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Farsa y mentiras en la Fe y en la Oración

1. Sin razonamientos
2. Masoquismo y degeneración
3. Perverso coqueteo con Dios
4. ¿Quién está del otro lado?
5. Enfrentamiento obligado con nosotros mismos
6. Flagelación mental forzada
7. Hemos caído como borregos

SIN RAZONAMIENTOS
La fe no es más que la negación de la razón.
El ser humano siempre ha tratado de encontrar ese algo que está más allá del ser humano
mismo y le ha llamado Dios o Verdad; pero también lo ha nombrado con miles de otros nombres y
denominaciones.
Sabiendo de antemano que ese algo es desconocido, sin mejor explicación, continúa buscándolo
frenéticamente. Y este comportamiento humano es imposible de entenderlo.
El ser humano busca ese algo y lo ha nombrado de acuerdo a su propio entorno y medio en el
que vive; pero lo que lo caracteriza es que se ha visto obligado, por la curiosa circunstancia de no poder
definirlo, a creer en eso desconocido por medio de lo que ha dado en llamar fe.
Hemos cultivado la fe pues nos ha permitido creer aún sin comprender la verdad de las cosas.
Creemos en algo sin verlo por la fe.
Y las personas tienen fe en un ideal o en un salvador, sin importar los miles de salvadores que se
han hecho acreedores a la fe en ellos.
Una de las reacciones inmediatas que engendra la fe es invariablemente la violencia, la cual es
generada porque hemos aceptado que lo que creemos es la única verdad, que no puede haber otra y
mucho menos otras. Todo aquello que no esté adentro de nuestra particular creencia es malo y es
imposible que tenga algo bueno, por eso mismo. Todo lo que no sea igual a lo que creemos debe de ser
malo y pecaminoso, por lo tanto, tenemos la obligación de eliminar lo que no concuerde con nuestras
creencias y con nuestra fe.
Esta reacción violenta, a nuestros impulsos íntimos, es la consecuencia de la imposición de una
mentira más grande que cualquier catedral o templo Cristiano cuando nuestros guías espirituales nos
dicen que sólo la nuestra es la buena.
Si nos preguntamos ¿qué es lo que realmente hace el ser humano en esta planeta? y si vemos a
nuestro derredor, la lógica y el sentido común nos responden que estamos viviendo.
¿Significa algo la vida?.
Habiendo tanta confusión en la vida que nos rodea es bueno preguntarnos al respecto; ya que si
estamos viviendo entre violencia, brutalidad, revoluciones, guerras, división religiosa, diferentes
ideologías, variedad de naciones y tantas y tantas cosas más, claro y por supuesto que debemos
averiguar que cosa es esto que llamamos vivir.
En lo que podemos estar de acuerdo es que la vida es la única actividad que hacemos sin ningún
adiestramiento previo. Nacemos y empezamos, inmediatamente, a experimentar la actividad de vivir; y
nos vamos acomodando, diariamente, de acuerdo a los intereses que nos rodean, que van desde los
personales, familiares, hasta los políticos y sociales, pasando por un extenso etc.
Se nos cultiva en la fe con la firme convicción que lo que hagamos, o pensemos, nos llevará
hasta la obtención de cualquier cosa o algo que imaginemos. Claro que eso algo sigue siendo un
intangible y muchas veces incomprensible para nuestra mente.
Y sin embargo luchamos por llegar a lo que la fe nos asegura nos espera; nadie duda de ello y
actuamos y nos movemos por la fe.

-1-
¡Qué barbaridad!, hemos actuado sin ninguna pizca de razonamiento.
Al ir cultivando la fe, que otros nos han metido en mente y sentimientos, inmediatamente tenemos
que objetivizarla y la focalizamos en alguien o en algo. Así es como hemos llegado a tener fe en un
salvador, en una creencia, un libro, un ideal, ya sea este social, político, como religioso.
Así es como empiezan y han empezado los grandes problemas de la humanidad, por la
imposición de la fe.
Y así surge la violencia, el odio y desarraigo entre los seres humanos, pues si estamos
convencidos de algo, por lógica sólo buscamos aquello que tenga que ver con lo que creemos y
obligamos a los que nos rodean a estar en lo nuestro, sin importar y sin respetar el derecho ajeno.
Por supuesto que estamos motivados a desear que esa satisfacción que nos provoca el hecho de
creer firmemente en algo deba ser compartida. Hay algo, adentro de los creyentes, que los impulsa a
buscar que otros se sumen a su gozo personal. Y defienden su posición y creencia sin dudar un momento
que haciendo y poniéndolo en práctica los demás, lo que ya nosotros hacemos, ellos obtendrían los
mismos beneficios y su salvación eterna; como ya la tenemos asegurada nosotros.
Ese proceso violento continúa, pues nos volvemos compulsivos por la fe y la defendemos a capa
y espada; y por supuesto, nos atrevemos a amenazar a otras personas con las más delirantes y
enfermizas consecuencias por no hacernos caso.
Cualquier persona con su fe tan firme se enajena, fanatiza y adquiere, invariablemente, el
complejo de redención; y es incapaz de llegar a comprender, y mucho menos procesar, el motivo por el
cual tantos y tantos seres humanos no se han dado cuenta de su grave error.
Es cuando estas personas se imponen el deber divino de abrirles los ojos a los que viven en
pecado y de rescatar de ese profundo abismo en el que se desenvuelven. Y surge la violencia en el santo
nombre del dios bíblico, del personal y único dios de los fanatizados cristianos.
Ese es el clásico proceso religioso, vigente, por supuesto, en los grupos practicantes compuesto
por sectas, hermandades y cofradías.
Nos han alienado para enfrentarnos con la vida y hoy muchos son esclavos de las normas
religiosas; para vivir nos han impuesto una manera de conducirnos y de actuar de acuerdo al medio
ambiente religioso en el cual hemos crecido. Somos pobres, ricos, miserables, católicos, protestantes,
ateos, nuevos pensadores, comunistas, capitalistas, guatemaltecos, rusos, suecos, chilenos, etc.
Nos han impuesto una especie de guía de conducta basada en la tradición social que heredamos
y nos han dejado convertidos en ciudadanos de segunda categoría; somos el resultado de las influencias
y no tenemos nada nuevo adentro de nosotros mismos.
Nada de lo nuestro es original y siempre habrá alguien o algo que nos diga, guíe o informe cuál
es la mejor forma de conducirnos y cuáles son las cosas que debemos hacer, porque esas son las cosas
correctas.
Al ver de esta manera el mundo que nos envuelve, también hay que apreciar que somos nosotros
mismos, en la gran mayoría de los casos, los que buscamos frenéticamente que otros nos guíen y que se
nos diga qué es lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo positivo y negativo.
Asimilamos y procesamos la información obtenida desechando lo que no está de acuerdo al
patrón de conducta programado en nosotros y nos alejamos de lo que choca con nuestra fe y en lo que
creemos. Por lo tanto nuestro actuar es automático, mecánico y programado.
Ya no hay tiempo para pensar o escudriñar, o simplemente para dudar.
Todo aquello que no está de acuerdo con nuestro particular patrón de conducta y con la forma
como nos impusieron que teníamos que ver el mundo que nos rodea, es absolutamente incorrecto. Y así
vamos cerrando poco a poco el círculo vicioso que nos aleja de otros seres humanos, algunos de ellos
haciendo lo mismo con nosotros y otros debido a su propia programación particular, peleando con medio
mundo por convencerlos de hacer lo correcto.
¡Qué ignominia y qué ingrato proceder religioso!.
Hay que concluir que esto nos ha hecho poco o nada genuinos y para nada creativos.
Simplemente hay que aceptar que somos como máquinas procesando un programa sujeto a la fe y a la
diversidad de creencias y no creencias; nos satisface sólo lo que concuerda con y en lo que creemos y
rechazamos violenta y descaradamente, sin ninguna contemplación, todo aquello ajeno a lo nuestro.

-2-
Asistimos exclusivamente a los lugares cristianos y leemos únicamente lo relacionado con el
código moral que nos impusieron.
Continúan muchos seres humanos inmersos en el lago de su propia conducta moral y se saturan
exclusivamente en sus aguas, bebiendo sólo de ellas; creyendo, torpes de ellos, que si hay otros lagos
diferentes a este suyo, deben tener agua envenenada y diabólica. Y la realidad es que aquellos que
beben de lagos diferentes también creen que el de los otros es el malo y pecaminoso.
Todos contra todos.
Desconfianza mutua entre seres humanos; burla y violencia entre hermanos y división total por la
fe y las creencias impuestas.
¡La fe es la que nos separa! Y lo que creemos como verdad es lo que nos aparta de la realidad
de la vida.
Ese programa que procesamos nos ha hecho individuos de clase inferior y nos sentimos
defectuosos, pecadores y con un valor mínimo. Si nos comparamos en la bolsa de valores de la vida,
nuestras acciones valen poca cosa.
¿Por qué no nos cotizamos alto y caro?. Simplemente estamos devaluados por las creencias y la
fe. Y actualmente la gran mayoría de seres humanos hemos vivido guiados por lo que otros nos han
dicho o hecho; sin poder negar que hay algo en nosotros que nos impulsa a hacer lo que normalmente
hacemos.
Hay algo puesto ya en nuestro ser que nos obliga, por medio de la tradición, el folclor y las
costumbres religiosas, a actuar como simples robots y creemos como realidad, y hasta que son nuestras,
esas inclinaciones, tendencias y actuaciones que tenemos ante los hechos de la vida; pero, incapaces de
entenderlo, somos la consecuencia inevitable de las influencias y creencias de otros.
Estamos vacíos y no tenemos nada nuestro.
¡Somos unos simples borregos!.
El hombre y la mujer han practicado, por imposición de toda clase de líderes, los ritos, dogmas y
la repetición de patrones que hoy son fácil de observar en la vida diaria de los seres humanos de
cualquier lugar. Eso sí, reprimiendo la íntima naturaleza humana, argumentando para ello, con
amenazantes consecuencias para el tontuelo que no lo haga. Y han llevado a crear, en el ser humano, un
sentimiento de necesitar esa porquería dándole el venerable nombre de fe.
Así es como han atado nuestros pensamientos y desbordado las pasiones del ser humano. En
pocas palabras nos han torturado el cuerpo, la mente y nuestros íntimos sentimientos.
Los líderes religiosos nos tienen abatidos y nos han obligado a renunciar a la convivencia
pacífica. Hemos sido simples títeres por la fe y hoy no somos seres humanos libres, fraternos y
completos, hoy fácilmente nos tienen divididos en católicos, protestantes, rusos, chinos, pobres, ricos.
Es decir que somos miserables.
Lo peor es que guardamos una pasmosa conformidad y la gran mayoría estamos de acuerdo con
todo esto que nos divide, pues hemos llegado a aceptar lo que el medio ambiente nos proporciona. Y
creemos, equivocadamente, pero más que todo ingenuamente, que al actuar y desenvolvernos como lo
estamos haciendo, experimentamos la actividad de vivir.
¡Qué equivocados estamos!.
Se nos dio el guión de esta obra en que participamos y se nos impuso papeles y roles que hemos
llegado a aceptar como la realidad misma.
¡Qué gran absurdo!.
Pero ¿cómo no estar de acuerdo con ese rol que escenificamos? si no hemos tenido la menor
oportunidad de ver más allá de nuestras narices ¡qué podemos esperar entonces!.
Nuestra mente, que quiere escapar del dolor, de la aflicción y de la tradición, ya está firmemente
conforme con la disciplina que se nos ha impuesto.
Por mucho que nos creamos libres y que nos digamos de la nueva era, o de mente amplia y
abierta; por mucho que busquemos, solamente vamos encontrando lo que esté de acuerdo con nuestra
ya distorsionada realidad mental impuesta. Porque es distorsión creernos libres y de la nueva era. Es
desviación creernos de mente amplia y abierta o andar en la búsqueda de la famosa verdad, y no
digamos cuando nos ponemos metas.

