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LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS

Desde el inicio del descubrimiento dio comienzo en España una seria discusión
sobre la naturaleza de los indios; sobre la posibilidad de esclavizarlos o la imposibilidad
moral de hacerlo, y en 1494, a instancias de la reina Isabel, una junta de teólogos y
juristas determinó que los indios no podían ser sometidos a esclavitud.
Mientras tanto, la Conquista seguía su curso y llegaron los enfrentamientos con
los taínos provocados por el rapto que de sus mujeres se estaba llevando a cabo. Como
consecuencia de esos enfrentamientos comenzó el apresamiento de indios y su
reducción a esclavitud, momento en que Colón, convencido de su derecho, que era
abonado por los sacerdotes que apoyaban la medida al no ser bautizados los indios,
comenzó a remitir a la península remesas de esclavos.

Un fuerte que estaban construyendo junto al río Yaque, entre Cibao y La


Isabela, fue atacado, y doce españoles murieron en el enfrentamiento; ésta fue
la primera batalla importante de Colón en La Española. Como es natural, los
españoles enviaron de inmediato una expedición de castigo desde La Isabela.
Capturaron a muchos indios, que engrosarían el mercado de esclavos de la
metrópoli. (Thomas, el imperio español)

Como consecuencia, con la anuencia o silencio de la Corona llegaron a la


Península varias remesas de esclavos y existen datos documentales que demuestran la
existencia de esclavos indios en Canarias en los primeros años del siglo XVI. Ya en
1498 se habían recibido en Sevilla trescientos esclavos, lo que completaba un total que
se calcula en unos dos mil. Fue en este momento cuando la Reina se indignó, pues ya
había dado instrucciones al respecto y, según cuentan los historiadores manifestó:
“¿Qué poder tiene mío el Almirante para dar a nadie mis vasallos?
Colón tenía sus propios criterios y daba la sensación que las instrucciones de la
Corona no le afectaban.

El Almirante y la Corona seguían teniendo criterios distintos acerca del


propósito de la colonización del Caribe. Para Colón, lo ideal era que La
Española se convirtiese en una colonia comercial en la que, aunque se
fomentasen los cultivos castellanos para alimentar a los colonos, la misión
principal fuese la explotación de los productos primarios, yacimientos de oro,
el algodón, los tintes, las especias y los esclavos. Pero los monarcas, al
comentar este nuevo viaje ante representantes de distintas ciudades,
justificaban la colonización de La Española y de las otras islas «que están en
las llamadas Indias, porque así se sirve a Nuestro Señor, propagamos su Santa
Fe y ampliamos nuestros reinos. (Thomas, el imperio español)

Finalmente, las razones morales y teológicas indujeron a que la Reina prohibiese


tal actuación mediante decreto firmado el 20 de junio de 1500, por el cual, además, se
decretaba la puesta en libertad de los esclavizados hasta el momento, así como su vuelta
a América, lo que efectuaría en la flota de Francisco de Bobadilla, quién remitiría
encadenado a Colón a la Península tras desposeerle de su cargo de Virrey, y al tiempo
daban poder e instrucciones a Nicolás de Ovando para instaurar un ordenamiento
jurídico de indios en el fuesen tratados como hombres libres vasallos de la Corona.
Sería el inicio de la encomienda en América.
Pero el 30 de octubre de 1503, como medida contra las acciones militares de los
indios belicosos, la reina permitió vender como esclavos a los indios cautivados en
guerra justa, lo que ocasionó que, al amparo de esta permisividad hubiese quién se

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extralimitase y se dedicase a buscar indios esclavizables entre las tribus de
antropófagos, de lo cual nos da razón Fernández de Oviedo en su Historia General. En
la misma señala:

el Rey mandó á Pedrarias, que sin estorbo de su derrota é camino para el


Darien, si se pudiesse hager, tocasse en giertas islas é puertos de caribes, assi
como Sancta Cruz, y Caira, y Cartagena, y Caramari, y' Codego, y las islas de
Barú y Sanct Bernardo , y Islas de Arenas y Isla Fuerte, questaban declarados
por esclavos mucho antes, por ragon que comen carne humana en todas essas
islas é puertos ques dicho, é por el daño que avian hecho á chripstianos é á los
otros indios vassallos del Rey (Oviedo II: 24)

