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- RODRIGUEZ, Rodolfo, ACUÑA, Patricia; BAZAN, Sonia; SARASA, Cristina, BILEVICH,

Gabriela; TARONCHER, Miguel.


"Historia Cultural del siglo XX".
Módulos de la asignatura del mismo nombre para la Carrera de Técnico
Universitario en Gestión Cultural - Modalidad a distancia. Universidad Nacional de
Mar del Plata, 2000.

La Argentina en el siglo XX: 1910-1995

El mundo del centenario


Los festejos de los cien años del 25 de Mayo de 1810, desde la perspectiva oficial, como si de una
exposición mundial se tratara, mostraban a Occidente - en este sentido es revelador el título del
libro que el republicano español Vicente Blanco Ibañez escribiera por encargo del presidente Fi-
gueroa Alcorta- a “La Argentina y sus grandezas”. Buenos Aires, beneficiada por el progreso ma-
terial y cultural impulsado en forma sostenida a partir de 1880 por los gobiernos conservadores,
dejaba de ser “La gran aldea” para adquirir con mayor nitidez el perfil que la identificará como “La
reina del Plata”. La capital de la república se beneficiará durante las primeras décadas del siglo
XX con los esfuerzos y recursos que las elites liberales y conservadoras, inspiradas en el positi-
vismo y con la base material que le proporcionaba una economía agroexportadora, desplegaron
para constituirla en un centro de la cultura y civilización.
El Centenario sería la consagración de estos esfuerzos y de la versión oficial del presente y el
futuro; de esta manera, Buenos Aires se presentaba como el triunfo de la civilización sobre la bar-
barie y se insertaba, como una naciente metrópolis, en el circuito internacional de la cultura y la
producción. Los festejos destacaban las realizaciones y el vigor de un país que encaraba su futuro
con optimismo, que dejaba atrás el atraso económico, las perturbaciones institucionales, la inesta-
bilidad política provocada por los levantamientos provinciales, la crisis de 1890, la violencia comi-
cial, la ilegitimidad política, las revoluciones radicales que cuestionaban la legitimidad del “Orden
Conservador”. Estos fastos republicanos intentaban, aunque momentánemente, disimular el tra-
tamiento policial de la cuestión social, así como las primeras manifestaciones y acciones xenófo-
bas y antisemitas impulsadas por agrupaciones paramilitares y parapoliciales que surgieron como
respuesta a las luchas y reivindicaciones del movimiento obrero y por el extrañamiento producido
en sectores de la clase alta por la llegada al país de las ideas comunistas y anarquistas, junto con
los contingentes de inmigrantes que engrosaban, día a día, el volumen de la población.

Desde 1910 ocuparon el centro del escenario político porteño otras formas alternativas de la movi-
lización popular contestaria: las que ofrecían un nuevo tipo de sindicalismo y, sobre todo, dos par-
tidos políticos populares: el radical y el socialista. Su crecimiento implicó, frente a la propuesta
extrema del anarquismo, una reivindicación de la política, esto es de la negociación con otras
fuerzas y la admisión de la posibilidad de la reforma. El Partido Socialista, ubicado en la línea de
la socialdemocracia alemana, propuso una reforma pacífica de la sociedad, sobre la base de pe-
queños logros obtenidos en la negociación parlamentaria. Creado para los trabajadores urbanos y
particularmente los más calificados -su inserción en las áreas rurales y en la Argentina tradicional
fue escasa-, trató de convencer a la masa inmigratoria de que se nacionalizara y votara por sus
candidatos; pero no era, en rigor, un partido obrero: sus dirigentes provenían, en su mayoría, de
las capas profesionales. La Unión Cívica Radical, por su parte, tenía objetivos más precisos e in-
mediatos: la vigencia real de la Constitución y particularmente la pureza electoral, programa míni-
mo que atendía al reclamo central de un conjunto social heterogéneo, cuyo rasgo común era la
marginación. A diferencia de los socialistas, apelaba al electorado nativo –criollo o de segunda
generación de inmigrantes- en el cual había tanto trabajadores como miembros de los incipientes
sectores medios y, sobre todo, muchos empleados públicos o aspirantes a serlo.
(Luis Alberto Romero, Participación política y democracia, 1880-1984, en Leandro Gutiérrez
y Luis Alberto Romero, “Sectores populares, cultura y política”, Sudamericana, Buenos
Aires, 1995, p. 113).
Sin embargo, la pompa con que fue festejado el centenario no pudo ocultar, en esta incipiente
cosmopolis, en esta Babel sudamericana -que con sus diversos tipos humanos y sociales retrata-
ron los costumbristas del 900: Fray Mocho, Félix Lima, Carlos M. Pacheco, Santiago Dallegri y los
autores teatrales: Vacarezza, García Velloso, González Castillo y Pacheco-, las huelgas, las revo-
luciones, los atentados, la represión y el malestar derivado de la vigencia de un sistema político
restringido. Hechos todos que reflejaban la vitalidad de una sociedad que, por diferentes canales y
formas, estaba, en realidad, tratando de compatibilizar la redistribución de la riqueza, producto del
desarrollo económico sostenido, con un proceso de democratización política y social. Ésta ten-
dencia se insertaba en el amplio campo de las nuevas formas, prácticas y tradiciones políticas que
inauguraban una “sociedad de masas”, las que se ponía en movimiento y, una vez más, se con-
vertían en protagonistas de los acontecimientos contemporáneos: la Revolución mexicana, la pri-
mera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre de 1917. Sin embargo, hasta entrados los años
veinte, por un lado, la violencia y, por otro, la intervención estatal continuarán signando la resolu-
ción de los conflictos sociales vinculados al mundo del trabajo.
La Unión Cívica Radical, conducida desde la muerte de su fundador, Leandro Alem, por Hipólito
Yrigoyen, será la principal agrupación que encabezará las luchas, pacíficas y armadas, por la
reforma política. Hacia la primera década del siglo un acuerdo político, entre el líder radical y el
presidente reformista Roque Sáenz Peña, se plasmará en tres leyes ( la ley de padrón electoral, de
enrolamiento general y la ley de régimen electoral, más conocida como ley Saénz Peña) que
asegurarán las condiciones indispensables para eliminar el fraude en los comicios y, de esta
manera, posibilitar la ampliación del conjunto electoral y su participación en un contexto de mayor
transparencia

[...] el Honorable Congreso ha dado al país una legislación electoral; [...] La nueva ley aporta a
nuestro derecho positivo, dos innovaciones sustanciales la lista incompleta y el voto obligatorio. [...]
Diré sólo que el sistema, rompiendo la unanimidad y el monopolio, consagra minorías, dando razón y
existencia a los partidos permanentes. De hoy en más habrá, naturalmente vencedores, pero ya no
habrá vencidos, porque los más y los menos serán parte en la función gubernativa. El sufragio
obligatorio es un reactivo contra la abstención. El voto secreto mata la venalidad, y al desaparecer el
mercenario, los ciudadanos llegarán a posiciones por el concurso de las voluntades libres. Los
candidatos se harán tales por sus títulos y sus méritos, y no por concesión de nadie, sino por
resolución de todos. Y habrá sanciones políticas, porque en lugar del favor del gobernante, será la
opinión pública la requerida, lisonja esta última que no deprime porque se traduce en servicios y en
virtudes.[...]
Las agrupaciones gubernistas las reputo tan legítimas como las opositoras. El defecto no radica en
que los partidos apoyen a los gobiernos, sino en que los gobiernos derroten a los partidos con los
vastos elementos de la administración. [...]
Sean los comicios próximos y todos los comicios argentinos, escenarios de luchas francas y libres, de
ideales y de partidos. Sean anacronismo de imposible reproducción tanto la indiferencia individual
como las agrupaciones eventuales, vinculadas por pactos transitorios. Sean, por fin, las elecciones la
instrumentación de las ideas.
He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país
escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar
(Roque Sáenz Peña, 28 de febrero de 1912, Manifiesto frente a los comicios de renovación de
la Cámara de Diputados, en Privitello, Luciano y Romero, Luis Alberto, “Grandes discursos de
la Historia Argentina, Aguilar, Buenos Aires, 2000, p. 165, 167-168).

Frente a los partidos de notables, representantes de la vieja política, los partidos-movimientos de


masas del siglo XX, representarán lo que George Mosse ha definido como “la nueva política”,
instancia que reconoce las necesidades de la sociedad contemporánea de construir una
religiosidad laica que funcione como alternativa al vacío dejado por los procesos de
secularización. La “nueva política” establecía una relación más directa entre poder y masa (de
Felice, Renzo, "Introduzione all'edizione italiana", del libro de Mosse, George La nazionalizzazione
delle masse. Simbolismo politico e movimenti di massa in Germania (1815-1933), Il Mulino, Bolonia,
1996, p. 17), que suturaba la escisión producida por el aislamiento en que el liberalismo había
sumido al súbdito devenido en ciudadano, al darle instituciones representativas pero separando la
política de la religión y el poder presente en las sociedades del antiguo régimen. Mediante el trato
personal con sus seguidores y su concepción plebiscitaría de la democracia, Yrigoyen condensaba
una nuevo estilo político que permitía, aunque fugazmente, mediante el contacto directo y las
manifestaciones masivas, presentar un rostro más humano de la alta política, el presidente no era
una figura inalcanzable, alejada de sus semejantes merced a las distancias y barreras que
establecían el protocolo y la etiqueta.

El espectáculo que presentaba la casa de gobierno, a la que yo no iba desde hacía varios años y
que observé al pasar por salas y pasillos, era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero la
gente, en su mayoría mal trajeada, entraba y salía hablando y gesticulando con fuerza, diríase que
esa algarabía era más propia de comité en vísperas electorales que de la sede del Gobierno. Un
ordenanza me condujo a una sala de espera, cuya puerta, cerrada con llave, abrió para darme
entrada y volvió a clausurar herméticamente. Vi allí un conjunto de personas de las más distintas
cataduras: una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta,
calzado con alpargatas, que fumaba y escupía sin cesar, un señor de edad que parecía funcionario
jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de política con un criollo medio
viejo de tez curtida, al parecer campesino por su indumentaria y acento.
Ibarguren, Carlos. “La historia que he vivido”, Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1977, p. 426.

En este sentido, el acceso del radicalismo al poder marcaba el inicio de la primera experiencia de
participación masiva en la Argentina del siglo XX, estableciéndose una forma política, destinada a
perdurar, que podía ser sentida por grandes sectores como una participación de índole mucho más
vital y significativa a nivel existencial. Esta forma de liderazgo paternalista-carismático, donde el
contacto con la elite política no era el monopolio de las instancias representativas, confería a la
"nueva política" una dimensión de realidad cercana. Tanto el radicalismo yrigoyenista como
posteriormente el peronismo, concebidos como “movimientos”, que resaltan el carácter plesbicitario
de sus mandatos, transmitían a la política las nuevas formas, percepciones y cultura de una sociedad
renovada a principios de siglo por la inmigración y la clase media y en los años cuarenta por la
dinámica de las migraciones internas y el movimiento obrero.
El proceso de modernización iniciado en 1880, que contemplaba la alfabetización y la inmigración,
la incorporación de tecnología y capitales a la producción, conformó una sociedad de
características masivas, posible de percibir, entre otros indicadores, a través del aumento
demográfico, que aportará el elemento básico para la constitución de un nuevo público lector y
espectador1. La industria cultural que se pondrá en marcha para satisfacer las necesidades de
ocio e información de este nuevo mercado consumidor abarcará diferentes registros: espectáculos
culturales y deportivos, prensa semanal y periódica. Estas instancias reflejarán un proceso de
creación, reapropiación, confluencia, hibridación y mezcla de costumbres, gustos y bienes
culturales, fiestas y manifestaciones artísticas aportados tanto por los inmigrantes como por la
sociedad receptora.

[...] fue la juventud quien encarnó el proceso de popularización de la práctica del fútbol a través
de la formación de clubes, muchos de los cuales contaban apenas con once socios. Estos jóvenes
podían ser dependientes de comercios del centro de la ciudad, trabajadores de ferrocarriles
ingleses, empleados públicos, cadetes de pequeños almacenes o aprendices de talleres. El juego
se propagó rápidamente entre los estudiantes secundarios, los claustros universitarios y los
cuarteles. Hijos de profesionales y de empleados jerárquicos del aparato estatal compartieron la
dedicación al fútbol junto a otros ubicados algunos peldaños más abajo en la escala social. [...]
Los jóvenes trabajadores accedieron, con el correr del tiempo, a una cuota mayor de tiempo libre
[...] Los momentos de ocio fueron aprovechados de diversas formas: la música y el baile (hayan
sido traídos de Europa o generados en la ciudad y el campo criollos), la práctica de juegos de
azar, las recorridas por el centro o Palermo, el acceso al teatro popular, junto con el circo
ambulante, y una vez al año, los festejos de carnaval. Si bien la pelota vasca y el turf derivaron en

1
Para la conformación y características de este nuevo público, consultar de Prieto, Adolfo, “El discurso criollista en la
formación de la Argentina moderna”, Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
espectáculos atractivos para miles de espectadores, fueron esencialmente diferentes de los
deportes modernos, llamados “juegos ingleses” [...]
Hacia mediados de 1907 se advierte la expansión de la práctica del fútbol con la existencia de
unas 300 protoinstituciones autodenominadas “clubes” que eran parte del fútbol aficionado
nucleado en torno a “La Argentina”. Una verdadera oleada fundacional se inició con la vuelta del
siglo entre sectores ajenos a la elite criolla y a la colonia inglesa. [...]
[...] El fútbol, que en su origen intentaba ser método de disciplinamiento juvenil, fue recreado por
la acción de los jóvenes en la calle, escenario que prestigiaba la búsqueda de la ventaja
extracompetitiva, la picardía y cierta dosis de “fanfarronería” portadora de seguridad. [...] estos
valores y experiencias quedaron adheridos a nuevas formas de sociabilidad donde la calle (la
cuadra, la esquina), el club, y un poco más tarde el café, fueron formando un conjunto unitario de
elementos. Se inauguraron estos espacios urbanos de reunión al margen de la presencia
femenina y formados simultáneamente con la transformación de la ciudad, donde se fue
rompiendo la primitiva unidad espacial entre el lugar de trabajo y el de residencia, proceso
incentivado por la expansión de la red tranviaria.
[...] El principal eje convocante fue la defensa de un pequeño mundo, en su mayor parte
relacionado con el espacio físico urbano de residencia. Se trataba de “defender” y de representar
a ese universo de pertenencia contra el resto de los competidores. Esta experiencia apareció
asociada junto a nuevas prácticas y valores, en buena medida distanciados del fair play con los
que había venido unido el deporte desde su origen. El fútbol fue un espacio de creación de
rivalidades-enemistades dotadas de un clima tenso y a veces violento. Fue una práctica apropiada
por los sectores populares y simultáneamente resignificada, extirpándole algunos elementos,
recreando otros e inventando unos nuevos. El fútbol –a partir de este proceso- quedó de manera
decisiva incluido dentro del conjunto de hábitos y ámbitos de vida de los sectores populares. Fue
vivido intensamente, ocupando una importante franja de su mundo cultural.
Frydenmberg, Julio, Prácticas y valores en el proceso de popularización del fútbol, Buenos
Aires 1900-1910, en “Entrepasados. Revista de Historia”, Año V, N° 12, Buenos Aires,
Principios de 1997, pp. 8-10 y 24-25.

El cine, el teatro, los folletines, las novelas, el fútbol, los libros, los diarios y revistas, el tango y el
circo criollo serán accesibles al gran público, protagonista, en una primera fase, de la
democratización del consumo de bienes culturales que, de esta manera, enriquecerán su universo
simbólico. De esta forma, Buenos Aires y las principales ciudades del interior canalizarán los
márgenes más amplios de tiempo libre que se dedicaba al ocio y al descanso a través de
estadios2, salas cinematográficas3, cabarets, galerías comerciales, quioscos, paseos, parques y
jardines públicos. Estas manifestaciones culturales y ámbitos de sociabilidad, junto con el servicio
militar, la educación primaria y el voto obligatorio, conformaron un conglomerado, una “máquina
nacionalizadora” que contribuyó al proceso de “argentinización” de los hijos de inmigrantes.

2
Entre 1900 y 1910 se fundan los principales clubes: 1899, Argentino de Quilmes; 1901, River Plate; 1903, Argentino
Juniors y Racing Club; 1904, Ferrocarril Oeste; 1905, Boca Juniors e Independiente; 1906, Chacarita Juniors; 1908,
Huracán y San Lorenzo de Almagro; 1910, Vélez Sársfield; en los años veinte, el profesionalismo transformó a los clu-
bes en asociaciones masivas que se convertirán en aglutinantes de la vida social de los barrios de capital y del gran
Buenos Aires, se configuraba así “la pasión de multitudes”. Se construirán los nuevos estadios de los clubes grandes:
River (1938) y Boca (1940); en los treinta, ambos clubes se repartirán las principales simpatías y afiliados a los que
seguirán, en categoría de “grandes” y protagonistas de los clásicos, San Lorenzo, Huracán, Independiente y Racing,
Estudiantes de La Plata era, con sus 8000 socios, si no un club “grande” sí “importante”. En 1938, se incorporaron al
campeonato de la AFA (fundada en 1934 al fusionarse la Liga Argentina de Football y la Asociación Argentina de Foot-
ball) los equipos rosarinos: Newell´s Old Boys y Rosario Central. Cfr., Frascara, Ricardo, El espectáculo deportivo, José
Luis y Luis Alberto Romero, “Buenos Aires historia de cuatro siglos”, 2, Editorial Abril, Buenos Aires, 1983 y Archetti,
Eduardo, Fútbol: imágenes y estereotipos, en Fernando Devoto y Marta Madero (directores), Historia de la vida privada
en la Argentina. La Argentina plural: 1870-1930”, 2, Taurus, Buenos Aires, 1999, pp. 227-253.
3
“A fines de la década del veinte, alrededor de treinta millones de personas concurrían anualmente a alguna de las 972
salas donde se proyectaban películas (la mitad de manera regular y la otra mitad ocasionalmente); la Argentina, en esos
años, se había convertido en el segundo cliente de material fílmico de los Estados Unidos. No resultaba sorprendente,
entonces que las empresas aprovecharan el furor cinematográfico para publicitar sus productos.” Rocchi, Fernando,
Inventando la soberanía del consumidor: publicidad, privacidad y revolución del mercado en Argentina, 1860-1940, en
Devoto, Fernando, Madero, Marta (directores), op. cit., p. 311.
La transformación social que vive la Argentina a causa de la inmigración –crecimiento poblacional,
urbanización, modernización y otros [...]- encontrará su expresión más cabal en la producción y el
consumo de los medios de comunicación que crecen vertiginosamente de 1880 a 1920: del
periodismo popular e informativo, los magazines tipo Caras y Caretas (1898), los libros para
quiosco, las primeras experiencias en cine mudo, radio y discos, y también en los nuevos géneros
que responden a la necesidad de síntesis de esta sociedad en transformación, como el tango, el
sainete, el circo criollo, el folletín gauchesco, etc. De modo que los medios y sus contenidos
particulares crecen y se afirman en la Argentina no sólo como reflejo de su desarrollo universal o
como resultado de la rápida formación en el país de un mercado masivo, sino también como
respuesta a las acuciantes necesidades culturales de información, recreación y educación de esta
sociedad en formación. El periodismo se renueva, adoptando modos informativos ágiles y
cotidianos, en un estilo pensado para el receptor. En 1895 se editan en el país 345 periódicos;
Crítica, fundado en 1913 llegó a ser el diario de mayor tirada en lengua española.
El crecimiento de las revistas es paralelo y en gran medida se apoyó en el modelo de Caras y
Caretas, revista polifacética, avanzada en lo gráfico, una miscelánea de información, actualidad,
narración breve, poesía, humor, etc. Otro modelo lo provee la Editorial Atlántida, que lanza varias
revistas: Atlántida, 1918 de interés general; El gráfico, 1919, deportiva, Billiken, 1919, infantil; Para
Ti, femenina; esta última marcará récords en lengua castellana, como el pasar de un tirada anual
de 6.360.000 ejemplares en 1921 a 24.655.000 en 1933.
[...] Semejantes a las existentes en España, en la Argentina circularon revistas [semanales] de
venta en quioscos, que publicaban una novela breve, o un cuento, y cuyas tiradas fueron muy
elevadas. Desde Ediciones Mínimas (1915) en adelante, surgieron colecciones tales como La
novela semanal (1917) que tiraba 200.000 ejemplares, La novela para todos (1918), La novela
femenina (1920), La novela universitaria (1921), etc. Todas ellas y también las publicaciones
teatrales, se caracterizaron por la utilización de recursos modernos como la encuadernación en
tomos, los tirajes elevados que reducen costos, un buen balance de elementos gráficos, la
inclusión de publicidad, la utilización de recursos capaces de suscitar el interés de los lectores,
entre ellos los concursos, las encuestas, los servicios anexos, el regalo de partituras, etcétera.

