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ÉTICA PARA TERAPEUTAS FLORALES

RELACIÓN TERAPEUTA - CONSULTANTE

CONTENIDO

I. UNA DEONTOLOFIA PARA TERAPEUTAS FLORALES

• Preocupaciones éticas

II. PRINCIPIOS ETICOS QUE RESGUARDAN UN CORRECTO EJERCICIO DE LA


TERAPIA FLORAL

1. Principio de Humanismo
2. Un giro antropológico
3. Un trato personalizado
4. Principio de respeto a la Dignidad Humana del consultante
5. Principio de respeto por la autonomía del consultante
6. Principio de beneficencia
7. Una ética de la vocación
8. Principio de no maleficencia
9. Principio de equidad y justicia distributiva
10. Principio de confidencialidad
11. Principio del consentimiento informado

III. LAS EXIGENCIAS ETICAS DEL DR. BACH PARA EL EJERCICIO DE LA TERAPIA
FLORAL

1. Una ética de la compasión


2. Consideración de la integridad y humanidad del consultante
3. Los requisitos éticos para el ejercicio de la terapia floral

BIBLIOGRAFIA

I. UNA DEONTOLOGÍA PARA TERAPEUTAS FLORALES

Una Ética para Terapeutas Florales se enmarca al interior de una Deontología propia de
quienes se desempeñan al interior del área de la salud.

Deontología: del griego: to deón, lo debido, lo obligatorio, lo necesario, lo conveniente,


logos = estudio o conocimiento. Se trata por tanto de una ética del deber.

La deontología opera por principios universales de los que se derivan un conjunto de


comportamientos exigibles a los profesionales. Es una Ética Profesional del cumplimiento de
los deberes y las obligaciones que a cada profesional se le presentan en el ejercicio de su
profesión.

Estos deberes y obligaciones, en la mayoría de los casos, están expresados en los Códigos
de Ética de las distintas profesiones, y cuando dicho código no existe, deberían estar dados
y asimilados por los contenidos valóricos que la persona recibió en su formación profesional
o técnica, más el grado de compromiso y conciencia moral que cada cual tenga respecto de
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su práctica. Este último es el caso de los(as) Terapeutas Florales, carentes de un código de
ética por el momento pero considerado en la agenda de la Asociación de Terapeutas
Florales.

Los principios universales de la Deontología que aquí nos ocupan son aquellos relativos a la
práctica de quienes se desempeñan en el área de la salud y, como diferencia específica, en
este caso se trata de la Terapia Floral como una forma de medicina complementaria , cuyo
objetivo inicial está propuesto por su propio creador, el Dr. Edward Bach: "aliviar el
sufrimiento humano" y promover el bienestar y la salud del ser humano, ya sea previniendo,
sanando dolencias y enfermedades relacionadas con emociones y estados de ánimo
aflictivos, o proporcionando sabiduría, discernimiento y alegría de vivir a aquellos que
padecen por interrogantes existenciales o simplemente para "mantenerse sanos y fuertes" a
quienes ya están saludables, todo esto en el entendido que para Bach la salud y la
enfermedad comportan una dimensión psicosomática pues sostiene que muchas
enfermedades y dolencias físicas se generan a partir de estados de ánimos aflictivos los
cuales al ser liberados por la acción de las esencias florales devuelven la salud y el
bienestar.

Preocupaciones Eticas

Ciertamente que en la etapa actual del ejercicio de la Terapia Floral (y de otras medicinas
complementarias) es natural que exista una serie de preocupaciones éticas referidas ya sea
a su origen, eficacia terapéutica, campo de acción y formación de sus practicantes. La
tecnología no cuenta aún con instrumentos adecuados para una medición científica del
contenido, alcance y componentes terapéuticos de las esencias florales en su condición de
"medicina vibracional", de hecho no es éste un concepto validado por la medicina
convencional occidental ni por la comunidad científica, se trata más bien de un concepto
perteneciente a la medicina tradicional oriental. Por lo mismo, no es aún un saber acreditado
para la academia, al menos en nuestro país, ya que de estarlo, quedaría de suyo validado
para la comunidad científica y para la sociedad en general. Cabe reconocer sin embargo que
en nuestro país ya se empiezan a ver algunos empeños iniciales en vistas a una posible
acreditación o reconocimiento.

Respecto de la segunda preocupación ética -la formación de sus practicantes- cabe


reconocer que la responsabilidad descansa de manera compartida en quienes imparten la
formación de Terapeutas Florales y en la responsabilidad y conciencia moral de quienes la
practican, muchas veces autodidactas o con una formación claramente insuficiente o
deficiente si tomamos en cuenta la índole y magnitud de este quehacer (trabajo con seres
humanos sufrientes la mayoría de las veces y por lo mismo vulnerables en muchos sentidos)
lo que desde los principios deontológicos básicos no les permitiría llevar a cabo una práctica
terapéutica apropiada.

