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UNIVERSIDAD DE LOS LAGOS

DPTO.DE CIENCIAS SOCIALES


CARRERA DE TRABAJO SOCIAL

“EL CONOCIMIENTO EN
TRABAJO SOCIAL”

INTEGRANTES: Viviana Camino


Claudia Vidal
Daniela Cárcamo
Paulina Catalán

CÁTEDRA: Teorías y Enfoque


DOCENTE: Olga Barrios

Osorno, junio del 2001


INTRODUCCIÓN

La investigación y la práctica profesional, es un debate


permanente en nuestro quehacer. La teoría v/s la práctica,
muchas veces nos ha entrampado en discusiones tautológicas que
poco terminan aportando al conocimiento realmente significativo
de nuestro quehacer.

Nuestro trabajo es la visión de distintos autores sobre la


discusión de este proceso y proponen caminos de reflexión que
nos lleven, como profesionales de Trabajo Social, al
"profesionalizar" nuestra intervención diaria en la realidad, a
través de un análisis crítico que nos ayude a validarnos y mejorar
el status que nos corresponde como productores de
transformación del bienestar humano, ante nosotros mismos y la
sociedad.
TRABAJO SOCIAL E INVESTIGACIÓN SOCIAL” UNA RELACIÓN NECESARIA”
(ESTELA GRASSI)

Este artículo tiene por objetivo desarrollar la siguiente hipótesis: La


investigación en tanto producción de conocimiento, en lo concerniente al campo del
trabajo social, está implicada en la construcción misma de una práctica profesional
relativamente autónoma.

Viejas disputas como son conocimiento v/s sentimiento, teoría v/s práctica,
teoría v/s realidad, objetividad v/s subjetividad, propias al trabajo social, están
lejos de ser saldadas.

Precisar el problema en su generalidad (la relación teoría-realidad, o sujeto-


objeto de conocimiento, en las ciencias sociales) y en su particularidad (el
conocimiento en la práctica del trabajo social) permite plantear la cuestión de la
“investigación y el trabajo social”, o más bien, la conflictiva relación del trabajo
social con la producción del conocimiento. Lo anterior como fruto de una
constitución inacabada del campo profesional, más que como efecto de las crisis de
la profesión.

LUGAR DEL CONOCIMIENTO EN LA CONSTITUCIÓN DEL CAMPO


PROFESIONAL:

El desarrollo del tema, obliga a plantearse una pregunta inicial: ¿Por qué
tratándose de un campo profesional cuyo objeto son las diversas manifestaciones
del conflicto y la contradicción en las relaciones sociales, expresadas(o
conceptualizadas) como “problemas sociales” hay sin embargo, tan poco ( o nada ) de
aporte ( y aveces siquiera de insumo) por parte de los trabajadores sociales en el
conocimiento de su propio objeto?
Para responder a ello, se mencionan algunos datos históricos, que mencionan cómo se
fue dando la relación conflictiva entre la interpretación de la realidad (teoría) y los
llamados datos empíricos.
El proceso de ruptura con el pensamiento religioso no es ajeno para comprender
la historia de las formas de acción social.
La evolución de la filantropía desde el s. XVIII se articula a este proceso, en
tanto su práctica rompe con la modalidad típica de la caridad cristiana y se propone
como una acción dirigida a orientar comportamientos “racionales” en base a
diagnósticos sobre la sociedad, las instituciones, la vida familiar, etc.
La observación de la realidad y la razón, instrumento para el conocimiento, se
constituyeron en pilares fundamentales para conocer verdaderamente este mundo,
por medio de un método objetivo.

No había activismo ciego, sino propuestas de intervención fundadas en “el estado


del conocimiento y del método” que existía en aquel entonces.
Las ciencias sociales se fueron definiendo como tales a partir de esta ruptura, y
evolucionando en el sentido de una complejización de su cuerpo teórico y
metodológico en lo que se constituye como el campo de la “asistencia social” hacia
finales del s. XIX.

Con el movimiento de la reconceptualización se pasó de una imagen de caridad y


amor a un técnico con protagonismo a nivel de los procesos de cambio en las
comunidades.

