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Virginia Contreras

La reciente decisión dictada por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de


Colombia, en la cual declara inválidas las pruebas emanadas de ciertas
computadoras encontradas en el campamento del comandante Raúl Reyes, de las
FARC, desempolva toda una trama de intrigas, aciertos y desaciertos, entre la
cúpula del gobierno Neogranadino y el más Alto Tribunal del país.

Quienes pensaron que la tradicional política del garrote había terminado por parte
de dicho organismo jurisdiccional, simplemente por haber facilitado éste la
escogencia al mandatario colombiano del país de destino en la extradición del
delincuente Walid Makled, parecieran olvidar los dramáticos desencuentros entre
este Tribunal y su gobernante anterior, Álvaro Uribe. Tal situación ha llevado hasta
a la iniciación de procesos judiciales en contra de personalidades vinculadas a dicho
gobernante. En el argot popular, esto no sería más que la tradicional estrategia de
´la zanahoria y el garroteµ, y habría que ser muy ingenuo para no verlo.

El caso de las computadoras ha sido tan trillado, que de no ser por la gravedad de la
información allí suministrada, uno preferiría olvidarlo. Obtenida esta información
por parte de las autoridades colombianas, éstas tomaron la iniciativa de interponer
acciones judiciales en contra de ciertas personalidades del mundo político, y social
de ese país, e incluso de algunas extranjeras, de las cuales se presume su
vinculación con el referido grupo guerrillero.

Una de estas personas, es el ex congresista, y miembro del Polo Patriótico, Wilson


Borja, quien desde hace algunos años ha estado involucrado en distintas situaciones
irregulares, si bien no todas atribuibles a él directamente. Basta recordar el
atentado en su contra en el año 2000, en el cual el entonces dirigente sindical casi
pierde la vida, y en donde se involucra a un mayor del ejército colombiano, (quien al
parecer habría actuado bajo las órdenes del conocido ex líder de las Autodefensas
Unidas de Colombia (AUC), el hoy fallecido, Carlos Castaño), para entender el
calibre de juego en el cual se involucra el personaje. Todo esto de acuerdo a la
sentencia dictada en el respectivo proceso judicial.
Vuelve así entonces Borja a la palestra publicitaria, pero hoy como consecuencia de
la decisión dictada por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, mediante la
cual ordena ´archivarµ el proceso penal en su contra, por no encontrar elementos
probatorios válidos que lo vinculen con la organización guerrillera. Esta situación,
de restarle toda validez a la información recabada en las mencionadas
computadoras, ha causado gran conmoción en la sociedad colombiana, y en muchos
otros lugares del continente, toda vez que con la misma podría darse al traste con
todo el esfuerzo que miembros de las fuerzas militares de Colombia, e infinidad de
autoridades de ese país, han venido realizando desde hace años para combatir a tan
terribles y sanguinarias organizaciones irregulares armadas.

Dentro de los aspectos más relevantes de la referida decisión, existen dos que
pueden ser considerados como fundamentales. El primero se refiere a la calificación
de ´ilegalesµ de las pruebas vinculadas directamente con los mencionados
computadores, recabados en territorio ecuatoriano. A juicio del Alto Tribunal,
"Ninguna autoridad colombiana tiene competencia, o está facultada, para practicar
en el extranjero inspecciones y recoger elementos por fuera de los mecanismos de
cooperación internacional«µ (sic.)

Esta situación ha dado origen a múltiples discusiones por parte de la opinión


pública en general. De allí que valga la pena incluir algunas otras consideraciones.

Comencemos por destacar las declaraciones del presidente de la Corte Suprema de


Justicia colombiana, Camilo Tarquino, quien señalara: ´Las pruebas que la Corte
tuvo en cuenta en el proceso contra el ex congresista del Polo Democrático no fueron
recolectadas de manera correcta, por lo que no se le dio validezµ (sic). De igual
modo, agregaba, que los registros conseguidos en el campamento guerrillero, fueron
recolectados de forma ilegal por cuanto que junto con el personal militar allí
agolpado, recabando información, no se encontraba presente un fiscal del Ministerio
Público, capaz de evidenciar la existencia de la prueba como tal.

