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4º Encuentro de Educación Financiera

Ciudad de México, marzo 3, 2011

DESARROLLO, LIBERTAD Y EQUIDAD

EL ALCANCE DE LA EDUCACIÓN FINANCIERA

Amartya Sen

El gran poeta y escritor mexicano Octavio Paz, hizo esta maravillosa


observación:
―Leer un poema es escucharlo con los ojos; escucharlo es verlo con los oídos‖.
Un gran poema involucra a todas nuestras facultades. Simultáneamente,
somos informados, exaltados y energizados por la conmovedora naturaleza del
pensamiento que un poema nos puede transmitir. Yo creo que existe algo de la
calidad inspiradora de la poesía en la idea misma del desarrollo, la cual está
dirigida a hacer que la gente común y corriente tenga una vida de mayor
libertad y satisfacción. Por cierto, no es la deprimente y estrecha visión del
desarrollo que ofrecen algunos libros de texto de la economía dominante y que
se concentra solamente en el ingreso y en el producto nacional bruto (el PNB),
sino un entendimiento más amplio, en términos de expansión, de las libertades
humanas y las habilidades de los seres humanos.

Para lograr el desarrollo en este sentido más amplio se puede dar buen uso a
ingresos y productos nacionales y —como voy a discutir en este momento—
también a instituciones financieras buenas; sin embargo, el aspecto inspirador
del desarrollo no es de contabilidad financiera sino de valoración del
entendimiento. Para promover la educación financiera, la cual concierne
directamente a esta reunión, debemos ir mucho más allá de la solidez de las
finanzas; hacia la profunda importancia de la libertad del ser humano. Las
diferentes instituciones —financieras, económicas, políticas y sociales— que
pueden facilitar el desarrollo, deben ser evaluadas y diseñadas en línea con
nuestros objetivos básicos, los cuales son en última instancia lo que importa.

Debemos comprender estas preocupaciones, inclusive la potencial riqueza de


las vidas humanas tan a menudo empobrecidas por circunstancias que van
más allá del control del individuo, y considerar los diferentes instrumentos,
tales como prestaciones y educación financiera que ayuden a avanzar hacia la
justicia social y la imparcialidad.
Se debe captar primero la poesía del desarrollo, y esto debe guiar la prosa de
las instituciones, los acuerdos y el aprendizaje. La prosa debe ser buena —la
junta de hoy es mayormente acerca de eso—, pero también debe estar
inspirada y motivada por la visión de un mundo mejor con una mayor libertad
humana.

Durante mucho tiempo se ha debatido la relación entre libertad y desarrollo, de


manera explícita o por implicación. Mientras algunos ven la libertad como un
gran aliado del progreso, otros temen la libertad individual como algo que echa
a perder el desarrollo y que es la fuente de la adversidad. El último grupo
puede contemplar creencias dispares sostenidas por escuelas de pensamiento
diferentes (y a menudo en conflicto), con muy diferentes diagnósticos del
supuesto veneno: derechos democráticos, libertad de transacciones de
mercado u oportunidades sociales básicas (tales como la emancipación que
involucra a las mujeres para ser instruidas). Su recelo común hacia la libertad
puede dirigirse hacia la propugnación —e imposición— de la falta de libertad de
uno u otro tipo en los campos políticos, económicos y sociales.

Es importante rebatir, de manera integral y congruente, las diferentes


manifestaciones del escepticismo acerca de la libertad, las cuales se pueden
encontrar en abundancia en nuestro mundo contemporáneo; he intentado
contribuir a esa tarea con un libro llamado Desarrollo y libertad. En contraste
con cada una de estas vistas diferentes, un buen punto de inicio para el análisis
del desarrollo puede ser el reconocimiento básico de que la libertad es (1) el
objetivo primario y (2) el medio principal para el desarrollo.

