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CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES. LOS JOVENES,


LA CULTURA POLITICA, LA RESISTENCIA Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Book · November 2016

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Yolanda Corona
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CIUDADANÍAS
EMERGENTES
Y NUEVOS ACTORES
SOCIALES
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA
YOLANDA CORONA CARAVEO

CIUDADANÍAS
EMERGENTES
Y NUEVOS ACTORES
SOCIALES

2016
Edición y diagramación
Arkan Ediciones

Diseño de portada
Carlos Gayou

Fotografías
Carlos Pérez y Zavala
Yolanda Corona Caraveo

© 2016, Texto
Carlos Pérez y Zavala
Yolanda Corona Caraveo
Derechos Reservados

© 2016, Edición
Arkan Ediciones
arkan@prodigy.net.mx

Primera edición: 2016


ISBN: pend.

Impreso en México
Printed in Mexico
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 7

Capítulo 1
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL 11

Capítulo 2
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES 35

Capítulo 3
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA 55
Imposturas, despropósitos y simulacros
de los actores políticos en México.

Capítulo 4
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: 75
El pueblo de Tepoztlán, Morelos

Capítulo 5
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES 103
A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI
Participación política de los jóvenes en Tepoztlán

REFLEXIONES FINALES 123


Los territorios de la esperanza

BIBLIOGRAFÍA 133

5
INTRODUCCIÓN

E
stamos viviendo en nuestro país una realidad que nos abruma
y nos desborda en virtud de que somos testigos, víctimas y re-
henes de diversos poderes que se disputan nuestro presente y
futuro como moneda de cambio, situación que no parece tener salida
en el corto plazo. Los actores políticos tradicionalmente preponde-
rantes en el escenario nacional han tenido que responder a impera-
tivos insospechados cuando ven cómo el poder del crimen
organizado les diputan su hegemonía a lo largo y lo ancho del terri-
torio nacional.

Mientras tanto, los ciudadanos, las poblaciones vulnerables, los mi-


llones de mexicanos que son ajenos a éstos intereses y día con día
se juegan la vida en un escenario en el que ocurren las batallas entre
los dueños del país. Los movimientos sociales, los actores políticos
en busca de hacer valer sus derechos y su existencia luchan denoda-
damente por encontrar su voz y lograr consttruir una propuesta de
sociedad y de país muy distinta a la que prevalece en estos tiempos.

¿Son los jóvenes los nuevos sujetos sociales que aparecen en este
contexto como un augurio auspicioso de que se puede hacer algo
para salir de esta pesadilla?

En las siguientes páginas el lector o la lectora encontrará algunas re-


flexiones sobre diversos temas que pensamos están íntimamente re-
lacionados. Los jóvenes, los movimientos sociales, las culturas
políticas, las resistencias, y como punto de partida una discusión

7
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

acerca de los parámetros actuales para pensar la ciudadanía. Quere-


mos reflexionar con ustedes sobre algunas de las líneas de segui-
miento acerca de la participación política de diversos actores
sociales: los ciudadanos, tanto en los ámbitos urbanos como en los
rurales, las diversas formas de pensar la comunidad y sus particula-
ridades, las esferas de la construcción de culturas políticas y desde
luego plantear que todo esto ocurre en un escenario muy desfavora-
ble en donde los poderes hegemónicos aparecen como enemigos for-
midables en contra de los anhelos de autonomía y libertad de
grandes sectores sociales.

Pensamos que las nuevas condiciones de lo que ha sucedido en todo


el mundo en términos de las transformaciones de las formas de par-
ticipación política de diversos actores nos coloca ante nuevos esce-
narios que requieren de nuevas explicaciones. La sorprendente
utilización de las redes sociales, sobre todo por parte de los jóvenes,
ha trastocado las formas convencionales de hacer política y de par-
ticipación. Aparecen nuevas formas de resistencia pacífica y ello nos
obliga a pensar en el papel que éstas nuevas tecnologías tienen en la
conformación de nuevas comunidades. Siguen pendientes las tareas
que los movimientos sociales proponen para hacer de este mundo
un lugar más habitable, más justo y más libre en donde se respeten
los derechos humanos de todos. Por ello nos interesa insistir en que
los jóvenes juegan un papel fundamental en la construcción de los
proyectos de sociedad y de país que estamos imaginando en este
inicio del siglo XXI.

Hemos reunido en este breve libro algunas ideas que desarrollamos


en otras obras y pensamos que puede ser de cierta utilidad plantear
éstos problemas como una unidad que relaciona a los diversos suje-
tos sociales que de una manera u otra luchan por un mundo mejor.

Nuestra experiencia de haber vivido por más de 20 años en el pueblo


de Tepoztlán nos permite apuntar algunas características de este

8
INTRODUCCIÓN

lugar que ha sido una comunidad en resistencia por varias décadas.


Un pueblo que se caracteriza por sus luchas y su capacidad de salir
airoso frente a grandes intereses económicos y políticos, gracias a
su enorme capital social que está representado por su amor a la tie-
rra, a sus tradiciones y leyendas y sobre todo por su apego a la vi-
gencia de una comunidad autónoma.

Nos quedan muchas preguntas que no sabemos cómo responder en


cuanto al futuro y destino que nos espera en los próximos años pero
confiamos en que entre todos podamos seguir pensando sobre las
posibilidades de construir una realidad diferente, un mundo en donde
se respeten los derechos humanos y se preserve la naturaleza y esto
sea parte de un nuevo proyecto de sociedad sustentable y durarero.

9
CAPÍTULO 1

REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA


Y LA SOCIEDAD CIVIL

U
no de los problemas que enfrentamos en nuestros tiempos se
refiere a la necesidad de contar con elementos teóricos para
poder explicar las preguntas que la realidad social nos plan-
tea cotidianamente. Una de ellas se refiere a estudiar el carácter que
han adquirido dos términos estrechamente relacionados: ciudadanía
y sociedad civil, dos conceptos que están presentes en las discusio-
nes actuales sobre el papel que desempeñan los actores sociales en
nuestra sociedad.

La mayor parte de las definiciones apuntan hacia la construcción del


concepto ciudadanía como el lugar al que todos debemos acceder
para salir de la minoría de edad en cuanto a participación política se
refiere. Gozar de derechos y asumir responsabilidades desde una po-
sición de sujetos en libertad es uno de los ideales de las democracias
modernas.

Queremos introducir aquí la discusión del concepto de ciudadanía


que propone Marshall (1950) a la luz de lo que significa construir so-
ciedades incluyentes, como lo han planteado Bustelo y Minujin
(1998). Para ello es necesario también abordar el vínculo entre los
modelos económicos que adoptan los gobiernos en nuestro conti-
nente y la ciudadanía, Thomas Marshall en el ensayo “Ciudadanía y
clase social” (1950), consideraba a la ciudadanía como “la pertenen-
cia a una comunidad compartida de valores”, noción que en su
tiempo superaba la visión elitista de la ciudadanía que aún prevalece
en nuestra sociedad, en la que únicamente un puñado exclusivo de

11
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

sujetos se atribuye el derecho y la posibilidad de ser ciudadano y por


lo tanto de participar en los asuntos públicos.

Lo que es iluminador en la propuesta de Marshall es la comprensión del


proceso de desarrollo de la ciudadanía: coloca el punto de partida de
este concepto en el siglo XVIII cuando se consolida la idea de los dere-
chos civiles asociados a la libertad y a un principio de igualdad ante la
ley. En ese entonces se planteó la libertad de palabra, de pensamiento,
de religión; así como la posibilidad de poseer títulos de propiedad y el
derecho de justicia, lo que sentó las bases para lo que se podría llamar
la ciudadanía civil. Posteriormente, en el siglo XIX se conquista el sufra-
gio universal y por lo tanto el derecho a participar en la arena del poder
político, lo que puede ser considerado como parte de la ciudadanía po-
lítica. Finalmente es hasta el siglo pasado que se afirma la ciudadanía
social gracias a las continuas luchas de amplios sectores que proclama-
ron su derecho a tener un nivel mínimo de educación, salud y vivienda.

La cuestión fundamental a considerar es que no se puede hablar de una


ciudadanía civil o política si no se sientan las bases para que las perso-
nas se liberen de las necesidades materiales básicas que impone la po-
breza. Es difícil pensar que una persona que ocupa todo su tiempo en
sobrevivir pueda ejercer los derechos políticos, por lo que tiene que
asumirse que son los derechos sociales los que garantizan la base sobre
la que se desarrolla la ciudadanía civil o política. Es en ese sentido que
Bustelo y Minujin (1998) proponen que los derechos sociales, más que
indicar los servicios mínimos que deben prestarse a los ciudadanos, son
los portadores del principio de igualdad y de justicia y, por lo tanto, los
ejes fundamentales de la lucha social en América Latina.

Queremos completar la concepción de ciudadanía propuesta por Mars-


hall cuando él habla de “la pertenencia a una comunidad compartida de
valores” con el planteamiento de Van Steenbergen (1994) quien la con-
sidera como una estrategia de empoderamiento y de formas de inclusión
de sectores desfavorecidos y con la de Mouffe (1999) quien va más allá

12
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

al decir que en realidad la ciudadanía es el punto de confluencia y de


disputa entre actores y posturas disímiles que aspiran a que sus de-
mandas puedan ser reconocidas como válidas.

Esta última propuesta de Chantal Mouffe es la que nos ayuda a en-


tender algunas de las expresiones en la vida social de nuestros paí-
ses. Una de ellas es la adopción, por parte de la clase gobernante, de
políticas públicas y culturales que buscan favorecer el interés indivi-
dual, atomizar la organización social y promover una apatía frente a
lo público. Esto en muchos sectores propicia que los ciudadanos se
sientan cómodos al transferir su responsabilidad de participar en los
asuntos públicos a sus “representantes políticos”.

La otra expresión, que se encuentra en tensión con la anterior es el


crecimiento continuo en la participación de la sociedad civil y la for-
mación de colectivos que buscan abrir espacios de escucha y de in-
tervención en la política, buscando la posibilidad de establecer
vínculos de solidaridad horizontal. Es más, podríamos decir que la
expresión actual de la sociedad civil en nuestro país es un fenómeno
social que expresa uno de los ángulos más vitales y creativos de la
sociedad mexicana y que con frecuencia se manifiesta en los fenóme-
nos de agrupación social y cohesión espontánea que surgen en la ex-
periencia compartida de catástrofes naturales, situaciones límite o
eventos inesperados.

No podemos dejar de mencionar que nos encontramos bajo el


enorme paraguas de lo que se ha llamado “globalización”, sistema en
el que la pertenencia a una comunidad política nacional o regional
está, cada vez más, dominada por un derecho internacional que so-
mete a los individuos, las organizaciones no gubernamentales y los
gobiernos a sistemas de regulación que implican de cierta manera
una limitación a la autonomía ciudadana. Lo que agrava esta situa-
ción es que en nuestro país, como en la mayor parte de los países de
América Latina se han adoptado modelos económicos que han gene-

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CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

rado una mayor desigualdad y pobreza. En el discurso político mexi-


cano se advierte un simulacro continuo de interés en lo social, pero
en el que jamás se busca abatir las verdaderas causas de exclusión,
de desempleo y de miseria que aquejan a nuestros países.

Observamos que los discursos oficiales rehuyen reconocer el que sus


políticas económicas neoconservadoras excluyen a millones de me-
xicanos del supuesto “progreso” para concentrar en manos de unos
cuantos la mayor parte de la riqueza y de los recursos. Estos peque-
ños sectores beneficiados se alían con las instituciones gubernamen-
tales para adoptar programas asistenciales que lo único que
pretenden es contener la amenaza de la pobreza en términos de lo
que a ellos puede afectarles, sin considerar jamás la posibilidad de
encontrar vías para redistribuir los recursos. De esta manera se es-
tablece un abismo entre unos cuantos que realmente pueden ejercer
sus derechos civiles, políticos y sociales y una gran mayoría de per-
sonas a las que, a pesar de reconocerles oficialmente sus derechos,
se les excluye continuamente y se les niega en la práctica su calidad
de sujetos de derechos.

Nos enfrentamos así a modelos de política social que ignoran siste-


máticamente el problema de la falta de equidad y de justicia en nues-
tras sociedades y que se basan en la noción de derechos individuales
para no abordar la exigibilidad de los derechos sociales. Este es uno
de los principales obstáculos en la construcción de ciudadanía.

MODELOS ECONÓMICOS Y DE CIUDADANÍA

La tensión existente entre los sectores que buscan una sociedad más
justa y los gobiernos que adoptan sistemas económicos neoliberales
puede corresponder a lo que Bustelo (1998) identifica como dos mo-
delos de ciudadanía predominantes, que son también el eje de una
antigua disputa sobre lo que tendría que ser el contenido de la polí-
tica social.

14
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

Al primero de ellos le denomina Ciudadanía Asistida y es el que pro-


mueve la política económica neoconservadora que han adoptado la
mayor parte de los países de América Latina. El segundo modelo, la
Ciudadanía Emancipada se vincula más con las luchas socialistas que
dieron origen al “Estado de Bienestar”. Las bases del primero son el
mercado, la ganancia y los intereses individuales como principio or-
ganizador de la sociedad, mientras que el segundo busca una socie-
dad más inclusiva cuyo tema principal sea la igualdad social.

En términos de los valores, el modelo de ciudadanía asistida se rige


por una ética del interés individual y privado que les lleva a proponer
una política social de asistencia y clientelismo cuyo objetivo es “con-
tener” la amenaza de la pobreza. El modelo de ciudadanía emanci-
pada se rige por una ética que busca generar la solidaridad social
por lo que su política social tiene el objetivo de ampliar la ciuda-
danía para que todas las personas puedan tener iguales oportuni-
dades de acceso a los bienes de la sociedad a través de una justicia
redistributiva.

Así pues, aún cuando el modelo de ciudadanía asistida sea el que han
abanderado los gobiernos de las últimas décadas en nuestro país, no
podemos dejar de lado la importancia de que todavía existan secto-
res al interior de nuestro país que están embarcados en una lucha
social por abrir la posibilidad de que se implante una política social
que coloque a los derechos sociales como el eje organizador de la so-
ciedad. Podemos pensar entonces que no se ha cerrado el camino
para construir un orden social más solidario en el que el afán por la
justicia posibilite que todos los ciudadanos de derecho se conviertan
en ciudadanos de hecho.

Ahora bien, no podemos ignorar que la discusión de los derechos ciu-


dadanos todavía se encuentra dentro de una visión que parte del ejer-
cicio individual de los derechos políticos. Siendo así, ¿Cómo inscribir
la ciudadanía en los procesos de participación comunitaria?; ¿En

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CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

dónde colocamos la participación de grupos, asociaciones y organi-


zaciones sociales que buscan intervenir en los asuntos públicos? Más
aún, ¿Es la ciudadanía un concepto que no puede utilizarse si por
ejemplo hablamos del comportamiento de los ciudadanos en los ám-
bitos de las organizaciones sociales que se fundan en lazos comuni-
tarios o en redes de solidaridad social?

Una de las cuestiones que tenemos que plantearnos seriamente tiene


que ver con la incorporación de grandes sectores sociales tales como
comunidades indígenas y otras minorías, sectores hasta ahora igno-
rados como los niños y jóvenes y poblaciones que tradicionalmente
han estado lejos de considerarse dentro del ámbito de ciudadanía.

Otra de las preguntas que surgen es ¿Cómo se articulan los procesos


de elección de los líderes y representantes de éstos colectivos? Es
decir, si los miembros de una organización se ven a sí mismos como
actores sociales ¿En quiénes depositan el papel de representantes de
sus intereses? Valdría la pena preguntarse si la democracia represen-
tativa como la conocemos ahora, no es una forma de expropiación
que se erige como la única forma válida de participación política para
restarle peso a otras posibles maneras de incidir en la vida pública.
Aquí nos surge la pregunta ¿Cuál es el papel que desempeñan los ciu-
dadanos en los procesos electorales institucionales?

Si pensamos que estos últimos sólo consideran acciones puntuales


y momentáneas, como el acto de votar cada tres o seis años y que
por su naturaleza corresponden a acciones políticas muy delimitadas
y a determinadas coyunturas políticas, nosotros nos preguntamos:
¿que sucede el resto del tiempo? ¿Alguien conoce a un ciudadano que
se haya dirigido a su representante, ya sea diputado o senador para
resolver un problema? Por ello, es importante tomar en cuenta otras
expresiones políticas en donde los actores acuden a diferentes for-
mas de representación mucho más cercanas y sobretodo más efica-
ces. La gestión y solución de problemas de los ciudadanos casi nunca

16
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

transita por las formas de representación convencionales o por los


caminos establecidos por dichos representantes.

Entonces, ¿Cómo consideramos las elecciones de representantes po-


pulares que se sustentan en usos y costumbres en las comunidades?
¿Acaso pensamos que estas formas de participación política están
ancladas en el pasado y por lo tanto hay que eliminarlas?

Antes de asumir una postura en cuanto estos asuntos tendríamos


que tomar en cuenta que en muchas de las comunidades mexicanas
con una cierta tradición indígena la participación política no sólo está
pautada alrededor de las estructuras comunitarias sino que es a par-
tir de ellas que la colectividad puede expresarse políticamente.

Más aún, si la tendencia es asumir una cierta modernización política


que en los hechos desarticule las formas de organización social cons-
truidas a la luz de sujetos sociales comunitarios para privilegiar la
expresión individual, entonces estamos dejando de lado una cierta
cultura política que ha funcionado exitosamente en muchas comuni-
dades rurales de nuestro país. Es decir, al importar modelos de mo-
dernización política tal vez estamos dejando de lado la construcción
de nuevas culturas políticas en México desde referentes más cerca-
nos a las características de nuestra sociedad.

En los contextos urbanos también hemos tenido la oportunidad de


observar cuál puede ser el sentido de esta expresión colectiva. Uno
de los momentos más significativos de la participación política de la
sociedad mexicana sucede en el año de 1985, cuando la gente se ve
ante la necesidad de responder ante una catástrofe inmensa y enton-
ces elige manifestarse como un solo hombre y ayudar a los damnifi-
cados, heridos y víctimas, tal como ocurrió en el aciago terremoto
del 19 de septiembre. Ahí podríamos fechar el surgimiento de la idea
de una sociedad civil espontánea y temporal pero firme en su capa-
cidad de respuesta.

17
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Otra de las manifestaciones colectivas que habría que destacar se


observó hace algunos años a partir de la convocatoria para expresar
el descontento y la resistencia en contra de la iniciativa del gobierno
y del PRI para sacar de la lucha electoral al ex jefe de gobierno de la
Ciudad de México. La concentración de más de un millón de personas
que se manifestaron el 23 de abril del 2005 en las calles de la Ciudad
de México fue otra de las expresiones de la voluntad colectiva que
hay que tener presente cuando queremos ilustrar lo que llamamos
una “sociedad civil viva”.

A partir de estos ejemplos podemos prefigurar algunas salidas al la-


berinto de la participación política en la sociedad mexicana. Una de
ellas es tener una concepción amplia y abierta de lo que significa
construir comunidad, ya que la solidaridad social y la expresión co-
lectiva que mencionamos en los dos ejemplos anteriores son mani-
festaciones de una sociedad que se resiste a ser gobernada por los
actores políticos convencionales. En otras palabras, los nuevos suje-
tos sociales aparecen como resultado de un profundo malestar social
que invade cada día a un mayor número de espacios e instituciones
sociales. Los ciudadanos ya no se conforman con lamentarse de esta
condición sino que buscan encontrar algunas salidas y para ello se
sirven de formas de solidaridad social que siempre han estado pre-
sentes en la cultura mexicana.

Por otro lado, para los actores políticos convencionales la política se


ha transformado en un asunto que se dirime en los medios de comu-
nicación. Esta tendencia nos habla de una tendencia creciente al
clientelismo y de una actitud de desprecio hacia la gente por parte
de los partidos políticos. Sin embargo, sabemos que en el corto plazo
esto hará que los partidos pierdan cada vez más presencia y que apa-
rezcan más desligados del pueblo. La utilización indiscriminada de
los medios de comunicación para fomentar la utilización de las téc-
nicas del marketing en las campañas políticas se convierte así en su
propia tumba política.

18
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

Aunque parece todavía lejana la promesa de una democracia madura


y funcional para los parámetros de la cultura política en México, esto
no podría lograrse sin considerar que son las personas y los diversos
grupos los que deben de dar sentido a los proyectos sociales y polí-
ticos en nuestro país y para ello es imprescindible ejercer una ciuda-
danía plena.

ESCENARIOS

Desde el punto de vista de las mayorías, de los millones de mexicanos


que ven con desencanto las batallas de los actores políticos conven-
cionales es necesario reconocer que asistimos a un caudal infinito de
infortunios que no pueden ser enfrentados de manera individual. El
escenario de los movimientos sociales que luchan por la satisfacción
de sus necesidades básicas no puede ser más desalentador. Las si-
tuaciones que caracterizan el entorno político en nuestros días nos
interpelan constantemente. Es decir, vivimos un momento en el que
la promesa de las reivindicaciones sociales tendrá que cumplirse a
menos que estemos dispuestos a enfrentar una explosión social. Hoy,
más que nunca se requiere encontrar formas de solidaridad social y
de acciones que sumen esfuerzos en esta lucha desigual.

Tal vez habría que replantearnos algunas preguntas elementales para


poder entrar en materia, por ejemplo: ¿Qué quiere decir participar
activamente en los asuntos públicos? ¿Qué significado tiene para nos-
otros la política? ¿Quiénes son los que pueden hacen uso de ella y
qué proyectos sociales abanderan?

Estamos viviendo en un momento en que la política empieza a dejar


de ser el monopolio de unos cuantos y cada vez más se convierte en
una tarea pública, verdaderamente compartida por todos. Claro que
no todos alcanzan a ver que lo que hacen o dejan de hacer tiene una
implicación política, sin embargo es cada vez más evidente que la in-
tuición y la creatividad se abren paso y de una u otra manera empie-

19
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

zan a poblar los escenarios que originalmente están ocupados por


los actores políticos convencionales.

En el caso de nuestro país tenemos la evidente evolución de una cri-


sis que no parece sencilla. Ante la descomposición de un sistema po-
lítico que no es más que la suma de los intereses particulares de los
grupos de poder, actores privilegiados y partidos políticos, se ha
puesto en marcha la sociedad civil. Una presencia que empieza a
mostrar sus alcances y a expresarse de diferentes maneras y en dife-
rentes foros. Aunque ya hemos sido testigos de sus manifestaciones
en otros momentos sobre todo a partir del año de 1985, la sociedad
civil resurge ahora con una mayor solidez y determinación. 1

Ante un aparato de gobierno sumido en la parálisis y que ha sido in-


capaz de llevar a cabo las reformas políticas necesarias, la sociedad
ha tomado la iniciativa. Hoy podemos ver que es posible cumplir con
las asignaturas pendientes y llevar a cabo los cambios que el país re-
quiere. Es cierto que todavía está lejos la posibilidad de construir un
contrato social en el que puedan confiar los ciudadanos y un Estado
que represente los intereses de las mayorías, sin embargo se vislum-
bran horizontes que pueden hacer que esto suceda.

Hasta ahora, tanto en las administraciones priístas como panistas, la


expresión de la esperada modernización política no ha pasado de ser
un listado de buenas intenciones y prueba de ello es que hoy estamos
padeciendo los efectos del simulacro de un gobierno que supuesta-
mente era el del cambio. Vivimos bajo un modelo de sociedad que se
define como democrático pero que en los hechos es otra jaula de hie-
rro. Sin embargo todo esto ha sido el caldo de cultivo de un proceso
social que hace más evidente y cercana su fecha de caducidad.

1 Ver texto de Carlos Monsivaís. “No sin nosotros”. Los días del terremoto 1985-2005, Editorial
ERA, México, 2005.

20
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

Hoy, nuevamente, los actores políticos convencionales y sus aliados


se preparan otra vez a hacernos creer que no ha pasado nada, tal vez
imaginando que la sociedad mexicana de nuestros días es exacta-
mente la misma que hace 10, 20 o 30 años. Los partidos políticos pre-
paran las campañas de sus candidatos de la misma manera en que
siempre lo han hecho, es decir de espaldas a los ciudadanos hacién-
donos creer que nos toman en cuenta. Los dueños del circo, es decir,
los intereses económicos que están siempre detrás y al lado de estos
actores políticos aplauden los procesos electorales porque después
de todo se trata de otro jugoso negocio. Es en este sentido que deben
leerse las convocatorias que hacen los signatarios del Consejo Coor-
dinador Empresarial y los integrantes del grupo Mexicanos Primero.
Aunque se consideren un sector de la sociedad civil siguen siendo
los dueños del país con intereses corporativos muy claros que los
definen como un apéndice de la clase política. O mejor aún la clase
política es un apéndice de ellos.

Por otra parte, no deja de indignarnos que la mayor parte de los abul-
tados recursos que el INE les proporciona a los partidos políticos bajo
el rubro de prerrogativas terminan en los bolsillos de los dueños de
los medios de comunicación. El dinero que debe de ser utilizado en
obras públicas se transforma como por arte de magia negra en imáge-
nes de personajes inmorales y probadamente corruptos que nos reci-
tan valores y consejos y al mismo tiempo se proponen como ejemplo
de ciudadanos ejemplares. Se calcula que el próximo año 2017 el INE
erogará casi 4 mil millones de pesos en los partidos políticos.2

Una vez más la perversión de un sistema político que se cree demo-


crático se muestra a la luz del día. Es en estos tiempos cuando el “Le-
viatan” se convierte en ogro filantrópico y su ojo avisor, déspota y

2 Según Enrique Galván Ochoa el INE dispondrá de 3,940 millones de pesos, periódico La Jor-
nada, 6 de septiembre, 2016, p.6.

21
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

soberbio dirige su atención hacia aquellos incautos que tienen en su


mano un posible voto que hay que ganar, es entonces cuando escu-
chamos innumerables discursos sobre las virtudes de los sistemas
democráticos, cuando se celebra el simulacro de hacernos creer que
ya hemos llegado a la tierra prometida.