En ese mismo orden, el 23 de diciembre de 1511 fueron reconocidos como


caníbales los nativos de Trinidad, y se decretaba que era lícito hacer esclavos a quienes
cometiesen canibalismo.
Al amparo de esa misma permisividad, en 1514, Francisco Hernández de
Córdoba, con Bernal Díaz del Castillo, se habían asociado para realizar nuevos
descubrimientos. Diego Velázquez, gobernador de Cuba, protector y amigo de
Bartolomé de las Casas, aportó un tercer navío con la condición de que realizasen un
primer viaje para capturar indios y hacerlos esclavos.

Y desque vimos los soldados que aquello que nos pedía el Diego Velázquez no
era justo, le respondimos que lo que decía no lo manda Dios ni el rey, que
hiciésemos a los libres esclavos. Y desque supo nuestro intento, dijo que era
mejor que no el suyo, en ir a descubrir tierras nuevas, que no lo que él decía, y
entonces nos ayudó con cosas para el armada. (Díaz: 25)

En el curso de estas expediciones se produjeron actos que no podían ser pasados


por alto por la Corona, lo que acabó con la intervención de la Audiencia de Santo
Domingo, que acabó condenando a prisión a varios expedicionarios. El asunto se
resolvería incluyendo religiosos en la tripulación de las nuevas expediciones. Ellos
serían los encargados de controlar que el respeto a las leyes se llevase a cabo,
denunciando los abusos que se pudieran producir.
Habían pasado catorce años desde que las de Bobadilla y Ovando parecían haber
puesto coto al asunto, pero evidentemente sólo había sido un coto parcial. Quedaría su
acción, así, como la primera actuación legal en defensa de los indios llevada a cabo por
la Corona, pero las acciones paralelas y contrarias que generó señalan que no sería la
única.
Y es que en 1511 Ovando había cedido el puesto a Diego Colón, y desde
entonces surgieron pleitos por las competencias y el control judicial de La Española, y a
partir de ahí, desconfianza de la Corona, que incrementó la utilización de su principal
arma: las visitas, decantando incluso la gobernación a miembros del clero, en concreto
de los Jerónimos, que comenzarían a detentar cargos en la gobernación con facultades
especiales para suspender a oficiales reales.
Esos principios quedaron refrendados en múltiples ocasiones mediante cédulas y
leyes reales en 1523, 1526, 1528, 1530, 1534, 1542, 1543, 1548, 1550, 1553, 1556,
1568, etc.

El 30 de octubre de 1505, la reina hizo en Segovia una importante declaración


respecto a españoles e indios en el Nuevo Mundo, mediante un mandato
dirigido a los futuros monarcas, Felipe y Juana. Este mandato tenía por objeto
que «el rey, mi señor, y yo, para garantizar que todo aquel que viva en las islas

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y en la tierra firme de la mar Océana [un modo bastante extraño de expresarlo]
llegue a ser cristiano y se convierta a nuestra fe católica, hemos enviado una
carta estipulando que ningún miembro de nuestra administración se atreva a
hacer prisionero a ningún indio que habite en esos territorios, ni a traerlo a
nuestros reinos ni a ningunos otros». (Thomas, el imperio español)

