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Los patres eran las figuras más importantes de cada familia romana.

Estos hombres poseían


por estatus el derecho a realizar el Cursus Honorum, es decir a subir escalafones dentro de
las asambleas y a acceder a los mayores privilegios en la política romana.

Los patres tenían los llamados "clientes", que no es otra cosa que personas influyentes en
mayor o menor grado, que les visitaban cada día desde el amanecer, estos clientes podían
ser, miembros del propio senado, ricos terratenientes, o incluso libertos (esclavos liberados)
pues un esclavo liberado por su amo pasaba directamente a su cartera de clientes, por lo que
nunca se desligaban totalmente de su antiguo patrón, los libertos a cambio ofrecían
diferentes servicios como por ejemplo el de dar información que podía ser valiosa.

Las visitas como hemos dicho se realizaban a partir del alba, y se recibían no por orden de
llegada sino por importancia de cliente. Este acto se realizaba a diario con obligatoriedad,
sobre todo en el caso de ser liberto, si lo que se pretendía era establecer una buena relación.
Los patres ofrecían estatus, préstamos e incluso ciertos privilegios que nos hacen pensar en
la similitud de éstos con la actual mafia donde el patrón ofrece seguridad a cambio de otros
servicios ... pero lo que es un hecho patente es que en la Roma imperial o en la republicana
este sistema procuró muchos y diversos beneficios a ambas partes, sobre todo en decisiones
que atañían directamente a la política, pues era más accesible que a mayor numero de
clientes, mayor probabilidad de votos en dirección a donde el patrón designaba por propio
interés. Por poner un ejemplo; César tuvo como cliente a Clodio al que ayudó a que fuera
adoptado por una familia plebeya para acceder así al tribunado de la Plebe, con ello Clodio
se vio beneficiado y César también cuando debía aprobar alguna ley por mayoría, era un
QUID PRO QUO, lógicamente dependiendo del grado de notoriedad de cada cliente el
beneficio era mayor o menor pero en cualquier caso siempre importante.

A la salida de la visita el patrón entregaba dinero a todos cuantos habían venido, dinero que
en muchos casos llegó a ser el necesario para que algunos de ellos pudieran comer a diario.
Como en anteriores ocasiones he comentado, Roma era una ciudad de apariencias, la
aristocracia vivía de la necesidad de que el nombre familiar no sólo perdurara en el tiempo
sin que fuera aumentando en popularidad y prestigio, para ello era necesario invertir...
Las inversiones de estos grandes hombres eran por ejemplo espectáculos para la plebe, ello
les procuraba ser alabados por un populacho deseoso de disfrutar del circo y de manjares
gratuitos, sin olvidar que esto a la vez les ofrecía apoyos incondicionales ganándose sus
simpatías, a menos, eso sí, que el próximo senador o patrono que llegara hiciera lo mismo
pero con mayor opulencia y gasto que era en la mayoría de los casos.

Así pues, en numerosos mosaicos se recuerdan los juegos celebrados por tal persona o el
templo construido por tal otro... Muchos de estos hombres eran nombrados patrones de una
ciudad, con el consiguiente gasto que esto generaba al propio bolsillo, ya que el beneficio
de ser patrono iba en detrimento de la propia economía del patrón que para conseguir el
beneplácito de los ciudadanos desembolsaba cantidades desorbitadas de dinero pagado de
su propio bolsillo para construcciones colosales o espectáculos por poner un ejemplo y que
para no arruinarse y continuar con sus estatus, lo recuperaba cuando era asignado como
gobernador de alguna provincia del imperio, con ello se aseguraban la recaudación de los
impuestos y también un sueldo extra para regenerar su propia economía.

A nivel general podemos decir que la economía de Roma, estaba basada por un lado en la
explotación de primeras materias como el grano, el aceite o el vino y por otro lo que
generaba de beneficio las provincias conquistadas por el imperio. Roma importaba del
extranjero gran cantidad de productos ya fuera plata de Hispania, oro, grano, tejidos,
especias orientales .... por lo tanto cabe deducir que la urbs se convirtió en el centro
neurálgico de la economía imperial, donde se importaban y exportaban los productos
llegados de Occidente a Oriente, centralizándose en una única urbe. En los yacimientos
hallados en Roma, destacan enormes mercados como el de Trajano situado en el foro y que
consiste en un edificio de varias plantas (con piscifactorías en el último piso), o auténticos
almacenes industriales donde se hace patente la diversidad de culturas venidas de todos los
recodos del mundo.