LOS INDICADORES

En las filas del PRI no vemos que sus dirigentes hayan aprendido nada
desde su derrota en el año 2000. Como si no tuviéramos memoria,
como si estuviéramos entre un enorme paréntesis, éste partido nos
quiere hacer creer que gobierna para el pueblo. Y cuando vemos que
la línea apunta hacia la designación de Miguel Angel Osorio Chong o
José Antonio Meade como posibles sucesores de Peña Nieto, enton-
ces pensamos que se trata de una broma de mal gusto. Desde algún
lugar de la cultura política del pasado surgen estos seres extraídos
de una mala novela policíaca que dicen ser los nuevos paladines de
la democracia.

Independientemente de la indignación que puedan causarnos estos


desatinos hemos de ir un poco más allá y ver estos hechos como in-
dicadores de una actitud de desprecio que los políticos tienen con
respecto a los ciudadanos. Una pesadilla que quiere parecer un
cuento de hadas pero que esta estructurada con los mismos perso-
najes que hicieron posible entre otras cosas la derrota del PRI en las
elecciones del año 2000 y su regreso en el 2012.

¿Y la ultraderecha? Aunque parece naufragar en medio de un no


saber y sin ninguna dirección no podemos pensar que ya se dieron
por vencidos. Si bien gracias a los desastres y desaguisados que ha
acumulado la presente administración a lo largo de cuatro años po-
demos predecir que el PRI difícilmente podrá conservar la presidencia
en las próximas elecciones. Por ello revive la idea de la resurrección
del PAN y la posible nominación de la candidata Margarita Zavala

22
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

como un regreso al inframundo. La sola condición de ser la esposa


del infausto Felipe Calderón nos hace pensar que tampoco contará
con las simpatías de millones de mexicanos que recordarán el desas-
tre que generó su esposo cuando acicateó la guerra en contra del cri-
men organizado que todavía estamos padeciendo. Además, ella no
tiene más bandera que presentarse como continuadora de un pro-
yecto que pretende formalizar la entrega del país a los intereses de
los capitales extranjeros, particularmente a los que tienen su sede en
los Estados Unidos.

Sin embargo, más allá de intentar establecer nuevas categorías para


la historia universal de la infamia, lo que nos interesa compartir se
refiere a lo que nosotros podemos hacer para frenar esta tendencia
de desconocer los derechos de los ciudadanos.

En primer lugar, pensamos en la necesidad de echar mano de todos


nuestros recursos para intentar detener la agresión de los grupos ul-
traderechistas en contra de la voluntad popular. Hay un sin número
de acciones que se pueden llevar a cabo y que pueden tener un cierto
grado de eficacia. La presencia de la sociedad civil en la calle es sin
lugar a duda una de las más venturosas. Hemos sido testigos del
efecto que produce el hecho de reunir a un millón de personas en un
consenso inapelable de voces y voluntades que se hicieron presentes
en las plazas públicas a lo largo de los últimos años.

Por ello, creemos que tenemos que pensar en poner el ejemplo y ver-
daderamente constituirnos como una sociedad civil en pie de lucha.
No podemos dejar que en nuestro nombre se lleven a cabo las más
viles y vergonzantes acciones por nuestros supuestos representan-
tes. No podemos dejar en las manos de nuestras autoridades ni de
los partidos el destino, el proyecto y el sentido de nuestra voluntad
ciudadana. No podemos hacer de cuenta que esto no está sucediendo
o que no va a ser tan grave cuando vemos en los hechos que las con-
secuencias son muy claras.

23
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

LA PROMESA

Con base en la construcción de consensos, redes, agrupaciones, gru-


pos pequeños que pueden ser como células en donde se geste la or-
ganización desde lo micro a lo macro, es que podemos visualizar una
forma de constituir organismos sociales que representen a la socie-
dad civil.

Las enseñanzas del EZLN en este sentido aparecen como una muestra
de la importancia de construir los nuevos consensos desde abajo. Es-
cuchar a los indígenas, a los marginados, a los que todavía mantienen
una resistencia activa y no se han dado por vencidos parece ser una
de las más lúcidas estrategias de la llamada “otra campaña” zapa-
tista.

Esta iniciativa apuesta a un proceso que va mas allá de las coyunturas


electorales y al mismo tiempo esta sustentada en la propia experien-
cia del EZLN que ha sabido esperar los momentos para salir a la luz,
para convocar alianzas o para difundir sus declaraciones. Así, tal vez
hay que apreciar y aprender de la pedagogía política del EZLN que nos
recuerda que los cambios que demanda el país no sólo requieren de
la suma de las fuerzas necesarias para llevarlos a cabo sino también
de la paciencia que nos permitan entender que estamos en medio de
un largo proceso.

Sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos qué corresponde


que hagamos en relación a la presente coyuntura representada por
el inicio prematuro del proceso electoral del 2018. Parece que esta-
mos atrapados en las redes de una forma de hacer política que nos
demanda una respuesta inmediata.

En términos más concretos o inmediatos tenemos que asumir una


postura en relación a la coyuntura electoral que nos espera y que ten-
drá su momento culminante en las elecciones del 2018. Las diferentes

24
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

posturas sobre la participación política de los diversos actores polí-


ticos que empezamos a observar tienen que ver con las cuestiones
electorales que están a la vista.

Otro de los aspectos que habría que reflexionar a fondo se refiere a


la participación política de los grupos sociales y organizaciones civi-
les en torno a las contiendas electorales. Puede ser por lo menos po-
lémica la premisa de desistirse de cualquier participación en el
proceso electoral bajo el argumento de que esta contienda sólo favo-
rece a los partidos políticos y que es mejor por lo tanto abstenerse
de acudir a las urnas.

Aunque el argumento alude a realidades y hechos constatados por


muchos actores sociales que en el pasado han mostrado un justifi-
cado desprecio por el sistema electoral, llama la atención el signifi-
cado de la coyuntura que se nos presenta en los próximos años,
sobre todo después de la gran decepción de los gobiernos panistas
y priístas que lejos de representar un cambio se han mostrado como
una calamidad. Una decepción incluso para aquellos que creían en
las buenas intenciones de sus dirigentes que intentan hacernos creer
que respetan los procesos democráticos.

Por otro lado nos preguntamos: ¿Será lo mismo que continúe el PRI
en el poder con todo lo que ya sabemos, a tener a un presidente sur-
gido de un partido de izquierda?

Aunque la sociedad civil no se plantee la toma del poder por sí


mismo, parece que sus luchas y sus proyectos de sociedad podrían
tener mejores interlocutores en gobernantes surgidos de un partido
de izquierda que en los gobernantes de siempre.

Pero por otro lado y de acuerdo completamente con los movimientos


sociales, la lucha no se inicia ni termina en los campos de batalla elec-
torales. Las verdaderas transformaciones deben de venir desde

25
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

abajo. Es la presencia de una sociedad viva y movilizada lo único que


podría garantizar un cambio verdadero. Si se le apuesta a una tarea
que consista en construir consensos y proyectos de sociedad desde
los propios actores sociales que se acercan a organizaciones civiles,
grupos independientes y espacios ciudadanos en busca de sentido y
rumbo a sus inquietudes, entonces estamos hablando de un proceso
legítimo que hay que apoyar y sumarse desde cada uno de los espa-
cios que corresponda. Es un proceso largo y seguramente no nos
mostrará resultados en un corto plazo. En eso creemos que existen
acuerdos desde distintos frentes.

Para darle forma a estas nuevas formas de participación que pueden


transformar los viejos sistemas de socialización política que todavía
cargamos sobre nuestras espaldas y dentro de nuestros imaginarios,
tenemos que convencernos de que el modelo de sociedad que nos
proponen los dirigentes políticos está agotado. Sabemos hasta ahora
claramente qué es lo que no queremos aunque todavía se está cons-
truyendo el modelo de sociedad que sí anhelamos y buscamos. Y
esto es así porque el nuevo tipo de sociedad no puede salir de las
mentes de unos cuantos sino que tiene que construirse con base en
consensos amplios y probados.

Ese cambio no sólo se refiere a los ámbitos de lo que conocemos con-


vencionalmente como la lucha política entre partidos y actores socia-
les formales. Las batallas se tienen que librar también en otros campos
como en el de la cultura, la educación y sobretodo en los terrenos de
las expresiones sociales y psicosociales que alimentan y dan sentido
a las nuevas culturas políticas.

Por ello estamos convencidos que la respuesta comienza siempre con


una serie de acciones a nivel microsocial, a partir de la cotidianidad
y los espacios laborales, de estudio o de recreación que comparti-
mos. Es decir, es necesario volcar nuestros momentos privados e ín-
timos al gran flujo de lo colectivo, a los espacios públicos y a lo que

26
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

es necesariamente un asunto de todos pero sin descuidar los arraigos


micropolíticos que se dan en los intersticios de la pareja, en la rela-
ción con lo hijos, en los vínculos con los amigos, en los consensos
con los gremios de trabajo y en los grandes grupos en los que parti-
cipamos. Creemos que resulta necesario refundar los procesos de so-
cialización de los individuos con una conciencia ética y con una
propuesta de sociedad que incorpore la dimensión estética.

En los espacios de la micropolítica se construyen las esferas de lo


que puede evitar el desmoronamiento de los valores sociales y de las
posibles salidas a estados de descomposición social. Las nuevas for-
mas de participación política incluyen necesariamente un proyecto
social que atraviesa el ámbito de lo cotidiano, estructuran en el pro-
ceso nuevas subjetividades que dan cuenta de otras formas de soli-
daridad social. La construcción de comunidades y de consensos son
así construcción de proyectos políticos y reagrupamiento de volun-
tades alrededor de proyectos compartidos.

Por otra parte, para construir una nueva cultura política es necesario
pensar en la continuidad de un proceso de largo plazo que tiene que
ser aceptado y asumido por las nuevas generaciones. Son los niños
y los jóvenes quienes podrán cosechar los frutos de un cambio cua-
litativo del sistema político y para ello tenemos que empezar desde
ahora a considerar sus potencialidades como un punto de partida
para construir una sociedad diferente. La reproducción social de una
nueva cultura política empieza en el reconocimiento de los derechos
de estos grandes sectores sociales. Son ellos los que definirán las
condiciones de posibilidad para constituirse como actores sociales
con plenos derechos.

LIMITES IMPUESTOS A NIÑOS Y JÓVENES PARA EJERCER LA CIUDADANÍA

Es útil en este momento presentar el análisis que hace John Durston


(1996) sobre los grandes obstáculos que existen para que niños y jó-

27
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

venes puedan ejercer su papel como sujetos sociales plenos. Este


autor plantea cinco formas en las que la sociedad impone límites al
ejercicio de la ciudadanía juvenil a las cuales denomina: la ciudadanía
denegada; la de segunda clase; la despreciada; la latente, exponiendo
también algunas propuestas para que se pueda ir construyendo gra-
dualmente la ciudadanía en los jóvenes.
Según el autor, la ciudadanía denegada afecta a los jóvenes que per-
tenecen a sectores excluidos ya sea por su condición de etnia, raza,
pobreza o marginalidad. Los jóvenes de estos sectores no tienen ac-
ceso al conocimiento o a las destrezas necesarias para ejercerla. Un
trabajo adicional a esta limitación es que los jóvenes de estos secto-
res necesitan sacudirse la imagen que desprecia su identidad y su
condición de clase para construir una imagen positiva que se arrai-
gue en el respeto a la diversidad cultural. En este sentido la sociedad
requiere una serie de estrategias que obliguen no solo a la tolerancia,
sino a la valoración de la diversidad. Se necesita también un esfuerzo
por transmitir en lenguajes autóctonos y populares la información
relevante al ejercicio de la ciudadanía.

Para Durston la ciudadanía de segunda clase, se refiere a una actitud


que muestra la sociedad en la que no se niega explícita o totalmente
la ciudadanía, pero que impone a ciertos sectores una serie de barre-
ras sutiles que les dificultan su ejercicio. Los ejemplos sobresalientes
son las mujeres, los jóvenes, los niños, los ancianos, los discapacita-
dos y las personas sin acceso a la educación. Esta situación es espe-
cialmente importante en nuestros tiempos donde la información y el
conocimiento son esenciales para no quedar excluido. Lo más grave
es que los gobiernos de toda América no solo permiten, sino que pro-
mueven la diferencia creciente entre los ciudadanos de primera clase
y los de segunda. En este sentido a los jóvenes de sectores margina-
dos se les niega una educación que les posibilite la construcción de
un futuro con las mínimas condiciones de dignidad, ya que cuando
logran acceder al conocimiento, este se limita a destrezas producti-
vas en el mejor de los casos.

28
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

La ciudadanía despreciada es la negación a ejercer la ciudadanía por


parte de los jóvenes que si disponen tanto de los medios propios y
de los espacios otorgados por la sociedad –ya sea de primera o de
segunda clase–. La propuesta de Durston es que los jóvenes que
gozan potencialmente de una ciudadanía de primera clase, tienen
estas actitudes no tanto por egoísmo o pasividad, sino por un idea-
lismo tan exigente como el de los filósofos griegos cínicos. Por ello
los concibe como «una juventud cínica» que en realidad está ha-
ciendo una crítica radical a la deshonestidad, hipocresía y manipula-
ción que perciben en la clase política, los partidos y en general los
sistemas políticos tradicionales.

Hace una distinción de los «idealistas cínicos» de segunda clase, quie-


nes al ver sus carencias y las de sus comunidades, perciben al Estado
y las instituciones sociales mayores como recursos de «los otros» y
a su oferta de ciudadanía como una falsa promesa. Cuando éstos jó-
venes tienen acceso a las instituciones de desarrollo social o a los re-
cursos del Estado su actitud se expresa en extraer recursos de estas
fuentes, con la menor entrega personal posible, ya sea a través de un
clientelismo pasivo o mediante una participación aparente. Su per-
cepción es que ambos tipos de jóvenes están a la espera de una causa
justa y limpia –de ser posible externa al sistema– para pasar del des-
precio al autosacrificio. Ahora bien, existe una diferencia cuando los
programas realmente implican un proceso participativo que otorga
el poder a la población beneficiada. En estos casos los jóvenes; asu-
men un protagonismo natural al percibir que realmente existen posi-
bilidades de resolver algunos de sus problemas y de sus
comunidades.

La ciudadanía latente es aquella que no se expresa, pero que existe


como una disposición a ejercerla cuando aparece la circunstancia ex-
terna que se los posibilite. Según el autor esta forma de limitación
está muy generalizada dentro de la sociedad, ya que por lo general
se ejerce una participación o una expresión ciudadana únicamente

29
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

ante problemas específicos o coyunturales. La cuestión por tanto es


que no existen tantas posibilidades externas para que los jóvenes
participen, por lo que las capacidades y/o motivaciones que habían
mostrado en ocasiones anteriores pueden perderse o atrofiarse por
la falta de ejercicio.

Aparte de las cuatro formas limitadas de ciudadanía, Durston plantea


finalmente lo que él llama la ciudadanía construida, concepto con el
cual se refiere a que la sociedad pueda abrir espacios de participa-
ción, así como construir valores y actitudes favorables para el ejer-
cicio efectivo de la ciudadanía y que está estrechamente vinculado a
las posibilidades de acceso a los conocimientos sociales así como a
experiencias reales de participación.

La descripción anterior puede ser de ayuda para comprender, por un


lado las carencias institucionales y sociales en su relación con los jó-
venes y por el otro algunas de las razones que explican la aparente
apatía que muestran por los asuntos públicos. Sin embargo, también
existe por parte de los adultos una dificultad para entender las for-
mas de participación política que actualmente pueden tener los jó-
venes, ya que éstas no obedecen a los parámetros vividos en
nuestra juventud. Los estudiosos de la participación juvenil plan-
tean que deben tomarse en cuenta no solo los comportamientos
vinculados a lo público, sino sus formas de vestir, de hablar, de
crear arte y cultura.
Muchos autores han observado que la formación de grupos juveniles
muestra una dinámica propia que tiene que ver con la asociación es-
pontánea. Urteaga (1996) propone un acercamiento interesante a esta
forma de participación cuando afirma que las organizaciones juveni-
les pueden considerarse como “comunidades emocionales”, en el
sentido de que parecen satisfacer necesidades relacionadas con la
subjetividad, la identidad personal y colectiva, así como de muchos
aspectos afectivos.

30
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

Becerra (1996:146) la apoya diciendo que “en el caso de los jóvenes,


como casi en ningún otro segmento de la sociedad, los componentes
emotivos, la adquisición de un punto de referencia que se hace pro-
pio, así sea fugazmente, y el sentido de socialización en sí mismos,
bastan para explicar la decisión de involucrarse en una coyuntura
política o en una forma de acción política y social; ello independien-
temente de la función y de las consecuencias reales de sus apuestas,
creencias y movimientos.” Evidentemente que no podemos explicar
a las organizaciones y movimientos juveniles exclusivamente desde
sus necesidades emocionales, pero tampoco se puede dejar de con-
siderar este elemento como uno de los más importantes para la mo-
vilización de este sector de la población.
Leslie Serna (1998:43-49) nos ayuda a entender los movimientos ju-
veniles actuales, señalando algunos de los elementos novedosos en
comparación con las décadas pasadas y sistematizando en un cuadro
el tipo de participación que caracteriza a ambos momentos:
• Las causas de la movilización no son ya exclusivamente deman-
das estudiantiles para mejorar la educación o democratizar el
gobierno, sino que incluyen temas como la protección del medio
ambiente, los derechos sexuales y reproductivos, la promoción
y defensa de los derechos humanos y el apoyo a la causa indí-
gena, principalmente.

• Se da prioridad a la acción inmediata y se intenta transformar lo


local para influir en el ámbito global. “Se considera que la cons-
trucción de un nuevo tipo de sociedad con ordenamientos éti-
cos, empieza en el aquí y ahora, salvando la vida de las ballenas
y de los bosques, liberando presos indígenas, ayudando a morir
en paz a los enfermos de SIDA, etc.”

• El individuo se distingue dentro del grupo o movimiento, no es


un militante más dentro de la masa. “Por ello, la participación
juvenil se expresa hoy día en pequeños colectivos y grupos y,

31
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

muy claramente en acciones diversas en las que participan de


manera individual.”

• Los procesos de coordinación dejan de ser verticales para dar


lugar a estructuras más horizontales y poco institucionalizadas,
lo que posibilita el crecimiento de la formación de redes.

Retomando la propuesta de Durston, se requiere que la sociedad


haga un esfuerzo por proveer a los niños y jóvenes de experiencias
significativas de interacción en las que puedan aprender a argumen-
tar y discutir, a escuchar y respetar los puntos de vista de los demás
y a negociar sus intereses en conjunción con los de otros. Como diji-
mos anteriormente, la ciudadanía es algo que se aprende y por lo
tanto es necesario considerar también el papel esencial que las ins-
tituciones como la familia, la escuela y los medios de comunicación
ejercen en niños y jóvenes, ya sea para ayudar a crear una conciencia
ciudadana o bien a transmitir valores de apatía e individualismo.

Pero también tenemos que tomar en cuenta que al hablar de la ciu-


dadanía para estos sectores se alude no sólo a la pertenencia de los
individuos a un estado o nación, sino también a las formas tan diver-
sas de interactuar socialmente y de actuar conjuntamente que ellos
despliegan. Los tiempos en que vivimos nos están llevando a tener
múltiples formas de pertenencia en las que es posible recuperar una
dimensión más humana de la política vinculada a la idea de que entre
todos podemos crear y modificar el orden social.

Tal vez es hasta ahora que podemos hablar de una nueva subjetivi-
dad que surge de las luchas políticas tanto como de los movimientos
de resistencia y porque no de los múltiples desencantos que la so-
ciedad mexicana ha vivido en las últimas décadas.

32
REFLEXIONES ACERCA DE LA CIUDADANÍA Y LA SOCIEDAD CIVIL

CUADRO COMPARATIVO DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PARTICIPACIÓN


JUVENIL SEGÚN LOS PARADIGMAS EN VIGENCIA (SERNA, 1998:51)3

VIEJO PARADIGMA NUEVO PARADIGMA

Identidades colectivas en fun- Identidades construidas en re-


ción de códigos socioeconó- lación con espacios de acción
micos o ideológico–políticos: y mundos de vida: sexo, prefe-
Actores
estudiantes, jóvenes, urbano rencia sexual, sobrevivencia de
populares, jóvenes socialistas, la humanidad en general: eco-
etc. logistas, feministas, zapatistas.

Mejora de condiciones socia- Democracia, medio ambiente,


les y económicas en los diver- derechos sexuales, equidad
Contenidos de géneros, derechos huma-
sos ámbitos: escuela, barrio,
centro de trabajo. nos, derechos indígenas, paz.

Centralización, centralismo y Autonomía e identidad: descen-


mesianismo derivados de tralización, autogobierno en
una perspectiva de cambio oposición a la burocratización y
Valores revolucionario. El cambio so- regulación. El cambio social im-
cial debe modificar la estruc- plica al individuo; es necesario
tura para que los individuos cambiar aquí y ahora las actitu-
cambien. des individuales.

Participación altamente insti- Formas poco o nada institu-


tucionalizada. Priorización de cionalizadas. Reivindicación
Modos de la protesta masiva. Organi- de la participación individual.
actuar zación piramidal, énfasis en Organización horizontal e im-
la centralización y centra- pulso de redes vinculantes y
lismo. flexibles.

3
El que ciertas características se ubiquen en uno u otro lado del esquema no quiere decir
que sean excluyentes o exclusivas de uno u otro paradigma. Lo que se pretende subrayar
es el énfasis notoriamente distinto que se da a cada aspecto en los distintos momentos.

33
CAPÍTULO 2

CIUDADANÍAS EMERGENTES
Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

LA CULTURA POLÍTICA, LA RESISTENCIA Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

“El latido de la vida exige un intersticio, ape-


nas el espacio que necesita un latido para se-
guir viviendo, y a través de él puede colarse la
plenitud de un encuentro, como las grandes
mareas pueden colarse aún en las presas más
fortificadas”

Ernesto Sabato

L
a modernidad a la mexicana nos hace ver una serie de contra-
dicciones de una sociedad que por una parte se hace presente
en los procesos de globalización a partir de apuntalar un sis-
tema económico que sigue al pie de la letra los preceptos de un neo-
liberalismo a ultranza y por otra se resiste a modernizar su sistema
político. En pleno siglo XXI los actores políticos convencionales en
nuestro país (instituciones, partidos y grupos de poder) actúan como
si estuvieran todavía en el siglo pasado. Ejemplo de esto es la apa-
rente irrupción de nuevas imágenes que los partidos históricos usan
para presentarse al electorado como algo distinto a lo que han sido.
Estas apariencias no convencen ni a sus propios creadores y esto nos
revela que la modernización política no es una de sus prioridades.
La cultura política de una sociedad que pudo soportar la presencia
por más de siete décadas de un partido en el poder aparece una vez
más, a los ojos de los principales partidos políticos, como una mo-

35
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

neda de cambio como algo todavía muy presente. ¿Un nuevo PRI?, ¿un
candidato diferente?; ¿una izquierda moderna? Así, las culturas polí-
ticas ancladas en el pasado representan un lastre que se resiste a des-
aparecer y al mismo tiempo se convierten en obstáculos que limitan
las posibilidades para pensar en un verdadero proceso de democra-
tización de la sociedad mexicana.

Sin embargo en las últimas décadas lo que hemos observado es que


la sociedad sí ha cambiado y prueba de ello es la mayor participación
de organismos de la sociedad civil, de grupos de ciudadanos organi-
zados, de comunidades indígenas contestatarias y recientemente el
surgimiento de una generación de jóvenes estudiantes que articula
nuevas formas de resistencia y mediante una propuesta de organiza-
ción que no transita por los canales convencionales sino que explora
otros espacios para manifestar su malestar ante la inmovilidad de los
actores políticos de siempre.

La cultura política puede ser entendida como lo señala Esteban Krotz


(1985) a partir de un enfoque que parte del estudio de la significación
de las creencias, rituales y mitos, con el fin de dilucidar por medio
de los símbolos de la política a la cultura. Otro ángulo se refiere al
estudio de las redes, a la constelación de las relaciones sociales. Un
tercer enfoque se encaminaría a explorar las normas, el consenso y
la legitimación a partir del análisis de las luchas políticas, mecanis-
mos de control social, construcción y rompimiento de consenso, cos-
movisión relacionada al poder y la ética. Finalmente, un enfoque que
investiga tanto a la situación como a la evolución sociocultural.

La propuesta de Esteban Krotz de incluir otras dimensiones o ángulos


de estudio sobre la cultura política, abre un gran campo de estudio.
El estudiar la producción de símbolos, las significaciones sociales
que acompañan a todo proceso social y otros contenidos culturales
como manifestaciones de una cierta cultura política nos lleva a pre-
guntarnos sobre el alcance del concepto y la pertinencia del mismo.

36
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

Si todo debe verse como una manifestación de la cultura política,


¿qué es lo que queda afuera?

Otros aportes qué debemos incluir en la definición de lo que es una


cultura política nos permiten entender que no sólo estamos hablando
de comportamientos electorales sino también de imaginarios, sue-
ños, procesos que construyen subjetividades sociales y que tienen
una expresión concreta en los actos que llevan a cabo los sujetos en
su comportamiento político.

Es decir, hay que incluir, como lo señala Krotz: otros registros y uni-
versos que están presentes en la configuración de lo que implica una
cultura política.

“(...) sueños diurnos y leyendas, imágenes y cuentos, canciones y mitos,


obras artísticas y religiosas, lemas y pintas, rebeliones y protestas, re-
presentaciones escénicas y actos conmemorativos, organizaciones y
movimientos, cuyos creadores, impulsores y seguidores la mayoría de
las veces se encuentran separados de la cultura letrada.” …

“La tradición utópica ha sido y sigue siendo una tradición a menudo


subterránea, muchas veces frecuentemente perseguida y reprimida a
causa del peligro que significa para el orden vigente (...) la presencia
de utopía significa siempre deslegitimación: el orden social existente
es denunciado como desorden y en la medida en que este último es
resultado de la acción humana, la protesta utópica implica la convo-
catoria incondicional para su transformación hacia un orden verda-
dero que convierta al mundo en el hogar de todos. (Krotz, 1994: 13-16)

Para entender el escenario de lo que sucede en el México de nuestros


días puede ser entonces muy estimulante pensar en las nuevas cul-
turas políticas que se han ido construyendo por parte de los ciuda-
danos, organismos de la sociedad civil y los jóvenes a partir de
diversos registros que van más allá de los comportamientos políticos
convencionales.