La débil (por joven) formación teórica de los trabajadores sociales


reconceptualizados los llevó as asumir como bandera el postulado de la “ vivencia
sensible ” fuentes y corroboración de todo conocimiento y manifestación de lo real
sin mediaciones y a confundir la noción de “ práxis ” con las acciones comunitarias
propuestas como modelo de práctica profesional. El resultado fue que no se logró
problematizar el viejo conflicto teoría–acción en la práctica de los Trabajadores
Sociales, sino que la combinación de estas condiciones favoreció nuevamente la
dicotomización.

Según el texto solo a condición de empezar seriamente a poner en cuestión las


confusiones y simplificaciones que estructura el campo profesional de los
Trabajadores Sociales respecto de la producción de conocimiento, se podrá,
realmente repensar su práctica como práctica profesional y no como pura actividad.
EL PROBLEMA DE LA CONSTRUCCION DEL OBJETO

La investigación necesariamente debe estar implicada en el campo del trabajador


social, como constitutiva de su práctica ( y esto no quiere decir que cada trabajador
social haga investigación en su trabajo cotidiano o que los trabajadores sociales
devengan todos investigadores), pero ese trabajo cotidiano debe ser la
manifestación y el ejercicio de una práctica profesional, colectivamente construida
como tal. Y esto tiene como requisito previo la posibilidad de construcción
autónoma del objeto (que no quiere decir independencia o al margen de los procesos
sociales por los cuales se definen aquellos problemas, sino su problematización ,
como forma de hacer de la investigación una práctica profesional orientada por las
categorías con las que se define activamente el problema y no por los “supuestos
implícitos” contenidos en la definición dada.

De ahí que el ejercicio de la práctica profesional (en el sentido del dominio del
propio quehacer) implica en primer lugar, la desnaturalización del objeto (él o los
problemas puntuales) y su reconstrucción como objeto de la práctica. Y parte de
esta reconstrucción crítica (reconocimiento de su historicidad y de los sentidos que
conlleva su definición), es constituirlo como un objeto de conocimiento.
Problematizar el “problema” que viene dado al trabajo social (para constituirlo en el
objeto de la práctica profesional), quiere decir formularse preguntas, buscar las
múltiples definiciones y reconocer los sujetos de éstas y los argumentos que
sostienen (explícitos o implícitos), buscar relaciones entre fenómenos, etc. A partir
de ellos, un acontecimiento o conjunto de acontecimientos deviene “problema” que
demanda algún tipo de intervención (o solución). Esto implica redefinirlo. Sólo en
esta dirección puede contribuirse la relativa la relativa autonomía de un campo
profesional.

De ahí que la investigación (producción de conocimiento) en trabajo social no es


sólo una herramienta en el proceso de intervención, sino que se inscribe en la
posibilidad misma de constituir la práctica profesional.
EXPERIENCIA O PRÁCTICA PROFESIONAL

El Trabajador Social ha tenido ha tenido una relación conflictiva con el


conocimiento del cual la teoría es la expresión sistemática.
La teoría pretende ser una interpretación válida de la esencia de los fenómenos,
es decir, de aquello que trasciende lo inmediato, lo vidente, etc, para ubicarla en
estructuras históricas. De ahí que la teoría es una interpretación reflexiva, “ una
acción del pensamiento que se organiza a sí mismo en relación con la realidad “
(Prada, 1987 ).

La experiencia es también, entonces, realidad mediatizada socialmente y esos


esquemas interpretativos con que nos manejamos en ella, conforman un conocimiento
inmediato no teórico ( aunque integren cada vez más elementos de teorías de
diferentes campos científicos ), cuya veracidad se deriva de su eficacia en la
resolución de problemas cotidianos , no de la puesta en cuestión de sus supuestos
teóricos o filosóficos ni de los caminos seguidos para alcanzarlo.

Por lo tanto, la práctica profesional de los trabajadores sociales, ha permanecido


en el nivel de la experiencia , es decir, de la acción sostenida en el conocimiento
inmediato.

