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3.

Lipman, "nosotros", los otros

Este apartado presenta una complicación en cuanto a la redacción. Hemos escrito desde un
"nosotros" en el que está representado un importante número de docentes que, desde hace cierto
tiempo, trabaja en cercanía (en cuanto a posicionamientos en filosofía y educación) con el autor de
este libro. El tema que vamos a recorrer ahora hace alusión a una transformación a lo largo del
tiempo.

El momento de la ortodoxia

Nuestra relación con el programa de Lipman es ciertamente peculiar. Cuando Philosophy for
Children llega a una nueva región, genera un enorme entusiasmo inicial bastante frecuente que dos
sectores queden nítidamente definidos: el de quienes se aferran a la ortodoxia, y el de aquellos que
emprenden sus propias aventuras pedagógicas.

En nuestro caso nos creemos plenamente fieles al proyecto de Lipman, creemos que la fidelidad a
su propuesta nos ha llevado a colocarnos en un lugar desplazado en relación con la ortodoxia. Es
decir, hemos ingresado a la escuela con la filosofía de su mano pero, a instancias del propio
programa, hemos continuado con nuestras investigaciones teóricas y con nuestra reflexión sobre la
practica; al cabo de unos años ya no estamos tan seguros de a que distancia hemos quedado del
programa original.

Primera transformación

Nuestra práctica seguía siendo estrictamente Iipmaniana. Continuábamos intentando trabajar a


favor de un fortalecimiento del pensamiento de los niños, pero no nos entusiasmaba la idea de un
"pensamiento de orden superior". Esto genero algunos conflictos en relación con cuál era el camino
a seguir. Hubo quienes decidieron abandonar a Lipman; otros optaron por tomarlo como la única
autoridad en filosofía y educación. Otros, finalmente, decidimos permanecer fieles a Lipman,
traicionándolo.

Segunda transformación

El programa de Lipman aun con nuestras reinterpretaciones funcionaba muy bien. Veíamos a los
chicos fortalecerse en pensamiento crítico, creativo y sensible; veíamos como año a año las
instituciones en las que se implementaba iban teniendo que ceder en algunas prácticas autoritarias
o en pedagogías conductistas.

EI programa, con su estructura tan armada, pedagógicamente tan sólida, nos resultaba beneficioso
en dos aspectos: era lo más flexible, abierto, constructivista que encontrábamos en la escuela y al
mismo tiempo permitía contener algunos de los aspectos más nocivos de la institución escolar como
el disciplinamiento y de la opinión mediática. Finalmente decidimos experimental. Reemplazamos
la idea de conservar por la de fortalecer. Diseñamos algunas "clases especiales" en las que se ponían
en juego otro tipo de actividades, se manejaba otro espacio, otros tiempos, se buscaban
articulaciones más fuertes con las áreas de Educación Física y Arte, en las que el cuerpo es un
auténtico protagonista, y las pusimos en práctica.

Las "clases especiales" funcionaron como intensificadores de los lazos comunitarios, al tiempo que
inyectaron vitalidad a las discusiones.