Efectivamente, tal y como lo ha determinado la referida decisión judicial, y aclarado


por el presidente del Alto Tribunal, existe todo un procedimiento legal para la
obtención de pruebas, y toda serie de circunstancias vinculadas con una
averiguación judicial, cuando dichos elementos se encuentran en el extranjero. De
hecho, Colombia ha suscrito diversos Convenios al respecto. Uno de carácter
multilateral, como lo es la ´Convención Interamericana de Asistencia Mutua en
Materia Penalµ, la cual fue convertida en lo que sería la ´Ley 636µ (2001), así como
distintos acuerdos bilaterales sobre la materia.

En el caso específico de Ecuador, la Ley 519, de 1999, hizo suyo el contenido del
"Convenio de Cooperación Judicial y Asistencia Mutua en Materia Penal entre la
República de Colombia y la República del Ecuador", de diciembre de 1996. En este
instrumento jurídico, ambas partes ´se obligan a prestarse asistencia recíproca, de
conformidad con las disposiciones del presente Convenio y de sus respectivos
ordenamientos jurídicos, en la realización de investigaciones y de procedimientos
judicialesµ (ordinal 1. artículo 20).

Visto así, ninguna duda cabría respecto a la ineludible obligación para las
autoridades colombianas y/o de Ecuador, de requerir la ´asistencia jurídica del otro
Estadoµ, de acuerdo a sus respectivos ordenamientos jurídicos para la realización de
investigaciones y procedimientos judiciales. Dicho de otra forma: en un caso ´típicoµ,
de la comisión de un delito en el cual uno de los dos Estados estuviere interesado en
investigar en territorio del otro, (por cuanto se presume la existencia de elementos
vitales para las investigaciones), el Estado interesado deberá notificar al otro
Estado, y solicitar su colaboración, a los fines de que las pruebas recabadas se ciñan
a lo que sobre la materia establezca la legislación de este último Estado.

No obstante, los hechos que dieron origen al proceso judicial decidido por el Máximo
Tribunal en su controvertida decisión, obedecen a una situación sui generis,
producto del conflicto de violencia que ha padecido la sociedad colombiana desde
hace más de 50 años, como consecuencia de la acción guerrillera.

El caso es que Raúl Reyes, comandante de las FARC, utilizaba toda serie de
subterfugios para garantizarse la impunidad de sus crímenes; entre ellos el de
trasladarse permanentemente, desde Colombia hacia territorios extranjeros, como
Venezuela y Ecuador, (e incluso se le menciona a veces con la frontera brasileña), a
fin de evadir la persecución de la cual era objeto. El primero de marzo de 2008, el
gobierno colombiano, estando en conocimiento de la presencia de Reyes en la
frontera ecuatoriana, ordenó el bombardeo del campamento en el cual se
encontraba, hecho que ocasionó la muerte, tanto del comandante guerrillero, como
de sus secuaces. Dicha situación facilitó la incautación de todos los bienes que allí se
encontraban (entre ellos ciertas computadoras), las cuales, por estar ´en posesiónµ
del grupo guerrillero, representaban la ´propiedadµ de las mismas.
Tal y como era su obligación, los efectivos militares y los miembros de la Policía
Nacional allí presentes, procedieron a incautarlas. Respecto a los efectivos militares,
su función correspondió a la persecución de los elementos guerrilleros. En el caso de
los miembros de la Policía Nacional, su actuación obedeció a su condición de
´miembros de policía judicial permanenteµ. En estos términos, tal y como lo
establece el artículo 201 del Código de Procedimiento Penal de Colombia, ´Ejercen
permanentemente las funciones de policía judicial los servidores investidos de esa
función, pertenecientes al Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de
la Nación, a la Policía Nacional y al Departamento Administrativo de Seguridad,
por intermedio de sus dependencias especializadasµ.

