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LA NUEVA COMUNICACION

Artículos "on line"

Otro enfoque posible en materia de tutela de víctimas de abuso


sexual
Mabel Berkunsky (*)

La tutela del o la abusado/a: no victimizar a la víctima

En la tarea que me compete como Juez de Menores y en el caso específico de la asistencia a


víctimas de abuso deshonesto, el norte de nuestro trabajo no es sino la Tutela de esa víctima.

Es en el momento de brindar esa tutela cuando uno se plantea que modos de abordaje son
posibles para no victimizar a la víctima de abuso sexual, durante y a consecuencia del proceso
judicial.

¿Qué aperturas - sobre todo mentales - son necesarias para lograr una recomposición de los
daños y efectos causados por la conducta antijurídica del victimario?.

Dos cuestiones surgen claras: una es que no pueden extenderse recetas magistrales, cada
caso de abuso es particular, único, diferente; otra, que no es necesario esperar cambios en el
área de los procedimientos- al menos en la Pcia. de Bs. As. - para intervenir de manera
innovadora. La cuestión pasa más bien por el concepto de tutela o la interpretación que haga el
Juez de este concepto.

La sentencia que presento - con nombres ficticios en salvaguarda de la identidad del caso -
plantea algunas cuestiones posibles de análisis:

• La no disgresión del grupo familiar.


• El rol controlador del sistema familiar conjuntamente con el Tribunal.
• La terapia familiar como medio de internalizar nuevos modos de relacionarse.
• La terapia conminatoria como herramienta del Poder Judicial.

La sentencia muestra un intento de otro camino posible en materia de tratamiento de víctimas


de abuso sexual.

Intento, en el que somos caminantes al decir del Dr. Eduardo Cárdenas "en medio de la
oscuridad, en ese lapso en el cual las viejas certezas ya no sirven y las nuevas todavía no
aparecen."

Descripción del caso:

Una familia constituida por el padre de 38 años (autor del abuso);


La madre de 33 años ( la denunciante ) y María, la hija de 13 años (la víctima abuso), y cuatro
hermanos menores.

La madre trabaja como empleada doméstica por las mañanas y también algunas tardes, y es el
sustento económico estable del hogar. Sufrió en su infancia de abandono, creció en institutos
de menores y manifiesta sentir que le debe mucho a su marido en cuanto a protección y por
"haberme sacado de la calle"(sic).

El marido, padre de María, trabaja en los meses de verano en la esquila por lo cual debe
trasladarse a muchos kilómetros al sur de la Argentina; el resto del año hace changas en el
campo o de albañil, cuando no las consigue se pone mal y se violenta con su familia. En su
historia personal, fue abandonado por su madre a los 4 años, fue violado, aparentemente por
su padre quien era violento y lo maltrataba, a raíz de lo cual fue internado en un instituto de
menores hasta los 12 años.

María presenta una estructura psíquica normal, con problemas en el campo afectivo -
emocional relacionados con los abusos sexuales cometidos por el padre. Cursa la escolaridad
primaria, ámbito en el que se ha mostrado distraída, según la opinión de la madre.

La madre toma conocimiento de los hechos a través de algunos familiares, hechos que le son
ratificados por la hija, a los cuales se suman situaciones en las que sorprendió a su marido en
lo que ahora, informada de lo ocurrido, ella interpreta como intentos del padre de
acercamientos sexuales a la hija.

Por temor a represalias, la madre realiza la denuncia en cuanto él se va de la ciudad al trabajo


de esquila. Toma así intervención el Juzgado de menores, quien a su vez participa al Juzgado
Penal respecto de la determinación de la responsabilidad paterna.

Modalidad de intervención del Juzgado:

Con el fin de cumplimentar los pasos procesales que marca la ley y de dar intervención al
Cuerpo Técnico que tiene el Juzgado (médico pediatra, psicólogo y asistente social), la jueza
toma contacto con la familia mediante audiencias "familiares" (similares en su desarrollo a las
denominadas "entrevistas terapéuticas" de la terapia sistémica para las cuales la Jueza ha
recibido entrenamiento y formación, participando conjuntamente con el psicólogo).

En el transcurso de estas audiencias, suele darse un grado de despreocupación del ámbito en


que se encuentran (Juzgado), que posibilita la generación de diálogos y discusiones en un
clima de espontaneidad tal que incluso, permite la observación del lenguaje gestual, todo lo
cual brinda infinitos recursos, no sólo para aproximarse a la verdad sino para que la familia
vaya encontrando nuevos modos de interrelación y reacomodamiento de su devenir.

Aclarada la modalidad de intervención, en el caso que nos ocupa se llevaron a cabo distintas
audiencias en las que se pudieron observar cambios de conductas de los distintos miembros
que evaluamos como indicadores positivos. Por lo tanto en el momento de tomar la decisión de
dictar la sentencia correspondiente, se valoraron tanto los hechos anteriores a la denuncia
como aquellos posteriores a la intervención del Juzgado.

A continuación se transcribe lo considerado y resuelto en la sentencia.

La Sentencia:

"Al analizar esta causa puedo comprender los temores del Sr. Asesor e incluso compartir con
él, el no tener la certeza de que no se reiteren en el futuro situaciones de riesgo para los
menores, tales como las que originaron esta causa.
En las interpretaciones de hechos tan delicados para la salud psicofísica de un menor, como
los denunciados en autos, sí tengo la certeza de algunas premisas que deben orientar ese
análisis, y ellas son:

I) Que no son aplicables normativas deterministas de causa a efecto, ni interpretaciones


lineales simplistas. La cuestión es más compleja. Significo con ello que un caso de abuso
sexual no es igual a otro. Que una causa por este tipo de delito no derivara siempre en idéntico
diagnóstico y por ende diversas pueden ser las evoluciones.

II) La necesidad de evaluar desde un abordaje interdisciplinario la cuestión fáctica evitando que
la víctima sea nuevamente victimizada durante el proceso judicial y a consecuencia del mismo.

III) Que desde otras áreas del conocimiento científico, tal como la Psicología en general y
desde la terapia familiar sistémica en particular, se ha profundizado y existen actualmente
terapias específicas para casos de abuso sexual, con resultados que permiten superar y evitar
futuras conductas desviadas. ("Terapia del Abuso Sexual", Micahel Durrant y Cheryl Chote, Ed.
Gedisa; "Niños maltratados", Stefano Cirillo - Di Blasio, Ed. Paidós; "Sexo, Amor y Violencia",
Cloe Madanes, Ed. Paidós; "El proceso de cambio", Peggy Papp, Ed. Paidós, entre otros (1) ).

Teniendo presentes las premisas expuestas y a partir de un particular análisis de los hechos
acaecidos durante el desarrollo de esta causa, vale la pena detenerse en algunos de ellos que
resultan particularmente significativos:

1. - La denuncia no la hace un tercero ajeno a la familia sino la madre de la menor, a su vez


esposa del victimario.

2. - Después de la denuncia la madre impide el retorno del esposo al hogar.

3.- Meses después acepta volver a convivir con su marido. Ambos cónyuges modifican
actitudes y conductas anteriores :

la Sra. asume la función de controlar algunas conductas de su marido, no deja a sus hijo/as a
solas con él y ha dialogado con esto/a para que le cuenten cualquier actitud del padre
reiterativa de los hechos denunciados. En cuanto al padre, reconoce la autoría de los hechos
que se le imputaron, tanto en el ámbito familiar como en el judicial; logra comprender y
reconocer que ha cometido actos altamente ofensivos hacia sus hijos; expresa su
arrepentimiento mostrando fuerte angustia (indicativa de reconocimiento de error, de culpa,
atípica en una estructura psíquica perversa). No se explica como llegó a esa situación si bien
describe circunstancias que "lo tenían mal" (sic).