A la luz de lo anterior, consideraremos los principios éticos fundamentales e ineludibles que


resguardan un ejercicio éticamente correcto de la Terapia Floral y a los cuales deberían
ajustarse sus practicante -una Deontología o Ética para Terapeutas Florales- y que de
tomarlos en serio, internalizarlos y practicarlos, aseguran un ejercicio éticamente intachable
de la disciplina.

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II. PRINCIPIOS ETICOS QUE RESGUARDAN UN CORRECTO EJERCICIO DE LA
TERAPIA FLORAL

1. Principio de Humanismo

Son innumerables las instancias éticas involucradas en la relación Terapeuta-


Consultante, pero estrictamente hablando la temática ética fundamental de
fondo es una sola: el concepto de ser humano que opera en la relación, dicho
en otras palabras, lo que el ser humano significa para el (la) Terapeuta.
Dicha conceptualización conlleva los valores personales del(la) terapeuta y
conlleva también, inevitablemente, el sello de la sociedad, la cultura y el
momento histórico en que vivimos.

2. Un giro antropológico

Es evidente que, hace ya varias décadas y en todos los ámbitos, viene


dándose un "vaciamiento" de lo humano o un "vaciamiento antropológico"
resuelto en la carencia de un concepto profundo, digno e integral de lo
humano, lo que ha traído como consecuencia una progresiva desensibilización
frente a nuestra propia humanidad y la del otro, una instrumentalización del
ser humano a manos del propio ser humano, una "deshumanización" de las
relaciones interpersonales y profesionales y una invisibilización del otro en
cuanto ser humano.

En una sociedad cuya dinámica es el mercado y cuyo motor es la oferta y la


demanda, el otro sólo puede llegar a ser visible como consumidor, cliente,
productor o competidor pero no como un ser humano con toda la profundidad
y la dignidad que ello conlleva.
En este contexto, además competitivo e individualista, es claro que no se hace
necesario detenerse a reflexionar en lo que el ser humano significa en toda su
profundidad y dignidad.

Como bien señala el filósofo costarricense Diego Víquez Lizano, y cuyo criterio
comparto, la solución a la deshumanización de las relaciones profesionales e
interpersonales, la solución a este "vaciamiento" de lo humano es la
realización de un "giro antropológico", consistente en una vuelta al ser
humano, en re-descubrir al otro y hacerlo visible en tanto ser humano con
toda la profundidad de lo que es y de lo que significa, develar su rostro y
considerarlo como si fuera "yo" sin dejar de reconocer su legítima diferencia
conmigo.

La clave del "giro antropológico" entonces, dice Víquez, es la virtud de la


compasión , una verdadera solidaridad afectiva que permite considerarse uno-
con-el-otro, trascendiendo el propio individualismo para reconocer que todo
otro es-como-yo, que llora-como-yo, que le duele-como-a-mi, que se-alegra-
como-yo, que tiene-miedo-como-yo y por eso comparto sus sentires, sus
sueños, sus fracasos, sus dolores. Eso es "el otro" y no una abstracción, una
enfermedad, un número de cama, un objeto de estudio o un medio útil a
nuestros fines.

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Ciertamente que en una sociedad de mercado, del "tiempo justo", agitada,
efectivista, que exige resultados tangibles y donde el consultante percibe cada
vez con más claridad que la mayoría de las veces el interés primario de la
atención de la salud no es su persona sino un interés económico, la
compasión, el consuelo, las lágrimas serán consideradas pura pérdida de
tiempo o de dinero.

Abarcar la totalidad de los principios éticos contenidos en el humanismo


requeriría de un escrito aparte. Sin embargo, podemos concentrarlo en la
petición general de que en la relación terapeuta-consultante el(la) terapeuta
se comporte con el consultante con el mismo humanismo con que quisiera ser
tratado(a). A continuación reforzamos esta idea con algunas de las grandes
"reglas de oro" universales de la ética.

"No hagas a otros lo que no quieres que hagan contigo"

"Obra de tal modo que la máxima de tu acción pueda valer como ley
universal" [Kant].

"Obra de tal modo que trates a la humanidad tanto en tu persona como en la


de los demás, siempre como un fin nunca simplemente como un medio"
[Kant].

"Ama a tu prójimo como a ti mismo" [Nuevo Testamento]

3. Un trato individualizado

En una relación humana es requisito fundamental un trato individualizado o


personalizado hacia el consultante.

Este se resuelve en una acogida amistosa y personalizada que permita al


consultante sentirse "visto", comprendido, asistido y acogido en su dolor, así
como en el reconocimiento del carácter único que él (ella) tiene como persona
y no en su condición genérica de consultante o haciendo referencia al
padecimiento que lo afecta o a su patrón floral.

