadas cuando se le p r o p o n e n marcos distintos al cliente (individuo o te Coyne, que el nuevo marco «a veces aferra al paciente en las condi-
familia), se basa primordialmente en el modo en que se vean esos mar- ciones artificiales de la sesión de terapia... y es invalidado en el primer
cos desde la perspectiva subjetiva de los involucrados (profundamen- encuentro con el ambiente cotidiano. Conviene suponer que un reen-
te influidos como estarán por sus propias creencias y sus respuestas marcado no ha sido adoptado hasta que el paciente ha actuado basán-
afectivas al marco y a la experiencia que tienen del terapeuta). Hacer dose en él y lo ha validado fuera de la terapia» (las cursivas son nues-
esto de un modo útil y respetuoso significa inequívocamente que hay tras) (1985, pág. 342).
que escuchar siempre con profundo interés y atención lo que dicen los Un r e e n m a r c a d o sensible a m e n u d o roza sentimientos y p e n s a -
miembros de la familia. mientos hasta entonces ocultos, y pueden ser precisamente éstos los
Una joven madre soltera, abandonada durante el embarazo por el que lo fortalezcan. En el ejemplo anterior, el reconocimiento p o r el
hombre que amaba, llevó a su hijo de ocho años a ver al terapeuta. Dijo terapeuta de que la madre había quedado herida por el abandono sufri-
que, cada vez que ella recibía en su casa a un amigo, el niño se com- do años antes y temía que la experiencia se repitiera, bien p u d o haber
portaba atrozmente, decía malas palabras, a veces se ponía agresivo sido un elemento crucial.
con el h o m b r e y se n e g a b a a dejarlos solos. La joven temía invitar a El reenmarcado, casi de modo inevitable, asigna u n a connotación
alguien a su casa. D e s c r i b i e r o n al n i ñ o c o m o a p e g a d o a la abuela, positiva a conductas normalmente vistas como más negativas en el seno
que vivía cerca y que, según la joven, seguía mostrándose sobrepro- del sistema de creencias del cliente (individuo o familia). En el ejem-
tectora con ella y tendía a desaprobar a sus amistades masculinas. Hacia plo que sigue, aunque se utilizó la connotación positiva, hay también
el final de la primera sesión, el terapeuta caracterizó al niño como extre- un desafío a los dos miembros de la familia, no planteado p o r el tera-
m a d a m e n t e sensible y consciente del miedo subyacente de la m a d r e peuta de modo abierto, sino con u n a actitud de preocupación bonda-
a volver a comprometerse emocionalmente y sufrir como la había hecho dosa.
sufrir el padre de él. El p e q u e ñ o también se daba c u e n t a de la preo- Una viuda que había criado a dos hijas, ambas ya casadas, tenía
cupación de la abuela; quizá en representación de ella, pero sobre todo problemas con un hijo que se mezclaba con «mala gente» e inhalaba
p o r su propio amor a la m a d r e , parecía haber decidido protegerla de colas. Parecía que la madre estaba preocupada en exceso p o r el chico
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
INTERVENCIONES DE ENMARCADO 135
134

v le daba pocas oportunidades de m a d u r a r e independizarse. Al final do de disciplinarlos. El terapeuta dijo que esas discusiones indicaban
de la primera sesión, se formuló la opinión siguiente, en presencia de la determinación de remediar la situación, y estaba claro que ninguno
ambos, pero dirigida primordialmente a la madre: de los dos quedaría satisfecho hasta que tuvieran la seguridad de haber
encontrado un enfoque correcto, sobre el que p u d i e r a n p o n e r s e de
Usted ha sido, obviamente, una buena madre para sus hijas, pero, acuerdo. Además, sugirió que, por incómodo que les resultara, quizá
sin el respaldo de un esposo, le ha resultado difícil comprender plena- fuera necesario que siguieran discutiendo, incluso que redoblaran sus
mente a su hijo. Esto debe de haberla preocupado mucho. James tiene esfuerzos, hasta convencerse de haber llegado a una solución satisfac-
ahora 15 años. Hay un momento de la adolescencia en que, de pronto, toria. Los padres se miraron entre sí con lo que parecía calidez y mayor
todo jovencito abandona muchos de sus rasgos infantiles y empieza a respeto, aceptando la sugerencia del terapeuta. En el curso de las sema-
actuar más como un adulto. En algunos, este proceso se produce más nas siguientes, discutieron mucho menos y pasaron a ser m u c h o más
tarde que en otros. Pero por lo común ocurre más o menos a esta edad. coherentes en el manejo de los hijos (cuyas conductas mejoraron, como
Estoy seguro de que usted le importa a James, y de que a James le tal vez era previsible).
preocupa lo que ocurrirá cuando él finalmente se vaya de la casa, pero
La aparente incapacidad de esta pareja para cooperar podría haber-
no sabe cómo hacer que usted se sienta menos aislada. A él esto le resul-
tará fácil cuando empiece a dejar atrás la infancia y avance hacia la viri- se calificado «correctamente» de muchos modos: c o m o p r u e b a de
lidad. Los chicos que inhalan colas suelen estar nerviosos por el paso a falta de armonía conyugal o de la existencia de cierta patología, en uno
la virilidad y temen iniciar actividades más serias y maduras, como estu- o ambos esposos, en una de las muchas maneras de identificarla (remi-
diar o cortejar chicas. timos al lector a cualquiera de las sucesivas ediciones del DSM,* don-
Estoy convencido de que usted no es el tipo de madre que quiere que de las encontrará descritas). Se diría que calificar las discusiones como
su hijo siga siendo un bebé prendido a su falda. Usted no tiene idea de prueba de b u e n a intención condujo a un e n m a r c a d o de nivel supe-
cuántas madres sin pareja tratan de convertir a sus hijos en esposos sus- rior («Compartimos el deseo de ser buenos padres») que permitió cam-
titutos. biar la interpretación de las conductas («Peleamos porque en lo esen-
Sugiero que durante las dos semanas que vienen observe atentamente cial estamos de acuerdo»), y de tal modo las conductas en sí.
a James para ver cuánto queda aún de su niñez, pero también esté pre-
Una mujer ejecutiva recurrió a la terapia porque perdía la voz (se
parada para reconocer los primeros signos, por leves que sean, de la
madurez que se avecina. Me parece importante insistir en que James no volvía muy ronca y temblorosa) cuando hablaba en las reuniones. Al
haga trampa, tratando de actuar como un hombre antes de estar madu- principio dijo que ese problema estaba relacionado con su «baja auto-
ro para ello, aunque, como he dicho, con la mayoría de los chicos esto estima». Cuando se le preguntó cómo lo sabía, pareció un t a n t o sor-
impieza a suceder más o menos a su edad. Cuando se convierta en hom- prendida y explicó que había ido a ver a un hipnotizador, quien le sugi-
bre, es importante que sea un hombre verdadero, y no el tipo de chicos que rió que trabajara sobre su autoestima. Después de r e u n i r m á s infor-
se hacen los rudos o se vuelven delincuentes para encubrir su miedo. mación, el terapeuta observó que, por lo que él veía, no existía ningu-
na relación entre su autoestima y los problemas con la voz. Además,
Mientras el terapeuta hablaba, el niño tenía u n a expresión de con- en los datos que la p r o p i a cliente aportó, en su aspecto y c o m p o r t a -
centración profunda, en agudo contraste con su anterior tendencia a miento (iba bien vestida y hablaba con claridad y confianza), el tera-
la mueca burlona y a no prestar atención. En adelante, su conducta peuta no encontraba muestras de falta de autoestima. Por el contrario,
comenzó a mejorar. La m a d r e lo veía de otro modo, y se volvió menos el nivel de su autoestima parecía bueno. Se le preguntó si se sentía mal
exigente y opresiva. Dos sesiones m á s tarde vino sola, sin dar ningu- consigo misma. Dijo que no, que no era así, pero que había supuesto
na explicación. Aprovechó para hablar de sus propios problemas de
soledad e inseguridad.
Una pareja discutía constantemente por la conducta de sus hijos * Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales, de la Asociación
«descontrolados», y en particular acerca de cuál era el modo adecua- Psiquiátrica Norteamericana. [N. del T.]
136 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE INTERVENCIONES DE ENMARCADO 137

que ése era su problema después de ver al hipnotizador (sin ningún Me resulta obvio que ésta es una familia unida que quiere seguir siendo
resultado) y de leer muchos libros de autoayuda. Se sugirió que la tera- dolo. Siento con fuerza que Jane es una niña extremadamente sensible
pia se concentrara en cuestiones m á s pertinentes p a r a su preocupa- y que sin ninguna d u d a a m a m u c h o a su m a d r e y su a b u e l a (es tam-
ción de ese momento, que era h a b l a r mejor en las reuniones. Ella se bién obvio que éstas la a m a n a ella, por más que a veces se exasperan
entre sí). Pero, por razones que aún no comprendo p l e n a m e n t e , Jane
manifestó en seguida de acuerdo.
parece experimentar una sensación de lealtad dividida, a lo cual podría
Éste es un buen ejemplo de d e s e n m a r c a d o . La a t r i b u c i ó n acci- deberse que actúe de un modo tan desdichado.
dental de las dificultades a u n a entidad hipotética, la «baja autoesti- Se diría que ella se preocupa por todos, pero, por alguna razón, par-
ma», fue cuestionada respetuosamente y con éxito. Así la cliente que- ticularmente por la madre y la abuela, aunque a éstas les resulte difícil
dó de inmediato aliviada de u n a presunción de patología, lo cual hacía creerlo, pues la conducta «preocupada» de un niño a m e n u d o aparece
m á s probable la resolución rápida de su dificultad. como conducta «díscola».
Hemos encontrado que, a veces, el reenmarcado es más poderoso Podría ser que Jane, en lo profundo de su mente ( a u n q u e quizá no
si no proviene del terapeuta, c o m o en el ejemplo siguiente (tomado de se dé cuenta de esto y quizá lo negaría) se toma demasiado a pecho algu-
un período durante el cual Brian a ú n experimentaba con reenmarca- nas de las diferencias entre la madre y la abuela, y le preocupa que una
dos del estilo de los de Milán). de ellas se enferme o d e p r i m a si la otra «gana» lo q u e la n i ñ a parece
ver como una batalla. (Es como si sintiera que hay una competencia en
A un terapeuta visitante se le pidió que actuara c o m o consultor
torno a quién de las dos es la mejor madre.)
de un equipo atascado en el trabajo con u n a familia. Los padres ha-
Me parece importante señalarle a la familia que era m u y obvio que
bían recurrido a la terapia p o r u n a niña de 13 años, la mayor de tres [la familia de la abuela] es una familia unida, aunque quizá les resulte
hijos del p r i m e r m a t r i m o n i o de la mujer. También participaba en la difícil a los ajenos acercarse a ella, y siento con fuerza que a todos los
terapia la abuela materna de la jovencita, en cuya casa vivía la familia. miembros les preocupa seguir unidos, aunque a veces p a r e z c a n com-
La niña creaba problemas t a n t o en el hogar como en la escuela; for- portarse como si fuera al revés. De modo que no siempre le será fácil a
m a b a parte de una pandilla de adolescentes que solía meterse en líos, la familia reconocer, por debajo de las conductas superficiales, lo afec-
y fue descrita como mentirosa compulsiva. tuosa que es y lo preocupada que está Jane.
El consultor, observando desde detrás de una pantalla, sintió con
fuerza q u e la m a d r e y la a b u e l a , si bien e s t a b a n m u y p r ó x i m a s en En la sesión siguiente, tres semanas más tarde, la familia informó
muchos sentidos, eran al m i s m o tiempo muy competitivas, sobre todo que la conducta de la niña había mejorado m u c h o . En realidad, no
acerca de quién era la «mejor madre» para la niña. habían vuelto a tener problemas con ella.
La familia había sido informada sobre la presencia de un terapeu- Esta técnica, lo mismo que cualquier otra, no es una panacea. Hemos
ta al otro lado de la pantalla; se les explicó que se recurría a él porque dado ejemplos de reenmarcados o desenmarcados particularmente efi-
el equipo se sentía atascado e incapaz de ayudar. Al final de la sesión caces, suficientes de por sí para generar cambios significativos. Aunque
se aclaró que la terapeuta habitual recibiría un informe y tomaría con- a posteriori las intervenciones exitosas parecen obvias y relativamen-
tacto para establecer las citas de u n a etapa ulterior, m á s prolongada, te simples, según nuestra experiencia, encontrar el marco «correcto»
del tratamiento. suele ser una tarea compleja que exige considerable sensibilidad, empa-
Al cabo de unos días, se le envió u n a copia del informe del consul- tia, creatividad y, a veces, coraje. Tenemos muchos ejemplos de reen-
tor al esposo, y se le pidió que lo leyera a toda la familia lo antes posi- m a r c a d o s ineficaces de poco o ningún efecto, y acerca de los cuales
ble. En su carta, la terapeuta decía que, aunque el informe tenía la fina- decidimos no escribir. Pero nuestra experiencia con estos errores es
lidad de ayudarla a ella, les hacía llegar u n a copia porque pensaba que que lo peor que suele suceder es que la familia o el cliente individual
ésa era u n a de las familias que piensan con seriedad en sus problemas. rechaza o niega el marco propuesto, de modo que nosotros tenemos
El informe decía lo siguiente: que volver a «la mesa de dibujo».
10. INTERVENCIÓN EN LA PAUTA: MODIFICANDO
LA ACCIÓN DEL PROBLEMA

La terapia suele ser cuestión de ponerla primera ficha de domi-


nó boca arriba.
Milton Erickson, Rossi (1980, vol. 4, pag. 454)

Cuando tenga un paciente con alguna fobia descabellada, sim-


patice con ella y, de un modo u otro, consiga que él infrinja esa
fobia.
Milton Erickson, ZEIG (1980, pág 253)

...las enfermedades, psicógenas u orgánicas, seguían paulas


definidas de algún tipo, sobre todo en el campo de los trastornos
psicógenos; que romper la pauta podía ser una medida sumamente
terapéutica, y que a menudo importaba poco que la ruptura de
la pauta fuera pequeña, si se la introducía lo bastante pronto...
Rossi (1980, vol. 4, pag. 254)

Los terapeutas breves a m e n u d o tratan de resolver la queja pre-


sentada alterando sus pautas de acción e interacción intrínsecas y las
que las rodean. Procuran integrar los enfoques individual e interac-
cional en la n o c i ó n unificadora de «alterar el contexto de la queja
presentada». Modificando esas pautas, con sus regularidades y redun-
dancias, sin ninguna referencia a hipótesis explicativas causales, fun-
cionales o de otro tipo, a m e n u d o las quejas presentadas se resuelven
con prontitud.
Muchas veces se piensa que el enfoque individual se opone al enfo-
que interpersonal. O se es un terapeuta «sistémico» o se es un terapeuta
«individual, lineal». Pero nosotros no consideramos q u e exista con-
flicto alguno. El concepto unificador de «pauta» sirve p a r a tender un
puente por encima de la brecha aparente. Los dos enfoques tienen en
común el descubrimiento y la alteración de las pautas de pensamien-
INTERVENCIÓN EN LA PAUTA 141
140 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

gamas, elementos o intervenciones. Por ejemplo, muchas de estas per-


to y acción que rodean a la queja. Si se evitan las hipótesis explicativas sonas sólo se atracan estando solas, pero algunas lo hacen en presencia
causales, funcionales o de otro tipo, no tiene por qué surgir ningún con- de otras, ocasional o frecuentemente. Hay que encontrar los límites del
flicto. Se considera que especular acerca de por qué aparecieron esas tipo de cosas que serían igual de útiles para mantener la pauta peculiar
pautas, cuál es su función o significado, y así sucesivamente, no vie- de los atracones de esa persona» (O'Hanlon, 1987, págs. 34-35).
ne al caso y distrae de la tarea principal: discernir las pautas de pen- Quizá algunos eviten salir con amigos los días en que h a n caído en
samiento, acción e interacción que rodean a la queja y es verosímil que atracones. Otros ni siquiera se visten. Aunque no forman directamen-
la mantengan, para ayudar al cliente a modificarlas. En este capítulo te parte del atracón, la alteración de esas pautas regulares que lo acom-
examinaremos algunas maneras de intervenir en tales pautas. pañan puede modificar el contexto de la queja presentada, y de tal modo
Las pautas automáticas de acción e interacción son aspectos nece- llevar a resolverla. Puede haber una amplia gama de conductas alter-
sarios y deseables de la vida. Ayudan a organizar la experiencia, las per- nativas que mantengan la pauta del atracón. Lo mismo que con la músi-
cepciones y la conducta, y a a u m e n t a r la eficiencia de esta última. En ca, son posibles numerosas variaciones sobre un tema, sin que el tema
m u c h o s de los aspectos n o r m a l e s de la vida cotidiana, las pautas o en sí m i s m o cambie. Hay que recurrir a algunas variaciones que estén
modos regulares de hacer las cosas nos liberan de tener que renegociar al margen de la gama, y sean capaces de introducir un tema nuevo. En
las relaciones y significados u n a y otra vez. De acuerdo con la finali- una pauta nueva y no familiar, pueden suceder todo tipo de cosas ines-
dad de la terapia, sólo es necesario alterar las respuestas automáticas peradas.
que contienen o a c o m p a ñ a n a experiencias o conductas indeseadas
Al preguntar por la pauta que rodea a una queja presentada, no sólo
(síntomas). Intervenir en u n a p a u t a es reemplazar alguno de sus ele-
averiguamos cuándo aparece siempre la conducta y c u á n d o no apa-
mentos p o r otro que cae fuera de los límites acostumbrados, o remo-
rece nunca, o si es siempre X o alguna vez Y. También hacemos pre-
ver o s u m a r elementos.
guntas hipotéticas. Por ejemplo, «¿Cuándo se produciría siempre, y
«Por ejemplo, en cierto p u n t o de u n a pauta de atracarse de comi- cuándo no aparecería nunca?», y «¿Siempre sería X, o alguna vez podría
da, el sujeto prueba alguna torta, bizcochos, pan, helado o chocolate ser Y?». Además, a menudo ayudamos al cliente a «encontrar u n a sali-
(pero n u n c a zanahorias, apio, r e q u e s ó n o huevos duros), y después da», sugiriéndole nosotros mismos alternativas posibles. Como el clien-
sigue con un ítem del primer tipo y n u n c a del segundo (es decir que te no suele advertir cuál es la pauta, frecuentemente dice «No hay nin-
si toma comidas "prohibidas", de las que engordan, excluidas del régi- guna pauta», o «Puede ser de cualquier modo». Pero un interrogatorio
men, es típico o invariable que caiga en el atracón, pero nunca se atra- cuidadoso n u n c a deja de revelar regularidades con límites precisos.
ca con comidas "sanas", "buenas", de las que no engordan). A conti-
nuación, ese individuo se provoca el vómito y devuelve en el inodoro, Debe recordarse que las pautas no son «cosas». Pero son lo mejor
la bañera o la pila del lavadero, pero n u n c a en el cubo de la basura, en después de ellas. Son abstracciones descriptivas. De algunas acciones
un b a l d e o sobre la alfombra. Y en c u a n t o a las circunstancias que observadas, se pueden extraer pautas. Esto no supone teorizar o expli-
rodean a esta parte de la secuencia, puede ser que el primer bocado se car la existencia de tales hechos, especulando sobre su función, ni otras
tome de pie o caminando, pero n u n c a sentado o acostado; el atracón maneras de «psicologizar». Se parece más a la clasificación de los orga-
puede producirse en la cocina o el comedor, pero nunca en el dormi- nismos en especies, o a la de los objetos en conjuntos (O'Hanlon, 1987,
torio o el patio trasero; a media tarde o en mitad de la noche, pero nun- pág. 52).
ca es lo primero que se hace por la m a ñ a n a o lo último antes de acos-
tarse; el individuo siempre está solo, p o r lo general no hace nada en Si bien la abstracción de las pautas es obra de un observador, sos-
particular, o a veces está viendo la televisión, pero nunca está hablan- tenemos que se basan en hechos observables y, por lo tanto, son «ani-
do p o r teléfono o dando de c o m e r al gato y al perro. La pauta puede males» distintos de las «invenciones» de la psicología, tales c o m o los
tener u n a diferente amplitud —con distintos elementos— en diferen- «déficits del yo», la «baja autoestima» o una «necesidad de castigarse».
tes personas, de modo que no es posible confeccionar un "catálogo" de
INTERVENCIÓN EN LA PAUTA
142 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 143