-3-
La única meta que el ser humano debe imponerse es ¡no tener ninguna meta y no andar
buscando!, pues cuando buscamos solamente vamos vagando de templo en templo, de un líder a otro,
de una mentira a otra peor.
Lamentablemente ya nos acostumbramos a vernos, unos a otros, como insensibles, incapaces,
torpes y mezquinos; y no podemos aceptar que los otros son un reflejo nuestro, pues somos lo mismo.
Por ejemplo, si pensamos que tenemos un cáncer localizado en el hígado, somos incapaces de aceptar
que todo nuestro cuerpo tiene cáncer, aún y esté localizado en un área pequeña de dicho órgano; ese
mal influye en todo nuestro cuerpo, en nuestro alrededor y hasta en nuestra familia, amigos, país y en fin,
este pequeño cáncer del hígado afecta a la raza humana por completo.
Este es el modo correcto de comprender la vida y todo lo que ello implica. Que otros no tengan
nuestra misma fe no los hace diferentes. Si los otros son torpes, incapaces, insensibles y mezquinos, y
hasta clase aparte, nosotros también los somos.
Dejamos de ser diferentes, para convertirnos en iguales y fraternos seres humanos, solamente
cuando eliminamos las divisiones religiosas, políticas, sociales y culturales, que son las que nos separan
y nos hacen parecer diferentes y hasta clase aparte.
¡Así de sencillo!.

MASOQUISMO Y DEGENERACIÓN
La fe es una palabra y acción que deberíamos de eliminar, no sólo de nuestro vocabulario, sino
de nuestra mente y sentimientos; y que tendríamos que remplazarla por el sentido común que es el que
nos permite la pequeña libertad de empezar a ver el mundo que nos rodea tal cual es.
Es una amarga realidad para muchos, pero es la verdad, que al mundo no podemos cambiarlo;
que es lo que lamentablemente nos han enseñado por tantos siglos cuando, por medio de la fe, todas las
doctrinas han insistido en que ese es el único camino hacia Dios.
Al mundo hay que aprender a verlo tal cual es, sin ninguna otra imagen impuesta por los
intereses personales y grupales de algunos más vivos que otros que así consiguen sus aviesos fines.
Sólo por medio de nuestro maravilloso sentido común, que es la llave maestra en nuestras vidas,
nos permitiremos aprender a ver nuestra realidad, buena o mala, pero al fin y al cabo nuestra. Cualquier
decisión que debamos asumir, si tenemos el terror sacro en nuestra vida, será imposible que sea la
adecuada, correcta y la que nos impulse en nuestro desarrollo integral.
Claro y por supuesto que cualquier decisión que tomemos por medio del sentido común estará
basada en experiencias, consejos o por la guía de otras personas; pero la diferencia con meter a la fe en
nuestras vidas es muy sencilla de ver.
La fe nos obliga, aún si anteponemos nuestros mayores deseos, para no llegar a sufrir las
consecuencias terribles del tipo apocalíptico. Es decir que nos obligamos para quedar protegidos de
algún sufrimiento hipotético.
Por el otro lado el sentido común no obliga a nada; simplemente tenemos un hecho, como el de
estar ante un gran peligro, sólo por la lógica y el sentido común lo superamos y nuestra mente, cuerpo y
sentimientos, reaccionan inmediatamente al peligro que nos asecha.
Y aquí quiero compartir con ustedes un recuerdo que me causa mucha pena, pues tengo el caso
de una tía, por parte de mi padre, que en el lugar en donde vivían hubo una lluvia intensa y llegaron a
avisarles que se venía una correntada de lodo, piedras y basura desde las laderas de la montaña vecina;
que era imprescindible que evacuaran el lugar lo antes posible.
Mi fanatizada tía, su esposo e hijos, que practicaban el cristianismo evangélico, aturdida y engañada por
su fe religiosa, decidieron, involucrando a sus hijos menores de edad, que su gran fe los tenía que salvar
del peligro inminente. Y que Dios en su infinita bondad no permitiría que unos creyentes tan llenos de
espiritualidad como ellos sufrieran ninguna consecuencia.
Optaron por quedarse adentro de su casa orando a Dios para que nada les sucediese.
Cuentan los últimos vecinos que les vieron que mi tía y su familia únicamente pusieron papeles y
toallas en las rendijas de puertas y ventanas esperando, por su gran fe, que el peligro no los tocaría.
¿Qué creen que pasó?.
Pues que sencilla y lamentablemente murieron todos ellos pavorosamente golpeados, mutilados,
politraumatizados y ahogados.

-4-
¿Y el milagro y el Dios en el que les enseñaron a confiar y a creer?.
Por lo que pasó ¡muy bien gracias!.
Pero y ¿su fe?.
¡Los mató!.
Además que esa fe ya les había arrebatado toda posibilidad de duda, dejándoles solamente la
ilusión, vanidosa, egoísta y presuntuosa de que DIOS, no el dios bíblico, al que confunden con EL TODO,
detendría todo el proceso natural, provocado por las intensas y constantes lluvias, exclusivamente para
salvarlos a ellos, quienes manifestaban su fe con ese acto de inmolarse por su Dios.
¿Sirvió de algo la profunda oración que elevaron hacia el dios de la Santa Biblia?.
¡Qué va! No sirvió para nada.
La fe obliga, al que dice tenerla y practicarla, a que alguien o algo externo a nosotros intervenga,
no nos pertenece y es una condicionante del medio externo que nos han impuesto.
Por el contrario el sentido común fluye naturalmente de adentro de nosotros mismos, es nuestro,
nos pertenece.
El sentido común representa el poder creativo del ser humano y, como es genuino es parte de la
naturaleza de las personas.
Ninguno nacemos con fe y al imponérnosla nos limitan en nuestra creatividad y libertad.
La fe provoca los conflictos y el sentido común nos saca de ellos.
Y la fe es y ha sido el motivo más grande que ha provocado en nuestras naciones desorden,
divisiones, desequilibrio y por sobre todo el terrible e inhumano subdesarrollo y, como nos han obligado a
andar en busca de una verdad que alguien nos dará, como ésta nunca llega, nos frustra pues nunca
aparece la famosa realidad aparte.
Nos hemos embarcado muy fácilmente cuando se nos promete una mejor vida, ya sea material,
en lo político y no digamos en la parte social; pero remachan, por sobre todo, en lo espiritual y en el
campo religioso.
Es increíble observar cómo nos comportamos ante el ofrecimiento de llegar a tener una vida
espiritual agradable y parecemos autómatas siguiendo a uno y otro oferente.
Un gran porcentaje de los seres humanos hemos rechazado toda forma de abuso, tiranía y
despotismo, lo mismo que a las dictaduras políticas, pero adentro de nosotros mismos, muy adentro,
hemos dejado la puerta abierta -¡y de par en par!- permitiendo que el abuso, la tiranía y el despotismo de
otro ser humano nos cambien no sólo nuestra manera de pensar sino que también nuestra propia forma
de vivir.
A través de los líderes religiosos que, con su impuesta tiránica fe, no nos han dado el chance de
elegir o de rechazar lo que nos quieren imponer, pues hacen uso de la sutileza más grande que hay y
juegan con la posible salvación del borrego que cae en sus tenebrosas redes.
Si no aceptamos la fe que nos imponen y todo lo que ello implica, sencillamente no tendremos el
derecho a entrar al Paraíso ni a estar con el Dios de la Santa Biblia y seremos, por el contrario, llevados
al Infierno con el Maligno.
¿Qué mente preparada desde la más tierna infancia, como lo han hecho con la humanidad,
puede resistirse al terrorífico argumento que nos dan?.
¡Qué prefiere usted!.
¿El cielo o el Infierno?.
No hay ninguna salida posible.
Y no nos la dan.
La escogencia sólo tienen dos caminos, Dios y la salvación o el Diablo y la perdición eterna.
Se han cuidado muy bien, nuestros piadosos líderes religiosos, que ni por asomo nos
imaginemos que ambos caminos son tan falsos como lo han sido nuestros guías espirituales, iglesias y
las religiones que defienden, imponen y dirigen.
Ni el más cruel de los padres de familia terrenos, como muy bien los podemos ser usted o yo, o
cualquier otro sobre la faz de la Tierra, castigaríamos quemando a cualquiera de nuestros hijos por haber
cometido alguna tremenda picardía o acto reñido con la educación y moral familiar dada.
No existe, en todo el Planeta, persona cuerda y con todos sus sentidos en buen estado, que
permitiera o que procediera a quemar a un hijo por alguna falta o mala acción.

-5-
¡No lo hay!.
¿Y entonces pues?.
¿Qué mente calenturienta, enferma, ruina, perversa y depravada nos ha metido el cuento más
increíble que DIOS, NUESTRO CREADOR, puede permitirse la libertad criminal de condenarnos al
Fuego Eterno y a la perdición completa en cuerpo, alma y espíritu?.
Por favor.
O Dios es Amor o Dios es Odio y Maldad.
Si pregonan, a grito batiente, nuestros líderes espirituales que Dios es la Bondad y que es
nuestro Padre; ¡cómo entonces estos santos varones nos dicen, por otra parte, que este mismo Dios es
el que nos condena y nos manda al más espantoso de los suplicios y castigos que puedan existir, como
lo es el Fuego Eterno!.
Creo que aquí vale muy bien la pena volver a citar los versos de Savonarola.
En su mezquina estupidez el hombre, se forja un Dios indigno de alabanza, ebrio de odio, cólera
y venganza, terrible y sanguinario como él.
Y ahora dejemos que sea nuestro sentido común el que nos diga muy internamente si DIOS
puede castigarnos, condenarnos, perdonarnos, hacernos milagros, oír nuestras súplicas a través de
oraciones y rezos, y que además de todo esto, puede tomar partido por uno u otro ser humano.
Debe ser nuestro sentido común el que nos dé la pauta para continuar creyendo que Dios, el
Todopoderoso, el Innombrable, sea para nosotros incomprensible (por tener el ser humano una mente
finita, limitada y mortal) o creer que Dios es el remedo de reyezuelo oriental ebrio de odio, cólera y
venganza, terrible y sanguinario como el hombre mismo es.
Pero no importa nada cual sea nuestra decisión.
DIOS, EL TODO, EL INNOMBRABLE, no puede tomar partido ni a favor y mucho menos en
contra nuestra.
Cualquiera que sea la opción que escojamos.
Imaginemos cómo es EL DIOS VERDADERO, no el Dios de la Biblia ni el Dios de ninguna otra
religión, que en su INFINITA BONDAD ha permitido que la Iglesia, la Religión, el Rito, el Dogma y los
líderes espirituales hayan hecho de ÉL la más grotesca de las caricaturas presentándonos a un perverso
ser, depravado y castigador, por supuesto que comprensible para el ser humano, y que hemos terminado
por aceptar como aquel SER que nos creó y nos hizo, como el ser lleno de atributos bondadosos pero
que al menor descuido de sus criaturas puede cambiar y convertirse en la bestia más abominable y
criminal que uno pueda imaginarse.
¡Qué GRANDE y ÚNICO es DIOS que ha permitido que se le tome por ese ser insignificante,
colérico y malvado de las Sagradas Escrituras!.
La Religión y la Iglesia nos presentan a un Dios amoroso, pero a la vez rencoroso, celoso y
desamorado.
Nos exponen uno perdonador, pero a la vez incapaz de evitar el crimen, el pecado y las malas
acciones del ser humano que llega a su altar a pedir perdón por el pecado, crimen o mala acción
cometida en contra de otra persona; cuando no en contra de la sociedad completa.
Nos exhiben a una entidad misericordiosa, pero a la vez torpe, olvidadiza y criminalmente
cómplice del pecador, que perdona al criminal una y mil veces y que es torpe y que se olvida por
completo de la víctima y de toda su familia no digamos de la sociedad completa.
Nos proclaman a un Dios milagroso, pero a la vez sordo, mudo, ciego y carente del más mínimo
deseo de ayudar al ser humano en general.
Si no, veamos cuántos crímenes, guerras, violaciones, narcotráfico, niños abandonados, mujeres
abusadas y violadas, países saqueados por sus líderes y dirigentes políticos, caos, desorden, miseria y
perversidad reina y campea libremente por el mundo entero.
Naciones que en su mayoría son practicantes y creyentes.
Y entonces cabe preguntarnos muchas cosas al respecto.
¿Y el ser que hace milagros y que aún antes que nosotros le pidamos ya sabe lo que
necesitamos?.
¡En donde Diablos está por Dios Santo!.

