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321.- “Casas blancas”. Un momento de reflexión sobre la arquitectura argentina.

Revista
SUMMA+ Nº 63. Buenos Aires. 2004. Pág. 80-88
Arquitecto Ramón Gutiérrez. CONICET – CEDODAL

ANTECEDENTES: ARQUITECTURA Y CONTEXTO (1945-1955)

El proceso cultural que culminará en las propuestas de búsquedas de arquitecturas


alternativas está signado por la fuerte incidencia que en los grupos profesionales y
universitarios tuvieron los primeros gobiernos de Perón (1945-1955). Tanto la notable
realización de obras de interés social y la introducción del Movimiento Moderno en la
arquitectura pública, cuanto los enfrentamientos políticos y la represión al sector
estudiantil, crearon un clima que se reflejará en la vida universitaria a partir de la creación
de la Facultad en Buenos Aires en 1947,
La caída del peronismo significó una transformación notable en el campo de la enseñanza,
a la vez que paralizó las soluciones de obras de carácter social desde el Estado. El
desencuentro entre libertad y justicia social se reiteraría en los años subsiguientes. Las
víctimas de las persecusiones de ayer actuaron como perseguidores y el péndulo expulsor
fue vaciando los espacios para el diálogo, la reflexión y la convivencia. Era necesario
reconstruir la Universidad y los espacios de pluralidad.

UNA REFLEXIÓN ABARCATIVA. LA EXPOSICIÓN DE 1964

Mientras en la Universidad los enfrentamientos entre sectores ideológicos se exacerbarían


en las jornadas por la enseñanza "libre" frente a la "laica", (1958) el dominio de la
Universidad por los sectores reformistas primero y socialcristianos después, impulsó
cambios estructurales en la enseñanza, mientras el país buscaba caminos en la década del
"desarrollismo". La utopía de los sistemas de prefabricación pesada para resolver los
problemas de la vivienda en países no industrializados fue acompañada por la crisis del
Movimiento Moderno. La Facultad de Arquitectura era un campo de debate ideológico y
arquitectónico donde los Talleres verticales abrían compuertas a diversos pensamientos. En
este contexto, la preocupación por conocer la propia historia y los viajes de estudio al
interior permitieron abrir nuevos horizontes y asumir un país plural y diverso.
Desde la realización de la Iglesia de Fátima de Caveri y Ellis (1959) se proyectó una
reflexión sobre una arquitectura humanizadora, austera, que recogiera el espíritu del lugar
sin renunciar al espíritu del tiempo, y estos conceptos se irían difundiendo entre arquitectos
de diversas tendencias y posiciones políticas.
En el año 1964 se realizó en el Museo de Arte Moderno, en el Teatro San Martín, una
Exposición sobre arquitectura en Argentina que fue denominada por sus autores como de
las "Casas Blancas" enfatizando el carácter de los muros encalados que constituían un
común denominador.
La muestra, debida a la iniciativa de Félix Ruiz Martínez y al apoyo del Director del
Museo, Hugo Parpagnoli, significó la confluencia de una serie de propuestas
arquitectónicas realizadas por diversos arquitectos algunos de los cuales como Mario
Goldman, Juan Carlos Doratti, Víctor Pelli, Di Boscio y Raúl Saucedo recién estaban
graduados.
La Exposición vino a plantear unas propuestas que ponían en evidencia el agotamiento del
modelo centralizador de las otrora vanguardias racionalistas, reconociendo la incapacidad
de aquellos postulados para mejorar las calidades de vida e impedir la especulación
inmobiliaria que conducía sin contrapesos los procesos de urbanización.

EL PERFIL DE LA EXPOSICIÓN DEL 64.