Se trata de publicaciones que, por su brevedad, permiten completar la lectura en un lapso corto, y
cuyo precio de venta era relativamente bajo (20 centavos; el salario por hora de un obrero no
calificado era de 31 centavos). La apelación al lector por medio de los recursos mencionados,
además de la temática que comunicaban, hizo que se constituyeran en la lectura principal de los
sectores medios y populares.
Mazziotti, Nora. Bambalinas: el auge de una modalidad teatral-periodística, en Armus, Diego
(compilador), “Mundo urbano y cultura popular. Estudios de Historia Social Argentina”,
Sudamericana, Buenos Aires, 1990, pp. 76-77.

Las Presidencias Radicales, 1916-1930


La primera presidencia de Hipólito Yrigoyen estuvo signada, electoralmente, por los intentos de
consolidar el triunfo que el 2 de abril de 1916 le abrió las puertas del gobierno. El radicalismo ten-
drá en el movimiento obrero, los partidos conservador y socialista, en sus representaciones par-
lamentarias y prensa partidaria, junto con la prensa tradicional críticos implacables de su gestión y
estilo de gobierno. Se acusaba frecuentemente al presidente de albergar intenciones dictatoriales
y de apoderarse del presupuesto nacional, como si de un botín de guerra se tratase, con el fin de
repartir puestos públicos que consolidasen su base electoral. La relación conflictiva con ese primer
legislativo es posible advertirla en la forma jurídica que asumieron las intervenciones: de un total
de veinte, quince fueron decretos leyes. El Congreso trabó el plan de gobierno del presidente,
quien, a su vez, desconoció su legitimidad y en las cámaras, principalmente en el senado, naufra-
garon sus proyectos.
La guerra produjo alteraciones en los circuitos comerciales, el transporte internacional y en el flujo
de capitales e inmigrantes. La recesión y la inflación depreciaron los salarios obreros; en conse-
cuencia, las huelgas, muchas veces generales, se sucedían en forma cada vez más violenta; la
represión de estos movimientos, por parte de la policía, el ejército y grupos paramilitares dejó un
saldo de centenares de muertos. Esta dinámica de enfrentamiento social alcanzó su mayor expre-
sión en Buenos Aires, en enero de 1919, durante la “Semana Trágica” y en 1920-21, en la Pata-
gonia. Sin embargo, y en forma paralela, en una profundización de las características arbitrales
del estado, también se negociaba con las diferentes cúpulas sindicales y se daban los primeros
pasos de intervención en la esfera económica y social.
Dentro del clima de renovación política marcada por la llegada del radicalismo al poder surge la
Reforma Universitaria, originada en las luchas de un nuevo actor social que se hacía presente en
el escenario político-institucional: el movimiento estudiantil. En 1918 se funda la Federación Uni-
versitaria Argentina, y ese mismo año protagoniza en Córdoba violentas manifestaciones y toma la
Universidad en reclamo de una renovación de los programas, las técnicas pedagógicas, y la re-
presentación estudiantil en las diferentes instancias del gobierno de las facultades y la universi-
dad. Estos postulados se proyectarán, incluso como programas partidarios, al resto de Latinoa-
mérica.

En 1921, se planteaban diferentes candidaturas para suceder a Yrigoyen; finalmente, es elegido


Marcelo Torcuato de Alvear. En las elecciones del 2 de abril de 1922, luego de una campaña elec-
toral mínima, en la que el candidato estuvo ausente cumpliendo sus funciones de embajador en
París, la fórmula oficialista superó ampliamente a la coalición conservadora -la “Concentración
Nacional”-, al Socialismo y a la Democracia Progresista. La fórmula Alvear-González era repre-
sentativa de la división larvada que desde sus primeros años arrastraba el radicalismo. Alvear,
independiente en sus criterios, por momento más cerca de los conservadores y de un grupo radi-
cal aristocrático autodenominado “antipersonalista” compartía la fórmula con Elpidio González un
dirigente incondicional de Yrigoyen. A pesar de la ruptura del partido en 1924 y del alejamiento del
nuevo presidente de su antecesor, nunca jugó cartas fuertes en contra de Yrigoyen4; Alvear tam-
poco tenía gran ascendente partidario, quizás basado en esas certezas, Yrigoyen tomó la decisión
de ungirlo como sucesor previendo un alejamiento pero nunca una traición.
Su gobierno se caracterizó por el restablecimiento de cordiales relaciones con la antigua elite que
Yrigoyen –a quien consideraban un demagogo que había puesto en peligro, el orden social - pro-
veniente de un sector social “subalterno”, había descuidado al exiliar de su gabinete a los apelli-
dos tradicionales del “establishment”, que veía en Alvear a uno de los suyos, hecho que, sin duda,
contribuyó a la estabilidad de su gobierno. Durante su gestión arribó al país la última gran oleada
de inmigrantes, el equilibrio fiscal y el descenso de la conflictividad en las relaciones entre patro-
nes y obreros se desarrollaron, y fueron producto, de un clima de crecimiento económico y pros-
peridad internacional. Argentina se convierte en parte del circuito de visitas que realizan presti-
giosas figuras extranjeras pertenecientes al mundo de la nobleza, del deporte, la política, las ar-
tes y el pensamiento, tales como Eduardo de Windsor -Príncipe de Gales-, el príncipe Umberto de
Saboya, Luis Fernando de Hohenzollern, el presidente de Chile Alessandri, Fernando de Bulgaria,
Ramón Franco –que llega a bordo del hidroavión Plus Ultra-, Einstein, Keyserling, Ortega y Gasset
y Pirandello. Visitas que generaron toda una serie de ceremonias y reuniones que engalanaron el
segundo período radical.
En este sentido, los años veinte brillaron con un fulgor similar al del Centenario, situación a la que
también debemos sumar el auge del tango en los cafés El Nacional, Marzotto, El Parque, Los An-
des y en los cabarets Chantecler, Casino Pigall y el Royal Keller. Tendencia favorecida, hasta
1930 cuando irrumpe el cine sonoro, por el cine mudo que requería de orquestas típicas y también
por la aparición y consolidación de la radio, que además contribuyó a popularizar el boxeo, sobre
todo a partir de la transmisión de la pelea Firpo versus Dempsey, el 14 de septiembre de 1923.

En 1923 los argentinos escuchamos en transmisión casi directa desde el Polo Grounds de Nueva
York, el relato del combate en que Jack Dempsey retuvo el campeonato mundial de peso pesado
al poner fuera de combate a Luis Angel Firpo en el segundo round... Mi familia era la única del
barrio caracterizada por una antena exterior realmente inmensa, cuyo cable remataba en un re-

4
“¡Arreglense solos y ganen si son más!”, dícese que [Alvear]le contestó a Le Breton cuando el dirigente
antipersonalista le planteó definitivamente que se decidiese por la intervención por decreto a Buenos Aires
[distrito electoral del cual dependía, en gran medida, el triunfo de los yrigoyenistas en la elección presiden-
cial de 1928]”, “1928 El plesbicito (II): la decisiva elección de Córdoba”, en Todo es Historia, N° 137, octubre
de 1978, p. 47.
ceptor del tamaño de una cajita de cigarros pero en el que sobresalía brillantemente la piedra de
galena y mi tío, encargado de ponerse los auriculares para sintonizar con gran trabajo la emisora
bonaerense que retransmitía la pelea. Buena parte del vecindario se había instalado en el patio
con visible azoramiento de mi madre... de más está decir el pandemonio que se había armado con
las informaciones espasmódicas que mi tío recibía por las orejas y estertoraba por la boca... Firpo
perdió... fue nuestra noche triste; yo con mis nueve años, lloré abrazado a mi tío y a varios vecinos
ultrajados en su fibra patria. Después, la radio se perfeccionó rápidamente, aparecieron los alta-
voces, las lámparas, y esas palabras que eran la magia de mi infancia, superheterodino, salida en
push-pull...
Cortázar, Julio, El noble arte, en “La vuelta al día en 80 mundos”, 1967, citado por Ulano-
vsky, Carlos, “Días de radio. Historia de la radio en la Argentina”, Espasa Calpe, Buenos
Aires, 1995, p. 37.

En las elecciones del 1 de abril de 1928, la fórmula Yrigoyen-Beiró, que basó su campaña en un
programa que propiciaba el nacionalismo económico y el progreso social, triunfó por amplia mayo-
ría, resultado que se recuerda como “el plebiscito”, sobre todos sus oponentes: el antipersonalis-
mo, con el binomio Melo-Gallo, apoyado por todo el arco conservador y al resto de los partidos de
izquierda. Cuando el 12 de octubre de 1928, Yrigoyen retornó a la presidencia, volvió a encontrar
la oposición del Senado, que rechazó su proyecto de nacionalización del petróleo y el convenio
comercial con la Unión Soviética. La atmósfera política se tornó irrespirable por los problemas que
presentaron las intervenciones a las provincias de San Juan y Mendoza, y la actitud de los mis-
mos diputados yrigoyenistas que demoraban el inicio de las sesiones.
La prensa, la oposición conservadora y la socialista acusaban de ilegitimidad al gobierno y ataca-
ban al presidente por que no tomaba medidas tendientes a conjurar los efectos económicos de la
crisis provocada, en 1929, por el crack de la Bolsa en Wall Street. Situación que implicó el des-
censo de las rentas aduaneras, la caída del valor de las exportaciones, la quiebra de casas co-
merciales, la evasión de capitales, la reducción de las reservas de oro, la disminución de las in-
versiones extranjeras y el crédito, mientras que el gasto estatal crecía provocando un acelerado
aumento del déficit fiscal.

“Lo curioso es que en la segunda mitad de la década, cuando Yrigoyen avanza así, irresistible-
mente, hacia casi la totalidad del poder, ocurre una suerte de esbozada metamorfosis en el radica-
lismo y hasta cierto punto en Yrigoyen mismo. De pronto, el radicalismo comienza a mostrar algu-
nos de los rasgos exteriores del famoso "partido de ideas". Toda la preparación de la victoria de
Yrigoyen en 1928 se organiza en torno a un tema que es programático; es un tema muy bien ele-
gido por Diego Luis Molinari y es el tema del petróleo, la defensa del petróleo nacional. No sólo
eso, sino que la defensa nacional contenía ciertos principios en los que Yrigoyen había insistido,
que eran que entre el radicalismo, que era una empresa de redención nacional, y sus opositores,
que eran, en el mejor de los casos, representantes de intereses sectoriales y, en el peor y más
frecuente, herederos de la pasada corrupción, no podía haber ninguna coincidencia programática.
[...] la reorientación de Yrigoyen hacia una misión más moderna, cercana a la visión de partido de
ideas, lejos de favorecerlo lo perjudicó, porque de alguna manera en un contexto en el cual los
choques de ideas ya se encarnaban en choques de grupos sociales, las ideas avanzadas que a
comienzo de siglo eran consideradas un rasgo de elegancia política intelectual, comenzaban a ser
ideas peligrosas. Entonces, cuando Yrigoyen cae no se le reprocha no haber hecho nada, no se le
reprocha haber mantenido un discurso totalmente vacío y haber hecho política por la política mis-
ma; se le reprochan las ocho horas, se le reprochan accidentes de trabajo, se le reprocha esto y
aquello. Yrigoyen finalmente ha aprendido cómo debe ser un político moderno y ese tipo de políti-
co moderno tampoco es lo que sus adversarios quieren
Halperín Donghi, Tulio, “El enigma Yrigoyen”, en Prismas. Anuario de historia intelectual, N°2,
Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1998.

Los estudiantes universitarios también manifestaban frente y en las inmediaciones de la Casa Ro-
sada contra el “desgobierno del peludo”, y las supuestas ambiciones totalitarias del presidente, a
quien los rumores sindicaban como decrépito, manejado por un círculo íntimo que lo utilizaba para
perpetrar negociados y acceder a beneficios personales y víctima, cuando no propiciador, de las
internas partidarias, que en esta ocasión llegaban hasta los equipos médicos - comandados por el
ministro del Interior Elpidio González y el de Relaciones Exteriores Raúl Oyhanarte que trataban
de posicionarse frente a la que consideraban inminente sucesión- que debían cuidar su deteriora-
da salud, factor que le impedía concentrarse y dedicar, frente a los graves problemas imperantes,
el tiempo suficiente para resolverlos. En este clima en la que la oposición señalaba el desprestigio
del gobierno por no hacer nada para resolver el cúmulo de problemas coyunturales derivados de
la crisis, el radicalismo pierde las elecciones de diputados, en la Capital Federal, celebradas en
marzo de 1930.
Al tiempo la oposición se endurece; legisladores conservadores y sectores del ejército, en total
desacuerdo con la nueva modalidad social que Yrigoyen imprimía al radicalismo y con sus pro-
puestas económicas, conspiraban liderados por el general Uriburu, quien el 6 de Septiembre su-
bleva a los cadetes del Colegio Militar, los que acompañados por una multitud, que expectante
salía a la calle, avanzan no sin algunos contratiempos hasta la Casa Rosada, donde obtiene la
renuncia del vicepresidente Martínez en quien Yrigoyen había, el día anterior, delegado el mando
por razones de salud. A su vez, Yrigoyen renunciará en la sede del 7° Regimiento de La Plata
donde se había refugiado al verse imposibilitado de retornar a su hogar que fue saqueado e in-
cendiado por una turbamulta. Posteriormente será detenido y trasladado a diferentes buques de
guerra y finalmente a la isla Martín García, como reaseguro frente a una contrarrevolución cívico-
militar, radical, en ciernes.

Nosotros sobrellevamos el peso de un error tremendo. Nosotros contribuimos a reabrir, en 1930,


en el país, la era de los cuartelazos victoriosos... El año 1930, para salvar al país del desorden y
del desgobierno, no necesitamos sacar las tropas de los cuarteles y enseñar al ejército el peligro-
so camino de los golpes de Estado. Pudimos, dentro de la ley, resolver la crisis. No lo hicimos,
apartándonos de las grandes enseñanzas de los próceres conservadores, por precipitación, por
incontinencia partidaria, por olvido de las lecciones de la experiencia histórica, por sensualidad de
poder. Y ahora está sufriendo el país las consecuencias de aquel precedente funesto.
Declaración ante el Comité Nacional del Partido Demócrata Nacional pronunciada el 31 de
julio de 1946 por José Aguirre Cámara, dirigente conservador, diputado nacional por Cór-
doba en 1930.

Yo recuerdo que el presidente Yrigoyen fue el primer presidente argentino que defendió al pueblo,
el primero que enfrentó a las fuerzas extranjeras y nacionales de la oligarquía para defender a su
pueblo. Y lo he visto caer ignominiosamente por la calumnia y los rumores. Yo, en esa época, era
un joven y estaba contra Yrigoyen porque hasta mí habían llegado los rumores y no había nadie
que los desmintiera y dijera la verdad.
Discurso pronunciado el 9 de abril de 1953 por el presidente Perón, que el 6 de Septiembre
de 1930, en su rango de capitán, actuó como oficial de enlace entre la columna revoluciona-
ria de Uriburu y la Escuela Superior de Guerra.
Luna, Félix, “Yrigoyen. El templario de la libertad”, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 5ª
edición, 1981, p. 328.
La dictadura de Uriburu y la Concordancia: Justo, Ortiz y Castillo, 1930-1943

¡AL PUEBLO DE LA NACIÓN!


Respondiendo al clamor del pueblo y con el patriótico apoyo del Ejército y de la Armada, hemos
asumido el gobierno de la Nación.
Exponentes de orden y educados en el respeto de las leyes y de las instituciones, hemos asistido
atónitos al proceso de desquiciamiento que ha sufrido el país en los últimos años.
Hemos aguardado serenamente en la esperanza de una reacción salvadora, pero ante la angus-
tiosa realidad que presenta el país al borde del caos y de la ruina, asumimos ante él, la respon-
sabilidad de evitar su derrumbe definitivo.
La inercia y la corrupción administrativa, la ausencia de justicia, la anarquía universitaria, la im-
provisación y el despilfarro en materia económica y financiera, el favoritismo deprimente como
sistema burocrático, la politiquería como tarea principal del gobierno, la acción destructora y deni-
grante en el Ejército y en la Armada, el descrédito internacional logrado por la jactancia en el des-
precio por las leyes y por las actitudes y las expresiones reveladoras de una incultura agresiva, la
exaltación de lo subalterno, el abuso, el atropello, el fraude, el latrocinio y el crimen, son apenas
un pálido reflejo de lo que ha tenido que soportar el país
Proclama revolucionaria del 6 de septiembre de 1930 pp. Verbitsky, Horacio, “Medio siglo
de proclamas militares”, Editora/12, Buenos Aires, 1987, pp. 43-44.

Así se cierra el ciclo de la democracia constitucional con participación ampliada, inaugurada con la
reforma política en 1912, y se hace presente, por más de sesenta años, el poder militar en el es-
cenario político argentino. Las ideas corporativistas, a tono con las vertientes fascistas y naciona-
listas que se desplegaban en la Europa de los veinte y los treinta que animaban al nuevo presi-
dente fueron limitadas por las acciones del general Justo, un liberal adaptado a los nuevos tiem-
pos de crisis. Uriburu disolverá el Congreso, implantará la ley marcial y el estado de sitio –lo que
le permitirá la persecución y la tortura en la sección especial de la Policía a los opositores y el
fusilamiento del anarquista italiano Severino Di Giovanni- en un país marcado por la desocupa-
ción, la censura a la prensa independiente, la miseria, la recesión, la baja de salarios y los nuevos
impuestos que formaban parte de una política económica ortodoxa dirigida, en primera instancia,
al pago de la deuda externa.