-6-
PERVERSO COQUETEO CON DIOS
¿Qué pasa con las oraciones, súplicas, sacrificios, ofrendas, procesiones, romerías, cadenas de
oración de los grupos?.
¡Qué sucede con la sencilla pero sincera súplica que una madre hace al Dios bíblico, a ese ser
que nos han impuesto como uno milagroso y que pide por su hijo, nieto o por la familia completa para
salud, trabajo y por sobre todo el pan de los suyos!.
Lamentable y muy tristemente hay que gritarlo ¡NO PASA NADA!.
Pero si nunca ha pasado nada.
Todo queda igual o peor por la grande y terrible frustración derivada de la no-respuesta a las
súplicas tan humillantes que se hacen por la gente más pobre y misérrima de nuestros países
cristianizados.
Ahora veamos lo mejor del negocito bíblico.
¿Qué es lo que nosotros podemos esperar del Yahvé de la Biblia?.
Y nos encontramos con una verdadera sorpresa ante esta interrogante.
¡Nada!.
Y si, siendo Israel el pueblo que Dios Padre escogió personal y expresamente, tal y como nos lo
jura la Biblia, y nosotros nos enteramos, y está documentado, que durante la Segunda Guerra Mundial
recibió el pueblo israelita el más horroroso de los suplicios de parte de los nazis, será cosa para tomarlo
muy en cuenta si nos comparamos con los verdaderos hijos de Yahvé.
Allí, cuentan los documentos y los testimonios personales de los que sufrieron y vieron los
horrores que les hicieron a los hebreos, ellos, los judíos, imploraban, rogaban y se sofocaron pidiendo la
intervención del Dios de sus padres; cientos de miles de seres humanos, niños y ancianos, oraron
pidiendo que su Dios particular, ese mismo Dios de las Sagradas Escrituras, el Dios de Abraham, de
Moisés, de Isaías, Jeremías, Salomón, de David, y el Padre de Jesucristo –como hoy lo toman millones
de incautos- parara la continuada masacre que experimentaban en los campos de concentración.
¿Cuántas gargantas, antes de morir salvajemente ahogadas, envenenadas, quemadas o por
cualquier otro de los métodos nazis, no fue su último hálito y palabras un grito desgarrador y desesperado
pidiendo que su Dios los ayudara tal y como el Libro Sagrado les relataba hizo en otras oportunidades
con sus ascendientes?.
Si ese fue el cruel comportamiento de Dios Padre con su propio pueblo santo de Israel ¡qué no
nos esperará a nosotros simples metidos y arrimados adentro del Dios de la Biblia!.
No hay que olvidarnos que fueron más de seis millones de judíos, parte del pueblo muy amado y
escogido por Yahvé, los que fueron tremendamente masacrados y cobardemente asesinados; pero eso
sí bajo los amorosos y bondadosos ojos de Dios.
Por eso nos preguntábamos ¿será posible que con nosotros, que no somos ni por asomo parte
del pueblo escogido, podrá Dios Padre ser diferente?.
¿Se nos dará otro trato un poco más gentil y amable?.
¡Cuál es la poderosísima razón que nos hace seguir tan ciegamente orando, pidiendo y
suplicando la intervención del Dios bíblico y practicando los rituales, dogmas y demás payasadas que la
Religión nos ha impuesto!.
Sólo hemos visto un Dios mudo, ciego y sordo que se esconde, que a la voz del creyente no
responde, si en su altar no hay encaje y oropel.
Basta con ver a nuestro derredor para enfrentarnos con el mundo real en el que vivimos.
Ahora bien, que hay gente sincera que piense en los milagros que Dios le mandó después de
orarle, sí, las hay y en eso se queda; puesto que la inmensa mayoría de los miles de pedigüeños no ha
recibido nada más a cambio de sus oraciones que grandes frustraciones por no obtener nada de lo que
han pedido.
Pero nos falta ver lo peor.
No se crean.
Nos dicen los líderes y dirigentes religiosos que no recibimos nada a cambio porque no oramos
con fe, que porque somos malos y pecadores a los ojos de Dios y por lo tanto el Dios bondadoso no nos
concede nada de lo que pedimos.
Muy bien.

-7-
Para taparles la boca a cada uno de los guías espirituales, llámense curas, sacerdotes, pastores,
obispos o papas, sólo basta con hacer un pequeño paso y que nos traslademos al Nuevo Testamento,
busquemos en el Evangelio de Mateo en 7:7 al 11 para que leamos, asombrados, la verdad de lo que
siempre ha sido la oración y peticiones a Dios.
Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe;
y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre entre vosotros, que si su hijo le pide
pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, le dará una serpiente?. Pues si vosotros, aun siendo malos,
sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas
buenas a los que le pidan?.
Muy bien.
¿Por donde empezamos?.
¿Lo hacemos burlándonos, riéndonos? O ¡llorando por el desengaño brutal!.
¡Y además aceptando, pues no hay de otra, que Jesús nos mintió de manera flagrante!.
O seremos capaces de exculpar al ingenuo de Jesucristo, por repetir como loro una máxima fuera
de la realidad, producto de la excitación que provoca la arenga política.
Pero releamos un poco más despacio y concienzudamente meditado todo el alcance de la nada
despreciable oferta que nos hace Nuestro Señor Jesucristo.
Porque una cosa es lo que realmente vemos, experimentamos y compartimos en la vida diaria,
diferente a la demagogia politiquera de Jesús.
El Maestro nos está prometiendo algo sólidamente concreto y seguro de obtener.
Pero a ojo de buen cubero más parece como que nos habla un demagogo de la más baja calaña,
aunque no hay demagogo que no lo sea, pues su promesa central lejos de cumplirse por parte de
Nuestro Padre que está en los cielos, y nunca ha sido realidad para nadie en estos más de dos mil años
de cristiandad, nos tienen enredados en una enmarañada problemática mental, emocional y hasta
energética.
¿Qué es lo que nos promete y asegura Jesús?.
Nos refiere Mateo que el Maestro enseñó la Regla de Oro de la Oración y sin ninguna (¡léase
bien!) SIN NINGUNA CONDICIÓN pedida por el Dios bíblico que los seres humanos pedigüeños
tuviéramos que cumplir para ser merecedores de cualquier cosa que le pidiéramos a Nuestro Padre.
En ningún momento se nos piden condiciones como tener fe, ser buenos con nuestros
semejantes, practicar una determinada religión, no pecar, cumplir con los mandamientos, asistir a la
iglesia, respetar y ayudar a sacerdotes, mojes, pastores o líder espiritual alguno, o que ayunemos, rezar
plegarias, adorar y venerar imágenes o santos, que tengamos que aceptar y adorar a una lejana,
hipotética y enfermiza Santísima Trinidad o aún a la Madre de Dios.
¡Nada de eso!.
Y nada de otras locuras y pantomimas, como las que nos han impuesto los que se dicen
representantes del Dios bíblico, que de su perversa boca ha salido todo lo que se nos pide que tenemos
que hacer como condicionantes para recibir cualquier cosa que le pidamos a Nuestro Señor.
¡Qué diferente!.
¿No es verdad?.
El engañado y mentiroso Jesús, porque se atrevió a lanzar una promesa falsa que nunca se ha
cumplido, nos deja este compromiso con una seguridad y propiedad tal que no hay duda que a su vez él
fue un engañado más.
Y sin ir muy lejos, el propio Jesucristo murió vilmente engatusado por su Padre, como lo iremos
comprobando en estas tan ilustrativas páginas.
Pues bien, como estábamos diciendo, el engañado y mentiroso de Jesús en sencillas,
comprensibles y muy claras palabras nos promete y nos asegura que cualquier (¡óigase y léase bien!)
cualquier ser humano, (no importa raza, condición socio económica, nacionalidad, ideas políticas,
comportamiento bueno, regular o malo, género y mucho menos importa la creencia religiosa) cualquiera
(nos deja dicho Nuestro Señor Jesucristo) que pida, se le dará. Cualquiera que busque (nos repite el
Maestro) hallará. Porque todo aquel que pida, recibirá; y el que busca, hallará; y el que llama, se le
abrirá.
Hagamos una pequeña pausa por acá.

-8-
Tampoco se nos ha puesto ni limitación ni condición sobre lo que podemos pedir.
Cualquier deseo, bueno o malo, eso no importa, según la promesa de Jesús, será una realidad
palpable y gozable para el pedigüeño.
O sea que, por más descabellado que pueda parecernos lo que ansiemos, nos dice Mateo, ¡Dios
Padre nos lo concederá!.
Y nos volvemos a encontrar con otra de las falsedades, a todas luces visible, sobre una promesa
del Dios bíblico, mejor dicho sobre otra de la muchas promesas de Yahvé, que nunca se han cumplido ¡ni
se cumplirán!.
¿Continúa engañado vilmente Jesús?.
Pero si Dios Nuestro Señor engaña a su hijo muy amado en quien tiene gran complacencia ¿qué
diablos esperamos nosotros que al parecer no somos ni hijos bastardos ni hijastros del Yahvé sangriento
y criminal, el Padre de Jesús?.
Y para rematar con broche de oro nos dice el Maestro: Pues si vosotros, aún siendo malos,
sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará
cosas buenas a los que le pidan?.
Primero que nada apuntemos la gran contradicción que Jesús afirma sucederá.
Y veamos que él nos dice que el Dios bíblico es vuestro Padre que está en los cielos,
refiriéndose, sin duda, a que el Dios de la Religión Cristiana, y de todas sus interpretaciones, es Padre de
todos los seres humanos en general.
¿En qué quedamos por fin?.
¿Es Jesús el Hijo Unigénito de Dios Padre o es otro simple hijo de Yahvé?.
¿Y por qué él mismo se contradice al afirmar ser Hijo del Hombre?.
Y, si todos somos hijos de Dios Padre, incluyendo a Jesucristo como otro más sin ningún atributo
especial, no digamos divino y menos que sea la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, entonces
¿en qué papel quedan los delirantes líderes religiosos que han vociferado por siglos que Jesús es el Hijo
Unigénito de Dios?.
Por cualquiera de las dos opciones por la que nos decidamos creer, es decir por la de Hijo
Unigénito, o un hijo más como cualquiera de nosotros, simples pecadores, Jesús queda muy, pero muy
mal parado.
Y peor quedan, por haberlos desenmascarado y desacreditado, la Iglesia, la Religión Cristiana y
sus miles de sectas y denominaciones, así como sus mentirosos y difamadores sacerdotes, pastores,
monjes, monjas y hasta los mal llamados Primeros Padres de la Iglesia.
Ahora sí podemos retomar el hilo de lo que teníamos.
Nos habíamos quedado comentando el versículo 11, el cual leeremos nuevamente para
comentarlo.
Pues si vosotros, aún siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos ¿cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan?.
¡Agarrémonos fuertemente ante esto!.
¿Qué les parece?.
Jesús afirma la maldad innata en el ser humano y además nos dice que esa maldad no importa.
Esta frase es sumamente elocuente pues si vosotros, aún siendo malos, sabéis dar buenas
dádivas a vuestros hijos, hay que recordar el lugar en el que estaba Jesús diciéndola.
Él, Nuestro Señor, se está dirigiendo a una multitud que le había seguido y se encontraba dando
su famoso Sermón del Monte, y no es solamente a sus discípulos que les habla de esa manera; es a una
muchedumbre en donde muchos de ellos son, como eran las características de esa población,
supersticiosos, religiosos y en fin de todas las denominaciones habidas y por haber.
Y es a esa amalgama de seres humanos a quienes va dirigido el mensaje y el reconocimiento
antes apuntado.
Jesús usa un ejemplo para que entiendan la gran bondad de Dios y les dice que cualquier cosa
que se le pida El se las concederá; y para que comprendan todo el alcance de la propuesta les pone el
ejemplo clásico de cualquier padre de familia.
Y tiene sobrada razón el Maestro cuando hace esta muy buena comparación entre un hombre
común y corriente, padre de familia naturalmente malo y pecador que, incapaz, aún y a pesar de su