2. Cambiar la duración del síntoma o la pauta-síntoma.


INTERVENCIÓN EN LA PAUTA
3. Cambiar el m o m e n t o (del día/la semana/el mes/el año) del sín-
toma o la pauta-síntoma.
Una vez que el terapeuta ha reunido información de base sensorial
4. Cambiar la ubicación (en el cuerpo o en el m u n d o ) del sínto-
sobre la pauta y su gama de elementos, inicia, junto con el cliente, la
ma o la pauta-síntoma.
búsqueda de maneras de ayudarlo a modificarla. En su trabajo, Milton
Erickson subrayaba la importancia de utilizar aspectos de las propias 5. Cambiar la intensidad del síntoma o la pauta-síntoma.
creencias y conductas del paciente. Por ejemplo, 6. Cambiar alguna otra característica o circunstancia propias del
síntoma.
A. su lenguaje; 7. Cambiar la secuencia (el orden) de los acontecimientos que
B. sus intereses y motivaciones; rodean al síntoma.
C. sus creencias y marcos de referencia; 8. Crear un cortocircuito en la secuencia (es decir, un salto des-
D. su conducta; de el principio al final).
E. su síntoma o síntomas; 9. Interrumpir la secuencia, o impedirla de otro m o d o , en todo
F. su resistencia. (O'Hanlon, 1987, pág. 24.) o en parte (hacer que «descarrile»).
10. Añadirle o sustraerle por lo menos un elemento.
A menudo, el modo m á s fácil y directo de intervenir en un contex- 11. Fragmentar algún elemento antes unitario en elementos más
to que contiene una queja es alentar al cliente o los clientes a modifi- pequeños.
car las acciones-problema en un grado pequeño o insignificante. En el 12. Hacer que el síntoma se despliegue sin su pauta.
trabajo de Milton Erickson encontramos muchos ejemplos de este tipo 13. Hacer que se despliegue la pauta-síntoma con exclusión del sín-
de intervención contextual. A un cliente que se lavaba compulsivamente
toma.
las manos, Erickson le prescribió cambiar de jabón. A un fumador podía
14. Invertir la pauta.
indicarle que guardara los cigarrillos en el desván y los fósforos en el
15. Vincular la aparición de la pauta-síntoma con otra pauta —por
sótano. En una oportunidad, instruyó a alguien que se chupaba el pul-
lo general, una experiencia indeseada, una actividad evitada, o
--- que lo hiciera en un lapso preestablecido, una vez por día. Una pare-
una meta deseable pero difícil de alcanzar («tarea condiciona-
ja discutía siempre, después de las fiestas (en las que ambos tomaban
da por el síntoma») (O'Hanlon, 1987, págs. 36-37).
unas copas), quién conduciría el coche de regreso al hogar; Erickson
les aconsejó que uno de ellos condujera hasta una manzana antes de
llegar a casa, y que después pararan el coche, cambiaran de sitio, y el
Ejemplos de intervenciones para interrumpir pautas
otro completara el viaje.
Una alteración de las acciones de la queja modifica las pautas que Milton Erickson contaba la siguiente historia:
la rodean, y a menudo la conducta-problema desaparece, de modo gra-
dual o brusco. El terapeuta puede lograr esa modificación con méto- Un policía retirado por razones de salud me dijo: «Tengo un enfise-
dos directos o indirectos, sobre la base de su autoridad o en una aven¬ ma, tensión alta y, como puede ver, estoy muy gordo. Bebo demasiado.
tura cooperativa con el cliente. Para los diversos estilos de los tera- Como demasiado. Querría conseguir un trabajo, pero el enfisema y la
peutas hay estrategias diferentes. presión alta me lo impiden. Me gustaría fumar menos. Querría liberal
me de esto. Me gustaría dejar de beber poco menos que un litro de whisky
O`Hanlon ha señalado la lista siguiente de los principales modos de
por día, y comer razonablemente».
intervenir en una pauta:
«¿Está usted casado?», le pregunté.
1. Cambiar la frecuencia/el ritmo del síntoma o la pauta-síntoma «No. Soy soltero. Por lo general me hago mi propia comida, pero a la
(la pauta que lo rodea). vuelta de la esquina hay un pequeño restaurante que visito a menudo.»
144 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE INTERVENCIÓN EN LA PAUTA
145

«De modo que a la vuelta de la esquina hay un pequeño restauran- Mientras tanto, los padres tendrían que e m p e ñ a r s e en descubrir
te donde puede cenar. ¿Dónde compra los cigarrillos?» qué había hecho su hija, y llevar u n a lista escrita. Al respecto, podían
Compraba los cartones de dos en dos. conversar entre sí, pero no preguntarle a ella.
«Es decir, que compra cigarrillos, no para el día, sino para el futuro. En la sesión siguiente, la niña fue entrevistada por separado. Admitió
Y para preparar su comida, ¿dónde hace las compras?»
que, en realidad, no había intentado hacer nada, pero las cosas habían
«Por suerte, hay un pequeño colmado en la esquina en el que com-
marchado m u c h o mejor entre ella y sus padres. Éstos, por su lado, pre-
pro comestibles y cigarrillos.»
«¿Dónde compra la bebida?» s e n t a r o n u n a larga lista de lo que creían h a b e r detectado en la con-
«Por fortuna, al lado de ese colmado hay una licorería.» ducta de su hija, destinado a agradarles.
«De modo que a la vuelta de la esquina usted tiene un restaurante, Aparentemente, aunque la jovencita no hizo lo que se le había suge-
un colmado y una licorería. Usted quiere hacer jogging y sabe que no pue- rido, en sus p a u t a s de conducta normales había suficientes actos no
de. Entonces, su problema es muy simple. No puede correr, pero puede confrontativos, cooperativos, que por lo general pasaban inadvertidos,
caminar. Muy bien, compre un paquete de cigarrillos cada vez, en el otro como p a r a que los padres tuvieran la sensación de que las cosas cam-
extremo del pueblo, y vaya caminando. Esto comenzará a ponerlo en for- biaban. Desde el punto de vista de la hija, la vigilancia constante de los
ma. Tampoco compre los comestibles en el colmado de la esquina. Vaya progenitores, contra la cual ella por lo común se rebelaba, había adqui-
a alguno que esté a un kilómetro o kilómetro y medio de distancia, y com- rido un nuevo significado como intento de descubrir pruebas de bue-
pre sólo lo necesario para una comida. Esto supone tres buenas camina-
na (y no mala) conducta.
tas al día. Por otro lado, puede beber todo lo que quiera. Tome su prime-
ra copa en un bar que esté por lo menos a un kilómetro y medio. Si quie- Un niño discapacitado de 17 años, al que poco tiempo antes habían
re una segunda copa, encuentre otro bar a por lo menos otro kilómetro y m a t r i c u l a d o en u n a escuela alejada de su casa, desarrolló el hábito
medio. Y si quiere una tercera, busque otro bar a otro kilómetro y medio.» de levantar su brazo derecho con una frecuencia de 135 veces por minu-
Me miró furibundo. Renegó contra mí. Se fue bramando. to. Milton Erickson hizo que aumentara la frecuencia a 145 veces por
Al cabo de un mes, vino un nuevo paciente. «Me recomendó que vinie- m i n u t o . Al c a b o de algún tiempo, y s i e m p r e bajo la supervisión de
ra a verlo un policía retirado», comentó. «Dice que usted es el único psi- Erickson, la frecuencia volvió a descender a 135, subió a 145, y siguió
quiatra que sabe lo que hace.» a u m e n t a n d o y decreciendo alternativamente, pero con aumentos de 5
El policía ya no podía comprar todo un cartón de paquetes de ciga- veces por m i n u t o y reducciones de 10 veces por minuto, hasta que el
rrillos. Y sabía que caminar hasta el colmado era un acto consciente. movimiento desapareció (Rossi, 1980, vol. 4, págs. 158-160).
Él lo controlaba. Ahora bien, yo no le había quitado la comida o el taba-
Una mujer bulímica dijo que n u n c a había logrado prolongar sus
co. No le retiré el alcohol. Le había dado la oportunidad de caminar
atracones más de una hora. Se le dijo que debía extenderlos a dos horas,
(Rosen, 1982, págs. 149-150).
antes de vomitar. Podía hacerlo como quisiera.
Una mujer que luchaba por beber menos recibió el consejo de que
Los padres de una niña de 13 años la controlaban constantemente. en el futuro bebiera todo lo que quisiera. Se le señaló que a ú n estaba
La consideraban poco fiable y cooperativa, agresiva, perezosa e inútil. recobrándose de un momento difícil del año anterior. Pero ella estuvo
Aunque la niña no demostraba tener ninguna motivación para la tera- de acuerdo en que, antes de tomar u n a copa, se sacaría toda la ropa
pia, empezó a interesarse cuando el terapeuta le preguntó si estaba dis- frente a un espejo de cuerpo entero, para volvérsela a poner al revés,
puesta a hacerles trampa a sus padres. Con eso estuvo de acuerdo ense- con la parte de atrás adelante, excepción hecha de los zapatos (no podría
guida. Se le pidió que en la quincena siguiente hiciera algunas cosas hacerlo con ellos a menos que se dislocara los pies). Después tenía que
que ella sabía de cierto que les agradarían. Pero iba a hacerlas de un volver al espejo, sacarse la ropa y ponérsela bien, antes de sentarse y
m o d o tal que ellos lo ignoraran todo. No dejaría entrever nada, aun- disfrutar de su copa. Si quería beber más, tenía que repetir el ejercicio
que la interrogaran. Tenía que negar q u e había hecho algo, aunque antes de cada copa. Aparentemente todo esto la divertía m u c h o , y en
ellos lo conjeturaran correctamente. el t é r m i n o de u n a semana su tendencia a beber quedó bajo control
146 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
INTERVENCIÓN EN LA PAUTA
147
Dos esposos discutían constantemente, y dijeron que les costaba no
hacerlo, aunque tuvieran las mejores intenciones. Un a l u m n o nues- Una mujer q u e h a b í a sido hospitalizada varias veces por depresión
tro les prescribió que, en cuanto empezaran a discutir, fueran al baño. describió que a ú n p a s a b a gran parte de su tiempo improductiva preo-
Allí el hombre tendría que sacarse la ropa y tenderse en la bañera, mien- cupándose por c u a l q u i e r cosa y por todo. No hacía casi nada en todo
tras la esposa, con la ropa puesta, se sentaría en el inodoro. En esas el día. El esposo lo h a b í a intentado todo para estimularla a que fuera
condiciones podían continuar la pelea. m á s activa. Ella e s t u v o de acuerdo en considerar d u r a n t e la semana
Un niño de seis años que se chupaba el pulgar izquierdo fue aten- siguiente, antes de la próxima entrevista, si estaba preparada para seguir
dido por Milton Erickson, quien le dijo que no era justo con los otros cualquier i n s t r u c c i ó n que el terapeuta le diera, sin saber de antema-
dedos, puesto que no les dedicaba el mismo tiempo. Tenía que chu- no qué se le iba a p e d i r . Se la tranquilizó en el sentido de que no sería
parse también el pulgar derecho, y todos los otros dedos. Erickson n a d a que no e s t u v i e r a a su alcance o que pudiera dañarla.
observó que en cuanto el niño dividió su atención entre el pulgar izquier- En la entrevista siguiente, con determinación pero también muy
do y el pulgar derecho, el hábito se redujo en un 50 por ciento (Rossi turbada, se m a n i f e s t ó dispuesta a aceptar el desafío. Se le dijo enton-
y otros, 1983, pág. 117). ces que por cada d í a q u e ella sintiera que había dilapidado demasiado
Una pareja fue a ver a Erickson por sus dificultades matrimonia- tiempo en preocupaciones estériles (y sólo ella, y no el esposo era quien
les. Atendían juntos un p e q u e ñ o restaurante, y discutían constante- iba a juzgar esto), d e b e r í a acostarse a la hora normal, pero poniendo
mente sobre el mejor modo de hacerlo. La mujer insistía en que estu- el despertador a las d o s de la madrugada. A esa hora tendría que levan
viera a cargo el esposo; ella prefería quedarse en su casa. Pero temía tarse, fregar c u i d a d o s a m e n t e el suelo de baldosas de la cocina (vivían
que, si no lo supervisaba, el hombre arruinaría el negocio, de modo que en u n a casita de p i e d r a en Gales), y a continuación escribir a máqui-
continuaba trabajando y peleándose con él. Erickson les encargó que, na durante m e d i a h o r a (había estado tratando infructuosamente de
todas las mañanas, la mujer cuidara que el esposo fuera al restauran- aprender dactilografía). Luego podía volver a la cama. Los días en que
te media hora antes que ella. Como sólo tenían un coche, pero vivían sentía que había s i d o suficientemente productiva y no h a b í a dilapi-
a pocas manzanas del negocio, ella iría caminando después. Cuando dado demasiado t i e m p o en preocupaciones estériles, por supuesto no
la mujer llegaba, el esposo ya había realizado con éxito muchas de sus tendría que s e g u i r e s t e procedimiento. Se fijó la entrevista siguiente
funciones de «insustituible». Ella empezó a aparecer cada vez más tar- p a r a dos s e m a n a s m á s adelante.
de y retirarse cada vez m á s t e m p r a n o . Al final casi no iba al restau- En esa sesión, la m u j e r anunció que sólo había tenido que fregar el
rante, a menos que se la necesitara para sustituir a alguien enfermo. piso una vez (y q u e Jo h a b í a hecho de un modo tan escrupuloso que se
No h u b o más altercados (Haley, 1973, págs. 225- 226). sintió s o r p r e n d e n t e m e n t e orgullosa de su trabajo). El resto de la quin-
Un abogado que quería dejar de fumar estuvo de acuerdo en que, cena fue lo mejor q u e había experimentado en m u c h o tiempo.
si fumaba un cigarrillo, tendría que pasarse quince minutos realizan- Un funcionario de penitenciaría llevó a su familia a la terapia debi-
do las tareas de rutina que antes había pospuesto sistemáticamente, do a su preocupación p o r su hija de 15 años, que continuamente pelea-
antes de fumar de nuevo. ba con él y con la m a d r e . La joven fue descrita como testaruda y men-
Una pareja buscó terapia matrimonial con la queja principal de que tirosa; los padres t e m í a n que se estuviera «volviendo promiscua» Había
el marido era adicto al trabajo (los dos estuvieron de acuerdo en esto). otras tres h e r m a n a s , u n a de 14 años, descrita como «un tesoro», y dos
El h o m b r e rompía constantemente su promesa de volver temprano al gemelas idénticas de 12 años.
hogar, lo que casi todas las noches provocaba amargas disputas. Él
El padre tenía i d e a s sumamente estrictas sobre el m o d o de llevar
se quejó de que la esposa quería que pasara su único día libre visitan-
u n a familia. C u a n d o había problemas, convocaban reuniones de fami-
do a los padres de él o de ella. Se acordó que, en lugar de quejarse, la
lia. Estas eran e x t r e m a d a m e n t e acaloradas, y consistían en acusacio-
mujer tomaría nota del tiempo de atraso del esposo durante la sema-
nes y réplicas, y en la elaboración de listas de «crímenes» con sus res-
na, y éste tendría que visitar a los padres de él o de ella durante esa mis-
pectivas pruebas. La niña de 15 años era invariablemente la «acusa-
ma cantidad de tiempo en su día libre, sin ninguna protesta.
da». La hermana de 14 años se cuidaba de no tomar partido. Mientras
148 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

la familia describía apasionadamente su problema, la terapeuta sintió 11. EL USO DE LA ANALOGÍA