4.- Espontáneamente logra hablar con su hija, le pide disculpas y hace promesas de no repetir
la historia, hechos confirmado por la propia hija.

5.- Los miembros de la familia hablan de cambios favorables, de que no se reiteraron hechos y
que asisten a terapia psicológica.

6.- El psicólogo del Tribunal diagnostica la personalidad del padre de la siguiente manera:

"Éste no sufre una psicopatología, más bien carencias de normas culturales, de imagen
paterna clara enraizada en su propia historia personal, en la que ha sido víctima a su vez de
maltratos paternos. En el momento de su conducta delictiva se encontraba en situación de
crisis personal.

7.- Del intenso seguimiento en audiencias con la suscripta y con el cuerpo técnico se advierten
cambios en el modo de relacionarse la familia .También se percibe un grado de flexibilidad y
cooperación tal que permite esperar que ocurran otros cambios cuya consecuencia lleven al
padre a asumir y ejercer su función paterna, a reparar efectos negativos de lo ocurrido y a que,
los menores, crezcan en el seno de una familia que constituya un marco adecuado para su
crecimiento y no una en una familia disfuncional como venía siendo en el momento previo a la
denuncia.

8.- Se ha roto tanto el secreto de la consumación del incesto como el de la violencia


intrafamiliar.

Cuando aludo a los hechos reseñados como significativos, los analizo desde la exclusiva óptica
de pensar en el futuro y bienestar de los niños A. B. sin entrar - ni siquiera tangencialmente - a
pretender minimizar hechos de la gravedad como los cometidos por el padre, responsabilidad
penal que ha sido valorada y juzgada con sobreseimiento en el proceso penal respectivo.

¿Qué estrategias de abordaje pueden llevar a que en el seno de esta familia se reinstaure la
ley en concordancia con el sistema jurídico y se reparen efectos de los hechos acaecidos?
Entre las soluciones posibles uno puede plantearse: separar a María de su familia, medida que
la suscripta ha ordenado en otras causas de abuso deshonesto, en las primeras horas de tomar
intervención. Pero, ¿esta medida, le sirve a María? ¿Es bueno desarraigarla de su familia?,
¿de la convivencia con su madre y hermanos a los que está unida por fuertes lazos afectivos?.
¿Contribuye al fino trabajo que seguramente están haciendo los psicólogos de eliminar en ella
todo sentimiento de trauma y culpabilidad común en las víctimas de abuso deshonesto? -. ¿No
será esta disposición un acto de crueldad, en el que la menor, además de haber sido víctima
considere que se la castiga mediante el alejamiento de la familia?. Estos menores fueron
"cosificados" por un padre que los trató como objetos destinatarios ya sea de sus deseos, ya
sea de sus improperios. Sacarlos hoy de su hogar, desoyendo lo que ellos desean, sienten y
quieren como sujetos de derecho, es continuar tratándolos como objetos, amén de implicar
alejarlos del espíritu de la Ley 23.849 ratificatoria de la Convención de los Derechos del Niño,
hoy de raigambre constitucional, Art. 74 inc. 22 Ref. 1994.

Otra solución posible es exigirle a la madre que se retire del hogar con sus hijos como
condición para mantener la guarda. En este caso, nuestra conciencia quedaría tranquila por
salvaguardar a María de posible nuevos abusos y a sus hermanos de posibles malos tratos,
pero quedarían expuestos a nuevos riegos materiales y psicológicos dado que la familia no
posee alternativa de otra vivienda, el mantenimiento de los hijos implicaría dificultades de la
madre sola y a ésta le demandaría trabajar más horas y no tener prácticamente contacto con
sus hijos. Desde el punto de vista psicológico se verían privados de la posibilidad de una figura
paterna en el hogar, ¿hasta que punto es esta una solución adecuada?.

Podría también pensarse en la exclusión del padre del hogar, cuestión esta en que la suscripta
carece de competencia, por ser competencia natural del Juez Civil o del Juez Penal en los
casos previstos por el art. 143 bis y ter. del Código de Procedimiento Penal de la Provincia de
Buenos Aires, ref. Ley 11.243; pero además tampoco tendríamos garantías absolutas de que el
padre no atente contra sus hijos, en un régimen de visitas - en tanto no pierda la Patria
Potestad - o sin tener visitas, a la vuelta de cualquier esquina. Más grave aún, es que la
expulsión del padre haría que este salga de un campo posible del control que se puede ejercer
sobre él desde el propio sistema familiar, desde el sistema judicial y desde el terapéutico. Por
otra parte, cortaríamos el vínculo padre - hija dificultando posibilidades de restitución y
reparación, cuando lo saludable para la menor víctima es lograr ese recomposición.

El Sr. A. B. ha conculcado una norma familiar y con ello la norma jurídica: en vez de ser padre
que protege, educa, respeta, inculca valores, agredió, ejerció y confundió roles en la relación
paterno - filial. Estableció así un divorcio entre la norma jurídica - producto de valores a que
aspira nuestra cultura - y sus propias normas internas producto de su historia personal, historia
en la que no había podido internalizar las responsabilidades y límites que hacen a la función de
padre ("Interacción del Individuo y la ley", Reynaldo Perrone, Rev. "Sistemas Familiares" Año 5
Nro. 1 de 1989). "Es frecuente que padres maltratadores a su vez hayan sido niños
maltratados, faltos de protección y cariño. Al transformarse en padres no pueden normalmente
frente a las demandas de sus hijos, actuar como tales, repitiendo con aquel más débil las
conductas sufridas". (Jorge A. Degano, psicoanalista "El Sujeto y la Ley" Ed. Homo Sapiens,
pág. 115) no obstante ello, el hecho de que su personalidad no presente signos patológicos o
de perversión, alienta a pensar en su habilitación, a partir de tomar un lugar en el seno de la
familia, acorde con el ordenamiento social. Con este criterio Osvaldo Varela y otros en
"Psicología Forense", Ed. Abeledo Perrot, pag. 10 / 15, expresan: "Las relaciones existentes
entre vínculo libidinal y vínculo social, deben resolverse en una dialéctica entre dos órdenes de
realidades: por un lado la realidad singular e histórica de cada individuo y por otro lado, la
verdad universal, dentro y a través de la cual emerge lo particular de cada sujeto. Las
contradicciones con la realidad son concretas y constantes siendo la única posibilidad actuar
sobre la contradicción, en una dimensión dialéctica, dimensión que contenga la alternativa de
una evolución posterior; en otras palabras, la problematización de la realidad en la que el
interno esta inserto, para poder ofrecerle la posibilidad de salir de una dirección irreversible de
su enfermedad, participando directamente en el proceso de transformación del cual él es uno
de los integrantes".

La rehabilitación del abusador: el mejor tratamiento de las víctimas de abuso y maltrato

Esta rehabilitación posible del padre se visualiza como el mejor tratamiento tutelar para la hija
víctima de abuso y sus hermanos víctimas de malos tratos, rehabilitación que sólo es posible
mediante una terapia familiar conminatoria, en la que el padre debe tener muy claro que la
deberá hacer bajo apercibimiento de que la no concurrencia a terapia, y/o la reiteración de
conductas respecto de sus hijos tales como las que originaron esta causa, le implicarán un
pedido de pérdida de patria potestad, a más de la exclusión del hogar por la vía judicial que
corresponda. Terapia que tendrá como fin trascendente que los menores recuperen para si un
padre en sentido positivo. ("Niños Maltratados" Stefano Cirillo - Paola Di Blassio, Cap.
"La terapia coactiva". Ed. Paidós).

Dictamen Final:

- Por lo expuesto, RESUELVO:

1.- Permanezca la menor María A. B. y sus hermanos bajo la guarda de sus padres.

2.- La madre deberá continuar ejerciendo el contralor sobre las relaciones paterno - filiales,
denunciando toda conducta del padre que violente el derecho de sus hijos.