37
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Las expresiones de malestar, las propuestas de nuevas formas de or-


ganización social, la configuración de redes de vínculos y lo que al-
gunos llaman el tejido social han sido una tarea asumida sobre todo
por los jóvenes.

LA PRIMAVERA MEXICANA

A partir de lo sucedido en Estados Unidos, Europa y los países árabes


en los últimos años hemos visto la aparición de nuevas expresiones
sociales que toman como punto de partida las redes sociales para
manifestar su hartazgo de un sistema económico desigual e injusto
en donde sólo se beneficia el 1% de la población y se deja en manos
de pequeños grupos de poder la conducción de los intereses de las
mayorías. Ciudadanos organizados alrededor de la indignación en Eu-
ropa, disidentes que ocupan sedes del capitalismo mundial y estu-
diantes informados que se niegan a seguir los preceptos de
monopolios y poderes fácticos han hecho su aparición como presa-
giando las condiciones de posibilidad para pensar en que otra cultura
política es posible.

En nuestro país esto también ha tenido una expresión puntual por


parte de los estudiantes universitarios. A partir de la prepotencia y
estupidez del entonces candidato del PRI que acostumbrado a com-
parecencias a modo, menospreció la capacidad de respuesta de los
estudiantes de una universidad privada y después de emitir un dis-
curso en donde justificaba la represión que él mismo ordenó hace
ocho años, cuando era gobernador del Estado de México en contra
de los pobladores de San Salvador Atenco, provocó una respuesta
muy espontánea por parte de los estudiantes. Este evento fue un dis-
parador inesperado de una reacción de rechazo a las formas de hacer
política del viejo PRI que se extendió a otras universidades (públicas
y privadas). El origen del movimiento “Yo Soy 132” surge a partir de
este simple acto de resistencia y entre otras cosas ha hecho posible
conjugar las expresiones de descontento de gran parte de los jóve-

38
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

nes de universidades privadas y públicas. El papel que desempeña-


ron las redes sociales en esta configuración de una protesta pacífica
se ha difundido también a acciones cívicas de otras manifestaciones
sociales que ocurren en los espacios públicos a la luz de toda la so-
ciedad.

Esta relación entre una “modernidad líquida” (Bauman, 2007) que se


caracteriza por el uso de las redes sociales para comunicar y posi-
cionar a los usuarios ante los problemas de la sociedad y una moder-
nidad ciudadana que se nutre de la participación de expresiones
sociales que toman las calles y los espacios públicos para hacerse
oír ha cimbrado las estructuras convencionales en donde los medios
de comunicación tradiciones jugaban un papel predominante.

Ante estos rasgos que ahora podemos observar en la sociedad mexi-


cana podríamos preguntarnos si estamos en presencia de la configu-
ración de un nuevo sujeto político que aparece como una presencia
inexorable en todos los espacios de decisiones y de juego que se es-
cenifican en este atribulado país. (Bartra, 2007)

Las posibles consecuencias de esta aparición de un nuevo sujeto po-


lítico obliga por lo menos a que los grupos dominantes reformulen
sus estrategias para seguir ejerciendo el poder y adaptarse a esta
nueva realidad. Tal vez les tome tiempo entender que su dominio no
es hermético ni infalible y que hay espacios de libertad en donde los
ciudadanos pueden ejercer algunos derechos independientemente
de los mandatos que los poderes reales, institucionales y fácticos
plantean.

Es decir, las estructuras de dominación y el consecuente ejercicio de


un poder casi absoluto han sido puestos en duda. Este fenómeno que
representa el adelgazamiento de los controles y formas de regulación
económica, política y social propias de un neoliberalismo trasno-
chado aparecen hoy más que nunca vulnerables. Es un fenómeno

39
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

mundial y por ello observamos con una cierta esperanza que lo que
sucede en nuestro país resuena con lo que está sucediendo en otras
latitudes.

Como lo ha señalado repetidas veces Michel Foucault (1977):

“Así como la red de las relaciones de poder concluye por construir


un espeso tejido que atraviesa los aparatos y las instituciones sin lo-
calizarse exactamente en ellos, así también la formación del enjambre
de los puntos de resistencia surca las estratificaciones sociales y las
unidades individuales”

La primavera mexicana es tal vez una consecuencia de un desfonda-


miento de los sentidos que han sido puestos en duda en Europa, Es-
tados Unidos e incluso en los países árabes.

La primavera mexicana tiene el sello de una juventud que se niega a


seguir el simulacro de lo que los actores políticos convencionales lla-
man “democratización”. Aún cuando ha habido algunos avances en
este sentido todavía vemos con pesar que los verdaderos electores
de la sociedad mexicana son los poderes fácticos y sobe todo los me-
dios de comunicación. Por ello ha sido un acierto que los estudiantes
mexicanos hayan puesto el dedo en la llaga al denunciar la interven-
ción de las televisoras en la designación del presidente de la repú-
blica.

ENCRUCIJADAS EN EL 2018 MEXICANO

El sexenio de Peña Nieto será sin duda recordado como un período


trágico para millones de mexicanos. Esto es así dada de la ominosa
condición de inseguridad y violencia que ha generado miles de muer-
tos4 en lo que va de su sexenio. Aunado a esta infausta situación te-

4 Según el semanario Proceso se cuentan los 45 meses que lleva el sexenio actual 78,109 ejecu-
tados, revista Proceso, no. 2079, 4 de septiembre, 2016, p. 22.

40
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

nemos que agregar que el 2018 será también una elección marcada
por la presencia de las acciones de los grupos de poder (televisoras,
crimen organizado, grupos de poder) para influir en los resultados
electorales.

La buena noticia en este período, a pesar de todo, tiene que ver con
el hecho de que hemos atestiguado el resurgimiento de nuevos mo-
vimientos sociales y ciudadanos que han querido expresar su males-
tar y descontento, alzar la voz ante un escenario pleno de catástrofes
políticas, económicas y sociales.

El proceso electoral ya empezó y esto se puede ver en el hecho de


que los partidos ya están pensando en convertirse en los actores po-
líticos preponderantes para esa elección y desde ahora perfilan es-
trategias a corto y mediano plazo repitiendo las mismas promesas
que apuntan al mejoramiento de la calidad de vida de los mexicanos,
a una sociedad con justicia y equidad, a una paz social y mejoras en
las condiciones de seguridad en la población. Sin embargo, estas pro-
mesas son sólo buenas intenciones que no están avaladas con accio-
nes concretas. Es decir, lo que los posibles precandidatos han
destacado en sus discursos se refieren más a sus intenciones y bue-
nos deseos que a acciones con un acento en las condiciones de posi-
bilidad de un proyecto a largo plazo. Lo que pesa en estos momentos
son las decisiones que toman los actores políticos y que tienen una
consecuencia inmediata. Por ello, parece que los proyectos de socie-
dad, las ideas sobre como lograr una sociedad igualitaria, justa y de-
mocrática y los proyectos de gran calado que se sustentan en
acciones y proyectos de mediano o largo plazo no aparecen en los
discursos ni en las propuestas que escuchamos en medio de las lu-
chas políticas del presente.

Esto no significa que esta discusión sobre los proyectos de sociedad


no sea relevante, es una tarea que tarde o temprano los mexicanos
tendremos que asumir ya que es el centro de otras discusiones ge-

41
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

neralmente relegadas por partidos, grupos de poder y poderes fácticos.


Aunque en estos momentos se hable de los antecedentes de un electo-
rado que ha sido construido a partir de los mensajes mediáticos, a la
larga, lo que seguiremos padeciendo, al menos otros seis años más, son
las consecuencias de un modelo neoliberal que obedece a organismos
internacionales en el diseño de las políticas económicas que continua-
rán como una pesada loza sobre nuestros hombros. Por ello las semillas
que hoy sembramos idealmente pueden convertirse en frutos esperan-
zadores en el largo plazo.

Uno de los temas que ha ido surgiendo en las reflexiones sobre cómo
nos imaginamos un proyecto de sociedad diferente al que ahora sufri-
mos tiene que ver con la construcción de una ética social.

Como lo señala Luis Villoro (2000):

“Una ética aplicada a la política debe de tener una función regulativa de


la acción. Para ello tiene que tomar en cuenta los hechos reales que in-
ciden en la realización de relaciones sociales justas y los medios necesa-
rios para lograr ese fin. Max Weber ya había señalado que la acción
política debía seguir una “ética de responsabilidad”, es decir una disci-
plina que considerara no sólo las convicciones de los agentes, sino las
consecuencias de sus acciones y los medios eficaces para lograrlas.”

Hay que apostarle a la construcción de una ética social compartida


siempre y cuando se trate de hacer que la sociedad en su conjunto o al
menos grandes sectores de la sociedad, los ciudadanos, interioricen
esta posibilidad y la hagan suya, no sólo en los comportamientos polí-
ticos que enfrentan en determinadas coyunturas sino en toda su con-
ducta social y personal.

Sin embargo, lo que puede tener sentido, si de veras estamos planteán-


donos sembrar una nueva manera de entender la participación política
que considere las consecuencias a mediano y largo plazo de las acciones
que llevamos a cabo todos los días. Si nuestro objetivo consiste por

42
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

ejemplo en poner nuestro granito de arena para cambiar este estado


de descomposición social, entonces estamos asumiendo con serie-
dad las dimensiones del problema que estamos enfrentando. De lo
que se trata en última instancia es de contribuir a la construcción de
un imaginario social que se proponga crear un nuevo modelo de so-
ciedad en donde tengan cabida consideraciones sobre la naturaleza
valorativa de los comportamientos sociales.

En otras palabras, está bien que uno de los candidatos a la presiden-


cia haya planteado la necesidad de una república amorosa como una
buena intención que mucha falta nos hace. Sin embargo dicho así
como un decreto que hay que cumplir carece de sentido: la ética y
las buenas costumbres en los comportamientos políticos de los ciu-
dadanos se tienen que cultivar. Primero hay que sembrar las semillas,
cuidarlas, regarlas y esperar a que en el mediano plazo exista la po-
sibilidad de pedirle a los ciudadanos que hagan suya una propuesta
que pretende hacer de la política un lugar de convivencia.

Mientras eso sucede estamos inmersos en una crisis sin precedentes.


El clima ominoso de nuestro entorno tiene que ver con la prolifera-
ción de la violencia, de los asesinatos, y secuestros. A la creciente
percepción por parte de los ciudadanos de una situación insostenible
hay que agregarle el descrédito y la pérdida de legitimidad del go-
bierno actual que no conviene a nadie ya que deja a las instituciones
en franca vulnerabilidad ante los poderes fácticos que si están orga-
nizados. Es cierto que este asunto ha acaparado todos los aparadores
y medios de comunicación pero hasta antes de la irrupción de los es-
tudiantes y de las protestas por la desaparición de los jóvenes de
Ayotzinapa, de los profesores de la CNTE como interlocutores legíti-
mos no se había logrado llegar a impactar el panorama de lo que los
ciudadanos consideran relevante. Éstos no le daban mucha impor-
tancia a los mensajes estereotipados de los partidos políticos ya que
como se ha hecho regularmente en estos períodos se pueblan las ca-
lles de imágenes frías y distantes con rostros que simulan sonrisas y

43
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

candidatos que cargan niños o besan a señoras de la tercera edad


como signos convencionales de que también son seres humanos. En
suma, tuvieron que salir a la calle los estudiantes, los padres y los
maestros para hacernos ver con claridad el sentido de estos simula-
cros y despertar a los somnolientos electores que están más preocu-
pados por la seguridad y la sobreviviencia que por los mensajes de
los candidatos.

De cualquier manera, lo que los ciudadanos tienen en cuenta, lo que


realmente les interesa es llegar todos los días con vida a su casa, al
trabajo, velar por la seguridad de sus seres queridos y en todo caso
proteger de su patrimonio de los miles y miles de imponderables.

Y si bien habíamos empezado a entender que la crisis que vivimos


en estos tiempos ha alcanzado niveles insospechados que nos han
colocado en el umbral de una catástrofe social, política y económica,
parece que los discursos de la clase política mexicana se refieren a
otro país. No se tocan los temas centrales, no se habla de la insegu-
ridad, de la desigualdad social, de la pobreza, de las vulnerabilidades
de un sistema político que está a punto de colapsarse. No se habla
en estos escenarios de los miles de muertos en este sexenio a pesar
de que en el imaginario social de los ciudadanos mexicanos está
siempre presente el miedo y la inseguridad de no saber que puede
pasar en cualquier momento.

Pero la realidad tan terca sigue aquí y no parece que en el corto plazo,
gane quién gane, se pueda recuperar un clima de tranquilidad o de
tregua entre los diversos combatientes de una guerra sin cuartel que
ha colocado a los ciudadanos en calidad de rehenes de una situación
que los rebasa todos los días.

Para llegar al centro de lo que ha generado este clima de descompo-


sición social que nos ha acompañado los últimos años hay que ir a la
raíz de los problemas y parece que muchos coinciden en que esto

44
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

quiere decir combatir la impunidad, la corrupción y la desigualdad


social. Desde estos terrenos en donde cabalgan los jinetes del apo-
calipsis mexicano se desprenden los grandes problemas de la actua-
lidad. Incluyendo la inseguridad, la pobreza y la ausencia de justicia
y libertad.

Una vez más aparece un fenómeno muy recurrente en ciertos actores


políticos que siguen mirando con un cierto desprecio la supuesta de-
mocracia y lo que debería de ser un ejercicio democrático (como los
debates y la crítica en los medios públicos) se convierte llanamente
en un simulacro en el que los ciudadanos no somos considerados
como interlocutores maduros y con plenos derechos.

La puesta en escena de debates ciertamente no tienen el peso espe-


cífico que muchos le atribuyen y esto nos coloca en una profecía au-
tocumplida en donde el ganador se define en otros lugares. Los
poderes fácticos llevan a cabo la elección de su ganador desde antes
y después se afanan en construir un escenario en donde tenga una
cierta plausibilidad su decisión.

Sobre pedido, las encuestas juegan un importante papel ya que orien-


tan el voto de los indecisos y al mismo tiempo alientan la abstención
que cada seis años registran las elecciones presidenciales. Desalien-
tan el voto a partir de que muchos consideran que si ya se sabe de
antemano quien va a ganar entonces, para qué molestarse en emitir
un voto.

Sin embargo y a pesar de todo, el imaginario social de un buena parte


de mexicanos en las elecciones del 2012 mantuvo la esperanza de que
en esa ocasión las elecciones iban a ser transparentes y se iba a res-
petar la decisión de la mayoría a diferencia de lo que ocurrió en el
2006. Alrededor de los partidos de izquierda se construyó una expec-
tativa de que era posible pensar en un triunfo y con ello poder hacer
cambios sustanciales a las condiciones de existencia de nuestro país.

45
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Pero existe una cierta incapacidad por parte de las burocracias de


estos partidos (Movimiento Ciudadano, Partido de los Trabajadores
y Partido de la Revolución Democrática) para entender y llevar a
cabo las acciones que los pueden acercar a los ciudadanos que sí
quieren un cambio pero no confían en ellos para llevarlos a cabo. Los
partidos de izquierda no están exentos de sus propias cuotas de co-
rrupción, impunidad y paternalismo que caracteriza a todo el espec-
tro político en este país.

Por ejemplo, ninguno de los partidos existentes, incluidos los de iz-


quierda tiene una propuesta para los jóvenes, no se hace lo necesario
para proyectar en esta población, que en su mayoría son votantes in-
decisos, una opción política moderna y viable. Es de llamar la aten-
ción esta ausencia, sobre todo porque el voto de los jóvenes puede
ser un factor central para definir una elección.5

Mientras tanto, miles de jóvenes mexicanos que carecen de oportu-


nidades educativas o de empleo acuden a enlistarse en las filas del
crimen organizado. Por otra parte hay millones de jóvenes que re-
sienten los procesos sociales que los excluyen y ante esto se refugian
en los espacios virtuales que de alguna manera les permiten expresar
sus ideas, posturas, malestares y críticas al sistema político. Tal vez,
por ello ahora todos los actores políticos empiezan a interesarse en
incidir en el ciberespacio con la intención de hacer llegar sus mensa-
jes a estos millones de jóvenes que no leen el periódico y no ven la
televisión porque se informan e intercambian información como un
ejercicio más personal a través de las redes sociales.

La llamada “modernidad líquida” (Bauman, 2007) que carece de inter-


acciones cara a cara y que no requiere de un espacio físico es tal vez
un fenómeno que la mayoría de los políticos todavía no entienden.

5 En las pasadas elecciones 14 millones de jóvenes tuvieron la posibilidad de votar por primera
vez para presidente y 3 y medio millones nunca antes habían votado según Leonardo Valdez
presidente consejero del IFE. (La Jornada, 19 de mayo, 2012.)

46
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

La nueva sociedad se perfila como una combinación de las propues-


tas de los movimientos sociales, de los grupos de ciudadanos que re-
gularmente toman las calles para expresar su descontento y de las
multitudes virtuales que en el vínculo inmaterial expresan sus deseos
de una sociedad libre, democrática que permita a las mayorías tener
acceso a los derechos fundamentales.

Las primeras luchas y banderas ciertamente tienen que ver con los
problemas estructurales que caracterizan el escenario mexicano de
los últimos años. Inseguridad, pobreza, desigualdad social, corrup-
ción e impunidad aparecen en un primer plano como asuntos que
hay que atender de inmediato. Sin embargo, esto no será posible si
no contamos con la certeza de que los actores sociales y políticos
harán sus mejores esfuerzos para combatir estos problemas y para
ello tendrían que contar con un mínimo de principios y valores que
se desprenden una ética social que sea compartida por grandes sec-
tores de la sociedad.

LA IRRUPCIÓN DE LOS JÓVENES

En medio de las pugnas electorales y de los simulacros de participa-


ción ciudadana que algunos de los candidatos escenificaron en espa-
cios arreglados y con poblaciones cautivas hemos sido testigos de la
participación de los estudiantes de las universidades públicas y pri-
vadas que han alzado la voz para oponerse a esta escalada de simu-
lación. Su protesta no sólo se dirigió en contra del Sr. Peña Nieto sino
también en contra de los monopolios televisivos que desde hace más
de seis años se dedicaron a promover al entonces candidato en ho-
rarios estelares de su programación.

A partir de ese acto los jóvenes estudiantes incluyendo los de las uni-
versidades públicas tomaron las calles y las plazas públicas para ex-
presar su descontento por todas las calamidades que pesan sobre
ellos y sobre toda la ciudadanía.

47
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Hay que recordar que los jóvenes no habían participado ni expresado


su posición en relación a las campañas electorales que ya llevaban
más de 40 días en todos los medios de comunicación. De hecho hasta
el llamado “viernes negro de EPN” no habíamos visto gente en la calle
ni expresiones genuinas de participación ciudadana como la que sur-
gió a partir de ese evento.

Si bien se puede decir que el incidente en la Universidad Iberoameri-


cana fué el disparador, hay que reconocer que el malestar social ya
existía. Las escasas oportunidades de empleo para una población
educada, la ausencia de un proyecto de futuro para estas poblaciones
sumado al clima de inseguridad y violencia que nos ha acompañado
a todos por igual en los últimos años han sido tierra fértil para el sur-
gimiento de este tipo de protestas. A la hora de que los jóvenes se
hacen presentes se visibilizan también los simulacros de un proceso
electoral viciado y sin sustento en los propios electores. Las contra-
dicciones de querer hacer ver las elecciones como un ejercicio de-
mocrático mientras la clase política lleva a cabo las decisiones en
reuniones secretas y a modo han generado una gran inconformidad
en los estudiantes.

Estamos ante un movimiento antiautoritario como sucedió en 1968


pero ahora con la incorporación de las modernas tecnologías de co-
municación, las redes sociales como espacios más allá de los medios
de comunicación convencionales. Hay vida más allá de Televisa y TV
Azteca.

Estamos ante un movimiento que no pertenece a ningún partido y


que se caracteriza por su creatividad y espontaneidad a la hora de
plantearse formas de organización. No hay líderes visibles y tampoco
son mensajeros de otras fuerzas políticas. Es por ello que los actores
convencionales no entienden la naturaleza de estos movimientos y
tampoco saben como pueden infiltrarse y cooptar su sentido y el ob-
jetivo de sus demandas.

48
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

El fruto de estos movimientos sociales abanderados por los jóvenes


tendrá que ser la gestación de una nueva cultura que alimente las po-
sibilidades de dignificar la política y de hacer real una vía democrá-
tica que hasta este momento sólo parece como una utopía.

Un espejo en el que los actores políticos convencionales tendrán que


mirar y emular si pretenden seguir presentes en el escenario político
de los días por venir. Tal vez estamos ante la gestación de un movi-
miento social que trascenderá los períodos electorales y se confor-
mará no sólo de estudiantes sino también de trabajadores. Es de
esperarse que la sociedad civil siga expresando su voz y ya sea a tra-
vés de la presencia de los jóvenes o de otros actores políticos para
que se pueda consolidar un proceso de maduración de los movimien-
tos sociales de nuestro tiempo.

Ojalá que este impulso alcance para prefigurar una cultura política
participativa e informada que haga posible pensar en que la ciuda-
danía no es sólo una estampilla que se realza cuando hay votaciones
importantes sino que se pueda construir una noción de ciudadanía
que pueda desbordar a los propios partidos políticos y por supuesto
a las autoridades en turno.

Por eso es cada vez más importante pensar en las posibilidades de


la imaginación y de la creatividad como vehículos de una nueva
forma de entender y ejercer la política. La construcción y reproduc-
ción de imaginarios sociales ocurre a partir de un constante proceso
de creación en donde los sujetos sociales, en la medida de sus posi-
bilidades, también le imprimen sentido y rumbo a su sociedad y a
sus instituciones.

Para Castoriadis (1998):

“La creación, como obra de lo imaginario social, de la sociedad insti-


tuyente es el modo de ser del campo histórico social, modo en virtud

49
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

del cual el campo es. La sociedad es autocreación que se despliega


como historia”

Desde los terrenos de las ciencias sociales hemos soñado con una
sociedad en la que los imaginarios políticos de la población se pue-
dan expresar libremente. Como si fuera una profecía que tarde o tem-
prano se puede cumplir hay que apostarle a que hoy estamos en el
inicio de un fenómeno novedoso y diferente a los impulsos que en
otros momentos abanderaron movimientos sociales más centrados
en reivindicaciones salariales, sindicales o de clase.

Aunque estas demandas no están excluidas en estos nuevos movi-


mientos sociales las expresiones que estamos observando a media-
dos del 2016 van mucho más allá y es gracias a la irrupción de los
jóvenes que podemos seguir preguntando: ¿Estamos ante la irrupción
de un nuevo sujeto político?

En una primera reflexión tendríamos que decir que estamos ante un


hecho que nos ha tomado por sorpresa y que ha resucitado muchas
de las expectativas que en el pasado habíamos depositado a otros
movimientos sociales. No se puede decir que esto es un aconteci-
miento que surge por generación espontánea. Se nutre de una histo-
ria de hechos que han impactado a la sociedad mexicana desde hace
varias décadas como han sido la masacre del 2 de octubre de 1968,
el “halconazo” de 1971, la guerra sucia de los años 80’s y mas recien-
temente las represiones en Acteal, Atenco, Aguas Blancas, la guarde-
ría ABC, los feminicidios en todo el país, los cien mil muertos en los
últimos seis años, las masacres de San Fernando, Ayotzinapa, Tan-
huato y Nochixtlán, las tumbas clandestinas, los cuerpos mutilados,
los decapitados, los desaparecidos, las ejecuciones extrajudiciales,
los secuestros y los cientos de periodistas asesinados.

En suma, las represiones a los movimientos sociales en otras décadas


y las consecuentes expresiones de inconformidad y malestar han sido

50
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

la raíz de lo que ahora estamos presenciando como formas de resisten-


cia de la sociedad ante el poder. En este tenor siempre la memoria es
una aliada y fuente de la gestación de nuevas formas de participación
política. Evocamos por eso las luchas que el pueblo y los jóvenes mexi-
canos ha llevado a cabo en contra de este sistema político. Otro ejemplo
de lo anterior ha sido la rebelión indígena de 1994 con la irrupción del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional puso en el centro del debate
la verdadera naturaleza de lo que este neoliberalismo a la mexicana ha
estado imponiendo a todos los mexicanos.

En suma, un escenario de infamias, injusticias, corrupción, impunidad


aunado a la creciente desigualdad social que ha provocado el modelo
económico vigente desde mediados de la década de los 80 ha sido el
caldo de cultivo de esta nueva protesta social emblemáticamente aban-
derada por los jóvenes de este país.

Ahora los nuevos sujetos políticos emergentes reaccionan ante esta


catástrofe social, económica y política de una manera contundente
mediante manifestaciones de repudio a un estado de cosas insopor-
table. Por ello consideramos que este es el momento de ir un poco
más allá y tratar de pensar en las implicaciones de lo que esto provo-
cará en la conciencia política y los imaginarios sociales de una ciuda-
danía emergente.

Nos referimos a los sujetos emergentes en el sentido que le otorga Hugo


Zemelman (1994) cuando señala que éstos se filtran por los intersticios
de la realidad:

“Lo decimos porque no hay ninguna realidad suficientemente ordenada


ni poder, lo suficientemente monolítico, que impida la existencia de estos
espacios intersticiales desde los cuales poder influir en el rumbo que
tomen los procesos sociohistóricos y desde donde se pueda actuar de
una manera distinta a como quiere mandar y dominar el discurso domi-
nante.”