que se la invitaba a actuar de juez.
Sugirió entonces que, en el futuro, las gemelas tuvieran derecho a
imponer u n a pausa cada vez que la batalla entre su h e r m a n a y cual-
quiera de los padres subiera demasiado de tono. Las gemelas tenían
que convocar de inmediato a un «juicio oral familiar». La niña de 14
años sería abogado defensor del progenitor agraviado, y el otro pro-
genitor, abogado de la hija-problema. No se permitía que los prota-
gonistas hicieran su propio alegato, aunque, desde luego, les darían
instrucciones en privado a sus respectivos abogados; éstos serían los Soñamos en metáforas, en nuestros niveles más profundos dia-
responsables de indagar a los testigos y presentar las pruebas. Las geme- logamos en metáforas, y a través de metáforas podemos lograr una
comprensión fundamental.
las actuarían como jurado, tomarían notas de las pruebas y prepara-
rían un veredicto, que se mantendría en secreto hasta entregárselo a la WALLAS(1985, pág. 3)
terapeuta en la sesión siguiente.
La familia pareció muy divertida con esta sugerencia, y trató de
seguirla. Dos semanas más tarde describieron cómo, en su único inten- En la terapia, a una joven pareja le resultaba extremadamente difí-
to de «juicio oral», todo se había disuelto en ataques de risa. Pero, en cil la discusión abierta de un problema sexual, y enseguida cambiaban
realidad, no había habido ningún problema importante. Disfrutaron de tema, p a s a n d o a otra zona de conflicto: la decoración de su casa.
de dos semanas armoniosas. El juicio se llevó a cabo por una cuestión Describiendo el m o d o en que emprendían la tarea, la mujer explicó,
más bien trivial, «sólo para ver cómo era». con una ligera expresión de disgusto: «Yo rasco la pintura vieja de las
Sin duda, el éxito de intervenciones de este tipo depende de la bue- paredes, él sigue con el trabajo, y después tengo que limpiar todo lo
na relación que pueda establecerse entre el terapeuta y el cliente indivi- que él ensucia».
dual o la familia. También es importante la cuestión de la relación de Sería posible definir este cambio de tema c o m o resistencia, y tra-
compra. ¿Apunta la intervención a algún aspecto de la vida del cliente tar de que la pareja volviera a concentrarse en su vida sexual. También
o la familia investido emocionalmente, estando también investida la posi- sería posible considerar las palabras de la mujer c o m o un comenta-
bilidad de solución? Si éste no es el caso, es improbable que los clien- rio metafórico acerca de que había llegado a ver el acto sexual como
tes sigan las sugerencias y, entonces, las pautas no se modificarán. una tarea doméstica, y tratar de ayudar a la pareja a percibir esta cone-
xión, con lo cual la terapia volvería a enfocar la vida sexual. Otro enfo-
que consistiría en aceptar la metáfora y discutir con los jóvenes las solu-
ciones posibles del problema que rodea a la decoración del hogar. De
tener éxito, este enfoque podría llevar a la pareja al inicio de una reso-
lución del problema sexual, sin que se vieran obligados a discutirlo (o,
quizá con mayores probabilidades, tomarían conciencia de él en algún
nivel, pero o p t a n d o p o r ayudar a crear el mito de que la discusión se
refería a la decoración de casa). Este capítulo trata sobre el último de
estos enfoques.
EL USO DE LA ANALOGÍA
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 151
150
ponde. Le habló también del tiro con arco, describiendo la compleja
SOBRE LA ANALOGÍA
coordinación de los muchos músculos del ojo necesaria p a r a apuntar
Erickson y Rossi sostienen que «Puede entenderse que la analogía la flecha con eficacia. Todas estas analogías tenían un t e m a común, el
y la metáfora, así como los chistes, ejercen sus poderosos efectos a tra- del control automático de los músculos, que era precisamente lo que
vés del... mecanismo de activas pautas asociativas inconscientes y ten- el niño necesitaba utilizar para no seguir mojando la cama.
dencias de respuesta que de pronto se suman para p r e s e n t a r ante la Las analogías m á s simples y básicas son las que establecen refe-
conciencia un dato o respuesta conductual aparentemente "nuevos"» rencias cruzadas entre distintos sentidos, técnica ésta m u y utilizada
(Erickson y otros, 1976, pág. 226). Koestler ha sugerido que «la satis- por los poetas. Por ejemplo, «una sonrisa cálida», «un silencio pesa-
facción estética derivada de la metáfora, la imaginación y otras técni- do», «una melodía brillante», «un humor sombrío». Koestler observa
cas relacionadas... depende del potencial emotivo de las matrices que que «...los potenciales emotivos de las modalidades sensoriales —vis-
entran en el juego» (1975, pág. 321). En otras palabras, cuanto más ta, oído, olfato, tacto— difieren ampliamente en las distintas personas»
evocadoras son las asociaciones producidas por lo denotado o conno- (1975, pág. 321).
tado en la analogía, mayor será el potencial creativo. Grinder y Bandler (1981) señalan las ventajas terapéuticas de adop-
Siempre que una cosa se asemeja a otra, o que se habla de ella como tar inicialmente el modo preferido del cliente. La atención cuidadosa
si fuera otra, hay involucrada una analogía. «Parece que hemos llega- al tipo de imágenes utilizadas por las personas revela pronto cuál es su
do a un callejón sin salida en esta discusión.» «Tu sonrisa es como el sistema representacional preferido. Por ejemplo, quizá un hombre diga:
sol del verano.» Estas frases son de uso común, y de hecho, tan comu- «He pasado años construyendo mi vida; ahora todo se ha derrumba-
nes, que a veces no las reconocemos como analogías. Son recursos para do, todo está en pedazos, lo único que veo es devastación». Responderle
arrojar una luz diferente sobre un tema. Sabemos lo que es un callejón «Usted se siente vacío, siente que todo le pesa», o «Por lo que oigo, ya
sin salida en el transito en la ciudad, de modo que entendemos la ana- nada le suena positivo», implica introducir sistemas representaciona-
logía cuando se utiliza esta expresión para caracterizar u n a discusión. les diferentes; las imágenes no corresponden al modo que tiene ese indi-
Hemos experimentado el sol del verano, de modo que podemos ima- viduo de articular su mundo, según surge de las palabras que él recoge.
ginar el brillo y la calidez de u n a sonrisa comparada con él. La analo- Una respuesta más congruente podría ser: «Usted quiere volver a
gía nos ayuda a utilizar aptitudes y comprensiones de un ámbito de integrar su vida, ve todos los fragmentos a su alrededor, pero es como
nuestra experiencia p a r a e n c a r a r de otro modo o c o m p r e n d e r y dar si hubiera perdido el manual de reparaciones, y las piezas ya no pare-
sentido a otras zonas vivenciales. cen encajar entre sí». Grinder y Bandler dicen que las p e r s o n a s que
Por ejemplo, Milton Erickson, en su tratamiento de un niño que e n t r a n en terapia tienden a m e n u d o a quedar fijadas con u n o u otro
mojaba la cama, utilizó analogías para obtener acceso a aptitudes que m o d o representacional. Y agregan que la simple introducción de otros
ese niño había desarrollado en otros contextos, a fin de que las apli- modos, que se vayan superponiendo gradualmente con su m o d o pre-
cara a resolver ese problema. Descubrió que el niño j u g a b a al béis- ferido, puede generar cambios internos. Por ejemplo, en el caso del
bol, y se explayó d u r a n t e un lapso prolongado sobre el fino control h o m b r e mencionado, sería posible continuar diciendo: «Es c o m o si
muscular necesario para ser un buen jugador de ese deporte. El lan- usted estuviera sentado en medio de los fragmentos de su vida. Iniciar
zador debe abrir y cerrar la m a n o enguantada en los momentos exac- el trabajo de reconstruirlos debe parecerle una carga muy pesada; dema-
tos. Para arrojar la pelota, tiene que soltarla con idéntica precisión; si siado para llevarla solo». El terapeuta ha pasado de lo visual a lo kines-
lo hace demasiado pronto o demasiado tarde, el tiro irá donde él no tésico, y, a continuación, el h o m b r e podría explorar su problema por
quiere que vaya. Después, Erickson le habló al niño sobre su tracto vías mentales diferentes, lo cual posiblemente le daría acceso a una
digestivo y el modo en que la comida entra en una c á m a r a donde los g a m a más amplia de conexiones y asociaciones internas.
músculos de ambos extremos se cierran durante el tiempo adecuado,
v se relajan y permiten que la comida pase a otra cámara cuando corres-
152 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
EL USO DE LA ANALOGÍA
153
ANÉCDOTAS, PARÁBOLAS Y RELATOS
ron otras familias; la gata estaba inconsolable, y pasaba hora tras hora
maullando, buscándolos por la casa. ¿Qué le aconsejaban? La hija con-
A lo largo de la historia se han utilizado anécdotas, parábolas y rela-
testó enseguida: «No la eche». La madre dijo: «Lo q u e ella quiere es
tos para enseñar, embellecer, explicar, enriquecer, alentar el pensa-
m u c h o a m o r y seguridad». Cuando se sugirió que el problema podría
miento creador y, a veces, para desconcertar. En este método, los ras-
tener algo que ver con el hecho de que la gata debió empeñarse más de
gos significativos del argumento y las facetas de las relaciones entre los
lo normal en que sus dos crías eran débiles, la m a d r e comentó: «Algunas
participantes o c o m p o n e n t e s del relato d e b e n o b t e n e r u n a corres-
de nosotras, las madres, a veces no queremos soltar a nuestros hijos».
pondencia analógica directa con los hechos y relaciones de impor-
Al final de la sesión siguiente el terapeuta dijo que, para su sor-
tancia para el oyente, y con la situación de él o ella.
presa, no había necesitado hacer nada. Los gatitos, entregados a fami-
La analogía puede usarse directamente para amplificar algo que el
lias vecinas, habían vuelto en momentos distintos a visitar a la madre.
terapeuta quiere transmitir. Por ejemplo, en una terapia matrimonial
Como si ya tuviera la seguridad de que la seguían a m a n d o , la gata se
la mujer se quejó de que el «malhumor» del esposo hacía la conviven-
había calmado; de hecho, si se quedaban demasiado tiempo los empu-
cia muy difícil. No tenía la menor esperanza de que el hombre pudie-
jaba a irse a sus propios hogares. El hijo observó: «De modo que ellos
ra cambiar de personalidad, y por momentos también desesperaba del
encontraron su propia solución». Una fotografía de la gata sirvió para
matrimonio. En la discusión que siguió, descubrimos que la mujer era
que la familia prestara más atención a la historia que se les contaba.
entrenadora de caballos, muy renombrada por su habilidad para tra-
El empleo de ésta y otras metáforas le permitió al terapeuta explo-
bajar con ejemplares difíciles. Se la desafió a que pensara en el esposo
rar los temores de esta madre, el miedo a ser abandonada por sus hijos,
como en un caballo difícil (ella dijo que en realidad era una mula).
una cuestión que habría negado y habría r e h u s a d o discutir en un son-
¿Cómo abordaría esa situación? Respondió enseguida con una lista de
deo m á s abierto.
los principios que utilizaba con los caballos: por ejemplo, ser coherente,
no enojarse con el animal, basarse en cambios pequeños, etcétera. Con La analogía utilizada sugirió rasgos más optimistas, que no hubie-
un poco de ayuda, llegó a ver de qué modo podía aplicar esos princi- ra sido fácil introducir abiertamente. En este caso, el terapeuta nun-
pios a su marido «difícil». ca estableció explícitamente una conexión entre la anécdota y las cir-
cunstancias de la propia mujer.
Por otra parte, la analogía puede utilizarse de un modo más indi-
recto. La ventaja de usar anécdotas y relatos de esta manera consiste Una joven sola de 25 años, con tres hijos de tres padres distintos,
llamó p o r teléfono considerablemente angustiada, pidiendo una cita
en que así se p u e d e n eludir las «tendencias» m e n t a l e s conscientes.
urgente. Pero en la terapia, aunque aludió brevemente a haber pasado
Por ejemplo, una mujer abandonada muchos años antes por el espo-
una infancia m u y difícil y traumática, no presentó signos de malestar
so, había luchado p a r a criar a dos hijos con dificultades de aprendi-
ni indicación alguna de la razón por la que había solicitado una entre-
zaje, un varón y u n a niña, que ya eran adolescentes y les faltaba poco
vista urgente. Cuanta más clarificación buscaba el terapeuta, más tran-
para terminar sus estudios. A esta mujer parecía resultarle muy difí- quila y sosegada parecía ella. Los tres niños j u g a b a n juntos en el sue-
cil tolerar cualquier signo de independencia en los jovencitos, aun- lo, con toda tranquilidad.
que se había quejado interminablemente a u n a sucesión de terapeutas
De pronto, el terapeuta les preguntó si conocían el cuento de la pati-
de que sus hijos no crecían ni actuaban con responsabilidad. Aparen-
ta fea. Lo h a b í a n oído en la escuela. El terapeuta se extendió en expli-
temente, lo que ella más temía era que, habiendo sacrificado gran par-
caciones sobre el m o d o en que la patita fea había r o d a d o de un lugar
te de su vida a educarlos y criarlos, ellos la abandonaran en cuanto fue-
a otro, p e n s a n d o que no existía ningún lugar p a r a ella, y finalmente
ran independientes. Como a los miembros de esta familia les gustaban
había d e s e a d o m o r i r . A medida que el t e r a p e u t a h a b l a b a , la mujer
mucho los animales, hacia el final de u n a sesión el terapeuta les pidió
comenzó a demostrar una zozobra creciente, y t e r m i n ó gritando entre
consejo sobre su gata, que había dado a luz dos garitos anormalmente
lágrimas: «...¡y me esforcé tanto para que esta última relación no fra-
débiles. Después los gatitos crecieron, se fortalecieron, y se los lleva-
casara!». La sesión continuó como si, en lugar de haberse hablado de
154 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EL USO DE LA ANALOGÍA
155

la patita fea, se hubieran estado examinando las experiencias de inse- prendieron, porque a ellos les había llevado m u c h o tiempo adquirir esa
guridad y rechazo de la propia mujer. El cuento era lo bastante simi- habilidad. Erickson dijo que él sabía que el cuerpo podía aprender con
lar a sus propios traumas como para desencadenar u n a clara respues- mucha rapidez. Siguió hablando sobre un p r o g r a m a de televisión que
ta afectiva. había visto la noche anterior, acerca de u n a tribu de n ó m a d a s de Irán
que llevaban varias prendas de vestir superpuestas, bajo el caluroso sol
del desierto, p e r o no parecían sentirse i n c ó m o d o s . A m e d i d a que la
UTILIZANDO LAS APTITUDES NATURALES DEL CUERPO sesión avanzaba, contó diversas historias que ilustraban la capacidad
de las personas para habituarse a cualquier estímulo constante de modo
Una mujer recurrió a la terapia porque padecía verrugas persis- que, al cabo de un tiempo, aprendían a dejar de sintonizarlo. «Lo que
tentes, localizadas sobre todo en las manos. Un dermatólogo la había la gente no sabe es que puede perder ese dolor y ese z u m b i d o en los
tratado durante dieciocho meses, o se las extirpó con crioterapia. No oídos... Todos crecemos creyendo que cuando u n o tiene un dolor, debe
obstante, este m é t o d o tenía efectos secundarios desagradables, y las prestarle atención. Y también crecemos creyendo que cuando tenemos
verrugas seguían reapareciendo. Pidió hipnosis, pues le habían dicho zumbido en los oídos hay que seguir escuchándolo» (Erickson y Rossi,
que de ese modo se curan las verrugas. Después de ayudarla a entrar 1979, pág. 105).
en trance, el terapeuta le habló sobre las acequias utilizadas en Arizona ' Una mujer fue derivada para el tratamiento de u n a «fobia al emba-
para hacer llegar agua a las plantaciones, con u n a tubería para cada razo». Se descubrió que antes había estado e m b a r a z a d a y al borde de
surco. Cuando se retiraba la tubería del surco, el sol del desierto que- la muerte varias veces durante y después del embarazo, debido al asma
maba las malezas, que eran más vulnerables que los cultivos. Del mis- y la bronquitis. Ese mes se había atrasado su período, por lo cual esta-
mo modo, se le dijo, el cuerpo sabía regular el flujo sanguíneo y reti- ba angustiada, y padecía dificultades concomitantes p a r a respirar. Se
rarles el riego sanguíneo a las verrugas, manteniendo viva la piel. Se le le dijo que, a juicio del terapeuta, ella no tenía u n a fobia, sino un mie-
encargó la tarea de sumergir los pies en el agua más caliente que pudie- do realista, y se le sugirió la hipnosis para ayudarla a «respirar mejor».
ra soportar durante quince minutos, y después reemplazarla por el agua Después de inducir el trance, el terapeuta le recordó que probablemente
más fría que tolerara, durante otros quince minutos. Con éstas y otras tenía experiencia de la relajación m u s c u l a r a u t o m á t i c a en un b a ñ o
analogías (por ejemplo el proceso automático del rubor, el modo en caliente. Sugirió u n a disociación corporal completa, así como levita-
que la sangre confluye en la zona digestiva después de comer, etcéte- ción de la m a n o (las dos experiencias suponían control muscular auto-
ra) se procuró ayudar a esta mujer a transferir su aptitud para modi- mático). Se refirió a un anuncio televisivo de un m e d i c a m e n t o p a r a
ficar el flujo sanguíneo a la eliminación de las verrugas. Tres sesiones la respiración, muy difundido, que mostraba «tubos bloqueados» abrién-
de este tipo de tratamiento bastaron para eliminarlas, y el seguimien- dose, y los músculos que los rodeaban relajándose. Le dijo a la mujer
to regular durante varios años indicó que no se había producido recu- que, ya antes, su c u e r p o había puesto fin a a t a q u e s de bronquitis y
rrencia. asma, de m o d o que, en razón de ésas y otras experiencias, sabía rela-
Un hombre solicitó la ayuda de Milton Erickson p o r un dolor per- jar los músculos bronquiales. La cliente concurrió a varias sesiones,
sistente en u n a pierna que le había sido amputada. La esposa informó experimentando un alivio significativo. También había descubierto que
que ella tenía tinnitus (zumbido en los oídos). Erickson empezó la sesión no estaba embarazada. Después de experimentar esa mejoría, ella y su
hablándole a la pareja de su época del instituto, en la que había pasa- esposo decidieron tener el otro hijo que deseaban. Visitó regularmen-
te al terapeuta durante el embarazo (en busca de «inyecciones de refuer-
do u n a noche durmiendo en el suelo de u n a fábrica de calderas suma-
zo»), y no volvió a padecer ninguna de las anteriores dificultades res-
mente ruidosa. En el transcurso de esa noche, mientras dormía, había
piratorias.
aprendido a no percibir el ruido de la fábrica; p o r la m a ñ a n a , podía
escuchar a los obreros conversando en un tono normal, algo que era
totalmente imposible para él la noche anterior. Los trabajadores se sor-
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EL USO DE LA ANALOGÍA
156 157

LA METAFORA M E D I A N T E LA ACCIÓN Los a u t o r e s dicen que «una débil sonrisa, m i e n t r a s el terapeuta


hablaba, sugirió que ellos (la pareja) estaban escuchando entre líneas...».
Minuchin y Fishman describen de qué modo, en la terapia de una
familia con una niña anoréxica de 14 años, el doctor Minuchin había
llegado a pensar cada vez más que los miembros de la familia utiliza- TAREAS METAFÓRICAS
ban a la jovencita para expresar muchas de las cosas que no podían o
no estaban dispuestos a decirse unos a otros. Minuchin le manifestó a De S h a z e r describe una familia en la que m a d r e e hija discutían
la n i ñ a : continuamente, y el padre trataba siempre de ser «justo» con ambas
p a r t e s . Se e n c a r g ó a la familia que e n c o n t r a r a un l u g a r aislado, al
...Gina, estás atrapada porque le dices a tu padre el tipo de cosas que que iban a dirigirse en silencio. Madre e hija se enfrentarían después
piensas que le quiere decir tu madre, y tú amplificas la voz de ella. Le en una lucha con pistolas de agua. El padre a c a r r e a r í a el agua y ten-
estás diciendo a tu mamá el tipo de cosas que sabes que le dicen tu abue- dría que decidir, con la mayor justicia posible, quién era la ganadora
la y tu padre. De modo que en esta familia eres la voz de todos. No tie- de cada asalto. La vuelta a casa también debía realizarse en silencio. A
nes una voz propia. Eres el muñeco del ventrílocuo. ¿Has visto alguna medida que la familia sentía más ganas de reírse ante el encargo, las
vez a un ventrílocuo? Siéntate en la falda de tu madre o de tu abuela. disputas se fueron reduciendo, hasta que dejaron de constituir un pro-
Sólo por un momento, siéntate en su falda. (Gina se sienta en la falda blema (de Shazer, 1980).
de la abuela.) Ahora dile a tu madre cómo tiene que cambiar, pensando
De Shazer advierte que
como tu abuela (Minuchin y Fishman, 1981, págs. 132-138).
...las familias pueden aceptar estas tareas aparentemente absurdas
Al pedirle a la niña que se sentara en la falda de la abuela y actua-
cuando son metáforas de la pauta de la queja real, y están cuidadosa-
ra como un m u ñ e c o de ventrílocuo, Minuchin produjo una metáfora mente diseñadas para que se adecúen a la manera de cooperar peculiar
brillante y poderosa. Al elegir la falda de la abuela, formuló también de esa familia. Cualquier signo de que la familia rechaza el encargo
un enunciado enérgico sobre la estructura de la familia y el papel de significa que el terapeuta no ha encontrado el modo de cooperar de la
esa abuela en su desarrollo. Aunque el libro no dice cuál fue el resul- familia, y que, por lo tanto, debe abordar la intervención planeada... (de
tado de la intervención, resulta difícil imaginar que u n a experiencia Shazer, 1980, pág. 475).
tan dramática pudiera no haber tenido efecto en la familia.
Bodin y Ferber h a n descrito u n a visita al hogar, en el transcurso de
la terapia, de u n a pareja «singularmente inexpresiva, sexualmente inhi- « H E CONOCIDO UNA FAMILIA QUE...»
bida». Al ver un ó r g a n o en un rincón de la h a b i t a c i ó n , y descubrir
que la mujer estaba interpretando algo, aunque de un m o d o un tanto Referirse a las experiencias de otras familias, en particular aque-
solemne y tímido, el terapeuta llas que h a n logrado progresar con un p r o b l e m a semejante, ayuda a
las personas a ver que no son las únicas que tienen dificultades, y tam-
...se manifestó sorprendido de que una mujer tan preocupada por bién estimula la esperanza cuando ya han fracasado otras formas de
hacer bien las cosas no explorara sistemáticamente los efectos de cada
aliento y reafirmación. A veces el terapeuta, revelando aspectos de sus
tecla, en sí misma y en diversas combinaciones... Se le pidió que conti-
propias experiencias o de las experiencias de su familia, puede intro-
nuara introduciendo esos elementos adicionales, por turno, pero, en cada
caso, sólo después de haber disfrutado plenamente la experiencia de dejar ducir nuevas conexiones para sus clientes, a u n q u e debe tener cuidado
que sus dedos palparan el órgano mientras saboreaba su tono... (1972, de que éstos no lo experimenten a él como jactándose de un modo que
págs. 297-298). subraya la s e n s a c i ó n de fracaso de esas p e r s o n a s con p r o b l e m a s . A
veces, un relato sobre la estructura de otra familia o sus experiencias
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
158
12. LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
m e n o s exitosas incita a los clientes a d e m o s t r a r con sus actos que el
terapeuta se equivoca si da p o r sentado que ellos van a ser como los
protagonistas del cuento.
Finalmente, muchas de las acciones del terapeuta portan también
mensajes metafóricos, haya sido la intención deliberada o inconscien-
te. Por ejemplo, en un nivel básico, el modo en que él o la terapeuta vis-
ten, en que está ordenado y decorado el consultorio, las fotografías,
certificados o cuadros colgados de las paredes, la manera en que el pro-
fesional se presenta y aborda al cliente individual o la familia, llevan
«Creo que iremos a conocerla», dijo Alicia, pues, aunque las
mensajes potenciales que pueden influir en la experiencia que se tiene flores eran bastante interesantes, le parecía mucho más maravi-
del contacto con él. lloso conversar con una verdadera Reina.
«Es posible que no puedas hacer eso», dijo la Rosa. «Te acon-
La metáfora permite que los terapeutas aborden dimensiones úni- sejo que vayas en sentido contrario.»
cas del sistema, acrecentando así las probabilidades de conexión con Esto le pareció insensato a Alicia, de modo que no dijo nada,
aspiraciones y dificultades que están fuera de la percepción consciente pero de inmediato se dirigió hacia la Reina Roja. Para su sorpre-
sa, la perdió de vista en un momento, y se encontró caminando de
del cliente... La metáfora hace más elegante e interesante el proceso de nuevo junto a la puerta principal.
aprendizaje, libera a las personas para que respondan de modos que sien- Un poco irritada, retrocedió y, después de buscar por todos
ten adecuados para ellas, incluso modificando o rechazando una pauta lados a la Reina (a la que finalmente descubrió muy lejos), pen-
sugerida. Lo mismo que en los otros procedimientos terapéuticos, el uso só en hacer la prueba de caminar en la dirección opuesta.
de la metáfora en el trabajo con las pautas le permite al terapeuta ade- Tuvo un éxito maravilloso. Aún no había andado ni un minu-
cuar la experiencia terapéutica a las necesidades de su cliente (Combs to cuando se encontró cara a cara con la Reina Roja, y con una
y Freedman, 1990, pág. 85). visión plena de la colina, a la que durante tanto tiempo había aspi-
rado.
A través del espejo, LEWIS CARROLL

Las intervenciones paradójicas han fascinado a m u c h o s terapeu-


tas, les h a n planteado dilemas éticos a algunos, y h a n enfurecido a otros.
En este capítulo consideraremos brevemente la historia de su uso, exa-
m i n a r e m o s algunas de sus conceptualizaciones, y también expondre-
mos lo que pensamos ahora sobre este enigmático modo de intervenir.
S o n m u c h o s los diversos enfoques t e r a p é u t i c o s (por ejemplo, el
existencial, el conductista, el psicoanalítico, el interaccional y el estra-
tégico) que h a n utilizado las intervenciones definidas como paradóji-
cas y, en general, cada uno de ellos tiene su propia teoría acerca de la
justificación y el funcionamiento de estos métodos. Watzlawick y otros
han definido la paradoja como «una contradicción que se sigue de una
deducción correcta a partir de premisas coherentes» (1967, pág. 188).
No es nuestra intención explorar su naturaleza formal. Sin embargo,
en el nivel p r a g m á t i c o , en lo que concierne a la terapia, la paradoja
LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 161

