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Te hablo de Alto Velo (3 de 3)

Por Pedro Taveras

Una aclaración necesaria.

En la primera entrega de este trabajo hablamos de la aventura de llegar a Alto Velo, el peligro de
abordar un ligero bote; en la segunda parte nos referimos a su importancia como espacio de la
biodiversidad dominicana; y en esta última trataremos sobre el valor histórico de tan pequeña isla.

De esta pequeña porción de tierra ubicada en el Mar Caribe se conoce poco. A pesar de que de ella se
extrajo miles de toneladas de guano y fue centro de un conflicto diplomático entre las autoridades
norteamericanas y las criollas, muy pocos dominicanos saben de qué se trata, salvo aquellos que
recuerdan cuando en la escuela nos dejaban la tarea de investigar con cuántas islas y cayos adyacentes
contaba nuestro país. El resto ha sido ignorado y olvidado, sobre todo su importancia histórica para la
República Dominicana.

Vanguardia del Pueblo, órgano de información del Partido de la Liberación Dominicana, fundado por
el Profesor Juan Bosch al final de los años 70 del siglo pasado, publicaba unos escritos que trataban del
conflicto del guano en América, (1) y en especial del Caribe, los cuales nos vemos en la necesidad de
citar, porque como decía ese periódico: el pueblo dominicano tiene que conocer la historia del guano
porque “está manchada por la sangre de las agresiones… y esa historia Vanguardia está en el deber
de darla a conocer a sus lectores porque, como otros, es un capítulo casi desconocido de la historia de
América” (El Guano de las Aves. Vanguardia del Pueblo del 14 de marzo de 1978. Año 5, No. 178,
pág. 6)

Les recuerdo que volví a tener el tema de Alto Velo en mi mano y cabeza por el contacto físico con
esta isla, al acompañar al ing. Carlos Rijo, a los biólogos Nelson García Marcano y a Denia Veloz a un
viaje, en el 2010, como parte del monitoreo de aves que hace el Ministerio Ambiente en la zona. Ellos
con sus venas de investigadores me han dado la fuerza mental para hablar sobre ella.

Una nota que no debe quedarse sin subrayar es la utilidad que tiene el libro de Charles Callan Tansill,
Los Estados Unidos y Santo Domingo 1798-1873. Un Capítulo en la Diplomacia del Caribe (2) un
estudioso de la política exterior norteamericana, quien trata el asunto de Alto Velo, a quien él llama
Alta Vela como le llamaron los cronistas de indias a esta pequeña isla, en su libro, hace uso de más de
1000 citas de documentos y dedica un capítulo para dilucidar sobre Alto Velo y las contradicciones que
se daban entre las mismas autoridades norteamericanas, señalando a la diplomacia del ex Secretario de
Estado Jeremiah Black del gobierno de Buchanan, como un “oficio siniestro” con una gruesa
documentación que lo llevó a emplear 96 consultas bibliográficas, constituyendo este volumen una obra
indispensable para el conocimiento de nuestra historia.

El Naciente Imperio Norteamericano y La Importancia del Guano.

La importancia que tenía la región del Caribe en la segunda mitad del siglo XIX para una parte de los
agricultores norteamericanos era por la presencia, en muchas de sus islas y cayos, del guano, que es el
excremento de gaviotas, bubies, alcatraz, piqueros y otras aves marinas que consumen millones de
toneladas de diferentes especies de peces y que en número de millones de aves han poblado islas y
cayos por cientos de años, constituyendo grandes depósitos de uno de los mejores fertilizantes del
mundo. Su nombre de se deriva de guanay, una ave del Perú. (El Guanos de las Aves, Vanguardia del
Pueblo del 14 de marzo de 1978…)

Por poseer esta región grandes depósitos de guano, así como por el interés de Estados Unidos de ondear
su bandera el Caribe fue y sigue siendo un escenario de numerosos conflictos entre norteamericanos y
autoridades locales con algún tinte nacionalista, entre los mismos americanos y entre estos con otros
imperios, en su interés de apoderarse de las riquezas naturales de esta región y el control político,
propició ocupaciones de territorios a como diera lugar.