51
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

En este sentido los estudiantes al cuestionar el papel de los medios


de comunicación en la construcción de un candidato a la presidencia
en el 2012, pusieron el dedo en la llaga. Aunque ya teníamos noticia
del activo papel que los medios desempeñaron en los procesos elec-
torales en el 2006 cuando ayudaron a que Felipe Calderón pudiera lle-
gar al poder, no habíamos visto el tamaño de sus pretensiones, de su
voracidad para convertirse en el gran elector por encima de los ciu-
dadanos en las elecciones del 2012.

Más allá de las posibles consecuencias que estas movilizaciones ten-


gan en el futuro inmediato es de esperar que seguirán presentes en
el panorama de los próximos tiempos por venir y se constituirán
como actores legítimos dentro del escenario político.

Lo que seguramente seguiremos padeciendo los mexicanos es un


clima de inseguridad provocada por las luchas entre los diversos gru-
pos del crimen organizado que continuarán disputándose territorios
y estableciendo condiciones a un gobierno que todavía no entiende
que su tarea consiste en garantizar la paz social. En este sentido es-
tamos lejos aún de un clima de gobernabilidad aceptable e impoten-
tes ante los niveles de violencia que nos acompañarán por un buen
tiempo.

Como ninguno de los partidos políticos ha perfilado propuestas se-


rias para terminar con esta situación veremos correr todavía mucha
sangre y eso actuará como un mecanismo inhibitorio para que la so-
ciedad civil y las organizaciones ciudadanas sean actores políticos
activos.

Así, en el México de nuestros días la ausencia de propuestas sociales


que tomen en cuenta una mínima consideración sobre la ética y el
bienestar social ha sido una constante. Estamos en el epicentro de
una crisis que ha desfondado o agotado las posibilidades de los ac-
tores políticos convencionales para detener el deterioro y la descom-

52
CIUDADANÍAS EMERGENTES Y NUEVOS ACTORES SOCIALES

posición de los valores que pudieran ayudarnos a salir venturosos de


esta situación.

Ante este panorama es urgente que las organizaciones de la sociedad


civil emprendan acciones que permitan a los ciudadanos tomar en sus
manos la responsabilidad de postular un nuevo pacto social con una
propuesta ética.

53
CAPÍTULO 3

LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

IMPOSTURAS, DESPROPÓSITOS Y SIMULACROS


DE LOS ACTORES POLÍTICOS EN MÉXICO.

E
n este capítulo intentarémos traer a la discusión algunas de las
características de los discursos y códigos que utilizan los princi-
pales actores políticos. Para ello consideramos necesario plantear
algunos antecedentes que nos permitan entender las características de
la cultura política que impera en nuestro país y la manera en que se ex-
presan las acciones y propósitos de la clase gobernante a partir del uso
de los símbolos y estereotipos que pueblan el lenguaje de la política.

Los lenguajes de los actores políticos en México han sido ampliamente


estudiados a partir de una historia que nos ha colocado como un caso
excepcional en donde por un largo período estuvimos bajo un régimen
de gobierno comandado por un partido hegemónico que implementó
pautas, reglas y en general una cierta cultura política (Almond y Verba,
Krotz, Cosío Villegas, Bartra, etc).

Durante este período los actores políticos aglutinados alrededor de una


maquinaria infalible contribuyeron a formar un imaginario social en la
sociedad mexicana que dejaba la impresión de que el Partido Revolu-
cionario Institucional era invencible y además intocable. Cobijado por
una historia que lo relacionaba con una revolución que había cimbrado
las estructuras de dominación a principio del siglo pasado, este partido
tuvo la posibilidad de conservar el poder por más de 70 años en virtud
de que aprendió a instrumentar algunas acciones sociales y reformas

55
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

que daban la impresión de que en México se vivía en una democracia.


Pero la razón de su larga permanencia en el poder se consolidó sobre-
todo a partir de hacer creer a los mexicanos que representaba la única
opción de gobierno en la medida en que monopolizaba todas las áreas
y esferas de la vida política, social, económica y cultural en el país. Se
convirtió en una dictadura perfecta que consolidó una cultura política
basada en el autoritarismo y en la simulación de aparecer ante los ciu-
dadanos con un perfil democrático aparentando abanderar ciertos cam-
bios de fisonomía para no perder el poder.

Durante este período se establecieron lenguajes y códigos que caracte-


rizaban las acciones políticas de la mayoría de los actores sociales en
el país. Las instituciones que se construyeron alrededor de esta forma
de gobierno adoptaron un lenguaje hegemónico que autorizaba casi
cualquier acción que se adscribiera a estas formas autoritarias de ges-
tión y administración de los comportamientos políticos y representa-
ciones que las acompañaban.

Los fraudes electorales, la simulación, las imposturas, simulacros y des-


propósitos fueron cultivados como ingredientes indispensables para
conservar el poder y perpetuar imaginarios sociales que hacían creer a
los ciudadanos que eso era lo socialmente adecuado y aceptado por la
mayoría.

La pérdida progresiva de legitimidad y la debacle de este modelo dió


lugar a una cierta alternancia a principios del presente siglo que llevó
al poder a un partido distinto. Sin embargo, lejos de que la alternancia
diera lugar a otras pautas de comportamiento de los nuevos gobernan-
tes observamos con pesar que siguieron activos estos estilos de hacer
política que hasta la fecha pueblan los discursos políticos de muchos
actores sociales.

En suma, esta herencia de los códigos y rituales que se construyeron


desde el poder han marcado gran parte de los lenguajes de la política y

56
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

de los políticos hasta nuestros días. Es decir observamos que tanto


los partidos políticos como grupos de poder e incluso movimientos
sociales siguen utilizando estas formas de comunicación y de signifi-
cación sin tomar en cuenta que la ciudadanía ha tomado una cierta
conciencia de su obsolescencia.

Por ello, hay que reconocer simultáneamente que las culturas políti-
cas de nuestros días empiezan a poner en duda la eficacia de estos
discursos e incluso también inventan nuevas formas de participación
política que acuden a nuevas formas de expresión.

En este contexto parece oportuno reflexionar sobre algunos ejemplos


de estos lenguajes que se siguen utilizando al menos por los actores
políticos convencionales. Las figuras que podrían ilustrar estas for-
mas institucionalizadas de comunicación entre el poder y los ciuda-
danos se refieren a las imposturas, los simulacros y despropósitos.

EL ESCENARIO

En los últimos años hemos asistido a la emergencia de nuevos movi-


mientos sociales que se han ido configurando a partir del estado de
devastación de las estructuras sociales y de las instituciones sociales
en la sociedad mexicana. Ya habíamos tenido noticia de un enorme
descontento en la sociedad civil a raíz de la inoperancia, corrupción
e impunidad de las autoridades mexicanas en relación al cada vez
más preocupante alto índice de violencia e inseguridad que priva en
nuestro país. Ya sabíamos que existe una profunda desconfianza de
los ciudadanos acerca de sus autoridades en todos los niveles (mu-
nicipal, estatal y federal). Hemos padecido durante las últimas tres
décadas una política económica que ha producido un enorme ejército
de desempleados y ha agravado las condiciones de vida de gran parte
de la población. Sin embargo, lo que ahora vivimos nos desborda y
nos devasta hasta el grado de la desesperación. Nunca pensamos que
la inseguridad iba a alcanzar los niveles que ahora sufrimos y tam-

57
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

poco nos habíamos preparado para asumir una catástrofe política,


económica, social y psicológica de estas dimensiones.

Ante esta situación que caracteriza los escenarios de la sociedad me-


xicana ha sido muy auspicioso el surgimiento de respuestas de la so-
ciedad civil. Miles de ciudadanos indignados se han sumado a las
protestas de las víctimas aglutinadas alrededor de un movimiento
que lucha por la paz, la justicia y la dignidad y más recientemente a
los movimientos sociales que desencaderon la desaparición de los
43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa. Son miles de histo-
rias reales que relatan las tragedias de familias, comunidades y ciu-
dades mexicanas que han pagado una cuota de sangre sin saber
porqué han sido ellos los directamente afectados. Por ello, las vícti-
mas y los familiares de las víctimas han tomado la tarea de abanderar
las demandas de justicia de por los menos 70 mil asesinatos en los
últimos 4 años6. Esta oleada de protestas, manifestaciones, carava-
nas y mítines a lo largo y ancho del país han hecho visibles algunos
de los rasgos más significativos del sistema político mexicano y los
despropósitos de no pocos actores dentro del gobierno y sus ins-
tituciones.

Ciertamente el Movimiento por la Paz con justicia y dignidad coman-


dado por el poeta Javier Sicilia logró sensibilizar e incluso conmover
a gran parte de la sociedad interpelando a los gobernantes y actores
políticos de los tres poderes. Hoy, es una buena noticia, que hay que
celebrar, que en los últimos meses hemos atestiguado la valentía de
miles de mexicanos y mexicanas para denunciar hasta el cansancio
la guerra absurda que comanda el gobierno priísta desde hace casi
cuatro años en contra del crimen organizado. En esta tarea los nuevos
actores sociales han logrado hacerse presentes en el escenario polí-
tico de nuestros días y al mismo tiempo han levantado sus voces para
expresar el uso público de la razón y la palabra.

6 Semanario Zeta, Libre como el viento, Tijuana, septiembre del 2016.

58
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

IMPOSTURAS

Las movilizaciones de la sociedad civil abanderadas por el Movi-


miento Magisterial lidereado por la Coordinadora Nacional de los Tra-
bajadores de la Educación han sido sumamente incómodas para la
clase gobernante, éstas han tenido un cierto impacto en los imagina-
rios sociales de los mexicanos. Sin embargo, hay que reconocer que
en su caminar este movimiento social se ha enfrentado con una clase
política muy hábil en las tareas de disolver, minimizar o cooptar las
demandas y críticas de la sociedad civil. En este caso hemos atesti-
guado la enorme habilidad de éstos actores políticos en los tres po-
deres para tratar de neutralizar las críticas de fondo. De su amplio
repertorio de estrategias políticas han recurrido a una puesta en es-
cena, a un gran simulacro que se expresa en el supuesto interés de
las autoridades en escuchar las voces de las víctimas y aparecer
como abiertos a los cuestionamientos que reciben por parte de la so-
ciedad civil.

En honor a la verdad hay que decir que la respuesta de las autorida-


des deja mucho que desear. La respuesta del ejecutivo es inamovible
y en los hechos criminaliza constantemente a los movimientos socia-
les y simultáneamente quiere aparecer como abierto al diálogos con
las disidencias. Por otro lado, continúa con su campaña para hacer-
nos creer que toma en cuenta las críticas y desacuerdos de las ma-
yorías. Por ejemplo, se hace evidente que el poder ejecutivo no está
dispuesto a modificar su política de enfrentamiento y combate en
contra del crimen organizado y con ello de paso responde también a
las opiniones de académicos, especialistas y dirigentes de la sociedad
civil que pugnan por un cambio de estrategia y que fundamentan su
postura a partir de las terribles consecuencias de este despropósito
gubernamental. En suma, deja muy claro el Sr. Peña Nieto que hasta
el último día de su mandato no va a modificar su actual política y ante
cualquier signo de disenso insiste en una postura que a los ojos de
los ciudadanos es demasiado costosa.

59
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

En cuanto a la respuesta del poder legislativo es necesario hacer una di-


ferencia. Algunos legisladores asumen que es posible establecer un diá-
logo con el Movimiento Magisterial pero no son más que unos cuantos.
Escuchan o hacen como que escuchan y alcanzan a prometer que van a
tomar medidas para que los ciudadanos (es decir, sus representados)
se sientan realmente representados en estas cámaras.

Sin embargo, también parece una impostura y un simulacro escuchar a


los legisladores prometer a este movimiento analizar sus demandas
(abrogación de la reforma educativa) aún cuando en los hechos, de al-
guna manera no se concreta nada al respecto. Ya sabemos que ellos res-
ponden a otros imperativos que tienen que ver más con el cuidado de
sus carreras políticas que con el dar cumplimiento a las demandas ciu-
dadanas.

No podemos dejar de considerar que estamos a menos de un año que


inicie un proceso electoral que si bien es muy temprano para hablar de
ello, en los hechos vemos que los partidos políticos ya están con la mira
puesta en este proceso. Esto es un acicate para los que buscan el poder
en las próximas elecciones y no pueden dejar pasar la oportunidad de
aparecer como voceros de los reclamos de la sociedad civil, como re-
vindicadores de las demandas de los ciudadanos, prometiendo que van
a tomar en cuenta las opiniones de las organizaciones de la sociedad
civil.

En cuanto a la respuesta del Poder Judicial la respuesta es todavía más


ambigua. La mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia
no están interesados en establecer un diálogo con la sociedad civil. Es
necesario recordar que esta postura responde en primer lugar a que en
la actual Suprema Corte de Justicia impera un cierto conservadurismo
que la convierte en una institución cada vez más alejada de los intereses
mayoritarios. No son pocos los ministros que miran con desdén las pro-
puestas de los movimientos sociales y hacen oídos sordos a las deman-
das de justicia de la sociedad civil.

60
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

DESPROPÓSITOS

De acuerdo al diccionario de la Real Academica Española un despro-


pósito consiste en un dicho o un hecho fuera de la razón, de sentido
o de conveniencia.7

Para ilustrar esto podríamos acudir a un ejemplo muy elocuente y se


refiere a la invitación del Sr. Peña Nieto al candidato republicano Do-
nald Trump para visitar nuestro país. Aunque esta iniciativa incluía
invitar también a la candidata demócrata, el resultado final de esta
idea resultó desastroza no sólo para el Lic. Videgaray a quién se atri-
buye la gestión de esta invitación, sino para el propio Peña Nieto.
Según se dijo, la idea consistía en “sensibilizar” al Sr. Trump sobre la
relevancia de las relaciones entre ambos países pero en los hechos
el ultraconservador y enemigo declarado de nuestro país aprovechó
este acto para sus propios fines. Este evento, no sólo consistió en un
despropósito sino que tal vez puede calificarse como un acto de trai-
ción a la patria.

Se hicieron visibles las vulnerabilidades de una clase política que


puso en riesgo la soberanía nacional y al mismo tiempo dañó la rela-
ción de nuestro país con Hillary Clinton posible ganadora de las elec-
ciones estadounidenses en el mes de noviembre de este año.

Porque después de todo: ¿A quién se le ocurre otorgar trato de jefe


de Estado a un personaje que ha declarado en todos los medios y
a todo pulmón que va a construir un muro en la frontera entre
ambos países y que además lo vamos a pagar los mexicanos? Un
personaje que asegura que de ganar las elecciones va a deportar a
11 millones de mexicanos que según él son violadores, agresivos y
delincuentes.

7 Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, XXIII Edición, Octubre 2014.

61
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Otro de los ejemplos pertinentes sobre los despropósitos de la actual


administración se refiere a sus políticas para combatir la inseguridad
y los altos niveles de violencia que estamos padeciendo los mexica-
nos por medio de propuestas vacías que pretenden generar leyes de
protección a las víctimas pero en los hechos no terminan de consoi-
lidarse como garantías para las miles de personas que han padecido
los estragos de esta ola de violencia.

El ojo del huracán se ha colocado en la aprobación por parte de la


comisión de gobernación de la Cámara de Diputados de la Ley de Se-
guridad Nacional. Una ley pensada para proteger a las instituciones
del Estado y que por lo mismo deja de lado las preocupaciones de la
sociedad civil que la considera como una carta a modo para las ac-
tuales políticas del ejecutivo de sustentar las estrategias bélicas con
un formato de legalidad.

También hay que decir que los legisladores en respuesta a las críti-
cas, seguramente simularán un foro en que van a escuchar a los mo-
vimientos sociales, y tal vez modificarán algunos puntos que les
permitan quedar bien con Dios y con el diablo; perdón, con los mo-
vimientos sociales y las fuerzas armadas.

Desde el lado de los movimientos sociales de la actualidad y particu-


larmente las acciones de sus líderes, saltan a la vista el manejo de
ciertos símbolos que constantemente aparecen en el comporta-
miento político ante el supuesto diálogo con el poder. Para muchos
observadores y analistas (cómo lo decía don Jesús Reyes Heroles)
en política “la forma es fondo”.

Con todo, hay que decir que los movimientos sociales recientes han
tenido la valentía de mostrar sus banderas a diestra y siniestra y sin
lugar a dudas representa un acierto el hecho de recorrer el país para
hacer escuchar su voz. Como lo han hecho el Movimiento por la Paz
con Justicia y Dignidad y Los Padres de los Desaparecidos en fechas

62
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

recientes. Ciertamente el ángulo más vital y auténtico de estos movi-


mientos que se construye en el andar por el territorio nacional es,
sin lugar a dudas, el contacto con la gente, con los pueblos y comu-
nidades que los fortalece ante sí mismos y ante sus interlocutores.

La parte más cuestionada de estos movimientos sociales se refiere a


su intención de pensar que por la vía del diálogo con los poderes se
pueda lograr algo. El propio EZLN ha dado su apoyo a los maestros y
con ello acorta distancias en cuanto a su relación con movimiento
magisterial de resistencia pacífica. Sabedores de la falta de palabra
de los gobernantes, seguramente recuerdan el incumplimiento de los
acuerdos firmados por los representantes del poder ejecutivo en San
Andrés Sacamachén en el año de 1996.

Además, tenemos que tomar en cuenta que la pedagogía política que


ha generado este movimiento tiene que transitar a un nuevo estadio
en donde los líderes se hagan a un lado y posibiliten que el movi-
miento tome nuevos cursos y nuevos derroteros en los procesos que
están a la vuelta de la esquina.

En todo caso, lo que vivimos en estos momentos en el país demanda


actitudes políticas inteligentes que tomen en cuenta que la fortaleza de
los movimientos sociales se construye en los espacios de resistencia y
en acciones propositivas que desborden los marcos en los que los ac-
tores políticos convencionales quieren resolver las diferencias.

Los movimientos sociales de nuestro tiempo no pueden confiar en


una interlocución franca y sincera con los actores políticos que no
han sabido, o no han querido, actuar en forma transparente y demo-
crática. La sociedad civil no puede confiar en los partidos políticos
que la han defraudado invariablemente y que sólo hacen como que
escuchan cuando se acercan procesos electorales. Hay que pensar
en otras estrategias de lucha que puedan constituirse como formas
de presión que enfrenten a las instituciones políticas en otros terre-

63
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

nos, ya que si nos quedamos esperando que los poderes nos escu-
chen y nos lleven a sus propios espacios con zanahorias virtuales
que nunca alcanzaremos, estamos perdiendo el tempo y peor aún,
estamos poniendo en peligro la cuota de esperanza que se ha logrado
en los últimos meses.

El camino es largo y seguramente el próximo presidente de este país


heredará una nación agraviada, un Estado fracturado, una sociedad
sumamente desconfiada de sus autoridades y una crisis de legitimi-
dad que no se resolverá con discursos ni con promesas. Pero a re-
serva de que algunos candidatos ya se ven como ganadores del
proceso electoral del 2018 los ciudadanos tendríamos que pregun-
tarles primero si tienen un programa, un proyecto de sociedad, un
plan que hable de los principales problemas nacionales. Tal vez las
preguntas centrales se refieren a si van a continuar con la política del
actual régimen en el combate a la delincuencia organizada, si van a
seguir asumiendo una actitud de entrega y obediencia a las priorida-
des de los Estados Unidos, si van a seguir poniendo en riesgo la exis-
tencia de este país como una nación independiente es decir, si van a
defender la soberanía nacional.

Más que emular a Cándido tendríamos que pensar como Maquiavelo


y asumir que los actores políticos no van a modificar sus propósitos
con llamados humanitarios ni con símbolos religiosos. Lo que hace
falta es que la sociedad civil promueva y convoque a la construcción
de una ética social que sirva de punto de partida para pensar un
nuevo proyecto de sociedad. Ciertamente esto tomará tiempo y los
frutos no serán visibles en el corto plazo pero en el mismo momento
en que cada individuo, grupo, comunidad o colonia haga suyas las
propuestas que permitan construir un punto de partida que tome en
cuenta la voluntad ciudadana y asuma valores fundamentales como
la libertad, la justicia y la solidaridad estaremos en camino de generar
un cambio en las instituciones y en las estructuras de la sociedad en
su conjunto.

64
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

El poder, ciego y reacio a jugar en otros tableros seguramente tardará


en darse cuenta en ver que las cosas pueden cambiar y los equilibrios
de poder serán cada vez más simétricos y los lenguajes de la política
más plurales. En esta transformación seguirán usando sus cuotas y sus
estrategias de dominación a como de lugar aunque poco a poco se ten-
drán que dar cuenta de la falta de sentido y de significación de sus actos
en la medida en que se vayan quedando solos.

SIMULACROS
El proceso electoral 2012

El lado oscuro, o espacio opaco que se cierne sobre todos los mexicanos
está representado por las batallas políticas que tuvieron lugar en las
elecciones del 2012. Para la mayoría de los actores interpelados en esta
avanzada lo más importante residió en colocarse de la mejor manera
para garantizar su permanencia en la nómina de algún partido, para ob-
tener algún puesto o una representación que les permitiera seguir dis-
frutando de sus privilegios.

En esta puesta en escena que representaron las campañas electorales


de aquel año los ciudadanos no fuimos aludidos y requeridos para darle
sentido a un proceso electoral que desde el principio parecia viciado.
Como sabemos, las decisiones importantes ocurren en otros espacios
y no en las urnas. ¿Serían los poderes fácticos los que decidieron quién
iba a ganar y no los votantes? La voluntad popular fue aludida como
una figura retórica, como algo que adornaba los discursos de los candi-
datos. Ante este panorama habría que preguntarse si todavía creemos
que nosotros podemos decidir algo y si en última instancia vale la pena
emitir un voto.

Cada vez es más evidente que las acciones de la sociedad civil deberán
apuntar a otros espacios y tiempos para expresar su voz y su proyecto
de sociedad. La crítica de los ciudadanos a este sistema político desleal

65
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

podrá ser siempre un escollo en el camino de muchos de estos per-


sonajes de la trama electoral, pero no será suficiente si se queda en
una actitud crítica ante estos procesos.

Un Informe desde la óptica del poder

Otro ejemplo significativo de lo que hemos llamado en este capítulo


las “políticas del simulacro” es el informe de gobierno a principios
de septiembre.

En primer lugar hay que decir que existe un gran contraste entre la
versión que leemos en el IV Informe de Gobierno del actual régimen
con la realidad que hemos padecido los mexicanos en el último año. A
partir de lo que se dice en este documento parece que México está
mejor que nunca. Todas las variables económicas apuntan a una recu-
peración sin precedente, la obra del gobierno aparece como una suma
infinita de mejoras en salud, empleo, educación y por supuesto en se-
guridad. La calidad de la vida de los mexicanos, según este informe,
ha ido en aumento y hoy, más que ningún otro período, vivimos en una
democracia plena. No se hizo ninguna mención en el IV Informe sobre
las masacres de Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato y Nochixtlán.

Desde el punto de vista de los ciudadanos la lectura del IV Informe


es completamente otra. Este ritual de informar sobre el Estado de la
Nación no sólo se ve como una impostura que año tras año nos repi-
ten hasta el cansancio magnificando la obra pública y las acciones
del gobierno en turno. Esta vez son mucho más evidentes las contra-
dicciones entre las dos lecturas que se pueden registrar sobre el des-
empeño de los funcionarios públicos incluido el ejecutivo.

Es inevitable considerar este acto como un simulacro, como un dis-


curso que busca desesperadamente convencerse a sí mismo de su
verdad pero al mismo tiempo es tan amplia la brecha que lo separa
de la realidad que resulta francamente inverosímil.

66
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

Los rituales de la política han perdido sentido y las formas en que se


expresaba la legitimidad de un poder absoluto ya no tienen ningún
peso a partir de que asistimos a un soliloquio, a un monólogo que no
resiste la réplica y por ello la clase política se encierra en algún audi-
torio a congratularse de una fantasía que por mucho repetirse les da
la impresión de que están en lo cierto.

Es muy reveladora la manera en que el presidente elige para pre-


sentar su Informe de Gobierno. Es un reality show en donde se in-
vita a cientos de jóvenes previamente seleccionados y a los que se
les instruye como público cautivo de un acto estrictamente con-
trolado. Las preguntas seleccionadas permiten a el presidente ha-
blar de los logros y acciones de gobierno de manera casual como
si estuviera conversando informalmente con su público cautivo.
Sólo de manera muy disimulada surge la única pregunta incómoda
que alude a las acusaciones de plagio de sus tesis de licenciatura
en la Universidad Panamericana pero él señala que sólo se trató de
“errores metodológicos”.

Ya borraron toda posibilidad de escuchar a la oposición aunque fuera


de manera simulada. Ya no existe la posibilidad de que algún dipu-
tado de oposición se atreva a interpelar al presidente in situ, o por
lo menos, a responder críticamente el citado informe. Ya no hay más
versión que la que se escribe desde el poder.

Lo cierto es que en estos dos años que le queda al actual gobierno


transitaremos por una etapa todavía más oscura e incierta. Como su-
cede cada seis años, en este período el presidente en turno tiende a
desaparecer de la escena principal, deja de ser el principal protago-
nista, si es que alguna vez lo ha sido, y delega gran parte de su poder
a otras fuerzas políticas. La lucha electoral que ya inició acaparará
gran parte de los reflectores y en este contexto los poderes fácticos
aprovecharán todavía más el inmenso vacío de poder que propiciará
luchas de poder sin que nadie las pueda regular. Sobretodo si toma-

67
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

mos en cuenta la ausencia de un árbitro legítimo e imparcial ya que


desde ahora observamos con preocupación que el Instituto Nacional
Electoral está seriamente cuestionado.

Si ya vivíamos en los últimos cuatro años una cierta ingobernabilidad


producto de la escasa legitimidad con la que contaba el ejecutivo, en
los próximos meses entraremos a situaciones mucho más extremas
debido a los recortes presupuestales en áreas tan importantes para
la población como son la salud, la educación, la cultura y el apoyo al
campo. Como no va a haber marcha atrás en la política actual de ig-
norar los intereses de los ciudadanos y no se va a modificar la manera
de enfrentar el crimen organizado, seguiremos viviendo en la incerti-
dumbre y en la indefensión hasta que vuelva a existir un gobierno le-
gítimo o en el peor de los casos definitivamente nos convertiremos
en un narcoestado en donde el crimen organizado se instale como un
poder hegemónico a lo largo y ancho del país.