Se puede considerar que el empleo de técnicas paradójicas data casi


supone una comunicación explícita o implícita, pero clara, dirigida a
d e p r i n c i p i o s d e siglo ( a u n q u e p r o b a b l e m e n t e e s m u y a n t e r i o r ) .
un cliente e insertada en otra comunicación enmarcadora que la con-
Mozdzierz, Maccitelli y Lisiecki h a n demostrado que m u c h a s de las
tradice, de modo que se produce un dilema. Para obedecer a una de las
técnicas de Alfred Adler teman una intención paradójica (Mozdzierz y
comunicaciones hay que desobedecer a la otra. Por ejemplo, Watzlawick
otros, 1976). En la década de 1920, Dunlap desarrolló un enfoque deno-
y otros señalan que la paradoja m á s común de la comunicación huma-
m i n a d o «práctica negativa», que involucraba, precisamente, la prácti-
na es el requerimiento de que otra persona (o uno mismo) produzca
ca activa de síntomas tales c o m o comerse las u ñ a s , el t a r t a m u d e o y
una cierta respuesta emocional, actitudinal o conductual que, por otro
la enuresis en condiciones prescritas, con la intención de q u e estos
lado, solo será posible si aparece espontáneamente. Por ejemplo: «Me
h á b i t o s cesaran (Dunlap, 1928, 1930). En los a ñ o s 30, F r a n k l desa-
gustaría que quisieras ser más independiente». La comunicación clara
rrolló la técnica de la «intención paradójica», en la cual se estimula-
de « s e r espontáneo» está insertada en una comunicación enmarcadora
ba a pacientes fóbicos u obsesivos a tratar de provocar sus síntomas,
igualmente clara que reclama obediencia (pág. 199). Estas dos comu-
en lugar de evitarlos (Frankl, 1969, 1970). A principios de la década de
nicaciones, juntas, sólo pueden producir confusión o parálisis, a menos
1950, trabajando con psicóticos agudos, Rosen los incitaba a a c t u a r o
que el sujeto del requerimiento p u e d a señalar la naturaleza irresolu-
a r e p r e s e n t a r sus estados psicóticos m á s floridos y, p o s t e r i o r m e n t e ,
ble de la situación (por lo general, cuanto más difícil es la acción de que
después de producida la mejoría, prescribía un retorno a tales estados
se trata, más dependiente, insegura o amenazada se siente la persona
(1953).
en la relación), o encuentre algún modo de abandonar el campo (a veces
esto es extremadamente difícil, y otras casi imposible). En una bibliografía sobre los métodos paradójicos, Weeks y L'Abate
se refirieron al crecimiento exponencial de los artículos y capítulos
A m e n u d o , las técnicas paradójicas h a n sido confundidas con (o
de libros acerca de este tema, y desde entonces (1978) ese crecimiento
consideradas sinónimos de) la confrontación o el desafío. Hay una con-
ha d a d o pocas muestras de volverse m á s lento.
frontación o desafío cuando se espera que el cliente responda de modo
En el último p a r de décadas, quizá las figuras m á s influyentes en
directo, motivándose para demostrarse a sí mismo, demostrarle al tera-
este c a m p o hayan sido Haley (1963, 1973), el personal del Centro de
peuta o a alguna persona o personas, que cierta dificultad puede enfren-
T e r a p i a Breve del I n s t i t u t o de Investigación Mental de P a l o Alto,
tarse o vencerse, que el otro está equivocado, o que nadie va a darle
California (Fisch y otros, 1982; Watzlawick, 1978; Watzlawick y otros,
órdenes. Todas estas técnicas envuelven u n a comunicación directa,
1967, 1974; Weakland y otros, 1974), Palazzoli y otros, del Centro p e r
incluso quizá provocadora, p o r parte del terapeuta, pero no una comu-
lo Studio della Famiglia de Milán (Palazzoli y otros, 1978), y Milton
nicación paradójica.
E r i c k s o n (Erickson y Rossi, 1979; Haley, 1967b, 1973; Rossi, 1980).
Las técnicas paradójicas en la terapia pueden definirse como las
Una de las técnicas paradójicas m á s comunes y mejor conocidas ha
intervenciones en las que el terapeuta, con á n i m o de ayudar, parece
sido la prescripción del síntoma. Al paciente o a la familia se les acon-
promover la continuación o incluso el empeoramiento de los problemas,
seja o se les instruye p a r a que continúen con las conductas sintomá-
en lugar de su revisión. Se inserta un m a n d a t o claro de m a n t e n e r o
ticas o asociadas por el síntoma, o que las incrementen, lo que se expli-
e m p e o r a r un problema, o de h a c e r m á s lenta alguna mejoría, en una
c a c o m o u n m o d o d e resolver e l p r o b l e m a con m a y o r r a p i d e z .
igualmente clara comunicación e n m a r c a d o r a que define el contexto
Watzlawick y otros dicen que esta técnica le plantea al paciente el dile-
como destinado a ayudar a resolver el problema. Se ha informado que
ma de h a c e r voluntariamente lo que p o r lo general se sostiene q u e es
este método tiene éxito con síntomas tales como las fobias y las obse-
involuntario. «La conducta sintomática ya no es espontánea... algo rea-
siones (Frankl, 1970), los tics (Yates, 1958), los celos en las parejas
lizado "porque no puedo evitarlo", y la misma conducta, e m p r e n d i d a
(Teismann, 1979), los dolores de cabeza (Gentry, 1973), las rabietas
" p o r q u e m i terapeuta m e l o dijo", n o podría ser m á s diferente»
(Breunlin y otros, 1980), la anorexia y la encopresis (Palazzoli y otros,
(Watzlawick y otros, 1967, pág. 237). También es posible «prescribir»
1974), y con las familias de los «esquizofrénicos» y las «anoréxicas»
la c o n d u c t a sintomática c o n la explicación de que p r o c u r a evitar la
(Palazzoli y otros, 1975, 1978).
LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
162 GUlA BREVE DE TERAPIA BREVE 163

ción del propio paciente sobre él mismo o su problema—, aceptándo-


posibilidad de que, si el problema original desaparece, surja otro pro-
la o exagerándola». P o r ejemplo, Watzlawick y otros se refieren a un
blema diferente o peor, en el paciente o entre sus íntimos.
joven alumno de instituto, que poco antes había sido d a d o de alta de
Michael R o h r b a u g h y sus colegas h a n diferenciado las prescrip-
u n a institución psiquiátrica en la que le h a b í a n i n t e r n a d o d e s p u é s
ciones basadas en la obediencia (en las que se pide u n a continuación
de un episodio psicótico, paciente cuya ambición utópica era influir
o incremento de las conductas sintomáticas, con una expectativa razo-
sobre el m u n d o occidental por medio de la música.
nable de que el paciente intentará cooperar con el terapeuta), y las pres-
cripciones basadas en el desafío (en las que se espera que el paciente [El] también quería estudiar agricultura para utilizar los métodos
desafíe, abierta o e n c u b i e r t a m e n t e , el requerimiento del terapeuta) agrícolas chinos, a fin de alimentar a las masas hambrientas del mundo.
(Rohrbaugh y otros, 1977, 1981). La eficacia de las prescripciones basa- Cuando el terapeuta se manifestó en principio de acuerdo con esas metas,
das en la obediencia se atribuía a que el paciente intenta obedecer y le pero las encontró insuficientemente importantes, el paciente respon-
resulta imposible hacerlo, o experimenta la obediencia como una orda- dió empezando a hablar de un plan mucho menos ambicioso, a saber:
lía aversiva. Las prescripciones basadas en el desafío pueden ser efi- entrar en una institución de transición... Utilizando sistemáticamente
caces porque el paciente se resiste o rebela contra la prescripción, y, esta técnica, el terapeuta pudo hacer descender el diálogo a niveles cada
p o r lo tanto, reduce o renuncia a las conductas sintomáticas. Para ayu- vez más prácticos (Watzlawick y otros, 1974, págs. 153-154).
d a r a determinar qué tipo de prescripción hay que usar, se empleaba
Cade y Southgate describen el tratamiento exitoso de u n a m a d r e
la teoría de la reactancia psicológica de Brehm (1966). Dos eran los
sola, obesa, deprimida e «inadecuada». El terapeuta, con un espíritu
parámetros considerados importantes: primero, la medida en que el
de preocupación bondadosa, subrayaba c o n t i n u a m e n t e las listas de
paciente tendía a ser renuente o antagónico a la terapia y, segundo,
declaraciones negativas o críticas que la mujer no dejaba de hacer acer-
la medida en que el paciente veía el síntoma como en gran medida fue-
ca de sí misma; validaba sus razones para desesperar, sugiriendo que
ra o dentro de su propio control. Rohrbaugh y otros propusieron que,
las cosas e r a n i n c l u s o peores de lo que ella a d m i t í a , y le advertía
cuando la oposición es baja y el paciente ve sus síntomas como fuera
que no intentara demasiado, ni con demasiada rapidez (Cade y South-
de control, lo indicado son las prescripciones basadas en la obedien-
gate, 1979). (Resulta interesante señalar que, en u n a visita posterior de
cia. Si la oposición es alta y el paciente ve sus síntomas como poten-
seguimiento, la mujer identificó la «franqueza» del terapeuta como la
cialmente controlables, entonces corresponden las prescripciones basa-
faceta m á s importante y útil de la terapia.)
das en el desafío. Cuando la oposición es baja y los síntomas se con-
sideran controlables, se entiende que los enfoques paradójicos son inne- Fisher, Anderson y Jones distinguieron tres clases de estrategia para-
cesarios. La oposición alta con síntomas considerados incontrolables dójica:
representa, según estos autores, la combinación m á s difícil de tratar,
a menos que pueda suscitarse cierto grado de obediencia de algún modo A. La redefinición. Es el intento de modificar el significado o la
interpretación atribuidos a los síntomas; se la considera suma-
(Rohrbaugh y otros, 1977, 1981).
mente apropiada con familias que presentan a l g u n a capacidad
Tennen clasificó las paradojas bajo tres encabezamientos: de pres-
para la reflexión y la comprensión. Por ejemplo, u n a joven madre
cripción, de restricción, y de posicionamiento (1977). Cuando restrin-
sola se quejaba de que el hijo, cuando ella llevaba a algún ami-
ge, el terapeuta desalienta el cambio o niega la posibilidad de que se
go al hogar, se comportaba de modo atroz, gritando, y a veces
produzca. «Por ejemplo», explica Tennen, «el terapeuta puede decirle
m o s t r á n d o s e agresivo c o n el h o m b r e y n e g á n d o s e a dejarlos
al paciente que "vaya despacio", o subrayar los peligros de la mejoría.
solos. Al final de la p r i m e r a sesión, el t e r a p e u t a definió a este
En casos escogidos, puede incluso sugerir que la situación es desespe-
niño como extremadamente sensible y consciente del t e m o r de
rada». Esta última técnica sólo sería la indicada con pacientes muy la madre a volver a quedar involucrada emocionalmente, y a ser
oposicionales. El p o s i c i o n a m i e n t o era descrito c o m o un intento de herida c o m o la había herido el padre de él. Las «malas» con-
«cambiar la "posición" de un problema —por lo general, u n a afirma-
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
164 165

ductas de la criatura eran un intento de protegerla de los hom- también, si resultaba apropiado, de los miembros de la familia que eran
bres, ahuyentándolos. Sólo un hombre que «realmente» ama- las víctimas aparentes. Para todas las actitudes y conductas, la conno-
ra a esa mujer se quedaría con ella a pesar de tales provocacio- tación positiva proponía motivos cuyo núcleo era la unidad y estabi-
nes. En la sesión siguiente, la madre informó de u n a gran mejo- lidad del grupo familiar. Suponía la aprobación de los motivos sub-
ría en la conducta del niño. yacentes en esas conductas, uniendo a los m i e m b r o s de la familia de
B. La escalada. Éste es un intento de crear u n a crisis o de aumen- un modo tal que «ellos resultaban complementarios en relación con el
tar la frecuencia de la conducta sintomática. Los autores des- sistema, sin ninguna connotación moralista, evitando así trazar líneas
cribieron una familia en la que la hipocondría del marido apa- divisorias e n t r e los m i e m b r o s del grupo» (Palazzoli y otros, 1978,
rentemente m a n t e n í a una pauta familiar m á s bien enredada. pág. 61). Sólo definiendo de modo positivo la parte de cada miembro
A este hombre se le dio la instrucción de que registrara por escri- en el «juego familiar» podía el terapeuta proceder lógicamente a pres-
to todo pensamiento y problema físico, que se tomara la presión cribir este «juego» para, de manera paradójica, facilitar el cambio. Las
y el pulso a intervalos de quince minutos, y se comunicara con intervenciones se basan en una alianza total con las que eran descritas
su médico dos veces al día. Al resto de la familia se le explicó de como tendencias «homeostáticas» de la familia. Implícita o explícita-
modo detallado cómo debían ayudar. Pronto, el hombre «enfer- mente, se prescribía no producir ningún cambio por el momento. Puede
mó» por la rutina, y empezó a volver a t o m a r parte en las acti- verse que el reenmarcado desempeñaba una parte importante en estas
vidades de la familia. La escalada fue descrita como aplicable intervenciones; el rol y las conductas de cada m i e m b r o de la familia
principalmente en familias rígidas con resistencia alta. recibían un nuevo significado (se los enmarcaba c o m o beneficiosos
C. La reorientación. Esto significa cambiar un aspecto de un sín- para la familia como un todo). También se prestaba u n a atención con-
siderable al papel desempeñado por los otros profesionales que habían
toma, prescribiendo, por ejemplo, circunstancias particulares
estado o estaban relacionados con la familia, en el desarrollo y man-
para la conducta sintomática. Llevaron a u n a mujer con «fobia
tenimiento del problema (Palazzoli y otros, 1980b).
a salir de compras» precisamente a «salir de compras», con ins-
trucciones precisas acerca de cuándo debía c o m e n z a r a expe- P a p p también describió las técnicas paradójicas q u e utilizan los
rimentar náuseas y dónde exactamente iba a desmayarse para potenciales de triangulación del enfoque de equipo, con los observa-
evitar a la multitud. Después de media hora, no había experi- dores actuando como «coro griego» que comenta selectivamente el pro-
m e n t a d o p á n i c o en n i n g ú n m o m e n t o y siguió sola, en busca ceso terapéutico y hacen recomendaciones, a m e n u d o de u n a natura-
de un regalo p a r a su hija. Un año m á s tarde no se había expe- leza descriptiva o restrictiva (Papp, 1980). Breunlin y Cade describie-
rimentado recurrencia de los síntomas. Se describió esta estra- r o n el empleo de mensajes del observador para intervenir en los siste-
tegia como m á s apropiada con pacientes o familias cooperati- m a s familiares (1981), mientras que Cornwell y Pearson comentaron
vos y de resistencia baja (Fisher y otros, 1981). el grado de cooperación y coordinación necesario para idear tales men-
sajes (1981). Cade elaboró el uso de conflictos fraguados en el equi-
Los primeros trabajos de Palazzoli y otros con familias de «anoré- p o , q u e reflejaban luchas nodales dentro de la familia, c o n la pres-
xicas» o «esquizofrénicos» tuvieron un impacto e n o r m e en el campo cripción de no intentar ningún cambio hasta que el equipo hubiera des-
de la terapia familiar (Palazzoli, 1974; Palazzoli y otros, 1975, 1978, cifrado el dilema, c o m o m o d o de resolver lo q u e p a r e c í a n estanca-
1980a). Desarrollaron un enfoque sistémico utilizando los recursos de mientos terapéuticos (Cade, 1980a). Las indicaciones p a r a la forma-
un equipo e interesándose principalmente por los síntomas como refle- ción de estos equipos y las desventajas y problemas de trabajar de este
jo de las «reglas» del sistema familiar (o de «el juego de la familia»). m o d o fueron explorados por miembros del Instituto de la Familia de
Subrayaron la importancia de asignar una connotación positiva a tales Cardiff, Gales (Cade y otros, 1986; Speed y otros, 1982).
«reglas» familiares, y a la conducta de todos los miembros de la fami- Para la descripción y comprensión de las psicoterapias paradójicas
lia, incluso la del m i e m b r o sintomático, por extravagante que fuera, y no ha habido ningún marco teórico unificado. Watzlawick y otros, apli-
LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 167
166

