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Los 144,000 del monte de Sion (14:1–5)

En los caps. 14 y 15, se presentan diversos detalles del escenario mundial tanto en la tierra como en
cielo, en preparación para la serie final de las siete copas de juicios del cap. 16 así como de los juicios de
los caps. 17–18.

14:1–2. Primero se vuelve a dar un atisbo del Cordero que estaba en pie sobre el monte de Sion, y
con él ciento cuarenta y cuatro mil. Es lógico pensar que este es el mismo grupo que se menciona en
7:4–8, pero que aquí se encuentra en un período posterior de la tribulación. Cronológicamente, la visión
prevé que el triunfo hará que los ciento cuarenta y cuatro mil estén todavía intactos cuando Jesucristo
regrese del cielo a la tierra. A diferencia de muchos otros que serán martirizados, estas personas
sobrevivirán a ese período. Pero no son los únicos que lo harán, puesto que muchos gentiles y judíos se
volverán a Cristo durante el último tiempo; de alguna manera escaparán del martirio y se sentirán
honrados de dar la bienvenida al Señor cuando regrese.

De nuevo, la escena celestial es dramática, porque se escucha una voz como estruendo de muchas
aguas …, y como sonido de un gran trueno …; como de arpistas (cf. “truenos” en 4:5; 6:1; 8:5; 11:19;
16:18; 19:6).

14:3–5. Juan dice: y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres
vivientes, y de los ancianos. Es evidente que esos cantantes forman parte de un coro celestial. Pudiera
estar formado por la multitud de vestiduras blancas mencionadas en 7:9–17. Pero no hay justificación
aquí para ver al cielo como si fuera el monte de Sion. Es mejor considerar que el coro estará formado
por los ciento cuarenta y cuatro mil (cf. 14:1) que todavía no habrán muerto y que estarán en la tierra en
el verdadero monte de Sion.

La referencia que se hace a la pureza de los ciento cuarenta y cuatro mil puede deberse a que
durante los difíciles tiempos de la gran tribulación no pudieron tener una vida normal de casados. O tal
vez se refiere a la pureza espiritual, a menudo simbolizada por la virginidad (cf. 2 R. 19:21; Is. 37:22; Jer.
18:13; 31:4, 21; Lm. 2:13; Am. 5:2). En 2 Corintios 11:2, el concepto de virginidad se extiende a toda la
iglesia, incluyendo ambos sexos.

Algunos creen que los ciento cuarenta y cuatro mil serán evangelistas de la gran tribulación. Pero no
hay indicios de que sean predicadores o profetas; su testimonio estribará principalmente en su pureza
moral y en el hecho de que no fueron martirizados como muchos otros y porque siguen al Cordero por
dondequiera que va. Juan añade: Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para
Dios y para el Cordero. La palabra “primicias” sugiere que esos israelitas convertidos precederán a
muchos otros que se volverán al Señor cuando él venga en su segunda venida (Zac. 12:10; Ro. 11:15, 26–
27). Asimismo se describen como sin mancha (amōmoi, palabra que se usaba para referirse a los
animales del sacrificio sin defecto), y como aquellos que aunque vivieron en el período del grandísimo
engaño de Satanás, se mantuvieron alejados de la mentira. Como un todo, el pasaje es un vistazo
profético del triunfo que obtendrán los ciento cuarenta y cuatro mil sellados cuando Cristo regrese.

b. El mensaje de los tres ángeles (14:6–12)

Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2006). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo
Testamento, tomo 4: Hebreos-Apocalipsis. Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.
Página . Exportado de Software Bíblico Logos, 7:40 a. m. 22 de noviembre de 2018.
14:6–8. A Juan se le dio la visión de un ángel que llevaba un mensaje, al que se llama el evangelio
eterno. Ese mensajero fue comisionado para entregarlo a todos los moradores de la tierra, i.e., a todos
los grupos de seres humanos. Debido a que se usa la palabra “evangelio” algunos han pensado que se
refiere al mensaje de la salvación o de buenas nuevas del reino venidero. Sin embargo, el contexto
parece indicar lo contrario, porque el mensaje es de juicio y condenación. El ángel dijo: Temed a Dios y
dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Así que el mensaje eterno más bien parece que
habla de la justicia de Dios y del castigo divino en vez de ser un mensaje de salvación.

El primer ángel fue seguido por otro ángel, que anunció: Ha caído …, Babilonia, la que
emborrachaba a otros con el vino … de su fornicación. Es evidente que esto es un anticipo de la
descripción que se hace de esa ciudad más adelante (V1. el comentario del cap. 18).