En síntesis, se puede decir que buena parte de la problemática de las crisis y


frustraciones (clásicas ya en el trabajo social) tienen que ver con un proceso
inacabado que requiere pasar de la experiencia de intervención , a la constitución de
una práctica profesional, la que por definición, está necesitada de problematizar sus
propios supuestos, sus proposiciones, su instrumental y que –por definición
también- construye ( y transforma) su objeto en relación a la realidad. De esta
capacidad de construir/transformar el objeto depende su autonomía como campo
profesional. Sin esta capacidad, se acepta como dado un objeto reconstituido, en el
cual no hay entonces autonomía de la profesional.
“ EL IMAGINARIO SOCIAL DEL COLECTIVO PROFESIONAL “
(T. DORNELL, C. ROVIRA)

El trabajo social, al igual que otras disciplinas de las ciencias sociales, ha


intentado identificar los elementos básicos que constituyen la identidad del
trabajador social.

El concepto de identidad puede ser definido por diferentes disciplinas:


1. Filosóficamente, el origen del concepto de identidad se expresa en los
antiguos griegos como el resultado de una cierta tendencia de la razón a
reducir lo real a lo idéntico.
2. El diccionario de la RAE, lo define como calidad de idéntico hecho de ser una
persona o cosa, la misma que se supone o se busca.
3. La matemática la define como la igualdad que se verifica siempre, sea
cualquiera el valor de las variables que su expresión contiene.
4. La psicología aorta definiéndola como el conjunto de rasgos o cualidades que
se le atribuyen a los otros y que sirven para describirlos, por lo tanto, para
identificarlos, designándose la identidad como la imagen que los demás se
forman de alguien o algo.
La identidad también puede definirse como la diferenciación del ser, en relación a
otros de los cuales queremos separarnos, distinguirnos.
La búsqueda de la identidad genera crisis y conflictos, los cuales son o deben ser
el motor de los cambios en los colectivos , como procesos de enriquecimiento de esa
identidad. Sin esos conflictos, es difícil que se produzcan los cambios que se desean
alcanzar.

Existen tres patrones en el proceso identificario:


1. Lengua: es el cuerpo de símbolos que estructura el pensamiento, posibilita la
comunicación y expresa las diferencias.
2. Ritos y Mitos: conforma aspectos ideológicos, religiosos, morales, éticos,
místicos, hábitos, costumbres y creencias que definen ese colectivo.
3. Económico: está integrado por el status, el prestigio y el poder de ese
colectivo en una determinante histórica y social.
Se mencionan diferentes tipos de identidades, entre las cuales destacamos:

1. Identidad activa: es la que todo grupo tiene de si mismo.


2. Identidad pasiva: es la que toma el punto de vista de los otros.
3. Identidad acumulativa: identidad activa, más identidad pasiva.
4. Identidad social: conjunto de características que permiten a un grupo
distinguirse de otros y que la mismo tiempo los individuos que lo
integran puedan reconocerse y ser reconocidos como miembros del
mismo.
5. Identidad profesional: este concepto se aborda a partir del imaginario
social, el cual se define como la representación en los múltiples
registros de la imagen.

El trabajador social tuvo, tiene y tendrá identidad profesional, la cual se ha


caracterizado social e históricamente por significantes, mitos y ritos que
organizaron y organizan nuestro mundo simbólico.
La identidad del trabajador social se puede entender, analizar e interpretar por
una serie de atributos que la caracterizan a través del mito, como por ejemplo:
ayudar a los pobres, resolver problemas de clientes desajustados, personas que
asisten a carenciados o con necesidades insatisfechas , etc….
Lo anterior se basa en los derechos humanos que se centra en valores básicos de
dignidad y humanismo reunidos en la comprensión , sentimientos y humildad.