Uno de los primeros hechos que quedaron en evidencia fue la pluralidad de quienes
integraban aquella muestra. Todos ellos, sin dejar de reconocer la influencia germinal de la
Iglesia de Fátima, recogían también las tradiciones espaciales de Eduardo Sacriste, las
obras con bóvedas de Antonio Bonet y Eladio Dieste y, más allá, las búsquedas
organicistas de Wright y el expresionismo brutalista del nuevo Le Corbusier.
Expresaba también la Exposición, el pluralismo de la vida universitaria, que habían
posibilitado los talleres paralelos y verticales impulsados por Alfredo Casares y
desarrollado bajo los decanatos de Carlos Coire, el mismo Casares y Horacio Pando, en
aquella fecunda vida universitaria del período 1955-1966.
Fue así que la muestra recogió 14 proyectos de quienes eran docentes de talleres de muy
diversas tendencias ideológicas y arquitectónicas Ellos, sin embargo, coincidían en varios
aspectos que es necesario remarcar. Como bien señalaban Bidinost u Oscar Molinos no se
trataba de un "movimiento" sino de una manera confluyente de mirar la arquitectura
preocupados por las temáticas sociales, una ética en el ejercicio profesional, las búsquedas
de tecnologías alternativas, el aprovechamioento de los materiales locales y sobre todo el
acento en cualificar los espacios para dar una respuesta vital enriquecedora.

UN TIEMPO HISTÓRICO COMPARTIDO

Muchos de los destacados arquitectos del país hicieron en estos años "Casas Blancas". Más
allá de los participantes de la Exposición del 64, la Revista Nuestra Arquitectura editaría
en esta época obras de otros profesionales que conformaron el entorno de este espontáneo
"momento" más que "movimiento" arquitectónico.
Esta visión humanística estaba detrás de aquellos proyectos que venían a conformar un
fragmento de una serie de búsquedas que se extendería en esos años a otros muchos
profesionales no solamente de Buenos Aires sino también de Córdoba, Rosario, Tucumán,
y Mar del Plata como lo demostrarían obras de Togo Díaz, Taranto, Requena, Traine,
Scrimaglio, Sosa o Coppens por citar algunos.

La preocupación social que se vivía en los estudios del Taller de Wladimiro Acosta sobre
Dock Sud, la creación del Instituto de Vivienda en la Facultad a cargo de Oscar Molinos y
Luis Morea, los cursos, seminarios y concursos de proyectos de vivienda del Centro de
Estudiantes conducido por Francisco Monaldi, mostraban un clima muy especial en
tiempos en que la presencia superestructural de los grandes sistemas prefabricados
planteaban la panacea para resolver el déficit habitacional, con los rotundos fracasos de los
conjuntos rusos y yugoeslavos en Cuba o de los franceses de Outinord entre nosotros.

El desconcierto estaba instalado desde el Plan del Barrio Sur que condujo Bonet en 1956
con sus más de 4000 habitantes por hectárea y el arrasamiento de la ciudad histórica.
Luego continuó con las ideas de que la gente pobre no sabía vivir y que por lo tanto había
que darles casas provisorias de "adaptación" hasta que aprendieran. El Barrio Rivadavia,
hoy "villa miseria" porteña, testimonia los engendros iniciales de aquellos cualificados
arquitectos e ingenieros que ensoñaron el Plan de Erradicación de Villa Miserias. Un
antecedente directo y minimalista del posteriormente laureado "Fuerte Apache".
Por el contrario "las casas blancas" buscaban la austeridad frente al derroche, un sentido
intimista de la vida familiar, la necesidad de buscar valores culturales y enraizarlos en los
tiempos contemporáneos. La mayoría de los proyectos de la Exposición estaban realizados
en la provincia de Buenos Aires, desde el conurbano en Olivos, San Isidro, San Fernando,
Vicente López, Castelar, Monte Grande a localidades como Mercedes, Dolores, Luján o
Mar del Plata, pero todos ellos respondían a una escala que se incluía en las líneas de
crédito hipotecarias en vigencia.

No se trató, como se ha dicho, de un “movimiento” surgido por el concierto de voluntades,


sino un proceso de maduración que desde diversas posiciones iba convergiendo en la
búsqueda de caminos alternativos. Entonces, como ahora, existían reiterados intentos
miméticos de muchos arquitectos respecto de las vanguardias europeas o norteamericanas
y la desesperada necesidad de obtener la patente de "moderno”, aunque ella no fuera más
que una mala copia de una ajenidad insalvable. Fue la Exposición del 64, sin hacerlo
explícito, un cuestionamiento profundo al accionar de ciertos sectores profesionales que ha
despecho de discursos "progresistas" culminarían en las décadas siguientes como los
"lápices de oro" de los sucesivos gobiernos y desgobiernos que el país padecería.
Desde 1960 a 1966, año en que la intervención militar a la Universidad produce la ruptura
de este proceso, la vida universitaria fue un estimulante ejercicio de formación profesional
y personal. Las "casas blancas" son un testimonio irrebatible de ello.