Inseguridad, violencia y soberanía: el factor Estados Unidos

Ciertamente la mayoría de la población condena las acciones del cri-


men organizado que se expresan en el incremento de la violencia y
de la inseguridad que han propiciado estos actores en los últimos
años en este país herido y sin timón. También podemos decir que
existe una percepción bastante generalizada en la población acerca
de la incapacidad de gobierno actual para enfrentar este problema
de manera inteligente. Más aún, gran parte de las denuncias sobre
violaciones graves a los derechos humanos se dirigen a señalar a las
propias fuerzas de seguridad que se supone están para defender a la
nación y a sus habitantes.

Sin embargo hasta ahora empiezan a perfilarse hipótesis que señalan


que el verdadero origen de este clima de ingobernabilidad que pre-
valece en el país obedece a las políticas de seguridad nacional surgi-
das en los Estados Unidos.

68
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

No sólo porque son los principales consumidores de la droga que se


exporta hacia esa nación y tampoco únicamente porque son los que
venden las armas que adquieren los contendientes de esta guerra sin
cuartel en nuestro territorio. Las claves de esta lectura se orientan a
explicar la necesidad que existe en el imperio para mantener enemi-
gos visibles sobre todo en períodos electorales que les permitan ro-
bustecer tanto su economía como sus políticas de intervención en
otros países. La condición de compartir casi 3 mil kilómetros de fron-
tera común nos hace aparecer ante los ojos de los poderes fácticos
en los Estados Unidos como un grave peligro para la seguridad na-
cional norteamericana.

La tesis de que en última instancia la política del actual presidente


de México de llevar a cabo una guerra sin cuartel en contra del cri-
men organizado es en realidad una política que surge en los Estados
Unidos a raíz de que el imperio considera la situación de México
como un peligro para su seguridad nacional cobra cada día más
fuerza. El crimen organizado visto como una narcoinsurgencia que
tiene que ser combatido con tácticas militares y enfrentado como se
hace con los grupos terroristas en cualquier parte del mundo es sin
lugar a duda un deseo de los Estados Unidos.

Tal vez nunca como ahora habíamos vivido en peligro de perder nues-
tra soberanía como país independiente. La nueva derecha norteame-
ricana quiere agregar a la historia de las intervenciones de los
Estados Unidos en nuestro país otro capítulo a la bitácora y lo más
deleznable es que sea con la cooperación del que se dice es el presi-
dente de nuestra nación.

Las organizaciones de la sociedad civil y las tareas pendientes

¿Qué es lo que los ciudadanos pueden hacer ante este panorama tan
sórdido y funesto?

69
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Una de las primeras reacciones por parte de ciertos movimientos so-


ciales ha consistido en fundar organizaciones ciudadanas que permi-
tan a las personas que no pertenecen a ningún partido poder incidir
en los diálogos simulados que el actual gobierno ha aceptado llevar
a cabo con la sociedad civil.

Otra de las posibilidades radica en construir asociaciones y organi-


zaciones civiles que lejos de los reflectores de los diálogos simulados
propongan formas de resistencia pacífica que aglutinen a sectores
sociales hasta ahora indiferentes a la particiapación política.

En términos temporales es necesario reconocer que están abiertas


las posibilidades para que la sociedad civil mexicana pueda inscribir
su voz y sus acciones e intervenir en las decisiones que contribuyan
a la construcción de un nuevo proyecto de sociedad que incluya una
verdadera democracia con justicia y dignidad.

Para llegar a ello la sociedad, los pueblos, las comunidades y las or-
ganizaciones de la sociedad civil tienen que apostar a la construcción
de nuevos valores y nuevas formas de pensar la política desde abajo;
es decir a construir una propuesta de una ética social.

La defensa del medio ambiente, del patrimonio cultural y de las for-


mas de organización social que ya han dado frutos a pequeña escala
tendrán que extrapolarse a una escala mayor aunque esto tome un
cierto tiempo.

En un balance provisional sobre este país herido por tantas muertes


y por tanta violencia, impunidad y corrupción es necesario creer que
todavía puede ser rescatado por los propios ciudadanos. Más allá de
la inmediatez que nos coloca necesariamente en una postura pesi-
mista acerca de nuestro futuro hay que apostar a la fuerza de los ac-
tores sociales y pensar que la sociedad civil, los movimientos
sociales y los actores políticos puedan aliarse para establecer una

70
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

nueva forma de consenso social que se teja desde abajo y que pueden
prefigurar algunas salidas a este estadio de descomposición social y per-
versión de proyectos políticos que han abonado los actores políticos
preponderantes.

Es posible superar el miedo y la desconfianza y salir de esta etapa de


individualización de lo problemas para poder concebirlos como proble-
mas de todos. En este reconocimiento radica un punto de partida que
nos permitiría construir colectivos y comunidades que aborden solu-
ciones desde las más elementales hasta las más complicadas.

En primer lugar hay que reconocer que la política del miedo instaurado
por el Estado nos hace vivir en un estado de atención permanente ya
que sentimos que incluso nuestras actividades cotidianas implican
algún tipo de riesgo. En esta actitud de cautela tal vez hemos limitado
nuestras interacciones sociales y seguramente también nos hemos
vuelto más desconfiados. Es explicable que estas tendencias nos con-
duzcan a un cierto repliegue que pone en primer lugar la preocupación
por nuestros seres queridos y por nuestra propia integridad como per-
sonas. Esta conducta es diariamente alimentada por todo lo que leemos
en la prensa o escuchamos en los diversos medios de comunicación.

A pesar de ello, también encontramos que hay una gran parte de la so-
ciedad civil que necesita encontrar eco a su desazón y acude a manifes-
tar su postura ante esta situación cuando recibe un llamado para
movilizarse por una causa común. Estas demostraciones permiten su-
perar el miedo colectivamente, ya que de salir a la calle a expresar su
descontento y apoyándose en sus vecinos, grupos de referencia, amigos
y colectivos como un antídoto para el estado de paralización.

Por ello, hay que celebrar el surgimiento de todo tipo de acción colec-
tiva que movilice las emociones políticas de las que habla Martha Nuss-
baun. Por ejemplo recientemente tuvimos la visita de Roger Waters a la
Ciudad de México y tuvimos oportunidad de contar con un espacio en

71
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

donde miles de mexicanos, sobre todo jóvenes pudieron expresar su


rechazo al actual presidente exigiendo su renuncia al unísono con el
exintegrante de Pink Floyd.

Una vez más es inexorable la necesidad de favorecer la construcción


de una ética ciudadana que llene los vacíos que los poderes conven-
cionales han dejado en su búsqueda interesada en conquistar, pre-
servar o compartir el poder político. Más allá de que las
organizaciones de la sociedad civil no se proponen la toma del poder
y que por ello tienen un mayor capital político es necesario que ins-
trumenten acciones que convoquen a la sociedad en su conjunto a
expresar su descontento a través de formas de organización social
alternativas, que puedan imprimirle mayor creatividad al ejercicio de
la política.

COLOFÓN

En un espacio alternativo se está gestando un movimiento político


que si bién ha dejado de ser un movimiento para convertirse en un
partido político, es cierto que está muy cerca de convertirse en un
actor importante en las próximas elecciones. Nos referimos al Movi-
miento de Regeneración Nacional (MORENA) que ha impulsado a lo
largo y lo ancho del país Andrés Manuel López Obrador. Este movi-
miento cuenta hasta finales del 2016 con 2,217 comités municipales,
37,453 comités seccionales, 180 mil dirigentes y alrededor de 4 millo-
nes de afiliados.

Por las cifras nos podemos dar una idea de la importancia que va ad-
quiriendo este movimiento político de reciente creación y todo indica
que tendrá una gran incidencia en el proceso electoral que ahora se
encuentra en su fase inicial. Independientemente de que será identi-
ficado por muchos grupos políticos de la derecha como un nuevo
cascarón de un candidato conocido, serán los ciudadanos los que
tendrán que valorar si el amplio conocimiento que AMLO tiene sobre

72
LOS DISCURSOS DE LA POLÍTICA

las condiciones que privan en el país merece el apoyo del voto popu-
lar. Dicho sea de paso, es hasta ahora el único actor político que ha
presentado un proyecto de nación.

Aunque algunos ciudadanos descalifican a priori la propuesta de


AMLO para el país, no podemos dejar de reconocer que estamos ante
un importante número de ciudadanos mexicanos que siguen en pie
de lucha por cambiar un modelo económico en crisis, un gobierno
sin autoridad ni legitimidad y una clase política aislada y sorda a las
demandas de gran parte de la población. Será, sin duda un reto para
este nuevo partido político superar las crisis y divisiones que se
viven en el seno de los propios partidos llamados de izquierda y cons-
truir una propuesta que incorpore a la gran mayoría de ciudadanos
que votarían por un cambio verdadero.

Una vez que se logre esto queda pendiente el reto de este candidato
de aparecer atractivo antes millones de mexicanos que desconfían
de un posible gobierno de izquierda y esto sin duda será una de las
tareas que habrá de emprender la MORENA en los próximos meses.
Llama la atención que se ha convocado a personalidades destacadas
en las áreas de la ciencia, el derecho y la cultura para integrarse a las
filas de este movimiento. Personas con prestigio en cada una de sus
áreas y algunas de ellas reticentes a pertenecer a algún partido polí-
tico. Esto es sin lugar a dudas un promisorio indicador de un intento
de desplazar a un segundo plano a las figuras de los políticos de par-
tido y de actores con intereses personales que ven la carrera política
como un fin en sí mismo y que sólo convocan a la ciudadanía en los
procesos electorales.

Habrá que ver si este movimiento político mantiene un perfil más ciu-
dadano que clientelar y también tendremos que esperar que sus pro-
puestas no se pierdan en el camino al convertirse en un nuevo
partido político.

73
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Por ello es de llamar la atención la oportunidad de construir un es-


pacio en donde exista tolerancia, apertura y pluralidad y que pueda
convocar a los grandes sectores sociales, sindicatos, grupos y en ge-
neral a la sociedad civil para poder darle sustento a un nuevo pro-
yecto de sociedad y de país.

74
CAPÍTULO 4

CIUDADANÍA Y COMUNIDAD:
EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

INTRODUCCIÓN

E
n un escenario mundial marcado por incertidumbres y crisis,
los pueblos y naciones enfrentan la responsabilidad de sortear
las nuevas condiciones económicas, políticas, y sociales para
poder sobreponerse a los embates de la globalización neoliberal. Esta
lucha compromete a diversos actores sociales que tienen posturas
cada vez más polarizadas. Los gobiernos y sus instituciones de los
países llamados “emergentes” pugnan por incluirse a como de lugar
en la ola globalizadora a costa de lo que sea, mientras que las comu-
nidades continúan su lucha por preservar las identidades sociales,
los patrimonios culturales, los valores colectivos y los recursos natu-
rales. En este contexto que incluye a la sociedad mexicana tenemos
que agregar al mismo tiempo la relevancia de los movimientos so-
ciales que revindican los valores comunitarios de los pueblos indíge-
nas o de tradición indígena.

Tomando como punto de partida la lucha que el pueblo de Tepoztlán


protagonizó a mediados de la década de los noventa del siglo pasado
y en donde logró detener un proyecto millonario que pretendía con-
struir un club de golf en sus tierras, este capítulo pretende exponer
las estrategias comunitarias en contra de la violencia del Estado y de
el Capital.

Hemos seguido de cerca, durante más de 25 años las luchas de este


pueblo y consideramos que podemos ponerlo como un ejemplo que

75
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

ilustra las formas en que las comunidades expresan sus formas de


participación ciudadana a partir de su pertenencia a una organi-
zación social muy sólida. En pocas lineas abordaremos algunos an-
tecedentes que consideramos necesarios para contextualizar la
discusión en el presente capítulo.

El pueblo de Tepoztlán esta situado al norte del Estado de Morelos a


menos de 70 kilómetros distante de la ciudad de México. Es cabecera
municipal y cuenta en la actualidad con una población de 17 mil habi-
tantes. La estrecha cercanía de varios cerros que pertenecen a la
Sierra de Chichinautzin y las favorables condiciones climáticas hacen
de este pueblo un lugar muy atractivo. Tal vez por ello desde hace
aproximadamente cinco décadas Tepoztlán ha recibido a una impor-
tante población de migrantes y avencindados.

Se trata de una población que ha estado sujeta a una multiplicidad


de intercambios entre diversos grupos políticos y culturales desde
hace cuatrocientos años, por ser un lugar de tránsito entre la cuenca
de México y los Valles del actual Estado de Morelos. Su población es
de origen Xochimilca, y hasta inicios del siglo pasado el lenguaje pre-
dominante seguía siendo el náhuatl. Desde entonces el pueblo ha sido
un escenario que expresa una compleja convivencia entre distintos
grupos sociales, lo que ha permitido que los tepoztecos hayan po-
dido desarrollar una gran capacidad de asimilar las influencias prove-
nientes del exterior.

En la actualidad se puede observar que siguen vigentes las formas de


organización colectiva que tradicionalmente han regulado la vida co-
munitaria desde hace mucho tiempo. Están presentes los vínculos
que se renuevan de manera continua durante las fiestas, ceremonias
y rituales comunitarios y aglutinan a gran parte de los habitantes que
dedican mucho tiempo y dinero a estas actividades colectivas. La
vida comunitaria sigue siendo fuente y punto de llegada de innumer-
ables vínculos que se construyen desde los niveles familiares hasta

76
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

los propiamente comunitarios pasando por las relaciones sociales


que se sustentan en las celebraciones de los barrios.

Por todo esto, el ambicioso proyecto de construir un Club de Golf en


sus tierras en el año de 1995 encontró una enorme resistencia. El
proyecto incluía un complejo turístico lidereado por el grupo empre-
sarial KS y avalado por corporaciones multinacionales como la em-
presa de telefonía celular GTE, así como por grupos politicos
nacionales y estatales. Se pretendía construir en una superficie de
187 hectáreas un campo profesional de golf, 592 residencias de lujo,
una casa club, canchas de tenis, helipuerto, hotel, restaurantes y un
centro corporativo. Los inversionistas se ocuparon cuidadosamente
de buscar el apoyo de la clase gobernante y los funcionarios involu-
crados en el otorgamiento de permisos y licencias correspondientes,
sin considerar la opinión que los habitantes del lugar tenían sobre el
proyecto. Tal vez daban por sentado la aprobación de éstos, ya que
desde su punto de vista los beneficios del proyecto para la comu-
nidad eran obvios.

Sin embargo, la respuesta de los pobladores fue de una franca oposi-


ción al proyecto, destituyendo de inmediato al presidente municipal
y a las autoridades que lo habían avalado sin su consentimiento. Du-
rante más de dos años los tepoztecos desplegaron una serie de es-
trategias de lucha política y movilización entre las cuales destacaron
la construcción de retenes que impedían el paso directo al centro del
pueblo, manifestaciones a la capital del Estado y a la Ciudad de Méx-
ico, asambleas frente al palacio municipal, y guardias nocturnas en
los principales puntos de acceso.

Cabe destacar que este movimiento no constituyó un hecho aislado


ya que Tepoztlán se ha caracterizado a lo largo de su historia por
abanderar varias luchas en defensa de sus tierras y de sus tradiciones
culturales.

77
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

ESTRUCTURAS Y ESPACIOS DE PODER EN TEPOZTLÁN, MORELOS

El concepto de poder es un vehículo que nos permite observar y en


muchos casos explicar a una sociedad. Su relevancia no sólo se re-
fiere a su capacidad explicativa sino que al mismo tiempo nos acerca
a los entretelones de las instituciones y estructuras sociales. Es un
hilo conductor que hace visibles pugnas, conflictos y desacuerdos
de los grupos y actores sociales que coexisten en una determinada
estructura social.

En virtud de que este capítulo aborda las luchas políticas y los movi-
mientos de resistencia de una comunidad es necesario entrar a pen-
sar en consecuencia las redes sociales, las relaciones entre las
diversas estructuras de poder y por supuesto los comportamientos
de los habitantes de esta comunidad para tratar de responder a las
preguntas que éste problema nos plantea.

Para intentar comprender los ámbitos y esferas relacionadas con el


poder vigentes en el pueblo proponemos tener en cuenta varias es-
tructuras: La municipal que se refiere a la administración política a
cargo del presidente municipal, la religiosa que habla de las institu-
ciones oficiales de la iglesia católica y la estructura que tiene que ver
con las mayordomías, la religiosidad popular y los ciclos festivos y
que desempeña funciones que se relacionan con las expresiones y re-
laciones comunitarias. En otro registro tendríamos que hablar tam-
bién de las instituciones que regulan la tenencia de la tierra y que a
pesar de no constituir una estructura municipal participan activa-
mente en la configuración de la organización social comunitaria. Es
inevitable hacer referencia a los asuntos relacionados con el papel
que ha desempeñado la lucha por la tierra para entender los equili-
brios del poder en la comunidad y la vigencia de una cultura política
campesina inspirada en las banderas del zapatismo de principios del
siglo XX.

78
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

Aún cuando sería conveniente tomar en cuenta todas éstas expresio-


nes sociales, por problemas de espacio en este trabajo abordaremos
principalmente las estructuras comunitarias que se construyen alre-
dedor de las mayordomías y sistemas de cargos y el papel de las au-
toridades agrarias en la construcción de la cultura política local.

MAYORDOMÍAS Y RELIGIOSIDAD POPULAR

Una de las premisas para entender las estructuras del poder en esta
comunidad se refiere al papel central que juegan la religiosidad po-
pular en general y el sistema de cargos en particular en la organiza-
ción de la vida comunitaria. Nos referimos sobre todo a los ámbitos
que regulan la vida ceremonial y religiosa en la comunidad y que
desde nuestro punto de vista no sólo desempeñan actividades rela-
cionadas con la preservación de patrones culturales sino que simul-
táneamente desarrollan funciones de liderazgo que les permiten
constituirse como organizaciones relevantes dentro de la regulación
de las relaciones del municipio.

Tal vez sería pertinente introducir aquí la noción de dominio, en lugar


del concepto de poder para referirnos al papel que desempeñan los
mayordomos en la comunidad. De acuerdo con Adams, el dominio
existe: “Cuando una parte involucrada tiene mayor control sobre el
entorno de la segunda parte que el que tiene ésta sobre la primera”8
Para entender lo anterior es necesario revisar los campos de acción
de los diversos actores.

Los mayordomos desempeñan diversas funciones al interior de la co-


munidad: son los organizadores principales de las fiestas y ceremo-
nias, son también articuladores y mediadores de las diferentes
autoridades locales y al mismo tiempo son representantes de sus ba-

8 Richard N. Adams, Crucification by power: Essays on Guatemalan Social Structure, 1944-1966,


Austin, University of Texas Press, 1970.

79
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

rrios y colonias. Esto no quiere decir que sean ellos los depositarios
de las decisiones políticas, agrarias, religiosas o comunitarias ya que
para cada instancia existe un ámbito de autonomía reconocida por
todos los actores sociales. Así, el presidente municipal opera en un
ámbito muy preciso cuando se trata de tomar determinadas decisio-
nes que le competen de acuerdo a sus funciones. De la misma manera
las autoridades agrarias tienen su marco de acción más o menos de-
limitado, por no hablar de las decisiones que las autoridades religio-
sas toman en su campo.

Sin embargo, de acuerdo con lo que hemos observado y también en


sintonía con lo que dicen nuestros informantes, los mayordomos si-
guen teniendo un papel muy relevante para articular las diversas ac-
tividades comunitarias que tienen lugar en la localidad. Son los
representantes de la comunidad en muchas de las actividades colec-
tivas. Desempeñan cargos que no sólo se refieren a la organización
de las fiestas patronales y de los barrios sino que también como vo-
ceros y mediadores en muchos asuntos que tienen que ver con la
vida cívica y política de la comunidad.

Por ello, creemos que la estructura del sistema de cargos es, aún en
estos días, relevante para entender la manera en que este pueblo se
organiza y configura una organización comunitaria que permite la es-
tructuración y el enriquecimiento de la vida colectiva.

Como lo hemos señalado en otros trabajos (Corona y Pérez, 1999 y


Pérez Zavala, 2002), estamos en presencia de una comunidad con una
fuerte tradición indígena en la cual siguen vigentes las formas de or-
ganización comunitaria que se manifiestan en ciertos ámbitos que re-
gulan la vida comunitaria.9

9 Carlos Pérez Zavala, “Violencia y socialización política en una comunidad rural”, Revista El
Cotidiano, no.111, UAM-Azcapotzalco, Ene.-Feb. 2002, año 18, México.

80
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

Desde esta perspectiva, a la hora de querer hacer un análisis sobre


el poder al interior del pueblo, es indispensable comprender la ma-
nera en que las estructuras tradicionales articulan diversos ámbitos
de la comunidad.

Esta consideración nos lleva a mirar la comunidad con otros ojos.


Nos remite a tener en cuenta la vigencia de una larga historia cuyas
formas de organización comunitaria se expresan también a través de
los vínculos de parentesco y de las redes de solidaridad al interior
de los barrios y entre los barrios mismos. Estas acciones se pueden
observar por ejemplo en la organización y celebración de la vida ri-
tual del pueblo.

La eficacia de las resistencias que el pueblo ha protagonizado en dis-


tintos momentos de su historia tiene que ver con ésta cualidad de
actuar como un todo social cuando se enfrentan retos independien-
temente de las diferencias y luchas internas.

Este capital social y cultural se recupera y se renueva constante-


mente aún en períodos de calma gracias a la preservación de las tra-
diciones y rituales que tienen lugar en el rico calendario festivo de
Tepoztlán.

Creemos, en suma, que las respuestas de la comunidad ante las di-


versas amenazas que ha tenido que enfrentar en los últimos años son
manifestaciones de todos estos rasgos que intervienen en la configu-
ración de una actitud de defensa y resistencia que integra comporta-
mientos políticos con expresiones culturales, tales como el uso de
las leyendas, los rituales los mitos, las ceremonias cívicas y religiosas,
etc.

En este punto hay que insistir en que las formas de expresión cultural
de la comunidad tienen que ser leídas como elementos que natural-
mente forman parte de los procesos relacionados con la repro-

81
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

ducción cultural y no siempre se explican como formas de instrumen-


tar una resistencia. Es decir, hay que partir de que éstas expresiones
culturales son productos de una serie de rasgos y valores colectivos
que sirven de contexto y escenario a las actitudes y comportamien-
tos de los tepoztecos de hoy en día.

Sin embargo, desde una lectura de éstas manifestaciones culturales


como hechos sociales totales, se puede decir que también expresan
inquietudes políticas. Éstas se nutren, se hacen presentes y se renue-
van ante la presencia de adversidades provenientes del exterior.

En suma y sin dejar de lado una cuestión central que se refiere a la


idea de que el poder debe estudiarse con relación a quién controla
los recursos materiales y las relaciones de las fuerzas productivas,
tenemos que considerar las maneras en que los mayordomos en par-
ticular y el sistema de cargos en términos más amplios operan en la
comunidad como articuladores y facilitadores de una red de relacio-
nes sociales que tiene que ver en muchas de las decisiones que invo-
lucran a los otros poderes. Por ejemplo, son los mayordomos los
intermediarios entre los poderes civiles y los religiosos. No sólo co-
ordinan la cooperación de todos los demás en la realización de fiestas
y ceremonias, sino que mismo tiempo, participan como voceros y re-
presentantes de sus respectivos barrios para solicitar obras públicas,
servicios o trámites civiles ante las autoridades municipales. Simul-
táneamente, los mayordomos de cada uno de los barrios establecen
relaciones con otros pueblos dentro y fuera del municipio a través
de las promesas, que se refieren al intercambio de regalos y visitas
recíprocas durante las respectivas celebraciones y fiestas patronales.

Como lo señala Bartolomé:

“No existe una delegación de la autoridad colectiva en los “cargueros”;


éstos no son “líderes”, “representantes” o “conductores” de sus pai-
sanos, sino guías o reguladores de la interacción social, política y eco-

82
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

nómica. Es decir gente encargada de que la vida colectiva se man-


tenga dentro de los cauces que ha seguido siempre, pero que no tie-
nen la capacidad de cambiarla.” 10

Aunado a esto, es importante tomar en cuenta que el papel que des-


empañan los mayordomos esta impregnado de una amplia legitimi-
dad que se nutre de los usos y costumbres que caracterizan a ésta
comunidad. En años recientes, sobre todo a partir de 1995 observa-
mos que la fuerza de éstos usos y costumbres ha adquirido mucho
mayor importancia debido a que las condiciones sociales y políticas
en esos momentos favorecieron una mayor organización comunitaria
debido a los conflictos que se enfrentaban.

Es decir, durante esos años los mayordomos, tanto los de la iglesia


principal como los de los barrios, al involucrarse en la defensa de la
comunidad acentuaron su presencia ante sus representados y estre-
charon sus vínculos con los habitantes de sus respectivos barrios.
Organizaban también la participación de éstos en el movimiento de
resistencia. Fueron mediadores entre los grupos dirigentes y los ha-
bitantes de los barrios.

Cuando la comunidad se encuentra en períodos de calma y todos re-


alizan sus actividades cotidianas sin temor de alguna amenaza ex-
terna o conflicto de intereses, los mayordomos siguen contando con
un poder real y simbólico muy importante. Se consulta con ellos para
una gran cantidad de asuntos: desde la realización de una misa, una
boda, una ceremonia religiosa en la iglesia del barrio o en la iglesia
principal hasta cuestiones relacionadas con solicitudes de obra pú-
blica para algún barrio y colonia.

En este sentido, las autoridades municipales prestan atención a estas


solicitudes y en no pocas ocasiones tratan de resolverlas. Por su

10 Miguel A. Bartolomé, Gente de costumbre y gente de razón, México, Siglo XXI Editores-INI,
1996, p. 169.

83
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

parte, las autoridades municipales acuden a los mayordomos para


convocar a los habitantes de un barrio o colonia para celebrar una
asamblea o reunión comunitaria.