El primero es un reclamo evaluativo e incluye el reconocimiento del principio de


que el desarrollo no se puede divorciar de las vidas que las personas lleven y
de las libertades reales de las cuales puedan disfrutar. El desarrollo no puede
ser visto simplemente en términos de mejora de objetos inertes de
conveniencia, tales como un aumento en el PNB (o en los ingresos
personales), o en la industrialización, o en el progreso tecnológico, o en la
modernización social. Por supuesto que éstos son logros valiosos —a veces
crucialmente importantes—, pero su valor debe depender de lo que puedan
hacer por las vidas y las libertades de las personas involucradas.

Sin embargo, la relación entre libertad y desarrollo va mucho más allá de esta
conexión constitutiva. La libertad no es solamente el destino final del desarrollo,
también es un medio crucialmente efectivo. Este reconocimiento puede estar
basado en un análisis empírico de las consecuencias de —e interconexión
entre— libertades de diversos tipos y en la evidencia de que las diferentes
libertades normalmente ayudan a sostenerse entre sí. La habilidad real que una
persona tenga para lograr algo se ve influida por oportunidades económicas,
libertades políticas, prestaciones sociales y por las condiciones habilitantes de
tener buena salud, educación básica y por el refinamiento de iniciativas. Estas
oportunidades son en gran medida mutuamente complementarias y tienen la
tendencia a reforzar el alcance y uso de cada una.
El punto de vista centrado en la libertad del desarrollo tiene varias ventajas
sobre las visiones más convencionales. Primero, proporciona una base más
profunda de la evaluación del desarrollo, permitiendo que nos concentremos en
el objetivo de la libertad individual, en lugar de en los medios cercanos tales
como el crecimiento del PNB o el progreso de la industrialización o la
tecnología. La mejoría de vidas y libertades tiene una relevancia intrínseca que
la distingue de, por decir, el aumento de productos básicos o de otros
materiales de conveniencia.

Segundo, ya que las libertades de diferentes tipos contribuyen a mejorar otras


clases de libertades, el punto de vista centrado en la libertad ofrece también
una percepción decisiva. El enfocarnos en las interconexiones entre los
diferentes tipos de libertades nos lleva mucho más allá de la estrecha
perspectiva de ver a cada tipo de libertad de manera aislada.

Vivimos en un mundo de muchas instituciones (que involucran al mercado, la


banca, el gobierno, el sistema judicial, los partidos políticos, los medios,
etcétera); debemos ver cómo se pueden complementar y fortalecer entre sí en
vez de estorbarse.

Tercero, esta amplia perspectiva también nos permite distinguir entre (1)
intervenciones represivas del estado para sofocar la libertad, la iniciativa y la
empresa y para agobiar la acción individual y la acción cooperativa y (2) el
papel de apoyo del estado para aumentar las libertades efectivas de los
individuos (por ejemplo, en proporcionar educación pública, cuidados de salud,
redes de seguridad social, buenas políticas macroeconómicas y en
salvaguardar la competencia industrial y la preservación epidemiológica y
ecológica.

Finalmente, el punto de vista centrado en la libertad captura el papel


constructivo de la libre acción humana como mecanismo de cambio. Difiere
radicalmente de ver a las personas como beneficiarios pasivos de programas
de desarrollo maliciosos. La necesidad de sobreponerse a esa imagen
engañosa del desarrollo es, hoy en día, tan fuerte como nunca.

En esta búsqueda, ¿en qué medida se puede recurrir a la literatura filosófica de


la justicia? Yo creo que podemos hacer buen uso de esta importante rama del
razonamiento humano, pero para hacerlo de manera adecuada pienso que
tenemos que ir más allá de la corriente dominante de las teorías filosóficas de
la justicia. Habiendo discutido mucho en contra de la dependencia en la
corriente dominante de la economía, me temo que también debo discutir en
contra de la corriente dominante de la filosofía.