Y las discusiones crecían…y en 1512 dieron lugar a la creación de las Leyes de


Burgos, donde nuevamente se proclamaba que los indios no debían ser sometidos a la
esclavitud, ya que no respondían a la definición aristotélica de la ley natural. Tampoco
se les podía combatir, por motivos religiosos o culturales. Lo que no estaba permitido
hacer con los cristianos no se podía hacer con los infieles. En su redacción, los
legisladores expusieron diversos y concordantes puntos de vista; así, fray Matías de Paz
expuso un tratado en el que expresaba la injusticia de una guerra basada en los simples
deseos de dominar, y justificaba que llegados al punto de guerra justa, aquellos se
enfrentasen militarmente, por lo que, una vez vencidos no podrían ser esclavizados y sí
tratados como vasallos. Tendrían que trabajar por un salario justo y deberían atender el
pago de impuestos, como los demás vasallos. Otro gran jurista, Melchor Cano, dejaría
sentado que los indios no podían ser esclavizados dado que la Naturaleza no crea razas
de esclavos ni razas de señores. El jurista es tajante: Todos los pueblos son
jurídicamente iguales. Bartolomé de Carranza reconocía a los pueblos americanos como
miembros iguales de la comunidad internacional y afirmaba que los indios no podían ser
entendidos como objeto comercial.
Las leyes se redactaron en medio de unas exposiciones que salvaguardaban la
dignidad y el derecho de los indios, a quienes se les reconocía su pertenencia a la raza
humana, y que, como personas tenían derecho a la vida y a la dignidad, reconociendo
explícitamente que, independientemente de su raza, todos los hombres son iguales.
Con esas premisas, el 27 de diciembre de 1512 fueron aprobadas las Leyes de
Burgos, y en ellas se marcaba que los indios debían vivir en pueblos, en casas que
debían ser construidas para ellos; debían ser instruidos en la fe católica y debía
enseñárseles a leer.

Otrosy hordenamos y mandamos que cada vno que touiere cinquenta yndios o
dende arryba encomendados sean obligados de haser mostrar vn muchacho el
que mas avile dellos le pareciere a leher y a escriuir (Leyes de Burgos)

A pesar de ello la esclavitud de indígenas se reprodujo ocasionalmente, siendo


autorizada para esclavizar a aquellos que traicionaban las paces concertadas, causaban
algún tipo de asaltos violentos o practicaban el canibalismo. Y al amparo de esa
autorización se produjeron abusos

En el verano de 1516, las autoridades de La Española alentaron el envío de


una flotilla a la isla conocida como Trinidad desde que Colón la visitó en
1498. El propósito era buscar caribes para capturarlos y esclavizarlos.
(Thomas, el imperio español)

Con objeto de evitar estas veleidades, Carlos I ordenaría

Que el capitán o cabo de descubrimiento no salte en tierra sino con acuerdo de


los oficiales reales y sacerdotes. (Recopilación: Tomo II, Libro IV, Título II,
ley X)

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Los motivos para esclavizar tenían su justificación para algunos; así, Pedro
Mártir de Anglería, en una carta de 1525 al arzobispo de Cosenza, refiere:

El derecho natural y el canónico mandan que todo el linaje humano sea libre;
mas el derecho romano admite una distinción, y el uso contrario ha quedado
establecido. Una larga experiencia, en efecto, ha demostrado la necesidad de
que sean esclavos, y no libres, aquellos que por naturaleza son propensos a
vicios abominables y que faltos de guías y tutores vuelven a sus errores
impúdicos. Hemos llamado a nuestro Consejo de Indias a los bicolores frailes
Dominicos y a los descalzos Franciscanos, que han residido largo tiempo en
aquellos países, y les hemos preguntado su madura opinión sobre este
extremo. Todos, de acuerdo, convinieron en que no había nada más peligroso
que dejarlos en libertad. (Iraburu 2003: 175)

En base a esos asaltos, se llevaron así acciones encaminadas a la captura de


indios para someterlos a esclavitud. Nuevamente Fernández de Oviedo nos señala el
cómo y el por qué de esas incursiones.

los indios de Comogre no dexaron á vida á hombre chico ni grande de todos


aquellos del assiento del puerto de Sancta Cruz, para lo qual se juntó tambien
el cagique de Pocorosa en pena de lo qual el gobernador higo hacer grande
castigo en los indios destos dos cagiques, e fueron pronungiados por esclavos ,
sin aver respeto á que los indios no fueron agresores, ni hicieron muerte en
chripstiano que no se la tuviesse aquel é otros primero muy bien merescída.
(Oviedo II: 46)

