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Un largo camino a casa

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Los códigos de la pediatría

El aumento de la violencia y la cada vez mayor peligrosidad de los delincuentes actuales es una
asignatura pendiente para los políticos, especialmente en momentos de elecciones. Una mirada clínica
al problema remite a los instantes claves de la formación psicológica de las personas y apunta
elementos que con sólo la buena voluntad y ejemplo de los dirigentes permitirían empezar a disminuir
los alcances de ese flagelo para la comunidad.

Por Eduardo Cueto Rua (Médico Pediatra)

Códigos son esas pautas escritas o tácitas que hacen que los unos se relacionen cómoda, segura y
precisamente con los otros. Nuestro código de comunicación es el idioma castellano. Pero hay palabras
para expresar hechos y sentimientos con absoluta claridad. Hay también códigos en los gestos. Todos saben
de niños si una cosa esta bien o mal en función de la cara que ponen los adultos. Los gestos de la cara son
un código. Se pone cara de sorpresa, dolor, llanto, alegría, tristeza, duda, felicidad, ternura, indiferencia,
odio. Son los códigos de los gestos que hacen que se actúe con cierta previsibilidad "mirándole la cara".

Nadie pone cara de alegría ante un muerto, ni tiene un ataque de risa frente a un fresco de Miguel
Angel, ni queda boquiabierto frente a un perro que orina en la calle, ni llora sin consuelo frente a un
chiste. Decir una cosa con la palabra y otra con la cara es darle al niño un doble mensaje.

Se escribe esta opinión pensando en las actuales y en las próximas autoridades de la República y de
la Provincia de Buenos Aires.

A diario vemos noticias en las que se dice que se incrementaran los gastos para combatir la
delincuencia, a diario se ve que se comparan nuevas armas, que se mejoraran los equipos de
comunicaciones o que se incrementaran los sueldos de los policías.

Corrientemente también se hace mención al alto grado de peligrosidad de los actuales


delincuentes. Es frecuente oír que el homicidio en ocasión de robo ha llegado a un límite antes inexistente
y hoy inexplicable. Se dice que los actuales delincuentes no tienen códigos. Se podría llegar a decir que
hasta los viejos delincuentes se asombran de la brutalidad de los nuevos.

En esta situación es aconsejable recordar una reflexión psicoanalítica


del fallecido Dr. Ravscobsky. Decía que los jóvenes oficiales de la Alemania
nazi que comandaron la Segunda Guerra mundial, eran huérfanos de padre,
ya que estos habían muerto en la Primera Guerra Mundial. Un niño huérfano
de 3 años en el 1919, en el año 1939 tenia 23 años y veía en Adolfo Hitler la
figura paterna que él no había tenido. El gran conductor, usurpando la figura
del padre muerto, lo guiaría por el camino de la disciplina, de la gloria, de la
grandeza del valor y como todos saben este camino fue el de la guerra, el
dolor, la inmolación, el genocidio y la locura.

Es bueno tener esta consideración en cuenta para hablar de los


delincuentes de 15 o 25 años de la actualidad. Son los hijos de la década
comprendida entre el 74 y el 84. Nacieron en momentos en los que los
argentinos vendían la casa de los abuelos para poner su valor en plazo fijo. A
los abuelos los mandaban a un geriátrico (que como bien puede recordarse
había uno por cada cuadra). Se les enseñaba a los niños, con este acto de Adolf Hitler
vida, de menor consideración, o mejor dicho desconsideración, con los
ancianos a vivir de rentas, a cobrar intereses y "plata dulce" lograda con la venta de la casa hecha con el
sudor de los abuelos. ¡Qué complicado debe ser explicarle a un niño que esto es una cosa correcta!

En la misma época una madre embarazada que daba a luz tenia, por la generosidad del llamado
Proceso de Reorganización Nacional, 45 días de licencia por maternidad. Todo pediatra sabe que el niño no
puede mantenerse sentado solo hasta los 6 meses de vida y que su aparato digestivo está preparado desde
hace más de 3.650.000 años para sólo recibir leche de mujer. Al mes y medio la madre debía ir a trabajar y
ver como su hijo se quedaba en otras manos, en otros brazos, junto a un cuerpo que le resultaba de olores
extraños y que además no le brindaba leche. Contrariamente le daban una leche modificada de vaca,
absolutamente distinta su naturaleza. Debió llamarse Proceso de Desorganización Familiar y Nacional.

