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 Expresando mis emociones y sentimientos*

Qué es una emoción y qué un sentimiento


La palabra emoción viene del latín MOTERE (moverse). Las emociones son
impulsos a la acción. La respuesta emotiva es la antesala de la movilización de
energía que necesito para ponerme en movimiento. Por eso los afectos son
parte de los recursos internos, cuento con ellos para darme cuenta de lo que
me pasa, lo que siento. Los recursos afectivos son todo aquello que soy capaz
de sentir, las llamadas buenas y malas emociones, desde el amor hasta el odio,
desde el rechazo hasta el deseo. Existen escalas de valores, la voluntad, la
atracción, la tristeza, los miedos, la culpa y el amor propio.

Es lo que hace que nos acerquemos o nos alejemos a una determinada persona
o circunstancia. Por lo tanto, la emoción es una tendencia a actuar y se activa
con frecuencia por alguna de nuestras impresiones grabadas en el cerebro, o
por medio de los pensamientos cognoscitivos, lo que provoca un determinado
estado fisiológico en el cuerpo humano. La emoción es un sentimiento y sus
pensamientos característicos conllevan condiciones biológicas y psicológicas
así como una serie de inclinaciones a la actuación.
Todas las emociones son esencialmente impulsos a la acción, cada una de ellas
inclina al ser humano hacia un determinado tipo de conducta. En los animales
y en los niños hay una total continuidad entre sentimientos y acción; en los
adultos se da una separación, la acción no necesariamente sigue al
sentimiento. Los mecanismos de las emociones, incluso las biológicas pueden
ser conducidos hacia el bien o hacia el mal. El temperamento es modificado
por la experiencia. Ser consciente de las propias emociones es el primer paso
para no dejarse arrastrar por ellas.

Tipos de emoción – Emociones primarias


 Ira: enojo, mal genio, furia, resentimiento, hostilidad, animadversión,
indignación, irritabilidad, violencia y odio. => La agresión es un método
de conseguir directamente un deseo y un método defensivo indirecto de
conseguir que un deseo que tenemos no se arruine por un obstáculo que
interfiere. El prototipo de la guerra de conquista nos da la pauta del
estilo directo de agresión. En ella tratamos de destruir la resistencia que
presentan los otros a nuestros deseos expansivos. El agresor quiere
ganar a costa de la pérdida del otro. Los intereses de los actores se
vuelven irreconciliables, y por ello se diferencia de las relaciones
comerciales o amistosas en las que el ideal consiste en que cada cual
gane lo justo. La muerte (total o parcial) del otro es buscada como modo
de apropiarse de lo que el ser o el tener del otro impide ser o tener a su
costa. La agresión indirecta tiene una estructura de método defensivo.
Nos defendemos de un peligro (si somos vendedores, del peligro de
quedarnos sin clientes; si somos deportistas, del peligro de un ataque,
de una ofensa, etc.). La defensa, de tener éxito, logrará liquidar dichos
peligros, con lo que podremos llevar a cabo nuestros deseos (ver
vendedores que venden, seguir sanos, tener buena imagen de nosotros
mismos, etc.,). Esta división entre dos clases de agresión puede ser
menos tajante en la práctica, por ejemplo, cuando un equipo de fútbol
pasa del al ataque a la defensa en una misma jugada, o cuando no
sabemos si un vendedor avasalla o intenta no ser rechazado.
 Miedo: ansiedad, desconfianza, fobia, miedo, nerviosismo, inquietud,
terror, preocupación, aprehensión, remordimiento, sospecha, pavor y
pánico. En las emociones de miedo vivimos un aviso de un peligro que
arruinaría un deseo que tenemos (de vivir, gozar de buena salud, tener
una excelente imagen personal, caer bien a los demás, etc.). El aviso de
peligro lo tenemos que entender como una evaluación compleja del
plausible desarrollo de lo temido junto a las posibilidades
correspondientes de contrarrestarlo. Según a la distancia y velocidad
que vemos a un coche que viene por la calle que estamos atravesando y
según las posibilidades que tenemos de alcanzar la acera antes de ser
atropellados tenemos un miedo más intenso, si nos vemos poco menos
que arrollados, o más liviano si nuestros medios defensivos superan las
circunstancias con creces.
 Felicidad: alegría, disfrute, alivio, deleite, dicha, diversión,
estremecimiento, éxtasis, gratificación, orgullo, satisfacción y manía.
Mediante las emociones amorosas, obtenemos las cosas que se dan por
generosidad, y que son deseables. Podemos desear realizar nuestra
sexualidad, tener el apoyo de un compañero, alguien con quien
distraerse, etc. El modo de conseguir este cúmulo de necesidades que
se espera que un compañero satisfaga, es conquistando su voluntad de
darnos por un intercambio amoroso. La familia de las emociones
amistosas oscila en un margen de amplitud, que varía según las
personas, las culturas y las épocas históricas. El nivel mínimo es el
comportamiento cooperativo, aquel por el cual respetamos las reglas de
juego económicas o simplemente contestamos a alguien que nos
pregunta por una dirección. Para llegar al intercambio económico
tenemos que enterrar el hacha de la guerra y aceptar unas normas de
juego mínimas que favorecen a las partes, aunque a veces más a una
que a otra. La violencia social surge precisamente de esta clase de
desacuerdos en lo que uno quiere recibir algo que no obtiene de la
aportación de los demás. El nivel máximo de amor lo establece la
sofisticación de la cultura de la reciprocidad y de la generosidad. Cuanto
mayor es la expansión personal que se obtiene por medio de la
interrelación con el otro, implicando necesidades materiales, pero
también intelectuales, de goce erótico, de fruición, de alianza, de ayuda,
etc., la intensidad y profundidad del intercambio nos hacen contemplar
al otro como necesario para ser. A su vez la pérdida del amor implica
convertirnos en una sombra de lo que podríamos ser.

“Sólo se puede amar aquello que se conoce” – “”Sólo se puede conocer aquello
que se ama”
Ambas cosas suceden al mismo tiempo, porque uno conoce y ama al mismo
tiempo, y cuanto más conoce más ama y cuanto más ama más puede conocer.
El amor es en sí mismo un camino que hay que recorrer, pero por ahora sólo
establezcamos sólo la necesidad de saber que necesito de mi capacidad
afectiva para darme cuenta del universo en el que vivo. ¿Cómo podría tener
ganas de tomarme el trabajo y correr los riesgos de salir a conocer el mundo si
no me sintiera capaz de amarlo?
Las emociones se sienten más allá de que a uno le guste o no sentirlas, más
allá de que quiera sentirlas con más o menos fuerza, más allá de la propia
decisión. Sin embargo, si bien no puedo ser el dueño de mis sentimientos, sí
puedo ser el dueño de lo que hago con mis sentimientos, adueñarme de ellos,
y ese adueñarme responsablemente de lo que siento quizá sea la verdadera
herramienta.

 Manejo de las emociones


Expresando mis sentimientos y emociones– alegría, enojo, tristeza,