Las circunstancias de modo, tiempo y lugar en las cuales se produjeron los hechos
aquí señalados, nos permiten determinar, que a diferencia del criterio establecido
por el organismo jurisdiccional, dichos eventos no son más que la consecuencia de la
acción ejercida por las autoridades antes mencionadas dentro de un conflicto
armado, que si bien no ha sido declarado oficialmente, y no ha abarcado el ámbito
internacional, se encuentra enmarcado dentro del artículo 3., común a los cuatro
Convenios de Ginebra existentes. La Convención de Ginebra representa la
aplicabilidad de dichas normas en conflictos ´entre el Gobierno y fuerzas rebeldes, o
entre dos fuerzas rebeldes, o hacia otros conflictos que tengan todas las
características de una guerra pero que estén contenidos en un único paísµ.

En el caso particular de los bienes hallados en el lugar de la acción, debemos


recordar que si bien en un principio las normas contenidas en la mencionada
Convención hacían mención a las personas actuantes, o víctimas de dichas acciones,
los problemas surgidos con ocasión de los bienes que se encontraban en las áreas de
acción, obligaron a la conformación de otro tipo de normativas, incluidas en
Protocolos adicionales a dichas Convenciones, como el artículo 52 y siguientes del
Protocolo 1. referido a los ´bienes civiles ´ localizados.

Adicionalmente a esta situación, el Comité Internacional de la Cruz Roja,


(organización vital en esta materia, si recordamos que precisamente el origen de la
Convención de Ginebra obedece a las bases sentadas por dicha organización) hace
referencia a 161 normas consuetudinarias de derecho internacional humanitario, en
las cuales se incluye la situación de los distintos tipos de bienes que pueden
encontrarse dentro de una situación de conflicto, entre ellos el caso de los llamados
´botines de guerraµ (publicado por la ´Cambridge University Pressµ, 2005).

De acuerdo a la definición establecida en los distintos manuales militares del


mundo, entre ellos Francia, Alemania y los Países Bajos,botín de guerra, se refiere
tanto a las armas; municiones; equipo militar, como a los documentos; depósitos de
mercancía; máquinas; e incluso dinero, capturados, o encontrados en el campo de
batalla. En base a esta secuencia ejemplificativa de bienes considerados como ´botín
de guerraµ, es obvio comprender cómo las computadoras encontradas en el
campamento guerrillero en Ecuador, corresponden a la esencia de un verdadero
botín de guerra, y no a instrumentos vinculados a la comisión de un delito ordinario,
encontrados en territorio extranjero, como pretende demostrar el Máximo Tribunal
colombiano.

Como consecuencia de esta circunstancia, mal podría aplicarse el contenido del


Convenio de Asistencia recíproca en materia penal, suscrito entre ambas Naciones,
ni mucho menos el Acuerdo multilateral del cual Colombia también es parte, a una
situación, que como la planteada, obedece a específicas normas y costumbres
asumidas mundialmente a raíz de conflictos como los antes señalados.

Para mayor abundamiento, vale la pena referir herramientas de innegable


trascendencia en la vida jurídica y política de nuestros pueblos, como el Estatuto de
Roma, de cuyo instrumento jurídico emana la Corte Penal Internacional.
Igualmente mencionar el artículo 18. del III Convenio de Ginebra (sobre el trato a
los prisioneros de guerra), en donde se verifica que ´los medios, recursos y
abastecimientos del enemigo capturados, exceptuados los medios de identificación,
los recursos sanitarios y religiosos y los necesarios para el vestuario y alimentación
y protección del personal capturado, se convierten en botín de guerra, que puede ser
utilizado sin restricción. Pertenecen a la potencia captora y no a los combatientes
individuales, por lo que serán evacuados por los canales logísticosµ (sic).

El segundo fundamento de la decisión dictada por la Corte Suprema de Justicia


colombiana se refiere a la supuesta manera irregular como se recolectó la
información emanada de dichas computadoras, en el sentido de afirmar que ´no se
siguieron principios legales de procedimiento, es decir no se respetó la cadena de
custodiaµ (sic).
Comencemos por entender qué quiere decir el Legislador colombiano con la
expresión ´cadena de custodiaµ. En los términos del artículo 254 del Código de
Procedimiento Penal de ese país, la cadena de custodia es utilizada ´con el fin de
demostrar la autenticidad de los elementos materiales probatorios y evidencia
físicaµ. Tomando en cuenta, entre otros, ´los siguientes factores: identidad, estado
original, condiciones de recolección, preservación, embalaje y envío; lugares y fechas
de permanencia y los cambios que cada custodio haya realizado. Igualmente se
registrará el nombre y la identificación de todas las personas que hayan estado en
contacto con esos elementos. La cadena de custodia se iniciará en el lugar donde se
descubran, recauden o encuentren los elementos materiales probatorios y evidencia
física, y finaliza por orden de autoridad competenteµ (sic).