Las relaciones de los mayordomos con la iglesia local son también


muy importantes. De hecho las funciones principales de los mayor-
domos no sólo se refieren a la organización de las fiestas religiosas,
sino que incluyen el hacerse cargo de la iglesia, organizar la siembra
y cosecha de los “terrenos del santo”11, organizar las celebraciones
que tienen lugar en la parroquia y que involucran a los habitantes y
a toda la población en el caso de la fiestas más importantes del pue-
blo que tienen lugar en la iglesia principal. En el caso de los mayor-
domos de cada uno de los ocho barrios, sus tareas son muy
semejantes a las de los mayordomos de la iglesia principal, aunque
se centran en la organización de las fiestas de sus barrios.

AUTORIDADES AGRARIAS

Las autoridades agrarias tienen una organización autónoma y en tér-


minos legales sólo rinden cuentas a la Procuraduría Agraria, sin em-
bargo mantienen una permanente relación y negociación con las
autoridades municipales.

Hay que recordar que la historia de Tepoztlán es también la historia


de la lucha de una comunidad por la tierra. Prácticamente el 80% de
la tierra es comunal y menos del 10% es ejidal, por lo tanto eso signi-
fica que prácticamente la mayoría de los tepoztecos o son comuneros
o son ejidatarios. En este sentido las autoridades agrarias, tanto el
presidente de bienes comunales como el de la organización de los
ejidatarios, representan a casi todos los tepoztecos.12

11 “Los terrenos del santo” se refieren a tierras cuya cosecha se vende para costear gastos de
las iglesias de los barrios.
12 Aun cuando en la Legilslación Agraria local no existe la propiedad privada, se sabe que el

restante 10% de la tierra en Tepoztlán está en manos de particuales.

84
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

La existencia de los diversos grupos de poder que han existido en la


comunidad se explica también a partir de la capacidad para dirigir,
orientar o apoyarse en las estructuras de organización agrarias. De
acuerdo con autores que han estudiado el tema del poder en Tepoz-
tlán13, siempre encontramos que existe en los grupos de poder una
relación muy estrecha entre la lucha por la tierra con la lucha por los
cargos políticos en la comunidad.

Como lo señala Luciano Concheiro :

“… se puede afirmar que el hilo conductor del conjunto del tejido so-
cial identitario de la comunidad de Tepoztlán a lo largo de su historia,
y aún de sus referentes míticos, es sin duda, el agrario, entremezclado
institucionalmente con lo ambiental y el poder local; donde el muni-
cipio, el Parque Nacional el Tepozteco y el Corredor Biológico Ajusco
Chichinautzin, se alternan con la comunidad agraria y el ejido de Te-
poztlán para confluir en un territorio, en una matria-tierra referente,
en un terruño para los integrantes de esta suerte de “nacionalidad”
tepozteca.”14

Las elecciones de las autoridades agrarias se llevan a cabo según


usos y costumbres de la comunidad ya que se considera que deben
elegirse personas comprometidas con las tradiciones agrarias de la
comunidad y al mismo tiempo que puedan negociar y apoyarse en
las autoridades municipales.

Algunos autores subrayan la idea de que el poder reside en última


instancia en las autoridades municipales. Por nuestra parte, creemos
que se debe considerar el papel de otras estructuras comunitarias

13 cf. Claudio Lomnitz, Evolución de una sociedad rural, México, FCE, 1982; Oscar Lewis, Life in
a Mexican village: Tepoztlán restudied, Urbana, University of Illinois, 1951 y Luciano
Concheiro, “Tepoztlán: La dignidad tras las barricadas”, en Revista Coyuntura, Análisis y de-
bate de la revolución democrática, Enero/Febrero, 1996.
14 Luciano Concheiro, Tepoztlán: Un espacio en el tiempo, un lugar en las historia, 2003, Uni-

versidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco, p.5 (mimeo).

85
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

que intervienen en la ecuación del poder local. Más aún, hay que
abordar el equilibrio del poder local como un proceso en donde in-
tervienen distintas estructuras y actores sociales. En este sentido es
necesario reconocer que los roles que desempeñan las autoridades
civiles, agrarias, así como los mayordomos se entrecruzan constan-
temente y en ocasiones son desempeñados simultáneamente por la
misma persona. Por ejemplo, si se trata de realizar una obra en al-
guno de los barrios, el presidente municipal debe consultar con los
mayordomos del barrio, si ésta se realiza en terrenos comunales o
ejidales, las autoridades municipales tienen que contar con la apro-
bación de los respectivos representantes de éstas estructuras comu-
nitarias.

Desde esta perspectiva hablar de los actores sociales nos conduce a


una red de relaciones en las que resulta difícil separar las posiciones
que cada uno de ellos representa. Es interesante que los líderes en
ocasiones no aparecen como actores personales que administran un
determinado poder con relación a la comunidad, sino que buscan ser
vistos siempre como representantes comunitarios que pueden des-
empeñar diferentes roles de liderazgo en diversos momentos.

Como hemos dicho anteriormente se trata ante todo de un pueblo


que ha protagonizado una larga historia de luchas y resistencias en
contra de actores y poderes externos e instituciones foráneas. Esta
experiencia ha favorecido que los habitantes del pueblo mantengan
siempre una estrecha vigilancia ante las posibles amenazas del exte-
rior. Pero la historia de Tepoztlán es también la historia de un pueblo
que ha tenido diversas experiencias relacionadas con la lucha por el
poder local. Los conflictos locales y las pugnas que diversos grupos
políticos han escenificado a lo largo de su historia son abundantes y
existe una larga historia sobre cómo las estructuras de poder inter-
nas se han configurado en su seno.15 Más adelante trataremos de
15 cf. Claudio Lomnitz, Modernidad Indiana : Nueve ensayos sobre nación y mediación en Mé-
xico, Editorial Planeta, México, 1999.

86
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

plantear algunos de los problemas que han caracterizado a esta co-


munidad en estas fechas y como han contribuido a construir un perfil
de una comunidad politizada que aún hoy en día se manifiesta en la
cultura política de sus habitantes.

IDENTIDAD, RESISTENCIA Y REPRODUCCIÓN CULTURAL

En este apartado pretendemos realizar una reflexión sobre la identi-


dad, resistencia y reproducción cultural en el pueblo de Tepoztlán a
la luz de los datos etnográficos que hemos recogido en los últimos
años.

En virtud de la generalidad y ambigüedad de los conceptos elegidos


para la discusión nos parece necesario realizar una revisión de estas
categorías de análisis en contraste con las formas de acción y per-
cepción de sí mismos que desplegaron los tepoztecos durante su pro-
ceso de oposición al proyecto del club de golf.

Los rasgos y contextos culturales que caracterizan a este pueblo se


refieren fundamentalmente a su fuerte identidad cultural y a su ca-
pacidad para responder de manera colectiva a distintas amenazas in-
ternas o externas. Su lucha de resistencia resultó un movimiento
exitoso en contra del modelo que se trató de imponer en estos tiem-
pos de globalización, es decir la tendencia que privilegia la lógica del
libre mercado en el que se enfatiza el individualismo, el beneficio per-
sonal, la apropiación de los recursos de diversos grupos culturales
y el intento de homogeneizar y por tanto de acabar con la culturas
locales.

Por ello, otro de los puntos de partida que consideramos inevitable


es el que se refiere a las consideraciones generales que sirven de con-
texto para la investigación, es decir los procesos macrosociales en
los que se inscribe espacial y temporalmente ésta tarea. Si aceptamos
la existencia de un mundo globalizado en el que existen condiciones

87
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

económicas, políticas y sociales que nos hacen ver un escenario


mundial interdependiente e intercomunicado, es importante recono-
cer otras consecuencias que estas nuevas condiciones generan.

Una de la más importantes se refiere a la mayor visibilidad de la ex-


istencia de diversas culturas, otra, no menos relevante se refiere al
resurgimiento de las identidades regionales. En el caso de nuestro
país resulta imposible sustraerse a lo que ha sucedido a partir de
1994. De alguna manera lo que hizo la insurrección zapatista de aque-
llos años fue poner en el escenario nacional las condiciones de todas
las minorías étnicas de nuestro país.

Sin embargo, más allá de las consecuencias políticas que el EZLN des-
encadenó para muchos actores sociales, lo que interesa destacar en
este espacio es lo que podríamos llamar “el efecto demostración”. Es
decir, a partir de ese momento se empieza a construir un vínculo y
una bandera entre los diversos grupos étnicos, comunidades mar-
ginales y sectores vulnerables en el país, que de distintas maneras
retoman las demandas de los indígenas chiapanecos.

Se observa así la emergencias de nuevas luchas, movimientos de


reivindicación y el resurgimiento de viejas demandas en distintos es-
pacios urbanos y rurales. Se reviven redes de identidad y vínculos
de solidaridad social que habían pasado desapercibidos. En este sen-
tido se retoman conceptos aparentemente olvidados y se vuelven a
escuchar palabras que parecían en desuso. Por ejemplo: memoria
histórica, cultura comunitaria, solidaridad étnica, identidad cultural,
cultura política comunitaria, tradición indígena, etc.

Esta es la razón por la que en el México de nuestros días es impor-


tante reflexionar sobre la vigencia de ciertos modelos de organi-
zación social que han sido ignoradas, tanto por los efectos de la
asimilación a una cultura nacional o mundial, como por las políticas
neoliberales del gobierno actual que con sus acciones muestra un

88
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

profundo desprecio por las comunidades indígenas, por los


campesinos y las clases populares.16

Por todo esto resulta de lo más oportuno considerar las estrategias


de sobrevivencia y las formas de organización que permiten la expre-
sión colectiva de los grupos y comunidades en resistencia ante este
proyecto de sociedad y la manera en que éstas se relacionan con los
procesos de resignificación de la identidad y con la revaloración de
las culturas locales.

El trabajo de investigación en Tepoztlán, que si bien no puede carac-


terizarse como un pueblo indígena, pero que manifiesta una lógica
cultural de tradición nahua, presenta diversos problemas. Uno de los
más comunes se refiere a la tendencia a ver a estos pueblos en una
especie de transición hacia la modernidad, el progreso, la urban-
ización. Desde ésta mirada se supone que al estar insertos en un pro-
ceso de aculturación a nuevos valores y modelos culturales
provenientes del exterior, están en vías de perder su propia identidad
para asimilarse a los modelos impuestos. Los estudios etnográficos
de los últimos años17, nos muestran un proceso que contradice este
enfoque que idealiza o sobreestima los efectos de la globalización en
las comunidades. Observamos que en las comunidades reportadas
siguen vigentes modos de vida y valores que aluden a la fuerza de su
identidad local y la reafirmación de sus costumbres y tradiciones.

16 Los valores que caracterizan al proyecto del estado mexicano de la actualidad siguen siendo
los mismos que los de sus antecesores panistas: favorecer el interés y el enriquecimiento de
grupos privados y minoritarios. Aunado a esto hay que agregar que las administraciónes pri-
ista no sólo carecen de políticas públicas en apoyo a los mexicanos de escasos recursos sino
que por la vía de los hechos pretenden conducirlos a espacios de una mayor marginalidad y
miseria. Para ejemplificar esto último hay que remitirse a la actitud política hacia el campo
en el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.
17 Cf. Johanna Broda y Jorge Báez (coord.), Cosmovisión ritual e identidad de los pueblos indí-
genes en México, Editorial FCE, México, 2001; Guadalupe Barrientos, El cerrito Tepexpan: sus-
tentador de vida. Ritual y reproducción cultural de mazahuas y otomís en el altiplano de
Ixtlahuaca, tesis de maestría en Historia y Etnohistoria, ENAH, México, 2001; Miguel Morayta
y Catherine Good, Presencias nahuas en Morelos, Centro INAH, Morelos, 2000.

89
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Ciertamente han agregado nuevos comportamientos y actitudes a su


perfil cultural y al mismo tiempo, han asimilado los cambios tec-
nológicos y sobrevivido a los cambios sufridos en sus relaciones de
producción e intercambio. Sin embargo persiste una lógica cultural
que se arraiga en una organización comunitaria que alude a una cos-
movisión particular y exige relaciones de intercambio muy distintas
de la lógica urbana.

Otro elemento de análisis para entender la vigencia de la identidad


cultural se encuentra en la noción de resistencia. Una visión crítica
dirigida hacia los efectos devastadores del sistema mundial conlleva
a pensar en la cultura en los términos en que Marshall Sahlins (1994)
se refiere a ella, es decir como “el reclamo de reafirmar los modos
propios de existencia”18. Esto particularmente se expresa cuando los
pueblos o comunidades ven amenazada su cultura y sus valores por
la imposición forzada de proyectos de integración o modernización.

En estos casos la respuesta de los mismos muestra una densidad y


complejidad que facilita la observación de los recursos que utilizan
para expresar la fuerza de su identidad como comunidad integrada.
Este es precisamente el caso de Tepoztlán cuya historia ha mostrado
una gran capacidad para enfrentarse a las imposiciones externas. Es
también el caso de muchos pueblos que al ver amenazadas sus tier-
ras y recursos refuerzan sus valores, identidades y culturas políticas
para garantizar su existencia.

En suma, es necesario reflexionar sobre las implicaciones que tienen


los trabajos académicos que realizamos dentro del contexto de las con-
secuencias que para los estados nación y las comunidades tienen los
procesos de la globalización. Ya no sólo se trata de estar a favor o en
contra de la naturaleza global de los asuntos humanos, sino de rescatar

18 Marshall Sahlins, “Goodby to Triste troops: Ethnography in the context of modern world his-
tory”, en Assesing cultural anthropology, Robert Borofsky, ed., New York, McGraw-Hill, 1994.

90
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

las estrategias de lucha que permiten la sobrevivencia de las particu-


laridades culturales.

Por ello, la discusión sobre los efectos de la globalización no debe en-


tenderse solamente como una cuestión económica para ser discutida
exclusivamente por las élites políticas, sino que también debe abordarse
como una dimensión social y cultural. La emergencia en los últimos
años de organizaciones no gubernamentales, grupos étnicos en resis-
tencia y colectivos en defensa de los derechos humanos, nos muestra
que los procesos de internacionalización de la solidaridad social no sólo
son posibles, sino que se han convertido en un factor imprescindible.

IDENTIDAD Y CULTURA

A pesar de que el término de identidad es constantemente utilizado


en la discusión antropológica, uno se enfrenta a la dificultad de en-
contrar un mínimo consenso en su significado. Ciertamente el carác-
ter polisémico del concepto de identidad hace una tarea imposible
el tratar de definirlo de una vez y para siempre, sin embargo es útil
analizar algunos de sus usos en diferentes propuestas teóricas.

Gilberto Giménez, es uno de los pocos autores que propone una


definición concreta del término al plantear lo siguiente:

“Si quisiéramos compendiar en una definición escueta el núcleo


teórico mínimo en torno al cual parece existir actualmente cierto con-
senso entre los científicos sociales, diríamos que la identidad es el
conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones,
valores, símbolos), a través de los cuales los actores sociales (indi-
viduales o colectivos) demarcan sus fronteras y se distinguen de los
demás en una situación determinada, todo ello dentro de un espacio
históricamente específico y socialmente estructurado.”19
19 Gilberto Giménez, “Identidades étnicas: estado de la cuestión”, en Leticia Reina (coord) Los
retos de la etnicidad en los estados nación del siglo XXI, Ed. CIESAS, INI y Miguel Porrua, Mé-
xico, 2000, pp. 45-70.

91
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

La identidad de los tepoztecos se sustenta efectivamente en repre-


sentaciones, valores y símbolos compartidos y la mayoría de ellos
tienen que ver con el héroe local. En ese sentido ser tepozteco es
muchas cosas a la vez. Tiene que ver con el hecho de ser descendi-
ente del personaje que da nombre al pueblo, a la montaña principal,
al territorio (sobre todo la cabecera municipal) y a una multiplicidad
de representaciones que se refuerzan cotidianamente. El tepozteco
es el personaje central en las fiestas y también una especie de dios
protector. La celebración de las fiestas, rituales, promesas que ocur-
ren en el pueblo también pueden ser considerados como elementos
significativos de las representaciones colectivas que alimentan la vi-
gencia de una cierta tradición cultural que se transmite de generación
en generación. Al mismo tiempo los tepoztecos definen claramente
las fronteras que los distinguen de los demás de una manera bastante
clara. La identidad de los tepoztecos es siempre un punto de llegada
de una gran cantidad de procesos de interacción con los otros. Así,
el contraste, es decir la presencia constante de “otros” alimenta con-
tinuamente la identidad local.

El carácter contrastivo de la identidad surge principalmente del mo-


delo propuesto por Barth (1976) en los años setentas del siglo pasado
como una crítica a las posiciones antropológicas de los años
cuarentas y cincuentas en las que se concebía a los grupos étnicos
como portadores de cultura pertenecientes a entidades homogéneas
y relativamente aisladas20. Se concebía a la cultura como una serie
de rasgos o características morfológicas y a la identidad como algo
que permanece a través del tiempo y que va “perdiéndose” en los
procesos de aculturación. El planteamiento del autor destaca la con-
tinua diferenciación que se va produciendo en la identidad de los gru-
pos ante las circunstancias externas, tanto ambientales como de
interacción. El análisis que hace introduce una visión de la compleji-
dad ecológica en que se desenvuelven las colectividades, así como

20 Fredrik Barth, Los grupos étnicos y sus fronteras, Editorial FCE, México, 1976, p.15.

92
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

las modificaciones culturales que se producen por las diferentes in-


teracciones entre los mismos. Para él la identidad étnica se crea y se
modifica en referencia a otros grupos étnicos.

Al analizar los procesos de identidad en el pueblo de Tepoztlán du-


rante el movimiento de resistencia uno puede aludir a algunos aspec-
tos de éste modelo para explicar la manera en que los propios
pobladores remarcan sus propias diferencias y establecen fronteras
muy claras que los separan de los otros.

Es oportuno aclarar la manera en que se nombran a sí mismos los


pobladores a pesar de las categorías externas que se les imponen.
En las diversas conversaciones que se han realizado durante el tra-
bajo de campo se ha hecho evidente que existe un rechazo explícito
a que se les considere dentro de la categoría amplia de “indígenas”.
Ellos se conciben meramente como “tepoztecos” o mediante un tér-
mino más general como “mexicanos” estrechamente emparentado a
la lengua náhuatl que se denomina también “mexicano”. A pesar de
ello, son enteramente capaces de identificarse con las luchas de los
pueblos indios y utilizar este tipo de categorías cuando así conviene
a sus intereses, lo que indica una posibilidad de manejar una regu-
lación entre el contacto y la alianza en ciertos dominios de actividad
con otros grupos.

Por otro lado, refiriéndonos a las diferencias internas, el pueblo


desde tiempos coloniales ha albergado en su tierra a pobladores de
otros lugares. En los últimos años se ha generalizado el uso de una
clasificación dicotómica que distingue a los “tepoztecos” de los
“tepoztizos” (aquellos que aunque vivan allí, no son nativos del
lugar). Esta categoría parece haber sido utilizada principalmente por
los de fuera, ya que al hablar con una persona de Tepoztlán nos co-
mentaba que ellos se refieren a los “extranjeros” con la palabra
mostrenco que significa “los que no tienen dueño”, “que no tienen
cerro”. Esta definición nos hace recordar la relación tan estrecha que

93
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

el pueblo tiene con la tierra y sus cerros y que durante el movimiento


de resistencia se evidenciaba en la frase “Nosotros no somos dueños
de la tierra, la tierra es dueña de nosotros”. Ahora bien, a pesar de
estas diferenciaciones que fueron más evidentes en los años de la
lucha contra el club de golf existió a la vez una capacidad para en-
tender cuáles eran las alianzas en apoyo a su lucha que podrían tener
con los de fuera. De esta manera se dió un movimiento muy intere-
sante de redes, alianzas y rechazos a ciertos grupos, tanto al interior
del pueblo como del exterior que obedecían más a los valores que se
enarbolaban en el movimiento.

En éste sentido se tocan los ejes de la identidad vinculados con la le-


gitimidad y autonomía, estrechamente relacionados también con las
relaciones de poder. Es decir, la identidad cultural no solo debe ser
reconocida por los sujetos que la sustentan sino debe ser aceptada
por los “otros”, lo que nos podría llevar a mencionar una gran canti-
dad de historias sobre las luchas sociales y políticas que diversos
grupos han desplegado para ser reconocidos por sus interlocutores.
Aquí estaríamos abordando el vínculo existente entre la identidad
cultural y la lucha política.

En Tepoztlán esto se expresó claramente sobre todo a partir de los


años que siguieron al conflicto del club de golf. En esos días la iden-
tidad cultural y sus expresiones políticas estaban presentes en la
manifestaciones culturales que el pueblo realiza año con año alrede-
dor de las fiestas principales.

Gilberto Giménez ha señalado que también, “la identidad es un efecto


de disputa en las luchas sociales por la “clasificación legítima” y no
todos los grupos tienen el mismo poder de identificación. Porque,
como explica Bourdieu, “sólo los que disponen de autoridad legítima,
es decir, de autoridad que confiere el poder, pueden imponer la defini-
ción de sí mismos y la de los demás”21
21 Gilberto Giménez, op. cit. p. 55.

94
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

La relevancia de lo que este autor llama “autoridad legítima” puede


ser, como en el caso de la identidad cultural de los pobladores de
Tepoztlán, la autoridad que la comunidad se otorga a sí misma para
diferenciarse de los otros. El sentido del poder que sustenta esta le-
gitimidad esta depositado en la capacidad de la comunidad para de-
cidir quienes son los poseedores de esa identidad y quienes son los
de “fuera”.

Asimismo, los poseedores de esa legitimidad dentro del propio


pueblo son las personas que han desempeñado puestos y cargos ori-
entados a prestar algún serivicio a la comunidad. En este sentido los
tepoztecos que han cumplido con sus obligaciones como mayordo-
mos de sus barrios o de la iglesia principal, poseen un cierto prestigio
al interior de la comunidad.

Como hemos dicho, la fuerza colectiva para sustentar una cierta


pertenencia e identidad se intensifica ante situaciones que amenazan
a la comunidad. A pesar de la respuesta colectiva que indujo la im-
posición del proyecto, no solo se dieron procesos de legitimación
para diferenciar a los de dentro y los de fuera, sino también a aquellos
grupos políticos internos que podían colocarse como dirigentes au-
torizados de la resistencia. Un aspecto que probablemente fue el que
legitimó al grupo de tepoztecos que abanderó el movimiento es el
haber apelado como argumento esencial, a la necesidad de preservar
recursos tan preciados como el agua y la tierra.22

Sherry Ortner (1984) ha criticado la manera en que los mismos in-


vestigadores adelgazan los datos al analizar procesos de resistencia
tanto por abordarlos desde una categorización binaria domina-
ción/resistencia que obscurece las formas menos organizadas y más

22 Eran también muy conscientes de que el tamaño del plan turístico podría convertir al pueblo
en un cinturón periférico al megaproyecto, tal como sucedió en Cocoyoc, convirtiéndolos a
ellos, en el mejor de los casos, en trabajadores de segunda.

95
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

cotidianas de expresarla, como por ignorar los conflictos internos y


la política local de los pueblos estudiados.23

En el caso de Tepoztlán, una primera mirada podría crear la ilusión


de que las diferencias en la lucha obedecían principalmente a la
pertenencia a ciertos partidos políticos. Sin embargo durante el
movimiento pudo observarse el resurgimiento de luchas de poder
muy antiguas entre grupos de poder que a lo largo de varios siglos
tienen deudas pendientes y huellas significativas difíciles de entender
para un observador externo. El reto de realizar un análisis más pro-
fundo sobre la manera en que las fuerzas externas interactúan con la
política interna del lugar es una tarea pendiente que por su comple-
jidad no podemos abordar ahora. Lo que se quiere dejar asentado es
que los movimientos de resistencia se caracterizan por una serie de
espacios de fricción internos que hablan de las contradicciones y am-
bigüedades propios de los actores sociales. En este sentido no se
puede hablar de una noción de unidad como algo monolítico, sino
realmente dinámica que refleja la enorme complejidad de la política
interna.

Ahora bien, a medida que las amenazas disminuyen o desaparecen,


resurgen las formas cotidianas de construcción de la identidad. Eso
es una muestra de la plasticidad de los procesos sociales objetivos y
subjetivos que pueden desplazarse desde una actitud de tolerancia
e intolerancia hacia grupos internos o de fuera, hasta una aceptación
de las diferencias para catalizar los procesos culturales propios.

IDENTIDAD CULTURAL COMO PROCESO DE CREACIÓN

Catherine Good realiza una crítica a los enfoques que enfatizan la im-
portancia de los elementos externos en la construcción de la identi-
dad en virtud de que esta mirada parece ignorar los procesos propios
23 Sherry Oertner, “Theory in anthropology since the sixties”, en Comparative Studies in society
and history, vol. 26, no. 1, 1984, pp. 122-166.

96
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

de creación y transmisión cultural que caracterizan a los pueblos en


sí mismos. Desde su punto de vista las principales limitaciones que
el modelo de Barth presenta es que no incluyen un análisis de los fac-
tores históricos, ni tampoco de los procesos de identidad en situa-
ciones en las que las relaciones de poder implican una fuerte
asimetría (que es el caso de los pueblos de tradición indígena tanto
en la Colonia como en la construcción del Estado Nación en nuestro
país). De esta manera parecería que la identidad se construye como
una reacción a los otros excluyendo todas aquellas dimensiones co-
tidianas de creación de la cultura que caracterizan a los pueblos.24

En los estudios que esta autora ha realizado sobre la tradición nahua


propone un enfoque procesual y generativo de la cultura donde ésta
es concebida como inherentemente dinámica, arraigada material-
mente y transmitida histórica y colectivamente sin que eso signifique
una uniformidad o normatividad en sus expresiones. Su posición es no
considerar al elemento contrastivo como el eje esencial de construc-
ción de la identidad, ya que se encuentra inmerso en un proceso de
mayor profundidad histórica que implica a la vez una línea de con-
tinuidad y de generación de diversidad. Propone un análisis mediante
ejes fundamentales que organizan y caracterizan la vida social, tales
como el trabajo, la reciprocidad y la continuidad histórica.