cando la teoría de los tipos lógicos de Whitehead y Russell (Whitehead alienta al cliente a u n a escalada de la c o n d u c t a s i n t o m á t i c a . E s t a s
y Russell, 1910-1913), propusieron dos niveles de cambio, de primer críticas h a n sido rebatidas por varios autores. Watzlawick y otros (1974)
orden y segundo orden; el primero se refiere a los cambios que no invo- y Haley h a n señalado que toda terapia y toda c o m u n i c a c i ó n involu-
lucran la reorganización del sistema total, y el último a los cambios del cra inevitablemente un mayor o menor grado de manipulación. Puesto
sistema en sí y de sus «reglas» (Watzlawick y otros, 1974). Se consi- que la m a n i p u l a c i ó n es inevitable, dicen que el t e r a p e u t a está ética-
deraba que las técnicas paradójicas salían de las «soluciones intenta- mente obligado a ponerla al servicio del paciente o la familia. Haley
das» de p r i m e r orden, y conducían a las posibilidades del cambio de comenta q u e «la simulación de que sentarse con u n a expresión impa-
segundo orden. Weeks y L`Abate propusieron un enfoque dialéctico sible y responder con monosílabos no influye en las decisiones vitales
para c o m p r e n d e r la naturaleza de la terapia paradójica, utilizando del paciente, ha sido reconocida c o m o sólo u n a simulación» (Haley,
un modelo de la patología basado en el triángulo dramático de Karpman 1976, pág. 200). Desde esta perspectiva, la cuestión no es si hay q u e
(Weeks, 1977; Weeks y L'Abate, 1982). Los miembros de la familia se «manipular» o no, sino cuánto y de qué m o d o será mejor hacerlo en
describían como ligados por los roles de «perseguidor», «rescatador» cada c a s o . Un a r g u m e n t o en contra de esta p o s i c i ó n ha consistido
y «víctima»; las técnicas paradójicas sacaban a luz el engaño del aspec- en diferenciar la influencia y la contrainfluencia inconscientes inevi-
to de impotencia del rol de víctima, y de poder en los roles del perse- tables en todas las relaciones, por un lado, del empleo deliberado de la
guidor y el rescatador, por medio de la prescripción de tales roles. Otros manipulación en que el terapeuta intenta obtener resultados, o abor-
autores h a n acentuado la importancia de las posiciones «inesperadas» dar programaciones que están fuera de la percatación del cliente, p o r
adoptadas por el terapeuta, para romper pautas de creencias y acción el otro. P o r cierto, estamos de acuerdo en que a veces los terapeutas
(Cade, 1991, Palazzoli, 1981). Como ha observado Dell, «la terapia para- breves h a n sido algo frivolos en el empleo de las intervenciones para-
dójica se parece a los "seis personajes" de Pirandello que van en busca dójicas.
del autor, en cuanto sigue siendo un conjunto de técnicas en búsque- Weeks y L'Abate se han referido a la responsabilidad ética de no
da de u n a teoría» (Dell, 1981, pág. 41). utilizar las técnicas paradójicas como artimaña o p o r frustración, cuan-
Algunos autores han intentado elaborar las contraindicaciones para do la terapia se atasca o los pacientes no parecen cooperativos (1982).
el empleo de las técnicas paradójicas. Fisher, Anderson y Jones enu- Estos autores subrayan la importancia de que el terapeuta tome deci-
meran c u a t r o categorías: a) familias caóticas con estructuras laxas y siones responsables, basadas no sólo en la intuición sino también en
variables; b) familias infantiles, en las que todos los miembros, inclu- un juicio analítico cuidadoso. Observan que, en el m o m e n t o en q u e
so los adultos, son muy inmaduros y buscan el cuidado parental del escribían, no tenían noticia de que las técnicas paradójicas hubieran
terapeuta; c) familias impulsivas, con miembros abiertamente hosti- causado un deterioro en algún paciente; lo peor que había sucedido era
les, y d) familias que aceptan las responsabilidades y presentan una que no generaran ningún cambio. Al responder a las críticas sobre el
oposición mínima (Fisher y otros, 1981). Weeks y L'Abate incluyen a «control», señalaron que los pacientes solían atribuir los cambios a sus
los clientes no comprometidos o no involucrados activamente en la propios esfuerzos, con lo cual podían verse de m a n e r a m á s positiva,
terapia, los sociópatas, el paranoide que quizá sienta «el engaño», y los fenómeno acerca del cual encontraron pruebas Frude y Dowling (1980).
casos con potencial conducta destructiva (por ejemplo, con tendencias No obstante, Weeks y L'Abate advierten que, «a pesar del hecho de que
homicidas o suicidas) (1982). Rohrbaugh y otros dicen que estas téc- se h a n comunicado cientos de estudios de casos que demuestran la efi-
nicas están contraindicadas en situaciones de aflicción y pérdida agu- cacia inusual de este enfoque, ha habido m u y poco trabajo empírico
da de estatus (1977). de cualquier tipo» (1982, pág. 219).
El uso de técnicas paradójicas, quizá comprensiblemente, ha sus-
citado p a r a m u c h o s la cuestión de la ética profesional. Hay quienes
h a n c o n s i d e r a d o este enfoque c o m o a b i e r t a m e n t e «manipulativo»,
«controlador» e incluso «deshonesto», y tal vez peligroso, en cuanto
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE LAS INTERVENCIONES PARADÓJICAS
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LA PARADOJA RECONSIDERADA: cientes o menos conscientes a favor del cambio, tiende a responder con
EMPATÍA, NO TRAMPA «sí, pero...» explícitos o implícitos, que reflejan argumentos en contra.
Pero, si sus a r g u m e n t o s en contra son los validados y consolidados,
Nosotros ya no opinamos que las intervenciones paradójicas ope- tienden a responder con «sí, pero...» explícitos o implícitos que refle-
ren c o m o tácticas de poder, como t r a m p a s , o p o r m e d i o de la pro- jan sus argumentos a favor del cambio.
ducción de dobles vínculos terapéuticos con todas las salidas selladas. Empleamos deliberadamente el término «colonización» en cuanto
Es probable que todos experimentemos ambivalencia ante cualquier que, por más bondadoso que sea el colonizador, lo que hace es redu-
desafío significativo a pautas establecidas de p e n s a m i e n t o o acción, cir la autodeterminación y el control de las elecciones por parte del
o ante la necesidad de cambiarlas. Esto ocurrirá, sobre todo, cuando colonizado.
esas pautas se relacionen con las dimensiones m á s importantes para Cuando las personas inician una terapia, a veces se quejan de una
nosotros, por medio de las cuales trazamos distinciones, le damos sen- cierta experiencia o conducta que les gustaría que se produjera con
tido a nuestras experiencias y nos damos sentido a nosotros mismos. menos frecuencia o nunca, y que sienten c o m o inaccesible a su con-
La ambivalencia puede verse como la existencia coincidente de argu- trol; en otros casos, la queja se refiere a alguna experiencia o resulta-
mentos y constructos opuestos que pueden generarse cuando se con- do que les gustaría alcanzar o que se produjera con m á s frecuencia,
templan cambios significativos, y que producirán respuestas afectivas pero que se perciben a sí mismos como incapaces de obtener.
diversas. Algunas de ellas pueden articularse claramente, mientras que Cuando el terapeuta encuentra que, cuanto m á s el cliente intenta
otras quizá existan de un modo más inconsciente o en un nivel más eliminar lo indeseado, más veces se produce, o que, cuanto más el clien-
instintivo. Cuando un terapeuta se identifica d e m a s i a d o claramente te trata de alcanzar un resultado deseado, m á s elusivo parece volver-
con los argumentos a favor del cambio, sea que comunique esta posi- se, puede entonces apelar a algún tipo de intervención paradójica. Pero
ción explícita o implícitamente, es como si colonizara esos argumen- lo que queremos subrayar es que no resulta apropiado tratar de «para-
tos, dejando disponible para el cliente o los miembros de la familia sólo dojizar» a los clientes (o, como alguna vez oímos decir, «deprimirlos
los argumentos en sentido contrario (o los «sí, pero...»), junto con los con u n a paradoja») sólo porque ésta parezca u n a buena técnica que a
afectos concomitantes producidos por tal a r g u m e n t a c i ó n opuesta al veces ha dado resultados. Ahora pensamos que u n a «intención para-
dójica» cooperativa y respetuosa, por lo general totalmente abierta y a
cambio.
veces sugerida con humor (más o menos en el estilo de Victor Frankl)
A la inversa, cuando un terapeuta se identifica con los argumentos
a menudo ayuda a romper el estancamiento (Frankl, 1969, 1970).
a favor de la cautela o contrarios al cambio, y los valida después de
haberse s u m a d o efectivamente a los miembros de la familia, entonces, Ahora, m u y pocas veces o nunca utilizamos intervenciones encu-
en virtud de un proceso similar, a los miembros de la familia, por así biertas y engañosas. No obstante, no pretendemos hacer ningún comen-
decir, sólo le q u e d a n los argumentos opuestos a esas advertencias (o tario santurrón, de alguien «más santo que tú», sobre los antiguos tera-
los «sí, pero...») —es decir, sólo le quedan los argumentos favorables peutas paradójicos. Después de todo, nosotros nos contamos entre ellos.
al cambio. Como hemos señalado antes, las investigaciones sobre la Se trata sólo de que nuestras ideas sobre la terapia h a n evolucionado
persuasión h a n demostrado que los argumentos y contraargumentos con el tiempo. J u n t o con la mayoría de nuestros colegas, ya no vemos
generados p o r nosotros mismos nos convencen con u n a probabilidad la terapia en los mismos términos de antagonismo. Pero en aquellos
m u c h o m a y o r que los argumentos de otros. A n u e s t r o juicio, lo que días vehementes en que la considerábamos así, los terapeutas breves
hemos denominado «estrategia paradójica» tiene el efecto de dar poder obtuvieron considerables conocimientos sobre la aptitud de las perso-
al cliente, por medio del proceso de reconocer sus preocupaciones per- nas para cambiar, aprendieron a respetarla, y t a m b i é n a c u m u l a r o n
fectamente válidas y más temerosas acerca del cambio, dejando des- saber sobre el proceso de la terapia, todo lo cual sirvió de cimiento para
pués que opere sobre la base de sus propios argumentos acerca de la construir la generación actual de colegas.
conveniencia de intentar cambiar. Colonizados sus argumentos cons-
13. E X C E S O Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD:
L A S D O S CARAS D E L A M O N E D A *

La gratitud es odio enmascarado.


FRIEDRICH NIETZSCHE

El a m o r que es menos probable que defraude sigue siendo un


pacto entre dos egoísmos...
JULIAN FAKE (1988)

Una persona que quiere r e t r i b u i r d e m a s i a d o r á p i d a m e n t e


un regalo con otro, es un d e u d o r m a l d i s p u e s t o y u n a p e r s o n a
ingrata.
Proverbio indio

A cualquier edad, un niño puede verse obligado de p r o n t o a


ser responsable, quizá debido a la m u e r t e de un progenitor, o a la
r u p t u r a de la familia. Ese niño debe ser viejo prematuramente, y
p e r d e r espontaneidad, juego, e impulso creador despreocupado.
D. WINNICOTT

H a c e algunos años, en u n a sesión de trabajo, proyecté u n a graba-


c i ó n d e v í d e o d e u n a familia c o n u n a n i ñ a d e 1 7 a ñ o s b u l í m i c a y o t r a
de 14 q u e e s t a b a empezando a caer en actuaciones graves. En la entre-
vista p a r t i c i p a b a n tres generaciones de la familia, incluso la m a d r e
de las n i ñ a s , d o s veces divorciada, t r a b a j a d o r a y a d u s t a , y su p r o p i a
m a d r e , q u e p a r e c í a i n t r u s i v a m e n t e «útil» y d e m a s i a d o e n r e d a d a e n e l
g r u p o familiar. Señalé en la sesión de trabajo q u e , c o m o los p a d r e s se

* Este capítulo reproduce, con algunas revisiones menores, un artículo de Brian


Cade que apareció originalmente en The Journal of Family Therapy, primavera de 1989,
págs. 103-121. Se incluye en este libro con la amable autorización de los directores del
periódico.
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
172 173

sacrificaban, pasaban por alto sus propias y considerables necesidades pasados y presentes. Este artículo responde a los muchos profesiona-
para a t e n d e r las de las niñas y se lo d a b a n todo, pero parecían inca- les que, en esa ocasión y más tarde, me p r e g u n t a r o n si había escrito
paces o poco dispuestos a aceptar n a d a en compensación; esto podía algo sobre este fenómeno.
generar en las hijas sensaciones crecientes de obligación, culpa, falta
de valía, y de no merecer ni poder retribuir ese sacrificio. El hecho de
que el p r o g e n i t o r no pidiera r e c o m p e n s a , a p a r e n t e m e n t e no hacía T R E S NIVELES DE RESPONSABILIDAD
más que complicar el problema. Continué diciendo que tales niños
podían experimentar dificultades considerables para dejar el hogar, y Según el personaje de ficción lord Peter Wimsey, de Dorothy Sayer,
que había cuatro patologías, básicamente intercambiables, que era pro- «la vida es sólo una maldita cosa tras otra». Creo que los miembros de
bable que se desarrollaran bajo la carga de tales sentimientos. Tres la familia están en las mejores condiciones frente a este hecho cuando
de esas patologías se manifestaban en la familia de la grabación. Las se encaran por igual y en todo momento (salvo, desde luego, en crisis
presenté en la sesión de trabajo por orden de gravedad creciente: o durante lapsos breves, debido a circunstancias específicas) tres nive-
les de responsabilidad:
1. Las niñas podían tratar de justificar su existencia, y «pagar la
d e u d a » , siendo como los p a d r e s en sus interacciones con los 1. La responsabilidad de los progenitores en el desarrollo y el bie-
otros, sacrificándose y no tomando nada en compensación, sobre nestar de los hijos, alentando su creciente autonomía, o de los
todo con sus propios hijos, de modo que los sentimientos de obli- hijos adultos, en el bienestar de los parientes enfermos o de edad.
gación y falta de valía se transmitían inadvertidamente a la gene-
2. La responsabilidad de cada cónyuge en el desarrollo continua-
ración siguiente. Este tipo de personas a menudo fracasan en las do del matrimonio, lo cual incluye d a r m u e s t r a s de un g r a d o
relaciones externas, permanecen cerca del hogar de los padres, apropiado de consideración y preocupación por las necesidades
y a m e n u d o siguen viviendo en él. e intereses del compañero.
2. Las niñas podían tratar de rechazar la carga mediante acting out,
3. La responsabilidad de atender a las propias necesidades y al pro-
s a c á n d o s e de encima las «obligaciones». En estos intentos a pio desarrollo continuado como individuo separado.
m e n u d o se emplean conductas o actitudes extremas, inacepta-
bles para la familia y la sociedad, para alcanzar la necesaria «velo-
El constante funcionamiento excesivo en cualesquiera de estos nive-
cidad de arranque». Estas p e r s o n a s suelen sentirse aisladas, les, con el consiguiente descuido de los otros, conduce a u n a flexibili-
resentidas, culpables y desesperadas por obtener aceptación; a dad cada vez m á s reducida y a una mayor probabilidad de que se desa-
m e n u d o terminan en relaciones de «perseguidor/rescatador», rrollen p r o b l e m a s alrededor de u n a o m á s de las fuentes de las difi-
o fracasan en la vida y vuelven al hogar. cultades vitales aparentemente interminables. Como me dijo hace poco
3. P o d r í a n substraerse del c a m p o , d e s a r r o l l a n d o un estado psi- el esposo de u n a pareja de mediana edad, después de describirme su
quiátrico. lucha de años para criar a los hijos, sobre todo al menor, s u m a m e n t e
4. P o d r í a n volverse miembros m u y responsables de las diversas exigente, a d e m á s de atender a la madre de ese hombre, que envejecía
profesiones asistenciales, y t r a t a r de justificar sus vidas ayu- y era también m u y exigente:
d a n d o a los otros.
Aunque esta última posibilidad fue presentada sin énfasis, casi late- Ahora comprendemos que nos hemos convertido en sólo una serie
ralmente, me sorprendió la reacción de muchos de los participantes en limitada de roles formales, en lugar de ser un hombre y una mujer con
la sesión de trabajo. Algunos quedaron muy perturbados, y muchos se necesidades propias, que además también son madre, padre, cónyuge,
me acercaron después para decirme que yo había descrito con suma hijo, etcétera; nada de lo que hemos hecho parece haber sido correcto
precisión múltiples aspectos de sus propias familias y de sus dilemas o de ayuda a largo plazo. Ahora estamos los dos totalmente agotados.
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
174 175

Sentimos que le hemos fallado a nuestro hijo, yo siento que le he falla- ciones, puede originarse en u n a variedad de ambientes formativos,
do a mis padres, y los dos sentimos que nos hemos fallado el uno al otro. entre los cuales los siguientes son los que han surgido con mayor regu-
laridad en mi propia práctica:
Ivan Boszormenyi-Nagy (Boszormenyi-Nagy y Krasner, 1986;
Boszormenyi-Nagy y Spark, 1984) ha desarrollado un método tera- 1. Un ambiente caótico y conflictivo, infeliz y rechazante, en el cual
péutico basado en la consideración a) de las pautas intergeneraciona- los progenitores u otros adultos delegan en un niño o un ado-
les, transaccionales, en términos de contabilidad y derecho, justicia y lescente un grado inadecuado y a m e n u d o excesivo de respon-
equidad, lealtad y confianza, y b) de las consecuencias de las relacio- sabilidad en el control del caos y el cuidado de los otros. Aunque
nes de explotación en los otros, particularmente en los niños. Quizá esto es lo que se le pide implícita o explícitamente, rara vez reci-
debido a la complejidad de su estilo escrito, de la tendencia de este be elogios; sus esfuerzos suelen darse por sentados y a m e n u d o
a u t o r al dogmatismo y la moralización, y quizá también a causa de son objeto de crítica o ridiculización. Estos jovencitos invaria-
su ataque peyorativo al enfoque esencial en el aquí y ahora de los enfo- blemente experimentan sentimientos de falta de valía y, p o r m á s
ques estructural, estratégico, sistémico y conductual, su obra ha teni- que se hayan esforzado, ven los problemas sistemáticos de su
do en el campo de la terapia familiar un impacto menos significativo familia como pruebas de su propio fracaso.
que el que hubiera sido posible de otro modo. Creo que esto es lamen- 2. Un ambiente caótico, conflictivo, rechazante, en el que el propio
table, pues su contribución a la comprensión de los temas y pautas inte- niño o adolescente a s u m e un grado inadecuado y excesivo de
raccionales globales ha sido profunda, aunque no ha abordado de modo responsabilidad en el intento de controlar el caos y cuidar a los
detallado las específicas pautas repetitivas de pensamiento y conduc- otros miembros de la familia, niños o adultos. Como en el caso
ta que generan, transmiten y mantienen las anteriores. anterior, pocas veces se les agradece; sus esfuerzos suelen dar-
Al c o n s i d e r a r las consecuencias del funcionamiento excesivo, se por sentados; por lo general ellos se sienten resentidos, fra-
Boszormenyi-Nagy y Spark proponen que: casados, carentes de valía y culpables.
3. Un ambiente caótico o controlado en exceso, rígido, desdicha-
A toda relación estrecha y significativa le son inherentes los elementos do, en el que un niño o adolescente es parentizado y atraído cons-
fundamentales del dar y recibir, del ser tratado con justicia o injustamen-
tantemente a una solución con un adulto, cuyo bienestar pasa a
te, de tomar sin compensar, o recibir sin ninguna posibilidad de devol-
ver. El martirio o dar en exceso, y la permisividad, el ser víctima propi- ser responsabilidad suya.
ciatoria y la parentización, son ilustraciones de una reciprocidad no equi- 4. Un ambiente caótico o de otro tipo en el que un niño o adoles-
librante o no mutua en las relaciones. Estas relaciones estimulan senti- cente siente que ha sido el receptor inmerecido del c o n s t a n t e
mientos de culpa y endeudamiento perpetuo; también producen desespe- sacrificio de un adulto, y la causa de ese sacrificio, sobre todo
ración, como si uno no pudiera saldar nunca las cuentas familiares —sea cuando el adulto parece no haber querido o podido recibir n a d a
con interés y preocupación emocionales, sea con acciones concretas. a cambio.
Puesto que nosotros asumimos como postulado básico que todo niño 5. La experiencia de ser indeseado, rechazado, convertido en víc-
recibe algo de sus padres e implícitamente los debe recompensar, una tima propiciatoria o maltratado, que lleva a sentir que se es malo
mala disposición parental a recibir es considerada tan nociva como la («de lo contrario no me sucedería») y de tal modo genera inten-
ineptitud parental para dar (1984, pág. 353). tos constantes de lograr aceptación tratando de ser bueno, o hace
que se acepte el rol de «malo».
EXPERIENCIAS FORMATIVAS
Los mitos culturales prevalecientes acerca de las relaciones entre
La tendencia a asumir el rol del miembro responsable en exceso (o, los roles y la responsabilidad en ellas tendrán desde luego un efecto
a la inversa, irresponsable), en cualquier relación o conjunto de rela- significativo. En la mayoría de las culturas, se espera, por lo general,
EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
176 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 177

que las mujeres asuman la responsabilidad de nutrir y cultivar el cli- mente posibles, y el individuo puede también alternar entre u n o y otro,
ma emocional de la familia. Aún prevalecen, se han institucionaliza- a u n q u e u n a vez establecidas las pautas de u n a relación o conjunto de
do, y son perpetuados por la costumbre y p o r profecías de autocum- relaciones, el poder de autocumplimiento de las atribuciones y las expec-
plimiento, muchos mitos acerca de las diferencias intrínsecas de acti- tativas de todos los involucrados, por lo general, genera una tendencia
tud y conducta entre los sexos. Por ejemplo, el mito de que las muje- a asentarse en u n o u otro de los polos.
res son m á s emotivas, intuitivas, pacientes y afectuosas que los hom- Por ejemplo, en un trabajo sobre las experiencias adolescentes de
bres, y de que los hombres son más valientes y fuertes, más racionales, cincuenta mujeres adultas que intentaron suicidarse, Stephens encon-
más agresivos y sexuales, más capaces de pensamiento abstracto, más tró que en los antecedentes familiares de todas ellas había muchos ras-
hábiles con las manos, etcétera, a ú n es venerado en la tradición y a gos comunes, y que el grupo estudiado sobrellevaba una herencia de
m e n u d o alentado como guía para la virtud. También he encontrado depresión, culpa, cólera y sentimientos de falta de valía (1987). No obs-
q u e las enseñanzas religiosas q u e s u b r a y a n el pecado y la culpa, la tante, a esta autora le sorprendió descubrir dos pautas de adaptación
humildad y la obediencia, las obligaciones y la autonegación, y la doc- aparentemente opuestas: la de las «Humildes» (Humble-Pie) y la de las
trina de q u e d a r es más virtuoso que recibir, constituyen frecuente- «Exaltadas» (Cheap Thrills).
mente un rasgo formativo presente o pasado de las familias en las que
uno o m á s miembros funcionan constantemente de un modo en exce-
so sacrificado. Aunque este trabajo concierne primordialmente a las «Humildes» «Exaltadas»
situaciones en las que el funcionamiento excesivo o insuficiente se ha
convertido en un rasgo acentuado, en m a y o r o m e n o r medida estos Tendían a: Tendían a:
temas afectan a todas las familias, y también a otros grupos. — exceso de conformidad; empeño — la rebelión desafiante; intenciones
en agradar deliberadas de ser «chicas malas»;
— tratar de ser «perfectas»; justifi- cólera por el ambiente familiar
carse con un exceso de logros que las explotaba
EL CONTINUUM RESPONSABILTOAD-IRRESPONSABILIDAD — faltar a clase; un rendimiento es-
— la responsabilidad culpable; una
sensación de fracaso colar pobre
Los constructos predominantemente negativos sobre sí mismos y — quedar sumergidas en los proble- — tomar drogas y alcohol; y promis-
s o b r e las relaciones (Kelly, 1955) q u e s u r g e n de la experiencia de mas de sus familias, que se con- cuidad sexual
ambientes como los que acabamos de describir, pueden entonces con- vertían en los fracasos de ellas — reaccionar contra el control de los
ducir al desarrollo de una gama de «soluciones intentadas» a los dile- — intentar el control de las variables otros, a veces de modo extremo
m a s p l a n t e a d o s , que t e n d e r á n a a g r u p a r s e en u n o u otro extremos de su vida por medio de una adhe- — haber crecido sintiéndose odiadas
del siguiente continuum: sión compulsiva, incluso paranoi- y llenas de odio
de, a reglas y normas estrictas (a — frecuentes confrontaciones físicas
veces de otros, pero a menudo violentas con los miembros de la
Excesiva responsabilidad Responsabilidad insuficiente propias) familia y con los novios; múltiples
diversos intentos de controlar las rela- variados intentos de evitar el control — sofocar sus propias necesidades y relaciones superficiales fuera de
ciones del ambiente, asumiendo una de las personas del ambiente, me- derechos la familia
completa responsabilidad y tratando diante acting out, rebelión o conduc- — el autosacrificio, poniéndose siem-
de imponer la definición de cómo tas «subadecuadas» pre detrás de los otros
deben ser las cosas — el martirio