En este sentido, si retomamos la decisión judicial comentada, atraen poderosamente
la atención las afirmaciones contenidas en ésta, en la cual se advierte que ´lo que se
han llamado correos electrónicos de Raúl Reyes en realidad se desconoce si lo
fueron, pues no se hallaron en un navegador o red de transmisión de datos, sino en
formato de Word, en archivos estáticos que no ligan un origen con un destino,
remotos. Quienes recogieron esos documentos, los copiaron y clasificaron, no
informan haber ingresado al correo electrónico presuntamente utilizado por Raúl
Reyesµ (sic).

Sin ánimo de confrontar la veracidad de esta afirmación, de ser ciertas las mismas,
resultarían de una gravedad tal, imposibles de asimilar de acuerdo al sentido
común que debe acompañar a todo funcionario, y persona en general, que tenga la
responsabilidad de preservar un elemento de juicio tan importante.

Si retomamos el origen de la certificación del contenido de dichas computadoras,


recordaremos que en mayo de 2008, el mundo fue informado de boca del secretario
general de la ´INTERPOLµ respecto al sólido, eficiente y legal manejo de la
información contenida en las referidas computadoras, tanto por parte de las
autoridades colombianas, como de manos del organismo internacional.

Dicho funcionario, en rueda de prensa celebrada en Colombia, destacaba la


utilización de ´más de 4 mil horas de trabajoµ a fin de ´descifrar los documentos que
habían sido protegidos,µ y en donde ´sus técnicos conectaron 10 computadores y los
hicieron trabajar de manera continua y conjunta por 2 semanas, las 24 horas del
día, los 7 días de la semanaµ. Tal y como manifestó, ´en total se analizaron 8
evidencias encontradas en el campamento de Reyes, correspondientes a más de 600
Gigas, entre los cuales había 37.000 documentos y 210.000 imágenes, 22.000
páginas web, casi 8 mil direcciones de e-mail, y 983 archivos cifradosµ (sic).
Concluyendo, que ninguno de estos archivos fueron manipulados, a cuyo efecto
advirtió, queµ Interpol ha obtenido los hashes MD5 (firmas de encriptación únicas
para un archivo determinado) que darán fe de que los archivos que Colombia
entregue a sus tribunales son idénticos a los verificados por Interpolµ (sic).

Esta situación contrasta con cierta información publicada por ante los medios de
comunicación colombianos, en donde se señala que supuestamente ´los
investigadores de la Dijín explicaron que buena parte de los mensajes electrónicos
fueron borrados del navegador, sin embargo, quedaron grabados en las copias de
seguridad del computador, y para hacer visible esta información se tuvo que
recurrir al formato Wordµ (sic)

De haberse modificado el contenido de todos esos elementos analizados por la


organización policial internacional, evidentemente que la decisión judicial
comentada, obtendría una connotación distinta, por cuanto que a la crítica que
podría ocasionar el que el Mayor Tribunal del país haya aplicado una normativa
distinta en materia de acciones militares, se le uniría la reprobación de toda una
comunidad internacional a la autoridad, o funcionarios, que estando en la obligación
de preservar los elementos probatorios en su estado original , hubiesen tomado la
descabellada decisión de transformarlos en otros formatos, y bajo otras condiciones.

