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Volcanes y la cultura

“Cuando menos lo esperaban vino sobre ellos una lluvia de ceniza que opacó su
existencia. La ceniza cayó sobre sus cuerpos violenta y constantemente, como si
fuera arrojada con furia por mano fuerte y desde arriba.” Popol Vuh

Los antiguos habitantes indígenas de la meseta central de Guatemala


consideraban que los volcanes eran hogar de los dioses, creadores de las razas y
los linajes y según ellos cuando se comportaban mal; la ira de Dios hacia que el
volcán erupcionara. y se expresaba con truenos y relámpagos. Los indígenas no le
temían pero si le tenían un gran respeto.

Los Mayas, al igual que muchas otras culturas que florecieron en la


mesoamericana prehispánica, fueron fervientes practicantes del “Culto a los
Volcanes” establecido desde la época prehistórica mesoamericana.

Para los antiguos pobladores de la mesoamericana prehispánica, localizar un


volcán, equivalía a tener un encuentro con una poderosa deidad integrante de la
naturaleza misma y demandante de culto, sin importar, que el volcán localizado se
encontrara activo o no, o si jamás había sido visto entrar en proceso de erupción
o sin importar, que el cráter del volcán localizado se encontrara borrado, debido a
la erosión causada por los elementos naturales,durante el inexorable paso del
tiempo.

Pakal, como gran sacerdote del culto a los volcanes, en vida, fue consagrado por
el pueblo Maya, como representante de la procuración del bienestar del mismo,
ante las propias deidades volcánicas que habitan en el inframundo terrestre. Por
esta razón, Pakal, después de su muerte, fue sepultado bajo la representación
estilizada de un poderoso volcán, el cual se encuentra representado por la propia
estructura arquitectónica piramidal correspondiente al llamado templo de las
inscripciones de Palenque.

Como se ve en Guatemala, desde la época precolombina, la mayoría de los


grandes asentamientos humanos se han localizado cerca de los volcanes.
Entonces podríamos esperar que exista un gran vínculo entre los conos eruptivos
y nuestra cultura y nuestro arte. La belleza y la fascinación ante los peligros de los
volcanes van así de la mano: nos lo recuerdan leyendas indígenas de amores
imposibles o trágicos.

Moneda. A lo largo de la historia, nuestros volcanes han sido parte de la moneda


del país, el quetzal, un ejemplo claro es en el reverso del billete de Q. 50 que
muestra la ilustración del corte de café en las fértiles tierras del sur de Guatemala
con un imponente volcán al fondo, probablemente el volcán de Fuego
Arte. Es muy comun que en el transitar por las calles de las ciudades del altiplano
y del centro del pais, especialmente en Antigua Guatemala, se encuntre pinturas y
obras de arte en las que no hace falta el plasmado del algun volcan de Guatemala

Vemos así cómo los volcanes nos acompañan desde las leyendas prehispánicas,
cuando nuestro país era solamente una imaginación del tiempo, hasta nuestros
días. Nos dan un respiro con su belleza, pero nos advierten de su naturaleza
iracunda. El arte ha sabido contarnos esta historia.