Como se trata de opuestos en u n a dialéctica interior del sistema de


constructos personales, los dos extremos son, p o r lo general, igual-

178 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD


179

El grupo de las «Humildes» tendía a provenir de familias de clase so con las personas del grupo 2), convirtiéndose en profesiona-
media, en las que la cólera y acting out eran probablemente menos les de la asistencia, activistas de grupos de presión, etcétera.
aceptables, y, por lo tanto, era también m á s probable que el resenti- Constituirán un grupo oculto, como el grupo de los Humillados
miento fuera internalizado y experimentado como prueba de la propia descrito antes, y a m e n u d o aparecen como v e r d a d e r o s ciuda-
maldad. El grupo de las «Exaltadas» tendía a provenir de familias obre- danos modelos.
ras, en las que la agresión era probablemente más aceptada, y, por lo 2. Ambos pueden desplegar una coalición irresponsable, caótica,
tanto, más fácilmente externalizada. Aparentemente existían más pro- dependiendo, a u n q u e con resentimiento y resistencia, de los
babilidades de que el primer grupo realizara múltiples intentos contra esfuerzos de ayuda de un hijo parentizado, de otros parientes
sus vidas y que e m p l e a r a n m e d i o s m á s violentos. A continuación, o del m u n d o exterior, a través de profesionales de la asisten-
Stephens extrae la conclusión de que «las consecuencias clínicas de la cia, vecinos, la policía, etcétera (y de las personas del grupo 1).
pauta de las Humildes son como un balde de agua fría, en cuanto sugie- 3. Pueden desarrollar un estilo complementario de relación en el
ren que existe una población en gran riesgo que quizá no haya sido cual uno se vuelve responsable/adecuado en proporción inversa
identificada por los investigadores ni por quienes trabajan en la pre- a la irresponsabilidad/inadecuación del otro (y viceversa). Como
vención del suicidio. Las adolescentes Exaltadas atraen la atención observan Boszormenyi-Nagy y Spark, «los miembros superade-
sobre ellas mismas y sus p r o b l e m a s , mientras que las adolescentes cuados de la familia pueden depender del fracaso de los miem-
H u m i d e s pueden permanecer invisibles» (pág. 117). bros subadecuados» (1984, pág. 24). Yo añadiría que los miembros
Ninguno de los extremos parece resolver los dilemas planteados por subadecuados de la familia pueden depender del fracaso de los
las experiencias de estas personas. Como observan Boszormenyi-Nagy miembros superadecuados.
y Spark, «el niño explotado a m e n u d o se convierte en un progenitor
simbióticamente posesivo» (1984, pág. 28). «Los actos de rebelión o Sharon era la menor de cuatro hermanos. A los 21 años ya se había
fuga por medio de la separación nunca pueden resolver por sí mismos casado dos veces, la segunda con un joven violento de antecedentes cri-
las dificultades del niño. Esas medidas no hacen más que hundirlo más minales, que la había golpeado con crueldad a ella y a s u s dos hijos
profundamente en obligaciones cargadas de culpa. Muchos niños se pequeños, ahora a cargo de las autoridades locales. En esa época, Sharon
vuelven coléricamente ambivalentes, cautivos de obligaciones nunca había consumido drogas y peleaba constantemente con la familia; se
retribuibles» (pág. 353). O, como comenta Stephens, «las dos pautas j u z g ó que no había p r o p o r c i o n a d o a los niños u n a p r o t e c c i ó n a d e -
de adaptación —la de las Humildes y la de las Exaltadas— demostra- c u a d a y que no era digna de confianza. Según los p a d r e s , h a b í a sido
ron ser disfuncionales a largo plazo para estas mujeres... Ninguna de un problema importante desde los 14 años.
las dos pudo salvarlas de la cada vez más profunda sensación de caren- La m a d r e de Sharon se describió como el producto de u n a infan-
cia de valía y desamparo que socavaba los sentimientos de estas muje- cia m u y difícil en la cual se vio obligada, p o r el a b a n d o n o del p a d r e a
res acerca de sí mismas y su mundo» (1987, pág. 117). la «madre inadecuada», a asumir prematuramente niveles altos de res-
Los representantes de ambos extremos del continuum tenderán a ponsabilidad, y aprendió a juzgarse con dureza. Creció c o n la deter-
escoger como parejas a personas en lucha con problemas similares. minación de que sus propios hijos siempre serían lo m á s i m p o r t a n t e y
Las pautas que entonces se desarrollan probablemente caerán en algu- n u n c a experimentarían el rigor y la soledad de su propia infancia. Ella
no de los tres grupos siguientes: siempre había puesto sus propias necesidades en último lugar; había
aprendido a no esperar nada para sí misma. Era cautelosa con los hom-
1. Ambos pueden desplegar u n a coalición excesivamente respon- bres. Se medía con altas n o r m a s a u t o i m p u e s t a s de r e s p o n s a b i l i d a d
sable para el trato con los hijos (que es probable que desarrollen p a r a con los otros, y relacionadas con la importancia de d a r . Siempre
problemas, sobre todo en relación con la confianza y la respon- accesible para satisfacer las necesidades y exigencias de la familia, se
sabilidad), con otros parientes, o con el mundo exterior (inclu- sentía culpable al percibir que no estaba a la altura de sus propias nor-
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
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mas, imposibles de alcanzar. Y, sin embargo, h a b í a fracasado: tras atrapada en el dilema que hizo célebre la agudeza de Groucho Marx:
un matrimonio roto, su hija mayor y el hijo de ésta vivían de nuevo con «Nunca me asociaría a un club que me aceptara a mí como miembro».
ella (y gran parte de la responsabilidad hacia el nieto había quedado Con poco respeto por sí misma, le costaba confiar en cualquier hom-
en sus manos); su único hijo varón sufría u n a desventaja sustancial, bre como pareja posible. No obstante, había empezado a sentar cabe-
debida a un problema ocular congénito; el tercer hijo estaba luchando za y tenía la esperanza de que finalmente le devolverían los hijos. El
infructuosamente en un matrimonio perturbado y, en ese momento, rechazo del p a d r e la hacía desesperadamente desdichada, aunque se
la menor, Sharon, tenía serios problemas con las autoridades. No obs- consideraba la única responsable, y esperaba p o d e r demostrarle que
tante, ella consideraba su deber proteger a Sharon de la opinión de las había cambiado de conducta. Idealizaba a a m b o s progenitores y aspi-
autoridades y de la cólera decepcionada de su marido (del que Sharon raba a emular a la madre, aunque no podía imaginarse «siendo tan bue-
había sido la hija favorita). na». Desde m u c h o antes, para ella la maternidad significaba dar siem-
El padre de Sharon era «el hijo menor de un hogar roto, concebi- pre prioridad a las necesidades de los hijos. Lo m i s m o que la madre,
do por accidente»; había pasado gran parte de su infancia internado estaba empezando a verse primordialmente en los términos de lo que
en instituciones. La m a d r e lo había «tratado con extrema dureza, pero les daba a los otros o hacía por ellos, con criterios p a r a juzgar la cali-
ella no podía consigo misma, con tantos de nosotros por cuidar. No dad de su q u e h a c e r maternal que p r e m i a b a n m á s lo tangible/mate-
puedo culparla. En realidad era una santa». Hombre trabajador, retraí- rial que lo emocional. Ya estaba fijándose n o r m a s inalcanzables para
do, cauto y reservado en las relaciones, tenía la tristeza de que su afec- «compensar a los chicos p o r las cosas horribles que permití que les
to por los hijos, según él lo veía, había sido sumergido a lo largo de los ocurrieran», mientras que, al mismo tiempo, preveía un fracaso casi
años por el constante enredo de su mujer en la vida de ellos. Admitió seguro en tal sentido.
que ocupaba una posición periférica en la familia, aceptó que no era La madre de Sharon había sido empujada p r e m a t u r a m e n t e a una
particularmente capaz de expresar sus sentimientos, y habló renuente posición de responsabilidad, y sin que se le agradecieran sus esfuerzos;
pero conmovedoramente sobre la dificultad de convencer a su mujer el padre de Sharon había sido un hijo «rechazado», incapaz de enco-
de que tomara algo para ella. Cualquier dinero que le diera, ella lo gas- lerizarse porque la madre era «una santa» que trataba de hacer lo mejor.
taba en los hijos. Si le compraba un vestido, se quejaba, y a menudo lo Además, se h a b í a criado en instituciones d o n d e se r e c o m p e n s a b a la
cambiaba en la tienda por algo para los hijos o nietos. obediencia no asertiva, y no la individualidad. Los dos se casaron y die-
El papel del hombre en la familia era principalmente el de provee- r o n forma a u n a relación complementaria en la q u e la mujer era el
dor material, tarea que realizaba a conciencia. P e r o parecía que, en miembro excesivamente responsable, y el hombre el «inadecuado», con
muchos sentidos, la mujer lo trataba como a u n o m á s de los hijos, a un rendimiento insuficiente. Los hijos habían sido los receptores de la
veces con tolerancia e indulgencia, otras con exasperación. Su «incom- devoción altruista de u n a madre sacrificada, y de un p a d r e m u y tra-
petencia» e inaccesibilidad emocionales, su carácter no demostrati- bajador pero periférico. Estaban empezando a fracasar en sus relacio-
vo, como esposo y como padre, y su concentración en cosas de fuera nes de fuera de la familia. La hija mayor había vuelto al hogar, donde
de la familia, parecían a su vez haber nutrido la sensación de la espo- dependía considerablemente de la madre, y desatendía sus responsa-
sa de que «sólo contaba consigo misma», de que no tenía apoyo ni apre- bilidades para con su propio hijo. Sharon había tratado de rechazar las
cio, confirmando su sentimiento de carencia de valía y su creencia de «obligaciones», y durante un lapso breve estableció u n a coalición caó-
que el bienestar de la familia era una responsabilidad totalmente suya. tica con su violento segundo marido, pero en ese m o m e n t o estaba tra-
El hombre admitió que estaba herido y decepcionado por lo que había tando de volver a casa de sus padres, de emular a la m a d r e y de reco-
sucedido, pero no quería ni oír hablar del retorno de Sharon al hogar brar el a m o r del padre, negando su propio derecho a u n a vida separa-
hasta que hubiera demostrado que se podía confiar en ella. da, continuando con la tradición familiar de sacrificarse por los hijos.
Cuando yo la vi, Sharon dijo que no se gustaba a sí misma. Además, Esta familia me fue derivada con las metas ya enunciadas (enun-
ya no le interesaban los h o m b r e s ni el sexo. Parecía h a b e r quedado ciadas en u n a consulta de profesionales cuya perspectiva era extre-
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m a d a m e n t e escéptica en cuanto a que pudiera lograrse algo) de tra- tenía que decir, de una manera no provocativa, que lamentablemente
tar de ayudar a Sharon con sus problemas generalizados de autoesti- se habían perdido la comida pero quizá e n c o n t r a r a n algo en la neve-
ma y de alentarla gradualmente a ser más responsable. Estas metas se ra si tenían h a m b r e , agregando que a ella le encantaría que mientras
alcanzaron lo bastante como para que su hijos le fueran devueltos pron- estuvieran en la cocina le prepararan u n a taza de té.
to y ella se m u d a r a con los niños a un pequeño apartamento. No obs-
tante, esto no se logró trabajando con Sharon (salvo muy poco tiem-
po, para prever y discutir con ella los probables «problemas tempra- SISTEMAS DE CONSTRUCTOS PERSONALES
nos de reingreso»), ni entrevistando a toda la familia, sino principal-
mente a la m a d r e de Sharon, a fin de p e r s u a d i r l a de que fuera más Con independencia de las experiencias intergeneracionales, lo que
egoísta y menos obsesionada por ayudar, m á s negligente con sus hijos mantiene y perpetúa la pauta es la repetición de interacciones especí-
y nietos. Ello se logró, al principio, definiendo lo que tenía que hacer ficas, que surgen de las limitaciones de los sistemas de constructos pre-
como el sacrificio difícil pero necesario de u n a madre/abuela obvia- sentes. Los siguientes son algunos ejemplos de los sistemas de cons-
mente consagrada a estos roles, con el objeto de ayudar a su hija a con- tructos personales más limitativos:
vertirse en u n a madre más eficaz y apropiadamente independiente, que
pudiera volver a unirse a sus pequeños. Pero resultó bastante intere- «Si sigo siendo paciente, afectuoso y leal, por peor que me traten,
sante que ella comenzara a seguir la senda de un «egoísmo» creciente, entonces finalmente...»
no por sentido del deber, sino porque empezó a disfrutar de sí misma, «Lo que consigo es mi deber, lo menos que puedo hacer. No ten-
a comprender que tenía derechos, y también p o r q u e ella y su esposo go ningún derecho a sentirme bien por ello.»
comenzaban a gozar de más tiempo juntos. Se c o m p r ó su primer ves- «Haré lo que sea necesario para que mis hijos no sufran como he
tido elegante y m á s bien costoso, en lugar de u n o razonable, adecua- sufrido yo.»
do para trabajar en casa e ir al supermercado. E m p e z ó a decir «no» a «Soy un fracaso y una persona sin valía a menos que logre...»
las peticiones de sus hijos, lo que al principio constituyó una expe- «Lo único que me define es lo que hago por los otros, pero lo que
riencia extraña para ella. Como si hubieran sido liberados de sus «obli- haga será siempre menos de lo que debo hacer.»
gaciones» p o r la nueva libertad de la m a d r e y la relación mejorada de «De t o d o s m o d o s , lo que haga estará m a l o será insuficiente, de
los p a d r e s , S h a r o n y sus h e r m a n o s c o m e n z a r o n a a s u m i r u n a res- m o d o que t a m b i é n podría...»
ponsabilidad m u c h o mayor por ellos mismos. «Nunca p o d r é recompensarlos por lo que h a n hecho por mí, ni me
Para el éxito de esta terapia pareció esencial, en p r i m e r lugar, el lo merezco. Debo sentir más gratitud.»
relevo cuidadoso de la pauta intergeneracional, con la madre y el padre, «Por lo que ellos me hicieron, tengo un bajo concepto de mis padres,
de m o d o q u e a m b o s pudieran identificar los efectos que ellos mis- incluso desdén. Me enfurece no poder confiar en ellos. No obstante,
mos padecían de la sensación, «obligación» y de los sentimientos de espero y exijo de ti u n a lealtad total y e s p o n t á n e a ( a u n q u e sospecho
falta de valía q u e habían heredado de sus familias de origen (la pau- que al final traicionarás la confianza que te tengo).»
ta, y los constructos personales que habían surgido como consecuen- «No se p u e d e confiar en nadie, de modo que, si no asumo yo la res-
cia de ella, fueron definidos como los responsables del problema; no ponsabilidad final, entonces...»
se culpó a las personas); en segundo término, la terapia apuntó a con- «Lo q u e me h a c e feliz es la felicidad de todos», o «Por m á s que
ductas específicas que tendían a mantener esa pauta, buscando modos me cueste, en términos emocionales o físicos, la felicidad de todos es
de b l o q u e a r l a s o sustituirlas. Por ejemplo, se le sugirió a la madre m á s importante que la mía.»
que estuviera dispuesta a cuidar a su nieta sólo u n a vez a la semana,
y no constantemente; que preparara la cena a u n a hora determinada, Constructos de este tipo se insertan en los «argumentos» o «libre-
en lugar de s e r m o n e a r a quienes llegaban tarde y/o cocinar para ellos; tos» de vida de las personas. Como dijo Sartre, «un h o m b r e es siempre
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GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

totalmente polarizados y todo sucede como si u n o «se apropiara» de


un contador de cuentos, vive rodeado de sus relatos y los relatos de
toda la dureza, y el otro de toda la suavidad. Aunque en u n a relación
otros, ve todo lo que le ocurre a través de ellos, e intenta vivir su vida
no tiene p o r qué h a b e r una cantidad determinada de rigor o toleran-
como si la estuviera narrando» (1965). Al pasar revista con las perso-
cia, si se trata de un juego de suma cero* (Von N e u m a n y Morgenstern,
nas de las influencias intergeneracionales que pueden considerarse los
1944), parece que lo sea. Otra pauta común es la que aparece cuando
pilares de sus constructos, no pretendo procurarles la comprensión de
un progenitor intenta constantemente p e r s u a d i r o empujar al otro a
algo que es, sino proponer un «es como si...», p u n t o en el cual mi tra-
ser m á s expresivo con sus sentimientos. Muy p r o n t o p u e d e n polari-
bajo difiere del enfoque de base psicoanalítica de Boszormenyi-Nagy.
zarse en t o r n o a este tema. El modo en que se polarizan parece decir
Un científico norteamericano, George Wald, ha dicho que «somos pro-
muy poco en c u a n t o a sus verdaderos potenciales.
ductos de compilación, más bien que de autoría». Yo veo el proceso de
Una pareja a p u n t o de romper llegó a la terapia p a r a realizar «un
la terapia como más afín a la «recompilación» o «recompaginación»:
último intento de arreglar las cosas». Ella era sensible, emocionalmente
es recorrer la historia de u n a persona y ayudarla a reescribir algunas
abierta y expresiva; él era distante, racional y emocionalmente frío. Ella
partes. Mi posición es análoga a la de Sartre, quien dijo: «No soy afec-
t r a t a b a c o n s t a n t e m e n t e de conseguir que él se «abriera». Él la veía
to al m u n d o psicológico. Lo psicológico no es algo que exista. Digamos
c o m o t o t a l m e n t e irracional y eternamente insatisfecha, fuera lo que
que uno puede mejorar la biografía de la persona» (cita sin referencias
fuere lo que él hiciera. Finalmente decidieron separarse, y yo los ayu-
en Laing, 1965, pág. 120).
dé a hacerlo con el máximo de autorrespeto y dignidad. Varios meses
m á s tarde, o t r a mujer vino a verme por p r o p i a iniciativa. Se descri-
bió c o m o sensible, necesitada de afecto, e m o c i o n a l m e n t e abierta y
« E L QUE COMPRA UN PERRO NO SIGUE LADRANDO»
expresiva. Dijo que el marido era frío, distante, y que no experimen-
taba n i n g ú n afecto. Le pregunté por qué pedía ayuda en ese momen-
Según Keith y Whitaker, «los padres p u e d e n fracasar operativa- to, y me dijo que poco antes había conocido a un h o m b r e de caracte-
mente por ser demasiado algo: rísticas opuestas a las de su esposo: cálido, comprensivo y expresivo;
estaba en contacto con sus propios sentimientos y era también sensi-
• demasiado disciplinantes • demasiado rígidos ble a los de ella. Al indagar algo más, descubrí que se trataba del mis-
• demasiado ambivalentes • demasiado comprensivos
mo h o m b r e de la pareja anterior.
• demasiado terminantes • demasiado estimulantes
• demasiado protectores • demasiado locos Análogamente, en lo que respecta a la responsabilidad, si u n a per-
• demasiado rechazantes • demasiado pacientes sona empieza a ser responsable en exceso, es como si comenzara a reco-
• demasiado afectuosos • demasiado indulgentes» (1985, ger m á s de su p a r t e de la responsabilidad total disponible en la rela-
pág. 10). ción, de m o d o que el otro asume menos responsabilidad, o contesta
con lo opuesto, p o r ejemplo, con incompetencia o irresponsabilidad.
Se diría q u e , siempre que alguien que p a r t i c i p a en u n a relación
Si u n o c o m p r a un perro y después continúa ladrando cuando alguien
empieza a hacer demasiado de algo, sean cuales fueren sus móviles, a
golpea a la puerta, ¿por qué tendría el perro que hacer algo m á s que
m e n u d o el otro o los otros, si no se sienten directamente impulsados
dormir y c o m e r galletas? Pero ver la incompetencia o la irresponsabi-
a competir, tenderán a hacer menos de eso y/o m á s de lo opuesto. Por
lidad del otro es u n a razón justificable para a s u m i r m á s responsabili-
ejemplo, u n a secuencia común es la que se despliega cuando un pro-
dad, con lo cual «más de lo mismo» lleva a «más de lo mismo», y así
genitor ve al otro como demasiado estricto, y, p o r lo tanto, intenta res-
sucesivamente. Cuando pautas como éstas se c o m b i n a n con construc-
tablecer el equilibrio siendo muy tolerante con los hijos. Lo habitual
es que, al ver esto, el progenitor rígido se preocupe a ú n más por la dis- * En un juego de suma cero, cuando uno de los participantes gana, el otro pierde
ciplina. Este rigor creciente conduce a un a u m e n t o de la tolerancia en una cantidad igual. La ganancia y la pérdida, sumadas algebraicamente, siempre son
iguales a cero.
el otro progenitor, y así sucesivamente, hasta q u e estos padres quedan
EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
186 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE 187