Si consideramos que cuando estamos sanos somos muy sensibles a un trato


descortés, indiferente, déspota o prepotente, es fácil imaginarse lo que podría
sentir un consultante que se encuentra en condiciones de aflicción y por tanto
de vulnerabilidad.

Tratar al consultante con Humanidad difiere mucho del enfoque de


"enfrentarse" de manera impersonal con la "maquinaria" cartesiana-
newtoniana, paradigma que desde hace ya trescientos años viene
prevaleciendo como concepto en los diversos ámbitos de la sociedad y que no
puede sino conducir a un trato ausente de humanismo y amabilidad.

Una "relación humana" es aquella que no se sostiene sólo en el conocimiento


teórico y técnico por parte del(la) terapeuta, sino fundamentalmente en el
reconocimiento de la calidad de persona del consultante, esto es un ser
humano con características racionales, psicológicas, sociales y espirituales y

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que cuenta con una individualidad única e irrepetible. La tristeza, la angustia,
los miedos, son parte esencial de la problemática del consultante, la
desatención de los aspectos psicosociales y espirituales es lo que hace que el
consultante sienta un trato deshumanizado, por lo demás es inconcebible que
el(la) terapeuta floral vaya a caer en dicha desatención puesto que son estos,
precisamente, los aspectos en los cuales trabaja la terapia floral.

Por otra parte, así como aquel(aquella) terapeuta que no se preocupa por el
consultante en cuanto ser humano y vacía a la terapia floral de su contenido
humano para quedarse en el dominio exclusivo de sus conocimientos técnicos,
de la misma manera, y visto el tema desde una ética de las consecuencias y
de la buena intención, cabe tener presente que la buena intención tampoco
basta, es necesario junto con ella hacerse cargo de las consecuencias incluso
de nuestras buenas intenciones. Así visto el asunto, si un(a) terapeuta carece
de una formación teórica sólida, de una buena capacitación y formación
profesional, aún cuando tenga la mejor de las intenciones de amabilidad y
humanidad, igualmente no va ir más allá de eso, de ser una persona amable y
humana pero con falta de idoneidad en su quehacer, lo que le hace caer
nuevamente en una falta de respeto hacia la dignidad del consultante que
acude a él(ella), hacia su propio desprestigio y el de la terapia floral como
disciplina.

4. Principio de respeto a la Dignidad Humana del consultante

La dignidad humana de la cual todo ser humano se hace merecedor estriba en


el respeto a sí mismo y al otro. El ser humano cuenta con una dignidad
ontológica que posee de suyo por el sólo hecho de pertenecer a su especie;
esto le otorga un valor intrínseco.

Desde este fundamento, respetar la dignidad humana del consultante es


reconocer el valor que merece por el simple hecho de contar con la condición
humana.

Desde una perspectiva kantiana, el respeto a la dignidad humana del


consultante queda resguardada por su condición de persona inteligente, libre
y volente, esto es un Adulto Moral con capacidad de autodeterminación, libre
albedrío y libre ejercicio de su voluntad y por lo mismo una persona, digna,
dignificable (capaz de dignificarse a sí misma) y dignificante (capaz de
dignificar a los demás).

Esto en la práctica significa que el consultante es un fin valioso en sí mismo


por lo tanto nunca podrá ser utilizado, instrumentalizado o cosificado para
servir como medio a los intereses personales del(la) terapeuta sean estos
económicos, de experimentación, de lucimiento personal u otro. En tal caso se
le estaría colocando un precio al consultante. Pero, dice Kant, las personas
tienen dignidad, no precio, las cosas tienen precio. Y he aquí su regla de oro:

"Obra de tal modo que trates la humanidad tanto en tu persona como en la de


los demás siempre como un fin nunca simplemente como un medio"

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Pero también podemos fundamentar la dignidad humana del consultante
desde una perspectiva religiosa que sin duda hará mucho sentido a los
creyentes.

Desde esta perspectiva la dignidad humana del consultante descansa en el


hecho de haber sido creado a imagen y semejanza divina. Esto le concede una
dignidad especial al ser humano porque Dios le ha querido por sí mismo
llamándolo a la existencia y estableciendo una relación personal, única e
irrepetible con él.

También podemos afirmar desde el pensamiento de Maturana que respetar la


dignidad humana del consultante consiste, por parte del terapeuta, en
reconocerlo y aceptarlo en su legítima diferencia con él(ella) desde el amor
como emoción fundante o como fenómeno biológico y como condición de
posibilidad de dicha aceptación, en lugar de rechazarlo o juzgarlo porque
piensa y actúa de manera distinta.

5. Principio de respeto por la autonomía del consultante

Este principio se funda en el concepto kantiano de persona y de Agente Moral


del consultante, su sentido es resguardar su derecho a la libertad personal, a
la autonomía y a la autodeterminación. El principio está ligado al derecho de
cada persona a elegir y controlar su vida desde sí mismo.