14:9–12. Y el tercer ángel los siguió con otro juicio contra los adoradores de la bestia y … su
imagen, los que recibieron la marca, los cuales serán objeto de la ira de Dios. Éstos están destinados al
tormento eterno junto con Satanás, el mundo demoniaco, y todos los impíos. En el v. 11 se establece el
carácter eterno de ese castigo con las palabras: el humo de su tormento sube por los siglos de los
siglos. Y no tendrán reposo. Pero los que obedecen los mandamientos de Dios y son fieles, necesitarán
de paciencia (v. 12; cf. 13:10). Aunque la doctrina del castigo eterno es muy impopular entre los
eruditos liberales y difícil de aceptar, no obstante se enseña con claridad en la Biblia. Jesús y el apóstol
Juan dicen más acerca de este asunto que todo el resto de las Escrituras.

c. Bendición de los santos fieles (14:13)

14:13. Después que el tercer ángel hizo su pronunciamiento, Juan escuchó una voz que le ordenó
desde el cielo: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. A
esto, el Espíritu Santo añade la promesa: descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos
siguen.

A menudo, este pasaje se cita en relación con las bendiciones generales de Dios sobre todos los
cristianos, pero el contexto indica que ésta es especialmente para aquellos que mueran durante la gran
tribulación. Para ellos, la muerte será una liberación bendita de las persecuciones, tormentos y pruebas,
y la entrada a la gloriosa presencia del Señor.

d. Los mensajes del segundo grupo de tres ángeles (14:14–20)

14:14–16. Siguiendo con su visión, Juan vio en una nube blanca, a uno sentado semejante al Hijo
del Hombre, que llevaba en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Aunque algunos
han identificado “al Hijo del Hombre” con un ángel, es más probable que sea Cristo mismo, a quien con
frecuencia se le da ese nombre (cf. 1:13). Sólo en el evangelio de Mateo se le llama así más de 25 veces
(Mt. 8:20; 9:6; 11:19; 12:8, 32; 13:41; etc.). La hoz que lleva en la mano sugiere castigo, y esto se apoya
por el mensaje que dan los tres ángeles (Ap. 14:15–20).

Otro ángel clamó a Cristo pidiéndole: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, y
añade que la mies ya estaba madura. Esa madurez es en el sentido de productos marchitos o podridos

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V. véase

Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2006). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo
Testamento, tomo 4: Hebreos-Apocalipsis. Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.
Página . Exportado de Software Bíblico Logos, 7:40 a. m. 22 de noviembre de 2018.
(exēranthē). Lo que sigue es un castigo, porque Jesucristo metió su hoz en la tierra. Alford afirma que el
v. 14 se refiere a la cosecha de los santos, y que los vv. 15–16 describen el juicio contra los impíos (The
Greek Testament, “El Testamento Griego”, 4:691). Pero es difícil imaginar una cosecha de santos que se
haya pasado de madura.

14:17–20. Otro ángel, que también tenía una hoz aguda, recibió las palabras de otro ángel que le
ordenó diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están
maduras. Aquí se usa una palabra diferente para madura (ēkmasan), que significa “totalmente crecida”
o “en condición óptima”. Las uvas estaban llenas de jugo y listas para ser cosechadas. Obedientemente,
el ángel vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y fue pisado el
lagar fuera de la ciudad, tal vez Jerusalén (cf. “la gran ciudad” en 11:8).

La costumbre era obtener el jugo de uva pisando la fruta en una prensa para vino. Sin embargo, el
resultado aquí es diferente. Del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos
estadios, o sea, unos 290 kms2. Aunque esa distancia puede ser literal y designar el área del juicio que
rodea a Jerusalén, por supuesto que es imposible que la sangre alcance una altura donde tocaría los
frenos de los caballos. Lo que esto quiere decir es que habrá un espantoso derramamiento de sangre, el
cual salpicará tan alto como los frenos de un caballo. Este es un cuadro gráfico de una gran matanza (Is.
63:1–3). Otros pasajes (e.g. Ap. 16:14; Dn. 11:40–45) ponen en claro que al tiempo de la segunda venida
de Cristo, se estará llevando a cabo una tremenda guerra mundial con un alcance terrible, y este puede
ser un cumplimiento parcial de esas profecías.

Tomado como un todo, Apocalipsis 14 se refiere por un lado, a la preservación de los 144,000
durante la gran tribulación. Por otro, explica en forma gráfica algunos de los espantosos juicios que
sufrirá el mundo que rechace a Cristo y siga al usurpador satánico.

William Kelly considera este cap. como un bosquejo de los principales acontecimientos del fin de los
tiempos: (1) la aparición de un remanente fiel de Israel; (2) la predicación a los gentiles; (3) la caída de
Babilonia; (4) la condenación de los adoradores de la bestia; (5) la bendición para los santos que serán
martirizados; (6) la cosecha; (7) la ira de Dios que caerá sobre el mundo (Lectures on the Book of
Revelation, “Conferencias Acerca del Libro de Apocalipsis”, pág. 330).

2
kms. kilómetro (s)

Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2006). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo
Testamento, tomo 4: Hebreos-Apocalipsis. Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.
Página . Exportado de Software Bíblico Logos, 7:40 a. m. 22 de noviembre de 2018.