Me acuerdo de un tango de Discépolo, “Yira... Yira”: “Cuando rajes los tamangos buscando ese
mango que te haga morfar”.
Un mango... ¡oy Dios! Todavía no se ha escrito la Odisea de los laburos que un rasposo tiene a
veces que efectuar para conseguir “ese mango que te haga morfar”. Un mango, ¿qué es un man-
go sino diez fuleras chirolas de diez guitas? Un mango, ¡mi Dios! Si a veces uno ha corrido una
agonía en busca de un mango.

La busca-
No hay trabajo más triste, más amargo, más rabioso, que buscar un peso para ir a comer. Es en
el día postrero, el día en que los cuzquitos le muerden los leones y en que los colectivos lo salpi-
can de barro. Día fule y, cargado de sol, que lo que no falta y sobra es el sol rajándole los tarros y
metiéndole un bochinche de insolación en la sesera. Y el rasposo, yira. Yira en busca de un ami-
go. No necesita mucho: un mango, nada más que un peso. Con un peso se morfa en cualquier
bodegón. Hay para un puchero misterioso (misterioso sin grupo); para un plato de sopa de fayoli
con cabos de vela, para pan y el feca, feca engrupidor, ese café estridente que silba en las tripas
cuando entra en contacto con la grasa del morfete que reacciona como cal viva cuando la mojan.
Y después de ese mango elástico siempre, siempre se desprenden quince guitas, las indispensa-
bles quince guitas para el paquete de cigarriyos mishos. [...].
Roberto Arlt, Buscando un mango, “El Mundo. Diario independiente, serio y noticioso”, lu-
nes 10 de noviembre de 1930, p. 6.

En este contexto, el Ministro del Interior, el dirigente conservador Matías Sánchez Sorondo, dise-
ñó un plan electoral para elegir gobernadores en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires y para, a la
vez, auscultar las tendencias del electorado frente a una futura elección presidencial. El 5 de abril
de 1931 se realizan los comicios en Buenos Aires donde la fórmula de la UCR, Pueyrredón-
Güemes, se impone a la conservadora encabezada por Antonio Santamarina, las elecciones son
anuladas pero sus efectos son insalvables, la derrota arrastra al Ministro del Interior, al resto del
plan eleccionario y a las reformas corporativistas que se pretendían hacer a la Constitución Nacio-
nal. El triunfo radical marcará el ocaso del gobierno de Uriburu, que debió reprimir tres conspira-
ciones militares radicales en Córdoba (1931), Corrientes (1931) y Entre Ríos (1932), así como
administrar la debilidad internta que le fue procurada por la derrota y restaurar el fraude electoral
para impedir el retorno de la UCR que, al ser vetada su fórmula, declara la abstención electoral.
Una coalición electoral integrada por los socialistas independientes, los conservadores y los radi-
cales antipersonalistas, que posteriormente será conocida como la “Concordancia”, llevan como
candidatos al general ingeniero Agustín P. Justo y al conservador cordobés Julio Roca hijo. Éstos
serán los beneficiarios del fraude electoral implementado por el oficialismo para los comicios na-
cionales del 8 de noviembre de 1931, cuando es derrotada la fórmula de la Alianza Civil, integrada
por Lisandro de la Torre, por el partido Demócrata Progresista y Nicolás Repetto, por el partido
Socialista.

Sur: los primeros números


La revista, de la que se había discutido ya durante cerca de dos años, por fin apareció a comien-
zos de 1931. [...] En términos generales, el liberalismo estaba a la defensiva en Argentina y en
otras partes, ante los regímenes nacionalistas autoritarios. La respuesta de Sur, se dirá, consistió
en afirmar que estaba por encima o más allá de la política, y en que reconstituiría el liberalismo en
términos eternos, y en un nivel puramente cultural: la literatura demostraba la superioridad del arte
sobre la vida, y ofrecía otro tribunal desde el cual juzgar los acontecimientos. [...] El dinero para la
empresa salió de las arcas de Victoria Ocampo, que también fue responsable de seleccionar y de
reunir las colaboraciones de los primeros números. [...] Desde el principio, ciertos elementos defi-
nen Sur. Uno que ya hemos mencionado es el “ideal europeo”. Esto debe verse en relación con
otro concepto fundamental: que el escritor, cualesquiera que sean sus simpatías, no debe com-
prometerse con ninguna actividad política. André Gide y la Nouvelle Revue Francaise ofrecieron
un modelo literario, y pensadores como Julien Benda y José Ortega y Gasset sistematizaron estas
ideas. La traición des clercs (1927), de Benda, teorizó sobre la noción de unos sabios comprome-
tidos con la busca de valores humanos y de investigación filosófica, en lugar de participar en las
esferas política y social. Ortega añadió que el abismo que separaba a la élite de las masas era
infranqueable, y que el intelectual tenía más en común con las élites de otros países que con la
masa de sus propios conciudadanos. Funciones tradicionales como las de líder, político y sacer-
dote eran rechazadas en favor de la misión de conservar la inteligencia y la cultura.
[...] Los escritores argentinos que formaron el grupo inicial de Sur fueron reclutados entre los ami-
gos de Victoria Ocampo: la propia Victoria; su hermana menor Silvina, que después se casaría
con Adolfo Bioy Casares; María Rosa Oliver, Eduardo Bullrich, primo de Victoria; Oliverio Girondo,
punto de contacto entre Güiraldes y los martinfierristas; Eduardo Mallea, recién llegado a las filas
de los martinfierristas, el joven editor literario de La Nación y amigo íntimo de Victoria; Borges y su
hermana Norah, casada con el español Guillermo de Torre, prolífico historiador de la vanguardia;
Eduardo González Lanuza y Leopoldo Marechal, martinfierristas ambos; y el erudito Raimundo
Lida, que ayudó a traducir al español gran parte de la obra de Victoria. A ellos se añadirían los
nombres de ciertos académicos, el filósofo-historiador Bernardo Canal Feijóo y Carlos Alberto
Erro. Estos escritores estaban unidos, por nexos de parentesco, y por ideas similares sobre la
función social de la literatura, aunque entre ellos hubiese una marcada jerarquía. Un escritor como
Borges siempre parecería un tanto excéntrico en relación con los objetivos principales de la revis-
ta, aunque publicara con regularidad.
King, John, “Sur. Estudio de la revista argentina y de su papel en el desarrollo de una cultu-
ra 1931-1970”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1989, pp. 62, 63, 65.

Carente de apoyos populares pero dueño de una singular habilidad política que le permite reunir
algunas estructuras partidarias y, a la vez, el apoyo del Ejército, Justo logró, a partir de su llegada
al gobierno, en febrero de 1932, superar luego de un severo ajuste económico-social, iniciado por
sus antecesores, los efectos de la crisis mundial a través de la obra pública, los impuestos inter-
nos, la deflación, la intervención estatal en diferentes esferas de la economía nacional y el sector
externo. Asimismo, propició el reacomodamiento económico interno y externo al nuevo orden in-
ternacional mediante un nuevo pacto comercial y tratados con Gran Bretaña, a la que le otorgaban
numerosos privilegios a cambio de mantener una cuota para la exportación de carnes argentinas.
Cuando el Pacto Roca-Runciman, firmado en 1933, es denunciado, en 1935 en el Senado, por
Lisandro de la Torre durante la interpelación al ministro de economía, Federico Pinedo, y al de
Agricultura, Luis Duahau, un matón conservador dispara contra el legislador, hiriendo de muerte a
su compañero y discípulo, el senador Enzo Bordabehere.
Las medidas económicas complementaron el proceso de industrialización por sustitución de im-
portaciones favorecido, primero por la recesión mundial y a partir de 1939 por el estallido de la
Segunda Guerra Mundial. Esta ola de desarrollo económico atrajo a los desocupados, trabajado-
res y subocupados de las provincias periféricas, los “migrantes internos”, hacia el nuevo “cinturón
industrial” que surgía alrededor de la Capital Federal y que conformará gran parte de la base so-
cial del peronismo. Este desplazamiento masivo, aunque con una magnitud mucho menor, tam-
bién se dirigió hacia Córdoba capital y Rosario.

En el Congreso, pues, la delegación socialista debatió [...], con notable minuciosidad, proyectos
sobre el divorcio vincular y la concesión de derechos políticos a la mujer, presentó innumerables
pedidos de informes e interpeló a los ministros del Poder Ejecutivo, protestó contra el fraude, soli-
citó quitas reiteradas a los presupuestos de las fuerzas armadas y el clero, apoyó a las democra-
cias capitalistas en su lucha contra el Eje. Acaso lo más relevante de su labor fue la función pre-
cursora que algunos de sus afiliados, con Alfredo L. Palacios en primera fila, tuvieron en la formu-
lación –y a veces en la aplicación- de principios y normas legales sobre derecho del trabajo y de la
previsión social, que sin embargo eran minuciosamente recortados por la mayoría concordancista
o desvirtuados en sus alcances por una jurisprudencia regresiva.
Ciria, Alberto, Los partidos políticos durante la restauración conservadora (1930-1943), Au-
tores Varios, “La década infame”, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, s/f p. 71.

La última revolución radical se produjo en Paso de los Libres, en diciembre de 1933; sus dirigen-
tes son detenidos y confinados en Ushuaia y Alvear, presidente del partido, parte al exilio europeo.
Sin embargo, desde 1935 el radicalismo se incorpora gradualmente al sistema político, decisión
que es impugnada por la Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina (FORJA), entre
cuyos socios fundadores se encuentran, entre otros, Arturo Jauretche, Homero Manzi, Gabriel del
Mazo y Manuel Ortiz Pereyra, quienes con sus denuncias de los negociados, las medidas que
afectaban a la soberanía económica de la nación, el fraude electoral, la injusticia social, y la co-
rrupción, que enlodaba tanto al gobierno como a la reciente oposición, se convirtieron en la con-
ciencia crítica del sistema partidario.
La Concordancia, con la fórmula Roberto Ortiz, en representación de la facción antipersonalista, y
Ramón Castillo, por el ala conservadora de la coalición, lanzada al ruedo en el banquete anual de
la Cámara de Comercio Británica, ganó las elecciones del 5 de setiembre de 1937, a las que la
UCR concurrió con la fórmula Alvear-Mosca. El diario “La Nación” calificó a estos comicios como
los más fraudulentos de la historia nacional. Frente al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el
4 de septiembre, se declara la neutralidad que se mantendrá hasta marzo de 1945.
El nuevo presidente se dispuso a restaurar la pureza del sufragio, interviniendo las provincias y los
comicios donde continuaba la “máquina del fraude” lo que le valió sordas luchas con los conser-
vadores de la coalición, en especial con el vicepresidente Castillo. Su plan no consiguió llevarse a
cabo ya que, a partir de febrero de 1941, una diabetes crónica e hipertensión minaron su salud por
lo que debió pedir frecuentes licencias y delegar el mando en Castillo que se oponía a su plan
democratizador. Ortiz renunció el 27 de junio de 1942, pocos días después, falleció. El nuevo
mandatario, para solucionar la profunda y poderosa trama de corrupción que afectaba el funcio-
namiento del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires decide clausurarlo, al mismo
tiempo propiciaba la continuación del fraude electoral que favorecía al Partido Demócrata nacio-
nal.

Rawson, Ramírez, Farrell: la revolución del 4 de junio de 1943

MANIFIESTO AL PUEBLO DE LA REPUBLICA ARGENTINA:


Las Fuerzas Armadas de la Nación, fieles y celosas guardianas del honor y traidiciones de la Pa-
tria, como asimismo del bienestar, los derechos y libertades del pueblo argentino, ha venido ob-
servando silenciosa pero muy atentamente, las actividades y el desempeño de las autoridades
superiores de la Nación.
Ha sido ingrata y dolorosa la comprobación. Se han defraudado las esperanzas de los argentinos,
adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción.
Se ha llevado al pueblo al escepticismo y a la postración moral, desvinculándolo de la cosa públi-
ca, explotada en beneficio de siniestros personajes movidos por la más vil de las pasiones.
Dichas fuerzas, conscientes de la responsabilidad que asumen ante la historia y ante su pueblo –
cuyo clamor ha llegado hasta los cuarteles-, deciden cumplir con el deber de esta hora: que les
impone SALIR EN DEFENSA DE LOS SAGRADOS INTERESES DE LA PATRIA.[...]
Proclama de la revolución del 4 de junio de 1943, en “Medio siglo de proclamas militares”,
op. cit., pp. 47-48.

Ante el anuncio del presidente Castillo, el “gran elector”, que designaría como candidato oficial
para las elecciones nacionales de 1943 al dirigente conservador salteño, el empresario azucarero,
Robustiano Patrón Costas - figura comprometida con el continuismo del fraude y la corrupción
estatal y que, por otra parte, pretendía declarar la guerra a las potencias del Eje Berlín-Roma-
Tokio -, se movilizaron, en la mañana del 4 de junio de 1943, las tropas que respondían a un nu-
meroso grupo de oficiales nacionalistas y neutralistas que conformaban la logia G.O.U. Inspiradas
en un móvil antipartidista, estaban animadas por propósitos de regeneración política y moderniza-
ción social dentro de un marco orden y tradicionalismo moral. El general Rawson, incorporado en
los últimos momentos a la conspiración, encabezó la marcha debido a ser el jefe de más alto gra-
do presente. La columna rebelde que partió de campo de Mayo, tras un tiroteo que dejó decenas
de víctimas frente a la Escuela de Mecánica de la Armada llegó a Plaza de Mayo. donde una mul-
titud que incendiaba los colectivos de la odiada Corporación de Transportes, vivaba a un ejército
“democrático” que supuestamente tenía como principal objetivo derrocar a un gobierno impopular
y fraudulento. Rawson, sin estar compenetrado de las intenciones programáticas y objetivos de la
logia es obligado a renunciar para facilitar el acceso a la presidencia del general Pedro P. Ramírez
quien, en su corto período de gobierno, aplica la censura de prensa, disuelve los partidos políticos,
interviene las universidades, intenta moralizar las costumbres y el lenguaje de los tangos, a los
que pretende extirparles las huellas del lunfardo, y decreta la enseñanza religiosa optativa. Ramí-
rez, a su vez, debe renunciar debido a que, bajo presiones internacionales y contrariando el pro-
grama del GOU, había intentado declarar la guerra a las potencias nazifascistas. Su desplaza-
miento encumbra a dos miembros del GOU: el general Farrell que será presidente y el coronel
Juan Domingo Perón, que ocupará los cargos de Secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de
Guerra y Vicepresidente de la Nación. Desde la secretaría a su cargo llevará adelante un proceso
de expansión de mejoras sociales entre los trabajadores, diseñando un sistema de premios y cas-
tigos que aplicó a los sindicatos con el fin de beneficiar la adhesión o sancionar el rechazo a sus
propuestas. De este modo, se iniciaba la reforma social auspiciada desde el estado y, a la par, se
acrecentaba su intervención en la economía como forma de financiar el nuevo bienestar y las
conquistas sociales. Dueño de un sugerente carisma y una habilidad política, hasta el momento
sólo vista en el ejército en las figuras de Roca y Justo, logró una acumulación de poder y la adhe-
sión de grandes sectores a su proyecto político que lo convirtieron en el potencial heredero de la
revolución.
De esta manera, Perón avanzaba en el campo político sin respetar las implícitas normas que re-
gulaban, hasta entonces, el funcionamiento del sistema partidario, situación que significó un cim-
bronazo y motivo de creciente preocupación para los partidos tradicionales, los empresarios y par-
te de las fuerzas armadas, que lo veían como un arribista que, con desprejuicio, eclecticismo y
audacia, aprovechaba todos los medios a su alcance para acumular poder e imponer su proyecto:
desde su ascendiente carisma personal y capacidad de operación política, hasta los elementos y
mecanismos que le brindaba el nuevo estado interventor, conformando su futura doctrina a partir
de fuentes ideológicas de signo diversos y hasta contrapuestos: la doctrina social de la iglesia, el
laborismo, el nacionalismo local y el las experiencias autoritarias europeas. A la vez que enarbo-
laba la divisa de la democracia y la justicia social, se presentaba como el continuador de la obra
social de Yrigoyen. Una amplia convocatoria destinada a captar las maquinarias partidarias, para
complementar y contrapesar la influencia de los sindicatos, logró atraer a su naciente movimiento
sólo a dirigentes de segunda o tercera línea del partido radical, conservador y socialista, gran par-
te de FORJA y a los integrantes de la Alianza Libertadora Nacionalista.

1945-1955: nacimiento y predominio del justicialismo


El general Ávalos, su principal adversario en las fuerzas armadas, con el apoyo del líder radical
cordobés, Amadeo Sabattini, logró desplazar a Perón de todos sus cargos y recluirlo, primero en
la isla Martín García y luego en el Hospital Militar, de donde es liberado, el 17 de Octubre de 1945,
como efecto de la movilización popular, proveniente, en su gran mayoría, del cono urbano bonae-
rense que ocupa Plaza de Mayo, desde allí reclamó, obtuvo y aclamó el retorno del “primer traba-
jador argentino”. El retorno de Perón a la actividad política significó un duro revés para una oposi-
ción - que en una heterogénea coalición agrupaba a los partidos políticos tradicionales, junto con
la embajada norteamericana, industriales, empresarios y organizaciones culturales- se autoperci-
bía como la versión local de los Aliados quienes, en una cruzada en defensa de los valores demo-
cráticos universales, combatían al líder de una suerte de versión latinoamericana del nazifascis-
mo derrotado en el resto del mundo. Perón, por su parte, respondió asociando al conjunto de sus
adversarios al fraude, la oligarquía, al imperialismo anglonorteamericano, la explotación, la insen-
sibilidad social y la entrega de las riquezas nacionales a la voracidad de los capitales extranjeros.
Las elecciones de febrero de 1946, dominadas por la antinomia justicia social/democracia, pero-
nismo/antiperonismo, consagraron ganadores a Perón-Quijano, fórmula presentada por el Partido
Laborista y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, por sobre Tamborini-Mosca, representan-
tes de la Unión Democrática: alianza electoral integrada por el partido Socialista, la Democracia
Progresista y la Unión Cívica Radical apoyados por el Partido Comunista.
A partir de la asunción del mando el 4 junio de 1946, Perón, junto a su segunda esposa Eva Duar-
te –que logra la sanción de la ley de voto femenino y preside la fundación de ayuda social, que en
forma directa y muchas veces personal, llegaba hasta los sectores que no se beneficiaban con la
extensión de la sindicalización- el nuevo gobierno prosigue con la política social y económica ini-
ciada por la revolución de 1943, ahora bajo los auspicios de la que se proclamaba como “Revolu-
ción Justicialista” sintetizados en el eslogan de una “Nueva Argentina” que se quería “Justa, Libre
y Soberana”. La nueva etapa política comprende los siguientes aspectos y realizaciones: la crea-
ción del fuero laboral, el aguinaldo, la extensión de las jubilaciones y pensiones, creación de hos-
pitales y policlínicos, hogares de ancianos, niños y madres solteras, colonias de vacaciones, ciu-
dades estudiantiles y la Universidad Obrera Nacional, difusión del turismo social, el acceso de los
obreros a la vida política institucional, el establecimiento de escuelas de enfermería, proveedurías
que vendían productos de primera necesidad a bajos precios, campeonatos deportivos juveniles y
estadios, comercialización estatal de las cosechas por parte del Instituto Argentino de Promoción
del Intercambio (IAPI), subsidios al consumo popular y la nacionalización de los servicios públicos.