Esta última categoría a su vez implica el uso de una memoria viva que
aglutina y organiza las diferentes experiencias a lo largo del tiempo,
trátese ya sea de una memoria individual o una memoria colectiva.
En el caso de los pueblos este sentido de continuidad puede estar
referido a la memoria histórica que da cuenta del origen, y de una
serie de patrones y valores culturales que los caracterizan. Por ello,
se habla del carácter generador y en constante movimiento de los
diferentes grupos culturales.

24 Catherine Good, “Las fiestas religiosas en la construcción de la cultura: procesos de identidad


entre los nahuas del Alto Balsas, Guerrero”, ponencia presentada en Identidad y Región,
Tepoztlán, Morelos, Octubre, 1996.

97
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Lo que hemos podido observar en Tepoztlán es que los pobladores


manifiestan continuamente un proceso sutil y creativo de reelabo-
ración de su cultura. Continuamente apelan a la necesidad de “con-
servar la tradición” y preservar sus valores y costumbres así como a
las propias formas de organización social. Un ejemplo de cómo esto
se produce cotidianamente se puede observar en los diversos senti-
dos que adquiere la leyenda sobre el Tepozteco.

Recordemos que la versión más difundida de la misma se refiere al


triunfo del héroe local sobre el monstruo Xochicácatl, quien dom-
inaba desde Xochicalco a toda la región y que exigía constantemente
que le llevaran ancianos para devorarlos y así poder saciar su in-
menso apetito. El Tepozteco, quien toma el lugar de su padre adop-
tivo para acudir a la cita con el tirano, recurre a la magia y a su
astucia para lograr que el monstruo se lo trague entero y una vez den-
tro de él corta sus entrañas con unas piedras de obsidiana que pre-
viamente había recolectado en el camino hacia Xochicalco. La
leyenda insiste una y otra vez en la valentía y entrega del héroe para
luchar ante las amenazas externas.

Así, ante amenazas recientes en contra de Tepoztlán, los tepoztecos


reviven y resignifican la importancia de la victoria del Tepozteco y
acuden a su ejemplo para fortalecer sus propias luchas. Esto se
puede ver en los portales de las semillas que se colocaron en los años
de 1996 y 1997 en donde el mensaje principal aludía a una cierta simi-
litud entre las luchas en aquellos años en contra del gobernador del
estado y de los inversionistas y las luchas del héroe local.

Por otra parte, debemos considerar el ámbito ritual como formas de


recreación de la cultura. En este espacio encontramos el imperativo
ético de reciprocidad en el intercambio que se establece entre los
propios tepoztecos ya sea o a nivel familiar cómo entre los diferentes
barrios y grupos sociales, eje fundamental del reforzamiento de los
vínculos colectivos. Respetar “la costumbre” y los contenidos cultu-

98
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

rales no impide que existan continuas innovaciones en la que se modi-


fican muchos aspectos de su expresión comunitaria.

Un ejemplo de ello lo representa la elaboración del portal de semillas


que tradicionalmente se coloca a la entrada de la parroquia principal.
Esta actividad fue siempre de carácter religioso y era diseñado, como
en otros pueblos a base de flores desde hace muchos años. A partir de
1996 se empiezan a utilizar semillas con las cuales se puede dar una re-
presentación de imágenes mucho más elaboradas y estéticas.25

Cuando inicia la lucha contra el club de Golf, la expresión del portal se


convierte en un espejo de los acontecimientos políticos, sin que se
diluyan necesariamente los contenidos religiosos. En otro texto hemos
comentado ya la importancia de la representación del Tepozteco y su
relación con la virgen como aliados protectores contra el proyecto.26 Lo
que nos interesa destacar aquí es el entretejido de elementos nuevos
con los tradicionales dentro de una actividad colectiva, y la transforma-
ción del carácter religioso de expresión a uno político durante momen-
tos coyunturales.

Ahora bien, es claro que la construcción de significados alrededor de


referentes materiales es un proceso que permite diferentes posibili-
dades, por lo que se hace necesario un análisis de los contextos y las
maneras en que se generan y transforman. Por ello, es fundamental el
papel de los historiadores locales, encargados de la actualización y nar-
ración de los acontecimientos. En Tepoztlán, existe una tradición que
le da mucho valor a la cultura y a la educación, por lo que siempre han
existido grupos de intelectuales que, en este caso, tuvieron un papel
muy activo durante el movimiento de resistencia. Encontramos una di-

25 Esto es a tal grado reconocido, que el Museo Nacional de Antropología solicita a los artesanos la
elaboración de un portal para la exposición permanente de una de sus salas.
26 Yolanda Corona, El tepozteco niño y la tradición cultural tepozteca, tesis de Maestría en Historia

y Etnohistoria. ENAH, México, 2000.

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CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

versidad de personajes que tomaron la responsabilidad de recon-


struir y transmitir la memoria colectiva. Algunos se especializaban
en contar leyendas y relatos vinculados con el paisaje, otros genera-
ban metáforas que se trenzaban con los acontecimientos políticos y
otros más se dedicaban a crear imágenes en el portal de la iglesia,
siguiendo una iconografía prehispánica.

La acción política en momentos históricamente significativos reclama


una narración que le permita quedar asentada. En este sentido se rea-
liza todo un trabajo de composición orquestado por diferentes per-
sonajes que van integrando los acontecimientos, por más diversos y
variables que sean en una trama coherente que entrevera valores,
contenidos simbólicos y sucesos relevantes.

Con esto no queremos decir que exista una sola trama, ni que haya
un acuerdo explícito entre los pobladores que asumen esta tarea. De
hecho sucede lo contrario; por ejemplo la imagen de las serpientes
de cascabel que plasmó el arquitecto responsable del portal de las
semillas en 1998 representaban para él las campanas que repicaban
para mantener a la gente alerta y convocarlos cuando llegaban los
granaderos. Sin embargo para otro historiador tepozteco, que fue el
encargado del texto que explica el portal, éstas simbolizaban “la
unidad en la lucha, la honestidad y la prudencia de la serpiente em-
plumada”. Como puede observarse, las narraciones, al igual que las
imágenes evocan distintos significados para cada uno de los habi-
tantes, sin embargo todos ellos pueden quedar incluidos en un men-
saje estructural que manifiesta la fortaleza que el pueblo tiene para
enfrentar las dificultades gracias a su historia y sus raíces.

Por otro lado, como se dijo anteriormente, los valores que el pueblo
hace presente durante el movimiento de resistencia para afirmar su
postura se arraigan en el personaje de la leyenda como el que indis-
cutiblemente valida los comportamientos que se esperan. Entre los
que más se destacaron fueron los de la valentía, el corazón de temple

100
CIUDADANÍA Y COMUNIDAD: EL PUEBLO DE TEPOZTLÁN, MORELOS

y la dignidad para enfrentar las tentaciones del poder y el dinero. En


los parlamentos en que se recuerda la leyenda durante la lucha tam-
bién aparece como algo muy claro la capacidad que tiene el pueblo
para juzgar y “pedir el corazón” de aquellos que se dejen engañar por
los de fuera, “para saciar la ira de los dioses”. La función social que
cumple la leyenda para delinear el comportamiento político de los
que gobiernan es muy evidente.

101
CAPÍTULO 5

JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES


A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LOS JÓVENES EN TEPOZTLÁN

E
n la última década hemos sido testigos de múltiples manifesta-
ciones y plantones que han llevado a cabo ciudadanos españo-
les, ingleses, norteamericanos, mexicanos, etc. Son, sobre todo
jóvenes, quienes demandan una democracia real ya, y con ello una
mayor participación de la ciudadanía en las decisiones que los Esta-
dos están tomando sobre todo en lo que concierne a las reformas
económicas neoliberales. En el mundo entero se escucharon las
voces de los “indignados” (Hessel, 2010), que han padecido las injus-
ticias de un neoliberalismo que privilegia las leyes y mandatos de un
mercado que cada día genera más desigualdades, aún en estos países
del llamado “primer mundo”. Parece que estas protestas presagiaron
la inminencia de una crisis sin precedentes que ha colocado a los
modelos y sistemas de gobierno en Europa y en el mundo entero en
un callejón sin salida.

En el caso de nuestro país hay que agregar al malestar social que han
causado las reformas neoliberales, el grado de descomposición social
y la emergencia de un cierto estado de ingobernabilidad ante la pre-
sencia de altos índices de violencia e inseguridad provocados por la
presencia del crimen organizado. Todo esto ha hecho ilusoria la po-
sibilidad de pensar en un contrato social tal como ilusoriamente pro-
puso Peña Nieto en el inicio de su mandato a través del llamado
“Pacto por México”.

103
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

En el México de nuestros días la ausencia de propuestas sociales que


tomen en cuenta el bienestar de la mayoría de los ciudadanos ha sido
una constante. Estamos ahora en medio de un estado de descompo-
sición social que aparece como un punto sin retorno. La historia re-
ciente, sobre todo a partir del regreso del PRI, hace evidente una
dolorosa verdad: estamos en el centro de una catástrofe política y so-
cial (Bagú, 1997) sin precedentes. Al mismo tiempo este clima de des-
composición social muestra con claridad que vivimos en una debacle
moral en donde no se ven por ningún lado principios ni estandartes
que pugnen por propuestas desde una ética social.

Estamos en el epicentro de una crisis que ha desfondado o agotado


las posibilidades de los actores políticos convencionales para dete-
ner el deterioro y la descomposición de los valores que pudieran ayu-
darnos a salir venturosos de esta situación. El regreso del partido
históricamente hegemónico al poder no ha significado la posibilidad
de una solución a todos estos problemas.

Ante este panorama es necesario que los interesados, ya se trate de


los jóvenes, de la sociedad civil o de otras organizaciones sociales,
reencuentren acciones que permitan convocar a los ciudadanos me-
xicanos a tomar en sus manos la responsabilidad de postular un
nuevo pacto social con una propuesta que incluya una ética social.
Por lo pronto, observamos que las instituciones públicas y privadas
están desprestigiadas y no tienen calidad moral para convocar a los
ciudadanos a postular un pacto social.

El gobierno y sus instituciones carecen de la mínima capacidad de con-


vocatoria para proponer una salida, todo lo contrario; con sus políticas
de confrontación implementadas en la guerra en contra del crimen or-
ganizado han desatado un espiral de violencia que a estas alturas ya
nadie controla. Asimismo, se han colocado como un referente de into-
lerancia ante cualquier signo o rasgo de crítica por parte de movimien-
tos sociales o grupos sociales que se atreven a cuestionar sus acciones.

104
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

En el caso de otras instituciones observamos también el deterioro


de cualquier rasgo de legitimidad y de capacidad moral para convo-
car a la sociedad a construir formas de consenso. Los partidos polí-
ticos tampoco son los mejor calificados para hacer llamados a
promover una cierta ética. En sus acciones observamos que los inte-
reses de sus seguidores o de los ciudadanos están ausentes; lo que
priva es el apetito desmedido de sus dirigentes por la búsqueda de
cuotas de poder, de espacios políticos que hay que ganar. Los supues-
tos que alimentan sus acciones son siempre conquistar el poder a
cualquier precio y en esa tarea no caben nociones de un proyecto so-
cial compartido.

Por otro lado, las instituciones religiosas que supuestamente tienen


dentro de sus preceptos y mandatos pugnar por la presencia de una
cierta moral social han fracasado. Hemos visto claramente, como un
ejemplo paradigmático, los escándalos que la iglesia católica ha pro-
tagonizado al defender y proteger a curas pederastas y obispos co-
rruptos. Es decir, la institución que se arroga el derecho de postular
y defender una cierta moral social ha dado muestras, una y otra vez,
de un desfondamiento de sentido a partir de ejercer una doble moral.
Hemos sido testigos de los apetitos insaciables de altos ministros,
obispos y arzobispos y funcionarios de la iglesia que aprovechan sus
posiciones para aumentar su poder y sus riquezas.

Por ello, nos preguntamos nuevamente: ¿quién tiene la estatura moral


para convocar a la sociedad en su conjunto para construir un pro-
yecto de sociedad justo y democrático?; ¿quién puede hacer llama-
dos para detener la violencia? El gobierno, las instituciones del
estado, las autoridades religiosas y los partidos políticos han dado
muestras de su incapacidad para abanderar esta convocatoria.

Ciertamente, este fenómeno no es exclusivamente mexicano. Lo


vemos también en muchos otros países. Estamos viviendo el fin de
una era que en su caída amenaza con destruir las reservas morales

105
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

de las sociedades modernas. El panorama parece muy complejo y no


exento de catástrofes tanto económicas, políticas sociales y éticas.
Ante este escenario de corrupción, en el que no hay sujetos morales
o ejemplos de ética social hay que acudir a los jóvenes, a los movi-
mientos sociales abanderados por ciudadanos y comunidades para
postular desde estos actores propuestas de un proyecto social dife-
rente.

LOS JÓVENES Y LAS NUEVAS REALIDADES

Pensamos que es la sociedad civil, los movimientos sociales y las or-


ganizaciones ciudadanas los que tendrán que improvisar nuevas es-
trategias que les permitan incidir en este proceso de deterioro y de
anomia social. Intervenir desde una postura que apueste a la vigencia
de un proyecto de sociedad alternativo, a un acuerdo social que sea
respetado por todos los sectores sociales y que, a la larga, permita
construir nuevos referentes desde una ética social compartida.

El fin de una era que se sustentaba en la apuesta de una modernidad


se acerca vertiginosamente y parece que hay muy poco tiempo para
pensar en formas sustitutivas en donde los sujetos sociales puedan
reagrupar fuerzas y proponer nuevos modelos de sociedad y de or-
ganización.

Las oleadas de una cierta “modernidad líquida” (Bauman, 2007) que


se destila en formas de sociabilidad que descreen de los valores tra-
dicionales corren el peligro de quedar como expresiones virtuales
que han perdido territorio. Sin embargo, las redes sociales de nuestro
tiempo aparecen también como una propuesta para recuperar espa-
cios comunitarios, ya que las posibilidades de construir comunidades
globales son inmensas y al mismo tiempo pueden constituirse como
espacios alternativos que propongan acciones tales como proteger el
medio ambiente, reconstruir las redes de relaciones humanas en pers-
pectivas horizontales y fuera del control estatal o corporativo.

106
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

Por ello, “la comunidad que viene” (Agamben, 2006) incluye tanto re-
ferentes territoriales como espacios de consenso que se construyen
en tiempos y espacios elusivos. Es decir, estamos hablando de con-
gregaciones de intereses que no cuentan con territorios, no compar-
ten historia y tradiciones y e incluso no hablan el mismo idioma.27

Estos fenómenos de asociación de millones de personas a lo largo y


ancho del orbe nos muestran una faceta de los posibles espacios de
encuentro de movimientos sociales muchos de ellos anónimos, que
se resisten a las políticas de las naciones más poderosas y que en sus
acciones proponen nuevas formas de resistencia y rechazo al capita-
lismo mundial.

Entonces lo que observamos es un caudal de expresiones de descon-


tento que transitan de lo micro a lo macro, de lo local a lo global y
que en su trayecto se entrecruzan como hilos que tejen redes reales
y virtuales que añoran un cambio en las condiciones de vida y en los
sistemas de gobierno mundiales.

El uso abierto y masivo de las redes sociales que los movimientos so-
ciales utilizan para expresarse surge como un punto de fuga que no
se puede controlar con los medios convencionales y además están
presentes en casi todo el mundo como un campo de expresión libre
casi para cualquier ciudadano.

La gente retoma la calle a partir de establecer contactos virtuales que


surgen como disparadores de los encuentros y consensos. Las comu-
nidades virtuales se territorializan en la marcha o en el mitin que su-

27 Con las múltiples expresiones culturales aparecen los huecos de un sistema de dominación
que ha dado muestra de su vulnerabilidad. Las políticas que se han basado en el ocultamiento
de la información, las formas de control político sustentados en el secreto de estado como
una valor supremo han dado muestras de sus obsolescencia a partir de las revelaciones de
miles de documentos clasificados como secretos por parte del gobierno de los Estados
Unidos por parte de Julian Assange en Wikileaks.

107
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

cede como una consecuencia inevitable, casi imperativa, de una ne-


cesidad de expresión social. De repente todos son uno y en esa uni-
dad se revelan las formas de asociación que acompañan este inicio
del siglo XXI. Por eso los jóvenes abanderan estos espacios y son los
nuevos actores sociales de las revoluciones por venir. La imaginación,
una vez más, se apodera de espacios privilegiados como una reedi-
ción de los movimientos, de las revoluciones contraculturales de los
años sesenta del siglo pasado, y al igual que entonces los movimien-
tos sociales de nuestro presente se configuran al calor de los aconte-
cimientos.

Los rasgos de estos movimientos sociales son altamente significati-


vos. No existen líderes, ni dirigentes, partidos, o sindicatos. No hay
estructura organizativa ni reglamentos, ni escalafones. Todos parti-
cipan en una cierta horizontalidad que hace posible que cualquiera
proponga y que su propuesta tenga eco y sea asimilada por la mayo-
ría. Si no se logra convocar en una primera iniciativa siempre es po-
sible que surjan otras ideas y que alguna llegue a ser lo
suficientemente creativa como para impactar el imaginario colectivo
de los participantes.

¿Es nuestro país un escenario propicio en donde surjan este tipo de


movimientos sociales? Tal vez las condiciones sean tierra fértil para
este tipo de acciones ciudadanas, y tal vez, la sociedad mexicana
pueda despertar de esta pesadilla de impunidades, violencias y ape-
titos desmedidos de poder de la clase política, de los cárteles del
crimen organizado y pueda salir a la luz y expresar su descontento
y hartazgo de lo que hemos estado viviendo en los últimos años.
Ojalá y antes de que nos conviertan en carne de cañón de votacio-
nes presidenciales podamos crear espacios propios para la expre-
sión y ejercicio de una libertad que anhelamos desde hace mucho
tiempo.

108
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

LOS JÓVENES EN LA COYUNTURA ACTUAL

Una de las preguntas que guían este capítulo tiene que ver con el
papel que desempeñan los jóvenes en la actual coyuntura política en
las sociedades modernas. ¿Son los jóvenes los nuevos sujetos políti-
cos en los escenarios mundiales?; ¿Son los movimientos sociales y
de resistencia que abanderan los jóvenes los nuevos interlocutores
que se resisten al avance del neoliberalismo en el mundo?

Para entender la expresión de esta ola de protestas en el México de


nuestros días puede ser muy estimulante pensar estos fenómenos a
partir de las nuevas culturas políticas que se han ido construyendo
por parte de los ciudadanos, organismos de la sociedad civil en
donde los jóvenes han jugado un papel protagónico.

Las expresiones de malestar, las propuestas de nuevas formas de or-


ganización social, las críticas al papel que juegan los medios de co-
municación convencionales han estimulado la configuración de
nuevas formas de expresión de los jóvenes de nuestro tiempo. Estas
manifestaciones expresan un síntoma de que algo se empieza a
mover en la sociedad civil que anuncia un cierto despertar a la par-
ticipación política de este sector tan importante de la población me-
xicana.

Pensamos que el fruto de estos movimientos sociales abanderados


por los jóvenes tendrá que ser la gestación de una nueva cultura po-
lítica que alimente las posibilidades de dignificar la política y de
hacer real una vía democrática que hasta este momento sólo aparece
como una utopía. Los movimientos sociales que abanderan los jóve-
nes son un espejo en el que los actores políticos convencionales ten-
drán que mirar y emular si pretenden seguir presentes en el escenario
político de los días por venir.

109
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

En este impulso veremos a una sociedad civil expresando su voz ya


sea a través de la presencia de los jóvenes o de otros actores políticos
en el escenario de nuevos movimientos sociales de nuestro tiempo.

Por eso es cada vez más importante pensar en las posibilidades de la


imaginación y de la creatividad como vehículos de una nueva forma
de entender y ejercer la política. La construcción y reproducción de
imaginarios sociales ocurre a partir de un constante proceso de cre-
ación en donde los sujetos sociales, en la medida de sus posibilida-
des, también le imprimen sentido y rumbo a su sociedad y a sus
instituciones.

Desde los terrenos de las ciencias sociales hemos prefigurado una


sociedad en la que los imaginarios políticos de la población están
vivos y se expresan libremente. Hay que apostarle a que estamos en
el inicio de un fenómeno novedoso y diferente a los impulsos que en
otros momentos abanderaron movimientos sociales más centrados
en reivindicaciones salariales, sindicales o de clase.

Aunque estas demandas no están excluidas en estos nuevos movi-


mientos sociales las expresiones que estamos observando a media-
dos del 2016 van mucho más allá y es gracias a la presencia de los
jóvenes que podemos seguir preguntando: ¿Estamos ante la irrupción
de un nuevo sujeto político?

En una primera reflexión tendríamos que decir que estamos ante un


hecho que nos ha tomado por sorpresa y que ha resucitado muchas
de las expectativas que en el pasado habíamos depositado en otros
movimientos sociales. Los jóvenes surgen como sujetos políticos
emergentes mediante manifestaciones de repudio a un estado de
cosas que no pueden sostenerse más. Por ello consideramos que este
es el momento de ir un poco más allá y tratar de pensar en las impli-
caciones de lo que esto provocará en la conciencia política y los ima-
ginarios sociales de una ciudadanía emergente.

110
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LOS JÓVENES EN TEPOZTLÁN

Las luchas locales y la defensa de las comunidades en contra de


los megaproyectos han estado presentes en el escenario mexicano
desde hace varias décadas. Los jóvenes en Tepoztlán son herede-
ros de una tradición de lucha que tiene un referente en la victoria
del pueblo tepozteco hace 20 años cuando impidió que se constru-
yera en sus tierras un ambicioso proyecto de urbanización que in-
cluía un club de golf.

En aquellos años la comunidad actuó unida y en pie de lucha por más


de 18 meses para impedir la construcción de un proyecto que con-
taba con amplios recursos y con el apoyo de gobernantes estatales y
federales; empresarios nacionales e internacionales; así como auto-
ridades eclesiásticas. A pesar de esto el pueblo logró impedir esta
imposición realizando una defensa férrea de sus recursos naturales,
de sus tradiciones y de su condición de comunidad organizada. Era
muy significativo observar que todos participaban en esta lucha in-
cluyendo mujeres, jóvenes y niños.

Hoy vemos una continuidad de las formas y de las banderas de lucha


que esta comunidad ha logrado transmitir de generación a genera-
ción, cuando somos testigos de la participación de los jóvenes tepoz-
tecos en contra de un proyecto que se propone llevar a cabo la
ampliación de la autopista que va de “La Pera a Cuautla” en el muni-
cipio de Tepoztlán.

Estos jóvenes eran unos niños que hace 20 años, durante el movi-
miento en contra del Club de Golf, jugaban y aprendían de sus padres
y de su comunidad la importancia de defender al pueblo cuando se
les trata de imponer un proyecto que va en contra de sus recursos.
Actualmente están en pie de lucha imprimiéndo en ella su cualidad
de un compromiso fresco y creativo a través de la pintura de murales
en diferentes paredes del pueblo.

111
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

ESCENARIOS DEL PRESENTE Y ANTECEDENTES DE LAS LUCHAS


DEL PUEBLO DE TEPOZTLÁN

Los jóvenes en Tepoztlán han estado presentes siempre que el pueblo


lleva a cabo alguna lucha para defender su territorio, sus tradiciones
y su historia. Estuvieron presentes hace 20 años cuando participaron
en la organización social comunitaria en defensa de la comunidad.

Nos llamaba la atención en aquellos años la participación de toda la


comunidad en las guardias, las marchas y manifestaciones y en todas
y cada una de las actividades que se llevaron a cabo para detener
aquel ambicioso proyecto. Los niños estaban también presentes y
acudían llevados por sus padres a todos los eventos comunitarios
que requerían de la participación del pueblo.

Hoy somos testigos de que los niños de entonces ahora son jóvenes
que siguen luchando para defender su pueblo y esto nos pone a pen-
sar en la importancia de la transmisión de los valores políticos que
esta comunidad lleva a cabo desde hace varios siglos y que le ha per-
mitido garantizar una socialización de la resistencia.

Existe una continuidad entre generaciones en Tepoztlán. Los abuelos,


los padres han heredado a los jóvenes de hoy el ímpetu de luchar por
el pueblo y cada vez que se requiere los tepoztecos salen a mostrar
su orgullo de ser una comunidad que defiende sus tradiciones, sus
recursos y su identidad cultural.

Hay una especie de pedagogía política comunitaria que se ha ido te-


jiendo a lo largo de la historia y no solamente nos referimos a los mo-
vimientos propiamente políticos sino también a las costumbres,
tradiciones, ceremonias y rituales que garantiza una cierta continui-
dad y que antepone valores comunitarios a intereses personales.

112
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

LOS TESTIMONIOS DE LOS JÓVENES

Realizamos algunas entrevistas con jóvenes que participaron en la


pintura de los murales que aparecieron en innumerables paredes del
pueblo para manifestar la oposición ante el proyecto de ampliación
de la autopista. A través de sus testimonios pudimos observar la ma-
nera en que ellos conciben su participación, y su estilo peculiar de
organizarse que se aleja de las formas tradicionales de hacer planto-
nes, cerrar instalaciones o participar en manifestaciones.

De acuerdo a lo que ellos mencionan, el planteamiento de participar


surgió de manera natural y espontánea cuando estaban reunidos y se
caracterizó por una organización flexible y fluida que obedecía a las
ideas que cada uno de ellos quería dejar plasmada en los murales...

“Fue muy intempestivo, de repente estábamos platicando en la


sala y dijimos ¿Que onda?, hay que pintar bardas!. Y el cuate de
la casa dijo; hay que empezar por ésta, y allí mismo mandamos
a algunos a comprar unas pinturas y empezamos a pintar…

Estábamos varios, y nadie de nosotros sabia dibujar, se trataba


de expresar un repudio y ese era el medio que se nos ocurrió,
uno de nosotros tenía alguna idea y era el que ayudaba con los
trazos.