En la práctica este principio se manifiesta cuando se toma en cuenta las


opiniones y decisiones del consultante y nos abstenemos de interferir en sus
decisiones, siempre que estas decisiones no perjudiquen a otros seres
humanos. El deber del(la) terapeuta en este sentido es proteger y promover
las decisiones libres, sin que obre coacción alguna sobre los consultantes.

Este principio resguarda también una posible actitud paternalista del(la)


terapeuta hacia el consultante, actitud que se resuelve en una relación
jerárquica de dominio-sumisión, en que el(la) terapeuta asume una actitud
solemne y autoritaria, infantilizando al consultante en lugar de promover su
condición de adulto moral.

Ciertamente que hay varios "modelos", por así decir, de una posible relación
terapeuta-consultante, y aún cuando en el modelo "contractual" por ejemplo
la relación se da de manera simétrica entre dos adultos morales, ella no
favorece un vínculo de humanidad pues si bien el contractualismo es el tipo de
relación que sirve para ordenar nuestra sociedad en muchos de sus ámbitos,
en este caso, en que no queremos perder de vista la humanidad del
consultante, no es una relación ideal puesto que el consultante siente que la
relación se está dando "correctamente" pero de una manera fría e impersonal
puesto que está operando dentro de un marco de legalidad más que un marco
de humanidad.
Un ambiente así se presenta formalmente cortés pero deshumanizado y
desfavorable a la sanación por el distanciamiento y la falta de confianza
mutua, quedando desplazada la relación persona a persona dado la
indiferencia y el desinterés mutuo del uno por el otro, e incluso puede llegar a
darse una cierta hostilidad por ambas partes y en el extremo el(la) terapeuta

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puede llegar a ver al consultante como un potencial adversario del cual tiene
que protegerse ante la posibilidad de conflictos legales.

Tampoco un modelo de mercado va a favorecer una relación humana


terapeuta-consultante. En esta relación, como decíamos, el ser humano como
tal queda invisivilizado para dar paso a un consultante que se hace visible más
como consumidor o cliente que como persona.

6. Principio de beneficencia

El principio de beneficencia señala que el(la) terapeuta debe buscar siempre el


bien del consultante, beneficiarlo en todo momento en vistas a lo que mejor
convenga a éste, favorecer sus intereses, teniendo en cuenta que su principal
interés es restablecer su salud.

Sin embargo, ¿sabe el(la) terapeuta realmente "lo que es bueno" para el
consultante?
En este sentido se ha de saber conjugar lo que el(la) terapeuta cree "que es
bueno" para el consultante con la condición de agente moral de éste.

Es decir, conjugar el Principio de Beneficencia, sin caer en el paternalismo,


con la condición de persona autodeterminante y con libre albedrío del
consultante. Ambos principios no se excluyen, pueden conjugarse
perfectamente

En la práctica, hacer "lo que es bueno" para los consultantes, es dejar de lado
la propia percepción sobre lo que los beneficia para tomar en consideración las
creencias, preferencias e intereses de los propios consultantes sobre lo que es
bueno para ellos.

Aún en los casos en los que creemos que hay una clara discrepancia entre lo
que el consultante desea autónomamente y lo que beneficia su propio interés,
el(la) terapeuta debe ser extremadamente cuidadoso(a) al justificar la
imposición de sus creencias por encima del interés de los consultantes, más
aún cuando ellos explícitamente rechazan esa "ayuda".

Lo que sí debe procurar en todo momento el(la) terapeuta, incluido como


parte de la propia terapia, es una educación hacia el consultante para que
alcance el más alto grado de Adulto Moral, es decir de persona inteligente,
volente y libre, lo cual incluye, entre otras cosas, educarlo para que
comprenda su dolencia a fin de que pueda participar en su propia sanación
desde su propia comprensión, autonomía y libertad, evitando así un
paternalismo que infantiliza y daña al consultante y lo deja en la condición de
"paciente", es decir pasivo frente a su sanación.

7. Una ética de la vocación

Dada la índole de la práctica de la terapia floral, cabe tener en cuenta también


al interior del principio de beneficencia el tema de una Etica de la Vocación. En
este caso de una vocación humanista y sanadora a la vez a fin de resguardar
lo que este principio pide; hacer el bien en todo momento al consultante.

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La dimensión ética de la vocación estriba en la exigencia de fidelidad a sí
mismo y a las verdaderas capacidades y potencialidades, en ser fiel a lo que
realmente se es y se quiere ser, dicho de otro modo, en ser consecuente con
las propias capacidades vocacionales.