Juan Bosch, en su libro sobre la frontera imperial, nos dice: “El Caribe está entre los lugares de la
tierra que han sido destinados por su posición geográfica y su naturaleza privilegiada para ser
frontera de dos o más imperios. Ese destino lo ha hecho objeto de la codicia de los poderes más
grandes de occidente y teatro de la violencia desatada entre ellos.” (Juan Bosch, De Cristóbal Colón a
Fidel Castro. El Caribe Frontera Imperial. Doceava edición, Secretaría de Estado de Educación, Santo
Domingo, 2005)

¿Qué significaba el guano o estiércol de aves marinas de Alto Velo o Alta Vela para la economía
agrícola norteamericana de aquella época?

El significado que tuvo este fertilizante para los norteamericanos lo describe Charles Callan Tansill,
citando a Roy F. Nicols en su libro Latin American Guano Diplomacy, cuando dice:

“Para comprender este asunto de Alta Vela es necesario hacer una breve referencia a la historia
de la agricultura norteamericana durante las décadas centrales del siglo XIX. El agotamiento de la
tierra era un factor contra el cual debían luchar muchos agricultores del Este y del Sur, y no tardó en
reconocerse que uno de los mejores fertilizantes asequibles entonces era el guano. La fuente principal
de este fertilizante estaba representada por un grupo de islas (Islas Chinchas) cercanas a la costa del
Perú, pero los precios monopolísticos encarecía demasiado al guano para el agricultor promedio nor-
teamericano, y se inició la búsqueda de otras fuentes de abastecimiento. No tardó mucho antes de que
se descubriera guano en algunas de las islas más pequeñas del Caribe. La urgente necesidad de
fertilizantes baratos existente en los Estados costeros orientales norteamericanos provocó un creciente
interés en la adquisición de estas islas. Como reacción, a esta exigencia popular el Congreso aprobó
una ley (18 de agosto de 1856) que legalizaba la reivindicación de ciudadanos norteamericanos de las
islas desocupadas en que había depósitos de guano” (Los Estados Unidos y Santo Domingo. 1778-
1873. Un Capítulo en la Diplomacia del Caribe…, páginas 344 y 345 paréntesis de la cita)

Para mediados del siglo XIX, las tierras cultivables del este y del sur de los Estados Unidos no
producían lo suficiente para satisfacer los planes y las necesidades de la burguesía agrícola del país,
que gestionó la aprobación de la llamada ley del guano. Esta ley garantizaba bajos precios en la
obtención del fertilizante con relación a los productos artificiales que usaban en sus plantaciones de
maíz, algodón, tabaco, arroz y otros. (Caso de Alto Velo, Vanguardia del Pueblo, miércoles 4 de abril
de 1979.)

El guano ha sido de amplio uso entre los agricultores del mundo. En la actualidad se le sigue dando
uso, aunque está prohibido su explotación en Alto Velo y en el resto de la nación dominicana, en
muchos países, existen programas de aprovechamiento y manejo, permitiendo la extracción en periodos
de no menos de siete años.

A la llegada de los españoles a esta tierra ya era una materia de alto valor entre las poblaciones
indígenas. “ …la importancia de la utilización del guano ha sido tomada desde los tiempos
precolombino; tanto así, que los incas, los antiguos indígenas del Perú, no se limitaron a regular su
distribución entre las provincias del imperio, sino que quien ponía en peligro la conservación de las
aves guaneras era condenado a muerte” ( El Guano de las Aves, Vanguardia del Pueblo del 14 de
marzo de 1978...) Negritas mías, pt ) El español de la conquista y colonización de América no prestó
mucha atención al guano porque su interés estaba en la búsqueda del oro en las minas y los aluviones
más que en el cultivo de la tierra.

Los empresarios recolectores de guano se empecinaron en saquear las pequeñas islas caribeñas y, no
conforme con esa explotación, apoderarse de ellas para ondear su bandera de estrellas, como terminó la
isla de Navaza, ubicada en el triángulo que forman Jamaica, Cuba y Haití, país al cual pertenece; y
como lo hicieron, también con Alto Velo por breve periodo, no importó que ese gobierno fuera de
Pierce, Lincoln, Buchanan, Johnson o Grant, cuatro gobiernos que se sucedieron en EE.UU. entre las
décadas del 50 al 70 del siglo XIX.