LAS "CASAS BLANCAS" EN EL SIGLO XXI

El CEDODAL, en tiempos en que está más claro esa necesidad de "vivir con lo nuestro",
entendió que este momento de la arquitectura del siglo XX requería una nueva lectura.
La exposición sobre “La arquitectura de las Casas Blancas, una propuesta alternativa” tuvo
rasgos diferentes a los que presidieron las anteriores muestras realizadas por el Centro de
Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL).Ya no se trataba como las
anteriores de una presentación individual de arquitectos ya desaparecidos como eran
Alberto Prebisch, Francisco Gianotti, Alfredo Massüé, Eduardo Le Monnier y Andrés
Kálnay. La Exposición abarcaba ahora a un conjunto amplio de arquitectos, la mayoría de
los cuales aun vive y ha participado activamente en las reuniones de reflexión que se
fueron haciendo en torno a la muestra.
Así, la Exposición y el libro que la acompaña, no han sido realizadas para la nostalgia, sino
para la esperanza. Configuran, para nosotros, el testimonio de un momento de la
arquitectura argentina en que profesionales de diversas posturas ideológicas cuestionaron
las prácticas mimetizadoras de una modernidad abstracta y universal.
Estas propuestas testimonian de un tiempo cultural y universitario de rico contenido
reflexivo y expresan un debate de ideas y posiciones que permitían un crecimiento en el
pensamiento, algo que añoramos de la vida universitaria y profesional de nuestros días.

Es cierto que existió en ese momento un núcleo extenso convocado en torno a las
actividades de Claudio Caveri, Horacio Berretta, Guillermo Iglesias Molli, Efrén Lastra,
Juan Manuel Llauró, Federico Ortiz, Mario Robirosa, Víctor Pelli, Miguel Asencio, Rafael
Iglesia y muchos otros que realizaban en su taller "Pedro de Montereau" o en el "Instituto
de Arquitectura Sacra" del sótano de Santo Domingo, una serie de actividades culturales y
artísticas. Ellos sustentaban, desde diversas vertientes, las convicciones de posturas éticas,
humanistas, personalistas en cuanto trascendían las visiones individuales para proyectarse
en dimensiones sociales. En un plano semejante Oscar Molinos, que venía de impulsar el
Instituto de la Vivienda en Rosario, Osvaldo Bidinost, Mario Soto, Raúl Rivarola, Carlos
Coire, Mario Goldman, Horacio Ramos y Jorge Erbin, Jorge Chute, Eithel Traine y otros
que estuvieron en la Exposición o próximos a ella ampliaban el horizonte pluralista de una
búsqueda arquitectónica que abarcaría los confines del país desde Misiones a la Patagonia.

Esta confluencia fue el embrión de nuevos y creativos testimonios, de búsquedas en el


camino de las expresividades, de recuperación de los oficios artesanales, de la ponderación
de valores de austeridad y de calidad espacial y sobre todo de compromisos con vastos
sectores sociales y con la geografía de un país más amplio.
Muchos de los protagonistas como Víctor Pelli, Horacio Berretta, Félix Ruiz Martínez y
Alberto Nicolini, encontraron sus destinos en variadas latitudes de una Argentina diversa y
buscaron, por senderos distintos, revalorizar la arquitectura argentina, satisfacer
necesidades de vivienda social, proyectar una economía humana, racionalizar los recursos
disponibles y mejorar la calidad de vida de vastos sectores populares.
Muchas de las inquietudes manifestadas en aquellos años siguen aún latentes, muchos de
los problemas planteados siguen vigentes e inclusive incrementados en cantidad y
complejidad. En los tiempos de desconcierto, ver aquella propuesta como una búsqueda es
entender las posibilidades de hacer buena arquitectura con recursos limitados. Es una
lección de sensibilidad, de preocupación por el usuario, de entender al destinatario de
nuestra obra como alguien concreto y no despersonalizado.

DESVIRTUACIÓN Y OLVIDO.