La fidelidad al cumplimiento de las capacidades vocacionales está en directa


relación con el sentido de vida y con el cumplimiento del proyecto de vida, y
esto a su vez en directa relación con la felicidad y plenitud que conlleva el
saber que se está realizando aquella labor para la cual se siente apto y en
cuyo ejercicio todas las capacidades se están desplegando para la propia
promoción, dignidad, excelencia humana y profesional de quien la ejerce, y
para el bien de quien recibe dicho servicio.
La felicidad y plenitud de saber que tal trabajo es producto de un ideal de
vida, de algo fundamental por tanto, y no producto de una "urgencia" que
impele a trabajar en "lo que venga" porque por el momento puede "sacarnos
del apuro". No hay duda que esto será menos perjudicial en contextos en que
no hay de por medio seres humanos en situación de dolor y vulnerabilidad.

Ciertamente que en tal situación de "urgencia", no puede darse un


compromiso vocacional de fondo y, tarde o temprano el ir a "contrapelo"
consigo mismo cobrará su precio y en lugar de sentir que el ejercicio de la
terapia floral es una oportunidad de servicio hacia los demás y de desarrollo y
promoción de las propias potencialidades, se sentirá como una tarea
agobiante, descomprometida e irritante porque en ella nuestras verdaderas
capacidades no se están promoviendo, situación que al final de cuentas va a
significar un costo psicológico demasiado alto, resultando dañino tanto para
el(la) propio(a) terapeuta como para el consultante.

El trabajar en el área de la salud, cualquiera sea la posición que allí se ocupe,


por ser una labor que se ejerce hacia personas humanas, dolientes y
vulnerables que confían y se entregan en busca del alivio a su dolor, debería
significar mucho al interior del proyecto de vida de quien la practica.

8. Principio de no maleficencia

La no maleficencia indica que el(la) terapeuta no debe hacer daño de ningún


tipo al consultante, ni físico, ni psicológico ni moral. No exponerlo a riesgos
innecesarios, ni mucho menos perjudicarlo intencionalmente, se trata de tener
presente que se trata de otorgarle el mayor beneficio con el mínimo riesgo.

El daño al consultante puede ocasionársele de múltiples maneras:

- por lo que se hace como por lo que se deja de hacer


- por lo que se dice como por lo que se deja de decir
- por conocimientos profesionales insuficientes o no actualizados
- por impericia o negligencia
- por atenderlo en estado de drogadicción o ebriedad
- por divulgar lo que se le ha confidenciado
- por situaciones de "ensañamiento" terapéutico
- por delegar la atención a personal insuficientemente preparado o inexperto
- por someter al consultante a procedimientos sólo para adquirir experiencia

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Todo lo anterior incluye la posibilidad de acciones que pueden estar sujetas a
quejas, demandas y al ejercicio de acciones legales.

9. Principio de equidad y justicia distributiva

Este principio exige al(la) terapeuta tratar de distribuir equitativamente las


oportunidades de mejorar la vida que ofrece la Terapia Floral. Se comete
injusticia cuando a una persona se le niega, por razones de discriminación un
beneficio, en este caso el servicio de la Terapia Floral.

El(la) terapeuta debe tratar a todas las personas con la misma consideración y
respeto en el orden social, político, económico y cultural. Ofrecer las
oportunidades de atención sin hacer distinciones, ni otorgar preferencias o
privilegios por motivos de tales como:

- Raza - orientación sexual


- Género - condiciones de invalidez
- Edad - condición política
- condición social - condición legal o privación de libertad
- condición económica:
- referir al consultante cuando no cuente con los recursos para su atención
pero nunca abandonarlo

Es inaceptable una atención de menor calidad, eficiencia o calidez a personas


ancianas, menores de edad o minusválidos ya sea por aislamiento, abandono
o incapacidad para demandar una mejor atención o quejarse, pues no se
valen por sí mismos.

10. Principio de Confidencialidad o Secreto Profesional

El secreto profesional es la reserva o sigilo de lo que se conoce en razón del


ejercicio de una profesión y cuya divulgación pudiera ocasionar perjuicios
morales, materiales e espirituales al consultante o a personas que están
relacionadas con él. Es la prohibición moral y legal de divulgar un secreto
conocido en el ejercicio de la profesión. El secreto profesional nace del pacto
implícito entre el(la) terapeuta y el consultante.

Éticamente, el derecho al secreto es consecuencia de la facultad que tiene


cada ser humano al uso libre, exclusivo e inviolable de su conciencia (Agente
Moral)

La razón del contacto entre el(la) terapeuta, el consultante y su familia


descansa en la existencia de un problema o necesidad que demanda del
servicio especializado para resolver tal problema o necesidad. Quien acude
al(la) terapeuta, por tanto, está en una situación de dificultad, en la posición
de necesitado de pedir ayuda. En ese contacto se establece una confianza
implícita entre el consultante que confía al(la) terapeuta sus necesidades y
problemas más íntimos y el(la) terapeuta tiene así la posibilidad de conocer al
consultante en sus fueros más íntimos, penetrando en su sagrada intimidad la
que es mostrada necesariamente a partir de una situación probablemente
dolorosa y difícil la mayoría de las veces, lo cual la hace doblemente

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respetable.
El consultante, en esta situación, da por descontada la confidencialidad

También es necesario tener presente que la condición de terapeuta no


constituye suficiente poder como para exigir o violentar la entrega de secretos
al consultante.

