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Escuela Pdte. José Manuel Balmaceda.

“Motivo de Orgullo y Oportunidad de un mejor Futuro”

Profesor: René A. Reyes Urrea

Monarquías absolutas de la Edad Moderna

Desde el siglo XVI a prácticamente el XVIII la forma política predominante en toda Europa fue la
monarquía absoluta, hereditaria y centralizada, legitimada por derecho divino. El máximo
representante del absolutismo monárquico será el rey francés Luis XIV (1638-1715), llamado el
‘Rey Sol’.

A continuación, vamos a estudiar un resumen de monarquías absolutas de la Edad Moderna que


se cimentaron en la sociedad estamental del denominado Antiguo Régimen.

Las monarquías absolutas: definición

Desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVIII, la forma de gobierno que caracterizó a la
mayoría de los estados europeos fue la monarquía absoluta, en la que el rey controlaba todos
los poderes del estado y su legitimidad se consideraba de derecho divino, dirigiendo una
administración centralizada que pronto sufrió un importante anquilosamiento.

El monarca tendrá en sus manos el poder ejecutivo, legislativo y judicial, el mando del ejército y
de las instituciones, así como de toda la administración del estado. Además, todas aquellas
instituciones que históricamente se habían utilizado para asesorar al rey serán despreciadas por
este, como es el caso de las cortes.

Será un sistema que se apoyará fundamentalmente en la nobleza, que como grupo dominante
tendrá los principales cargos y privilegios, así como la propiedad de la tierra; frente a una
burguesía con escaso poder aún y que irá tomando poco a poco protagonismo.

La sociedad en las monarquías absolutas

En las monarquías absolutas de la Edad Moderna la sociedad estaba organizada en estamentos


con la particular característica de que cada uno de ellos representaba la función social que
cumplían sus integrantes. Tres eran estos estamentos: la nobleza, el clero y el estado llano.
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Profesor: René A. Reyes Urrea

Como ya señalábamos, la nobleza era el grupo dominante que realizaba el control social,
detentaba cargos públicos y vivía de las rentas de su enorme patrimonio. Se dividía entre alta
nobleza, formada por condes, duques, etc., y baja nobleza, que eran básicamente los caballeros.

Otro estamento privilegiado era el formado por el clero, propietario también de tierras y que se
encargaba de cuestiones religiosas y culturales. Este grupo tenía una división similar a la nobleza,
con un alto clero, formado por cardenales y obispos, y un bajo clero, con frailes, monjas y curas.

El tercer estado o estado llano lo constituía el pueblo en general que no tenía privilegios y recibía
una gran carga tributaria. Era la mayor parte de la población, y en él se diferenciaban los
campesinos, propietarios o no, y la población urbana, con la burguesía, tanto financiera como
comercial, los trabajadores manuales y los marginados.

Luis XIV, el ‘Rey Sol’

De las monarquías absolutas de la Edad Moderna, el prototipo más claro lo tenemos en Luis XIV,
rey de Francia, cuyo gobierno también sirvió como modelo para otros soberanos.

El monarca francés alcanza el trono tras un periodo de especial inestabilidad en su país y en el


que tuvieron gran peso los presidentes del Consejo Real. Por esta razón, Luis XIV llegó al trono
con la firme convicción de gobernar personalmente. Así lo hizo, apoyándose en la creencia de la
época de que los reyes gobernaban por derecho divino y recibían su poder de Dios. Por esta
razón, su gobierno obligatoriamente debía ser justo y personal. De esta determinación viene la
frase: “Yo soy el estado”.

Aunque se apoyó en ministros, como Colbert y Louvois, Luis XIV siempre tuvo la última palabra,
llegando el personalismo a su propia iconografía, eligiendo como emblema un sol y
glorificándose en obras de arte como el ‘Rey Sol’.

La organización de un estado tan centralizado dio lugar a una gran regulación y al desarrollo de
una enorme burocracia, aunque al control central se escapaban algunos grupos y provincias ya
que no había medios materiales para un total dominio.

La influencia de Luis XIV en Europa fue también bastante amplia, ya que los soberanos de otros
países envidiaban su autoridad y los éxitos que este logró en política exterior. El absolutismo se
difundió y también se copiaron las reformas que el monarca francés realizó en la burocracia, el
ejército, en el sistema tributario y en su estilo de gobierno personalísimo.
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España, de los Habsburgo a los Borbones

En España, con la llegada de los Borbones al poder, encarnada en la figura de Felipe V (1700-
1746), se produce un paso más hacia un modelo centralista de tipo francés. La influencia del
absolutismo de Luis XIV estaba clara, teniendo en cuenta que Felipe V era su nieto, alejándose
este último del mayor carácter pactista de los Habsburgo que, pese a tener monarcas con
marcada tendencia personal como Carlos V o Felipe II, continuaron respetando fueros e
instituciones de autogobierno de territorios de España.

Felipe V suprimirá a través de los Decretos de Nueva Planta el derecho público aragonés y el de
Cataluña, Mallorca y Valencia, imponiendo el derecho castellano. Pero, además, llevará a cabo
reformas para una gran centralización administrativa, dando poco valor a las cortes castellanas,
que quedaron como nacionales, y que en cuarenta y seis años de reinado solo se reunieron
cuatro veces y sin poder legislativo.

Por tanto, Felipe V traza un esquema de monarquía absoluta donde él legislaba, controlaba la
administración e impartía justicia. Esta tendencia seguirá con esta casa real e irá cambiando con
las influencias propias que entrarán en el siglo XVIII y la llegada del Despotismo Ilustrado.

Inglaterra: los Tudor y los Estuardo

En Inglaterra, el absolutismo real comienza con fuerza con la dinastía de los Tudor. Enrique VII
(1485-1509) diseña un gobierno monárquico centralizado en el que desecha al Parlamento, que
en reinados anteriores había sido un arma de control del poder por parte de la aristocracia,
apoyándose en una camarilla de consejeros personales.

Su hijo Enrique VIII (1509-1547) continuará la senda marcada por su progenitor de centralización
política, llegando su poder personal a enfrentarse a la Iglesia, dando lugar al cisma anglicano y a
transferirse el control de todo el aparato eclesiástico. Además, llevará a cabo una reforma
administrativa que recortará a la nobleza el poder para aplicar justicia. Isabel I (1558-1603)
marcará otra época de absolutismo inglés, con un creciente expansionismo y un gran impulso
del mercantilismo.

La llegada de la dinastía Estuardo a Inglaterra con Jacobo I (1603-1625) dará lugar a nuevas
tensiones con el Parlamento, que finalmente desembocarán en la disolución de este órgano por
Carlos I (1625-1649), en un intento de restaurar el absolutismo, provocando una guerra civil y el
fin momentáneo de la monarquía.