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Agotamiento psicológico, cuando la gota colma el vaso

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loheriva November 20, 2018

El agotamiento psicológico nos debilita física y


mentalmente. Es una dimensión que surge como resultado de
los “demasiados”: demasiadas decisiones, demasiados
pensamientos intrusivos, demasiado trabajo, obligaciones,
interrupciones, ansiedades… A su vez, es también el reflejo de
muchos “pocos”: poco tiempo de calidad para uno mismo,
pocas horas de sueño, poca calma interior…

Todos hemos experimentado alguna vez esta sensación, este


desgaste a todos los niveles. Es importante tener en cuenta que
un cerebro fatigado, agotado psicológicamente, trabaja y
responde a los estímulos de otro modo. Así, y como dato
curioso, el neurocientífico Matthew Walker pudo demostrar a
nivel de laboratorio que las personas mentalmente cansadas
tienen una percepción más negativa de su realidad y además,
son mucho más sensibles a nivel emocional.

A veces simplemente te cansas, te quedas agotado y sin fuerzas


en ese rincón solitario del desánimo donde todo pierde su
razón de ser, su brillo, su espontaneidad…
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Por otro lado, un aspecto que a veces nos lleva a errores es
llegar a pensar que ese agotamiento psicológico se debe, en
esencia, a una acumulación fatídica de errores, de malas
decisiones, fracasos o decepciones. No es cierto. La mayor
parte de las veces el cansancio es el resultado directo de un
volumen desmesurado de tareas y actividades que asumimos
sin percibir que nos superan.

Todos hemos oído aquello de que la percepción de nuestra


realidad depende a veces de cómo vemos el vaso, si medio lleno
o medio vacío. Sin embargo, y en relación al presente tema,
podríamos formular la pregunta de otro modo: y tú… ¿cuánta
cantidad de agua podrías soportar si tuvieras esa taza en la
mano? A veces, basta solo una gota más para colmar el vaso y
llegar al límite de nuestras fuerzas.

Agotamiento psicológico, un problema demasiado común

Carlos se siente satisfecho con su vida, de hecho, no podría


pedir más. Es diseñador gráfico, le gusta su trabajo, tiene una
pareja a la que adora y además acaba de ser padre. Todo lo que
le rodea es satisfactorio, no hay ningún problema importante en
su vida; sin embargo, cada día nota que le cuesta más tomar
decisiones, su humor es más taciturno, no puede concentrarse e
incluso tiene problemas para conciliar el sueño.

Se siente incapaz de entender qué le ocurre. Todo va bien, de


hecho debería sentirse más feliz que nunca; sin embargo, en su
mente hay una especie de sensor que le indica que “algo falla,
que algo va mal”. Si tuviéramos un observador externo en esta
historia nos podría explicar varias cosas que le servirían de
ayuda a nuestro protagonista.

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Una de ellas es que Carlos tiene la sensación de que están
ocurriendo demasiadas cosas a la vez en su vida: un ascenso,
nuevos proyectos profesionales y clientes a los que satisfacer,
un hijo, una hipoteca, la consolidación de una etapa personal
donde desea (se exige) que todo sea “perfecto”… Todo ello da
forma a una constelación donde “muchos pocos” hacen un
“demasiado” en su cabeza, poniendo en peligro su capacidad
de control. Su agotamiento mental es evidente, además de
desgastante. Veamos a continuación cómo impacta en
nosotros la fatiga mental.

Signos y consecuencias del agotamiento psicológico


Fatiga física y pérdida de energía. La sensación de
agotamiento llega a veces a tal nivel que es común
levantarnos por la mañana teniendo la firme convicción de
que no vamos a poder con nuestra jornada.
Insomnio. Al principio es común sufrir súbitos despertares
por la noche, pero más tarde podemos experimentar serias
dificultades para conciliar el sueño.
Pérdidas de memoria. Según un artículo publicado en la
revista “The Journal of Forensic Psychiatry & Psychology”,
el agotamiento psicológico suele producir una alteración
cognitiva llamada “efecto de desinformación”. Es ese
donde confundimos datos, donde evocamos la información
de forma incorrecta, mezclando imágenes, personas,
situaciones…
Entre los síntomas físicos es común experimentar
palpitaciones, problemas digestivos, cefaleas, pérdida del
hambre o un aumento excesivo del apetito…
A nivel emocional es muy característico el sentirnos más
sensibles, a la vez que apáticos, irritables y pesimistas.
Asimismo, otra característica común es la anhedonia, es
decir, incapacidad de sentir placer, de disfrutar de las
cosas tanto como antes, ya no nos ilusionamos, la vida se
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vuelve más gris y el mundo se queda suspendido en un
horizonte lejano donde solo escuchamos su rumor desde la
distancia…

“El sueño es un buen colchón para el cansancio” -Juan Rulfo-

Cómo afrontar el agotamiento psicológico

Decía Eric Hoffer que el peor cansancio llega por el trabajo no


realizado. Es una gran verdad. En ocasiones el auténtico
agotamiento se conforma por todo aquello que queremos hacer
y no hacemos. Por todos esos objetivos cotidianos que nos
proponemos y que nos sobrepasan, a los que no llegamos, los
que quedan frustrados porque nuestro nivel de exigencia es muy
alto o las presiones del entorno, desmesuradas.

Al final sucede, la gota colma el vaso y el vaso ya pesa en


exceso. Es entonces cuando todo se nos va de las manos. Así,
lo que deberíamos hacer en estos casos y antes de nada, es
tomar conciencia de lo que nos está sucediendo. El
agotamiento psicológico está ahí y debemos evitar que la
“criatura” se haga más grande, más oscura y opresiva.
Reflexionemos por tanto en las siguientes dimensiones, en esos
pasos que deberíamos poner en práctica después.

3 permisos que debes darte para escampar las nubes de


la fatiga mental
Date permiso para reencontrarte. Puede parecer irónico,
pero el agotamiento psicológico tiende a aprisionarnos en
las capas de las preocupaciones, las auto-exigencias,
presiones, deberes y ansiedades hasta el punto de
olvidarnos de nosotros mismos. Date permiso para
reencontrarte y para ello, nada mejor que disfrutar de una
hora al día donde reducir al máximo todo estímulo (fuera
sonidos, fuera luces artificiales…). Hallemos un entorno
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tranquilo donde limitarnos a “ser y a estar”.
Date permiso para priorizar. Este es sin duda un punto
esencial. Recuerda qué es prioritario para ti, qué es lo que te
identifica, lo que amas, lo que hace feliz. Lo demás será
secundario y no merecerá semejante inversión emocional y
personal por tu parte.
Date permiso para ser menos exigente. El día tiene 24 horas
y la vida, lo queramos o no, tiene una cuota limitada.
Aprendamos a ser realistas, a aprovechar el tiempo sin
ponernos presiones, listones altos o el deseo de que todo
sea perfecto. A veces, basta con que todo sea igual que
ayer, con su equilibrio humilde y tranquilo.

Para concluir, sabemos que nuestra realidad es cada vez más


demandante, que a veces queremos llegar a todos y a todo; sin
embargo, no está de más recordar una idea. Estamos hechos de
piel, de carne, de corazón y tendones psicológicos que deben
nutrirse también de tiempo de calidad, de descanso, calma y
ocio. Aprendamos a priorizarnos, a cuidarnos como
merecemos….

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