9 de Julio de 1816-9 de Julio de 1947


Ferrocarriles y transportes en general, usinas, puertos, energía, etc., todo lo que constituye en
fin un servicio público ha sido nacionalizado y ahora, donde regían los dictados del interés extran-
jero , tiene plena vigencia la voluntad argentina.
Lo que otros vendieron, nosotros lo hemos recuperado. Al afán mercenario de otrora, sucede el
espíritu hondamente patriótico que ha sabido sacar del esfuerzo y hasta el sacrificio el vigor nece-
sario para acometer la magna empresa de nuestra total recuperación.
Está a salvo la dignidad argentina, y nuestros hijos, dueños de la riqueza que la Providencia les
entregó, deben ser celosos guardianes de todo cuanto hemos devuelto a la Nación, para que na-
die, jamás, vuelva a intentar la empresa suicida de uncirnos a la conducción foránea.
Ahora, cuando todo lo que es fundamento de nuestro porvenir está en nuestras manos, cuando
pisamos tierra nuestra, absolutamente nuestra, cuando disponemos a nuestro albedrío de todo lo
que constituye el patrimonio argentino, podemos decir que la libertad política se ha complementa-
do con la independencia económica, proclamada solemnemente en la histórica Tucumán, que
conoció la aurora de nuestra nacionalidad y que ha sido propicia sede a la consolidación de la
Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
Control de Estado de la Presidencia de la Nación, teniente coronel Luis G. Bähler, Luis R.
Aragón y J. A. Edmundo Caprara (educacionistas) “La Nación Argentina Justa, Libre, Sobe-
rana Año del Libertador general San Martín”, Peuser, Buenos Aires, tercera edición, 1950, p.
138.

Esta política de bienestar y desarrollo social, que redistribuyó el excedente producto de la prospe-
ridad acumulada durante la guerra y la posguerra, quedó plasmada, en 1949, en una nueva Cons-
titución que nacionalizaba los servicios públicos, declaraba como propiedades inalienables e im-
prescriptibles de la nación a todas las fuentes naturales de energía y permitía la reelección presi-
dencial, expresamente prohibida por la Constitución de 1853. De esta forma, el ahora general,
Perón quedó habilitado para ejercer un segundo mandato, efectivizado a partir de su triunfo en las
elecciones de 1952, año en que murió Eva Perón. Su muerte, junto con la implementación de un
plan de austeridad destinado a reducir la creciente inflación, -una de las manifestaciones más im-
portantes de una crisis económica que mostró los límites alcanzados por la industrialización liviana
y la expansión del consumo en un mercado interno cautivo, dinamizado por el pleno empleo y el
creciente poder adquisitivo de los salarios- parecía marcar la cúspide de popularidad y expansión
del nuevo ciclo y el comienzo de una etapa de ajuste económico, conflicto social y crisis política
que la prosperidad vivida, con altibajos, hasta el momento, contribuía a relativizar.

[...]Pero, compañeros, no debemos descansar en la vigilancia de esta Constitución justicialista y


su cumplimiento. Voces de la reacción comienzan a levantarse en algunos diarios “seriso” o en
alguna Bolsa de Comercio. Ellos hicieron algo así como un tabú de la Constitución liberal indivi-
dualista, que les permitió explotar a la República durante un siglo. Ellos no habrían tolerado jamás
la voz de un obrero que anatemizara esta Constitución, porque permitía la explotación de los tra-
bajadores. Como ellos vigilaron sus intereses, como ellos discutieron el tabú cerrado de esa Cons-
titución durante un silo, nosotros los justicialistas, hemos de velar con el arma al brazo para su
cumplimiento, ¡y pobre de ellos si se animan a sacarla!
Compañeros: el pueblo de la República, en un plebiscito jamás realizado por su pureza y por su
ecuanimidad, ha establecido en una asamblea soberana que la ley Suprema de la Nación, dada
por ese pueblo, será la Constitución justicialista. Para el futuro han de ser ustedes los guardianes,
han de ser ustedes los que juzguen y han de ser ustedes los que sancionen.
El movimiento sindical argentino y el pueblo argentino tienen la enorme responsabilidad de con-
servar este legado que nuestra generación creó para que no vuelvan a producirse los dolores y las
miserias que hemos presenciado.
Por eso compañeros, es necesario afirmar los sindicatos; es necesario apuntalar la CGT; es me-
nester que todos los trabajadores de la patria, en este inmenso movimiento sindical, terminen por
establecer que en esta tierra los trabajadores son uno para todos y todos para uno.
Juan Domingo Perón, 1° de mayo de 1950, en “Grandes discursos de la historia argentina”,
op. cit., p. 298.

En este contexto, la oposición compuesta, principalmente, por radicales, conservadores, socialis-


tas y demoprogresistas denunciaban las falencias y errores del régimen: su estilo grandilocuente;
las contribuciones compulsivas; la construcción de un aparato coercitivo que reunía en manos del
subsecretario de Informaciones de la presidencia, Apold, el manejo casi absoluto del cine, la ra-
dio, los periódicos y la televisión; la represión de las huelgas; la expropiación y clausura de la
prensa opositora; la restricción de las actividades públicas y acceso a la radiofonía; la detención y
encarcelamiento de legisladores, dirigentes y militantes opositores, en algunos casos torturados y
muertos; la vigencia del estado de guerra interno y la ley de Desacato que restringía las libertades
públicas; la omnipresente propaganda estatal; la intervención a las universidades y su empobre-
cimiento intelectual; el adoctrinamiento propiciado en todos los niveles educativos; el fomento de
la delación; el desarrollo obligatorio del culto a la personalidad y la claudicación de las iniciales
posturas nacionalistas al firmar las actas de Chapultepec, solicitar un crédito al Eximbank y trami-
tar contratos petroleros con compañías extranjeras.

[...] No queremos desacatarnos contra nadie. ¡Lo único que queremos evitar es que este gobierno
revolucionario se encuentre desacatado contra la República! Se lo está cuando arbitrariamente se
buscan medios extraordinarios que no se necesitan para la conducción de un buen gobierno; se
está en la contrarrevolución cuando se intimida, se persigue, se controla y se espía. [...]
Quiere decir que tienen y quieren una ventaja extraordinaria. Nos puede agraviar el presidente en
su doble condición: también puede aludirnos su esposa en su doble condición: de esposa y de
dueña de Trabajo y Previsión mediante la ayuda social; puede injuriarme el señor Teisaire, sena-
dor y jefe del Partido Peronista.
Si a mí me expulsan de la Cámara por definir ideas, no sé que debiera hacerse con el presidente
del partido Peronista si fuera diputado de la oposición al amenazar de hecho a toda la ciudadanía
libre de la República (¡Muy bien!, ¡Muy bien!)
¿No ve, señor presidente, que son difíciles las cosas y las situaciones?
Yo sé que pierdo el tiempo en cuanto signifique pretender variar este espectáculo y la decisión
que ha de tomar la Cámara. Pero estoy ganando tiempo porque tenemos resuelto no perder minu-
to para decir estas cosas argentinas. Aquí, en la calle o en la cárcel. A veces es necesario que en
un país entren algunos dignos y libres a la cárcel para conocer dónde irán después los delincuen-
tes de la República. (¡Muy bien!, ¡Muy bien!)[...]
No me detendré, señor presidente, en la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de nadie; pero
tenga la seguridad, señor presidente, que estaré sentado en la vereda de mi casa viendo pasar los
funerales de la dictadura para bien del país, (¡Muy bie!, ¡Muy bien!) y para honor de la República y
de América. (Muy Bien!, ¡Muy bien!) Si con irme de aquí pago precio como cualquier otro de los
luchadores de mi partido; si este es el precio por el honor de haber presidido este bloque magnífi-
co, que es una reserva moral del país, han cobrado barato; fusilándome no estaríamos a mano.
[...]
Expulsión del diputado Balbín, Cámara de Diputados de la Nación, 29 de septiembre de
1949, en Giacobone, Carlos (editor), Ricardo Balbín, discursos parlamentarios-políticos,
Ediciones Adelante, Buenos Aires, 1982, pp. 166 y 170-171.

1955: Annus horribilis


La crisis política, con ribetes de enfrentamiento social, adquiría un ritmo irrefrenable. En 1951,
fracasó un intento de golpe de estado encabezado por el general Benjamín Menéndez, que dejó
como saldo bajas en el ejército y prisión para sus cabecillas y colaboradores militares y civiles, de
resultas de lo cual fueron encarcelados Palacios, Balbín y Pinedo, mientras que otros dirigentes
políticos optaron por el exilio en el Uruguay. En abril de 1953, como producto del estallido de
bombas en la plaza de Mayo mientras Perón pronunciaba un discurso, parte de la concurrencia
incendió el Jockey Club y las sedes del Partido Socialista y la Unión Cívica Radical, entre otros
centros partidarios y políticos.
El momento culminante de la violencia política, en una sociedad profundamente dividida, se vivió
el 16 de junio de 1955 con el bombardeo, por parte de la aviación naval, de la Plaza de Mayo, con
intenciones de asesinar al presidente dejó un saldo de innumerables muertos y heridos en la po-
blación civil y cuando, al finalizar la jornada, fueron presa de las llamas templos históricos de la
Capital Federal, hechos que agravaron el conflicto planteado, a partir de 1954, con la iglesia cató-
lica. La gravedad de estos acontecimientos impulsaron a Perón a revertir la situación, el 5 de julio
pronunció un discurso en el que llamaba a la conciliación nacional y daba por clausurada la etapa
revolucionaria iniciada en 1945. De esta manera posibilitó a los opositores acceder a las radios
para manifestar sus críticas y proponer proyectos, así como también propició el ingreso al gabine-
te ministerial de figuras más moderadas. Estas medidas, sin embargo, no lograron detener las
conspiraciones cívico-militares destinadas a terminar con el gobierno justicialista, minado también
por la carestía en el costo de vida y el desabastecimiento. Las acciones se aceleraron a partir del
31 de agosto, luego de que el presidente clausurara el ofrecimiento de conciliación con un amena-
zante discurso y, a pesar de que el general Lucero, ministro del Ejército rechazó el pedido de ar-
mas para los obreros solicitadas por Hugo di Pietro, secretario de la CGT, el clima político se enra-
reció aún más cuando, a partir de este hecho, comenzó a circular la noticia-rumor de que se for-
marían de milicias obreras para defender al gobierno. Muchos opositores e inclusive miembros del
oficialismo vieron en estas declaraciones, que a esta altura de la vorágine política no importaba si
eran verdaderas o falsas, el preludio a una guerra civil como la que había asolado a España entre
1936 y 1939.
El 16 de setiembre de 1955, a casi un mes de cumplirse diez años del 17 de octubre de 1945, Eduar-
do Lonardi, un general retirado, nacionalista y católico, sublevó, con éxito, a la Escuela de Artillería y
la Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba, en un movimiento coordinado con bases del
Ejército en Curuzú Cuatiá y las navales de Río Santiago y Puerto Belgrano. No obstante las escasas
fuerzas que inicialmente lo acompañaron, el movimiento, que tomó el nombre de "Revolución Liber-
tadora" amplió progresivamente su adhesión militar y extensión geográfica. Con el fin de solucionar
el conflicto y que se negociara el cese de hostilidades Perón envió una oferta de renunciamiento a
una Junta de Generales que, ante la exigencia de rendición incondicional por parte de los subleva-
dos, la consideró como su renuncia. El ingreso de Perón a una nave de la Armada paraguaya ancla-
da en el puerto de Buenos Aires marcó la clausura de una década de gobierno y se constituyó en el
prólogo de un exilio que, pasando por Paraguay, Venezuela, Panamá, Santo Domingo y España, se
prolongaría por 18 años.

Lonardi y Aramburu: la Revolución Libertadora, 1955-1958


El 23 de Septiembre de 1955 Lonardi asume la presidencia y el contralmirante Isaac F. Rojas, quien
había sublevado la Marina de Guerra, asumió como vice-presidente. El primer mandatario había
proclamado desde el primer momento, en un llamado a la conciliación nacional que retomaba las
palabras pronunciadas por Urquiza casi un siglo atrás, que no existirían "Ni vencedores ni vencidos".
Sin embargo, su proyecto político de pacificación e integración nacional careció de apoyo y contó con
la militante oposición de importantes sectores del Ejército, la Marina, la Corte Suprema de Justicia y
la casi totalidad de los partidos opositores al peronismo, representados en la Junta Consultiva,
organismo asesor de gran repercusión en la opinión pública. A los cuestionamientos, que el grupo
antiperonista más duro hacía a la postura conciliatoria de Lonardi respecto del peronismo, se sumó,
en forma conjunta, la impugnación a sus colaboradores más cercanos identificados con posturas
nacionalistas. La gestión de Lonardi, trabada y distorsionada por la acción del resto de los ministros
y careciendo de mayores apoyos se complicó con su negativa a compartir su gestión con una Junta
Militar, alejar del cargo a los funcionarios cuestionados, disolver el Partido Peronista e intervenir la
CGT. El 12 de noviembre de 1955, con el alejamiento de Lonardi de la escena política se frustró el
primer intento de asimilar institucionalmente la base político-social del peronismo al margen del
liderazgo de Perón.

Respecto de la intervención a la C.G.T., su oposición fue igualmente terminante. El general sostuvo


que sería un craso error destruir la organización sindical, en la cual veían los obreros el instrumento
más eficaz para la defensa de sus conquistas. Innecesariamente se agraviaría a la masa de los
trabajadores, cuya colaboración es indispensable para la reconstrucción económica del país. No
sería lógico –afirmó- destruir sus sindicatos y pedirles que presten su colaboración. Explico en detalle
que, a sus interlocutores, que su plan consistía en apartar a los dirigentes que hubiesen cometido
transgresiones legales y someterlos a la justicia ordinaria. Luego convocaría a elecciones
absolutamente libres para que cada sindicato fuese controlado por una auténtica mayoría.
Dirigiéndose al contralmirante Rial, dijo: A cañonazos no conseguirán nada más que exacerbar a los
obreros y fortalecer el peronismo, en forma tal que dentro de seis meses estuviera nuevamente
Perón en la Casa de Gobierno o una guerra civil asolara el país.
Tampoco aceptó disolver el Partido Peronista, no por razones demagógicas, sino porque estaba
convencido de que era una política equivocada. En forma directa expresó: Sería un procedimiento
muy poco hábil, desde el punto de vista democrático, poner el movimiento peronista en la
clandestinidad y robustecerlo con la persecución.
En su concepto el partido no significaba ningún peligro y menos aun cuando se viera obligado a
cambiar de nombre, de acuerdo con la reglamentación que se proyectaba. No era difícil de prever –
continuó- que sus adherentes, abandonados por el “conductor”, de dividieran en múltiples facciones y
el movimiento iría languideciendo, porque: El pueblo marcha al compás de la música que le tocan, y
si el gobierno es honesto y sabe ganar la voluntad de la gente, sin desatar ni odios ni violencias, el
pueblo responderá e insensiblemente irá apartándose del peronismo para encausarse en los
partidos políticos tradicionales o en los que surjan del libre juego democrático.
Marta Lonardi, Mi padre y la revolución del 55, Buenos Aires, Cuenca del Plata, Tercera
Edición, 1981, pp. 213-214 .
El 13 de noviembre, el general Aramburu asume como el segundo presidente de la “Revolución
Libertadora”. Bajo su mandato se lleva adelante una "desperonización" total en todos los organismos
estatales: se declara ilegal al Partido Peronista, se interviene la CGT, la CGE y se encarcela a
militantes y dirigentes políticos y sindicales. El 9 de Junio de 1956, bajo el imperio de la ley marcial,
fueron fusilados 27 participantes de una rebelión cívico-militar de carácter peronista encabezada por
los generales Juan José Valle y Raúl Tanco: 12 personas son detenidas antes de que entrase en
vigencia la ley marcial y fusiladas en los basurales de José León Suárez, de las cuales siete
sobreviven. Las enmiendas establecidas por la Asamblea Constituyente en 1949 fueron derogadas
por decreto, restableciéndose el texto aprobado en 1853, que quedaba sujeto a reformas. Además,
mediante el decreto 4161/55, se prohibió la utilización de cualquier símbolo y elemento de
propaganda peronista, como así también pronunciar y escribir en público los nombres de Perón y de
Eva Duarte. El cadáver de Eva, embalsamado por el científico español Pedro Ara, fue retirado de la
CGT, donde yacía en forma provisoria, en una operación secreta no carente de innumerables y
macabros contratiempos. Como consecuencia del clima represivo generado por estas medidas se
constituyó la "Resistencia Peronista", movimiento clandestino integrado por militantes políticos y
sindicales que respondían con atentados, paros sorpresivos y sabotajes a la hostilidad de la
“Revolución Libertadora”.
En 1957, la Unión Cívica Radical se dividió en dos facciones: la primera, distanciada del gobierno
militar y dispuesta a negociar con Perón, encabezada por Arturo Frondizi, formó la Unión Cívica
Radical Intransigente (UCRI) y reclamó el levantamiento de las proscripciones políticas. La otra
fracción, cercana al gobierno con el cual colaboraba, liderada por Ricardo Balbín, conformó la Unión
Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Las magnitudes electorales de ambas fuerzas pudieron medirse
en 1957, cuando se convocaron elecciones para una Convención Constituyente que legalizara la
derogación de las reformas de 1949 e introdujera reformas en el texto de 1853. Desde el exilio, Perón
ordenó el voto en blanco, que ocupó el primer lugar, el segundo fue para la UCRP y el tercero para la
UCRI, cuya bancada, una vez inauguradas las sesiones y antes de abandonarlas, en la voz de su
presidente, Oscar Alende, impugnó la legitimidad de la Asamblea por haber sido convocada por un
gobierno de facto que carecía de facultades para ello. El resultado electoral profundizó la voluntad
política de Frondizi de contar con el apoyo peronista para las futuras elecciones presidenciales,
convocadas para Febrero de 1958. Bajo estos auspicios, Rogelio Frigerio, asesor y hombre de
confianza de Frondizi, pacta con Perón a cambio del apoyo electoral para la UCRI promesas
generales de orden social y económico y una futura reinserción legal del peronismo.

