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Psicología de la salud.

El estrés como repuesta fisiológica.

Fisiología del estrés.


El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante
situaciones que son resultan amenazadoras o desafiantes.
La respuesta normal del organismo ante el estrés.
ALARMA: nuestro organismo se prepara combatir la amenaza.
ACCION: el cuerpo ejecuta la acción necesaria para combatir o evadir
la alarma
RELAJACION: En esta etapa baja los niveles energéticos y retorna
la homeostasia.
Hormonas que participan:
Cortisol, adrenalina, noradrenalina y dopamina.
Esta respuesta fisiológica mantenida, provocará unos síntomas físicos
como los siguientes: frecuentes dolores de cabeza, tensión y dolor en
los músculos (cuello, espalda y pecho), molestias en el pecho, fatiga
frecuente, elevada temperatura corporal (manifestada como una
fiebre), desórdenes estomacales (indigestión, diarrea), insomnio y
pesadillas, sequedad en la boca y garganta.

Relación entre estrés y enfermedad.


Problemas digestivos, de la piel, musculares, respiratorios, etc. son
solo algunas de las patologías que pueden surgir cuando una situación
estresante se mantiene en el tiempo. Si estos estresores perduran y se
mantienen de manera constante y prolongada, la persona se expone a
problemas mayores como las enfermedades autoinmunes.

Por todo ello, es evidente que a día de hoy no existe ninguna duda
sobre la relación directa que existe entre estrés y enfermedad, y por
consiguiente, si sólo buscamos soluciones médicas, es bastante
probable que no estemos atajando la raíz del problema.

estres y ansiedad En determinados casos, no en todos, una persona


depresiva puede necesitar fármacos pues existe una inadecuada
regulación de determinados neurotransmisores y esta le permitirá
estabilizarlos; pero, ¿sería lógico pensar que gracias al fármaco la
persona depresiva dejará de percibir el mundo como lo percibe?,
¿cambiará su manera de afrontar los problemas?, ¿dejará de tener
creencias de carácter irracional al igual que tenderá a dejar de
distorsionar situaciones? Además, ¿será la persona consciente de por
qué a pesar de que pudieran existir factores que justificasen su
tristeza, no tendría por qué caer en una depresión?, y ¿sabría qué hacer
la persona, qué técnicas o qué recursos utilizar para no volver a caer
en una depresión si la misma situación o similares volviesen a
acontecer? o, aún peor, ¿sabría qué hacer si aquello que le genera
malestar no desapareciese?

Casos como el descrito anteriormente dejan claro que enfermedades


como la depresión y otras tantas deben ser evaluadas y tratadas de
manera multidisciplinar porque, aunque el fármaco ayude a la mejoría
del paciente a nivel biológico, este no abarca los factores sociales o
psicológicos, que son en muchos casos la raíz del problema. Es por
todo ello por lo que muchos pacientes acuden a un médico tras otro
pues, o bien no encuentran la solución a su problema o, por el
contrario, tras haber pautado un tratamiento con el paso del tiempo el
problema persiste.

Finalmente concluir diciendo que del mismo modo que las


enfermedades físicas nos influyen a nivel psicológico generándonos
tristeza, preocupación, temor, llanto, angustia o ansiedad, etc., los
problemas de carácter psicológico pueden provocar síntomas físicos
que perjudican a la persona.