Lo primero que hicieron los americanos fue promulgar una ley que protegiera a esos empresarios y al
mismo tiempo le permitiera a Estados Unidos quedarse con esos territorios. Así surgió la Ley del Guano
que plantea: “…cuando un ciudadano de los Estados Unidos descubra depósitos de guano en cualquier
isla, roca o cayo que no se encuentre dentro de la jurisdicción legítima de ningún otro gobierno y tome
posesión pacífica de esta mediante su ocupación, dicha isla, roca o cayo podría a discreción del
presidente (de los americanos) considerarse perteneciente a los Estados Unidos”. (La Ley del Guano.
Vanguardia del Pueblo, No. 60 edición del 1 al 10 de noviembre de 1976, Pág. 6, paréntesis míos, pt)

El interés desmedido por el abono orgánico lo llevó a tener grandes conflictos en América del Sur, a lo
que muchos llamaron la Guerra del Guano, donde hubo que resistir de manera violenta. El caso más
conocido fue el enfrentamiento con Perú por el guano de las islas Chichas y Lobos.

El conflicto por el guano se extendió a toda América, más intenso en El Caribe, donde era menos
costosa su recolección y transporte. Eso significó que los países con grandes depósitos del fertilizante
se vieran afectados por la presencia de los norteamericanos, como fue el caso de Alto Velo, una
pequeña isla de no más de 1.5 km cuadrados, perteneciente a la República Dominicana.

Así como República Dominicana vivió los enfrenamientos con los norteamericanos por la presencia del
guano en Alto Velo, también lo vivió México con las islas Arenas y Arcas situadas en el golfo;
Venezuela con la isla Aves, en la cercanía de Dominica; Cayo Verde por Inglaterra; Haití por Navaza,
la cual se encuentra a 160 km de la base de Guantánamo y a unos 60 km de la costa haitiana; en la
actualidad en mano norteamericana, bajo la administración del Servicio de Pesca y Vida Silvestre, en
condición de área natural protegida como Reserva y Colombia por islas Chichas (El Guano de Las
Aves. Vanguardia del Pueblo…)
La lucha por Alto Velo.

La situación de Alto Velo para los años 60 del siglo XIX, a decir de Cazneau, el agente norteamericano
que hacía gestiones para que los empresarios de la compañía Patterson y Murguiendo o Murgiondo de
Baltimore se quedaran con el guano, era que había sido saqueada por el enfrentamiento entre
dominicanos y haitianos, insistiendo en que era una isla abandonada, sin dueño, justificación que usaron
para ocuparla, aplicando la Ley del Guano. Charles Callant, estudioso de la política exterior de EE.UU.
escribe citando documentos de la época:

“Esta ley provocó gran actividad por parte de muchos norteamericanos emprendedores quienes
escrutaron los mares sureños en busca de islas de guano deshabitadas. Uno de éstos fue un cierto
Capitán S. R. Kimball, que comandaba la goleta Boston, de Baltimore, propiedad de los señores
Patterson y Murguiendo de esa ciudad, quien, el 23 de febrero de 1860 desembarcó y se posesionó de
la pequeña isla de Alta Vela, adyacente a la costa de Santo Domingo. El 14 de mayo de 1860 los
señores Patterson y Murguiendo escribieron a Lewis Cass, el Secretario de Estado, anunciándole la
ocupación de la isla, y el 16 de julio remitieron al Departamento de Estado una declaración jurada del
Capitán Kimball en relación con la toma de posesión de la isla”

Y sigue diciendo Callan Tansill:

“De haber seguido su curso normal los acontecimientos parece más que probable que los señores
Patterson y Murguiendo hubieran visto confirmada su reivindicación a Alta Vela por el Departamento
de Estado y que hubieran sido protegidos de interferencia por parte de ciudadanos de otras naciones.
(Páginas 346 y 347)