La filosofía vigente de la justicia depende mucho de una manera particular del


pensamiento, la cual fue iniciada por Thomas Hobbes en el siglo XVII. Esto nos
dirige a una concentración abrumadora para identificar acuerdos sociales
perfectamente justos y que toman el papel de ―instituciones justas‖ como el
principal —y a menudo único identificado— deber de la teoría de la justicia.
Este modo de ver la justicia está entretejido de diferentes formas de la idea de
un ―contrato social‖ imaginado —un contrato hipotético del cual, se supone, la
población de un estado soberano debe ser parte. Thomas Hobbes hizo, en el
siglo XVII, grandes contribuciones en esta línea de pensamiento; y después
John Locke, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant, entre otros (Kant en
particular también ofreció ideas que fueron mucho más allá del recurso de un
supuesto contrato social). El enfoque del Contractualismo se ha convertido en
la influencia dominante en la filosofía política contemporánea. Dirigida por el
filósofo político más prominente de nuestro tiempo, John Rawls, presenta una
declaración definitiva del acercamiento del contrato social a la justicia con su
libro A Theory of Justice, publicado en 1971.

En contraste, grandes pensadores del Progresismo (por ejemplo, Adam Smith,


el Marqués de Condorcet, Mary Wollstonecraft, Karl Marx, John Stuart Mill)
tuvieron acercamientos que difieren unos de otros, pero que comparten el
interés común de hacer una comparación entre las diferentes formas de la vida
de las personas, influidos por las instituciones laborales, su conducta real, sus
interacciones sociales y otros factores que tienen un impacto importante en lo
que sucede en realidad. Es probable que estos autores no se encuentren en lo
que actualmente se considera la filosofía dominante, pero han explorado lo que
es, a mi entender, una perspectiva particularmente importante para comprender
los asuntos de la justicia en el mundo.

Si debemos estar concentrados en la vida real de las personas, la pregunta que


surge de inmediato es cómo entender la riqueza y la pobreza de las vidas
humanas. El análisis que he tratado de alcanzar va enfocado mayormente en la
libertad que las personas pueden disfrutar. Esto difiere claramente de muchos
otros enfoques en la evaluación de la petición de justicia, por ejemplo, buscar la
satisfacción de ciertos derechos formales que deberían tener las personas (en
los cuales se enfocan los libertarios institucionales), sin importar si esos
derechos se pueden ejercer realmente. Es claro que muchos de estos
derechos pueden tener una regla instrumental para fomentar más vidas libres,
pero la búsqueda de la justicia no puede detenerse ahí. Es tranquilizador, por
ejemplo, saber que el Estado o cualquier otra instancia no impediría a un
indigente ir a Capri o a Acapulco a disfrutar de unas vacaciones. La sociedad
debería ir un poco más allá en el aseguramiento del derecho del individuo de
hacer para sí mismo lo que pueda y plantearse qué puede hacer de manera
razonable para facilitar la libertad de las personas para alcanzar aquello que
valoran.

Si es que es importante el no restringirse por la interpretación de la libertad


dentro del libertarianismo institucional, la necesidad de ir más allá de la métrica
mental de lo utilitario conformado por la satisfacción de deseos es, en efecto,
otro asunto importante.
El ejercicio de evaluación, teniendo en cuenta las libertades reales de las
personas, no se puede evitar solamente por estar concentrados en algunas
características de la reacción mental, como el placer, la felicidad o el
cumplimiento de los deseos y tal como los Utilitaristas desde Jeremy Bentham
en adelante han propuesto. Aún si los desposeídos crónicos; por ejemplo los
pobres sin esperanza o los desempleados crónicos o las amas de casa
subyugadas aprenden a conformarse y a aceptar gustosamente sus estilos de
vida de privación (los desprotegidos sin esperanza de liberación, a menudo
tratan de seguir siendo así, para hacer frente a lo inexorable de las privaciones
involucradas), esa alegría cultivada no va a eliminar la privación real que van a
continuar sufriendo.

Existen muchas dificultades a vencer y problemas a resolver en la búsqueda de


la perspectiva de la libertad. La libertad tiene varios aspectos —varias caras—
y es necesario distinguir entre ellas y elegir el enfoque del análisis dependiendo
de la naturaleza del problema a solucionar. Por ejemplo, al tratar el problema
de la tortura y su inaceptabilidad como medio hacia otros fines supuestamente
más importantes (llevados a cabo en el mundo contemporáneo por varias
potencias, que incluye a algunos líderes del establishment global), lo que sería
particularmente importante es ver aquí la importancia de los aspectos
libertarios clásicos de la libertad que discuten la inmunidad del ser humano de
la imposición forzada de dolor y humillación a manos de terceros, incluido el
estado.