Pero la Corona no participaba de esas ideas. No podía ser que una cuestión como
la tratada, que venía siendo discutida desde hacía tiempo y que parecía estar clara para
su aplicación en la península, tuviese que aplicarse de forma contraria en los nuevos
territorios.
Y los motivos de alarma no cesaban de llegar a la corte por informes procedentes
de los funcionarios reales. Así, el contador de la Nueva España, Rodrigo de Albornoz,
denunciaba en 1525 la costumbre de hacer esclavos… y estos eran sometidos a
esclavitud, no por incursiones como las señaladas por Fernández de Oviedo, sino por
romper las alianzas o promover guerras.

se nombraron alcaldes y regidores y se dio orden cómo se corriese los


rededores sujetos a Méjico, en especial los pueblos adonde habían muerto a
españoles, y allí se hizo el hierro con que se hablan de herrar los que se
tomaban por esclavos, que era una J, que quiere decir guerra, y desde la villa
de Segura de la Frontera corríamos los rededores, que fue Cachula y
Tecamachalco, e el pueblo de las Guayavas y otros pueblos que no se me
acuerda el nombre; y en los de Cachula fue adonde habían muerto en los
aposentos quince españoles, y en este de Cachula hobimos muchos esclavos..
(Díaz: 740)

La respuesta a la insinuación de Mártir de Anglería y a llamada de atención del


contador no se haría esperar. Al efecto, el nueve de noviembre de 1526, Carlos
ordenaba:

En conformidad de lo que está dispuesto sobre la libertad de los indios: Es


nuestra voluntad, y mandamos, que ningún adelantado, gobernador, capitán,
alcaide ni otra persona de cualquier estado, dignidad, oficio o calidad que sea

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en tiempo, y ocasión de paz o guerra, aunque justa y mandada hacer por Nos o
por quién nuestro poder hubiere, sea osado de cautivar indios naturales de de
nuestras Indias, islas y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas ni por
descubrir, ni tenerlos por esclavos, aunque sean de las islas y tierras que por
Nos o quien nuestro poder para ello haya tenido, y tenga, esté declarado que se
les pueda hacer justamente guerra, o los matar, prender o cautivar.
(Recopilación Tomo II: Libro VI, Título II, Ley I)

A la proclamación de estas leyes iba anexa la persecución de aquellos que las


transgredían, apoyada la misma por la acción decidida de la Iglesia, que no dudaba en
denunciar los casos que, a pesar de lo ordenado, se producían. Y no por ello la Corona
hacía dejación de funciones, ya que promovió los elementos de control que, como los
visitadores, procurarían la fiel aplicación de lo ordenado.
En esta línea, en 1530 una ordenanza real prohibió también aplicar la esclavitud
aún en casos de canibalismo.
No fueron bien vistas estas leyes por parte de quienes habían adoptado la
esclavitud del otro como derecho de conquista, en cuya defensa argüían que si los
conquistadores no encontraban provecho esclavizando a quienes habían vencido en
buena lid, sencillamente los matarían en adelante, y además no se producirían nuevas
incorporaciones de españoles dispuestos a la conquista.
Estas dudas darían lugar a que la aplicación de la ley sufriese vaivenes dando
lugar a que en 1534 fuese autorizada nuevamente la esclavitud por motivos de guerra
justa.
La Iglesia no permanecía ajena a estas discusiones, y El Papa Paulo III,
recogiendo las estipulaciones marcadas por los Reyes Católicos y por Carlos I, el 2 de
julio de 1537 emitió la bula “Sublimis Deus”, en la que se determinaba prohibir

Estrictamente a todos y a cada uno de la dignidad, estado, grado y


excelencia que sean, reducir a dichos indios a cualquier forma de
esclavitud o privarles de sus bienes, bajo pena de excomunión
automática en la que incurrirían “ipso facto” y de la que no se verían
absueltos sino por Nos o por el Romano Pontífice entonces existente.
(Las Casas, Apología: 95)