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maldad comprobada por Dios, de darles piedras en vez de pan a sus hijitos, o menos de hacerlos
merecedores de algún cruel castigo degenerado como sería el de quemarlos.
Y si como nos dice el Evangelio vuestro Padre que está en los cielos sólo cosas buenas os dará
¿a quién se le ocurrió la inmunda idea que Dios nos mandará al Fuego Eterno del Infierno por ser malos y
pecadores?.
Si Jesús nos advierte que no importa lo malo que seamos ni qué clase de pecados o calidad de
los mismos hayamos o estemos cometiendo y a pesar de eso nada cruel o inhumano nos pasará, habrá
que tomarlo como cierto.
Suponemos que Dios, el que todo lo sabe, debe saber, al igual que Jesús, que el hombre es malo
por naturaleza y que tal maldad está íntimamente adentro del mismo y sí a Él no le importan tales
pecadillos del ser humano como para mandarnos y hacernos realidad cualquier cosa que le pidamos, es
menester preguntarnos ¿en dónde están esas maravillas y deseos por nosotros implorados?.
Y planteamos esta pregunta pues son los que se dicen representantes de la divinidad cristiana
los que, para empezar, nos dicen otra cosa muy distinta a la promesa de Dios Padre.
Son los sacerdotes y pastores, de las diferentes denominaciones cristianas, los que nos han
amenazado con los fuegos eternos del Infierno, y son ellos los que atemorizan a millones de sus fieles
creyentes con las más aberrantes maldades divinas.
¡Qué contrasentido más grande éste!.
Si Jesucristo en persona se compromete, y deja comprometido a su Padre, y nos asegura que
sólo cosas buenas nos vendrán de nuestras peticiones y oraciones, y si la gran inmensa mayoría de los
pedigüeños nunca han recibido nada de eso, habrá que empezar a ver las cosas con otros ojos.
¿No les parece?.
Pero los borregos cristianizados continúan en el fatal círculo vicioso del engaño y de la estafa
continuada que de ellos realizan los líderes y dirigentes espirituales.
Y debemos insistir.
¿Por qué Dios Padre no respondió, ni ha respondido hasta el día de hoy, a las miles y miles de
peticiones, plegarias y oraciones hechas por los cristianos; unos de ellos malos, pecadores y otros
buenos?.
¡Por qué seguimos en la miseria, violencia, brutalidad y pobreza todavía!.
¿No será que tenemos confundidos los conceptos de bueno y malo y que lo que hemos creído
malo es lo bueno para Dios y que miserias, violencia, hambre, brutalidades, asesinatos y tiranías son
esas cosas buenas que Jesús nos promete nos serían dadas por el Padre?.
¿Qué diablos significa eso de Dios les dará sólo cosas buenas a los que le pidan?.
¿Acaso es que los que no han pedido nada a Dios son los que tienen tan jodidos a los demás
borregos que sí piden y suplican por su bienestar?.
Y resulta muy extraño que del dicho, que leemos en este versículo 11, se desprenda una muy
singular pregunta.
¿Qué sucede con aquellos que nada piden a Dios Padre?.
¿Lo sabrá alguno de nuestros tan listos curas o pastores?.
Resumiendo lo que hemos analizado no hay otra conclusión más que una.
Y es que de nada ha servido, ni ha valido la pena, la oración o peticiones que hemos elevado a
Yahvé de los Ejércitos.
Continuamos, una gran inmensa mayoría, sumidos en la peor de las desgracias, en miserias y en
una hambruna sin precedentes.
Seguimos en guerras y devastación.
¡En dónde están las cosas buenas que Jesús nos prometió se nos darían por parte de su Padre
que está en los cielos!.
¡En dónde que no se miran!.
Al contrario, hay muchas más cosas malas que nos rodean, y que se siguen apoderando de
nosotros, que las pocas buenas que poco a poco se van esfumando.
¿Quién miente y quién es el falso?.
¿Jesús o Yahvé Saboat?.
¿Jesucristo por prometernos una demagógica ilusión cuando nos asegura pedid y se os dará?.

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¡O Yahvé de los Ejércitos, el Padre Nuestro, por no cumplir con la palabra que su Hijo Único nos
dejó empeñada!.
Más bien parece que Jesús no fue más que un simple instrumento del siempre cruel, degenerado
y violento diosesito bíblico.
¿Qué pensarán los miles y miles de seguidores de Jesucristo ante tamaña tomadura de pelo que
éste les diera?.
Sin importar, por supuesto, que a su vez Yahvé le haya tomado el pelo y haya traicionado a su
propio Hijo Unigénito.
Y esto es otra cosa grave.
¿Quedó Jesús como un títere, o simplemente como un ingenuo más, y tonto útil, del siempre
malo Padre Eterno?.
Pero es interesante observar el convencimiento, y la propiedad, con la que Jesucristo deja su
mensaje, pues allí, no hay reflejo de ninguna duda que Yahvé, su Padre, cumpliría con darnos todo
cuanto pidiéramos.
¿Qué no le habrá prometido a Jesús para convencerlo, y hacer de él, un cándido y maleable
mamarracho que, inclusive, se dejó sacrificar tan brutalmente en la oprobiosa cruz?.

¿QUIÉN ESTÁ DEL OTRO LADO?


Ya dijimos que hay personas sinceras y cuerdas que han experimentado una que otra cosa fuera
de lo normal y que lo atribuyen a que fue un milagro en sus vidas.
Y proclaman que fue una respuesta a sus múltiples horas de oración y plegarias.
Pero insistimos que la inmensa mayoría de los millones de pedigüeños no han recibido una
mísera respuesta, y es muy alto el porcentaje de personas que continúan orando, rezando y pidiendo,
hasta suplicando, a Dios o a cualquiera de los miles de intermediarios que hay y existen en esa tan larga
cadena de las religiones, pero ninguno de ellos ha recibido nada de nada.
Sólo han tenido que soportar la frustración más grande que se pueda uno imaginar, además del
gravísimo complejo de culpabilidad el cual, nuestros devotos guías espirituales se han encargado de
meter en la psiquis de todos los miembros de la Iglesia al repetirles ustedes no reciben nada de Dios
porque son pecadores, malos, tienen defectos que no son del agrado del Padre Eterno.
Y hasta nos hacen el viejo cuento chino de si tuvieran la fe del tamaño de un grano de mostaza
pudiéramos mover hasta montañas.
Y nosotros tenemos todo el derecho de preguntar ¿habrá habido alguien que haya movido
montañas por su fe?.
Y la respuesta es muy simple pues ni Jesús movió montañas.
No ha existido nadie que haya movido piedras, cerros o montañas por su fe.
Y como ya es de ustedes sabido, la fe, es la negación de la razón.
Y mientras más fe creamos tener, más alejados de nuestra propia realidad nos encontraremos.
¿De qué magnitud sería el desequilibrio mental, emocional y corporal en aquellas personas que
pudieran llegar a tener su fe del tamaño de un grano de mostaza si con la poquísima fe que algunos
tienen, y por supuesto que no mueven montaña alguna, ya nos tienen atados a emociones y
pensamientos dañinos?.
¡Aliviados estaríamos entonces!.
Si con los pocos fanáticos y fatalistas religiosos tenemos para largo ¡imagínese usted lo que sería
eso aumentado en razón de fe!.
La oración o el pedido de alguna gracia o deseo a Dios no funciona y por eso es que parece que
Dios Padre es sordo.
Y resultado de la falta de respuestas a nuestras peticiones nos hemos inventado los más
variados y diversos métodos de súplicas que van desde la sencilla oración o rezo, pasando por los gritos
destemplados de unos y por las frenéticas convulsiones casi epilépticas de otros, hasta el otro extremo, el
del auto castigo, flagelación y sacrificio humano.
Pero de todos modos algunas veces Dios parece responder y, en la mayoría de las ocasiones, ni
siquiera se toma la molestia de hacernos saber que ha recibido nuestras peticiones y que sólo espera un
momento para desocuparse y que enseguida nos atenderá.

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Ahora veamos algo muy importante y que nos abrirá un poco más los ojos ¿por qué sí hay
personas que reciben respuestas, aunque sea a medias, a sus peticiones y súplicas, y hay otras muchas
que nunca reciben absolutamente nada de parte de Dios?.
Lo primero que debemos descartar es que los que reciben algo se debe a que DIOS, EL TODO
es quien atendió y contestó la oración o la súplica.
No es DIOS, LA VERDAD ABSOLUTA quien retribuye la oración, ni manda el supuesto milagro y
tampoco quien concede tal o cual deseo humano.
Pero menos pudiéramos afirmar que es cosa del Diablo tal milagroso proceder.
No, tampoco.
Ya hemos demostrado que DIOS, EL ÚNICO, LA VERDAD ABSOLUTA no tiene sentimientos,
inclinaciones y menos el don de la gracia y el perdón; y también dijimos que el diosesito bíblico por reunir
atributos, sentimientos, pasiones e ilusiones ¡no es DIOS!.
Más bien podemos afirmar que Yahvé, el dios de la Biblia, es una simple proyección del ser
humano y que hemos llegado a confundir este espejismo creado por nosotros con LO INCOGNOSCIBLE.
Y por otro lado creer que Satanás, Lucifer, el Diablo, el Maligno o Belcebú es el milagroso ser, es
parte del mismo juego ilusorio que nosotros nos hemos inventado; pero tampoco es el todopoderoso
Diablo –según otros aletargados que le dan poderes a este otro invento- el que concede favores a los
pedigüeños.
Y mucho menos será otra de las muchas entidades superiores o inferiores de las que abundan en
nuestra sociedad.
Y no lo son por la misma razón expuesta cuando nos referimos a Yahvé.
El Maligno o la Encarnación del Mal es la otra cara de una misma moneda, en donde del otro lado
está el dios bíblico o Yahvé de los Ejércitos; y es una proyección del ser humano que nos sirve de mero
balance a la bondad del ser que conocemos como Dios.
Sin Satanás no puede existir en nuestras mentes y corazones el Dios que nos han impuesto los
guías espirituales. A la bondad había que ponerle su correspondiente entidad de la maldad.
La contrapartida de nuestra divinidad, El Padre Eterno, es el Diablo.
¡Así de sencillo!.
DIOS, EL TODO está mucho más allá de la Biblia, de Yahvé y del Diablo, por muy poderosos que
creamos son. La Biblia, Yahvé y el Diablo nos pertenecen a los seres humano porque fuimos sus
creadores por una mera necesidad psíquica y nos proporcionan gran placer y suficiente tranquilidad como
para vivir esta horrenda existencia llena de miserias y limitaciones en la que nos tienen viviendo.
Y nos provee del equilibrio necesario para continuar viviendo en estas cristianizadas sociedades
sumidas en la pobreza y subdesarrollo.
El ser humano todo lo ha hecho bipolar y dual. Así, tenemos por ejemplo el calor y el frío, el
miedo y la valentía, el amor y el odio, el norte y el sur, lo alto y lo bajo; y por supuesto lo que más nos
interesa, esa terrible y despampanante pareja, dios-diablo.
Y lo más curioso de estas dualidades es que ambos extremos son y representan lo mismo.
Ambos se refieren a una misma manifestación y se diferencian únicamente en cuestión de grados pero
íntimamente son lo mismo.
Si no veamos lo que sucede si nos ubicamos en el norte y continuamos caminando en esa línea,
pronto llegaremos al sur y, si seguimos, volveremos a estar en el norte, en el mismo punto del cual
salimos.
¿No se nos ha repetido que del amor al odio sólo hay un paso?.
Y eso es cierto pues en la línea del amor-odio los extremos son lo mismo. Podemos amar
intensamente y de igual manera podremos llegar a odiar al ser amado con el mismo ímpetu.
¿Qué decir del binomio fuerza-debilidad? del cual hemos oído en el deporte, principalmente, que
se sacan fuerzas de flaqueza.
Con la pareja calor-frío es muy curioso lo que sucede y, si dudamos que sean lo mismo, es fácil
comprobarlo. Con una mano toquemos una llama ardiente la cual, inmediatamente, nos quema; si con la
otra mano agarramos un trozo de hielo, también, sufriremos los efectos de una ardiente quemadura.
Nuestra piel responde de la misma manera tanto al estímulo del calor como al del frío.

