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Agostos

M. V�ZQUEZ MONTALB�N

EL PAIS | �ltima - 12-08-2002


'Cierra los ojos, dame / un universo as� de tierno / o ens��ame los cr�menes
que comete la luz'. No es manco el dilema que �ngela Vallvey descuelga del
cielo en el primer poema de El tama�o del universo. La ganadora del �ltimo
Premio Nadal persiste en el triling�ismo de la novela, el ensayo y la
poes�a, y me ha obligado, tal como suena, a leer poemas que, seg�n ella, le
cayeron del cielo y de la relaci�n cielo-tierra tratan: '... la creaci�n
parece simplemente / un pecado de amor...'. Ser�a falsa percepci�n suponerla
poes�a asc�tica. Los cielos son pretextos para que el extraterrestre espere
que mejores distancias y compa��as le devuelvan el derecho al v�rtigo y, con
ayuda de la mec�nica cu�ntica y de Niels Bohr, acceder a una justificaci�n
de la poes�a.
A pesar del car�cter obligatorio de la lectura de estos poemas excelentes,
no puedo evitar sacarles un jugo sociol�gico; m�s todav�a, dir�ase que
hist�rico e incluso biol�gico, puesto que la luz sigue cometiendo cr�menes,
y un mes como el de agosto se llena de asesinatos de ETA y emerge el palacio
pesadilla donde va a envejecer el pr�ncipe de Espa�a, y en El Escorial,
Blair y Berlusconi asesinar�n la po�tica inocentemente tonta del testigo de
boda para convertirla en la epifan�a de la globalizaci�n para advenedizos y
vendedores de restos de serie. El horror es la sombra de la realidad o su
estela y, si no hubiera luz, podr�amos asumir el autoenga�o de que la lucha
final ser� entre los te�logos y los astrof�sicos. Abstenerse los
astronautas.
Peligroso mes con orillas, agosto es un �mbito ocupado por treguas, in�tiles
si la realidad te agrede y perteneces a una promoci�n situada entre dos
guerras civiles, la de Franco, por ejemplo, y la del Pa�s Vasco. J�venes
poetas como Vallvey nacieron entre amenazas diferentes y asumen el universo
entero mientras vuelven a casa para dejar entrar la vida, sin preguntarle de
d�nde viene, ad�nde va. �Obsoleta la angustia del conductor de Brecht, que
no ama de d�nde viene, ni ad�nde va, pero aguarda impaciente el cambio de la
rueda pinchada? Yo, a pesar de la criminal luz de agosto, amenazado por la
caediza b�veda celeste y convencido de que la Creaci�n no es acto de amor
sino chapuza irreparable, aguardo septiembre con necia impaciencia.

� Diario El Pa�s S.L. | Prisacom S.A.