You are on page 1of 4

El siguiente ensayo tiene por objetivo ofrecer una descripción sobre la corriente filosófica

del estoicismo, brindando una aproximación a sus nociones básicas y a lo que los exponentes
de su escuela consideraron su fin. Se pretende reconstruir de manera precisa esta noción
durante, sus distintas etapas de desarrollo, y el modo de vida que al que apunta la misma,
junto con las acciones o medios que se deben emplear a fin de llegar a este modo de vida
elevado, que exalta dicha corriente filosófica. Por último, se busca reconstruir
argumentalmente el por qué dichos medios conducirán al fin de este modo de vida.

Esta escuela, que se desarrolló desde el siglo III a.C. con las enseñanzas de Zenón de Citio,
hasta el siglo II, en el imperio romano, con la muerte del emperador Marco Aurelio. Su
nombre proviene de στοα, palabra griega para pórtico, lugar en donde Zenón desarrollaba
sus lecciones a todo aquel que quisiese acercarse a escucharlo. La doctrina estoica se basaba
en una división de la filosofía en tres grandes saberes: lógica, ética y física, que se pueden ir
develando de manera sintetizada. La primera, se basó en la deducción de enunciados para la
obtención de conclusiones. La segunda, en una decantación por las leyes naturales por encima
de las leyes ordinarias del hombre. La tercera, en una división entre dos principios: uno activo
y uno pasivo, que se encuentran presentes en el cosmos y determinan el orden de este mismo.

Al hablar del fin del estoicismo, se debe mencionar la preponderancia que tiene la
naturaleza en la vida del hombre. Diógenes Laercio expone su magistral obra Vida y
opiniones de los filósofos ilustres, en 7.88 lo siguiente:

Se presenta como fin el vivir conforme a la naturaleza, lo que es decir conforme a la


naturaleza propia y la de todas las cosas, sin llevar a cabo nada de lo que suele prohibir la ley
común, que es la recta razón, que se halla presente en todo, siendo idéntica a Zeus, que es el
gobernante real de la ordenación de todo lo existente. 1

Esta noción se fue nutriendo con el paso de los años, decantando en un fin que se puede
definir como la obtención de la felicidad, el florecimiento del ser, la ευδαιμονια, hecho que
se alcanzará siguiendo el ‘flujo’ de la vida, es decir, viviendo en serenidad con el mundo y
con el ser. Para alcanzar dicha felicidad, se debe armonizar la divinidad interior, que es la
razón, con la divinidad del universo, la que rige todas las cosas. (Boeri & Salles, 2014).

1
DL 7,88 (cf. SVF 3A, LS 59J; 61A; 63C)
Pero ¿cómo se alcanza esta felicidad? ¿cómo se armoniza la razón con dicha divinidad
universal? El filósofo y esclavo Epicteto ofrece una serie de nociones, extraídas de su obra,
que conducirán al hombre a dicha armonía2. Comienza con la máxima de que se debe
reconocer lo que es propio y lo que no es propio, o natural, de uno mismo, pues esto hará que
el ser nunca se sienta impedido ni experimente dolor psicológico. Explica que las cosas ajenas
al ser son las que generan daños y perjuicios a este, puesto que no son propias del mismo;
esto incluye desde compañeros y lugares hasta al mismo cuerpo. Lo propio del ser es lo que
se le ha brindado, o sea, la ley divina. Este debe hacer uso de lo que se le ha brindado, y no
debe hacer uso de lo ajeno, debe cuidar lo propio de si mismo. Pero ¿Qué es lo propio? Es,
precisamente, todo aquello que le pertenece a un ser, y que no le puede ser arrebatado, y que
además es necesario para el mismo. Se podría decir, entonces, que la forma de alcanzar este
fin no tiene otro nombre sino αρετή, ο virtud.

Es claro, a través de lo expuesto por Boeri & Salles (2014), que los estoicos comprendían
este fin de una manera bipartita, que requiere de dos términos para explicarla: primero, τέλος,
fin, que hace referencia a el ejercicio de la felicidad como un accionar que se lleva a cabo en
todo, que representa la realización del fin de esta. El termino σκοπος, meta, en contraste
representa una meta o un blanco predeterminado y propuesto, que en este caso sería la
felicidad. El contraste entre ambos conceptos es que en el primero se da en el ejercicio
constante e integro de ser feliz, y el segundo, aunque está implícito dentro del primero, no
representa como tal un fin. El fin se ve reflejado en la satisfacción del poder ser feliz.