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Por lo tanto y por eso mismo, y siendo tan fácil el haberlo comprobado, las polaridades y
dualidades son iguales y representan a lo mismo.
Ahora usted, amable amiga o amigo que me leen, podrá, sin ningún esfuerzo de su parte,
responder y definir a la pareja sin par dios bíblico-diablo.
Y por fin ahora podremos entender al peor de los inventos que el ser humano se ha fabricado. La
dualidad bondad-maldad o en otras palabras dios bíblico-diablo.
Tal y como es fácil de comprobar, si al tocar con las manos los extremos de la polaridad calor-frío
nos hemos ganado una tremenda quemadura en ellas, una por el fuego y la otra por el hielo, ¿qué nos
puede pasar al meternos con y en el jueguito religioso de lo que representan el dios bíblico y el diablo?.
Lo que nos pasaría es muy sencillo de definir ya que es lo que hemos estado experimentando
desde que fue inventada la parejita esa. Nos ha desintegrado total y fatalmente y no importa el lado que
escojamos, así sea del de Dios Padre y su Hijo Jesucristo o de la otra cara con el Diablo y las maldades;
pues el efecto, que es lo que realmente importa, ha sido y es una enorme tragedia llena de mucho dolor y
abundante desolación adentro de las grandes mayorías de la población cristianizada, pero sumida en la
más espantosa de las misérrimas carencias y subdesarrollo.
El Dios bíblico por una parte nos ha masacrado, llenado de traumatismos y de falsos anhelos; y
por el otro extremo el tan famoso y temido Satanás o Diablo no se ha quedado muy atrás de Yahvé.
No.
Y tampoco tiene menos fama que Nuestro Padre que está en los cielos.
Entre ambos nos tienen desde hace mucho tiempo prácticamente entre dos fuegos.
¡Y a dos puyas no hay toro valiente!.
La diferencia entre esta tan terrible pareja que conforman Dios Padre y el Diablo y las otras que
ya vimos y que nos rodean en nuestro medio ambiente, tales como el día y la noche, aroma y hedor,
negro y blanco, pobre y rico, alto y bajo y etc., es singular y sumamente significativa.
La pareja y ese dualismo conformado por Dios Nuestro Señor y Satanás ¡no existe! Ni son reales.
Y las otras parejas o polaridades sí existen y son muy reales.
Pero claro que sentimos los efectos y vemos ciertas manifestaciones de Dios-Diablo, pero porque
los hemos aceptado como reales en nuestra tan destartalada y dominada mentalidad.
Cuando se nos induce, por cualquier forma de dominio físico, mental y emocional, como en el
hipnotismo, sueño, drogas y por creer firmemente en algo, nuestro propio cuerpo reacciona tal y como si
lo que se nos ha hecho creer fuese real.
Al hipnotizado se le dice que un cigarrillo le está quemando el brazo, sin que exista ningún
cigarrillo más que el que se le hizo creer y aceptar en su psiquismo; y sucede algo extraordinario e
increíble pues su cuerpo reacciona inmediatamente a la sugestión presentando una manifestación física
en una quemadura visible y absolutamente real, tal y como la que provoca una de un cigarrillo encendido
y aplicado de verdad en su brazo.
Cuando soñamos con alguna pasión sexual nuestro cuerpo reacciona tal y como si estuviéramos
teniendo una placentera y normal relación íntima y verdadera; la eyaculación no se hace esperar igual
que si hubiésemos estado haciéndole el amor a aquella persona de nuestro gusto y pasión.
El efecto de las drogas nos hace proyectarnos a situaciones y nuestro cuerpo, mente y
emociones, así mismo reaccionan.
Y cuando creemos firmemente que algo es real, aunque no sea así, también nuestro cuerpo se
comporta tal como si nuestra creencia fuese muy concreta y real.
Así hemos llegado a ser prácticamente esclavos de lo que creemos.
La parejita Dios bíblico-Diablo nos han tenido dominados total y frenéticamente. Siendo esta
siniestra dualidad nada más que una simple ilusión, una proyección mental y un espejismo más, de los
muchos que nos hemos inventado nosotros mismos tratando de equilibrar y tranquilizar a nuestra psiquis
ante lo terrible que significa que no podemos entender a LO INFINITO ni qué diablos estamos haciendo
en este planeta.
Ese dúo dinámico que conforman Dios y el Diablo fue una creación del ser humano ante la
imperiosa necesidad de conseguir la respuesta satisfactoria a nuestro entorno y así disponer de una
cierta tranquilidad en que hay alguien y algo que vela por nosotros allá afuera, en el cosmos, en lo infinito
del universo.

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Pero además para dejar un camino fácil y abierto a una serie de entidades dueñas de poderes
sobrenaturales.
El ser humano en general nunca ha podido comprender lo grandioso de su entorno visible, mucho
menos el que algunos han atisbado existe más allá y más acá de nuestros sentidos, percepción e
imaginación.
Y esto nos ha causado un gran complejo por sentirnos empequeñecidos e insignificantes cuando
nos comparamos con un rayo, trueno, la luna, el sol, con un terremoto, una erupción volcánica, el efecto
de un eclipse, el mar, las tormentas, el día y la noche, y en fin con todo lo que entendemos como fuerzas
de la Naturaleza.
Pero con el pasar del tiempo el ser humano se encargó de irle poniendo atributos, calificativos y
poderes, tan grandes, a la pareja Dios-Diablo, que se llegó a la aberración y locura que hoy creemos que
tienen y, herederos de ello, continuamos afirmando, ciegos y torpes de algunos de nosotros, que Yahvé y
Satanás son EL ABSOLUTO, LA VERDAD y DIOS; y hemos confundido así el brillo con el Sol, lo finito y
mortal con LO INFINITO.
Hemos terminado por aceptar, estúpidos de los que así proceden, que la nada es EL TODO.
Y éste es el jueguito religioso cristiano.
¡Ni más ni menos!.
Pero mucho ojo pues hay que verlo con diferente mentalidad y comprender que es una tremenda
jugarreta la que nos hizo nuestra mente con estas entidades.
Qué gran desgracia nos hemos acarreado, nosotros mismos, con esta una vez sencilla
proyección mental que buscaba definir y entender a DIOS; y por favor que no nos vengan ahora con el
gastado cuento de querernos demostrar que Yahvé, ese ser tan petulante y padre del arrogante y
engañado Jesús, que a lo largo y ancho de la Santa Biblia aparece como un sanguinario y psicópata
personaje, es DIOS o EL TODO, porque a DIOS ni debemos ni tenemos cómo llegar a pensar en hacer
una demostración de SU PRESENCIA.
Nuestra capacidad mental y el limitadísimo razonamiento que poseemos no dan para tanto y no
nos lo permite.
A lo más que llegaríamos sería a lo que ya tenemos, un cruel y satánico dios, tal y como es el de
la Santa Biblia.
¿Y para qué hacerlo de nuevo?.
Que nos baste y sobre el bárbaro, sanguinario y fatídico dios que hemos heredado y que además
heredaremos a nuestra descendencia si no hacemos ahora mismo otra cosa por cambiar el concepto
bíblico que tenemos impuesto acerca del ABSOLUTO.
¿Lo podrá hacer usted?.
¿Será posible que vote y elimine el terror sacro que tiene impuesto en su psiquis?.
Ahora es cuando verdaderamente podemos contestarnos libremente cualquier pregunta sobre el
diosesito de la Biblia o sobre cualquier otro dios de las demás creencias.
Y no sólo eso.
Ahora sí podremos ser comprendidos ya que nos hemos quitado un poco del terror sacro que
significaba para nuestra psiquis la terrible dualidad, tan perversa como la conformada por siglos por
Yahvé y Satanás. Y también podremos llegar a saber quien es aquel que nos ha concedido los mal
llamados milagros, curaciones, respuestas a oraciones y la tan ansiada prosperidad.
La respuesta es sencilla.
Quien nos ha proporcionado eso que nos ha dado satisfacciones y respuestas a nuestras
oraciones y súplicas ha sido simplemente el ser humano.
¡Nosotros mismos!.
Hemos sido nosotros, sin saberlo ni darnos cuenta, en muchas ocasiones, y en otras a pesar que
sí lo comprendemos no hemos querido aceptar lo obvio, los únicos que labramos nuestro porvenir y los
que obtenemos todo cuanto nos propongamos obtener.
Y por eso, por que hemos sido nosotros los únicos que hemos labrado nuestro porvenir y los que
hemos hecho que nuestros propios méritos parezcan y se confundan con hechos divinos, es que se nos
ha vedado toda posibilidad de superación personal.

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Todo el merito, nos han impuesto y dicho, no le pertenece al ser humano. Todo el mérito, nos
remachan, es de Dios Padre.
Y por eso es que la respuesta divina unas veces llega y muchas otras no aparece por ninguna
parte, porque no es ni ha sido el Dios de la Santa Biblia el protagonista.
Ha sido y es el ser humano, con toda su inteligencia y con su vivo y tangible sentido común el
que consigue lo que quiere y se proponga, cualquier cosa, sin importar limitación alguna.
Es el hombre y la mujer quienes hacen posible sus más caros deseos.
Únicamente necesitan tener sus mentes libres de ataduras y presiones psicológicas tales como la
religión y la fe, que son dos de los varios azotes que mantienen atado al ser humano a la cadena sin fin
del panteísmo bíblico.
¡Qué le parece!.
¿Habremos desperdiciado tiempo, energía y vida en el fatalismo religioso?.
Por supuesto.
Es momento de rectificar el rumbo.

ENFRENTAMIENTO OBLIGADO CON NOSOTROS MISMOS


¡Qué ridículo!.
Cómo hemos perdido el tiempo buscando y pidiéndole a una mala –pésima más bien- proyección
nuestra creyéndola DIOS.
¡Qué barbaridad!.
Y, aunque suene ridículo, debemos decir y afirmar, tal y como nos tienen tan mal acostumbrados
a meter a la divinidad en todo, que esto ¡no tiene perdón ni de Dios!.
Veamos el mecanismo de la oración.
Para empezar debemos pertenecer a una iglesia, religión, secta o grupo; no importa, pues de la
gran cantidad que hay, en el mercado de las devociones, podremos escoger no la mejor ni la más santa
porque no las hay.
¡Todas son iguales!.
Y tampoco importa que unas sean más fatalistas y fanáticas que las otras. O que sean de libre
pensadores, de mente amplia, de la nueva era y hasta del otro extremo, es decir de las que no creen en
nada; todo eso poco tiene que ver pues, aunque lo dudemos, los ateos forman la otra polaridad en el
dualismo creer-no creer y, como todo dualismo, significa que son lo mismo.
Por eso no importa en donde estemos ubicados o a qué grupo escojamos para pertenecer a él,
pues como todos los grupos son iguales, da lo mismo estar en uno que en otro.
Aún el que conforman los no creyentes o ateos.
Se nos enseña, de una u otra forma, a orar, rezar y a pedir. Y se nos cuentan las más bellas
historias sobre el grupo al que decidimos asistir, de sus miembros, fundadores, líder máximo y de su muy
particular manera de interpretar a la divinidad; porque todos los grupos la tienen y todos ellos hablan de lo
mismo.
Hay grupos que tienen maquillado a su divinidad de un modo diferente a los otros que lo tienen
con uno escandaloso, pero todos ellos a lo que llevan es a practicar el sacrosanto arte de pedir.
Nos van convirtiendo muy rápido en pedigüeños y nos inician en rituales a cuales más folclóricos
y coloridos; y esta parte es sumamente importante porque permite un ablandamiento en la mente del
futuro borrego del rebaño que conforma el grupo completo. Y nos hacen practicar y participar, personal y
directamente, en los rituales sagrados, tanto en los esotéricos o internos o muy íntimos y privados, como
en los exotéricos o externos y públicos, haciéndonos sentir el contacto directo con la divinidad por ellos
concebida.
Y esto es todo el meollo del asunto.
Nos programan para hacernos sentir que cada vez estamos mucho más cerca de Dios y, sin
darnos cuenta, caemos en el vicio religioso capaz de exigirnos lo mejor de nosotros mismos, pues
nuestras mentes, así tratadas y lavadas, no pueden dejar de estar narcotizadas cada vez más y más con
el ritual sagrado y divino del grupo.