Otros aspectos de la libertad son de mayor importancia cuando el enfoque es


en los temas de ventajas económicas y sociales y en general, en la inequidad
de las vidas que las personas pueden —o no— llevar en cualquier sociedad.
Estos aspectos de libertad pueden ser capturados mejor por una evaluación
más completa de lo que se denomina en la nueva literatura ―capacidad‖, la cual
refleja las oportunidades reales que tiene la persona para hacer o ser lo que
valore ser o hacer. Obviamente, es particularmente importante para nosotros
poder conseguir lo que más valoramos, pero la idea de libertad también respeta
nuestra libertad de decidir lo que queremos, a qué le damos valor y, en última
instancia, lo que decidimos elegir.

Es muy fácil confirmar que los medios como el ingreso y otros recursos, a
pesar de ser valiosos en la búsqueda de capacidades, no son indicadores por
sí mismos de las capacidades y libertades que la gente tiene realmente. Las
oportunidades reales que las diferentes personas disfrutan son mayormente
influidas por la variación de las circunstancias individuales (por ejemplo,
discapacidad, propensión a las enfermedades, talentos especiales, género,
maternidad y también por diferencias en el ambiente natural y social (por
ejemplo, condiciones epidemiológicas, contaminación, predominio de crimen
local). En estas circunstancias, la concentración exclusiva de desigualdad en la
distribución del ingreso no se entiende —incluso en la desigualdad económica,
ampliamente definida.
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Veamos un ejemplo. El ser discapacitado tiene un doble efecto, al reducir la


capacidad de ganar dinero (lo que se llama ―discapacidad de obtener un
ingreso‖) y al hacer más difícil el convertir el ingreso en buena vida, a causa del
costo de prótesis y de la necesidad de ser asistido, y la imposibilidad de
corregir por completo ciertas desventajas ocasionadas por la discapacidad (lo
que se llama ―discapacidad de conversión‖). Por ejemplo, una persona que se
ha invalidado debido a un accidente o una enfermedad puede requerir
asistencia, o uso de una prótesis o ambas cosas; y, aún así, probablemente la
persona no podrá moverse libremente como alguien sin alguna discapacidad.
La discapacidad de conversión se refiere a la desventaja que tiene una persona
discapacitada de convertir el ingreso en una buena forma de vida.

Un sistema de remoción de la pobreza que se concentra únicamente en los


bajos ingresos, especialmente si es que ingreso de la persona o el de su familia
está por debajo de la líneas de pobreza (y este es el enfoque en todo el
mundo), va a atacar la discapacidad de obtener un ingreso, pero no la
discapacidad de conversión, y esto podría hacer que un programa de
mitigación de pobreza sea fundamentalmente inadecuado e inefectivo.

Voy a ilustrar la influencia de la discapacidad de conversión con algunos


resultados de estudios sobre la pobreza en el Reino Unido, obtenidos por
Wiebke Kuklys, brillante y joven estudiante en Cambridge, en su esclarecedora
tesis de doctorado (trágicamente murió a causa de un cáncer muy agresivo al
poco tiempo de terminar su tesis).

Kuklys encontró, tomando como línea de corte el 60 por ciento del ingreso
nacional medio en Gran Bretaña, que el 18 por ciento de los individuos vivían
en familias con un ingreso por debajo de la línea de pobreza. Si ponemos
atención ahora a las familias con una persona discapacitada, el porcentaje de
los individuos que viven con un ingreso por debajo de la línea de la pobreza
se eleva a 23. Esta brecha de cerca de cinco puntos refleja en buena parte la
discapacidad de obtener un ingreso que se asocia a la discapacidad de algún
miembro de la familia y a la desventaja de poder ganar dinero que tienen los
demás miembros que deben cuidar del discapacitado.