El(la) terapeuta que divulgue los secretos que le confían, cosechará


desconfianza entre sus consultantes, él(ella) mismo(a)a pierde honorabilidad,
da mala imagen ante el público, deja de ser una persona confiable, afecta la
credibilidad de su ejercicio profesional y de la Terapia Floral misma,
haciéndose acreedora no sólo de una sanción moral sino también de una
posible sanción legal.

Cuando la vulneración involucra la conducta de una persona es muy difícil


resarcir suficientemente del daño que se le hace. El honor, la fama, la
dignidad, son aspectos de la vida que no se pueden recuperar con dinero,
desmentidos o declaraciones.

Causas que hacen lícita la manifestación del secreto:

* Con consentimiento expreso del consultante. Como por ejemplo


proporcionar una copia de la ficha a otros(as) terapeutas a solicitud del
consultante.

* Cuando la revelación es necesaria para el bien del mismo consultante como


por ejemplo avisar a los padres y buscar apoyo familiar para derivar o instituir
un tratamiento determinado para el consultante adolescente.
Este apoyo debe equilibrarse con la confidencialidad y el respeto por la
autonomía del adolescente.

* Cuando lo requiere la ley. En tal caso sigue siendo un secreto, lo que se


hace es traspasar su contenido a una autoridad competente.

* Para impedir la comisión de un delito, daños al propio profesional, a terceras


personas y al bien común, a inocentes indefensos como niños o ancianos.

* Cuando la vida de alguien se encuentra en peligro. Ciertamente que la


obligación moral de la confidencialidad no es tan radical como para arriesgar
en su cumplimiento la vida de otras personas
En estas situaciones sin embargo debe tenerse en cuenta variables como la
real probabilidad y la severidad del daño.

* La muerte de un paciente no excusa la divulgación de un secreto; éste es el


derecho a la buena memoria de una persona.

Antes de violar la confidencialidad, el(la) terapeuta debe compartir su


inquietud con el consultante y hacer todo lo posible para hablar sobre el
problema a fin de persuadirlo a que revele. Si fuese necesario violar la
confidencialidad, debe hacerse en forma tal que se minimice las repercusiones
para el consultante y se acaten las leyes.

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Si bien la confidencialidad no es algo absoluto, es claramente un principio
moral sólido que sólo podría violarse si prevalecieran razones morales más
poderosas y, en la mayoría de los casos será posible guiar al consultante a
que informe a los que deben conocer la situación o bien que permita que otros
lo hagan.

11. Principio del Consentimiento Informado

Es un derecho básico de los Adultos Morales a decidir lo que ha de hacerse con


su persona. Ya sea en lo referente a su tratamiento como a la participación en
protocolos de investigación, esto último es muy pertinente al momento por el
que está pasando la Terapia Floral y las terapias complementarias en general,
en que necesitan de diversas investigaciones para acreditarse. También es
pertinente por el hecho de que muchos(as) terapeutas florales junto con la
terapia floral aplican simultáneamente diversas prácticas complementarias de
sanación, en tal caso es fundamental tomar el consentimiento del consultante
y asegurarse si desea o no someterse a tales prácticas.

Dentro de este principio se contempla entregar una información completa y


actualizada al consultante si éste lo requiere, con lo cual se pretende:

- Respetar su condición de Agente Moral


- disminuir el nivel de ansiedad del consultante
- obtener su cooperación en el proceso de atención
- Incrementar su nivel de satisfacción
- prevenir quejas y demandas por falta de comprensión del proceso de
atención, sus resultados y sus expectativas.

Los consultantes tienen derecho a saber lo que se encuentra en su ficha


clínica. Este registro en sí pertenece al terapeuta o a la institución, pero la
información contenida en el mismo pertenece al consultante.

El consultante necesita informarse para conocer bien la realidad de la


situación que le ocurre y poder así reflexionar junto con el(la) terapeuta y
participar en la toma de decisiones acerca de la posibilidad de tratamiento.
Podrá así someterse voluntaria e informadamente al tratamiento (o
investigación), trabajando inteligentemente en colaboración con el(la)
terapeuta participando de su propia sanación, dejando su condición de
"paciente" para convertirse en "agente" de su propia sanación.

El consultante debe dar su consentimiento en forma libre y sin coacción. Su


decisión debe ser auténticamente suya y no manipulada. La mayoría de los
consultantes adultos pueden participar en su atención terapéutica y por lo
tanto compartir la responsabilidad de la misma.