Se visualizan dos actitudes comportamentales:


1. Fatalismo- Inmovilista: es aquella que recoge los elementos de una identidad
negativa, “en trabajo social nada se puede”, “el caso no sirve”, “las políticas
sociales nos limitan”, etc. De esto surge un colectivo que no logra una
autoafirmación, no permitiendo así la autorregulación, consistencia y
legitimación social. (identidad pasiva)
2. Mesianismo- Militantismo: surge como una identidad positiva, “ el trabajo
social todo lo puede”, “este es el camino del cambio”, “que sería de los pobres
sin el trabajo social”, etc.
Históricamente, el trabajo social ha ido sufriendo cambios y crisis; uno de los
más importantes fue el movimiento de reconceptualización, cuya fortaleza son las
fuerzas internas de la profesión, las cuales siempre fueron consideradas débiles.
Este movimiento también fue provocado por factores de carácter exógeno
marcados por una revolución cultural en relación a la posición de los hombres en la
estructura productiva. La mujer cambia su posición productiva ( rol y función ) con
desarrollos, incidencias y e implicancias distintas que gravitan y explotan en el
trabajo social.
Nuestra identidad puede ser entendida como la expresión ritual de integración y
desintegración, de caos y de equilibrio, cuyas prácticas si bien nos homogeinizan, nos
diferencian.
Ninguna identidad comprende o integra un proceso acabado, sino que expresa una
constante o permanente calificación y recalificación teórica con una aspiración que
no debe ser individual, sino a través de un proyecto colectivo entre nosotros y con
los otros.

"Nuevos procesos de reproducción y producción de conocimiento:


papel de la investigación social"

Para los trabajadores sociales, la investigación se constituye en la


herramienta necesaria para comprender y/o explicar los fenómenos sociales y la
transformación de las situaciones deficitarias a las cuales la realidad nos enfrenta.
El texto de Cecilia Aguayo al cual corresponde este resumen, es parte de una
tesis doctoral sobre epistemología de las ciencias sociales y el saber profesional.
Por esto, el hincapié que se hace en aproximarnos al debate de la acción social en las
ciencias sociales, el cual supone, que la acción profesional esta continuamente
confrontada al proceso de transformar la realidad social . Se postula, que si
bien es necesario darle una aproximación científica a la acción social, esta no puede
ser reducida a este tipo de racionalidad .El estudio epistemologico de la acción
social, en profesiones como el Trabajo Social, nos lleva a decir que la acción social,
no sólo debe dar cuenta de ella desde la racionalidad desplegada por las ciencias,
sino también desde el esfuerzo realizado en circunstancias en que se ponen en juego
la afirmación de valores y la toma de decisiones. Incluyendo a la acción social desde
momentos históricos e instituciones distintos y cambiantes. Es por esto que la
autora escogió tres autores que le parecen relevantes e su análisis: Weber, Schutz
y Ricouer.
Desde la perspectiva de Weber, éste plantea el esfuerzo de construir
tipologías que de cuenta de los significados de la acción social. La validez científica
del proceso de interpretación de la acción social esta dada no sólo por la búsqueda
de regularidades-causas históricas- sino también por la construcción de tipos
ideales. Es importante reconocer el espacio que Weber le da a la racionalidad
practica, aquella que no se aleja del mundo de los valores en las decisiones humanas.
Conductas que se son acordes a medios y a fines.
Desde Shutz, la observación directa llevaría un proceso de interpretación
implícito. Y he aquí el gran problema de las ciencias sociales, es que hacen
"abstracción de todo lo subjetivo" y por lo tanto, los únicos criterios de validez del
conocimiento son ser objetivo, universal, monologico, neutral fundado en las propias
reglas que se da la razón.
Según Ricouer a través de la hermeneútica metodologica -interpretación de los
textos- demuestra la dialéctica necesaria entre la comprensión y la explicación,
conformando un circulo hemeneutico que será propio de las Cs. Sociales. El polo de
este circulo, sería el proceso de "explicar".
Ahora, nuestras practicas profesionales nos ponen permanentemente en el
cruce de los intereses, valores y opciones de distintas personas e instituciones.
La interacción diaria con estos elementos nos ha llevado a desarrollar
destrezas, habilidades, opciones valoricas, que están relacionadas con la
racionalidad practica de la que hablaba Weber. Pero, sumergidos en nuestra
cotidaneidad, hemos olvidado dar cuenta de lo que hacemos. Nuestra
racionalidad cotidiana se ve enfrentada diariamente con otro tipo de
racionalidad científica, apolítica y atemporal.
Visto como un desafío, se propone que las profesiones de índole social,
reflexionemos, conozcamos y comprendamos nuestras fuentes de poder que nos han
constituido, es decir, lo político y lo ético como fuente de nuestro quehacer. El
conocimiento del origen y funcionamiento del poder, nos hace reconocerlo como un
elemento vital en la sociedad. Nuestras decisiones como profesionales del Trabajo
Social siempre están relacionadas con proyectos de transformación que buscan, en
definitiva, un mayor bienestar humano. Nuestro debate profesional siempre nos
pone como co-gestores de poder. El análisis y reconocimiento de ese poder nos
ayudaría a subir el statuts profesional de nuestra labor, que sí esta mucho más
conectada con el ámbito social , pero no goza del mismo status que otras
profesiones más desprivilegiadas y mucho más reconocidas.
Al analizar nuestra profesión desde la variable del poder, implica reconocer
los valores a los cuales se adhiere, los cuales estan en un intercambio incesante
entre el medio institucional en que trabajamos y el contexto sociopolítico en que
estas mismas se inscriben.
Nuestra acción social nos lleva a requerir una respuesta de un profesional que
se sitúa en un momento histórico determinado, que es capaz de analizar el impacto
político de sus decisiones , y por tanto, asumir como profesión, como colectivo, los
valores por los cuales opta. Nadie nos puede liberar de las responsabilidades
morales-eticas que hoy tenemos frente a la acción social.
Por lo tanto, se hace necesario que el Trabajador Social informe a los otros
actores de la sociedad de lo que ve, cómo realiza su intervención y que resultados
logra. Logra así, constituirse en un productor de conocimientos y de realidades.
CONCLUSIONES