Si ahora se presenta la ―discapacidad de conversión‖ y se toma nota de la


necesidad de obtener más ingresos para mejorar en todo lo posible las
desventajas de la discapacidad (con prótesis y otras soluciones que la
contrarresten), la proporción de individuos en familias con algún discapacitado
sube a 47 por ciento – 24 por ciento más alto que la proporción de pobreza de
23 por ciento, esto es cuando se anota solamente la discapacidad de obtener
un ingreso pero no de la discapacidad de conversión.

La dimensión de la pobreza aún en los términos de ingresos inadecuados, sin


dejar de mencionar los aspectos irremediables de las desventajas de los
discapacitados (sin importar qué tan buena sea la prótesis) es debido a que la
discapacidad de conversión, en la cual se concentra la estadística estándar de
la pobreza, queda muy atrás de la discapacidad de obtener ingresos. Esto
puede ocasionar que los programas estándar de mitigación de la pobreza sean
inadecuados, unilaterales e injustos.

Debemos involucrarnos en la capacidad total de cualquier persona para


disfrutar de la clase de vida a la que tiene derecho; esto requiere de poner
atención a las características personales y de su ambiente, más que a las
estadísticas en los ingresos.

Por supuesto, la naturaleza de cada problema económico o social serio puede


ser influida de manera significativa al darle la importancia a la libertad y a las
capacidades. Este requerimiento aplica también al alcance y al contenido de la
educación financiera y al diagnóstico de la necesidad de instrumentos
financieros para mejorar la vida de las personas.

¿Y qué hay acerca del poder, otro concepto al que se refieren mucho en las
discusiones políticas? Debería ser obvio que el poder de diferentes formas es
una idea similar a la capacidad. Decir que una persona es impotente para
revertir la negligencia a la que es sujeto se puede traducir al lenguaje de la
capacidad; no es capaz de revertir la negligencia que sufre. Aquí hay muchos
intereses comunes.

A pesar de todo, existe una fuerza evocadora y una fuerza retórica en el


lenguaje del poder que la palabra capacidad, la cual en realidad es un término
de arte, no puede igualar por completo. Me impresiona, por ejemplo, darme
cuenta de que Henry Kissinger hizo el trascendental diagnóstico (tal como lo
reporta The New York Times): ―El poder es el gran afrodisíaco‖. Es probable
que el comentario nos revele más acerca de Henry Kissinger que acerca del
poder, pero hay aquí un serio problema. El papel del poder se ve de manera
muy distinta desde la perspectiva de los muy poderosos de lo que se ve desde
la posición de ser impotente y oprimido. Son la represión y la impotencia
involucradas en estas perspectivas las que son particularmente relevantes para
la ética social de justicia y equidad.

A pesar de que la idea del poder desde ambas perspectivas puede ser, en un
sentido analítico, colocada dentro del marco de las capacidades, no es más
que una proposición formal. En realidad, el lenguaje del poder puede ayudar a
encaminarnos a un mejor entendimiento de un mundo dividido, además de
generar una evocación de importancia crítica y, además, a un enojo justificado.

Por ejemplo, la cólera y la amarga ironía de Mary Wollstonecraft acerca de la


jerarquía de género jugó un papel muy positivo en la demanda de atención al
tipo de razonamiento frío ofrecida en 1792, en su libro Vindication of the Rights
of Women.
Cuando el fracaso de la capacidad está relacionado con ser aplastado por las
acciones contrarias de otros sucede algo más que la pérdida de la capacidad,
la cual debe estar presente en un sólido análisis político. No es de sorprender
que aquellos que están particularmente preocupados con el desacuerdo y la
necesidad de confrontación tienen la tendencia a utilizar la retórica del poder
refiriéndose, por ejemplo, a la dominación de las clases reguladoras en las
sociedades estratificadas o del hombre sobre la mujer en las culturas sexistas.