Al momento de argumentar en pro de estas afirmaciones, se debe hacer referencia a los


pasajes de Estobeo, y al de Diógenes Laercio que, citados por Boeri & Salles (p.530),
sostienen las afirmaciones para argumentar en pro de este medio para alcanzar el fin
propuesto. Estobeo promulga:
Los de esta escuela sostienen que "fin" se dice de tres maneras: el bien final, en efecto, es
llamado "fin" de acuerdo a un uso académico, como cuando dicen que la concordancia es un
fin. También llaman fin a la meta, como cuando hablan de la “vida concordante" haciendo

2
Epicteto, Diss, l.4. 28-29; 2,13. 8-9; 2,16. 27-28; 3.22.97; 3.24.2-4; 44, 39-40.
referencia al predicado adjunto. Y, de acuerdo con un tercer significado, llaman fin al objeto
último de deseo, aquel al cual todo lo demás se refiere. Consideran que fin y meta son
diferentes, ya que meta es el cuerpo propuesto que las personas aspiran alcanzar [...], pero los
que apuntan a la felicidad, por cuanto todo excelente es feliz y todo vil, por el contrario, es
infeliz.3

Diógenes Laercio, por su parte expone:

La virtud es una disposición concorde. Y es digna de elegirse por sí misma, no por algún
terror o esperanza o alguna de las cosas externas. En ella misma está la felicidad, cuando
existe en un alma formada para la armonía durante toda la vida. Pero el animal racional se
pervierte, unas veces a causa de las seducciones de las cosas externas, y otras por la influencia
de las circunstancias. Porque la naturaleza produce impulsos no pervertidos.4

Del pasaje de Diógenes Laercio podemos rescatar el hecho de que se reconoce el carácter
autónomo que tiene el ser sobre la virtud de sí mismo. Este puede aplicarse para destacar esta
virtud sobre si mismo, siendo armonioso en su vida. La virtud es tener armonía con la
naturaleza puesto que, si se armonizan las acciones del ser con las del δαιμον que le brinda a
este la naturaleza, no se estará en desincronización con este propósito propio de cada ser, el
cual se conoce como δαιμον. Cuando el alma empieza a recibir influjos exteriores, que no
son propios a ella misma, es cuando empieza a corromperse y a alejarse de la virtud
propuesta.

En cuanto al fragmento de Estobeo, se afirma que hay una división tripartita del concepto de
fin. Uno (σκοπος) se encuentra incluido dentro del otro (τελος), aun siendo diferente; y el
tercero es la conjunción de ambos: el objeto último de deseo. Para argumentar en pro de esto,
se dirá que se comprende que en el τελος se está realizando la acción propia del fin, o sea, ser
feliz. El ser ha cumplido su τελος cuando logra ser feliz a cabalidad, y el σκοπος está presente
en este puesto que sólo se puede llegar a la meta de ser feliz siéndolo, viviendo esta felicidad
en su máxima expresión, que sería siendo virtuoso. Solo en el momento en el que el ser logra
ser completamente feliz y virtuoso es que ha cumplido esta meta, y esto ocurre durante todo
el recorrido que impone la felicidad al ser. No es una meta ulterior en el sentido de que no se

3
Estobeo. Ecl.. 2.75, 7-77, 5 (SVF 3.3; LS 638 y 58K)
4
DL 7,98 (cf. SVF 3A, LS 59J; 61A; 63C)
llega a ella en un momento determinado de la existencia; esta ocurre durante todo el camino
en el que el ser se dedica a ser feliz. Por eso el objeto último de deseo se cumple cuando el
ser logra ser enteramente feliz.

Para los estoicos, el ser virtuoso y moderado frente a los influjos exteriores es la medicina
para sanar un cuerpo y conducirlo al objeto ultimo de deseo. Es la felicidad, puesta en práctica
y sentida íntegramente por un ser la que lo conducirá precisamente a esa virtud del ser, en la
que el δαιμον estará en armonía con el ente y así logrará privarse de todos los dolores que lo
impropio a él le infligirían. Es en esta practica de la virtud que los seres humanos serán
capaces de alcanzar el fin propuesto por esta doctrina y satisfarán su alma.

Bibliografía
Boeri, M. & Salles, R. (2014). “Los filósofos estoicos: ontología, lógica, física y ética”.
Dusseldorf: Verlag
Diógenes Laercio: Vidas y opiniones de los filósofos ilustres. Traducción y notas: Carlos
García Gual, Alianza, Madrid, 2007.
Referencias
García, C. & Ímaz, M. (1986). “La filosofía helenística: Éticas y sistemas”. Madrid:
Síntesis
Los Estoicos Antiguos. Traducción y notas: Ángel J. Cappelletti, Gredos, Madrid, 1996.
Striker, G. (1996). “Following nature: A study in Stoic ethics”. En: G. Striker, Essays on
Hellenistic Epistemology and Ethics, Cambridge University Press: Cambridge, 221-280.