Es cierto que luego de esta etapa de las "casas blancas" surgiría un proceso de
banalización, cuando en plan "mediterráneo" se apoderaron de ellas los "desarrolladores
inmobiliarios" de Punta del Este y de los balnearios bonaerenses o los creadores de
"countries" o "dormyhouses". No nos referimos a intentos contemporáneos de Borthagaray
o Clorindo Testa, sino a la transformación de aquella reflexión como un mero ícono formal
que devino en modélica moda carente de la sustancialidad inicial.
Quizás por ello se agotó la posibilidad de un debate más relevante, se obvió la indudable
calidad racional que tenían los diseños de casas como la Urtizberea de Caveri y Ellis, se
omitió lo que significó la testimonial experiencia de la Comunidad Trujui de Claudio
Caveri en Moreno y sus trabajos de búsqueda formal con tecnologías apropiadas. Se
perdieron la memoria de los sistemas "Súbitas" de Félix Ruiz Martínez y Horacio Berretta
con paneles que posibilitaron construir miles de vivienda de bajo costo en el país, o los
estudios de Eduardo Ellis para la recuperación de espacios urbanos calificados como el
barrio de La Boca.

EL RESCATE

La Exposición del CEDODAL buscó mostrar lo que fue la Exposición de 1964 con los
trabajos de Molinos, Ruiz Martínez, Doratti, Saucedo, Lanfranco, Di Boscio, Pelli, el
Grupo ONDA (Asencio, Fracchia, Garat, Gigli e Iglesia), Chute, Bidinost, Goldman,
Ramos, Requena. Ballester Peña, Caveri y Ellis. También lo que fueron otros proyectos de
arquitectos del mismo período que confluían en esa búsqueda. Berretta, Togo Díaz,
Iglesias Molli, Monreal, Soto, Rivarola, Coire, Llauró, Traine, Rusiñol, Serra, y
D'Alessandro. Finalmente se retomaba una proyección de la tarea posterior de quienes
habían estado en la Exposición inicial, mostrando la evolución de las ideas y la
permanencia de los compromisos, que culminaban con la obra de Claudio Caveri para la
Fundación Ciencia y Conciencia realizada en Ing. Maschwitz (2002).
La Exposición, y los debates que la precedieron, nos dejaron a todos la sensación de que
fue un momento de intensa riqueza en las posibilidades de reflexionar sobre la arquitectura
deseable y posible. Sobre los acentos que deberíamos poner para lograr una racional
utilización de los recursos, sobre la validez de los principios de austeridad y de
participación de los profesionales con una vocación de servicio, tan distantes hoy de los
íconos de la "cultura arquitectónica" posmodernista o frívolamente deconstructivista. Nos
recordó la vigencia de un compromiso cultural y social que alcanza requerimientos
urgentes en tiempos en que ambos temas han sido desterrados de las agendas
gubernamentales y hasta de las universitarias.

También nos ratificó la exigencia de una actitud humanista que busque la solución de los
grandes problemas con una mayor participación de la población en las respuestas a los
mismos. Una preocupación por formar un profesional que conozca más de las artes de
construir y que tenga la flexibilidad necesaria para integrarse a grupos de autoconstrucción
o que atienda a cuidar los escasos recursos de sus comitentes. Pensamos que no era ir
contra el sentido de la historia ni de la globalización. Que era simplemente construir la
historia desde aquí y entender cual es nuestro lugar en la globalización mirándola también
desde aquí.

Está claro que aquello que sucedió hace cuarenta años no se trató de un movimiento pero sí
de un sentimiento, de un espíritu de búsqueda. Todos tenían la conviccción de que más allá
de los éxitos profesionales la arquitectura expresaba una fundamental vocación de servicio.
De allí este testimonio de sitios, momentos, puntos de encuentro y debates que nos
muestran una obra que testimonia un espíritu diferente al de aquellas “vanguardias” de una
declamada modernidad internacional. Creemos con esta tarea salvar la omisión que se ha
hecho de quienes han recorrido caminos que sin duda dejaron huella en nuestro tiempo
histórico rescatando el espíritu del lugar y la conciencia social de sus comunidades.
En ese contexto, cuando oímos decir que algunos “se quedaron en los sesenta”, los
entendemos. Había motivos para vivir, utopías por las cuales luchar y horizontes de
esperanzas de lo que se aspiraba a construir.
Rescatar el espíritu, los valores y las actitudes solidarias capaces de confluir en una acción
pluralista es una de las grandes lecciones de aquel momento de "Las casas blancas"