Veamos los comentarios de Steve Biko acerca de la ―impotencia‖ durante el


apartheid en Sudáfrica durante los años 70: estos comentarios fueron
mencionados en su juicio en 1976, no mucho antes de que el régimen del
apartheid lo matara. Biko dijo con evidente frustración, pero con gran
percepción: ―La impotencia se genera en una raza de pordioseros que le sonríe
al enemigo y lo maldice a sus espaldas, que grita de buen grado ―Baas‖
(patrón) durante el día y llama perro al hombre blanco en el transporte cuando
va rumbo a casa‖. Si la falla de la capacidad de cualquier tipo es preocupante,
lo que concierne a la incapacidad de actuar libremente o de hablar de manera
abierta debido al poder de otros es de especial urgencia y de importancia
política.

Tomemos en cuenta el famoso comentario de Aneurin Bevan, el cual Michael


Foot señala para nuestra atención en su maravillosa biografía de Bevan: ―El
propósito de la obtención del poder es ser capaz de regresarlo‖. Esta
observación podría parecer un acertijo, pero se puede usar para marcar
algunos puntos poco usuales, como el mismo Bevan hizo. Tengo la tendencia a
tomar el comentario como la expresión elocuente del hecho de que los
desamparados de la sociedad podrían buscar el poder, no tanto para usarlo —y
no particularmente sobre otros—, sino para asegurar que otros no tengan
poder sobre ellos. Tener el poder y no usarlo es muy diferente a no tener
poder.

La perspectiva del poder puede ser particularmente importante para la


capacidad generada por los servicios financieros y el conocimiento versus la
explotación —incluso contra el engaño— por parte de los más privilegiados.
La perspectiva del poder encaja de manera firme dentro del alcance de la
capacidad, que apunta hacia la importancia de tener la libertad de hacer algo si
uno elige hacerlo. Debemos añadir el reconocimiento de que el lenguaje del
poder puede ser muy efectivo para llamar la atención sobre los aspectos de la
confrontación de las interdependencias involucradas en las relaciones sociales.
Esta es una preocupación importante para el avance de la libertad y la
capacidad, ya que las sociedades involucran conflictos de la misma manera
que la unión y el apoyo mutuo.

Termino esta presentación con algunos comentarios acerca de la educación


financiera. ¿Por qué preocuparse por la educación financiera? Es una pregunta
importante, aun cuando nos comprometemos a ampliar la educación financiera
y el conocimiento.
El primer tema a reconocer es la liga constitutiva cerrada entre la educación
financiera por un lado, con la libertad, capacidad y poder por el otro. El
conocimiento resalta la libertad y da poder a la gente impotente, esta conexión
básica es el tema central en la educación financiera. Una persona puede ser
impotente debido a la pobreza extrema y a la indigencia, y debemos ver el
papel que juega el conocimiento financiero para hacer que una persona tenga
mayores medios y ganancias. Sin embargo, hay personas que tienen algunos
medios y aún así fracasan porque no saben cómo utilizarlos.

El desarrollo de una cultura financiera —en la cual Banamex ha puesto mucho


énfasis— puede ser muy importante y también muy dependiente de la
obtención del conocimiento y entendimiento que permite el uso prudente de lo
que se posee. Hasta el punto en que esto restrinja la libertad y capacidad de
las personas, éste puede ser un problema importante a atacar en la agenda de
desarrollo. En este sentido, la educación financiera es importante para los
usuarios de los servicios financieros y para todos aquellos que podrían
utilizarlos, si los tuvieran disponibles. Este grupo está formado por casi toda la
población de cada nación y es, en realidad, una tarea ambiciosa.

El segundo tema es si la educación financiera es importante para los usuarios


actuales y potenciales de las instituciones financieras, es también
extremadamente importante para las instituciones de planeación y
administración de las instituciones de las cuales van a depender los usuarios.
Si el uso exige conocimiento y educación, también lo demanda el difícil arte de
implementar instituciones apropiadas y disposiciones para facilitar su uso, y a
través de esto, avanzar en las libertades y capacidades humanas.

