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EE sass enstnone ue Capitulo | Cultura y comunicacién Para méel fendmeno més espantoso de nuestra polttea € inkumanidad actuales es Ia busqueda de respuestas excesiva mente sencillas, unilaterales. La bisqueda de la verdad es una actividad sumamente incémoda, ineluso patelégica. De- cir de una cosa “sty no". 0 “st, pero..” me parece la funcin ‘suprema del arte En ese sentido, el arte es fa gran dialétiea ‘moral. No puedo concebir ninguna declaracién polities ni compromiso ideolégico que pueda aprobar completamente sin decir: “Hay otro aspecto dei problema, quisé hasta un contra- 7io vitel”. Como vivimos en un mundo diseftado en gran par. 4e por Kafka, incluso puedo eoncebir que, a veces, la verdad salga de las bocas inhumanas y bectiales, La verdad es tan compleja que a veces se aloja en hoteles terrible. ¥ ta funcién ‘curiosa e inguietonte del arte es la de seguir recordandonos 50, y seguir diciéndonos que, al fin y al cabo, la verdad es ‘més importante que la justicia o la libertad e, incluso, que rnuestras esperanzas. sta es una eonviceicn extremadamente severa e incémoda, pero estay seguro de que es la tiniea que nos anima « seguir buseando y a seguir avanzando, George Steiner, Bxtraterritorial |. Naturaleza, civilizacion y cultura ‘Tres términos aparecen en relacién y forman un triéngulo conflictivo, aungue al mismo tiempo revelador, del estado de situacién de la reflexion contenipordnea: naturaleza, cultura y civilizacién. Los tres definen la confor- acién de una sociedad y marcan la entrada en el universo de la historia que ¢s el que otorga un sentido definitive a las formas de pensar les distintas ren- Ndades, U9) 20 Roberto Merson Por “naturaleza” se pensé habitualmente en aquello que ha sido dado al hombre y que éste no habia modificado, La naturaleza es el testimonio de lo que no ha sido atravesado por la mano humana, Si se piensa en el universo ¥ en el planeta Terra, hay ya muy pocas cosas que no han sido alteradas, Otras, la mayorfa, el hombre se ha encargado de transformarlas, La atmos. fora es un elemento do la naturaleza pero ha sido cambiada de manera que puede ser un testimonio elocuente de aquello que resulta diferente de lo que originariamente fue. Lo mismo ocurre con las selvas o los mares; por ejem. plo, el Amazonas es una zona que sufre desde hace afios los erabates del hom: bre, que modifica no s6lo el entorno sino que tambien hace desaparecer tri. bas que eran poseedoras de recursos eulturales propios. Es muy difieil hoy encontrar intacta a la naturaleza. Mas bien lo que se tiene y lo que se da son fenémenos natarales slterados por la accién huma- za, y eso los convierte en fenémenos culturales, . Asimismo, se tiene la oposicién entre “cultura” y “civilizacién’, Se puede afirmar que el primer término alude a una cultura subjetiva en tanto que el segundo apunta a otra més objetiva que implicitamente lleva a la considera- sion de cierta confluencia entre manifestacicnes diversas. La vocacién de universalidad que conlleva la idea de civilizacién se corresponde con la vo- untad de progreso de os siglos xvi, Xvi y XIx, como se verd en detalle mas adelante. Francois Guizot (1787-1874), por ejemplo, siguiendo a Honoré Gabriel Mirabeau (1749-1791) y a Jacques Turgot, (1727-1782), es uno de los prinei- pales defensores de esta concepeién. Sin embargo, si el titulo de la obra de ‘Turgot, Historia de la eivilisacién europea, hubiera sido pensado por un ale. man, con seguridad hubiera sustituido el término “civilizacién” por el térmi- xo “cultura”. En un sentido més restringido, las civilizaciones (del latin civitas) son Jas culturas en su estado més desarrollado, Para los antropélogos elésicos, atrapados por la rastica “del progreso", las civilizaciones constituian la ex. resign més alta del desarrolio de las culturas primitivas (selvajes o bdérba 2s) y, por ello, en tanto se pensaben confluyendo en una cultura tnica pla. ‘Retaria ~al menos potencial o virtual-, se caracterizaban por la tendencia a Ta universalidad, Si consideramos la oposicién cultura/eivilizacién como objotiva, cabria advertir una tendoneia « ubiear el término “cultura” designando aun concep. te distributivo, a una “clase” cuyos elementos fueran las eoferas culturales, cada una de ellas dotada de “hechos diferenciales” precisos. La “civitizaciGn”, en cambio, Nevarta asociada desde el inicio (Durgot, Mirabeau, por ejemplo) la tendencia a la unicidad y a In universalidad, on {Janto so la considera come la fase final ‘la maduracién de las calturas, el “punto final” en el que todas tas eulturas en desarrollo confluirian. Sélo asi saleanza sentido ol enunciado “hombre adulto y eivilizado", Ahora bien, que Tsidea de “civiizaciOn” (una nocién eminentemente histérica) sea utilizada CCuleuray comunicacién 2 con intencién unitaria y universe, incluso como un programa de accion Ceonseguir llevar a todos los pueblos atrasados hacia la civilizacién”), no significa que, de hecho, la unicidad de le civilizacién esté asegurada, ni me- nos atin su valor: histéricamente, Ia civilizacién es el eampo en donde se in- cuban propiamente las guerras mundiales (las dos Wiltimas son contiendas caracteristicas de la civilizacion industrial). A la idea de eivilizacién, en su sentido unitario y universal, le ocurre algo similar a lo que le ocurrié a la idea de Dios de las religiones mas institucionalizadas que, sin perjuicio de sus protensiones de unicidad y de universalidad, de hecho se presenté unas veces ajo la vocacién de Yahvé en el judaismo, otras