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Así de fácil nos han complicado las cosas para que nuestra mente se obnubile con el brillo ficticio
del ritual y del incienso y nos convierten, de verdad, en puros borreguitos después de unas cuantas
sesiones de lo mismo.
Y, como cualquier vicioso, queremos y exigimos más de lo mismo. Queremos más droga
religiosa.
Cuando practicamos la oración, no importa de qué manera lo hagamos, lo que se nos inculca y
obliga a ejecutar es un simple acto externo. Se nos induce a dirigirnos a una entidad que está afuera y
lejos de nosotros; aún y cuando creamos que nos dirigimos a la divinidad o al Yo Soy interno, pues éstos
no existen.
Son otra excusa de los mal llamados nuevos pensadores o de la nueva era. La divinidad interna,
el Yo Soy, el Cristo en mí y mi Ser Interno siguen siendo creaciones del ser humano y son conceptos
rebuscados inventados por nuestra limitada y temporal mentalidad; y son lo mismo, son nada.
Unas líneas atrás decíamos que se nos induce a dirigirnos a una cierta entidad que está allá
afuera y lejos de nosotros, y es verdad. Este concepto divino está totalmente desligado y externo a
nosotros; llámese como se llame, ya sea Dios Nuestro Señor, Jesús, Buda, Alá, Viracocha, Mashimón,
Satanás, San José, la Virgen María, etc.
La oración es el acto humillante por excelencia y por medio del cual pedimos, suplicamos y
esperamos la intromisión de algo o alguien ajeno a nosotros. Y ese es el problema, el mismo problema
que nos provoca la fe religiosa; pues la oración es la inútil espera ilimitada en el tiempo ya que nunca se
cumple lo que pedimos.
Y es la invitación más enfermiza a que otro ser se posesione de nuestra mente, cuerpo,
emociones y de nuestros más íntimos sentimientos; cuando no de hasta nuestras actividades diarias, de
la familia y del mundo que nos rodea. Ante esto todos felices, suplicando por esta intromisión en nuestra
intimidad y dejando que ese algo o ese alguien dirija y controle lo que nosotros por obligación moral y
humana estamos obligados a ejecutar personal y directamente.
La satisfacción que nos produce el acto de orar es también otro gran problema, ya que orar nos
da respetabilidad, nos vuelve vanidosos, egoístas, pedantes y los más grandes intolerantes que nos
pudiéramos imaginar con aquellos que no participan de nuestra única y verdadera religión. Y eso nos
vuelve violentos y fanáticos perseguidores de lo opuesto a lo que ya aceptamos como lo nuestro.
Nos encanta lucir y exhibir los más variados distintivos religiosos y/o eclesiáticos, que nos
permiten darnos a conocer como seres especiales y eso nos separa automáticamente de aquellos otros
que todavía no han comprendido –torpes de ellos- que la Gloria Eterna nos la da nuestro grupo.
Lucimos entonces sumamente religiosos y muy piadosos y de determinado grupo selecto y
exclusivo, sólo para gente escogida directamente por Dios en persona, pues hacemos nuestra la frase
bíblica de muchos son los llamados y pocos los escogidos que nos viene como anillo al dedo, sintiendo
que nosotros ya lo somos.
Y nos pavoneamos con nuestro Libro Sagrado, el cual debemos enseñar y exhibir para probar, a
todo aquel que nos mire, nuestra religiosidad. Y lucimos cadenas, crucifijos, anillos, escapularios,
escudos, señales, calcomanías y cuanta cosa demarque nuestra locura religiosa.
Y es nuestro actuar el proceder de un grandísimo vanidoso.
Nos hinchamos de vanidad y de egolatría e inclusive descuidamos a nuestra particular divinidad
con tal de lucir como seguidores fieles para que se nos tenga como ardorosos penitentes y defensores de
lo que creemos.
Y todo esto nos hace sentir la mar de felices, arrebatadoramente inflamados de gozo y gracia
divina.
¡El poder de Dios está ya en nosotros obrando milagros y señales!.
Ya estamos ungidos por Yahvé el guerrero.
Este trastorno en nuestra psiquis, y la paranoia que lucimos, es lo que provoca la ocurrencia de
cosas raras, milagrosas y los increíbles cambios en nosotros mismos y en nuestro derredor, trabajo,
negocios, familia, hogar, amigos y en general en todo nuestro mundo. Pero no es debido a que DIOS se
tomó la molestia de ocuparse directamente de nosotros en forma personal y exclusiva de agarrar,
descifrar y concedernos el deseo recién pedido en la oración que le elevamos.
¡NO!.

- 16 -
Nada más alejado de ello.
Es imposible que DIOS nos escoja a nosotros entre más de seis mil millones de habitantes que
poblamos este Planeta.
No, no es DIOS.
Somos nosotros mismos, con el cambio asumido al sentirnos únicos y especiales, y cuando
pertenecemos y formamos parte de un selecto y exclusivo grupo, lo que nos da una cierta seguridad
mental y emocional. Y ya que confiamos en que alguien o algo allá afuera de nosotros tenga nuestros
problemas, cargas y que además en cualquier momento nos puede echar una mano, nos proporciona
una alta dosis de confianza y nuestra auto imagen, psiquismo y autoestima nos permiten tener la
suficiente seguridad en todo lo que hacemos.
Nuestra auto imagen y psiquismo se liberan con la confianza y ceguera mental provocada y, en la
medida que el acto externo de orarle y depositarle toda nuestra esperanza a un ser, o a un objeto, fetiche,
ídolo, deidad, talismán o reliquia cualquiera ¡aumente!, en esa medida nuestra suficiencia y seguridad en
nosotros mismos, y en los que hacemos o esperamos, se verán afectadas para bien nuestro.
Por consiguiente vamos obteniendo todo aquello que pedimos, ya sea por la súplica o la oración
a un dios lejano, sordo y mudo, además de ciego, pero es debido a esa mejora sustancial en nuestra auto
estima, auto imagen y en la seguridad en nosotros mismos.
Hay que entender que no es DIOS, repetimos sin cesar, quien concede tal o cual deseo nuestro;
es nuestro propio convencimiento profundo que somos capaces de hacer algo lo que permite que se
cumplan algunos de nuestros deseos.
Y sólo algunos de esos deseos, puesto que hay cosas y situaciones que van mucho más allá de
hacerse posibles sólo con el convencimiento profundo.
Si así han sido las situaciones es válido preguntarnos muchas cosas al respecto.
Y entonces ¿por qué continuar perdiendo tiempo y el dinero de las limosnas y del fatídico diezmo,
además de esfuerzos y energías, en un acto que nos da tan poco como lo es el acto de la oración
elevada a Dios Padre?.
¡Por qué mejor no nos acostumbramos a practicar directamente alguna actividad que nos pudiera
dar una mejoría notable en nuestra auto imagen, auto estima y en la seguridad en nosotros mismos!.
Por lo tanto, ahora podemos afirmar que la oración, tanto como la fe religiosa, para lo único que
han servido ha sido para quitarnos todo el mérito personal a ese esfuerzo propio y también para
abrogarle el mérito a un lejano, inexistente y por ende ¡falso dios!, como lo es el esperpento criminal que
la Santa Biblia, en la figura del asesino Yahvé de los Ejércitos, pretende que tomemos como que fuera
DIOS.
Sólo cuando el ser humano, mujeres, hombres, jóvenes y niños, empecemos a poner en práctica
técnicas para mejorar la seguridad en nosotros mismos y a tener y disponer de una auto imagen
adecuada, vamos a empezar a recorrer el camino del progreso, del bienestar y de la fraternidad.
¡Sólo así es la cosa hermanos!.
No confundamos este maravilloso instrumento que está al alcance del ser humano con la falacia
de los milagros que podemos llegar a recibir de un lejano, falso y nebuloso diosesito que, aparte de
perverso y ruin, es uno inútil por completo que fue incapaz de salvar a su propio pueblo judío cuando los
nazis masacraron a más de seis millones de seres humanos en el holocausto más triste de su historia.
Si cuando vamos a contratar a un nuevo empleado le exigimos cartas de recomendación y un
currículo adecuado, junto a sus antecedentes penales y policíacos, por lo menos al Dios que debemos
tener como el Padre Nuestro le debemos exigir que no sea uno criminal, asesino y ridículamente sordo
con sus hijitos.
¿Qué si no eso es lo que ha sido Yahvé con los judíos y con nosotros los que de una u otra
manera estamos enredados en el cristianismo que lo proclama como el Padre Nuestro?.
Y por esto es que dijimos anteriormente que los seres humanos no tenemos por qué andar en la
búsqueda, pues lo que encontraremos será toda la ilusión forjada en nuestro interior, y entonces
andaremos como el famoso judío errante, de iglesia en iglesia, de templo en templo, de secta en secta,
de grupo en grupo y de mentira en mentira.
¡Todos son lo mismo!.

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El único beneficio que nos proporciona la oración, tampoco hay que negárselo, es uno pequeño,
pero lo da, y es la ínfima cantidad de auto estima y una pequeña mejora en la auto imagen.
Qué, como es fácil de comprobarlo, es la causa de los famosos e inexplicables milagros e
intervención divina en nosotros. Y no hay otra explicación.
Y, como es también fácil de concluir, DIOS está y se mantiene muchísimo más allá de estas
pequeñeces humanas y de estas nimiedades de las personas. Pretender que DIOS, EL TODO se ocupe
de nosotros, simples motas de polvo cósmico, y que nos vea como a sus hijitos y que responde a nuestro
mínimo llamado, eso, sencillamente, es mucha vanidad de quien lo enseña y proclama.
¡Es mucho complejo y una enorme barbaridad cometida por los estafadores de conciencias que,
desde su púlpito engaña bobos, nos tienen idiotizados!.
Si por un instante aceptáramos la existencia del pecado, no dudamos que el único pecado que
los seres humanos pudiéramos cometer sería el de orarle a DIOS y pedirle o suplicarle por la concesión
de algo, porque con tal acto de la oración, súplica y demanda, estamos obligando o pretendemos obligar
a DIOS a tomar partido, decisiones, a parcializarse y a ser sujeto de la crítica social y de los reproches
humanos cuando no llegamos a recibir la gracia solicitada, que es la regla en todos estos casos.
¡Qué tal!.
¿Acaso no ha sentido usted algo raro, algo que no se puede definir cuando a pesar de la intensa,
devota y sincera oración Dios no nos concede lo solicitado?.
Eso raro que sentimos se llama, lisa y francamente, frustración; pero como nos han impuesto la
idea que de Dios no podemos ni tenemos porque sentirnos frustrados, pues eso es un terrible pecado y
una blasfemia, lo único que nos queda es una terrible desilusión y un desengaño absolutamente
frustrantes.
Y lo peor, como no podemos achacárselo a nuestro Padre Eterno, lo internalizamos y lo hacemos
propio.
Y continúa el nefasto círculo vicioso del fatalismo y fanatismo religioso haciéndonos sentir muy
poca cosa y que le importamos un pepino a Dios Nuestro Señor provocando, todo ello, una notable
disminución en nuestra ya poca auto estima, auto imagen y seguridad personal.
¿Es acaso el momento de la oración?.
¡Allá usted!.

FLAGELACIÓN MENTAL FORZADA


¿Cómo oramos?.
¿De qué manera suplicamos a Dios por nuestros deseos e intereses?.
Veámoslo.
Dios mío, Padre Eterno, concédeme la salud y la pronta recuperación de mi hijita a quien la
ponga en tus benditas y sanadoras manos. Todo esto te lo pido en el nombre de tu amado Hijo
Jesucristo.
Y, lamentablemente esa niña, la hija por quien ese padre o madre de familia pedían salud y la
curación, falleció.
¿Qué pasó pues?.
¡En dónde está la promesa de Jesús de pedid y se os dará, cuando nos suceden estas cosas al
revés de lo pedido!.
Padre Santo, te lo pido desde lo más profundo de mi ser, y te entrego mi vida completa, te lo
suplico encarecidamente, Padre, salva a mi madrecita que sufre en estos momentos y te prometo servirte
y me ofrezco yo mismo como sacrificio.
Y esa santa mujer, la madre de ese ser humano que imploró por la vida de su madrecita, al
contrario de sanarla Dios Padre, en pocos días murió.
¡Qué pasa con esa sublime y bella oración!.
¿Qué sucede con la promesa divina que leemos desde la Palabra de Dios y que nos certifica que
cualquier cosa que pidiereis, creyendo que la recibiréis, la tendréis?.
Estaba pidiendo por su madre, lo más grande que un ser humano pueda tener. Y nada. A Dios
Nuestro Señor le valió la madre del fulano y se hizo el loco.