... Íbamos más de diez, era todo en caliente, alguien decía yo


quiero hacer tal, yo tal… nunca hubo una planeación previa…
el que sabía dibujar trazaba, yo que no sabía, me ponía a relle-
nar. Alguien decía: estaría bien hacer esto y se iba complemen-
tando. Obviamente todo enfocado al rollo de la destrucción
ambiental y de la obligación que tenemos de defender el patri-
monio ecológico de Tepoztlán.

113
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

... No era una situación en que pensáramos en los matices de


los colores, sino pintábamos para expresar una idea, pues no
podíamos estar tanto tiempo porque todo mundo tenía cosas
que hacer. Dependiendo de la barda, era estar una tarde, más o
menos cuatro horas”.

De acuerdo a lo que manifiestan, ésta forma de hacer las cosas fue lo


que detonó su deseo de apartarse del frente de los adultos para for-
mar el frente juvenil. No es que hubiera una confrontación o ideas
distintas, sino que las formas de expresar eran diametralmente
opuestas.

“El frente ya estaba y se hizo una escisión de los chavos por los
métodos de trabajar, no es que existiera una división de ideas
sino de métodos de trabajar, los señores son de la onda legal y
nosotros somos de que vamos a hacer algo ahorita, y ahorita
se hace”

Se pudo ver que fueron muy cuidadosos de solicitar permiso a los


dueños de las bardas para pintarlas. Incluso la mayor parte de los
murales se hicieron en paredes que los mismos participantes del mo-
vimiento ofrecían.

“La gente dentro del movimiento se anotó en una lista para


decir… yo pongo mi barda. La lista se dividió y se hicieron co-
misiones para dividir la chamba”

Este hecho fue uno de los factores que ayudó a resolver el acoso de
los policías que trataban de intimidarlos para que dejaran de pintar
las bardas.

“La policía estaba constantemente molestando, tratando de in-


timidar, nos decían que era ilegal... Y nosotros solo llamábamos
a la persona que vivía allí y ellos decían ‘yo les pedí que vinie-

114
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

ran’ y ya nos dejaban en paz. Cuando trabajábamos en un lugar


se daban vueltas todo el tiempo.”

Al mismo tiempo nos relatan que existieron colaboraciones de mu-


ralistas que apoyaron para la realización de los murales.

“Se corrió la voz de que estaban haciendo murales y una chava


consiguió algunos muralistas profesionales, vino gente de Mé-
xico, de Canadá y una persona que participó en casi todos, que
nos ayudaba a poner la idea… ella hacia el molde, nosotros de-
cíamos queremos poner un Quetzalcóatl y ella lo dibujaba y
nosotros lo rellenábamos”.

¿Como se sintieron?

“Era muy satisfactorio porque normalmente no puedes ir por


la calle gritando lo que piensas, y esta es una forma de dejar
una idea y la persona lo puede ver si le gusta y si no pues no
hacerle caso. Es una buena manera de transmitir un mensaje
sin meterte en broncas.

La mayor parte de la gente estaba a favor y nos apoyaban, lle-


gaba gente con agua y con tortas, una que otra vez nos gritaban
huevones, póngase a trabajar, pero era muy rara la vez.

Estas nuevas formas de resistencia son originales y mucho más


eficaces que las tradicionales, porque eso de irte a parar al sol
con pancartas y gritar no transforma tanto las cosas, pensamos
que las acciones inmediatas y concretas son mucho más efi-
cientes, se organizaron limpias de barrancas, reforestaciones,
el encuentro de los pueblos que fue un gran evento. Eso lo hizo
el frente juvenil, que si son acciones políticas pero no de ma-
nera tradicional”.

115
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Este movimiento de los jóvenes tiene un antecedente en la participa-


ción de este sector de la comunidad como voluntarios que cuidaban
los cerros y los incendios, participando activamente en la protección
de los bosques. La participación de los jóvenes en los problemas am-
bientales no es algo menor, es una forma de participación política
muy relevante. Como Victor Toledo ha planteado, tenemos que pen-
sar más en una conciencia de especie que en una conciencia de clase,
ya que todos estamos siendo amenazados a nivel global.

“La lucha es por otro modo de vida, que enfrenta dos maneras
de ver el mundo. Apagar los fuegos y luchar contra la autopista
es lo mismo”.

LOS MURALES Y LOS TESTIMONIOS DE LOS JÓVENES

En los murales que los jóvenes pintaron se pueden observar diversas


manifestaciones. Como ellos lo planteaban no se trató de una forma
planeada de expresar lo que ellos querían, sino de ir dibujando y pin-
tando lo que ante la misma pared y de forma espontánea iba sur-
giendo. Sin embargo podemos decir que los jóvenes tenían un eje
rector que los motivaba. Evidentemente estaban en contra de la cons-
trucción de la autopista e identificaban con mucha claridad lo que
estaban defendiendo.

Las imágenes y las frases que ellos incluían son muy evidentes: por
un lado podemos identificar una tendencia a concientizar y a pedir a
los demás que se informaran y que conocieran realmente lo que está
pasando, a la misma vez que expresaban lo que ellos querían. “Infór-
mate”, “No tengas miedo” “Piensa, reflexiona, concientiza”. “Los jó-
venes luchamos por un mundo mejor”.

Otro aspecto de esta misma idea se expresaba a través de plantear


las consecuencias que podría tener la construcción de la autopista:
entre ellas mencionaban la contaminación auditiva, la destrucción de

116
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

la naturaleza, y se acompañaba con imágenes de máquinas que des-


truían árboles o bien que se enfrentaban a los animales que son los
símbolos de los barrios principales.

En muchos murales se podían ver imágenes de los símbolos mas pre-


ciados por los pobladores: el Tepozteco, las montañas, los animales,
los árboles, los chinelos, Quetzalcóatl.

Como ellos lo planteaban:

“Era como plasmar la parte local, darle una identidad que la


gente que fuera pasando lo identificara como suyo. Normal-
mente estaban la parte buena y la parte mala, de una parte el

117
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

pueblo, los árboles, la naturaleza, en la otra parte Televisa, las


trasnacionales, el gobierno, las máquinas. La composición de
casi todos era así, como dual”

Otras imágenes que eran muy comunes eran la de la autopista acom-


pañada de edificios grises, contrastada con la naturaleza colorida,
con cerros y animales.

Por otro lado exponían los valores y las características que ellos apre-
ciaban de Tepoztlán: La paz del pueblo, la preservación de las tradi-
ciones y de los rituales que configuran los rasgos culturales del
pueblo y sobre todo su anhelo de defender sus tierras ante cualquier
amenaza.

118
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

A pesar de que a través de las movilizaciones en contra de la amplia-


ción de la autopista se logró un amparo de suspensión definitiva,
vemos actualmente que se ha movilizado a una serie de grupos afi-
liados a un ex presidente municipal y a una red de transportistas que
está manifestándose por un sí a la autopista. Esto hace evidente un
nuevo embate de los interesados en esta obra para echar por tierra
la resolución legal.

La comunidad se encuentra divida, ya que hay habitantes, comercian-


tes, restauranteros y hoteleros que siguen esperando la consolidación
de este proyecto, pues ésto les significa beneficios económicos. Por el
otro lado existen grupos, incluídos los jóvenes que participaron en la
elaboración de los murales que se oponen y se opondrán al mismo.

119
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

Una vía de salida pacífica sería llevar a cabo una consulta popular o
una asamblea comunitaria en donde se pueda llegar a un acuerdo que
no fracture a esta comunidad.

A manera de reflexiones finales de este capítulo podemos decir que


la cultura política que han construído los jóvenes de Tepoztlán hace
evidente que la ciudadanía no es sólo una tarea a ejercer cuando hay
votaciones importantes sino una agencia que va más allá de los pro-
pios partidos políticos y por supuesto de las autoridades en turno.

Su mirada y la expresión plástica de la misma (en las paredes del pue-


blo) muestran la posibilidad de utilizar la imaginación y la creatividad
como vehículos de una nueva forma de entender y ejercer la política.
Nos permiten también observar la manera en que la construcción y

120
JUVENTUDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES A PRINCIPIOS DE SIGLO XXI

reproducción de imaginarios sociales instituyentes ocurre a partir de


un constante proceso de creación en donde los sujetos sociales, en
la medida de sus posibilidades, también le imprimen sentido y rumbo
a su comunidad y a sus instituciones.

121
REFLEXIONES FINALES:
LOS TERRITORIOS DE LA ESPERANZA

UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS TAREAS DE LA SOCIEDAD CIVIL


PARA SALIR DE LA CRISIS

A
partir de una lectura sobre lo que sucede en nuestro país,
sobre todo en las últimas décadas, en donde vemos con pesar
como se han deteriorado las condiciones de posibilidad para
contar con una cierta gobernabilidad y por ende con una cierta paz
social es que nos preguntamos si no será necesario reflexionar sobre
los recursos que todavía tenemos en nuestras manos para favorecer
una propuesta de sociedad y de país en donde se subrayen los as-
pectos positivos que sobreviven en nuestros propios espacios de par-
ticipación social.

En los últimos años hemos atestiguado un incremento de los niveles


de violencia e inseguridad que nos han colocado entre las naciones
con un importante número de asesinatos, desapariciones, forzadas
y secuestros. Aunque éste escenario ha estado presente desde hace
más de una década, en los últimos años han aumentado estas cifras
provocados por un estado de guerra entre diversos actores sociales.
Los enfrentamientos entre el crimen organizado y las fuerzas del Es-
tado han propiciado un clima de desestabilización e incertidumbre
en amplios áreas del territorio nacional.

Todo parece indicar que estamos viviendo uno de los peores momen-
tos de los que tengamos memoria en donde las autoridades, fun-
cionarios, partidos y poderes fácticos nos han convertido en víctimas

123
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

de una lucha de intereses y abyecciones que no nos dejan espacios


de participación y que nos llevan a replegarnos en el miedo y la inse-
guridad. Por ello creemos que es momento de salir adelante y pensar
propositivamente cuáles son nuestros retos y cuáles nuestras opor-
tunidades de acción.

Es necesario construir espacios de participación ante este clima de


desmovilizaciones, de miedo y desazón de los ciudadanos que en-
frentan enemigos formidables. Es también necesario reconocer que
no es una tarea fácil inventar nuevas estrategias de lucha y resisten-
cia para superar las adversas condiciones actuales en la sociedad
mexicana. Por ello en éste texto lo que pretendemos es mirar la
catástrofe económica, social y política desde otros ángulos que nos
permitan prefigurar algunas salidas a esta condición de incertidum-
bre en la que nos encontramos.

Como una primera tarea sugerimos que pensemos, o mejor aún


repensemos, nuestras acciones y niveles de participación en grupos,
colectivos y comunidades en donde nos sentimos reconocidos y en
los cuales podemos confiar. Es la confianza un pilar que sustenta
los vínculos en medio de este clima de crisis y descrédito hacia
todas las estructuras de las organizaciones políticas conven-
cionales. Toda vez que hemos perdido la confianza en las institu-
ciones y partidos políticos como representantes de nuestra voz es
necesario reorganizar nuestras formas de expresión y construir
nuevos canales y espacios para expresarnos.

En un segundo momento tenemos que pensar en lo que podemos pro-


poner desde estos márgenes, desde los ámbitos de la resistencia en
donde tenemos una gran cantidad de limitantes pero al mismo
tiempo muchas oportunidades.

Políticamente sabemos que cualquier acto que se dirige a sumar, a


reunir y a dialogar con nuestros cercanos es una forma de iniciar algo.

124
REFLEXIONES FINALES: LOS TERRITORIOS DE LA ESPERANZA

Como una propuesta más específica creemos que tenemos que aludir
a las formas de creación social de las cuales nos ha hablado Castori-
adis que suponen refundar nuevos imaginarios sociales que pugnen
por una sociedad diferente a partir de constituirnos como sujetos en
libertad con miras a lograr una cierta autonomía.

Al mismo tiempo, hay que repensar las expresiones estéticas como


frutos en los que podemos depositar nuestras ideas, propuestas y
sentidos desde lenguajes simbólicos, o metafóricos pero apuntando
nuestra inconformidad y resistencia a las expresiones culturales me-
diatizadas y alienantes que promueven los valores de un modelo capi-
talista sustentando en el consumo de símbolos que intentan
preservar el orden establecido.

En un clima de intolerancia y cerrazón a las críticas, en un escenario


político en donde son criminalizadas las protestas sociales y
acalladas las manifestaciones de descontento tenemos que acudir a
otros códigos, otros lenguajes para asegurar que nuestro mensaje
sea escuchado. Los canales habituales y las formas de expresión de
la resistencia y oposición tienen que ser diferentes a los que se han
empleado desde las culturas políticas convencionales.

Esto no quiere decir que renunciemos a la expresión de nuestras


ideas y de nuestras propuestas para cambiar este país a la deriva. Es-
tamos pensando en circular por varios caminos simultáneamente y
acompañar nuestras expresiones políticas y nuestros actos de repu-
dio ante el autoritarismo actual con propuestas de nuevos imagina-
rios sociales que se inscriben en el uso de metáforas, en la creación
de nuevos lenguajes.

Cuando los canales de expresión de la sociedad se cancelan, cuando


imperan los dictados de una clase política que pretende suspender
cualquier medio de expresión que intente darle voz a los ciudadanos,
hay que cambiar la estrategia de lucha y pensar en cómo podemos

125
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

desarticular y evidenciar estas formas de control a través de los


medios de comunicación a nuestro alcance.

Recordemos que los sistemas políticos que caracterizan los totali-


tarismos se empeñan en llevar a cabo al menos dos formas de control
de la sociedad: a través de la propaganda y del terror.

Si la propaganda, es decir, la manipulación de los medios y de la con-


figuración de mensajes a modo que tratan de adoctrinar las concien-
cias no es suficiente, entonces se acude a uso de terror. El terror
aparece como el fin último de estos sistemas políticos que pretenden
monopolizar todas las rutas de control a partir de medidas extremas.
En el caso de nuestro país ya estamos presenciando la aplicación de
estas formas de control y lo podríamos ejemplificar con los ase-
sinatos de líderes de movimientos sociales, periodistas críticos,
jóvenes estudiantes, etc.

El terror paraliza a la población, y la exacerbación del miedo hace


que la gente se retire de los espacios públicos y se adentre en sus
propios problemas al considerar que las acciones sociales pueden
ser peligrosas y pueden poner en riesgo sus vidas.

Por ello lo que corresponde para desarticular estas acciones que pro-
mueven el terror y el miedo en la población es que los ciudadanos se
atrevan a reunirse con sus semejantes e inventen formas alternativas
de protesta y al mismo tiempo fortalezcan sus vínculos sociales y sus
acciones políticas.

El arte de la resistencia, como lo propone James Scott (2000) consiste


en expresar nuestros desacuerdos con los poderosos de formas di-
versas y creativas. Emprender acciones colectivas, expresiones
acompañadas por grupos y comunidades que coincidan en el rechazo
a la dominación de una cultura hegemónica que nuevamente muestra
su vacuidad y falta de sentido. Es una tarea colectiva porque no se

126
REFLEXIONES FINALES: LOS TERRITORIOS DE LA ESPERANZA

puede actuar en soledad ante enemigos inmensos que aparecen en


todos los ámbitos de la vida social y cotidiana.

Hay que construir una unidad indestructible que haga posible


mostrar un rostro compartido, una voz que una todas las voces y un
movimiento que no pueda ser desarticulado porque no tiene líderes
ni figuras emblemáticas como banderas de lucha. Todos somos
líderes, todos somos la vanguardia porque el terreno de la resistencia
esta en todos lados. De lo contrario será muy difícil sobrellevar los
niveles de riesgo a los que nos exponemos cuando pensamos que es-
tamos solos y aislados en estas luchas.

Los frutos de estas formas de resistencia no son inmediatos sino que


apuestan a cambios que se verán a mediano plazo. Esto puede ser
visto también como una serie de acciones y percepciones que acom-
pañan las luchas inmediatas en donde apoyamos a los movimientos
sociales contestatarios y legítimos que luchan todos los días ante
este escenario de acciones autoritarias y desesperadas de un Estado
criminal que no está dispuesto a dialogar.

Lo que corresponde ante la debacle de un sistema político,


económico y social que se resiste a reconocer su crisis y a manera
de autoafirmación endurece las medidas de control y deja ver sus
intenciones de llegar hasta las última consecuencias antes de
perder poder, es emprender una resistencia colectiva. La sensatez
y la paciencia de las nuevas culturas políticas que corresponde
asumir ante esta situación es una prerrogativa de los grupos en re-
sistencia.

Las resistencias aparecen como un campo de posibilidades mucho


más amplio en nuestros tiempos ya que incorporan áreas que no se
habían considerado en el pasado o que no habían sido vistas como
formas activas de resistencia. En este rubro tenemos que hablar del
papel del arte y de la apropiación de las industrias culturales como

127
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

vehículos que pueden favorecer la construcción de imaginarios so-


ciales libertarios o contrahegemónicos.

Chantal Mouffe (2014:95) ha explorado estos terrenos muy lúcida-


mente y nos advierte sobre la importancia de cómo las prácticas
artísticas pueden alentar el desarrollo de nuevas relaciones sociales.
“Su tarea principal es la producción de nuevas subjetividades y la
elaboración de nuevos mundos”

Dialogando con varios autores y artistas, Mouffe reconstruye un


escenario de prácticas de resistencia y de oposición en contra de
las tendencias neoliberales de hacer de las industrias culturales
formas de alienación de los ciudadanos al mismo tiempo que refor-
mula el rol de arte y de la política como una unidad que no se
puede separar.

“El arte puede ofrecer una oportunidad para que la sociedad reflex-
ione colectivamente sobre las figuras imaginarias de las que depende
para su propia coherencia y autocomprensión”, Brian Holmes citado
por Mouffe (2014:95).

Otra de las ideas que podemos rescatar de su propuesta se refiere a


la necesidad de hacer las prácticas de resistencia contrahegemónicas
desde dentro de las instituciones. Es decir, conviene pensar en sub-
vertir el sentido de lo que se ha dado en llamar “políticas culturales”
construidas desde una visión del poder para seguir al mando de lo
que se quiere perpetuar como visiones hegemónicas sobre los sig-
nificados de los contenidos artísticos.

Hay que resignificar los sentidos que les otorgamos a los espacios
públicos y a los espacios culturales. Hacer de los museos espacios
abiertos en donde se evidencien las contradicciones de un sistema
social poblado de indicadores y símbolos que apuntan a la perpe-
tuación de un sistema vertical y autoritario.

128
REFLEXIONES FINALES: LOS TERRITORIOS DE LA ESPERANZA

La lucha en contra del orden establecido por intereses relacionados


con la reproducción del capital y por agentes políticos preponde-
rantes, tiene que incluir estos registros y hacer contrapropuestas de
sentido y de prácticas sociales y artísticas que nos permitan recons-
truir los tejidos sociales a partir de una repapropiación de los sím-
bolos y de los procesos identificatorios. En suma, es necesario
construir un acervo de acciones de resistencia que aborden los terre-
nos en donde se produce y reproducen las subjetividades sociales.

Los territorios de la esperanza incluyen estos espacios y estas luchas


y es por ello que pensamos que no es un asunto menor ponernos a
cuestionar nuestros propios hábitos y comportamientos conven-
cionales, nuestros patrones de consumo y de expresión de las subje-
tividades en los diversos ámbitos y círculos de nuestro entorno para
iniciar un replanteamiento de lo que sí se puede hacer desde ya, sin
tener que esperar a que cambien los gobiernos o que asuma el poder
otro partido político.

LAS REDES SOCIALES COMO ESPACIOS DE RESISTENCIA

Un fenómeno relativamente nuevo que aparece como una vía de ex-


presión de la inconformidad social y de la resistencia son las redes
sociales. El uso cada vez más conspicuo y acelerado de formas de co-
municación que no son presenciales y que son capaces de comunicar
en tiempo real a diversos grupos y comunidades aparece como un
territorio para el ejercicio de la libertad de expresión relativamente
libre y autónomo. Lo que representó esta herramienta en diversos
movimientos sociales en el mundo entero ha evidenciado las posibi-
lidades de conformar consensos y acuerdos entre poblaciones dis-
pares y diversas. La velocidad de los mensajes y la capacidad de
comunicarse a grandes distancias ha puesto en evidencia la obsoles-
cencia de los medios electrónicos convencionales. Se comparten
noticias, eventos, consignas, campañas de apoyo a movimientos so-
ciales, o mensajes de solidaridad en el ciberespacio que sustituyen

129
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

la influencia que había sido hegemónica por parte de los medios au-
diovisuales de los grupos políticos cercanos al poder.

La decadencia de la televisión como espacio de control empieza a ser


evidente y ahora podemos considerar que la cultura y la información
que transmiten estos medios convencionales son puestos en duda
por grandes sectores sociales. Destaca la participación de los jóvenes
que se han apropiado de estas nuevas tecnologías con gran facilidad.

Estamos así en el umbral de una nueva era en donde lo que corres-


ponde es asimilar la importancia de utilizar estos medios para
generar formas de expresión cultural contrahegemónicas. Se cues-
tionan abiertamente las formas de consumo convencionales, los com-
portamientos habituales de una sociedad civil que se había dormido
en sus laureles. Se habla abiertamente de preferencias sexuales, de
gustos estéticos, de formas originales de humor y sobre todo se cues-
tiona la ausencia de sentido de todas esas campañas de adoctri-
namiento que pueblan las campañas políticas y mensajes
descafeínados de las instituciones del Estado.

Vivimos en una nueva era en la que las supuestas certezas que nos
proporcionaban una cierta seguridad se están derrumbando y por
ello los nuevos imaginarios sociales que incluyen las incertidumbres
como rasgos de las nuevas subjetividades son más cercanas y más
confiables, a pesar de que es necesario pensar en lo no pensado.

Así, la apuesta apunta hacia una nueva condición mental que es la


base para poder pensar en otras formas de resistencia que nos per-
miten poner en duda todo lo que en algún momento considerábamos
inamovible, todo eso que hemos dado por sentado y que artificial-
mente nos hace creer que estamos parados en tierra firme.

El arte y los artistas, así como los contenidos implícitos en las expre-
siones estéticas siempre han estado impregnados por esta cualidad

130
REFLEXIONES FINALES: LOS TERRITORIOS DE LA ESPERANZA

ya que es a partir del azar y de la impermanencia que se posibilitan


los actos creativos.

Los territorios de la esperanza que aparecen como escenarios de


posibilidad para seguir pensando que es posible cambiar este sis-
tema social no se pueden definir de una vez y para siempre. Hay que
seguir inventando otras formas de lucha, banderas distintas e inau-
gurar espacios de expresión autónomos en cada contexto y en cada
localidad. Ya sea fuera o dentro de las instituciones del Estado, hay
que pensar en lo que se puede rescatar como acciones que nos per-
mitan alcanzar un cierto grado de autonomía y originalidad que apun-
ten hacia la consolidación de un futuro posible.

Es cierto que los movimientos sociales tienen fecha de caducidad


sobre todo cuando aparecen en situaciones coyunturales en donde
surgen espontáneamente expresiones de resistencia y de malestar
por diversos sujetos políticos. Pero son muy importantes porque re-
vitalizan el ejercicio de la crítica y de la libertad de expresión. Son en
muchas ocasiones expresiones de malestar que señalan aspectos es-
pecíficos en términos de sus demandas que aluden a aspectos con-
cretos y a temporalidades específicas.

Una propuesta muy generalizada de varios estudiosos de estos asun-


tos señala que mientras en nuestro país no exista una coordinación
de todos estas expresiones de descontento difícilmente se logrará
quitar del poder a la clase política que actualmente nos gobierna. Se-
guramente hay mucha razón en esta propuesta pero hay que pregun-
tarnos cuáles serían las condiciones para generar espacios de
coincidencia para preparar el terreno que haga posible esta coordi-
nación de las diversas luchas y banderas.

En este contexto es importante imaginarnos cómo sería una sociedad


diferente y pensar de qué manera podríamos construir el tipo de in-
stituciones que se requieren para garantizar la prevalencia de un

131
CARLOS PÉREZ Y ZAVALA & YOLANDA CORONA CARAVEO

cambio que no es sólo coyuntural. Un cambio que pueda estar sus-


tentado en nuestra voluntad política para hacerlo real.

Una cualidad significativa de los nuevos imaginarios sociales tiene


que ver con que implícitamente incluyen una propuesta ética. Es
decir las formas de construir símbolos, imágenes y consensos en co-
munidad comparten un imperativo categórico que se refiere a la
búsqueda de la convivencia pacífica, el respeto a los derechos hu-
manos, la confianza de que las acciones que se emprenden apuntan
hacia el bien común tanto en el terreno de lo social como de lo indi-
vidual. Esto se sustenta siempre a partir de un análisis que parte de
la propia subjetividad de cada uno de los actores y que se comparte
como algo que se multiplica exponencialmente en la interacción en
la redes sociales y en la convivencia.

La tarea que nos espera no es nada fácil y seguramente requerirá de


una propuesta de sociedad y un proyecto de país al que queremos
dirigirnos. Por ello las acciones que hay que tomar ahora verán sus
frutos a mediano plazo y es por ello que insistimos en el importante
rol de los niños y los jóvenes porque serán ellos los que podrán ver
los frutos maduros de una revolución desde abajo, de un cambio que
promete una nueva forma de convivencia y una mentalidad que
apunta hacia una vida armoniosa y sustentada como un proyecto
ecológico.

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Ciudadanías Emergentes
y Nuevos Actores Sociales:
Los jóvenes, la cultura política,
la resistencia y los movimientos sociales

Se terminó de imprimir en noviembre del


2016 en las instalaciones de Docugab en Av.
Morelos Sur 174-A, Col. Centro, Cuernavaca,
Morelos. Se usaron tipos ITC Cheltenham
para los textos y Frutiger Black y Rugrats
para los títulos.
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