ta de responsabilidad excesiva/insuficiente, «transmitida» a través de


tos personales del tipo de los que hemos examinado, las polarizacio- varias generaciones.
nes pueden aparecer y enquistarse muy rápidamente.
Una mujer de 40 años se puso en contacto conmigo porque sufría
Mientras la persona demasiado responsable trabaja cada vez con
de angustia aguda. Poco antes, había dejado a su esposo y a sus hijos
más empeño, la otra, experimentando niveles crecientes de cólera, des-
ya adultos, e intentado iniciar una nueva vida sola, mudándose del cam-
calificación y culpa, es probable que se vuelva cada vez más incom-
po a Sydney. El esposo había sido «el chico de al lado», su primer novio,
petente o irresponsable, con lo cual la responsabilidad de la primera
y —según lo veía ahora— se había casado con él (a los 18 años) sobre
se a c r e c i e n t a proporcionalmente, etcétera, etcétera. Cuando existe
todo p o r q u e sus familias y todo el pueblo lo esperaban. Había sopor-
un constructo que dificulta que la persona responsable abandone su
tado veintidós años de aburrimiento. Él era un h o m b r e bueno y tra-
posición, se vuelve imposible r e s p o n d e r a sus exigencias de que los
bajador, y ella se sentía muy mal por haberle causado ese dolor. Pero
otros sean m á s responsables. Ella siempre parece estar allí primero,
estaba segura de haber hecho lo correcto.
a g u a r d a n d o y juzgando, y siempre prevalece su definición de lo que
constituye un grado adecuado de responsabilidad. Incluso cuando está No obstante, su problema inmediato consistía en que, todos los
de a c u e r d o en ceder por cierto lapso, envía un claro mensaje de que domingos por la mañana, su madre la llamaba por teléfono y la some-
sólo lo h a c e hasta que el otro esté a la altura de su definición de lo tía a u n a h o r a de críticas y exigencias de que volviera a vivir con su
que deben ser las cosas. La lucha por estar a la altura de las exigencias «pobre, desdichado marido, que te ama y nunca hizo nada para mere-
rígidamente altas, a veces paranoides, de otro cuyas expectativas se cer lo que estás haciendo. Ninguna mujer puede pretender un mejor
parecen al horizonte (que siempre se aleja, p o r más rápido que uno esposo». Después de una hora de tratar de razonar con su madre, ape-
corra), tiende a perpetuar los problemas, pues cuanto más imposible lando a ella, rogándole que escuchara y tratara de comprender el otro
es recompensar, más crece la sensación de obligación y, como la gra- p u n t o de vista, esta mujer se convertía en «un charco de culpa líqui-
titud, se vuelve «odio enmascarado». No presupongo malas intencio- da y cólera impotente, en el suelo, j u n t o al teléfono». Casi todos los
domingos bebía la mayor parte de una botella de jerez pero, durante
nes en n i n g u n a de las partes; cada u n a hace, p o r lo general, lo que
los siguientes dos o tres días, aliviada porque la llamada telefónica ya
parece estar a su alcance en ese m o m e n t o , en vista de sus constructos
había cesado, se desenvolvía perfectamente bien en el trabajo que había
personales y de la posición en que se encuentra. Las soluciones inten-
e n c o n t r a d o . Después, a medida que la s e m a n a se acercaba a su tér-
tadas de cada lado para los problemas que afrontan en la relación, per-
m i n o , e m p e z a b a a prever la llamada siguiente y a sufrir niveles cre-
cibidos y experimentados de distinto m o d o p o r cada involucrado, se
cientes de angustia.
h a n vuelto partes de un círculo vicioso. En mi opinión, entonces es
importante considerar no sólo las p a u t a s longitudinales, intergenera- La cliente describió a su m a d r e como un a m a de casa de c a m p o ,
cionales, sino también los determinantes interaccionales, del «aquí y muy conservadora y tradicional, una mártir dominante que había gober-
ahora». n a d o a la familia (y, en muchos sentidos, a ú n seguía haciéndolo) p o r
medio de ataques de migraña y de su incesante y duro trabajo. Después
Como dicen Fisch y otros, «si la formación y el mantenimiento de
de explorar con esta cliente el modo en que sus dificultades presentes
los problemas se ven como partes de un círculo vicioso, en el que las
se insertaban en el contexto intergeneracional, le dije cómo tendría que
conductas-solución bienintencionadas en realidad mantienen el pro-
a b o r d a r la siguiente llamada telefónica de su m a d r e . Una vez inicia-
blema, la alteración de esas conductas debe interrumpir el ciclo e ini-
da la conversación, lo antes posible, ella tendría que decir con calma,
ciar la resolución» (1982, pág. 18). En otras palabras, «menos de lo mis-
sin elevar la voz: «Sé que estás perturbada y lo lamento, no fue mi inten-
mo» p u e d e llevar a «menos de lo m i s m o » , y así sucesivamente. Sin
ción provocarlo, pero esto tengo que resolverlo yo misma, y no quie-
embargo, he considerado que a b o r d a r sólo las componentes interac-
ro hablar sobre ello en este momento». No debía decir nada m á s sobre
cionales de un problema, sin dedicar tiempo a los aspectos de «recom-
el tema, a u n q u e tuviera que repetir esta frase u n a y otra vez. De nin-
paginación» de la «biografía» intergeneracional, tiende a ser ineficaz
g ú n m o d o trataría de justificarse con su m a d r e , no le rogaría ni, de
cuando los problemas se han convertido en parte integral de una pau-
188 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE
EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
ninguna otra manera, trataría de explicar las razones que tuvo para 189
hacer lo que había hecho.
El hijo menor, diagnosticado como «hiperactivo» a una edad tempra-
Al principio de la siguiente llamada telefónica, cuando la madre na, y que por entonces tenía 21 años, siempre había sido difícil. En el
empezó a aplicar la presión, la mujer intentó lo que yo le había suge- transcurso del último año se había comportado de un modo cada vez
rido. En el otro extremo de la línea hubo una breve pausa, y después más extravagante; poco tiempo antes había tomado una sobredosis.
pareció que la madre había decidido ignorar esas palabras, pues con- Estaba claro que durante veinte años ellos habían desatendido seria-
minó exigiéndole a la hija que se recobrara y saliera «de ese período mente tanto su relación matrimonial como su propio desarrollo per-
tonto». La cliente repitió su frase. En total tuvo que hacerlo unas quin-
sonal para cuidar de los hijos y, más recientemente, a la madre del
ce veces, mucho menos de lo que había previsto. La madre se había
marido, la que (según el hombre admitía) había conservado «un poder
vuelto rápidamente menos difícil y, por primera vez, empezó a expre-
enfermizo sobre mí durante toda nuestra vida de casados». Los dos
sar interés en cómo le iba, en lo que disfrutaba con su nuevo empleo,
hablaron con anhelo de las vacaciones que soñaron durante muchos
etcétera. Al final de la llamada, en lugar de terminar con la exigencia
años: un viaje por Tasmania. Era algo que habían planeado hacer en
habitual de que la cliente recobrara la sensatez y recordara sus res-
cuanto todos los hijos tuvieran su propia casa. Después de examinar
ponsabilidades, su madre le deseó «lo mejor», le dijo que se cuidara y
con este matrimonio el modo en que desantenderse a sí mismos for-
puso fin a la conversación agregando «Dios te bendiga, querida». En
las conversaciones que siguieron, aunque la mujer tenía que utilizar maba parte de una pauta que abarcaba por lo menos tres generacio-
mi frase reiteradamente, muy pronto resultó inútil, pues la madre nes, les sugerí que consideraran la posibilidad de tomarse unas vaca-
demostraba una comprensión creciente, hasta que al fin le confió que ciones en el curso de los próximos meses (el hombre era un conferen-
ella misma, en algunos momentos, había soñado con «alejarse de todo». ciante universitario y tenía varias semanas de vacaciones pendientes);
La mujer recordó entonces lo que yo le había dicho sobre lo difícil que después lo anunciarían sin discutirlo, sin pedir permiso a los hijos o
podría ser para su madre, que se había investido tanto, durante tanto a la madre. Si iban a seguir mi consejo, era importante que no justifi-
tiempo, del modelo de rol tradicional, admitir para sí misma que las caran su decisión ni la discutieran en el caso de que algún miembro de
cosas podrían haber sido distintas. Lo que había hecho su hija quizá la familia planteara objeciones. Tenían que limitarse a anunciar que
le hubiera subrayado de modo incómodo las oportunidades que ella se iban porque habían decidido que querían (no que necesitaban) unas
misma había perdido para siempre. vacaciones a solas. Se rieron cuando les ordené que sólo se tomaran
esas vacaciones si realmente las deseaban, y no que obedecieran a las
Fue importante no haberse limitado a constituir con esta mujer una instrucciones de su terapeuta. Varios días después telefonearon para
coalición abierta o encubierta contra la madre; incluso aunque esta posponer la entrevista siguiente, porque estarían en Tasmania. Para su
técnica podría haber dado resultado a corto plazo, probablemente sorpresa, nadie objetó nada, y el hijo menor incluso había acordado
habría generado más culpa con el transcurso del tiempo. Como obser- vivir con un amigo mientras ellos estuvieran fuera.
van Boszormenyi-Nagy y Spark, «la separación... puede inducir senti-
mientos de culpa en quien la consuma, y la culpa es el mayor obstá-
culo para el éxito de la emancipación auténticamente autónoma» (1984, CONCLUSIÓN
pág. 32). Explorar la historia de su familia de un modo tal que la pau- Una pauta polarizada y crónica de responsabilidad excesiva e insu-
ta, y no el progenitor, aparezca como el problema, hace que la técni- ficiente en la familia está insertada verticalmente en una tradición his-
ca se convierta en un modo de limitar la influencia de esa historia, y tórica, intergeneracional, y también, horizontalmente, en secuencias
no de tratar con más eficacia a la madre. repetitivas de conductas que reflejan sistemas de constructos perso-
La pareja a la que nos hemos referido en este artículo, que sentía nales limitantes. La terapia para los problemas que surgen en tales
haberle fallado al hijo, a los padres del esposo, y haberse fallado el uno familias debe tener en cuenta y abordar tanto los temas intergenera-
al otro, estaba totalmente desmoralizada cuando vinieron a verme. cionales que han conducido a los sentimientos de falta de valía, obli-
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE EXCESO Y DEFECTO DE RESPONSABILIDAD
190 191

gación, culpa, etcétera, y que constituyen un rasgo de tales sistemas, maneciera abierta a la posibilidad de sorprenderse haciendo espontá-
como también las pautas interaccionales del «aquí y ahora» que sirven n e a m e n t e algo egoísta, e incluso quizá un poco perverso.
para m a n t e n e r e intensificar los problemas, y los constructos a través Vino a la sesión siguiente con u n a m i r a d a traviesa y p r e s u m i d a .
de los cuales se los ve. A través del proceso de pasar revista y reescri- Varios días después de la ú l t i m a entrevista, h a b í a p r e p a r a d o a los
bir, p u e d e n verse como «culpables» la p a u t a transaccional intergene- chicos para que fueran al colegio, y cuando se metió en la cocina a lavar
racional y los constructos personales que la h a n causado y resultan de los platos (siguiendo lo que era su práctica diaria normal de limpiar la
ella; no son culpables los actores involucrados, con lo cual éstos pue- casa de u n a punta a otra), miró los platos y, para su sorpresa, se encon-
den ser m á s fácilmente persuadidos de que desafíen dicha pauta inten- tró diciéndoles: «Maldición, podéis esperar hasta más tarde». Sin siquie-
tando «menos de lo mismo» en relación con los problemas específicos ra haberlo pensado, supo que iba a ir a la playa. Ésa sería la p r i m e r a
de sus relaciones presentes. Hemos escogido nuestros ejemplos con la vez que lo haría sin el resto de la familia. Sacó el traje de b a ñ o del guar-
idea de subrayar los temas del artículo, no para sugerir que estos pro- d a r r o p a pero, viendo que estaba algo ajado, se fue en su p r o p i o coche
blemas puedan, en general, ser resueltos sustancialmente por medio hasta la playa y entró en u n a tienda a comprarse un traje de b a ñ o nue-
de prescripciones conductuales simples (aunque esto es a veces lo que vo. Se detuvo ante los de cuerpo entero, pero advirtió que la mayoría
parece suceder), ni tampoco que es s i e m p r e fácil persuadir a las per- de las mujeres, algunas de ellas de m á s o m e n o s su m i s m a e d a d , y
sonas de que intenten enfoques que contradicen por completo mucho m u c h a s m á s robustas que ella, estaban c o m p r a n d o bikinis. Después
de lo que h a n creído durante numerosos años. de cierto tiempo, reunió todo su coraje y se compró un bikini. Se sen-
tía m u y turbada, pero pronto comprendió que, aunque la tienda esta-
ba llena de gente, nadie se había fijado especialmente en ella.
UNA HISTORIA FINAL Después de pasar un rato en la playa, notó que muchas de las muje-
res que estaban a su alrededor se habían quitado la parte superior de
Una mujer de 35 años me fue derivada después de una prolongada sus bikinis.
«depresión». Esposa y madre muy trabajadora, con la casa obsesiva- «...¡Y entonces tuve ese pensamiento perverso!»
mente limpia, hija única de «padres estrictos, ejemplarmente católicos Hasta el día de hoy, la familia de esta mujer no sabe q u e t o m ó el
irlandeses», ella siempre había sido «una niña buena» y, hasta donde sol sin la parte superior del bikini («¡Si mis padres lo supieran, se horro-
podía recordarlo, nunca había mostrado signo alguno de rebelión. Sin rizarían!»). Ya no está deprimida, y, por lo general, se siente m u c h o
embargo, no se sentía «una niña b u e n a » . Estaba en lucha con senti- m á s confiada. Los hijos le resultan m u c h o más fáciles de manejar, y el
mientos de falta de valía y fracaso. «Soy m u y egoísta. Tengo dos hijos esposo es m u c h o más atento. «No lo he vuelto a hacer, y probablemente
maravillosos, aunque a m e n u d o me h a c e n pasar malos momentos, y no lo haré más. El bikini está doblado en el fondo del cajón de mi toca-
mi esposo trabaja mucho para darnos bienestar en la vida.» Le dije que, dor. Lo importante es que sé que está allí y que, si yo quisiera, podría
según mi experiencia, la mayoría de las personas que se sentaban en hacerlo de nuevo.»
mi consultorio y se declaraban egoístas no tenían la m e n o r idea de
cómo serlo. Ella estuvo de acuerdo en que básicamente no había hecho
nada p a r a sí misma hasta donde podía recordarlo, y finalmente acep-
tó, p o r lo menos en un nivel intelectual, que era importante ser egoís-
ta a veces, y que el egoísmo sólo era malo si era excesivo. También acep-
tó, a u n q u e la idea le resultó difícil de captar, la seguridad que yo le
daba de que el hecho de que fuera m á s egoísta representaría un bene-
ficio d u r a d e r o para sus hijos. Al final de la sesión acordó considerar
seriamente mi sugerencia de que, d u r a n t e la quincena siguiente, per-
EPÍLOGO
193

do cambios en ámbitos que no eran los que los habían llevado a bus-
EPÍLOGO
car terapia.
A petición de Talmon, Mordecai Kaffman, director médico de la
Clínica de N i ñ o s y Familias de Kibbutz de Israel, realizó un estudio
similar. Su investigación llegó a resultados análogos.
En su libro, Talmon proporciona orientaciones amplias y claras
acerca de c ó m o realizar terapias eficaces de sesión única. Los casos
descritos demuestran que la gama de personas que pueden ser signifi-
c a t i v a m e n t e ayudadas de este m o d o a b a r c a desde clientes con difi-
cultades relativamente directas, hasta aquellos que sufren depresión,
Consideramos importante terminar con u n a advertencia a los tera-
angustia, problemas de peso, secuelas del divorcio y violencia familiar.
peutas, breves o de otro tipo, acerca de la obra de un colega un tanto
El lector comprenderá por qué considero que esta investigación es
peligroso llamado Moshe Talmon. Es el autor de un libro, Single-Session
extremadamente ominosa. La mayoría de quienes nos dedicamos a la
Therapy, cuyo título basta p a r a q u e se nos p o n g a el vello de punta a
práctica privada sobrevivimos razonablemente si nuestros clientes vie-
quienes nos dedicamos a la práctica privada con dedicación comple-
nen a vernos las cinco o seis sesiones que gran p a r t e de la investiga-
ta (Talmon, 1990). Intrigado por la cantidad de clientes/pacientes que
sólo asisten a u n a sesión (lo q u e m u c h o s t e r a p e u t a s , en el seno de ción considera el número promedio de visitas que ellos tienden a hacer.
muchos marcos, definirían como «abandono»), Talmon decidió empren- No obstante, si se difunde la idea de que se puede obtener mucha ayu-
der alguna investigación de seguimiento, en principio con sus propios da con u n a sola sesión, quizá tengamos que comprarnos taxis o dedi-
pacientes. carnos a alguna otra ocupación de j o r n a d a parcial p a r a complemen-
tar nuestros ingresos.
Una advertencia final. Como terapeutas breves, hemos encontrado
A pesar de mis temores acerca de lo que oiría, los resultados de mis que es común, particularmente en las sesiones del trabajo, que los cole-
seguimientos parecieron casi demasiado buenos para ser verdad: el 78
gas nos h a g a n preguntas del tipo «Sí, pero ¿y qué si...?». Por ejemplo:
por ciento de los doscientos pacientes a los que llamé dijeron que en la
sesión única habían obtenido lo que querían y se sentían mejor o mucho
mejor en relación con el problema que los había llevado a buscar tera- «Sí, p e r o ¿y qué si ella hubiera estado d e p r i m i d a clínicamente y
pia (Talmon, 1990, pág. 9). hubiera sido realmente suicida?»
«Sí, pero ¿y qué si los padres se hubieran negado a dar un paso atrás
p o r q u e los problemas de su hijo adolescente e n m a s c a r a b a n sus difi-
Examinando las pautas de la práctica de más de treinta psiquiatras,
cultades matrimoniales?»
psicólogos y asistentes sociales que trabajaban en un centro médico,
«Sí, pero ¿y qué si él era adicto a la conducta violenta?»
también determinó que las terapias de sesión única (TSU) no eran poco
c o m u n e s : «...la orientación terapéutica de los profesionales no tenía
Estas p r e g u n t a s son intentos genuinos de c o m p r e n d e r mejor los
ningún efecto sobre el porcentaje de las TSU eficaces en relación con
principios y valores de la terapia breve. Sin embargo, a veces quien las
el total de pacientes de cada uno» (pág. 7).
hace, en lugar de preguntar, está definiendo claramente su propia posi-
Más tarde, la investigación fue ampliada. Con la colaboración de
ción acerca de como él o ella piensa que debió haberse diagnosticado
dos colegas, Michael Hoyt y Robert Rosenbaum, Talmon emprendió
y t r a t a d o el caso. Un colega nos ha autorizado a reproducir u n a his-
un programa de investigación más formal. De los contactos que habían
toria que él construyó y que puede utilizarse p a r a responder a las pre-
asistido a u n a sola sesión, el 88 p o r ciento dijo que había experimen-
guntas que, sin duda alguna, pertenecen al último tipo citado.
tado « m u c h a mejoría»; el 79 p o r ciento pensaba que la sesión única
había sido suficiente, y el 65 p o r ciento también había experimenta-
GUlA BREVE DE TERAPIA BREVE

Un cliente fue rechazado por sus padres a la edad de dos anos; lo crió BIBLIOGRAFIA
entonces un grupo de gorilas que vivía en los barrios bajos de la zona
portuaria de San Francisco. Después de luchar por aprender inglés en
los fragmentos de periódicos abandonados en los cubos de basura del
puerto, se enfrentó al problema de una lealtad dividida en la guerra entre
las pandillas callejeras hispanas y el grupo de gorilas, sintiendo simul-
táneamente la sensación de dislocación de los hispanos y la opresión cul-
tural que experimentaban los gorilas. Después de hacerse a la idea de
que era una persona y no un primate inferior, se arrastró hasta una igle-
sia, donde fue objeto de abuso sexual sistemático por parte de una suce-
sión de personas, antes de volverse codependiente y adoptar como esti- Adams, J. F., Piercy, F. P., y Jurich, J. A. (1991), «Effects of solution focused
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mos con sus pensamientos activos de colgarse de las rampas de la auto-
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pista, y decidimos no informar a las autoridades de su activa y seria «idea- Inglaterra, Penguin Books.
ción de primate», pero le contamos nuestras propias experiencias de las Argyle, M. (1983), The psychology of interpersonal behaviour, Harmondsworth,
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Desde luego, somos incapaces de responder a preguntas como: «Sí, pero tamiento interpersonal, Madrid, Alianza, 51994).
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ÍNDICE DE NOMBRES
205