Ciertamente se ha dicho en varias oportunidades del escaso aporte que el trabajo


social como profesión hace a las ciencias sociales, y principalmente a su propio
objeto de estudio que en este caso serían los problemas sociales.

En este sentido, se hace necesario indagar en las causas que provoca tal
situación, pensando en el hecho que solamente se interviene en ellos como problemas
ya establecidos y reconocidos socialmente. Por otra parte es demasiado necesario
poder sistematizar experiencias en nuestro quehacer profesional, ya que de esta
forma se podrá avanzar en materia de intervención, mucho más pertinente y
adecuada en el contexto en que estemos insertos.

Como también no cabe duda que esto depende del tipo de investigación que
estamos haciendo, a la forma como son encauzados los estudios que se realizan. A
nivel académico, se necesita mejorar por una parte la calidad de enseñanza en
metodología de investigación, como también las cátedras deben estar insertas
dentro del periodo en que al alumno realmente le pueda ser de utilidad, estando por
supuesto actualizado a los avances que se estén generando en investigación social y
en otras disciplinas.

Sabemos que el aporte de conocimiento en trabajo social, depende del tipo y


calidad de investigación que realicemos, necesitamos tener una postura clara como
profesión frente a los problemas sociales que se han ido generando en los últimos
tiempos sobre todo en esta era de cambios, vinculado al tema de la globalización y
del modelo socio económico imperante en nuestra sociedad.

De esta forma consideramos que como profesión hoy tenemos un gran desafío,
que consiste en tener la capacidad de poder hacernos parte en los procesos que hoy
vive nuestra sociedad, poder aportar como profesión a la solución de los problemas
sociales existentes, enriqueciéndonos a través de la búsqueda en otras disciplinas
elementos que nos puedan ser útiles en nuestro futuro quehacer profesional,
(transdiciplina), para poder ampliar nuestro conocimiento y tener bases firmes para
enfrentar un adecuado desempeño profesional en nuestra sociedad.
BIBLIOGRAFÍA

• Trabajo Social e Investigación Social “Una relación necesaria”


Estela Grassi.

• “ El imaginario social del colectivo profesional “


Teresa Dornell y Cristina Rovira.

• Nuevos procesos de reproducción y producción de conocimiento:


“papel de la investigación social”
Cecilia Aguayo