Es posible que dicha transformación no modifique el contenido de la información


como tal, pero muy seguramente impediría el conocimiento de la verdadera y real
circunstancia en las cuales esta información fue manejada, así como crearía una
situación de duda en el Juzgador, que evidentemente beneficia al reo. Esta
situación, de transformar e mails, en documentos ´Wordµ, si fuere cierta,
equivaldría a hechos tan insólitos, e impracticables, como el funcionario que
ordenara el lavar un cuchillo encontrado en el sitio de un asesinato, a fin de
mantenerlo en estado de limpieza, o el que ordenara trasladar del lugar del suceso a
la persona asesinada, sin hacer el levantamiento del cadáver, para facilitar el uso de
la habitación en donde se encontraba.

Sea cual fuere la realidad de tal afirmación, incluida dentro de la referida decisión
judicial, e indistintamente de la impugnación que la Procuraduría colombiana
ejerza en contra de dicha sentencia, le corresponderá a las autoridades encargadas
de la misión de preservar esa ´cadena de custodiaµ, así como a las mismas
autoridades políticas de ese país, el aclarar al mundo si esta situación es cierta o no,
así como asumir la responsabilidad de su propia torpeza, si fuere el caso.

Son muchas las personalidades a las cuales se les vincula con la organización
terrorista, como consecuencia del análisis de dichas computadoras. En el caso de
ciudadanos colombianos, tal vez los más destacados últimamente hayan sido las ex
senadoras Piedad Córdoba y Gloria Inés Ramírez; Joaquín Pérez Becerra, recién
deportado desde Venezuela y ex director de la cadena informativa ´ANNCOLµ; el
periodista William Parra (contra quien existe una orden de captura);
y el académico Miguel Ángel Beltrán, conocido como "Cienfuegos".

Algunas de esas informaciones han sido utilizadas por parte de organismos de otros
Estados para abrir averiguaciones criminales, o tomar decisiones administrativas,
como los casos del juicio iniciado por la Real Audiencia Nacional de España, en
donde ex miembros de la organización guerrillera FARC han confesado su
vinculación con comandos del grupo terrorista ´ETAµ, así como con autoridades del
gobierno venezolano, -dentro de territorio de Venezuela- a fin de facilitar el
entrenamiento en acciones terroristas. Supuestamente, dentro de estas acciones
terroristas estaría la ´posibilidad de atentados en contra de personalidades
opositoras al régimen venezolano en ese paísµ, según informara el Diario ´The New
York Timesµ, el pasado 10 de mayo.

Otras dependencias oficiales, como el Departamento del Tesoro de los Estados


Unidos, han tomado algunas decisiones en contra de ciudadanos referidos en las
computadoras incautadas, aún cuando muy probablemente el origen de la
información que ha dado lugar a sus decisiones, no obedezca exclusivamente a
aquellas. En este sentido, el referido organismo ordenó la congelación de las cuentas
bancarias de los oficiales venezolanos: capitán de navío (R.)Ramón Rodríguez
Chacín, quien días antes de dicha decisión ocupara el cargo de ministro del interior
de Venezuela; general en Jefe, Henry Rangel Silva, para entonces director de la
policía política (DISIP) y actual jefe del Comando Estratégico Operacional de la
FANB; y el general de división Hugo Carvajal, Director de la Dirección de
Inteligencia Militar (DIM). Esto como consecuencia de la presunta colaboración de
estas personas, en materia de tráfico de drogas y facilitación de armas a la
organización guerrillera.
Jefes de Estado han sido denunciados por su vinculación con la mencionada
organización guerrillera, como el presidente de Venezuela, a quien se le ha
involucrado con su colaboración a las FARC; la entrega de contribuciones
económicas y la oferta de mayores cantidades de dinero; la oferta de facilitación de
petróleo para su venta por dicha organización, y reuniones secretas con líderes
guerrilleros, como el hoy fallecido comandante Raúl Reyes.

El jefe de Estado de Ecuador, Rafael Correa, también ha sido mencionado como


beneficiario de cantidades de dinero de manos de las FARC para su campaña
presidencial, circunstancia que se habría realizado gracias a las entrevistas que
supuestamente el ministro de seguridad de ese país hubiera celebrado con líderes
guerrilleros.