Por ese entonces las Fuerzas Armadas, que decían ser la


reserva moral de la Patria, hacían parir en forma inhumana a una
mujer, a la que luego sin sumario ejecutaban y entregaban ese
niño a terceras personas, que podían ser desde buenas familias
hasta los propios ejecutores de los padres.
Asimismo en la propaganda de TV decía "duerma tranquilo, el
banco tal o cual da los mejores intereses...".

Junta Militar autodenominada Igualmente se hablaba de la calidad y no de la cantidad


"Proceso de Reorganización Nacional" de tiempo que los padres debían darles a su hijo. Se puede
recuerdar los dichos populares: "bastan dos horas el fin de
semana con terapia intensiva de zoológico, cine, vídeo juegos, alfajores, caramelos, juguetes
electrónicos"; y luego se terminaba la jornada con un comentario más o menos así: "te paso a buscar la
semana próxima para vivir nuevamente esto intensamente". Como verdadero significado se estaba
expresando: "durante todos estos días olvídate de mi".

Esos chicos hoy tienen entre 15 y 25 años. Vieron la desconsideración hacia los abuelos, el
abandono de su propia crianza, la cultura de la especulación, el estado nacional como delincuente y
generador de los dobles mensajes, el consumismo de superficialidades que aturden. Estos jóvenes vieron la
distorsión y desestructuración de "lo familiar". Estos jóvenes creen que el placer o la satisfacción plena se
compra o se inyecta o consigue con una dosis. A estos jóvenes se les exigen "códigos de conducta", los
códigos que no recibieron.... Vale decir: Se les exige el conocimiento de unas pautas que no conocieron,
pero que será necesario enseñarles al precio que sea.

Hay códigos de conducta humana que se transmiten en la más pequeña y tierna infancia y son los
códigos de la piel. Darle pecho a un hijo es enseñarle los "códigos" de la piel, no se toma el pecho con
corpiño, se toma en contacto directo con la piel. Pocos hacen caricias por arriba de la ropa. Las caricias
"efectivas" se hacen por abajo. Los actos de ternura, cuidado, cariño, esmero, y atención que una madre
pone cuando cría un hijo, son los códigos de ternura, cuidado, cariño, esmero y atención que el niño esta
aprendiendo. Compartir desde siempre entre hermanos, (hay un poco para cada uno), hace que se
comparta naturalmente de adulto.

Se debe preguntar a los responsables de la juventud de los años 2015 al 2020. ¿Qué códigos de
consideración, respeto, amor, solidaridad les están enseñando, si el tiempo de permanencia de una madre
con su hijo fue nuevamente llevado a 45 días? (El anterior gobierno daba 90 idas, y faltaban 90 más). ¿Qué
códigos se están enseñando si el padre es un desocupado que se alcoholiza por la frustración y se hace
golpeador de su mujer y de sus hijos? ¿Qué códigos se están enseñando si los niños ven que un récord en la
actualidad no es el de escolaridad completa sino de consumo de cerveza?. ¿Qué códigos se están enseñando
si los niños ven que la gente común le tiene tanto miedo a la policía como a los delincuentes? No hay
necesidad de recordar, ya que es público, que se han desbaratado bandas de delincuentes constituidas por
policías, algunos exonerados y otros en actividad. ¿Qué códigos se están enseñando a un niño que ve que el
Gobierno Nacional le facilita dinero a un sindicato y se lo niega a un Hospital?. ¿Qué códigos se están
enseñando a un niño que ve que el primer mandatario promueve la violación de la ley máxima: La
Constitución? ¿Qué mundo se quiere mostrar a los chicos cuando el sueño de todos es modelar sólo con el
cuerpo?.

Seguramente lo primero que se debe hacer es facilitar el tiempo de la madre con su hijo recién
nacido, para que le transmita cariño, ternura, tiempo real, piel, y por sobre todo consideración hacia él. Si
este niño de joven o de adulto se convierte en un delincuente, tendrá al menos códigos de consideración
para con sus víctimas. Algo se habrá mejorado entonces.

Sonreía un sabio oriental frente a una semilla recién plantada de un árbol. Un niño le pregunto de
qué se sonreía.
El sabio dijo: estoy feliz pensando en la gente que va a disfrutar de la sombra que dará este árbol.

Por Eduardo Cueto Rua (Médico Pediatra)

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