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Genocidio de Ruanda: La institucionalización del odio.

Un 7 de abril de 1994 en Ruanda sus ríos se llenaron de sangre, dejando una herida
abierta en este pequeño país africano. Durante 100 días murieron al rededor de un millón
de Tutsi y Hutus moderados.
Antes de la invasión de los belgas sobre Ruanda; los Tutsis, los Hutus y los Twas vivían
pacíficamente la única diferencia era la socioeconómica.
Los belgas impusieron diferencias raciales entre estos 3 grupos humanos, desatando el
odio entre los Tutsis y Hutus. Además los belgas tenían mayor simpatía con los Tutsis y
estos tenían poder dentro de la administración de Ruanda, relegando a los Hutus. Durante
años se dieron revueltas por parte de los dos grupos.
Cuando Ruanda se convirtió en un República los Hutus se instalaron en el poder, el
primer presidente ruandés intentó mejorar las relaciones entre estos dos grupos. Esto no
fue posible y Juvenal Habyarimana dio un golpe de Estado.
Durante el gobierno de Habyarimana, se creó el grupo Akura que gobernaba en la sombra
del presidente.
Este grupo estaba conformada por Hutus extremistas importantes que institucionalizaron
el odio hacia los Tutsis en las escuelas, los medios de comunicación, las iglesias, entre
otros. Con el fin de legitimizar la matanza de los Tutsis.
El acuerdo de Arusha, dejó un sin sabor entre los Hutus y Tutsis, al regreso del presidente
Habyarimana a Ruanda es fusilado antes de bajarse del avión presidencial. Al día
siguiente se desató uno de los grandes atentados contra los derechos humanos, los Hutus
extremistas con hachas en mano mataban a diestra y siniestra a sus vecinos, amigos,
conocidos o cualquiera que fuera Tutsi y aquellos Hutus que ayudaban a Tutsis que eran
considerados traidores.
Muchos Tutsis se escondieron en iglesias, colegios, hospitales, entre otros lugares que
fueron asesinados en masa, muchos Hutus fueron obligados a matar.
Por parte de la Naciones Unidas desplegó 2500 cascos azules en Ruanda, que no tuvo
intervención en el genocidio. Así mismo consejo de seguridad por unanimidad decidió
reducir el número de cascos azules de 2500 a menos de 200.
Los miembros permanentes utilizaron su derecho a veto para que la ONU no interviniera
en Ruanda, asegurando que era una Guerra Civil y que no querían ir en contra del
principio de soberanía.
Después de casi 25 años las heridas siguen abiertas en Ruanda. El actual presidente de
Ruanda Paul Kagame a implementado "la reconciliación nacional" en la que se busca el
perdón de las víctimas con los victimarios, forzandolos de cierta manera a convivir con el
oscuro pasado que ellos tuvieron que vivir hace casi 25 años.
El genocidio de Ruanda nunca debe ser olvidado y no debe llevar a la reflexión de
nuestro propósito como humanidad para que este tipo de masacres nunca vuelvan a
ocurrir.