Era una iniciativa que venía en apoyo de la actuación marcada por la Reina
Isabel.
Vaivenes en la actuación que fueron esporádicos y de breve duración; vaivenes
que acabaron consolidando la idea de la Corona, que no dudó en aplicar las leyes. El
primero fue el mismo Cristóbal Colón, y en 1539 pasaría su juicio de residencia Hernán
Cortés, que también esclavizó y marcó con hierro a aquellos que le plantearon guerra y
fueron vencidos. De esclavitud de indios fue acusado.
Pero difícilmente puede acusarse a Hernán Cortés de promover el esclavismo
cuando a la hora de su liberación los esclavos que tenía eran todos de edad avanzada, de
donde se deduce que habían sido hechos por acciones de guerra en el primer periodo de
la conquista de México y no con posterioridad.
Este juicio es refrendado por Bernal Díaz del Castillo, quién afirma de Cortés:

había hecho esclavos en los pueblos que habían muerto españoles, y se habían
quitado de la obidiencia que habían dado a nuestro rey y señor. (Díaz: 775)

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En su largo discurso, Bernal Díaz dice más cosas en las que señala la corrupción
que se instauró en el Virreinato durante el tiempo que estuvo ausente Hernán Cortés:

en el tiempo que gobernaba Cortés, antes que fuésemos con él a las


Higueras, había retitud sobre el herrar de los esclavos, porque no se
herraban sin primero saber muy de cierto si eran libres, y después que
salimos de Méjico y fuimos con Cortés a Honduras, que así se llaman
en esta tierra, y tardamos en ir y volver a Méjico doce años y tres
meses, questuvimos conquistando y trayendo de paz aquellas
provincias, en aquel tiempo que estuvimos ausentes hobo en la Nueva
España tantas injusticias y revueltas y escándalos entre los que dejó
Cortés por sus tenientes de gobernadores, que no tenían cuidado si se
herraban los indios con justo título o con malo, sino entender de sus
bandos y intereses, y a las personas que en aquel tiempo encargaron el
hierro los que gobernaban no miraron si eran de mala concencia y
cudiciosos y les daban aquel cargo a sus amigos, por les aprovechar,
echaban el hierro a muchos indios libres, sin ser esclavos, y demás
desto hobo otras maldades entre los caciques que daban tributo a sus
encomenderos, que tomaban de sus pueblos indios y indias, muchachos
pobres y huérfanos, y los daban por esclavos. (Díaz: 1613)

Evidentemente, la corrupción se hizo manifiesta a falta de un control estricto


como el que marcaba Hernán Cortés. Tanto los subordinados como los caciques se
aprovecharon de la situación contraviniendo las órdenes establecidas.
El mismo Bernal Díaz señala en su obra cómo liberaron a quienes habían sido
esclavizados ilegalmente, y cómo dieron parte a Sebastián Ramírez, obispo de Santo
Domingo, de las actuaciones llevadas al respecto.
Y contrariamente a lo que hace Bartolomé de las Casas en la novela que
pretende dar como verdadera, Bernal Díaz sí da citas concretas, si señala culpables.

el primero, Fulano de Albitez, y el segundo, Cereceda, natural de Sevilla, y el


tercero, Diego Díaz de Herrera, que también era de Sevilla, y estos tres fueron
principio de echar a perder aquella provincia. (Díaz: 1636-1637)

En cualquier caso queda manifiesto que la Corona no respetaba la libertad de


aquel que osaba esclavizar, se llamase Colón o se llamase Cortés… o tuviese título de
cacique y hubiesen sometido a esclavitud por causa justa o no.
Esta situación abocó a la creación de las Leyes Nuevas de 1542, que estaban
inspiradas en el espíritu de protección y defensa de los naturales de América, y en ellas
se prohibió todo tipo de esclavización, siendo que desde hacía un año se había prohibido
su comercio.

De aquí adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so
título de rebelión, ni por rescate ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo a
indio alguno, y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la
corona de Castilla, pues lo son" (Leyes Nuevas)

Por estas actuaciones y vaivenes queda manifiesto el calor de las discusiones que
la naturaleza y los derechos de los indios provocaba en la Corona y en todos los
ámbitos, todo lo cual acabaría dando lugar en 1550 a la Controversia de Valladolid, la
gran disputa académica que tuvo lugar entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda. Cierto

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que la Controversia acabó sin resolución, pero la discusión sirvió para reafirmar la
voluntad antiesclavista.
En ese orden, el once de agosto de 1553 ordena Carlos I

