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 La mayoría de los autores señalan por otra parte, las mismas causas y los mismos efectos.

Podríamos, a título de ilustración, exponer los seis motivos de la crisis de la transmisión


puestos de relieve en un coloquio reciente por Giancarlo Collet: desaparición en Occidente
de la religiosidad tradicional; situación multirreligiosa y multicultural; pérdida de
plausibilidad de la vida eclesial; imposibilidad de una socialización en un medio cristiano;
rechazo de tradiciones con carácter normativo constrictivo; esfuerzo de reflexión
constante por parte del sujeto para construirse una identidad personal plena.
 Este análisis está pidiendo, ciertamente, ser suavizado, contextualizado y, por tanto,
matizado.
 Pero ahí queda esa constatación y el hecho de que la catequesis se encuentra como
acorralada teniendo que poner en práctica no sólo otros modos de realizar el anuncio
sino, más profundamente, teniendo que discernir «que está en juego en la coyuntura
histórica para lograr comprender las urgencias que presenta y, consecuentemente, las
responsabilidades que impone a quienes quieren ser los actores y no los juguetes
desuhistoria»
 Este discernimiento es ante todo un trabajo propiamente teológico: releer los Evangelios,
y la tradición teológica en diálogo con las ciencias humanas

¿De qué manera los retos de la transmisión de la fe y las aportaciones de la Revelación van a
facilitar un reajuste de las prioridades catequéticas y misioneras? ¿A qué «desaprendizajes» de
contenidos y de modos de hacer, a qué reorientaciones metodológicas y espirituales están
llamadas las Iglesias? En este terreno, ciertamente, la precisión debe ser la cualidad esencial del
estudio. Catequesis misionera, catequesis permanente, catequesis intergeneracional, catequesis
del camino y de la propuesta, catequesis «descompartimentada», catequesis catecumenal,
catequesis iniciática, catequesis mistagógica..., la lista de los ejes actuales de la investigación
catequética ya viene siendo larga y suficientemente conocida. Se trata, pues, en delante de ser
más precisos en el uso de estos términos, más concreto en el examen de las mutaciones a las que
cada acentuación obliga, más global en la formulación de un proyecto pastoral, misionero y
catequético de las Iglesias.

CONOCER, VIVIR, CELEBRAR, ORAR: LAS TAREAS DE LA CATEQUESIS Gilbert ADLER

Cuando la «doctrina» constituye el centro de la catequesis: exposición completa y orgánica de la


fe cristiana en su versión católica.

Las decisiones del Concilio de Trento (1545-1563) en lo que toca al catecismo y al primer plano
dado a la memorización de la doctrina católica dejaron de producir sus benéficos efectos desde
finales del siglo XIX.

Cuando el «catequizado» vuelve a situarse en el centro (1920-1960): Escuela Nueva


Los cuatro pilares de la catequesis comienzan a disponerse, poco a poco, en una nueva
configuración.

Gradualidad en la transmisión de los contenidos de la fe.

Los sacramentos volvieron poco a poco a ser el misterio de la fe en el que el ser humano se
encuentra con el don divino.

Como por un efecto pendular, tanto «pegarse» al catequizando corría el riesgo de insistir menos
en los datos objetivos de la fe.

«Jesús se acercó a ellos y se puso a caminar a su lado» (Lc 24,15)

REALIDADES ACTUALES: el individualismo de la fe, el pluralismo religioso, la ruptura del hilo de la


tradición, la omnipotencia económica y financiera, etc. Evocar estas realidades es evocarla salida
de Jerusalén de los dos discípulos desesperados y sin embargo caminantes.

La evocación inicial de Emaús está queriendo indicar que, ahora más que nunca, el lugar propio de
la catequesis es el camino en el que los hombres viven, aman, se intercambian gestos de ternura y
también de lágrimas.

Es necesario que la Iglesia proponga lugares para la catequesis, pero lo que conviene sobretodo es
ir y venir por los caminos donde los hombres y las mujeres se encuentran, buscando, en un mundo
lleno de contrastes, un sentido para su vida, es decir, una dirección y un significado.

El papel de la catequesis es mostrarles a ellos esta bondad que les precede.

En definitiva, como ya puede adivinarse, la fidelidad viva a las cuatro dimensiones de la educación
de la fe se perfila como un futuro plural. En el tiempo que está por llegar la palabra catequética
está llamada a ser plural, provisoria y frágil. El éxito de una catequesis no está forzosamente en
haber recorrido todos los reales caminos de la doctrina católica sino en el hecho de que, como
compañeros de camino, catequistas y catequizandos puedan decir con toda honradez y verdad:
esta palabra me afecta a mí personalmente, me hace pensar y vivir, y hasta celebrar juntos. Nos
alejamos, pues, de un dispositivo que atiende a la uniformidad tridentina. Es, pues, el tiempo de
volver a Emaús. Al partir el pan, Jesús desaparece. ¿No está redescubriendo nuestra generación la
quinta dimensión del acto de fe, la que, atravesándolas, riega a las otras cuatro: la libertad de
creer?