Otra acción dolosa del señor Cazneau, según el doctor Núñez Polanco en su libro Anexionismo y
Resistencia, citando a Rodríguez Demorizzi, fue gestionar para Edward H. Hartmot tres concesiones
entre las que se encontraba la “… autorizada a tomar guano o fosfato de cal de la isla de Alto Velo.”
Y agrega: “…la presente concesión se mantendrá vigente en todas las circunstancias, en tiempos de
paz como en tiempo de guerra, y aun cuando uno o más de los concesionarios o sus apoderados o
cesionarios sean súbditos de un gobierno con el cual no se establecieron o se interrumpieren las
relaciones diplomáticas, -para informar: “…Se esperaba que en ese año y en los años siguientes el
guano alcanzaría las 60,000 toneladas anuales…” (Diomedes Núñez Polanco, Anexionismo y
Resistencia, Relaciones dominico-norteamericanas en tiempos de Grant, Báez y Luperón. segunda
edición, Santo Domingo, 1999. págs. 159 y 160) La concesión daba derecho a los empresarios
norteamericanos a construir puertos, hacer infraestructuras y habitar la isla de Alto Velo.

Desde el 1860 los dominicanos no querían que los norteamericanos se llevaran el guano de Alto Velo y
reclamaban indemnización por las toneladas que habían sacado diferentes compañías. Para el caso de la
compañía Patterson y Murguiendo, el gobierno dominicano envió a un oficial para comunicarle a los
norteamericanos que se retiraran, pero no acataron. Esto llevó al gobierno criollo a librar una lucha
diplomática, para que se retiraran los explotadores del guano, designando una comisión encabezada por
Juan Evertz, el historiador José Gabriel García y Guillermo Penson quien sirvió de interprete (Los
Conflictos del Guano, Vanguardia del Pueblo del 11 de abril de 1979. No.182. Pág. 6,)

La lucha por Alta Vela, como llama Callan Tansill a esta, también es el reflejo de las luchas de
intereses internos del poder norteamericano y las contradicciones entre los poderes imperiales en El
Caribe, como frontera de dos o más imperios, como dice Juan Bosch, y que queda manifiesta cuando
Callan Tansill escribe:

“El 8 de abril de 1860 un buque de guerra español se detuvo en Alta Vela para averiguar los
propósitos norteamericanos en la isla. Los obreros norteamericanos contestaron que estaban
extrayendo guano. Esta respuesta pareció satisfacer al oficial español a cargo de la patrulla y no se
hizo tentativa alguna de interferir con los obreros. Algunos meses más tarde, el 4 de septiembre, la
goleta dominicana Merced, visitó a Alta Vela, y, tras verificar lo que hacían los norteamericanos, se
solicitó una muestra del guano que se embarcaba hacia los Estados Unidos. Cuando se hubo cumplido
con esta solicitud la goleta zarpó hacia la República Dominicana”.( pág. 346)

No solamente la contradicción se expresaba entre los imperios (EE.UU y España), sino también en el
seno de las mismas autoridades norteamericanas que tenían sus ojos puestos en la península de Samaná
y en la víspera de la guerra civil:

“Después de ser analizada esta muestra por los agentes españoles en Santo Domingo y confirmarse
su valor como fertilizante de alto grado, se decidió inmediatamente que las ganancias producidas por
la venta del guano debían destinarse a bolsillos españoles antes que norteamericanos. En vísperas de
una guerra civil, el Gobierno norteamericano no estaría en posición para protestar con efectividad
sobre cualquier violación de los derechos norteamericanos en la República Dominicana; sería, por lo
tanto, tarea fácil y provechosa desposeer a los propietarios norteamericanos de Alta Vela. Con estas
miras, a principios de octubre de 1860, un funcionario dominicano fue enviado a la isla con
instrucciones de ordenar que los norteamericanos se retiraran inmediatamente. Cuando, muy
naturalmente, ellos se negaron, el asunto fue discutido por el señor Cazneau, el agente especial del
Gobierno norteamericano en la República Dominicana, y el Canciller dominicano. El Canciller insistió
que Alta Vela, «aunque nunca ocupada o usada de ninguna manera» por los dominicanos, siempre
había sido considerada como territorio de la República”.(pág. 347)