3.- El padre deberá concurrir a terapia familiar con carácter conminatorio bajo apercibimiento de
peticionarse la pérdida de la patria potestad que ejerce sobre sus hijos y/o de tramitarse la
exclusión del hogar. Deberá informar a este Tribunal si continuara con el profesional ya
denunciado en autos.

4.- Se oficiará oportunamente al profesional que designe la familia dando a conocer la presente
y peticionando información periódica sobre asistencia al tratamiento y evolución.

5.- Continuar el contralor mediante audiencias familiares periódicas, a cuyo fin se fija la próxima
el día 11 de abril a las 9 horas para el comparendo de todo el grupo familiar, además del
seguimiento trimestral que realizara la Asistente Social del Tribunal.

(*) La Dra. Berkunsky es abogada y Asistente Social Criminológica. Fue Decana electa en la
facultad de Ciencias Humanas de la Universidad nacional del centro de la Provincia de Buenos
Aires; publicó entre otros artículos "Hacia un nuevo modelo de intervención de la Justicia de
Menores". Es actualmente Jueza de Menores en Tandil.

(1) Ver "El Abusador Sexual, ese Otro", de Isabel Boschi en Perspectivas Sistémicas nº 51
(Mayo/Junio de 1998) y "Obsesión. Compulsión y ansiedad en la sexualidad", de la misma
autora, en Perspectivas Sistémicas nº 54 (Diciembre- Febrero, 1998)
Secuelas del abuso sexual en el desarrollo del pensamiento (1)
por Reynaldo Perrone (2) y F. Bak

Consideraciones preliminares

En el marco del abuso sexual y del incesto, los terapeutas organizan sus intervenciones con
destreza, pero frecuentemente con miedo de equivocarse por ignorar la manera de pensar de
las víctimas. A pesar de sus brillantes intuiciones, éstas no alcanzan para compensar la
carencia.

Los importantes factores en juego (el sufrimiento que puede ocasionarle al niño la ignorancia o
falta de pertinencia en la relación de ayuda) amplifican la ansiedad del operador.

Todos los profesionales expresan la voluntad de proteger y ayudar a estos niños, pero no
disponen de medios suficientes para comprender científicamente los mecanismos del
pensamiento infantil, para confirmar o no la comprensión empírica que tienen de ellos.

Nuestro trabajo se propone aportar aclaraciones sobre el funcionamiento psico-afectivo y


cognitivo del niño, así como esclarecer el origen de los trastornos cognitivos que resultan del
impacto del abuso sexual a lo largo de un período significativo del desarrollo del pensamiento
de aquél.

La respuesta del niño a la violencia sexual sufrida será diferente y dependerá de la génesis del
vínculo causal consciente y del grado de equilibrio logrado en la organización cognitiva. Estos
conceptos son esenciales porque se refieren a la gestión de la realidad de todo individuo así
como a la adaptación a su entorno.

El modo de relacionarse de un niño que ha sufrido abuso sexual con el entorno social será
cualitativamente diferente del de un niño que ha tenido vivencias menos traumáticas. Esta
diferencia nos parece fundamental para la organización del tratamiento.

Organización del pensamiento operatorio

Todo organismo vive y se desarrolla a través de una serie de intercambios con el medio en el
que se encuentra. Así es como el niño debe adaptarse permanentemente a los requerimientos
que se le hacen, a una realidad (compuesta de objetos, de individuos, de reglas) de gran
complejidad. La interacción con su entorno le permite adquirir, tratar y organizar las
informaciones que recibe, organizándose a sí mismo simultáneamente.

El pasaje de la asimilación (integración de nuevos conocimientos en las estructuras ya


existentes) a la acomodación (modificación de las estructuras internas del individuo por auto-
transformación) permite al niño estructurar y comprender la realidad, adaptándose de la mejor
manera posible. Esta adaptación se caracteriza por la aparición de un equilibrio que va a surgir
progresivamente. uno de los aspectos que caracterizan los sistemas operatorios es la
reversibilidad.

Al actuar, el niño capta el entorno, primero para conocer sus cualidades (abstracciones
empíricas), luego para transformarlas (abstracción pseudo-empírica). Esto no sólo le permite
acrecentar su conocimiento de lo real, sino también de las propiedades de su acción sobre los
objetos. Así, cuando el niño coloca juntos redondeles y cuadrados porque son azules, les está
atribuyendo una característica de clase (abstracción pseudo-empírica). Cuando observa un
objeto, puede definir su forma y su color (propiedades propias del objeto) de manera inmediata
(abstracción empírica). Sus acciones le permiten construir abstracciones que a su vez,
implicarán nuevas acciones.

Por medio de auto-regulaciones permanentes, el niño va a lograr un equilibrio funcional, es


decir la capacidad de auto-perturbarse y de auto-regularse frente a un problema para encontrar
la o las soluciones más eficaces. El espacio, el tiempo, pero sobre todo la causalidad, elemento
central del desarrollo del niño, van surgiendo progresivamente. La causalidad es una
organización del pensamiento que se fundamenta en el conjunto de relaciones establecidas
entre objetos, especialmente entre el sujeto y los objetos, por la acción y después por la
representación. La estructuración de un vínculo causal consciente permite al niño analizar y
comprender, como observador o actor, el conjunto de sucesiones de acontecimientos,
disociando y por consiguiente identificando la causa y el efecto.

Durante el período sensoriomotriz, del nacimiento hasta los 18 meses, la inteligencia que se
desarrolla se determina en presencia del objeto, de situaciones, de personas, en el momento
presente, a través de la percepción pura. Sin lenguaje ni concepto, la inteligencia es práctica y
apunta esencialmente al éxito en la acción. La causalidad que aparece a partir de la
coordinación de la visión y la prensión, está en relación con la actividad del niño. En ningún
momento tiene necesidad de comprender. La realidad se reduce a un conjunto de cuadros que
aparecen y desaparecen, en los que el niño reconoce su acción, y sólo después el objeto (en el
sentido amplio del término).

En el período simbólico (primer período de la elaboración del pensamiento representativo) a


cada objeto le corresponde una imagen mental que le permitirá evocarlo en su ausencia. La
simbolización, interiorización de una vivencia del niño, permitirá aplicar "la imagen símbolo"
sobre un objeto que sin estar en relación con el original, servirá de soporte a su representación.
Así es como se desarrolla el juego simbólico. La realidad no es sólo lo que está allí en el
momento presente. De ahora en adelante aparecerán dos categorías: el juego y la observación.
Pero estas dos realidades están totalmente vinculadas y el niño va de la una a la otra sin
buscar saber lo que corresponde a la verdadera realidad. LE juego es entonces una realidad
que no se opone a la verdadera realidad, lo real no es más que un juego.

Con la imitación diferida el niño accede al lenguaje. Pero éste no es conceptual; es propio del
niño que ve mentalmente lo que evoca y que habla como si su interlocutor participara de su
punto de vista. Así, asistimos a monólogos colectivos entre niños de 3-4 años. La finalidad de
estas "discusiones" no apunta de ningún modo a transmitir informaciones o a modificar el
comportamiento del prójimo, sino a expresarse.

Tiene un pensamiento omnipotente, que no se interesa en la verdad, dado que la suya es la


única posible.

Su pensamiento egocéntrico le hace percibir la realidad como le gustaría que fuese y no como
es realmente. Esto se debe a que el niño no tiene la capacidad de descentrarse para
considerar los diferentes aspectos de un problema.

Su atención se centra en la acción, lo que le impide tomar conciencia de su modo de pensar.


La demostración no es necesaria, los hechos están yuxtapuestos sin vínculos ni razones
lógicas. Esto se elaborará con la descentralización, cuando el niño, al confrontarse con otros,
salga de su egocentrismo. Progresivamente el juego va aproximándose más a la realidad. Al
final de este estado, el simbolismo va a ser canalizado por la lógica (con el comienzo de la
socialización) y aparece entonces el juego colectivo basado en la verdadera realidad.