La democracia limitada: 1958-1973


Arturo Frondizi: Los tiempos de la integración y el desarrollo, 1958-1962
En las elecciones presidenciales del 23 de febrero de 1958 la fórmula encabezada por Arturo Frondizi
y Alejandro Gómez se impuso sobre la UCRP, que había presentado a Ricardo Balbín y Santiago
del Castillo. Este resultado constituyó una derrota para la “Revolución Libertadora” que apostaba a
una victoria de la UCRP. Desde ese momento, las dudas y las impugnaciones al estilo político de
Frondizi recorrerán tanto el tradicional arco partidario como a unas Fuerzas Armadas, unificadas en el
antiperonismo y el anticomunismo, dispuestas a cuestionar, vetar y realizar planteos para modificar
las decisiones presidenciales.
Transferido el mando el 1 de mayo de 1958, y tras un breve interregno de política populista, Frondi-
zi transformó sus promesas electorales. Su nuevo proyecto de desarrollo económico y prosperidad
nacional justificó diversos tipos de concesiones. En materia educativa a la Iglesia; el congreso
nacional, tras enconados debates, manifestaciones de apoyo, repudio y tomas de establecimien-
tos educativos, aprobó una “Ley de Enseñanza Privada” que posibilitaba la apertura de universi-
dades privadas y confesionales. En política represiva interna, a los militares, se les otorgaba atri-
buciones para poder detener, arrestar e interrogar a activistas políticos y sindicales. Además, respec-
to de las relaciones exteriores, por presión militar, en 1962, se rompen relaciones con la Cuba cas-
trista; ya en 1961, se había desatado una crisis militar tras el anuncio de una entrevista secreta
que el Presidente había tenido con Ernesto “Che” Guevara. Por último, se hacen concesiones al
capital extranjero, en el campo del petróleo por considerarlo junto con la industria petroquímica los
motores del desarrollo industrial, con el doble objetivo de complementar las bases agrarias de la
economía argentina y modernizar la estructura productiva del país. Para ello se aprobó una Ley de
promoción industrial y radicación de inversiones extranjeras, que posibilitó la rápida e indiscrimi-
nada incorporación de capitales en los renglones de la siderurgia, la celulosa, la fabricación auto-
motriz y el petróleo.
Ahora bien, más allá del clima de tensión que, en general, provocaron estas medidas, dos de ellas
merecen particular atención. En el caso del petróleo, problema clave del país y símbolo
históricamente asociado a la soberanía nacional, Frondizi asumió el desafío planteado por el
autoabastecimiento y firmó contratos de exploración y explotación de las reservas de
hidrocarburos con compañías, principalmente norteamericanas, para que cubrieran el déficit de
producción. La forma en que se gestionaron los contratos y la incorporación de capitales externos
a la producción generaron impugnaciones por parte del Parlamento y de la opinión pública.

El principal obstáculo para que avance el país es su estrecha dependencia de la importación de


combustibles y de acero. Esa dependencia debilita nuestra capacidad de autodeterminación y
pone en peligro nuestra soberanía, especialmente en caso de crisis bélica mundial.
[...] hoy habremos de referirnos a otra gran batalla: la batalla del petróleo. Es la más ardua y la
más decisiva, pero es también la más llena de esperanzas, porque la libraremos en nombre y a
favor de la soberanía nacional, con el apoyo del pueblo y con el instrumento que la República forjó
y preservó a través de todas sus vicisitudes, es decir: con Yacimientos Petrolíferos Fiscales.
Será una batalla absolutamente frontal y, por lo tanto, difícil y de enorme desgaste. Empleare-
mos, en consecuencia, todos los recursos disponibles. Si el país contara con medios financieros,
no titubearíamos en aplicarlos a nuestro petróleo. Lo propusimos cuando el Banco Central tenía
reservas de oro y divisas, y si el 1° de mayo de 1958 hubiera habido oro suficiente en las arcas del
Banco Central, habríamos ido directamente a retirarlo para entregarlo a Y. P. F.
Sabemos bien que vamos a ser combatidos. Seremos combatidos por cuantos están ligados a la
importación de combustibles, a quienes no les interesa que extraigamos nuestro petróleo ni les
conviene que la Argentina rompa con la cadena que ahoga su autodeterminación.
Se nos combatirá también en nombre de supuestas ideas avanzadas, olvidando que la capaci-
dad revolucionaria de un pueblo para cumplir sus destinos, no se la demuestra con afirmaciones
enfáticas ni posiciones dogmáticas. Se la demuestra con hechos concretos que, partiendo de la
realidad, tiendan a transformarla rápidamente al servicio de la Nación y de todo el pueblo argen-
tino.
Pero el factor determinante de nuestra decisión ha sido el apoyo del pueblo, el apoyo de ese
pueblo que nos consagró gobernantes por más de 4 millones de votos, en nombre de una clara
voluntad de soberanía, bienestar y progreso nacional. Para librar esta batalla que decidirá nuestro
futuro, tenemos el petróleo y tenemos a Y.P.F., pero sobre todo tenemos al pueblo. Porque esta-
mos seguro de que en esta lucha para extraer el petróleo nos acompañan no sólo quienes nos
han votado en el comicio sino millares de argentinos que no nos votaron, pero que saben antepo-
ner a su militancia política su profunda pasión argentina.
Arturo Frondizi, La batalla del Petróleo, Discurso pronunciado el 24 de Julio de 1958, en
“Grandes discursos de la historia Argentina”, op. cit., pp. 320 y 323.

En el caso del sector metalúrgico, el crecimiento de la industria metalmecánica y el de su sindicato


trajo como consecuencia el fortalecimiento político dentro de la CGT de la Unión Obrera Metalúrgica
y de su Secretario General, Augusto Timoteo Vandor. Desde este momento y hasta 1973, la
oposición, movilización y negociación, fue una efectiva estrategia del sindicalismo. Estrategia que
superó la propia base de la clase obrera y concedió a la CGT el rol de representar a sectores más
amplios del electorado peronista, que veían limitada su participación electoral debido a las diferentes
gamas de proscripciones que se ensayaron durante el período 1955-1966. En noviembre de 1958, un
presunto complot militar para desplazar a Frondizi y sustituirlo por Gómez, que representaba la
ortodoxia radical frente a los cambios ya insinuados por el presidente, determina el alejamiento del
vicepresidente.
El sindicalismo, por un lado reclamó el cumplimiento del pacto electoral y por otro, asumió la lucha
contra el ajuste neoliberal que supuso, en un primer momento, la aplicación del programa
desarrollista. A la vez , la lucha se entablaba contra las pretensiones de Frondizi quien pensaba que
un acelerado proceso de desarrollo económico permitiría la integración de las bases sociales del
peronismo a su proyecto político. Si bien las elecciones de renovación parcial de diputados de 1960
fueron favorables a la UCRP, el gobierno, para 1962, alentado por las victorias de la UCRI en Santa
Fe, Catamarca, San Luis, Formosa y La Rioja, por sondeos pre-electorales e indicadores económicos
positivos y en el supuesto de que la participación del peronismo en los comicios para gobernador y
diputados de las provincias restantes provocaría una polarización electoral favorable al oficialismo,
autorizó la participación peronista en los comicios provinciales de Marzo de 1962. Sin embargo, el
peronismo ganó con la candidatura, del sindicalista textil, Andrés Framini la decisiva provincia de
Buenos Aires, además de Tucumán, Chaco, Santiago del Estero y Río Negro. A pesar de la
sensación de catástrofe política el resultado global de la elección mostraba un mapa político
pluralista ya que, la UCRI había triunfado en Santa Cruz, Entre Ríos, La Pampa, Corrientes, Capital
Federal y Tierra del Fuego; la UCRP había ganado con Arturo Illia en Córdoba; los conservadores, en
Mendoza; el bloquismo, en San Juan; la Democracia Cristiana, en Jujuy y diferentes variantes
neoperonistas, en Salta, Misiones y Neuquén.
La irritación militar frente al triunfo del peronismo es irrefrenable y, ante la negativa del presidente de
alejarse del cargo, y con el antecedente de casi treinta “planteos”, los comandantes de las fuerzas
armadas, el general Poggi en Ejército, el almirante Roque Penas de la Marina y el brigadier Cayo
Alsina de la Aeronáutica lo destituyen el 29 de marzo de 1962. Antes de que fuera detenido y
transportado a la isla Martín García, Frondizi solicita a José María Guido, presidente provisional del
Senado, que acepte la presidencia como forma de garantizar una mínima continuidad legal.

José María Guido: conflictos militares y salida electoral, 1962-1963


El 30 de marzo el nuevo presidente jura ante la Corte Suprema de Justicia, antes de que lo hiciera el
general Poggi en la Casa Rosada. Los comandantes le hicieron saber que conservaría el cargo en
tanto que actuara en consonancia con sus apreciaciones: anular las elecciones de marzo, disolver el
Congreso Nacional y reprimir las actividades del peronismo y el comunismo. La fracción de las
fuerzas armadas que rodeaba al presidente se proponía establecer una dictadura militar por tiempo
indefinido. En oposición a esta actitud, otros sectores de las Fuerzas Armadas comandados por el
General Juan Carlos Onganía, propugnaron modelos más indirectos de intervención militar y un
retorno a la vigencia de la legalidad constitucional.
El 23 de septiembre de 1962 Onganía desconoció la autoridad del secretario de Guerra, José
Cornejo Saravia y del Comandante en Jefe del Ejército, Juan Carlos Lorio. Los sublevados
identificaron sus fuerzas con el color azul y las del enemigo con el colorado. Tras cruentas batallas,
que tuvieron por principal escenario a la ciudad y provincia de Buenos Aires, los azules, merced al
apoyo de la Aviación, derrotaron a los colorados. Onganía, que había propuesto un "retorno a la
Constitución sin proscripciones", fue designado Comandante en Jefe del Ejército.
En realidad, la facción Azul intentaba evitar una dictadura militar e incorporar paulatinamente al
denominado neoperonismo que, acaudillado por Vandor, lo llevaría a la arena institucional para
neutralizar su posible radicalización. Tales objetivos fueron fijados en el parte de batalla conocido
como el “Comunicado 150”, redactado bajo el asesoramiento de un grupo de sociólogos, periodistas
y politólogos entre los que se encontraba Mariano Grondona, José Enrique Miguens y Jacobo
Timmermann. Sus posiciones económico-políticas fueron difundidas en la revista Primera Plana,
fundada en 1962 por periodistas y empresarios afines al proyecto azul.
La propuesta del “Comunicado 150” trató de implementarse desde el Ministerio del Interior a través
de la creación de un frente electoral de unidad nacional que agrupase a los dos radicalismos, los
grandes empresarios, los sindicalistas y el neoperonismo. No obstante, los intentos frentistas
fracasaron, la UCRP se negó a participar y Onganía a ocupar la candidatura. Además, en franco
desacuerdo contra cualquier tipo de participación peronista, el 2 de abril de 1963, la Marina de
Guerra y algunas guarniciones del Ejército se sublevaron. Aunque la revuelta fue controlada los
asesores de Onganía redactaron un nuevo documento, el “Comunicado 200”, que, si bien ratificaba el
comunicado 150, se posicionaba claramente respecto al retorno del peronismo incorporando el
principal reclamo de los colorados que derrotados militarmente obtuvieron una victoria a nivel político.
A mediados de 1963 se logró consolidar el Frente Nacional y Popular conformado por peronistas,
conservadores populares y radicales intransigentes, que presentó la fórmula Solano Lima-Silvestre
Begnis. Sin embargo, diversos decretos gubernamentales emitidos por el Ministerio del Interior
trabaron su desempeño. El objetivo era impedir la participación del peronismo, sin proscribirlo en
forma explícita, en las elecciones nacionales convocadas por Guido para el 7 de julio de 1963. Ante
esta situación, Perón ordenó el sufragio en blanco a sus seguidores. Sin embargo, frente a la
postulación de Aramburu, como candidato por la Unión del Pueblo Argentino (UdELPA), una parte de
los votos peronistas se orientó hacia la UCRP que llevaba como candidatos a Arturo Illia y a Carlos
Perette y hacia Oscar Alende, candidato por la UCRI. Los cómputos finales reflejaron un panorama
político en el que el la UCRP obtuvo el primer lugar; los votos en blanco alcanzaron el segundo; el
tercero, Oscar Alende y Aramburu el cuarto lugar. El resto de las fuerzas, partidos neopeonistas de
provincias, conservadores, democristianos y socialistas rozaron el 5% de los sufragios emitidos.

Arturo Illia: la “revolución democrática” inconclusa, 1963-1966


La fórmula radical no alcanzó la cantidad de electores necesarios para consagrar a sus candidatos;
sin embargo, con el apoyo del resto de los partidos el Colegio Electoral proclamó a Arturo Illia y
Carlos Perette como Presidente y Vicepresidente constitucionales de la Nación para el período 1963-
1969. Durante su gestión Illia estableció en lo político, un régimen de respeto a las libertades
ciudadanas y valoración del estado de derecho, para lo cual derogó el estado de sitio vigente,
impulsó una ley de amnistía e implementó una gradual incorporación del peronismo a la arena
electoral. En el campo de las relaciones exteriores, subscribió la orientación político-filosófica
proveniente de la tradición yrigoyenista y en la órbita económico-social, acentuó la presencia
reguladora del estado. En noviembre de 1963 se rescindieron los contratos petroleros suscritos
por Y.P.F. con 13 compañías extranjeras durante el gobierno de Frondizi, a fin de renegociarlos en
términos más favorables. Se impulsó una ley de medicamentos que, entre otras limitaciones a los
laboratorios farmacéuticos nacionales e internacionales, congelaba los precios de las medicinas.
Se decretaron precios topes para la carne vacuna; para impedir el agio y la especulación, se dictó
la Ley de Abastecimiento, para evitar el tráfico de divisas se impuso un riguroso control de
cambios y la inmediatez de la liquidación de los ingresos por exportaciones. El gobierno envió al
Congreso la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil, que estipulaba la actualización inmediata del
sueldo mínimo respecto de la inflación.

La democracia argentina necesita perfeccionamiento; pero, que quede bien establecido,


perfeccionamiento no es sustitución totalitaria.
Lo que nuestra democracia necesita es ser auténtica expresión de su verdadera esencia.
Es que, la esencia de la democracia no queda debidamente expresada por estructuras meramente
jurídicas o por líricas afirmaciones de dignidad humana o de igualdad de los hombres ante la ley.
Todo eso, si solo eso fuera, únicamente resultaría un espejismo pernicioso, para calmar las ansias
que el pueblo vive, en medio de un desierto de duras realidades económicas.
Ese propósito de perfeccionamiento de nuestra democracia, como forma de vida, no podrá
lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar modificaciones sustanciales en las actuales
estructuras económico-sociales de nuestro país, que devuelvan al pueblo argentino la fe en sus
instituciones y gobernantes, y lo alienten para hacer todos los esfuerzos y soportar todos los
sacrificios necesarios para afianzar el orden jurídico y materializar el progreso en todos los
órdenes de la vida nacional. [...]
Esta es la hora de la reparación nacional, a la que todos tenemos algo que aportar.
Esta es la hora de la gran revolución democrática, la única que el pueblo quiere y espera; pacífica
sí, pero profunda, ética y vivificante, que al restaurar las fuerzas morales de la nacionalidad, nos
permita afrontar un destino promisorio con fe y esperanza.
Arturo Illia, 12-10-63, Mensaje a la Asamblea Legislativa, en Diario de Sesiones, Cámara de
Senadores de la Nación, Imprenta del Congreso de la Nación, Buenos Aires, 1964, pp. 66-
73.

La Unión Industrial Argentina (UIA), advirtió que esta medida repercutiría en un alza inflacionaria;
la Asociación Coordinadora de las Instituciones Empresarias Libres (ACIEL), - que agrupaba a la
Sociedad Rural, la Unión Industrial Argentina y otras organizaciones patronales y de la producción
-, impugnaron globalmente la política del gobierno, declarando inconstitucional la intervención
estatal en la vida económica. En esta línea de acción, el gobierno intervino en el comercio exterior
y asumió la comercialización directa, de las cosechas de trigo que además de venderla a los
tradicionales mercados los excedentes fueron comprados principalmente por la República Popular
China, país con el cual no se tenían relaciones diplomáticas, y en menor medida a la URSS en
una operación de trueque por petróleo y maquinaria. No obstante, ninguna de las medidas
socioeconómicas logró contener el Plan de Lucha ejecutado por la CGT, que consistió en una
serie de paros, marchas y movilizaciones callejeras, ocupación de los puestos de trabajo y
retención de jefes y empresarios. Aunque planteado como un reclamo por el poder adquisitivo del
salario, lo que en realidad esta operación encubría era el malestar que despertó en la dirigencia
sindical opositora la reglamentación de la Ley de Asociaciones Profesionales que perjudicaba el
dominio de la “burocracia sindical”.
En 1964 Perón intentó regresar de su exilio pero fue retenido en Brasil y reembarcado hacia
Madrid debido a las gestiones realizadas por el ministro de Defensa, Leopoldo Suárez y el de
Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Zavala Ortiz. En marzo de 1965, se realizaron elecciones
legislativas nacionales para la renovación de un tercio de la Cámara de Diputados. El peronismo,
bajo la denominación de Unión Popular, alcanzó la mayoría. En octubre llegó al país, revistiendo
el carácter de delegada personal, la tercera esposa María Estela Martínez Perón, “Isabel”,
comisionada para poner fin a las divisiones internas del partido profundizadas por la autonomía
que adquiría Augusto Vandor.
Los comienzos de 1966 estuvieron marcados por una gran cantidad de sabotajes, atentados y
paros sindicales. Asimismo, los servicios públicos colapsaron, hubo graves disturbios en la
provincia de Tucumán y manifestaciones universitarias callejeras que reclamaban aumentos en el
presupuesto educativo. Por su parte la prensa veía en la falta de solución de estos problemas, las
consecuencias de la pasividad gubernamental y de un vacío de poder. Por detrás de esta crisis,
una coalición de fuerzas civiles y militares coincidían en propiciar un golpe de estado: un sector de
grandes empresarios, contrarios a la medidas económicas del gobierno, los sindicalistas,
principalmente vandoristas, los frondizistas, en busca de la revancha por el golpe de 1962 y por la
anulación de los contratos petroleros y de imponer sus orientaciones económicas y equipos
técnicos, los profesionales y tecnócratas egresados de los colegios privados, parte del Ejército y
las fuerzas de izquierda para quienes la democracia burguesa, “el país formal”, era un fetiche que
ocultaba las necesidades y las fuerzas del “país real”.