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¿Dónde ¡por Dios Santo! están las cosas buenas que el Padre Nuestro, según el ingenuo y ahora
mentiroso de Jesús, se nos darían?.
¿Será que es cosa mala eso de pedirle a Dios por la madre de uno?.
Y lo más gracioso de todo esto, con respecto a la oración, que he visto en este tan convulsionado
mundo, es lo siguiente. Para un campeonato mundial de fútbol un muy conocido exfutbolista argentino,
residente en Guatemala y que es no menos famoso por la carne asada que expende en un muy buen
restaurante, comentó que él y toda su familia le habían encendido unas velas a la Virgen María y le
habían orado a Dios Padre, pidiéndoles a ambos, que el equipo de Argentina ganara el partido que
estaban disputando para optar a ser el Campeón del Mundo.
¿En qué papel obliga esta clase de gente, aún actuando con la mejor de las intenciones ya que
así han sido deformados por sus guías espirituales, a dejar y quedar a Dios y a la Virgen María o a
cualquier otra entidad, cuando lo que se les pide son cosas como éstas?.
Pero es que no importa lo que pidamos, el papelón en que hacemos que queden los Seres
Superiores es verdaderamente alarmante.
¿No nos habíamos dado cuenta de esto antes?. Pero insistimos, lo peor es que nunca vamos a
comprender el ridículo en que hacemos quedar a Dios Padre con estas peticiones, oraciones o súplicas.
¿Qué hubiésemos pensado si efectivamente la selección de fútbol de la Argentina gana el
encuentro y hubiese sido el Campeón Mundial de fútbol?.
¿Sería válido pensar que Dios se doblegó ante una familia de ardientes fanáticos aficionados y
por unas velas y una súplica tan sosa como la realizada por ellos Nuestro Padre que está en los cielos se
parcializó?.
Y ante esto es válido preguntarnos unas cuantas cosas más.
¿Por qué mejor en vez que Dios Padre hiciese ganar un partido de fútbol no impuso la paz a
escala mundial o no quitó el hambre de los niños y la miseria de todo el Planeta?.
¡Ahí no!.
¿Verdad?.
No mis hermanas y hermanos, ya es justo que dejemos de orar, de rezar y que renunciemos a las
súplicas elevadas a Dios Padre; y es hasta estúpido que pretendamos, creyendo torpemente en ello, que
tales actos los dirigimos y son escuchado por DIOS y no por el ser bíblico abusivo y cobarde de Yahvé.
Es más que ilógico que pretendamos que DIOS es quien atiende nuestros deseos y peticiones,
por muy plausibles que sean. Cada vez que oramos, con cada súplica y rezo estamos creyendo que
DIOS va a tomar decisiones parciales y muy interesadas. Y excluimos a toda la demás humanidad del
Planeta pues pedimos para nosotros, para los más cercanos o para cierto grupo social.
Pero que conste, y que jamás se nos olvide, somos más de seis mil millones de seres humanos
los que nos encontramos viviendo de manera simultánea en este mismo Planeta. No sólo existimos los
pedigüeños ni mucho menos los cristianos.
¡No señor!.
Y es bueno que volvamos a la Santa Biblia para leer desde el Evangelio de Juan 14:13 y 14 lo
siguiente:
Y cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en
el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré.
Es Jesucristo el que habla. Es Jesús quien promete y es el Unigénito el que asegura que él
mismo servirá de intermediario ante Dios Padre; pero que a él también se le puede pedir cualquier cosa.
Y volvemos a encontrarnos con la frase mágica de la divinidad que nos reafirma, una vez más,
que cualquier cosa que pidamos al Padre este nos la dará. Y traemos esto a colación, no porque
queramos seguir en lo mismo, no, lo hacemos para ir estudiando las veces que se nos prometen cosas y
hechos que han resultado falsos.
Es decir que desde aquí Jesús, sirviendo vanidosamente de mediador, nada menos ante Dios
Padre, nos pide que en su nombre solicitemos también cualquier cosa que se nos antoje pedir y que el
Altísimo nos lo concederá.
Recién hablábamos de vanidad y es cierto. Aquí Jesús se pavonea de lo lindo, se sube en la
vanagloria, asume una responsabilidad que hoy la vemos más como demagogia que la posibilidad de

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hacerse realidad y se atreve a jactarse, con una arrogancia tal, que es digna de todo un actor de teatro y
no del Hijo de Dios como nos lo han presentado.
¿Por qué esa forma tan presumida de ofrecer que cualquier cosa que pidamos al dios de la Biblia
en su nombre se nos concederá inmediatamente?.
¡Cuánto engreimiento del Cordero de Dios!.
Ya lo dijimos. Sólo hay que ir a cualquier iglesia y ver a tanta gente sincera y crédula que pide a
Dios Padre en el nombre de Jesús, y.......
¡Nada!.
No hay ninguna respuesta.
Dios Nuestro Señor ni Jesucristo, su amado hijo, ninguno de ellos se digna responder.
Pero para ser ostentoso y engreído no hay otro como Jesús en persona.
Y no sólo en este ofrecimiento demagógico queda como eso. Jesús mismo se ofrece y se pone
como puerta para llegar a la Gloria Eterna y así nos lo dice sólo a través mío se llega al Padre.
Si esto no es vanidad, ostentación y engreimiento ¡que me cuelguen!.
¡Qué gran fanfarrón fue el Cordero de Dios!. Si no hemos obtenido nada del dios bíblico, de todo
lo que a lo largo de más de dos mil años el cristianizado ser humano ha pedido en el nombre de Jesús,
menor aún pudiéramos obtener el ticket de entrada a la Gloria Eterna por medio de él.
Y después de estas cosas me atrevo a preguntar ¿le creería usted al Maestro cuando nos dice
seréis perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto, sin un asomo de duda?.
¿Le creería luego de comprobar, hasta la saciedad, que únicamente se burló y se sigue burlando
de todos nuestros hermanos que han caído en las tenebrosas redes del cristianismo?.
Adelantándonos un poco veamos si ustedes saben la respuesta a la pregunta del millón.
¿A qué vino Jesús al mundo?.
Y es increíble, pero cuando la hacemos, el 95% responden, casi antes de terminar de hacerla,
con el mismo cliché que se nos ha impuesto. Pues Jesús –dicen casi todos- vino para salvarnos del
pecado.
¡Y eso es falso al 100%!.
El propio Jesús, el Hijo del Hombre, es quien de manera caballerosa nos la contesta con pelos y
señales. Y leamos desde Mateo 10:34-36 lo que nos dice el Maestro de su misión terrenal.
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.
Porque he venido para enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra
su suegra, y serán enemigos del hombre los de su casa.
¡Qué delirio por Dios Santo!.
Esto se llama aquí, como en la China, terrorismo, anarquismo o simplemente demencia. Jesús
nos asegura que no ha venido a sacrificarse por los seres humanos, como tan torpemente nos habían
mentido descaradamente curas y pastores.
Y además cabe muy bien preguntarnos ¿qué pecado es aquel por el cual habría de haber
aterrizado Jesús aquí para salvarnos de él?.
¡Qué pecado es al que se han referido los inflamados teólogos!.
Jesucristo tampoco vino a fundar una religión ni a traer amor al prójimo ni la tolerancia y menos
aún a dejarnos la buena voluntad o la fraternidad; Jesucristo vino, y él mismo en forma descarada nos lo
dice, a golpearnos a diestra y siniestra.
¡No he venido a traer la paz, he venido a traer espada!.
El Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es el único causante del desorden
y de la división familiar, social y el gran instigador de los enfrentamientos y las guerras.
Lamentablemente hemos confundido y equivocado al ser que representa la guerra. Se tomó a
Marte porque no se conocía aún a Jesucristo; y es a Jesús a quien corresponde ese legítimo honor.
¿Por qué se nos ha metido que Jesús es un ser todo amor y buena voluntad?.
¡Qué locura!.
Y sólo para poner las cosas en su justa dimensión con este malvado de Jesús, veamos desde
Mateo 3:9 lo que se nos asegura.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

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¿Cómo deberíamos de haberle llamado entonces a Jesús si él mismo nos asegura que no he
venido a traer la paz sino espada?.
Si sólo los pacificadores pueden ser llamados Hijos de Dios ¿hijo de quién es Jesús?.
¡Qué diferente!.
¿Verdad?.
¿Queda absolutamente desenmascarado Jesucristo con esto?.
¡Claro y por supuesto que sí!.
Un pacificador es aquella persona que restablece la paz y que trae armonía, amistad, sosiego,
conciliación y unión.
Y un belicista o belicoso es aquella persona que en forma agresiva y violente busca la guerra, la
confrontación y que provoca los conflictos entre las partes.
Ahora que ya sabemos, por la propia boca de Jesucristo, que solamente los que traen la paz
podrán ser llamados hijos de Dios, deberemos hacer una gran campaña de publicidad e ir de casa en
casa, como lo hacen los evangelizadores, advirtiendo del gran error que se ha cometido desde hace más
de dos mil años y que Jesús no puede ser llamado Hijo de Dios y menos aún continuar llamándole como
tal, porque el Maestro no vino a este mundo a traernos la paz sino la violencia, el desequilibrio familiar y
las guerras fratricidas.
Aún y hay otra aclaración más sobre lo mismo y es el propio mal llamado Hijo de Dios quien nos
hace el gran favor de decírnoslo desde Lucas 12:49.
¡Fuego vine a echar en la tierra y cómo deseo que se haya encendido ya!.
Aquí nos encontramos con un diferentísimo ser nada fraterno.
¡Alegórico Nuestro Señor Jesucristo!.
¿Será posible que el Dios todo amor que la Santa Biblia nos presenta en algunos pasajes haya
sido capaz de engendrar a un ser tan violento y tan lleno de pasional maldad?.
Además de estar totalmente dominado y fanatizado por su fe y por el papel que creyó firmemente
le correspondía asumir al creerse el Mesías esperado por el pueblo judío.
En la Epístola Universal de Santiago 1:6 leemos.
Pero pida con fe, no dudando de nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es
arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa
alguna del Señor.
¡De dónde sacó tamaña locura Santiago!.
Qué desfachatez la suya la afirmar que si no se pide con fe nada se recibirá del Señor.
A lo que parece es que Santiago era no sólo sordo, sino que tonto además, pues no entendió que
Jesús, su Maestro, y además su hermano carnal, nunca afirmó ni pidió condición alguna en ese sentido.
En ninguna ocasión, de las muchas que Jesús enseñó cómo y dónde se le debe de orar y pedir a
Dios Padre por cualquier cosa, hay condicionamiento alguno, tanto para lo que se puede pedir, como la
forma de hacerlo.
Santiago parece salido de otra dimensión.
Y pensar que es este mismo personaje quien afirma, en su Epístola 1:1 ser:
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo.
Ni siendo, como él afirma ser, siervo del Señor Jesucristo, pudo asimilar nada de lo que su
Maestro dijo. Ni siquiera el respeto, humildad y buenas costumbres, pues qué es eso de llamarse el
mismo siervo de Dios y del Señor Jesucristo.
¡Cuánta falsa modestia, humildad y qué gran vanidad y orgullo de Santiago apóstol!.
En donde sí va muy bien encaminado Santiago es en el capítulo 2 versículo 14 de su Epístola,
pues nos dice:
Hermanos míos ¿de qué sirve que alguien diga que tiene fe si no tiene obras? ¿Acaso podrá esa
fe salvarlo?.
Ahora sí agarró la onda este apóstol pues ¿para qué sirve la fe? si aquel que se dice lleno de ella
de lo que lo está es, pero enfermizamente, atorado de orgullo y vanidad, de violencia e intolerancia, de
falsa modestia y acomplejado; está, escandalosamente lleno de fanatismo al creerse salvado y
sintiéndose a la derecha del Padre.