Tal fue la actividad frenética del día a día, que por decreto de César, se prohibió la
circulación de carros y mercancías durante el día para acabar con el caos reinante de idas y
venidas de comerciantes, siendo obligatorio únicamente circular a partir de bien entrada la
noche.
Casi podríamos decir que Roma fue una ciudad dedicada a la compra-venta de productos y
de difusión de éstos por todo el imperio.

Los comerciantes llenaban con sus gritos las calles del centro, anunciando sus productos,
mujeres y hombres en sus literas o a pie inundaban estos mercados, llevándose consigo los
artículos más chic del momento, hay que tener en cuenta que el acceso a productos
orientales de alto precio como la seda estaba reservado a unos pocos afortunados, que
aprovechaban cualquier momento para mostrar la opulencia aristocrática de la época, otras
rarezas culinarias servían para mostrarlas en los banquetes ofrecidos por los anfitriones
deseosos de causar la envidia de sus invitados, así pues el mercado también era en cierta
manera un centro social donde los comerciantes y sus productos eran ofrecidos a un
mercado que abarcó los dominios imperiales de este a Oeste.

Las arcas del Estado fueron continuos picos a la alza o a la baja, dependiendo de la
administración del senado o del emperador regente, unos sobresalieron por su austeridad
como fué el caso de Octavio Augusto o Trajano, mientras otros gestionaban los superavits
del anterior emperador ofreciéndolos en espectáculos para la plebe o pagando los baños
públicos de todo un año para que la población pudiera entrar gratuitamente, por no hablar
de los gastos derivados de la opulencia de algunos de ellos, como el caso de Nerón, que
después del incendio del año 64 que asoló la ciudad se hizo construir la domus aurea, un
edificio de proporciones colosales y repleta de lujo, que causó la lógica consternación de
los ciudadanos romanos.

Para épocas de grandes desembolsos económicos, Roma se servía de la guerra, no hay que
olvidar que una nueva conquista procuraba los beneficios necesarios mediante la
usurpación de los botines de guerra y la imposición de nuevos impuestos para pagar a la
ciudad. De ahí que muchos emperadores intentaran alejar las limes del imperio y agrupar
mayor número de territorios aliados, así pues a modo de conclusión podemos decir que una
gran parte de la economía del imperio se basó en el ejercicio de las legiones y el comercio
interno.

En épocas de crisis económica derivada de una guerra civil, el control de los bienes del
estado estaba a cargo del nuevo dictator, una buena administración y gestión de la misma
establecía una posibilidad de crecimiento, es decir, si el dictator decidía que las deudas
adquiridas por ejemplo por los agricultores con sus patronos (pues estos últimos ofrecían
préstamos) quedaban eliminadas hacían una reacción en cadena desfavorable a la
economía del régimen, aunque parezca que cancelar la deuda sea una buena decisión, en
verdad era un error de grandes proporciones, pues no había manera de incrementar las arcas
del estado, para ello hombres como Julio César, cuando fu nombrado dictador, estableció
unas leyes por las que no cancelaba las deudas pero en cambio bajó el interés del préstamo
de manera considerable, favoreciendo el flujo de dinero, tanto para los prestamistas que
seguían cobrando sus intereses, menores pero suficientes, como por los deudores, que
siguiendo con su actividad laboral podían hacer frente a pagos más reducidos.

Todo ciudadano romano recibía su salario, tanto esclavos como asistentes del emperador,
únicamente los ciudadanos pobres recibían una pensión del Estado gratuita, mínima pero
financiada con las arcas estatales, así mismo el estado también se hizo cargo de los niños y
niñas con menos recursos de la ciudad. No obstante, no debemos engañarnos, la ciudad era
sin lugar a dudas la más cara con diferencia, según nos explica Marcial o Juvenal, donde
hacen referencia al hecho que sale más a cuenta vivir en el campo que en una ciudad donde
el alquiler de una habitación era infinitamente superior al precio de una casa rural.

Roma, por tanto, se financió con recursos propios y los derivados de sus conquistas, y su
grandeza dependió de la gestión que de ella se hizo por parte de los ilustres emperadores o
senadores de la república.

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