El golpe de estado como opción política


El malestar militar ocasionado por la victoria del peronismo se agravó debido a difíciles decisiones
del gobierno en cuanto a política exterior. En mayo de 1965 fuerzas de los Estados Unidos
invadieron la ciudad de Santo Domingo a fin de controlar una posible hegemonía de fuerzas
de izquierda. Onganía propuso el envío de tropas que se sumaran a la acción pacificadora,como
una manera de luchar contra lo que diversos sectores percibían como “la amenaza comunista”.
Illia, optó por no enviar tropas y aunque en esta oportunidad los militares no hicieron planteos
formales que significasen un menoscabo de la autoridad civil, hubo discusiones internas en el
sector más antigubernamental del Ejército sobre la conveniencia de seguir sosteniendo a un
gobierno que no respetaba sus posiciones. Un nuevo conflicto internacional, agravó estas
tendencias y percepciones en el Ejército, esta vez con Chile terminó de tensar las relaciones entre
el Comandante en Jefe del Ejército y el presidente. El 7 de noviembre, en Laguna del Desierto se
produjo un enfrentamiento entre los carabineros chilenos y la Gendarmería argentina que arrojó el
saldo de un oficial muerto, varios heridos y prisioneros chilenos. Onganía sugirió la ocupación
militar inmediata de la zona. Sin embargo, para restaurar las relaciones diplomáticas con Chile y
resolver pacíficamente el problema, Illia decidió devolver los restos del oficial muerto, los heridos y
prisioneros, y detener el avance de las tropas. La resolución del conflicto parecía demostrar que el
presidente había desatendido, una vez más, los consejos y sugerencias del máximo representante
del ejército quien estaba decidido a renunciar y esperar su oportunidad para llegar a la
presidencia. La excusa para preparar su futuro político se la brindó la designación como secretario
de Guerra, en reemplazo del renunciante general Ávalos, del general Eduardo Castro Sánchez,
que no pertenecía a su entorno político ni compartía su proyecto ni filosofía política.
Ahora bien, la operación de recambio institucional planeada por la cúpula del ejército, acelerada a
partir del 29 de mayo de 1966 por el nuevo comandante en jefe, General Pistarini, había comen-
zado mucho tiempo atrás. Ella no sólo contó con el apoyo de los grupos políticos y económicos
que se oponían a la gestión radical, sino que fue respaldada, aún antes de que el gobierno entrara
en funciones, por un periodismo político que difundió con suficiente fuerza argumentos y críticas
que justificaban la necesidad de un golpe militar. Su estrategia incluyó la utilización del humor que,
en este contexto, resultó una forma más de deslegitimación política. Diversos caricaturistas retra-
taban al presidente como un anciano incapaz, adormecido, fuera de su época y también como una
tortuga frente a la contrafigura de Onganía a quien lo retrataban como un líder enérgico, marcial y
adusto que en su silencio parecía contener las soluciones que los factores de poder aguardaban.
Las revistas semanales y mensuales de actualidad y los periódicos se constituyeron, de esta mane-
ra, en actores políticos propiciatorios y legitimadores de la intervención militar que encumbraría al
ex-comandante como el conductor de una eficaz y redentora “Revolución Nacional”.
Los primeros días de junio, frente a la sugerencia del general Castro Sánchez de reprimir al comando
golpista el presidente le ordenó “no resistir el movimiento”; no estaba dispuesto a dividir nuevamente
el Ejército ni a que corriera sangre en defensa de su gobierno. El golpe se desencadenó en la tarde
del 27 de junio cuando Pistarini convoca a Buenos Aires y ordena detener al general Carlos Caro,
comandante del II cuerpo de Ejército con sede en Rosario, que se oponía al golpe. A media tarde, los
efectivos militares se desplazaron de sus cuarteles y ocuparon todos los edificios públicos de la
ciudad de Buenos Aires, los gobiernos en las capitales de provincia y la casi totalidad de los medios
de comunicación. Hacia la medianoche, los miembros del gobierno quedaron cercados en la Casa
Rosada, desde donde Illia trató de resistir. La madrugada del 28 de junio el general Alsogaray, tras
un forcejeo con el presidente, le comunica su destitución ordenándole que abandonase la Casa
Rosada, Illia lo increpa y decide continuar en el cargo. Hacia la madrugada y ante las reiteradas
negativas de Illia y sus acompañantes de continuar en la Casa Rosada, el cuerpo de lanzagases de
la Policía Federal a las órdenes del coronel Perlinger, duramente increpado por Emma Illia, que
asumió una encarnizada defensa, procedió al desalojo del despacho presidencial.
Una Junta Militar de carácter provisional, compuesta por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas
Armadas asumieron, momentáneamente, el Poder Ejecutivo con el fin de instaurar el "Acta de la
Revolución Argentina", la que estableció una Junta Militar que anuló la división de poderes, las
instituciones representativas, la actividad política y que, asumiendo el Poder Constituyente, eligió a
Juan Carlos Onganía como presidente.
Arropado por el momentáneo consenso de los "factores de poder", sin interferencias constitucionales
y con una inmensa concentración de poder institucional en sus manos, el nuevo presidente, un
“Mesías” como lo definió el columnista político de Primera Plana, Mariano Grondona, se aprestaba a
conducir al país por, los que se iban a revelar, más tarde, como los peligrosos y violentos, senderos
de una misteriosa "Tierra Prometida". No sólo las Fuerzas Armadas le otorgaban un “cheque en
blanco” al nuevo gobernante, gran parte de la sociedad civil y sus dirigentes generaron el consenso
necesario para lo que se vislumbraba como un proceso de regeneración nacional que se llevaría
adelante a través de la “modernización autoritaria”.

Al pueblo argentino
Argentinos: He asumido el cargo de presidente de la Nación que las Fuerzas Armadas han coincidido
en conferirme, convencido de que la gravedad de la circunstancia nacional nos impone obligaciones
inexcusables. Acepto esta responsabilidad excepcional persuadido de que es menester producir en la
República un cambio fundamental, una verdadera revolución que devuelva a los argentinos su fe, su
confianza y su orgullo [...].
La exigencia de la subordinación a la ley implica la obligación correlativa, por parte del gobierno, de
proporcionar a aquélla un contenido real y fecundo. Cuando esa obligación es ignorada y el sistema
institucional se convierte en una carga que oprime al país y anula sus mejores energías, vuelve al
pueblo el supremo derecho de rebelarse en defensa de su libertad y de su futuro. Incumbía a las
Fuerzas Armadas el deber de hacer efectivo ese derecho irrenunciable. Pretender lo contrario
implicaría ofrecer un acatamiento formalista a normas desprovistas de vigencia efectiva, y optar por
una complicidad colectiva en la falsedad y el engaño, que hubiese corrompido la fe, generando
escepticismo y debilitando la voluntad.
Juan Carlos Onganía, Mensaje pronunciado el 30 de junio de 1966 con motivo de asumir la
Presidencia de la Nación, en Selser, Gregorio, “El Onganiato (II. La espada y el hisopo”,
Hyspamérica, Buenos Aires, 1986, p. 339

Onganía, Levingston y Lanusse: “La Revolución Argentina”, 1966-1973


En julio de 1966 el nuevo gobierno intervino la universidad, una de las contadas instituciones que se
había opuesto al golpe, expulsando mediante una terrible golpiza a profesores y estudiantes que
resistían en las facultades de Arquitectura y Ciencias Exactas, a partir de ese momento las renuncias
en masa de muchos docentes profundizó el dramático proceso de “fuga de cerebros”. El plan de
estabilización económica del ministro Krieger Vasena, que en dos años redujo la inflación e impulsó
el crecimiento del PBI, se basó en la represión del sindicalismo disidente y el consenso de la
“burocracia” colaboracionista, en el congelamiento de los salarios y las tarifas de los servicios
públicos, la devaluación en un 40% de la moneda, la inversión en grandes obras públicas, y en el
ingreso de capitales extranjeros que adquirían pequeñas y medianas empresas, proceso indicador de
una tendencia hacia la desnacionalización de la economía.

La cultura juvenil frente a un orden moralista5


La década del sesenta fue para Argentina una época de apertura y recepción de diferentes co-
rrientes internacionales en el mundo de la política y la cultura que perdurará hasta la mitad de la
década entrante.6 En lo concerniente a la música, la llegada del rock, además de su consumo
directo, sirvió como elemento de amalgama con el talento local y a la vez como forma de rebeldía,
renovando la producción nacional que tomó el aporte externo y lo procesó según pautas culturales
propias por medio de los recitales masivos que le permitirían manifestarse en un espacio de so-
ciabilidad diferencial. Paralelamente a este proceso se produce musicalmente, el rescate y bús-
queda de las raíces, de lo telúrico, que se expresa en la revalorización del interior como espacio
de producción artístico-cultural. Dicho movimiento se manifesta en una mayor difusión del folklore,
las peñas, ahora de concurrencia masiva, se convierten no sólo en el ámbito privilegiado de la
nostalgia provinciana en Buenos Aires. Proceso que es acompañado por una nueva opción de
elegancia: la moda folk de los modelos de Mary Tapia, confeccionados en telas rústicas.
Es entonces cuando las "rutas argentinas" se verán invadidas, en las vacaciones, por los “mochi-
leros”: jóvenes de aspecto e indumentaria despreocupada que buscan el lugar óptimo para el ocio
recreativo que les permita descansar del estudio y la rutina hogareña. Con carpa al hombro y ha-
ciendo “dedo” saldrán a recorrer el país en busca de libertad, renovación y consolidación de rela-
ciones y espacios naturales. Estos desplazamientos impondrán, lentamente, la moda de bucear
en el Golfo Nuevo en Puerto Madryn, acampar en los bosques del sur y en las Cataratas del
Iguazú, todo lugar que permitiera huir del asfalto y la vida urbana constituía una opción válida.
Esta ruta de naturalismo, pacifismo y vida en comunidad contribuirá a delinear los contornos del
hippismo, de esta manera, muchos recalarán en el Bolsón o en Villa Gesell, que con sus méda-
nos arbolados y calles de arena surgirá como la nueva Meca para desarrollar culturas alternativas
y hábitos veraniegos mucho más libres7. Gesell era un lugar más distendido y fuera del control de
los padres y las moles de cemento que hasta el momento les ofrecía Mar del Plata, esa Buenos
Aires estival y marítima que en verano llegaba a triplicar su población habitual recreando el haci-
namiento porteño, ámbito propicio para la reproducción de lo que Juan José Sebrelli ha categori-
zado como ocio represivo8.
En esta búsqueda de paisajes menos congestionados y de una autonomía estival jugarán un rol
preponderante nuevos espacios de sociabilidad; los campings veraniegos que permitían una salu-
dable vida al aire libre. Las vacaciones transcurrían entre picaditos, partidos de pelota-paleta,
lecturas que podían ser principalmente las novelas del “boom” latinoamericano, político-filosóficas:
Sartre, Camus, o también Primera Plana, Panorama, o Crisis; cabalgatas, carreras playeras para-
petados en los boogies, baños de sol y de mar; largas caminatas a orillas de la costa y los bos-
ques, actividades que se remataban al final del día con fogones nocturnos, asados y guitarreadas

5
En este apartado seguimos el artículo de Fernández, Ángela y Taroncher Padilla, Miguel Ángel, “Tiempos difíciles:
educación juventud y violencia política en la Argentina (1960-1990)”, Paideia, Río Negro, en prensa.
6
“Los 60 hablan de una Buenos Aires versátil, sitiada políticamente, y de intensa vida intelectual. Nada de lo que suce-
dió en ella dejó de afectar los años siguientes” Ríos, Ruben, Nota preliminar, en Jorge Romero Brest, Arte Visual en el
Di Tella. Aventura memorable en los años 60 Emecé, Buenos Aires, 1992, p. 9.
7
“La importancia de la liberación del cuerpo, a través de asumirlo sana y gozosamente al sol, en la playa, el mar, con el
movimiento, como el polémico semidesnudo (mokini, moda verdad, etc.) nos llevan a plantear el tema a una modelo
plástica en el taller del escultor Antonio Scarpato: “Las mujeres hemos recuperado el derecho al lenguaje corporal, una
libertad largamente añorada –enfatiza Flida-. Hemos vuelto a la antigüedad, al ritmo, a la plástica de las jóvenes creten-
ses, vitales, felices, limpias. Puedo revivir aquel mundo que participaba de la potencia lumínica del universo, o bailar en
silencio mi alegría de vivir.”, Miguel Brihüega, (Agosto de 1973), La liberación femenina a través de la moda, en Redac-
ción, Buenos Aires, p. 73.
8
(Sebrelli, Juan José, ”Mar del Plata, el ocio represivo”, Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1970, p. 90).
e infinitas charlas donde la política y el compromiso militante no estaban ausentes. Y por supues-
to, los escarceos amorosos para los que cualquier momento del día o la noche eran propicios.
Estas nuevas formas convivieron y debieron sortear las medidas de represión y censura del esta-
do Burocrático-Autoritario9, implementado a partir del golpe de estado del 28 de junio de 1966.
Onganía impulsor de un proyecto de modernización neoliberal en lo económico, y corporativista
en lo político se empeñaba, en un intento de emular a la España franquista, en imponer rígidos y
tradicionales cánones de sociabilidad, inspirados en la moral sustentada por sectores preconcilia-
res de la Iglesia Católica, proceso que formó parte del denominado, por Oscar Terán, como “blo-
queo tradicionalista”10. Dentro de este paradigma de intolerancia se procedió a clausurar publica-
ciones y las exposiciones del Di Tella por considerarlas contrarias a la cultura nacional, manifesta-
ción, según la visión de Onganía, de un cosmopolitismo pernicioso11 y a perseguir a los artistas
plásticos junto con el encarcelamiento, el maltrato arbitrario y los gratuitos cortes efectuados en
las comisarias a los extraños “de pelo largo”12.

Inestabilidad política, violencia y movilización popular


A partir de 1968, los logros del plan económico y los anuncios de paz social y política se diluyeron
frente al clima de rebeldía social que se manifestó por medio de acciones guerrilleras en el interior del
país y Capital Federal, disturbios y movilizaciones estudiantiles en Corrientes y Rosario y
fundamentalmente por el estallido del Cordobazo, movimiento popular que derrotó a la policía
provincial y tomó el control de la capital mediterránea hasta que intervino el ejército, a lo que se sumó
el asesinato de Vandor y, en mayo 1970, el secuestro y asesinato, por parte de la agrupación
armada peronista Montoneros, del general Aramburu. El ex Presidente de facto lideraba una
conspiración en la que estaban involucrados los partidos políticos y parte de las fuerzas armadas
para desplazar a Onganía e implementar una transición democrática. La imposibilidad en controlar el
proceso de radicalización y violencia política, en agosto es asesinado el dirigente sindical Alonso,
determinó que el, otrora poderoso, dictador fuese obligado a renunciar por la Junta de Comandantes
en Jefe que, en junio de 1970, designa en su reemplazo al agregado militar en Estados Unidos, el
general Marcelo Levingston. El nuevo mandatario tampoco pudo controlar el proceso de rebelión
9
El Burocrático-Autoritario es un Estado cuyas principales características son las siguientes: 1) Su principal base social
es la gran burguesía; 2) Institucionalmente adquieren peso decisivo el conjunto de organizaciones especializadas en la
coacción y en la “normalización de la economía” con el fin de “restablecer el orden”; 3) Es un sistema de exclusión polí-
tica de un sector popular previamente activado, al que somete a severos controles tendientes a eliminar los recursos
(con centro en organizaciones de clase y movimientos políticos) que permiten dicha activación; 4) Supresión de la ciu-
dadanía y la democracia política; 5) Es un sistema de exclusión económica del sector popular; 6) Desde sus institucio-
nes y a través de objetivos de racionalidad técninca se llevan a cabo intentos sistemáticos de “despolitizar” el tratamien-
to de las cuestiones sociales; 7) Cierra los canales democráticos de acceso al gobierno y junto con ellos los criterios de
representación popular. Para una profundización de estos conceptos, consultar O´Donnell, Guillermo, 1966-1973 El
Estado Burocrático-Autoritario. Triunfos, derrotas y crisis, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1982, pp. 60-61.
10
Bajo esta denominación Terán designa uno de los aspectos del proceso ideológico que impulsó e impuso la Revolu-
ción Argentina, “En las franjas tradicionalistas de la cultura argentina se cristalizó sin contradicciones una sensibilidad
integrista que una y otra vez verá amenazados los bastiones del orden cuando sus propios valores nacionalistas, espiri-
tualistas y familiaristas se vean presuntamente carcomidos por los males perversos del divorcismo, la pornografía y
también el libre ejercicio de toda actividad intelectual crítica. Estas ideologías no eran novedosas (sus antecedentes
podían rastrearse con facilidad en todo el veneno antimodernista del catolicismo), y hubiesen permanecido como piezas
extemporáneas en una sociedad en proceso de modernización a no ser por su capacidad para ganar predicamento en
esferas de poder, y en especial sobre cuadros de unas fuerzas armadas a las que desde diversos sectores de la socie-
dad civil se sigue visualizando como el último soporte de una nacionalidad de lo contrario condenada a la disolución.”,
en Terán, Oscar, Nuestros años sesenta. La formación de la nueva izquierda intelectual en la Argentina 1956-1966,
Puntosur , 1991, Buenos Aires, p. 166.
11
“Juan Carlos Onganía: ...La formación cultural nacional era algo extranjerizante, no apta para el medio. Todo estaba
centrado en una ciudad cosmopolita que daba un mal ejemplo.
El país necesitaba una cultura que saliera un poco de la capital. Intentamos organizar viajes culturales a través de varias
asociaciones para ir más allá de la frialdad del cosmopolitismo . Claro en tres años no pudimos hacer mucho. Intenta-
mos hacer una imagen un poco distinta a los intereses de la intelectualidad de la capital.”, Reportajes Orales, en King,
John (1985), “El Di Tella y el desarrollo cultural argentino en la década del sesenta”, Gaglianone, Buenos Aires, p. 309.
12
“En esa época muchos estudiantes y jóvenes se sentían atraídos por diversas formas de compromiso político, pero
muchos otros se contentaban con expresar sus diferencias dejándose crecer el pelo o usando ropas novedosas. ...Los
hippies eran esencialmente un fenómeno norteamericano, y la contracultura en la Argentina estaba limitada principal-
mente a la moda, el pelo largo, el rock nacional, y otras mesuradas manifestaciones de diferencias dentro de un sistema
cerrado.”, en John King, op. cit., pp. 106-107.
social y política, en julio la guerrilla toma el pueblo de La Calera, Córdoba y Garín, en Buenos Aires.
Sin embargo y defraudando las espectativas de la opinión pública no da comienzo el esperado plan
de apertura política, proceso reclamado desde el conjunto de partidos políticos agrupados en La
Hora del Pueblo, organismo multipartidario, que, a la vez, enfrenta los intentos de constituir un partido
oficialista. En 1971, debe sofocar en Córdoba, "la rebelde", otra movilización popular contra el
gobernador Camilo Uriburu, que prometió acabar, de un solo golpe, con la "víbora" rebelde que
anidaba en la ciudad capital.
Frente a este caótico cuadro de situación la Junta desplaza a Levingston y designa presidente al
comandante del ejército, Alejandro Agustín Lanusse, que presentó un plan de apertura política
diseñado por el ex dirigente radical Arturo Mor Roig quien, con el aval de los partidos, asume como
Ministro del Interior. En la irreversible marcha hacia las elecciones Perón ,desde Madrid, alentaba -
tanto a la derecha como a la izquierda de su movimiento - a que utilizaran todos los medios a su
alcance, pacíficos y violentos, para derrotar a la dictadura y a su plan de conciliación y salida
regulada: el Gran Acuerdo Nacional. En abril de 1972 el Ejército Revolucionario del Pueblo
secuestra al empresario italiano, director de FIAT argentina, Oberdán Sallustro, que es encontrado
muerto tras un tiroteo con la policía que intentaba rescatarlo; en Rosario es asesinado el general
Juan Carlos Sánchez, comandante del II Cuerpo de Ejército. En agosto de 1972, luego del intento de
fuga del penal de Rawson de un grupo de guerrilleros se produce la masacre de Trelew. Importantes
dirigentes, Santucho y Gorriarán Merlo entre otros, logran huir en avión a Chile, sin embargo 19
militantes que son capturados y detenidos en la base Almirante Zar de Trelew son fusilados.
En un contexto político donde la violencia crecía día a día, Lanusse desafía a Perón para que
abandone la comodidad de su lejana posición, de la cara y retorne a la Argentina. La respuesta no se
hace esperar, en noviembre de 1972, el ex presidente desembarca en Ezeiza para organizar sus
huestes, con miras a la inminente contienda electoral, en una coalición de partidos: el Frente
Justicialista de Liberación (FREJULI).

