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Creciendo

Como ser un discípulo que hace discípulos

Transcrito y adaptado por: Danny Carmona


CRECIENDO (III PARTE)
Siendo como Cristo

14 Llenos del Espíritu Santo


VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: Efesios 5:18-20

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ESTUDIO BÍBLICO: Juan 14:15-18; 16:5-15
LECTURA: “Yo estoy con vosotros todos los días”

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Enseñanza principal
¿Cómo nos capacita Dios para que tengamos el deseo de seguir a Jesús?

Jesús prometió que no nos dejaría solos, sino que enviaría al Consolador, que vendría a
ayudarnos. Este Consolador, conocido como el Espíritu Santo, tiene la libertad de trabajar en

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nosotros a medida que nos vamos deshaciendo de nuestros pecados y buscamos estar llenos
de su poder de forma continua..

Estudio del versículo para memorizar:


Pablo anima a los efesios a imitar a Dios estando llenos del Espíritu Santo, dando siempre
gracias y alabando a Aquel que envió a su Espíritu para que estuviera con nosotros.

1. Veamos el contexto: Lee Efesios 5:1-20. Haz una lista de las exhortaciones de Pablo en
Efesios 5:1-17. ¿Cuál es tu impresión general al ver estas exhortaciones?

2. Los versículos para memorizar son Efesios 5:18-20. Cópialos en este espacio.

3. ¿Por qué hace Pablo un contraste entre estar “llenos del Espíritu Santo” y estar
“embriagados con vino”? (ver Hechos 2:13-17).

4. ¿Qué significa estar “llenos del Espíritu Santo”?

5. En los versículos del 19 al 20 Pablo recoge tres características de aquellos que están llenos
del Espíritu. ¿Cuáles son esas características? ¿Por qué son una evidencia de que alguien está
“lleno del Espíritu Santo?”

6. ¿Qué te han enseñado estos versículos esta semana?

7. ¿Qué te han enseñado estos versículos esta semana?


Estudio Bíblico Inductivo
Aunque Jesús había hablado del Espíritu Santo en otros momentos de su ministerio, la
enseñanza central sobre la tercera persona de la Trinidad la encontramos en la víspera de la
crucifixión. Aquella noche Jesús reunión a sus discípulos en el aposento alto (Juan 13-17).
Les dijo: “Hijitos, estaré con vosotros un poco más de tiempo” (Juan 13:33). Enseguida les
explicó que él se iba por su bien, pues les convenía que viniera el Espíritu Santo para estar
con ellos y vivir en ellos.

1. Lee Juan 14:15-18; 16:5-15. Jesús llama al Espíritu Santo “otro Consolador” (Juan 14:16).
¿Qué nos dice eso sobre el papel del Espíritu Santo? (Lee el versículo en diferentes versiones
de la Biblia. ¿Siempre se usa la palabra “Consolador”? ¿Qué otras palabras se usan?).

2. ¿Qué nos enseña Jesús sobre el Espíritu Santo en Juan 14:15-18?

3. ¿Por qué les convenía a los discípulos que Jesús se fuera (16:7)?

4. ¿Cuál es el ministerio del Espíritu Santo (16:8-13)?

5. ¿Cuál es la relación del Espíritu con Jesús (16:14-15)?

6. ¿Qué implicaciones tiene para ti la enseñanza de este pasaje?

7. ¿Qué versículo o versículos te han impactado de forma especial? Escribe los versículos
clave con tus propias palabras

.
Lectura: “Yo estoy con vosotros todos los días”