El(la) terapeuta tomará decisiones con y para el consultante, no en lugar del


consultante. Como ya señalamos más arriba, el(la) terapeuta debe procurar
incrementar las capacidades del consultante para tomar decisiones en la
medida en que el grado de su dolencia lo permita por cierto.

Se considera competente para tomar decisiones sobre atención terapéutica a


todos los consultantes adultos -agentes morales- a menos que un tribunal los
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haya declarado incompetentes. En caso de no competencia del consultante,
determinada cuidadosamente por el terapeuta, éste y los familiares por lo
general toman decisiones sin recurrir ante el tribunal.

Una buena comunicación es relevante en el proceso del consentimiento


informado, el(la) terapeuta debe hacer su presentación de forma tal que el
consultante la entienda, debe cerciorarse que el consultante comprendió la
información recibida.

El consultante debe ser informado con veracidad, claridad, suficiencia e


imparcialidad de todo lo relativo al proceso de su atención. No es lícito que en
la información se exagere la gravedad del problema o las dificultades para su
atención, con el propósito de obtener un mayor reconocimiento, mayor
remuneración económica o justificar los malos resultados por falta de
conocimiento e impericia. Además de que puede deprimir al consultante y
desmotivarlo para participar de su recuperación. Los(as) terapeuta deben
tratar de crear un ambiente en el que la honestidad pueda prosperar y en el
que el consultante pueda presentar sus preguntas e inquietudes, permitir que
el consultante haga preguntas cuando no está seguro de la información que
reciben.

En general, no puede llevarse a cabo un procedimiento diagnóstico o


terapéutico en contra de la voluntad de un consultante que es Agente Moral, o
en contra de la voluntad de su familia si no lo es.

El(la) terapeuta debe también revelar al consultante la información sobre


errores propios de procedimientos o criterios que haya adoptado durante la
atención, en caso en que dicha revelación sea esencial para el bienestar del
consultante. Los errores no necesariamente constituyen conducta impropia,
negligente o no ética, pero el no revelarlos puede serlo.

Hasta aquí las exigencias éticas básicas para el ejercicio de la terapia floral -
en su condición de medicina complementaria- han quedado insertas bajo los
principios éticos universales de una deontología válida para quienes se
desempeñan en el área de la salud en general.

Sin embargo, el ejercicio de la terapia floral cuenta además con una ética
propia, por así decirlo propuesta por su propio creador el Dr Edward Bach en
sus escritos filosóficos. Allí Bach nos presenta una cosmovisión y una
antropología filosófica al interior de la cual se inserta su propuesta ética,
válida tanto para el(la) terapeuta como para el consultante y diríamos para el
ser humano en general.

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III. LAS EXIGENCIAS ETICAS DEL DR. BACH PARA EL EJERCICIO DE LA TERAPIA
FLORAL

El marco teórico-filosófico que el Dr. Bach nos presenta, donde fundamenta y da sentido
profundo al ejercicio de la terapia floral, se encuentra en su totalidad permeado por una
ética de las virtudes y de la perfección al modo aristotélico. Al interior de este marco teórico-
filosófico encontramos recomendaciones éticas que Bach ha dejado para quienes van a
dedicarse a la tarea de sanar en general y, muy especialmente, a quienes han de practicar la
terapia floral. El sello personal que el Dr. Bach imprime a este mensaje es de un profundo
sentido de lo humano, destacando una y otra vez el sentido de compasión de quien ha
optado por la misión de sanar el dolor humano.

1. Una ética de la compasión

La compasión por el sufrimiento humano está presente en la vida y doctrina


de Bach desde sus inicios, el sentido personal y profesional que imprime a su
propia vida responde a este ideal de compasión. Desde su posición de médico
bacteriólogo se ocupa de buscar vacunas que pudiesen mitigar el sufrimiento
producido por las enfermedades crónicas, posteriormente esta misma
inquietud lo lleva por los caminos de Hanemann y de la medicina antroposófica
para finalmente completar su propio sistema terapéutico resuelto en las 38
esencias florales que conocemos hoy día, sistema cuyo poder sanador está
concebido "para cura y consuelo de la humanidad" y "para alivio de aquellos
que sufren".

En este contexto es que Bach hace recomendaciones éticas fundamentales a


quienes van a practicar la terapia floral como método de sanación,
recomendaciones que examinaremos a continuación.