Por ejemplo, la desventaja de la discapacidad de la cual hablé anteriormente,


requiere de especial atención y es muy importante, ya que en el mundo una
persona de diez tendrá discapacidades de algún tipo. El terrible abandono de
las personas con problemas físicos o mentales a menudo es reflejo de la
ignorancia más que de la vileza humana.

Tercero. Muchas de nuestras actividades no solo tienen influencia en nuestras


vidas, sino en las de los demás. Hay una presencia ineludible de la sociedad en
nuestras decisiones individuales. Tener una visión social positiva y constructiva
de las instituciones puede ayudar a mejorar la configuración de las relaciones
interpersonales. Por supuesto, el mecanismo del mercado es una parte
importante de dichas relaciones y necesita de ayuda cuando surgen barreras
innecesarias (que emergen de la falta de confianza financiera o económica),
sino que también necesita ser dominada cuando las decisiones basadas en los
mercados afectan la vida de terceros. El mecanismo del mercado puede ser un
enorme motor de progreso, y mientras que ése papel de los mercados necesita
de reconocimiento y apoyo, el papel constructivo de los mismos no elimina las
limitaciones de las actividades meramente basadas en el mercado cuando
están orientadas hacia ganancias personales, a menudo excluyendo las
grandes inquietudes de la ética social. También existen otras relaciones
interpersonales que funcionan por fuera del mecanismo del mercado (aquellos
que, por ejemplo, gobiernan voluntariamente la cooperación social) y también
se merecen la atención a su trabajo por parte de los planeadores financieros.
Cuarto. Actualmente existe una preocupación justificada acerca de la
destrucción del medio ambiente, que resulta de la actividad humana, y la
educación financiera debe tomar nota de la posibilidad que sucesos
ambientales adversos puedan ser generados por algunas actividades apoyadas
por algunos servicios financieros. La educación financiera debe incluir
entrenamiento para el escrutinio crítico de las actividades apoyadas desde el
punto de vista de la conservación ambiental y del desarrollo sustentable,

Para finalizar, la equidad es un valor social importante, que debe ser parte de la
evaluación de cualquier paquete de soluciones financieras. No estoy hablando
acerca de un mundo imaginario de igualitarismo, sino de la necesidad de
reconocer que la presencia de grandes desigualdades en la libertad de
diferentes personas (por ejemplo, raza, clase, género, casta) puede ser moral y
políticamente inaceptable y equivocada. También pueden ser socialmente
perturbadoras, ha quedado claro en una investigación reciente (por ejemplo,
del profesor Michael Marmot y otros), que la desigualdad social y económica
puede ser perjudicial para la salud —y para la probabilidad de supervivencia—
de los desposeídos de la sociedad.

La educación financiera debe tomar en cuenta todas estas preocupaciones y


ansiedades interdependientes. En el contexto de la lectura de la poesía,
Octavio Paz, a quién cité al principio de esta conferencia, pensaba que
escuchar poesía nos hace ―ver con los oídos‖. En un contexto más
desalentador —acerca de la pobreza y la desigualdad— William Shakespeare
ha invocado las mismas imágenes. El Rey Lear le dice a Gloucester el ciego:
―¿Puede un hombre ver sin ojos cómo anda el mundo?‖ y continúa el Rey Lear
diciéndole a su amigo ciego: ―mira a aquel juez que se está riendo del crimen
de aquel ladrón. Presta oído: cámbiate de lugar con él y ¿quién es el juez?
¿Quién el ladrón? Lear le pide con insistencia a Glocester, ―Sin duda ves con
las orejas.‖

Los facilitadores financieros, inspirados por la visión de la justicia social, deben


ver el mundo desigual en el cual vivimos y deben tratar de confrontar —hasta
donde se pueda— la injusticia involucrada en los estratos sociales. Aún los
altos rangos de la sociedad tienen más dinero para invertir y están más
involucrados con las finanzas; sin embargo, la libertad de los desposeídos debe
ser una parte importante del compromiso de la educación financiera que
combina justicia con eficiencia.

El tema subyacente de la reunión de hoy es intrincado, a la vez que


profundamente importante.

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