Hacia los 6-7 años, el niño entra en el período de las operaciones concretas. El pensamiento
operatorio que se instala se refiere a las transformaciones, o sea lo que va desde la acción
física a las operaciones mentales, a todo lo que modifica el objeto.
A lo largo de este segundo período de elaboración del pensamiento representativo, la realidad
concreta va a ser pensada de manera móvil, gracias a la descentralización que permite la
coordinación de puntos de vista. Aparece entonces la reversibilidad mental, la capacidad de
retornar de un estado final a un estado inicial, invirtiendo en el pensamiento, la transformación
efectuada.

El pensamiento del niño no se centra más sobre los estados sino sobre las sucesiones de
transformaciones que vinculan los estados entre sí. a nivel del pensamiento se estructuran las
invariantes (sustancia, peso, longitud...) vinculadas al objeto y permiten situarlo en el espacio y
en una temporalidad -propiedad infra-lógica.

Paralelamente, el niño elabora las relaciones entre las cosas: dependencia, inclusión,
semejanzas, diferencias -propiedad lógico-matemática- con las operaciones de clasificación
(relaciones de semejanza) y de seriación (relaciones de diferencia) que resultan de ellas. Una
vez elaboradas, estas dos operaciones van a combinarse para permitir la estructuración del
número lógico.

El niño puede entonces hacer elecciones, razonar sobre casos singulares y generales. El
vínculo causal consciente (vínculo entre los diferentes acontecimientos o estados) va
construyéndose progresivamente. Las relaciones de causa-efecto permiten comprender las
razones de las diferencias que existen entre estados que se suceden. El niño toma conciencia
de sus acciones, de su forma de tratar y de comprender las razones de los estados resultantes.
AL construirse el vínculo causal consciente, una sucesión lógica emerge en la secuencia de
acontecimientos, lo que da al niño la capacidad de situarse como causa o efecto, como
persona que produce o recibe un efecto. en consecuencia, la relación con el medio que le
rodea se modifica radicalmente.

Es necesario comprender que el niño es protagonista de este descubrimiento, así como lo es


también su entorno afectivo. La congruencia de mensajes y comportamientos es esencial para
realizar dicha organización.

La pérdida del egocentrismo permite la confrontación con el prójimo y el abandono de las


explicaciones "mágicas" del período anterior. Después, esta conversación va a ser
interiorizada, dando origen al razonamiento, el cual se vuelve consciente gracias al lenguaje
que impregna la representación que el niño tiene de las cosas. De esta manera, la palabra llega
a ser representación y la representación, palabra.

Se crea sí una diferencia entre la acción y el lenguaje, lo que permite tomar conciencia de las
operaciones que intervienen.

El mundo exterior es observado de manera positiva. El niño lo somete menos a sus deseos,
teniendo en cuenta las cosas tal y como son; no como le gustaría que fuesen.

Sin embargo, este pensamiento sólo se aplica a lo concreto (los objetos manipulables) y limita
al niño en su capacidad para considerar hipótesis diferentes, para realizar la elección entre lo
que parece ser lo más probable.

Recién a los 12 años, con la aparición de las operaciones formales, la relación con el mundo va
a modificarse. La inteligencia va a poder aplicarse a las relaciones entre lo posible y lo real, en
el sentido de que lo real llega a ser la consecuencia de lo posible, cuando antes, lo posible
dependía del nivel de elaboración de la realidad por parte del niño.

Esta organización es llamada hipotético-deductiva. Por el simple juego del pensamiento, el


adolescente va a poder razonar sobre proposiciones y relacionarlas entre sí para construir
hipótesis antes de actuar. Esto significa que en toda situación dada, podrá concebir el conjunto
de las transformaciones posibles gracias a las operaciones lógicas. No se contentará
únicamente con registrar las relaciones que se le imponen, sino que las situará en el conjunto
de las que son posibles.
Consecuencias del abuso sexual sobre el desarrollo del pensamiento

Como hemos visto, la génesis de las estructuras operatorias requiere un mínimo de


desequilibrio provocado por los requerimientos del entorno, lo que permite que el niño pueda
superar este estado de desequilibrio para crear estructuras mas pertinentes. En situaciones de
violencia sexual, el abusador manipula y confunde las referencias del niño, a través de
interacciones que no pueden ser asimiladas, debido a la falsedad de ciertas informaciones.
Esto conduce a una mistificación de la realidad cuyas secuelas se manifiestan a través de la
desviación del proceso de maduración cognitiva.

Así, según la edad en la que se haya producido la agresión y el período de desarrollo en que el
niño se encuentre, las secuelas serán diferentes. En caso de sufrir abusos sexuales antes de
los 8 años, se observarán trastornos en la capacidad de establecer vínculos causales. Estos
trastornos van a superar el aspecto particular del abuso sexual y van a extenderse al conjunto
de adquisiciones cognitivas, provocando una deriva hacia una organización aleatoria del
pensamiento.

Como ha sido explicado en el libro Violencia y abusos sexuales en la familia (2), el abusador
emite mensajes particularmente patológicos y morbosos.

Estos mensajes, fuente a la vez de confusión, asombro y perplejidad, son transmitidos a través
de un registro comunicacional contradictorio.

Observamos un cambio de tono y de contenido emocional permanentemente que bloquea toda


posibilidad de anticipación y comprensión. Ya sea autoritario y brutal, dulce y amigable; tierno y
a la vez amenazante, el mismo destruye los hitos que jalonan la continuidad de la relación
adulto-niño. El niño permanece impotente ante la masa incongruente de mensajes de los que
es objeto, sin poder comprender las señales que normalmente clarifican el contexto.

Por otra parte, el abusador utiliza un lenguaje que se caracteriza por la utilización de un
lenguaje de conminación. La comunicación se hace en sentido único, no hay una escucha del
otro sino la voluntad de obtener un resultado predeterminado ajeno al diálogo y al intercambio
de puntos de vista. El acuerdo voluntario del destinatario no es tenido en cuenta, lo que lo
diferencia de la orden, la petición o la amenaza.

Se ve claramente entonces que el adulto abusador perturba la jerarquía de vínculos e induce a


errores de apreciación, discriminación y juicio. Provoca una "codificación" del niño rompiendo la
capacidad de experimentación y abstracción.

Numerosas cuestiones se plantean sobre la aceptación del abuso por parte del niño y sobre su
dificultad para comunicar su sufrimiento. Es sorprendente que él permanezca tanto tiempo bajo
la influencia del abusador, a menudo es criticado y considerado como cómplice por no haber
denunciado antes los abusos de los que era víctima.

Esta reacción incongruente del entorno del niño deja en él profundas heridas narcicistas y un
sentimiento de injusticia a menudo irreparable.

Es posible explicar esta "pasividad" involuntaria a través de la influencia psicológica que el


abusador ejerce sobre el niño. Para provocar este estado modificado de conciencia, el
abusador interviene de manera pragmática sobre tres áreas:

La identidad, a través de la efracción: se produce cuando el abusador penetra en el mundo del


niño, tanto a nivel simbólico como real. La ruptura se desarrolla en su mundo fantasmático, en
su espacio de niño (sus juegos, su habitación, su cama, su intimidad...) así como en su cuerpo
(tocamientos, caricias, masturbación, penetración), materializándose cuando existe coito. La
efracción deja huellas más o menos indelebles, según la edad y la organización del
pensamiento: si el vínculo causal no está elaborado, la experiencia psico-afectiva del abuso
será congelada en la inmediatez sin emergencia de un juicio sobre lo vivido.

El cuerpo, a través de la captación: implica las vías que llevan directamente al aparato
sensitivo y sens orial del sujeto. La apropiación del otro se hace por medio de la inmovilización
y de la privación de su libertad. Las tres vías utilizadas son el tocamiento, la palabra y la
mirada.