veces bajo la invoca- «ign de Dios en el catolicismo y otras veces bajo la vocacién de Ald en el is- Jamismo, 2.Los origenes del término “cultura” Con independencia del uso actual de la palabra “cultura”, se pueden re- ‘conocer ya intenciones de describir las costumbres y las précticas de los dife- rentes pueblos de la Antigiedad en obras que, si bien no tienen voluntad de ser etnograficas, sf dan a conocer el funcionamiento social de los hombres. Ast la Biblia, los textos de Jenofonte y muchos otros demuestran el interés que siempre existié por conftontar las diferentes conductas de los hombres. En relacin con los origenes del,concepto habré que ubicar algunos mo- mentos histéricos que sirven para ver los matices que la palabra tuvo segiin la epoca. “Cultura” aparece por primera vez como concepto en las Disputas tuseu- Janas de Cicerén (106-48 antes de Cristo), Etimolégicamente, el término ha bia estado vinculado hasta entonces con la palabra latina colere (cultivar, elaborar, cuidar) y se habia empleado sélo como un vocablo agrotécnico que aludia al uso de la tierra, Cicerén utiliza por primera vez la voz en un sonti- do figurado al vineularla a la préctica que realiza el hombre para transfor- mar las cosas que no se hallan originariamente en la naturaleza, Al concebir la filosofia como ciencia de la vida y prolongar la tradieién soerética, consi- dora necesario examinar los modos de influencia de la filosofia sobre ia vida humana. En respuesta a esta cuestién se formula la tesis de que “a filosoffa es cultura de Ia razén", Asi se introduce el término “cultura” relacionado eon al conocimiento filoséfico. Esta problemética no es abandonada en el curso de los siglos y més bien lo destacable es que cada época brinda una respuesta préctiea y propia al coneepto sogin Ins preceupaciones centrales que Ia atraviesan. Existe una ‘dea que ha sido difundida a lo largo de los siglos y que relaciona “cultura” con cierta actividad intelectual o artistica que desarrollan los seres huma- 10s. Se diré, entonces, que alguien es culto porque posee una serie de cono- Cimientos sobre algunas éreas o porque le interesan algunas manifestaciones zona de la falta de culture, Los primeros usos del concepto en las lenguas europeas preservaron Parte del sentido original del término “cultura” al vincularlo al cultivo o al euidado de algo, por ejemplo, las cosechas o los animales, Recién alrededor del siglo xvi el sentido se amplia de la esfera de la labranca al proceso del desarrollo humano y se traslada del cultivo de las cosechas al cultivo de la mente. La concepcidn de la cultura como una actividad independiente esta unida a las obras de Samuel Pufendorf (1682-1694). En 1684, en Acerca del derecho natural, modifica el uso ciceroniano del término y caracteriza la cultura como un produeto de la actividad humana contraria a la naturale, 3a, ol resultado de su propia actividad y complemento de sus naturalezas internas y externas. Pero el empleo del sustantivo independiente “cultura” no fue algo comin sino hasta fines del siglo xvim y comienzos del xIX. El término aparece pri- mero en francés y en inglés y a fines del siglo xviIt la palabra francesa se trasladé al alemén, 3. La cultura ilustrada EI siglo xvtit designa Jo cultural como una “configuracién del eepirita” que forma “todo el modo de vida de un pueblo”. En este punto vale la pena recordar el pensamiento de la Tustracién francesa e inglesa porque la mar Yyoria de sus representantes adhieren a las teorfas de la evolucién de las 20. cledades y del progreso social. Seguin este criterio, las comunidades atrave, saban inexorablemente sucosivas etapas fas de las enales la que venia a continuacion siempre tenia ventajas respecto dela precedente, Esta posicion ordenaba las sociedades en primitivas, salvajes y civilizadas. De abi so dew, prende una coneeptién referida a la unidad pefquica de la humanidad, de ‘Geando se habla dea Tustracién se piensa en Montesquieu (1689-1755), Voltaire (1694-1778), Condorect (1749-1704), Denis Diderot (1713-1784), lax. duce Tergot (1727-1701), Jean Le Rond dAlambert (1717-1783), Jean Jac. Guys, Rousseau (1712-1778), Adam Smith (1723-1790), Adam Ferguson (2728-1816), William Robertson (1721-1793), entre otros, y se tiene en euen, ‘2 que en cada uno de ellos existen madulaciones y diferencias, ‘Cutura y comuniacion B ‘Targot, seguidor del obispo Jacques Bénigne Bossuet (1627-1704), en su. ‘Plan de des abocurace sobre a historia untoersal ve intenesd ta que hoy se denominaria “antropologia cultural”. Desde muy joven eomenzé a pensar el sentido y Ia orientacién de Ia historia y a sostener que existfa una histo- via universal de la humanidad en Ja que un despliegue gradual de las po- tencialidades humanas recorre determinadas épocas, estadios o eras. Don- de Bossuet recurria a la nocién de providencia, Turgot empleaba Ia de pro- greso, No tenfa dudas de que la humanidad en su conjunto avanzaba, de ‘manera lenta pero continua, hacia una mayor perfeccién. Turgot, que legs a ser ministro de finanzas de Luis Xvi, tenfa un modo de coneebir Ia hiato- ria universal que era en un todo coincidente con lo que se fue desarrollan- do en el siglo siguiente. En este sentido expresa: ‘La bistria universal barca la consideracién de ls progreos suce- sivos de la humanidad y del detalle de las eausas que han eontribuide 1 ellos: los primeros principios del hombre, la formacién y la mezela de Jas nations, ls orgenesy ls revoluiones dels gbiernce, el desarro- to del lenguaje, de la moralidad, de las costumbres, las arts y las cien-