Una revelación inquietante


No es de sorprender que Jesús empiece diciendo “No se turbe vuestro corazón” (Juan 14:1).
La palabra que nosotros traducimos por “turbar” o “angustiar” es, en el original, una palabra
muy fuerte. Quiere decir estremecerse, estar confundido. Las noticias que Jesús les acaba de
dar les hacen estremecerse, y les hace caer en una profunda confusión. Durante tres
maravillosos años han disfrutado de su compañía. Dependían de su íntimo compañerismo y
de su presencia. Cuando estaban con Él se sentían seguros, tenían esperanza, no tenían miedo,
y habían descubierto lo que significaba ser amados de forma incondicional. “Os dejo”. No le
querían creer. ¿Qué iban a hacer sin Él? Al oír estas palabras tuvieron miedo, miedo a estar
solos, miedo a tener que vivir el resto de sus vidas sin su compañía.
Lo que más sorprendió a sus discípulos entonces, y nos sigue sorprendiendo hoy, es lo que
Jesús dice en Juan 16:7: “Pero os digo la verdad: os conviene que me vaya”. ¿Cómo podía
ser? ¿Cómo les iba a convenir a los discípulos vivir sin la presencia física de Jesús? Jesús
continúa diciendo: “Porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me
voy, os lo enviaré” (16:7).
Pero, ¿por qué es mejor tener al Espíritu, que contar con la presencia física de Jesús? Jesús
dice: “Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para
siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve
ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará con vosotros.
No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:16-18).

Características del Espíritu


¿Cómo es el Espíritu? A continuación enumeramos cuatro características.

Una Persona
La palabra “espíritu” en el original es una palabra neutra, es decir, no es ni masculino ni
femenino. Juan rompe las reglas gramaticales del griego cuando se refiere al Espíritu usando
los pronombres personales en masculino. Quiere dejar claro que el Espíritu Santo no es una
cosa, no es una fuerza impersonal. Esto es importante, porque si el Espíritu fuera una cosa,
podríamos verlo como algo distante. Pero si el Espíritu es una persona, tenemos que decidir
cómo vamos a reaccionar ante Él.
En el libro de los Hechos queda muy claro que el Espíritu es una persona. Lucas nos dice
que el Espíritu:
– habla (1:16; 8:29; 10:19)
– tiene que aguantar mentiras (5:3)
– es puesto a prueba (5:9)
– da testimonio (5:32)
– encuentra resistencia (7:51)
– arrebata (8:39)
– da órdenes (13:2)
– envía (13:4)
– piensa (15:28)
– prohíbe (16:6)
– impide (16:7)
– da responsabilidades (20:28)

Las epístolas del Nuevo Testamento también presentan al Espíritu Santo como una persona.
El Espíritu nos ayuda a orar (Romanos 8:16), escudriña nuestros corazones (1ª Corintios
2:10), enseña (1ª Corintios 2:13), guía (Romanos 8:14, Gálatas 5:18), habla (1ª Timoteo 4:1;
Hebreos 3:7; 10:15), predice (1ª Pedro 1:11) y se entristece (Efesios 4:30).

Otro como Jesús


¿Quién es el primer Consolador? Jesús de Nazaret. Él es el primero que ha sido llamado
para estar a nuestro lado como Consolador, Ayudador y Abogado. Él promete que cuando se
vaya, enviará a otro del mismo tipo que Él. Cuando Jesús ya no está presente de forma física,
“otro” como Jesús viene a estar con sus discípulos; y porque es como Jesús, el mismo Jesús
les dice: ya “le conocéis”. Ese “otro” ha estado con Jesús todo el tiempo. Su personalidad
está estrechamente relacionada con la personalidad de Jesús. Así que cuando el Espíritu
viene, no es para nosotros un extraño. Por ello, el resto del Nuevo Testamento habla
indistintamente de la presencia del Espíritu y de la presencia de Cristo. Son conceptos que
no se pueden separar. Estar “en Cristo” es lo mismo que “estar en el Espíritu”, y decir que
“Cristo intercede por nosotros” es lo mismo que decir que el “Espíritu intercede por nosotros”
(ver Romanos 8:9-10; 8:26, 34).

Con nosotros siempre


Cuando Jesús vino a este mundo se dejó limitar por el tiempo y el espacio. Si Jesús estaba
en Capernaum y los discípulos en Jerusalén, no podía estar con ellos. Si venía “otro
Consolador” la presencia de Jesús ya no estaría limitada ni por el tiempo ni por el espacio.
Michael Green escribe: “Cuando Jesús vivió en la Tierra, estuvo limitado por el tiempo y el
espacio. Su marcha hizo posible la venida del Espíritu,… y a partir de entonces ya no habría
barreras espaciales ni temporales que impidieran que sus discípulos tuvieran una relación
estrecha con Él”.
Con la venida del Espíritu Santo, Jesús cumple su promesa: “Y he aquí, yo estoy con
vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Con la presencia del Espíritu Santo podemos
experimentar a Jesús como Emmanuel, Dios con nosotros. ¡Por eso nos convenía que Jesús
volviera con el Padre!