El tocamiento comprende todo tipo de gestos "indescifrables" que van desde la caricia tierna
hasta los tocamientos con connotaciones sexuales, enmascarados siempre por la coartada de
una amable dedicación. En estas condiciones, el niño no puede jamás clasificar las acciones de
su abusador.

Con la palabra como vector de información y de categorización de la relación, el lenguaje


presenta anomalías lógicas y está puesto al servicio de la mistificación y de la tergiversación de
significados. Las palabras acompañan a las acciones, a los actos, tanto para distraer como
para paralizar o inducir a error. Se refieren a numerosos campos semánticos diferentes, sin que
el destinatario pueda decodificar correctamente a cual de ellos pertenece.

Finalmente la mirada, como experiencia subjetiva perturbadora cuando transmite el deseo, la


repulsión, la violencia, la nada o la muerte. Hay que señalar que todos los testimonios hablan
de perturbaciones profundas provocadas por la mirada del abusador.

El psiquismo, a través de la programación, es organizado con el propósito de responder a las


exigencias de quien ejerce la violencia sexual. Se trata más bien de una transferencia
unidireccional de consignas y no de un aprendizaje interactivo. A través de la programación se
transmiten los comportamientos que aparecerán posteriormente como pertenecientes al sujeto.
Así podemos citar la erotización del cuerpo, la necesidad de proseguir la relación establecida
con el abusador, el secreto, el pacto, la convicción de responsabilidad, el sentimiento de
fatalidad, la vergüenza. La programación es la responsable de las retracciones, del silencio, de
la aparente complicidad, de la excitación sensorial, de todas las contradicciones y paradojas
que se manifiestan a través del comportamiento de la víctima.

En el contexto del abuso sexual, encontramos profundas perturbaciones establecidas por el


niño; la génesis de las estructuras operatorias está profundamente perturbada. Si la lógica nace
de la acción, el inmovilismo en el cual están situados estos niños va a destruir toda posibilidad
de emergencia de un pensamiento operatorio. Por defecto, el pensamiento que se desarrollo no
se refiere más que a los estados y las configuraciones; es estático y no reversible. No habiendo
podido desarrollarse la causalidad en ese modo de pensar, la realidad no llega a ser más que
una sucesión de cuadros que se suceden sin vínculos entre ellos. Así emerge el pensamiento
llamado figurativo.

Según los conceptos precedentes anteriormente expuestos, podemos proponer una nueva
comprensión de las consecuencias del abuso sexual:

si un niño ha sufrido perturbaciones de este tipo antes de los 6 años, su modo de aprender la
realidad será deficitario, debido al bloqueo del desarrollo de la causalidad. En ese caso, el
sufrimiento moral vivido será menor al no haber elaborado los vínculos lógicos que relacionan
los acontecimientos entre sí. El niño concluye que lo que vive es vivido de la misma forma por
los otros, que lo que le sucede es normal, pues su pensamiento es egocéntrico, sin
descentralización, y por lo tanto, sin comparación posible.

A partir de los 7 años, en el caso de un niño que comienza a estructurar su pensamiento según
el modo operatorio, el abuso sexual producirá una desviación hacia el pensamiento figurativo y
lo vivido será traumático, pero desprovisto de la noción de temporalidad, sin devenir. Lo vivido
es fijado en el aquí y el ahora. Así, se dirá que lo que le sucede es un acontecimiento único y
no establecerá ningún vínculo con los otros acontecimientos idénticos que se suceden, ni con
la pertinencia de los actos de los protagonistas.
En los dos casos, los niños no guardarán de su vivencia más que fragmentos dispersos y una
confusa culpabilidad.

El trauma psico-afectivo es más importante cuando es vivido por adolescentes que ya han
organizado su pensamiento según modalidades operatorias, con una organización causal. En
ese caso, su percepción de la violencia sexual se inscribe en un conjunto de parámetros
interconectados y esclarecidos por la inteligencia funcional que permiten el juicio y la atribución
de nociones de valor Aparece la crítica y la rebeldía, la noción de justo o injusto, la atribución
de cualidades específicas a las personas y en consecuencia a sus actos. Sin embargo, si la
forma predominante del pensamiento es figurativa, el comportamiento del adolescente será
dual, considerándolo como totalmente bueno o totalmente malo, pero sin ninguna simbolización
o formalización abstracta concerniente a la falta cometida contra él.

Conclusión

Un extenso campo se abre con las nuevas perspectivas que proponemos, tanto sobre el plan
de la comprensión de los vivido por el niño víctima como sobre las modalidades de intervención
y la terapia del problema.

El espíritu de este trabajo no apunta a minimizar el sufrimiento del niño ni las secuelas de los
actos que ha sufrido sino a delimitar con mayor precisión los efectos a largo plazo de la
conducta del abusador a nivel cognitivo. Sostenemos que estos efectos serán diferentes según
la edad del niño y el nivel de organización de su pensamiento:

Cuando el niño no muestra su sufrimiento es que no ha podido vincular causalidades entre la


falta, la norma y la ausencia de responsabilidad atribuible al vínculo parental. Lo que explica el
hecho de no condenar al abusador y la débil adhesión al seguimiento terapéutico.

La experiencia del niño, contemporánea al momento del abuso, debe estar incluida en el
momento de la terapia según el nivel de elaboración del pensamiento. Esto exige la
planificación de una intervención a largo plazo pero discontinua (reanudar la terapia en el
momento de la adolescencia cuando el pensamiento operatorio haya podido ser restaurado).

Es importante, para la eficacia del tratamiento, constatar el nivel de organización de la


causalidad en el pensamiento.

Aunque el abuso sexual se termine, los trastornos provocados por el traumatismo del niño,
tanto a un nivel afectivo como cognitivo, no se borran. Por lo tanto, es necesario prever una
coordinación de intervenciones con el fin de evitar las secuelas posteriores a través de la
integración de intervenciones terapéuticas, educativas y de un seguimiento destinado a la
reestructuración del pensamiento.

Bibliografía

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Pieget, J. y García, R. (1971): Les explications causalles. En Etudes d’Epistemologie


Génetique, 26. Paris: PUF.

Notas

* Reynaldo Perrone es médico psiquiatra, terapeuta familiar y director del Instituto de


Formación y aplicación de terapias de la comunicación (I.F.A.T.C.) en ST. Etienne, Francia.

(1) Originalmente publicado en francés en: Perrone, R. y Bak, F. (1996): Approche des
séquelles de la violence sexuelle á l’ègard des enfants au nieveau de leur organisation de
pensée. Le Journal des Psychologues, 136.

(2) Perrone, R. y Mannini, M. (1995). "Violence et abus sexuels dans la famille. Une approche
systémyque et communicationnelle". Paris: E.S.F.

Otras entrevistas de R. Perrone en Perspectivas Sistémicas Nº 5, 15, 30, 37 y 38.

Este artículo fue publicado en el nº 46 de Perspectivas Sistémicas (Mayo/ Junio de 1997)


Multiculturalidad y maltrato infantil
La terapia familiar aplicada a la multiculturalidad

Entrevista a Celia Falicov y Marco Vannotti

INTERVENCIONES COMUNITARIAS
Entrevista a CELIA FALICOV

Por Javier Bou

Celia Falicov es uno de esos personajes de la terapia familiar que difícilmente permanece
desconocido para nadie. Todos los terapeutas que hacemos docencia hemos realizado
inevitables referencias a su libro "Transiciones familiares", así como a su trabajo, y éste le ha
traído hasta nosotros recientemente. Ha impartido diversos seminarios en España y Mosaico(*)
no podía perder la ocasión de realizar una entrevista a la terapeuta de La Joya Marital y el
Instituto Familiar de San Diego (California).

Javier Bou. -Quizá convendría que nos contextualizaras tu trabajo.