2. Consideración de la integridad y humanidad del consultante

Lo primero que destaca en su propuesta es una visión del enfermo como un


ser humano integral, inserto en un contexto de vida conformado por su
realidad física, psicológica, espiritual y social. Así concebido el consultante, no
bastará con tratar el síntoma o la enfermedad, dice Bach, habrá de tomarse
como marco de acción a la persona en su integridad lo cual obliga a una
práctica terapéutica más humana, en el entendido que la enfermedad no es
algo externo o ajeno y con existencia propia e independiente de quien la
padece, sino que forma parte del propio contexto de vida del consultante, de
su forma de ver el mundo y a sí mismo. Incluso destaca que "un cambio de
dirección" frente a la vida, es decir un cambio de perspectiva frente a la vida,
puede llegar a significar, en algunos casos, la fuerza sanadora que el
consultante necesita.

Por lo tanto no basta con una reparación "mecánica" de la parte afectada ni


con un estudio objetivo de su situación, sino que necesariamente esta visión
exige una aproximación subjetiva al consultante en un búsqueda conjunta de
los desequilibrios vitales-experienciales, emocionales y anímicos que han
incidido en la génesis de la enfermedad. Es a estas dimensiones del ser
humano precisamente donde las esencias florales dirigen su acción.

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Así entendido entonces, para Bach el proceso de recuperación de la
enfermedad va a consistir en la recuperación de la integridad física,
emocional, mental y espiritual del consultante. Bach insiste en su obra en
"tratar al paciente", "No es la enfermedad lo que importa … es el paciente" ,
"Al tratar los casos con estos remedios, no se tiene en cuenta la naturaleza de
la enfermedad. Se trata al individuo, y al mejorar éste su enfermedad se
marcha, expulsada por el aumento de la salud"

Cabe entender, a partir de lo anterior, que por mucho conocimiento técnico


que posea el(la) terapeuta, no será suficiente para esa aproximación a la
subjetividad del consultante si no cuenta además con un verdadero interés por
la dimensión humana de éste, más la vocación, interés, preparación y
entrenamiento suficiente para comprender la condición humana.

3. Los requisitos éticos para el ejercicio de la terapia floral

La exigencia ética de humanidad que Bach pide a quien va a dedicarse al arte


de sanar queda expresada en las siguientes palabras. Como se verá requiere,
por parte del(la) terapeuta, de un previo camino de sabiduría de vida, un
conocimiento de la naturaleza humana, un verdadero interés por el
consultante, capacitación, desarrollo personal y humano e incluso una
vocación educadora.

"ayudar al paciente a alcanzar un conocimiento de sí mismo y señalarle los


errores fundamentales que puede estar cometiendo, los defectos de su
carácter que tenga que remediar, los defectos de su naturaleza que tenga que
erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes"

"… tendrá que haber estudiado profundamente las leyes que rigen a la
humanidad y a la propia naturaleza humana, de forma de poder reconocer en
todos lo que a él acuden los elementos que causan el conflicto entre el Alma y
la personalidad"

En la exigencia que Bach hace a continuación enfatiza el requerimiento de


amor al ser humano, de compasión, responsabilidad y vocación a toda prueba
por parte del(la) terapeuta para ejercer su labor; un texto digno del bronce y
como portada en los establecimientos de salud privados y públicos.

"Cada caso requerirá un cuidadoso estudio, y sólo quienes hayan dedicado


gran parte de su vida al conocimiento de la humanidad, y en cuyos corazones
arda el deseo de ayudar, podrán emprender con éxito esta gloriosa y divina
labor en pro de la humanidad: abrir los ojos al que padece e iluminarle sobre
la razón de su existencia, inspirarle esperanza, consuelo y fe que le permitan
conquistar la enfermedad"

Es sabido el rol central que puede jugar en la recuperación de la salud el


contar con un sentido de vida claro, con las fuerzas de la fe y la esperanza
como soportes espirituales en tanto fortalezas que permiten sobrellevar los
aspectos más dolorosos y debilitantes de la dolencia, por otra parte los
consultantes de alguna manera esperan que el(la) terapeuta no obvie el poder
de esas fuerzas internas como parte de la terapia, ciertamente que esto

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requiere que el(la) terapeuta sea sensible a ello personalmente e incluya en
su formación también estos aspectos de la condición humana.

Cerramos esta presentación con una cita del Dr. Bach refiriéndose al sentimiento de
compromiso y dicha que embarga a quien realiza un trabajo desde su vocación, sentimiento
que sin duda difiere mucho de una actividad realizada desde una situación de "urgencia".

"Y cuando encontramos el trabajo para el que estamos hechos, forma parte de nosotros,
hasta tal punto que resulta muy fácil y se convierte en una alegría. Nunca nos cansaremos
de hacerlo, es nuestro "hobby". A través de ello se ponen de manifiesto todos nuestros
talentos y capacidades que están a la espera de ser develados. Haciendo este trabajo nos
encontramos como en casa y podemos sacar lo mejor del mismo si somos felices"

© Marila García Puelpan


Magíster Etica y Filosofía Política
Universidad de Chile
Terapeuta Floral

Santiago, Marzo 2005

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