[...]Pero aquí no me corren más a mí, ni voy a admitir que corran más a ningún argentino, diciendo
que Perón no viene porque no puede. Permitiré que digan: porque no quiere. Pero en mi fuero íntimo
diré: porque no le da el cuero para venir.
Creo que le ha tomado el gusto al papel de mito. Y es así que entonces pretende seguir
beneficiándose con la ambigüedad y, además, no da la cara, no toma contacto personal con sus
dirigidos y no se expone a tener que hablar clara y responsablemente. Pero Perón tiene que
definirse. Ineludiblemente tendrá que hacerlo. O es una realidad política, o solamente será mito. No
estoy en contra del mito: aunque no me resulte muy agradable, evidentemente no llegó a ser un mito,
a los setenta y tantos años, porque sí nomás. Pero bajo ningún punto de vista se ha de admitir que
pretenda ser las dos cosas: mito y realidad. Una u otra..
Lanusse, Alejandro, Alocución en el Colegio Militar el 27-7-72 en Lanusse, Alejandro Agustín,
“Mi testimonio”, Laserre editores, Buenos Aires, 1977, p. 295.

Como el líder justicialista, por una cláusula proscriptiva, no puede participar designa como candidato
a su delegado personal, Héctor J. Cámpora y como vicepresidente al Conservador Popular Vicente
Solano Lima. Perón retorna a Madrid luego de una gira latinoamericana en la que tomará contacto
con Stroessner en Paraguay y con Velazco Alvarado en Perú. Tras una intensa campaña
caracterizada por una intensa movilización popular y dominada por el eslogan “Cámpora al gobierno,
Perón al poder”, el 11 de marzo de 1973 resulta triunfante la fórmula del FREJULI. En segundo lugar
la UCR que postulaba a Balbín-Gammond. En la Capital Federal Fernando de la Rúa le ganará la
senaduría por ese distrito al candidato del FREJULI, el nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo. Sin
embargo, el triunfo popular no detiene la escalada de violencia política de la que serán víctimas el
almirante Hermes Quijada y el sindicalista de SMATA, Dirck Kloosterman.

El retorno del peronismo. Campora, Lastiri, Perón, María Estela Martínez, 1973-1976
El 25 de Mayo de 1973 Cámpora asumía la presidencia rodeado del marco proporcionado por una
Plaza de Mayo colmada por los sectores juveniles, las organizaciones guerrilleras y la asistencia a la
ceremonia de transmisión del mando del presidente chileno Salvador Allende y del cubano, Osvaldo
Dorticós. En el nuevo gabinete, junto a las tradicionales figuras del peronismo y los ministros
representantes de la izquierda, se destacaba la ascendente figura de José López Rega, astrólogo,
mayordomo y nuevo “hombre fuerte” del entorno de Perón, que asumió como ministro de Bienestar
Social. Con el correr del tiempo y aprovechando la estructura estatal que le brinda su cargo fundará y
comandará la Asociación Anticomunista Argentina, también conocida como La Triple A (AAA). Esta
organización parapolicial además de contrarestar las ofensivas de las organizaciones armadas
juveniles cumplía la misión, dentro del esquema de contrapesos diseñado por Perón, de frenar el
avance de la izquierda que parecía hegemonizar el espacio político. El 25 de mayo, en horas de la
noche, parte de la multitud que había asistido a la Plaza llega hasta la cárcel de Villa Devoto, allí
exigen y obtienen la libertad de guerrilleros y presos políticos. Instalado Cámpora en el gobierno una
sorda lucha entre las facciones antagónicas del peronismo se desata con toda su violencia en las
inmediaciones del palco erigido en Ezeiza, donde más de un millón de personas aguarda, el 20 de
junio de 1973, la llegada de Perón. Como saldo de la represión paramilitar de quienes tenían a cargo
la seguridad del acto, - grupos de la ultraderecha peronista, militares retirados, mafiosos, matones
lopezreguistas y sindicalistas -, y de la batalla campal desatada murieron alrededor de 200 personas,
muchas de ellas pertenecientes a las organizaciones armadas que intentaron asaltar el palco fueron
torturadas y asesinadas.

Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser de reconstrucción
pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir
destruyendo, frente a un destino preñado de asechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su
hora fue el apotegma de nuestra creación: “de casa al trabajo y de del trabajo a casa”. Sólo el trabajo
podrá redimirnos de los desatinos pasados.
Necesitamos una paz constructiva sin la cual podemos sucumbir como Nación. Que cada argentino
sepa defender esa paz salvadora por todos los medios, [...]
Hay que volver al orden legal y constitucional, como única garantía de libertad y justicia. [...]
Conozco perfectamente lo que está ocurriendo en el país. Los que crean lo contrario se equivocan.
Estamos viviendo las consecuencias de una posguerra civil que, aunque desarrollada
embozadamente, no por eso ha dejado de existir, a lo que se suman las perversas intenciones de
los factores ocultos que desde las sombras trabajan sin cesar tras designios no por inconfesables
menos reales.
Juan Domingo Perón, 21-6-73, Mensaje por la cadena nacional de radio y televisión, en
“Grandes reportajes de la historia argentina”, op. cit., pp. 358-359.

Como resultado de estos hechos, y con el objeto de permitir el acceso definitivo de Perón a la
presidencia, se produce la renuncia de Cámpora y Solano Lima; de esta manera llega a su fin la
presencia de la izquierda peronista en el gobierno. El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl
Lastiri, se hace cargo de la presidencia y convoca a elecciones para el 11 de agosto de 1973. En
ellas, Perón, convertido simultáneamente en símbolo de unidad nacional, paz y revolución,
acompañado en la vicepresidencia por su tercera esposa, María Estela Martínez, triunfa sobre el
binomio radical Balbín - de la Rúa. Su tercera presidencia se verá marcada por la profundización de
la espiral de violencia que venía asolando al país desde fines de los años sesenta. Una parte del
electorado depositó su confianza en el anciano líder, por considerarlo como el único capaz de
restablecer la paz; por otra parte, el voto rebelde le demandaba la revolución social. Perón se
encargó de aclarar lo que muchos no deseaban oír ni ver, se decidió claramente por una opción de
orden: la revolución se lograría por el tiempo no por la sangre, frente a la violencia popular aclaró
que el delito es delito cualquiera sea su móvil y antepuso a un proceso de "liberación nacional" la
necesidad de la "reconstrucción nacional". Como consecuencia del asesinato del sindicalista Rucci y
el intento de copamiento del Regimiento 10 de Caballería Blindada de Azul, que dejó una secuela de
muertes y un secuestro, Perón respondió por la cadena nacional, vestido con su uniforme de general
y acompañado por los comandantes de las tres armas, declaró a los responsables de estas acciones
“enemigos de la Patria”, elogió al ejército, dejó entrever la complicidad del gobernador bonaerense
Bidegain y envió al Congreso un proyecto de modificación del Código Penal que contemplaba
mayores penas para las actividades terroristas, circunstancia que determinará la renuncia de los
diputados vinculados del ala juvenil del movimiento. A partir de este momento se desató una ola de
desplazamientos de gobernadores vinculados a los sectores juveniles: Bidegain es obligado a
renunciar; en Córdoba, el jefe de la policía, el coronel Navarro, derroca al gobernador Obregón Cano
y al vice Vaca Narvaja. Asimismo, se inicia una purga de funcionarios relacionados con la juventud
peronista, en distintas administraciones provinciales. Como consecuencia del discurso presidencial
la Triple A, desatará una escalada de amenazas, secuestros y asesinatos contra intelectuales,
artistas, dirigentes y militantes de izquierda.
La muerte de Perón, el 1 de julio de 1974, agravó el proceso político y abrió el camino de la sucesión
a María Estela Martínez, que contaba con el constante asesoramiento de López Rega, quien
acrecentará su influencia en la gestión gubernamental. El ministro de Economía José Ber Gelbard,
con el apoyo de Perón, había logrado mediante la firma del Pacto Social, y no sin dificultades,
contener la inflación, pero las presiones sectoriales de sindicalistas y empresarios frustaron este
intento. El "Rodrigazo", paquete de medidas económicas tomadas por Celestino Rodrigo, el nuevo
ministro de Economía, generó el crecimiento del mercado negro y el desasbastecimiento. El gobierno
de Martínez de Perón será jaqueado por la crisis económica; la división del bloque justicialista en el
Congreso; los intentos de juicio político por denuncias de corrupción que involucraban en forma
directa a la presidente; el incremento de la violencia política, profundizada por los enfrentamientos
entre la guerrilla y la represión paramilitar y estatal; el crecimiento del poder sindical, que logró
desplazar a López Rega de su poderosa situación y la obstrucción empresarial, que se manifestará a
través de un lock out. El poder militar, que logra mayores facultades para combatir a la guerrilla rural
y urbana por medio del comandante del ejército, General Videla, a través de un discurso
pronunciado ante las tropas que, con el fin de combatir la guerrilla en la provincia de Tucumán
participan en el Operativo Independencia, emplaza al gobierno a resolver la complicada situación en
el plazo de 90 días. A pesar de los esfuerzos de los partidos políticos por sostener el gobierno, que
adelanta las elecciones para octubre de 1976, al cumplirse el plazo del ultimátum, el 24 de marzo, el
país amaneció bajo “el control operativo de la Junta Militar”: el gobierno peronista había sido
derrocado. La opinión pública recibió con alivio, lo que suponía, el fin de una pesadilla, muy por el
contrario en ese nefasto “idus” de marzo comenzaba otra. Así, el último golpe militar triunfante en el
siglo XX se había consumado dano comienzo los “años de plomo”, la etapa más negra de la historia
contemporánea argentina.

El Proceso de Reorganización Nacional: Videla, Viola, Galtieri, Bignone, 1976-1983

Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y la anarquía; a la falta


de capacidad de convocatoria que demostrado el gobierno nacional; a las reiteradas y sucesivas
contradicciones evidenciadas en la adopción de medidas de toda índole, a la falta de una estrate-
gia global que, conducida por el poder político, enfrentara a la subversión; a la carencia de solu-
ciones para los problemas básicos de la Nación cuya resultante ha sido el incremento permanente
de todos los extremismos; a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar
quienes ejercen la conducción del Estado; a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la
economía que ocasionara el agotamiento del aparato productivo; a la especulación y la corrupción
generalizada, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe;
las Fuerzas Armadas en cumplimiento de una obligación irrenunciable ha asumido la conducción
del estado.
Proclama de las Fuerzas Armadas con motivo del derrocamiento del gobierno constitucio-
nal, 24-3-76, en Verbitsky, Horacio, op. cit., pp. 147-148.

El autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, so pretexto de combatir al terrorismo


insurreccional y la corrupción, acabar con la inflación y la especulación, desencadenará, al ampa-
ro de las sombras, la violencia estatal que asesinará, torturará y obligará, en el mejor de los casos,
a exiliarse a intelectuales, sindicalistas, militantes políticos y de los movimientos sociales, a inte-
grantes del mundo de la cultura y la educación. Este plan criminal era necesario para silenciar las
voces y acciones disidentes para con sus verdaderos objetivos: eliminar la conflictividad político
social para rediseñar, estructuralmente, tanto a la sociedad como a la economía, consolidando, a
la vez, con un crecimiento desmedido de la deuda externa, los lazos de dependencia con los cen-
tros económico-financieros internacionales.
La Junta Militar, integrada por el almirante Massera, el general Videla, designado presidente por
cuatro años, y el brigadier Agosti, depone a todas los funcionarios electos, suprime los partidos
políticos, disuelve el congreso, las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes, interviene
la CGT y se reparte, conforme a un esquema de 33,3 por ciento por fuerza, todos los cargos pú-
blicos e instituciones. La prensa es inducida a la autocensura, se asfixia toda actividad cultural
independiente, se asesina, persigue y cesantea, por motivos ideológicos, a docentes y se cierra el
ingreso a sociología, antropología, psicología y ciencias políticas por considerarse ámbitos “peli-
grosos” y por que no se podían cubrir con profesores afines a sus postulados ideológicos:. El Pro-
ceso rediseña una nueva comunidad, basada en el paradigma del terror y la pena de muerte, des-
articula los imaginarios políticos y sociales de la década del sesenta y el setenta, que se habían
construido en base al progresismo militante y la certeza del poder transformador de la violencia y
la acción política y social, el cuestionamiento al orden establecido y la movilización popular. Esta
reconstrucción y limpieza ideológica, que se haría esta vez en la clave ideológica que proporcio-
naba la lucha contra el enemigo interno (“la subversión apátrida”), se proponía eliminar cualquier
tipo de vestigio de ideas y acciones extrañas que amenazaban a un supuesto “ser nacional”.
Los militares que planificaban el golpe desde tiempo atrás diseñaron un plan de represión que
dividió al país en zonas y subzonas, en donde operaban con total impunidad, inclusive fuera del
propio control gubernamental. Así, al margen de los enfrentamientos con alguno de los grupos
guerrilleros que conservaban capacidad operativa y procediendo en forma clandestina, grupos de
tareas de las tres fuerzas se dedicaron a fusilar, en descampados o la vía pública, a detener y
secuestrar a los militantes de organizaciones políticas y sociales y a toda aquella persona a ellos
vinculada o que sospecharan de ser colaboradores, amigos, simpatizantes o simplemente porta-
dores de, lo que consideraban, como ideas subversivas o doctrinas "foráneas" a la nacionalidad.
Los secuestros generalmente nocturnos y en coches sin identificación culminaban en campos
clandestinos de detención donde, la mayoría de las veces, los “detenidos - desaparecidos”, des-
pués de vivir el infierno de la tortura, los golpes, simulacros de fusilamiento y vejaciones de todo
tipo eran masacrados. Los pocos que fueron liberados debían partir hacia un obligatorio exilio.
Desde 1977, un grupo de madres que recorría diversas dependencias oficiales en busca de noti-
cias sobre sus hijos desaparecidos, desafiando la barbarie y omnipotencia del poder autoritario, se
congregó alrededor de la pirámide de Mayo, frente a la Casa Rosada. Al estar prohibidas las
reuniones de más de dos personas, la policía les dio la orden de “circular”; es así que empezaron
a caminar alrededor de la pirámide en una ronda que llega hasta nuestros días.
El ministerio de Economía estuvo a cargo de José Alfredo Martínez de Hoz, un abogado del mun-
do de los negocios y las finanzas, sus medidas querían lograr una economía competitiva y de
mercado, para ello, desreguló el sector financiero con lo cual acudieron capitales “golondrinas”.
Abrió la importación para generar la “selección natural” de empresas y terminar con sectores pro-
tegidos e “ineficientes”; el poder adquisitivo del salario decreció y subieron las tasas de interés,
multiplicándose los plazos fijos en dudosas financieras que surgían de un día para otro. De esta
manera, se logró el efecto contrario al enunciado que había sido el de “transformar la economía
de especulación en una economía de producción”.
En 1978, el plan se desequilibró por las inversiones en infraestructura deportiva, con motivo de la
realización del Campeonato Mundial de Fútbol, y por la compra de armamentos en previsión (o
deseo) de una guerra con el Chile de Pinochet por la posesión del Beagle, conflicto que estuvo a
punto de estallar en 1978. La caída del Banco de Intercambio Regional, en 1980, arrastró a un
gran número de las oportunistas entidades financieras que surgieron para aprovechar la coyuntu-
ra. La crisis terminó con los depósitos de gran cantidad de pequeños y medianos ahorristas y con
toda la ilusión de prosperidad para la clase media generada por el fenómeno de la “Plata Dulce”
que engrosó la deuda externa y que permitía financiar, principalmente, a la clase media, presa de
un éxtasis consumista, sus peregrinajes a Miami y Uruguayana para efectuar el turismo de com-
pras, atiborrarse de electrodomésticos, baratijas, ropa y adquirir el codiciado televisor color, que,
desde el comedor, irradiaba modernidad y status al convertirse, en los ochenta, en un nuevo sím-
bolo y fetiche cultural.
La declamada política exterior, que pretendía insertar a la Argentina, desde cuyo estado se viola-
ban sistemáticamente los derechos humanos, en el occidente cristiano recibió, aunque con dife-
rentes grado, el rechazo y aislamiento de las democracias occidentales. Sin embargo, las conde-
nas al marxismo internacional, que presidían la represión y la destrucción de la libertad, no le im-
pidieron al gobierno de Videla desarrollar una apertura comercial con China y la Unión Soviética,
ni a estas potencias comprar el grano que otros mercados occidentales les negaban. La designa-
ción de Viola como presidente, en marzo de 1981, fue conflictiva y puso de manifiesto las divisio-
nes imperantes dentro de la Junta Militar. Su candidatura era cuestionada por la marina, que
acaudillada por Massera contaba con un proyecto político propio y no se resignaba al tradicional
segundo lugar que la historia siempre le deparaba, y por los sectores más duros del ejército que
consideraban su capacidad de acercamiento político como un síntoma de debilidad . Viola llegó a
la Casa Rosada notablemente condicionado: por las apetencias del nuevo jefe del ejército, Leo-
poldo F. Galtieri, quien desde su rol de triunviro en la Junta conspiraba contra el nuevo presidente;
por la crisis económica producida por la fuga de capitales, cierres de bancos, estampida de aho-
rristas, una devaluación del 30% y el aumento del dólar; por la conflictividad social que se mani-
festó en la huelga de julio de 1981 convocada por la CGT, dirigida desde 1980 por Saúl Ubaldini, y
por la resurgente actividad de los partidos políticos que, a través de su unión en la Multipartidaria,
aprovechando una insinuada apertura buscaban una salida política.
A pesar de ser víctima principal de la barbarie militar, excluida de los principales ámbitos de prota-
gonismo y cerradas las instituciones que pudiesen canalizar sus inquietudes, la juventud generará
espacios, zonas liberadas de la censura y el autoritarismo donde poder expresarse13. Una de es-
tas estrategias espontáneas fue la resignificación que le imprimieron a los recitales de música na-
cional y al Teatro Abierto, los que de encuentros artísticos donde podían evadirse de una realidad
hostil, terminaron convirtiéndose en verdaderas manifestaciones de desafío al esquema autoritario
vigente14.
Las devaluaciones se sucedían y la economía no mejoraba; la salud del presidente tampoco, por
el contrario se agravaba por las reiteradas desavenencias con Galtieri que aprovechando la inter-
nación de Viola a raíz de un problema cardíaco lo desplazará del cargo. El nuevo presidente, en
un intento de generar confianza, en los mercados y el establishment nacional e internacional, forjó
una alianza conservadora-liberal que lleva al ministerio de Relaciones Exteriores a Nicanor Costa
Méndez y a Economía a Roberto Alemann quien propone un plan de privatizaciones y austeridad
y restricción en los gastos estatales. Galtieri trata de construir un movimiento de apoyo para hacer
frente a los intactos problemas heredados de su antecesor, agravados por el implacable transcur-
so de los meses. En marzo el gobierno arrastra una grave crisis de impopularidad y desprestigio,
el 30 de marzo un dinámico paro y movilización, en protesta por la situación socioeconómica, con-
vocado por la CGT que concluye en una feroz represión que deja muertos, heridos y cerca de mil
detenidos, logra la colaboración espontánea de la población que, en el microcentro de la Capital
Federal, arroja todo tipo de objetos contundentes a las huestes represoras.

“Tras su manto de neblina...”

Compatriotas: en nombre de la Junta Militar y en mi carácter de presidente de la Nación hablo en


este crucial momento histórico a todos los habitantes de nuestro suelo, para transmitirles los fun-
damentos que avalan una resolución plenamente asumida por los comandantes en jefe de las
Fuerzas Armadas, que interpretaron así el profundo sentir del pueblo argentino.
Hemos recuperado, salvaguardando el honor nacional, sin rencores, pero con la firmeza que las
circunstancias exigen, las islas australes que integran por legítimo derecho el patrimonio nacional.