Ordenamos y mandamos á los Fiscales , que visto y entendido lo que cerca de


la libertad de los Indios está dispuesto , tengan muy grande y particular
cuidado de reclamar en las Audiencias universalmente la libertad de todos los
Indios , é Indias , de qualquier calidad que sean , o esten debaxo de
servidumbre , o color de esclavitud, así de los que residen en las casas y
servicio de los Españoles , como en sus estancias, minas, grangerías, labores ,
haciendas, y en otra qualquier parte donde se hallaren detenidos , y sin su
natural libertad , y para que la gocen , y cese aun el menor perjuicio en materia
de tan grave escrúpulo , se informen con mucha particularidad de las partes y
lugares donde estuvieren, y del número de ellos, sigan y prosigan sus causas
sobre la libertad, hasta las fenecer y acabar: y en caso que los Indios , e Indias
fuere necesario ser declarados por libres , les hagan saber y entender que lo
son , y dar y librar todos los despachos , que convengan para que puedan hacer
y disponer de sus personas lo que quisieren. (Recopilación: Libro II, Título
XVIII Ley 37)

Y esa política se lleva a todos los puntos del Imperio. Ya no hay salvedades. Ya
no se permite poner como excusa la guerra o el canibalismo, como había venido siendo
costumbre.
Así, cuando Legazpi conquistó Filipinas el año 1566, ya el rajá Tupas había
masacrado una expedición española en una cena trampa. Una vez vencido Tupas,
Legazpi le ofreció la paz. Y es que, cuando salió de México para hacerse cargo de
Filipinas había dado una consigna a la tripulación: “guerra sin cuartel a los piratas y
ladrones; respeto absoluto a los nativos”. En cuanto a la mortandad de los filipinos, fue
muy inferior a la que existió entre los indígenas americanos, y según quién entiende en
el asunto eso pudo deberse a que los filipinos habían vivido en un ecosistema abierto y
por ello estaban inmunizados contra numerosos virus.
Pero como no hay regla sin excepción, sí estaba permitido someter a esclavitud a
los mahometanos; así, el 4 de Julio de 1570, Felipe II ordenaba esclavizar a aquellos
que fuesen hechos prisioneros en actos de guerra.

Al distrito de las Islas Filipinas son adyacentes las de Mindanao, cuyos


naturales se han rebelado tomando la secta de Mahoma y confederándose con
los enemigos de esta corona y hecho muy grandes daños a nuestros vasallos, y
para facilitar su castigo ha parecido eficaz remedio declarar por esclavos a los
que fueren cautivos en la guerra. (Recopilación. Libro VI, Título II, ley 12)

Pero esa ley no iba dirigida contra todos, ya que en la misma orden se indica
que “los que fueren indios y hubieren recibido la secta no los harán esclavos”.
Esa orden era posterior a otra similar dictada el 25 de enero de 1569 por la que
se permitía esclavizar a los indios caribes “que fueren a hacer la guerra a las islas”
(recopilació, Tomo II Libro VI, Título II, Ley XIII)
Por otra parte, es necesario señalar que los culpables del esclavismo que llegó a
producirse a pesar de los esfuerzos de la Corona, no eran sólo los esclavistas, sino los
propios indios, que como señala Hugh Thomas, llegaban a dar a sus hijas como esclavas
sólo por hacerse con una pequeña hacha o un cuchillo.

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Y los mismos caciques daban á los españoles algunos indios que entre ellos
tienen por esclavos, y se sirven dellos, que los han avido en la guerra, la qual
nunca falta entre los indios unos con otros; y al ques esclavo llámanle paco, y
cada cacique tiene sus esclavos herrados con su señal diferengiada en el braço
ó en la cara, y algunos tienen por señal sacarle al esclavo un diente de los
delanteros de la boca. (Oviedo II: 8)