De igual forma, ciudadanos extranjeros, como Manuel Francisco Olarte (alias


´Roqueµ), de nacionalidad chilena, y miembro del partido comunista de ese país,
quien por decisión de la Corte Suprema de Justicia chilena acaba de ser liberado,
tras 6 meses de detención, fue denunciado por el gobierno colombiano por
presuntamente pertenecer a una célula de las FARC en Chile.

En todos estos casos, cada uno de los involucrados ha celebrado la decisión del
Máximo Tribunal de Justicia colombiano, en el sentido de pretender restarle
importancia a las denuncias que durante estos últimos años ha habido en su contra.

Lo curioso de toda esta situación, es que a raíz de la divulgación del contenido de las
referidas computadoras, personalidades como el propio presidente de Venezuela,
reconocieron haber mantenido relaciones con líderes de las FARC. En efecto, tal y
como manifestó el mandatario venezolano: ´Yo recibí a Raúl Reyes una vez, en
privado y en secreto, en La Casona (residencia presidencial), hablamos toda una
madrugada, porque me lo había pedido Andrés Pastrana, me lo pidió varias
veces"(sic). A lo que el propio ex presidente Pastrana respondió que "Nunca se dio
una autorización para que Chávez hablara con el señor ¶Reyes'-muerto en marzo de
2008-" (sic).

En el caso de la República del Ecuador, a pesar de la negativa del mandatario


Correa de haber tenido su gobierno algún nexo con las FARC, el ex subsecretario de
Gobierno, José Ignacio Chauvín, al final ha tenido que reconocer que encabezó el
registro de habitantes en la frontera norte, en donde se habría reunido
circunstancialmente con miembros de la organización guerrillera.

Respecto al proceso judicial abierto por los Tribunales españoles en contra de


integrantes de la ´ETAµ, así como de ex miembros de las FARC, frente a la confesión
realizada por éstos últimos, mal podría alguna autoridad, o persona alguna
pretender desvirtuarla debido a la decisión recientemente dictada por la Corte
Suprema Colombiana.

En el caso de la ex senadora Piedad Córdoba, basta con verificar el nivel de vida y


de movilidad que ha mantenido por años para no entender, cómo una persona que
ejercía una función cómo legisladora, podía ausentarse de su lugar de trabajo por
larguísimo tiempo, sin que ninguna autoridad pudiera notarlo, siquiera para
solicitar una acción disciplinaria en su contra. De igual forma, habría que
preguntarse cómo dicha ex funcionaria podría justificar el financiamiento de viajes
y demás gastos inherentes a éstos, por todos los rincones del mundo, habida cuenta
de su escasa condición económica. Esto sin contar la denuncia pública realizada por
el recientemente extraditado criminal, Walid Makled, en donde manifestara haber
ordenado el pago de UN MILLÓN DE DÓLARES para la mencionada ex
legisladora, a cambio de su gestión, como una especie de ´lobbyµ, para el
acercamiento con el presidente venezolano. Ciertas o falsas todas estas
circunstancias, muy seguramente que el pueblo colombiano tendrá derecho a
conocer la verdad.

De igual forma, en relación con ciudadanos extranjeros, como el mencionado Rafael


Olarte, en Chile, indistintamente de la decisión actualmente tomada por los órganos
jurisdiccionales en su país, ordenando su libertad, les corresponderá a las
autoridades chilenas el verificar hasta qué punto las acusaciones en las cuales se le
vincula al referido ciudadano con las FARC son ciertas. Todo esto en función de su
obligación de preservar, no la seguridad de un país extranjero, como Colombia, sino
la de Chile, sus ciudadanos y su propio territorio.

Son muchas las posibilidades que tiene la Justicia para actuar en el caso
colombiano, las cuales dependerán de la voluntad política de sus gobernantes para
impulsarla. Estos, a veces por la presión social, dejan escapar situaciones
irregulares que sirven como antesala a hechos de mayor gravedad. Es cierto que en
una Nación en donde priva el Estado de derecho, es poco lo que sus líderes políticos
puedan hacer directamente para tratar de alumbrar a la luz de la Justicia. Pero lo
que sí es pertinente recordar, es que a pesar de que a veces la verdad reste votos,
sus pueblos esperan acciones jurídicas y políticamente correctas.-