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Razones éstas tan poderosas que lo hacen olvidarse del mundo tan hermoso, material y
emocional que lo rodea y que lo hacen vivir alejado de la realidad de su medio ambiente.
Y nos remata Santiago, para finalizar el versículo, haciendo una pregunta que más parece una
fulminante afirmación.
¿Acaso podrá esa fe salvarlo?.
Y nos corresponde a nosotros agregar ¡ni esa fe ni ninguna otra lo salvará!, en todo caso la
pregunta es ¿salvarlo de qué?.
La fe es el relámpago efímero de las ilusiones, es el fuego que consume la razón del ser humano
y es el instrumento, por excelencia, que les sirve a los dirigentes y líderes para mantener sometidos a las
personas y tenerlos convertidos en las tristes piltrafas en que hoy y siempre hemos visto a la raza
humana caer en las redes de los demagogos y habla bonito.
¡Si hay algo que debemos detener y acabar es con la fe!.
Ahora, y para variar un poco, veamos otra de las muchas falsas promesas.
Leamos desde Juan 14:12 lo que Jesucristo nos deja dicho.
De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago, también él las hará; y aún
mayores que éstas, porque yo voy al Padre.
Y ¿qué importa que Jesús vaya al Padre?.
¡Qué hemos ganado con esta otra mentira!.
Nada, absolutamente nada.
¡Cuántos millones de incautos han sido embaucados con esta demagógica promesa!.
¿Cuántos, de esos fieles creyentes en las promesas de Unigénito, han hecho algo grande,
extraordinario y milagros? Y lo preguntamos porque seguimos con hambruna, violencias y exclusiones.
¿Qué pasó con la promesa que ha llegado a nosotros, nada más y nada menos que por medio
del discípulo bien amado, tal y como Juan se presenta?.
Y nos dice Jesús desde Mateo 6:7 y 8:
Y cuando estéis orando, no parloteéis sin medida, como los gentiles, que piensan que serán
oídos por su mucha palabrería. No os hagáis, pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de
qué cosas tenéis necesidad, aún antes que vosotros las pidáis.
¡¡¡¡¡QUÉ CRUEL!!!!!.
¡Qué pavorosamente cruel es Dios Nuestro Señor entonces!.
¡Qué malvado y ruin es el Padre de Jesucristo, el fatídico Dios de la Santa Biblia!.
Su propio hijo nos afirma, en el colmo de la más grande y delirante pantomima, primero que,
¿para qué orar, pedir y suplicar?; ya que no importan los gestos, las grandes exclamaciones ni tampoco
tienen que ver esos comportamientos tan absurdos con los que muchísimos aletargados cristianos
pretenden ser tomados en cuenta a la hora de la repartición de los premios.
Y segundo ¿para qué orar, pedir y suplicar? ¿para qué hacer grandes manifestaciones de fe y
demostraciones personales que uno es un gran cristiano practicante y temeroso de Dios padre? ¿para
qué ser buenos, tener fe, esperanza y caridad, hacer penitencia, pertenecer a una iglesia o religión? ¡para
qué hacer aspavientos de moralizadores y salvadores de almas!, si el propio Jesucristo nos está diciendo
que Dios Padre sabe las cosas que cada uno de los seres humanos necesitamos ¡aún antes de pedirlas!.
Si la cosa está así nos han estado baboseando y tonteando de lo lindo.
¡No hay necesidad de pedir, orar o rezar entonces!.
¡Nunca lo ha habido!.
Con esta lección del Maestro se nos está describiendo a un Dios lo suficientemente tonto,
estúpido y perverso a la vez, pues no hay de otra explicación. Y veamos por qué.
Tonto, ya que no hace caso a ninguna de las promesas ya dejadas.
Estúpido, por lo torpe y falto de inteligencia de no comprender nuestras penas y amarguras, las
que nos tienen sufriendo a mares.
Y perverso, porque nos cambia constantemente el bien por el mal.
Y, ante todo, si Dios Nuestro Señor sabe, según Jesús, de todo lo que necesitamos aún antes de
pedírselo y no nos lo da, así se lo hayamos pedido, entonces ese Dios de la Santa Biblia es sumamente
cruel y perverso.

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Y si la divinidad bíblica sabe de lo que necesitamos y aún así se ha hecho el loco desde los siglos
de los siglos, entonces es un ser totalmente desequilibrado y demente.
Y esta serie de cosas y situaciones son las que encierran la trampa psíquica en la que nos han
envuelto los gritones de púlpito, ya que dándonos e insuflándonos temor y miedo de ir al Infierno, ninguno
osamos tan siquiera a rebelarnos ante tamaña tomadura de pelo en que tan fácilmente nos han
embaucado.

HEMOS CAÍDO COMO BORREGOS


Hay que tomar una decisión en todas estas cosas.
Y hay que dejar a Jesús, más cruel y perverso que su Padre, por haber sido el portavoz de tantas
promesas divinas incumplidas, pero mejor dejemos a ambos por un lado y veámonos a nosotros mismos.
¡Qué atajo de borregos, estúpidos e ineptos hemos sido los seres humanos que tan
cándidamente nos hemos tragado esta falsa y cruel promesa!.
Porque ha sido falsa desde que se dijo y en el mismo instante en que Mateo la tomó para
hacerla parte de su Evangelio.
¡Qué razonamiento tan falso en el que descansa todo el edificio del cristianismo!.
Con razón es tan vulnerable.
Por falso.
¡Qué es eso de proclamar a los cuatro vientos que Dios sabe de las necesidades que tienen los
seres humanos, aún mucho antes de que se le pida!.
¿Para qué orar entonces?.
Si el diosesito de la Biblia, el Padre Nuestro según Jesús, ya sabe todo lo que necesitamos y lo
que deseamos, y si aún con esta promesa no hemos recibido nada, ya sea pidiéndolo, orando, como no
haciéndolo, eso significa que Yahvé de los Ejércitos queda muy mal parado y en entredicho ante la
feligresía.
Queda como lo que es.
Una simple proyección del traumatismo del ser humano
Y basta con recordar a Savonarola, cuando describe al dios de la Biblia diciendo terrible y
sanguinario como el hombre para confirmar lo que decimos.
Cómo hacerle saber a Dios Padre que lo que hemos necesitado siempre, los seres humanos, ha
sido superar el hambre, miserias, violencia y las limitaciones que nos imponen las terribles condiciones
del subdesarrollo.
Hemos necesitado que se supriman los líderes y guías espirituales, las iglesias y religiones y,
junto con los dogmas y rituales, que se acaben las promesas de redención, perdón divino y castigo
eterno.
Lo que verdaderamente necesitamos es amor, paz, comprensión y libertad; por supuesto que
también el respeto a los derechos individuales de los seres humanos.
En fin, lo que todos necesitamos, con la mayor de las urgencias, es que nos dejen en paz con
nosotros mismos; que nada ni nadie externo y ajeno a nosotros intervenga o influya en nuestra natural
evolución.
¿Sabrá el Dios del Antiguo Testamento, a quien tanto le hemos pedido y rogado por el alivio a
todas nuestras necesidades, todo esto?.
¿Se lo habrá dicho su Amado Hijo Jesucristo, que supuestamente está sentado a la derecha del
Padre?; puesto que Jesús vivió y murió, pero padeció todas las miserias y problemas ingentes de la
humanidad, y conoció directamente de la pobreza y de las grandes limitaciones que padecían las
personas.
Ahora bien, si Jesucristo no le ha dicho nada de estas cosas a Dios Padre, ¡ya nos fastidiamos de
por vida!.
¿A lo mejor esto es lo que pasó?.
Que no se diga que no hemos demostrado, como debe comprobarse, ese rotundo fracaso de la
oración y de las plegarias; así como el revés y fiasco de aquel que instituyó la tragicómica pantomima de
la petición al Padre y el desacierto y chambonada del que está en los cielos para satisfacer todas y cada
una de nuestras necesidades y deseos.

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La oración, Jesús que la instituyó y Dios Padre, son la chapucería en su máxima potencia.
Y quien piense lo contrario continuará en el fango de los necios y hundido, hasta la coronilla, del
terror sacro y en esclavitud emocional, física y energética.
Todos ellos, la oración y plegarias, Jesús el Cordero de Dios, Yahvé el diosesito perverso y
criminal de la Biblia y el fiel creyente en ellos, convertido en un iluso pedigüeño, no son más que un
sonoro fraude.
Además de un absurdo fracaso.
Pero con la libertad de culto y de conciencia que todos los países democráticos proclaman tener
y respetar, unido a la libertad de emisión del pensamiento, con mucho respeto tengo que decirles que lo
siento pero son un total fracaso.
Y allá ustedes mis hermanos confundidos y aletargados.
Que nadie venga tampoco ahora con el tan usado sonsonete que acostumbran los apologistas de
la nada y diga “tomando unas frases de la Santa Biblia por aquí y otras por allá, arreglando a su modo los
versículos de la Palabra de Dios, no es la manera correcta de hacer un estudió e investigación bíblica; y
menos aún una crítica a la Palabra Sagrada de Dios Padre”, porque tal defensa oficiosa es débil,
interesada y muy mal intencionada.
¡Reto públicamente a que me demuestren lo contrario!.
Entendamos, de una buena vez, que si un todo tiene partes malas y equivocadas eso sólo indica
que no es lo bueno, santo y hasta divino que nos habían asegurado lo era.
Y si en la Santa Biblia, la mal llamada Palabra de Dios, la guía de los cristianos desde hace
cientos de años y el Libro que más muertes ha ocasionado al tratar de imponerlo, encontramos allí
muchísimas equivocaciones, dobles sentidos, contradicciones, fraudes, tergiversaciones, personajes
falsos, promesas incumplidas, verdaderas a medias, mentiras completas y una larga lista de cosas
criminales, entonces la Biblia es una estafa.
La mal llamada Palabra de Dios no es toda lo buena como nos la habían impuesto.
Mucho menos toda lo perfecta que han clamado los guías espirituales, menos aún que sea la
Guía Maestra para cualquier cosa que nos suceda en la vida de los seres humanos; será, eso sí, ¡una
estafa más que la humanidad ha recibido!.
A la Palabra de Dios se le pide, por lo menos, que cumpla con tener sentido, tanto de orientación
como sentido ético.
¿Y qué sentido tienen esas múltiples matanzas, y el gozo en ello, realizadas personalmente por
Dios Nuestro Señor?.
¡Qué sentido tienen los grandes hartazgos de gorduras, vísceras y excrementos de animales por
parte de Yahvé y de sus preciosos ángeles!.
¿Qué sentido le podemos encontrar a los sacrificios pedidos y exigidos a sus fieles creyentes?.
¡En dónde está el sentido al habernos mandado a su Hijo Unigénito y que éste nos enseñe a orar
y que luego se nos diga que Dios ya sabe de nuestros deseos y necesidades aún antes que pidamos!.
¡Qué sentido tienen la oración, ritos y esa enmarañada serie de pantomimas en que ha derivado
el sencillo acto de recogerse adentro de uno mismo a meditar y que ha parado en rezar rosarios, novenas
y que culmina con repetir como loros el Padre Nuestro!.
¿De qué han servido tantas y tantas misas, actos litúrgicos, Te Deums, cultos, servicios,
procesiones, penitencias y todo lo demás?.
Miremos todos a nuestro alrededor y volvamos nuestra vista al pasado, tanto al reciente como al
lejano, y ¿qué observamos?; sencillamente que estamos iguales de jodidos.
Y estar igual es estar peor y muy mal, pues se supone que deberíamos de haber evolucionado
para adelante y para mejorar aunque sea con una pequeña diferencia.
Pero la diferencia, por mínima que hubiese sido, debería de ser para una mejoría; y la diferencia,
no mínima sino máxima que hay, es para peor.
Mírese usted mismo. Usted, yo y los demás estamos compartiendo con una inmensa mayoría de
seres humanos la ingrata miseria, la violencia, el hambre, tiranías, el desorden y la más cruel y
despiadada violación a los mínimos derechos individuales.

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Usted comparte también, no sólo con los actuales habitantes de la Tierra, sino con todos los que
la han poblado desde hace más de dos mil años, la desgraciada y cruel promesa de Nuestro Señor
Jesucristo; que se nos daría todo lo que pidiéramos ¡y aún antes de pedirlo!.
¡Qué mala broma nos han hecho y que tomadura de pelo nos dieron!.
Pero a la vez qué triste y qué decepción que hayan sido Jesús y el Padre Nuestro los
protagonistas de esta chasco y del más brutal de los engaños.
¿Gloria a Dios hermanos....?.
¡Podrán ustedes volver a decirlo!.
Yo creo que no, pero en fin usted tiene la última palabra ya que en asuntos de religión, política y
en deporte, como se dice coloquialmente, dependiendo como nos vaya en la procesión así respondemos.
Si a usted le ha ido muy bien y considera, quitándose un poco el egoísmo, que a los demás seres
humanos también, perfecto, siga adelante.
Amén.

AUTOR:
Willy Ruano
ruanowilly@yahooo.com
Investigador y escritor

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