Y este hecho no es de significado menor, porque los indios tenían asumida la


esclavitud si eran vencidos; eso en el mejor de los casos… En el peor servirían de menú,
por lo que la Corona hubo de llevar a cabo grandes esfuerzos de control a través de los
visitadores, para lo que no le faltó la abierta actuación de la Iglesia, que no dudaba en
denunciar todo tipo de abusos.
Pero no era sólo el control de quienes se saltaban las leyes, cuestión que podía
costar más o menos pero que al fin era realizable con moderados esfuerzos que
paulatinamente fueron haciéndose efectivos, llegando a generalizarse la persecución de
los infractores al compás del crecimiento del número de visitadores y del crecimiento de
las órdenes religiosas. El problema peor provenía de los propios indígenas, que no
comprendían por qué quienes dominaban la situación no los esclavizaban… o se los
comían.
Así la Corona se vio en la necesidad de educar en ese sentido a los indios, que
debían aprender que la esclavitud no era un estado natural; que la sumisión tampoco era
un estado natural, y que contra ellas debían usar los derechos que la ley española estaba
generando a raudales. Y de ello se encargarían los doctrineros que obligatoriamente
debían asistir las encomiendas.
El objetivo principal era la difusión del Evangelio, y con él, la liberación de las
personas; así, Don Felipe II en la Ordenanza 144 de poblaciones, en el Bosque de
Segovia, á 13 de Julio de 1573 volvió sobre el asunto:

Mandamos á nuestros Gobernadores y pobladores, que en las partes y lugares


donde los naturales no quisieren recibir la doctrina cristiana de paz, tengan el
orden siguiente en la predicación y enseñanza de nuestra santa fe.
Conciértense con el cacique principal, que está de paz y confina con los indios
de guerra, que los procure atraer á su tierra á divertirse, o a otra cosa
semejante, y para entonces estén allí los predicadores con algunos españoles, é
indios, amigos secretamente, de manera que haya seguridad, y cuando sea
tiempo se descubran á los que fueren llamados; y á ellos juntos con los demás
por sus lenguas é intérpretes, comiencen á enseñar la doctrina cristiana: y para
que la oigan con más veneración y admiración, estén revestidos á lo menos
con alvas ó sobrepellices y estolas, y con la santa cruz en las manos, y los
cristianos la oigan con grandísimo acatamiento y veneración, porque á su
imitación los fieles se aficionen á ser enseñados. Y si para causarles más
admiración y atención pareciere cosa conveniente, podrán usar de música, de
cantores y ministriles, con que conmuevan á los indios á se juntar y de otros
medios para amansar, pacificar y persuadir á los que estuvieren de guerra; y
aunque parezca que se pacifican, y pidan que los predicadores vayan á su
tierra, sea con resguardo y prevención, pidiéndoles á sus hijos para los
enseñar, y porque estén como en rehenes en la tierra de los amigos,
persuadiéndoles que hagan primero iglesias, á donde les puedan ir á enseñar; y
por este medio, y otros, que parecieren más convenientes, se vayan siempre
pacificando y doctrinando los naturales, sin que por ninguna via ni ocasión
puedan recibir daño, pues todo lo que deseamos es su bien y conversión. .
(Recopilación: Libro I Titulo I, Ley IV)

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No procedería explicarles por qué en la Península se había acabado con las
encomiendas en los mismos momentos que se estaban implantando en América. Eso se
estudiaría medio milenio después, pero sí se les darían las armas necesarias para llegar a
comprenderlo cuando llegasen a planteárselo. Los medios utilizados, la doctrina
cristiana y la enseñanza de la lectura y de la escritura. Ello les permitiría tener acceso a
la comprensión de las leyes que para ellos y su protección estaban elaborando los
mejores juristas españoles. No era una labor pequeña…
Lo que la Corona se planteaba era que los indios se acostumbrasen a protestar
contra la esclavitud y que aprendiesen que tenían derecho a iniciar acciones legales
contra los esclavistas.
Errores y excesos, como resultado de toda obra humana, existieron, pero su
existencia no puede entenderse como la generalidad de la actuación, sino como obra de
particulares que se saltaban las leyes... del mismo modo que hoy hay quién se las salta.
La diferencia entre un momento y otro es que las leyes laborales promulgadas en el
siglo XVI comparativamente presentan unas ventajas que ya quisieran tenerlas los
trabajadores en el siglo XXI… Y también podemos observar la diferencia en los medios
de control que representaron los visitadores.
Pero ya nada importa que hasta ellos reconozcan lo que hay, porque como hoy,
en la Hispanidad no se lee, hasta se pueden permitir el lujo de reconocer la verdad. Así,
Pierre Chaunu, historiador de hoy, fuera de toda duda por ser calvinista, escribió:

La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace


hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de
válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los
españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera
Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse
de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica.
(Messori)

Y no es Chaunu el único. Dice Philip W. Powel, historiador norteamericano en el


libro “Los grandes engaños históricos”, que la llamada “Leyenda negra” contra España
fue un invento. Y añade:

La propaganda que tan efectivamente se empleó para estimular ataques contra


España, y a la vez levantar a las naciones que le sucederían en la cumbre del
poderío europeo, contribuyó en gran manera a la debilitación y declive de
aquel país y de su imperio” (España). Así, durante los siglos XVI y hasta el
XIX, varias naciones europeas, sobre todo, Holanda, Inglaterra y Francia, y
también los EE.UU. de Norteamérica con ocasión del apoyo que dieron a la
independencia de algunas de las colonias españolas en América,
protagonizaron una campaña de insidias contra nuestro país, unas veces
inventándose una serie de hechos negativos que nunca existieron, otras veces
magnificando meros hechos aislados y sin apenas trascendencia y, en otros
casos, engañando a base de elevar a verdades absolutas lo que sólo llegaron a
ser medias verdades, tergiversadas luego con maliciosa intencionalidad para
producir efectos múltiples que enfrentaran al mundo contra nuestro país,
atribuyéndole a España atrocidades que luego ellos cometieron.
Un ejemplo de lo que se dice se tiene en la denuncia que dichos países
hicieron ante el mundo sobre masacres y exterminio cometidos por los
conquistadores españoles en América, que no se discute que sí se dieran
algunas atrocidades que fueron de todo punto injustas y reprobables, pero que
era casi normal que se cometieran por ambas partes en una época en que
existían el derecho de conquista y el radical choque entre religiones, en el

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caso de España por defender la unidad de la fe católica que entonces era
confesional, y en el caso de los países conquistados, por el culto a sus dioses
con el ofrecimiento de cruentos sacrificios de jóvenes cebados que
descuartizaban para así ofrecerlos a sus ídolos religiosos. (Powell 2008: 266)

Y dice más el señor Powell sobre otros asuntos como la actividad de la


Inquisición o sobre el desarrollo de la cultura en América, y sobre todo lo comentado en
este trabajo. Es una verdadera pena que autores como éste hayan sido condenados al
ostracismo, no sólo por los poderes fácticos del mundo anglosajón, sino también, y lo
que es más lamentable, por los poderes fácticos hispánicos. Desde la modestia de este
trabajo reivindico a Philip W. Powel y recomiendo la lectura de sus obras, entre ellas,
“Arbol de Odio”, que puede ser encontrada en la red.
Y en cuanto al trato y objeto de la Conquista, el Emperador Don Carlos, en
Granada, á 17 de Noviembre de 1526 legisló:

Los señores Reyes nuestros progenitores desde el descubrimiento de nuestras


Indias Occidentales, islas y Tierra Firme del mar Océano, ordenaron y
mandaron nuestros Capitanes y Oficiales, descubridores, pobladores y otras
cualquier personas, que en llegando á aquellas provincias procurasen luego
dar á entender, por medio de los intérpretes á los indios y moradores, Como
los enviaron á enseñarles buenas costumbres, apartarlos de vicios y comer
carne humana, instruirlos en nuestra santa fe católica y predicársela para su
salvación y atraerlos á nuestro señorío, porque fuesen tratados, favorecidos y
defendidos como los otros nuestros súbditos y vasallos. (Recopilación: Libro I
Titulo I, Ley II)

No fue sólo, así, lo legislado por la reina Isabel, muerta en olor de santidad y no
beatificada por los intereses políticos de los enemigos de España, sino la práctica
totalidad de la política llevada a cabo con posterioridad a ella, la que vigiló el buen
gobierno y el buen trato de las personas en concreto en América.

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