América para los norteamericanos

“Cazneau también se preocupó por señalar que la isla había sido solamente un «arenal desierto
ignorado por todo el mundo anteriormente», hasta que el «dinero y la industriosidad de los
ciudadanos de los Estados Unidos habían desarrollado en ella una inesperada capacidad de lucro».
Después de esta explicación el Gabinete dominicano demostró «una disposición más amigable», pero
Cazneau no tardó en notar que «estas garantías amistosas eran inmediatamente seguidas por indica-
ciones contrarias por parte de los oficiales españoles delegados por Madrid para gobernar a este
Gobierno».(sic) Temía, por lo tanto, que existiera «un peligro inmediato de que fueran destruidos los
intereses norteamericanos en Alta Vela» ”. (Callan Tansil cita carta de Cazneau a Cass del 13 de
octubre del 1860, página 347).

“Estos temores no tardaron en materializarse, ya que el 23 de octubre de 1860 dos barcos


dominicanos, el Merced y el Degalo, fondearon en Alta Vela y ordenaron a los norteamericanos que
abandonaran su trabajo y se fueran de la isla. Entonces fueron desembarcadas tropas, el equipo para
la extracción del guano fue colocado en los barcos dominicanos y los obreros fueron apresados.
Cuatro días después los barcos llegaron a la ciudad de Santo Domingo, donde, sin más, los
norteamericanos fueron entregados con sus pertenencias al Agente Comercial norteamericano”
Callan Tansill cita carta de Cazneau a Cass del 17 noviembre, 1860. Pág. 348)
Sin necesidad de cuestionar y menoscabar la reacción de nuestras autoridades contra las pretensiones
norteamericanas, su accionar era el reflejo del interés que tenían nuestras autoridades de la anexión a
España, como meses después sucedió un 18 de marzo de 1861.

Expulsada la compañía de los empresarios Abrahán B. Patterson y Prudence de Murguiendo al


principio de los 60 del siglo XIX, estos continuaron haciendo todas las gestiones posibles para recuperar
los derechos de explotación del guano, llegando sus diligencias a los argumentos más inverosímiles
tratando de demostrar que la isla les pertenecía. No fue hasta el 1868 con la llegada del presidente
Grant, cuando se llenaron de esperanza de recuperar lo que ellos consideraban suyo. Ya en el 1868
Andrew Johnson entregada el poder a Ulysses Grant y su gabinete, llenando de esperanza a los
aventureros de Jeremiah Black, quienes anhelaban volver a Alto Velo, por lo que el señor Black
escribió una carta, el 18 de mayo del 1869, al nuevo Secretario de Estado, Hamilton Fish, explicando la
situación:

“…los propietarios que fueron víctimas del robo de su propiedad (¡sic!) no tenían nada que hacer sino
esperar hasta que el Departamento de Estado cayera en manos honestas- para añadir: …la selección de
usted por el presidente para el Departamento de Estado aumento sustancialmente la expectativa llena
de confianza de que ellos, finalmente, lograrán esa justicia que el gobierno les debe y que han
aguardado en vano durante tanto tiempo” (Callan Tansill, pág. 400) siendo sus resultados infructuosos.

Estas gestiones no sólo se limitaron a esta compañía, sino que otros estuvieron haciendo explotaciones e
intentos de quedarse, ocupando la isla en los años posteriores a la salida de Patterson y Mugiendo, como
fueron los empresarios Root, Webster and Company, que se decía que sacaban 2,000 toneladas al mes;
y, cuando no, la empresa del señor Thurlow Weed Compañía “.. que han encontrado que el guano de
Alta Vela deja tantas ganancias como una especulación de primera clase de whiskey… o Thulow Weed
no participaría en ella.” (Según cita de Callan Tansil del Diario III de Giddeon Wells del 26 de marzo
de 1868) para sólo mencionar a estas compañías, pero fueron infructuosos por las mismas razones que
tuvieron los presidentes y algunos sectores de poder: buscar algo mejor que este islote, como la
península de Samaná o la anexión de la República Dominicana EE.UU. En el caso del presidente
Andrew Johnson, no fue dejarse llevar por su Secretario de Estado Seward, quien llevó la voz cantante
de las relaciones internacionales de ese gobierno en el primer lustro del 1860 hasta la llegada de Grant
en 1868, ni “no tomar una decisión firme” para quedarse con Alto Velo, según el profesor Beal en su
libro The Critical Year, citado por Callan Tansill (pág. 442).