ÍNDICE DE NOMBRES Kearney, P., 86 Rosen, J., 161


Keith, D. V., 184 Rosen, S., 144
Kelly, G., 23, 28, 32, 37, 40-41, 176 Rosenbaum, R., 192
Kiesler, C. A., 122 Rosenhan, D. L., 46
Kleckner, T., 61,62, 67 Rosenthal, R, 45, 46, 59
Koestler, A., 150, 151 Rossi, E. L., 95, 139, 145. 146, 150, 161
Kowalski, K., 122 Russell, Bertrand, 17, 19, 166
Kral, R., 122 Russell, Peter, 42
Krasner, B., 174
Kundera, M., 61 Sartre, J.-P., 183-184
Satir, Virginia, 20
L'Abate, L., 161, 166, 167 Schacter, S., 61, 65
Laing, R D., 184 Scheflen, A. E., 50, 71
Adcock, C. J., 45 Dowling, E., 167 Lankton, C, 27 Schultz, D., 40, 44
Adler, A., 161 Duncan, B. L., 38 Lankton, S., 27 Secord, P. R, 61
Ahola.T., 111, 112. 126 Dunlap, K., 161 Lisiecki, J., 161 Shakespeare, W., 127
Alexander, J. F., 35 Durrant, M., 194 Shannon, C E . , 19
Anderson, A., 163, 166 Maccitelli, F., 161 Singer, J. E., 61, 65
Anderson, H., 40, 83 Eco, U., 49 McGregor, H., 103 Southgate, P., 163
Epston, D., 33 McGuire, W. J., 93 Spark, G. M., 174, 178, 179, 188
Bandler.R., 151 Erickson, Milton, 19, 20, 95, 139, 142, 143, Madanes, C, 23, 24, 31-32, 34 Speed, B., 49, 52, 56, 165
Bateson, Gregory, 19, 20 144, 145, 146, 150, 161 Markowitz, L. M., 83 Spencer-Brown, G., 37, 38, 40
Beavin, J. H., 20 Maturana, H. R., 84 Stanton, M. D., 21,34-35
Bem, D. J., 65 Fane.J., 171 Miller, G. R., 90 Stapp, H. P., 51
Berg.I.K., 117,123 Ferber, A., 156 Müler, S. D., 116 Stephens, B. J., 177, 178
Bettinghaus, E. P., 89 Feyerabend, P., 60 Minuchin, S., 20, 156 Storms, M. D., 65
Bobrén, H. M., 88 Fisch, R., 20, 21, 23, 27, 29, 72, 73, 161, 186 Mischel, W., 43 Strauss, A. L., 111
Bodin, A., 45, 65, 156 Fisher, L., 163, 166 Molnar, A., 113
Boscolo, L., 21 Fishman, H. C, 156 Montalvo, B., 20 Talmon, M., 192-193
Boszormenyi-Nagy, 174, 178, 179, 184, 188 Flaskas.C, 130, 132 Morgenstern, O., 185 Teisman, M. W., 160
Brehm, J. W., 162 Frankl,V., 160, 169 Mozdzierz, G., 161 Tennen, H., 162
Breunlin, D., 160, 165 Freedman, J., 158 Von Neuman, J., 185
Brock, T. C, 91 Frude, N., 167 Nietzsche, F., 171
Bronowski, J., 37 Fry, William Jr., 19 Nisbett, R. E., 65 Waddington, C. H., 56, 97
Brooks, W. D., 83, 88 Furman.B., 33, 111, 126 Nunnally, J. C, 88 Wald, G., 184
Bums, Robert, 120 Wallas, L., 149
Gendlin, E. T., 66 OHanlon, William H., 13, 14, 23, 33, 59, 119, Walter, J. L., 33
Cacioppo, J. T., 91 Gentry, D., 160 121,142 Watzlawick, P., 15, 20, 21, 25, 49, 51, 59, 72,
Cade, Brian, 13, 23, 30, 32, 46, 59, 66, 90. 99, Goolishian, H. A., 40 O'Reilly-Byrne, N., 86 97, 127, 159, 160, 161, 163, 166, 167
136, 163, 165, 166, 171 Greenberg, G. S., 20, 35, 64 Weakland, J. H., 15, 19, 21, 22, 23, 26, 30, 72,
Capra, F., 51 Grinder, G., 151 Palazzoli, M. S., 21, 161, 164, 165, 166
87, 97, 98, 161
Card.O. S., 111 Grube, J., 91 Papp, Peggy, 22, 23, 25, 165
Weaver, W., 19
Carroll, Lewis, 159 Parsons, B. V., 35
Weeks, G., 161,166, 167
Cecchin, G., 21 Haley, Jay, 15, 19,20,23,29, 30, 146,161,167 Pascal, 83
Wegner.D. M., 131
Chomsky, N.. 40 Hanré, R., 61 Pearson, R, 165
Weiner, N., 19
Cicerón, 69 Harrison, J. G., 37 Peller, J. E., 33
Weiner Davis, M., 23, 33, 112, 113, 119, 121
Cody. M. J., 89 Heath, R W., 83. 88 Perloff,R.M.,91
Welwood, J., 55
Colgan-McCarthy, I., 86 Hoffman, Lynn, 21 Petty, R. E., 91
Whitaker, C. A., 184
Combs, G., 158 Hoyt, M., 192 Prata, G.. 21
White, M., 33
Comwell, M., 165 Whitehead, A. N., 19, 56
Coyne, J. C, 127, 131,133 Jackson, D. D., 20, 64 Rabkin, R., 19,21,22,69
Riskin, Jules, 20 Winnicott, D., 171
Jacobson, L., 45, 59
de Bono, E., 44 Jones, J.E., 163, 166 Rohrbaugh, M., 162, 166 Yates, J., 160
Dell, P. F., 166 Jordán, L., 87 Rokeach, M., 88
de Shazer, Steve, 16, 23, 33, 73. 79. 113, 114, Romain, J., 69 Zeig, J., 139
115, 117,118,119, 121,157 Kaffman, M., 193 Rose, S., 71 Zukav, G.,47, 51, 127
ÍNDICE ANALÍTICO
207
ÍNDICE ANALÍTICO cias pasadas, 64, 65
Imaginería, 151
Empatia, 80
Influencia y pericia, 83-85
Empleo de las aptitudes naturales del cuerpo,
— neutralidad, 85-87
154-55
Instituto de Investigación Mental (MRI), Véase
Enfoques anarquistas, 60
Centro de Terapia Breve
Enfoques en el futuro, 33, 75, 125-126
Instituto de la Familia (Cadiff, Gales), 165
Erickson, Milton:
Intervención en la pauta:
— técnicas de utilización, 142
— contextúa!; utilizando aspectos de las pro-
— y el uso de la seudoorientación en el tiem- pias conductas y creencias del cliente, 142-
po como técnica hipnótica, 19-20, 119 143
— y la teoría de la intervención, 27 — ejemplos, 143-148
Esquizofrenia, 20
Adecuación o ajuste, 57-59 Clínica de Orientación Infantil de Filadelfía, — complejidad de la, 70 — enfoques individual e interpersonal, 139
Analogía, 149-152 120 — intervención en pautas de atracón, 140
— enfoques sistémicos de la intervención en 141, 145
— adopción del modo preferido del cliente, Coaliciones transgeneracionales, 20 la, 164-165
142-152 Colonización, 168-169 — modificando las acciones del problema,
Etapas de la vida, 29 139-148
— comunicación a través de la, 32 Competencia, 111 Ética:
— «caja negra», 37 Connotación positiva, 133, 164 — principales modos de la, 142-143
— y uso de las intervenciones paradójicas, — y el rapport con el cliente, 148
Véanse también Anécdotas, parábolas y Constructos: 166-167
relatos; Metáfora — definición del visitante, 73 — y «relación de compra», 148
Evaluación, proceso de, 69-82
Anéctodas, parábolas y relatos, 152-154 Intervención terapéutica, 27-33
— definiciones de los, 42 — clarificación y expresión de las metas, 79-
Véanse también Analogía; Metáfora — el cliente hostil, 72-3 82 — comunicación por medio de la analogía,
Anorexia: 32
— el presente y el futuro como focos de las — construcción de un problema resoluble,
— enfoques sistémicos de la intervención, — directivas, 32-33
soluciones, 75 82
164 — etapas de la vida, 29
— enfoques centrados en el futuro, 79-81 — creación de «una realidad», 70
«Asociados de Milán», 21, 136 — generación del cambio, 30
— enfoques centrados en el presente, 76-78 — definición del comprador, 73-74
Atribución, 55-56 — pautas como hábitos, 28-29
— identificación de la causa «real», 71 — definición del foco, 72
— las operaciones básicas, 38-40 — definición del quejoso, 73 — principios de la, 27-28
Brief Family Therapy Center. Véase Centro de jerarquías de distinciones, 39 — determinación del problema, 75-76 Intervenciones. Véanse Intervenciones enmar-
Terapia Familiar Breve — y jerarquía de influencias, 70-71 — enfoques diferentes de la, 70 cadoras; Intervenciones paradójicas;
Brief Therapy Center. Véase Centro de Terapia Control social, 71, 86-87 — formación para la, 33-34 Intervención en la pauta; Soluciones
Breve — investidura en el, 98-99, 148 — intervención terapéutica, 27-33 Intervenciones de fórmula, 113
— peligros de la sesión única, 192-193 Intervenciones enmarcadoras, 127-137
Cambio anterior a la sesión, 112-133 Descripción en vídeo, 71, 76, 80, 119 — preguntas «¿y qué si...?», 193-194 — búsqueda del marco correcto, 137
Cambio, 30-31 Diagnóstico. Véase Evaluación, procesos de — relación de compra, 72-75 — como proceso interaccional, 131
Centro de Terapia Familiar Breve (Milwau- Directivas paradójicas, 21 importantes aspectos de la, 73-74 — como un proceso de colaboración, 130-32
kee), 112 Directivas, 31-32, 83, 122 la relación terapéutica, 74-75 — definición, 127-28
Centro de Terapia Breve (Palo Alto, Califor- Disfunción jerárquica, 23-25 Excepciones, 77, 114-118 desenmarcamiento, 129
nia), 15, 72, 73-74, 97, 161 Distinciones, trazados de las, 38, 43 reenmarcamiento, 128
— bases para el modelo de la terapia breve, — jerarquías de distinciones, 38, 42, 70 Family Institute. Véase Instituto de la Familia — ejemplo de desenmarcamiento, 135-136
25 — operación básica, 38-40 Figura/fondo: efecto de las tendencias del — jerarquías de constructos, 128
— e importancia de la conducta y la terapia — potencial curativo del reenmarcamiento,
observador, 45-46, 51-55 131
familiar, 64 «Efecto Pigmalión», 55 Formación de los terapeutas, criterios para
— impacto temprano en el campo de la tera- Emociones, 61-67 — reenmarcamiento y desenmarcamiento,
la, 33-34 128-137
pia familiar, 21 — autoatribución de, 65
— Instituto de Investigación Mental, 20, 21 diferencia entre, 130
— como preparación para la acción, 64 Haley, Jay:
Centro per lo Srudio della Famiglia (Milán), — y congruencia suficiente, 133
— diferentes enfoques terapéuticos de las, 63 — criterios para la selección y formación de
161 — y «verdades subjetivas», 130
— importancia de escuchar y realimentar, los terapeutas, 33-34
Cerebro: Hipnosis: Intervenciones paradójicas, 159-169
62-64
— niveles de explicación para comprender- — clases de escalada de la estrategia para-
— importancia de la conducta y las, 64 — técnicas hipnóticas, 21 dójica, 163-164
lo, 71 — interpretación de las, 64-67 — y empleo de las aptitudes naturales del
Clínica de Niños y Familias de Kibbutz redefinición, 163
— su abordaje por el terapeuta, 61-62 cuerpo, 154-55
(Israel), 193 reorientación, 164
— sus efectos sobre el recuerdo de experien- Homeostasis familiar, 19, 165
— clasificación de las paradojas, 162-163
— confusión con la confrontación o el desa-
GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE ÍNDICE ANALÍTICO
208 209

fío, 160 P a r a d i g m a i n t e r a c c i o n a l , 17 R e s i s t e n c i a , 72-73 t e m p e r a t u r a , 121


— c o n t r a i n d i c a c i o n e s , 166 P a r a d i g m a s i s t é m i c o , 17 R e s p o n s a b i l i d a d excesiva e insuficiente: Soluciones intentadas, 25. 26, 79, 97, 103, 186
— definición de la p a r a d o j a , 159-160 P a u t a s c o m o h á b i t o s , 28-29 — c o n s e c u e n c i a s del f u n c i o n a m i e n t o exce-
— definición de las técnicas paradójicas, 160- — c o m o c o n c e p t o unificador, 139 sivo, 173-174 Tarea de la p r i m e r a sesión, 112
161 P a u t a s i n t e r g e n e r a c i o n a l e s , 174-175, 190 — c o n t i n u u m , 176-183 T e n d e n c i a del e x p e r i m e n t a d o r , 4 5
— e m p a t i a , no t r a m p a , 168-169 P e r s u a s i ó n , 87-95 — — ejemplo, 179-183 Teoría de los t i p o s lógicos, 166
— enfoque de e q u i p o , 165 — c o n g r u e n t e c o n los d e s e o s del cliente, 88- p a u t a s o p u e s t a s de adaptación: «humil- Terapeutas:
— enfoque dialéctico para comprenderlas, 89 des» y «exaltadas», 177-178 — a b o r d a j e de las e m o c i o n e s del cliente, 6 1 -
166 — efectos de la a u t o c o n f r o n t a c i ó n , 91 — ejemplo, 189-191 62
— enfoques s i s t é m i c o s , 165 — e f e c t o s de la r e p e t i c i ó n de los mensajes — enfoque terapéutico, considerando las pau- — m e t a s y p r e o c u p a c i o n e s de los, 22
— éxitos c o n las, 160 p e r s u a s i v o s , 93-94 tas transaccionales intergeneracionales, — selección y formación de los, criterios para
— historia de las, 161 — e m p l e o de a l t e r n a t i v a s ilusorias, 94 173-174 la, 33-34
— niveles de c a m b i o : p r i m e r y s e g u n d o — e m p l e o de a r g u m e n t o s en c o n t r a r i o , 9 1 - -— génesis de la, en las experiencias formati- — y reputación manipulativa/no ética, 16-17
o r d e n , 165-166 92 vas, 174-176 Terapia breve/estratégica:
— p r e s c r i p c i ó n del s í n t o m a , 161 — e m p l e o de a r g u m e n t o s g e n e r a d o s por el — h a c e r d e m a s i a d o de algo, 184-189 — a l c a n c e de este libro, 16-18
— p r e s c r i p c i o n e s b a s a d a s en el desafío, 162 p r o p i o sujeto, 90-91 el p r o c e s o del círculo vicioso, 186-189 — a p l i c a c i ó n de s o l u c i o n e s « e r r ó n e a s » , 25-
— p r e s c r i p c i o n e s b a s a d a s en la obediencia, — j e r a r q u í a de c r e e n c i a s , 88 — j u e g o de s u m a cero, 185 26
162 — validación de los s e n t i m i e n t o s del cliente, — « m e n o s de lo m i s m o » , 190 — definiciones de la, 22-23
— teoría de B r e h m de la r e a c t a n c i a psicoló- 88-89 — m i t o s culturales sobre las relaciones entre — d e s a r r o l l o de la, 15
gica, 162 — y cliente d o g m á t i c o , 89-90 los roles, 175-176 — ejemplos de c o n s t r u c t o s l i m i t a n t e s , 183
— y el «juego familiar», 164-165 P h i l a d e l p h i a C h i l d G u i d a n c e Clinic. Véase — niveles de r e s p o n s a b i l i d a d , 173-174 — enfoque de la, 22-27
— y e m p l e o de m e n s a j e s del observador, 165 Clínica de Orientación Infantil de Filadelfia — relaciones «perseguidor/rescatador», 172 c e n t r a d o s en el p r o c e s o y los c i r c u i t o s
— y ética profesional, 166-167 «Potencial c o l o n i z a d o r » , 86 — s i s t e m a s de c o n s t r u c t o s personales, 183- d e r e a l i m e n t a c i ó n , 25-27
— y m a n i p u l a c i ó n , 166-167 « P r e g u n t a del m i l a g r o » , 77, 80, 114, 118-122 184 • interesados en la forma y la función, 24-
— y p r o c e s o de colonización, 169 P r e g u n t a s «¿y q u é sí...?», 193-194 — y s e n t i m i e n t o de culpa, 188 25
P r e s c r i p c i ó n del s í n t o m a , 161-162, 165 Restricción. 9 3 . 162 — e x t r a c c i ó n de los, 41
J e r a r q u í a y o r g a n i z a c i ó n , 124 Principio de e c o n o m í a , de Guillermo de — f i g u r a / f o n d o : efectos de la t e n d e n c i a del
J u e g o d e s u m a c e r o , 185 Occam, 17,40 S a n t a C o l u m b i a de Escocia, 125 o b s e r v a d o r , 45-47
Profecía d e a u t o c u m p l i m i e n t o , 5 1 , 5 9 S e c u e n c i a s , 23 — historia t e m p r a n a de la, 19-22
Lenguajes, 40 Síntomas: — p a u t a s de a s o c i a c i ó n , 42
Realidad, 4 9 - 6 0 — c o m o se los ve en la t e r a p i a e s t r a t é g i c a , d e s a r r o l l o de j e r a r q u í a s de, 42
Manipulación, 16, 84-85, 130-132, 166-167 — « c o m p a r t i d a » , 57 24-25 i r r e a l i d a d , 46
«Mapas m e n t a l e s » , 32 — c o s a s y h e c h o s , 4 9 , 50 Soluciones: — p e r s o n a l e s , 32, 40-44
M a r c o s , 127-28 — de la familia, 52-53, 54, 55, 57 — a l e n t a n d o « m e n o s de lo mismo», un ejem- d i m e n s i o n e s p r i m a r i a s , 43-44
M á s de lo m i s m o , 2 5 , 55, 97-98, 185 — d e b a t e s o b r e la n a t u r a l e z a de la, 49 plo, 104-109 p e r m e a b l e s e i m p e r m e a b l e s , 44
Memoria: — e n f o q u e s a n a r q u i s t a s de las concepciones — c u l p a y r e s p o n s a b i l i d a d , 103-104 p r o c e s o s d e m e m o r i a , 42-43
— p r o c e s o s de la, 42 d e la, 59-60 — el foco en el futuro, 125 teoría de las p e r s o n a l i d a d e s (Kelly), 40-
Mental Research Institute (MRI). Véase Centro — influencia de las p a u t a s de asociación, — excepciones, c u a n d o no h a y queja, 114 41
de Terapia Breve 52,53, 53-60 — i n t e n t a r algo diferente, 102-103 — principales t e m a s y desarrollos de la, 34-35
Metáfora, 149, 150, 156-157 — m a r c o p a r a p e n s a r l a , 59 u b i c a c i ó n en escala, 122-103 — vías e n t r e a s o c i a c i o n e s , 42
— a través de la a c c i ó n , 156 — niveles de la r e a l i d a d definida, 49-50 — «intervenciones de fórmula», 113-114 — z o n a s de p r e o c u p a c i ó n acerca de la, 16-17
— m e n s a j e s m e t a f ó r i c o s del t e r a p e u t a , 157- d i f e r e n c i a c i ó n e n t r e los, 59 — m é t o d o s q u e no s u e l e n d a r resultado, 99- Terapia d e s e s i ó n ú n i c a :
158 g r a d o de « a d e c u a c i ó n » entre los, 59-60 104 — peligros de la, 192-193
— t a r e a s m e t a f ó r i c a s , 157 — p e r c e p c i o n e s de la, s e g ú n las tendencias, autosacrificio/autonegación, 101 Terapia e s t r a t é g i c a :
Véanse también Analogía: Anécdotas, p a r á - 51-55 «¡hazlo e s p o n t á n e a m e n t e ! » , 101 — d e f i n i c i ó n (Haley), 22
bolas y relatos — p r o b l e m a s de definición de la, 50 p o s t u r a de s u p e r i o r i d a d moral, 100 — enfoques i n t e r e s a d o s en la forma y la fun-
M e t a s , 79-82 — p r o c e s o de « e n d u r e c i m i e n t o de las cate- s e r m ó n no solicitado, 100 ción, 23-24
Mitos c u l t u r a l e s , 5 3 , 176 gorías», 59 — q u e se c o n v i e r t e n en el p r o b l e m a , 97-100 — s í n t o m a s , 24-25
Motivación: — significado, 50 p a u t a s q u e se autorrefuerzan y auto- Véanse también T e r a p i a breve/estratégica
— tal c o m o la p e r c i b e el t e r a p e u t a , 21 — y el p o d e r de la p r o f e c í a de a u t o c u m p l i - m a n t i e n e n , 98
miento, 55, 59 — « p r e g u n t a del milagro», 80, 114, 118-122 Validación, 6 3 , 88
Negociación del p r o b l e m a . Véase Evaluación, R e e n m a r c a m i e n t o y rerrotulación, 32 — t a r e a de la p r i m e r a sesión, 112-113 Verdad subjetiva, 46-47, 130-32
proceso de Véanse también I n t e r v e n c i o n e s de r e e n - — y e m p l e o c u i d a d o s o d e l l e n g u a j e p o r la
N e u t r a l i d a d en la t e r a p i a , 85-87 marcamiento