Celia Falicov. Durante doce años trabajé en el Instituto de investigación Palomides en


Chicago, y allí fue donde empecé a ver a niños y a adolescentes en familia, trabajando en el
barrio negro y latino de Chicago. Tuve mucha intervención en los problemas específicos en un
contexto ecológico pobre con familias que se han rotulado multiproblemáticas, donde
frecuentemente el paciente identificado es un niño con problemas de conducta o problemas
que están ligados a stress social. Cuando emigré a San Diego, contexto muy diferente, con
gran segregación entre las razas y las clases sociales, mi actividad se dirigió a una práctica
privada que yo la llamaría de estilo Robin Hood, en el sentido de que veo mucha gente rica a
las que les cobro importantes cantidades, y a un número importante de gente que me paga
muy poco o a veces no me paga. Esta es la actividad clínica y en cuanto a actividad docente,
enseño en dos lugares distintos: la Universidad de California en San Diego y la Universidad de
San Diego, una universidad privada católica. Más adelante hablaremos de algunos de mis
trabajos en la comunidad.

J.B. - Desde tu labor en una ciudad fronteriza de USA con una cultura diferente que además es
la tuya, cuéntanos las peculiaridades o características del trabajo multicultural.

C. - El trabajo multicultural en San Diego, al ser una ciudad fronteriza, tiene características
peculiares en las cuales la coexistencia de culturas es, quizá, un poco más fuerte porque no
existen ámbitos separados como barrios. Muchas veces vivir en una ciudad límite hace que
dentro de la misma familia coexistan las dos culturas, no sólo porque el marido pertenece a una
cultura y la mujer a otra, sino porque también dentro de la familia, y aun perteneciendo a la
misma etnicidad y/o clase social hay distintas psicologías a la hora de acercarse más a
modelos anglosajones y a modelos hispanos. Muchas veces mi trabajo es un trabajo de unión
de culturas dentro de la misma familia, de facilitar la posibilidad de coexistencia armónica.

J.B. - Sí, porque ése ha sido el mensaje de tu curso: el biculturalismo, la posibilidad de


compatibilizar ambas culturas.

C. - Sí y de alternar de una cultura a la otra, dependiendo del contexto que acredite mejor a la
familia.

J.B. - En nuestro país, y en Europa en general, se está produciendo una gran afluencia de
inmigrantes de países con menor desarrollo económico, fundamentalmente de África, lo que
genera situaciones de marginación, desarraigo y explotación. ¿Cómo enfocas el trabajo con
este tipo de problemáticas desde servicios públicos?.
C. - No, no estoy en un servicio público, pero no lo es por elección. En USA se está pasando
por una época, no sólo de crisis económica y de poco apoyo a los programas sociales, sino
también con una corriente antimigratoria. EEUU se ha caracterizado por distintas épocas de
apertura hacia la inmigración o de rechazo a la misma mediante leyes que no protegen ni al
ilegal ni al legal. Algunos programas voluntarios en los que estoy trabajando hacen más de
prevención que de curación. Uno de los problemas nacionales más agudos para la presión del
latino en los EEUU es el fracaso del sistema educacional, pues es a través de la educación que
los hijos de inmigrantes pueden generarse mejor futuro. Algunos programas como uno que yo
dirijo, son tutorías para hijos de inmigrantes a los que no les va bien en la escuela por
problemas de bilingüismo o culturalismo no bien obtenido, o porque las familias no han podido
cuidar emocionalmente a sus hijos. Por otro lado, tampoco los han capacitados formalmente de
manera tal de brindarles la educación necesaria que les permita comunicarse adecuadamente
y así poder integrarse al sistema. Entonces, en este programa de voluntarios, cada uno de los
que participamos, tenemos el compromiso de potenciar durante un lapso relativamente corto,
las posibilidades y recursos de una familia, adoptándola informalmente, transformándonos en
un puente, en un nexo con la sociedad dominante, enseñándoles cómo deben manejar las
relaciones que entablan con las instituciones y ayudando a que los niños de esas familias
tengan éxito.

J.B. - Conocerás las experiencias que Mony Elkaim, Pluymaekers y tantos otros renombrados
terapeutas familiares sistémicos están desarrollando en diversos países, en relación al trabajo
con redes sociales y especialmente con marginados e inmigrantes. Cuéntanos experiencias de
tu entorno.

C. - Bueno, nosotros formamos una red total, en el sentido que las familias que están en el
programa también integran una red. Una vez por mes nos reunimos todos los mentores y las
familias. Estas se empiezan a conocer porque en realidad los reunidos somos los que
trabajamos en distritos escolares, entonces las familias también van a la escuela, viven cerca y
se conocen, conocen a las otras familias que también tienen hijos en este mismo programa. Lo
que hemos observado es que se sienten muy orgullos de participar en el programa. También
parte de nuestro compromiso es hablar con ellos una vez por semana y preguntarles cómo
están, si necesitan algo, o simplemente saludarlos. Es un programa realmente nuevo.

En ocasiones, las madres, agradecidas de que sus hijo/as tengan nuevas posibilidades,
reclaman lo mismo para ellas. Estamos tratando de hacer que las mujeres puedan conocerse y
ayudarse en el cuidado de los niños para que puedan ir a las clases de inglés. Los hombres,
por su actividad exterior, empiezan a hablar inglés más rápidamente y se adaptan más.

J.B. - A lo largo del seminario nos has hablado de temas como modelos de migración, cambio
cultural y foco terapéutico utilizado en cada uno de ellos. Creo que si lo comentaras un poco
sería de gran interés para nuestros lectores.

C. - Yo creo que una de las cosas novedosas que están pasando con la teoría de la culturación
es la idea de que el emigrante moderno o postmoderno, el emigrante actual, es diferente del de
las primeras décadas de este siglo, en el sentido de que muchas veces el emigrante antiguo
tenía que cortar completamente sus relaciones con su país de origen, y parte de su éxito
cultural, emocional y adaptativo era el adaptarse completamente a la cultura receptora. Algunas
de las teorías nuevas son más complejas en el sentido de que no son lineales y no exigen un
despojamiento de los valores originales, sino más una entrada hacia una integración o una
mezcla híbrida donde no se pierden las culturas originales pero tampoco se conservan las
formas intactas de las mismas, sin adquirir la nueva cultura de una forma total sino también de
forma parcial. Esto exige un modelo mucho más experiencial, más vívido y de mucha mayor
curiosidad por parte del terapeuta acerca de cuales son las decisiones personales de cada
familia en cuanto a qué elementos integrar de la nueva cultura y cuales preservar de su cultura
de origen.

J.B. - Eres supervisora de la Asociación Americana de Terapia Familiar y Marital. En USA


tenéis un largo bagaje de trabajo con familias monoparentales, separadas y reconstituidas. En
cambio en nuestro país son fenómenos relativamente recientes, ¿Qué sugerencias nos harías
a los terapeutas y expertos que trabajamos en esta temática?.

C. - Yo creo que hay algunos elementos útiles acerca de cuales son las transformaciones
sistémicas por las cuales las familias cambian de número de personas, similares a las
transiciones familiares evolutivas inevitables. Pero también tienen algunos estadíos que son
interesantes de observar. Uno que a mí me ha llegado a través de los años es una pauta que
no puedes transmitir a la familia, que es la transformación de pasar de una familia nuclear a
una familia monoparental o una familia reconstituida que es una familia binuclear, donde se
tardan unos tres años o más. Algunas familias creen que al haber salido de los conflictos de la
separación y haberse reconstituido todo va a ir bien, pero puede pasar que los padres postizos
creen que los hijos puedan empezar a tratarles como padres, a obedecerlos o a hacerles sentir
queridos, y esto no es fácil ni rápido.