13
“A pesar de la represión, el oscurantismo y la falta de posibilidades económicas para su desarrollo, la juventud abrió
nuevos canales de expresión y participación, siendo el que desarrolló en torno a la música popular uno de los más i m-
portantes.
Surgido a partir del rock nacional, este movimiento se extendió luego a otros géneros de la música popular. Nacieron
movimientos de carácter más organizado, que intentaron darle un cierto corte institucional a esa afluencia de jóvenes a
los estadios como fueron DECUNA y Musicasiempre. Los talleres literarios y las escuelas de teatro fueron también luga-
res de afluencia de la juventud.”, Thompson, Andrés, Las luchas sociales en la Argentina (1976-1983), en Cherensky,
Isidoro y Chonchol, Jacques (Compiladores), Crisis y transformación de los regímenes autoritarios, Eudeba, Bue-
nos Aires, 1985, p. 101.
14
Los recitales de rock “a medida que ganaban espacio dentro del rígido esquema de la censura y la difusión de los
medios de comunicación masiva, éstos fueron adquiriendo también un carácter claramente político. Comenzaron así a
escucharse ... grandes grupos de personas que entonaban consignas antigubernamentales, que repudiaban las fuerzas
de represión, etc. Se llegó a que estos recitales se transformaran en manifestaciones políticas de envergadura, como
fue el caso de la suspensión del recital del famoso cantor catalán Joan Manuel Serrat, o el multitudinario recital al que
concurrieron 70.000 personas en el estadio de Obras Sanitarias durante el conflicto de Malvinas.”, Ibid.
Esta decisión obedeció a la necesidad de poner término a la interminable sucesión de evasivas y
dilaciones instrumentadas por Gran Bretaña para perpetuar su dominio sobre las islas y su zona
de influencia.
Esta actitud fue considerada por el gobierno nacional, en las actuales circunstancias, como prueba
concluyente de su falta de buena voluntad para entablar negociaciones serias y en corto plazo
sobre el objeto central de la disputa y reconocer, de una vez y para siempre, que sus supuestos
derechos no tienen otro origen que un acto de despojo.
Leopoldo Fortunato Galtieri, 2-4-82, Discurso en Plaza de Mayo, en Grandes reportajes de la
historia argentina, op. cit., p 392.

En un intento de superar el conflicto Galtieri, quien cree contar con el visto bueno de la adminis-
tración Reagan, ordena ejecutar unos estudiados planes de invasión a las Islas Malvinas. El 2 de
abril, las tropas argentinas desembarcan en Port Stanley y desalojan de la guarnición a los esca-
sos marines y al goberndor Hunt, que son enviados a Londres vía Montevideo. El hecho, como
preveían las autoridades, pone a disposición de la acción emprendida por el gobierno las siempres
listas usinas del nacionalismo popular, históricamente alimentadas por el patriotismo social y esco-
lar. Así, una fervorosa multitud al ritmo del viejo y catártico eslogan “Patria sí, Colonia no” se con-
grega en forma espontánea frente a la Casa Rosada, desde cuyos balcones el dictador, que es
alternativamente aclamado y abucheado, hace el anuncio oficial de la recuperación de las islas.
Los intentos de negociación entablados a posteriori fracasan y el Consejo de Seguridad de la
ONU avala el pedido de Inglaterra para que Argentina retire las tropas, propuesta que es rechaza-
da por el gobierno militar. La Comunidad Económica Europea pone en marcha sanciones y la
OEA, diseñada para las necesidades defensivas de la "Guerra Fría" y no para un conflicto entre
países capitalistas no apoya los pedidos argentinos.
Sin embargo, la adhesión popular en los países latinoamericanos fue calurosa e inmediata; en
todo el país se iniciaron colectas de joyas y dinero para el incierto “Fondo Patriótico Islas Malvi-
nas”. El 25 de abril, los británicos retoman las Georgias del Sur; el 1 de mayo comienza el bom-
bardeo de Puerto Argentino; el 2 de mayo, fuera de la zona de exclusión, el submarino Conqueror
hunde el crucero General Belgrano en el cual mueren 400 tripulantes; la aviación argentina logra
impactar en varias naves pero la encarnizada lucha no pudo detener el arrollador avance de las
tropas británicas que, el 14 de junio, obtienen del gobernador argentino, el general Luciano Ben-
jamín Menéndez, la rendición de Puerto Argentino.
El 17 de junio, Galtieri renuncia y en su reemplazo es designado, sólo por el ejército, ya que el
resto de las armas abandona la Junta Militar, el general Bignone, quien pretende a través de una
anmistia, unánimemente rechazada, absolver a todos los culpables de los “excesos” ocurridos
durante la represión ilegal. El nuevo presidente de facto convocará a elecciones nacionales para
el 30 de octubre de 1983, punto de partida del período de estabilidad institucional más prolongado
del siglo veinte. Esta etapa final del Proceso de Reorganización Nacional estuvo marcada por el
signo de una numerosa participación ciudadana en los partidos políticos a través de la afiliación
masiva, la participación en actos y en las marchas de los organismos defensores de los Derechos
Humanos. Las calles de las principales ciudades argentinas dejaron de ser los desolados y tétri-
cos tablados donde la dictadura había construido su escenografía de muerte anónima, simboliza-
da en la presencia de los Falcon verdes, para llenarse de pacíficas multitudes que reivindicaba el
derecho a la vida, a la justicia y a la democracia negados durante los “años de plomo”. En las
elecciones convocadas para el 30 de octubre de 1983, la Unión Cívica Radical triunfará sobre la
fórmula justicialista Luder-Bittel. La UCR había concurrido a los comicios con el binomio Raúl Al-
fonsín y Víctor Martínez que asumirán como presidente y vicepresidente constitucionales el 10 de
diciembre. La tiranía militar, presa de su primitivismo político, contradicciones internas e incompe-
tencia funcional, dejará el gobierno en medio del repudio de la opinión pública nacional e interna-
cional que, ante el retroceso de la censura informativa, construirá como acontecimiento el horror
silenciado de los “desaparecidos”. A partir de entonces la memoria colectiva sindicará al régimen,
que llegaba a su fin, como una de las más terribles maquinarias de barbarie y terror que alejó a la
Argentina del mundo civilizado.

El retorno de la democracia: Alfonsín y Menem, 1983-1995


Compatriotas: Iniciamos hoy una etapa nueva en la Argentina.
Iniciamos una etapa que sin duda será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de
asegurar hoy y para los tiempos, la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra
argentina.
Sabemos que son momentos duros y difíciles, pero no tenemos una sola duda, vamos a arrancar
los argentinos, vamos a salir adelante, vamos a hacer el país que nos merecemos. Y lo vamos a
hacer no por obra y gracia de gobernantes iluminados, sino por esto que la plaza está cantando,
porque “el pueblo unido jamás será vencido”. [...]
Entre todos vamos a constituir la unión nacional, consolidar la paz interior, afianzar la justicia, pro-
veer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad,
para nosotros, nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el sue-
lo argentino.
Raúl Ricardo Alfonsín, 10-12-83, Mensaje desde los balcones del Cabildo, en La Nación, 11-
12-83, pp. 1-2.

La multitud que reunida frente al Cabildo festejó alborozada el retorno a la democracia imprimió el
tono general de los primeros años del gobierno de Alfonsín: los argentinos se disponían a sabo-
rear un nueva “primavera de los pueblos”. Restablecidas las instituciones representativas, el fla-
mante gobierno se propuso el ambicioso plan de erradicar, a través de distintos programas de
democratización, el autoritarismo presente en la sociedad, el que demostró estar arraigado en
profundidad dentro de las estructuras políticas, sociales y culturales. Las aspiraciones de trans-
formación debieron reconocer los límites legales que las enmarcaban porque, como recordó el
canciller Caputo, “no se había tomado la Bastilla”. El gobierno envía una ley de normalización sin-
dical que combatida por el sindicalismo y el partido justicialista naufraga en el Senado y es el pun-
to de partida para los 13 paros generales que la CGT de Ubaldini realizará en el período 1983-
1989. La normalización de las universidades corrió mejor suerte; luego de intervenirlas se resta-
bleció su funcionamiento democrático, proceso que fue garantizado por la ley que les devolvía su
autonomía. En 1984, se sometió a un plebiscito, no vinculante para el Congreso, un acuerdo de
límites con Chile, que recibe el apoyo de la ciudadanía, de este modo, queda saldado el principal
conflicto que había enfrentado a las dos naciones en el pasado. En los primeros momentos de la
nueva gestión se implementan el Plan Alimentario Nacional, el de Alfabetización y el de Democra-
tización de la Cultura.
Al fracasar el intento de que las Fuerza Armadas tomaran en sus manos el castigo a los culpables
por la lucha contra la guerrilla, Alfonsín crea la Comisión nacional sobre la desaparición de perso-
nas (CONADEP), presidida por Ernesto Sábato que, en septiembre de 1984, hace entrega de un
informe, el “Nunca Más”, donde se detallan los resultados de las investigaciones sobre alrededor
de 9000 personas desaparecidas durante el gobierno militar. En abril de 1985, se inicia el juicio a
las tres primeras juntas militares; la Cámara Federal, a cargo del proceso, dará a conocer sus sen-
tencias en noviembre de 1985: es dictaminada la culpabilidad de Videla, Massera, Viola, Lam-
bruschini y Agosti, a los dos primeros se les impuso la pena de cadena perpetua, a Viola 17 años
de detención, 8 a Lambruschini y 4 años y medio para Agosti; por su parte, Graffigna, Galtieri,
Anaya y Lami Dozo fueron absueltos. En diciembre de 1986, para evitar la profusión de juicios
contra oficiales de menor gradación, el ejecutivo envía al Congreso un proyecto de ley, posterior-
mente conocida como de Punto Final, que determinaba la prescripción de las causas que no fue-
ran juzgadas en el plazo de dos meses.

En 14 de junio de 1985, el nuevo ministro de Economía, que reemplazo a Bernando Grinspun,


Juan Vital Sourrille lanza el Plan Austral que cambia el signo monetario, congela precios, salarios
y tarifas, regula las tasas de interés y el tipo de cambio. Su principal objetivo, el de reducir la infla-
ción, se logró al mes de aplicación la que descendió de un 30% mensual al 3%. En septiembre de
1985, el poder legislativo aprueba las reformas al Código Civil que establecen la patria potestad
compartida. El gobierno capitaliza el clima positivo hacia su gestión y gana las elecciones legislati-
vas en noviembre de 1985. Para mediados de 1987 el Plan Austral se agotó debido a que la opo-
sición no prestó su concurso para aplicar un plan de reestructuración y privatización parcial de las
empresas estatales y el gobierno no logró reducir el gasto público. En 1986, se aprueba la ley de
divorcio vincular y se firma un acta de integración con Brasil al que posteriormente se unirá Uru-
guay, de esta manera se establecían las bases para la futura conformación del Mercosur.
En 1987, se desata una crisis militar como consecuencia de las citaciones de las cámaras federa-
les a un numeroso grupo de cuadros intermedios de las fuerzas armadas vinculados con la repre-
sión de los años setenta. El 15 de abril, el coronel Aldo Rico, subleva la Escuela de Infantería de
Campo de Mayo en solidaridad con el capitán Barreiro, que se negó a declarar ante la justicia de
Córdoba, dando origen, de esta manera, al movimiento de los “carapintada”. En respuesta a estos
sucesos, cuyos autores afirmaban que no buscaban un golpe de estado, la ciudadanía se movilizó
frente a lo que consideró como una amenaza a la democracia. Alfonsín se traslada a Campo de
Mayo, buscando una salida a la crisis; cuando retorna, anuncia a la multitud reunida frente a la
Casa Rosada que el conflicto se hallaba superado sin derramamientos de sangre y que la “casa
está en orden”. Con posterioridad a estos hechos, se generalizó en la opinión pública la sensación
de que el gobierno había capitulado ya que, poco tiempo después, se aprobó la ley de “Obedien-
cia Debida”, que tampoco conformó a los sublevados, los que, nuevamente encabezados por Ri-
co, volvieron a sublevarse en enero de 1988 en Monte Caseros (provincia de Corrientes) y, en
diciembre, el coronel Seineldín, líder ideológico del movimiento carapintada, encabezó un movi-
miento en Villa Martelli. La situación militar se tornará crítica cuando, el 23 de enero de 1989 un
comando armado integrado por militantes del Movimiento Todos por la Patria ataque el cuartel de
La Tablada en previsión de un golpe de estado "carapintada" que, supuestamente, se iniciaría en
esa dependencia militar.
Los proyectos de reforma constitucional, traslado de la capital federal a Viedma y los acuerdos de
larga duración con los sectores democráticos de la sociedad se verán frustrados cuando el pero-
nismo, que logra renovarse y reestructurarse luego de las derrotas electorales de 1983 y 1985,
recupera el protagonismo electoral perdido y gana las elecciones para gobernador del 6 de sep-
tiembre de 1987 capitalizando la insatisfacción producto de la crisis económico-social y la forma
en que se resolvió el levantamiento de Semana Santa.
En 1988, el gobierno continuó perdiendo capacidad de operación, el Plan Primavera que intenta
superar la crisis , basado en el congelamiento de salarios, tarifas, precios y reducción del déficit
fiscal, fracasa al no obtenerse el apoyo crediticio externo necesario. En consecuencia, a partir de
febrero de 1989 se dispara la inflación cuando el gobierno anuncia una devaluación del peso que
provoca una espiral ascendente en el dólar, cuyo valor variaba de una hora a otra y al que acom-
pañaban el resto de los precios. La economía se había descontrolado en pleno desarrollo de la
campaña electoral y el gobierno no hallaba soluciones para detener la escalada inflacionaria.
Mientras los candidatos justicialistas Menem-Duhalde sumaban voluntades de los más diversos
sectores con un discurso populista que prometía el “salariazo” y la “revolución productiva”, la fór-
mula oficialista, encabezada por el gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz, y Juan Manuel Ca-
sella, trataban de convencer al electorado que, con un gigantesco lápiz rojo que presidía la cam-
paña, “Se puede” reformar el estado y las cuentas fiscales. Frente a Menem -que interpelaba al
golpeado electorado en base a una retórica mística que se sintetizaba en la frase “Síganme que
no los voy a defraudar” y en la que postulaba que iba a gobernar “para los niños pobres que tienen
hambre y para los niños ricos que no tienen sonrisa”- Angeloz se presentaba como un “Un presi-
dente en serio” “Para una argentina que funcione”. El 14 de mayo se realizaron los comicios que
consagraron ganadora a la fórmula justicialista, a partir de ese momento la hiperinflación produjo
los primeros estallidos sociales y se decretó el estado de sitio.
La dramática situación económica no permitió saborear el triunfo de la continuidad constitucional y
el hecho de que, por primera vez, desde 1916 se producía la alternancia en el gobierno entre par-
tidos de diferente signo político. La transición no fue fácil, el presidente saliente y el electo no lo-
graron ponerse de acuerdo para establecer una transferencia del poder consensuada; la asunción
de las nuevas autoridades previsto para el 10 de diciembre se adelantó al 8 de julio debido a que
el 12 de junio Alfonsín, frente a presiones corporativas y políticas anunció que “resignaba” su car-
go, en medio de un ambiente de crispación y de mutuos reproches el alfonsinismo daba paso a
diez años de menemismo.

Ante la mirada de Dios y ante el testimonio de la historia yo quiero proclamar:


Argentina, levántate y anda.
Argentinos de pie para terminar con nuestra crisis. [...]
Sobre estas ruinas, construiremos todos juntos el hogar que nos merecemos.
Sobre este país quebrado, levantaremos una patria nueva, para nosotros y para nuestros hijos.
[...]
Yo no traigo el simplismo de la demagogia.
Yo no traigo la simulación ni el engaño. [...]
Sólo puedo asegurarle que seré el primer argentino a la hora de la austeridad, de poner el hom-
bro, de apretar los dientes, del esfuerzo. Del esfuerzo de todos y no de unos pocos.
No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, devastado, destruido, arrasado. [...]
Por eso, vengo a anunciar ante los representantes del pueblo, que a partir de este momento el
delito de corrupción en la función pública será considerado como una traición a la patria.
Así como vamos a investigar los ilícitos cometidos en los últimos tiempos, también vamos a ser
inflexibles con nuestros propios funcionarios. Aspiro a que mi gobierno sea un ejemplo de austeri-
dad, de limpieza, de patriotismo. [...]
Carlos Saúl Menem, 8-7-89, Mensaje a la Asamblea Legislativa, en Grandes reportajes de la
historia argentina, op. cit., pp. 426-427, 431.

A partir de la primera presidencia de Menem se producirán profundos cambios económicos que


transformarán una sociedad que hasta el momento y en gran parte se abrigaba en un estado grande
pero débil que las nuevas autoridades se encargaron de reformarlo y ausentarlo de las regulaciones
que, aunque débildmente. impedían el darwinismo social. La clase política en su conjunto no logró
detener el deterioro socioeconómico ni reformar el estado antes de que llegase su liquidación por
parte de la nueva administración, sus ideológos y comunicadores sociales que lo proponían como
la única solución al problema de la hiperinflación y como forma de adaptación a la triunfante co-
rriente internacional del neoliberalismo y la globalización. Decidido a establecer una “economía
social de mercado”, mediante decretos de necesidad y urgencia, facultades que le otorgó el Congre-
so con el fin de superar la dramática situación, se privatización las empresas estatales, a la par, la
flexibilización laboral implementada significó una importante reducción del poder adquisitivo de los
salarios. Luego del fracaso de sus tres primeros ministros de Economía: Roig, quien muere en su
cargo, y Rappanelli, quienes intentaron llevar adelante un plan económico diseñado por el consorcio
empresarial Bunge y Born, y de la gestión de Erman González, hombre de confianza del presidente,
Domingo Cavallo logra, con el cambio de moneda, la ley de Convertibilidad, de Emergencia Econó-
mica y las privatizaciones, controlar los altísimos índices de inflación y aumentar la recaudación fiscal.
Estas medidas son complementadas con una reducción del gasto estatal, una nueva ley federal de
educación y la transferencia de las escuelas nacionales a las provincias. En 1990, tras sofocar la
última rebelión carapintada, un indulto presidencial beneficia a los militares juzgados durante el ante-
rior gobierno constitucional.
Producto de actitudes gubernamentales alejadas del recato y austeridad republicana, los pasillos y
despachos de la Casa Rosada se convirtieron en escenarios por donde transitaban figuras del de-
porte, el submundo de la farándula y de los mas variopintos ambientes, rubros y actividades, dando
lugar a escándalos familiares y escenas de vodeville que se mezclaban con denuncias, nacionales e
internacionales, de corrupción.
El proceso de reformas estructurales y el acelerado crecimiento económico le otorgan al gobierno
justicialista un importante consenso que le permite, de acuerdo con el apoyo de Alfonsín que se
plasma en el Pacto de Olivos, reformar la Constitución e incluir, entre otras cláusulas, la reelección
que habiltió al presidente Menem para un segundo período de cuatro años, al que accede tras ganar
las elecciones de 1995.