Esas contradicciones en la sociedad norteamericana movilizó a todas las autoridades, los secretarios de
estados de varios gobiernos, la cámara de representantes, los presidentes y a la opinión pública que
durante años estuvo activa con publicaciones de informaciones sobre los derechos que tenían estos
aventureros de quedarse con una porción del territorio dominicano, entre los que se encuentran El Sun
de Baltimore, World, El Times, El Tribune de New York; Commercial Advertiser, Evening Star y
Daily News de Filadelfia.

El Tribune de new York editorializa: “…La política mundial puede ser escrutada en vano en busca de
un paralelo a esta imbecilidad. ¡Piénsenlo! un territorio arrancado de nuestra propiedad, nuestra
bandera arrancada y pisoteada por unos harapientos mestizos españoles, ¡sic! nuestros ciudadanos
privados de su propiedad y encarcelados por perseguir un negocio útil bajo la autoridad y las
garantías de una ley del congreso” (Callan Tansil cita el editorial del 29 de abril 1868. Pág. 397).
Alto Velo sigue siendo una pequeña porción de nuestro territorio codiciado por toda clase de
aventureros, pescadores furtivos haitianos y dominicanos, que cruzan desde la isla Beata, Trudillé y La
Cueva, a pesar de formar parte del Parque Nacional Jaragua, que conjuntamente con los parques Sierra
de Neyba y Lago Enriquillo e Isla Cabritos forman la Reserva de la Biosfera Bahoruco-Jaragua –
Enriquillo.

Como parte del proyecto”Mitigando las Amenazas de las Especies exóticas Invasoras en el Caribe
Insular”, se están desarrollando actividades piloto de erradicación de especies invasoras, cuyo fin último
es proteger la flora y fauna de la isla, debido a que Alto Velo es una de nuestras principales áreas
naturales, en la cual se ha determinado la presencia de al menos dos especies de reptiles endémicas: el
Anolis (Anolis altavelensis) y el Gecko (Spherodaptilus altavelensis). (3)
Este proyecto es desarrollado a nivel regional caribeño y en él participan cinco países (Bahamas,
Jamaica, Santa Lucía y Trinidad & Tobago). En la República Dominicana la agencia implementadora es
el Ministerio Ambiente.

Notas:

(1) Además de los textos citados, el lector puede consultar las siguientes trabajos publicados por
Vanguardia del Pueblo que no citamos en esta presentación, pero que tratan sobre el conflicto
del guano:

“CAZNEAU: UN AVENTURERO, del 27 de diciembre de 1978.

“EL GUANO DEL PERU” del 21 de marzo de marzo 1979.

“LOS DIPLOMATICOS DEL GUANO” del 18 de abril de 1979

“TORMENTOS Y COMERCIO” del 25 DE ABRIL DE 1979

“EL HURACAN DEL GUANO” del 2 de mayo de 1979

“HACIA OTRO LUGAR” del 9 de mayo de 1979.

“PERU: AGRESIONES Y CONTRATOS” del 28 de marzo de 1979.

(2) Charles Callan Tansill, LOS ESTADOS UNIDOS Y SANTO DOMINGO 1798-1873. Un
Capitulo en la Diplomacia del Caribe. Editora de Santo Domingo S.A, Santo Domingo, 1977. El
autor (1890-1964) escribió cerca de un centenar de trabajos importantes sobre la política de
Estados Unidos y el mundo, en 262 publicaciones en seis idiomas.

(3) Información oral del Ing. Carlos Rijo, coordinador del proyecto.