Otro elemento muy importante es cambiar un modelo de deficiencia que hemos tenido muchos
años, en el sentido de tener una posición normativa de que la familia intacta u original es la
familia correcta, y el divorcio, la familia monoparental o reconstituida significa una falla de la
familia original. Nos olvidamos de la posibilidad de que sistemas más complejos como los
reconstituidos, también son sistemas de mayores recursos. Una buena reformulación al
respecto, es hacer ver que en lugar de una familia tenemos dos, y que eso puede ser un
elemento de vida más positivo que negativo, puesto que la complejidad te brinda más
alternativas.

J.B. - El movimiento asociativo de "los sistémicos" en España sigue felizmente caminos


unitarios mayormente encarnados en nuestra federación. Cuéntanos el estado del tema en
USA.

C. - Nosotros tenemos una larga historia, de treinta años, con dos tipos de asociaciones. Una
es la Academia de Terapia Familiar, y la otra se llama Asociación de Terapia de Familia y de
Pareja. Hay una diferencia muy importante entre las dos, aunque ambas han contribuido al
desarrollo de la T.F. en ciertas direcciones. La AFTA (Academia de T.F.), relativamente
pequeña para el tamaño de los EE.UU., tiene como características que sus miembros son
todos maestros de terapia. Para entrar debes de tener al menos 5 años como docente, así
como tres cartas de recomendación de otros miembros de la AFTA. Es básicamente una
sociedad de nutrición académica, de intercambio, donde la gente va a enterarse de lo último, a
escuchar a sus colegas sobre lo que están pensando en ese momento. Tendrá unos 300
miembros.

La otra es una asociación de protección gremial, mucho más compleja a nivel organizativo,
donde la reunión anual siempre ha tenido miles de asistentes. Entre sus miembros hay
consejeros de familia y supervisores, para ser de estos últimos tienes que pasar por ciertos
criterios, y es una condición renovable cada cinco años, creo. En esa primera solicitud te
preguntan sobre cómo piensas teóricamente, cual es tu posición, etc. y tienes que aprender los
estándares éticos

J.B. - ¿Cómo ves las perspectivas de los distintos modelos o enfoques en T.F.?.

C. - Pienso que ha habido un despojamiento, una flexibilización de las escuelas, que en


definitiva era como un todo que había sido distribuido por varios sectores que enfatizaron
distintas corrientes, por ejemplo describir más que pasaba en la familia de origen, o que pasaba
dentro de la familia, dentro de una terapia más experiencial y todos ellos formaron distintas
escuelas, cada uno con un recorte particular de lo sistémico, pero eso ha desaparecido, pues
todas contribuyen a un mejor entendimiento de los relacional.

Mi impresión es que en la última época han surgido nuevas escuelas y nuevas modas, quizás
necesarias para poder hacer algo que lo puramente relacional no pudo hacer, como trabajar a
nivel individual, así como el interés por lo social, aspecto que había sido menos cuidado.
Pienso que muchas de las corrientes narrativas han introducido más lo cognitivo individual, así
como la dimensión moderna y las relaciones de poder, y se han ocupado menos de la
efectividad narrativa a nivel emocional. La existencia de distintos modelos dentro de la Terapia
Familiar, de manera isomórfica a la existencia de múltiples culturas en las familias, enriquece el
panorama.

J.B. - Para finalizar, cuéntanos como has vivido este paseo por la piel de toro y el contacto con
los profesionales de la FEATF (Federación española de terapia familiar.

C. - Me encanta venir a España, la gente es extremadamente amable, cálida... me siento muy


bien acogida, muy bien tratada y eso, psicológicamente, es muy importante para toda la gente
que hace presentaciones tanto dentro como fuera de su propio país: en los primeros, porque es
donde uno vive, y fuera por lo isomórfico entre lo relacional, a nivel de familia y ambiente, al ser
bien acogido hace que uno piense mejor. Entonces siento que hay apertura al aprendizaje, a la
tolerancia de ideas y poco confrontamiento crítico que naturalmente, a veces es necesario.
Pero siempre que la gente agregue algo, es importante que lo agregue de una manera
armónica, colaborativa.

J.B. - Por nuestra parte, queremos agradecerte la colaboración y que nos hayas brindado este
tiempo. Ya sabes que aquí estaremos siempre abiertos a recibirte.

Esta entrevista fue publicada en el nº 54 de Perspectivas Sistémicas (Dic/ Febrero 1998/99)

LOS GRITOS SILENCIOSOS DEL MALTRATO INFANTIL


Entrevista a MARCO VANNOTTI

Por Iñaqui Arramberi

Marco Vanotti es un psiquiatra que desarrolla su trabajo en Suiza. Tiene amplia experiencia en
el campo del maltrato infantil y ha sido el coordinador del libro "Le silence comme un cri a l
´envers. Maltratances et abus sexuels envers les enfants".( "El silencio como un grito al revés.
Maltrato y abuso sexual a los niños")

Iñaki Aramberri de la revista Mosaico ha tenido esta conversación con él durante su estancia en
Bilbao en las Jornadas de Ikas - Dictia.

Iñaqui Arramberi (I.A). - Hola Marco, querría que comentases el trabajo que has realizado con
las familias en las que se produce maltrato infantil. ¿Cuál ha sido tu experiencia en este
campo?.

Marco Vannoti (M.V) - Mi experiencia ha sido la de haberme confrontado a un cierto punto de


mi carrera, con la psiquiatría de adolescentes que presentaban una serie de patologías
mentales y comportamentales muy complejas y difíciles como la droga, la delincuencia, etc.

P. - ¿En el marco de un hospital psiquiátrico?.

M.V. - En una institución para adolescentes difíciles como médico responsable de esa
institución residencial. Debido a mis conocimientos de Terapia Familiar, comencé mi trabajo
viendo cuáles eran los recursos de la familia y me he encontrado con dificultades de
comprensión y luego, con muchos silencios. Necesité unos cuantos meses para entender que
era imposible utilizar los recursos de la familia antes de que nos diésemos cuenta de que esta
misma familia que tenia un deber de protección hacia sus hijos adolescentes, había faltado
gravemente a este deber con maltrato o con abuso sexual. Cuando me di cuenta de que
empezar con el tema de los recursos sin tener en cuenta la realidad de la injusticia sufrida no
servía para nada, me interesé por este fenómeno.

I.A.. - ¿Has pensado que el modelo sistémico era insuficiente para enfrentarse a esta
problemática?.
R. - La visión del modelo sistémico circular, útil para entender la patología corriente, en el
campo del maltrato no resultaba suficiente o por lo menos debía de ser completada con una
visión de las precisas responsabilidades que los padres y adultos tienen en relación a sus hijos
y al mismo tiempo, se necesitaba crear una alianza terapéutica y una verdad terapéutica
porque para motivar la participación hacia el tratamiento de los adolescentes, primero hay que
reconocer oficialmente a estos adolescentes que ellos habían sufrido injusticias y que había
que definir claramente quienes eran los responsables de la injusticia, para lo cual se les pedía a
los padres que colaborasen. En síntesis, todo el trabajo que he realizado con estos
adolescentes, lo que estos adolescentes y estas familias me han enseñado, ha sido la de poder
ir verdaderamente al fondo de la construcción narrativa de sus vivencias. No pienso que el
hecho de definir y determinar con precisión responsabilidades sea opuesto a una ética de la
reconciliación familiar. Pero esta reconciliación familiar debe partir del reconocimiento de que
los padres han realizado acciones que no debían haber hecho.

P. - ¿Y esto lo hablabas con los padres? ¿Cómo trabajabas con los padres?.

R. - Naturalmente eran familias multiproblemáticas en la que los padres estaban alejados y


eran también familias reconstruidas. El primer trabajo que hice desde el punto de vista
histórico, fue un trabajo sobre los operadores, sobre los médicos, enfermeros y educadores,
que resultó muy interesante. Realicé un trabajo estadístico sobre un centenar de casos en los
que comprobamos que alrededor del 60 % de estos chicos habían sido objeto de abusos
sexuales o de molestias sexuales. El 90 % había sufrido violencias físicas. Después, al ver las
historias clínicas y los documentos de la Institución, este fenómeno había sido mencionado y
descripto en dichas historias, solamente en dos o tres ocasiones; con todas las demás había
una especie de complicidad de silencio, la misma complicidad de silencio que existe en las
familias.