UNA CATEQUESIS EN LA QUE LA COMUNIDAD CRISTIANA EN SU CONJUNTO ES A LA VEZ


CATEQUIZANTE Y CATEQUIZADA FLAVIOPAJER

Paradójicamente a veces ocurre que los responsables de las comunidades sigan hablando de
«catequesis comunitaria» a su comunidad pero sin primero preocuparse demasiado por implicarla
como colaboradora y protagonista real, y no sólo en la fase de ejecución de un proyecto sino des
de el mismo momento de su concepción hasta la evaluación final; e implicarla no sólo en la
actividad propiamente catequética sino en las cuestiones que afectan a las estructuras de decisión
y de participación.

Algunos puntos sin retorno para una catequesis comunitaria


 la comunidad como sujeto determinante de la transmisión de la fe.
 El ser humano descubre lo que es ser cristiano, primero en la persona de Jesucristo, y
segundo, en las personas que siguen a Jesucristo mediante la práctica del amor cristiano.

Pero si la parroquia sigue siendo un lugar de reunión de una masa más o menos anónima de
fieles que no buscan en ella más que una serie de servicios religiosos rutinarios, es verosímil e
incluso inevitable que la catequesis no sea más que un apéndice despreciable en el
organigrama pastoral, una actividad marginal reservada más bien para los jóvenes o para
algún tipo aislado de personas (novios, tercera edad, etc.), asumido por catequistas
funcionarios, normalmente para preparar para un sacramento.

No basta ser comunidad. Es necesario hacer comunidad. Y este hacer implica, en primer lugar,
la capacidad de cada uno para comunicar y transmitir a los demás miembros de la comunidad
su propia experiencia de fe.

CATEQUESIS DE ADULTOS Gilles RUTHIER

Lo característico de la catequesis de adultos es colocar en el centro al sujeto libre, un sujeto


activo, un «aprendiz», un «ser de interrogantes» que pregunta sobre el sentido de las cosas y
elabora respuestas siempre parciales, construye saberes plausibles que apaciguan su sed sin
nunca apagarla por completo. En su búsqueda de sentido y de verdad, este «ser de
interrogantes» encuentra la revelación que se presenta, entre los «creíbles disponibles» o los
«sentidos posibles», como camino, verdad y vida. En el plano de las teorías pedagógicas, la
catequesis de adultos se sitúa dentro del paradigma constructivista que valora la actividad de
aprendizaje de un sujeto que, a partir delos recursos educativos que le ofrece su entorno, se
entrega sin cesar a un trabajo de construcción de un saber, el más satisfactorio y adecuado
posible, que le permita hacer frente a los problemas y enigmas de su existencia.

UNA CATEQUESIS INTERGENERACIONAL AlIan HARKNESS

Muchas comunidades eclesiales insisten en la importancia de incluir todas las edades Sin
embargo, en la práctica, se subraya frecuentemente más la separación de las actividades
según la edad que las programaciones de carácter inclusivo, especialmente en los momentos
principales de la vida, del culto y de la catequesis. Así se ha planteado esta cuestión en el
contexto de la sociedad americana « ¿Qué pasaría si las generaciones comenzaran a verse no
como equipos separados sino como jugadores de un mismo equipo?»

 Representan grupos de edades diferentes en los que se favorece la igualdad y la


reciprocidad
 la madurez espiritual reside en los valores de la infancia; de este modo, los valores
eternos del Reino podrán aprenderse observando las actitudes y el comportamiento
de los niños.

UNA CATEQUESIS SIMBÓLICA Anne Marie MONGOVEN

La catequesis simbólica es una forma de catequesis en la que la comunidad hace balance de su


propia experiencia a la luz de la fe y trata de dar un sentido a su vida y a su fe.
La catequesis simbólica integra los símbolos de la vida y los símbolos de la fe de una manera
armoniosa, dialogada, crítica y estimulante.

La catequesis simbólica supone, en los que participan, la fe cristiana, pero no una fe de un


determinado nivel particular. Se dirige a quienes no tienen demasiados conocimientos y tal vez un
compromiso débil, lo mismo que a quienes participan de modo regular en la vida de la comunidad.

Comunidades pequeñas para poder tratar un tema que les interese.

Este proyecto se toma en serio la idea de que la experiencia humana, especialmente cuando es
común y compartida, es una fuente de revelación y de mutuo descubrimiento.