Vive en nosotros
“Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador… porque mora con vosotros y estará con
vosotros” (Juan 14:16-17). Ahora, los discípulos “iban a tener una relación aún más estrecha
que la que habían tenido con Jesús mientras éste estaba en el mundo… Jesús había vivido
con ellos, pero el otro Paracletos [Consolador] viviría en ellos”. Gracias a la venida del
Espíritu, nuestros cuerpos, aunque mortales y pecadores, se han convertido en el lugar
santísimo, en la morada sagrada del Dios vivo.

La obra del Espíritu


El Espíritu en nosotros está cumpliendo la Palabra de Dios: “Sed santos porque yo, el Señor
vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19:2; 1ª Pedro 1:15-16). Ésa es la razón por la que la
presencia del Espíritu no solo conforta, sino también incomoda. El Espíritu crea en nosotros
un malestar santo cuando vemos la imperfección que hay en nosotros y en el mundo. El
Espíritu no descansará, ni nos dejará descansar, hasta que seamos como Aquel que lo envió.
El “Espíritu de verdad” nos enseñará y nos guiará a toda la verdad (Juan 14:16; 16:13). El
Espíritu Santo en nosotros nos enseña toda la verdad sobre nosotros mismos, sobre el mundo
y sobre Dios. Por tanto, no debería sorprendernos que el resto del Nuevo Testamento haga
tanto énfasis en conocer, hacer y hablar la verdad. Ciertamente, si no hablamos la verdad,
entristecemos al Espíritu de Dios (Efesios 4:25-30). Cuando nos encontremos en una
situación en la que tenemos que esconder, negar o tergiversar la verdad, tengamos por seguro
que no estamos siendo guiados por el Espíritu. El malestar que sentimos cuando exageramos
o cambiamos un poco la verdad, o mentimos, no es simplemente el resultado de nuestra
propia conciencia; ese malestar es el resultado de la decepción del Espíritu que vive en
nosotros.

“Él me glorificará”
“Él me glorificará”, dice Jesús hablando del Espíritu de verdad (Juan 16:14). Se podría decir
que el Espíritu Santo es la “persona tímida” o “discreta” de la Trinidad. No quiere que la luz
de los focos recaiga sobre Él. Si eso ocurre, se aparta de forma discreta para que la luz brille
sobre el Dios hecho hombre. Por tanto, cualquier acción del Espíritu que no lleve a la gente
a Cristo no es una acción del Espíritu de Dios. El deseo del Espíritu de Dios es lograr que el
Cristo vivo sea el centro de nuestras vidas.
Concluimos, pues, que nos convenía que Jesús volviera al Padre. Cuando Jesús dejó la
tierra y envió a “otro”, envió a una persona del mismo tipo que Él, a través de la cual Jesús
sigue estando con nosotros y vive en nosotros. Además, esta persona nos está ayudando a ser
más como el Santo y a ver la vida a la luz de Aquel que es la Verdad.

Estudio de la Lectura
1. Describe con tus propias palabras el contexto en el que Jesús habla del Espíritu Santo.

2. ¿Por qué nos convenía que Jesús enviara al Espíritu Santo?

3. ¿Qué cosas has aprendido sobre la persona y la obra del Espíritu Santo después de este
estudio?

4. ¿Tenías alguna idea errónea sobre el Espíritu Santo que se haya aclarado en este estudio?
¿Por ejemplo creías en el Espíritu Santo como una fuerza activa o como una persona?

5. ¿Cuál es el propósito del Espíritu Santo en tu vida? ¿Cómo lo está llevando a cabo?

6. ¿Qué preguntas tienes sobre la lectura?