P. - No había criterios profesionales sobre cómo enfocar estas situaciones?.

R. - Faltaba una cultura, una educación al respecto o más bien era algo más complejo, porque
una cultura, al menos en Suiza, sí existía. Pero las personas que lidiaban con estas cuestiones,
han sido por diversas razones, muy obstaculizadas por las instancias oficiales. Las instituciones
oficiales por diferentes motivos, han puesto muchos obstáculos y lo que me resultó
particularmente interesante en Suiza, fue el hecho de participar en un cambio radical de
mentalidad. Por una parte porque existe en el mundo en estos últimos años y no sólo en Suiza,
una modificación de mentalidad. Y por otra parte porque personas como Masson, como yo y
como otros colegas, en un cierto punto, abrimos el camino con fuerza y determinación,
organizando un congreso sobre maltrato, invitando expertos que aumentaron nuestra
información sobre este tema y comenzando a difundir una cierta cultura que permitía a las
personas denunciar los maltratos pero teniendo un respeto fundamental, tanto por las víctimas,
como por los perpetradores.

P. - ¿Podrías decir que tienes un modelo de intervención?.

R. - El modelo de intervención al que más nos acercamos es el del "Centro per il bambino
maltrattato" de Milán, cuyo modelo, y es muy interesante en este sentido, se refiere a su vez al
modelo de Masson. La gran dificultad que tenemos todavía en este campo reside
fundamentalmente en el sistema autoreferencial del pensamiento judicial y en el sistema
autoreferencial del pensamiento terapéutico, y esto es un problema en el cual se habla
objetivamente de complementariedad pero cómo se lleva a la práctica esta complementariedad,
es una cosa dificilísima. El dilema que tú conoces bien es el de decir que es muy difícil obtener
pruebas y hechos seguros. No se puede condenar a nadie sin tener la seguridad de que sea
verdaderamente culpable. Pero esta epistemología en la que la duda beneficia al acusado no
tiene absolutamente en cuenta que la misma duda lleva un perjuicio al niño. Desde una
perspectiva ética, que es la parte más interesante del libro que hemos hecho sobre el maltrato,
"Le silence comme un cri à l`envers", la cosa más importante que hemos puesto en evidencia
es que no se puede poner la palabra del adulto contra la del niño porque en esta posición de
duda, la persona que es más fragil es el niño. En este sentido, hemos empezado con los
magistrados una serie de colaboraciones fundamentalmente interesantes en la que los
magistrados están de acuerdo en alejar temporalmente a los niños mientras no se aclaren los
hechos.

P. - ¿Incluso aunque la familia fuese recuperable?.

R. - Sí, desde un punto de vista de las ideas en el fondo, el hecho de alejar permite al mismo
tiempo dar razón a la epistemología jurídica que dice que hay que proteger a la persona hasta
que no exista la prueba de su culpabilidad pero se da al mismo tiempo razón a una
espistemología terapéutica en el sentido amplio que dice que los niños son muy pequeños, muy
frágiles, hay que protegerles y por eso se les separa, pensado que esta separación no es
perjudicial para el niño. Esto es un punto. El otro punto, que hemos desarrollado en Suiza, en
un cierto sentido es una intervención de protección mediante aquella red capilar que es la red
médica. Suiza tiene una gran densidad de médicos por lo que las personas van frecuentemente
al médico. Entonces nosotros hemos hecho un trabajo de prevención sensibilizando los
médicos ante el hecho de que la violencia doméstica existe, que la violencia familiar con los
niños existe y que en consecuencia los médicos tienen no sólo el poder sino el deber de
evaluar y de intervenir para proteger a los menores.

P. - ¿Piensas que la cultura Suiza está más de la parte de los niños o de la parte de los
adultos?.

R. - La cultura Suiza se está transformando en dos sentidos: por una parte con el
envejecimiento de la población, los intereses corporativos de los adultos y de los ancianos
toman el predominio sobre los niños y hay una serie de leyes y de iniciativas que descuidan
progresivamente las medidas de protección de los niños. Pero por otra parte baja la natalidad,
lo que ha transformado profundamente el rol del niño, que de una posesión del padre se ha
convertido en objeto de consumo, es decir, en objeto muy precioso. Y esto es un cambio de
mentalidad que en la intervención médica es todavía poco significativa pero que
fundamentalmente es de tipo social.

P. - Otro tema sobre el que has trabajado mucho es sobre los operadores. Sobre el contacto de
los operadores con estas situaciones.

R. - Lo que he intentado transmitir a otros es algo que les protegiese de la experiencia


dolorosísima con la que yo me he enfrentado: el tener que resolver solo una serie de
situaciones e intentar entenderlas sin tener los contactos suficientes me ha puesto en serias
dificultades.

P. - ¿Has querido hacer un trabajo sin tomar en consideración la importancia de todo el


sistema tomando demasiado responsabilidad por tu parte?.

R. - Si, creo que es natural que cuando un operador se encuentra ante una situación compleja
y se encuentra ante un adolescente que ha entendido que has entendido, entonces el
adolescente pone sobre ti toda la responsabilidad terapéutica y de salvación. En este sentido,
se crean sucesivamente proximidades que no son muy útiles ni para el adolescente ni para el
operador porque el niño que ha sido violentado se encuentra ante este dilema que tú conoces
bien que es el de no querer ser maltratado más, pero el de haber establecido un vínculo tan
fuerte con el padre maltratante que no puede renunciar a él. En este sentido esta manera de
establecer una relación dual muy estrecha se vuelve perjudicial para el menor y para el
operador. Entonces nosotros hemos puesto en funcionamiento en Suiza, grupos de referencia,
grupos multidisciplinarios que se encuentran una vez a la semana durante algunas horas por la
mañana y al que todos los profesionales, ya sean enseñantes, psicólogos, psiquiatras,
médicos, pueden venir para hablar de un caso y ver cómo ocuparse de él.

P. - ¿Es decir, ofrecer un apoyo técnico pero también emotivo a todos los profesionales
implicados.
R. - Si, la cosa que nos parecía importante era que estos grupos obtuviesen la aprobación de
las instituciones pero al mismo tiempo pudiesen mantenerse fuera de ellas. Es decir, si yo
como educador de una institución pienso que este chico ha sido violentado y no sé qué hacer,
la primera persona a contactar naturalmente es el director. Pero si el director dice no, la
persona tiene pocas posibilidades de poder hacer valer su opinión. Entonces va al grupo de
referencia, cuya función es meramente de consulta, pero que está compuesto por personas
competentes lo que les permite integrar la opinión del director con la opinión del educador y con
la del niño

P. - Y acercarse mejor al concepto de verdad terapéutica del que tú hablabas.

R. - Sí, algo de este tipo. Y ahora estos grupos de referencia están siendo utilizados de hecho
también por los jueces cuando están en situaciones difíciles, es decir, no son pericias
psiquiátricas o de credibilidad, pero sirven para que el juez pueda hacerse una idea presente
sólo cubierta por el anonimato de una situación, para ver cuál es la opinión de la mayoría
interdisciplinaria en el grupo, formado por abogados, profesores, psiquiatras de adultos,
psiquiatras infantiles, y asistentes sociales.

Esta entrevista fue publicada en el nº 57 de Perspectivas Sistémicas (Julio/ Agosto de 1999)

Ambas entrevistas fueron originalmente publicadas en la revista "Mosaico", año 1997 (Publicación de la Federación de
Asociaciones Españolas de Terapia Familiar).